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Lara Sade

LAS MARCAS Subpoesía INESTABLES


Las marcas inestables Lara Sade Tapa por Aldana Antoni (basada en fotografĂ­a de Sally Mann) www.subpoesĂ­a.com.ar editorialsubpoesia@gmail.com


Infancia La vida se va armando los miedos de la infancia los sueños de la infancia de a poco encajan confluyen existen como por sí solos la interrupción ajena incomoda desarma las emociones te arrebatan el aire la sonrisa irónica, la bronca la frase termina antes lejos de ser orgánica da asco y ganas de llorar como en la infancia como los miedos de la infancia los llantos los encierros en el cuarto el cuaderno abajo de la almohada para apaciguar burlas y el llanto aún de grande 3


la burla la burla es Clara en el colegio es soltar la tortuga que se mea y que te lo recuerden durante años que te digan que no conoces el fracaso y rían se rían serían menos crueles si supieran no es el fracaso la causa es la muerte de Lola es la vergüenza y los nervios el calor que sube a la cara la garganta anudada las preguntas que queman. La vida se va armando sola los sueños de la infancia los miedos de la infancia de a poco se acomodan en almohadones mullidos descansan hasta que los aplastan

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como moscas o más bien como cucarachas (resisten carcasa dura evolución si no ellas, otras iguales - no más fuertes) uno construye igual estructuras inclinadas bamboleantes si las bases tiemblan si se desmoronan los pilares uno construye de nuevo sobre ruinas aplastadas sobre cucarachas otra vez se arma uno levanta paredes sobre miedos de la infancia sobre sueños de la infancia y de la adultez que resisten más fuertes

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el tenor de la acumulaciĂłn el propio peso que inclina pero que tambiĂŠn mantiene erguida eleva una y otra vez la estructura de las pequeĂąas cucarachas que trepan, forman pilares persisten muy a pesar nuestro nos sobreviven.

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Conquista Ahora nos miran desde lejos somos un punto a la distancia la orilla anhelada ahora se acercan nos tocan somos ĂĄtomos, partĂ­culas nos desintegran ahora dejan regalos sobre las alfombras los alfĂŠizares de las ventanas somos electrones imprevisibles elementos de la danza aleatoria aullamos nos temen ahora se alejan antes nos miraron con apremio nos rozaron, retrocedieron las palabras caĂ­an separando los cuerpos con tibieza y cobardĂ­a ahora los miramos desde lejos ya no vuelven la mirada somos invisibles. 7


Atardecer La concentración me esquiva como si no corriera viento si los árboles callaran sus susurros, sus cantos cual domingo de mañana Parálisis total el asfalto descansa ya nadie respira nadie camina Desde adentro el cielo naranja anillos de humo, espuma rosada genios escondidos en médanos lejanos Intento acceder a oraciones gastadas las palabras luchan, alzan sus escudos letras derretidas cual lenguas Lloro con el cielo Lágrimas naranjas

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Conquista II Imaginemos un deseo bestial casi por instinto nos perseguimos mutuamente y ya desde el principio la génesis predijo lo que aborrezco de vos lo que me fascina de vos desde el día uno lo intentamos igual todos los intentos justificados por el ardor, por las lenguas por el gesto de tapar la luz con las manos correr el pelo de la frente hablamos tanto del terror ¿para qué hablar del terror? cubrirlo, esconderlo, matarlo fallamos las lenguas también fueron la trampa las palabras, hablar de 9


callado me gustas más aunque eso es un poco cruel mintiendo me gustas menos pero las manos no buscan lo que hay detrás hablamos tanto de amor ¿para qué hablar de amor? fingirlo, endulzarlo, matarlo nos hundimos, abandonamos por igual.

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Veneno Hay pasiones tan intensas que queman la cama la alfombra la mesa de luz consumen el cerebro y lo dejan reducido a cenizas podrĂ­a seguir enumerando las pĂŠrdidas hasta que las paredes mismas caigan cubiertas de hollĂ­n.

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Volver con todo lo que eso implica buscar las siete diferencias cual detective inexperto preguntar por lo nuevo extraĂąar lo que estĂĄ en frente querer que dure que perdure que el espacio nos sobreviva y el verano no vuele no sacuda y atraviese barriendo con el polen sino que permanezca se asiente en el cuerpo sin que la piel se pele o el agua se lleve el color volver y que la calle te inunde que el viento te arrebate la sangre volver querer y no querer verte

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te busco en cada lugar cruzo los dedos ojalá que no estés cruzo los dedos ojalá que un abrazo la piel se antoja la espera se hincha al calor de la tarde aunque quiera no querer-te no puedo más que volver

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Desilusion El temblor y el frío de perder la razón el bostezo mojado y los ojos también con las uñas mordidas y en la boca las uñas hundidas al amparo del rojo pulóver de lana. El intento fallido, aquella vez repetido de volver al inicio o retomar la jugada la nariz que resopla y también la nariz que aspira jugueteando en los dedos anillos de plata. La lengua enroscada trepando la mente la mente apretada, la voz que revienta y las yemas de los dedos emanan veneno y las manos crispadas y las yemas de los dedos tan desparramadas un colmillo hincado en el labio de abajo. Algo cae del cuerpo al cuerpo el charco en el piso, los restos.

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Lo propio cuando me miro al espejo mentón en alto cuando me observo mientras me subo la bombacha o acomodo la camisa en el baño del bar mi rostro es mío es mi enojo es mío el obstinado paso que esquiva, que niega de una vez por todas y por vez primera decide cuando me miro desafiante los ojos secos, rojos la boca que mastica chicle soy mía propio el ceño fruncido propio el gesto que desprecia y que sabría disculpar si el puente fuera tendido la voz un tono demasiado alto es mía, con la emoción contenida 15


la mirada hiriente con la que me miro soy mĂ­a me vuelco a travĂŠs de la tinta y el fervor acelerado temblar de los pasos y el fervor acelerado correr de los trazos me siente gritar

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Marionetas Nos enfrentamos al amor no, amor no nos enfrentamos a los gestos, las voces trabados, nosotros trabados, cargados de eso que confunde los hilos enredados nos enredamos en el otro no, con y en, tambiĂŠn nos enredamos con fuerza, insistimos temerosos temerarios, luego o al revĂŠs nos aferramos como garrapatas como niĂąos a las piernas como madres como imanes nos atraemos trabados, tan trabados, con nuestras cargas 17


los pesos sobre los gestos, las voces sobre los hilos los pesos, las cargas. aunque me desnude nunca estoy desnuda nunca despojada nunca me desprendo escribo sobre la pasi贸n nos enfrentamos con los hilos en tensi贸n y eso me da miedo.

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Canibales Despierta en brazos ajenos y choca con la ineludible certeza de que tarde o temprano van a terminar diezmados los dos cachetazo en el pecho mediante mordiscos del otro en la boca porciones sobre las sĂĄbanas pedazos de cuerpo y de algo mĂĄs desparramados carcomidos por pasiones canĂ­bales. Los dos aniquilados el uno por el otro los dos el otro por el uno se devoran.

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Incondicional Todo bien con querer darlo todo pero guarda, guardate un poquito para vos me guardo un poquito para mĂ­ recupero me lleno rebalso no, nunca tanto envuelvo mi cuerpo en mis brazos presto el hombro para el llanto hasta que cese hasta que ya no rebalso.

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El lado oscuro De repente las espinas antes domadas y escondidas indoloras para el otro de repente las espinas brotan de la piel las manos, la lengua, los labios si estuvieras a mi lado te daría un roce voraz de las bocas para que sepas cuanto duele la ausencia vos, que no sentís nada, que te pudrís en tus palabras vacías que ostentás tranquilidad pero a mí me mandás tierra que tiembla y llora y si te es indiferente que no lo sean las caricias que te rasguen la piel y te dejen marcado

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Encierro Un correr rápido de la sangre, maratón de piel por no llegar a ningún lado el encierro en octavo piso que estalla la grieta del techo se abre, te engulle el león no es del bosque las garras resbalan del árbol el león no es del mar la piel que se hunde en la sal y la arena ya cubre a las bestias La melena que escupe diamantes se aleja rugiendo en silencio.

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Frio Está ese instante que desata avalanchas el gesto que inicia la bola de nieve de sabores, silencios ya no fugaces sino fugados ya no sensibles sino sentidos ahora enmascarados en el detalle que los revela ahora acumulados, cayendo en cascada haciendo presión y debajo de la tapa alguna que otra puerta la empujo hasta cerrarla cede atraviesa el marco pasa al otro lado está ese grito que despierta derrumbes el gesto en extraños, la almohada, los cuerpos está el padecer y gozar los disparos la estrofa, los tragos, las frases la cama de a dos

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saboreo la nieve contra el paladar el primer roce, el comentario al azar, la voz juguetona, el saludo ya seco el saludo falsamente caluroso la cama de a uno aĂąoro el calor de los putos recuerdos que en bola de nieve gigante me sacuden tapan me entierran tiemblo, ahora hace frĂ­o.

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Golosos Me aturde el vacĂ­o la mirada cebada esa necesidad de llenar llenar llenar hasta que del rectĂĄngulo no salga luz sino azĂşcar hasta que la mirada golosa se empalague trago de agua volver a empezar cambiar de canal y en la obesidad que te mantiene tieso rienda suelta a la gula llenar llenar llenar todos los espacios para no pensar

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darse un atracón comer con los ojos vivir por los ojos inyectados ya espejos rojos vacío vacío vaciar que un corte de luz te cure el empacho que la abstinencia te enfrente al silencio y eso que antes era caramelos varios discursos amargos golosinas para tapar el hambre y al hombre ahora sólo sea un cuadrado negro y chato vacío.

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En el medio lo que pica, como un aguijón hundido que no termina de desprender-se son las mañas que recuerdo están frescas en la piel, a la vista tu manera de roncar, dormir sin almohada hacer cucharita como un aguijón recién clavado un poco como esa distancia que impone una comparación entre el antes y el ahora en que escindidos de lo diario compartido ya no nos acercamos sino con reticencia al dolor del aguijón, que pica nos dolemos, trazando paralelas que de cruzarse sólo provocarían alergias lo que zumba bien cerca de la boca esperando entrar para penetrar la lengua y hacer aullar o callar 27


de dolor al desdichado dueño mal disimulada bronca lo que zumba es la indiferencia la ropa nueva, saber qué ropa es nueva ese limbo inestable en que te crees capaz de detectar los diminutos cambios de perseguirlos, para todavía sentirte dueña de algo una pizca más, que zumba lo que duele es la cotidianeidad perdida aunque uno suele buscar aquello que pierde sí, lo busco, pero no con el fin de encontrarlo en el mismo lugar en que se perdió en que lo dejé caer el zumbido te retumba hasta que calla

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i

Lo que me mantiene inmovil Desafiar aquello que habitándonos nos paraliza y nos vuelve prisioneros del propio cuerpo resquebrajar el yeso que recubre las bases la capa de cemento que detiene el movimiento y se aferra obstinada a la piel y a la sangre romperla, descascararla activar todos los mecanismos que ablandan hasta quebrar la máquina misma. Estirar los músculos hasta que las corazas caigan hasta que la caricia sobre la piel suave sobre la piel rugosa que las yemas de los dedos suavizan hasta que el ínfimo roce de unos labios genere el deshielo y el flujo continuo de temblores y estremecimientos de mi cuerpo contra el tuyo inunde las sábanas.

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Hoy Pensar desde la imagen del auto hundido en la niebla y aquellas manos pegadas a los cristales empañados los ojos vendados en medio del puente. La mente duerme en un prado de humedad las copas de los árboles se recortan contra fondos celestes y marcos negros y en las brasas los pies arden por momentos que caen de la canilla al suelo, de la cuchara a los labios el instante en que una gota estalla. Es de noche cuando las piernas alzan vuelo las paredes giran en rectángulo de luz la música grita directo al interior y el piso vacío, azulejos rojos que ya no sienten los pies. El cuerpo ajeno en sus sueños de movimiento sin fin las horas añejas con olor a sal y moho horas huecas. 30


Ahora Podría morirme ahora entre las luces verdiazules naranja-rosado-celeste que pintan las ventanillas detrás de los árboles de siempre en esa plenitud que no es tiempo que le escapa y sale victoriosa y mientras el colectivo avanza podría chocar, tranquilamente yo moriría elevada petrificada en el bello quiebre tenue luz que el reloj ya no puede captar.

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La abuela a partir de cierta edad tomás antidepresivos para dejar de luchar, de llamar a la muerte, para aceptar a la obligación de vivir aunque ya no quieras aunque tu vida no sea para vos sino para consuelo y agobio de los que te cuidan aunque con esa lógica si a todos nos dieran la opción moriríamos varias veces por vida al no soportar el dolor, la tormenta nos dejaríamos morir buscando un lugar alejado inventaríamos un lecho, el nuestro por suerte nos encuentran a tiempo varias veces por vida

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Este pliego se terminó de armar e imprimir en Taller Subpoesía en el año 2014


Lara Sade - Las marcas inestables