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tado sus riquezas en provecho de su gloria personal, caen en ruinas ante su vista. Los muros de las cárceles se parten de arriba abajo, y son libertados los hijos de Dios que habían sido apresados por su fe” (El Conflicto de los Siglos, pág. 621).

TEMOR Y EXPECTACIÓN qué estado de ánimo se encon6 ¿En trarán entonces los habitantes de la tierra? Hag 2:7 pp; Lc 21:26.

“Juan también fue un testigo de esta terrible revelación. Él vio el mar y las ondas rugiendo, y los corazones de los hombres desfalleciendo de temor. Observó la tierra moviéndose, las montañas transportadas al medio del mar (lo cual literalmente está ocurriendo), el agua rugiendo agitada, y las montañas sacudiéndose por su hinchazón. Vio las plagas, las pestilencias, el hambre y la muerte realizando su terrible misión” (Testimonios para los Ministros, pág. 453).

muestra Dios Padre a todos los 7 ¿Qué impíos? Sal 50:6; 119:142.

“Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados.... Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: ‘Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez’ (Salmo 50: 6). Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas. La memoria se despierta, las tinieblas de la superstición y de la herejía desaparecen de todos los espíritus, y las diez palabras de Dios, breves, inteligibles y llenas de autoridad, se presentan a la vista de todos los habitantes de la tierra” (El Conflicto de los Siglos, pág. 697).

PARA MEDITAR Salmo 7: 11; Isaías 33: 14; Job 40: 11, 12; Salmo 94: 2; Salmo 119: 21

“Una sola transgresión de la ley de Dios, aun el detalle más pequeño, es pecado. Si no se ejecutaba la penalidad sobre ese pecado ello representaría un crimen en la administración divina. Dios es Juez, el Vengador de la justicia, lo que constituye el fundamento de su trono. Él no puede eliminar su ley. No puede quitarle el más pequeño de sus detalles a fin de enfrentar y perdonar el pecado. La rectitud, la justicia y la excelencia moral de la ley deben ser mantenidas y vindica-

das delante del universo celestial y de los mundos no caídos (Manuscrito 145, 30 de diciembre 1897)” (Alza Tus Ojos, pág. 376). “Pero en medio de la tempestad de los castigos divinos, los hijos de Dios no tendrán ningún motivo para temer. ‘Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel’. El día que traerá terror y destrucción para los transgresores de la ley de Dios, para los obedientes significará ‘gozo inefable y glorificado’” (Patriarcas y Profetas, págs. 354, 355).

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Lección de Escuela Sabática ISEM 2014

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