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21 DE NOVIEMBRE DE 2008

CHEMA REY, PERIODISTA Y DJ

«El rock hedonista define esta época» TEXTO: EDUARDO TÉBAR ROCEDENTE de la generación que sentó las bases del periodismo musical en España en los setenta, Chema Rey ha ejercido de gurú de la psicodelia, el ‘swinging London’ y el ‘indie’ bailable durante 25 años en ‘Bulevar’, emblemático espacio de Radio 3. Ahora retirado de la emisora pública tras el último expediente de regulación de empleo, este amante de la literatura ‘tardomedieval’ y descubridor de una generación de bandas españolas –que bautizó como ‘La revolución de los colores’– disfruta de su nueva faceta de DJ. Lleva más de sesenta ‘bolos’ este año y esta noche se estrena en Granada, en la sala Sugarpop.

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–¿Cómo plantea esta nueva versión de ‘Bulevar’ a los platos? –Muy próxima al espíritu del programa. De hecho, comienzo con la sintonía, lo presento en directo y luego depende mucho del tipo de público o sala. Si compruebo que la audiencia es fan del programa y de Radio 3, voy interaccionando con la gente, comentando los temas y obligándola a participar. La verdad es que hay noches fantásticas en las que el público corea las canciones, bajo la música y son ellos lo que cantan. Un poco como un concierto. –O sea, que hablamos de sesiones muy radiofónicas… –La sesión viene a ser un grandes éxitos de ‘Bulevar’, un reflejo concentrado y orientado muy directamente al baile de los grupos que he tenido el honor de descubrir o estrenar en España. Primal Scream, White Stripes, Rinôçérôse, Beck, Dandy Warhols, así como los nacionales que yo englobé como ‘La revolución de los colores’: Deluxe, Sidonie, Sunday Drivers, Lori Meyers… Todo salpicado de clásicos absolutos que acompañan mi trayectoria como crítico musical. –Durante un cuarto de siglo en antena, usted catapultó a numerosos artistas en Radio 3. ¿Se considera un padrino? - Si desvestimos al epíteto de sus connotaciones mafiosas, sí, claro. En cierta manera, cualquiera de nosotros, Jesús Ordovás, Tomás F. Flores o Julio Ruiz, somos un poco padrinos de diversos artistas o incluso escenas en determinados momentos de esta pequeña larga historia que arranca en la Transición y sigue con la dichosa Movida. Lo curioso es que mi vinculación fue siempre mayor con la música internacional. Yo fui culpable en los ochenta de la irrupción del ‘nuevo rock americano’. Es más, me tocó presentar a Dream Syndicate en el histórico ‘La edad de oro’. De alguna forma, descubrí a U2, REM o Pixies. Y sufrí, como U2, el castigo del público por defender en aquel punto la introducción de la electrónica, la revolución de Primal Scream y los sonidos de Manchester. –¿Cuándo le empezó a interesar el producto español? –No fue hasta Los Planetas y Dover que la música española comenzó a despertar en inglés o en castellano y empezó realmente a apasionarme. Nadie sabrá nunca lo que Los Planetas o Dover hicieron, a su manera y desde frentes complementarios, por la música en este país. Tras ellos, el universo ‘indie’ se abrió, dejando paso a un relevo que yo considero el más brillante de la música española. Con res-

TODO MÚSICA. El periodista musical Chema Rey (derecha) se estrena esta noche en Granada como DJ. A la izquierda, con camisa azul, posa con Dirty Princess y D 21.

pecto a algunos protagonistas de esa nueva generación, puedo aceptar lo de padrino.

Mundo autista –¿Y qué opina del maniqueísmo en la prensa especializada? Ya sabe, esas guerras entre tribus urbanas; los odios que ‘indies’ y ‘rockers’ se profesan. –Siempre ha sido así. Parece que el enfrentamiento es parte de la condición humana. Pero es algo todavía más inevitable en un mundo tan autista como el de los medios alternativos, que proyecta en determinados grupos sus deseos, frustraciones o actitudes personales y que no entiende ni perdona supuestas traiciones. Es lamentable ese falso purismo ‘indie’ que trata de impedir el crecimiento de los artistas. Entiendo la crítica, feroz incluso, contra aquellos que escogen la comercialidad y cuya pérdida de motivación desemboca en discos deplorables. Pero no a artistas que dan un paso arriesgado en busca de sí mismos, como Deluxe o Sidonie, y se encuentran con cierta incomprensión de sus seguidores iniciales. –Hace poco, su colega Diego Manrique ponía como ejemplo a Deluxe para explicar las eternas reticencias entre las multinacionales y el pop independiente. ¿Por qué nuestros músicos no triunfan en primera división? –Es el signo de los tiempos. En los sesenta, los grandes llegaban a ser populares. Ahora también, pero fuera. Este país es diferente. Salvo lo que yo llamo la ‘época del espejismo’, que acompañó a la irrupción del cedé, la del disco como regalo navideño que marcó el fin de la Movida, la música sufrió una conmoción, una vuelta voluntaria al ‘underground’ propiciada por lo ‘indie’ y que ha construido su propio universo paralelo. Hay una brecha prácticamente insalvable entre ambos mundos. La mejor música se queda, como

Miembro de la generación que sentó las bases del periodismo musical y retirado de Radio 3, ahora disfruta de su nueva faceta de DJ, que esta noche estrena en la sala granadina Sugarpop siempre, en el lado minoritario. –¿Quién tiene la culpa? –La culpa no es esencialmente de las compañías. ¡Qué más quisieran ellas que vender lo que fuera! Tampoco del falso debate ‘multis-indies’. El problema es básicamente de educación. De sensibilidad. Y de políticas culturales que fomentan o permiten ejercicios de embrutecimiento colectivo como O.T., que no es sino la variante musical del fenómeno general de la telebasura. Afortunadamente, y de esto suelo hablar en mis conferencias, también hemos tejido un circuito de salas y técnicos que permiten la subsistencia a una ingente cantidad de personas, músicos, mantenedores y seguidores de ese entramado llamado música alternativa, en el que, ¡cómo no!, se dan a su vez niveles de rango y escalafón. Así que, bien mirado, ¿quién necesita la primera división cuando lo que importa es la música?

Sólido estatus –Cuenta el periodista Jaime Gonzalo que, en este gremio, lo peligroso es no tener enemigos. ¿Usted ha acumulado muchos? –Sí, claro. Los suficientes para confirmar un sólido estatus en esa sentencia derivada del «siempre es interesante que hablen de uno, aunque sea bien», que escribió Oscar Wilde. Supongo que un mundo donde los periodistas necesitan afirmarse

como artistas propicia una hoguera de vanidades y odios irracionales. Todo disfrazado, eso sí, en aras de la defensa de actitudes. Cosa que, también hay que decirlo, a veces es cierta. –¿Goza de buena salud ese ‘rock de caderas’ que usted tanto defendió? –Eso parece. En realidad, ese concepto de rock con actitud hedonista es, en buena parte, el que define nuestra época. Incluso Primal Scream apuestan por recuperar el optimismo mordaz, como los tiempos requieren. –Alaska cantaba «quiero ser un bote de Colón y salir anunciada en televisión». ¿Qué reflexión le sugiere que los ‘indies’ de hoy aparezcan de forma anónima en la banda sonora de los spots? –Dada la crisis, me parece legítimo que los artistas presten sus canciones a series o películas, algo que, por suerte, parece una práctica en auge en nuestra tele. No sé si sirve de mucho en cuanto a que un público más amplio descubra su música, pero sí ayuda lo suyo en derechos de autor, para mitigar las miserias de la crisis. Es una forma de subsistencia. El tema de los botes de Colón, la publicidad, los ‘sponsors’ y todo eso, es algo más resbaladizo. Lo suyo sería que el ‘Revolution’ de los Beatles no acabara anunciando coches de lujo. –Los Planetas, Lagartija Nick, Lapido, Niños Mutantes, Lori Meyers… ¿Qué me dice de la escena granadina? –Que siempre ha sido tremenda y que por suerte se renueva cada temporada. Lo que siempre me ha impactado de ella es su nivel poético. A veces, un tanto excesivo. Ya en los ochenta, el nivel literario de bandas como 091 era excepcional. Para mí, ‘Qué fue del siglo XX’, de Lapido, es la versión pop del libro de Eric Hobsbawm, puro arte visual en literatura pop. Y Jota Planetas tiene momentos sublimes de literatura psicodélica, como en ‘San Juan de La Cruz’.

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Chema Rey: "El rock hedonista define esta época"