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FUNDADORES

Jesús Álvarez del Castillo V. Jorge Álvarez del Castillo Z. EDITOR-DIRECTOR

Carlos Álvarez del Castillo G.

SECCIÓN

B

AÑO XCVI TOMO CCCLXVI NÚMERO 34274

CUADERNO DE LECTURA

GUADALAJARA, JAL., DOMINGO 6 DE ENERO DE 2013

Iztaccíhuatl, una mujer de curvas Páginas cuatro y cinco exquisitas

La Venezuela de Hugo Chávez, un juego de luz y sombras Página tres

EL INFORMADOR • E. BARRERA

Supervisor: Eduardo Castañeda H. eduardo.castaneda@informador.com.mx / Ana López ana.lopez@informador.com.mx

Parecía una labor dominada por los hombres, pero en el oficio de bolear zapatos también hay manos de mujer Por Roberto Medina

A EL DATO ¿Un oficio en agonía? El lustrar zapatos es un oficio de antaño, uno de esos que en momentos se piensa que está en peligro de extinción, en una agonía prolongada. A principio de los noventa era común ver a los hombres con zapatos aptos para lustrarse, no era común que usaran tenis. El giro ha sido radical, ahora al mantener la vista al ras del piso se puede ver el porqué de la agonía del negocio de bolear zapatos.

ma, pero bien que cuando hace tostadas de pierna se come hasta 20. El joven observa. Trinidad pasa el cepillo de una mano a otra, como el rockstar que maniobra con el micrófono sin que se le caiga al suelo. Pasa la grasa por el calzado haciendo movimientos circulares, como el maestro Miyagi lo habría deseado. — ¿Usted siempre está aquí? — Los 365 días del año, desde hace 30 años. — Por aquí no es muy normal que una mujer se dedique a bolear… —¡Cómo no! Ahí hay una, en aquel puesto hay otra, ahí hay una señora, —para este momento, Trinidad ya señaló hacia todas las direcciones de la plaza— allá hay otra de aquel lado. Normalmente, Trinidad comienza la jornada a las 08:00 horas. Últimamente lo hace una hora más tarde, porque sus clientes ocasionales están de vacaciones. En esos 30 años ha visto a mucha gente dedicándose a lo mismo; algunos ya murieron y otros se fueron porque decían que no es negocio. Lo que no entendieron, dice Trinidad mientras pasa el trapo de un lado a otro, es que es un trabajo de muchas horas; ella le dedica 12 o 13 al día y apenas sale para el gasto.

l final, el joven verá cómo sus zapatos quedan limpios. Impecables. Casi como para verse reflejado en ellos. Caminará mirándolos cada vez que puede, cuidando que ni una pizca de tierra se pose encima. Sabe que tarde o temprano volverán a ensuciarse. Tarde o temprano quedarán como estaban 10 minutos antes. Tarde o temprano deberá regresar a la Plaza de la Liberación para que la señora Trinidad haga lo que mejor sabe: que los zapatos terminen rechinando de limpios. Hace 30 años que practica el oficio. Comenzó en la misma plaza cuando tenía 17 años, y desde entonces ha pasado el cepillo por miles de zapatos casi de manera ininterrumpida. Si acaso se ha retirado dos o tres años para probar otros negocios; al final, es víctima de su gusto por el oficio y regresa a él, como el mujeriego que sabe que siempre habrá alguien esperándole en casa. Sí, es mujer y es bolera. En un negocio en el que parece que imperan los hombres, ella defiende el papel de las mujeres. Ni nuevo ni novedoso. Justo a un lado de ella, su hermana atiende a otro cliente que hojea el periódico mientras le pasan un trapo por el calzado. En la esquina de la Plaza de la Liberación en la que están Trinidad y su hermana, que es la que está en dirección de la Plaza de Armas, hay además otra mujer que espera clientes; a dos cuadras de ahí, sobre Liceo, antes de llegar a la Avenida Juárez, hay otras dos señoras con el mismo negocio. Antes del mediodía, el joven llega al lugar de Trinidad. En ese momento atiende a un señor al que trata con la confianza que sólo merecen los clientes frecuentes. — ¿A cuánto la boleada? — A 25 pesos. ... El joven espera. El señor baja de la estructura de metal sobre la que está colo- Trinidad unta la grasa por el Sobre la calle Liceo, antes de llegar cada una silla, saca unas monedas y le paa la Avenida Juárez, Gabriela está sentaga el servicio a Trinidad. “Súbase, joven” da en un banco. Toma el celular entre las calzado haciendo es la indicación para que éste trepe dos esmanos y elige la próxima canción que escalones y se siente en la silla que acaba de movimientos circulares, cuchará. Un auricular se sostiene en su quedar desocupada. oído izquierdo, mientras el otro cuelga Lo primero que hace Trinidad es su- como el maestro Miyagi lo en el aire. bir el pantalón del cliente en ambas pierSon casi las 16:00 horas y en toda la nas, hasta que los calcetines queden al cuadra, donde hay unos siete boleros, no habría deseado descubierto. Después, introduce dos pláshay clientes. Producto de la época: mienticos duros entre el pie y el zapato, que tienen la función tras Gabriela está acostumbrada a ganar 500 pesos diade proteger tanto a los calcetines como a la piel de cual- rios, en estos días consigue alrededor de 100. quier mancha indeseable. Se levanta del banco y atiende a un cliente que se suBolea y platica. Bolea y platica. Bolea y platica. Bolea be a la silla. Ella piensa que seguramente será el último del y le dice a su hijo que vende fresas con crema chantilly que día, pero en unos minutos llegará otro más. Comienza su se haga para atrás porque le está estorbando. Bolea y le di- jornada laboral a las 06:00 horas y siempre pretende dece a una mujer que está cerca que hoy le hizo de desayu- socuparse antes de las 16:00 horas. nar a su hijo, mientras éste le contesta que hasta el agua — ¿Alguien más en tu familia se dedica a esto? se le quema. Bolea y le dice que sí, que el agua se le que—Sí,mipapá,mitíoymihermano.Estándeaquípa’allá.

Los tres lugares que preceden al de Gabriela son de su familia. Ella dice sonriendo que es su monopolio, que si Carlos Slim puede, ¿por qué ellos no? Comenzó a cobrar por limpiar zapatos cuando tenía 14 años. Aprendió el oficio al observar a su padre, quien desde hace 15 años se gana la vida con grasa, cepillo y trapo. Ahora Gabriela tiene 20 años y está por terminar la preparatoria abierta. Aunque dice que su trabajo no tiene nada de malo, le gustaría entrar a la universidad y prepararse para ser veterinaria. Hay que salir adelante y entiende que el estudio es una manera de hacerlo. Termina ese servicio e inmediatamente atiende al señor que llegó unos minutos atrás. Ha de hacer bien su trabajo, porque teniendo a otros seis boleros desocupados, el señor —quien la saluda con familiaridad— prefirió esperar a que ella terminará. Cuando Gabriela acabe de limpiar ese par de zapatos, quizá podrá irse a su casa. Con lo que gana le ajusta para vivir sola, situación que le agrada porque ya no tiene que rendirle cuentas a nadie. Antes, sus familiares le reclamaban si no se presentaba a trabajar o si no conseguía cierta cantidad de dinero al día. Ahora, sólo le llaman si dura muchos días sin presentarse; en tales casos ella dice que está de vacaciones, y fin del asunto. Una rebanada grande de libertad a cambio de ensuciarse las manos. ... Trinidad le sigue pasando el trapo a los zapatos del joven, hasta que éstos rechinan. Ella aprendió el oficio sola. En su familia, nadie antes que ella se dedicó a bolear. Desde el principio, cuando limpiaba los primeros zapatos, lo hizo en Guadalajara, aunque es originaria de Villahermosa Tabasco. Está aquí porque “te casas y te traen y te llevan pa’ acá y pa’ allá”. Para los clientes, variedad. Lo barato es la boleada de zapatos, porque tiene servicio hasta de 100 pesos, pues también se encarga de arreglar gamuza y de ponerle color a lo descolorido. Listo. El joven baja de la estructura de metal. Saca el billete de la cartera y obliga a que Trinidad consiga cambio con sus colegas. Se despide y camina por la Plaza de la Liberación. Lleva los zapatos impecables. Casi podría reflejarse en ellos. Cuida que no se le ensucien, pero bien sabe que tarde o temprano quedarán como estaban hace 10 minutos.


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EL INFORMADOR

Rosa Montero

Antonio Ortuño

EL MUNDO ALUCINANTE

La homofobia en la escuela Aunque soy perro viejo en el periodismo y ya he visto este fenómeno innumerables veces, me sigue chocando la facilidad con la que los temas aparecen y desaparecen de la conciencia pública. Me refiero a esa tendencia guadianesca de algunas noticias que, de repente, se convierten en el epicentro de la actualidad, el tópico ardiente de todos los medios de comunicación; pero que luego, después de unas semanas o unos meses, se borran por completo de nuestra mente, aunque la situación que antes nos preocupaba tantísimo siga siendo la misma. Así de precaria y de traidora es la memoria humana. Uno de esos temas álgidos y desde luego atroces es el del acoso escolar. En 2004, un chaval de 14 años llamado Jokin Ceberio se mató arrojándose al vacío desde la muralla de Hondarribia, tras sufrir un espantoso tormento durante dos años por parte de sus compañeros de clase (y, para peor, ante la indiferencia de los profesores). La brutalidad de esta historia aguijoneó nuestras conciencias dormidas y durante algún tiempo se habló mucho del asunto: hubo estudios, encuestas, campañas de concienciación. Y después… ¿qué pasó? Pues que la gran ballena del sufrimiento escolar volvió a sumergirse bajo las aguas. Hace poco hemos vuelto a picotear levemente en ese infierno a raíz de dos casos de suicidio en el extranjero de chicos acosados por medio de internet, pero el énfasis se puso en el peligro de las redes, no en la ferocidad de los compañeros. Esa ferocidad, me temo, sigue estando ahí en todos los colegios españoles, aunque ahora ya no hablemos de ello. Miles de niños y niñas son agredidos, insultados, humillados y literalmente torturados cada día por sus compañeros de clase, y esa violencia sigue siendo, por lo general, un iceberg sumergido. Me pregunto, por ejemplo (mientras escribo esto aún no se sabe nada), si el asesino de los escolares de Newtown no tendrá un episodio de acoso a las espaldas: no lo digo para justificar lo que hizo, sino para intentar entender. E intentar entender es nuestra obligación, así como esforzarnos por no olvidar que todo esto sucede. Hace apenas tres meses, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y el colectivo de LGTB de Madrid, COGAM, presentaron un interesantísimo estudio realizado entre jóvenes de 12 a 25 años de edad que han sufrido acoso escolar homofóbico. El trabajo consta de 653 entrevistas recogidas en 129 localidades distintas de toda España, y se considera acoso homofóbico aquel que sufre cualquier persona que no responde a las expectativas de género más convencionales. ¿Qué quiere decir esto? Pues que no sólo lo padecen los homosexuales, sino también muchos heterosexuales que se salen del tópico: por ejemplo, si tienes la mala suerte de haber caído en una clase llena de energúmenos, preferir leer a jugar al fútbol siendo varón puede ser el origen de un largo suplicio. El estudio de COGAM y FELGTB, en fin, ofrece unos datos espeluznantes: el 43% de quienes sufren el acoso homofóbico se plantean el suicidio, más de la mitad constantemente (56%) y un 27% de forma persistente a lo largo del tiempo. Y, de hecho, el 17% de los chicos y chicas hostigados intentaron suicidarse una o varias veces. Lo más terrible es la impunidad, el abandono, la invisibilidad con la que todo esto parece suceder. Sólo el 19% de los chicos perseguidos recibieron ayuda del profesorado; y el 82% de las víctimas no informaron de la situación a la familia, sin duda porque se sentían avergonzadas. O sea, que estaban y están solos. Pero aún queda el dato que a mí me pareció más espeluznante: el 90% han sufrido acoso homofóbico por parte de los compañeros de clase, pero además hay un 11% que han sido acosados por un profesor. De modo que la vieja serpiente del sexismo sigue enroscada debajo de muchos de los abusos que perpetra la cobarde mayoría sobre el diferente. Claro que hay infinitas formas de ser distinto: puedes ser demasiado alto o demasiado bajo, o hablar de una manera ceceante y rara, o ser más dulce, o demasiado inteligente, o más reservado, o demasiado tímido, ¡qué más da! Cualquier cosa que te separe de la masa puede hacerte víctima de su envidia y sus miedos. Pero creo verdaderamente que el acoso homofóbico puede estar en la base de un gran número de las situaciones de persecución, de muchas más de las que podríamos imaginar en un principio. De hecho, hay varios testimonios que aseguran que los energúmenos que torturaron a Jokin murmuraban que era homosexual. Y, como he dicho antes, da igual que lo fuera en realidad o no: también los heterosexuales pueden ser víctimas de esa necia locura machista y perversa.

Domingo 6 de enero de 2013

Alguna vez leí una novela en la que el narrador divagaba durante cien páginas sobre las manifestaciones de un fantasma que nunca llegaba a cobrar forma en la historia. Como si le fueran a cobrar por los efectos especiales, se contentaba con aludir una aparición que, supongo que sintiéndose muy elegante, jamás consumaba. Tengo la impresión de que este rasgo, si se quiere mínimo, es un síntoma de por qué miles (no digo millones porque tampoco es que esto sea Atenas) de lectores no encajan con cierta narrativa contemporánea. Del mismo modo que un espectador de a pie ve cierto arte contemporáneo como una colección de cachivaches acomodados sin particular gracia, son legión los lectores que sienten que los timaron al abrir una novela que les acaban de ponderar como la panacea y toparse con que, en vez de una historia, lo que contiene es algo que, le informan después, es “la huella textual de un concepto”. El siglo XX marcó un quiebre entre lo que los artistas producen y lo que los espectadores están capacitados para leer o contemplar (también dio excusas a muchos estafadores para po-

Juan Palomar

DIARIO DE UN ESPECTADOR Reporte de los jardines. Tres días y tres noches de lluvia vinieron a aliviar la sequía de las pasadas semanas. El jardín agradecido alza levemente el entramado de sus plantas y prosigue sus operaciones con renovado ímpetu. La ciudad agrisada por el temporal recordó por un breve trecho que estamos en invierno. La jornada de los Magos se cumple una vez más y la estrella que alguna vez refulgió para ellos continúa su hondísimo recorrido sideral en algún punto del cosmos en calma. ** El fin de año transcurrió entre las idas y venidas propias de la estación.LacarreteraaMéxicodespliegasusescenariosbajoloscielos cambiantes de estas latitudes. La vista larga sobre la laguna de Cuitzeo, ya que se acaba de bajar la prolongada pendiente del altiplano,ofreceunadeslumbrantepanopliadereflejosqueunavezmás vuelve memorable el trayecto. El pueblito costero levanta la inocencia de su iglesia encantadora y los cálculos infantiles sobre la altura de la palmera que le da marco y escala se renuevan, y afinan. ** México ofrece su mejor semblante para quien tiene la fortuna dedeambularporsuscallestranquilasdurantelosdíasdelfindeaño. El talante entero de la ciudad se transforma y un apacible ánimo permitevercosasquegeneralmentequedan nubladasporeltráfagohabitual. La renovada Alameda ofrece una nueva y acertada jardinería quehacedelviejoyentrañableparajeunaagradablevisión.Lasfuentes, ahora provistas de chorros bamboleantes, divierten a lo niños y la fronda clareada y robustecida con la inclusión de nuevos árboles promete mejores días para el mítico paseo capitalino. Las bicicletas toman pacíficamente el Paseo de la Reforma y la perspectiva de la avenida se alegra con la aguerrida hueste de los paseantes. EnelMuseodeArteModernohayunaexposiciónqueatraemultitudes.Setratadeunareunióndeobrasdepintorasvagamenteagrupadas bajo el término de surrealistas, algunas de México, otras de Estados Unidos. El cansancio de lo ya visto es inevitable. Leonora Carrington, Remedios Varo, Frida Kahlo (con algunas obras de inesperada, palmaria naiveté), Alice Rahon, que cada vez pinta mejor. De Francesca Woodman se presentan varias obras en las que el mejorespíritudelsurrealismocampeainquietantemente.Tupidayprolija, al final la muestra es una visión interesante. En el Museo Tamayo hay otra exposición intrigante, ahora vista por segunda vez, que se llamaElmañanayaestuvoaquí. Vale el viaje al acertadamente renovado edificio. No tanto así la exposición dedicada a Olinka, la míticacomunidadsoñadaporelDoctorAtl,quedejaquedesearalabordar con cierta bobería y pretensión un tema que ciertamente daría para mucho. ** Cuernavaca es, en sus mejores momentos, un prolongado jardín que cubre con sus frondas las edificaciones bajas que se acomodan sensatamente para mejor recibir el tibio sol de la hora. Las ca-

María Palomar

DE LECTURAS VARIAS El 7 de enero se cumplen 140 años del nacimiento de Charles Péguy, uno de los mayores poetas de Francia. Y a finales del año próximo hará un siglo que murió en combate, defendiendo su patria, la víspera de la batalla del Marne, una de las primeras de la Gran Guerra. En sus escasas cuatro décadas de vida, Péguy dejó un legado intelectual importante, pero casi siempre se le recuerda como poeta, más que por sus ensayos filosóficos y de reflexión social, literaria y política. Péguy es una figura incómoda y contradictoria porque es imposible clasificarlo o encasillarlo. Fue socialista (hasta que el socialismo se dejó engullir por el marxismo), republicano, dreyfusista, individualista, católico (pero anticlerical), antipacifista y patriota. Tuvo amistad (y diferencias) con muchos de los protagonistas de su época: Jean Jaurès, Léon Blum, Romain Rolland, Henri Bergson, Jacques Maritain... Fue filósofo, escritor, editor, librero, místico. Defendió siempre la Francia profunda, la de sus antepasados: esas largas estirpes anónimas de campesinos y artesanos que hicieron la grandeza del país, sus campiñas, sus guerras, sus libros y sus catedrales. La reflexión de Péguy parte siempre de una honda visión histórica, de un humanismo profundo y una reticencia ante los oropeles y las novedades: “No hay nada más viejo que el periódico de ayer, y Homero siempre es joven”, escribió. Charles Péguy nació en Orleans, la ciudad de Juana de Arco, quien en 1429 logró romper el sitio de los ingleses y con ello dar

Efectos especiales sar de artistas, pero esa es otra discusión). Me temo que en una sociedad como la nuestra, en la que no están resueltos siquiera los problemas de alfabetización esenciales, va a ser poco significativa para el 99.9 por ciento de la población una novela o pieza artística que, para juzgar como es debido, requiere que uno haya tenido contacto previo con la postura de Zizek sobre las polémicas de los lacanianos con los freudianos a través de una crítica de los trabajos de Foucault (o cualquier contexto equivalentemente complejo). Si la idea de poesía de la mayor parte de nuestros conciudadanos son cosas como Arjona y el egregio Espinoza Paz, si su idea de arte son los bodegones colgados en un comedor o esos cuadros de manchones pastel que combinan con la sala, no podemos esperar que su gusto literario vaya más allá de Guadalupe Loaeza. Y esto, perdónenme, es tanto un problema de ese espectador maleducado como del artista que ofrece una obra cuyo público objetivo está conformado por cinco doctores cum laude. Un corto circuito. La perfecta esquizofrenia entre el creador y el público. sas se confunden y reúnen al amparo de los follajes que esplenden bajo el benevolente clima. Enredaderas que no dejan de florear ni un día, plantas que se desperezan en medio del lujo del aire tranquilo. De un jardín al otro se oyen los gritos de los niños. Líneas desbalagadas de Bajo el volcán, el clásico de Malcolm Lowry, acuden a la memoria y establecen un bienvenido contrapunto con las pacíficas rutinas de los jardines que, nunca se olvida, se asientan sobre un territorio siempre incierto. ** Leer a Josephine Tey es una absoluta delicia. Ya se ha referido este espectador a esta novelista británica que vivió entre los años de 1897 y 1957 y es considerada por los conocedores como una de las más finas exponentes del género de misterio en lengua inglesa. The Franchise affair es una producción de 1949. En esta deliciosa narración Tey retrata la vida pacífica y aparentemente civilizada de una pequeña ciudad inglesa, en donde irrumpe un inopinado incidente que trastorna la vida de sus habitantes. La descripción de lugares y caracteres, magistral en su sorda y compasiva ironía. Los diálogos hacen recordar por momentos al mismísimo Oscar Wilde y el gusto por la metáfora justa, por la expresión exacta, vuelven al recorrido por estas páginas un ejercicio que con placer se repite una y otra vez. ** Un precioso fragmento del cuento Lo que lleva el Rey Gaspar de Azorín: He de deciros que, para que sean más los niños favorecidos, los tres reyes han convenido, no en donar los tres sus regalos a todos los niños elegidos, si no en que cada uno haga su donación a cada niño. Y así, de tarde en tarde, Melchor se para delante de una casa y abre su arcón; luego deja en la ventana su dádiva. Lo que este rey de la barba blanca regala se llama: Inteligencia. Al cabo de un largo rato, Baltasar se detiene ante otra casa y mete la mano en su tesoro; después pone su dádiva en la ventana. Lo que este rey del bigote y de la perilla dona tiene por nombre: Bondad. Y solo este histórico rey Gaspar, este rey de la nariz picuda y de los labios apretados, sólo este rey pasa, y pasa, y pasa ante los balcones y no se detiene si no ante uno, o dos, o tres de cada ciudad. Y ¿qué es lo que hace entonces el rey Gaspar?. ¿Qué es lo que regala este rey?. ¿Por qué es tan sórdido, tan avaro, tan riguroso en sus regalos?. Todo el tesoro de este rey está en una diminuta caja de plata que él lleva en uno de los bolsillos de su levita —no olvidad que los reyes usan ahora levita—. Cuando Gaspar se detiene ante un balcón, allá, muy de tarde en tarde, él echa mano de su pequeña caja, la abre con cuidado y pone su donativo en el balcón. No es nada lo que ha puesto; es una cosa insignificante; es como humo que se disipa al menor viento; pero este niño favorecido con tal regalo gozará de él durante toda su vida y no se separarán de él ni la felicidad ni la alegría. El rey Gaspar ha depositado ya su regalo. Sus ojos verdes —no os he dicho antes que eran verdes— brillan fosforescentes; su nariz parece que baja más sobre la boca, y en los labios se dibuja con más profundidad su ironía vaga. Acercaos, pequeños amigos míos; yo os quiero decir lo que el rey Gaspar lleva en su caja. Sobre la tapa, con letras diminutas, pone: Ilusiones. jpalomar@informador.com.mx

Charles Péguy: la novena de enero de 1913 comienzo a la reconquista de los territorios ocupados. Fue hijo de un carpintero y una tejedora de bejuco. Criado por su madre viuda y su abuela, siempre brillante en sus estudios, logró una beca para la prestigiosa Escuela Normal Superior de París, donde fue alumno de Bergson y Rolland y comenzó a escribir para distintas publicaciones. En 1900 fundó la revista Cahiers de la Quinzaine, donde daría a conocer sus obras y las de muchos otros escritores importantes y que seguiría publicando a lo largo de 14 años. Para el primer mes de 1913, hace exactamente cien años, Charles Péguy escribió una preciosa serie de poemas titulada El tapiz de Santa Genoveva y Juana de Arco,* una especie de novena que va del día 3 al día 11 de enero. Arranca con un soneto para la fiesta de Santa Genoveva, la patrona de París, de cuya muerte se conmemoraban 1 401 años, e incluye el día de la Epifanía, que era el aniversario número 501 del nacimiento de Juana de Arco, la patrona de Francia (quien había sido beatificada en 1909 y sería canonizada en 1920). El poeta no menciona que él mismo cumple el día 7 cuarenta años, pero la efeméride queda bajo la protección de las dos figuras que, con mil años de distancia entre sí, habían salvado a París y a Francia de caer bajo el yugo de sus enemigos. En ese principio de 1913 ya acechaban otra vez los peligros y pronto Europa se vería envuelta en una guerra generalizada que dejaría cerca de nueve millones de muertos y ocho millones de inválidos. *http://fr.wikisource.org/wiki/La_Tapisserie_de_sainte_Genevi%C3%A8ve_et_de_Jeanne_d%27Arc


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EL INFORMADOR

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ANÁLISIS

Las dos caras

de la Venezuela chavista La delicada salud del presidente genera incertidumbre sobre la continuidad del proyecto socialista que comenzó Hugo Chávez

Por Enrique Toussaint

E

cardinales. De esta manera, las carretadas de recursos económicos fueron a parar a una gran plataforma de políticas sociales abanderadas por el chavismo y a la construcción de una red políticoclientelar que le permitía asegurar triunfos electorales.

El sueño de Bolívar Sin embargo, desde los primeros días de Chávez en la silla del Palacio de Miraflores, las inestabilidades económicas han sido más la regla que la excepción. El programa económico de Chávez se contrapone tajantemente a los mandatos expresados en el Consenso de Washington y defendidos por instituciones internacionales. Lejos quedaron las instrucciones de estabilidad y limpieza macroeconómica promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Las nacionalizaciones de diversos sectores de la economía venezolana han generado problemas de inflación constante que afectan directamente a la clase media del país e impide la constitución de un mercado económico dinámico y flexible. Asimismo, el acceso a crédito es raquítico y las opciones de inversión privada son mínimas en un país que recibe muy pocos recursos por esta vía. Toda esta realidad de matices y claroscuros se vincula directamente con el proyecto geopolítico del chavismo. El llamado “Bolivarianismo” venezolano, la idea de Chávez de inspirar la construcción del país en el “libertador de las Américas Simón Bolívar, ha traído consigo la edificación de una política exterior de claro contrapeso a los designios de los Estados Unidos y a la consolidación de un bloque socialista en América Latina. En consonancia con la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa o la Cuba de los Castro, el proyecto chavista es más que la intención de exportar un régimen político y económico, sino que es la recuperación del “Sueño de Bolívar”, una América Latina unida y fraterna. Para esto, Venezuela se ha convertido en el gran proveedor de petróleo a naciones afines que comparten el proyecto chavista, ha inyectado vitalidad a su participación en las organizaciones globales y ha creado toda una red de instituciones que solidifican los acuerdos (Banco del Sur, el ALBA, Petrocaribe). Una alianza de naciones que comparten un discurso antimperialista, la denuncia a las presiones exteriores, la defensa irrestricta de la soberanía nacional y un sesgo hacia la izquierda del cartesiano político. En este bloque no sólo encontramos naciones latinoamericanas, sino que también China, Irán y hasta Rusia han tendido puentes de comunicación.

Sólo recientemente, y a raíz de la crisis de inseguridad que vive México, la prensa internacional ha puesto el ojo en la alarmante escalada de violencia que vive Venezuela.Losdatosnosonnadaalentadores: la tasa de homicidios en Venezuela es de 73 personas por cada 100 mil habitantes, lo que significa el triple de México y es el registro más alto de toda América Latina. Y Caracas es el punto más álgido de inseguridad al registrar más de 80 muertes violentas por cada 100 mil habitantes en 2011. Las explicaciones no son de todo claras, pero un hecho indebatible, es la penetración de cárteles colombianos en suelo venezolano, un fenómeno que ha tomado fuerza en el último lustro. La defensa de la democracia y el respeto al estado de derecho son quizá los elementos más criticados del régimen chavista. Hay que decir que Venezuela vive elecciones recurrentes, se renuevan todos los poderes en un entorno pluripartidista y la afluencia de votantes se encuentra por encima de la media electoral en América Latina. Sin embargo, lo que está a debate no es la posibilidad de votar, sino las condiciones con las que se ejerce este derecho. Los medios de comunicación audiovisuales son manejados por el aparato estatal y la oposición tiene pocas posibilidades de aparecer en cadena nacional lanzando un mensaje político. Los diarios críticos del chavismo han sufrido embates constantes por parte del régimen, ante lo cual la organización Internacional Freedom House ha señalado violaciones reiteradas a la libertad de expresión en Venezuela. Así, la democracia venezolana tiene los ingredientes necesarios para realizar elecciones y determinar ganadores y perdedores, aunque en un contexto de desigualdad política y económica. En el mismo sentido, Chávez no ha sido el mayor promotor de la fortaleza del entramado institu-

EL INFORMADOR• J.LÓPEZ

l régimen de Hugo Chávez en Venezuela es un rompecabezas compuesto de continuidades, retrocesos y contradicciones. Un Gobierno que abraza algunos preceptos del socialismo occidental, una veta historicista de celosa soberanía, una concepción demagógica de la democracia y el retorno a las visiones del Estado positivista encargado de transformar a su sociedad hasta construir el “Hombre Nuevo” con el que tanto soñó la izquierda latinoamericana durante la mayor parte del siglo XX. Todas estas piezas, aisladas y dispersas, encuentran sentido en el chavismo, una corriente política sustentada en un hombre que ha logrado reconciliar a Marx y a Bolívar, a Pléjanov y a San Martín, sin importar sus distancias ideológicas y sus claras aversiones políticas. La Venezuela de Hugo Chávez, bajo su mandato desde 1999, es un juego de luz y sombras. Despierta tanta polémica hablar del mandato del oriundo de Sabaneta, al Oriente de Venezuela, que es difícil ver la “película completa”. Sus detractores descansan su crítica en el magro crecimiento económico, en la rampante inseguridad pública, en su proclividad hacia el juego de la Petropolítica y el agrandamiento ininterrumpido del Estado. Sus fieles seguidores prefieren voltear la mirada hacia la reducción de la pobreza, la disminución de la desigualdad, la extinción del analfabetismo (cifras oficiales del Gobierno venezolano) y el ímpetu gubernamental por construir un sistema de salud de calidad para toda la población. Y es que todas estas realidades coexisten a diario en una Venezuela que se mueve a base de distintas velocidades y ritmos. El proyecto chavista, desde su concepción, tiende hacia lo rural, hacia los márgenes de las grandes urbes. Incluso, la fuerza política del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) reside precisamente en las localidades pequeñas, en los grandes centros agrícolas y en las periferias de las ciudades más importantes de Venezuela. En estas grandes áreas, abandonadas por gobiernos anteriores, late el corazón del chavismo. Cuando Hugo Chávez arriba al Palacio de Miraflores, el analfabetismo entre pobladores rurales alcanzaba 50%, mientras que en la actualidad se ha erradicado. De la misma manera, mientras en toda Venezuela, la pobreza extrema pasó de 24% a 9% en una década del Gobierno de Hugo Chávez, en las zonas rurales se redujo de 37.4% a 10.7% en el mismo periodo de tiempo. La política social es uno de los ejes del “Socialismo del siglo XXI” de Hugo Chávez. Según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), el gasto social en Venezuela se duplicó en menos de una década. El promedio anual de inversión gubernamental en materia social es de 30 mil millones de dólares, acorde con las cifras del Instituto Nacional de Estadística de Venezuela. La mayoría del gasto, orientado hacia la reducción de pobreza, la alfabetización y las brigadas móviles de médicos que atienden a la población venezolana. El objetivo central de la política social del chavismo ha sido la erradicación de la pobreza extrema y la reducción de las vulnerabilidades de otros niveles de pobreza. Sin embargo, nunca ha estado enfocado a la construcción de una vigorosa clase media al estilo de los estados benefactores de Europa. La Venezuela de hoy es en materia económica polifacética. Por un lado, los primeros años del chavismo convirtieron la legitimidad política en crecimiento económico. Empujado por el sector petrolero, Hugo Chávez comenzó su odisea reformando a profundidad a la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). Tras décadas de apertura de la paraestatal, el recién desembarcado proyecto socialista nacionalizó buena parte de la empresa y mantuvo algunos mecanismos de cooperación como los contratos de riesgo. Así, Chávez centralizó los recursos energéticos a la orden del proyecto nacional en ciernes e inundó a las arcas estatales con millones y millones de dólares provenientes de la exportación de hidrocarburos a todos los puntos

cional de Venezuela. Por un lado, su relación con el Congreso ha sido ambivalente: ha negociado con él cuando tiene la mayoría y ha gobernado a golpe de decreto durante los tiempos donde la oposición ha tenido influencia en el Legislativo. A pesar de todas estas vicisitudes, en octubre del año pasado, el candidato opositor, Henrique Capriles aceptó su derrota y llamó a cerrar filas con el presidente reelecto. Esta es la Venezuela de 2013 llena de contradicciones, afirmaciones e involuciones. Una Venezuela menos desigual y menos pobre aunque más insegura e inestable económicamente; una Venezuela con presencia a nivel mundial y con voz en las instituciones globales, aunque derrochando recursos energéticos y comprando voluntades nacionales; una Venezuela donde se celebran elecciones libres, legítimas y representativas, aunque con impulsos antidemocráticos, clientelares y corporativos; una Venezuela que sabe leer y escribir y que tiene aspiraciones de más años de estudio, aunque con empleos precarios y salarios deprimidos. En fin, aunque el cáncer termine con la vida de Hugo Chávez, el chavismo como ideología política no caerá con Chávez, como el peronismonosefueconJuanDomingoPerónnielgaullismo con Charles de Gaulle.


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ALEJANDRO ZAMORA

A. ZAMORA.

CRÓNICA

EL INFORMADOR

TIERRA DE GIGANTES. A una altura cinco mil 220 metros, sobre Iztaccíhuatl, se puede contemplar cualquiera de los valles y algunas de las montañas más altas del país.

A la conquista

de una fría princesa D

uermes entre los dos volcanes, en medio de dos fuerzas naturales: una posible erupción y las nieves perpetuas de un glaciar. Dicen, los que saben, que estas montañas son prehistóricas: 30 millones de años. Si es así, el antropólogo Julio Glockner tiene razón, se trata de una alegoría de la eternidad. Algo te dice que todo aquí es más joven que aquellos dos viejos amantes de fuego y hielo. Cuando despiertas sales de un sueño para meterte a otro: hay dos moles gigantescas a los lados. Al Sur está el volcán Popocatéptl restringido desde 1994 tras haber recordado el significado de su nombre náhuatl: montaña que humea. El Norte es de la Iztaccíhuatl, la bella durmiente mexicana. Por tu ubicación su silueta femenina se desfigura ligeramente. A ciertas mujeres se les ve mejor de perfil que de frente. A ella hay que verla de perfil. Sólo así sabrás que es bonita, y que es mujer. Por aquí caminó Hernán con seis mil tlaxcaltecas antes de caer sobre la gran Tenochtitlan. El Paso de Cortés, la depresión entre los colosos, es como una puerta sellada en 1521. Adentro quedó encerrada la gloria del pasado indígena. Quinientos años más tarde este lugar todavía incita a la conquista: subir la tercera cumbre del país. Los pechos blancos de la mujer son tu objetivo alpino. Altura: tres mil 600 metros sobre el nivel del mar. Pasar la noche a esta elevación te hace bien, te aclimata. Ayuda sobre todo a prevenir un posible mal de montaña: dolor de cabeza, náusea, vó-

A ella hay que verla de perfil. Así sabrás que es bonita y que es mujer. Es Iztaccíhuatl, esa montaña de piel blanca, una bella durmiente de curvas exquisitas mito, falta de apetito, disnea, insomnio. La enfermedad cae sobre ti como si fuera una maldición de la naturaleza. Y conforme asciendes la situación se complica. Allá en la cima el oxígeno respirable es menor al 50%. Pero no te importa, sabes que es un pequeño precio por tocar el cielo. Pagas 27 pesos por entrar al Parque Nacional Izta-Popo, el segundo más antiguo del país. Una vez registrado te diriges hasta La Joya, a los pies del volcán. Desde aquí observas cómo la panza de la giganta se asoma en las alturas. La vista te hace creer que nunca abandonaste el sueño, es brutal e imposible, como un cuadro del Dr. Atl.

¿Un desafío? El clima es ideal para el asenso: viento en calma y un día totalmente despejado. Pero cuidado, en cualquier momento de la aventura la montaña puede darse cuenta de tu plan y cubrirse en velo de niebla para ocultar su desnudez. Una de dos: o se trata de un desafío, o la Izta es una mujer muy pudorosa. Comienzas a caminar por una vereda bien marcada y amplia que se abre paso por entre los matorrales. No hay pierde.

Sigues la senda en medio de la hierba interminable, los pastizales anegan el paisaje. Estas plantas no parecen llenas de vida, les ha costado crecer, lo notas en su verde pálido. Arriba de los tres mil metros la vegetación se vuelve tan agreste que en las alturas la vida se convierte en una especie de milagro. Vas bordeando la parte Oeste de la montaña. La ladera cae y se pierde en los campos del Estado de México. Del otro lado queda Puebla, es decir, que Iztaccíhuatl se encuentra dividida entre las dos entidades. No es de una ni de otra; es del Popo, el guardián que nunca duerme, el que la vigila día y noche. Detrás de ti la fumarola del volcán confirma la leyenda: el guerrero está siempre al pendiente de su amada princesa. Más adelante te adentras en un bosque sin pinos. Hay algunos, pero tan separados entre sí que hasta te sirven como punto de referencia. Ahora el camino se ha hecho más angosto, la montaña te ha rodeado con sus interminables colinas. No te acercas demasiado a la pared de piedra que está a tu izquierda, puedes desviar tu camino. Mejor avanzas en línea recta hacia donde se ve una enorme pendiente en lontananza. Después vadeas un par de ríos secos. Por suerte aún tienes agua y no necesitas rellenar tus reservas. Pero debes mantenerte hidratado, ese es el truco para no cansarte. Por eso das pequeños sorbos a tu cantimplora, tragos cortos pero constantes. No olvidas que los tres litros de agua que cargas tienen que rendir hasta el campamento en Ayoloco. De lo contrario deambularás por la sierra como un enajenado muerto de sed.

Una guía A medida que avanzas la niebla se hace más espesa. Tu visibilidad disminuye y ya no puedes distinguir el camino con tanta facilidad. Lo mejor es guiarte por los montoncitos de piedra que alguien previamente colocó para marcar la ruta: un servicio a la comunidad en pleno Eje Volcánico Transversal. La orografía de esta región es tan intrincada que es fácil perderte en sus caprichosos relieves que van desde Veracruz hasta Colima. Es, tal cual, el cinturón de México. Los pastizales desaparecen paulatinamente. Las pocas plantas se aferran a las piedras como si fueran musgos. A partir de este momento el terreno se vuelve más escarpado, notas como tus botas avanzan por una pronunciada inclinación y así, sin más, llegas a los tumbaburros. Aquí comienza el reto. De pronto sientes la mochila todavía más pesada, y con ello, surge el arrepentimiento. Inevitablemente piensas en todas las cosas que llevas contigo y que pudiste no haber traído: la bufanda para la ventisca, el té para dormir mejor, el cuchillo para untar la mantequilla. Todo tiene su peso. El contacto con la roca en el suelo lo convierte en un trayecto durísimo. Además la niebla hace imposible vislumbrar el final, no sabes cuánto falta para llegar a la planicie. Es, en cierta forma, lo contrario a un salto al vacío: subir indefinidamente hasta el infinito. En tu andar observas unas cuantas flores solitarias, cardos que de alguna manera han resistido a esta trampa climatológica. Erguidas y orgullosas, acaparan la visión de una escenografía formada por piedras volcánicas. ¿Cómo es posible que haya vida en tan extremas condiciones?, te preguntas. Tu respiración no se acelera, pero cada exhalación suena con más intensidad que la anterior. Sorbes agua y das un paso, sorbes más agua y das la mitad de otro paso. Descansas. Por primera vez sientes el frío, la caminata y el sudor te daban el efecto de estar en una tarde de verano. Te cubres con una chamarra y comes algoligero,necesitascalorías,carbohidratos:nuez,almendra, chocolate, fruta seca, granola. No te quedas ahí mucho tiempo, detenerse en la montaña es casi como empezar de cero. Por el momento la niebla lo abarca todo. Puede que ya no veas al sol, al Popo, ni a tus compañeros. Echas tu cabeza hacia abajo y fijas la atención en el terreno porque pisar mal equivale a una torcedura que llevarás contigo hasta la punta. Vas con la idea de recorrer las curvas de esta mujer dormida y con la esperanza de que te susurre al oído sus secretos. No te desesperes, falta poco para conocer el primero de ellos. Las cruces en las rocas marcan el final del trayecto, están ahí en memoria de algunos ex-


Domingo 6 de enero de 2013

EL INFORMADOR

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cursionistas caídos. Así es la sierra. Concede, permite, tolera, pero también quita y arrebata en medio de la nada. El que calla otorga, y la montaña calla tantas cosas que oculta un sin fin de muertes, incluida la suya misma, porque este volcán enmudeció hace ya miles de años. Todo esto te hace pensar que el volcán es quizás el más grande de los héroes naturales. Mucho hay en él de sacrificio por la región. Las cenizas que arroja hacen de las inmediaciones tierra fértil. El deshielo que llega de las cumbres, por ejemplo, genera importantes caudales de agua que benefician a los habitantes. El coloso, a su vez, sabe que algún día quedará extinto. No puedes más que sentir pena por este valiente incomprendido. Antes de terminar tu descanso y seguir tu marcha, echas un vistazo cuesta abajo. Ya sea por presunción o por curiosidad, quieres saber qué tanto avanzaste. Pero no ves nada, la niebla sigue ahí, inmóvil, como si hubiera borrado el camino que tanto te costó subir.

LA MUJER DORMIDA. Iztaccíhuatl, que significa mujer blanca, se localiza dentro Parque Nacional Izta-Popo.

A. CASTILLO

La caminata vuelve a ser ligera, como al inicio. La diferencia es que ahora estás cansado y recorres una vereda por encima de los cuatro mil metros: estás en plena alta montaña. Desciendes hasta sumergirte en un amplio valle. Lo aprecias bien, puesto es que es el último recinto de vida antes de abandonar la pradera alpina. Después de este punto los paisajes están hechos de materia inerte: tierra, roca, y más adelante, nieve. Desde el instante en que pisas la arena te das cuenta de que nada volverá a ser igual. La caminata se hace insufrible, sobre todo ahora que vas nuevamente de subida: das un paso y retrocedes medio. Das dos pasos y retrocedes uno completo. Es luchar contra la impotencia, como caminar en un sueño donde nunca avanzas. De pronto el día se despeja y contemplas el cielo por primera vez. ¿Desde cuándo se volvió tan grande?, piensas. El arenal también se observa entero, íntegro. Cada grano, cada piedrecilla se distingue perfectamente a la luz del sol. A tu costado queda una ladera que no lleva a ninguna parte. A estas alturas olvidas tu régimen alimenticio y comienzas a beber mucho más agua. Modificas también tu andar, porque ahora das pasos como de bebé: cortos, muy cortitos. Vas como en una lenta peregrinación. Sabes que más vale tarde que nunca, pero no demasiado tarde porque antes de que caiga la noche tienes que montar el campamento en Ayoloco. Ánimo, falta poco. La zona árida que atraviesas contrasta notablemente con la cima nevada que se levanta al fondo, no muy lejos. Es como atisbar el cielo desde el infierno, es como recorrer el desierto mientras tienes frente a ti la imagen de una diosa en esplendor. Todavía hoy los agricultores de la región acuden a ella con ofrendas y obsequios. Desde las alturas agradecen y elevan sus oraciones por las cosechas del año transcurrido al mismo tiempo que imploran por un nuevo periodo de lluvias. Entre muchas otras cosas, Iztaccíhuatl es la intercesora de Tláloc en la tierra.

A. CASTILLO

Retomar el camino

Un banquete en el Olimpo Sólo una parte de ti llega a Ayoloco, la otra se incorporará una vez que hayas descansado para el día siguiente. Ahora estás tan agotado que no sientes el hambre, pero aún así pones a cocinar algo mientras armas el campamento. Hora: 7 pm. Altura: cuatro mil 640 metros. Temperatura: 0 °C. Ya sin reservas de agua corres al río más próximo antes de que se congele ante tus ojos. Por fortuna tienes un riachuelo a escasos metros. El caudal es mínimo, prácticamente todo es hielo ahora. El sonido del agua te indica un punto donde el líquido cae casi a cuenta gotas. Con la paciencia de un monje tibetano rellenas una a una tus botellas y en lo que reabasteces contemplas el espectáculo de luces que comienza en el Valle de México: poco a poco la ciudad de los palacios se prepara para recibir la noche. Regresas al campamento, la cena está lista. Comes al nivel de las nubes y te sientes privilegiado. Parece como si los dioses te hubieran invitado a un banquete en el monte Olimpo. Te gustaría disfrutar más la velada pero el frío se vuelve insoportable. El viento arrecia y el moco no para de fluir, casi como si fuera una hemorragia. La ropa que traes puesta no basta para mantenerte caliente. Te quitaste los guantes para comer con más facilidad pero prefieres resguardarte a seguir alimentándote. Dices basta. Te metes a la casa de campaña y duermes un poco. Entre sueños te preguntas si fue cierto: ¿Se veía sobre el cráter del Popo destellos como de fuego? Despiertas a mitad de la noche con una sed tremenda. Al parecer los sorbos de agua no fueron suficientes. Sin levantarte bebes la mitad de tu cantimplora en segundos, como si estuvieras al borde del colapso. Vuelves a dormir. En dos horas tienes que levantarte. Son las cuatro de la mañana y estás en pie otra vez. Quizás desayunas un yogurt y un pan integral. El viento se ha calmado pero el frío sigue ahí.

TRAVESÍA. Los pechos blancos de la mujer de roca son el objetivo alpino.

EL DATO Cuenta la leyenda Una leyenda náhuatl cuenta la historia de un valeroso guerrero y una hermosa doncella. Un guerrero que fue obligado por el padre de la joven Iztaccíhuatl a ir a la guerra con tal de obtener su visto bueno para contraer nupcias con su hija. Tras meses de no obtener noticias, Iztaccíhuatl recibió a un mensajero quien le dijo que su amado había muerto en combate. Víctima de la tristeza la doncella se entregó al llanto. Dejó de comer y cayó en un sueño profundo, sin que nadie pudiera despertarla. Al poco tiempo, el guerrero Popocatépetl regresó y encontró a su amada, lleno de coraje, se llevó el cuerpo a lo alto de un cerro. Los dioses al contemplarlos sintieron compasión de ellos, los cubrieron con un abrigo de ramas y nieve y los convirtieron en montañas. Una con la silueta de una joven mujer y el otro un volcán que a cada tiempo sigue ardiendo de amor en su interior. Estos son los volcanes que aparecen en las pinturas de José María Velasco, el Dr. Atl y Diego Rivera.

El frío siempre está ahí. uscascualquierpretextoparamantenerteenmovimiento: te colocas el arnés, acomodas la basura, amarras bien tus botas. Estás a punto de partir. Hay una noticia buena y una mala. La buena es que ahora sólo llevas una pequeña mochila de ataque con lo básico. La mala es que el agua que cargas contigo está congelada. Iluminas tu camino con una lámpara de cabeza y nuevamente te guías por la estela de piedras apiladas. Es tan sencillo como si alguien te estuviera llevando de la mano. El frío se siente menos. Está a punto de amanecer. Más adelante tienes que guardar el equilibrio: caminas por un terreno formado por rocas apoyadas en más rocas que a su vez están sobre otras rocas. Por más grandes que sean no te confías de ninguna. Pisas con cautela, primero la punta de la bota para comprobar la estabilidad y una vez asegurada bajas el pie completo. Así una y otra vez. Finalmentelavez.Estásalpiedelglaciar,listopara subir al vientre de la Izta, y de ahí, a los pechos. A tu derecha percibes un posible deslave: unos peñascos están a punto de caer, lo único que los detiene es la fuerza del hielo. Después te das cuenta que desde hace hora y media caminas por rocas deslavadas. El sol ya asoma, pero no lo ves, emerge del otro lado de la montaña. A tu espalda, en el horizonte, los rayos solares que chocan contra la Izta proyectan su silueta en tonos azules. Es, literalmente, la sombra más grande que hayas visto en tu vida. Te ajustas los crampones a las botas y preparas el último asenso. Piolet en mano, das los primeros pasos en la nieve. Sientes como las púas metálicas de los crampones se encajan en tierra blanca. Si te caes, avientas todo tu peso contra el suelo y clavas el piolet en el hielo para no desbarrancarte. Si gustas, puedes usar el piolet como bastón. De vez en cuando piedras del tamaño de una

cabeza caen desde lo alto y conforme ruedan agarran una velocidad impresionante. No hay nada que las pare. Si te impactan, la aventura termina. Por si las dudas te pones un casco. Vas en una cordada. El líder, el más experimentado, sujeta la punta de la cuerda y la extiende a un grupo de tres o cuatro montañistas que lo siguen. Todos se enganchan al arnés. Avanza uno y avanzan todos. Se tropieza uno y lo demás no lo dejarán caer. Cuando por fin tomas el lomo de la montaña no sabessimaravillarteosentirlástimaporelglaciar.Sus nieves perpetuas ya no lo serán más. En 10 años este lugar está condenado a evaporarse. El calentamiento global y la cercanía con las grandes urbes del centro del país provocan la desintegración de uno de los dos glaciares que quedan en México. Si el Popo recordó su nombre recientemente, la Izta lo está olvidando. La mujer blanca tiene amnesia. Su enfermedad es incurable. Aún así las curvas de esta mujer son exquisitas. Subes, bajas, rodeas y recorres el hielo de la cintura para arriba. El paisaje es como una conocida canción de Gabilondo Soler: “Siempre nevado, acurrucado sobre el volcán, hay millones de gotitas convertidas en cristal”. Desde que subiste al lomo se rompió la cordada. Ahora vas solo, a tu ritmo. Los lentes oscuros te protegen de la intensa radiación. Es tan clara la piel de la montaña que los rayos del sol se reflejan casi por completo. Y como de costumbre, el Popocatéptl exhala. Debe estar furioso. Estás a punto de tocar uno de los pechos. Altura:cincomil220metros.Desdeaquícontemplas cualquiera de los valles: el de México, el de Puebla, el de Talxacala, el de Morelos. No por nada José María Velasco hizo de la geografía una obra de arte. Te sientes diminuto en esta tierra de gigantes, las montañas más altas del país te rodean: al Oeste el Nevado de Toluca, al Noreste La Malinche y allá, en Veracruz, el Citlaltépetl, el pico de la estrella. Calma. Lo hiciste. Estás sentado sobre un volcán que sufre, ya conoces su tragedia. Ahora eres un viajero que sabe demasiado. Aquí en la cima eres un intruso, pero allá abajo, regresarás como profeta.


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EL INFORMADOR

Armando González Escoto

LOS COLORES DEL TIEMPO

La reforma educativa

La lucha contra la inseguridad y la delincuencia lanzada por el presidente Calderón fue criticada sobre todo por su carácter improvisado: entre otras cosas no se previó el perfil de quienes habrían de realizarla, tampoco se adecuó el sistema judicial para enfrentar los resultados, ignoró la condición de las cárceles, e hizo muy poco en materia de prevención, haciendo uso exhaustivo de la represión. Ahora el nuevo Presidente lanza la reforma educativa, justamente porque en materia de previsión, nada es tan importante como la educación. Aunque ya justamente hubo quienes señalaron una omisión esencial en el proyecto, la condición de las escuelas normales, se debe pensar también en un factor fundamental en lo que mira a esa reforma educativa. Cuando uno observa los grandes resultados que en todos los campos suelen dar los países con un alto nivel económico se piensa de inmediato en la educación como una de sus explicaciones más evidentes, lo cual es cierto; enseguida se da el paso precipitado de querer copiar sus programas y sistemas, comprar sus tecnologías educativas y hasta importar capacitadores, sin advertir que hay un previo en esos países que no existe en el nuestro y que no está necesariamente incluido en los programas o tecnologías que se busca imitar y adquirir, se llama idiosincrasia y por lo común ésta suele ser un conjunto de actitudes ante la vida que cultiva determinados valores. Una de las características de estos envidiados países, en lo que a idiosincrasia se refiere, es que su gente tiene el espíritu de hacer las cosas bien, van por la perfección, por la exactitud, por el perfecto ensamblaje, por una extrema dedicación que exige concentración y disciplina, lo mismo si se trata de la sofisticada filigrana de los orfebres

asiáticos aplicada a las artes, que de su no menos sofisticada capacidad para la orfebrería que exige su avanzada tecnología. Lo mismo ocurre con las potencias europeas: la comunidad está aplicada a hacer bien lo que hace todo el tiempo, por eso su gente es impecablemente puntual, por eso también los engranajes de su sistema de vida funcionan con admirable exactitud, y saben cómo enfrentar sus crisis. Para lograr estos resultadosnohannecesitadonisiquierademaestríasydoctorados,aún la gente del medio rural o la que no llegó a los altos grados de la educación, tiene esa misma actitud, unida al respeto, lo cual se ve desde la limpieza de sus calles, parques y colonias, en la solidaridad laboral, en el amor genuino al trabajo muy bien hecho, y en el esfuerzo sostenido. Pero nadie puede mejorar lo que hace si no es por medio de una férrea disciplina, esa disciplina dura y tenaz que explica los muchos premios que logran los deportistas mexicanos con discapacidades, frente a los pocos resultados que dan los deportistas que, teniéndolo todo a su favor, carecen de disciplina, de carácter, de actitudes a favor de hacer siempre mejor lo que hacen. La reforma educativa debe incluir un vasto programa para la transformación de las actitudes sociales del mexicano, comenzando desde el ámbito familiar, crisol que fragua el carácter de los niños o lo echa a perder en aras de no exigirle, de no hacerlo sujeto de las obligaciones que debe adquirir a medida que va creciendo. Esta reforma social tendrá que apostarle mucho al campo de la responsabilidad social, y en su momento, deberá contar incluso con las medidas correctivas que las circunstancias exijan, aplicadas desde otra postura, desde luego, y al margen de la corrupción. armando.gon@univa.mx

Carlos Enrigue

AYER DECÍAMOS

Nuestro duro cierzo invernal

Este año nos recibió con una semana invernal, de cierto que un invierno muy tapatío pero suficiente para sacar nuestros ajuares para cubrirnos de lo que consideramos como gélido temporal. En otros sitios la población con un clima semejante andan en shorts y escuchamos pocas quejas, pero aquí nos forramos y a quejarnos se ha dicho. Pero nosotros tenemos un alegre gusto por el sentido de imitación, pocas cosas gustan más a los habitantes de esta noble y leal que alguien, refiriéndose a nuestra apariencia física, nos diga que a pesar del nopal que traemos sobre la cabeza no tenemos finta de ser mexicanos, eso sí nos causa alegría; una referencia en contrario puede llegar a causar pleitos que terminen en sangre. Hace tiempo esperaba me entregaran mi pasaporte, porque aunque no tengo con qué viajar siempre trato de que el impedimento para hacerlo no sea la falta de documentos, pues delante de mi iba una señora a la que entregaron el pasaporte de su pequeña hija, procedió a revisarlo y antes de retirarse, lanzó un grito porque al describir a la criatura fruto de sus entrañas el documento había señalado a su hija como morena clara y eso era según el criterio materno una barbaridad. Yo ni el calificativo le habría dejado y me parece intrascendente como se refieran a ti en un pasaporte, pero la madre aludida armó la de Dios es Cristo y detuvo con sus gritos la entrega de documentos, hasta que hubieron reportado el entuerto —y yo creo que le han de haber puesto en el color como blanco pambazo —.

Actualmente se goza en todos los ayuntamientos que se consideran de gran postín de pistas de hielo, lo cual significa que los promotores de estas son generosos al compartir con los representantes municipales o no distinguen que aquí resultan exóticas, pero con el ánimo de ser positivo y pensando que no existe corrupción he considerado proponer diversiones temáticas, así, se me ocurre que podíamos contratar camellos que pueden usarse como sistema de transporte no contaminante, desde luego que habrá tener en cuenta los derechos de dichos cuadrúpedos y formar una comisión de derechos camellunes, tales como que no se puedan subir al referido artiodáctilo sujetos que pesen más de 80 kilogramos o tengan más de 32 de cintura; digamos que le correspondió a Zapopan la pista, le corresponderían a Tlajomulco los camellos, a Guanatos los elefantes, desde luego para ser montados y así cada municipio buscaría inteligentemente dar variedad al infelizaje al tiempo que se puede educar a la raza. También se sugiere una rifa en la que los ayuntamientos, en vez de gastar a lo wey, rifaran ese gasto entre la población en lo que supongo sería considerado como diversión participativa, es muy sencillo, hagan una encuesta sincera preguntando a los ciudadanos qué prefieren, si que les den lo que les corresponda del gasto de la pista o ir a patinar en hielo y esperar que haga buen tiempo.

Domingo 6 de enero de 2013

Carlos Cortés Vázquez

VISIÓN Y DECISIÓN

Propósitos de año nuevo El inicio de actividad en el año es propicio para el planteamiento particular, determinante para la superación de obstáculos y la búsqueda de mayor congruencia en el quehacer cotidiano, cualquiera que sea la ocupación de nuestra actividad, de ninguna manera ajena al devenir de nuevas fórmulas de aprovechamiento individual de tiempo y edad. Merecen énfasis las generaciones jóvenes impregnadas por la necesidad de múltiples requerimientos, exigentes de conocimiento y ávidas de reducir su marginalidad productora de tensiones propias de la inseguridad. Organismos de trabajadores y empleados, partidos políticos y legislaciones sociales vertebran el espíritu de unidad y fortaleza. El conocimiento es el sustento actual de la sociedad pensante y fraternal, con respeto a diferencias naturales; esto es: identidad y libertad. El marco propuesto para la armonía social lo establece la Constitución, condicionado a las modificaciones y adiciones de acuerdo al imperativo de cada época y circunstancia, como la actual, que deriva al conocimiento de ciencia y tecnología a través de la comunicación. En este contexto la profesionalización está convertida en el imperativo generalizado, sin el cual es impracticable en mayor número de actividades. Principios tan elementales como simples remiten a la instrucción y aprendizaje actual, coincidiendo simultánea práctica de estudio e investigación, puesto que los principios académicos convencionales están rebasados y hasta rechazados en la actividad profesional abrumada por la aplicación tecnológica. Los encuentros y desencuentros de los partidos integran la teoría del equilibrio en ideas expresadas por el legislador, en quien se impone la cordura con propuesta de soluciones equilibradas para la participación de todos los sectores con legítimo rendimiento a la inversión de talento, capital y fuerza laboral; en una palabra: justicia social. En las postrimerías del año pasado se enarboló la importancia de la educación como el bastión de desarrollo para niños y jóvenes, pero también con el concurso de quienes tienen la enorme responsabilidad de extraer el mayor rendimiento de tal recurso, a favor de la creación de nuevas generaciones dotadas de los conocimientos por el derrotero de la ciencia y la tecnología contemporáneas. En este sentido surge el imperativo de elevar la capacidad de maestros en todos los niveles para la impartición de enseñanza y sustentar a auténtica democracia. El tema de la Educación es fundamental en el desempeño del régimen en los tres niveles de Gobierno. Las cifras dan el síntoma y la economía el reflejo de la competitividad internacional. En ese tenor se sustenta la necesidad de elevar los índices de aprecio a los servicios y productos mexicanos. Dios nos guarde de la discordia. sicpm@informador.com.mx

Tapatío 6 de enero  

Tapatío 6 de enero