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Estudiantes en las aulas y en las calles En nuestra sociedad no existen espacios “libres” del sistema capitalista. Cada aspecto de nuestra vida social está atravesado por relaciones sociales capitalistas, y por este motivo no es necesario “ir afuera” de las escuelas, terciarios y facultades para dar la lucha. Las mismas instituciones educativas son una expresión muy clara del sistema: sus contenidos curriculares, elaborados a espaldas de los estudiantes, responden enteramente a las necesidades de la producción. Y así somos modelados según las necesidades del mercado laboral que determina el contenido de nuestros planes de estudio. Es por esto que, como estudiantes -y muchas veces como trabajadores-, la lucha contra el capitalismo nos une a nuestros compañeros del movimiento obrero, y a todos los sectores que luchan por una sociedad sin clases. Obreros y estudiantes estamos unidos por una lucha en común contra un sistema que pone al beneficio capitalista por encima de las necesidades de la aplastante mayoría trabajadora. Como Frente de Estudiantes Libertarios consideramos que para que los estudiantes podamos organizarnos en nuestros lugares de estudio y coordinar con otros sectores en lucha, es fundamental que comprendamos la coyuntura política por la que atraviesa la sociedad argentina. Hoy en día, el kirchnerismo ha logrado exitosamente recomponer la legitimidad del estado y del régimen político, a la vez que ha ganado adherentes que ven en el gobierno actual una opción progresista en comparación con gobiernos anteriores. Por esta razón, si bien debemos tener en cuenta el carácter irrefutablemente capitalista del gobierno nacional, no debemos dejar de hacer un análisis complejo de los motivos que explican su popularidad en un sector que, como militantes de izquierda, debemos disputar.

El recorrido del kirchnerismo en su décimo año de gobierno El alza de tarifas, la quita de subsidios, y los topes salariales, son la contracara de la victoria aplastante que consiguió el kirchnerismo en 2011. El 54% obtenido por Cristina fue el resultado de una política tímidamente redistribucionista que, sin embargo, marcaba una diferencia respecto de gobiernos anteriores. Alcanzada la victoria electoral, la coyuntura económica obligó al kirchnerismo a desandar el camino que había llevado a Cristina Kirchner nuevamente a la Casa Rosada. El 2012 será, para trabajadores y

estudiantes, un año de ajuste y de lucha. Gran parte de la enorme politización suscitada por las luchas del 2001 fue paulatinamente capitalizada por el gobierno nacional, quien supo canalizar a su favor las construcciones acumuladas por diversos sectores organizados durante y después de la crisis que hizo caer a De la Rúa y luego a Duhalde. Bajo el ala del kirchnerismo, diferentes movimientos sociales se beneficiarón de los recursos del estado, a la par que daban al oficialismo un barniz progresista. El conflicto del campo de 2008 -primer crisis grave del gobierno- dejó una enseñanza al kirchnerismo: para sobrevivir, debía dotarse de intelectuales y cuadros orgánicos que pudiesen garantizar una contraofensiva en los campos cultural e intelectual. Y debía hacer un uso más agresivo de los recursos del estado para asegurar su continuidad política. Hoy, sin embargo, el cambio de la marea económica nacional e internacional obliga al kirchnerismo a dar marcha atrás respecto de las mismas políticas que contribuyeron a su ascenso. Recortes a subsidios, tarifazos, topes salariales, y el discurso cada vez más patronal de la presidenta, son elementos que entran frontalmente en contradicción con la tónica progresista de la ideología oficial. De este modo, ante la imposibilidad de echar mano de los recursos estatales para subsidiar el consumo, el kirchnerismo se refugia en una contraofensiva mediática que disimula el ajuste como una “sintonía fina” del “modelo”. Es esta misma “sintonía fina” la que ha vaciado sistemáticamente los ferrocarriles, entregados a “empresarios amigos” como los Cirigliano, resultando en 51 muertes en la tragedia de Once, ocasionadas por la política oficialista de subsidios sin reinversión en los trenes. Es la misma “sintonía fina” la que elimina los subsidios al consumo popular, y pone topes salariales muy inferiores a la inflación. Y de la mano de la “sintonía fina”, el gobierno también afina su política represiva, como lo demuestran tanto la aprobación de la Ley Antiterrorista exigida por el G-20, como el Proyecto X que asigna a la Gendarmería tareas de inteligencia entre activistas sindicales y movilizaciones, como sucedió en la lucha de Kraft en 2009.

Obreros y estudiantes ante el ajuste y la represión Los compañeros docentes, quienes ya el año pasado llevaron adelante una dura lucha por el salario en Santa Cruz, y contra la reforma macrista del Estatuto Docente, este año han dado inicio a la lucha salarial, peleando un aumento

que, para todas las paritarias a nivel nacional, el oficialismo busca fijar en 20% – cifra irrisoria teniendo en cuenta la inflación. Esta pelea es tan sólo una de tantas que el 2012 deparará a nuestra clase, frente al techo bajísimo que el gobierno busca imponer a los aumentos. El recorte de fondos estatales tampoco es ninguna novedad en las escuelas públicas, con edificios en peligro de derrumbe, sin calefacción, y con cierre de grados por parte del macrismo. Esta situación fue la que derivó en el Estudiantazo de 2010, alcanzando luego a Terciarios y Facultades, afectados también por la política de educación superior de los gobiernos nacional y porteño. Los estudiantes que se organizaron para apoyar a los trabajadores en lucha y frenar el avance privatista en la educación, hoy son vigilados y llevados a juicio. Tres estudiantes fueron procesados a raíz de los cortes de calle en solidaridad con los compañeros de Kraft, y en la facultad de Ingeniería de la UBA se reveló que el Presidente y Vice del Centro de Estudiantes fueron vigilados durante 2006-2007 por parte de una agencia de seguridad privada contratada por la gestión, y encargada de recoger datos sobre domicilio, familia, vecinos y propiedades. El panorama es claro: para que las patronales puedan reorganizar la explotación sobre bases más favorables, los trabajadores que pelean contra el ajuste deben ser doblegados. Y para que el estado pueda reorganizar su presupuesto en tiempos de crisis, los estudiantes que luchan por la educación pública deben ser neutralizados. Hoy más que nunca, la lucha es una sola.

Al capitalismo lo enfrentamos en los lugares de estudio El capitalismo no es algo exterior a los lugares donde estudiamos. No es algo que se encuentra “afuera”: lejos de ser una burbuja protegida de la realidad, los colegio, terciarios y universidades, son instituciones atravesadas por relaciones sociales capitalistas. No nos forman para una comprensión crítica del mundo capaz de transformar la realidad. Las instituciones educativas nos forman para ser piezas eficientes del sistema productivo. Nos educan para asimilar la realidad tal cual es, y reproducirla con sus desigualdades. En los colegios, terciarios y universidades, nos dan la educación acorde a nuestro origen de clase: el que sólo tiene el título secundario engrosará las filas de los explotados. Y los que logran ingresar a la educación superior, podrán aspirar a integrarse en la pequeña burguesía, si es que su título les permite salir a flote en una socie-

dad con cada vez menos oportunidades. El tipo de colegio que tenemos lo imponen las necesidades del mercado. Esto se ve claramente, por ejemplo, cuando en los colegios técnicos se rebajan los contenidos para adaptar la formación a un mercado laboral que exige trabajadores menos calificados. Lo mismo sucede en los terciarios y facultades: las acreditaciones de las carreras al INFOD y la CoNEAU recortan nuestros planes de estudio, para obtener así graduados menos calificados en menor tiempo, y satisfacer de esta manera las necesidades del mercado laboral. Quienes quieran una educación de calidad, deberán pagar por aquello que antes era gratuito, cursando posgrados arancelados. Este tipo de avance sobre la educación pública sólo puede ser llevado a cabo pasando por encima de la voluntad de los perjudicados. En los colegios la solución del sistema es lisa y llanamente ignorar por completo la voluntad de los estudiantes, considerados incapaces por ser menores de edad. En las facultades y terciarios, el sistema es más complejo: otorga a los estudiantes voz y voto en los organismos de cogobierno, pero dicha representación es minoritaria. Así, la gestión tiene una mayoría automática que le permite gobernar las facultades y terciarios haciendo caso omiso de los estudiantes. Pero a la par, es en este mismo sistema educativo en el que surgen las grietas para que muchos de nosotros comencemos a cuestionarnos qué tipo de educación necesitamos y para qué modelo de sociedad. Por esta razón debemos apostar a dar las luchas por nuestras reivindicaciones como estudiantes, y buscando como norte conectar estas luchas con lo que sucede políticamente en el resto del país, ya que el sistema educativo es parte de un todo más amplio. Esa es la perspectiva con la que nosotros planteamos nuestra intervenciones en la realidad concreta.

Nuestra propuesta para la militancia estudiantil Ante el avance apenas disimulado de la privatización de nuestra educación, y la estructura antidemocrática de los órganos de gobierno del sistema educativo, como FeL consideramos que la única alternativa que tenemos como estudiantes es luchar. Para esto, es indispensable construir Centros de Estudiantes capaces de organizarnos, y que apuesten a sumar a nuestros compañeros a la lucha, para salir a pelear por nuestra educación. A pesar de los grandes logros de la izquierda, que ha recuperado varios Centros antes manejados por Franja Morada

(UCR), creemos que aún hay continuidades importantes con los viejos Centros burocráticos del radicalismo. Fundamentalmente, los Centros siguen funcionando como proveedores de servicios: hacen fotocopias, y venden apuntes y comida. De esta manera, el Centro termina funcionando como una pequeña Pyme, con empleados, y con los típicos conflictos entre la patronal y los trabajadores de cualquier emprendimiento capitalista. De este modo, el Centro de Estudiantes se desvía de sus propósitos políticos, para privilegiar los económicos o administrativos. Esto es particularmente grave si consideramos la necesidad de que los Centros cumplan con su rol reivindicativo en relación con los estudiantes. En tal sentido, un Centro de Estudiantes que se enfrente a sus trabajadores-estudiantes en los frecuentes conflictos laborales, es un Centro que entra en una contradicción frontal con su razón de ser. Por estos motivos, consideramos que el 100% de los puestos de trabajo de los espacios de gestión (bar, fotocopiadoras, apuntes) deben ser sorteados. Las agrupaciones que conducen los Centros deben dejar de hacer caja con sus ganancias. Los Centros debe dejar de ser patrones de nuestros compañeros; por este motivo nos oponemos a que administren servicios. Sin embargo, entendiendo que se trata de una lucha que no se ganará en el corto plazo, consideramos que en lo inmediato todo excedente producido (un mínimo tras cubrir los costos de producción) debe ponerse a disposición de la Asamblea General de los Centros de Estudiantes, de los trabajadores y de una comisión del Centro de Estudiantes, quienes deberán garantizar que ninguna fuerza política se apropie de estos recursos. Las compañeras y compañeros del FeL buscamos que nuestro aporte al movimiento estudiantil rompa con una suerte de división de tareas inconsciente que predomina entre las agrupaciones estudiantiles. Si bien somos una organización joven, apostamos a realizar todas las tareas que creemos que corresponden a los estudiantes y a los revolucionarios dentro y fuera de los establecimientos educativos: por un lado, salir a la calle, sin por ello abandonar la disputa política más general tanto dentro de las facultades, terciarios y colegios, como fuera de ellos en las calles coordinando con otros sectores en lucha, y preocupándonos a la vez por incidir en lo específico del medio educativo, tanto desde el aspecto académico, como del reivindicativo estudiantil. Para llevar adelante estas tareas, debemos fomentar la activa participación de nuestras compañeras y compañeros en comisiones de base, ya que es en estos espacios donde los estudiantes -agrupados y no agrupados- discutimos y estudiamos nuestros problemas, planteamos

nuestras reivindicaciones, y debatimos qué camino seguir para llevar a cabo lo acordado. Nosotros creemos que nuestra organización es una herramienta, y no un fin en si mismo para aportar a la lucha reivindicativa y revolucionaria. Buscamos mostrar en nuestra militancia diaria que es posible construir una organización que no entienda a los espacios de base como espacios de disputa de militantes. Agrupaciones y espacios de base amplios como las comisiones, la asamblea, junto a la organización política son instancias diferentes pero igualmente necesarias. Debemos además poner en discusión cómo y para quién se produce el conocimiento en el medio educativo, subrayando el carácter eminentemente político de lo académico. La lógica del capital no sólo se manifiesta en los contenidos curriculares. También se expresa en la transmisión y absorción acrítica de conocimiento, basada únicamente en el principio de autoridad, e incluso en la competencia entre compañeros y en el individualismo resultante, producto de la misma estructura de las carreras terciarios y universitarias, que de este modo se convierten, literalmente, en “carreras” solitarias que menosprecian el trabajo en equipo. El avance y fortalecimiento del movimiento estudiantil en la lucha dentro del sistema educativo está estrechamente vinculado con la posibilidad de coordinar efectivamente con otros sectores. Nuestra tarea militante es contribuir a poner en pie al movimiento estudiantil y ser parte de la pelea por la obtención de nuestras reivindicaciones. Un movimiento estudiantil capaz de dar batalla en el sistema educativo y obtener conquistas, será un movimiento más solido, organizado y cohesionado, capaz de ofrecer una ayuda muy valiosa a otros sectores en lucha. Recíprocamente, ofreciendo nuestra solidaridad a los compañeros trabajadores, y a todos los que se enfrentan al capitalismo, los estudiantes comprenderemos que la lucha es una sola, y que esta debe darse en todos los establecimientos educativos del país, en los lugares de trabajo, y principalmente en la calle. Invitamos a todos los compañeros que sientan afinidad por nuestras ideas y nuestros posicionamientos políticos a sumarse a la lucha, desde abajo y entre todos, para organizar ese movimiento estudiantil que ponga freno al avance sobre la educación pública y demás conquistas de nuestro pueblo trabajador. Porque sólo organizados podemos aportar consecuentemente a este objetivo. El FeL ha nacido al calor de las luchas y para aportar a estas mismas, y queremos acercar a todos los compañeros nuestra apuesta, para poder discutirla y llevarla a cabo de conjunto, sin sectarismos ni mezquindades. Esa es la perspectiva de la izquierda libertaria.


Estudiantes en las aullas y en las calles  

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