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AMIGAS Y AMIGOS:

A lo largo de tres siglos Guaymas se ha forjado con esfuerzo y dignidad; estamos orgullos de lo que somos y trabajamos para ser mejores. Venciendo las resistencias de una geografía agreste, también hemos sabido aprovechar las bondades de la naturaleza que todo lo compensan. Nuestra historia es riquísima en tradiciones y cultura que se fortalece con la presencia de la indomable y generosa tribu yaqui. Además de las bellezas paisajísticas, apreciadas en el ámbito internacional, Guaymas posee sitios y acontecimientos históricos dignos de conocer. Plazas como la del 13 de Julio, el edificio de la ex Cárcel de la calle 15 y el propio Palacio Municipal son parte de nuestro gran patrimonio histórico. Una gran acción gloriosa es la Batalla del 13 de Julio de 1854. Con el General Yáñez al frente, Guaymas derrotó en feroz lucha a unos filibusteros franceses. Por ese motivo estamos de fiesta, celebración que deseamos compartir con todos los visitantes de Sonora y más allá de nuestras fronteras. El Festival del Mar Bermejo, hoy en día una de las celebraciones más importantes del Estado, es una gran jornada semanal de arte, cultura y alegría para todos. Para los visitantes tenemos hoteles, excelente comida, diversión y, sobre todo, la hospitalidad de los guaymenses que los recibimos con los brazos abiertos. Con una sincera sonrisa y nuestra amistad de siempre, los esperamos para atenderlos como se merecen y expresarles con alegría… ¡Bienvenidos al Festival Mar Bermejo!

CORDIALMENTE

H. Ayuntamiento de Guaymas Mónica Marín Martínez Presidente Municipal

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/////// GUAYMAS, UN 13 DE JULIO \\\\\\\

SANGRE Y FUEGO POR LA PATRIA Franceses: Los urbanos de Guaymas son maniquíes de papel que veréis derrotados al primer disparo”. Gaston Raousset de Boulbon

E

l disparo de la fusilería provocó un estruendo multiplicado por el eco de tanto cerro. Los guaymenses, más que de miedo, se alebrestaron a la rabiosa defensa de lo suyo. El ataque de los franceses escupía la muerte sin cesar, inmisericordes en su ambición por agenciarse esta tierra harto apetecida. El calor del 13 de julio de 1854 parecía incendiarse de tanto fuego de cañón y fusiles; de tanto grito, maldiciones y valentía por doquier. A pocos minutos de las dos de la tarde inició el fiero combate. No había lugar para la indecisión: era vencer o morir en la encomienda dictada por la patria, por las mujeres, por los hijos y los hijos de quienes vendrían después. Los urbanos y militares formaban un sólido ejército bajo el férreo mando de José María Yáñez, el general que inmortalizaría su nombre con la defensa de la plaza. A ellos se sumó un valeroso batallón de guerreros de la tribu yaqui, cuya participación contribuiría a determinar el curso de la batalla. Al frente de los bien armados mercenarios el conde Gaston Raousset de Boulbon pretendía apoderarse del puerto e iniciar el desgarramiento de la nación. “Títulos en regla nos aseguran a mí y a mis compañeros la mitad de todos

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los terrenos, minas, placeres, donde yo plante mi bandera”, había dicho. Y sus planes estaban en marcha Los patriotas mexicanos se pertrechaban de valor, bien prestos a derramar hasta la última gota de sangre para resistir la agresión. Aunque había incursionado otras ocasiones al puerto, el aventurero galo desconocía el valor con que estaban forjados los hombres y mujeres de esta tierra. En aquella época, de acuerdo a algunos historiadores, Guaymas contaba apenas con 2 mil habitantes entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Los atacantes eran casi 420 en gran parte franceses, aunque había de otras nacionalidades. Todos bien entrenados y mejor provistos de armas. Llegaron juntos desde San Francisco,

California, gracias a la torpeza del cónsul mexicano Luis del Valle. Conociendo el gobierno de Antonio López de Santa Anna que el conde reclutaba gente para una expedición a Sonora, se giraron instrucciones para desarticularlos. Se planteaba su contrato para enlistarlos al Ejército Mexicano y remitirlos a Guaymas, Mazatlán y San Blas en partidas no mayores de cincuenta hombres. Sin embargo, el cónsul del Valle embarcó a los cuatrocientos con destino a este puerto, a donde arribaron el 24 de abril a bordo de la fragata Challenge. A Yáñez le fue imposible cumplir la orden de reembarcar a los franceses, pues no tenía dinero ni modos de convencer a un grupo tan numeroso y en su mayoría rebelde. Durante varias semanas les dispuso un


establecimiento, a la altura donde hoy se encuentran la calle 25 y avenida 16. Pero los mercenarios seguían simpatizando con Raousset, que esperaba la oportunidad para reunírseles y cumplir su gran sueño de conquistar Sonora o morir en el intento. Paradojas del destino nacional: el conde había ya demostrado su rapacidad cuando el 14 de marzo de 1852 tomó Hermosillo derrotando al general Miguel Blanco. Luego de que Blanco recuperó la plaza, se firmó un convenio mediante el cual Raousset y sus hombres fueron liberados. “No, no he renunciado... ¡Volver a Sonora es el único pensamiento de mi vida!”, expresó días después. Las ambiciones del francés empezaron a vislumbrarse y el 25 de mayo de 1954 salió de San Francisco en la goleta Belle con 180 rifles y municiones para reforzar a sus hombres acantonados en el puerto sonorense. Aquella nave que en sus entrañas llevaba la muerte, pólvora y filosos aceros para arrancar el corazón y la voluntad a los guaymenses, atracó en la bahía durante la noche del 1 de julio. Raousset se entrevistó con el general Yáñez con al ánimo de engañarlo y ganar tiempo para sus aviesos planes; mientras, había repartido en secreto las armas entre los franceses

Aspecto del Obelisco en su antigua ubicación por la Avenida Serdán y Calle 22 a un costado de Palacio Municipal.

acuartelados. Las pláticas conciliatorias del general mexicano fracasaron y la situación se volvió tirante, insostenible. Un clima de guerra sustituyó a la apacible brisa del mar. Los invasores estaban determinados a conseguir la victoria e iniciar el desgajamiento de Sonora. Pero más dispuestas seguían las tropas nacionales y los urbanos, echándose valor unos a otros para soportar la acometida y salir airosos de aquel reto que les imponía su histórico destino. Sangre derramada El general José María Yáñez había dispuesto todo para la defensa: concentró a las tropas disponibles y convocó a los urbanos a repeler la inminente agresión. Sabían todos que estaba en juego el destino de Guaymas, la integridad de Sonora y la fortaleza de la nación. Para entonces, el conde Raousset ya había arengado al batallón de mercenarios galos con las siguientes palabras: “Los miserables contra quienes vais a pelear son los mismos que ya conocéis. Podéis considerar como segura la

victoria que os pondrá pronto en posesión de Guaymas; sus riquezas y hermosuras serán vuestras para gozarlas hasta el límite”. Formuló un plan de ataque en cuatro compañías para atacar el cuartel mexicano por el frente y la retagurdia, lo mismo que para tomar el fortín cercano a la playa. Desde su bastión, ubicado donde ahora está la calle 19, el general Yáñez dirigía el fuego de los soldados, daba órdenes a los artilleros y colocó francotiradores para repeler el ataque. Minutos después de las dos de la tarde empezó el combate, cuando la cuarta compañía francesa intentó tomar el fortín de la playa. Fueron rechazados por los valientes mexicanos. Sin embargo, por momentos pareció que la victoria coqueteaba con la gente de Raousset cuando sus francotiradores abatieron a los artilleros nacionales. El general Yáñez reordenó la posición de los cañones mientras los disparos de fusil atronaban por todas las calles y rincones del puerto. La lucha era encarnizada, sangrienta Las horas parecían minutos, el fuego intermitente y el arrojo de los nacionales les permitió tomar la ofensiva. El Conde que participaba con la primera compañía empezó a recular.

Inauguración del Obelisco conmemorativo de la batalla del 13 de Julio en defensa heroíca de la patria.

General José María Yañez quien derrotó a las tropas del Conde Gastón Rousset de Boulbón. Descubre Sonora · 5


Después de huir en desbanda hacia el lomerío contiguo al cuartel, Raousset y lo que quedaba de los suyos huyeron hacia el Consulado de Francia, jefaturado por José Calvo. La cuarta compañía de los agresores no corría mejor suerte. Un ataque de los valientes guerreros yaquis dispersó a ese cuerpo de batalla, algunos de sus miembros se refugiaron en el hotel Sonora (hoy Serdán y calle 21) Cuando el edificio fue recuperado a fuego de artillería y fusiles, la batalla del 13 de Julio prácticamente había terminado. Eran alrededor de las seis de la tarde. Todavía no sonaba el último disparo cuando la Belle partió en dos la bahía, zarpando hacia alta mar con casi sesenta pavoridos franceses a bordo. El vicecónsul Calvo, gentil diplomático ajeno a la reyerta traicionera, había izado la bandera blanca pidiendo clemencia para sus compatriotas. Las calles de Guaymas, sobre todo entre el sector que hoy comprende de la calles 19 a la 25, estaban cubiertas de cadáveres franceses y mexicanos, rodeados de más de cien heridos envueltos en ayes de dolor. La sangre generosa de los heroicos combatientes nacionales no se derramó en vano: con su sacrificio habían derrotado la infame agresión. En total resultaron muertos 15 mexicanos y 55 más fueron heridos, entre ellos el subteniente de los urbanos Wenceslao Iberri. Por su parte, 63 franceses pagaron con su vida el haber acatado los envilecidos arrebatos de Raousset; a los que se sumaron 65 heridos; 74 prisioneros y 159 rendidos a discreción. Durante poco más de cuatro horas de

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combate, el puerto todo se estremeció con más de 80 estampidos de cañón y alrededor de 15 mil disparos de rifles y fusiles. Raousset entregó su espada, postrado ante la determinación patriótica del batallón mexicano, del pueblo de Guaymas y de los indígenas yaquis. Los febriles sueños de conquista del infortunado conde derivaron en su muerte, cuando fue fusilado 29 días después tras un Consejo de Guerra. Corrieron con el viento las noticias sobre la jornada gloriosa de este puerto, alcanzando niveles internacionales y por todos los rincones del territorio nacional. “En Hermosillo hubo inmenso júbilo y las calles resonaron con gritos y vivas a la República y mueras a los extranjeros”, rezaba el periódico Daily Herald de San Francisco, California. El general José María Yáñez, oriundo de la capital del país y bragado en otras contiendas por la defensa de la patria, fue reconocido por la notable batalla del 13 de Julio. Pero más que los tributos y posteriores desaveniencias recibidas del exterior, el insigne general estuvo cierto de haber dejado memoria en este puerto. Aquí permanecen su victoriosa espada,

sus restos mortales y un aprecio que más allá de los siglos le brindará Guaymas al haberlo conducido por la senda del heroísmo.


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“A

‘LA 15’, ORGULLOSO GIGANTE DE PIE…

vión a Culiacán”, reza en letra irregular la frase de quien a través de la tosca imagen de un aeroplano fantaseaba con su libertad. Es uno de los tantos dibujos y garabatos, que con carbón o tinta registran las paredes de la ex Cárcel de la calle 15, hoy convertida en Museo Municipal. Son parte de la historia de este edificio que ingresó a los primeros reclusos el 22 de enero de 1908 y cuya construcción inició en 1894. Han transcurrido 113 años y sigue ahí, majestuoso, enorme y sólido como un gigante gris que se fortalece con el tiempo. Concebido para encerrar infelices y rufianes, el coso de piedra dejó de ser cárcel para convertirse en recinto de liberación espiritual mediante el fomento de la cultura y las artes. Hoy y desde hace muchos años, el inmueble es orgullo, representación y patrimonio cultural de los guaymenses.

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La tristeza ahí surgida durante décadas se ha sustituido con la música, la poesía y otras manifestaciones artísticas como expresión de la gente noble del puerto. Es la ex cárcel de la Calle 15 o simplemente “La 15”, “La de Piquitos”, “El Hotel de la 15”, “El Hotel del Chino Estrada” o “El Hotel de don Ulpiano”, como refieren algunos historiadores. Los inicios Por su dimensión histórica, el inmueble es reconocido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La cárcel pública se construyó en el corazón de una manzana conocida en otros tiempos como Plaza de las Carretas. Ahora es el centro de la ciudad. Un gran esfuerzo de gestoría realizó el entonces presidente municipal Prisciliano Figueroa, quien la inauguró aquel 17 de enero, hace 108 años. Figueroa participó en representación del gobernador Ramón Corral, acompañado del jefe de la Zona Militar, general Luis Torres. Cinco días después las puertas del penal se abrieron para ingresar a los primeros

reclusos, entre ellos los asesinos José “El Correíto” Gutiérrez y Manuel “Nachito” Espinoza. A la semana de su inauguración pudieron accionarse los cuatro relojes que adornan la gran torre del monumental edificio gris y blanco. Se estima que la construcción del coso de la 15 inició en 1894, a cargo de Alberto Guarneros, requirió una inversión aproximada a 80 mil pesos de la época. Algunas versiones apuntan que en la otrora Plaza de las Carretas, en mayo de 1877, se jugó béisbol por primera vez en suelo nacional. La explicación del INAH sobre el concepto arquitectónico de la ex Cárcel de la 15 es atrayente, es profusa: Piedra sobre piedra El antecedente conceptual de este tipo de edificios se remonta a la época medieval de Europa, donde los jerarcas mandaban hacer fortificadas construcciones para protegerse de los bárbaros y a la vez representar su fuerza y poderío. Dichas características son tangibles de


percibir en esta construcción, pues su volumen y concepción en general, y la disposición en el terreno, transporta momentáneamente a un castillo en la época medieval. El aspecto exterior del establecimiento caracteriza en su concepción un castillo de torreón de la época de dominación árabe en la antigua España (en la provincia de Zaragoza hay una construcción muy parecida). El sistema constructivo utilizado es muy homogéneo en todos sus elementos, explica un estudio del INAH. Todos sus muros están realizados en mampostería de piedra braza y basalto verdoso duro, bien labrado, donde predomina un espesor promedio de 60 centímetros. La totalidad de los entrepisos y azoteas están realizadas con estructuras leñosas a base de viguería de pino con sólidas cubiertas de concreto y enladrillado exterior.

Los interiores en su totalidad fueron realizados con austeros aplanados tersos de cemento y arena, en algunas partes pintados y en otras área sólo aparentes. De igual forma, los detalles volumétricos están formados con mampostería de ladrillo acabados con finos aplanados de cemento pulido aparente en su totalidad. Respecto a la herrería, está aparece como parte primordial de la ex prisión y se caracteriza por lo robusto de sus secciones y diseño austero en interior; en el exterior cuenta con secciones robustas pero con diseño artístico bien trabajado. Se han realizado algunas adecuaciones y remozamiento de áreas, siempre con la asesoría y vigilancia del INAH para mantener el cuidado arquitectónico de este edificio histórico. Hoy sigue ahí, fuerte, imponente y destacando en el azul celeste de todas las mañanas del puerto, para orgullo de las presentes y las generaciones por venir.

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Fotogalería Histórica

Aspecto de la co nstrucción del Ho tel Flamingos en ca rretera Internac ional salida norte, hace ya m ás de 40 año, se aprecia la carretera aún de terracería.

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Avenida Serdán en Guaymas, So nora en los años veintes, se aprecia la ac tividad comercial de la época en el cent ro de la ciudad.

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El Hotel Play as de Cortés desd inmemoriale s ha hospedad e tiempos o a artistas y personajes de la política nacional e internaciona l en las herm osas playas Bacochibam de po en el mar de Cortés. 12 · Descubre Sonora


Festividad en treintas.

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dificios an tigu y monume os nto en el puert s o de Guaymas permanece n ahí como testigos de la historia y la vida d e los Guaym enses, alg unos como recuerdo d e nuestros h éroes y de nuestros o rígenes.

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P

ara la Tribu Yaqui es lugar sagrado. Para los yoris es símbolo de iden�dad regional, de atracción para el turismo. Es el Tákale para unos; Tetakawi para los otros. Lo de Tetakawi fue una simple ocurrencia del yori u hombre blanco. Como falsa es la significación de “Tetas de Cabra” o “Montaña de Piedra” que se le sigue dando. Para los yaquis es ícono cultural, origen de la historia, cosmogonía total. Y ellos, los yoremes, le llamaron Tákale desde el principio de los �empos. Es uno de los lugares más legendarios para la comunidad indígena más importante de Sonora. Ahí, desde la cumbre de la montaña vigilan los Siete Guerreros de la Tribu Yaqui. Así lo explica Wasake Kutajui (de nombre Manuel Esquer Nieblas en castellano) con voz firme y segura. Kutajui es descendiente de Juan Maldonado Waswechia --mejor conocido como Tetabiate – y conoce la historia de su pueblo. Profusas son las arrugas que surcan el rostro de Manuel. 14 · Descubre Sonora

Surcos en su cara, camino de sapiencias por Vícam, Pótam, Huirivis, Belem, Lomas de Bacum, Lomas de Guamúchil y Rahum. La memoria indígena registra que el territorio yaqui abarca desde el Río Yaqui hasta la base del Tákale. Esa era la vastedad del mundo que ellos llamaban Pusolona. Un hermosa historia, mitología de estas �erras, se expresa en “La leyenda de la serpiente y el chapulín”.

Así se inscribe la historia cultural del Tákale o Takalaim: En los lejanos �empos, este territorio se llamaba Pusolona y era dominado por unos hombres pequeños. Eran los Surem, bajos de estaturas pero grandes de espíritu y sabiduría. Tenían como jefes a los Siete Guerreros: Cubajecame, el del tambor; Coracame, el del corral; Siquiri, el rojo; Repacame, el de la arracada; Makey, el más pequeño; Omteme, el enojado y Yasicue, el que está en el agua. Cierta vez, un mezquite que se localizaba entre los dominios del sabio Yasicue cerca de un palmar (hoy Empalme), empezó a hablar en un lenguaje que nadie entendía. Yasicue convocó a los sabios de Pusolona y velaron por siete noches escuchando al mezquite, pero seguían sin descifrar su extraño idioma. Llamaron a una joven llamada Seabapoli, de reconocidas facultades y mucha sabiduría, quien pudo interpretar las palabras del árbol que hablaba. Decía así: Que vendrían �empos diferentes, que vendrían hombres blancos y


barbados con dos manos y cuatro patas, con otras creencias y que tratarían de arrebatar sus dominios, su agua, su �erra, su mar y sus montañas. Les dijo que lucharan para defender su energía y que ellos eran la úl�ma generación, que deberían quedar vigilantes y defensores de Pusolona y del Río Jiakimi. Los hombres blancos les hablarían con una lengua de dos puntas y que consigo traerían una serpiente que atravesaría Pusolona, un gigantesco rep�l que se tragaría muchos surem. Interpretando el lenguaje del mezquite, la joven sabia sacó su arco y disparó una flecha que rozó las ramas en la punta del mezquite, que empezó a arder hasta consumirse. Lengua de víbora Así festejaron durante tres días lo que acababan de saber; �empo después aparece una serpiente gigantesca y los Siete Grandes Guerreros luchan contra el coloso sin poderlo dominar. Deciden pedir ayuda al Gochimec (chapulín), al que mandan llamar con una golondrina que primero busca en la costa.

El sagrado baluarte de Los 7 Guerreros.

El pájaro por fin lo encuentra en el valle Agua Caliente y le transmite el mensaje. De tres enormes saltos el Gochimec cae sobre la enorme víbora hasta que la tritura y corta en pedazos durante la batalla. Hoy que uno viaja por carretera rumbo al Agua Caliente puede observar las partes de la víbora: Pedazos del cuerpo y la cabeza están

en Boca Abierta y Empalme, el corazón en Belem y la lengua formó el Takalaim… Eso significa Tákale (lengua de víbora, formada en piedra). Y desde entonces los Siete Guerreros están ahí. En la cumbre, en las faldas de la montaña. En el Tákale (o Tetakawi). Vigilantes, a la espera de mejores �empos para su pueblo.

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SICNO, UN LABORATORIO QUE HA MARCADO HISTORIA EN LA REGIÓN

E

l Laboratorio de Calibración del Noroeste (SICNO) nace 1989 en la ciudad de Guaymas para satisfacer la necesidad del sector y proporcionar servicios de alta calidad, con honestidad generada desde su equipo de trabajo y en sus resultados, dando apoyo a la industria de la región. Fue el primer laboratorio de ésta naturaleza en Sonora en brindar sus servicios de calibración al sector industrial, el nivel que maneja SICNO es alta calidad internacional ganándose con esto a pulso el reconocimiento de la comunidad científica internacional Ofrece sus servicios en diferentes estados de la República Mexicana y Calibra una infinidad de instrumentos de diferentes magnitudes, también ofrece cursos afines a las necesidades de cada industria con precios competitivos. fueron acreditados en ISO-IEC 17025 y ANSI Z540 cumpliendo y excediendo con todas las normas internacionales. Es SICNO sinónimo de competitividad, alta calidad, honestidad y reconocimiento interna-

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cional, es un gran soporte para sus clientes y sobre todo un orgullo para los Guaymenses y para el Estado de Sonora. Certificaciones de calidad ISO/EC 17025 USDA ANSI/NCSL Z540.1 HACCPA ISO9000 VDA 6.1 ISO14000 QS9000 ISO-TS-16949 ASTM E-548 MIL-STD-45662 y Otras

Con reconocimiento de la Industria Regional y de la Comunidad Científica Internacional.


Descubre Sonora #5  

Edición Historica de la revista Descubre Sonora.

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