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PÁGINA 10-B

Sábado 5 de noviembre de 2011

Fundadores • Jesús Álvarez del Castillo V. • Jorge Álvarez del Castillo Z. • Editor-Director • Carlos Álvarez del Castillo G.

Supervisor: Aimeé Muñiz / aimee@informador.com.mx

Sorbos cotidianos

Café... para todo En gustos se rompen géneros; el buen café no está en todas partes, pero aquí proponemos una ruta corta para encontrarlo

Que el corazón y la mente fluyan Partiendo desde el Centro Histórico de Guadalajara hasta Avenida de las Américas se contabilizan más de 100 cafeterías, algunas tradicionales como la cadena La Flor de Córdoba (Santa Mónica 100), el Madoka (Enrique González Martínez 138) y el Café D’Val (Pedro Moreno 690), sitios con cuya afluencia parece no disminuir –ni cambiar– al paso de los años; así como otras más recientes, como La Cafetería (Libertad 1700), que cada vez está más poblada, y la Estación de Lulio

(Libertad 1980), que no ha dejado de ser foco de atención para muchos, no obstante la cercanía de otros sitios también de gran atractivo para el paladar, como Zaguan Lambarri, La Nacional, El Sorbo, el Green Mug e incluso pequeño espacio de la librería José Luis Martínez del FCE, por mencionar algunas. Y aunque en muchos de estos sitios resulta cómodo sentarse a disfrutar de la una taza de café, ya sea en compañía o en solitario, hay algunos que destacan por la calidad de la bebida y se llevan –sin lugar a dudas– el aplauso de sus fieles visitantes que hasta pueden extasiarse con el simple aroma del grano de tan deliciosa bebida.

Sigue la ruta Según algunos enamorados del café, la ruta del café necesariamente tienen que centrarse en cuatro cafeterías que se encuentran en distintos puntos entre las avenidas Américas, México, La Paz y la calle Degollado; seguramente hay más sitios donde se puede disfrutar lo mejor de esta bebida… al final de cuentas, en gustos se rompen géneros. *Café Caligari, para viajar en el tiempo y llegar en bicicleta: está ubicado en la calle Juan Manuel 1406, entre General Cornado y Clemente Orozco, a dos cuadras de Chapultepec. A primera vista ofrece un espacio acogedor refugiado en una pequeña casa antigua. Aquí la delicada textura y el tono chocolatoso de los espressos enamoran al palar desde la puerta, que da la bienvenida al cliente con un concepto vintage, con artículos de decoración oldie. Ideal para celebrar entre amigos al terminar la jornada escolar o laboral entre los sillones de terciopelo y sillas de madera. *Demetria, intimidad y sabor: acuñado en la terraza de este prestigiado hotel boutique de la colonia Lafayette (Avenida La Paz 2219.), el café Demetria no tiene horarios para compartir una buena taza de capuccino espumoso y ligero. Aunque no es una cafetería de especialidad, este sitio se convierte en un punto de reunión obligado para los tapatíos y turistas que buscan un lugar privado con toques de elegancia y privacidad. *Boutique Degollado, para observadores: la imponente arquitectura del Teatro Degollado comparte espacio con unas modestas sombrillas que a su vez cubren a los clientes –en su mayoría turistas– de los

EL INFORMADOR • M. FREYRÍA

La garganta ya está lista y Felipe también. Es imperdonable que la taza de café no esté en la mesa cinco minutos antes de marcharse rumbo al trabajo. Así ha sido desde hace 30 años, cada mañana este hombre comienza su rutina: con un sorbo de café, “casero, pero a fin de cuentas café”. Felipe sabe, como muchas personas lo aseguran, que el café es prácticamente indispensable para iniciar el día… o para terminarlo con una buena charla entre amigos, con la familia o simplemente como remedio –eficaz para algunos– para dormir o no… parece que el café se moldea a todo tipo de personalidad. Guadalajara es una tierra amante del café. Sus habitantes lo consumen y se ve reflejado en la cantidad de personas que a diario se dan cita en las sucursales de reconocidas cadenas comerciales o en modestos negocios locales, donde el protagonista indiscutible es el café y sus derivados. Hay quienes no tienen ni la más mínima idea sobre cada una de las características de esta bebida y dan rienda suelta a su gusto con las sencillas bebidas calientes que se ofrecen en las tiendas de autoservicio, pero también están aquellos que cuentan con un paladar adiestrado, experto en detectar la textura, calidad y sabor de cada taza preparada en las cafeterías más populares de Guadalajara y no se conforman con un clásico americano, van por el sorbo –considerado quizá– más exquisito y fino en la naturaleza del café: el espresso. Algunos baristas lo confirman y también los bebedores habitual –de hueso colorado, por decirlo de otra forma–, si el espresso es bueno, es seguro que el resto de las bebidas lo será, como el capuccino, el late o el moka. Cual sea la elección, el intenso aroma a grano recién tostado y el notable sabor amargo deben sobresalir de cualquier manera.

• Con un estilo vintage el Café Caligari es una deliciosa opción para disfrutar de una buena taza de esta bebida, acompañada de una sabrosa charla entre amigos. rayos del Sol durante el atardecer y que se dan cita para disfrutar de una de las estampas más clásicas de Guadalajara: la Plaza de la Liberación. Aquí el espresso reaparece para destacar que en México también se pueden encontrar exquisitos granos de café tostado. *La Fama, un rincón citadino: este café tiene poco tiempo de inaugurado en el Centro Histórico de la ciudad, pero sus cafés americanos y mokas se han ganado el respeto de los apasionados a la bebida caliente. La estadía en este sitio es perfecta para reuniones laborales y estudiantiles, ya que cuenta con cómodos sillones, mesas y conexiones de energía para trabajar (o no) de lleno en la computadora. Calle Liceo 130, zona Centro.

PARA SABER Tómalo en cuenta ◗ ¿Cómo es un buen café? El gusto se rompe a cada sorbo, pero Ricardo Cárdenas, campeón barista 2010 de la Cafetería 5PM, detalla que existen algunos elementos clave para decidir si un café es bueno o no. “En un buen café tenemos que basarnos en ciertas cosas: la dulzura, el cuerpo, el retrogusto y la acidez”. ◗ El primer punto es detectar la calidad del sabor a través de la astringencia, esa sensación amarga que queda en el paladar –quizá un poquito más atrás– después de cada trago. Posteriormente viene la dulzura, ese to-

que delicado que está presente en el café sin necesidad endulzarlo. Algunos devotos al café aseguran que éste debe tomarse “caliente”, “amargo”, “fuerte” y “escaso”; será el gusto de cada persona lo que defina si hay que seguir al pie de la letra esta receta; lo cierto es que el café frío no es tan rico como el caliente, además de que la baja temperatura hace que éste pierda todas sus características; la amargura siempre estará, si no tal vez no sería café; lo fuerte se puede controlar hasta cierto punto, será quizá un asunto de resistencia, y lo escaso… bueno, eso no es para todos.

De paseo por el Parque Morelos

“Mi papá me regaló una máscara cuando yo tenía seis años; olían horrible porque las pegaban con el resistol llamado cola y que usaban los carpinteros… a mí me gustaba”, dice Gustavo Zárate echando la mirada hacia arriba, como seleccionando el recuerdo que tiene en su memoria desde hace más de seis décadas. “También aquí me compraron unos trompos de madera; hoy se usa el plástico y a los niños ya no les llaman la atención estos juguetes de cartón”, añade al tiempo que echa un ojo a los puestos que se encuentran a su paso, en busca de la máscara ideal para su nieto y una calaverita que regalará a su mujer. Con sus ojos de color caramelo en reposo, don Gustavo observa las calaveritas elaboradas en chocolate. Luis Fernando Mosqueda, un hombre robusto sentado dentro de uno de los 196 puestos que conforman la Feria del Cartón y del Juguete, situada en el Parque Morelos, le dice: “Estas calaveritas están a 50; éstas (señala con su dedo índice) a 25 y las más chiquitas a 15 pesos, depende el tamaño”. Luis Fernando vende además paletas

de ataúdes y diversas artesanías que en el mes de septiembre comienza a elaborar –desde hace 18 años– con ayuda de sus hermanos, esposa e hijos. Luego, a partir del 15 de octubre, se instala en el parque desde las nueve de la mañana y hasta que la luz natural se ha ido totalmente. Lajornadaeslargayparecequeésteno ha sido el mejor año. Y es que la verdad, dice el artesano, se esperaba tener una mayor y mejor afluencia durante los Juegos Panamericanos, ya se veía él –como otros comerciantes de la feria– colmado de clientes extranjeros… pero no fue así. “Las ventas disminuyeron hasta 40%, nosotros pensamos que iba a haber mayor auge y no fue así; pienso que la gente andaba metida en sus casas viendo los juegos y no nos hicieron caso. Yo vendía en esta temporada tres mil calaveras, pero si llego para finalesdelaferiaadosmilvanasermuchas; nos afectó mucho también que cerraran las escuelas”. Rubén Preciado Mora piensa igual, pero sigue atendiendo su puesto con alegría y luciendo un mandil rojo y blanco. Los dulces que se encuentran sobre la mesa llaman

la atención de los transeúntes: fruta cubierta de camote, chilacayote y membrillo; alfajor, rollos de guayaba, coco y miel. Pero el pan que este año ha llevado María Luisa Navarro se ha ganado las fanfarrias. “Para darles algo nuevo a mis clientes hice con el pan figuras de cocodrilo y tortugas, todo el pan lleva jugo de naranja y mantequilla. Son los más ricos. Los mejores están aquí”, dice la mujer al tiempo que espanta a las moscas de sus delicias con un trapo que sacude con su mano. “Para mí es un placer regresar a la feria cada año”. Es un gozo andar sin prisa por la Feria del Cartón y del Juguete, con el alboroto de los niños que jalan las faldas de las abuelas pidiendo comprarles calaveras para el altar de muertos; con los adolescentes que ríen por los pasillos colmados de pan de huesitos dulces y flores de cempasúchil, y los adultos mayores que recorren el lugar y como por arte de magia regresan a su niñez, envueltos en aromas deliciosos y colores llamativos, en una ciudad que hoy es otra, pero todavía conserva la riqueza de sus tradiciones.

EL INFORMADOR • A. GARCÍA

Entre aromas y colores

• Dulces, panes, flores y juguetes se pueden encontrar en el Parque Morelos hasta el próximo 15 de noviembre.


Sábado 5 de noviembre de 2011

EL INFORMADOR

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TAPATÍO Diario de un espectador Temprano hay más luz, temprano está más oscuro. Así transitan los días primeros de noviembre. Las tardes se acortaron, las mañanas dieron un paso atrás para tener mejor vuelo. La puerta del jardín se cierra lentamente; quedan el júbilo y la gracia de los árboles serenos mientras la tarde sigue. Otras puertas se van abriendo al que camina. De arriba del aire baja el aire de un huapango, un rasgueo de guitarra, un entrevero del día que se sabe habrá de durar por siempre. Instantáneas noticias favorables. Dice Charles Tomlinson: Muy poco/ se ha dicho/ de la puerta, una de/ sus caras vuelta hacia el/ vertido de la noche y la otra/ hacia el brillo y parpadeo del fuego del hogar. ** Una pregunta de René Char: “¿Es vivir obstinarse en consumar un recuerdo?” Y una afirmación: “En nuestros jardines se preparan bosques”. Dos frases que resuenan contra una cita de Wallace Stevens, hallada al azar de la elusiva pantalla: “La poesía es una respuesta a la necesidad diaria de arreglar el mundo”. La entrada de hoy para este diario, piensa este espectador, es una misteriosa química de hallazgos y referencias que se anudan en los traqueteados cuadernos de dibujo, en los libreros vagabundos, en las calles transeúntes y tornadizas. Unas revisitadas líneas de Jaime Gil de Biedma, lapidarias, casi un epitafio: “Más, cada vez más honda/ conmigo vas, ciudad,/ como un amor hundido,/ irreparable”.

en versos ceñidos y fantasiosos, el If de tantos ensayos de traducción e irreductible, más aventuras y barcos, Gunga Din, los hijos de Martha, Mandalay… Por el puro gusto, se reproducen, seguidos de una traducción más que aproximativa, los últimos versos de Mandalay, su música inigualable y empecinada. On the road to Mandalay, Where the old Flotilla lay, With our sick beneath the awnings when we went to Mandalay! On the road to Mandalay, Where the flyin’-fishes play, An’ the dawn comes up like thunder outer China ‘crost the bay! En camino a Mandalay,/ Donde la vieja Flotilla yace,/ ¡Con nuestros enfermos bajo los toldos mientras íbamos a Mandalay!/ En camino a Mandalay,/ donde juegan los peces voladores,/ ¡y la aurora viene como el trueno desde China y a través de la bahía! **

Peter Gabriel, probablemente, tiene una de las voces más reconocibles de los tiempos del rock. Desde sus iniciales incursiones con Genesis y sus disfraces de flor y de dragón, a través de su ya larga carrera individual, en sus giras, en la audición desvelada de sus canciones que han logrado ser la insignia de una generación o dos. Un disco reciente, sin guitarras ni tambores, al mando de la New Blood Orchestra, confirma la vigencia del aguerrido cantor de The lamb lies down on Broadway. Un suntuoso y muy cuidado fondo de cuerdas y cornos ** conduce la dúctil avanzada de Gabriel por territorios aparentemente Eugenia Coppel Ochoa, ate- conocidos, coros y silencios. Y la niéndonos a la evidencia, es dueña canción no permanece igual. Recode un ojo privilegiado. Circula por mendable. la ciudad en bicicleta, esa máquina de apropiación urbana hasta ahora ** inigualada. Porque tras el manubrio de un biciclo, es el equilibrio Fragmentos, dispersos, fulguinasible e instantáneo la primera rantes, de T.S. Eliot, de sus Twelve condición para el viaje. Ese frágil poems, escritos en 1920, año magbalance está hecho de muchas co- nético. Y San Apolinar, tiesa y assas: el ánimo con que quien pedalea cética,/ Vieja fábrica desafecta de emprende el trayecto, el aire que Dios, mantiene todavía/ en sus piesostiene no sólo al ciclista sino a la dras ruinosas la forma precisa de ciudad que a su alrededor transcu- Bizancio.// Se mostrará mi cenotarre, la cambiante catadura de pavi- fio/ en las ardientes costas de Momentos y banquetas, la minucia irri- zambique.// Señales que son tomatante de rajaduras y desniveles que das por prodigios. “Veríamos una acechan, los olores que mecen o señal”./ El mundo dentro del munatosigan, los pájaros en vuelo, los do, incapaz de decir palabra,/ Emdemás. Todo contribuye a que el pañado de oscuridad. En la renocontinuado milagro del equilibrio vación del año/ vino Cristo el prepare al ojo para el descubrimien- tigre.// Después de tal conocimiento y la invención, en veces para el to ¿cuál perdón?/ piensa ahora/ la gozo o el lamento. Dueña, así, pro- Historia tiene muchos pasajes aspietaria de la ciudad, Eugenia ciclis- tutos, retorcidos corredores/ y salita establece su dominio con una mi- das, engaña con susurrantes amrada que insiste en ver más allá: a biciones,/ nos guía con vanidades. través del espejo. Como a Alicia, Piensa ahora.// Vi al pótamo tomar maravillas y deslumbramientos la el vuelo/ ascendiendo desde las húesperan. Los entrega ahora en su li- medas sabanas/ y los ángeles a su bro Ciclovista Guadalajara, descu- alrededor cantaban/ la gloria del brir la ciudad en bicicleta, publica- Señor, en fuertes hosannas.// El do por la UdeG. Aprendizaje dueño con alguien indistinto/ conejemplar, recordatorio de que los versa en la puerta, aparte,/ los ruiprodigios esperan: la ciudad recibe señores cantan cerca/ del convenel homenaje. to del Sagrado Corazón. **

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Kipling otra vez, así solo sea para corresponder a la caudalosa admiración que Borges expresa una y otra vez por el escritor británico. Repasar sus poemas apenas envejecidos por el tráfago del tiempo y las veleidades de las modas. Un resonar de tambores lejanos, inflexiones de marineros borrachos, recuento de guerreros y barcos, la ley de la jungla inscrita

Destrucción de los jardines: avanzan las huestes crasas del cemento y el caucho y el aceite quemado. Estrechan el cerco, acosan, tiñen de fealdad y de espesa vulgaridad lo que tocan. Un pequeño jardín muerde el polvo y el imperio del automóvil extiende sus ávidas fronteras. Temprano, el carretón de la basura se lleva las ramas masacradas.

EL INFORMADOR • A. MUÑIZ

POR JUAN PALOMAR

• La estatua en honor al humanista Antonio Gómez Robledo (1908-1994) es uno de estos monumentos perdidos en la ciudad (en la confluencia de las avenidas México y Chapultepec) que prácticamente no lucen.

Fatiga Crónica

Una industria sinfín por: David Izazaga “Al paso que vamos, para el principio del siglo 21 habrá más estatuas y monumentos que habitantes en China”. La anterior frase se la debo al general don Antonio Silva Aranguren, a quien no conocí pero que pudo haber sido mi abuelo, según correspondencia amorosa –para la época– y libretas de memorias que guardaba celosamente mi abuela, hasta que melaspiñé.(Ojo:piñaresunverbonuevo,descubierto al mismo tiempo y por la misma persona que registró hace unos días el elemento 121 de la Tabla Periódica: el Robalio. Dicho verbo aparecerá ya en la nueva edición del DiccionariodelaRealAcademiadelaLengua. Gracias.) La frase en cuestión, debo advertir, se encuentra dentro del contexto de una serie dereflexionesquehaceelgeneralSilvaentorno a México. Y en torno a esa frase he tratado de imaginar el grado de inteligencia, habilidad y visión que pudo haber caracterizado al general Silva Aranguren. Una gran virtud y a la vez falta de tacto. La virtud: que el general Silva mostró visión al pronosticar un acelerado incremento en la construcción y elaboración de estatuas y monumentos.Lafaltadetacto:elcálculoquerealizó. Para esto último surgen dos hipótesis: a) que dijo China por decir cualquier lugar (y entoncescabepensarenlugarescomoSingapur, Madagascar o Zacapu, sin que eso altere el sentido de la frase); o b) que en verdad creyó queparaentonceshabríamilesdemillonesde estatuas y monumentos. Me quedo con la primera de las hipótesis. La aseveración del general Silva concuerda con lo que dijo don Aníbal Kelly la noche que visitó mi casa: “En ningún lugar de todos los que he visitado hay tantos monumentos como en México”. Silencio sepulcral, pues nadie sabía del cosmopolitismo de Kelly. Sin embargo, aún sin todo lo anterior, estoy consciente de que en México la gran industria del monumento trabaja sin descanso día y noche. La cadena se inicia con el nacimientodelpersonajeyterminaconelquefunde la estatua que ha dejado de ser relevante en la ciudad –sea porque sus ideas ahora van en contradelespíritudelanaciónoporqueyanadie acude a dejarle flores en su aniversario–, o mejor: no termina jamás, pues con el metal fundido después harán llaves Alba que luego el padre pedirá a los feligreses para hacerle una estatua al señor Cardenal. Porque en este mismo momento, me informan, en distintos puntos de la república se trabaja en 17 monumentos a Colosio, 12 al Papa Juan Pablo, tres a Maquío, cuatro a Vicente Fox y uno al zapatista desconocido. Todo esto sin contar los del medio artístico (tres a La Tigresa –dos a la nuestra y una a la de Oriente–, dos a Cantinflas, uno a Chaf y Kely y uno a Corona y Arau). Y sin contar también los 14 a Zedillo, que están detenidos en tanto no se decida si es mucho dis-

pendio o no el ponerlo a caballo. Toda una industria, ni duda cabe. ** Análisis aparte merece la idea de que no puede haber glorieta sin estatua o busto. Después estorba la glorieta y el prócer tiene que ser jubilado, como le pasó al Belisario Domínguez que estaba en una glorieta (Belisario Domínguez y Circunvalación Dr. Átl) de la que ya nadie se acuerda y que me lo mandaron a un parque que sólo existe en la mente de 12 tapatíos. Ni qué decir del “Témoc” que estaba frente al Expiatorio y lo mandaron a hacerle compañía al Tenamaxtli (que estaba en el parque Alcalde y lo movieron también. ¡Uf!) Que está en Analco. Y está el caso, también, de aquellas que son colocadas en donde de plano lo que se quiere es que pasen desapercibidas: en lo más recóndito de un parque (como la bailarina que está en el parquecito de Justo Sierra, entre Nelson y Lincoln),

o la estatua de Chopin que está en Alcalde y Avenida de Los Maestros, justo bajo unos árboles, escondidita. Ya ni para qué le movemos con las que están en la rotonda de los jaliscienses ilustres, antes conocida como de los hombres ilustres: antes no cualquiera, peroahora,yasólofaltaqueponganahí la de El Pirulí y la del próximo diputado plurinominal del partido verde que fallezca. Al rato, al paso que vamos, no va a haber rotonda, sino puras estatuas, una tras otra, juntitas, hasta ser mil. Y propuestas para próximas estatuas no han de faltar, pero no quiero terminar sin dejar aquí asentada la mía: una estatua al líder del sindicato “patito” (sobrarán nombres), y colocarla en Arcediano, en el punto más bajo de la barranca. Si al rato hay presa y se llena todo de agua no faltará parque que lo arrope o, en todo caso, fundidora que lo vuelva llaves. david.izazaga@gmail.com


Tapatío 5 de noviembre