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FILOSOFÍA GRIEGA La Filosofía antes de la Filosofía La filosofía como disciplina propiamente dicha no surge de un día para otro, sino que su emergencia es la consecuencia de un larguísimo proceso de continuidades y discontinuidades en el pensamiento del ser humano. Esta emergencia a la que nos referimos está directamente vinculada con las condiciones materiales e históricas de la existencia.

Desde aquí, entonces, pretenderemos hacer una especie de “genealogía del saber filosófico” y lo haremos a partir del rastreo de las condiciones que posibilitaron la emergencia, el surgimiento, del pensamiento filosófico. Para ello será necesario hacer una especie de trabajo arqueológico; lo que significa hacer una especie de excavación entre capas superpuestas y heterogéneas en la superficie de las cuales se encuentra la filosofía y, por debajo de ella, la espesura del saber discursivo, sostén de la ya mencionada emergencia. Excavar entre estas capas, hacer arqueología, nos permitirá descubrir persistencias y perturbaciones en la historia de la filosofía y su razón de ser.

Templo de Grecia.

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Capítulo I Primeros pasos del pensamiento filosófico occidental El pasaje del Mythos al Logoi: De la palabra mágicoreligiosa a la palabra filosófico-política

El pasaje del mythos al logoi, del pensamiento mágico-religioso fundamentado en la mitología al pensamiento racional, constituye una verdadera revolución en la estructura del pensamiento. Implica no sólo una modificación en el modo de conocer la realidad, sino también en el modo de trasmitir el conocimiento sobre dicha realidad, y también significa un cambio de figuras, porque ya no serán el poeta ni el adivino los que tendrán en su poder la palabra verdadera, sino que ésta pasará a estar en posesión del polités, del hombre contextualizado en la resplandeciente polis griega. Este pasaje no fue milagroso, ni tampoco fue consecuencia de una decantación progresiva de un pensamiento mítico en una conceptualización filosófica, sino que surge debido a los cambios en los procesos políticos y jurídicos que favorecerán la construcción de un marco conceptual para el advenimiento de un pensamiento racional. Pero más allá de los cambios en la estructura, la enunciación, en los sujetos de tal enunciación y en las dimensiones y alcances que ha experimentado el discurso de la Grecia Arcaica a la Grecia Clásica, éste ha conservado un rasgo fundamental: ser el vehículo de la perspectiva de lo real que posee el hombre, ya sea como mythos o como logoi, el discurso es el que plasma el modo en que el ser humano se instala en el mundo. El discurso es el que plasma el modo en que el ser humano se instala en el mundo.

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1. GRECIA ARCAICA: Tipos de palabra. Campos y caracterización. En la Grecia Arcaica se da un triple registro de la palabra, esto significa que la evolución del pensamiento transitó por sucesivas etapas que se desenvolvieron a su vez en tres campos: el campo poético, el mantico -o adivinatorio- y el de la justicia. Este registro del discurso se caracteriza principalmente por su apego a lo religioso y a la alabanza, por estar absolutamente adherido a conductas y valores de carácter simbólico. Además, no cualquiera puede pronunciar este registro de palabra, sino que es el privilegio de hombres excepcionales. Puntualicemos ahora en cada uno de los registros del discurso que se dieron en la Grecia Arcaica, etapa previa al surgimiento de la filosofía en cuanto tal. No cualquiera puede pronunciar este registro de palabra, sino que es el privilegio de hombres excepcionales.

A. La palabra mágico-religiosa El primer registro con que nos encontramos en la Grecia Arcaica es el de la palabra mágicoreligiosa, definida así por descender de la divinidad: es un don que los dioses dan al hombre. Este es un tipo de discurso que emerge en el contexto de un pensamiento mítico donde el elemento, el principio, que ordena y explica lo real es de carácter divino.

En la Grecia Arcaica no podemos entender el plano humano sin tener en cuenta el divino, y viceversa. Esto se basa en dos fenómenos que se dan entre el hombre griego y la divinidad: uno radica en la distancia que lo separa de los seres divinos, el otro da cuenta de los intentos de asimilación y de aproximación por parte del hombre al mundo de los dioses; de allí que debamos pensar el tema desde la tensión entre lo humano y lo divino, entre lo profano y lo sagrado. La palabra mágico-religiosa es un discurso de rasgos sacralizados, litúrgicos, sagrados, simbólicos, atemporales y, por sobre todo, es una palabra verdadera; esta palabra verdadera la encuentra el hombre arcaico en el Mito. El Mito Los mitos narran las hazañas de seres sobrenaturales, y como la realidad ha venido a la existencia; son el relato de la creación. www.elbibliote.com

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Mitología Griega: Venus y Adonis de Tiziano Vecellio.

Las principales características del mito radican en el hecho de que es una historia sagrada, significativa, ejemplar, mimética y verdadera que describe las diversas irrupciones de lo sagrado en el mundo, irrupciones que lo fundamentan realmente y lo hacen tal y como es. Es una historia sagrada porque narra las luchas de los seres sobrenaturales en “otro tiempo”, en un tiempo eterno, atemporal, porque está más allá de los hombre y de su tiempo profano; es significativa porque aparece como una matriz generadora de sentido, porque otorga significado a la realidad. Es ejemplar porque funda modelos y patrones de conducta en base a los comportamientos de los dioses, los cuales el hombre imita y de ahí que sea también una historia mimética, porque el ser humano encuentra modos de conducta significativos en los gestos de los seres sobrenaturales. Y es verdadera porque no se exige ninguna clase de comprobación empírica; es una verdad arcaica que recoge lo que ha acontecido en el origen, una verdad fundacional. Es importante mencionar que el sentido dado hoy en día a los mitos –y a la mitología en general- es totalmente diferente al que se le daba en la Grecia Arcaica; hoy por hoy la palabra mítica tiene un carácter ilusorio y ficcional, lo cual se opone absolutamente al rol que desempeñaba en aquellos primeros tiempos. Hoy el mito es considerado como una historia falsa, de contenido profano que puede contarse en cualquier momento y lugar, en cambio en la Grecia Arcaica el mito desempeñaba la función de historia verdadera que ponía al hombre frente a lo sagrado y lo sobrenatural, y sólo podía ser enunciado por hombres excepcionales en un tiempo sagrado. En definitiva, este registro al que nos venimos refiriendo como palabra mágico-religiosa, es una palabra eficaz que está más allá de los hombres y de su temporalidad, su conciencia y su voluntad personal. Es una palabra que cumple una función social y que representa un don para VER VÍDEO RELACIONADO

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El mito en este contexto, y según Eliade (1991. p.4), es una historia cuyas funciones son expresar, realzar y codificar las creencias, salvaguardar e imponer principios morales a través del ofrecimiento de reglas prácticas para el uso del hombre.


B. La palabra-diálogo

Diálogo entre Platón y Aristóteles.

Este nuevo registro de palabra surge también en la Grecia Arcaica, más precisamente en la Esparta Antigua, y es un tipo de discurso que, a diferencia del mágico-religioso, no es de carácter estrictamente excepcional debido a que amplía sus dimensiones a un grupo social: los guerreros. De todos modos, continúa siendo un privilegio de los mejores, porque el demos –el pueblono interviene en su enunciación –aunque aún no podemos definirlo como pueblo ni como Estado porque todavía no se ha dado el surgimiento de la polis, de la ciudad-estado-. La Esparta Antigua es una civilización palatina en la que la vida gira en torno al palacio real cuyo rol era el de núcleo de la vida religiosa, política, militar, administrativa y económica. El ánax –rey-, amo, señor y dueño es quien reúne y concentra en su persona la arkhé, el primer elemento de todas las cosas. Este elemento es su instrumento de mando y lo que lo transforma en autoridad soberana. El ánax se apoya en una aristocracia guerrera y su alrededor se concentra un grupo de personajes que, bajo sumisión, desempeñan el cargo de funcionarios de la soberanía,

1 A estas figuras nos referiremos en el apartado 3. Figuras y caracterizaciones. A. Grecia Arcaica: Los Maestros de Verdad, del presente capítulo. www.elbibliote.com

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aquellos que la enuncian: poetas, adivinos y reyes de justicia, Maestros de Verdad 1, poseedores de un don que les permite desplegar una función social y a la vez religiosa. Es un registro del discurso asociado a conductas y valores simbólicos peor no autónomos, de ahí que la palabra forme un todo con la realidad y no posea independencia respecto de ella. La palabra mágico-religiosa representa un primer intento por parte del hombre griego de rozar la aletheia, de des-ocultar lo oculto, de revelar los designios de los dioses; que, luego, con el surgimiento de la palabra-diálogo, quedará asociada a la primera etapa de vida del pensamiento racional por no ser absolutamente maduro.


La palabra-diálogo es mencionada en las asambleas militares, donde la palabra es un bien común depositado en el centro y el derecho a tenerla es un privilegio del guerrero. En este ámbito cada uno se apodera de la palabra por turno y con el acuerdo de sus iguales y tomar la palabra conlleva dos comportamientos gestuales: avanzar hacia el centro de la asamblea tomar el cetro en la mano, lo cual confiere la autoridad necesaria para hablar. El punto central donde el orador se alza, cetro en mano, es homólogo del centro en que están depositados los premios de los juegos funerarios y los objetos obtenidos como botín de guerra, y todos los presentes se encuentran a la misma distancia de él, es un espacio isonómico (Detienne, 1986, pp. 94-5). En definitiva, así como la palabra mágico-religiosa fue el paso previo para el surgimiento de la palabra-diálogo, este segundo registro del discurso contextualizado en la Grecia Arcaica, será la etapa de preparación para el surgimiento de la palabra filosófico-política, primer indicio de la declinación del pensamiento mítico que data, según Vernant (1986, pp. 105-6), del día en que los primeros sabios pusieron en discusión el orden humano y trataron de definirlo en sí mismo traduciéndolo a formas accesibles a la inteligencia.

2. GRECIA CLÁSICA: La palabra filosófico-política Nos encontramos ya en los siglos VIII y VII antes de Cristo, momento en el que se da el surgimiento de la polis que implica una nueva forma en la estructura de la vida social griega, lo que a su vez determina un cambio en las relaciones entre los hombres. En la polis los antiguos ídolos pierden su carácter estrictamente sagrado y se convierten en meras imágenes sin otra función que la de ser vistos, sin otra realidad religiosa más que su apariencia. Escritura Grecia Clásica.

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entre los cuales se encuentran aquellos cuya función de rasgos poéticos está designada a la alabanza del personaje regio. En este contexto la eficacia de la palabra mágico-religiosa se transforma en la ratificación de un grupo social y adquiere un carácter igualitario y secularizado, y ya no está inscripta en un tiempo sagrado o divino, sino que pertenece al tiempo de los hombres ya que precede a la acción humana transformándose en su complemento indispensable.


Mapa de Grecia Antigua, formación de POLIS.

Aquí el discurso ha perdido su registro poético, que lo vinculaba a una condición de privilegio y lo hacía posesión exclusiva de hombres excepcionales; la palabra pierde su anterior dimensión vertical y se horizontaliza, siendo los iguales los que la dotan de legitimidad.

De todo ello se desprende el agonismo discursivo inaugurado en la Grecia Clásica en donde la palabra es agon y polemos, combate y lucha que persiguen un telos –una finalidad-: convencer al auditorio, vencer al otro por efecto del discurso; de ahí que éste se inscriba en un terreno agonístico porque se lucha por y con la palabra, herramienta política por excelencia utilizada como medio de mando y de dominación sobre los demás. El discurso otorga espacio y reconocimiento social, otorga poder. De allí que los griegos harán una divinidad del poder del discurso, y está divinidad será Peithó, la fuerza de persuasión. www.elbibliote.com

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En la polis como terreno político es que nace la razón y de su mano emerge el discurso político: el Logos, elemento que vehiculiza la nueva imagen del mundo, palabra filosófico política. Este tercer registro del discurso que se desenvuelve en lo que ya podemos llamar Grecia Clásica, es un registro absolutamente secularizado, en otras palabras es un tipo de discurso que ha abandonado el registro sacralizado –consagrado a los dioses- y atemporal, y se ha encarnado en la historicidad plena del juego político cuyo espacio por excelencia es el ágora –la plaza pública-, en donde la palabra es un derecho y no un don. Esta sacralización fue acompañada y apuntalada por otro paso decisivo: la escritura; ésta fue un instrumento capital en la consolidación de una cultura común debido a que permitió la fijación de los conocimientos y su divulgación.


3. FIGURAS Y CARACTERIZACIONES A. Grecia Arcaica. Los Maestros de Verdad Los denominados Maestros de Verdad son sujetos excepcionales dotados de una palabra-don que menciona aletheia, la verdad. Aquí la verdad tiene que ver con lo des-oculto - la ya mencionada aletheia-, y con lethe, lo oculto.

Escultura de la Grecia Arcaica.

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Este registro de la palabra hace del discurso un elemento esencialmente político porque recoge y plasma los asuntos de la polis, los asuntos comunes, y porque, además, territorializa a los sujetos en el espacio socio-político en un combate de argumentos entre iguales. Otro rasgo fundamental es la autonomía en la producción del discurso: la palabra es humana y de ahí que pueda ser debatida y argumentada. Es un discurso autónomo porque el orador es el agente del mismo, lo que lo diferencia del viejo registro mágico-religioso en el que la palabra es un regalo de los dioses y no una propiedad del hombre; la palabra ya no es un don ni un privilegio de los mejores sino que será el instrumento utilizado por la comunidad de varones portadores de derechos. En la polis, la ciudad, se destaca la figura del ciudadano como sostenedor del orden social, y es justamente allí donde se alberga esta palabra filosófico-política que reconoce como sus protagonistas al Polités por un lado, y al Filósofo por el otro. Según Colli (1990. pp. 18, 19) lo que posibilita este paso, de un pensamiento religioso a uno racional, discursivo y abstracto es la dialéctica. Dialéctica significa arte de la discusión y nace en el terreno del agonismo plenamente humano: la polis; es un desafío impuesto no ya por los dioses, sino por un hombre a otro hombre en relación al conocimiento, al la posesión de sabiduría. Aquí los enigmas ya no son divinos, sino que son exclusivamente humanos y se manifiestan en la lucha de dos hombres que utilizan su racionalidad para obtener el título de Sabio.


Estos Maestros son sujetos extraordinarios, seres humanos de naturaleza ambigua capaces de entrar en sintonía con el arkhé, con el fundamento, y es justamente allí donde radica su excepcionalidad: en la posibilidad de tomar contacto con el más allá y con los mortales al mismo tiempo siendo el elemento de vinculación entre ambos planos, el divino y el humano; su poder reside en rozar la esfera de la divinidad. a. El Poeta La figura del poeta aparece como la de un intermediario entre los dioses y los hombres y tiene como tarea intentar acortar la distancia que los separa a los unos de los otros. Sumado a ello tiene una doble funcionalidad: celebrar a los inmortales y alabar a los hombres intrépidos. En el primer caso el objetivo del discurso es la mera alabanza de los dioses, mientras que en el segundo nos encontramos frente a una palabra de carácter laudatorio.

Safo de Lesbos, o Safo de Mitilene, como también se la conoce, fue la primera poetisa lírica de la Grecia arcaica. www.elbibliote.com

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En la Grecia Arcaica al hablar de verdad hablamos de los de-velado, lo des-cubierto, lo desoculto, a lo cual se accede a través de una triple excepcionalidad, a saber: excepcionalidad del sujeto –porque no cualquiera menciona la aletheia-, del logos –porque no es cualquier palabra sino que es una visión plasmada en palabras- y de las circunstancias –porque no se pronuncia en cualquier momento, el hombre no elige cuando hacerlo, sino que las divinidades se lo imponen-.


Las musas son hijas de Mnemosyné, la memoria, y de Zeus, máximo dios olímpico, y se caracterizan por poseer una palabra dulce y encantadora, son ellas las que tienen el don de la palabra verdadera y no el adivino, éste sólo actúa como su intérprete, según Dodds (1999. p. 86.). La noción de Musa obedece a una fuerza sobrenatural, una potencia religiosa que sobrepasa al hombre en el momento en el que éste siente su presencia; y musa, por su parte, obedece al plano profano y pertenece a la palabra del poeta. Por otra parte Memoria, o Mnemosyné es la diosa de la memoria, la única que sabe todo lo que fue, lo que es y lo que será. Mientras que memoria es la capacidad de ver de la que está dotado cualquier maestro de verdad. La Memoria es la que le permite al poeta acceder directamente a los acontecimientos que evoca, acortando la distancia con el más allá, con un mundo otro cuyo acceso está restringido a aquellos pocos inspirados -poseedores de dicha Memoria-.

La figura del caballo en la Grecia Arcaica.

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En la Esparta Antigua la alabanza y la desaprobación eran potencias otorgadas por la sociedad, y el poeta era el encargado de arbitrar tales otorgaciones, porque si bien la victoria del guerrero representaba un favor por parte de los dioses, la hazaña no cobraba forma hasta no estar en forma de discurso poético; en definitiva, sólo el canto del poeta le otorga Ser al guerrero, que se distingue de los vivos al consagrar su promoción social entregando su vocación a la muerte. Por eso, este tipo de registro laudatorio es también de carácter aristocrático, debido a que la palabra del poeta convierte a un mortal en el igual de un rey; pero, a su vez, es un arma de doble filo porque puede ser de alabanza –lo cual da ser al guerrero, le concede Memoria, lo coloca en la historia- o de desaprobación –aspecto negativo que coloca al guerrero en el Olvido, en el plano del silencio que significa muerte-. Memoria y olvido son la díada en la que el guerrero se juega su existencia (Detienne, 1986, pp. 30-32). Por esto último, y para poder entender el discurso del poeta, debemos tener en cuenta dos nociones complementarias: la noción de Musa y de musa por un lado, y la noción de Memoria y memoria por el otro.


Esta figura se desenvuelve en el campo mántico, o sea en el área de la adivinación (mantiké). El adivino es quien interpreta las palabras enigmáticas que los dioses “dicen” a través de oráculos y sacerdotisas. Estas últimas también se conocen con el nombre de Pitias –vocablo del que deriva la palabra pitonisa- y se caracterizan por ser, al igual que los poetas, seres excepcionales que reciben la caricia de los dioses.

Su don se manifiesta cuando la funcionalidad humana sufre un descorrimiento, lo que acontece cuando la pitia entra en estado de posesión. Cuando eso sucede cae en un enthousiasmós, y pronuncia verdades de las que nada sabe. En su estado normal no posee ninguna sabiduría especial, y al entrar en trance tampoco recurre a ningún conocimiento poseído de antemano, sino que simplemente pronuncia las palabras que los dioses ponen en ella. La figura de la pitia en la práctica adivinatoria está fuertemente ligada a este estado de posesión, a esta locura o manía profética, la cual es la causante de la pérdida del rasgo consciente de lo humano, del corrimiento del yo consciente, hecho que permite tomar contacto con la divinidad. La manía se entiende en este contexto como locura, exaltación, inspiración, entusiasmo y es la encargada de mostrarle al ser humano el más allá en un momento de condición no autónoma; es una metamorfosis de la humanidad del hombre en la que al perder algo de la forma humana obtiene como beneficio ganar algo no humano, algo divino, algo del más allá. Locura y profecía parecen ir juntas. Según Dodds (1999. p. 77.), el dios entraba en la pitia y usaba los órganos vocales de ella como propios. La pitia padece esta manía sin ser agente de ella; se encuentra en un estado de trance gracias al cual alcanza el momento de mayor aproximación –casi de fusión- con la divinidad, que coincide con el momento de mayor pérdida de la autonomía y de la consciencia humana.

Acrópolis de Atenas.

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b. El Adivino


Pero además de la figura de las pitias, también es necesario destacar la importancia de la palabra oracular en el campo mántico. Las divinidades a través de los oráculos decían lo que fue, lo que es y lo que será porque los dioses conocen el porvenir, pero para acentuar la distancia que los separa del hombre, ellos le dan a éste palabras enigmáticas que no pueden ser captadas por los hombre y que significan un desafío para la raza humana; desafío que sin embargo ésta acepta haciendo surgir nuevamente la necesidad de un sujeto excepcional que interprete la oscuridad de las palabras divinas: he aquí otra vez al adivino. (1990. p.45) la adivinación no requiere de un esfuerzo de la razón en cambio el enigma si, de ahí que el arma para vencerlo sea la sabiduría; el enigma tiende a convertirse en el objeto de una lucha humana por la sabiduría.

Alfabeto griego arcaico.

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En ese exacto momento la pitia tiene una visión, pero lo que en ella acontece no es claro, por el contrario, son palabras oscuras y enigmáticas que es necesario que alguien interprete, ahí justamente entra en juego la figura del segundo Maestro de Verdad de la Grecia Arcaica: el adivino. De todos modos, debemos hacer una diferenciación entre enigma y adivinación, según Colli


El análisis de esta figura establece una relación por demás significativa entre la justicia y lo mágico religioso. Sigue siendo relevante la figura del ánax, quien centraliza en sí todas las funciones, entre las cuales se destaca la función de justicia. Si bien este Maestro de Verdad se desenvuelve en el campo de la Diké, es decir de la justicia y que cuando pronuncia una sentencia esta tiene valor decisorio, es necesario aclarar que es una justicia de tipo ordálica –que da pruebas de la justica o los juicios de los dioses- por lo cual sigue ligado al campo de lo mágico-religioso. En tal contexto la justicia no depende de las leyes de los hombres sino que es la ley divina, es una justicia ligada a un saber mántico, y el rey de justicia será el encargado de presidir las prácticas ritualizadas: toma el cetro como prueba de su autoridad y pronuncia la thémis, especie de sentencias oraculares que aluden a la administración de la justicia, a la posesión del gobierno. Se ve aquí una clara solidaridad entre justicia y mántica que hacen converger en la persona del soberano la hegemonía política y la hegemonía oracular.

El Rey de Justicia es el que preside esta justicia de tipo ordálica que exige la ritualización de la circunstancia en el plano del prederecho, dicho en otras palabras es el que prepara el terreno para el advenimiento de la polis en cuanto estructura política.

Mapa de Grecia Arcaica.

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c. El Rey de Justicia


B. Advenimiento de la Polis: El Polités y el Filósofo. La nueva estructura social enmarcada en la polis (surgida hacia el siglo VIII a.C.) de la Grecia Clásica alberga el nuevo registro del discurso: la palabra filosófico-política; ésta encuentra en la figura del Polités a su principal representante. El Polités es aquel que conoce y reconoce en un acto reflexivo al logoi, a la palabra como un artilugio político cuyo manejo exige epidexiótita (destreza), áskisi (ejercicio) y tekhné (técnica).

Pero la ciudad es también el topoi, el ámbito, del filósofo para quien la palabra es el elemento de una función pedagógica, la más noble a saber: acariciar la aletheia, alcanzar la verdad para poder enseñarla. Para el filósofo el discurso es el elemento que servirá para conducir al hombre, por un camino ascendente y teleológico, hacia la verdad. Así, en el terreno de la polis, el polités y el filósofo encarnaran las figuras que harán uso del discurso con dos nuevas finalidades: la política y la enseñanza en un campo conceptual absolutamente propio, a saber: la aletheia, la verdad, noción que definirá el aspecto de la filosofía en cuanto tipo de pensamiento (Detienne, 1986, pp.17, 18).

El advenimiento de las Polis.

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Un ejemplo claro de Rey de Justicia es Nereo, dios de las olas del mar conocido por su veracidad y virtud, que encarna la ancianidad y el principio de autoridad bajo un aspecto benéfico, benévolo y paternal. Nereo, el anciano del mar, es la representación más precisa de la figura del Rey de Justicia, porque es apseudés (verídico), alethés (veraz) y nemerthés (equitativo) – (Detienne, 1986, p. 39); de hecho Hesiodo, en su Teogonía [233] lo describe como “el que nunca miente... es digno de confianza, y apacible, y nunca olvida qué es correcto, sino que los pensamientos de su mente son benignos y rectos”. En la figura del Rey de Justicia, la justicia es inseparable de todas las demás actividades del soberano (organización política, económica y religiosa de la sociedad) y el ejercicio de la justicia se vuelve solidario con las prácticas de adivinación por lo que la verdad se instituye mediante la aplicación correcta del procedimiento ritual. El Rey de Justicia cuando pronuncia las sentencias de justicia goza –al igual que el poeta y el adivino- de un privilegio de memoria gracias al cual se comunica con el mundo invisible. En este plano lo político se cruza con lo religioso y de ahí que este maestro de verdad esté aún asociado a la palabra mágico-religiosa.


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Capítulo II Período Cosmológico

En la Grecia Clásica –también llamada antigua- y alrededor del siglo VII a.C. en Asia Menor se establecieron los jonios, uno de los primeros pueblos de habla griega que dieron origen a las ciudades-estado, o polis. Una vez establecida la polis como estructura política de la sociedad y una vez impuesto el uso del discurso filosófico-político y la palabra desacralizada, y sumándoseles las prósperas condiciones económicas surgidas del comercio y la agricultura y, el fluido contacto con la civilización babilónica y con Egipto, se dio en la Grecia Clásica un gran desarrollo cultural que propició el surgimiento, la emergencia, de nuevas explicaciones sobre la naturaleza y el ser humano que pretendían desprenderse de lo mágico-religioso y lo mitológico, y fundamentarse en la capacidad racional del hombre.

Dadas estas condiciones nos encontramos entonces en esta etapa, y en primera instancia, con los denominados Presocráticos cuya preocupación fundamental radicó en el estudio de la physis, de la naturaleza y de la coherencia de las cosas como unidad. Estos primeros pensadores abarcan todo el siglo VI a.C. y parte del siglo V a.C.; van desde Tales de Mileto hasta las últimas manifestaciones filosóficas no influidas por Sócrates.

Este período fue fomentado por el desarrollo de la curiosidad perteneciente al “genio griego”.

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LOS PRESOCRÁTICOS Para los presocráticos la filosofía es ya una filosofía en el sentido moderno de la palabra, sin embargo, según Gernet (1981, p. 364), a veces se presenta bajo formas o expresiones que nos resultan un tanto desconcertantes, porque suelen estar aún un tanto apegadas al contexto mitológico, lo que hace que no sean ideas estrictamente filosóficas. De todos modos, pueden considerarse como preludios significativos de los intentos propiamente racionales por explicar el mundo.

Tradición Científica Jónica –o Milesia-: Filosofía de la Naturaleza Los primeros intentos racionales por describir la naturaleza del mundo tuvieron lugar en Jonia, y los pensadores pertenecientes a esta etapa se caracterizaron por asumir cada uno un principio, en la mayoría de los casos material, único y separado, lo cual constituyó el primer paso importante en la explicación sistemática de la realidad. Lo que los caracteriza básicamente es el hecho de que procuraron separar la ciencia de la magia buscando a su vez la unidad de las cosas y osaron pensar en el mundo sin fundamentarlo en lo divino; sus puntos de vista son seculares y claramente científicos en comparación con el pensamiento previo de marcado carácter mitológico.

Filosofía de la Naturaleza.

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A lo largo de este período y fomentado por el desarrollo de la curiosidad perteneciente al “genio griego” se desarrollaron simultáneamente intereses científicos más especializados, sobre todo en el campo de la matemática, la astronomía, la geografía, la medicina, las artes, la literatura, la biología y en esa especial forma de pensamiento que se dio en llamar filosofía. En este apartado, abarcaremos a los principales representantes de cada una de las tradiciones en las que se subdivide esta etapa: Tradición Científica Jónica, Tradición Pitagórica, Tradición Mística –o Eleática- y Tradición de los Últimos Presocráticos.


Tales de Mileto Tales, es considerado el primer físico o investigador de la naturaleza en ver las cosas como un todo y se estima que su vida transcurrió poco antes del siglo VI a.C. Era un hombre práctico al que no le interesaban los mitos, sino sólo el conocimiento del mundo y de los astros (Osborne, 1996, p.10).

Uno de sus “logros científicos” más recordados es la predicción del eclipse del año 585 a.C., que aconteció durante la Olimpiada 48 en el día y año fijados por el milesio. Además, se le atribuyen importantes participaciones como estadista e ingeniero y se lo considera el símbolo de la ingeniosidad matemática y geométrica. En el ámbito filosófico es considerado como el primero en esbozar una respuesta puramente conceptual a las preguntas acerca del origen del mundo. Su postura resulta ser la primera independiente de toda concepción mítica, religiosa o tradicional. Tales de Mileto.

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Esta primera tradición presocrática está fundamentalmente interesada en el problema cosmológico, o lo que es igual: en el origen del mundo; las suyas son visiones cuasi-racionalistas del mundo que –tomando elementos mitológicos y/o divinos- pretenden explicar su nacimiento o creación. Partiendo de los objetos concretos de la naturaleza que denominaron arkhé (principio o fundamento), estos primeros filósofos trataron de conseguir respuestas a sus interrogantes.


El Universo según Tales de Mileto.

Tales pensaba que todos los seres vivos nacen rodeados de agua y viven sin dejar de beberla, la entendía como un elemento lleno de vida, un elemento creador y dador de vida. En tal contexto el agua aparecía como una divinidad. Si bien esto puede parecer contradictorio, debido a la naturaleza conceptual del pensamiento de Tales que venimos destacando, lo que éste trató de decir es que detrás de la realidad material está lo divino, que detrás de lo perecedero está lo eterno, y que esto –lo eterno, lo divino- es lo que da vida (Rius, 2005, p.20). De todos modos es posible que en el fondo de esta idea de tono religioso, haya ya una interpretación y disolución de los dioses en potencias físicas. Así, Tales sentó las bases de las dos corrientes filosóficas que –incluso hasta hoy- han tratado de explicarse el mundo: el ya mencionado materialismo, para el cual la realidad es pura materia; y el idealismo, para el que la realidad es sólo vida divina.

Algunas de las sentencias que se le atribuyen son (Osborne, 1996, p.21): > No trabajes por ser bello de rostro; sé más bien bello de obra. > No te enriquezcas con malas artes. > El placer supremo es obtener lo que se anhela. > Triste es la oscuridad, dañosa la intemperancia, pesada la ignorancia. > Ni aun siendo rico te entregues al ocio. > Enseña y aprende lo mejor. > No te traicionen tus propias palabras ante los que en ti confían. > Sea tu oráculo la mesura. No creas en todos. Y al gobernar, gobiérnate primero a ti mismo.

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Tales no se refiere a nada sobrenatural, no habla sobre un mundo creado por dioses; sino que ante la pregunta sobre el origen del mundo, elige el agua como el arkhé, como el fundamento (Carpio, 1974, p.9). Al fijar al agua como origen de la vida y del cosmos, Tales estaba poniendo las bases de la filosofía materialista cuya máxima es: todo tiene un principio en la materia. Debido a que no hay pruebas escritas en las que conste su argumentación exacta se cree que la postura de Tales podría resumirse del siguiente modo: todo tiene humedad, y lo caliente nace y subsiste a través de lo húmedo, el agua es arkhé. De lo que no cabe duda es que Tales se imaginaba el agua como dotada de movimiento propio y continuo, y la consideraba un elemento universalmente mutable –ya que podía estar en estado sólido, o líquido-.


Anaximandro vivió alrededor de los años 611 a 547 a.C. y pertenece a la misma tradición que Tales. Fue el primer cartógrafo de la historia, ya que trazó el primer mapa para los mercaderes exploradores de Mileto. Pensaba que la Tierra flotaba en el espacio, que todas las creaturas habían salido del mar y que el hombre había evolucionado de los peces, de ahí que sea considerado el primer “evolucionista” por haber teorizado que la naturaleza se va transformando de estados simples a determinados (Rius, 2005, p.22). De su obra Sobre la naturaleza sólo se conserva un fragmento.

“El agua es el elemento y el principio de las cosas” Tales de Mileto

Es considerado el primer metafísico, porque en su pensamiento el principio y el elemento de las cosas era lo eterno; de donde los seres tienen su origen y en donde surge su corrupción. Para Anaximandro la sustancia del mundo tenía que concebirse como infinita para que no se agotara en las creaciones, por eso no debe buscarse entre las materias dadas empíricamente sino que debe encontrarse en el atributo de la infinidad espacial y temporal. En palabras de Simplicio (490-560) “y llama tal –eterno- no al agua ni a ningún otro de los llamados elementos, sino a otra naturaleza indeterminada, de la cual proceden todos los cielos y los mundos que hay en ellos”.

Según él, había una única sustancia primordial y una ley natural, y ambas operaban en el mundo manteniendo el equilibrio entre los diversos elementos. Anaximandro explica lo sensiblemente dado utilizando algo ideado, reduce el mundo experimentable a un ente no experimentable (Windelband, 1955, p. 45). Para él el principio de todo no podía identificarse con ninguna materia particular porque si ese primer elemento era la causa material de todo lo existente había de ser la causa de toda materia particular. Pero dado que nosotros sólo conocemos las formas particulares de materia que emanan de ese primer principio hemos de concluir que ha de ser algo necesariamente distinto, el arkhé tiene que ser una materia desconocida para nosotros y, en cuanto tal, una materia indefinida, inmortal, imperecedera, inengendrada, limitada e incorruptible, a la que Anaximandro da el nombre de ápeiron –lo indeterminado-, definiéndolo como algo que abarca todas las cosas y determina el movimiento de las mismas en un eterno proceso vital en el que las delimita cualitativamente para luego volverlas indeterminadas. www.elbibliote.com

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Anaximandro de Mileto


Anaxímenes vivió aproximadamente entre los años 585 y 524 a.C. y fue discípulo de Anaximandro, con el que coincidió en la idea de que el arkhé es infinito, pero Anaxímenes buscó la sustancia del mundo entre las empíricas; para él el arkhé es el aire, que en su estado natural es invisible, pero el frio el calor, la humedad e incluso el movimiento lo hacen visible.

En este pensador se manifiesta una idea perfectamente concreta del modo en que el aire se transforma en las sustancias restantes: la doctrina del enrarecimiento y de la condensación. Dirá Anaxímenes que del aire surge por enrarecimiento el fuego, por condensación, sucesivamente, el viento, las nubes, la lluvia, el agua, la tierra y las piedras y a partir de estas sustancias se crea el resto de las cosas (Windelband, 1955, p. 49). Podría explicarse el cambio de estado del aire mediante el flujo entre dos polos, lo frío y lo caliente; pero varios fragmentos nos muestran que Anaxímenes pensaba inversamente, y creía que lo caliente y lo frío eran consecuencia y no causa de la rarefacción y la condensación respectivamente. Anaxímenes implica un adelanto en la medida que explica el mecanismo por el cual unos elementos se transforman en otros, lo cual no habían hecho Tales ni Anaximandro. Sin embargo, coincide con ellos en el hecho de tratar de llevar la diversidad de la realidad observable a una unidad y en afirmar una causa material como principio del mundo.

Tradición Pitagórica Mientras se estaba desarrollando esta primera etapa de la Filosofía Natural, los persas invadieron y conquistaron Jonia, en 545 a.C., lo que hizo emigrar a los filósofos a otros sectores de Grecia y al sur de Italia. Por ello, luego de los milesios el siguiente núcleo filosófico importante es el que se encuentra en Crotona –Italia-, y que se inicia con Pitágoras de Samos y con su escuela, fundada a mediados del siglo VI a.C. y cuyas enseñanzas marcaron el rumbo que sería continuado más adelante por Sócrates y Platón. Los Pitagóricos fueron los primeros en establecer la demostración en la matemática. A ellos se les debe, incluso, la misma palabra matemática que, según la acepción más difundida, significa “ciencia por excelencia”. Además creían en la reencarnación y en la transmigración de las almas; y las formas de purificación de éstas eran el conocimiento y una vida ascética, de allí que con ellos la filosofía se convierta en una forma de vivir.

Pitágoras.

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Anaxímenes de Mileto


Entre algunas de las imposiciones que exigía a sus miembros se pueden mencionar la prescripción de un severo régimen vegetariano, la obligación diaria de hacer un examen de conciencia, el voto de silencio, la abstención de bienes materiales y goces sensibles, el celibato y una rigurosa sumisión a la autoridad; aquel que no acatará estas reglas quedaría excluido de la escuela. Veamos a sus principales representantes, empezando, por supuesto, por Pitágoras. Pitágoras de Samos Si bien Pitágoras (582-507 a.C. aproximadamente) era nativo de la Isla de Samos –Grecia- y allí había fundado su primera escuela, debió abandonarla debido a un enfrentamiento con la dictadura de Polícrates (570-522 a.C.), poderoso tirano de Samos. Viajó entonces a Egipto y se instaló luego en Italia donde fundó una nueva escuela basada en su filosofía matemáticometafísica, que se podría subdividir en una parte matemático-científica y otra místico-religiosa.

Pitágoras de Samos.

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Esta escuela representó un movimiento de carácter religioso, filosófico e incluso político que acabó convirtiéndose en una hermandad religiosa basada en los Misterios Órficos y cuyos miembros se comprometían bajo juramento a mantener en secreto las enseñanzas de la escuela y respetaban a Pitágoras porque se decía que Apolo le daba toda la sabiduría e inspiración.


Teorema de Pitágoras.

Para él el número está en la raíz de todo lo que existe. El cosmos era regido, pues, por las relaciones matemáticas que dominaban incluso en la armonía entre las esferas celestes. Además, concibió los números espacialmente, identificando el punto geométrico con la unidad aritmética; las unidades tendrían, pues, extensión espacial y podrían ser consideradas, según Pitágoras, como el elemento material de las cosas. Además Pitágoras fue el primero en declarar que la tierra no era el centro del universo, sino uno de tantos planetas habitados alrededor del un punto central, el sol.

En cuanto a la rama místico-religiosa, está directamente relacionada con los Misterios Órficos por él creados, que son la base de una corriente religiosa denominada Orfismo y relacionada con Orfeo, maestro de los encantamientos. El movimiento órfico fundado por Pitágoras supone un enfrentamiento a las tradiciones religiosas de la polis griega y una nueva concepción del ser humano y su destino. El credo órfico propone una innovadora interpretación del ser humano, como compuesto de un cuerpo y un alma indestructible que sobrevive y recibe premios o castigos más allá de la muerte. Si bien el orfismo fue importante en el mundo griego es necesario aclarar que lo fue como secta, pero no debe confundirse con la percepción griega sobre la formación de la vida y del universo. Otro aspecto -poco conocido- de sus ideas en este plano tiene que ver con el carácter moral de su pensamiento, que consta de 7 máximas:

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La vertiente matemático-científica de su pensamiento está basada en la idea del número como arkhé, como principio de todas las cosas. Pitágoras fue un “iniciado en la magia” –la que estudió en su paso por Egipto- y su filosofía tiene bases esotéricas, a eso se debe su idea de que los números tienen carácter sagrado y secreto. No sólo sostuvo que el principio de todo lo que es era el número sino que también sostuvo que para comprender el mundo, había que encontrar el número –o la proporción- que lo expresara: la organización del cosmos estaría determinada según un orden y una proporcionalidad matemática.


Las finalidades que persigue Pitágoras con estas máximas son la ilustración moral y la depuración del mundo ideológico religioso; su religión se opone a la de los poetas, la cual desprecia por considerarla falta de seriedad moral (Windelband, 1955, p. 36). Como dato anecdótico de este pensador podemos decir que de él se creía que oía voces sobrenaturales, que podía encantar a los animales y obrar milagros. Entre la jerga de filósofos se llegó a especular con su estado mental hasta el punto de ser considerado un loco, tanto así que los habitantes de Crotona que lo acusaron de loco, hereje y degenerado, y destruyeron su escuela tras las luchas políticas de mediados del siglo V a. C.

Alcmeón de Crotona Los pitagóricos dieron también un importante impulso a la medicina, que si bien en algunos momentos parecía que iba a quedar incorporada a la especulación de la filosofía natural puedo despegarse de ella, lo cual se debe en gran medida a Alcmeón, médico de Crotona cuya vida se presume que transcurrió entre principios y mediados del siglo V a.C. y fue uno de los sucesores directos de Pitágoras.

Alcmeón de Crotona.

Era reacio a la doctrina pitagórica de los números, pero aceptaba la teoría de los contrastes pertenecientes a dicha doctrina, lo que lo convertiría en un dualista. En su concepción médica la salud era definida como la armonía de fuerzas opuestas proporcionada por la mezcla equilibrada de los jugos fundamentales, y los estados patológicos se derivan del predominio o falta de uno de ellos.

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1. Castiga con severidad a tu hijo culpable de la muerte de un animal, así sea un insecto: el homicidio se inicia así. 2. La felicidad consiste en estar de acuerdo consigo mismo. 3. Sé sobrio: en un cuerpo muy grueso, enflaquece el alma. No hagas de tu cuerpo la tumba de tu alma. 4. No des la mano enseguida: en la duda, abstente. 5. Las mujeres son débiles porque ellas no cuentan más que con el corazón para sostenerse, y el corazón es frágil. 6. Perdónalo todo a los demás, y tú no te perdones nada. 7. No aspires jamás a la vanidad de ser rico: contribuirías a que hubiese pobres.


Otra de sus contribuciones fue la elaboración de una teoría que suponía el alma inmortal y en continuo movimiento circular. Alcmeón atribuyó la tenencia de alma tanto a los hombres como a los astros, e identificó la armonía con una ley universal. Pero en los textos que hablan de su concepción del alma se presentan algunas contradicciones, ya que por un lado se afirma que el alma es inmortal y que posee la cualidad, del mismo modo que los cuerpos celestes, de estar siempre en movimiento circular, y por otro lado se declara que los hombres son mortales porque son incapaces de juntar el principio con el fin; es decir en ellos existiría un alma que permite realizar el movimiento del cuerpo pero no llevar a cabo un movimiento circular continuo.

En definitiva mientras que los cuerpos celestes son inmortales y eternos ya que tienen la propiedad de realizar un movimiento circular continuo; en el caso del hombre, éste sería mortal ya que no tendría la capacidad de unir el principio con el fin, es decir, realizar un movimiento de tipo circular continuo. De todos modos hay quienes sostienen que Alcmeón estaría haciendo referencia a doctrinas diferentes. Filolao de Crotona La fecha más probable para el nacimiento de Filolao estaría entonces alrededor del año 470, aunque podía haber nacido antes hasta 480 o más tarde hasta 440. Parece haber vivido hasta los años 380 a. C. y al menor hasta el 399 a. C. (Huffman, 1993, Pp. 5, 6).

Filolao de Cretona.

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La importancia de este pensador no radica tanto en sus teorías filosóficas generales, sino más bien en las minuciosas observaciones e investigaciones que llevó a cabo, por las cuáles la historia le ha otorgado el título de padre de la fisiología. Fue el precursor de la cirugía, siendo el primero en realizar una operación en los ojos; y también descubrió –a base de disecciones de animales- que la sede del pensamiento está en el cerebro y señaló los nervios como los conductos que desde los órganos sensoriales conducen a aquel (Windelband, 1955, p.110).


Eurito de Crotona Eurito es famoso por sus guijarros1 que son el principio constitutivo de todas las cosas, el arkhé. Algunos piensan que el principio de los guijarros es similar al principio atómico, otros afirman que el filósofo los usaba para delimitar las superficies de los objetos de tal modo que cada ser tuviese un número exacto de guijarros que lo circundase.

En este último caso se supone que Eurito puede haber postulado que era posible delinear, con los guijarros, la forma externa de, por ejemplo, un hombre o un caballo de manera que la figura resultante no pudiera representar otra figura distinta que la identificable con ellos. En otras palabras es posible que delimitara las superficies peculiares de un hombre o de un caballo y los puntos que limitaban dichas superficies y que, contando después el número de puntos necesarios para la representación de un hombre de modo que no pudiera representar ninguna otra cosa, consideraría que había confirmado su ecuación con un número determinado.

Los primeros pasos de la Astronomía

1 Guijarro: Piedra pequeña, redondeada y lisa formada por erosión del agua, comúnmente llamada canto rodado. www.elbibliote.com

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De sus obras se conservan más de veinte fragmentos que se le atribuyen, pero la mayoría de los estudiosos de la filosofía coinciden en señalar que no son genuinos, o que es de lamentar porque si fueran genuinos constituirían el máximo testimonio sobre el pitagorismo del siglo V. Para él toda la materia estaba constituida por cosas limitantes e ilimitadas y, al igual que Pitágoras –su maestro-, afirmaba que el universo estaba determinado por números. Su cosmología mostraba al universo como algo regular, aritmético y predecible, compuesto por planetas y astros que giran en él. Entre esos planetas menciona a la Tierra y lo hace dotándola de movimiento, ya que manifiesta que ésta gira en una órbita circular, oponiéndose así claramente a las cosmologías jónicas. Además, fue el primero en explicar el movimiento diurno de la Tierra en base al giro en torno a un punto central fijo en el espacio en la esfera de las estrellas fijas –o bóveda celeste- que engloba, no sólo a la Tierra, sino también a los cuerpos -Antichton, la Luna, el Sol y cinco planetas observables- que giran alrededor del fuego central que conforma al cosmos y que Filolao denomina Hestia.


Como ya dijésemos anteriormente, luego de que los persas invadieron y conquistaron Jonia las escuelas filosóficas asentadas allí se dispersaron y el desarrollo de la primera filosofía natural de la ciencia griega queda interrumpido. A causa de ello, fue necesario aguardar el paso de por lo menos una generación luego de Anaxímenes para ver el nacimiento de otra gran doctrina científica en una ciudad jónica. La ciudad fue Éfeso, en la costa occidental del Asia Menor, y la doctrina fue la de Heráclito, seguida por las de otros Eleatas, como por ejemplo Jenófanes, Parménides, Zenón y Meliso. Jenófanes de Colofón Las fechas que engloban el transcurso de su vida no son demasiado exactas, pero se presume que ha de haber nacido entre el 580 a. C. y el 570 a. C. y muerto entre el 475 a. C. y el 466 a. C. Si bien nació en Colofón y se lo conoce como el rapsoda de Colofón, pasó una parte de su vida en Elea y fue allí donde fundó la escuela eleática de filosofía, por lo que es considerado el trasplantador de la filosofía al oeste del mundo griego y el principal cultivador de la poesía en la Magna Grecia (570-470). (Windelband, 1955, pp. 50,51)

Jenófanes de Colofón.

De sus obras –que en oposición a las de los milesios, están escritas en verso-, no nos ha llegado ninguna completa, y es probable que ya en la antigüedad gran parte de su obra se hubiese perdido. Lo que nos ha llegado son citas de autores posteriores: Diógenes Laercio, Sexto Empírico, Simplicio, y otros autores y escoliastas. El total de lo conservado es de unos 120 versos de sus yambos, hexámetros y poemas, en cuanto a estos últimos el que destaca es el llamado Sobre la naturaleza al que pertenecen la mayoría de los fragmentos conservados.

No orientó su interés fundamental hacia una explicación comprehensiva del mundo natural, como hicieron Anaxímenes o Heráclito, sino que se interesó, de un modo especial, por la teología y muchas de sus observaciones sobre cuestiones físicas están en conexión con ella; es posible que algunas fueran repulsas irónicas de teorías previas y otras debieron reflejar el interés que muchos griegos cultos sintieron hacia los problemas de la naturaleza en su época ya que el estudio de los dioses no estuvo divorciado del de la naturaleza (Kirk y Raven, 1974, p. 238). www.elbibliote.com

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Tradición Mística de Italia Meridional (o Eleática): Antítesis fundamental metafísica


“El Banquete de los Dioses”, fundación del monoteísmo.

Existe para él un solo dios, el mayor entre los dioses y los hombres, y éste no es semejante a los mortales ni en su cuerpo ni en su pensamiento. Él ve, piensa y oye todo. Este dios permanece siempre en el mismo lugar, sin moverse para nada, porque no le es adecuado el cambiar de un sitio a otro, sino que, sin trabajo, mueve todas las cosas con el solo pensamiento de su mente.

Según Jenófanes, no sólo “no está bien” que el dios se mueva, sino que el movimiento le es realmente innecesario, porque el dios mueve todas las cosas mediante la activa voluntad que procede de su clara percepción, que no es realizada por órganos especiales, sino por el cuerpo entero inmóvil del dios (Kirk y Raven, 1974, pp. 240-241). Según su convicción religiosa Dios es la causa de todas las cosas, correspondiéndole, en consecuencia, todos los predicados que los físicos jónicos habían atribuido al arkhé. Para Jenófanes Dios se identifica con el universo: contiene en sí todas las cosas, es a la vez el Uno y el Todo. Mundo y Dios son para él una sola cosa, y todos los distintos objetos de la intuición se desenvuelven para él en el ente universal único, siempre igual (Windelband, 1955, p. 51). www.elbibliote.com

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Su proeza filosófica es la nueva fundamentación, puramente teórica, del monoteísmo, que él desarrolló en base de las reflexiones de la física milesia (Windelband, 1955, p. 51) y en reacción contra el politeísmo antropomórfico que caracterizó la religión griega. Ataca la inmortalidad y la naturaleza antropomórfica de los dioses de la religión convencional y afirma que no hay motivos convincentes para creer que los dioses sean antropomórficos; de hecho se burlaba de la costumbre de representar a los dioses en la figura humana e increpaba enérgicamente a los poetas que atribuían a los celestiales todo lo malo y censurable que es propio de los hombres. Por el contrario, sostenía la unicidad del Dios supremo, verdadero, que no se parece a los mortales ni en figura ni en pensamientos.


Jenófanes afirma que la tierra es infinita y que no está rodeada ni por aire ni por el cielo.

También afirma que todos los hombres perecerán cuando la tierra sea arrastrada hacia el mar y se convertirán en barro, y que comenzará a continuación una nueva generación, como así también que todos los mundos tienen el mismo principio. Las transformaciones cíclicas entre tierra y mar tienen una clara relación con la afirmación de que las cosas proceden de la tierra y del agua. (Kirk y Raven, 1974, pp. 246-253) Finalmente, respecto al conocimiento humano, Jenófanes dirá que es limitado; afirmaba que ningún hombre conoció ni conocerá nunca la verdad sobre los dioses y sobre las cosas, sobre todas las cosas o sobre todos los hombres no hay más que opinión. Aquí se puede observar que las deficiencias del conocimiento humano que este filósofo plantea están directamente relacionadas con las limitaciones del hombre en contraposición con las capacidades del dios en general. Esta doctrina sobre las limitaciones humanas contribuyó, por desgracia según Kirk y Raven (1974, p. 257), a moderar la tendencia ultra-dogmática de la filosofía griega en sus primero estadios vivaces. Heráclito de Éfeso Heráclito, nacido en el seno de una familia aristocrática, vivió hacia comienzos del siglo V a.C., entre 544 y 484 aproximadamente y fue uno de los pensadores más influyentes de los pertenecientes al período presocrático. Los datos acerca de su formación intelectual son inciertos, pero se cree que fue un gran autodidacta, asiduo lector de Homero y Hesiodo y que participó como oyente en las clases de Jenófanes, en la escuela de Parménides. www.elbibliote.com

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Sus ideas físicas no son menos interesantes. Respecto a los cuerpos celestes Jenófanes afirma que el sol nace cada día de la reunión de pequeños trozos de fuego, que la tierra es infinita y que no está rodeada ni por aire ni por el cielo. Dice que el sol y las estrellas proceden de las nubes y que hay innumerables soles y lunas a lo largo de las regiones, secciones y zonas de la tierra y que, en un cierto momento, el disco es desterrado a una sección de la tierra no habitada por nosotros y que de esta manera, como si no caminara sobre nada, produce el fenómeno de los eclipses. Dice también que el sol avanza ad infinitum, pero que da la impresión de que se mueve circularmente debido a la distancia. Además afirmaba que todas las cosas se componen de tierra y el agua; aunque esta concepción es considerada un tanto ingenua y proviene de la comparación de la carne y los huesos con la tierra y las piedras, y de la sangre con el agua. También afirmará que la superficie de la tierra se convertirá de nuevo en mar; esto se debe a que cree que está teniendo lugar una mezcla de la tierra con el mar y que, con el tiempo, aquella quedará disuelta por la humedad; tal afirmación está apoyada en el hecho de que en tierra adentro y en los montes se encuentran residuos de fósiles marinos –tales como restos de peces y algas- y que esto se debe a que el mar cubría toda la superficie terrestre en tiempos remotos.


Heráclito (izquierda).

la política y la teología; y la estructura de su pensamiento es compleja y difícil por ser éste oscuro y preocupante.

Este filósofo radicalizó el enfoque dialéctico del pensamiento milesio y dio forma plástica y profundidad a la concepción del mundo bosquejada por sus antecesores. Heráclito extrae conceptos de la cosmología jónica y parte de una gran intuición, a saber: “yo me he buscado a mí mismo”; tal intuición implica el pasaje del macrocosmos al microcosmos. Su obra se compone de aforismos que contienen internamente la creencia en el cambio como la ley que rige todas las cosas, para él la única realidad permanente es el cambio –para él, todo fluye, todo se halla sujeto a un proceso constante de transformación, de incesante movimiento y caducidad-, y todo en el universo lleva su antítesis, o sea, que cada cambio va acompañado de su signo contrario. De ahí que la única armonía posible la encuentre en la contrariedad, si no hubiese opuestos no habría armonía, dirá. www.elbibliote.com

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Uno de sus principales y más particulares intereses era denunciar el alto grado de estupidez que aquejaba al ser humano; despreciaba al hombre común, no le gustaban las vanas palabras, le negó el valor a la retórica y tenía aversión a la vida democrática porque pensaba que, a la larga, la democracia se llenaba indefectiblemente de corrupción. Además, no creía en la religión y se oponía a que el hombre se manifestase de forma religiosa por necesidad y no por esencia. De su obra, que se dice que fue por él depositada en el templo de Artemisa, se conservan 126 fragmentos genuinos y 13 de proveniencia dudosa; además tenemos referencias de su pensamiento en las obras de Diógenes, Platón y Aristóteles. Su obra toca tres grandes temas: el universo,


FIOLOSOFÍA GRIEGA La revolución del cerebro, Heráclito de Éfeso (quien ha sido traducido e interpretado hasta la saciedad con esa frase “Lo único permanente es que vivimos en un mundo de cambios”. En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos]. De Diels-Kranz, Fragmento der Vorsokratiker, 22 B12).

Para Heráclito el mundo es oposición, en él –en el mundo- los opuestos no se excluyen entre sí, sino que se condicionan uno a otro, de ahí que de la lucha de opuestos surja la unidad. Heráclito busca un nuevo significado para la palabra armonía que hasta entonces significaba una mera conciliación de la contrariedad; para él la armonía será el mantenimiento de la oposición de la disparidad de la contrariedad; dirá que no se debe buscar la conciliación porque ésta, a la larga, lleva a la anulación de la armonía. Se opone a lo eterno, a lo inmutable, para él el mundo está regido por un principio de orden y medida de carácter inmanente del que todo se origina, su pensamiento proclama no la voluntad de un dios, sino la fuerza de un principio: el logos, de acuerdo al cual todo se va explayando, y que puede entenderse como causa, como disertación, como razón e incluso como medida. Para Heráclito el logos es ley porque es Dios, es una inteligencia viva que todo lo gobierna y que de alguna manera se relaciona con el fuego, que para Heráclito es la materia primordial del universo, una fuerza ígnea presente en la totalidad. Para Heráclito el fuego es la representación material de logos.

Desde el comienzo de la obra Heráclito habla del logos, que implica el uso de una palabra que denota una verdad eterna, que es determinante del curso de todo lo que acontece. Es ley y es lo común porque es universal, es aprehensible por todos –lo que le da un contenido ético y político-, e implica la regulación de un proceso cósmico. No es un ser, es el medio que nos permite dar cuenta del mundo a través del devenir, que es, en efecto, el ser de la realidad. Es la ley por la cual se ordena el mundo. Participa del espíritu y la materia y constituye el orden racional. El fuego en forma permanente se transforma en cosas, engendra las cosas y al mismo tiempo las cosas se transforman por acción del fuego, es un engendrar y transformar incesantemente. Aquí aparecen los conceptos de lo cíclico y lo eterno y del devenir. Heráclito advierte la importancia del movimiento como algo inherente al ser y que el pensamiento descubre en las cosas, a través del Nous. El Nous es el lenguaje por el cual se expresa el logos y que el hombre lo puede captar. Es el carácter intelectual, lo que el alma humana puede capturar. Este fuego se imprime en el alma del hombre y éste puede optar por negarlo o por adoptarlo. Si se niega no ocurre nada, sólo que el hombre que no lo acepte estará “dormido permanentemente” y no tendrá acceso a lo universal, se perderá de apreciar la realidad y quedará atrapado en su propio y pequeño mundo; en cambio el que lo acepte se constituirá como un “hombre despierto” conectado con el alma y con el cosmos de la vigilia y capacitado para comprender el logos. VER VÍDEO RELACIONADO

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Es amplio el debate acerca de la fecha de su nacimiento y de la cantidad de años que llegó a vivir. Aparentemente debería haber nacido entre el 540 y el 510 a.C.; de la fecha de su deceso no hay datos improbables si quiera, mucho menos exactos. Según cuenta la tradición, Parménides florece2 en la 69 Olimpiada, desarrollada entre 504 y 501 a.C. Su pensamiento muestra un inconfundible y muy avanzado desarrollo de la forma, o sea de la lógica. Parménides es el pensador que introduce en la ciencia griega los principios de la dialéctica. De su obra se han conservado importantes fragmentos del que fuese su Poema. Éste fue escrito entre 490 y 475 a.C. –siempre hablamos de fechas aproximadas y no precisas -, y tenía un carácter didáctico y su título era De la Naturaleza. Estaba escrito en hexámetros y de él se conservan el proemio, alrededor, quizás, de los nueve decimos de la primera parte y, muy poco de la última, de mucha menor importancia filosófica, pues la doctrina que lo ha hecho célebre, se encuentra en la primera parte (Carpio, 1974, p. 24) en la que podemos conocer no sólo sus opiniones más importantes, sino también sus motivos y fundamentos.

Parménides de Elea.

2 Cuando hacemos referencia al florecimiento de un filósofo, estamos queriendo señalar la época en la que su pensamiento ha alcanzado su punto de mayor fuerza o esplendor. VER VÍDEO RELACIONADO

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A modo de cierre en lo que respecta a Heráclito, debemos decir que Su aporte consiste en la teoría de la unidad que no se ancla en ningún ser rígido. Lo nuevo es la manera mística de abordar el concepto de unidad, una nueva interpretación de la existencia. Esto, sumado a su dialéctica, elemental pero incisiva y muy particular comparada con la de su momento ya que usa sentencias contundentes y aforísticas, son la parte más importante del legado que dejó el efesio a la filosofía. Parménides de Elea


Este poema se divide en tres partes o tres temáticas principales. La primera parte corresponde al proemio, o prólogo del que se conservan unos 32 versos. Este proemio contiene una ornamentación al estilo de la escuela órfica. Aquí puede observarse una concepción de la filosofía. Describe el viaje de un joven que recibe una revelación cuya receptividad se da como culminación de esa larga jornada. El que realiza el viaje es “el hombre que sabe”; es un viaje en carro, tirado por un par de yeguas, y conducido por las Helíades a través de un camino alejado del camino usual de los mortales, es la ruta de la noche y el día, camino que está interrumpido por un inmenso portal de piedra, cuya guardiana es Diké, la Justicia. Las hijas del sol la persuaden, y Diké abre la puerta para que pase el carro. El narrador es recibido por una diosa que le indica, en primer término, que no ha sido enviado por un destino funesto, sino por el derecho y la justicia. La segunda parte, que constituye el cuerpo del poema, es justamente la dedicada a la vía de la verdad. Esta parte del poema está constituida principalmente por el fragmento número 8, un fragmento compuesto por 61 líneas en las que Parménides intenta explicar los atributos del Es, del Ente. Se puede hacer un análisis detallado de esta sección del poema, y mencionar cuales son las ideas que, a grandes rasgos, se destacan en cada una de sus fracciones.

Líneas 1 a 6

Anuncia lo que es. Lo que es, es lo uno y continuo.

Líneas 6 a 21

Analiza como lo que es no nace ni perece. También habla de la justicia y la fuerza.

Líneas 22 a 25

Da las características de lo que es como uno, homogéneo e indivisible.

Líneas 26 a 42

Señala que lo que es no puede moverse ni cambiar.

Líneas 42 a 49

Habla sobre la esfera del ser.

Líneas 50 a 61

Enuncia la transición a la vía de la apariencia, vía de los mortales y de los sentidos.

En virtud de ello, sigue, es necesario que conozca todas las cosas, tanto “el corazón inconmovible de la verdad persuasiva” como “las opiniones de los mortales”, porque, a pesar de que en estas “no hay convicción verdadera”, sin embargo han gozado de prestigio. Aquí la diosa anuncia al viajero sobre las dos vías que pueden seguirse, y menciona otra que no puede seguirse en absoluto, porque es indiscernible por completo: la vía del no-ser. > En las líneas 1 a 6, anuncia lo que es. Lo que es, es lo uno y continuo. > En las líneas 6 a 21, analiza como lo que es no nace ni perece. También habla de la justicia y la fuerza. > En las líneas 22 a 25, da las características de lo que es como uno, homogéneo e indivisible. Lo que es, al ser uno es indivisible; si el ser que siendo uno fuera divisible, estaría en la multiplicidad y no sería ser, porque dejaría de ser uno, perdería la homogeneidad y la continuidad. Lo que es, está junto a lo que es, o sea, sigue siendo lo que es. www.elbibliote.com

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Estructura del poema:


Finalmente en la tercera parte del poema hace alusión a la vía de la apariencia o de la doxa, de la opinión humana. Si bien algunos dudan acerca de que esta parte del poema pertenezca genuinamente a Parménides, Aristóteles la da como veraz y afirma, en su libro titulado Metafísica, que Parménides no podía ignorar por completo las apariencias del mundo sensible y que estaba obligado a das alguna explicación de él, aunque la razón le asegurara que lo real tenía que ser uno. Más él, se opone absolutamente a esta confianza, porque su Ser Uno, su Ente es un objeto del pensamiento, no de los sentidos. De allí que estudiosos como Hyland lo llamen “el padre del racionalismo” porque confía en la razón para negar la evidencia de los sentidos, ve la razón como la única capaz de aportar la verdad en el acto del conocimiento.

Lo que aparentemente intenta asegurar aquí Parménides es que los mortales son los responsables de la existencia de lo aparente a razón de la confianza que depositan en los sentidos, estas “opiniones” que surgen del uso exclusivo de los sentidos dan como resultado las representaciones ilusorias de los mortales, ante cuyo camino Parménides –o mejor dicho, la diosa del Poema- nos previene insistentemente. La ontología Parmenídea Según Capelle (1958, p. 64) el dogma central del pensamiento de Parménides es su ontología, o sea su doctrina del Ente. Esta doctrina tiene una doble influencia; en primer lugar el pensamiento de Parménides se vio persuadido por el de su maestro Jenófanes y su doctrina del Uno; y en segundo lugar, pero en sentido negativo, la doctrina de Heráclito Ilustraciones sobre los poemas de Parménides.

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> En las líneas 26 a 42, señala que lo que es no puede moverse ni cambiar. Si hay cambio es porque las cosas son diferentes entre sí, y Parménides no acepta esto. El ser es inamovible, Parménides niega el cambio y la locomoción de cualquier tipo. Los atributos del ser de Parménides, son propios de la divinidad. > En las líneas 42 a 49, habla sobre la esfera del ser. > Y en las líneas 50 a 61, enuncia la transición a la vía de la apariencia, vía de los mortales y de los sentidos.


Para Parménides, el Ente es increado e imperecedero, al no tener principio tampoco tiene fin, de lo cual se deduce que es eterno y que está fuera de todo movimiento, en definitiva, es totalmente inmutable: “permanece siempre el mismo y en el mismo lugar” dirá Parménides en la línea 29 del fragmento 8 de su poema, núcleo de su ontología. Además lo define como indivisible, puesto que de cualquier punto que se lo mire es siempre el mismo.

Antología Poética Parménides.

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sobre el flujo incesante de todo fue la segunda base sobre la que se asienta el poema de Parménides. Decimos que es en un sentido negativo, porque Parménides no acepta en forma alguna el proceso del devenir que plantea su predecesor, para él el devenir es impensable, imposible. Parménides afirma que hay un Ente y que de hecho debe haberlo, porque no podemos pensar que pudiera no existir. Entonces, allí, se da un enlace, una correspondencia mutua entre pensar y ser, para Parménides no se puede encontrar el pensar fuera del Ente en el que se expresa. Incluso va aún más lejos y afirma que fuera del ente no puede encontrarse nada; esto implica un rechazo absoluto del no Ente, de la nada; al mismo tiempo rechaza absolutamente las posibilidades del nacer y el perecer, porque el nacer implicaría el paso del no Ente al Ente, y el perecer sería el paso del Ente al no Ente, en definitiva, aceptar el nacer y el perecer del Ente sería el equivalente a aceptar el no Ente. Para Parménides el Ente posee una total coherencia; el Ente está penetrado de Ente, todo está lleno de Ente, y si todo está lleno de Ente no hay en ninguna parte un hueco en el que pueda existir el no Ente. De todos modos lo describe como algo limitado, necesariamente limitado; más adelante en el fragmento 8 dirá: “al tener un límite último, es perfecto por todas partes, semejante a la masa de un, a bien redondeada esfera, equidistante desde el centro a todos los puntos de la superficie” (Fr.8, 42 sig.). En definitiva, lo que se desprende de la ontología parmenídea es la aseveración de la existencia de un Ente, fuera del cual nada existe y que lo llena todo, que es increado, imperecedero, inmóvil e inmutable, y absolutamente opuesto al conjunto de imágenes engañosas resultantes de la experiencia sensible.


La fecha de nacimiento de Zenón, al igual que la de la mayoría de sus contemporáneos, es inexacta, pero se estima que nació en el primer decenio del siglo V a.C. (entre el 490 y el 480). Procedía de Elea y, al igual que Parménides, en sus inicios fue pitagórico. Fue discípulo de Parménides y se cree que también lo fue de Jenófanes, pero este último dato es un tanto incierto.

Fue un férreo defensor de la doctrina de su maestro Parménides, y los atributos del Ente parmenídeo adquieren todavía más relieve en Zenón. Éste también concibe al ser como extenso, para él lo que no tiene extensión, ni volumen, ni masa, no puede existir en manera alguna. Por eso, todo Ente tiene que estar presente en un determinado lugar, o sea en el espacio, porque si no, no existiría. Además de su ontología, su dialéctica ejerció una intensa influencia en los círculos intelectuales de Atenas. Lo característico de su dialéctica consiste en someter a una revisión crítica las opiniones fundamentales del contrario que están en abierta oposición con la ontología de Parménides. Zenón llevaba su arte a tal extremo que, a través de él, la misma cosa se les aparecía a los oyentes como igual y diferente, como una y múltiple, como en reposo y en movimiento. (Capelle, 1958, pp. 68-9) De su pensamiento también se conservan los cuatro argumentos que se conocen con el nombre de aporías de Zenón, que son demostraciones con las que envolvía a sus contemporáneos y, con las que pretendía demostrar que el movimiento no es más que una mera apariencia inexistente, al igual que el tiempo y el espacio, así como también dar de baja la pluralidad como estructura de lo real. Estos argumentos –que tocaban temas que hasta ahora no habían sido demasiado tenidos en cuenta, como la representación del espacio, del tiempo y del movimiento-, forman efectivamente parte de su dialéctica, y al igual que ella ejercerán una fuerte influencia sobre sus coetáneos, principalmente sobre aquellos que estaban interesados en temas científicos, y serán además un poderoso empuje para el desarrollo del posterior pensamiento científico y para el progreso de la lógica.

Zenon de Elea.

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Zenón de Elea


Sabemos que su florecimiento fue entre 441/40 a de Cristo. Hay afirmaciones –de Diógenes Laercio- que aseveran que fue discípulo de Parménides, y como la mayoría de sus contemporáneos parece que estuvo muy relacionado con el pitagorismo de su época. Simplicio, a quien debemos la conservación de los 10 fragmentos que subsisten de Meliso, nos informa de que el libro de Meliso se titulaba Sobre la naturaleza o la realidad. También parece que intervino activamente en la política de su ciudad, llegando a ser comandante de la flota Samia venciendo en una batalla naval nada más ni nada menos que a Pericles.

A pesar de ser un seguidor de Parménides, Meliso, se separa de él en un punto esencial. Mientras que el Uno de Parménides era finito y esférico, Meliso, afirma, sin que haya lugar a la más mínima duda, que su Uno, era infinito en extensión y en tiempo; tal posición irritó a sucesores tales como Aristóteles, quien lo calificó de grosero y de rústico. Esta última apreciación posiblemente se deba al hecho de que el pensamiento de Meliso carece absolutamente de formación científica, lo que hace que su punto de vista parezca un tanto anacrónico. Pero la tesis de Meliso de que lo Uno es algo incorpóreo habría que situarla en su intento por resolver una contradicción presente en la doctrina de su maestro Parménides. Y es que si lo uno (tal como le hacían ver los oponentes a Parménides) tiene cuerpo y grosor, entonces debería tener, también, partes. Pero si tiene partes, es decir, si es algo corpóreo, entonces no es algo finito e indivisible. Pues bien, parece que Meliso se dio cuenta de que el único modo de hacer frente a estos ataques sería negar a lo Uno esos atributos y señalar que no es algo corpóreo sino incorpóreo. Cuando Meliso afirma que si hubiera una pluralidad, cada uno de los seres plurales tendría que ser tal como es su descripción del Uno, es evidente que parece estar prefigurando a los atomistas, quienes defenderán que la pluralidad, la indivisibilidad y el eterno movimiento de los átomos; pero este pensamiento ya pertenece a la próxima etapa, la última del período presocrático, cuyos representantes veremos a continuación.

Tradición de los Últimos Presocráticos: Tentativas de conciliación Después de Parménides, se comienza a pensar que el arkhé está formado por lo múltiple, pero se le exige lo mismo: la institución del orden, la justicia y la verdad. Comienza entonces esta etapa que busca conciliar las principales teorías claramente opuestas del periodo anterior: la heracliteana y la parmenídea.

Se comienza a pensar que el arkhé está formado por lo múltiple, pero se le exige lo mismo: la institución del orden, la justicia y la verdad.

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Meliso de Samos


Empédocles de Acragas Empédocles es una de las figuras más destacadas del siglo V a.C., y se estima que su vida transcurrió entre los años 495/490 a 435/430 a. C. aproximadamente; era médico de profesión y un gran conocedor de las ciencias naturales. Su figura ejerció una importante influencia en la mística así como también en las ciencias exactas, sobre todo en astronomía, matemática y medicina.

La mayoría de sus escritos se perdieron, se presume que redactó un gran número de tragedias, un himno a Apolo, un poema llamado “El paso de Jerjes” y otro poema de rasgos místicos –las Purificaciones-; pero de su obra principal nos ha quedado una cantidad considerable de fragmentos. Ésta se titulaba Sobre la Naturaleza, y se dividía en dos libros cuya forma seguía en cierto modo a Parménides, pero cuyo contenido se apega más a la fisiología que a la poesía.

Empédocles.

Su Física Empédocles es el primer pensador que intenta superar los hallazgos de Parménides con respecto a la naturaleza del hombre; pero, al mismo tiempo se encuentra bajo el influjo de Heráclito y cree, como éste, en la multiplicidad de las coas y en su continuo cambio. Así pues, tiene que www.elbibliote.com

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Esta última fase de la filosofía presocrática es conocida también con el nombre de periodo mecanicista o pluralista, y sus principales representantes son Empédocles, Anaxágoras, Diógenes; a ellos debemos sumar a los atomistas Leucipo y Demócrito que representan al monismo en este último estadio del periodo presocrático. Estos sistemas se califican como intentos de conciliación porque todos buscan enderezar y transformar el concepto de ser eleático de forma tal que a base de él resulte comprensible el proceso del suceder; ostentan además carácter físico y metafísico al mismo tiempo.


Según Empédocles estos cuatro elementos son invariables e inmutables, por lo que requieren una fuerza motora, que en realidad son dos principios: Amor y Odio. Estos dos principios, o fuerzas interactúan con los elementos y de tal interacción se obtiene la esfera. Según Empédocles así se explica la constitución del mundo.

Empédocles.

El Odio es la fuerza que divide, en cambio el Amor es la que une. Ambos poderes son la causa del suceder en el mundo y se encuentran en una lucha eterna; en tal lucha hay dos momentos relevantes: el momento en que el Amor ha vencido al Odio, y aquel en que el Odio ha vencido al Amor. El primero se denomina “Sphairos”; en él las partículas se han agrupado en una esfera indistinta y sin cualidades, en la que ninguno de los elementos tiene preponderancia. Pero enseguida comienza a levantarse el poder contrario, y cada vez con más fuerza, en una intensa lucha con el Amor, el Odio busca separar lo que éste había llevado a una unidad total.

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aceptar una pluralidad de Entes. Empédocles acepta cuatro Entes, y los denomina raíces de todas las cosas o raíces de la totalidad; estos cuatro Entes tienen como propiedades no haber nacido, ser imperecederos, invariables y eternos; y es a partir de ellos que Empédocles pretende explicar la diversidad y el cambio de las distintas cosas a base del movimiento espacial mediante el cual se mezclan entre sí en proporciones diferentes. Estos cuatro Entes son el agua, el aire, la tierra y el fuego; y de partículas de ellos están compuestas todas las cosas de este mundo. La proporción en que entras estas partículas en cada cuerpo varían, y eso es lo que las distingue a unas de otras. A razón de ello, Empédocles ha sido el descubridor del concepto de “elemento”, decisivo hasta hoy en las ciencias naturales.


Su mística La faceta mística del pensamiento de Empédocles se manifiesta en su poema Las Purificaciones, en donde no se apega a problemas de la ciencia, sino que más bien se encuentra en irreconciliable oposición con ella. En dicho poema si bien se presuponen ciertas ideas fundamentales de su física, hay que considerarlo como una orientación posterior de su pensamiento que surge como consecuencia de una profunda conmoción espiritual que lo lleva a experimentar una conversión en la última etapa de su vida.

Pintura “La Muerte de Empédocles”.

Esta mística surge de la doctrina pitagórica del alma, esta última, y su destino, ocupa el lugar central en esta rama del pensamiento de Empédocles. Aquí incorpora el carácter dualista órfico-pitagórico, plantea una división entre cuerpo y alma, y ve al cuerpo como “la tierra que envuelve al hombre” y al alma como el componente divino de esta dualidad antropológica.

Para Empédocles las almas humanas habían sido originalmente espíritus bienaventurados en el mundo de los dioses, pero que por algún acto de rebeldía, impureza o violencia, en definitiva por culpa del Odio, han expulsadas a la tierra (Rius, 2005, p. 37). Pero el alma puede elevarse nuevamente, pero deberá hacerlo de forma gradual, a través de una vida limpia, purificada. www.elbibliote.com

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Dada la victoria del Odio, el Todo se divide en sus cuatro elementos; este estado se denomina “acosmia” –sin orden-. Pero este estado también resulta ser transitorio, porque la lucha entre el Amor y el Odio vuelve a comenzar, y estos momentos se sucederán eternamente, porque la lucha entre ambos poderes –que para Empédocles son de carácter divino- no cesa jamás. Se da entonces, según el pensamiento de Empédocles, un doble origen de todas las cosas, una vez bajo el imperio del Odio, otra bajo la del Amor (Capelle, 1958, pp. 77-80).


*** Además de su cosmología y de su mística, debemos atribuirle a Empédocles el primer intento para aclarar el origen de las especies y de los sexos, como así también el descubrimiento de la velocidad de la luz –ya que fue el primero en notar que la luz necesita de un cierto tiempo para llegar desde el sol a la tierra y que tiene que atravesar la atmósfera antes de llegar a nosotros-. Empédocles tiene una doble importancia dentro del pensamiento presocrático, pues como físico hizo el primero intento totalmente original de conciliación entre la doctrina de Heráclito y la ontología de Parménides, y como místico, influyó poderosamente al completar la doctrina del alma –corriente en los círculos órfico-pitagóricos-, que repercutiría en las concepciones que le sucederán, hasta Platón inclusive (Capelle, 1958, p. 88). Anaxágoras de Clazomene Anaxágoras nació alrededor del año 500 a.C. en el seno de una familia rica y acaudalada, pero renuncia a los bienes para dedicarse a la investigación filosófica lo que lo transforma en el modelo del pensador entregado a la ciencia y apartado del mundo. Hacia 483 a. C. se trasladó a Atenas debido a la destrucción y reubicación de Clazomene tras el fracaso de la revuelta jónica contra el dominio de Persia. Debido a su emigración fue el primer pensador extranjero en establecerse en Atenas; allí ejerció la docencia durante unos treinta años, hasta que tuvo que exiliarse por ser acusado de impiedad al sugerir que el Sol era una masa de hierro candente y que la Luna era una roca que reflejaba la luz del Sol y procedía de la Tierra. Se fue a Jonia y se estableció en la colonia milesia de Lámpasco, donde en 428 a.C. se dejó morir de hambre. Anaxágoras de Ckazomene.

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De cierta forma, se observa nuevamente la lucha entre el Amor y el Odio, y el proceso cíclico que implica el triunfo de uno y su derrota por parte del otro una y otra vez.


Su idea de la distancia y la magnitud de las estrellas representa un avance bastante significativo respecto a sus predecesores; alguna de sus afirmaciones eran que “el sol era más grande que el Peloponeso” y que la luna era una especie de tierra habitada, con montañas y valles; además explicó con total exactitud los eclipses de sol y luna y la formación del granizo, que hasta entonces eran fenómenos misteriosos.

Templo de Grecia.

De todos modos, no se despega de manera absoluta de sus predecesores y comparte con los antiguos físicos la opinión que de la nada, nada puede salir; y coincide con las proposiciones fundamentales de la ontología parmenídea que enuncian un Ente increado, imperecedero e inmutable por un lado, y no aceptan los conceptos de nacer y perecer por otro. Para Anaxágoras, al igual que para Empédocles, hay mezcla y separación; pero Anaxágoras avanza más y obtiene un resultado diferente: para él, lo inmutable son las partes constitutivas de las cosas; cada cosa, según su conclusiones, contiene algo de todas las materias, todo está en todo dirá; y de allí que admita infinitos principios elementales en forma de sucesión gradual determinada. Esto se debe a que no le bastaron, para comprender la infinita pluralidad del mundo visible, los cuatro elementos de Empédocles, su mezcla y su separación. Para Anaxágoras los elementos son numérica y específicamente infinitos, y constan además de infinitas partículas. Además, admite partículas formadas de un solo elemento único, y las llama “semillas”; de estas es justamente que para Anaxágoras está formado el mundo visible. Pero esta concepción de que todo está contenido en todo, presenta dificultades que el mismo Anaxágoras no sabe salvar; porque, por ejemplo, podemos imaginar una división de las cosas hasta el infinito, pero debido a los límites de nuestra capacidad imaginativa no podemos hacernos la idea de una mezcla infinita de elementos, para nuestra forma de pensar un trozo de madera, en definitiva y en última instancia, se nos aparece como formado por un elemento único. De allí, que la doctrina de los elementos infinitos de Anaxágoras sea considerada, en cierta forma, un retroceso; aparece como una mera generalización, llevada al extremo, de las primeras doctrinas del pensamiento griego. Pero, amén de este retroceso, hubo en el pensamiento de Anaxágoras una concepción que implicó una novedad. A la hora de justificar el movimiento como separado de la materia, Anaxágoras elige un principio universal y de consideraciones puramente racionales; lo llama www.elbibliote.com

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El pensamiento de su primera época estuvo influenciado por la Escuela de Mileto y por Anaximandro y Anaxímenes. De su obra se conserva una serie de fragmentos de gran extensión, los cuales están escritos en simple prosa y se caracterizan por su estilo simple. En lo que respecta a su Física, lo más importante es su Meteorología; por ella entiende la “investigación de las cosas que hay en lo alto”, los fenómenos y todo lo que acontece en las regiones de las nubes y las estrellas.


La palabra Nous en Anaxágoras hace referencia a una esencia de carácter puramente espiritual, que no puede compararse con nada en el mundo, pero que está emparentado con todo lo animado y domina todo lo que posee un alma. Es el primer motor que dio el impulso al proceso cósmico, que sumado a la distinción entre Espíritu y Materia, es el mérito del pensamiento de Anaxágoras. Tales concepciones pesarían sobre pensadores subsiguientes tales como Sócrates, Platón y Aristóteles (Capelle, 1958, pp. 88-97) Atomismo: Leucipo de Mileto y Demócrito de Abdera El atomismo aparece en la filosofía griega como un intento de superar las dificultades lógicas para explicar el cambio de las cosas consideradas en la Escuela Eleática, y es un movimiento materialista para el que todo se puede explicar a partir de la combinación –variada y azarosa- del vacío con partículas elementales: los átomos. Este movimiento fue fundado por Leucipo y desarrollado por Demócrito; más adelante fue criticado por Platón y Aristóteles, y posteriormente retomado por los epicúreos. Leucipo de Mileto Leucipo vivió en el siglo V a.C., pero no hay datos de los años exactos de los que vivió; sin embargo si se sabe que partió de su Mileto natal hacia Elea y que allí fue discípulo de Zenón, para más tarde, cerca del 450 a.C., fundar su escuela en la ciudad tracia de Abdera, en la que se formó el que luego sería su gran discípulo, Demócrito.

Leucipo de Mileto.

Este es el tercer gran pensador que intentó unir la ontología de Parménides con la doctrina de Heráclito sobre el flujo de todas las cosas. www.elbibliote.com

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Nous, y se identifica con la inteligencia. En el pasaje 12 que se conserva de su obra dirá al respecto: “La inteligencia conoce todas las cosas. Ella ordena todo lo que debe ser y todo lo que fue y que ya no es”. Anaxágoras le otorga una serie de atributos a este principio que sirven para comprender su significación y su esencia; es simple porque no está compuesto de partes ni de materia alguna; es puro, porque no está mezclado con nada; es único, autónomo, para sí mismo y autocrático, porque recibe el poder que posee sólo de sí mismo. De todos modos lo decisivo de este principio es la propiedad de conocer, porque es la capacidad sólo propia del espíritu.


Atomismo.

Estos átomos, cuya única propiedad es la extensión, se asemejan al Ser de Parménides –que era, recordemos increado, inmutable e imperecedero- sólo que en la teoría de Leucipo están diseminados en un número infinito para dar sentido a la multiplicidad de las cosas. De este modo aparece por primera vez, brotando desde la ontología eleática, el concepto de una materia pura carente de cualidades.

Si bien esta idea estaba de cierto modo latente en los pensadores primitivos, la novedad es el hecho de que Leucipo la expresa conceptualmente dando solución al primer problema de la filosofía suscitado por los viejos milesios. Demócrito de Abdera Demócrito es considerado como el más grande de los investigadores de la naturaleza en la antigüedad. Nació hacia el año 460 a.C., y a lo largo de su vida llevó a cabo viajes de largos años, que lo llevaron a lo largo y ancho de Grecia, a Egipto y a gran parte de Oriente. A su regreso, se estableció en su patria y permaneció allí hasta el momento de su muerte, hacia el 360 a .C. (Windelband, 1955, p. 156). De sus obras se perdió gran parte, pero se han conservado fragmentos que dan muestra de la riqueza de su contenido. Están redactadas en dialecto jónico y son dueñas de una perfección formal que www.elbibliote.com

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Comienza por admitir, al igual que su maestro Zenón, que el Ente es increado, inmutable e imperecedero, y le resultan evidentes la multiplicidad y el movimiento de las cosas, pero para que éstas puedan concebirse, para él, es necesaria la noción de vacío; ésta circunda nuestro mundo y se extiende hasta el infinito, según Leucipo. Admitir la existencia del vacío e identificarlo con el “no Ente” es la novedad que introduce el pensamiento de Leucipo. Opone esta noción a lo lleno, a lo corpóreo; y postula que lo lleno y lo vacío son los dos fundamentos del mundo. Para Leucipo el mundo visible estaba formado por partículas pequeñísimas de elementos colocadas unas al lado de otras. Estas partículas para Leucipo eran sólidas e indivisibles, libres de cualquier clase de vació, las describe como totalmente “llenas” y no sujetas al cambio. Todos los cuerpos visibles están formados de tales partículas materiales, y estos cuerpos, a su vez, tienen entre sus partes constitutivas espacios vacíos. Tales partes constitutivas son para Leucipo los átomos.


Demócrito.

Demócrito, siguiendo a Leucipo, enuncia a los átomos y al vacío como realidades primordiales, -en palabras de los eleatas, al ser y al no ser-. Para Demócrito, la realidad está compuesta por dos causas (o elementos): lo que es, representado por los átomos homogéneos e indivisibles, y lo que no es, representado por el vacío. Este último es un no-ser noabsoluto, aquello que no es átomo, el elemento que permite la pluralidad de partículas diferenciadas y el espacio en el cual se mueven. Demócrito pensaba y postulaba que los átomos son indivisibles, y se distinguen por forma, tamaño, orden y posición. Cada objeto que surge en el universo y cada suceso que se produce, sería el resultado de colisiones o reacciones entre átomos; y gracias a la forma que tiene cada átomo es que pueden ensamblarse y formar cuerpos, que volverán a separarse, quedando libres los átomos de nuevo hasta que se junten con otros. Los átomos de un cuerpo se separan cuando colisionan con otro conjunto de átomos; los átomos que quedan libres chocan con otros y se ensamblan o siguen desplazándose hasta volver a encontrar otro cuerpo. Los átomos estuvieron y estarán siempre en movimiento y son eternos. El movimiento de los átomos en el vacío es un rasgo inherente a ellos, un hecho irreductible a su existencia, infinito, eterno e indestructible. VER VÍDEO RELACIONADO

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lo pone a la par de Platón como escritor; además han servido de base para las obras de ciencia de la naturaleza de Aristóteles. Demócrito desarrolló la “teoría atómica del universo”, y las bases de dicha doctrina se encuentran en el atomismo de su mentor: Leucipo. La teoría de Demócrito –como casi todas las teorías filosóficas griegas- no posee una base experimental. Las deducciones de Demócrito están realizadas desde la lógica, el pensamiento racional, relegando de ese modo la relevancia del empirismo a un último plano, y depositando escasa fe en la experiencia sensorial. Defiende que toda la materia no es más que una mezcla de elementos originarios que poseen las características de inmutabilidad y eternidad, concebidos como entidades infinitamente pequeñas y, por tanto, imperceptibles para los sentidos, a las que Demócrito llamó átomos, término griego que significa “que no puede cortarse”.


Diógenes de Apolonia nació aproximadamente en el año 460 a.C., e intentó unir el monismo materialista de los antiguos milesios con el principio teológico de Anaxágoras. De su obra “Sobre la Naturaleza” sólo se conservan algunos fragmentos en dialecto jónico, y desde el inicio de ésta, Diógenes pone de manifiesto su punto de vista de que toda investigación científica debe tener un punto de partida indiscutible y un lenguaje sencillo y digno.

Combina las teorías de Anaxímenes y Anaxágoras y reconoce como sustancia fundamental al aire –a veces también denominado soplo-, y afirma que por su movilidad y mutabilidad constituye el principio de la vida, a la vez que por su delicadeza e indivisibilidad resulta eficaz como portador de lo espiritual; y pretende que esa transformación de la sustancia primera en las cosas singulares se lleva a cabo mediante el proceso de condensación y enrarecimiento, que a su vez coincide con el de enfriamiento y calentamiento por la acción de la gravedad que impulsa lo más ligero hacia arriba, lo más denso hacia abajo, realizando así el orden y movimiento del universo, que está sujeto a un cambio periódico de formación y destrucción. Además, asevera que a nivel del organismo humano, el aire impera en calidad de alma (Windelband, 1955, pp. 105-106). *** Tradicionalmente, se sostiene y con toda legitimidad, que Diógenes y Demócrito, apenas anteriores a Sócrates, dan cierre al período socrático. Durante la segunda mitad del siglo V a.C., en especial durante la Guerra del Peloponeso y bajo el influjo del pensamiento maduro de Sócrates t la Sofística, queda abandonada la tendencia arcaica cosmológica -que pretendía explicar el mundo como un todo y dejaba en un segundo plano la problemática del hombre-, y comienza a sustituirse gradualmente por un acercamiento humanístico en filosofía, en el que el estudio del hombre se convierte en el punto de partida de toda investigación (Kirk y Raven, 1974, p. 618). Diógenes de Apolonia.

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Diógenes de Apolonia

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