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Interdisciplinarias 2013

En 1818 Pedro Feliciano Cavia, otrora secretario de Manuel de Sarratea, publicó, a pedido del Directorio de Buenos Aires, un panfleto antiartiguista en el cual compuso un cuadro de la emigración de 1811, que había presenciado desde Concepción del Uruguay, según el cual Artigas ordenó a sus hombres que robaran, mataran y violaran, para atormentar a las familias y, por ende, obligarlas a marchar junto al caudillo. “Todas esas miserables familias no encontrando otro asilo para ponerse al abrigo de esas vexaciones, cuyo verdadero origen ignoran, se incorporan a las divisiones orientales, y dan a D. José Artigas el grado de importancia, que es consiguiente, cuando un pueblo en masa forma la escolta de un caudillo” (El Protector Nominal de los Pueblos Libres D. José Artigas, clasificado por el Amigo del Orden, citado por Pivel Devoto, 1965: X-XI). Esta versión, con matices, fue la que se difundió en el Río de la Plata por los cultores de la “leyenda negra”. En 1823, Santiago Vázquez, partícipe en un tramo de la migración, profundizó la visión vandálica de las tropas artiguistas que obligaban a la población a marchar, provocando “todo el mal posible” a los que mostraran algún tipo de reparo o resistencia. Esta visión de Vázquez expresaría el temor a la multitud y al desorden, pero también, y siguiendo a Pivel Devoto, sería un argumento anticaudillista, en alusión a las diferentes facciones que emergieron en aquel momento. A lo largo de ocho números, lo que duró el análisis de Vázquez sobre el período revolucionario y los acontecimientos políticos recientes, las menciones directas a Artigas son esporádicas, en la mayor parte de los casos el autor se refirió al caudillo de forma figurativa. El análisis también negó el papel del pueblo y adjudicó los males de la revolución a los caudillos “que dominando por el terror y abrazando la anarquía, siguieron a su vez los mismos pasos de los jacobinos” (El Ciudadano, 6 de julio de 1823, p. 1). En 1825, los jefes del levantamiento oriental acallaron de forma sibilina el nombre del Artigas. Probablemente su mención hubiera alarmado a los porteños, temerosos ante el resurgimiento de los ideales autonomistas. “La consigna de la hora fue, si no desterrar en lo íntimo el recuerdo de una época, evitar que se encendiera la lucha en torno a un nombre que encarnaba tantos rebeldes, cuando era necesario el concurso de quienes lo habían combatido, y abrigaban aún contra él indisimulada adversión” (Pivel Devoto, 23 de junio de 1950, “De la leyenda negra al culto artiguista”, Marcha, p. 2). La polémica se instaló en la prensa montevideana, en especial tras los artículos de Santiago Vázquez en las páginas de El Pampero, órgano de prensa de los libertadores, que no escamoteaba afirmaciones vejatorias contra Artigas. Probablemente, razones vinculadas al temor de estos sectores 54

Los caminos de la Redota  

Ana Frega/José López Mazz (compiladores)

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Ana Frega/José López Mazz (compiladores)

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