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De pronto, Búho oyó un fuerte golpe en la puerta de su casa. —¿Quién puede estar allá fuera llamando a mi puerta en una noche como ésta? –se preguntó. Búho abrió la puerta. Pero no había nadie. Sólo la nieve y el viento.

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Búho volvió a sentarse cerca del fuego. De pronto, escuchó otro golpe en la puerta. —¿Quién será? –dijo Búho– ¿Quién podrá estar llamando a mi puerta en una noche como ésta? Búho abrió la puerta. 7


Pero no había nadie. Sólo la nieve y el frío. —Pobre Invierno –dijo Búho–. Él es quien toca la puerta. Tal vez quiera sentarse un rato junto al fuego. Seré amable y lo dejaré entrar.

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Búho abrió la puerta de par en par. —Pase adelante, señor Invierno –dijo Búho–. Pase y caliéntese un ratito. 9


Invierno entr贸 a la casa soplando con furia. Un golpe de viento helado empuj贸 a B煤ho contra la pared. 10


Invierno dio vueltas alrededor de la sala. Con un soplido apag贸 el fuego de la chimenea. 11


La nieve subió silbando por las escaleras y bajó resoplando por el pasillo. —Señor Invierno –gritó Búho–, usted es mi invitado. ¡Esas no son maneras de comportarse! Pero el invierno no le hizo caso. Batió y zarandeó las persianas y convirtió la sopa de arvejas en un cubo de hielo verde.

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El invierno recorrió todas las habitaciones de la casa de Búho. Muy pronto, todo estuvo cubierto de nieve. —¡Tendrás que irte, Invierno! –gritó Búho– ¡Vete ya!

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El invierno contestó con un resoplido y se marchó dando un portazo. —¡Adiós! –gritó Búho–. Y no vuelvas más.

Buho en casa  

Buho en casa