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ANTONIO OLMEDO T L AC A M A M A A T R AV É S T I E M P O

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in importar el tamaño de una ciudad o pueblo, en donde nancen los hombres y mujeres; estos son finalmente del tamaño de su obra, del tamaño de su voluntad de engrandecer y enriquecer a sus hermanos.Tenemos la gran dicha de vivir en un pueblo generoso, que nos maravilla con la magia de sus costumbres y tradiciones y que ahora nos enriquece con su historia. Porque un pueblo sin historia, es un pueblo sin presente, es un pueblo sin futuro. La imperiosa necesidad que ha sentido el hombre de comprenderse así mismo a través de su pasado, le ha impulsado a la búsqueda incesante de su historia. A la llegada de los españoles, México era un mosaico de pueblos y culturas sin cohesión nacional. Después de la conquista, durante los casi 300 años de coloniaje, se fue constituyendo un país con cierto grado de homogeneidad y rasgos comunes. En los primeros años de la conquista española, las tierras conquistadas fueron repartidas en encomiendas. Gran parte de nuestro distrito pertenecía al antiguo reino de Tututepec. El primer encomendero de estos lugares fue el conquistador Pedro de Alvarado, quien fue despojado de la encomienda de Tututepec por el general de la Nueva España, Hernán Cortés. Una vez sometido tututepec Alvarado pobló una villa por ordenes de Cortés, junto a la cabecera del antiguo reino mixteco y llevaba por nombre Segura de la Frontera, para poblarla mandó traer a todos los españoles que ya habitaban en el valle de Oaxaca, ahí nombro alcaldes y regidores e hizo repartimientos de costumbre, de tal forma que los indios empezaron a dar oro a sus amos. Pero hubo un gran descontento entre los soldados españoles pues consideraban justo un reparto más equitativo de las riquezas. Pero Cortés ordenó a Alvarado no compartir el oro, su obligación era llevárselo a México para ser enviado al rey de España en su totalidad. Al poco tiempo Alvarado partió para México dejando poblada la Villa de Segura de la Frontera, sin embargo el calor, los moscos, las enfermedades, el miedo a lo desconocido y sobre todo el descontento con el repartimiento obtenido fueron motivos mas que suficientes para que los españoles desmantelaran muy pronto la Villa de Segura de la Frontera y se trasladaron de nuevo al Valle de Oaxaca.


Con el fracaso de Tututepec, nunca más se intentó formar otro pueblo español en la costa. Así que los españoles no tuvieron otra opción que establecerse en los pueblos indígenas. Hernán Cortes reasignó a otros encomenderos entre los que figuraban Don Luis de Castilla quien fue uno de los mas beneficiados de esta encomienda. La misma suerte corrió Tlacamama quien fue encomendada a Francisco de Santa Cruz y para 1560 había pasado a su hijo Álvaro, quedando vacante cuando este murió. Los encomenderos aunque tenían el control de lo que sucediera en su encomienda, solo les era permitido recibir tributos, pero no eran dueños de la tierra de los encomendados, de tal manera que tenían que entregar cuentas al rey de todos sus movimientos. Después del oro, el requerimiento de tributos se concentró en productos nativos como el algodón, el cacao, la sal y el maíz. Y Tlacamama pagaba como tributo mantas de algodón y cacao. Pero los encomenderos y sus familias se excedían en el ejercicio de sus facultades, ya que utilizaron y usaron a las comunidades a su antojo. En tiempos de la conquista, los españoles tenían como máximas autoridades en la Tierra al rey y al papa. Fue así que por la religión los conquistadores encontraron la justificación perfecta para llevar a cabo sus empresas bélicas contra la población indígena, quedando estos ataques y atropellos bajo el pretexto de la evangelización. El primer fraile en pisar tierras costeñas fue, el español Bartolomé Ochaita, mejor conocido como Bartolomé de Olmedo quien acompaño a Alvarado a la expedición de Tututepec. Con la conquista, los indígenas tuvieron que romper con su pasado. Cada uno de los nuevos pueblos congregados recibió el nombre de un santo, que se antepuso al antiguo nombre indígena. El apóstol Santiago parece ser uno de los mas favorecidos puesto que cinco municipios del actual distrito de Jamiltepec aparecen con este nombre: Ixtayutla, Llano Grande, Tetepec, Jamiltepec y Pinotepa Nacional. Al ser el fraile Bartolomé, de Olmedo España, y la importancia que se daba a la Villa de Olmedo en aquella época, puesto que pasó a poder de la princesa que había de ser Isabel la Católica, pusieron el nombre del santo patrón de la Villa de Olmedo, cuyas festividades se llevan a cabo los días 29 y 30 de Septiembre, en los que destacan los encierros de reses bravas al estilo de la villa, a un pueblo cuyo nombre era Tlacamama, hoy San Miguel Tlacamama. Fue así pues que los habitantes de la costa experimentaron cambios dramáticos en la población. Los conquistadores eran ambiciosos encomenderos, se sentían con todo el derecho de obtener algún servicio personal de sus encomiendas. Los españoles infiltraron enfermedades que los nativos jamás hubieran imaginado padecer, la viruela y el sarampión, fueron dos de las pestes que mas desgracias trajeron a los pobladores de estas tierras en el primer siglo de dominación española. Tan es así que poblaciones enteras desaparecieron, en el caso de Tlacamama para 1547 contaba con una población de 455 habitantes y para 1746 solo contaba con 225 habitantes. Como una estrategia de los españoles para subyugar a los pueblos indígenas, se estableció un sistema basado en el manejo de antiguos señores principales, considerando la estructura existente al inicio de la dominación española, de tal forma que los caciques se conservaron como cabezas visibles de las comunidades; ellos fueron pilares decisivos del control español sobre los naturales. Se establecieron en comunidades específicas, cabildos indígenas representados por un gobernador. Estas cabeceras autónomas en donde existió este tipo de gobiernos indígenas se denominaron Repúblicas


de Indios y Tlacamama era una de esas Repúblicas de Indios. Una de las funciones de las Repúblicas de indios fue la de cuidar las tierras de su comunidad y respetar el derecho de cada comunero sobre sus parcelas. Para estos efectos nombraron a gobernadores. Fueron investidos pues como gobernadores de las Repúblicas de Indios y, a partir de ese momento se les denominó oficialmente caciques; sus allegados ocuparon también cargos como oficiales de república y regidores. Sin embargo el carácter vitalicio y hereditario del cargo de Gobernador que tenían, fue revocado. Hubo caciques que no necesariamente fueron gobernadores indígenas y gobernadores que no necesariamente fueron caciques. A partir de entonces se eligió los gobernadores, a los oficiales de república e incluso a los fiscales de la iglesia en asambleas populares. Una vez democratizado el proceso de elección, el periodo establecido para ocupar dichos cargos de administración popular fue de un año. Otra función de la República de Indios fue la administración de la caja de la comunidad. La caja comunal era como una especie de banco al que se recurría para pedir dinero prestado que se devolvían con intereses que incrementarían el capital de la misma. Año

Cacique

1574 1575 1578 1590 1709 1754

Isabel hija de Don Diego Don Diego, Melchor Mejía (español) Diego Mejía (hijo de Melchor e Isabel) y Domingo de Salmerón. Diego Mejía y Domingo de Salmerón Juan Mejía Pedro Mejía y doña Margarita Vásquez Doña Margarita Rodríguez

La tierra, la madre tierra, el vientre fecundo que derrocha vida y que los indígenas vinculaban con lo sagrado, fue también afectado con todos estos cambios. Al principio de la colonia los españoles se limitaron a obtener riquezas en función de la explotación de sus encomendados, pero una vez establecidos se sintieron con derechos sobre la tierra y su usufructo. Se generó a partir de entonces un deseo enorme por poseer la tierra de las comunidades, lo que obligó a los indígenas a la defensa de las mismas, en contra de los españoles y hasta de sus antiguos caciques y señores principales. En ese sentido la Corona dictó numerosas medidas para proteger a las comunidades indígenas y sus tierras. Sin embargo el despojo de las tierras fue inminente, tanto que en 1613 se tomaron nuevas medidas: a los pueblos indios debe dárseles un lugar donde tengan suficiente agua, tierras de cultivo, bosques, salidas y entradas para que puedan cultivar sus tierras. Tlacamama o Ñuu Nducha en mixteco cuyo significado se deduce es pueblo donde hay agua, llegó a contar con muchos ríos o arroyos y que en la actualidad aun se conservan, como: Yutandaco, Yutatoto, Yutathiama, Yutañiñi, Yutaiquí, Yutatani, Yutachahue, entre otros. Sin embargo debido a los conflictos por el limitado acceso a la tierra, la memoria histórica de los pueblos indígenas se concentró en la preservación de los derechos territoriales. Los pueblos que carecían de mer-


cedes de tierras o habían perdido sus papeles elaboraron documentos para defender sus derechos ancestrales a la tierra. Por ejemplo en Jicayán los tata mandones todavía conservan aun con entendido recelo, un lienzo que servía para delimitar la extensión de su territorio. En el caso de Chayuco en 1755, la cacica doña María Rodríguez lo legó al pueblo dándole títulos de propiedad. En el caso de Tlacamama la gran benefactora fue Doña Margarita Rodríguez Cacica que había sido de los pueblos de Tlacamama e Ixcapa, sin haber dejado sucesión y herederos la Cacica expresó en varias ocasiones, que por no tener pariente alguno, tenia declarado dejar sus tierras a los indios de los pueblos de Tlacamama e Ixcapa, a cada uno de los expresados pueblos, así como su calidad, haciéndose en caso necesario reconocimiento y tanteo y en estado, diese cuente con las diligencias, dejando a los naturales en su posesión, usufructuando las tierras cada pueblo en las que se había mantenido.Doña Margarita, dijo que su intención y animo era que sus pueblos gozasen las tierras, por no tener herederos ni descendientes como lo expresó estando para morir, en cuya conformidad se les amparó en su posesión, que últimamente en nueva información que dieron otros nueve testigos, declaración que por ser las tierras montuosas y estériles e inútiles para la Cacica, las cedido en vida, no obstante sus cortedades, a los naturales de los tres pueblos y Barrios que hoy las poseen (Pinotepa del Rey, Tlacamama e Ixcapa), y que solo a costa de trabajo y cultivo pueden darse en ellas algunas milpas de maíz y nopaleras, con lo que se mantienen escasamente y pagan sus tributos. La posesión de los títulos primordiales se convirtió para muchos pueblos indígenas en el eje de una nueva conciencia comunitaria, en ellos se establecían los derechos de la comunidad a la propiedad de la tierra, pues se utilizaban para deslindar y repartir el terruño. Llegó también la sabanizacion de la costa. Las vacas los bueyes, los caballos, empezaron a formar parte del paisaje costeño, se multiplicaron rápidamente estancias de ganado en Pinotepa del Rey y Tlacamama. Llegó también la hora de despertar ante tantas injusticias de las que eran objeto los indígenas. Y en Tlacamama no era la excepción. Sufrían los malos tratos y la explotación del teniente encargado de vigilar este lugar. Enfadados de esta situación decidieron quejarse ante las Autoridades de Antequera. En 1810 siendo el Gobernador de la República del Pueblo de Tlacamama Alejandro López, acompañado de los Alcaldes Alejandro Martínez y Bartolomé López, así como del Regidor Pascual Martínez; antepusieron una queja contra los abusos del encargado; el teniente Juan Estévez. Las palabras dichas por el propio gobernador fueron: “comparecemos y dicimos que nuestro teniente don Juan Estévez nos ha maltratado, nos han esclavado aforsadamente”.De acuerdo con el Gobernador, este señor exigía cada semana la presencia de cuatro mujeres viudas y cinco hombres para servir en su casa, y en caso de faltar alguno de ellos les imponía una multa de doce reales. Siempre que salía para otros pueblos solicitaba tres avíos para su transporte y dos mozos sin pagarles absolutamente nada. Pero el descontento indígena ante este trato despótico llegó a su limite el día domingo 27 de Mayo de 1810, hace 202 años cuando el mencionado teniente solicitó nuevamente avíos, para salir de Tlacamama, pero como tardaron en encontrarlos, se molestó muchísimo y castigó al Aguacil Mayor con 25 azotes y 12 a cada uno de los cuatro topiles.


Como Alejandro López Gobernador de la República de Tlacamama defendió a los indígenas, el teniente decidió quitarle el bastón de mando y amenazándolo con matarlo a golpes se lo llevó detenido para Pinotepa del Rey, donde residía. Se dispuso rápidamente a dar cuentas de estos hechos al Subdelegado, argumentando que había flagelado a los indios porque no le habían presentado a uno de ellos que debía 22 libras de repartimiento. El subdelegado de Jamiltepec, Manuel Fernández del Campo, remitió a su vez un informe a Antequera fechado el día 12 de Junio 1810, solicitando consejo para saber como actuar con este pueblo. En este informe advirtió sobre lo insubordinados que estaban los indios de San Miguel Tlacamama. Que así lo indicaban las comunicaciones del cura de Pinotepa del Rey y del teniente Juan Gerónimo Esteves. Y que el mismo había encarcelado a Melchor Toribio cuando se presentó a pagar sus tributos en Jamiltepec, según el, debido a su soberbia y altanería, y que si eso hacían en esa cabecera de Jamiltepec y en su presencia, que no harían en Tlacamama.Por lo que sugirió Manuel Fernández del Campo que estos Indios escandalosos necesitaban de una dura prevención y ningún miramiento y amor a su justicia. Y que escarmentado este pueblo serviría de ejemplo para los demás. También sugirió deponer al gobernador de la república de Tlacamama y castigar moderadamente a los cabecillas. Pero lo que no sabía el subdelegado es que los gobernantes indígenas de Tlacamama, se habían adelantado a su reporte informando a las autoridades de Antequera, de todos los abusos en los que dicho encargado, el teniente don Juan Gerónimo Esteves había incurrido. Las autoridades de Antequera consideraron que estos hechos de ser ciertos, eran dignos de la más severa reprensión. El encargado de dictar justicia en Antequera en esta materia, ordenó según comunicado fechado el día 16 de Junio de 1810 que se enviara un escrito al subdelegado de Jicayan, para que no permitiera a sus encargados semejantes servicios, ni contribuciones contrarias a las leyes de la Corona; ordenó que se le restituyera inmediatamente el bastón al Gobernador Alejandro López y que no molestaran ni perjudicaran a sus acompañantes.El malestar indígena no estaba aislado, soplaban vientos de independencia y un clamor de libertad se empezaba a percibir en el aire. Ya somos independientes; que más sigue? En Octubre de 1891 se publicó la División Política, Judicial y Estadística del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, y los 508 ayuntamientos o municipios de la entidad entre ellos el Municipio de Tlacamama, quedaron organizados en 26 distritos, en cuyas cabeceras radicaba el jefe político. Aunque no tenemos datos por ahora de quienes fueron los primeros Presidentes Municipales de 1891 y 1892, si tenemos datos de que en 1893 los Presidentes Municipales de Tlacamama fueron Francisco Ramírez y Antonio González. Durante el periodo Revolucionario de 1910 a 1921, los distritos fueron anulados y se les comenzó a denominar Ex Distritos en la correspondencia oficial, hasta 1942 cuando un decreto del Congreso local los restableciera a su rango original. Siendo Presidentes Municipales en este período Revolucionario de 1910 a 1921.


Los siguientes: 1910 Serafín García y Pedro Alberto y Guzmán 1911 Serafín García 1912 Antonio González 1913 Miguel Calderón 1914 José Ramírez e Hipólito Dillanes 1915 Tomas Domínguez 1916 Luis Gazga Alberto 1917-1918 Hipólito Dillanes y Pedro Cisneros Noriega 1919-1920 Pedro Cisneros Noriega 1921 Justo González Mendoza La Constitución Política del Estado, de 1922, integro el precepto federal de la Ley de Municipio Libre, con lo que se constituyó el estado de Oaxaca con los municipios existentes en ese entonces, siendo Presidente Municipal de San Miguel Tlacamama, Tomas Domínguez y Francisco Torres Lucero. A todo esto pues, en tantos años de memorias constituyeron la base de nuestra compleja sociedad actual. Somos los habitantes de este pueblo generoso que nos a dado de todo, no somos españoles, tampoco indios, simplemente somos costeños, nanducheños, fruto de un intenso mestizaje. No es nuestro color de piel nuestra carta de identidad, sino más bien nuestra única y verdadera carta de identidad es la forma de comprometernos con la vida, podemos no coincidir en muchas cosas, podemos no compartir muchas formas de pensar, pero no cabe duda que podemos coincidir cuando se trata del bienestar de nuestro pueblo. Somos pues Nanducheños, hijos nacidos en esta tierra, en la que todos los días trabajamos, amamos, lloramos, crecemos, vivimos, lugar en el que algún día, ineludiblemente, también moriremos...


Libro tlacamama  

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