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“La televisión es una hija del cine que le ha salido disipada y de malas costumbres”. José Ramón Sender

ELEGÍA NADA - PRESS “No decimos la verdad pero tenemos la razón”. Agencia de noticias inoficiosas fundada por Gonzalo Arango. Sale corriendo una vez por mes. Originales sin recibir no serán devueltos. Brutos abstenerse de leer.

¿Sólo 2 minutos para la buena imagen del país? Por. Alex De la Paz ¡Creo que sí se pasan! no miden las consecuencias en absoluto. La mayoría de los medios de comunicación de Colombia ganan audiencia mediante la tragedia y el negativismo que venden. Sabes he tenido la fortuna de ver de cerca como se realiza el trabajo periodístico en importantes medios de comunicación del exterior y he notado que en Colombia estamos supremamente atrasados. No se trata del tipo de tecnología que empleamos para presentar las noticias, no, en eso -aunque no lo crean- andamos bien, a lo que me refiero es a que en naciones poderosas existen algunos códigos internos, son como acuerdos intangibles entre los medios y el gobierno. ¿Qué buscan estos acuerdos? No persiguen ocultar la verdad al público, buscan manejar adecuadamente la imagen de un país. Estoy hablando de algo simple: moderación, equilibrio informativo. Por ejemplo, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, etc. son grandes porqué el balance entre lo bueno y lo malo que se publica está notoriamente inclinado a lo positivo. La carga de noticias negativas generalmente proviene del exterior. Es raro encontrar noticias de crímenes menores en publicaciones diarias, en cambio en Colombia existen medios enteros dedicados a magnificar hechos trágicos y hasta podría ser posible que nuestros niveles de seguridad sean como los de ellos, pero la percepción de ésta no. Insisto estamos atrasados, aún no hemos podido entender cómo se debe manejar la imagen de un país. Me pongo en el lugar de un turista internacional al que se le ocurre ver algún noticiero de televisión nacional, sin dudarlo, al final de la emisión tendría las maletas listas. En fin, creo que el show mediático y el negocio en que se ha convertido informar, no debe anteponerse a la imagen de la sociedad colombiana. Deberíamos dejar de exportar malas noticias y mostrar todo lo bueno y diverso de nuestro hermoso país. Sin embargo, cambiar la imagen de una nación representada noticiosamente durante décadas por la violencia, no será posible,

Un aventurero surca en su parapente los cielos del Rodadero en Santa Marta. Este maravilloso instante lo captó el lente de María José Castro, estudiante de III de Comunicación Social y Periodismo.

mientras los medios sólo asignen 2 minutos de su emisión diaria a destacar lo que para mí es más visible: la bondad e ingenio del colombiano.

Yo no olvido a los culpables de mi secuestro. Por. Daniela Hormaechea Muchas son las historias de líderes políticos secuestrados, maltratados en las selvas de nuestro país, en medio de la barbarie del conflicto armado. Entre estas historias, está la de un hombre que dejó a su hijo en cautiverio mientras el salía a la libertad. Una libertad relativa porqué su espíritu se quedaba en las selvas con el menor de su descendencia. Orlando Rodríguez Saavedra más conocido como el “Cachaco" Rodríguez, luego de tantos años trata de dejar a un lado su trágica historia concentrándose en Dios y en su familia; lo que más le importa hoy. Para este ex líder político, el pasado es una fuerza que lo persigue y día a día le sigue recordando que estuvo secuestrado. Durante el presente año, Orlando Rodríguez se ha tenido que acercar en varias ocasiones a testificar contra antiguos mandatarios de la Costa Atlántica como Bernardo Hoyos Montoya “el cura

Hoyos” y Guillermo Hoengnisberg por el caso conocido como “El Vesubio” ocurrido en la alcaldía de Hoyos Montoya. Para Orlando, no es sólo fatigante asistir a las audiencias por su precario estado de salud, sino también porqué le recuerda el tiempo que pasó privado de su libertad, pero como afirma él “que todo valga la pena por encontrar a los culpables de que yo me alejara de mi familia durante tanto tiempo”. ¿A qué se dedica actualmente? Prácticamente no hago nada-Risas- sólo me levanto hago mis necesidades, me siento en el estudio a leer, ver noticias y ayudar a mi hijo Boris con su candidatura. Bueno y a veces salgo. Últimamente me ha tocado asistir a audiencias en contra del ¨cura hoyos¨ y Hoegnisberg, para testificar en contra de ellos. ¨Son los culpables que el ELN me secuestrara¨, añade. ¿Por qué usted afirma que el cura Hoyos y Hoegnisberg son los culpables de su secuestro?

Banderilla

Cuando Hoyos y Hoegnisberg empezaron a apoderarse de los dineros del estado, yo decidí acusarlos contra las autoridades correspondientes. Al cabo de un tiempo cuando fui secuestrado, por uno de mis captores me fui enterando el motivo por el cual fui raptado y encerrado. El me contó que mi secuestro era político, por mis acusaciones hacia Hoyos y Hoegnisberg. ¿Siente usted algún tipo de resentimiento hacia estos dos personajes? No los odio, pero si voy a ser todo lo posible para que paguen por sus delitos. Por mí que pasen todos los años posibles en prisión ¿No le da miedo que por confirmar sus acusaciones puedan secuestrar algún miembro de su familia o incluso a usted? Siendo sincero no creo que me pase nada, pero para mí es muy importante que ellos paguen por sus delitos.

En este número colaboraron

Alex De La Paz……Coord. General

Daniela Hormechea

Kell Pozo…………………..Editora

Óscar Tobón

Daniel Aguilar…………….Montaje

Eduar Barbosa

Asistentes de Edición Adriana Chica Diana Polo Sara Hernández

Daniel E . Aguilar R Alex De La Paz Luz Karime Santodomingo

Por el AMANSALOCO Todos morimos al detal. Morir al por mayor, es un accidente de trabajo por haber vivido. Y lo patético es que uno no lo va notando. Con el tumbao del tiempo todos vamos dejando partes de nosotros mismos a lo largo del camino. Cada una de esas pérdidas es como una pequeña muerte orgánica. ¿Dígame si no? ese montón de ADN mitocondrial que andamos regando por el mundo. Tomo, por ejemplo, el sudor dejado en el campo laboral o en el sexual, con su carga de espermatozoides. También los mocos y las lágrimas de algunas decepciones, tristezas o incluso alegrías. Y no dejen de contar las heces y las orinas que perdemos diariamente desde el nacimiento. Pérdidas constantes de masa orgánica, en las cuales casi ni pensamos. Y eso que no quiero contar otros obvios detrimentos patrimoniales, como son el cabello que se va en hebras entre las manos del cepillo; las masculinas barbas y bigotes que nos devora la máquina afeitadora o la barbera del peluquero; o las uñas que inquisidoramente nos extirpan con pinzas manicuras y pedicuras. Esas también son pérdidas de un organismo que va muriendo lentamente. Claro que no todo es material. También cuente usted las pequeñas muertes espirituales, mentales o recordatorias, que vamos sufriendo a través de la “maestra vida”. La memoria se va deshilachando, y a veces no sabemos si tal cosa ocurrió, si la imaginamos, la vimos en el cine o era algún embuste familiar. Perdemos la fe en causas nobles, o también injustas, y muchas veces vamos también perdiendo nuestras convicciones, en una especie de muertes (pérdidas) emocionales. El RIP definitivo ha estado sucediendo frente a nuestros ojos y no lo hemos visto. Hay incluso cosas de nuestro cercano entorno que desaparecen. Las extrañamos un tiempo y luego nos acostumbramos a su fallecimiento. Pueden ser desde amores, amigos o parientes hasta mascotas, pero también pueden ser simples objetos, esas cosas inanimadas que muchas veces nos dan vida. ¿Qué se hicieron esos viejos portacomidas cromados, de tres pisos para sopa, seco y carne? ¿O las viejas y señoronas neveras de General Electric? O para ir más lejos ¿están definitivamente muertas las neveras de madera con capas de aserrín y pedazos el hielo depositado, como grandes diamantes garciamarquianos? El bello Edificio Palma del antiguo Camellón Abello, que fue demolido por obra y desgracia del progreso, para que entrara por siempre al reino de las fotos y se muriera para el privilegio de los ojos, ¿no es una simbólica muerte urbanística? Y para qué hablar de Barranquilla, que poco a poco ha ido sucumbiendo en importancia… Una ciudad moribunda al detal en variados aspectos. Son tantas y tan diversas esas pequeñas, o grandes, defunciones que acontecen casi que cotidianamente, donde muchas veces han muerto hasta para el recuerdo, la rememoración o el esparcimiento. Alguien dijo que “Vivir es morir un poco”, seguramente no fueron Pacho Maturana ni Pambelé, pero tenía razón. Toda esta carreta viene por el amansaloco. Muchísimos de ustedes ni sabrán de qué se trata. Unos por su edad, otros por no ser de aquí y otros por culpa del Alzheimer. Quiero aclarar que el amansaloco no es, ni era, ninguna camisa de fuerza para tratar a los honorables orates. Ni más faltaba. Era una simple franelita de hilo, superfresca y bacana, manga tres cuartos y que venía en color beige, moradito y rosado. Aquel que le haya usado que tire la primera manga… Su historia comienza entre los jornaleros de las sabanas de Sucre y Bolívar, a quienes sus patrones, por ser baratas, se las daban como ropa de trabajo. Esos vaqueros o agricultores la llevaban diariamente como se lleva el sombrero, el machete, la mochila o el radio transistor, otra pieza extinguida o en vías de ello. A Barranquilla debió llegar, digo yo, en los años cincuenta y prontamente fue adoptada por los pobres. Se convirtió entonces en el uniforme de los botelleros en carretilla, otra especie extinguida, que cambiaban frascos por frutos, globos o monedas. También los vendedores de vísceras (mondongo, hígado, pajarilla, riñón, chinchurria, tiratira y jalajala, entre otras asaduras), la lucían desde lo alto de unos burritos en los que pregonaban sus intestinos a la venta. En los años sesenta fue como el uniforme de los hippies, esos caminantes mochileros, pelo largo y marihuaneros que le trajeron al mundo mucho amor y alguna paz. Todos teníamos una de cada color y las “madrestierra” (jovencitas hippies) comenzaron a bordarlas y colgarle arandelas y runrunes. Así viajó el amansaloco por los confines del país, como un emblema de la anarquía juvenil. También era usada como sudadera para los uniformes de béisbol. Si la memoria no me esquiva, creo que en el año 62 o 64, cuando Colombia quedó campeón mundial de béisbol en un sábado de carnaval, la sudadera de los campeones eran amansalocos. Manes de su cheveridad como franela. Igualmente la usó una que otra cumbiamba carnavalera, cuando no existía el Cumbiódromo. En los años setenta, en que el carnaval tuvo algunos declives, la gente decidió disfrazarse de hippie, poniéndose una balaca en la frente, un amansaloco con pantalones bocones (pata de elefante le decían los snobs), y los infaltables chocatos (mocasín de tela de los cumbiamberos) o calzar unas abarcas trespuntá. Inclusive el ingenio barranquillero salió al ruedo, haciéndole cortaditas y revueltas a los amansalocos, para volverlos una especie de ropa cinética. Ñerda, y no había jeva que no la usara coquetamente, para estar en la onda de esos años. Un mal día, cuando regresé de mi peregrinaje por otros países, descubrí que ya el amansaloco había pasado a mejor vida. De él sólo me queda el recuerdo icónico de algunas fotos en Salgar. Nunca más he podido ponerme uno, y malhaya que me hace falta. Jamás supe quien los producía, pero de todos modos, y como las brujas, de que existían, existían. Y si no me creen, pregunten. El amansaloco se murió. Kaput. Pero yo no descanso en paz. Por eso este Nada Press.

Nina Rave Valerie Betancourt

Irresponsablemente: Aníbal Tobón, al nivel del Bar de Salgar. 2011


“El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel.”. Federico Fellini

Porrista del Junior por un día. Crece pasión por el periodismo en la Uninorte Hacer un buen consejo de redacción es un ritual imprescindible en cualquier medio de comunicación. También es el escenario ideal en el que los periodistas debaten sobre cualquier situación interesante que pueda publicarse. En medio de novedosas propuestas, los periodistas de El punto, jóvenes estudiantes de Comunicación Social de la Uninorte se divierten trabajando en una de sus pasiones: el periodismo. Entre los integrantes del equipo de trabajo se encuentran veteranos miembros y nuevos periodistas. Un grupo de profesores sirve de guía para encausar las propuestas que surgen. La suma de esfuerzos se ha traducido en el dinamismo de las diferentes publicaciones que se desarrollan semestralmente. En la actualidad se realizan diversos proyectos, entre ellos figuran: un blog digital, un video podcast, clips de radio, un mural con versiones impresas y digitales. El tradicional impreso El Punto, se ha convertido en un referente cuyo nombre permea casi todas las iniciativas de medios del Programa de Comunicación Social y periodismo. Mientras las nuevas generaciones de periodistas uninorteños tengan historias que contar, las oficinas de El punto seguirán abiertas para la práctica. Si en algún momento se quieren desahogar, periodísticamente hablando, no duden en tocar nuestras puertas, siempre serán bienvenidos. Contacto: aldepaz123@gmail.com

Por. Nina Rave. Foto: Valerie Betancourt La multitud grita desenfrenada “junior tu papa…” y en el camerino el equipo de 20 chicas jóvenes con sus brillantes trajes de lentejuelas, están tomadas de las manos sumergidas en una corta oración al divino niño que las aleja del bullicio. Todas, con las manos apretadas y frías se unen en un gran círculo mientras su líder Milena Mariano finaliza con un “a ganar mi junior”. Cuando sus manos se sueltan parece que sus almas se unen al frenesí de la muchedumbre que no cesa de aclamar. Sin haber subido el primer escalón para salir al campo de juego y hacer la presentación que con empeño preparan cada semana, las ansias se apoderan de cada una de ellas; Al fondo alguien grita “pompones arriba y no olviden sonreír” mientras afuera el presentador anuncia la salida a la cancha de las porristas del junior “las mas divinas, entusiastas y alegres jóvenes“. De inmediato suena la reconocida pista, y la mente enseguida se ponen en contacto con el ritmo de la música. Cada paso, cada movimiento es impecable, perfecto. Los espectadores enloquecen aun más y pareciera que la sangre que corre por sus venas se hinchara al ver el espectáculo. Los nervios definitivamente pasan en el primer segundo pero sin esa adrenalina que empieza a correr minutos antes no valdría la pena hacerlo. Cuando lo más difícil acaba (esos primeros segundos en el campo de juego) se coge confianza con el público que las recibe bien, y se disfruta cada minuto de las ocho coreografías que han preparado y que se presentan a lo largo del partido. Después, entran las verdaderas estrellas del encuentro, en una calle de honor formada por las talentosas animadoras para darles paso a los jugadores. La euforia pasa a ser para ellos, pero en su interior cada po-

rrista vibra como uno más en las tribunas cuando ven pasar enfrente a sus ídolos, porque no hay una sola que no sienta verdadera pasión por el equipo y que no tenga un jugador preferido. Son las más fervientes hinchas del rojiblanco. Desde la banca siguen dando ánimos al equipo, se concentran en el juego y se molestan cuando algún jugador pierde un buen pase pero, cuando llega el momento del esperado gol y el equipo anota, la felicidad y la emoción se llevan al límite. Un gran salto las pone en pie y muestran su pase ganador. No son las estrellas de la cancha como en un principio y aunque no sean a las que observen, como las más profesionales siguen su actuación. Cuando junior gana esa agitación se extiende hasta el final del trajinado día, pero cuando no es así una profunda tristeza queda y la decepción de haberse esforzado y no haber podido ayudar a alcanzar el objetivo las agobia. Pero su entrega al equipo sigue siendo total y no acaba.

Por. Oscar Tobón Bajo una pertinaz llovizna montado sobre su fiel caballito de acero, cual caballero de la mesa redonda, llevando como armadura una capa para protegerse de la lluvia y como únicos elementos un bolillo de madera, para cumplir la tarea de proteger al barrio que le fue asignado, y un inseparable silbato que suena para anunciar que su recorrido ha terminado.Don Jaime González Arango, oriundo de Uramita, Antioquia, hace su aparición en la penumbra de la noche y a su paso saluda a los vecinos del sector.-

Pie de foto: La agenda de nuestros periodistas siempre está al tope, por eso algunos de los miembros de El Punto no aparecen en la foto. Aunque no podemos dejar de mencionarlos a todos: Sara Hernández, Adriana Chica, Camila Mugno, Ema Maldonado, Diana Polo, María Fernanda Barrios, Camilo Fernández y los profesores Alberto Martínez, Martha Milena Barrios, Kell Pozo, Mabel Gasca, Carlos Arcila, Daniel Aguilar, Juan Carlos Antequera y Alex De La Paz.

Milena describe esa ardiente pasión como el motor que las impulsa a ensayar y practicar tres días a la semana coreografías diferentes para animar a su equipo mostrando algo fresco e innovador en cada presentación y piensa que lo que hace es amor puro al arte. Para ella ser porrista del junior no significa una paga mensual o pertenecer a una nomina, es sentir amor por el baile, tener disciplina y talento. Es poder dar rienda suelta a su creatividad a la hora de crear nuevos pasos de baile y compartir con las otras 19 integrantes como en una hermandad. Y aunque cada una se dedica a actividades diferentes a las de ser animadora todas comparten el mismo gusto por querer resplandecer en la cancha por “los tiburones” de barranquilla aunque no sea marcando goles.

Al despojarse de su capa me permite ver una figura menuda, con un rostro de viejo bonachón que sería incapaz de hacerle daño a nadie. Es ahí, justo en ese momento cuando le pregunto si puedo acompañarlo su recorrido. Le pregunto cómo se inició en este oficio, me dice que eso fue por allá en el año 60, cuando un hermano suyo le dijo que se entrara a trabajar en esto. También me dice, secándose un poco las gotas de lluvia que han caído sobre su rostro marcado por el paso del tiempo, que este oficio es para su familia una tradición, pues otros hermanos suyos se dedican a lo mismo. En ese momento, don Jaime se baja de su bicicleta, toma un poco de aire y me sigue contando que gracias a este empleo ha conocido varias ciudades del país y ha podido cumplir uno de sus más grandes sueños: ver a uno de sus hijos cursando la carrera de derecho. Veo en su rostro una

Después de esto retomé mi camino con don Jaime y llegamos al punto de partida, me quede ahí mientras él hacía sonar su silbato cual barco en altamar se despide de un puerto.

Me tomo el atrevimiento de destapar las cartas y poner el tema sobre la mesa, quizás tomando la vocería de muchos de nuestros lectores, quienes deben afrontar profesores de los que se quejan constantemente, pero no se atreven a decir nada para evitar represalias. La docencia no puede ser un ejercicio dictatorial e impositivo, en el cuál el presunto educador se toma la suprema atribución de jugar intelectual y emocionalmente con sus estudiantes.

¿Qué carencias se esconden detrás de los docentes cuyo trabajo consiste en dejar exposiciones todo el semestre, sin ofrecer ningún tipo de guía o acompañamiento? ¿Qué hay detrás de docentes a quienes su falta de dedicación resulta evidente a los ojos de estudiantes que les ven improvisar sinsentidos? ¿Qué miedo asalta al docente que ejecuta su rol como un destructor de autoestimas? Por último, ¿qué sentido tienen aquellos trabajos cuya única finalidad no es otra que hacer perder tiempo y esfuerzos valiosos que podrían ser utilizados en tareas realmente pertinentes para el proceso de formación? Propongo de forma escueta, para evitar interpretaciones, que si vamos a ser parte del proceso de educación de personas, entonces lo hagamos bien, o no lo hagamos.

Llevo poco más de 13 años y desde entonces, cada lunes me despierto temprano, maldiciendo aquel lejano día de 1997 en que decidí probarme y aceptar una cátedra. Maldición que se diluye con el primer café de la mañana y la primera voz que se dirige a mí en tono ciertamente tierno, diciendo: profe…no entiendo. Por fortuna somos más los que tomamos de la misma taza.

Al preguntarle que si con su sola presencia los amigos de lo ajeno dejan de frecuentar el sector cuidado por él; Don Jaime me responde un rotundo si con una mueca indescifrable para mí.

Sigo inquiriendo, cual fiscal en un juicio, y le lanzo una última pregunta: ¿le teme a la muerte? Ceremoniosamente descubre su cabeza y comienza a rascarla. Me dice que no le tiene miedo a la muerte pues ya estuvo casi muerto cuando fue miembro del ejército, a causa de un rayo lo llevó a la inconsciencia por varios días.

Estaba recién graduado de Comunicación Social de la Universidad Externado y mi experiencia docente se limitaba a algunos encuentros como monitor de la clase de semiótica. Aún así, decidí tomar el reto y afrontarlo con valentía… o ¿estupidez? Desde entonces han sido poco más de 13 años los que llevo como docente. Trece años de clases, quices, exámenes, exposiciones insufribles, textos mal redactados, parafraseados, copiados o plagiados desvergonzadamente; argumentaciones, discusiones, debates, peleas. Más de 13 años de asesorías, preguntas, respuestas, incógnitas irresolutas, quejas, cartas de apoyo, reclamos, peticiones, declaraciones juramentadas, juramentos declaratorios, amenazas. Pero sobre todo, son trece años de historias humanas.

No quiero decir con lo anterior que estos docentes no sean buenos profesionales. De ninguna manera. Pero probablemente, no cuenten con las habilidades sociales y comunicacionales para compartir un salón de clases con jóvenes que, mal que bien, vienen a descubrir el mundo desde la burbuja universitaria y para quienes nos convertimos en referentes de su vida profesional. Me pregunto pues, ¿en qué medida la mediocridad señalada en muchos estudiantes no es más que el producto o reflejo de la mediocridad de los docentes que han tenido anteriormente?

Don Jaime entonces retoma su recorrido y yo lo vuelvo a interrogar acerca de algo que siempre me ha inquietado de estos personajes invisibles de nuestra sociedad: su agotador horario de trabajo, me dice “mire joven mi horario es de 8 de la noche a 6 de la mañana, pero no tengo ningún problema, pues yo duermo en el día hasta la una de la tarde, y le doy duro al café en la noche para no dormirme.

Cuando inicio la conversación con este extraño sujeto preguntándole acerca de que si se siente solo en las largas noches de desvelo, él con su recia voz me contesta que es cristiano le acompaña el de arriba, me dice además que le gusta más la noche porque es más rápida que el día.

Recuerdo vívidamente aquel primer día de clase como catedrático en la facultad de publicidad de la Universidad Central en Bogotá. Han pasado poco más de trece años y aún recuerdo el olor húmedo de aquel día lluvioso de agosto. El decano, en persona, tuvo que presentarme ante mis estudiantes, para que no pensaran que aquel espécimen, entonces imberbe, de tenis rojos y gafas de lentes azules, era una broma de estudiantes en semestres más avanzados.

Hemos visto en los medios de comunicación cómo se han incrementado en los últimos años los casos de matoneo o bullying, en Colombia, en los que niños o jóvenes acosan física, verbal y psicológicamente a sus pares, haciéndoles vivir bajo un estado de terror. Sin embargo, no se habla a viva voz del acoso a que son sometidos algunos estudiantes por parte de sus profesores. Casos en los que se aprovechan del status que brinda el trabajo en la academia para someter a los jóvenes a un estado de presión y miedo. Porque hay una diferencia enorme entre exigencia académica y tiranía.

enorme satisfacción, levanta sus brazos como aquel triunfador que ha llegado a la meta.

Finalizando su recorrido el caminante de la noche se encuentra con un colega que más bien parece un jugador de béisbol de las grandes ligas con cara de pocos amigos. Se saludan muy afectuosamente y logro arrancarle unas pocas respuestas sobre su tarea.

Por. Daniel Aguilar

Quizás no sea el mejor maestro del mundo y probablemente en unos años, muchos de mis ahora estudiantes no recuerden mi nombre. Pero tengo algo en claro: estoy en una universidad y tanto la institución como yo nos debemos a ellos. Quizás estas líneas tendrán el sabor amargo de una diatriba contra algunos de mis colegas de todos los departamentos y divisiones, quienes a pesar de sus credenciales, tratan a los estudiantes con actitud impositiva, arrogante e intransigente, minando los esfuerzos, ya vejados, de los educandos.

NO SE PIERDA El Caminante de la Noche

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5 T.V.


“Ser director de cine en España es como ser torero en Japón”. Pedro Almodóvar

EDITORIAL: De-Perfeccionismos urbanos

India: Una Madre Muy Particular Por. Luz Karime Santodomingo Orozco

Regresar a Colombia ha sido más difícil que irme, que aterrizar en India. Sí, no es fácil llegar a India y encontrarte con todos sus rostros, sus incoherencias y sus manías; pero dejarla, salir de ese país que te acoge como un hijo o hija, se me hizo más difícil que salir de casa. India, ese país de colores, de contrastes, magia, caos, encanto, es para mí una madre. Después de seis meses recorriendo sus paisajes creo que India puede ser una madre que arrulla, reprende, enseña, ama, dialoga y a veces grita (o en su gran mayoría), pero sólo para aquellos que deciden ser sus hijos o hijas, para quienes abren su mente y aceptan el reto de entrar en shock con cada experiencia y aprender de todo lo que una madre tan particular como ella puede ofrecer. En India no hay papel higiénico Llegar a ese país me abrió puertas a mundos que creía sólo existían en las películas y en el imaginario de la gente de Occidente. Ese mundo de baile y canto de Bollywood, de Sarees y Kurtas, de telas de mil colores y dioses de cien rostros, el país donde se come con la mano y no hay papel higiénico, donde todos huelen mal y no se come nada que venga de la vaca porque es sagrada, el país con la pobreza más grande… Sí, esas y otras cosas más son las que uno escucha cuando se menciona a la India, sobre todo si dices que vas para allá, que vivirás con ellos y aprenderás sus costumbres; la gente te responde que estás loca y que la pasarás muy mal por todo eso del papel higiénico, la vaca sagrada y los olores. Sí, eso es lo que se dice en este lado del mundo sobre India y mucha gente tiene miedo de ir, o más bien de darse cuenta con sus propios ojos, oídos, olfato, gusto, que las cosas no son siempre como las pintan. Yo me fui creyendo muchas de estas cosas, sobretodo la parte de la vaca. Iba preparada para no comer queso, ni mantequilla ni nada que proviniera de la vaca, su animal sagrado. Así que al llegar, en la casa donde me hospedé los primeros días, una casa de una familia Hindú, me ofrecieron leche y yo en mi ignorancia no la acepté porque no sabía de qué animal había salido esa leche, además que me la habían ofrecido de una olla, así que no tenía ni idea si la habían comprado o la habían ordeñado de algún animal que tenían escondido, ni siquiera fui capaz de preguntar en ese momento. Pero días después me explicaron que la vaca, para los Hindúes (que no es lo mismo ser Indio que ser Hindú porque ser Indio es haber nacido en India lo que implica que puedes ser de cualquier religión, y ser hindú es pertenecer a la religión del Hinduismo) la vaca es sagrada porqué precisamente les ofrece toda clase de alimentos además de que su estiércol es muy útil como abono y para prender fuego, y que por eso no la matan para comerse la carne. Entonces entendí y supe que la leche sí era de vaca. Otra de las cosas que cree la gente que va a India es que es un país que nos va a sanar, que nuestros males en el alma se irán, que nuestra espiritualidad va a crecer inmediatamente y terminaremos levitando, pero la sanación de nuestro ser, de nuestros problemas, necesita muchos más que eso. Sí es cierto que la madre India puede ayudar, pero no es cuestión de llegar y volverse santo o santa, es un camino largo y doloroso, pero en el cual ese país incomprensible tiene mucho que ver, o por lo menos en mi sanación y crecimiento. Porqué India me ha ayudado a entenderme, a acercarme más a mí y conocerme, me ha abierto la mente y me ha mostrado los rostros de la felicidad, el desespero, el coraje, la paciencia y las ganas de vivir. India ha sido una maestra, un lugar al que volvería sin pensarlo dos veces. Y por cierto, en India sí hay papel higiénico. ¿Pobreza = inseguridad? India me enseñó a amar las religiones. Antes de mi viaje sentía un cierto desprecio por las religiones y su manera de manipular a la población. Pero India despertó en mí un interés por aprender y conocer más a las religiones que hay en el mundo, y me he dado cuenta que para entender a una sociedad y el comportamiento de su gente es necesario conocer su religión, sus creencias y sus costumbres. En mi viaje pude darme cuenta que la pobreza y los países en desarrollo poseen el mismo rostro, pero también que un país pobre no es igual a un país peligroso, violento o delincuente. En Colombia creemos que la excusa por la cual nuestro país es inseguro es por la pobreza, pero India me enseñó que no. Con 1.160 millones de habitantes aproximadamente y una pobreza que se encuentra en todas partes, India es un país en el que no hay que salir a la calle preocupado porque te puedan atracar, meterse en tu casa o presenciar un robo a mano armada; claro está siempre hay que mantener cierto tipo de cuidados. En india puedes vivir entre la pobreza sin preocupación, porque la gente nunca intentará quitarte tus pertenencias a la fuerza. Y es que donde yo viví por casi 5 meses había un slum (tugurio, invasión, caserío) a la vuelta de la esquina y la puerta

Se viene de nuevo el período de las elecciones y el invierno. Vaya uno a saber quiénes serán los nuevos administradores públicos elegidos para este “urban village” barranquillero, ni tampoco sabemos si en otro municipio del Atlántico tendremos un nuevo boquete. Eso sin mencionar los niveles de contaminación que produce el drenaje de las aguas estancadas.

de mi apartamento, donde vivía con una pareja de Indios y varios extranjeros, permanecía sin seguro, además podíamos caminar a cualquier hora sin miedo a ser atracados o a ser violentados de alguna forma. Hubo noches, cuando iba al mercado, que miraba la calle y me hacía recordar calles de mi país, calles peligrosas donde nunca hubiera sido capaz de caminar a esa hora y en esas condiciones. Creo que gran parte de esa situación tiene que ver con sus religiones, con el Hinduismo y sus dioses y diosas, la creencia en el Karma, en la reencarnación. Creo que sus creencias religiosas tienen mucho que ver con ese respeto a los demás y el aceptar lo que les ha tocado vivir en esta vida. Es por esto que creo que las religiones son la base fundamental del comportamiento de una sociedad, y es India quien me ha enseñado esto, quien me lo ha mostrado. “El arte del regateo” “Incredible India” es el mejor lema que puede describir todo lo que pasa en ese país. Todo el tiempo se tiene experiencias que te llevan al límite, donde te das cuenta de qué estás hecho realmente y de qué eres capaz. Desde usar un baño hasta tratar de comunicarte con alguien que no habla inglés son experiencias, aprendes de ti y de esas personas que te rodean, mujeres llenas de colores y hombres que parece que se hubieran quedado congelados en los años setenta. Todo se convierte en una experiencia única, desde caminar por las calles hasta regatear por cada una de las cosas por las que debes pagar. Y hablando de esto último puedo decir que de las cosas que me enseñó India es que el regateo es todo un arte. No todo el mundo lo entiende, no todos tienen el “don” para saber jugar y disfrutarlo mientras lo hacen. Yo, lo amo. En Colombia se ve mucho el regateo, pero no tanto como en India. Allá tienes que llegar sabiendo que cuando sales a comprar nunca te van a dar el precio real y mucho menos si saben que eres extranjero. De entrada te dan un precio mucho más alto porque en sus costumbres está el que el comprador va a empezar a pedir un precio mucho más bajo, casi siempre por debajo de la mitad, incluso más bajo de lo que él o ella sabe que vale, y esto porque la idea siempre es llegar a un punto medio donde los dos, tanto el vendedor(a) como comprador(a), salgan ganando. Yo me divertía mucho cuando salía a comprar y más porque logré aprender los números y precios en Hindi (además de muchas otras cosas), así que podía pelear el precio en su idioma y a ellos les parecía muy divertido y asombroso que alguien que no es de India supiera cómo jugar. Creo que después de esa experiencia no podría vivir por mucho tiempo en un lugar donde no exista el regateo. Estado de Shock Al llegar a India se entra en un shock del que creo no se sale nunca, primero porque es un lugar caótico, diferente, bullicioso, extravagante, oloroso y fuerte en todo sentido; pero tiene tantas cosas que me recuerdan a Latinoamérica y es ese uno de los impactos más grandes que causó mi viaje. La gente viviendo en la calle, la pobreza, el rebusque en cualquier trabajo callejero, algunos medios de transporte, las vacas en la calle (sí, porque en mi ciudad, Barranquilla, también se pueden encontrar vacas caminando en algunas calles), que la gente sea tan amable con el extranjero, los pitos (claro que nunca en la vida había escuchado tantos pitos como en ese país), los letreros de toda clase en todas partes y muchas otras cosas, era a veces como estar caminando por el mercado o el centro de mi ciudad, o cualquier ciudad colombiana, y es que definitivamente, como ya lo dije antes, la pobreza y los países en desarrollo tienen la misma cara. Era también impresionante encontrar en el Museo Nacional de Delhi objetos en barro, piedra y metal tan antiguos y tan parecidos a objetos creados por nuestros pueblos ancestrales, era como si fuéramos una sola civilización, era como si… Ahí confirmaba que definitivamente el ser humano es uno solo. Pero cuando sales de India el shock continúa, no puedes creer que hayas estado en ese lugar, que hayas visto todo lo que pudiste ver, que hayas probado, olido, sentido todo lo que esa madre tiene para ofrecerte, pero sobretodo oído sus diferentes voces, cantos y gritos, porqué las ciudades y los pueblos son música viva todo el tiempo. La bulla de los carros, los pitos, la gente hablando al mismo tiempo (o gritándose), los sonidos de todo lo que hace parte de sus diferentes paisajes, sonidos, India está llena de sonidos. Yo no creo que haya estado en ese lugar de tierra y agua sagrada, de dioses que reencarnan una y otra vez, de micos saltando en las calles y de tumbas que parecen el paraíso. Mi shock continúa, porqué no creo haber podido estar allí y porqué siento que una parte de mí nunca volvió, se quedó en India, vagando en las manos de las mujeres que trabajan al sol, en los ojos pintados de negro de los niños y niñas, se quedó montada en un Ciclo Rickshaw que viaja por las calles de Rajasthan…

legado o una compromiso con su prometida, o Crién sabe Crién. Además puede ser el anillo de Tolkien, Un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Criterio estético con fundamentos político-míticos.

Como en política todo se vale y como en el invierno también. Entonces El Mural se propone una reflexión estética. Desde agosto hasta octubre habrá con motivo de las elcciones lluvia de eventos, regalos, publicidad y lo más selecto de la imagen, fíjense bien en los perfiles, los anillos, las pieles, los fondos de las fotografías y la mirada de los candidatos. El marketing político está en su mejor momento de competencia y competitividad. Pero como en esta vecindad del chavo es tan bonita y tan superfluamente paradójica uno podría pensar que los criterios de selección son los siguientes:

No voto por un Gobernador que tiene las cejas juntas: criterio que repercute y hace alusión al detallito de algún candidato que tiene en su rostro un golero y como el golero es ave de rapiña entonces eso puede estar ligado a la corrupción. Criterio estético con fundamentos políticos. Todos encabezan las listas, todos son los favoritos, todos lideran las encuestas (instrumentos que seguro más de un estudiante de técnicas de investigación odia) entonces todos están en todo. No voto por un Gobernador que usa un anillo en el dedo meñique: criterio que repercute en el imaginario político de la ciudad pues más de uno se ha preguntado si lo usa por un pacto con el “oscuro”, si es un

Las axilas de Medusa

Por. Eduar Barbosa Vino blanco. La cabeza me da vueltas con los hombros fijos esperando tus manos. Un bareto. Calma, no te has ido, aquí estás con tu piel de chocolate.

Habrá tantos criterios que considerar que es preocupante que a pocas semanas de las elecciones todavía algunos asuntos del marketing ocupen los debates políticos de los ciudadanos. Ahora bien, se suman las alianzas entre los que ahora están ahogándose y los que están ya a flote luego de unas largas correrías mediáticas. Ojalá en esta ciudad, los candidatos fueran presidenciables algún día, pues hace años no tenemos una costeño para asumir, más que la riendas de una domestica comuna como Barranquilla el reto de un País. Ciudadanos votantes El Mural lo invita a hacer uso de este mecanismo de participación. Si no quiere, no le nace o lo desconoce, lo invita de paso a no quejarse si mañana las calles siguen siendo las mismas y los megacolegios se transformen en mega-sobrecupos y si tanta calle pavimentada nos enseña la tan anhelada cultura ciudadana y si la seguridad, esa que tano le importa a este país, se agudiza, no se soporta y es caótica, paranoica. No se queje pero sobre todo no joda con tanto comentario y opinión suelta si usted mismo ahora se calla y se echa a dormir el día de las elecciones porque le empava la política.

Mi sala. No comprendo por qué ahora eres Medusa, una Medusa dulce y oscura camuflada en las ganas a la luz del silencio, sentada entre las sombras parpadeantes de mi casa marina, colina, inundada por una lucecita roja. Mi cabeza. Arrastro el dolor y lo tiro a un hueco sordo y me quedo contigo, Medusa mía, pensando en tu cuerpo, en tu vagina, en tu calor interno que serpentea como tu cabello y me hechiza. Mi cama. Levantas los brazos y te salen serpientes de las axilas de los dedos de las palabras y se meten en mi boca, qué traba, linda, dame un apretón de nalgas y yo cierro los ojos, no me conviertas en piedra mientras te rozo los labios.


El Mural Año 2, No 4