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Los caminos de la Redota. Enfoque histórico arqueológico y georreferenciación

su paso” (Berra, 1895). La cuarta edición, de 1895, mantuvo las apreciaciones sobre Artigas, aunque minimizó su actitud condenatoria directa y continuó con defensa cerrada del fin instrumental de la historia “para corregir las ideas y para moralizar las costumbres del porvenir” (Berra, 1895: 19). En 1860, Isidoro de María publicó Vida del Brigadier General José Gervasio Artigas, fundador de la nacionalidad oriental, uno de los primeros alegatos reivindicativos de esta figura. En 1856, el Presidente de la República, Gabriel Antonio Pereira, aprobó labrar en la tumba de Artigas la inscripción: Fundador de la nacionalidad oriental (Carámbula de Barreiro, 1957: 230-294), que habría propiciado, de acuerdo a la interpretación piveliana, el inicio de una tímida reivindicación oficial. El 19 de mayo de 1862, el representante parlamentario por Soriano, Tomás Diago, argumentó a favor de la erección de un monumento en homenaje al Fundador de la Nacionalidad Oriental José Gervasio Artigas, a ser colocado en la Plaza Independencia que, desde ese entonces pasaría a llamarse Plaza Artigas. Otro de los diputados, que apoyó el proyecto, planteó la necesidad de incorporar a los planes de estudio temáticas relacionadas al período de la fundación de la “nacionalidad”, ya que, según su criterio, no eran hechos conocidos por la población (Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Representantes, 1886: 153-157). En la sesión del 9 de junio, fecha en que se votó el proyecto definitivo, se resolvió aprobar una disposición para solicitar “suscripciones voluntarias”, que se encargarían de costear parte de la estatua, para demostrar que, como sostuvo el diputado Diago, “la nacionalidad oriental fue la que levantó ese monumento” (Diario de sesiones de la Honorable Cámara de Representantes, 1886: 636). El filósofo francés Ernst Renan sostuvo que “el olvido, y hasta diría el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación, de modo que el progreso de los estudios históricos es a menudo un peligro para la nacionalidad”. El historiador uruguayo Carlos Demasi ha planteado que la nación es una “identidad relacional” que puede incluir a determinados grupos sociales o figuras a su universo conmemorativo, al tiempo que excluye a otros (Demasi, 2005: 103). Cuando esa reivindicación proviene desde “arriba”, sus artífices, los sectores dominantes, se encargan de “pulir” los rasgos más conflictivos de, por ejemplo, un personaje histórico, despojándolo de cualquier contenido que contradiga su universo de valores. De esta forma, el período artiguista perdió su carácter transformador (hasta las décadas de 1950 y 1960, período en el que se produjo un significativo avance en el conocimiento histórico y una apropiación del héroe por parte de la izquierda partidaria, serán más bien 57

Los caminos de la Redota  

Ana Frega/José López Mazz (compiladores)

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Ana Frega/José López Mazz (compiladores)

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