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FICHA TÈCNICA

Título Original: L'Homme Qui Aimait les Femmes. Año: 1977 Duración: 120 Minutos. Dirección: François Truffaut Escrita por: François Truffaut, Michel Fermaud, Suzanne Schiffman. Producción: Les Films du Carosse, Les Artistes associés. Música : Maurice Jaubert. Fotografía: Nestor Almendros. Sonido : Michel Laurent. Script: Christine Pellé. Decorados : Jean-Pierre Kohut-Svelko. Montaje: Martine Barraqué. Vestuarios : Monique Dury. Director de producción : Marcel Berbert.

PRÓXIMA PELÍCULA: Viernes 8 de Mayo de 2009 EVA AL DESNUDO Una joven, que aspira a convertirse en actriz, se las ingenia para introducirse en un grupo de actores de teatro. El deseo de actuar y los celos la consumen hasta el punto de traicionar a sus compañeros, en su escalada hacia el éxito. Ella halaga, atrae, seduce y, algunas veces, pisotea a todo el que se cruza en su camino: escritores, directores, productores..., e incluso sus esposas. Sólo un inteligente crítico teatral adivina lo que se esconde tras su dulce apariencia, sólo él es capaz de ver a "Eva al Desnudo" AÑO: 1950 DURACIÓN: 138 min DIRECTOR: Joseph L. Mankiewicz.

BIBLIOTECA PÚBLICA VIRGILIO BARCO CICLO: La Eterna Vigilia del Tigre Borgeano Parte II

FICHA ARTÌSTICA Charles Denner - Bertrand Morane Brigitte Fossey - Genevieve Bigey Nelly Borgeaud - Delphine Grezel Geneviève Fontanel - Hélène Leslie Caron - Véra Nathalie Baye - Martine Desdoits Valérie Bonnier - Fabienne

SINOPSIS La historia de un casanova excéntrico que se enamora de cada mujer que conoce. Encantadora, irresistible e ingeniosa comedia de gran calor humano, muy graciosa y altamente entretenida. Un guión muy personal y revelador que nos deja asomarnos a una de las obsesiones más recurrentes de Truffaut: las mujeres.

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EL HOMBRE QUE AMABA A LAS MUJERES Director: FRANÇOIS TRUFFAUT Jueves 7 de Mayo de 2009

Informes: 315 8890 Ext. 310 (Biblioteca Pública Virgilio Barco) www.biblored.org.co

BIBLORED RED CAPITAL DE BIBLIOTECAS PÚBLICAS

CORPORACION CULTURAL EL BARCO 6 AÑOS


Con su cara llena de cicatrices de viejo lobo de mar de vacaciones, [el escritor] Jacques Audiberti es una colosal guardasilla, bella y poderosa como sus libros, que se hacen incansablemente la misma pregunta: ¿por qué las mujeres no nos desean como nosotros las deseamos, a priori, sistemáticamente, físicamente y abstractamente y siempre por lo que ellas son: las jorobadas por su joroba, las burguesas por su sombrero, las putas por sus rodillas, las mojigatas por su virtud, las gordas por sus michelines y las delgadas por sus huesos? Una mirada en la calle debería bastar para convencerlas de que, sin esperar entrar en sus vidas, sólo queremos que nos ofrezcan, como pide Guy Béart, "un pequeño rincón entre sus encajes". Para Audiberti, la mujer es mágica, la mujer es sublime. Pienso en él cuando filmo a un hombre, y en su obra cuando filmo a una mujer. también pienso en él cuando veo unas bonitas piernas por la calle, en lo que él habría dicho. Si es imposible resolver el divino misterio de la mujer, es imposible alabarlo mejor de lo que hace Jacues Audiberti. Arts n° 862 de marzo al 3 de abril 1961.

Tomado de: http://cinema16.mty.itesm.mx/truffaut/homme/homme.html

Truffaut y el Divino Misterio de la Mujer

Francois Truffaut sabía introducir al espectador bajo la epidermis de cada uno de los personajes de sus filmes. Era un director dotado de un exquisita sensibilidad, la que le permitió situar su filmografía tanto en la comedia como en el drama. El realizador de “Jules y Jim”, al igual que todos sus compañeros exponentes de la Nouvelle Vague, tenía la habilidad de comunicar el lado extraordinario de los espacios y situaciones comunes. Las escenas de sus películas, que toman prestadas elementos del cine documental, eran parte de un gran mosaico. Basta con ver una pequeña escena para reconocer a Hitchcock, Leone o Peckinpah. En cambio, a Truffaut se le debe analizar y observar a partir de un conjunto. Viendo la totalidad, desde la primera escena hasta los créditos finales, se pueden descubrir pequeños detalles y simbolismos que hacían grandes a sus cintas. Podríamos decir que su técnica se apoya en la facultad de llevar al espectador a un plano cognoscitivo de la acción, donde asume un rol esencial de la trama y se siente parte de ella. Truffaut interpela la atención del público y lo hace cómplice de las caracterizaciones de sus películas. Pero no estamos hablando de un voyeur que mira sólo amparado en el simple goce de ver lo que le sucede a los demás, esperando como respuesta una cuota de terror o suspenso. El director de “El Último Metro” consigue indagar en los sentimientos del público, logrando que éste utilice su interioridad como un puente unificador con la filmografía del cineasta francés. “El Hombre que Amaba a las Mujeres” es una comedia que colinda con el drama de un mujeriego obsesionado por la belleza y la complejidad femenina. Bertrand Morane (Charles Denner) es un hombre que vive para las mujeres. Sin embargo, detrás del frenesí sexual se encuentra un solterón incapaz de profundizar en lazos afectivos, si bien asume un rol paternal con cada uno de sus romances.

Truffaut renuncia a la imagen del conquistador que Marcello Mastroianni popularizó en el cine de los sesenta. En vez de recurrir al cliché clásico del Don Juan, el autor de “Los 400 golpes” opta por construir la historia de un sujeto enamorado del brillo que reluce en los ojos y en las piernas del género femenino. Pero Morane también representa una suerte de figura infantil, encapsulada en el cuerpo de un cuarentón, cuya mirada lacónica busca la aprobación y atención originada en los recuerdos una m a d r e a u s e n t e . La superficialidad aparente de Morane, que con mucha habilidad representa Denner, se desarma estrepitosamente ante el proceso creativo del escritor. Morane comienza a escribir sus andanzas. Dicho proceso resulta ser el aspecto más complejo del filme, ya que Truffaut reanuda las aristas del proceso creativo, que profundizó en su célebre “La Noche Americana”. Morane, quien es un lector empedernido, se enfrenta, por primera vez, a sus conquistas, pero ahora desde la perspectiva de quien redacta una novela semibiográfica. Quizá en este punto radica su finalidad y propósito en la vida. Su libro pasa a ser el testimonio de su paso por este mundo, lo que deja al espectador con una sensación bastante amarga de la vida. Pareciera ser que Truffaut nos dice que hay muchas vidas y que la mayoría son extraordinarias dentro de su insignificancia. Lo único que las hace diferentes y perdurables, inmunes al olvido de los recuerdos, es un libro o, en el caso del cineasta francés, una gran película.


El Hombre que Amaba a las Mujeres