Page 1

1


Esto ya no era broma: mi enamorada y mis compañeros de viaje me abandonaron a mi suerte en el primer caserío que encontraron. Para variar mi mochila, también, se la llevaron. ¿Qué debía hacer? Regresar a Cajamarca no era buena idea. Sería el hazmerreír de todo el colegio. Mi madre dirá que me lo merecía, que yo siempre supe que Alexander y sus amigos tenían mala vibra y, de paso, contagiaron a Gabriela. No, yo no regresaría a Cajamarca como el avestruz con la cabeza enterrada. Yo volvería triunfante con el concierto de Soda Stereo tatuado en el alma. Pero no tenía la más remota idea de cómo llegar a Lima. Recordé que tenía dinero y podría pagar el pasaje en el primer bus que apareciera, luego tomaría un taxi al hotel donde habíamos reservado las habitaciones, hablaría con Gabriela y nos alejaríamos de ellos. Iríamos al concierto los dos solos y regresaríamos de la misma manera en un bus. Todo sonaba tan bonito, pero luego el entusiasmo se vino abajo. No podía engañarme, Gabriela sabía del plan. Pateé con fuerza unas latas de cerveza que vi en el suelo y casi impactaron en un auto estacionado al otro lado de la pista. El coche no estaba tan viejo, era gris y Toyota. Un auto que de hecho no era del dueño del restaurante, ni de algún lugareño. Era de los tres tipos con la chica que seguían dentro, seguro riéndose de mi abandono. —Si piensas esperarlos mejor pide una silla —escuché una voz de mujer a mi espalda. Giré lentamente, era la chica de cabellos esponjosos y labios rojos. Su voz era gruesa y nada dubitativa. No me miró a los ojos, sino que observaba al extremo de la pista por donde la combi había desaparecido. 2


—Lo tenían planeado desde Cajamarca. Tú les facilitaste las cosas nada más. —¿Qué diablos estás diciendo? —la miré fijamente a los ojos. —Sé muchas cosas de ti y de tus amigos —respondió retándome con la mirada—. No te alarmes, las cosas ya están dadas. Si me ayudas a deshacerme de esos tres tipos que me siguen te puedo llevar a Lima. Estás en mi ruta. —¿Quién eres? —A veces es mejor no saber —dejó escapar un suspiro y continuó— pero llámame Camila —su voz, su manera de hablar no eran de una cajamarquina o de una limeña, aunque trataba de disimularlo. —¿Y cómo es que sabes tanto de mí y mis amigos? —¿Los que te acaban de dejar son tus amigos? —soltó una risa burlona.—Vaya, que amigos tienes. Uno en especial, el que cortejaba a tu novia. —¿Qué dices? —Vamos, pequeño, ¿no me digas que no lo sabías? El chavo más simpático, el de porte atlético la veía luego de que te ibas a tu casa. —¡Vete a la mierda! Mi corazón pendía de un hilo. Eso no era verdad. Quise alejarme de ella, di unos cuantos pasos hacia ningún lado. Un tráiler pasó a toda velocidad levantando polvo. —Si quieres llorar hazlo. Pero yo no tengo todo el tiempo para esperarte. Se está haciendo tarde y son casi quince horas de viaje. —Vete con tus amigos, me iré en bus. No me importaba si era un bus una camioneta o camión, lo único que quería era alejarme de aquel lugar. 3


—Mira, pequeño —pronunció las dos palabras irónicamente—, te estoy dando la oportunidad de tu vida, si quieres ir al hotel junto a ellos, ayúdame. Si te vas en bus llegarás mañana al anochecer. Perderás mucho tiempo si lo que quieres es vengarte. En ese momento apareció uno de sus compañeros de mesa. —Ya deja de interrumpir al niño. Vuelve a entrar. —No lo haré —respondió la chica con sus ojos puestos en los míos, como diciéndome esta es tu oportunidad. Los otros dos tipos salieron del restaurante listos para actuar. —Camila, por favor, olvida lo que dije. —¡Váyanse al diablo los tres! —giró para verlos y se alistó para pelear. Por más que quería intervenir mis piernas y mi lengua ya estaban derrotados. Los tres pasaban los veinte años. El primero, el más alto y de cuerpo atlético, dejó de sonreír. Al verse protegido por sus dos amigos caminó con confianza hacia ella y la tomó de la mano para obligarla a entrar; pero ni siquiera la movió, fue él quien casi pierde el equilibrio. Sus amigos se burlaron. —No hagas eso —le dijo ella—. Y dame las llaves del auto. Antes que él intentara abrazarla, ella tomó su brazo y tiró de él hacia su rodilla donde se estrelló el rostro del tipo que perdió el conocimiento y en cuestión de segundos ella sacó algo de su cintura, era un arma con la cual apuntó a los otros dos. —Las llaves. ¡Entréguenme las pinches llaves! Uno de ellos sacó de su bolsillo las llaves y las tiró a los pies de Camila. Me apresuré a recogerlas. Los dos hombres levantaron las manos. 4


—Enciende el auto. Corrí hacia el vehículo y prendí el motor. Ella retrocedió sin dejar de apuntar a los dos. Subió. —¡Arranca el puto carro! Pisé el acelerador a fondo quemando las llantas en el pavimento y cruzándome con un camión. El claxon de semejante tráiler casi rompen mis tímpanos, si no frenaba a tiempo hubiera partido en dos el auto. Cuando todo pasó y teníamos al frente una larga pista que era compartida con las luces de los demás vehículos que venían en sentido contrario, Camila rompió el silencio. —No lo haces tan mal, se ve que tu padrastro te enseñó muy bien o fueron los videojuegos de carreras. Soltó el comentario encendiendo la luz para verse en el espejo. —¿Quién eres? —giré para mirarla por unos segundos—. ¿Cómo sabes tanto de mi vida? —ahora que la veía más cerca, no eran tan mayor como pensaba. Estaba seguro que no pasaba de los dieciocho. Sacó una liga de su bolsillo para amarrarse el cabello. Ella ni se incomodó por la pregunta, siguió mirándose en el pequeño espejo que tenía al frente. Verificó su frente, su cuello y si el rímel no se corrió. —¿No me piensas responder? —insistí con el corazón bombeando a mil por minuto. —Te acabo de sacar de un pozo. Apenas nos conocemos y ya empezaste con las preguntas —respondió sin quitar la vista del espejo. —Corrección, yo no te conozco, pero veo que tú sí. ¿Y quiénes eran esos tipos? —unas gotas de sudor rodaron 5


por mis mejillas, el cuerpo me temblaba. —¿Ya ves? son muchas preguntas. Los tipos eran compañeros de viaje, también van a Lima, pero luego me aburrieron. Uno quería cogerme y a los otros dos poco les faltaba para unirse, así que antes de ser el plato fuerte de tres pinches nacos decidí adelantarme. —Si pudiste defenderte sola, por qué necesitabas de mi ayuda. —Claro que no la necesitaba. Aún no tienes el valor para enfrentar este tipo de situaciones. Si te pedí que me ayudaras fue porque no me gusta viajar sola. Sus ojos brillaron como dos diamantes y sus facciones se agrandaron para mostrarme una sonrisa. “No pierdas la calma René, sigues vivo, es lo que cuenta”, me dije. Miraba al frente, tratando de controlar la velocidad y esquivando los baches, mientras la chica del costado se veía muy relajada, como si no pasara nada.

6

TE VERÉ VOLVER  

Parte de un capítulo de la novela donde se conocen los personajes principales de la historia.

TE VERÉ VOLVER  

Parte de un capítulo de la novela donde se conocen los personajes principales de la historia.

Advertisement