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Oscar Wilde. Escritor y Novelista Irlandés.

El Mural

Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.

Órgano informativo de publicación quincenal

Banderilla Daniel E. Aguilar A.………….Editor Alberto Martínez M……………Gurú

Septiembre de 2010

I

Año 1, No. 9

Estética del abandono...

Kell Pozo……………………Ideóloga Alejandro Ángel……….Apoyo Moral Andrés Arias P……………….Hacker

En este número colaboraron Alejandro Ángel Manuel Dueñas Óscar Tobón Eduar Barbosa Charlie Cordero Luz Marylin Monroy Isaías Molina Andrea Páez Nicolás Sastoque Andrés Jaramillo Luis Manuel Gil Raúl y sus ficciones Daniel E . Aguilar R Kell Pozo Alberto Martínez M.

La mirada mediada de los Dios (o la costa no es macondo) Por Alejandro Ángel No hay duda, cada país es como la TV que produce y que ve. A veces los medios nos muestran titulares como estos: Engañó a su marido y al país con una inmensa barriga de trapo. A dos días de su muerte, se aparece el fantasma de Michael Jackson en Malambo, Atl. Le tenían que operar de la próstata y le cor-

Esta fotografía hace parte de un foto reportaje realizado por Carlos Cordero, estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Norte. En esta serie se refleja el centro de la ciudad, desde una perspectiva, no necesariamente turística, evidenciando las carencias que padece la ciudad. Carlos o Charlie, como se le conoce en los corredores de la universidad, hace parte del grupo I-Magine y pueden seguir sus trabajos en la siguiente dirección: http://imaginecaudiovisual.blogspot.com/

taron un testículo.

Profesora sentada en el sanitario con un portátil en las piernas

El otro día un amigo corresponsal de una cadena de TV nacional en la costa me decía que ellos tienen ―cuotas‖ semanales de noticias “macondianas‖. Que tan cierto sea este dato no lo sé, aunque la evidencia informativa me lleva a creer que sí que lo es. Si hay una idea que debe quedar clara de una vez por todas para los medios es que la costa caribe colombiana NO es macondo.

Por Alberto Martínez Monterrosa

Al parecer los medios nacionales de alguna manera se esfuerzan en potenciar una serie de preconceptos de cada una de las regiones del país. No es una lucha de regiones, es muy probable que lo que hacen con las noticias de la costa se repita cada día con las otras corresponsalías. Los medios de comunicación masivos son hace mucho, no cabe duda alguna, los espacios desde donde se genera la opinión global de cada sociedad. Su uso (y abuso) como proveedores de información ha logrado convertirlos en referentes obligados a la hora de establecer los procesos de auto representación de cada uno de los actores sociales. En este caso me refiero de manera global a los medios de comunicación y de manera específica a la televisión por ser el medio más influyente y mi principal área de interés. Los espectadores de un medio perciben la información que ellos emiten como verdadera y cierta. El gran problema no es que extraños personajes de la cotidianidad se les de por querer exigir fidelidad de su marido a costa de una barriga de ropa o ver el fantasma de un cantante que no pasó ni en vida por nuestro país, el problema es que los medios decidan darle a estas no-noticias el carácter noticioso que no tiene. Un factor importante para el desarrollo de los pueblos debería ser la posibilidad de tener unos medios de comunicación responsables que no se encarguen de potenciar estereotipos y que puedan revaluar los ya existentes. Los medios son dispositivos narrativos que se supone nos señalan ―cómo‖ es nuestro espacio social. El medio debe hacer esfuerzos para establecer cambios al interior de sí mismos, ponerse a tono con las necesidades de comunicación, de inclusión y de reconocimiento social de sus espectadores. Es más que obvio que la sociedad necesita medios responsables que tengan claro que lo que necesita el ciudadano es información y no clichés. Entonces la pregunta que queda en el aire es ¿de qué manera puede la misma sociedad crítica llamar al orden a los medios masivos de comunicación? PD. Y eso que no quise hablar de Chepe fortuna y demás parodias noveladas de nuestro ser y sentir Caribe… Que ahí si no me alcanza el espacio.

Apreciada profesora Kell: Gracias por confiarme su inquietud. Por costumbre nunca dejo a una mujer con una pregunta en la boca, así es que procedo a responderle, más como caballero que como experto. Cuando apareció la radio, todos pensaron que se acabaría la prensa de un chelín, que tocaba a la puerta cada mañana con las noticias apretujadas de sus páginas anchas y carbonadas. ¿Cómo no, si el aparecido transmitiría al instante las noticias que la prensa tardaba al menos 24 horas en comunicar? Pero la prensa se mantuvo, en tanto la radio se consolidaba. Luego vino la televisión con sus imágenes en movimiento y todo dijeron: ahora sí llegó el final de los periódicos, porque en aquella caja mágica que estaba todo el tiempo en casa, podían escuchar, ver y casi hasta tocar, las informaciones que los diarios presentaban de manera estática, trasnochada e impersonal. Pero la palabra impresa resistió el nuevo embate. Después llegó internet con sus ínfulas de instantaneidad, interactividad y ubicuidad, y el mismísimo Bill Gates, responsable de buena parte de todo aquello, alcanzó a decir que no estaba lejos el día en que todos cargáramos con el computador debajo del brazo, camino al sanitario, para satisfacer una necesidad de la razón a la par de la deyección. Pero en la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa de Cartagena, hace unos tres años, Gate confesó lo que fue también una explicación del fenómeno, en este y todos los tiempos: pura mierda –dijo, palabras más palabras menoslos medios de comunicación no son sustitutos de nada sino complemento. ¡Qué alivio! La lectura pausada en el borde del sanitario, tenía larga vida! Ahora usted, profesora Kell, me dice que no, que la dicha durará poco, que los periódicos se están acabando, que la información se está volviendo digital, y he sufrido un ataque de estreñimiento que ya lleva tres días. En parte, usted tiene razón. En parte. El año pasado los periódicos perdieron el 7,8% de las ventas, en el marco de una crisis que afecta por igual a The New York Times, El Clarín de Buenos Aires, El País de España y El Heraldo de Barranquilla. Le doy un dato más escalofriante: En Estados Unidos han cerrado ya 140 periódicos, que a su vez han dejado cesantes a unos 20.000 periodistas. La situación es aparentemente tan crítica, que la Asamblea de la Federación Europea de Periodistas realizada en abril de 2010 en Estambul, solicitó a la Unión Europea “considere subvencionar el periodismo como un bien público esencial para la democracia‖, pues lo que está en peligro, según dijo, no es un valor empresarial sino un patrimonio colectivo. Pero durante este tiempo, profesora Kell, hemos asistido a eventos que nos permiten hacer otra Mirada. Por ejemplo, la Prensa gratis, que empezó en 1940, en Estados Unidos, y se popularizó en la última década. Al amparo de este nuevo paradigma, el diario 20 minutos de España, se reparte gratuitamente a unos 2 millones de personas y el Metro, con ascendencia en 17 países, tiene una tirada de aproximadamente 5 millones de ejemplares. Ambas, estadísticas monumentales frente a la emergencia del periódico convencional. Durante la última década, por demás, la industria editorial ha crecido en países emergentes como India y China, lo cual equivale a decir que la crisis está más ligada a naciones donde hay saturación del mercado que a las de nuevos públicos y

mejores ingresos. Con 4.450 títulos, por ejemplo, es explicable que en Francia estén cerrando ya algunos periódicos. En Colombia, que ha sido catalogada como la ―estrella del sur‖, esto es, una nueva economía emergente, la Casa Editorial El Tiempo alcanzó el año pasado el mayor número de publicaciones de su historia, y otro periódico, El Espectador, después de haber librado una costosa batalla pública contra la corrupción y el narcotráfico, pasó de la condición de Semanario a Diario, en lo que ha sido catalogado como un milagro en tiempos de quiebra editorial. Y sólo le cito esos dos casos. Como ve, entonces, una cosa es la crisis de los periódicos de ciertas regiones y otra la del periodismo. Lo que está ocurriendo es un reacomodo de la prensa, como ha ocurrido cada vez que ha aparecido la amenaza de un medio que, antes de Gate, pensábamos como sustitutos. Estamos ante un cambio en el modelo de negocios de la prensa, no sólo por el negocio mismo sino por la calidad que ahora tiene el mercado. Nunca antes habíamos tenido lectores tan críticos y exigentes, que frente a la generosa oferta, no espera ya que le informen sino que se informa, obligando de paso a los periodistas, a ser más rigurosos. Pero no nos podemos equivocar. Lo que hay en internet no son lectores sino internautas, vale decir, gentes inmediatas, que no pagan por la información, no tienen tiempo para conocer un debate profundo, prefieren enterarse de la realidad a través de un titular o un párrafo y desarrollan una enfermedad compulsiva por opinar de todo y por todo, pues las opiniones de los demás importan poco. Tal vez por eso –y lo sabe muy bien la industria- Internet aún no es negocio: para sumar 20 dólares de ingreso en la red, se requiere la bicoca de 1.000 internauta, como mínimo. Tunuku Varadajan, editor de opinión de The Wall Street Journal, decía: ―La palabra idiota viene del griego idiotez, que quiere decir persona excesivamente introvertida, que no le presta atención a los asuntos públicos interesantes. En otras palabras, una persona que no lee periódicos". El, Varadajan, juega con razones para seguir leyendo el periódico. Evitan tener que conversar con alguien por la mañana al desayuno, son el primer borrador de la historia, actúan como espejos de la sociedad, reflejan la personalidad de sus lectores -"dime qué lees y te diré quién eres"-, son mucho más profundos que la televisión y la radio, y no hay necesidad de leer todo, uno selecciona -cada día- lo que más le llame la atención. Leerlos todos los días, según Varadajan, es como tomar una ducha todas las mañanas: una muestra de civilización. Y su precio –hablemos del bendito precio- oscila entre 25 centavos de dólar y un dólar, algo así como una cerveza, un pasaje de bus, o un rollo de papel higiénico (como para que le demos a cada hoja su lugar). Yo agregaría el motivo de Juan Gossaín, para quien el roce de las manos con el papel –el papel periódico- es una relación casi orgásmica. No, profesora. Lo que estamos viviendo son buenos tiempos para el periodismo. Para bien de la formación y de esa generación de lectores de baño, a la que creo, usted también pertenece. Pues no dudo que se vería muy sexy, con la cintura a medio descubrir y un computador portátil en las piernas, mientras confía el silencio de la lectura intima a esa hora sublime de la condición humana. Pero, en verdad, la prefiero en ese trance, rozando el periódico con sus manos. Lo digo, de nuevo, como gentil y no como erudito en las materias.

86 años de una pasión llamada junior Por Ósca Tobón El pasado 7 de agosto celebramos el cumpleaños número ochenta y seis de nuestro grandioso equipo rojiblanco, quien nos ha regalado seis títulos, los cuales hemos festejado a rabiar. El junior para nosotros los nacidos en esta tierra de playa brisa y mar, es más que un simple equipo de futbol, es un sentimiento, una pasión que se ha trasmitido de generación a generación, desde aquel 7 de agosto 1924 Todavía están frescas en mi memoria conversaciones que tuve siendo un niño con un tío de mi mamá, llamado Ramiro, quien cada vez que me veía llegar a donde él se encontrara me decía ―ya llegó la bruja Verón‖, yo le preguntaba quién era ese y él me decía muy en su estilo jocoso, ese man fue un zipote jugador, que con su zurda maravillosa nos dio el primer campeonato en el año 1977―Pelao, yo recuerdo que al aterrizar el avión, donde venía nuestro gran Verón con el resto del equipo, mis amigos y yo lo cargamos en hombro hasta el estadio Romelio Martínez‖.Por otra parte, recuerdo el primer título que a mí como hincha me tocó vivir. Tenía once años y estaba pegado al televisor con una camisa que me había regalado mi padre. Todavía se me eriza la piel, cuando a mi mente llega el recuerdo de aquella gloriosa tarde, en que mi amado equipo se coronó campeón, llegándome hasta las lagrimas: le ganamos al poderoso América de Cali, por un marcado de 3 a 2. Otro momento de grata recordación para nosotros los hinchas de esta amada divisa, fue cuando avanzamos a la semifinal de la copa libertadores de América de 1994, derrotando al encopetado Colocolo de Chile en su propio estadio y para más satisfacción nuestra aquella noche el equipo chileno se encontraba celebrando su cumpleaños. Para finalizar quisiera dejar plasmado en esta breve nota, que hasta el día que me muera seré juniorista y como dice una canción si junior juega en el cielo moriría por ir a verlo y no olviden que nuestro Junior es tu papá y al papá se le ama y se le respeta.


Gabriel García Márquez. Escritor y Novelista Colombiano.

Invierno.

El Mural

El periodismo es el mejor oficio del mundo

Encuentros y desencuentros de una ciudad des-encantada...

II Ficciones de Raúl La Sensación de Carolina Te buscaba allí, y tú siempre presente…

La montaña blanca, ésa, a la que el tren da la espalda, que ayuda a las miradas constantes a distinguir más blancos, espera cautelosa derretirse y sortear el camino entre los dedos de la tierra que apuñalan el cielo. En este tiempo la gente carga el peso de las piedras con que se tropieza, del odio que mancha la cara, en un cuerpo que es Nada comparado con el universo. Pero el corazón sí que es grande, al corazón que no existe, me refiero, porque le pertenece un amor

En insólito, por no decir grotesco e inaceptable, que viendo el esfuerzo que hace la ciudad y el centro por representar mejor a Barranquilla y sus habitantes, sea esta imagen lo que nos muestre el paisaje , ¿dónde esta nuestra cultura?, se supone que hay que avanzar, evolucionar. Para eso hay que comenzar por nosotros mismos y nuestra cultura y pertenencia por un centro que es nuestro, ¿SI NOSOTROS NO LO CUIDAMOS QUIÉN LO HARÁ?. Foto y Texto: Charlie Cordero.

que va más allá de la geografía, de los ríos, de las calles abarrotadas. Un amor que carece de paisajes y relojes, porque amamos desde antes

Estado de Conmoción… Acérquese con confianza

y hasta el infinito, el mismísimo infinito, que nos empuja lentamente hacia todos los blancos de la vida en todas las montañas detrás de nuestros trenes. Por Eduar Barbosa

Voy a buscar a los refugiados para acabar el rincón de la exclusión. Gritarle a mi abuelo . que voy a despercudir el sucio polvo de la rebelión Atenderemos a los mudos, nos escucharan los sordos Que a nadie le falte el sentido común.

Dile a mi papá, abuelo, que no me quedaré sentada con los brazos cruzados contemplando la deplorable crisis del desamor, el desprecio . por la diferencia, la oposición y la cordura irracional, el asedio Y sobre este respecto haré oposición a la oposición sin posición a la coalición. Seré mi voz, la cuerda que sostiene mi existencia

Romperemos el aire, libraremos el fuero, levantaremos el agua y seremos el elemento artificial . de esta cordura humana .

igual habrá tierra para repartir

Vamos desnudos, rompiendo. la marca de la calle de las modas Y el síndrome del fashionismo, .hasta ahora incurable, tendrá cura.

Abuelo tendremos más tiempo para mirarnos y hablar Dile a mi abuela que no desespere que habrá comida para todos el hambre no será sino un lujo de sentir

Pausa

Abuelo de Egipto nos quedaron sus plagas: Deambulan, vuelan, saltan, revientan, transitan Mira la piel de la historia dime si vez la cicatriz

Pero cuando me vaya a los hospitales, dile a mi madre

Por: Luz Marilyn Monroy Montaño

Miles de alboradas han pasado ya Alterando una a una, cada fibra El olor a café y a ese perfume de siempre

que se quede en casa que puede terminar de reposo

Confírmame que tus manos abuelo guardan la lucha de las mías

en la camilla más inútil

Y sin embargo, mis manos se parecen más a las de mi padre

Despediremos a los médicos y tomaremos de sorpresa la energía vital Y si reviento una granada…una granadilla es para destruir el imperio de la desigualdad

Levanté su tapa mientras me invadía una zozobra y se dibujaba una mirada de expectativa sobre mi rostro. Era como si de pronto un manto de olvido hubiese arropado mi memoria y de una manera traslúcida dejara escapar sólo sospechas sobre lo allí guardado. Certezas, era lo único que intuía. Levanté la mirada hacia el rincón y llegó entonces esa imagen del Boulevard y la sensación de Carolina. Si, fue un encuentro inesperado. Sus palabras sonaban como los gritos de las conversaciones de las noches de viernes de Troja, mientras bajábamos en medio del bullicio de la calle. Ella con su codo sobre mi hombro caminando por el bordillo central, mientras yo lo hacía por la plena calle. Ella jugueteaba con su pelo y sonreía. Los carros pasaban veloces junto a mí y gozábamos con la sensación no tan ficticia del peligro. Era casi un medio día de jueves con cara de domingo y con tráfico de lunes por la mañana. La vida es tan fácil así, sentía. Todo era de repente como mágico. Me miró mientras caminaba hacia ella, me esperó, me dio un pequeño beso, de esos besos que te rozan no sólo los labios sino ese límite delicioso de la sensación presencia ausencia, cercanía distancia, toque vacío. Así era ella, siempre jugaba con el deseo, tenía el tacto suficiente para saber la gama de intensidades necesarias en el toque de las manos, en la presión de su codo sobre mi hombro, en el roce de su pelo sobre mi cara, en el tiempo de su mirada sobre la mía y luego en el movimiento sutil de retirada, en la dejadez de su cuerpo sobre mí, en la insinuación de los besos y hasta en el gesto de esa risa que llega al instante mínimo necesario para convertirse en cómplice. Aunque no lo creas te estaba esperando - me dijo-, no sé por qué ya te adivino. No había habido cita, ni llamada, ni aviso. Me sentí desnudo, era como si sus palabras me devolvieran unos metros y unos segundos atrás y comenzara nuevamente a repetirse la escena del encuentro. Era como si su mirada, su sonrisa y su movimiento fuesen diluyendo mi camiseta, el viejo jean y poco a poco desapareciera la suela de mis tenis, de manera que sentía el calor del cemento del andén quemándome la planta de los pies. Justo en ese instante ya no tenía ruta. Ese paso firme y decidido de una hora atrás ya no existía. Había desechado la idea de un pulguero, había recorrido distintas calles, había preguntado en varias partes, había sacado algo de dinero del cajero, no recuerdo cuanto en este instante, pero sentía que era suficiente para comprar una certeza. Fue sólo mientras tomaba un Latte en Juan Valdez cuando supe del mercado de antigüedades del Boulevard. La foto estaba en un pequeño letrerito que anunciaba colecciones de remate. Fue como si al ver su imagen, esa esquina vacía de mi sala tomara forma en mi cabeza, podía ver ese viejo baúl allí, bien sobre el piso, sobre la pequeña mesita de mimbre o sobre el tapete hindú guardado y sin uso. Decidí tomar un taxi y llegar rápido, la venta se había iniciado hace tres días y a lo mejor esta preciada pieza ya no estaba. Amigo, ¿por cuánto hasta el mercadito del Boulevard? Son siete barritas. ¿Siete barritas? Eso es un tumbe. Usté verá… mire como está el tráfico… deje de ser tacaño…, no joda. Lo intenté con dos taxis o más, pero igual, la suerte estaba echada, aunque hacía calor fui bajando a pie, poco a poco, entre las esporádicas sombras de árboles dispersos a lo largo del andén. Pasaban muchas cosas por mi mente pero sólo volví a tomar conciencia de mí mismo al escuchar las rechiflas, los silbidos, los gritos y los improperios de la gente al verme caminar desnudo hacia el encuentro con ella, sintiendo un calor infinito abrazándome los pies. Pero esa sensación duró tan sólo un segundo, al instante desapareció y sin darme cuenta ya íbamos calle abajo pateando hojas y esquivando carros por el todo el centro del nuevo y de moda Boulevard.

Pero tu sangre va por dentro, lo sé. Solo que mi madre, tu hija, tiene tetas y yo también

Me recuerda que vivo

Aquellas pequeñas cosas que nos hacen únicos...

Texto: Kell Pozo / Montaje: Daniel Aguilar - Kell Pozo

Y aunque el tiempo es inquieto Ahí estás tú como si estuvieras en pausa Con tus inviernos en primavera

Mil horas, en el polo sur

Y el preámbulo se volvió sádico

Por: Isaías Molina Jácome

Acribillando sentidos Como la bruma del mar es a la arena Es mi espíritu al tuyo Pero mi piel por más que quiero no se encuentra bajo ley Encarcelada en la tuya.

El dedito machuca´o El malgenio instantáneo que amarga la mañana y en la noche se olvida. Por: Andrea B. Páez Oda al momento incómodo que sucede, no importa dónde o cuando. Estás hablando con X persona algo de cerca y en una explosiva carcajada o una bien marcada sílaba explota un spray imaginario de tu boca y pequeñas bombas de saliva vuelan lejos. Una solita aterriza en toda la pantalla del computador dejando una pequeña lupa colorida o, peor aún, en alguna parte del cuerpo de la X persona. Y esa solita tiene el poder para hacerte hervir en vergüenza. Por supuesto, la otra persona ha de reaccionar o ignorar el hecho de que le acaban de ―escupir una gota de baba‖, la cual cae casi que dejando un cráter psicológico y su existencia pareciera quemar. Bien puede ser la otra persona quien disperse su saliva y uno tenga la desgracia de observar la parábola desde esa boca hasta el cuerpo de uno. Luego, la estrategia es, disimuladamente, removerlo o hacer pasar pena a la persona y, con el mayor de los descaros, inclusive, pedirle que te limpie… o en realidad restregue la baba que a menos que la laves seguirá ahí todo el día… ahí contigo… todo el día… contigo……

Van tres inmigrantes chinos muertos, la mafia china está involucrada en los asesinatos, eso dicen los medios de comunicación en Buenos Aires. Los extorsionan pidiéndoles dinero para dejarlos trabajar tranquilos. La policía ni siquiera cuenta con traductores y la ley del silencio reina. Una mañana más en Buenos Aires. Con 4 grados de temperatura salgo a pescar un empleo, en el mar del mercado laboral argentino, estoy recién llegado a la ciudad y no conozco mucho, pero soy ambicioso. El tren subterráneo no llega hasta donde voy, debo tomar un ómnibus, a $1,10 centavos. Unos 600 pesos colombianos. ¿Por qué en Colombia el pasaje urbano vale el doble?, es complejo, otra discusión. Tengo que recordar no decir ―Coger el bus‖, sino ―Tomar el micro‖. Camino por Avenida Santa Fe y recuerdo que desde que vine hace más de un mes no he hecho otra cosa que esperar, mi hermano Fidel al llegar por primera vez a Bogotá me dijo que los excrementos de los perros estaban por todos lados. Aquí es igual. Salto los obstáculos y confío en que mantendré mis zapatos limpios. Una ola polar proveniente de la Patagonia recrudece el clima, eso deprime, pero ni modo, hay que ajustarse los guantes y caminar rápido entre la gente que te esquiva. De un momento a otro pierdo la orientación y me bajo donde no debo, la zona se llama Flores, un barrio bravo. Lo supe porque el taxista me hizo caer en cuenta, pero además me dio su versión de lo que estaba pasando con los orientales. Según él los chinos no eran extorsionados por la mafia china como decían los periodistas locales, sólo cobraban sus honorarios por traer a sus compatriotas hasta acá y ―ayudarles‖ con la logística del pequeño supermercado, del que todos ellos viven aquí. La tarifa son 50 mil dólares, a cambio de no morir. Le creo más al taxista, que a la prensa, es un anciano flaco y amable, le calculo unos 70 años; apenas me ve por el espejo retrovisor me pregunta mi nacionalidad y la ciudad donde nací. Luego, me habla de fútbol y me pregunta por el Junior. Canta la canción de

―Se va el Caimán, se va para Barranquilla‖. Se ríe y dice que los colombianos le parecen educados, porque vienen a estudiar y me aconseja tomar la próxima vez la Avenida Rivadavia. Lo prometo y pienso en el calor del Caribe colombiano y de inmediato en un jugo de tamarindo frío, uno de piña o de mora, en una arepa caliente con trocitos de queso. Pero abandono esos pensamientos, para pensar en uno mejor: un sancocho con papa, yuca, plátano, ahuyama y una costilla de res. Tal vez lo hago, porque en Colombia es hora de almorzar, lo triste para mí es que en el apartamento nadie cocina a la hora acostumbrada. Los buenos recuerdos gastronómicos, quedaron en el pasado reciente, porque la palabra piña no existe en este lugar, en su lugar hay otro sustantivo para nombrarla, se llama ―Ananá‖, es extraño, pero igual pasa con el tamarindo, que aquí es desconocido y la arepa, es imposible encontrarla aquí, pues el kilo de harina de maíz, en los supermercados no se consigue. Sin embargo, queda el consuelo de una yuca, llamada mandioca que se parece mucho a la nuestra, pero no es igual. Ahora vuelvo a mi realidad que es como salir de un estado hipnótico, desde hace más de 10 días, la vida trascurre en ―La Pensión de Pepe‖, en La Plata, la capital de la provincia, donde se ubica la universidad pública donde estudiaré mi doctorado, atrás quedó Palermo, el barrio de los ricos en Buenos Aires, donde llegué y aprendí que los pibes atracan y matan y la ley no los toca. La pensión es una casona grande con cocina comunal, ducha e inodoros colectivos, donde los platos se pierden y la calefacción a veces falla. Internet inalámbrico para mantener la conexión con el país que se dejó atrás y los capítulos de: ―El cartel, la guerra total‖, la serie de televisión colombiana que representa mafiosos de mentiras y que veo a través de la página web. Algunos de mis familiares, amigos y antiguos estudiantes se comunican, aprueban lo que escribo, me colocan videos musicales, me preguntan piden ayuda con cualquier cosa y hasta me dedican oraciones en facebook. Sigo educando desde aquí, me gusta eso. Pero aún sigo esperando a que comiencen mis clases doctorales, ese día se acabará la espera, las mil horas como cantan ―Los abuelos de la nada‖, ya sé porque Argentina era el único lugar para escribir esa canción.

Estas señales de transito sólo se ven en el centro de nuestra ciudad, es de esta iconicidad peculiar la que nos identifica, la que hace parte de nuestra cultura, de las que no nos podemos apenar, debemos estar orgullosos de nuestras costumbres y tradiciones y apropiarnos de estas. Foto Charlie Cordero.


El Mural

La prensa es la artillería de la libertad Hans Dietrich Genscher. Político Alemán.

III

Noxot (creyéndonos artistas, haciendo visible, lo que otros quieren ocultar)

Una confesión profesional Por Daniel E. Aguilar R. Entré a estudiar Comunicación

diendo la posibilidad de ver, en primera línea, como el

mia, que parece ser una labor más relajada y, hasta cierto

Social en el año 1993, con una

hombre es, en efecto, el lobo del hombre. El mayor enemi-

punto, sedentaria (que lo diga la panza que crece insisten-

idea en mente: quería ser reporte-

go de sí mismo. Quería corroborar con mis propios ojos las

te)…Le tengo miedo a las balas, pero también me di cuen-

ro de guerra. Desde el bachillera-

palabras de Walt Whitman, quien reclamaba: ―cuanto más

ta, desde la academia, que las ideas y las palabras son más

to tenía la imagen fija en mi cabe-

conozco al hombre, más quiero a mi perro‖.

poderosas, incluso destructivas.

Ahí había quedado mi oportunidad de recorrer el mundo

Sí, le tengo miedo a las balas y el mundo me da vueltas si

reportando historias de prohombres, hombres y aberracio-

veo un arma de fuego cerca de mí. Pero me enfrento a dia-

nes que parecen serlo. Ahí quedaba mi sueño políglota de

rio a un mundo mediático que dispara información de mo-

libretitas de apuntes y cicatrices apoyadas por historias de

do infame, sin ninguna ética, parapetado cobardemente

aventuras en lugares ignotos. Cargué con ello como un pe-

tras la ignorancia de millones de personas. Cada día asumo

sado lastre que me impedía ser profesionalmente feliz,

el reto Davidiano de enfrentarme al gigante Goliat. Cada

pues me sentía un cobarde.

día, cual Quijotes, los docentes nos enfrentamos a los mo-

za, de un Daniel ataviado con un chaleco color caqui, lleno de bolsillitos y cremalleras, atiborrado de rollos fotográficos, un casco azul, con el sello de prensa en el parietal izquierdo, una cámara Canon AE-1, recorriendo el mundo entero, y reportando cuanto conflicto se me pasara por el frente y teniendo exóticas amantes de Europa Oriental, pues la reportería de guerra resultaba tan emocionante como el espionaje a la James Bond. Sin embargo, a mitad de carrera hice el mayor descubrimiento de mi vida, así como también para desgracia de mi vida profesional: le tengo un miedo atroz a las armas de fuego. Está de más decir que un reportero de guerra que le tenga miedo a las armas de fuego no tiene nada que hacer en medio del fuego cruzado entre grupos rebeldes y ejércitos oficiales en alguna república africana, o cubriendo la invasión

Luego me di cuenta de lo peor: tampoco era bueno escribiendo reportajes de otro tipo, ni tenía el carisma ante las cámaras, lo que fue el puntillazo final a mis aspiraciones

deo del ejército ruso. Para mi desgracia, me estaba perdiendo la acción que el mundo me ofrecía. Me estaba per-

que no quiere ser defendida. Que prefiere seguir siendo la humilde Aldonza Lorenzo.

mass-mediáticas. Sin embargo, poco a poco me di cuenta

Cada día me levanto pensando, que como docente, no re-

de que ser periodista en este país era uno de los oficios

gistro las batallas como lo haría un reportero de guerra, si-

más peligrosos del mundo. Que ser periodista en Colombia

no que participo en ellas. Las lucho. No me siento un co-

significaba ponerle el pecho a las balas y, desgraciadamen-

barde, pues cada día libro una nueva pelea, gano un nuevo

te, el estómago al hambre, por cuanto es uno de los oficios

enemigo que aún no sabe que existo, recupero territorio y

peor pagados…excepto si eres una diva de noticiero de ca-

me enfrento a la ignorancia, la dejadez y la sin-

nal privado.

importancia que pareciera reinar en la vida de algunos es-

americana a Afganistán o Irak, mucho menos entrevistando a un independentista checheno en mitad de un bombar-

linos de viento, defendiendo a una Dulcinea del Toboso

Mi paso por el periodismo fue fugaz, pero placentero. Tuve la experiencia, la aproveché y luego, cual amor furtivo, nos dijimos adiós, sin mirar atrás. Me dediqué a la acade-

tudiantes. Cada día peleo y llego a casa, cansado, apaleado, victorioso y orgulloso, a donde me espera mi esposa con nombre de europea oriental.

Pero… ¿qué vende un comunicador? Por: Luis Manuel Gil Estimado(a) Lector. Ud. está a punto de leer un relato interactivo, una crítica a la mediocridad y un cumplido a un futuro colega. Llegué a la sofocante Barranquilla después de seis meses en la capital. Me encontré con un buen amigo ‗via facebook‘ y lo invité a conversar en la vida real. @cafeycassette , a quien ya conocen en El Mural, aceptó y nos encontramos en la Universidad para que las palabras fluyeran en torno a un tema de conversación que habíamos acordado: medios y periodismo digital. Compartimos links (en realidad todos vinieron de parte de él). Me alegró saber que alguien está interesado en este asunto, porque mientras estuve fuera eso fue precisamente lo que hice: trabajar en un monstruoso medio digital colombiano (léase eltiempo.com). Allí me encarreté con el asunto. La experiencia fue buena y siento que nadie me puede ‗echar vaina‘ al respecto, al menos no en la práctica... porque esto no es un asunto de teoría. Es más, los teóricos pueden enrollar todos los papers que tienen y… guardar todo el bla-bla-bla que seguramente guarda como su Biblia en la carpeta más remota de sus discos duros.

¡Señores esto se hace frente a un teclado!

ta esto como él lo hizo conmigo.

Pero siguiendo con la historia, le conté a @cafeycassette a qué me dedicaba por estos días. Él habló de su tesis y los planes para terminar su pregrado como Comunicador. Entre un link y otro, y como buenos comunicadores, comenzamos a ver con esa mirada crítica que compartimos los deplorables ejemplos del periodismo digital local.

Pero el ejemplo más deplorable es el de lalibertad.com.co Andrés abrió el home del periódico y me dijo: – Dime qué nota quieres leer. Señalando con el dedo le respondí: Esa. Él intentó hacerle click inútilmente tanto a foto y texto para ver el despliegue de la información. Nada pasó, excepto la risa que compartimos.

@elheraldocomco fue lo primero que nos vino a la mente con esos tweets fuera de foco e incomprensibles.

Me dijo: – Si van a hacer algo, pues que lo hagan bien. – Pero si el resultado va a ser así, mejor no hagan nada. Respondí.

Andrés leyó un titular y me dijo: – Mira esto ‘‗El mercader de la muerte‘ será extraditado a EU‘. Rebosando ironía le dije: – Claro! y todo el mundo sabe quién es el mercader de la muerte, ¿verdad? Seguramente es el mismo titular del impreso que también está idéntico en la Web. Y entonces la verdad estuvo a un click de distancia: http://tinyurl.com/22vqpmq Sí, son 140 caracteres, y la idea es que te devanes los sesos pensando en cómo decirlo todo de manera perfectamente comprensible y noticiosa. Y eso es solo respecto al twitter, ¿quieren más?… ‗vístanse de amarillo‘ con lo que dice Catalina RuizNavarro en su columna en elespectador.com. Cortesía de Andrés a quien estoy seguro no le importará que compar-

¿Curiosidad?: lalibertad.com.co Aclaro que no me creo más que nadie en estas lides, pero con @mezuba alguito aprendí y tengo claro que hacer periodismo digital no es tan fácil como parece. Se necesita habilidad y sobre todo asertividad. Conocer a los lectores, no menospreciarlos y mucho menos presumir que son nuestros para siempre. En internet el ‗zapping‘ está a la vuelta de un click. Al despedirnos Andrés me dijo: – Un médico vende salud; un ingeniero electrónico, algún aparato; pero… y un comunicador? La respuesta no es tan obvia como el ‗información‘ que le espeté mientras nos alejábamos. Todavía no puedo concretar lo que me ronda la mente. Si alguien me puede dar un par de buenas ideas se lo agradecería: @Luismagil

Misión Fusión Por Andy Jaramillo Mi amigo Eder y yo, un día nos levantamos con ganas de aventurarnos a viajar por el espacio. Con ayuda de su amiga Ángela Posada Swafford, pudimos robar una nave robotizada de última tecnología de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de los Estados Unidos de América. Al momento de robar la nave espacial, quedamos de por vida desterrados del planeta Tierra. Sin darnos cuenta que lo qué habíamos hecho era demasiado grave, estábamos muy contentos por haber burlado los límites de nuestros límites… comenzábamos una nueva vida alejados de la civilización humana. Un día en nuestra nave espacial llamada por nosotros mismos ―Brothers‖ nos informo de una estación de investigación llamada ―N.O.V.A‖ esta estación examinó nuestros cuerpos y cerebros desde su punto cardinal. <Sin duda esta especie es mucho más avanzada en tecnología y razonamiento que nosotros los humanos> Al ver que éramos los únicos humanos de su interés, arremetieron contra nosotros, hasta destruir nuestra nave espacial. Con suerte pudimos escapar antes de la explosión Sin saber donde nos encontrábamos, recuperamos nuestro conocimiento. Y sin pensarlo, nos asignaron al cuidado del equipo de investigación N.O.V.A (el mismo que nos atacó anteriormente) así que volvimos a encontrarnos en el interior de una nueva nave espacial, algo muy diferente pero extraordinaria. En mitad de la misión que nos habían encargado (exterminar a los humanos) un ser desconocido nos atacó. Más tarde nos enteramos que lo que nos había atacado era un organismo parasitario que habíamos llamado ―El fabulador‖. Totalmente ajenos a lo qué nos estaba sucediendo, decidimos volver a la estación. Después de qué el Fabulador invadiera nuestro sis-

tema nervioso central, perdimos el conocimiento y la nave se desvió hacia un cinturón de asteroides. El sistema automáticamente expulso la ―vaina‖ de escape y la estación N.O.V.A nos recogió. Nos llevaron al cuartel general de la Federación Galáctica (Los altos mandos de esta nueva y rara especie). Mientras, el Fabulador seguía multiplicándose en nuestro interior, corrompiendo distintas partes de nuestros trajes espaciales… se descubrió que los componentes orgánicos de nuestros trajes se habían integrado tanto en nuestros cuerpos que no podían quitárnoslos, pude escuchar o sentir a mi amigo Eder, diciéndome: ―fue todo un placer haberte conocido, my brother!‖ Mientras seguíamos inconscientes… Varias partes de nuestros trajes tuvieron que ser retiradas quirúrgicamente, alterando gravemente nuestro físico. Sin embargo el Fabulador estaba tan extendido por nuestro sistema nervioso central que no fue posible extirparlo. Llegaron a darnos por muertos… Pero alguien propuso emplear en nuestros cuerpos propiedades psicoactivas de la famosa bebida energética Red Bull… para crear una vacuna contra el Fabulador. La Federación había conservado un cultivo de la última cría de las nuevas propiedades del Red Bull, Prepararon la bebida y nos las inyectaron de inmediato. El parasito fue destruido por completo y al instante. Y en cuanto a nosotros, había llegado la hora de pasar página en nuestras vidas y comenzar un nuevo capítulo; algo diferente... Reflexionando sobre lo que nos pasó, nos dimos cuenta de que… tenemos un cerebro más funcional y avanzado que el de un ser humano, además nuestro sistema nervioso central responde más rápido a nuestras necesidades, y una de las características que nos sorprendió es que podemos, sin ningún problema, climatizarnos en cualquier clima y temperatura, de hecho llegamos a pensar que éramos iguales a esta especie... Pronto llegaremos a C15 (La Tierra) debemos preparar nuestra conflagración…

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Noxot ―creyéndonos artistas‖ es un proyecto que lo iniciaron Nicolás Sastoque y Felipe Amalfi, en la búsqueda de una fotografía diferente, rompiendo esquemas impuesto por la sociedad. La idea es hacer fotografía de moda con aquellos elementos que la sociedad considera feos, o de mal gusto, pero que ofrecen alternativas estéticas interesantes, pues resultan cercanas al observador. Es por eso que se habla de una fotografía diferente, que transgreda y a la vez que rompe esquemas, ofrece un discurso diferente en torno a qué es bello.

En Noxot se juega con las imágenes, como con un juego de palabras, creando el sentido que el espectador crea interpretar. ―La idea es hacer que la doble moral de la sociedad sepa que ahí está lo que siempre ha escondido… el único requisito que se exige es que te tienes que quitar una prenda‖. Pueden encontrar el trabajo de este grupo, conformado por Laura Casadiego (la que se emociona escribiendo), Andrés Arias (El Web Master y videógrafo) y Nicolás Sastoque (el que se cree fotógrqafo) en la siguiente dirección: http://noxot.blogspot.com/

Jazz sin apellidos Por Manuel Dueñas Hace algunos meses, el crítico Eliseo Cardona publicó una reseña sobre el concierto que el guitarrista Kike Mendoza (junto al contrabajista Juan Pablo Balcázar y al baterista Jorge Sepúlveda) ofreció en La Tea, un bar al norte de Bogotá. Al margen de la crítica más inmediata (que el trío tocaba un cancionero desabrido, monótono), había un cuestionamiento de fondo a las etiquetas. Y, en rigor, a la fragilidad de los gentilicios aplicados a la música. El argumento base de Cardona era sencillo: si las etiquetas (los gentilicios) no se pueden justificar, entonces se trata de ideas caprichosas. De coartadas ante un comentario crítico. Porque casi siempre es más fácil tapar la realidad. Cuando Luis Daniel Vega (un periodista vasto e imaginativo) escribió que el panorama del jazz en Colombia no era alentador, un músico le dijo que no convenía afirmar ese tipo de cosas. Que era malo para la escena. Que era mejor —y esto lo agrego yo pero lo pudo decir el músico— voltear la mirada. Pero no hay ninguna escena. Más que eso, se trata de gestos aislados. Valdría la pena admitirlo y, además, aproximarnos a una definición honesta: una escena sólo es viable cuando caben estilos, corrientes, maneras dispares. Cuando la idea de originalidad no es solamente asociable a uno de esos estilos (pongamos que hablo de tocar abierto) sino al arco completo. Cuando es posible reconocer esas diferencias. En ese sentido, vale la pena preguntarse por el ―jazz colombiano‖. La etiqueta podría referir-

se a una condición estrictamente geográfica. A una idea (errónea o no) de distinción. Hay — hasta ese punto— algún grado de validez. Los problemas empiezan cuando esa etiqueta pretende ser una definición. Porque las definiciones, al menos las buenas, son necesariamente inclusivas. Y el ―jazz colombiano‖ no lo es. El ejemplo más claro es Jazz Colombia, la compilación publicada hace dos años por el sello MTM. Que el disco sea apenas una muestra de grupos bogotanos (salvo la curiosa excepción de Puerto Candelaria, la banda de Medellín) es el síntoma de pensar las formas del género a partir de una sola estética. Aunque nadie podría negar la riqueza de ese sonido (disonante, denso, abierto), lo verdaderamente interesante sería reconocer otros caminos. Querer cerrar la historia a una línea homogénea es, además de poco razonable, aburrido. Pero la definición es aún más frágil por lo estrecho de sus límites. Cuando el venezolano Leonardo Blanco compone e interpreta una gaita (ese ritmo colombiano que es otra forma de nombrar el mestizaje), ¿hay ―jazz colombiano‖? En ese caso, ¿qué tan ―colombiano‖ es? La formidable versión que el cubano Elio Villafranca logra de ―Prende la vela‖, el clásico de Lucho Bermúdez, ¿es ―colombiana‖? ¿Es imaginable incluirla en una segunda complicación de ―jazz colombiano‖? Los problemas de esa definición reflejan la precariedad de una crítica que no ha estado a la altura de esos cruces. Si el jazz toma texturas particulares, habría que buscar una manera más honesta (y sin duda más rigurosa) para definirlo. Insistir en el ―jazz colombiano‖, mal que nos pese, es optar por la pobreza intelectual.

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El Mural No9