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Serafín amanece feliz tocando el saxofón. Está tan entretenido, que se sorprende cuando su mamá le dice: –Serafín, ve a llevarle el almuerzo a tu abuelo que trabaja en el bosque. –¿Ya es mediodía? -pregunta Serafín. –Sí. Y el abuelo debe tener hambre. Apúrate.



Serafín guarda su saxofón y camina hacia el bosque. El sendero bordea una laguna azul. A la orilla, crecen flores de muchos colores. Serafín se detiene a mirarlas… y por fin escoge una.



Pero, entonces, un cocodrilo sale chapoteando del agua. –¿Por qué has tomado esa flor? ¡Ese color es horrible! El cocodrilo grita tan fuerte que salpica de saliva a Serafín. –¡Qué asco! -dice Serafín y huye bosque adentro.



El cocodrilo lo persigue chillando: –¡Ven! ¡Vuelve acá! Quiero comerme tu cesta llena de comida. Y no me hagas correr que me duelen mucho las rodillas. Serafín corre más rápido que el cocodrilo, pero… ¡Algo se le atraviesa en el camino!