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LA MALDICIÓN MARIPOSA Esta noche las mariposas están más hermosas que nunca. Esta misma noche ellas planean cosas sin que nosotros nos demos cuenta, Y yo pienso: “¿Realmente somos tan ingenuos los humanos?”. Quizás este informe que encontré entre el polvo de una antigua casa de un agente del FBI lo aclare todo. Os preguntaréis qué hago yo en la casa de un agente del FBI, ¿verdad? Sencillamente caí en la trampa… me metí en este lío porque, al igual que muchos otros adolescentes como tú, yo adoro las aventuras peligrosas. Pero esta vez hubiera deseado no ser esa adolescente curiosa y no haber caído tan fácilmente en la tentación de entrar. Yo y mis amigas, Anny y Marie, estábamos cansadas de oír hablar en la televisión de un tal agente del FBI. Nos sorprendió bastante cuando nos enteramos de que este agente era Bill Kartel, un hombre muy serio y conservador, que vivía cinco manzanas más debajo de mi casa. A partir de ese momento mis amigas decidieron que deberíamos ir a ver si encontrábamos algo sospechoso cerca de la casa de la víctima. Digo víctima porque su muerte, para nosotras, no fue nada normal, como aparentaban sus compañeros de trabajo. Y digo que “decidieron que deberíamos ir” porque en el fondo yo no estaba totalmente de acuerdo. Al fin y al cabo, ni que fuéramos grandes detectives ¿no? Tan solo la idea de que podríamos aparecer en la tele resolviendo un gran caso como este nos tentaba a las tres. Finalmente accedí, y un jueves por la noche, mientras mis padres estaban de viaje y yo y mis hermanos nos quedamos solos en casa, me fui con mis amigas a inspeccionar el jardín del señor Kartel. Nada más llegar notamos una fuerte sensación de miedo nos abrazaba con todas sus fuerzas, mientras nos íbamos acordando de todas las películas de miedo y cuentos terroríficos que conocíamos. Ese lugar era diferente del resto de la ciudad, era más oscuro, más solitario y hasta más frío. No había nada sospechoso cerca de la casa. Sin embargo, se nos hizo muy extraño que en la parte trasera del jardín hubiera como una docena de bolitas pegadas a los árboles. Ni que fuera Navidad, pensé. Me acerqué para ver qué eran, pero justo antes de distinguir bien entre tanta oscuridad oí gritar a Anny. Fui corriendo para ver qué había pasado. Resulta que se había caído por una trampilla que estaba en el suelo del patio. Le preguntamos si se encontraba bien y contestó llorando que no, que teníamos que bajar allí urgentemente. Marie estaba en estado de shock y yo no sabía si podría moverme del pánico. Anny se había hecho tan solo un rasguño. Pero eso es

lo de menos. No tengo palabras para describir el miedo que pasé y lo horrible que era ese lugar. Era una especie de laboratorio secreto lleno de informes y de…¿mariposas?. En una de las mesas había una carpeta con el dibujo de una mariposa azul. Decidí cogerlo para ver si entendía algo, ya que nada tenía sentido. En ese mismo instante oí unas voces fuera: ¿Encontraste ya el informe? - Sí jefe, está en la mesa. ¡Al fin! Tenemos que destruirlo cuanto antes. Las tres estábamos a punto de orinarnos literalmente encima, pero decidí tomar el control y saqué a mis amigas de allí lo más rápido posible. Detrás de nosotras se volvieron a oír las voces de antes: ¡¡¡Imbécil!!! ¿Dónde está el informe? ¿Cómo se te ocurrió dejar la puerta abierta? Yo… yo, lo sien… Y el sonido de un disparo silenció la voz del hombre que sollozaba para que lo perdonaran. Allí me di cuenta de que eso ni era un juego ni era una broma… Podríamos haber sido nosotras a quienes hubiera disparado. Al llegar a casa intenté calmarme, a mí y a mis amigas. Anny estaba llorando y Marie no se movía del sofá ni para pestañear. Comencé a leer el informe. Había muchos datos que no entendía. Comprendí que las bolitas de los árboles del jardín no eran de Navidad; en realidad eran crisálidas de mariposas. Las mariposas del laboratorio eran modificadas genéticamente, pero, ¿para qué? ¡No lo podía creer! Lo que estaba leyendo no tenía ni pies ni cabeza. ¡Usaban las mariposas para controlar a las personas! Bill Kartel convertía las mariposas en controles de mente. Estas desprendían un perfume que nadie podía percibir para que las personas no fuéramos capaces de tomar el control de nuestras propias vidas y tuviéramos que vivir suplicando al Estado y creyendo todo lo que los políticos nos decían. Finalmente lo entendí todo. Mataron a Bill porque sabía demasiado y podía rebelarse en cualquier momento. ¿Y qué tiene que ver el FBI? El FBI protege al Estado y qué mejor forma de hacerlo que controlando la mente para conseguir todo lo que quieren ¿no? Solo necesito sobrevivir hasta mañana para encontrar una solución a esto. ¿Quién me va a creer? Solo espero que la maldición mariposa no controle esta noche mi mente para que me haba olvidar y viva en la indiferencia el resto de mi vida. Lacramioara Ionela Huruianu 4 ESO D


MI PEQUEÑA SOFÍA

Envuelta en mil y un pensamientos, he decidido coger mi pluma y empezar a escribir. Quizás no cure mi estado de ánimo pero siento que debo explicarle al mundo mi historia. Esta tarde, mientras compraba en el supermercado, he oído como un niño de tan solo quince años le pedía a su madre el libro de rimas de Bécquer. No ha querido comprárselo porque, según ella, era demasiado caro. Me he dado la vuelta para echarle un vistazo a su carro e irónicamente me lo he encontrado repleto de cosméticos que no bajaban de los cuarenta y ocho euros. Es extraño que un adolescente se interese por la poesía ¿verdad? Pues me ha parecido aún más extraño que una madre, quiero pensar que sin darse cuenta, le negara la posibilidad a su hijo de leer algo tan productivo para el alma como la belleza que se esconde en los poemas de Bécquer. Dolida por esa situación tan indignante, me he alejado. Poco a poco he empezado a pensar cuántas veces yo me había preguntado qué era un libro. Miles de recuerdos han invadido mi mente, de tal manera que no he podido ni acabar de comprar y me he marchado del supermercado. Nací en el año mil novecientos cuarenta y seis, dentro de una família muy humilde. Mis hermanos, mis padres y yo vivíamos en Barcelona, pero tuvimos que exiliarnos en Francia: yo tenía solo cinco años cuando mi padre intentó explicarnos el porqué de nuestra huida. Con esa edad poco entendí, pero ahora, a mis sesenta y ocho años, puedo decir que mi papá fue uno de los rojos más valientes. Admiro su capacidad para sacarnos adelante, pese a todas las adversidades. No obstante, si esperáis una historia de héroes y heroínas, mejor dejar de leer. Mi infancia fue todo lo contrario a un cuento de hadas. En Francia, nos trataron de la peor manera posible: éramos españoles despatriados después de una guerra en la que nuestro bando había sido el perdedor. Tuve que empezar a espabilarme como fuera para tener en casa algo que llevarnos a la boca. Llevar la leche a las señoras, trabajar en el campo, mendigar… nada fue suficiente para sobrevivir todos juntos. Mis padres tomaron la dura decisión de emplearme en una casa de ricos como criada. Mi vida cambió. Pasé de vivir con mi querida família a vivir con desconocidos, desconocidos que apenas se preocupaban de si era feliz o no. Aún puedo sentir el olor de los puros que fumaba el señor Jean Paul, cuando se sentaba en el sofá de su despacho los miércoles por la tarde. Mi obligación era llevarle un café con leche muy muy caliente y un croissant. Aquel lugar me impresionaba tanto… no había ni un hueco vacío. Estaba repleto de libros de todo tipo: de tapa dura, de tapa blanda, grandes, pequeños, infantiles, de aventuras… Pero jamás me atreví a abrir uno. De todas formas, ¿de qué hubiera servido? Nunca pisé la escuela y nadie me enseñó a leer. Para mí, poder entender lo que aquellas letras decían era todo un sueño. ¿Conocéis a alguién que no sepa leer? Gracias a Dios, hoy en día, la respuesta es un no rotundo. Pero intentad poneros en mi

piel: vivir sin saber leer es vivir casi a ciegas. Pueden engañarte hasta en cuál es tu propio nombre, creer que escribes Laura mientras escribes María. Qué desastre ¿verdad? Así fueron pasando los días, los meses, los años y mi vida. Conocí con diecinueve años a un hombre maravilloso del que aún hoy sigo completamente enamorada. Él me dio todo cuanto deseaba: una família, un hogar… en definitiva, me enseñó a sonreír sin tener que preocuparme de nada. Hace diez años, una luz radiante apareció en mis días: nació mi pequeña y dulce nieta Sofía. Sofía, no te puedes llegar ni a imaginar cómo cambiaste mi vida. Cada tarde, al salir de la escuela, me venía a visitar. Juntas aprendimos a leer y a escribir. No tengo palabras para agradecerle todo lo que hizo por mí. – ¿Abuela me ayudas? – Por supuesto cariño, ¡veamos! ¿qué tienes para leer hoy? – CA-SA; BI-BLIO-TE-CA… Juntas pronunciábamos lentamente las sílabas de las palabras. Poco a poco, día a día, íbamos ganando agilidad y perfección en la lectura. Sofía sacaba excelentes en el colegio y yo en mis metas personales. Nunca me hubiera imaginado que alguien tan pequeñito como ella logrará sueños tan grandes en mí. Desde entonces, no he parado de leer. Revistas, periódicos, carteles, poesías, novelas, cuentos… ¡tantas cosas he aprendido con ellos! He viajado a mundos mágicos sin moverme de mi sillón; he llorado, he reído, he pasado miedo, solo con leer y entender lo que leía. Leer es apasionante y lo sabía. En el fondo de mi ser, sabía perfectamente que los libros me transportarían a lo más alto de la locura. Nunca es tarde para cumplir tus sueños y aprender. Aunque seas una vieja arrugada como yo y no veas del todo bien, puedes seguir disfrutando de la lectura. Sofía y sus papás se mudaron a otra ciudad, a una hora y media de la mía. Ya no la veo tan a menudo y la verdad es que la echo mucho de menos. Su dulce voz, su risa y el olor de su pelo impregnan mis sentidos cada vez que la recuerdo. Cuando viene a casa, suelo llevarla a un jardín muy chiquitito que tengo detrás del garaje. Está lleno de césped y nos tumbamos allí mientras yo le leo algun cuento. Me siento tan feliz cuando veo que cierra los ojos y duerme. Consigo relajarla con los relatos que le leo. Que yo le leo. No me lo creo… ¿os acordáis cuando os conté que me quedaba embobada mirando los libros del señor Jean Paul? Si no desistes en tus sueños, pueden hacerse realidad. No importa que tengas diez, veinte o setenta años. Lo que verdaderamente importa es la ilusión que pongas para conseguirlo. Qué lástima que aquella señora haya preferido comprar una crema anti-arrugas antes que un libro para su hijo. ¿Cómo se atreve a negarle la oportunidad de leer? No sabe lo que hace ni lo que se pierde. Tan solo espero que se lo haya comprado a escondidas de su mamá. Bécquer estaría muy orgulloso de él. Anabel Piñar


UN SUEÑO HECHO REALIDAD Eva Gal era una chica normal, como cualquier otra, que vivía en un pueblo muy pequeño de Asturias. Tenía quince años, era rubia, alta, de ojos verdes, simpática, inteligente, valiente y divertida. Siempre iba acompañada de Valeria y Pablo, sus mejores amigos. Vivía con su madre, sus dos hermanos pequeños, su abuela y su perro, en una casa cerca de un bosque. De pequeña, su abuela le contaba una historia sobre una mansión que había en el bosque. Le decía que antiguamente, vivían allí familiares suyos y que tenían un secreto muy grande que solo sabían las personas de la familia. Según lo que contaba la historia, cada quinientos años nacía un miembro de la familia con unos poderes que le permitían viajar en el tiempo. Eva quedaba fascinada con la historia e insistía en ir a ver la mansión, pero su madre se lo prohibía. Siempre soñaba con que ella heredaba los poderes y se transportaba, pero a medida que pasaba el tiempo se fue desilusionando. Un buen día se levantó muy contenta, porque se iba de excursión con sus compañeros de clase, a caminar por el bosque que había cerca de su casa. A su madre al principio no le hacía mucha gracia, pero Eva era una chica que sacaba muy buenas notas y se portaba muy bien, y no le pudo decir que no. Pero lo que no sabía Eva, era que algo sorprendente le iba a ocurrir. Eva ya les había contado a sus mejores amigos la historia de su familia, y al saber que iban a ir cerca de la mansión, les pidió que la acompañaran a investigar. Sus amigos le dijeron que no porque se podían perder y la profesora se enfadaría, pero como sabían que Eva era muy tozuda le hicieron prometer que no iría. Y ella lo hizo, aunque poco convencida. La profesora les hizo parar cerca del río para comer. Eva sabía que la mansión estaba muy cerca del rio, así que comió lo más rápido que pudo y sin que nadie la viera se alejó de sus compañeros. Iba siguiendo el curso del río. Al cabo de unos minutos pudo observar una casa muy grande. No se lo podía creer: ¡era la mansión! Corrió rápido en dirección a la casa y cuando llegó no sabía cómo reaccionar. La casa era muy vieja y daba un poco de miedo, pero Eva era muy valiente y entró. Estaba muy oscuro y para iluminarse cogió el móvil. Pudo ver unos cuadros antiguos y mucho polvo, no había muebles. Vio unas escaleras y subió arriba, donde había una puerta en la que ponía: NO ENTRAR, pero ella no hizo caso de la advertencia y entró. Era una habitación pequeña; había una mesa en el centro y un libro enorme encima. Eva se acercó para ver de cerca el libro. El título era: “Los secretos del tiempo”, escrito por la fami-

lia Gal. Sin pensárselo ni un segundo abrió el libro y lo empezó a leer. Parecía que todo lo que le contaba la abuela era verdad, pero lo que de verdad quería saber era si ella sería una de las elegidas para tener el poder. Siguió leyendo hasta que llegó a una página que ponía: CRONOLOGIA DE LOS ELEGIDOS, donde figuraban los nombres y las fechas de nacimiento de las personas que heredaban los poderes. Se puso nerviosa y empezó a leer a toda velocidad. … 24 de octubre de 999 “Alfonso Gal”, 3 de abril de 1499 “Mónica Gal”, 16 de junio de 1999…… ¡EVA GAL! Eva se espantó y tiró de golpe el libro al suelo. De repente apareció de la nada una mujer de unos cuarenta años. Eva estaba atemorizada y la mujer la intentó calmar. Era Mónica Gal, una de las herederas de los poderes. Le explicó que ella era la encargada de venir al presente a apuntar en el libro de la familia, las fechas de los nacimientos de los nuevos elegidos. Eva estaba flipando, no paraba de preguntarle cosas. Le preguntó si era cierto que ella tenía los poderes, porque no se había transportado, y Mónica le dijo que una vez descubierto el secreto te transportabas al pasado para ver a todos los elegidos. Le advirtió que se empezaría a marear, y así fue. Se le cerraban los ojos y lo último que pudo escuchar fue: Todo irá bien, nos vemos en el pasado… De repente Eva abrió los ojos y estaba en la misma habitación donde se había mareado, pero esta estaba distinta, tenía más color y no había polvo. Salió de la habitación y estaba Mónica y muchas personas más. Todos ellos eran elegidos. Cada uno de ellos le contaba sus experiencias, dónde había viajado, adónde no tenía que transportarse… Eva se lo pasó muy bien aquella tarde. Cuando todos ya se iban, Mónica le enseño cómo tenía que transportarse. Cuando lo tuvo un poco más claro, Mónica le dijo que se verían pronto, se despidieron y acto seguido se transportaron… Eva abrió los ojos en el bosque, le dolía la cabeza. Se giró y vio a sus compañeros comiendo como si no hubiera pasado nada. Lo primero que hizo fue contárselo todo a sus mejores amigos, y cuando llegó a casa se lo explicó a su familia. Su abuela estaba muy orgullosa de ella, ya que había cumplido su sueño: SER UNA ELEGIDA. Raquel Cabanes


1r PREMI “Temps de guerra”, de Maria Güibas No us ho creureu però divendres passat vaig trobar una relíquia, una cosa magnífica: es tractava d’una capseta. Val més que comenci pel principi. Era divendres a la tarda a Portbou i jo (com cada divendres) passejava per la platja a la recerca de tranquil·litat i serenor. Doncs xino-xano, caminant, vaig trobar un tall de cartró enterrat a la sorra, vaig ajupir-me i vaig començar a desenterrar-lo. Al final, vaig acabar de treure’l de la sorra. I a la fi vaig poder veure que era una capsa de cartró quasi podrida de la humitat de sota terra que estava, però en mirar a dins m’hi vaig trobar una capseta en forma d’hexàgon, de color crema i amb una decoració ben maca de pètals vermells i fulles. La curiositat em va poder i la vaig obrir, i caram!, hi havia tres objectes de la meva època, de quan jo era petit i vaig patir la Guerra Civil. Però a l’interior també hi havia una cosa. Era una carta, la vaig obrir i, de seguida, la vaig començar a llegir. Deia així:

inesperadament perquè vaig retornar al passat amb els meus dos amics més estimats. I, sobretot, vaig trobar tots els records (a dins de la capseta) d’aquells anys tan magnífics amb l’Anna i en Carles, malgrat la guerra a Portbou. No m’ho podia creure: havia trobat la nostra capseta! 2n PREMIS “El coixí atrapasomnis”, de Marina Viñas

Sempre m’he preguntat què m’enduria en una illa deserta i la resposta ha estat que, a part d’aliments i aigua, també m’emportaria el meu coixí, perquè sense ell no puc dormir. Des que era petita que no puc agafar el son en qualsevol lloc. No sóc d’aquelles persones que es poden adormir assegudes en una butaca o, Hola, fins i tot, en una cadira. I un altre on estan els malsons Sempre he de dormir amb el meu coixí, ja que, si no, no podria adormir-me Som l’Anna, en Carles i en Miquel. Tenim 10 anys. Som de Por- en tota la nit. tbou i tots 3 som molt bons amics. Escrivim aquesta carta i enterrem aquesta capseta de l’Anna (amb una baldufa meva, unes Molta gent creu que els coixins tenen un lloc on estan els bons bales d’en Carles i el braçalet preferit de l’Anna), perquè ens somnis i un altre on estan els malsons de la persona que hi dorm. separem aquesta setmana, per anar cadascun a llocs diferents, a Quan dorms i tens un somni, se’t guarda en el lloc que correspon causa de la guerra que estem patint. Jo me’n vaig a Figueres a i així va agafant la forma que necessites, perquè t’hi sentis a gust. casa dels meus avis; l’Anna, a Alemanya; i en Carles, a França. Diria que és una bona explicació. Perquè si no, com és que són Les nostres famílies ens ho van comunicar la setmana passada i tan importants? vam decidir fer una capsa amb les nostres coses preferides. Això ho vam fer perquè quan tornéssim de “l’exili” (paraula que di- Sempre he pensat que els somnis són meravellosos. És una sensauen els nostres pares) i ens tornéssim a veure, per si la podríem ció fantàstica perquè és el recull de tot el que ha passat durant el trobar entre tots tres. I la carta que estem escrivint ara entre dia. És un moment únic. És tan important, que tots els mamífers tots, és per si no ens tornem a trobar, deixar un record a Por- somiem, i això no sobta tenint en compte que ens passem una tbou, en memòria del fet que vam viure allà. I també si per casu- tercera part de la nostra vida dormint. No només somiem un cop, alitat algú la troba, millor, perquè la podrà llegir i entendre el sinó quatre o cinc vegades en una nit. nostre sofriment i angoixa de separar-nos. Hem pensat que si algú la troba i l’està llegint ara mateix, que després deixi la cap- Crec que el teu coixí és l’objecte que coneixes més, ja que tu seta amb tot a dins, a la platja, perquè el record sempre sigui a mateix fas que tingui la forma més còmode per tu, depenent de Portbou. Si ets un lector d’aquesta carta, et donem les gràcies com et mous o com l’agafes. Fins i tot quan dorms i estàs en per haver-ho llegit i de part de tots tres un gran... aquell somni que tant t’agrada, és el moment en què et sents més a gust, aquell que no vols que mai s’acabi. Adéu. M’agradaria que en el meu atrapasomnis hi pogués trobar tots els Quan vaig acabar de llegir-ho les llàgrimes em van venir als ulls meus somnis, que em defineixen tal i com sóc jo.


“Els desitjos”, de Maria Peralba

la seva pròpia màscara, tant per amagar-se com per por de fer el ridícul i por al rebuig. Després hi ha qui canvia per tu, qui és com En la nostra cultura, la catalana, trobem diverses ocasions on les un mirall, simula ser el que tu vols que sigui. Però finalment, persones demanen un desig. Quan és el teu aniversari i bufes les arriba la persona amb qui pots ser tu mateix, la persona que ets, espelmes, quan et cau una pestanya, quan es creuen dos avions, sense fer servir cap mena d’escorça. quan comença un any nou, quan veus passar una estrella fugaç... També es diu que quan vas passejant pel camp i trobes una dent Detalls”, de Clara Rodríguez de lleó, la bufes i si aconsegueixes que totes les llavors surtin Estava fent el camí de Sant Jaume i em vaig topar amb una tortuvolant, aquell desig que has demanat abans de bufar es complirà. ga velleta. Sense pensar-m’hi gaire, vaig i li pregunto: “Què és la El fet de demanar desitjos va passant de generació en generació. vida?”. Ella, amb tota la tranquil·litat, em respon: “La vida conEs demanen desitjos de moltes menes: sentimentals, com tenir sisteix a avançar amb calma, sense deixar-se perdre els detalls”. 1r PREMI parella, estar enamorat; materials, com disposar d’un cotxe d’úl-

tima moda, comptar amb unes sabates que sempre has desitjat... Però hi ha un desig que tothom ha demanat alguna vegada i, si no ho ha fet, penso que ho hauria de fer, i és demanar de ser feliç. Una persona pot tenir moltes coses materials, però sentir-se infeliç, desgraciat. Jo penso que un és feliç quan se sent estimat per la seva família, pels seus amics, quan no té cap malaltia que el faci patir, quan està acompanyat, quan se sent bé a l’escola, treu bones notes... Per això penso que el millor desig és SER FELIÇ. Accèssits “La tortuga i el cargol”, de Hind El Ajouri

“L’arbre de la vida”, de Marta Pérez. Neixes en una llar, on es posen les arrels de moltes coses que seràs després. Quan ets infant, la tija s’ha de redreçar amb molta cura, igual que quan t’ensenyen allò que està bé i el que no. S’han d’adobar de bons pensaments i aprenentatges perquè es faci una planta ben frondosa. Tot hi ajuda, les arrels de la família i l’entorn que ens envolta. Vas creixent, arribant la primavera, com la joventut plena de belles flors.

Aquesta és la història d’una tortuga i un cargol que un dia es van Cada branca és un obstacle de la vida. Depèn de quina tries per trobar. Els dos s’enamoraren a primera vista. Van decidir viure seguir el teu camí, alguna et porta directament al millor fruit i junts, però la relació era impossible: estaven condemnats a no d’altres a una fulla a punt de caure. poder compartir casa. Els anys passen, arriben els fruits. Amb ells, les llavors, fent així que apareguin noves plantes. “Escorça”, d’Eulàlia Guntín La gent no és pas per dins el que aparenta ser per fora. Tothom té La nostra vellesa és com la tardor on cauen algunes fulles, algunes branques es trenquen i les arrels a vegades es fan malbé.


2ns PREMIS “Atracció fatal” Feia estona que se la mirava embadalida. Li atreia la seva manera jo no hi seré, però tu sí que hi ets. Has d’aprofitar la vida al màde moure’s i la seva rapidesa per anar d’un lloc a l’altre. Va sortir xim. Ens veiem al cel, AMOR!”. de l’aigua i s’hi va anar apropant, va treure la seva llarga llengua i la mosca s’hi va quedar enganxada. En escoltar aquestes paraules, en Daniel va començar a plorar, però anys més tard va formar una família amb la Fàtima i, com la i “Ungüent per anar a l’Institut”, de Laia Coderch Pilar volia, els seus fills van jugar amb les joguines del cofre. Dies més tard, en Daniel va morir a causa d’una mort natural, S’escalfa una mica d’oli al bany maria i, sense deixar de remenar, però dies abans va tornar a amagar el cofre, i va deixar la mateixa s’hi afegeix un grapat d’intel·ligència, un polsim de saber fer la nota per a la seva dona. pilota als professors i una tona de paciència per poder-los aguanAccèssits tar. Es deixa refredar i s’aplica cada matí abans de marxar. “La bellesa és als ulls de qui la veu”, de Judith Giménez i “El cofre perdut”, de Daniel Mena. Aquell estiu plovia sobre nosaltres. La pluja àcida estilitzava la Hi havia una vegada un jove anomenat Daniel. En Daniel era un seva silueta. Les gotes d’aigua s’enredaven als seus cabells i fehome descurat, vestia amb robes deixades, i el seu aspecte era ien que la seva mirada fos encara més malenconiosa. semblant al d’un pobre. Era un home simple, es conformava amb el just. Feia tres anys que s’havia mudat al sud d’Egipte, on va A vegades em paro a pensar; si les models fossin belles, no ens conèixer la Pilar, la que mesos després va ser la seva dona. Tots enamoraríem de persones normals i corrents. Només ho faríem si dos eren molt feliços, però pocs anys després la Pilar va morir a miréssim més enllà del físic, si obríssim els ulls i busquéssim causa d’un càncer de pulmó. En Daniel estava destrossat, no sa- dins les ànimes. Tots som bells en la mesura que els altres volen. bia què fer. La seva vida no tenia sentit... Hi ha una frase que diu que la bellesa és als ulls de qui la veu i mai n’he estat tan convençuda com ara. Passats uns anys, va aconseguir assimilar-ho i ho va deixar córrer. Va retornar a la seva feina com a arqueòleg del museu nacio- Tot això ho dic perquè no conec imatge més bonica que quan el nal d’Egipte. Allà va conèixer la Fàtima, filla del seu amic, en vaig veure brillar sota la pluja, quan vaig veure els seus cabells Jordi. Amb la Fàtima va començar una relació estable, que dies arrissar-se i va desordenar els meus batecs. Ell és bell, a les quamés tard es va veure aturada pel pensament d’en Daniel, el qual tre de la matinada, quan ningú l’observa i se sent sol. Amb tota la no es podia treure del cap la Pilar. seva pena, les marques al canell i els pensaments que el torturen, jo crec que és realment formós. Una tarda en Daniel va començar a buscar records de la seva estimada i va quedar sorprès en trobar una nota en la qual hi ha“La ploma”, de Blanca Álvarez via una mena de mapa del tresor. En Daniel, entusiasmat, va trigar més de set anys per desxifrar el mapa, però finalment ho va Mentre contemplàvem meravellats aquell petit indret, desitjàvem aconseguir. El cofre es trobava a la piràmide més alta d’Egipte. ser ocells per fer-lo nostre. En Daniel, finalment, va trobar el cofre i, en obrir-lo, va quedar fascinat. El cofre estava ple de joguines amb les quals ella juga“Diferents generacions”, de Maria Mir va. Eren una mena de figuretes de plàstic, anomenades “Playmobils”. Juntament, hi havia una carta on deia: “Aquestes Diferents generacions, diferents anys, diferents passos en una són les joguines de la meva infantesa. Vull que aquestes siguin vida. Els nostres moments junts, plens de confiança i sinceritat, les joguines amb què juguin els teus fills. Aixeca’t, alça la vista, com ahir, com quan era petita, agafada de la teva mà. Amb el pensa en positiu i refés la teva família. Potser quan llegeixis això temps, els teus passos seran el record de la família.


Cuando ya no recuerdas ni tu nombre Como todos los abuelos, creo que mi abuelo fue un hombre que- trar el camino de vuelta. El abuelo parecía no enterarse de nada y rido dentro de la familia. Y cuando digo creo es porque pienso cuando estaba bien daba la sensación de que no le pasaba nada. que todo el mundo quiere a su familia. En mi caso, mi familia no Seguía con su vida de siempre, comía bien, dormía bien, descanes muy dada a expresar sus sentimientos en público. Nos quere- saba ahora que no tenía que cuidar del rebaño.... Pero cada día le mos en silencio, sin dar muchas muestras de ello. Y a lo mejor costaba más recordar nuestros nombres, nos preguntaba cosas fue por eso que cuando murió mi abuelo no sentí ni mucha ni que no tocaban y nos hablaba de gente que ni siquiera conocíapoca pena. La verdad es que no guardo muchos recuerdos de mi mos como si los hubiera visto hacía poco tiempo. abuelo Martín. La imagen que más se repite de él era cuando Había pasado un año y el abuelo había empeorado. Un día salió a llegaba a casa después de una dura jornada de trabajo en el cam- pasear como cada tarde. Pasaron las horas y anocheció. El abuelo po con las ovejas. Mi abuelo era pastor y se pasaba todo el día no había vuelto y nos comenzamos a preocupar. Buscamos en detrás del ganado sin apenas hablar con nadie.

todos los rincones que se nos ocurrió, lo llamamos a gritos dentro

Lo que sí recuerdo con un punto de tristeza es el día en que el y fuera del pueblo. No había rastro de él. Parecía que la tierra se abuelo empezó a perder la memoria. Al principio, ninguno de lo había tragado. En cuanto llegó mi padre, nos organizamos con nosotros le dio demasiada importancia. Eran descuidos tontos los vecinos. Ya era de noche y estábamos seguros de que le había que al cabo de un rato se solucionaban sin más. De pronto no se pasado algo realmente gordo para que no volviera a casa. acordaba de dónde había guardado su cuchillo, dónde había deja- Pasadas las once de la noche lo encontramos asomado a un bardo el zurrón o dónde había colgado la chaqueta. Se olvidaba de ranco, a punto de perder el equilibrio y desaparecer río abajo. cerrar la puerta del corral o no encontraba el interruptor de la luz Estaba completamente desorientado, tenía frío y no se acordaba a la primera. Nadie le hacía demasiado caso e incluso nos hacía de dónde estaba ni cómo había llegado allí. En ese momento gracia y nos reíamos en su cara recordándole lo viejo que era.

comprendí que mi abuelo no volvería a ser el abuelo de antes.

Los meses pasaron y sus olvidos se acentuaron de una forma Sus neuronas cerebrales estaban dañadas y no había vuelta atrás. alarmante. Ahora ya no se trataba de no cerrar una puerta. El Una semana después el médico nos dio el diagnóstico: esclerosis abuelo comenzó a hablar de la abuela como si estuviera viva sin múltiple o lo que es lo mismo, deterioro grave de sus funciones recordar que mi abuela había fallecido hacía un par de años. De cerebrales sin poder de curación. pronto salía a la calle con un fajo de billetes y se le caían uno El abuelo vivió cinco años más con esa enfermedad, cada día aquí y otro allá sin darle la mayor importancia. Nosotros lo reñía- peor, perdiendo capacidades hasta quedar en su cama y sin conomos y le explicábamos que tuviera cuidado, que cómo se le ocur- cer ni recordar a nadie, viviendo de sus recuerdos sin recordar ni rían cosas así o que la próxima vez lo encerraríamos en casa para siquiera su nombre. que no saliera. En poco tiempo tuvo que dejar el rebaño. Teníamos miedo de que perdiera las ovejas o se acabara perdiendo él por no encon-

Eva Arnall


EFECTO BOOMERANG

Marta era una abuela muy feliz. Tenía mucho de nada y poco de mucho. Pero eso le daba igual. Para ella, lo importante era la felicidad. El dinero, solo era un trozo de papel o de metal. Era tan grande su generosidad, que a cualquier desconocido que pasara por delante de su casa para iniciar la larga travesía del desierto, sin prejuzgarle por sus apariencias, le servía agua de su pozo sin coste alguno. Es por esa razón que la abuela tenía muchos amigos. Lo que costaba de entender es que una persona tan agradable y generosa viviera sola y sin familia. Siempre había deseado tener un hijo, pero su marido había muerto al poco tiempo de casarse, cuando eran muy jóvenes. Un día, pasó por delante de su casa un forastero de aspecto inquietante. Parecía un vagabundo tan dispuesto a pedir como a robar. Marta, como de costumbre, le recibió con los brazos abiertos y le sirvió agua y comida para el viaje. El forastero se quedó sorprendido. No entendía por qué esa mujer, por muy amable que fuera, le había proporcionado tanta hospitalidad sin saber siquiera su nombre y a pesar de su aspecto. A los pocos instantes de pensar eso, el hombre prosiguió con su ruta. La abuela se sentía sola. Muy sola. Pasaban las horas, los días,

los meses… Y ella no tenía nada que hacer. No sabía qué hacer con su vida. Ya no tenía ganas de luchar por nuevos retos. Un atardecer, apareció por los alrededores de la casa un hombre. Su aspecto recordaba a aquel forastero que había pasado meses atrás. El hombre, aprovechando la oscuridad, se introdujo en la casa con mucha precaución. Dejó una bolsa con algo dentro junto a la entrada y desapareció entre las sombras. A Marta, acostumbrada a vivir sola, no le pasó desapercibida la entrada del desconocido. Abrió las luces, y descubrió la bolsa en el suelo. Seguidamente, con un acto de frialdad y evitando los malos pensamientos, se decidió a abrir la bolsa para ver su contenido: en la bolsa había un cachorro de perro que dormía plácidamente. ¿Qué podía significar eso? Iba acompañado de una nota: "Este es el mejor regalo que puedo hacerte por tu hospitalidad. PD: disfrútalo." En cuestión de segundos el rostro de Marta se transformó de la sorpresa a la alegría. Y así es como nuestra abuela recobró las ganas de vivir y pasó momentos inolvidables con su cariñoso cachorro, que la acompañó hasta el fin de sus días.


RECUERDOS Y ESPERANZAS

Miro por la ventana del convento donde me tienen encerrada y veo caer la nieve lentamente… Eso me recuerda a la gente del pueblo trabajando, incluso a niños de 10 años cargando con ovejas que serían sacrificadas, recogiendo vegetales… Dado que en mi pueblo, todos son agricultores excepto el alcalde (mi padre) y los regidores, los hijos del resto de la gente del pueblo también están destinados a serlo. Pienso que los niños no deben trabajar siendo tan pequeños ni todos los habitantes deben vivir en las condicionen en que viven: se mueren de hambre, viven en casas de madera y paja, y algunos no tienen ni casa. Incluso para conseguir comida, a cambio, deben ceder a sus hijos a las autoridades para que los hagan esclavos y sirvan al rey; por eso, todos tienen tres hijos o más. Puesto que a mí eso me parecía una injusticia, sin que mi padre lo supiera, un día empecé a trabajar con los del pueblo. Lo pasaba muy bien, pero si mi padre e incluso el rey hubiesen llegado a saber que trabajaba me hubiesen encerrado en un convento y hubiesen destruido el pueblo entero. Así que, cada día, me calzaba mis botas, me ponía un uniforme que daban a todos los trabajadores y me iba hacia el huerto y la granja de Sam, un propietario rural sometido a la autoridad: unos días recogía vegetales y otros ordeñaba las vacas que tenía. Trabajando junto a los niños veía aún más las injusticias que sufrían. Así que un día, sin pensarlo demasiado, le dije al señor Sam: -¿Qué le parecería la idea de transformarnos en rebeldes contrarios a la autoridad y luchar por los derechos de los niños? Al principio, me miró pensando que era una locura, pero poco a

poco cambió aquella cara por una sonrisa enorme. En pocos días ya teníamos a gran parte del pueblo a nuestro favor, sobretodo porque querían un futuro mejor para sus hijos. Poco a poco éramos más y más, incluso habitantes de pueblos vecinos se unieron a nosotros ya que estaban en la misma situación. Cuando fuimos bastantes, decidimos empezar a actuar: primero, interrumpimos con anuncios de cinco segundos, denunciando las injusticias que sufríamos, los telediarios que las autoridades nos obligaban a ver. Cada noche, se emitían los anuncios diez veces por lo menos gracias a Alberto, un experto en informática. Todos estábamos muy contentos de cómo había salido el plan y más adelante, empezamos a enviar notas a las autoridades diciendo que era injusto que los niños trabajaran tanto y no pudieran ir a la escuela. Con el paso del tiempo, nuestra causa se nos fue de las manos, nos declararon la guerra y a mí me encerraron en un convento por defender al pueblo. … Todo eso pasó y ahora ya no sé si existe mi pueblo, ni si han sobrevivido todos los habitantes, ni nada de mis padres. Lo más probable es que mi pueblo ya no exista, que lo bombardearan y que los mataran a todos. Sin embargo, una parte de mi corazón tiene la esperanza que mis compañeros de batalla supieran descifrar mis mensajes y encontraran el túnel que los hubiese llevado a un secreto pueblo subterráneo que se estaba organizando para vencer definitivamente el poder y hacer justicia. Laia Carbonell Renart


EL PLACER DE LEER

Era la tercera vez que volvía de la biblioteca del pueblo cargada de historias, y cada una de las veces me despedía de aquella risueña anciana que agradecía repetidamente mi afán por la lectura, el cual mantenía con vida aquella recóndita pero familiar trastienda. Esta vez me había dejado guiar por las recomendaciones de la viejecita, confiando ciegamente en su experiencia. No dudaba de ella, pues apostaba sobre seguro cuando creía que se había empapado todas y cada una de las deterioradas hojas que daban cuerpo a las estanterías. Estaba dispuesta a empezar una nueva aventura, esta vez me había alentado a dejarme aprisionar por la ciencia ficción de Isaac Asimov, el escritor favorito de mi padre. ¡Cuánto le echaba de menos, así como a mi madre y a mis hermanos, ahora que estaba a miles de kilómetros de ellos! Por muy acogedor que fuera este pueblo, no había nada como estar en casa. Recorrí con la yema de mis dedos el lomo del libro y lo abrí paulatinamente. Sus amarillentas y raídas páginas no me llamaron la atención, pero sí lo hizo su aroma a antiguo. A medida que iba pasando de página cautivada por el tacto de las hojas sin apenas leer una palabra, me percataba del intenso olor a pipa que desprendían aquellos folios. Ese perfume me trasladó al instante a las tardes junto a mi abuelo, en la terraza de la casa del campo, escuchándole leer hasta que caía la noche, con mi insaciable anhelo por descubrir el final de los cuentos y sus incansables ganas de ver mis ojos chispeantes de la emoción. Amor de abuelos, no hay más. Una sonrisa nostálgica se escapó por la comisura de mis labios. Me acomodé en la silla, labor difícil en los rígidos asientos del metro pero no imposible, pues me ayudaba la confortable y absorbente atmósfera que me rodeaba. Apenas había gente en el vagón. A dos metros delante de mí había un chico joven que llevaba un atuendo deportivo de aspecto desaseado, con la suela de los zapatos enlodada ensuciando el suelo. Escuchaba música con cascos para no molestar al resto, aunque era bastante infructuoso, pues la oía desde donde estaba

sentada yo. Pero no me fastidiaba en absoluto, solía leer con frecuencia en lugares ruidosos. A dos sillones de mí, se encontraba una chica rubia con una melena larga y lisa, que estuvo más de media hora maquillándose frente a un pequeño espejo con una mano, y sujetando con la otra un teléfono móvil que parecía estar pegado a su oreja izquierda. Ésa sí que me estaba empezando a incordiar, pues parecía asegurarse de que todos los del vagón seguíamos al pie de la letra sus fragorosas explicaciones a ese alguien que la escuchaba al otro lado del aparato. Reflejada en el cristal de la ventana podía ver a una mujer mayor, con aspecto desaliñado, que agarraba con fuerza -quizás demasiada- la mano del que parecía su hijo, el cual permanecía inmóvil a su lado. Volví a centrarme en el libro después de ese breve y apresurado análisis, ya que tenía algo entre las manos que llamaba más mi atención que todos los que estaban a mi alrededor. Era increíble el hecho de que cuatro hojas viejas pudiesen encandilarme de tal manera. Me transportaban a lugares totalmente distintos y a la vez atractivos. Los personajes parecían rodearme, eran tan profundos y verosímiles que les había dado vida en mi mente, así como había imaginado su físico hasta el punto que realmente eran vivas imágenes en mis recuerdos encarnando las historias y pronunciando los diálogos. Soñaba despierta con cada uno de los detalles más insignificantes a cada palabra, desde miradas, sonrisas y lágrimas hasta gestos, gritos y movimientos. Estaba completamente inmersa en la lectura, ya nada parecía hallarse a mi alrededor, ni siquiera mi propio cuerpo. Me sentía tan dentro de la historia, deambulando entre los personajes que tanto me cautivaban… adoraba esa sensación. Era como una droga. La única pega era que sus efectos eran perecederos. Volviendo a la realidad, me encontraba ahí, sola, acurrucada en un rincón, etérea, sin saber en qué preciso momento había dejado de existir para adentrarme en ese suntuoso pero efímero mundo, el de la lectura. Anna Granadero



Treballs premiats al Certamen literari de Sant Jordi 2014