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Un medio que no es incluyente es un medio impedido

El Mural

Edición No2, Año 3 Publicación mensual abierta para todo aquel que quiere y tiene algo que decir

Del capitalismo gastronómico. Por Gisela Arroyo No siendo el capitalismo otra cosa que la distribución inequitativa de los medios de producción o de las riquezas en la sociedad, he descubierto un ámbito más de la vida en el cual éste se manifiesta: la alimentación. Existe aquello que he denominado capitalismo gastronómico y consiste en la repartición inequitativa, no de las riquezas, sino de las ricuras. Ya no se trata solo de un sistema económico injusto, sino también de una forma de comer donde predomina la desigualdad. ¿O acaso quién no se ha quejado de que “a mi papá le pusieron más que a mí” o “a mi hermano le dieron la mejor parte” o “por qué al otro le sirvieron aquello en vez de esto que me dieron a mí”? Siempre pasa. Los mejores bocados, los alimentos más apetecidos o la abundancia culinaria siempre va para los burgueses: los papás, hermanos mayores o personas con mayor jerarquía familiar, mientras que quienes producen y cocinan tales manjares, usualmente las mamás, tienen que conformarse con cantidades menores de dichos alimentos, al igual que el resto de personas en los últimos escalones de la jerarquía familiar. Podría decirse que la hora de la comida es toda una “lucha de hambres”, donde los menos favorecidos tienen que conformarse con lo menos rico o una menor cantidad de lo que se cocina, y al igual que en el capitalismo como sistema económico, el goloso no pasa de quejarse o lamentarse de su condición sin hacer más nada al respecto. Es necesario entonces, despertar de nuestro estado de alineación gastronómica por nosotros mismos, para que así se dé la revolución que nos lleve a los dos últimos estadios: el “sacialismo” y el “comidismo”, donde las ricuras y las mejores porciones dejen de ser propiedad exclusiva de papás y hermanos mayores y sean distribuidas de forma imparcial entre todos los miembros de la familia.

Ahora la lluvia es de sonrisas Por Mayra Alejandra Romero S. Ya iban siendo la 1:00pm cuando sentí que Jorge frenó el carro, tomé posición erguida y me incliné hacia adelante para observar qué pasaba. En ese momento bajó el vidrio, tomó 1.000 pesos y gritó: “Ey mojarrita agarra, nojoda vale mía buen trabajo”. Cinco horas antes la seño Luchy y muchas otras docentes estando frente a las instalaciones del colegio de Campo de la Cruz, en medio del sonido de los pick-up´s que animaban las carrozas, la algarabía de los niños y las risas de los adolescentes se acercó a nosotros, tres jóvenes forasteros que llegamos a vivir el carnavalito intercolegial de ese municipio, y dijo: -Aquél que ven allá es el personaje más famoso de este pueblo, así como lo ven pintado de verde y con esos zapatos que piden auxilio, sale todos sábados, y ni qué decir de esa vara de tres metros que lleva en la mano, con ese palo corretea a todos los pelaos de acá, las calles se vuelven un río de gente cuando el Mojarrita arranca a correr-. Pocos lo conocen por su verdadero nombre, pero todos reconocen que su pasatiempo se ha convertido en una tradición digna de respeto. “Él irradia alegría y no se mete con nadie”, exclamó alguien atrás. Ahora volvió a aparecer y en el mejor escenario: los carnavales del retorno a la alegría. Meses antes, Campo de la Cruz era famoso en las pantallas de los televisores, la voz de los locutores y las letras de los periódicos por ser víctima de las inclementes lluvias e inundaciones que azotaron sin piedad el sur del Atlántico y convirtieron en un pueblo fantasma -ó más bien acuático e inhabitable- a este municipio del departamento. Una sola voz Sin embargo, todas las lágrimas derramadas, los bienes perdidos y la inutilidad de muchas tierras no fueron suficientes para impedir que los habitantes de este lugar unieran sus fuerzas y decidieran renacer tomando como principal motivo aquello que los identifica y se agarra a su idiosincrasia: los carnavales. Ya eran alrededor de las 10:00am y los callejones de Campo eran los anfitriones del desfile de reinas, comparsas y disfraces. A lo lejos se visualizaba en una paredilla un aviso que decía: “se vende cerbeza lay a 30mil de contado”. Por otro lado Anny, una de mis amigas, decía -aquí un niño se pierde y la mamá puede coger cualquier otro, todos son iguales-. Eso es Campo de la Cruz. Así pasaban las horas y la aglomeración en la plaza principal era sorprendente. Al son de la cumbia soledeña, el repique de los tambores y la melodía de la flauta de millo los camperos bailaban, compartían, alardeaban de sus buenos pases, y ante todo, las carcajadas y burlas inundaban el lugar. Allí en medio de presentaciones folclóricas y la prueba de talento de las reinas se fueron las horas y culminó el evento. De esta forma los habitantes de Campo de la Cruz ratificaron su espíritu emprendedor y se reivindicaron con su cultura que a gritos pedía renacer. Desde que llegué y miré al cielo vi algo venir, los nubarrones blancos y las miradas felices anunciaban un gran aguacero, con el transcurrir de los minutos el vigor y el ánimo de las personas corroboraron que vendría un chaparrón, y así ocurrió…sólo que esta vez La Lluvia fue de sonrisas.

Foto, Nicolás Sastoque. Parte de la colección personal que será exhibida en los próximos meses.

¡No tengo Blackberry y qué! Por Daniel Cueto De acuerdo con el diario El País de Cali tan solo el 5% del mercado de celulares en Colombia lo tiene Research In Motion (RIM), ¿le suena raro ese nombre?, tal vez si le digo Blackberry entenderá de inmediato que le estoy hablando del famoso ‘BB’, el Smartphone que ha causado una revolución en la manera de comunicarnos, pues a diferencia de muchas otras plataformas, RIM logró desarrollar un aplicación que prácticamente derrumbó las fronteras permitiéndonos estar en contacto con cualquier otra persona en el mundo a bajo costo por medo del famoso Blackberry Chat, a través del Personal Identification Number, en otras palabras lo que le he querido decir todo este tiempo es que si hoy no tenemos PIN sencillamente no existimos. ¡Falso! ¿Quién le dijo a usted que si no tiene la ‘zarzamora’ que está moda no logrará entrar a un círculo social? Si bien recuerdo esta generación se crió en la calle, sentado en los bordillos hablando con los amigos de la cuadra, de tú a tú, si tenía algún ‘arrocito en bajo’ con un niña o un niño la visitaba en la casa, le llevaba un lokiño o en su defecto un barrilete. Si alguna vez no pude entrar a un círculo social fue por no saber bailar ‘El Caballito’ de Carlos Vives en las fiestas infantiles, no por no tener lo último en guarachas. Entiendo que hay que entrar en la onda de los Smartphones, pues hacia allá se dirige el mundo, en contar con una comunicación inmediata a través de mensajes instantáneos que van más allá del texto y en donde se pueden transmitir imágenes y video en tiempo real, pero me rehuso a caer en ese inframundo del que no se puede salir tan fácilmente, pues

tengo entendido que ni apagando el celular los mensajes dejan de llegar. Sin contar por supuesto con las acrobacias que les toca hacer, o es que acaso no ha visto que las personas han desarrollado un sexto sentido para identificar los objetivos que tienen en frente mientras caminan y textean al mismo tiempo? ¡nunca se chocan! De algo estoy seguro y es que de mi boca no saldrá aquella expresión popularizada en esta generación postmoderna llena de niñas de 10 y 11 años que dice “Dame tu PIN”. Si mi evolución como especie depende, como dice Darwin, de que me adapte al cambio, seguiré siendo entonces un primate al que no le gustan los frutos rojos, sólo las manzanas. Antes de decidirse a comprar un Smartphone le recomiendo pensar en su salud, mental y física, en su relación, si es que la tiene. Analice los pros y los contras de comprar una ‘mora negra’ de casi 500.000 pesos a la cual si le quita el BB Chat (como sucedió en octubre del año pasado en todo el mundo) se convierte en otro Nokia 1100 con el cual solo podrá llamar y buscar las llaves en la noche. Sin contar las consecuencias que le traerá a su relación, ya que si ambos cuentan con este dispositivo móvil muy seguramente usted estará vigilado las 24 horas a través de la “discreta” herramienta que le avisa a la otra persona cuando usted recibió y leyó el mensaje. Si me ponen a elegir prefiero la libertad y tradición de un mensaje de texto, corto pero sustancioso, poder recurrir al viejo truco de decir “no tengo saldo”, y si necesitas ubicarme puedes escribirme al Whatsapp, porque mientras pueda evitaré a toda costa toparme con un Blackberry. Enviado desde mi iPod (Eso último es a propósito)

MIRADA HACIA EL PERIODÍSMO MODERNO ¿Qué tiene que saber el periodista hoy? ¿todo? Por: Maria Angel Orjuela “Haz lo que mejor sabes conectado con los demás” es la frase utilizada por Ramón García Ziemsen, periodista de la Deutsche Welle y profesor del departamento de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Norte, para iniciar su seminario y taller experimental con estudiantes y asistentes en Cátedra Europa 2012. El futuro periodístico depende de un periodista capaz de crear y contar nuevas historias, dándole relevancia a la sociedad, construyendo un ciudadano crítico abierto y transparente. Además el organizar la información y tener un moderador de contenido que proporcione confianza y seguridad a una comunidad receptora, genera “roles” que permiten acabar con la exclusión. Por otro lado, Ramón explica la existencia de varios tipos de periodistas dentro de los cuales se encuentra el periodista empírico, que puede ser cualquier persona; el periodista científico que posee un título de comunicador social y periodista utilizando la inducción como base; y el periodista práctico, aplicando primero la práctica y después la teoría (inducción). Los retos periodísticos del siglo XXI en Colombia se centran en la independencia que deben adquirir los medios de comunicación frente al estado, formando una especie de socialismo con responsabilidad y libertad, en donde se participe sin ningún tipo de problema convirtiéndolo en un mecanismo con una gran fuente de información y capacidad intercultural. La competencia, capacitación y el volverse un ser crítico produce cuatro tipos de seguridades periodísticas. La primera de ellas es la seguridad temática, que es el saber lo que es un tema y conocer lo que es un enfoque; el segundo es la seguridad investigativa, saber que es una investigación limpia. También existe la seguridad técnica, esta permite saber que es una dramaturgia y conocer el story telling. Por último, la seguridad creativa, que es saber organizar la creatividad. Lo anterior muestra la importancia de conocer el tema que se va a tratar, que enfoque se le va a dar, hacia quien va dirigido y si genera opinión o conflicto. El periodismo joven debe ser actual, activo, despertando interés en quienes lo leen, escuchan o ven; sin conceptos vacíos y con una gran claridad y calidad informativa.


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Un medio que no es incluyente es un medio impedido

Una pulga incomoda a los más Grandes

"Un momento siempre te busca a ti, siempre y cuando estés consciente de la maravilla de la luz"

Sin embargo, lo que me llamó profundamente la atención sobre la gastronomía local, en mi condición de cachaco, no fueron los fritos y horneados, sino la denominación otorgada a cierto manjar que la Real Academia de la Lengua Española definiera como “Masa de harina, con otros ingredientes, de forma redonda, que se cuece a fuego lento” y que, en el interior llamamos coloquialmente como Ponqué, Torta, Pastel, pero que en la costa Caribe se le designa con el nombre de Pudín. Y me llamó la atención, pues dentro de la taxonomía gastronómica andina podría decirse que tal nombre constituye un error, más que semántico, de tipo conceptual imperdonable. La palabra Pudín proviene del vocablo inglés Pudding y está íntimamente relacionado con el concepto del Budín de otros países de Latinoamérica. Sin embargo, todos los anteriores hacen parte de los flanélidos, o postres de contextura coloidal, cuyo sabor dulce y carameloide constituye los placeres que suceden a un almuerzo excesivo en carnes grasas. Por otra parte, están los que en el interior denominamos Tortas, Ponqués y Pasteles, que a pesar de su parecido estético, corresponden a especies culinarias distintas, por lo que agruparlas como si fuesen la misma cosa, constituye otro error conceptual imperdonable. Las primeras pertenecen al Filum de las Tortáceas, típicas de las costas lusitanas, en la península Ibérica y se distingue de las otras por tener una alta tendencia a incluir en sus ingredientes el dulce sabor de la semilla de planta de Cacao, que los Aztecas precolombinos llamaran Xocolatl y cuya preparación requiere del horneado. La segunda pertenece a la familia de los Ponquésidos, que pueden llegar a involucrar mezclas criogenizadas de cremas lácteas saborizadas con néctar de fruta, razón por la cual se requiere de un ensamblaje post- horneado, dado que la crema en cuestión podría verse afectada por el intenso calor del horno. Finalmente, los Pastelidos pertenecen a otro filum, dado que no se limitan a los sabores dulces como elemento central de su cocción. De hecho, puede requerir de previa fritura de otros ingredientes, que posteriormente se verán mezclados o introducidos en el corpus horneado de aquello que se denomina vulgarmente con el término Pastel. Los manjares anteriormente descritos con cuidadoso rigor taxonómico constituyen los placeres palatinos de niños, jóvenes y adultos, quienes deciden celebrar sus respectivos natalicios, acompañando los mencionados platos con bebidas, principalmente frías, de origen gaseoso y con un alto porcentaje de azúcares procesadas que suele alojarse en los glúteos y sección posterior de los brazos de las mujeres, los cuales se balancean armoniosamente cada vez que levantan la mano para saludar a alguien en la distancia. Sin embargo, los tortáceos adquieren un matiz particular cuando son acompañados por una bebida caliente, de características cafeínicas, altamente recomendada para adelantar largas jornadas pedagógicas y cuyo consumo parece presentar una correlación significativa y directamente proporcional al nivel académico de las personas. Con la anterior disertación espero, humildemente, haber desalojado las dudas concernientes al error conceptual que implica el designar lo que claramente se reconoce y determina como Tortáceo, Ponquésido o Pastelidos, como si se tratase de un manjar pudínico, que aunque delicioso, es menos firme que un flan. Foto, Nicolás Sastoque. Parte de la colección personal que será exhibida en los próximos meses.

Tenga personalidad #Ombe

Las Mujeres Solo Piensan En El Sexo Sexo: (del latín sexus) 1- Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. 2- Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo (masculino o femenino) 3- Placer venéreo o relativo a Venus.

Por Iván Patricio Debo reconocer que gran parte de la culpa la tenemos nosotros, los hombres, ya que a lo largo de nuestra adolescencia, dejamos el mando de las relaciones personales al instinto.

dad es otra. Para comenzar porque no estamos en la playa, ni existe tal caballo. Tampoco gozamos del sexappeal del señor Banderas ni de su chalet con vistas al mar. ¡Nada de eso! Es más, en el caso particular de este servidor, en lo que respecta a relaciones conyugales, ya está todo encarrilado o descarrilado, depende cómo se mire.

Seguramente la marcada prevención de las mujeres con respecto al sexo opuesto sea producto de años de acoso sexual por parte de hordas de jovencitos cuyos rostros afloraban su desorden hormonal en forma de acné. Quizás sea producto de siglos de discriminación sexista. No lo sé.

Así que respetuosamente me gustaría aclarar que el hecho de reconocer abiertamente, por ejemplo, la sensualidad de una cabellera, la calidez de una conversación amistosa o disfrutar de la belleza de los bien torneados cuádriceps de una nadadora, no implica que exista una segunda intención solapada.

El caso es que dicha prevención -¿O debo decir perversión?- se refleja en diversas situaciones cotidianas, especialmente cuando intentamos entablar una conversación con una mujer. Es entonces cuando inconscientemente se presenta en su interior de manera más o menos matizada la misma fantasía recurrente: Está ella en la playa cuando de repente aparece montado en un caballo negro, Antonio Banderas vestido de blanco, quien con una insinuante mirada le ofrece un paseo en su corcel para llevarla en brazos al chalet donde se consumará el inicio de un idílico romance. Pero muy a nuestro pesar, y el de ellas, la reali-

Por Daniel E. Aguilar R. Una de las cosas que más me atraen de vivir en Barranquilla es su deliciosa oferta gastronómica: Kibbes árabes, patacón con queso costeño, jugo de níspero, chicharrón de la 38 y, por supuesto, las infaltables carimañolas de un reconocido desayunadero local. Cabe anotar, sin embargo, que se trata de delicias que disfruto ahora que todavía no tengo problemas con los niveles de colesterol ni triglicéridos en la sangre, ni espero tener, pues me vería obligado a abandonar la arepa e´ huevo, la papa rellena y los suculentos deditos “churucuteadores” de la tiendecita.

Por Daniel Valencia Hablar sobre Messi y sus habilidades se ha convertido en una labor compleja. La pulga hace que los calificativos se agoten, convirtiéndose en redundancias. Él se las arregla para superarse cada vez que pisa el césped de un estadio, logrando que la capacidad de asombro no sea suficiente para describir lo que nuestros ojos aprecian, que hasta en ocasiones no dan crédito de lo que son testigos: la magia del rosarino. Simplemente es el mejor, pero de aquí nace un interrogante que viene en boca de quienes gustamos del deporte rey hace ya algunos meses, ¿Es Lionel Messi el mejor de la historia? La respuesta sería sí, únicamente si la historia del fútbol llevase 10 años de transcurrida, pero el 10 del Barcelona se tiene que someter a criterios, en muchos casos, subjetivos, de quienes vieron jugar y ganar a grandes como Di Stéfano, Cruijff, Púskas, Beckenbauer y sobretodo, Pelé y Maradona. Estos dos últimos son la piedra angular para las aspiraciones de “Lio” de consolidarse como el más grande futbolista de todos los tiempos. Las comparaciones, por el momento, llevan a una única conclusión: si Messi no levanta una copa del mundo, no puede estar a la altura de Pelé y Diego, los más grandes. Seguramente su calidad ya ha deslumbrado a muchos, que lo ponen en lo más alto, como es el caso del consagrado director técnico argentino Carlos Bianchi, quien afirmó: “Messi es el mejor jugador que vi en mi vida”, y para quién ser el mejor no pasa por los títulos. Pero Pelé y Maradona jugaban también de manera sensacional, ganando mundiales, entre otros muchos títulos. Pelé, el hombre de los mil goles, y Diego “el barrilete cósmico”, se alzaron con la copa del mundo de la FIFA siendo las estrellas de sus equipos, así que una buena forma de medir y compararlos, lastimosamente para Messi, es a través de los títulos obtenidos. Si tenemos en cuenta que Pelé logró marcar su gol mil a la edad de 28, eso quiere decir que Messi debería hacer 746 goles en cuatro años para alcanzar tal proeza del hasta ahora rey del fútbol. Muchos dirán que la liga en que jugaba Pelé era menos competitiva, pero su rendimiento era muy superlativo, igual que Messi en La Liga BBVA o si se quiere, Uefa Champions League (no todos logran anotar cinco goles en un sólo partido en fase de eliminación directa de UCL). Esto puede llevar a una conclusión práctica: son contextos distintos, y tanto Pelé, Diego o Messi, se enfrentaron a los mejores rivales de su época, saliendo victoriosos y manteniendo un gran nivel muy por encima de los demás. Messi por su parte, tiene la ventaja de haber sido galardonado con el Balón de Oro por tres veces consecutivas, y a sus 24 años de edad, su futuro es más que prometedor. Su gran reto es Brasil 2014, sin duda el que debe ser su mundial, ya que llegará con 26 años, y cumplirá 27 en el transcurso del certamen, sin duda su mejor momento de madurez. Probablemente Lionel no alcance la estratosférica cifra goleadora de Pelé, o llevar a Argentina a dos finales de mundial como Diego, pero si es capaz cuestionar el trono de ambos es debido a su enorme calidad, la cual seguramente lo llevará a seguir haciendo maravillas con él balón, y para las que se quedarán cortos los adjetivos. Sin duda el pequeño rosarino es el mejor de su época, sólo hay que disfrutarlo al máximo mientras dure su reinado.

Taxonomía gastronómica

Simplemente se trata de compartir una conversación en una tesitura diferente a la de los amigotes, dejarse llevar por el aroma de una melena bien cuidada o maravillarse de la belleza indiscutible de la anatomía femenina. Ni más ni menos. Es y debe ser entendido como eso. Sería bonito un mundo en el que un halago a una mujer, dejara de ser erróneamente interpretado como una propuesta erótico-romántica. Que dejara de una buena vez de ser visto desde una perspectiva sexista para ocupar el lugar que le corresponde: El de un simple reconocimiento a la magnificencia y encanto de la mujer.

Por Carolina Monsalvo Años atrás en nuestra adorada Barranquilla no era muy común ver o escuchar personas que les gustara un ritmo diferente a la salsa o el vallenato, sin embargo, me he dado cuenta que está de moda ser rockero, rasta, bohemio, indie, entre otras variaciones que aquí no puedo mencionar por aquello de la censura. Otra cosa que también está de moda es ser inteligente, quizás porque los nerds han escalado muchos puestos en la pirámide social, y ahora usar gafas de aumento es tener un sex appeal indescriptible, o porque The Big Bang Theory les ha enseñado que sí se puede conseguir novia siendo un come libro. Es aquí cuando nos preguntamos por qué vemos tantas personas uniformadas con el mismo jean, los mismos colores, zapatos, gafas, sombreros, la misma profesión (fotógrafos empíricos), peinados y lo peor, por qué los escuchas cantar fuertemente en cualquier lugar como para que todo el mundo sepa que se saben una canción que el otro desconoce; por qué se creen bateristas o guitarristas mientras van en los buses o por qué, como dice una amiga, ahora todos aman la troja e ir a la Berbetronik. Toda esta nueva onda es lo que llamamos ser un “Wanna Be”, personas que tienen la capacidad de adaptarse a todo y para todos en cualquier momento sin importarle los daños visuales o sonoros que producen sus cambios; es querer ser, actuar, hablar y pensar como otros. Sin embargo, no podemos decir que en algún momento de nuestras vidas no hemos sido wanna be de algo, quizás lo disimulaste más que los demás o tal vez no entras en las estadísticas y siempre has sido como eres. Pero entonces cómo diferenciamos a un “Wanna Be”?, simplemente ellos quieren hacerse notar, llamar tu atención, que notes el cambio, que veas que ahora sí están en la onda, que después de rumbear con tacones altos todos los fines de semana y odiar la champeta, ahora la bailan con los mismos tacones pero combinada con electrónica, que después de no tener ni idea qué era el foco ahora le sacas fotos hasta las hormigas de tu casa, entre muchos otros interminables ejemplos. Por el contrario, las personas que cambiaron porque se dieron cuentan que tenían otras opcionesn no mejores ni peores sino diferentes, y lo hicieron a conciencia, no les importa que los vean ni que todo el mundo se haga partícipe de su decisión. Si te sentiste identificado con la anterior descripción, mi consejo es el siguiente: Primero, ten personalidad #Ombe, se tú mismo, no sigas modas; si descubriste que te gusta el reggae no quiere decir que ahora eres Bob Marley ni el fan número uno de Cultura Profética. Segundo, no niegues tu pasado, todos hemos bailado reggaetón, vallenato, salsa, todos fuimos a minitecas cuando estábamos más pequeños, todos hemos rumbeado. Y por último, si vas a ser un “Wanna Be” procura escoger bien tu cambio porque en Facebook las cosas son para siempre.

Apreciados Lectores. En el año 2010, justo en el mes de Marzo, salió a la luz la primera edición del periódico El Mural, a una página, con cuatro textos escritos por profesores, con la intención de tomar el pelo a los estudiantes y de generar un debate saludable y ameno en torno a la vida universitaria. Tres años más tarde, El Mural cuenta con lectores de otras Universidades, ciudades e incluso otros países. Lectores que han hecho aportes de textos, fotografías y caricaturas para nuestra publicación. Tres años más tarde cuenta con un blog en wordpress y próximamente uno en la página de la Universidad del Norte. Ahora, para esta edición de Abril de 2012, queremos incluir una nueva faceta. Queremos introducir una sección de PODCASTS en nuestra página web (www.elmuralun.wordpress.com), de manera que si alguno de nuestros lectores siente inclinación por la radio y tiene la forma de grabar en audio sus columnas de opinión, noticias, crónicas, poesías o, por supuesto radionovelas, tales aportes serán muy bien recibidos. Asimismo, proponemos el plan El Mural Lector, en el cual, si alguno de ustedes tiene la disposición de regalarnos un poco de su tiempo libre y grabar en audio algunos de los textos que hemos publicado en ediciones pasadas de El Mural, será igualmente, muy bien recibido. Las inclusiones arriba propuestas corresponden a que El Mural, como cualquier otro medio escrito, se dio cuenta que como tal es muy limitado, pues hay una población que por una u otra razón no puede leer los textos que publicamos. Así que pensamos que sería una buena idea tener acceso a otros textos, así como también al contenido que irá impreso. Así pues, esperamos contar con su colaboración en este nuevo proyecto, porque un medio que no es incluyente, es un medio impedido. Cordialmente,

El Editor.


Un medio que no es incluyente es un medio impedido

¿Qué le pasa al campeón?

El Mural

Por Sergio Lalinde Con todo esto de la globalización hoy, como por decir un ejemplo casual, podemos encontrar hinchas más apasionados del Barcelona en Barranquilla que en la propia ciudad española. Y es que cualquiera se vuelve hincha de un equipo que ha ganado por tres años seguidos la liga, y que de la actual en la que se han disputado 27 partidos solo ha perdido dos. De esta manera podría decir que en Colombia resulta muy difícil seguir con pasión y fidelidad el fútbol local, la inestabilidad en tema técnico, deportivo y económico es el común denominador de los clubes colombianos. De ahí que la pregunta: ¿Qué le pasa al campeón? que se ha hecho gran parte del país durante los tres partidos de Copa Libertadores y siete de Liga Postobón, en donde se ha visto un oscuro panorama del Junior de Barranquilla no resulte ser una novedad en los oídos de los que hemos estado acostumbrados a la inestabilidad, que dicha en otras palabras habla de la falta de inversión en los equipos tanto a nivel monetario como en proceso. (en esto espero que tengamos claridad a lo que me refiero).

Una moneda.

El Águila

Por Eduar Barbosa

Por Daniela Yepes

Una moneda. Una moneda con rostro, con un árbol o con una bandera, un pedazo de mundo con destinos infinitos. Una moneda bajo tres (o seis) luces que imparten el ritmo a tantos cuerpos arropados o desnudos. Una moneda. Un pedazo de metal que compra los minutos.

Por situaciones como ésta es que un Junior Campeón escasamente hace tres meses, hoy se muestra desmotivado e inseguro y debatiéndose en el boca a boca de hinchas y periodistas: el grupo no es el mismo y no está unido. Lo peor es que el panorama se vuelve más desolador cuando uno se da cuenta de que la gente e incluso algunos jugadores, no ven más allá de la falta de gol de Luis Páez o de Luis Carlos Ruíz, o de las faltas que pitan o dejan de sancionar los árbitros. Mi pronóstico es que lo que le pasa al Campeón más reciente del fútbol colombiano no es algo nuevo, es una enfermedad que trae uno o dos semestres de malos resultados luego de quedar campeón, y que también ha contagiado a algunos campeones tiempo atrás y a otros, incluso, se los ha consumido. Ahí está América en la B, el Nacional de séptimo, Junior de onceavo y Once Caldas casi en la última posición de la tabla.

Banderilla Daniel E. Aguilar R. (El Jefe) Alberto Martínez (El Gurú) Gisela Arroyo (la Cuchilla) Nicolás Sastoque (El Fotólogo)

En fin, guardando las debidas proporciones, que más quisiera uno que el equipo de su ciudad tuviera la estabilidad de los grandes clubes de Europa como el Barcelona, Manchester United o Real Madrid que traen a su afición una felicidad cada fin de semana.

Raudo y muy sereno en las alturas vuela Majestuoso e imperturbable por los aires se desliza Con mirada inquisidora a su nueva presa hechiza Mientras que su compañera a su cría el sueño vela Con ímpetu la fuerza y la esbeltez despliega Siempre procurando alcanzar su meta Ni el tiempo, las montañas ni la brisa inquieta La firma decisión que en su alma impera El águila en Los Andes muy cerca a las estrellas Y aquí sobre la tierra auscultando el mundo Seguimos decididos sin cambiar el rumbo Haciendo de la vida una fiesta bella.

En este número participaron: Alejandra Romero Daniel Cueto María Ángel Orjuela Gisela Arroyo Sergio Lalinde Daniela Yepes

El dedito machuca´o El malgenio instantáneo que amarga la mañana y en la noche se olvida. Por Andie Páez El baño es sin duda un lugar donde muchas cosas pueden salir mal, una razón podría ser debido al apuro en que uno entra, porque son otras muchas razones las que nos hacen pasar por ese lugar de afán. Malo podría ser que se te quede la toalla, entonces te ves forzado a gritar por la puerta a ver si algún alma caritativa se manifiesta, o si definitivamente te tocó correr desnudo y mojado como para que exista la posibilidad de resbalarse por todo el lugar. Malo podría ser que se te olvide que el jabón se había acabado y tengas que salir a buscarlo o que no haya nada, igual con el shampoo. Pero hay una cosa que supera todo, "que se acabe el papel higiénico".

Eduar Barbosa Andrea Páez Raúl el Loco Daniel Aguilar Nicolás Sastoque Carolina Monsalvo Iván Patricio (Bogotá)

Me tienen arrecho con tanta juepuerca preguntadera, que qué color tiene mi bandera /que si yo soy godo o soy liberal Me tienen verraco con tanta juepuerca averiguadera, que si soy ELNo, EPLo /ó siquiera apoyo a las AUC o si soy de las FARC. Me tienen mamado con tanta juepuerca interrogadera, que si yo a la tropa le abro la cerca /y si le doy agua del manantial Yo soy hombre del campo o mejor dicho soy campesino, así que les ruego, suplico y pido /ya no más preguntas, no me jodan más. Yo soy campesino trabajador, pobre y muy honra`o, vivía muy alegre pero me tienen embejucao

La profe, los colores y la montaña Por Raúl el Loco

Campesino Embejucao de Ósca Gómez

Se llamaba Rosario y aunque a veces tenía una regla en la mano nunca nos pegó. No usaba jeans ni llegaba con un morral en su espalda, pero debajo de sus vestidos largos y anchos dejaba adivinar que existía un cuerpo. Recuerdo que era flaca y un poco desgarbada a sus treinta y tantos años, la mayoría de ellos al frente de un tablero con una tiza en la mano. Tal vez en ese tiempo pensaba que las profesoras deberían ser solteras pues sólo así podían enamorar a los niños. Me parecía por eso natural su soltería, intrínseca a su oficio. Recuerdo mucho los juegos pesados de mi madre y sus largas risotadas al insistirme en su fealdad, mientras yo, lloriqueando, corría detrás de ella intentando convencerla, con mis pequeños puños y manotadas, de que la profe era la mujer más hermosa del planeta. Mientras me decía “es fea” “es fea”, ella iba corriendo de espaldas por el zaguán, protegiéndose con sus manos de mis intentos, partiendo de la cocina y finalmente llegando al planchón de cemento del secado de café, que quedaba en todo el frente de la casa y dejaba a la vista ese horizonte verde y azul, muchas veces lleno de nubes y de lluvia. Ahora volvía a mí esa sensación. Sentado frente a la pantalla. La primera escena me evocaba el recorrido que hacía desde mi casa, a toda carrera por un pequeño camino, rodeado de matas de escoba, hacia la casa de don Arnulfo. Parece que hubiese sido exactamente esa locación. Al llegar, de manera intermitente, podía encontrar bien fuera un caballo atado a un palo de una cerca, o un novillo. Los niños se parecían a mí y a mis amigos en la finca, tal vez, en relación con el juego de fútbol, podría acercarme más a Poca Luz, pero por mi posición en el grupo, a lo mejor mi carácter era mucho más parecido al de Manuel. Curiosa coincidencia, que en esa época de mi vida todo el mundo me decía Manuel, pues ese era mi nombre de pila, antes de decidir llamarme Raúl, mi segundo nombre Al abrir el plano y mostrar el pequeño valle, evoqué de inmediato el paisaje de montañas verdes que se abría hacia el horizonte. No tuve un padre tan rudo como el suyo, el mío era más complejo, por algunos lados menos bueno, pero por otros más sensible, pero si una madre que como la suya muchas veces llevaba un dolor por dentro, aunque la mía finalmente fue tal vez más decidida que la suya. Tuve también hermanos menores que me despertaron sensaciones parecidas a la del suyo, y tengo también ese recuerdo de haber visto personas con armas bajo la ruana que rondaban por los alrededores de la finca. Es más, en alguno de mis sueños de niñez, tuve esa sensación desesperada y de completa vulnerabilidad de sentir a un helicóptero sobrevolando y revoloteando sobre el techo de la casa y bombardeando los alrededores. Sin embargo, aunque todas estas evocaciones de lo que fue mi infancia en un contexto rural fueron provocadas por escenas de la película Los Colores de la Montaña, las memorias y las vivencias no tenían muchas coincidencias

A esos personajes no siempre los odiábamos, creo que en principio no aparecían como seres misteriosamente malos de por sí, sino más bien como salvadores. Como quienes cuidaban las fincas en nuestras ausencias y como quienes no dejaban que se robaran nuestra vaca o nuestro caballo. Es más, a veces eran muy cercanos, inclusive en algunos momentos nos dejaban tocar sus armas o inclusive jugar con ellas descargadas, lo cual por supuesto era fascinante. Después vinieron los muertos y los desaparecidos, cada uno con su justificación. Como cuando mataron al papá de Durleidis, ese señor al que un día en un acto no sé si suicida, de estupidez o de valentía, le grité “suegro” y me correteó con un machete en la mano preguntándome a gritos que cómo un cojo como yo –que equivalía más o menos a un casi invidente como Poca Luz- que no estaba completamente apto para trabajar en el campo, y que más bien se la pasaba estudiando o leyendo, podría mantener a su hija. No lo mataron por sapo, ni por tener hijos que habían dicho que se iban para la Costa y que en lugar de eso se habían subido mucho más para el monte. Decían que lo mataron porque era cuatrero y se robaba las vacas de don Ignacio. Yo me fui de la finca antes de que llegara el segundo ejército, ese que, aunque tenía uniformes similares, no era el supuesto formalmente en nuestras mentes, ni en el seguro servicio militar obligatorio para todo campesino, sino el “real”, el que llegaba a “pacificar”. De eso sólo tengo algunos relatos vagos, como todos esos relatos sin memoria que construimos todos los días sobre la guerra, de quienes en ese entonces fueron niños y niñas y estudiaban conmigo en la escuela de la vereda. Si en esa vereda enclavada en la mitad de una montaña o del valle de una pequeña quebrada, en medio de las cordilleras andinas. Al igual que los hombres de armas debajo de la ruana no llegaron solos, ni tampoco obligaban a todo el mundo. Al igual que ellos, éstos llegaron también con muchas complicidades. Sí, porque los hombres de las armas debajo de la ruana hablaban de la lucha por la tierra, hablaban de justicia, hablaban de cosas comunes a lo que antes se decía en las reuniones de la Junta de Acción Comunal o la de la Asociación de Usuarios Campesinos, aunque nunca llegaron a ser ellos mismos. Este nuevo ejército llegó con la complicidad de don Ignacio, el dueño de la mitad de la vereda, el dueño de esas verdes montañas que adornaban el paisaje, que quedaban al frente y a los lados de la casa y que a veces eran tan hermosas que parecía que no tuvieran dueño. Era el papá de Hernán, el único que tenía un balón de cuero, que a su vez inflaba con la bomba de su bicicleta, una Monark Cross, pues tan sólo había dos bicicletas en toda la vereda. Le envidié la suya pero por fortuna me di los primeros totazos, que me causaron llagas en las piernas, en la Monareta de Durleidis. Hernán siempre llevaba ponqué Ramo con cajitas de La Lechera de merienda a la escuela y un día lo odié profundamente cuando sentado a mi lado en el pupitre que a veces

compartíamos, en la clase de dibujo, yo rompía la hoja de papel intentando sacar brillo en mi pintura, con mis colores Recreo, de cajita de cartón de seis unidades, con doble punta, mientras él, desplegaba con holgura los diferentes tonos que le daban sus Prismacolor, ordenados de manera sistemática en su empaque original de treinta y seis unidades, que se abría en tres cuerpos y que odiosamente invadía también la parte que me correspondía de mi pupitre. No sólo era dueño de las montañas, sino que también tenía las condiciones para dibujarlas y colorearlas de mejor manera. También eran amigos de otros señores de los alrededores de la finca a quienes sólo veíamos en sus camionetas y se detenían a los lados de la carretera y hablaban con las personas sin bajar completamente los vidrios de las puertas de las mismas y que en principio nos parecieron buenas personas porque tenían mucha plata y ayudaban a la gente. Sí, me acuerdo que compraban las bolsas de colombinas en la tienda de don Marcos, luego nos las tiraban por el piso para que jugáramos a competir por ellas entre nosotros, pero cuando ya nos habíamos dado suficientes trompadas y codazos, y estábamos a punto de matarnos entre nosotros mismos, nos decían que las repartiéramos por igual entre todo el grupo, inclusive que las compartiéramos con los que acaban de llegar de caminar jugando trompo por la carretera, de tal forma que a nadie le fuera a tocar más que a nadie. No solamente eran buenas personas, sino que además nos parecían justos. Si, eran buenas personas, cuando llegaron y vieron la tienda de don Marcos, con las paredes de bareque derruidas, y casi destechada, le regalaron no solamente láminas de Zinc, sino bolsas de cemento para que la arreglara. Querían tanto a don Marcos y a su tienda que decían que sentían que esa tienda era como si fuera de ellos Después vinieron otros muertos, que también tenían justificación, bien fuese porque apoyaban a los hombres de ruana, porque eran personas raras, es decir, mechudos, vagos, drogadictos, o bien porque tenían sus fincas al lado de la de don Ignacio y a él le daba miedo que allí vivieran los bandidos y por eso había que hacerlos ir. Un jueves me mandaron para el pueblo a seguir estudiando el bachillerato y después me fui a la capital a estudiar ingeniería química y después de eso poco iba a la finca. Por eso vi crecer a mis amigos de niñez en la distancia, tal vez me protegió la limitación de mi pierna pues luego vi como unos iban a “pagar” servicio militar y se quedaban allí como soldados profesionales, inclusive uno como francotirador, de cuyos logros se enorgullecía, otros que poco a poco se enrolaron con los hombres de armas bajo la ruana y otros más con el otro ejército. Inclusive, me acuerdo de los hermanos Cortés. Uno en el bando de los de ruana, el otro en el de los de la camioneta negra y un primo militar. Si, tal vez en algunos momentos tuve un fuerte odio por los

hombres de armas bajo la ruana. Cuando Hernán nos contaba que a veces ellos visitaban a su papá y a él lo hacían esconderse en el cuarto, cuando veía a Durleidi llorar por el papá, pero sobretodo por esos días en que al finalizar la clase mi profesora se quedaba conversando de manera coqueta con uno de ellos. Era más viejo, mucho mayor que ella. Era la forma como lo miraba, como se reía y como movía sus manos, con un dejo de nerviosismo, de entrega, de vulnerabilidad, mientras él la miraba con suficiencia. Tan distinta a la manera tan segura y sobrada con que me sonreía y de manera juguetona frotaba con sus manos mis cachetes en un acto casi que involuntario, mecánico, tal vez muchas veces pensado y después asimilado como estrategia pedagógica. Pensaba en la idea de armar un ejército con mis amigos, tal vez como el de los niños que perseguían a Osama Bin Laden, en el segmento de Egipto de la serie de cortos de distintos países sobre el once de septiembre, tal vez con armas de juguete construidas con palitos o ramitas secas, o en un caso extremo, con las escopetas de fisto que tenían nuestros padres, guardadas y en desuso, diría yo, de tal forma que los pudiera ahuyentar, no sé si de la vereda, pero al menos de al lado de mi profesora. Pero no fue necesario. Hablar con los hombres de armas bajo la ruana también era un pecado, peor era si se estaba mucho tiempo cerca de su entorno, tal vez podría fatal si se llegara amar a uno. No la volví a ver, tal vez se jubiló prematuramente por trabajar en “zona de orden público”, tal vez se fue con el hombre de la ruana, a lo mejor se fue buscando la ciudad o a lo mejor nunca se fue. No la lloré, ni pregunté por ella, tal vez la distancia que me dio ir a “la ciudad” hizo más fácil la ruptura. Nunca he pensado en preguntar por ella, pero a veces al recordarla sentía un profundo odio también por los hombres de la camioneta negra. Lo cierto es que a veces, cuando ha habido un amor tan grande, so pena de sentir un profundo dolor, es mejor no preguntar. Si alguien puede finalizar una película con un vallenato chillón que habla de los caminos de la vida, por qué no cerrar una historia con el recuerdo de una de las canciones que interpretaron Alicia Juarez y José Alfredo Jiménez, la cual a veces le escuchaba cantar a la profe en los ratos del recreo y que trae la añoranza de todos esos bellos recuerdos rurales, correr por caminos de escoba, jugar trompo por la carretera de regreso de la escuela, jugar con las armas de los hombres de ruana, montar en la monareta de Durleidi, pelearse a codazos por las colombinas que nos tiraban al piso los amigos de don Ignacio, pero sobretodo, ver a mi profesora ayudándome a empacar los cuadernos en el morral, sabiendo que antes de irme a casa me frotaría los cachetes con una sonrisa mecánica y con un gesto de suficiencia me daría un beso en uno de ellos. Al irme al pueblo, tomé distancia de la finca, luego al irme a la ciudad he tomado mucho más distancia de mi pueblo. Si, definitivamente “las distancias apartan las ciudades… las ciudades destruyen las costumbres”.

Mural 3.2  

Segundo número, tercer año de El Mural