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Pharus

A単o 1 No. 0 abril - junio de 2015

Espacio

de encuentro creativo


Editorial Pharus

Faro del archipiテゥlago Los Benitos en Baja California, Mテゥxico / Foto: Miguel テ]gel Rito Garcテュa


Pharus Revista Director

Jesús Rito Diseño

Editorial Pharus Fotografía de portada Adampol Galindo

Consejo de asesores Mahra Ramos

Ignacio Martín

Ramón Peralta

Víctor Vásquez Quintas Adampol Galindo Balam Rodrigo

Juan Jorge Bautista Gómez Fotografía

Adampol Galindo José Palazón

Raymond Depardon Colaboradores Ignacio Martín

Ramón Peralta Mahra Ramos

Adampol Galindo Balam Rodrigo

Juan Jorge Bautista Gómez Dariela Romero

Daniel Von Salza

Gianfranco Pennetta Guillermo Clemente Julio Solís

Agustín Abreu

Zoelia Frómeta Machado Harold Alva Viale Johnny Barbieri

Marco Aurelio Chavezmaya Jesús Eduardo Morales

Víctor Vásquez Quintas Kurt Hackbarth

Gabriel Rodríguez Liceaga

DERECHOS DE AUTOR Y DERECHOS CONEXOS, AÑO 1, No. 0 Abril – junio de 2015, Es una publicación trimestral editada por Editorial Pharus M.R. 1435284, calle Armenta y López 1030, Centro, Oaxaca de Juárez, C. P. 68000 tel. 951 1855290 http://edpharus. blogspot.mx/ Editor responsable: Jesús Rito, editorialpharus@gmail.com. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: en trámite. ISSN: en trámite, ambos otorgados por el Instituto Nacional de Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número, unidad de infromática INDAUTOR, ing Juan José Pérez Chavez, calle Puebla, 143, Col. Roma, Delegación Cuauhtémoc, C. P. 06700, fecha de última modificación, 15 de enero de 2015. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del Instituto Nacional del Derecho de Autor.

Contacto http://edpharus.blogspot.com/ http://issuu.com/editorialpharus E-mail: editorialpharus@gmail.com Twitter: @editorialpharus Facebook: Editorial Pharus


Colaboradores

Randall Roque

Adolfo Ruiseñor

entre los cuales están: Cuando las luciérnagas hablan (Cuentos, 1998),

portugués. Autor de los libros de poesía Memoria de los días (UNACH, 1984;

Escritor costarricense, nacido en el año 1977. Ha publicado diversos títulos,

Itinerario de los amantes (poesía, 2003), Amores domésticos (fotopoemas,

2009), Estrellas de madera (CD: poemas italiano-español, 2007), Las Lunas del

Ramadán y otras alegorías (Libro heterogéneo: cuento, poesía, fábula... 2011). Ignacio Martín

Salamanca, España 1968. Filólogo, poeta, editor. Obra publicada, Luz tan

Public Pervert, 2011 y 2014), Portería y parvularia (Patronato Fray Bartolomé de las Casas, 1993) y Tinta vida (Conaculta, 2000). Está incluido en el índice

de traductores de Fernando Pessoa de la lengua portuguesa realizado por Eduardo Langagne; traductor de los poetas brasileños Claudio Willer, Glauco Matosso y Moacir Amancio.

fuerte que se escucha (plaquette); Con toda la intención, Edición de autor;

Dariela Romero

https://www.facebook.com/ignaciomartinescritor

lugares remotos de los que no conocemos nada, casi siempre es un reto que

Panfletario (edición digital) y Función negra (novela). @ignacio_martins / www.ignaciomartin.com Julio Solís

(Villaflores, Chiapas, 1989), escritor y poeta, licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Chiapas; tiene publicado los libros Gritos del sueño inesperadamente lluvioso (2012), Tulipanes

acústicos para fumar la madrugada (2013), Un ángel amansando sus

teléfonos de Armando Duvalier. Edición crítica (coautoría) (2015).

Como muchos, toda la vida dije que viajar era un sueño, pero trasladarse a implica mucho miedo por adentrarse en lo desconocido.

Un buen día, con un poco de ayuda, salí de mi burbuja de confort y me

aventuré; muy bien acompañada, a un mundo desconocido y a realizar un

sueño que nunca pensé que podría cumplir en la realidad: visitar el Taj Mahal. India cambió mi modo de ver las cosas más sencillas y las más complejas también. Entre muchas otras me ayudó a darme cuenta de que viajar lejos

no es lo difícil que parece y da mucho más de lo que exige; que vivir en constante movimiento.

Agustín Abreu Cornelio

Adampol Galindo (Fotógrafo)

Modelo, Maestro en Bellas Artes por la Universidad de Texas en El Paso y

Tenía un auto y la promesa de un futuro plano y predeterminado. Desde

(México DF, 1980) Es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad actualmente estudia el doctorado en Literaturas Hispánicas en la Universidad

de Pittsburgh. Es autor de los poemarios Extinción del testimonio (2014), Los

reflejos (2009), Caramelo de muerta (chapbook 2002).

Daniel Von Salza

Sacado de la redacción del diario La Jornada y egresado de la carrera de Comunicación y Periodismo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón. Twitter: @DanielVonSalza Correo: edaniel.gd@gmail.com Balam Rodrigo

(Villa de Comaltitlán, Chiapas, 1974). Exfutbolista, biólogo por la UNAM y

diplomado en teología pastoral. Autor de los libros de poesía: Hábito lunar

A los 23 años tenía un trabajo en el que con frecuencia la rutina me absorbía. siempre había sentido un llamado por hacer algo grande, algo distinto. Una tarde, sentado en la parte más alta del tinaco de casa de mis papás, me

decidí a cambiarlo todo, romper esa cápsula de miedo e investigar qué había dentro. Dejaría mi trabajo para viajar; por primera vez en mi vida no había futuro escrito y se sentía muy bien. Hice uno de esos absurdos viajes por Europa del tipo «30 ciudades en 30 días» en los que, al final, Madrid sabe a lo

mismo que Barcelona y París se confunde con Bruselas. Pero lo había hecho. Me tomó algo más hacerlo de nuevo: una mañana tomé el auto y manejé

hasta Tampico, luego recorrí cada pequeño poblado del Golfo de México

hasta Tabasco, luego Yucatán y no paré hasta Centroamérica. Una época de euforia total.

(2005), Poemas de mar amaranto (2006), Libelo de varia necrología (2006 y

Zoelia Frómeta Machado

árbol nómada (2011) Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte

Sociedad Internacional de escritores (SIE). Premio de poesía del Concurso

2008), Silencia (2007), Larva agonía (2008), Icarías (2008 y 2010), Bitácora del

en la disciplina de Letras.

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(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1962). Poeta, ensayista y traductor del inglés y

Nació en la ciudad de Bayamo, Cuba. Poeta y narradora. Miembro de la

Territorial “Santiago de Literatura”. Santiago de Cuba.1993. Premio poesía del Concurso Nacional “Primero Sueño” Homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. Revista.


Mahra Ramos

Kurt Hackbarth

en un mes lluvioso. Periodista de profesión, poeta y narradora. Es coautora del

desde 2007, está naturalizado mexicano. En 1996 se tituló summa cum

Es una apasionada de contar historias. Nació en la ciudad de Oaxaca en 1981, libro Recuento para los días y los hechos de 2006, editorial Nevería, publicado

bajo el auspicio de la UABJO. Su trabajo también aparece antologado en

Desde el fondo de la tierra, poetas jóvenes de Oaxaca, (Praxis, 2012) y Casa de

muñecas (Pharus, 2013). Es madre, esposa, hija, hermana, amiga, trabajadora

y creyente fiel de los milagros. Gianfranco Pennetta

Abogado y especialista en derechos humanos. Licenciado en Derecho por la

Narrador, dramaturgo y traductor, nació en Connecticut, EUA, en 1974 y,

laude en política, filosofía y economía en la Universidad Fairfield. Reside en la ciudad de Oaxaca en donde imparte talleres de literatura y monta obras de

teatro. Interrumpimos este programa (Ficticia, 2012) es el título de su primer libro en español.

Jesús Eduardo Morales

Estudiante del programa doctoral de la universidad de Pittsburgh.

Universidad de Salento, Italia, es Máster en Derechos Fundamentales por la

Guillermo Clemente

estudios en el curso ““The international prohibition of racial discrimination”

de los libros de poesía Lápida del bosque (FETA, 2011) y Agua tardía (SCC/

Universidad Carlos III de Madrid, España, y ha participado a la 41ª sesión de

organizado por el Instituto Internacional de Derechos Humanos “René Cassin” de Estrasburgo, Francia. Es miembro de varias organizaciones activas en la defensa de la legalidad y en la lucha contra las discriminaciones. Juan Jorge Bautista Gómez

Oriundo de Oaxaca, dedicado a las artes visuales por vocación, y al

periodismo por inspiración, y abogado por presión social. Por tres lustros se

(Oaxaca, 1984). Ha publicado en distintas revistas y diarios del país. Es autor

Puerta Abierta Editores, 2012). Ha aparecido en diversas antologías, entre ellas Desde el fondo de la tierra. Poetas jóvenes de Oaxaca (Praxis, 2012). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2011. Harold Alva Viale

Piura, Perú. 1978. Estudió Derecho y Ciencias Políticas. Ha publicado los libros de poesía: Firmamento (Editorial Sevillano, Trujillo, 1996), Morada y sombras

ha desarrollado como académico-investigador de Metodología y Filosofía

(Camión Editores, Trujillo, 1998)

y ha realizado estudios doctorales en el Programa de Estudios Avanzados en

Johnny Barbieri

del Derecho en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, México, Derechos Humanos en la Universidad Carlos III de Madrid, España. Ramón Peralta

(México 1972). Fotógrafo y poeta. Dice que escribe su segunda novela. Vive actualmente en Lisboa.

Nació en Lima, Perú el 01 de junio de 1966. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Federico Villarreal y Sociología en la Universidad Mayor de San

Marcos. En 1990, con un grupo de amigos, fundó la agrupación poética Noble

Katerba. Además integró en 1995 La Mano Anarka, un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria.

Gabriel Rodríguez Liceaga

Marco Aurelio Chavezmaya

Cuento San Luis Potosí 2012 y autor del libro de cuen­tos El Demo­nio Per­fecto

poeta. Entre sus reconocimientos pueden citarse: doble becario del Centro

Nació en la ciu­dad de Méx­ico en 1980, ganador del Pre­mio Bel­las Artes de (BUAP. 2008) y las nov­elas “Balas en los ojos” (edi­ciones B — Zeta Bol­sillo, 2011) y “El siglo de las mujeres” (edi­ciones B — Zeta Bol­sillo, 2012). Víctor Vásquez Quintas

Nació el 7 de agosto de 1960 en Metepec, Estado de México. Es narrador y Toluqueño de Escritores, en 1983 y 1995; Presea Estado de México Sor Juana Inés de la Cruz, en Lingüística y Literatura en 1985; becario del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1986.

Víctor Vásquez Quintas (Oaxaca, 1984) es escritor. Ha publicado los libros

Últimas anotaciones, La Noche y POV. En el periodo 2011-2012 obtuvo la

beca “Jóvenes Creadores” del FONCA en la especialidad de cuento.

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Contenido

La otra Muralla Dariela Romero Pág. / 11

Free your mind Daniel Von Salza Pág. / 14

Migración, integración y terrorismo en Europa Gianfranco Pennetta Juan Jorge Bautista Gómez Pág. / 18

Entrevista A Benjamín Prado Randall Roque Pág. / 27

Poesía Ignacio Martín / 36 Guillermo Clemente / 40

Braille para sordos: un jaguar en la jaula de los espejos Marco Aurelio Chavezmaya Pág. / 77

Flaneur que ambula por la ciudad del dolor: Memoria de los días de Adolfo Ruiseñor Balam Rodrigo Pág. / 81

Los Reflejos de Agustín Abreu y cómo me nació el miedo a las fieras Jesús Eduardo Morales Pág. / 87

Cuento Fosa

Kurt Hackbarth Pág. / 92

Julio Solís / 44 Agustín Abreu / 48 Mahra Ramos / 54 Ramón Peralta / 58 Juan Jorge Bautista Gómez / 61 Zoelia Frómeta Machado / 64

El sol proyectando la sombra de los tres

Víctor Vásquez Quintas Pág. / 97

Ambos tenían ojos verdes Gabriel Rodríguez Liceaga Pág. / 99

Harold Alva Viale / 68 Johnny Barbieri / 72

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10 Foto: Adampol Galindo


Foto: Adampol Galindo

La otra muralla Por Dariela Romero

Cuando nos preparábamos para viajar por China sabíamos que las comunicaciones serían restringidas. Ya nos habían advertido que sitios como Facebook y Twitter están bloqueados, pero nunca imaginamos la magnitud hasta que llegamos a Beijing. Nuestro primer día en Asia vimos con un poco de horror y mucha gracia que no podíamos acceder a nuestros perfiles de Facebook. No pasa nada, después de todo, una de las intenciones del viaje era desconectarnos. El segundo día nos dimos cuenta de que no podíamos googlear y la gracia fue menor cuando no pude entrar

a mi Gmail. Pero, hasta entonces, todo estaba controlado, ¿no? Conforme pasaban los días nos dimos cuenta de que todos los servicios de Google están bloqueados, incluidos los mapas, Drive, las apps para Android y hasta el traductor, así que tuvimos que mudarnos a 1999 y volver a utilizar servicios como Bing y Hotmail. Incluso actualizar nuestro sitio web (enWordpress, también parcialmente bloqueado), nuestro plan “A” para mantener la comunicación con casa, resultó difícil. Todo lo que comparta información de

Conforme pasaban los días nos dimos cuenta de que todos los servicios de Google están bloqueados 11


manera independiente al gobierno de China está prohibido: es un país de restricciones. Nuestras mentes maestras de hackers consideraron contratar un VPN que nos diera acceso al internet al que estamos acostumbrados, pero el gasto no parecía justificado, así que aprovechamos los 10 minutos de prueba del servicio para hacer actualizaciones y nos volvimos expertos cazadores de IP: ¿un restaurante con wi-fi? 10 minutos de Facebook. ¿El wi-fi de un hotel nuevo? Otros 10 minutos de Google. O aprovechar que la cadena de hoteles Hastings, en una provincia perdida en China, utiliza la misma contraseña en todas sus sucursales y acomodarnos en una banqueta para medigar unos bits. Veintitantos días después de haber aterrizado en China, nuestra lista de sitios y aplicaciones bloqueadas incluía Blogspot y Wordpress, Flickr, YouTube y Vimeo, Skype (se puede usar si el login se hizo fuera de China) e Instagram. El caso de Tor es el que más me impresionó. Famoso por borrar las huellas digitales de quienes lo usan y el favorito para entrar a la deep web, fue nuestra segunda opción después de descartar el VPN. Toda una tarde investigamos cómo usarlo (por supuesto, todo Foto: Adampol Galindo

Nos volvimos expertos cazadores de IP: ¿un restaurante con wifi? 10 minutos de Facebook 12

lo que lleve a Tor está bloqueado), lo instalamos e intentamos conectarnos sin éxito; la muralla china ha sido capaz de bloquearlos incluso a ellos. Los hackers improvisados que somos desistimos de sortear el bloqueo. Todo esto parecería el lloriqueo de un par de bobos que no pueden presumir en Facebook su viaje por Asia, pero no sólo es eso. Acostumbrados a un acceso casi ilimitado de internet, no tener a la mano algunas herramientas nos dio varios problemas. Primero, para nuestro sitio: no podíamos saber si se actualizaba ni si funcionaba bien, pero

también nos hizo perder dinero y una reservación en un hotel que no pudimos localizar. Por último, la frustración de todos los días que intentábamos buscar datos de los lugares que queríamos visitar y que era imposible de ver porque están en blogs; incluso buscar soporte técnico o escuchar una canción en YouTube era inútil. Con todo y que el bloqueo es de esta magnitud, es muy impresionante darse cuenta lo conectado que está el país. En todos los hoteles hay conexión de banda ancha y muchos espacios públicos, como parques y


¿Por qué invertir tanto esfuerzo en el bloqueo cibernético para mantener un control absoluto?

centros turísticos, tienen una red de wi-fi gratuita lista para que cualquiera con acceso a internet pueda disfrutar de ese servicio público. Eso sí, es necesario, aunque sea en un Starbucks, registrar un número telefónico para conectarse a la red. A pesar de todo esto, para los chinos no es un tema de especial relevancia, pues parece no afectarlos de manera directa. Mientras las páginas extranjeras tardan mucho tiempo en cargar, las páginas locales son muy rápidas de navegar. Parecen considerarlo una cosa normal y no lo cuestionan, para ellos no es más que un reflejo del constante progreso por el que su país está atravesando. En fin, sólo podemos pensar en una pregunta: ¿por qué invertir tanto esfuerzo en el bloqueo cibernético para mantener un control absoluto? No estoy muy segura, pero el gobierno mexicano tiene los ojos bien puestos en este tema..

Foto: Adampol Galindo

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Foto: Adampol Galindo

Free your mind Por Daniel Von Salza

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El atentado del 7 de enero de 2015 contra la redacción parisina del semanario Charlie Hebdo, con saldo de 12 personas muertas, entre ellas los caricaturistas George Wolinski, Stéphane Charbonnier, Jan Cabut y Bernard Verlhac, nuevamente puso el tema de la libertad de expresión sobre la mesa. Encapuchados y armados con fusiles AK-47, los hermanos yihadistas Chérif y Said Kouachi ingresaron a las instalaciones del medio de comunicación y comenzaron la masacre. La ofensa: los dibujantes “ridiculizaron” en repetidas ocasiones al profeta Mahoma dentro de sus páginas; un trabajo que, por su naturaleza periodística, no puede tener censura de ningún tipo, y menos en un medio independiente caracterizado por su sátira, irreverencia y crítica a las religiones, la sociedad y la política. De manera sarcástica se podría decir que los trabajadores del semanario no aguantaron la sanguinaria manifestación de los enviados por Al Qaeda en la Península Arábica, organización extremista que reivindicó el atentado. Pero aquí ocurrió un homicidio, calificado por las autoridades como “atentado terrorista”, lo cual demuestra que aún en la actualidad, el mejor escape para cualquier discrepancia de las ideas es: la violencia. Tras multitudinarias manifestaciones en varios países a favor o en contra del semanario, el presidente de Francia, François Hollande, defendió la libertad de expresión al


“Tenemos que aceptar que los periódicos y revistas pueden publicar cosas que son ofensivas para algunos, siempre que estén dentro de la ley (francesa-laica)”

asegurar: “tenemos que aceptar que los periódicos y revistas pueden publicar cosas que son ofensivas para algunos, siempre que estén dentro de la ley (francesalaica)”. Por otro lado, el papa Francisco opinó que éste es un derecho fundamental, “pero con límites”. “No puedes provocar, no puedes insultar la fe de otros, no puedes burlarte de la fe de otros”, precisó. Sin embargo, el sumo pontífice se posicionó contra el extremismo al señalar que “es una aberración matar en nombre de Dios”. Y así siguió la cadena de reacciones de líderes políticos, religiosos y medios de comunicación internacionales en solidaridad o repudio a la publicación. En el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos emitida por la Organización de las Naciones Unidas se establece que: “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones”. La Convención Americana sobre los Derechos Humanos dice que este ejercicio “no puede estar sujeto a la censura, pero sí a la responsabilidad de sus ulteriores, que deben de estar fijadas por la ley y son necesaria para asegurar el respeto de los derechos o a la reputación de los demás”. Por lo tanto esto se convierte en uno de los baluartes de la civilización occidental, la democracia y las sociedades modernas. La línea editorial Los medios de comunicación -cual sea su difusiónparten de una línea editorial que determina los contenidos respecto a su postura política-ideológica. Sin embargo, la convención deja claro que hay leyes reguladoras del contenido informativo y deciden, de acuerdo a su juicio, qué se permite exhibir. A mediados de enero, unas 70 personas fueron detenidas en Francia por el delito de “apología del terror”. Entre los arrestados se encuentran el humorista francés Dieudonné y un adolecente de 16 años de la ciudad de Nantes –aún sin identificar por la prensa local- por satirizar el caso Charlie Hebdo en Internet. Irónico, pero esto refleja las arbitrariedades gubernamentales ante el tema. El panorama en México, desalentador El apoyo y protección que reciben los medios de comunicación en México es mínimo. Mientras en Francia más de 3.7 millones de personas y 50 líderes políticos del mundo salieron a las calles para respaldar a Charlie Hebdo y este derecho internacional, en México se muestra un escenario más desairado. Y es que cuando ocurre un atentado contra algún medio de comunicación o una agresión directa contra los periodistas, tan sólo familiares de afectados, reporteros y fotógrafos gráficos protestan contra los hechos. Mientras que el gobierno implementa medidas de seguridad muy

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escuetas, como la vigilancia personalizada u operaciones ineficientes contra la inseguridad. La muerte de Moisés Sánchez Cerezo, periodista del diario La Unión del municipio de Medellín de Bravo, en el estado de Veracruz, es un caso de una larga lista de comunicadores asesinados en el país. El crimen organizado, principalmente el narcotráfico y algunos gobiernos implicados con estas bandas, han golpeado a este rubro por revelar la realidad de sus sectores. La organización estadunidense Freedom House reportó 13 asesinatos, cuatro desapariciones y 219 agresiones (principalmente amenazas) desde 2012 hasta principios de 2015, periodo bajo el mando del presidente Enrique Peña Nieto. Otro ataque fue contra Karla Janet Silva, comunicadora de El Heraldo de Guanajuato, quien fue golpeada por un grupo de hombres en la redacción del rotativo el pasado 4 de septiembre de 2014. Durante el gobierno del ex mandatario Felipe Calderón Hinojosa se atacaron con armas de grueso calibre y artefactos explosivos a los diarios El Debate (Sinaloa, 2008), El Norte (Nuevo León, 2011 y 2012) y Noreste (Sinaloa, 2010). Las autoridades judiciales han dado carpetazo a la mayoría de estos casos y las investigaciones han sido deficientes, ya que no encuentran los motivos originales de la agresión y vinculan las averiguaciones con situaciones personales, como el caso de Regina Martínez, ex corresponsal para el semanario Proceso, y quien se destacó por lanzar duras críticas contra el gobierno de Veracruz. Ya sean los yihadistas en Europa o Medio Oriente o el narco en México, estos grupos infunden el temor, secuestran, asesinan, asedian las poblaciones, trafican con armas, personas y drogas, entre otras actividades, pero ambos suelen silenciar a los medios de comunicación con violencia. La impunidad continúa..

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La organización estadunidense Freedom House reportó 13 asesinatos, cuatro desapariciones y 219 agresiones (principalmente amenazas) desde 2012 hasta principios de 2015, periodo bajo el mando del presidente Enrique Peña Nieto.


Foto: Adampol Galindo

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Migración, integración y terrorismo en Europa Retos de estos días Por Gianfranco Pennetta y Juan Jorge Bautista Gómez

Bosquejo: El presente artículo reflexiona sobre la urgente necesidad de revisar los postulados de la ética y la política contemporánea, partiendo de la cruda realidad en que hoy las diferencias culturales se debaten, develando también, tras bambalinas, una gran cantidad de cortinas de humo por desmantelar. Sueños y realidades:

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El estable suelo de Europa, hoy empieza a chirriar. Ya no es tan fácil tener garantizado el derecho de circulación, movilidad, y estadía; aunque seas ciudadano europeo, si así se decide hacerlo en algún otro país de esta contemporánea “comunidad”. Y si así de empinada está la situación para un miembro de esta comunidad, ya podemos imaginar lo complicada y tortuosa que es la senda para los “forasteros” que desean migrar a algún estado de la Unión Europea, descomunalmente diferenciada. Esto tuvo su violento referente legal, justamente, al darse el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (Sentencia 11 de noviembre de 2014 “Elisabeta Dano, Florin Dano / Jobcenter Leipzig”) a partir de la cual se evidencia, cómo, en pleno corazón comunitario, la Unión Europea avala las decisiones de Estados miembros, por medio de las cuales, literalmente niega la ayuda social a extranjeros que

Uno de los termómetros para medir la incorporación o expulsión de un ser humano, es el ímpetu y el interés que muestre para convertirse en un engrane más de la política de producción mercantil no muestran en breve tiempo, una útil propensión a querer trabajar. Es decir, uno de los termómetros para medir la incorporación o expulsión de un ser humano, es el ímpetu y el interés que muestre para convertirse en un engrane más de la política de producción mercantil como está organizada la vida actual. El mundo de hoy ha sido secuestrado por los intereses del capitalismo desbordado, abandonando los criterios del humanismo que se presume empapan el alma Europea. La comunidad gira en torno a criterios mercantiles, capitalistas y acumulativos y no con criterios humanistas, esa es una de las pérdidas de rumbo más alarmantes de la sociedad. Esto es constatable al notar que en la formación curricular paulatinamente se van eliminando estudios humanistas y artísticos


comunitarios que no tengan trabajo en el diminuto término de seis meses.2 Éste indiscriminado anuncio, se empieza a vivir como una “catástrofe anunciada” parafraseando el título de la obra Crónica de una muerte anunciada del Nobel Colombiano-Mexicano Gabriel García Márquez, sobre todo, si se piensa en la multitud de jóvenes italianos, griegos, españoles, portugueses, y demás que viven en la principales ciudades alemanas, y que han migrado hasta esas latitudes en busca de mejores condiciones de vida, mismas que les han sido negadas en su propias patrias y que ya se está en vísperas de negársele también en esta tierra que se presenta con fachada de próspera, pero que en el fondo encarna un arraigado desprecio por el recién llegado. Para constatar, basta ver las últimas manifestaciones xenófobas que están ocurriendo en ciudades como Colonia, Berlín, Dresde, entre otras. Lo curioso es tratar de desenmarañar cómo puede ocurrir esto dentro de una comunidad “posnacional”, en la que sin embargo, lo que más florece, se subraya y se reproduce; no son los pactos de solidaridad, sino la diferencia primaria entre pactantes.

Raymond Depardon

para preferir perfiles tecnócratas a favor del “buen emprendedor”. Así lo declaró a medios internacionales el pianista francés Pierre-Laurent Aimar (Lyon, 1957) al señalar con frialdad: “Lo que pasa en occidente es un desastre en cuanto a la educación en las artes...”1 Así las cosas en esta comuna, el individuo es tasado como un objeto, cuyo vínculo posible está en ser productivo y de no ser así, se le debe desechar sin chistar. Hoy está ocurriendo lo que ya denunciaba Herbert Marcus en el último cuarto de pasado siglo XX en “Un ensayo sobre la liberación” (Doble J, 1969). La manipulación, cosificación y enajenación física y mental del individuo; hasta que él mismo sea parte de la mecánica del sistema y no vea ya la posibilidad de salir de esa mecánica inercia que lo ha convertido en un engrane más del todo, y por lo mismo, en caso de no encajar en esta mecánica, se sienta a sí mismo desechable, inservible, inútil, presto a ser remplazado y lanzado al basurero de lo inservible. De este modo, en uno de los modelos más simbólicos de la poderosa Europa moderna: Alemania, ha anunciado que en breve, el gobierno pondrá en vigor la necesaria ley que permita con “la mano en la cintura”, echar de su territorio a aquellos ciudadanos 1

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/13/

actualidad/1421174116_735088.html

Se van eliminando estudios humanistas y artísticos para preferir perfiles tecnócratas a favor del “buen emprendedor” En su obra Constelación Posnacional (Paidós, 2000), el heredero de la Escuela Frankfurt, Jünger Habermas, plantea un alegato en el sentido de que la idea del cosmopolitismo va ganando terreno, pero para que un proyecto de esta envergadura permanezca se tienen que borrar las desigualdades entre los integrados. Y al parecer esto no es lo que caracteriza a esta pos nacionalización pro europea. Así estando las cosas, las preguntas se multiplican: ¿Cómo concebir una integración comunitaria inter estatal provocando la desintegración nacional y la quiebra económica interna de los pactantes menos favorecidos? ¿Cómo puede pretenderse sostener un acuerdo inequitativo y desigual en busca de mantener la integración que tiene como sustrato una soterrada y novedosa forma de explotación de los países comunitarios poderosos hacía los venidos en minoría desaventajadas? El clamor de la integración pensada con la finalidad de ayudarse entre todos y mejorar todos a la vez, se ha cambiado por el despampanante grito de: “Te integras y te jodes” En todos estos años de existencia de la comunidad Europea, hoy transformada definitivamente en 2

http://eurorights.net/euro-rights-blog-germanys-plans-to-

deport-eu-migrants/ o también http://www.elmundo.es/internacional/2 014/08/27/53fe1b12e2704efc4d8b4581.html

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Unión Europea, se ha vivido, y sentido claramente la prepotencia de los poderosos: Inglaterra, que ni siquiera acepta al euro como vehículo monetario de la economía, Francia que no cesa de patrocinar su ancestral idea de la capital de la alcurnia y lo exquisito, y Alemania que no deja de anunciar sus nuevos crematorios normativos en que anuncia arderán los pobres y desempleados.

Lo qué se necesita, en toda Europa, en todos los países, es un re-colocación de los ciudadanos y de sus intereses al centro de las políticas públicas Al lado de las grandes economías del viejo continente, que hoy dictan, prescriben y establecen las reglas de tan sui generis asociación, se encuentran unas inocuas en la medianía, y otras más en verdadera situación de crisis, como es el caso de Grecia, España, Portugal e Italia, quienes además de luchar contra una crisis económica interna que los sacude y los evidencia en los terrenos comunitarios, no consiguen alcanzar otras soluciones que la de doblarse de rodillas frente al autoritarismo europeo, consiguiendo dádivas por préstamos y recibiendo sendas políticas económicas por imponer a sus nacionales con la finalidad de salir de tan patibulesca situación. En contra de esta tendencia parece dirigirse el recién elegido gobierno griego, del nuevo primer ministro Alex Tzipras, extremo sostenedor de una nueva cultura sobre la relación de los estados miembros de la UE con la Troika. Lo qué se necesita, en toda Europa, en todos los países, es un re-colocación de los ciudadanos y de sus intereses al centro de las políticas públicas: todo lo contrario de lo que se ha hecho hasta hoy.

No hay margen para dudar que, el porcentaje de la población musulmana en las ciudades de Europa, va creciendo con el paso de los años, y que esto implica un cambio paulatino en la conformación de todo conglomerado social. Y como suele ocurrir en toda sociedad multicultural, el reto y el desafío por una pacífica convivencia entre diferentes grupos étnicos, culturales y religiosos, es la búsqueda de la capacidad a la integración, son mayúsculos. Es evidente que una de las rutas a seguir ante este reto está en el abatimiento de las desigualdades entre los componentes del pacto social, es decir entre las entidades políticas, pero a la vez entre los componentes sociales que integran el todo. Y para lograr esto, se requieren reconocer con toda categoría la igualdad de derechos de unos y otros, buscando garantizar también en éste esfuerzo, costumbres, prácticas lenguas, culturas, creencias religiosas y un largo etcétera. La desigualdad como política Sin embargo hoy el mundo gira ordenadamente desde las directrices del mercado y un capitalismo sin ataduras, desbordado, violento, carnívoro, y en este río revuelto, las multinacionales buscan instalarse en donde su producción se logre a costos de bagatela, así las cosas se mueven de un sitio a otro, erosionan, contaminan, explotan, esquilman, arruinan, empobrecen y cierran de golpe sus barracas echando a la calle a obreros de un país, para instalarse en otros

Despertares y tragedias Ante este escenario, los países euro mediterráneos, sirven como la hermética puerta de Europa que debe mantenerse herméticamente cerrada. Y tienen por obligación y consigna ser el bloqueo, el freno y tamiz de un flujo incontenible de individuos que se ven forzados a dejar sus países en busca de soñados paraísos terrenales. En ese caudal de seres humanos que llegan a la orilla del mediterráneo occidental, se esconde, según las visiones de muchos anti europeístas – nacionalistas, la verdadera amenaza al viejo continente: la avanzada del Islam hacia la conquista del Occidente, o así llamada “Islamización de Occidente”3 que pone por delante escenarios muy difíciles de interpretar y entender desde la visión occidental.

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Al respecto vale la pena revisar la obra de Juan José Tamayo,

Islam. Cultura, religión y política. Trotta, 2009.

José Palazón


más rentables, y obtener temporalmente una nueva mano de obra más barata. Muchos gobiernos, con el “consentimiento” sometido de otros de países pobres, estudian planes industriales y de mercado por desarrollar ahí, y dichas planeaciones no tienen en cuenta la dignidad de las personas. Si esta política es ofertada a las inversiones y a las empresas, de modo paralelo esto habría de ofrecerse a los seres humanos, esto es darles la oportunidad de migrar pero con dignidad, garantizándoles la plenitud de sus derechos básicos que empapen de dignidad su propia ontología. Los noticiosos casi todos los días documentan casos de barcazas desvencijadas que desde las costas africanas se aventuran por el mediterráneo tratando de alcanzar el sueño europeo, y con tristeza se testifica que día a día mueren muchos esperanzados migrantes ahogados en estas aguas. Estas pérdidas humanas no se deben a la debilidad de las embarcaciones, sino a la brutal insensibilidad europea inscrita en sus políticas migratorias.4 Qué fácil es desechar hoy a estos africanos cuando ayeres cercanos eran la carne de cañón y explotación en las colonias Euro africanas. Qué corta es la memoria cuando no conviene recordar la historia. Por lo tanto, se considera inaceptable estar dentro de una comunidad que no deja de mancillar a los otros, que gritan mucho la libertad, pero que en los momentos decisivos, ya no mencionan ni por error la igualdad. Y la solidaridad, es mejor no mencionarla, pues ésta se diluye en los recortes indicados desde Berlín para 4

“Terror a bordo de la patera”. http://politica.elpais.com/

politica/2015/01/15/actualidad/1421319199_588749.html

que se ejecuten en tierras Salentinas, Manchegas o Griegas. Éstas y muchas similares noticias, ponen de manifiesto cuál es la real situación que hoy día vive Europa. Encarando una de las peores crisis desde que nació este continente, no solamente desde un punto de vista económico sino también social. El Viejo continente no muestra ser la tierra fértil, llena de oportunidades para quienes la busquen.

Los países euro mediterráneos, sirven hoy como la hermética puerta de Europa que debe mantenerse herméticamente cerrada. Así, estos temidos forasteros son vistos como el gran peligro, pues se piensa, son los que vienen a avasallar a esta Europa unida y fuerte, son la peste que se expande poniendo en riesgo a este gran occidente. No se puede vislumbrar con claridad qué es lo que pueda ocurrir dentro del experimento pana europeo, en cuanto a qué escenarios se le presentarán más adelante. Pero sí es claro que todos aquellos valores, y principios que han creado las bases para el complejo sistema de derechos que iluminan las sociedades europeas deben ser revisados. Pues en discurso se paladean elegantemente, pero en la práctica son un fracaso total. Baste para ello escuchar algún diagnóstico al respecto en cualquier tipo de derechos: individuales, políticos, económicos, sociales, culturales, y un largo etcétera.5 Pavimentando el terreno hacia el irremediable odio Ha resultado paradójico y curioso escuchar recientemente al presidente6 Barack Obama junto con David Camerun declarando que en Europa se podía respirar el problema musulmán, pues no existía una política real que incluyera a los migrantes. Además declaró con un desparpajo fanfarronesco que en los Estados Unidos de América, los musulmanes sí se sentían “gringos”. Será por eso que sucumbieron las torres gemelas, y será por ello que los accesos en las fronteras y naves que con-ducen a la Unión Americana, ocurren 5

están

Los derechos humanos en occidente y en el mundo, en

retroceso.

videos/1421844188_889776.html 6

http://elpais.com/elpais/2015/01/21/

Vale la pena escuchar la música de protesta del cantautor José

Molina, que en la canción que viene al caso, versea: Que vida más diferente/ la suya y la mía/Señor Presidente/Mientras yo vivo en un rancho/que se

cae de pobre siempre trabajando/Usted es un terrateniente/que vive

en palacio rodeado de sirvientes/que vida más diferente… https:www. youtube.com/watch?v=tencmw E7k8

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los máximos controles que en nombre de la seguridad violan la intimidad y la dignidad básica de las personas, y será también a razón de esos argumentos del jefe de la nación, que la prisión de Guantánamo sigue ahí, siendo la vergüenza política del actual milenio. Sería conveniente que los jefes de estado hablaran con la verdad o que simplemente reconocieran la realidad tal cual es. Para el caso de Francia, hay que rememorar que, esta “educada” nación no es precisamente una “perita en dulce”. Bastaría recordar el largo historial colonial que posee la nación de las luces. Los anales documentan las graves brutalidades galas que se han patrocinado por siglos en África y las colonias francesas ahí y en América instaladas. Generaciones y generaciones de personas esclavizadas, explotadas, mancilladas, desplazadas, avasalladas y conquistadas en nombre de la trilogía apotégmica: Libertad, Igualdad y Fraternidad. El argumento de justificación que emite occidente ante estas calamidades documentadas, es que fueron prácticas del pasado, basado en un mercantilismo que para el momento funcionaba.

Foto: JRG

“Que se haga la voluntad de Dios. Pero en la yunta de mi compadre”

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El fotógrafo y cineasta francés Raymond Depardon en su obra “Imágenes políticas” (Casus Belli, 2012) documenta con toda claridad que apenas en la década de 1990, la política gala repetía sus nefastas prácticas violentas y desbordadas. Los procesos de colonización disfrazados son una constante hoy en día, sembrar la sizaña y la discordia es una práctica permanente y tolerada. Acusar al otro de intolerante, y atacar; dada una supuesta ausencia de cordialidad democrática, con actitud y acción violenta es pan de todos los días. Así culturas occidentales que protegen los derechos fundamentales de sus propios gobernados van y liquidan la mínima capa de protección jurídica de otras sociedades ajenas a la propia, tal es el caso en muchos países africanos y no occidentales, que tras ser tachados de fundamentalistas, justifican con ello la intervención e irrupción violenta en esas sociedades que lo único que desean es que se les permita irse desarrollando paulatinamente a su propio ritmo y bajo sus propios postulados de entendimiento. Pero esto no es escuchado por los intervencionistas, quienes lejos de respetar al otro, sostienen el intervencionismo de la guerra, y en caso de toparse con gente conciente y crítica, optan por ensuciar y enlodar a estas sociedades por medio de la siembra de vicios enajenantes, romper el círculo educativo, suspender por la fuerza los servicios básicos de atención a las personas, a los ancianos, a las mujeres y a los niños. Tal es el caso que los franceses han impulsado, abusando de la ausencia de redes comunicativas e informativas; obteniendo el control de las mismas en el caso remoto de que existan, dedican sus esfuerzos de expansionismo cultural disfrazado, para embrutecer la cultura y la noción

El Viejo continente no muestra ser la tierra fértil, llena de oportunidades para quienes la busquen.


de identidad de una sociedad que lo único que desea es que se le respeten sus formas de ser, de expresarse y de entender el mundo; nadie en el orbe podrá estar a salvo mientras estas intentivas irrupciones neocolonizadoras pendan sobre la cabeza de sociedades que una y otra vez han sufrido la mancillación de sus libertades y de sus propias formas de ser y de organizarse. Situación altamente lamentable y criticable viniendo sobre todo de un país que ha presumido por décadas ser un declarado defensor de los derechos humanos. Este tipo de contradicciones entre el decir y el hacer son la constante que occidente ofrece a los otros, a los diferentes. Los tuaregs del norte de Mali, que es un país –toquemos madera- relativamente democratico del oeste de África. Pero, en esa época, (1990) lo dirigía un pequeño dictador que no había entendido el problema de las poblaciones del norte y que había enviado allí al ejérctio para restablecer el orden... Cuando los colonialistas llegaron, vieron enseguida que los tuaregs no eran maleables. No querían copiar la civilización blanca. No les interesaba imitarnos, se sentían bien tal como estaban y, además vivían bien, eran prósperos... tenían su propio modo de vida. Entonces los colonos franceses buscaron apoyo en la gente del sur, más fáciles de manipular, los cuales adoptaron más fácilmente la religión cristiana porque provenían del animismo. La cerveza –no unas pocas, sino litros de cervezacausaron estragos. La escuela dejó de funcionar, el dispensario médico tampoco funcionaba, pero la cerveza Gala sí que llegaba con regularidad. La Gala y el Kaláshnikov: cuando se juntan la cosa suele acabar mal.7 A estas alturas de la historia de la humanidad se pensaria que ya debieramos haber aprendido que la cultura se construye por medio de la identidad propia de que los pueblos y las sociedades se van dotando, al intepretar y comprender el cosmos, la propia fenomenología social, las practicas, las propias formas de ser, su idioma y su arte, así como su organización social, jurídica y política, y dejar atrás las prácticas de la imposición que no han acarreado más que violencia, insidia e interminables guerras. La cultura es el fenómeno por el cual una sociedad se dota de personalidad propia, e irrumpir este proceso es un acto de fuerza y de violencia, que es inaceptable hoy en día. Sin embargo es triste constatar, que las sociedades supuestamente civilizadas, insisten en estas prácticas que antaño les dieron resultados al explotar a estas sociedades colonizándolas y esclavizándolas, y erigiendo sobre sus escombros la grandeza de la propia, en base al robo y la destrucción de un pueblo.

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Acusar al otro de intolerante, y atacar dada una supuesta ausencia de cordialidad democrática, con actitud y acción violenta es pan de todos los días.

Depardon, 2012, pp. 89 y 90.

Foto: JRG

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¡¡¡Alerta, alerta… que nos han atacado con unos Kaláshnikov estos salvajes…!!! ¿Es la libertad de expresión un derecho absoluto? En la lid de los últimos acontecimientos violentos, calificados como terrorismo en París, dadas las publicaciones de sendos cartones satíricos anti musulmanes, se plantean algunas interrogantes: ¿Puede decirse lo que se desee en base a la libertad de expresión, así se insulten directa y deliberada-mente las creencias del otro? ¿No es esto una provocación y la violencia una respuesta ante la ausencia de válvulas de escape? ¿Quién es en verdad el primariamente violento? Mientras la libertad de expresión se siga tratando de entender como un derecho absoluto, el problema seguirá reproduciéndose, y los terrenos occidentales de la democracia auto minándose. Además, es poco probable, teóricamente e imposible en la práctica, que los propios medios, así como batallan por sostener y garantizar su propio derecho a la libertad de expresión, batallen para garantizar un derecho de réplica franco y abierto, que democratice realmente este ejercicio comunicativo de ida y vuelta. Quién tiene el poder mediático, tiene “el sartén por el mango” y puede decir lo que le venga en gana, quien no tiene la posibilidad de publicar y difundir sus expresiones e ideas, sólo le queda el silencio y la impotencia ante la “expresión libre” del otro. Pareciera que no, pero las palabras y las imágenes hieren más que los propios proyectiles, y sus secuelas quedan en la memoria, en el alma, en la mentalidad de las personas, sobre todo cuando esos pensamientos publicados no son precisamente responsables de sus consecuencias. Qué fácil es emitir opiniones sabiendo que se es protegido por los fusiles autorizados, y que los agentes del estado estarán dispuestos hasta a dar la vida por la permanencia de la tinta en el papel, pero ¿y a los demás que les queda? Aguantarse, encerrar su deshonra, ocultar las burlas, acallar su rabia. Si bien es cierto que el cartonismo es una de las más heroicas profesiones, debe hacerse con un verdadero espíritu democrático, debe ser constructivo, crítico sin cortapisas, pero también sumamente responsable. Y decir que el “otro es una mierda” con todo y sus creencias, como ya se ha dicho y publicado, no es precisamente la expresión más responsable que se pueda publicar ni manifestar. No sólo se trata de manifestarse libremente, sino además hay que hacerlo adecuada e inteligentemente. Hay que tener el cuidado suficiente desde occidente para no estar defendiendo una especie de fundamentalismo liberal, que podría llevar a una catástrofe invertida, en donde en nombre de la libertad se puede autorizar la echazón del otro. Merece la pena recordar, al respecto, lo establecido en el artículo 10 del Convenio del Consejo de Europa, titulado: “Libertad de expresión” y que al afirmar que

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La [cerveza] Gala y el Kaláshnikov: cuando se juntan la cosa suele acabar mal.

Foto: JRG


toda persona tiene derecho a la libertad de expresión, subraya también, como esa libertad comporta deberes y responsabilidades, y puede estar sometida a formalidades, condiciones o sanciones dispuestas por la ley, a fin de garantizar el orden público, la seguridad nacional y los derechos de terceros. Este postulado normativo refleja claramente que hay límites en el ejercicio del derecho a la libertad de expresar las propias opiniones. En una sociedad plural, dirigida hacia la convivencia pacífica, sus reglas no pueden ser dictadas imaginando el abatimiento de los límites de las libertades, sino que dichas libertades conviven dentro de un esquema de control y/o autocontrol legítimo. La libertad de expresión desbordada puede fácilmente ofender o golpear la sensibilidad moral y religiosa de una parte de la sociedad. La libertad de expresión debe, entonces, auto imponerse límites en el momento exacto en que tenga el riesgo evidente de chocar con la libertad de otros. Desempolvando algunas máximas éticas y jurídicas que se formularon durante la época de la ilustración, donde elocuentes pensadores de toda Europa empezaron a despertar a las sociedades antiguas de los oscuros estadios en que vivían, cabe recordar a Manuel de Lardizabal, pensador español que señaló: “Cuando en un momento de la historia, los hombres decidieron reunirse en sociedad poniendo fin a la incomodidad de la vida soltera, renunciaron voluntariamente a partes de su propia libertad por dejarla en las manos de la comunidad o de quien eligieron como jefe” (Discurso sobre las penas. Comares, 1997). Este postulado, concebido en un momento histórico de renovación de las ideas sobre la manera de entender la sociedad, puede servir hoy, para meditar sobre la dirección que una libertad sin control provoca en nuestra época. Corolario: -Que no se tema a la llamada islamización de occidente, observándola acríticamente desde el foco de la occidentalización del orbe. Pues, como cuestiona Lyotard en La Posmodernidad explicada a los niños (Gedisa, 1999) “¿Quién deberá contar con la autoridad suficiente para declarar los derechos del hombre?... ¿Por qué tendrá valor universal la instancia normativa universal si quien la declara es una instancia singular? ¿Cómo saber, más adelante, si las guerras encaradas por la instancia singular en nombre de la instancia universal son guerras de liberación o de conquista?” Ningún fundamentalismo lleva a soluciones pacíficas para las sociedades contemporáneas. -El sueño de una sólida identidad europea está en crisis. Líderes y sociedad civil han de construir con toda firmeza una ruta posible que sea verdaderamente viable.

-Los fanatismos diversos y vivos, han de realizar una revisión crítica de sus postulados, y reformarlos profundamente a favor del respeto de todos y del todo, que se erige en un mundo irremediablemente finito y limitado. -Las soluciones no se van a encontrar tras las diversas cortinas neo-nacionalistas disfrazadas y engañosas, sino en la comprensión, en la inclusión, en el traslape pos-cultural, que permee, que empape con concordia y compartencia entre personas y sociedades. -La tarea sólo se puede realizar desde las bases sociales, y nunca más desde mentirosas cúpulas, aún por desmantelar..

¿Puede decirse lo que se desee en base a la libertad de expresión, así se insulten directa y deliberadamente las creencias del otro?

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Entrevista no. 1

Benjamín Prado Por Randall Roque Benjamín Prado, (Madrid, 13 de julio de 1961) Novelista, ensayista y poeta español. Es un poeta poco común, su obra se extiende desde la música, participando incluso con Joaquín Sabina en una complicidad poco vista, con el único afán de romper barreras académicas y acercar la poesía a los sitios donde otros, por error, lo han considerado prohibidos. Ha recibido premios tales como el Hiperión, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, el Premio Andalucía de Novela y el Generación del 27. No bastando con ello, su compromiso es evidente, Benjamín ha publicado más de una veintena de libros y su obra ha sido traducida en numerosos países, entre ellos Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Dinamarca, Bélgica, Grecia, Estonia, Letonia o Hungría, y publicados también en Argentina, Cuba, Colombia, Chile, México, Perú y El Salvador.

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Nueve preguntas a Benjamín Prado

1. En el 2002 visitaste Costa Rica en el marco del ciclo de conferencias “100 años con Rafael Alberti y Luis Cernuda”, para aquel entonces realizaste una lectura bastante concurrida en el Centro Cultural de España en Costa Rica... ¿Qué ha cambiado desde entonces en la literatura de Benjamín Prado? R/ Empezó a cambiar antes y también en Costa Rica. Yo estaba haciendo una larga gira de presentaciones por América, en la que por las mañanas hablaba con la prensa de mi novela Ajuste de cuentas y por las tardes escribía la siguiente, No sólo el fuego, cuya acción transcurre, entre otros lugares, en Panamá, México y Costa Rica. Esa es la primera novela en la que indagué en algunos aspectos de la historia de algunos españoles, más que de la propia España, generalmente los perdedores de casi todas las convulsiones históricas del país. Es lo que luego he hecho en la serie de Juan Urbano, en “Mala gente que camina”, “Operación Gladio” y “Ajuste de cuentas.”

2. Benjamín, naciste en España (Madrid) 13 de julio de 1961, en esta misma fecha nació el poeta británico John Clare (1793), un poeta que a pesar de ser del siglo XIX es de un modo u otro, transportado al tiempo actual por otro poeta español de gran sensibilidad y contenido literario como lo es L.M. Panero. Cuando leemos su versión del poema «I am» de John Clare, observamos que L. M. Panero lo adapta, pero más allá de la traducción literal lo transforma de un modo contemporáneo. Un poema de John Clare I am (je suis) Soy —más qué soy nadie sabe ni a nadie le interesa —mis amigos me dejaron como un recuerdo inútil que sólo se alimenta de su propia desdicha de mis penas que surgen y se van, sin más, y para nada ejército en marcha hacia el olvido sombras confusamente mezcladas a los pálidos (Fragmento de Traducción L.M.Panero) En este aspecto observo una tristeza honda que coincide tanto en la poesía de John Clare como en la oscura melancolía característica de L.M. Panero... -¿Cómo asociarías esta tristeza u oscuridad en tu poesía?, lo pregunto, porque leo en tus poemas textos como el siguiente: “(...) -Nunca podrás huir de todo lo que has perdido, un verso que continúa en el poema “Roto” del libro “Todos nosotros” 1988 del mismo modo “(…) yo regreso de todo lo que han roto, busco entre lo que tiene su propia luz, encuentro la mirada del hombre que ha soplado unas velas...” en incluso otros más contemporáneos mantienen una honda melancolía.

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R/ -La poesía no tiene mejores ni peores paisajes, ni sentimentales ni de ninguna otra clase. Es cierto que la nostalgia, la tristeza o el drama tienen más prestigio literario, por así decirlo, pero no hace falta más que leer las “Odas elementales” de Pablo Neruda para ver que la celebración de la belleza o del placer también puede dar

La poesía no tiene mejores ni peores paisajes, ni sentimentales ni de ninguna otra clase


y ha dado lugar a poemas geniales. Ahora mismo, trato de acabar un libro con el que llevo tiempo entre manos, “Ya no es tarde”, que tiene más de relato de alguien feliz, que ha encontrado lo que buscaba, que de alguien que lamenta una pérdida. En la poesía, por suerte, no existen las carreteras prohibidas.

En la poesía, por suerte, no existen las carreteras prohibidas

3. Por su parte, tu obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, griego y portugués. … -¿Cómo sabés si tu poesía continúa siendo o es otra a través las distintas voces que la traducen y aquellos que por tanto te leen encuentran otro que no sos vos? …¿Cómo sabe Benjamín Prado que se reinventa para no tener una fórmula precisa? R/ –Me temo que en el caso de las traducciones uno lo único que puede hacer, en lo que respecta a las lenguas que no conoce, es cruzar los dedos y desearle suerte a sus libros: si se ocupa de ellos un buen traductor que además sea un buen escritor, saldrán bien librados del intento. Sólo en ese caso.

4. “Lo que fue tuyo será tu infierno” citaba Darwix... Esta frase me hace memorar tu trabajo con Joaquín Sabina y artículos tuyos publicados; quizá por el amor desaforado

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Me temo que en el caso de las traducciones uno lo Ăşnico que puede hacer, en lo que respecta a las lenguas que no conoce, es cruzar los dedos y desearle suerte a sus libros

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en sus canciones y porque has trabajado íntimamente con Joaquín Sabina y un poco del desamor y la nocturnidad no deja de reflejarse en tu propio trabajo ¿Es eso cierto en tu poesía? ¿Qué coincidencias y distancias tenés en tu obra con el poeta y cantante Joaquín Sabina? R/-Imagino que las que tenemos se pueden ver en las canciones que hemos escrito juntos, especialmente en las del disco “Vinagre y rosas”. Pero cuando uno escribe a medias con alguien no creo que se trate de encontrar las similitudes, sino las diferencias: nuestras canciones las escribe un tercer hombre que se nos parece en algunas cosas y en otras hace lo que no podríamos haber hecho ninguno de los dos a solas.

5. Jorge Luis Borge dijo una vez “(...)Yo creo que todos los libros que he leído han influido en mi obra, que todos mis amigos han influido en mi obra, que sin duda mis antepasados, mis mayores han influido en mi obra, y hay grandes escritores que no han influido en mi obra, por ejemplo, éste, Joseph Conrad, la verdad es que yo lo he leído, pero yo no he sido digno de Conrad, y escritores que yo aprecio menos y que han influido en mi obra como Chesterton...” -¿Qué influencias ha tenido Benjamín Prado y cuáles escritores no han sido dignos –parafraseando a Borges- de influir en tu obra? R/-He leído demasiado, casi todo, como para saber en qué grado me afectó cada cosa. Prefiero esa definición de Eliot según la cual un buen poema siempre es una imitación de la poesía en general. Para una novela, también vale. Tal vez no se trata de parecerte a Tolstoi, a Kafka, a Dickens o a Steinbeck, sino de tener la certeza de que no se puede escribir una novela propia sin haber leído las suyas y las del resto de los maestros.

6. Continuando con J.L. Borges, él dijo acerca de la originalidad lo siguiente: “(…) Yo creo que la originalidad es imposible. Uno puede variar muy ligeramente el pasado, cada escritor puede tener una nueva entonación, un nuevo matiz, pero nada más. Quizá cada generación esté escribiendo el mismo poema, volviendo a contar el mismo cuento, pero con una pequeña y preciosa diferencia: de entonación, de voz y basta con eso.” -... ¿Compartes este criterio? ¿Qué sentido tendría leer tu trabajo o el de otro escritor si no hay originalidad y todo en la vida poética es constante repetición? R/-La originalidad puede estar en muchos sitios: en la forma, en el tono, en la estructura, en la solución de la trama. Creo que si no crees que va a estar en ninguno de esos lugares, es mejor no intentar escribir el libro.

7. Entre tus artículos he leído “Antígona en la Moncloa” que refiere a la desobediencia civil que promulgaba Thoreau en 1849. La palabra “desobediencia” carga por sí misma un efecto de aceptación en tanto todo aquello que se desobedece puede implicar una revolución de ideas, pero no se indica hacia dónde y cómo desobedecer

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en un sistema económico social que oprime, pero sin opciones. Podrías decirnos ¿Hacia dónde encausarías la desobediencia civil para que ésta no sea entendida como arbitrariedad adolescente? R/-Este mundo cada vez es más injusto y está en peores manos, todas ellas manchadas de dinero sucio. Todas las revoluciones empiezan en un callejón sin salida, según se dice, y éste lo es. Hay que librarse de los vampiros, no hacerles transfusiones de sangre.

8. Siempre he pensado que un escritor al igual que Whitman, escribe un solo libro en su vida… ¿Compartís ese pensamiento? Si tuvieras que elegir un poema de toda tu obra ¿Con cuál te gustaría te recordaran? R/-No. Eso me recuerda a aquella idea de García Márquez de que uno siempre escribe el mismo libro distinto. Yo me aburriría si aspirara a eso. En lo que deben parecerse los libros de un autor es en la forma de estar escritos, porque todo escritor serio aspira a crear un estilo propio, reconocible, que se le parezca, a ser posible. Pero lo demás, las historias, los temas y demás, pueden cambiar. Nunca elegiría un poema por el que ser más recordado, ese no es mi trabajo, es el de mis lectores.

9. Finalmente... Por favor, comentanos de tus nuevos libros, tu relación con Sabina y cómo fue que Benjamín Prado ha terminado en la música... R/-Más bien sigo empeñado en llevar la música a otros sitios y a otra gente. Sigo haciendo giras con músicos importantes y mezclando la poesía y el rocanrol de un modo que nos divierta a nosotros, le abra puertas que antes estaban cerradas al público y contribuya, de algún modo y en alguna medida, a llevar las fronteras de la poesía un poco más allá..

31 Oct. 2013 Costa Rica

La originalidad puede estar en muchos sitios: en la forma, en el tono, en la estructura, en la solución de la trama

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Te quedas en Madrid. A mí me esperan casas cerca del mar, ese cansancio azul de los hoteles, los cuartos alquilados donde alguien ha muerto alguna vez. No pasarán, los días, tan despacio. Benjamín Prado

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Poesía

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Foto: Adampol Galindo

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Ignacio Martín (España)

Mercadotecnia Señor Editor; señor Librero: no quiero pedir peras al olmo o tunas al maguey –más autóctono y transculturado–. No, si yo entiendo que no puedo aspirar a ser best seller con la insignificancia de un libro de poemas –ni a cien páginas llega–. Sólo pido, si sirvo para esto –y no es mucha molestia– una edición medio bonita, con poquitas erratas, si es posible; y un huequito en los anaqueles o en esos mostradores que la gente sí ve. Sáquenme, por favor –ya dije, si se puede– del fondo del presupuesto, de las zonas arqueológicas de las librerías, del exilio junto a las oficinas y almacenes. No es nada personal, señor Contable.

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Semántica* Que no, señor, que no: el poema no puede tener nombre. Quizá en algún poema encontremos un título, pero un nombre, jamás. Porque si la palabra labra la palabra –gracias, Julio– el poema es nombre que nombra lo que nombra... Y lo que nombra no puede tener nombre y si lo tiene

Baruj Hashem,

no debe pronunciarse.

*Publicado en Panfletario, 2013; edición digital

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Ret贸rica* Mi voz es nuestra voz y es voz hecha de voces.

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No lo puedo evitar.

Por formaci贸n y por idiosincrasia.

*Publicado en Panfletario, 2013; edici贸n digital


Foto: Adampol Galindo

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Guillermo Clemente (México)

Cántico nocturno l Éste es mi canto azul como la fuerza de una estrella azul como la niebla en llamas azul como la terquedad de la lluvia arreciando Éste es mi canto cae -su voz en la piedranace crece quebranta la visión nocturna gira con vértigo rompe la casca de mi angustia y doy mi vista a torcer para no saber toda la verdad Éste es el canto que reposa sobre el licor del asombro entre la multitud de noctámbulos brotan en ojos de mujeres feroces irredentas flecha al andar en la claridad adormecida Éste es el canto que nace como la hoguera armónica arrimada a la cartografía del mundo plagada de misterio -donde todo crece como los cabellos del albasus trazos muerden la fisura de mis ojos cada espacio que tengo en mi cuerpo y fustiga mis pensamientos la raíz del corazón el delito de un día a la puerta del insomnio Éste es mi canto mi canto hacia la noche que siempre y solo brotará de mis delirios

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XlV Con el manar de la oscuridad brotó toda la oscuridad su ser su rama visible Cayó Como el relámpago se rompió en Hojas pequeños bebiendo rostros Antes La raíz se abrió De ese infinito ha brotado el corazón del tiempo Pronto la noche Nada quedó en el ramaje de la lejanía

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as

cio Martín

Epístola del mar Ella tiene entre las piernas el brillo de un buque en batalla la sangre de la guerra, el ardor del fuego de las teas sacadas del infierno. Arden en sus senos los navíos donde los sueños se tragan los naufragios las llamas devoran el signo que se crea entre las aguas. Esta es la navegación donde el deseo abre rugidos el viento lanza sus tribus nómadas las ballenas abren el mar de un solo golpe para volverse espuma la sal ondula en las olas las aves dejan en su cuerpo las tormentas para guiarme. Vengo para dejar el murmullo líquido de los secretos del aire el que inquieta las olas y cambia la órbita de la marea. Sólo ella me hace lanzarme en los mares de los goces.

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Mercadotecnia*

Foto: Adampol Galindo

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Julio Solís (México)

Es casi posible Que la madrugada sea hierba roja música indeleble de las horas paradoja de la aflicción que en mi apellido se circunscriba la náusea me vomite a deshoras me vuelva a devorar es muy probable entonces que yo a partir de esta hora sea un recuerdo inhabitable

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23.09.14 23.09.14 El recuerdo gime se infarta de palabras quema se incendia de tragedias eran las cuarenta y cinco de la madrugada el soplo de la noche supo a lágrimas rojas que ensuciaron la marcha son 43 voces que buscan al sol pasos que procuraban el golpe del relámpago era la mujer cargando un futuro niña que nunca supo de la desnudez del tiempo eran los sueños jamás soñados eran las manos que inventaban a Dios los hombres que gritaban su silencio la hora de estrellarse con la bayoneta y concebir la historia la pupila del crimen que abrió las piernas y dio luz a la muerte horas, palabras y fusiles el concierto de metrallas que no llegó a oídos de nadie resonó en los cuerpos de todos la columna de fuego de fuego risible que sólo un estúpido vio guantes blancos se instalaron en el recuerdo inexistentes, blancos a capricho de la televisión inmoral el discurso de helicópteros anunció la lluvia roja y llovió mucho mucho

la luz de la batalla es ahora un número multiplicado por el exponencial del dolor la ira y la razón la lógica de los pasos en la calle es plenamente concebible cuando a cada crepúsculo el espejo idiotizante intenta acribillar el cerebro es aquí es el momento cuando los ángeles imitan a los hombres seducen a las mujeres retan a la calle para inventar el lenguaje para saberse ángeles y emborracharse de Dios para saber de los manjares de la revolución es ahora este precioso instante cuando la sonrisa del niño se estaciona en los parques y el humo verde del cigarro deforma su añeja cara cuando las aulas son una caverna las palabras se enamoran del ojo del gato pasa el tiempo, la condición de estudiante nunca deja de ser…

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Foto: Adampol Galindo

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Agustín Abreu (México)

Héroe Ahí estaba, en la frescura del veneno

Seamus Heaney

El silencio es unánime. La luz desploma sombras siguiendo el ritmo del amanecer. El ambiente se ha cuajado como las sonrisas de una fiesta de cumpleaños que tiempo después se muestran con desesperación. Pero al observar con la minuciosidad del gatillero encuentro una anomalía en la quietud, una implosión: este aroma de niño muerto o de alguien que sostiene torpemente una botella sobre el pecho. Sólo puedo balacear el beso que se pudre, tan blanco y tan muerto como un niño, poner tinta en el pliegue de la fotografía que nadie reconoce.

Los poemas forman parte del libro Extinción del testimonio (2014).

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Herida queden por testimonio mis pรกjaros en blanco

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Sunday, 3 AM las sábanas se enfrían con la vida en la ventana cuelgan mis sabañones tibios sólo me resta abrir los focos de la habitación y a secas corromperme

¿esto fue la juventud?

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Herida despertar como un espino al que el amor ha despojado de sus pétalos como una cólera sin puño

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Héroe …dispuestos a combatir aunque sepamos que la derrota es el único premio de los héroes.

Vicente Quirarte

I la vigilia me conmueve más que el silencio desvelo la embriaguez y el odio por recordar labios diciendo que no que no te han visto y por el sabor diluido de mis lágrimas tantas horas lleva el sueño sacudiendo su guadaña sobre mí que yo podría ser otra fotografía del desencanto II pasa el tiempo sobre las semillas y se va secando mi corazón quién me viera con el diablo en el gatillo… el sueño está vacío en el ataúd el sueño tan blanco como un beso quién me viera escribiendo en el gatillo…

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Foto: Adampol Galindo

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Mahra Ramos (México)

Penumbra Las noticias vomitan el horror: desmembrados, calcinados, descarnados, enterrados. Desaparecidos. Cada palabra hiere, indigna. Los rostros infantiles se multiplican en pancartas. El olor putrefacto de los cuerpos hallados se esparce por los caminos de terracería, las calles, las avenidas. Y retiembla en sus centros la tierra, sin que los hijos se hayan vuelto soldados. La sangre escurre al sur, al norte, en la península, la sangre de los no soldados se derrama en los océanos. Y el dolor ahoga a las madres, los padres, los hijos, invade a las mujeres que no parieron a esos hijos ahora sin rostro. Y se alzan los puños, gritan los políticos, callan los políticos, habla la ONU, habla el pueblo, lloran los testigos, esperan los familiares. Y pasa todo en la penumbra, en una época en la que no amanece.

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Bajo la tierra En mi país florecen los muertos: en el desierto los cuerpos putrefactos esperan ser descubiertos. En el mar flotan cadáveres hinchados de olvido. En mi país Los niños se alimentan de odio. Los infotaiment´s alcanzan raitings inimaginables con noticias relevantes como: “el sacrificio de un perro por ébola”. Y en la calle las fotografías de los desaparecidos llenan las paredes. En mi país se respira fetidez: el olor emana de las zonas militares, las oficinas de gobierno, las residencias oficiales, los cuarteles policíacos, los juzgados. En mi país, los muertos florecen.

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Parir la muerte Al sur el olor de la miseria se extiende por el valle. Ahí, entre las montañas sobreviven niños lombricientos. Las madres paren la misma muerte, en las banquetas de los hospitales. De las entrañas de la tierra emerge la pobreza que llenó de ausencia las casas de lámina. Los cuerpos se hunden en el fango. Y ahí la gente se suma a la búsqueda de miles de desaparecidos. La guerra, sin tregua, mancha los blasones.

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Foto: Adampol Galindo

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Ramón Peralta (México)

El nadador que una tarde no siguió las indicaciones de su entrenador y tragó agua Nadar sabe mi llama el agua fría Miguel Ángel de Quevedo

milésimas de segundo después de perder el calor la temperatura del aliento y sentir el peso del cuerpo en el agua casi desnudo con el vientre contraído muestra las costillas levanta y sesga el brazo desde un ángulo de doce grados y cae en una elipsis casi perfecta para levantar el otro brazo desde un ángulo de doce quince grados para sumergir otra vez la mano en forma de de una daga con los dedos rígidos lleno de fuerza para avanzar casi un metro y perder la voz en un jadeo apenas meta la cabeza y saque el aire en dos líneas compuestas por pequeñas burbujas esa es su voz para olvidar los gritos los aplausos el amor el odio el tedio porque hay una sensación al caer al tocar el agua e inmediatamente al flotar perder el vacío ¡Vamos! Le gritan ¡Vamos! ¡Tú puedes! Le gritan o piensa que le gritan rápido muy rápido avanza ahora no tiene voz tiene ese aire que enreda y traga su voz y no puede gritar como un karateca como un futbolista porque él es un nadador que inventa el oficio y su voz ese sonido hueco siempre estará incompleto será un enigma un experimento que roza el fracaso y puede ser la esperanza convertida en el golpe furioso de un boxeador en el toque de una pelota en la nieve rodeado de pinos en una serie de saltos necesarios para llegar más lejos pero él es un nadador y sus músculos se accionan por pequeñas descargas eléctricas desde su cerebro por el impulso la sangre no hay ninguna diferencia con un escalador con un tenista ¡Vamos! ¡Vamos! Faltan dos vueltas 100 metros menos de 30 segundos sumergido el olor a cloro y las burbujas que no han dejado de subir raudas escapando deformando su condición su redondez de esferas de aire en el agua. Afuera la tarde se reclina quiero decir se retira con líneas de color rojo y pasados unos segundos siguen rojas pero en esos segundos el nadador avanzase aleja por unos centímetros de otro nadador sonríe satisfecho y en esa distracción del ego del

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triunfo pequeño sus tobillos se tocan siente perder algunos centímetros todo es un reto un toro una montaña un auto en sentido contrario y nada con más fuerza y respira y siente un asco terrible al tragar un poco de agua recuerda cuando era chico cuando comenzaba con un traje azul clásico de franjas amarillas y tragó agua y su padre movió las manos le dijo: ¡No! Y dibujó una S en el aire. ¡No, así no! le dijo desde su boca algo que no entendió y él pálido en la historia del niño pálido amarillo vomitó una parte de la comida aparentemente digerida y abre los ojos y ve todo en un tono azul pero no ve el cielo diminuto en el agua del mundo ve una mancha en azul oscuro como un monstruo que grita pero son las gradas las personas que pagaron 5 o 10 euros y por arriba las luces de las lámparas le ciegan cierra los ojos le dijo pero ella no cerró los ojos y siguió caminando como si fueran desconocidos y le falta rebasar al último competidor que es el primero y se acerca con sus manos abre el agua para que pase yo en un velero y se aleja del grupo del público respira siente su cuerpo en movimientos precisos no hay duda ahora puede ser ese una máquina perpetua pero dentro de la máquina hay un niño en el vientre de la madre y ese niño con los ojos y los puños cerrados patalea y siente los músculos de las piernas los ligamentos la fractura en la rodilla por encima a cinco centímetros la cicatriz de la infancia quiero decir imagina que sube una colina y respira hondo al ver abajo árboles y árboles y una vereda que cruza y se pierde perpendicularmente dónde subió hace algunos años quiero decir siente el amor que le vuelve a punzar en el pecho las burbujas que no dejan de subir quiero decir siente dolor y respira y clava la cara bracea y respira hondo y en un descuido traga más agua y tiene ganas de salir para sacar la cabeza y escupir la dureza del agua ese leve sabor a sal a químicos y tomar sin distracción el desenlace esperado nervioso por el esfuerzo de parecerse a ese el ganador el campeón el héroe a ese pequeño dios que remoja las galletas en la leche y le gustan los gatos y hace una semana al entrar al metro se despidieron con un beso eterno y piensa la tristeza se aleja en el agua

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Foto: Adampol Galindo

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Juan Jorge Bautista Gómez (México) El tenis, ese deporte de raqueta… Para Jorge Gómez Vargas. Un tenista de fibra…

La bola va, viene, rosa, vuela, se sostiene, el viento juega en contra y en favor. Una guerra entre fuerza, inercia y resistencia. El trazo lineal calizo, marca las huellas de lo permitido. Gacelas con raqueta se debaten en el esbozo espacial, cual locos saltimbanquis, tras las ocurrencias de la esférica, que divaga perdiéndose en el bote, en el efecto, en la red, en el zumbido y en la estela. Señoreándose está siempre, esa frontera que parte en dos el alma de los compinches, consorte divisoria, la que corta, mata, incendia, rompe y sofoca. Esa dama de tejido no complaciente, que se cuece poniendo límites al tiempo, y que sólo se rinde ante el sol y la intemperie, que lentamente aniquilan su tensión. La bola, en su verdor falaz que huye hacia el amarillo, sufre la brutal violencia en cuerpo, y vive el hedor en alma. Surcando sin fin los extremos de la pista. De norte a sur, y de este a oeste vaga sin desdén, víctima del desenfreno heroico de los combatientes. En su transcurrir, se deforma en todas sus tipologías, yendo de cien a doscientos kilómetros por hora, de un segundo a otro. Así, llorando en la velocidad de su naturaleza, va mojando la pista con su llanto seco. El cual sólo se conoce por un chillido misterioso que abandona al paso, mientras mimíca los mil rostros de lo informe. La pista de polvo de ladrillo, pasto, o sintética materia, se pavonea virgen, vertical y horizontal al mismo tiempo. Puesta para ser usada por el viento, la sed, el sudor y el andar ligero, sus nítidas líneas blancas, la definen clara y tenuemente, sin quererlo. Es callada, silenciosa, inconsecuente con los límites, no discute, no acuerda, no busca consensos, no negocia. Su tarea es ser tajantemente definida y claramente decidida. Sus extremos largos, como los cortos, lo son en cuanto el guerrero de raqueta así lo considere y lo consienta

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Todo, absolutamente todo, se puede hacer sobre ella. Y el poder de su expansión, está en función de la creatividad del gladiador del hierro tenso. Él pone las reglas finales, las minimiza y las expande a su antojo. Son su madre, su hija, su lugar de nacimiento, su mesa, su lecho, y su muerte a la vez es decir, le son todo, y a la vez, le son nada. Todo deporte, es por más y por menos, un enfrentamiento, una pulsada, una medición de fuerzas, un tú a tú. El método elástico, para destensar la violencia entre los cuerpos, el uso medido y reglado de la fuerza. Hecho lúdico. El tenis, por su parte, no es menos todo esto. Pero además, algo más posee, que no se ve por las calles llanas. Tiene una raigambre de respeto, de caballerosidad, de elegancia, y se funde en una especie de danza tensa. Su nombre: ritmo. Se basa en su velocidad: apellido. Es la explosión de uno, y la resistencia del otro, y así, en torno a la dialéctica del dialogo encontrado, se van decidiendo los tantos contestatariamente. Y poco a poco, en ese ir y venir silencioso, lleno de zumbidos, se va definiendo punto a punto, segundo a segundo, el resultado que definirá, quién continúa en la pista, y quién asume el puesto de pasabolas. Gota a gota, golpe a golpe, van cayendo los parajes, 15, 30, 40: ¡Juego! Seis juegos: Set. 2 de 3 o 3 de 5 sets: Ganador. ¡Qué simple y que complejo a la vez es! En un punto puede consumirse la vida entera, decidirse el futuro. Un set es la eternidad. Una partida la perpetuidad. ¿Y tú en dónde estás… En el 15 iguales… en el 40-30 o en el punto para partida? ¿O a punto de la partida…? Que es lo mismo. El saque es dinamita en mano, es un saludo amable, con potencia de arsenal. Quien saca tiene por mucho el control de la partida. Y si se es virtuoso en su uso, se tiene más de media ruta ganada, pero cuidado, pues, dada la explosión que es, su poderío, en manos inexpertas es bomba de tiempo para sí mismo. Una dinamita sacra que te deja manco.

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Así, el saque o te hace fatalmente virtuoso o te degrada hasta la cumbre. Tú decides quién quieres ser con tu saque. Así que ¿Sacas? O ¿Le sacas…? Los golpes son destreza en movimiento: ¡Ritmo, pausa y menopausia! ¡Ritmo, pausa y andropausia! Gritaba el tío Coco-Gómez mientras bailaba en el polvo de ladrillo. El top spin que se enrolla y desenrolla al mismo tiempo. El passe en shot, quiebra la cintura del que desprevenido ataca. El seco, que bota la bola con franqueza pero austeramente erosionada. El corte, que la mata en pos del bote. Y quedan mil formas más: El globito que te puentea más allá del arcoíris, dejándote en penumbra, la dejadita, que muere al tocar el piso, paralizándote, la matabobos o dormilona, que aparentan ser otra cosa, sin ser siquiera algo. La recta de revés, que escarba en lo más lateral de la siniestra línea de trastienda. La diabética, que tras tocar la red pasa moribunda dejando inerte al oponente ¿Y por qué se le llaman la diabética? Demasiada azúcar mi hermano, demasiada “mermelada”… Pero lo peor de todo es el saque as. No para el que lo ejecuta, claro está sino para el que lo sufre inerte. Vivirlo es saberse paralítico, es ser enterrado en vida. Es no ver más que un zumbido es jugar sin distinguir jugada alguna. Quien lo hace lo celebra hasta volverse mártir de sí mismo, se inquieta de por vida. Quizá no pueda dormir más. La mayúscula estatura es una ventaja en el saque, pero se vuelve debilidad en la bolea. No es bueno tratar de vivir con saques as, pues en lo que lo sueñas ya te hicieron varios, y estarás más temprano que tarde en tu sepelio deportivo, y sin notarlo. ¿Es esto sólo un deporte? ¡No, no lo es…! Es la vida entera. O al menos una gran parte de la misma, o al menos de la mía… ¿Por qué me gusta el tenis? ¿Me preguntas…? Mmmm, lo siento amigo, no puedo contestarte…

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Zoelia Frómeta Machado (Cuba) Epifanía Otra noche y no me resisto a los ojos de ese joven turista que mira mis nalgas como un pedazo jugoso de Isla. La Habana no es ella o a caso soy yo que la veo y no quiero conformarme con su aliento, con sus agrio sudor sus vaivenes, entonces trazo un gesto con mi boca y sonrío a su asombro. La Habana se alenta para que yo, algo torpe escuche su sinfonía personal. Cuéntame corazón, cuéntame del viajero que nunca se fue, tras los muelles llora su pena como un niño abandonado. La Habana es un pez, retoza en mis manos tengo 20 años y estoy enamorada. 2014, el joven me vuelve a sonreír. Puedo ser tan imprevisible como un bolero. La noche se vuelve asimétrica, salta en sus labios. Mañana no estaré, quiero olvidar, empezar a ser distinta. Desacostumbrarme al ritual, a la soledad, al piso frío, a los pájaros en el alero. Fragilidad te amo, me desnudo para rozar tu alma. Dios, a quién decir, tengo miedo de ser otra vez la chica del barrio. La mujer que odia la costumbre de ser espejo o ecuación en la mirada de un extraño. Dios, mírame esta noche. Mírame, ahora, todo no está bien. Sólo un minuto necesito para no escapar y ser otra vez fugitiva. El mar, la casa, recuerdos génesis. Me estoy desacostumbrando a mis cinco sentidos. Dame la fruta prohibida, la estrella, sólo pienso en ti enconada en esta calle. Lengua nombra la palabra perfecta que se cae y se hace orín, escupitajo, estiércol. La palabra que salva, palabra posible, serafín, acaso nosotros, minotauro y pitonisa. Estoy aquí, sólo pienso en ti, en la oscuridad que se viene y estruja su noche en mi espalda mañana no estaré, deja que parta para siempre junto a todas mis circunstancias. Ciudad, nos hemos perdido. Nos perdimos, sólo para reencontrarnos.

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Tarde de silencio vegetal Un pájaro sobre la tarde de aliento vegetal canta. Canta su dolor solitario de ave, mientras el frescor del hastío gotea complaciente y tácito sobre el abandono que colma las habitaciones, ahora calladas, ajenas, sin los aquellos, sin la aflicción o la algazara que día tras día fuimos despostillando, los pequeños estragos diarios, insectos del miedo que convivimos horas con lenta y obstinada mansedumbre. Espejismos, vértebras de un deseo que los ausentes pusieron a cebar de ilusiones. Entonces la tarde se va, huye sin aliento extraña se disuelve en voces amantes, gestos de prisa estrenados. Motivos que usurparon el rostro de un pensamiento en palabras enfermas de vigilia, auscultando siempre la vieja herida que no se exhibe. Sin embargo, un grito me pertenece, una mueca lleva mi apellido, una mano sostiene mi ajustado cansancio, un color dibuja mi madura añoranza. Palabras hacen de la semilla que soy: árbol de sombra constelada sin vocación de paisaje que se guarda para sí la imagen agonizante de la rosa sobre el alféizar. El resuello del ala caída entre zarzas de nubes y gemidos me recuerda que nunca estuve, que sólo el presente era mi estado de gracia, mi dulce soberanía. Miro la escribana pitonisa ungir de pétalos y salvia los pies del crucificado. Me pregunto ¿qué soy? ¿Dónde comienza la irrealidad, la fábula y el verso muerto? Sobreviví la agonía de la luz que parte como viento cansado de otoño aquella tarde que dolió su lágrima tranquila rozando la existencia, solo fue un breve rumor breve roce, casi sin aliento, recordándonos lo frágiles que somos, siempre transidos de locura, de totalidad y misterio. Siempre soberanía iluminada.

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Nada es como existe. Asusta saber que esos espejos que creo habitar con albedrío y me aliñan con esmero no son el rostro donde mirarme y saberme certeza, permanencia, Dios. Asusta, sí, ser barro, recinto vacío, ceniza enamorada ecos de un sueño embrión de afanes, imagen sin semejanza, cuerpo en asedio por calambres que trae la noche empedernida de prisioneros instantes; palabras, vocablos que desvelan. Figuración que escondes y en la noche con vergüenza lustras como gastado zapato. Cómo ignorar los acaboses de esta tarde, su grito gravitando desolado, dejemos que su presencia sea revelación que nos asombre, no metáfora ensombrecida. ¿Acaso será el miedo siempre una palabra inconfesable? Callada, perteneciéndose en su quietud la mujer que escribe se deja ser paisaje en la pupila de la tarde que enamorada la sueña.

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Foto: Adampol Galindo

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Harold Alva Viale (Perú)

G Lima y sus malecones saturados por la niebla Sus calles como culebras Sus habitantes de plástico reflejándose en los muros de edificios enormes Los árboles de mi distrito enfrentándose al humo de las máquinas La soledad en la cara de Lima En los ojos de Lima que clavados sobre el vidrio han ensuciado con su sangre el color de esta mañana La desolación que ha tomado impulso para penetrar con el filo de tus pesadillas Lima y su sabor circunstancial Sus brazos agitándose como una telaraña de espasmos El ruido de las llantas La belleza escondida en un poema que exige la eutanasia Lima y su estética Sus valoraciones que sucumben con el rigor de los accidentes Lima y los crímenes Lima y la depresión como una marca El insomnio como una marca La fatalidad como una marca Lima y el hedor de sus pájaros Lima y sus callejones Lima y los cines La farsa en el corazón de Lima En la espalda de Lima El detrimento sado con el que afilo la lengua para decir una palabra Mi pelo largo engominado con la flema de Lima Tu piel colgada en mi ventana Tus manos ensuciándose con sus intestinos Lima y el tráfico de las cinco Lima y el vértigo Lima y su necia actitud de retornarme la tristeza

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X / JR Pizarro cuadra 3 Rímac Lima debe ser la percusión de la lluvia Ese ritmo raro El propio vapor impregnado en las ventanas Su olor de alcantarilla clavándose como sonda en tus narices En tu mirada de náufrago absorto entre sus calles Inmóvil ante la vulva gigante de sus calles

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XVII / Carretera a Manchay Invierno Te imagino en los riscos abajo la carretera contrasta con el ojo de un cíclope y nada te detiene ni siquiera él y la lentitud de sus gestos o la tarde que cae por el despeñadero como el tronco de un pino derrotado por la niebla el duelo es contigo el paisaje sangriento de aquel valle sobre el pájaro que inventas la oscuridad de la bestia que galopa con saña y huye del cuerpo que te espera permaneces intacta capturas el aire de la cordillera observas el perfil de un apu que roza la espalda singular de este poema y continúas allí estática en los riscos arriba el cielo se abre y anochece escucha ese rumor es la lengua de otra civilización de otra tribu que ahora nos acecha te imagino con el cuervo de tu cabellera absorta como un demonio como un fantasma que pena en los escombros sobre los vestigios de esta ciudad sobre sus ruinas y tus ojos no se conmueven tus manos aún presionan la boca con la que capturas el desastre el humo de los edificios la javier prado preñada de accidentes

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Foto: Adampol Galindo

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Johnny Barbieri (Perú)

Segunda muerte de María 40 años después María volvió a besar los muros de las calles intransitables andar a pie confundida por las luces de los anuncios comerciales llamar a Isaías por su nombre aunque ya no haya ningún perro que responda con sus ladridos ensordecedores sólo una misma imagen dando vueltas en la habitación ocultándose en un rincón del cuarto María seguía siendo fea y yo seguía clavado en su belleza intangible acariciando su cuerpo infinito sus cabellos ondeados sus manos que hacían los espacios perfectos pero su edad se volvió una gran sombra sus tardes se ataron a sus lágrimas dentro de una pequeña cabaña solitaria sola con mi recuerdo y su inocencia perdida una noche de otoño María se desnudaba ignorando las miradas del mundo su cuerpo puro y cálido su olor indeleble y toda su tristeza aurea permanecía intacta en mi memoria en la imagen que dibujaban las cortinas bajo este mar de sombras La botella de leche en el mismo rincón Isaías temblando solitario en la esquina mi hijo envuelto en una sábana blanca estaban allí en ese silencio de la noche en ese aullido de la soledad que lo abrazaba todo María estaba muerta

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mi hijo heredó su perfume su gran melancolía su perro miserable yo la abracé llorando pero su aliento de pobre no pudo más ella murió y yo morí con ella Una noche como esta María estaba de pie pegado a la pared de la habitación y sus calles inhabitables andaban por el cuarto punzando aquellos años de felicidad golpeando a la puerta que había decidido no abrirla para que no huya Isaías y su olor no se desvanezca con el olor de la mañana y su recuerdo continúe grabado en los viejos papeles Mi niño alcanzó los planetas jugó con las estrellas y escapó por la ventana María instantáneamente tomó su cuerpo agarró su ropa abrió la puerta y se alejó presurosa sin mirar atrás El cielo cayó en mis brazos los años me hicieron viejo como un viejo árbol y mi perro murió en su rincón de siempre hace años que ya la casa no es la misma mi niño cuelga del cielo y María está pintada en la pared de la habitación con sus cabellos ondeados su cuerpo infinito y su tristeza aurea y definitiva como la mía.

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Amo el mundo Yo también amo el mundo pintándola en las paredes de los burdeles amo el mundo repitiendo en las calles esos movimientos monótonos de ir y venir ir y venir ir Monsieur Brakett yo amo el mundo intentando huir de los que como usted van creciendo en el umbral pegado a la pared van creciendo en línea recta y van girando también en línea recta creando una caída recta de pájaros que vuelan un trayecto recto Kierkegaard lo entendería mejor la felicidad terrena como una trivialidad mundana repitiéndose en medio del caos Epicuro Feuerbach Banchi de las calles de Lima de 1986 Lima roja rosa rota para andar desde el Cristo crucificado al centro de este mundo real/irreal un lugar para Voltaire para ir y venir ser o no ser el velo de novia en medio de la noche el caballo negro lo total Descartes en medio de esta irracionalidad de andar aquel camino después del camino se ha emprendido toda la vida Yo también amo el mundo tirando para atrás mis redes con sus peces de cera nihilistas del lado mayor Heidegger - de entre todos hijos de hojalata hojas de un cuaderno de apuntes de un viaje a Berlín antagonistas de la nada opuestos de sí yo amo el mundo y el mundo me ama a mí.

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II.8 Lo único real son mis manos clavadas en la pared y mi caballo ciego tropezando por la habitación mi pequeño caballo muerto por esta habitación sin puertas ni ventanas ni luz ni espacio sólo espaldas sólo siluetas sólo la soledad clavada junto a mi lo demás son puras palabras allá afuera es trece de octubre y hay sol y hay muchos caballos vivos y está BUKOWSKI amarilleándose hoja por hoja y un pájaro expuesto al sol amarilleándose y un árbol frente a la casa amarilleándose dos veces Pablo toma un arma y va a morir al patio María pinta sus senos de azul y sale a la calle a comprar legumbres allá afuera los obreros están trabajando las mujeres están vendiéndose en las esquinas es Lima y una vez mas solo queda vestirse con un necio disfraz para gritarle a todo el mundo que estas bien que estarás bien por el resto de tu vida pero ya nada importa hace muchos años que ya nada importa no importas tú y no importo yo Allá afuera Manuel tiene una patria Efraín tiene un jardín con lirios rotos y una mujer con un arco iris grabado en la espalda Cecilia lava ropa por las mañanas y cuenta las estrellas por la noche tiene un hermano pequeño dos meses de gestación y un triángulo isósceles enrollado a su cintura Aquí adentro sólo estoy yo sin patria sin jardín y sin estrellas en la noche sólo un candelabro encendido y algunos cráneos tirados por el suelo pero yo estoy aquí y eso es lo que cuenta.

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Foto: Adampol Galindo


Braille para sordos: un jaguar en la jaula de los espejos Por Marco Aurelio Chavezmaya

No hay peor sordo que el que no quiere ver. A chillidos de fotógrafo oídos de lapicero. Que se mueran los feos. Estas fueron tres de un montón de frases que me vinieron a la cabeza al promediar la lectura del libro Braille para sordos de Balam Rodrigo. No es una bonita manera de empezar esta presentación, lo sé. Hace tiempo que extravié el manual del buen presentador, y no soy, lo confieso, ni política ni fotográfica ni poéticamente correcto. Una irreverencia más: este libro podría venderse en el Metro como ungüento o pomada o gotas para los que están ciegos de los oídos, para el señor, la señorita, para el niño para la niña. El que esté libre de sordera que tire la primera fotografía. Una moneda de poesía para este pobre ciego privado del divino don del tacto. Volvamos a empezar. El libro de Balam Rodrigo nos ofrece tres lecturas distintas y complementarias: la lectura fotográfica, la lectura poética a secas y la lectura conyugal de textos e imágenes en la que el poeta nos cuenta las historias que le han encarnado en los ojos luego de mirar las fotografías. Pero vayamos por partes: En la fotografía tomada por su marido, el rostro de Diane Arbus me recuerda a Renée Maria Falconetti, aquella Juana de Arco muda de Dreyer, filmada en 1928. Al igual que Juana, Diane hace un recorrido desde la conformidad de una posición hasta la renuncia y la defensa de sus convicciones, desde el regalado bienestar hasta el martirio inevitable. Y el martirio, para Diane, estaba enlazado entrañablemente a las tareas de

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pulir “espejos de mercurio para reflejar el alma del monstruo bifronte: nosotros” , pues la humanizada cámara de Diane al parpadear quería decirnos “nada de lo humano me es ajeno”, o bien, en un tono más sombrío, y en palabras de Balam: Todos somos monstruos, lo normal no existe.

Hay quienes hacen con la luz del sol un día de campo y otros, como Diane Arbus, hacen un espejo negro que, pese a su oscuridad, nos ilumina

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En el corazón de los papeles que Diane Arbus nos propone arden imágenes que convocan el azoro, que renacen con cada mirada, de que las cosas no son como las vemos. El fotógrafo, como el poeta, abre la ventana de su corazón para mirar todo lo que existe en el mundo. Un segundo basta. El fotógrafo se decide a mirar el mundo para mostrar otro mundo, para mostrar una realidad paralela a la que nos contiene, pero no menos verdadera. El claroscuro como demonio de esa otra realidad que está ahí para ser contemplada y producir en el espectador, como quería Diane “temor y vergüenza”. Escribe Eduardo Galeano: “Hay un instante que la realidad elige para decirse con perfección: el ojo de la cámara... Cuando la imagen emerge de las aguas del revelador y la luz se fija en sombra para siempre, hay un instante único que se desprende del tiempo y se convierte en siempre. Estas fotos sobrevivirán a sus protagonistas, y a su autor, para dar testimonio de la desnuda verdad del mundo y de su escondido fulgor... en las fotos, ese instante de luz atrapada, ese destello, nos revela lo que no se ve, o lo que se ve pero no se nota: una presencia inadvertida, una poderosa ausencia. Ella nos avisa que el dolor de vivir y la tragedia de morir esconden, adentro, una magia poderosa, un luminoso misterio que redime la aventura humana en el mundo”. Sabemos que en esta aventura humana el sol nace para todos, pero la luz del sol no a todos les dice lo mismo. Hay quienes hacen con la luz del sol un día de campo y otros, como Diane Arbus, hacen un espejo negro que, pese a su oscuridad, nos ilumina y nos refleja con exactitud. La clave es la mirada del artista. Las personas y los objetos existen para todos, pero la mirada del artista les va otorgando forma, textura, intención. El verdadero fotógrafo es dueño absoluto de su día, de su mirada. Y así podemos decir que la fotografía es otro nombre de la soberbia. El fotógrafo se endiosa y pretende retratar el tiempo, nombrar a sus criaturas; hacer alquimia: tornar el aire luminoso de cada día en obra de arte. E intenta saborear la sustancia del universo. El fotógrafo se endiosa, pero no es Dios. Y envidia el ojo de Dios que todo lo mira, por esa razón el fotógrafo anda desesperado, cazando imágenes a destajo. Y a veces el fotógrafo quisiera ser un cíclope para concentrar en un solo ojo el poder de su mirada. ¿Para qué dos ojos, si con uno solo basta?

Hay fotógrafos novelistas que andan buscando sus personajes. Existen fotógrafos como militares reaccionarios que fusilan con su cámara y después averiguan. Unos no niegan su amasiato con el arte, sin dejar de sugerir un impulso documental. Hay otros fotógrafos escultores que buscan su piedra para esculpir a golpes de claroscuros. Existen los fotógrafos cuentistas que pretenden que la visión de una sola imagen sea el retrato del universo entero. Están los que quieren retratar el silencio; retratar el páramo en el que estamos convirtiendo al mundo; desglosar las filosofías personales sobre la modernidad y la globalización; desarrollar sus teorías del color sobre la carne y el deseo; hurgar en las obsesiones digitales; enfrentar el retrato como desafío. En fin, encuentros y desencuentros, pasión y distanciamiento, entre el clasicismo y la vulgaridad


Balam Rodrigo

o el encanto de las vanguardias. Pero los fotógrafos, en suma, no pueden resistirse a realizar visitas a los escenarios del dolor, la violencia, la cotidianidad, la belleza y el horror, sin que los atrape la tentación de la intemporalidad. Toda buena fotografía debe ser una apuesta contra la muerte. Toda buena fotografía debe ser la promesa de un aliento perdurable. Supongo que ya se dieron cuenta de que al referirme al oficio del fotógrafo en realidad me estoy refiriendo al oficio del poeta. Si el verdadero fotógrafo sabe dónde empieza y dónde termina el poder de la luz, el poder de la mirada, el verdadero poeta está absolutamente consciente del sitio donde inicia y donde culmina el inefable poder de la palabra. Balam Rodrigo, poeta, nació tres años después de que Diane Arbus decidiera culminar su martirio e ir a fotografiar a la Muerte. Vallejianamente diríamos que el día que Diane Arbus murió, Dios estaba enfermo, y el día que Balam Rodrigo nació Dios estaba en el Soconusco platicando con las móviles sombras de la selva. Las palabras de Balam Rodrigo en este libro protagonizan las migajas que, en estricto sentido, son necesarias para no perderse en la indagación de una belleza que a muchos, a simple vista, resultará escalofriante, pero que a otros les parecerá simplemente el pan de todos los días. Pago por ver, dicen que dijo un ciego cuando la realidad lo cegó por completo. Escúchame, entonces, le dijo un poeta al oído.

¿Está la poesía en estas páginas al servicio de una visión perturbadora? No, desde luego. O no del todo. Partamos del hecho de que a toda lectura le sigue una escritura. Balam, el jaguar encerrado en su jaula de espejos, como buen lector y espectador, lee las fotografías de Diane con los ojos llenos de relámpagos, con la lengua y el corazón en la mano de la mirada. El hombre y la cámara tienen algo de sagrado, imponen una clara sensación de desasosiego gracias a una vaga herencia mítica (después de todo, ¿no eran ellos, los fotógrafos y sus máquinas infernales, los que se robaban las almas de las personas?). Si esto es verdad, el hombre y la palabra están asimismo revestidos de sacralidad, debido al peligro que representan. El poeta es también un voyeur impertinente; es el mirón política y socialmente incorrecto, y siempre peligroso. El poeta investiga, imagina, mira, inventa, y puede decir con Picasso: “No busco, encuentro”. Al principio de la búsqueda el monstruo fotográfico se alimenta de silencio y de fascinación. La mayor arma de la fotografía es el instante que se eterniza en el ojo del poeta, luego vendrá otro instante en que el poeta decide escrutar la belleza oscura de las palabras para intentar comprender la visión. En otras palabras: el fotógrafo edifica su obra con versos de luz y asombro y el poeta enarbola la mirada del lenguaje como una serpiente que tacta la profundidad del abismo.

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Balam, el jaguar dentro de su jaula, sabe con William Blake que “no hay que ver con el ojo sino a través del ojo”, por ello encuentra monedas de mar en la mirada de las gemelas alucinantes, escrituras cuneiformes en el hombre tatuado, pezones de nieve negra, ícaros con los ojos derretidos. Balam sabe que todo buen poema es a un tiempo un pacto de lectura individual y un intento de establecer una visión, también individual, en un presente que se desea eterno. En otras palabras, nadie se baña en las mismas aguas del poema o de la fotografía. Cada inmersión es distinta. Por ejemplo, para el poeta Balam el personaje de la página 58 de su libro es un príncipe enano investido con una corona y un manto de nieve, mientras que para un lectorespectador podrá ser el hermano enano que Tin Tan olvidó en un cuarto de hotel en Nueva York, un padrotillo socarrón que parece decirnos con la mirada “si es verdad que Dios nunca muere, yo, que soy el diablo, jamás me entrego al descanso”. Braille para sordos deviene pues, sin proponérselo, en un doble modelo: de conocimiento y de contemplación. De contemplación, porque en el libro se excluye desde luego toda filosofía que considere la belleza como una virtud moral, lo que plantearía la pregunta ¿lo que no es bello es amoral?, cuestión que es a todas luces equivocada, pues como alguien dijo “los monstruos no somos malos, sólo somos feos”. De conocimiento, porque a través de los ojos de Diane y de Balam, el lector aprende en este libro-espejo mucho de lo que ignoraba acerca de sí mismo. Y esto es así porque desde la primera página el lector firma un convenio con el poeta y la fotógrafa para hablar el “idioma que sólo entiende el corazón –y que algunos llaman poesía” .

Braille para sordos deviene pues, sin proponérselo, en un doble modelo: de conocimiento y de contemplación. Y como ya va llegando mi hora de callar, termino con unas palabras del poeta José Emilio Pacheco, pronunciadas en la recepción del premio Reina Sofía: “Uno no descubre la poesía con Rimbaud ni con Mallarmé sino con Zorrilla, Juan de Dios Peza y Campoamor. El poema más célebre de la lengua, aquel que saben de memoria hasta quienes nunca han leído versos, no pertenece a Lope ni a Quevedo sino al que escribió las Doloras y Humoradas: En este mundo traidor nada es verdad ni nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira..

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Flaneur que ambula por la ciudad del dolor: Memoria de los días de Adolfo Ruiseñor Por Balam Rodrigo

Publicado por vez primera hace treinta años en el volumen 4 de la colección “Poesía no eres tú” de la Universidad Autónoma de Chiapas, Memoria de los días es uno de esos libros cuya fuerza lírica permanece intacta y mantiene su frescura juvenil y carácter de tempestad, así como una estética que podemos considerar posmoderna a pesar del tiempo; de ahí que se haya transformado en un clásico de culto, principalmente entre los poetas chiapanecos de las recientes generaciones. Desde el principio, en Memoria de los días aparece el viaje, ese deambular por la memoria, por los recuerdos y las visiones perdidas en una suerte de treno, aria o himno de luto causado por la ausencia –sería mejor decir abandono– de la amada: Amor, olvido mío (son tales sus primeras palabras). Desde el inicio de este largo poema, el poeta pone sobre la mesa de sus versos los dos sitios y símbolos desde los cuales declarará su batalla contra el olvido: la ciudad y el mar: En qué fecha exacta mi rostro te recupera al día entre los muros de una ciudad que baja despacio a mutilar caravanas de recuerdos. […] y no sabré si tu dolor y el mío irán a encontrarse en la primera cicatriz del mar . […]

Haré bajar un sol desde mi urbe para que aplaste el corazón hasta el recuerdo […] yo viéndome donde la ciudad entierra a sus muertos lágrima tras lágrima confesándole mi dolor al agua. Estos elementos e ideas atraviesan el poema de principio a fin. Por un lado, lo urbano y la ciudad en la que el yo lírico está inmerso, solo entre la multitud, cuyos rostros reflejan el inasible rostro de la amada, como si cada uno fuese un espejo de aquella. En tanto, el mar representa por una parte, lo salvaje, lo inasible, la tempestad, lo impredecible, pero también el edén primigenio donde el individuo puede navegar y surcar sus aguas, nadar: memoria amniótica. Sin embargo, sin la tabla de salvación del amor, del misterio de la carne, de la amada, el yo lírico está destinado, inefablemente, a la orfandad, y puede hundirse (en el abismo o en lo indomable de las aguas del mar) o perderse (entre la indolente muchedumbre o en las infinitas calles de la ciudad): Voy a escribir sí: lo mejor del día son sus cenizas la tristeza que se va fraguando en las calles […] y el mar sólo será un trozo de sal en la botella […]

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y no habrá mar sólo vacío sólo los restos del naufragio en que viniste […] Desaparece el mar el mar ha muerto de nosotros De este modo, la única verdad, lo único palpable y asible es la escritura, la voz, el reclamo, el poema, lo etéreo, pero también la tristeza, atravesada y enquistada en la carne con ardientes clavos de dolor, que no es sino el verdadero motor y el eje central del poema, que está vertebrado a partir de la experiencia dolorosa de la ausencia:

Un elemento poético importante en el libro es la idea de resurgir, de resucitar: una resurrección amorosa, carnal

Mírame va contra tus párpados quemados un dolor multiplicado como el filo de una tierra en donde gira y gira la muerte Un elemento poético importante en el libro es la idea de resurgir, de resucitar: una resurrección amorosa, carnal, pero no sólo del modo cristiano, sino como el ave fénix: resurgir de las cenizas, de los rescoldos, de los fragmentos: los amantes renacerán otros días. Así, son comunes y constantes ciertas palabras: corazón, vacío, soledad; huellas del abandono y de la imposibilidad de volver, a menos que sea por medio de la carne, del acto amatorio: qué de las tardes en tu vagina hecho primigenio polvorín de carne […] Bendita tú certera puerta donde el mundo halla el rumbo definitivo donde el viento derrumba mi dolor mi vacío Otro rasgo distintivo de este libro es la presencia constante del mar y lo acuático, lo líquido. De ahí que las palabras mar, sal, sudor, agua, lágrimas y saliva (saladas también) recorran y apuntalen algunos de los mejores versos:

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y escrutar la voluntad a la mitad del mar y volverse atrás hacia el velero perdido encallado en algún océano de la memoria Respecto al verso “hombre al mar más solitario”, nos recuerda aquel de López Velarde cuando enuncia: “Soñé que la ciudad estaba dentro del más bien muerto de los mares muertos”. Podemos advertir

aquí las convergencias: el mar dentro de la ciudad, para Velarde, y para Ruiseñor, el hombre al mar. Si consideramos al mar como el gran útero, entonces el hombre de la ciudad, el hombre posmoderno es arrojado al útero de cemento, a la matriz de asfalto, donde se encoge de nuevo y adopta la posición fetal del abandono. Por otra parte, el movimiento, el ir y venir del mar, el estrellarse sobre la tierra, como el ir y venir de los cuerpos de los amantes, uno sobre el otro, intentando borrarse, anularse, hacerse uno, polvo, ceniza, rescoldo, nada, vaya, hasta desaparecer y hacerse uno: igual a la escritura sobre la página, en la que el poeta estrella una y otra vez su voz y el oleaje de sus palabras sobre el libro. Amantes: mar=poeta; mujer=tierra; poesía=puente (que hace posible la unión imposible). En Memoria de los días tampoco debemos olvidar la presencia de lo aéreo (silencio, viento), que simboliza la conexión entre el mar y tierra: el cielo, el vacío: una mirada entregada al éter diré también los ratos cuando yo era un pájaro en que no hallaba el corazón su nido Es importante resaltar otro de los elementos centrales de Memoria de los días: el alba, el amanecer: se ubica también en las orillas, el mar que muerde


la orilla de la tierra, la luz que muerde las orillas del cielo y la noche, el amante que muerde las orillas de la carne. Esto nos habla de los límites, de las limitaciones del amor, de la vida, de la palabra, del poeta ante el mundo: todo es breve, todo es finito, todo tiene orillas, menos la poesía porque intenta, por vía de la utopía, recobrar el paraíso perdido, y ante todo la imposibilidad amorosa. Límites: orilla del mar, del cuerpo, de la lengua (la palabra). La lluvia también aparece en Memoria de los días como detonador de la fertilidad, pues da inicio, vida y comienzo a nuevos ciclos. Sin embargo, también borra, lava y quita la suciedad y destruye sin piedad (a manera de diluvio) para un nuevo renacimiento, y en este libro, para una nueva resurrección: luego resucitar en la carne, en el acto copular del hombre y la mujer, el de Eva y Adán:

tú Eva Adán yo a bebernos de un solo golpe la noche […] para que la sangre dé tumbos para que un viernes no anunciado el corazón sea diluvio sobre el paraíso recobrado Es interesante que a partir del fragmento XII del libro, se hace más decisivo el tránsito del estado primigenio, de la unidad natural (entendida aquí como el amor y la carne de la amada, el mar) es decir, de los sitios y paraísos perdidos, al horizonte urbano, a la ciudad, con todos sus vicios y sitios oscuros que de un modo u otro intentan domesticar al hombre “salvaje”, y llevarlo a la perdición, a diluirse, haciéndolo invisible (ver XVIII): “de la ciudad amordazándonos”: Da igual pero me duele la clandestinidad de la noche y los pasos huidizos en la fraternidad del asfalto y esta caída hacia ninguna parte hacia ningún rincón de su nombre cangrejita mía no es que me lamente demasiado de esta suerte o de la ciudad amordazándonos con guantes Es posible advertir el cambio en los distintos registros que van de la ternura al reclamo airado, descarnado, directo: “Perra, puta mía”, mientras que en el fragmento anterior había llamado a la mujer “mi cangrejita”. Cabe destacar que lo coloquial, lo cotidiano, lo popular, deambulan de la mano del yo lírico, que avanza verso a verso como si el poeta estuviera caminando por calles sinuosas arrojando versos y contando sus visiones, por decirlo de algún modo, cinematográficamente, bajo un cinética constante, verbo en movimiento perpetuo que alcanza un enorme aliento. Dice el poeta, “leo la ciudad”: el hombre posmoderno, descentrado, arrancado de su antiguo paraíso (la amada, su casa natal, su cuerpo fundacional: el amor en todas sus manifestaciones) y destinado al cotidiano matadero de la urbe:

El movimiento, el ir y venir del mar, el estrellarse sobre la tierra, como el ir y venir de los cuerpos de los amantes

Humito mío mariguanita alucinándome el verbo el otoño de culpas […] Perra puta mía esto de andar queriéndote siempre es un dolor negándome a diario […] ¡Ah! Pero quién soy ¿el solitario? ¿el puto portando orgulloso sus heridas de paloma su barcaza en tempestades? El paso del edén primigenio, perdido, al solar domesticado, talado, civilizado, vacío: el hombre

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descentrado y sin eje natural, una conciencia poética posmoderna: similar y cercano a El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra y mucho más cercano aún a la poética de Vértebras, de Joaquín Vázquez Aguilar; además de su cercanía, también, con Raúl Garduño. Pero el jardín, como idea, como símbolo, no es sino el propio paraíso hecho a imagen y semejanza de su autor o sus autores, en este caso, de los amantes. Y la ciudad, la migración del yo lírico hacia la urbe, su presencia y “encierro” en la ciudad, significan el abandono de ese edén primigenio que se transforma en un edén subvertido: el poema lo manifiesta, es la deconstrucción de ambos mundos, la unión de dos lugares salvajes que pueden asirse por medio de la palabra, son domeñados por el proceso civilizatorio de la poesía, que curiosamente no puede domesticarse: todo esto es como mirar al jardín y no hallar más que un agrietado zócalo de cemento Otro de los símbolos constantes en el libro es el espejo, así como el reflejo, que es una visión/ficción de la real realidad: al igual que la memoria, repiten una imagen hasta la saciedad, pues ya lo decía Jorge Luis Borges: “los espejos y los hombres son abominables: multiplican a los hombres”. Y en Memoria de los días lo que se multiplica es el dolor, el abandono, la soledad, la orfandad: Pude ofrecerte la mirada acre de un hombre que hubiese mirado el frío espejo donde una vez te conociste Este libro, un largo poema, funciona como una casa: edificada con los escombros del abandono, con rescoldos de dolor, lágrimas, memoria y vacío. Es un cuerpo en pena buscando su asidero, un puerto donde atracar, está a la deriva, abandonado. Por eso el yo lírico canta y deambula errante por las calles de la ciudad, así como los poemas se encuentran descentrados y dispersos por las páginas: y en todo momento el amor sin casa en derrumbe muerte andando negritud de poema y siempre íbamos dispuestos a caernos en alguna mujer aparecida

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Aquí se privilegia y defiende el derrumbe, de la casa, del cuerpo, del edén primigenio, del amor, es decir, aquello nombrado por Antonio Gamoneda cuando dice: “amé todas las pérdidas”. Casi a mitad del libro, el poeta se muestra como flaneur en el sentido baudeleriano, tanto poético como estético, pero su conciencia, su ethos, ya no es únicamente el del “paseador” callejero, el del turista urbano, esa suerte

El poema lo manifiesta, es la deconstrucción de ambos mundos, la unión de dos lugares salvajes que pueden asirse por medio de la palabra


de voyeur romántico que disfruta la ciudad por el más puro hedonismo. Así, en el flaneurismo de Memoria de los días, el yo lírico está plenamente consciente de sí, de su papel, es ya un espectador moderno que está en la ciudad en primera fila, sufriendo el espectáculo de su propia desintegración, su propia caída: es Adán y también Ícaro al mismo tiempo: no sólo es expulsado del paraíso (su mujer, su casa natal, su pueblo), sino que es arrojado al abismo (la ciudad, la soledad, la orfandad) y él mismo se ve caer, único espectador de su derrota. Para Baudelaire, el flaneur es ese paseante solo y anónimo cuyo objetivo es únicamente observar y leer las calles, edificios y multitudes de la ciudad, diluyéndose en el tráfico y la muchedumbre: el testimonio crudo es este largo poema:

La experiencia única y humana del dolor, de la tristeza, mediante el ejercicio de la memoria, del recuerdo, nos devuelve el alma al cuerpo, el cuerpo al dolor, y el dolor como vía de conocimiento de sí, de ascesis al infierno, palpable, de la soledad.

Camino despacio entre el ruido del metal las calles están llenas de pordioseros […] pero tropiezo con un transeúnte que me devuelve al asfalto […] yo me detengo en el centro de la calle y saco mi libreta y me pongo a escribirte este poema […] porque así lo dice la ciudad que son tus padres y mis padres la ciudad que es una enorme cloaca y nosotros estamos hasta el cuello metidos en ella […] Leo la ciudad un pordiosero detiene el frío entre periódicos dicen que no podremos levantarnos pero es mentira yo estoy orgulloso de ser un hijo de puta Podemos advertir aquí el cambio en la sensibilidad poética: ante lo deshumanizador de la ciudad, de sus calles de su muchedumbre, de estar inmerso en las masas, es preferible la familiaridad y el goce del dolor, el placer de saberse abandonado, pero único, vivo. La experiencia única y humana del dolor, de la tristeza, mediante el ejercicio de la memoria, del recuerdo, nos devuelve el alma al cuerpo, el cuerpo al dolor, y el dolor como vía de conocimiento de sí, de ascesis al infierno, palpable, de la soledad. Diversos elementos de orden temporal atraviesan este libro: al inicio, los meses marzo/abril (que representan la primavera, el florecimiento, la plenitud del amor); a mitad del poema, octubre (es decir, la madurez, el otoño, el inicio de la caída, lo marchito) y hacia el final, mayo/julio (el verano, que en el trópico es tiempo de agua, tiempo de lluvia, diluvio: destrucción y recomienzo): Octubre tiene un país de espadas y de labios el tiempo más frío del año es en el que no llueve

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La mujer, la amante, es vista a la luz de diversas representaciones femeninas occidentales: Eva, Medusa, Amazona, Venus, y propias del poeta: Cangrejita y Puta: Amazona del olvido venus del humo tres golpes tuvo tu corazón en la batalla uno para el recuerdo otro para la muerte ninguno para mi oído Uno de los fragmentos con mayor poder y fuerza lírica es el siguiente: “El gallo vaticina al fondo del mar”. Hacia el final del poema, y luego de levantarse del suelo, de reptar por las orillas del abandono y la orfandad, el poeta aparece cantando, es una especie de vates marítimo, hundido en sí, en total soledad, en la inmensidad del vacío, sin lo “otro”. El cantar del gallo es el augurio de un nuevo comienzo, de un nuevo recuerdo. p. 58: Sí el gallo canta vaticina y al fondo el mar repetirá su ciclo Este gallo evoca, de algún modo, aquellos versos del Miguel Hernández de Perito en lunas: “Coral, canta una noche por un filo, y por otro su luna siembra para / otra redonda noche”. Esta idea circular del canto, del vaticinio, está presente también al final de esta sección del poemario: p. 56:

Sí el gallo canta Vaticina y al fondo el mar teje la música el pabellón donde uno recordará ser la mujer y el hombre que amaron por primera vez Finalmente, recordemos lo que Omar Jayyam escribió: “que solo estabas, Jayyam, junto a tu amada; ahora que se ha ido, podrás refugiarte en ella”. Tal es el refugio y el eje central de Memoria de los días. Un largo aullido de dolor ante el silencio producido por la ausencia de la amada, pero un aullido rabioso y no exento de enojo, pero sobre todo de tristeza y llanto. Una suerte de “treno” ácido y también gozoso: “lo mejor del día son sus cenizas”. Escribir sobre y con las cenizas, con los restos de lo que algún día ardió hasta consumirse, pero sin consumarse del todo. Oda a la imposibilidad, erótico lamento desde el instinto animal para marcar el territorio perdido: las orillas del paraíso, las orillas del mar, las orillas de la mujer amada, las orillas del propio cuerpo, que ya no está completo: el lugar en donde estaba la costilla ahora está vacío. Es el dolor por la cicatriz, honda y abierta, pues la costilla fue arrancada. Y como todo buen flaneur, Ruiseñor nos dice que la poesía es como un largo oficio sin esperanza. Así, lo consumido, los rescoldos de lo que fue, el dolor al rojo vivo, son una apología de la ruina, de la pérdida: Escucha porque lo que sale de mí descorazonado afónico sale de entre camisas de fuerza como una nube de sangre y es el grito inmemorial el estupor de las lágrimas En los versos finales del poema posiblemente haya un anhelo de patria, de tierra, de paraíso, pues todo abandonado es un expatriado, en este caso, del amor primero. Creo, definitivamente, que en Memoria de los días el corazón del poeta es un animal en exilio cuya única patria es el amor..

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Adolfo Ruiseñor


Los Reflejos de Agustín Abreu y cómo me nació el miedo a las fieras Por Jesús Eduardo Morales

Muchas veces he pensado que escribir sobre poesía es innecesario, redundante. Cuando se desmenuza un poema, cuando desde el curul crítico se propone uno ensayar con las letras acerca de la máxima expresión del lenguaje, los intentos se han de quedar precisamente en eso, en intentos. Me he adscrito a la idea de que es la poesía el lenguaje más puro del hombre. La poesía no habla más que de la verdad y para ello echa mano de una modificación, nunca más legítima, de los códigos comunicativos. La poesía se atreve a superar cualquier forma de lenguaje pues extrae de los objetos, de los estados, de las emociones, de las sustancias en general, su esencia más cierta. Y ante dicha perspectiva, la posición de un mirón como yo puede carecer de tinta y de sustento. Si acaso la terquedad del presente oficio no hace sino embadurnar de palabras sobrantes a la poesía de Abreu –que habla por sí misma–, espero no me suceda el previsto castigo aludido por el autor: “la fiera piensa en los gritos / que saciarían el numen / si en vez de amor hubiese carroñado / la mano del poeta” (72). Suplico no sea así con la mano del crítico tampoco. No es pues mi intención caer en la redundancia y seguramente no me atrevería a dedicar estas líneas al análisis de una propuesta poética si no confiara en su valía y en su novedad. Los reflejos divide su lirismo en seis partes puntuales, concatenadas en el sentido último de las posibilidades de la realidad y su fragmentación en múltiples y automáticas versiones, nunca gratuitas. Estas seis partes son: “La

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reproducción del Mangle”, “Reinvención del Otro”, “Dramatis personae”, “La Dama de las situaciones”, “Tras la pureza” y “Otras destrucciones”. Un epígrafe de John Ashbrey abre las expectativas, al guiarnos hacia un esperado cause: “el espejo sólo refleja lo que ve”. La sentencia nos fija en la parcialidad de un relato dispuesto a ser completado por nuestras experiencias. No podemos olvidar cómo un reflejo corresponde a una de las muchas perspectivas que sobre una eventualidad pueden generarse. Dentro de esa parcialidad, iniciar con “La reproducción del mangle” y su característica fluvial, nos lleva a recordar al Usumacinta. Y es que el agua como causante del reflejo, potencializa la creación de ese mundo húmedo donde no se difunde un reflejo estático como el de un plano espejo, sino antes vibrante como el acaecido en un estanque de selva. Es pues el manglar el estrado propenso para el análisis personal. Existe un pasado latente y prolongado con repercusiones hasta el momento de la lectura. Los episodios consumados son el pretexto para mostrar el cuerpo del hoy, ese que se refleja y por cuyas imágenes reproducidas atestiguamos un desdoblamiento. La idea podría resultar común, pero el método del poeta nos advierte que precisamente esa imagen del “Yo” a la cual nos hemos acostumbrado, encierra explicaciones más complejas y dignas de un encuadre lírico. La noche, el aire, las raíces y sobre todo el agua, son cómplices en esa tarea de duplicar la realidad y con ello sumir a la voz poética en un cuestionamiento sobre su estatus. ¿Cuál dimensión es más cierta, la palpable o la proyectada? La pregunta equivaldría a valorar si el presente es más válido que el pasado, llevándonos a determinar al segundo como consecuencia del primero, y por tanto indivisibles. De tal manera, el proyecto del autor se propone situar ambas facetas

La poesía se atreve a superar cualquier forma de lenguaje pues extrae de los objetos, de los estados, de las emociones, de las sustancias en general, su esencia 88

como simbióticas y en constante retroalimentación. Así, esa mirada a la turbia imagen de quien “existe”, en comparación con el que “existió”, no puede evitar la nostalgia: “esta hora azogada sin abrigo” (16) o “mi sed gime en un árbol cargado de injurias” (16). Encontraremos también una tendencia por promover al deterioro y al caos como otras formas de explicar la realidad inmediata. La flora devoradora como un escenario promotor del laberinto y la perdición alegórica, son prueba de ello. En definitiva, la natura ejecuta, con su salvajismo, un paralelismo con la condición del sujeto. “Reinvención del Otro” nos cae como una obligación a ser involucrados en este juego tremebundo del miedo a descubrirnos. La razón de esta acompasada invitación radica en la incorporación de una serie de personajes líricos igual de maniatados por las perspectivas. Ninguno existe tan bien como llegan a existir en la imagen que de ellos forma Abreu. Esa construcción del propio punto de vista que sobre “El Otro” se plasma, constituye el principal acierto de esta sección del poemario. En las figuras de este episodio, los niños, las mujeres, y un Lázaro –que no deja de ser anónimo–, es fácil imaginar en equivalencia a lo que podríamos ser nosotros a los ojos del autor. Seríamos parte de esa Otredad, misma que no parece muy diferente a la –ya tratada en la sección anterior– personalidad de la voz poética, la cual no se cansa de insistir en la dificultad de sobrevivir a las condiciones limitadas de la realidad. En ese caso, es detectable una reincidencia en lo fatídico: “Mañana la luna será de perros o de alacranes” (21), “Todo quedó listo en el desamparo” (23) o “Mi corazón es un puño” (24). Consolidando el concepto del reflejo, esta vez como una directriz de observación, la poesía de Abreu trasciende el relato de un testigo, para enriquecerlo con una opinión configurada en lo bello del lenguaje. “Dramatis personae” establece a mi juicio el momento central del poemario y la entiendo como la sección mejor lograda del mismo. Echando mano de las estructuras teatrales con ejercicio sutil pero bien intencionado, sus tres respectivos apartados consiguen una cohesión infalible, cual si se trataran de los cuadros de una


obra. El ritmo se agudiza gracias a la incorporación del mecanismo dramático, mismo que le permite al poema fragmentarse en arias. Empezando con estrofas parecidas al soliloquio, el clamor alcanza el grado de confesión. Siguen las intromisiones en paréntesis, simulando hondísimas acotaciones teatrales que más bien terminan por completar el dibujo interno de los perfiles. En tercera instancia se deja el libre desboque de los parlamentos, a veces como diálogos, otras tantas más parecidos a coros en busca de un pathos trágico. Consiguiendo con esta polifonía un regalo degustable al lector, quien se enfrenta a escenas cuyo alcance estético se liga con los clásicos, pero se deforman en favor de la expresión versificada. En concordancia con lo ya mencionado, la referencia a William Shakespeare, engranada hasta elocuentes alcances, da luz sobre la búsqueda poética. Si hablábamos de los alcances de los monólogos como confesiones definitivas, las alusiones shakespearianas tan directas y sin recelo, apuntalan dichos desahogos y apoyan su asimilación bajo los códigos anecdóticos de historias como Macbeth y Hamlet. Si bien las influencias de T. S. Elliot ya eran perceptibles desde “Dramatis personae” (y nunca veladas, si atendemos al epígrafe introductorio de dicha sección, cuya fuente es Eliot en una alusión recia a Shakespeare), el autor se dedica a una reinterpretación de La Tierra Baldía (1922) en “La dama de las situaciones”. En clara reminiscencia a aquella mítica Madame Sosostris participante del poema “El entierro de los muertos” de Eliot, se establece una red de significancia con la magia adivinatoria y las profecías del tarot que tan importante participación tuvieran en La Tierra Baldía. Por su parte, en Los reflejos, ese hálito místico no desaparece, aunque sí se transforma en aras de condensarse como una versión –la muy personal de Abreu– donde cabe colgarle términos muy propios del ambiente manglar. Esta cuarta sección del poemario se vuelca con más atrevimiento, consiguiendo ventanas al “Yo” visible de la primera parte, pero en esta ocasión ordenado en situaciones diversas y muy explícitas sobre su manera de relacionarse. Encontraremos en “La dama de las situaciones”, poemas como “No siempre ha sido Abril nuestro mejor horóscopo”, cuya médula descriptiva consigue saborear las palabras al mismo tiempo que nos imprime un tremendo sentimiento de pasión algún día viva y hoy extrañada. Termina así desfogando una serie de recuerdos íntimos, no sin antes demostrar el paralelismo de éstos con la fuente literaria clásica. Pareciera entonces que todas esas “situaciones”, aquellas profetizadas por la dama, son tan repetibles como un reflejo infinito. La voz poética es una víctima más de esas situaciones, de esos reflejos. “Tras la pureza”, quinta parte, se desliza hacia la conclusión. Con la presencia de seis poemas cortos, la estrategia tiene más que ver en este caso con una pormenorizada vía a la redención, articulada con el análisis del estatus específico de la voz poética. Ya no se trata de los reflejos eventuales como explicaciones del individuo, sino una recapitulación de los sucesos en sí, como entidades dignas de descripción.

“La voz poética es una víctima más de esas situaciones, de los reflejos.”

Agustín Abreu

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En ese sentido se privilegia la construcción de imágenes relacionadas con la recuperación de un perdón hasta entonces ausente. La pureza se le esconde y la voz poética clama su recuperación. Se nos invita a participar de esta vuelta a un origen donde se pueda establecer lo íntegro y por ello se utiliza una semántica emparentada con el recobro: “recuperar de sí una que otra sombra” (59), “instauré el orden de mis pies” (59), “intento devolver mis causas y orígenes”, “tengo la esperanza de vivir a tu vuelta” (60) o “Voy por los pasos que me vuelven a tu entraña” (61). Trabajando el concepto de la “redención”, el autor se encarga de dejarnos en claro ese proceso de supuesta recuperación del individuo, misma que termina siendo sólo otro pretexto para el recuerdo doloroso. La imagen reflejada sigue presente como explicación de los sucesos internos: “Estoy en el espejo para recordarte mi nombre” (60). Sin embargo esa manifestación repetida ya no es la reconstrucción de “Yo” a través de fragmentos, sino esos fragmentos ya son en sí interpretaciones del lapsus posterior a la pérdida, y por tanto la mirada poética se habrá de centrar en ellos como materia medular. En ese orden, se abunda mucho más en la búsqueda de la construcción poética libre como método descriptivo de lo sensible. Si acaso el título del final apartado pudiera sugerir algo de aleatorio en la selección de los poemas, “Otras destrucciones” remata la propuesta del autor cabalmente. “El actor destruye todo lo que pueda reflejarlo” (66) advierte un epígrafe de Rafael Cadenas, dejando observar un desliz hacia el más honesto testimonio de la voz poética. Tantos reflejos, tantas interpretaciones, sólo pueden terminar en una fragmentación que aunque resulta reveladora, envuelve un ejercicio que debió ser costoso para el confesado. Notamos entonces esa intencionalidad de finalizar esta tan particular conjunción de perspectivas, apelando al deseo del poeta por borrar sus huellas y desconocer hasta las más irreverentes consecuencias sus propios reflejos. Conformando una entrega final, el poema “Espejos”, se elige como el cabo que llega a completar una expectativa prometida. No puede existir un poemario –o al menos uno de calidad– que no robe la restan-te pisca del aliento de su lector. Y digo la restante pisca por que se supone ha despojado ese aliento gajo tras gajo y poema tras poema. Así sucede en el caso de Abreu, pues trasladando el símbolo de un poeta socavado por sus mismas prolongaciones, nos encaja en la precepción un desconcierto impío. Un cuestionamiento digo de nuestra empatía con todas las situaciones tratadas, las pasadas, las presentes y las posibles futuras. Ahí queda el poeta ante la profecía que sus hechos inmediatos le atañen, con un sentimiento de querer acabar con las malicias que le aquejan: allá podrá venir la fiera para fulminar a su mano escriba. Me he adscrito a la idea de que es la poesía el lenguaje más puro del hombre y con ella se conversa acerca de verdades. Bajo la misma confianza, nada se ganaría en

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adjudicar el valor que yo encuentro en el poemario Los Reflejos de Agustín Abreu Cornelio, sino estuviera convencido sinceramente de ello. En definitiva un escritor al que se le debe seguir la pista, pues por mi parte espero con ansias la lectura de su nueva obra: Extinción del testimonio. Los reflejos es una propuesta cuidada y en la cual se nota un trabajo detallista, por lo cual me atrevo a asegurar merece trascender a los alcances de una editorial local. Su mérito creativo lo exige así. Cito a José Castillo Baeza, mismo que comenta el libro en su contraportada, porque coincido con él: “El lector podrá comprobarlo cuando recoja del lavabo sus ojos astillados al filo del verso”. Y es que Abreu te acostumbra a una realidad reproducida, de esas que aprendes a confiarles a pesar de que se trata de un truco y una parcialidad, como ese espejo en el cual crees verte pero sabes que el verdadero está de tu lado. El impacto no puede ser otro que un temblor agudo, pero conforme a una premisa artística que logra su cometido. Ya se me habrá de perdonar usar el lenguaje parco para referirme al leguaje sublime de la poesía, al menos lo suficiente para conservar todos mis dedos..

La poesía el lenguaje más puro del hombre y con ella se conversa acerca de verdades.


Cuento

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Fosa Por Kurt Hackbarth

Foto: Adampol Galindo

Germán me llama después de que la primera de las palas toca hueso. No contesto, pero me marca otra vez. Y otra y otra hasta ganar por desgaste. Levantando el celular a mi oreja enrojecida, mascullo: —Germano, estamos en un momento delicado aquí. —Delicado aquí también, carnal. —Duelo de delicadeces, entonces. —Duelo de duelos. Mira, Álvaro: Gil no se encuentra. —Espérame. Me está distrayendo alguien más que está hablando por teléfono al otro extremo de la fosa. Me alejo unos cuantos pasos para escuchar mejor. —¿Qué dices? —Que Gil anda desaparecido desde hace un par de días, carnal. Nadie quería molestarte antes de tener certeza de algo, pero ya era hora de que lo supieras. El sentido metálico de un pico tocando algo duro me alcanza hasta donde estoy parado. —¿Dónde pasó? —pregunto. —Andaba por Guerrero; hasta eso sabemos. Pero tú sabes, es muy impredecible. Siempre toma una ruta diferente. —¿Y nadie ha llamado pidiendo rescate? —A nosotros, no. ¿A ti? —No. —¿Cuándo puedes venir? Miro el hueso que va agarrando forma por entre la

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tierra removida. Un extremo sigue calzado por la suela de un zapato, como si lo hubiéramos pillado regresando de un paseo. —Voy a tardar un tiempecito más. Necesito que hagas las diligencias por mí, mientras. ¿Puedes hacerme este favor? —Claro, pero… Álvaro, ¡estamos hablando de tu hijo! —Y yo estoy hablando de mi padre. No me puedo ir de aquí hasta que lo vuelva a sepultar. —¿Hasta que vuelvas a…? Ah, ya. Me explico. Hace unos tres años, el gobierno español publicó, con un ligero retraso de dos generaciones, un mapa de las 2,246 fosas inventariadas que contienen restos de las víctimas de la Guerra Civil. Tan picado era el mapa de sitios que parecía que el país entero sufría de un brote de viruela psicosomática. Gracias al sitio proporcionado por el Ministerio de Justicia, fui capaz, desde mi sala en Cuernavaca, de identificar cuál de las tachuelas apuntaba a mi viejo, también Álvaro, también Acevedo, una clasificación AA que le brindó la distinción de encabezar la lista de su respectiva fosa. Llenar los campos solicitados, escoger de los menús desplegables (“Tipo de intervención: exhumada parcial, exhumada total, no intervenida”) resultó ser un proceso extrañamente disociativo: como si, en lugar de rastrear un cadáver, estuviera seleccionado los atributos del modelo sustituto que prometían enviarme a casa en menos de 72 horas.


Contrario a la imagen popularizada del apuesto partisano corriendo por un campo con su carabina a ristre, Álvaro Primero fue un pedagogo calvo, achaparrado y terco cuyo pecado consistió en fundar una escuela laica en un pueblo donde el cura era rey. Ahí por la ceja de bosque está el edificio que, según me dicen, albergó durante dos embriagadores años la escuela, donde los niños imprimían sus propios libros de texto con la ayuda de una imprenta donada por Célestin Freinet, con quien mi padre mantenía una cálida relación epistolar hasta el final. El edificio ahora se encuentra habitado por la tienda donde acabo de comprar un café de máquina y un croissant antes de regresar a mi puesto de vigilancia al lado de la fosa. Condenado frío. No ayuda en nada que el poco sol que resplandece esté tapado por la frondosa copa del olivo al pie del cual los cuerpos fueron enterrados. En otras circunstancias diría que el árbol, viejo y eminente y con un tronco rugoso que invita a trepar, es un hermoso representante de una especie casi desconocida en mi país adoptivo debido a su histórica prohibición virreinal. Hoy, quiero que alguien más lo tale.

Conforme van saliendo los huesos a la luz, uno de los técnicos lo inscribe en un registro y le saca la foto mientras que el otro, limpiándolo cuidadosamente con un cepillito, lo deposita en una bolsa de plástico Conforme van saliendo los huesos a la luz, uno de los técnicos lo inscribe en un registro y le saca la foto mientras que el otro, limpiándolo cuidadosamente con un cepillito, lo deposita en una bolsa de plástico que etiqueta con el mismo número de registro. La ayuda la estamos pagando caro. Por medio de las redes sociales, las familias de esta fosa nos juntamos para contratar un equipo de especialistas que se encargará de las exhumaciones y las pruebas correspondientes de ADN. Por más que nos simpaticemos, por más que nuestras tribulaciones compartidas hayan generado una empatía de acción rápida entre nosotros, cada uno de los centinelas a lo largo de la fosa quiere llevar su propio esqueleto íntegro, nada de irse con la taba de Chana y el rabo de Juana. La ironía, por supuesto, es que si no fuera por los técnicos, nadie tendría manera de saber si una nuca o un nudillo se hubiera intercambiado por error o por la picardía póstuma de los muertos mismos; sin ellos, podríamos incluso darnos al ejercicio, casi juego, de armar nuevos esqueletos a base de las piezas restantes, creando así un compuesto extravagante de antecedentes para enriquecer el historial humano. Como con tantas cosas en esta vida, la presencia de los especialistas ha creado su propia necesidad. Gilberto: veterano e intrépido repartidor de los libros de texto de la SEP. Tan intrépido –y tan imbécil–, que conforme la ingobernabilidad ha ido reclamando

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Foto: Adampol Galindo

franjas cada vez más grandes de nuestro México lindo y querido, él se ha convertido en su chico para todo, su Passepartout, acometiendo en donde los ángeles temen pisar con silbido y sonrisa. En su afán de dar continuidad tanto al proyecto de nación vasconceliano como a su invertida manera de entender la iniciativa educativa de su abuelo, Gil sube a su camioneta para entregar libros a los pueblos más problemáticos del país, así como para realizar el monitoreo correspondiente para asegurarse de que sean realmente distribuidos a los estudiantes en lugar de ser acaparados, vendidos, utilizados para encender la hoguera que queme a los mismos estudiantes, lo que sea. Así, se encarga no sólo de viajar a lugares peligrosos sino de ir creando un fondo en constante crecimiento de enemigos entre presidentes municipales y otros intermediarios colmilludos de la dosificada benevolencia del Estado. Al hijo güero de un padre gachupín que sigue ceceando luego de siete décadas, estos viajes le brindan la oportunidad de ofrecer su cuerpo al altar de Coatlicue en una expiación sin fin de pecados por los que nosotros hemos sufrido más que nadie; por ende, ninguna parte de la república le puede ser vedada. —¡Estás arriesgando tu vida para repartir mentiras! ¡Cajas de mentiras! —le grito con frustrante regularidad. Y él me pone la cara de circunstancias que reserva para los anarquistas anacrónicos como yo. —En cuanto a los textos de historia te lo acepto, papá, tienen unas mentiras estrafalarias, pero los demás libros tiene una que otra cosa útil —dice. —¿Útil para qué? ¿Para formar un rebaño pasivo y crédulo? ¿Para proporcionar la ilusión de que están recibiendo una educación? —Si no fuera por los textos gratuitos, estos chicos podrían vivir una vida entera sin que un libro jamás pasara por sus manos. —¡Mejor! ¡Que hagan sus propios libros de texto a base de experiencias propias! —¿Y si no escriben? —¡Que sus textos sean su entorno, entonces! Mi reivindicación de la educación natural nunca deja de provocar un par de ojos en blanco. —Que te asignen un guardaespaldas por lo menos, alguien que viaje contigo —prosigo. —Tú sabes que no hay dinero para eso, viejo. —Hay cuando se trata de tus cuates en los municipios. Hay para coches blindados y guaruras con metralletas y todo lo que tú quieras.

—El país que me aceptó murió con el General Cárdenas, hijo.

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—Papá, sólo soy un repartidor de libros. —Me coloca una mano en la espalda—. Nadie mata por libros. —En este país de mierda, matan por cualquier cosa. En ese punto, nuestra conversación decanta siempre en una u otra versión de nuestro dístico favorito: —Este país de mierda te aceptó a ti, papá. —El país que me aceptó murió con el General Cárdenas, hijo. Pero por más que Gil crea que su cargo de libros sin valor (y a la postre, resulta, plagados de errores ortográficos) lo ampare del interés de cualquier malhechor, yo soy más curtido en batallas. Suscitar el disgusto de algún funcionario con ganas de lucrar con su mercancía presupone que llegue a buen puerto. Es, efectivamente, la suerte más optimista de todas. Pero mucho antes de eso, puede haber sido asaltado en la carretera o atracado en un retén a manos de delincuentes vestidos de policías o policías delinquiendo por cuenta propia. Por negarse a pagar la módica suma indicada –porque así es él–, su camioneta sería requisada y los libros de texto serían destruidos nada más porque sí, esparcidas las cenizas a los cuatro vientos. O peor aún, mi ingenuo hijo habría terminado siendo víctima de toda una serie de posibles montajes: el de la droga sembrada, por ejemplo, o el del vehículo que no paró en el retén, dejando a las fuerzas del orden sin otra opción más que abrir fuego. Así las cosas, con mi mente corriendo febrilmente mientras van sacando huesos y cráneos y la otra suela de zapato de la caja sorpresa que borbotea frente a nosotros en el suelo, es imposible no llegar a la conclusión de que hay tantas más cosas que pueden ir mal en el mundo que cosas que pueden ir bien. No se puede saber cuánto tiempo hemos permanecido frente al hoyo; los minutos y las horas se desdibujan, nuestra propia inutilidad ante los expertos nos convierte en cáscaras. El frío entorpece los sentidos. Alguien saca un celular para hacer una llamada. Lo miro. Es el mismo hombre que me distraía antes con su parloteo. Pero no es uno de los nuestros ni uno de los técnicos. Se ve raro, fuera de contexto, como si acabara de llegar directo del campo en un día de verano. ¿Quién será, un policía vestido de civil, un mirón cualquiera, hijo clandestino del cura que acusó a mi padre? Todo es posible. Deberíamos haber acordonado el lugar. Una llamada a mi propio celular interrumpe mis cavilaciones; me vuelvo a alejar para contestar. —¿Qué noticias, Germano? —Encontraron una fosa, Álvaro. —¿Una qué? —Están apenas excavando, no hay nada definitivo todavía, nada identificado. No hay que sacar conclusiones precipitadas, digo yo. —¿Pero dónde la encontraron? ¿Cómo? —Un campesino topó con el sitio. Vio un árbol

—Encontraron una fosa, Álvaro. —¿Una qué? —Están apenas excavando, no hay nada definitivo todavía, nada identificado.

extraño, fue a examinarlo y descubrió la fosa debajo de él. —¿Un árbol extraño? ¿Qué árbol? Hay una pausa mientras Germán hace una pregunta apagada a alguien. Veo de reojo que el tipo del teléfono, con el aparato en la mano, está haciendo una negación con la cabeza. —Pues, justamente, no lo saben. No es un árbol oriundo del lugar. —¡Que pregunten a alguien que sepa! ¡Tengo que saber qué tipo de árbol es! —Álvaro. —El tono es pedante por culpa de la preocupación—. Sé que eso ha de estarte destrozando, pero no te distraigas con detalles irrelevantes. Te estoy diciendo que encontraron una fosa y que es altamente posible que tu hijo se encuentre ahí. Entre fosa y fosa, pienso: mi generación no ha sido más que un fulcro entre fosas. —¿Álvaro? —Es un olivo, ¿verdad? ¡Diles que es un maldito olivo! Doy media vuelta para ver con claridad al tipo del teléfono; me está mirando directamente a mí. —Parece que sí lo es, dicen. ¿Cómo lo sabías? Dejo caer el teléfono y tomo unos pasos resueltos hacia el desconocido. Divisándome, se pone a correr en dirección al bosque. Lo persigo. Es una competencia desigual: soy un viejo con las articulaciones casi inmovilizadas por el clima; él, además de ser más joven, tiene la ventaja adicional de conocer un terreno que yo hace una vida dejé de dominar. O acaso no lo conoce: al adentrarse en la floresta, toma la vereda que desemboca en la ciénaga y, cuando intenta desandar sus pasos, lo derribo con una fuerza que, sin lugar a dudas, me duele más a mí que a él. —¡Es la misma! ¡Es la misma puta fosa, ¿verdad?! — le grito, sujetándolo al suelo—. ¡Las traslapaste! El hombre, aterrorizado, aúlla sin palabras hasta que los demás llegan corriendo para arrancarme de él. Y

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Foto: Adampol Galindo

—Entiendo que en un cierto sentido toda muerte es igual, pero...

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ahora estoy aquí, en este hospital anónimo, sedado por medio de una línea intravenosa pero esforzándome de todos modos en redactar este informe para que quede una constancia que respalde mis acciones esta tarde. Todos están atribuyendo mi arranque a las circunstancias atenuantes. Yo tengo más juicio. La enfermera me informa que tengo un visitante. Le digo que pase y entra en mi habitación el hombre que derribé, el desconocido del teléfono. Camina de manera rígida; o le hice daño al derribarlo (lo dudo) o así es su manera típica de andar. Es como si estuviera cumpliendo con un ritual arcaico que internalizó a través de la imitación externa. Acerca la única silla que hay a la cama y se siente en ella. —No las traslapé —dice conciso—. Son dos fosas distintas. —Nada más para que sepas —le digo—, que estoy transcribiendo todo lo que dices. Quedas sobre aviso. El hombre arrastra la silla aún más cerca a la cama y me mira fijamente. —Pero, ¿cómo me cree capaz de hacer una cosa así?

Hablo de la física, hombre, la pura física. —No lo sé. No lo sé. —Escrupulosamente, anoto mi ‘No lo sé’ dos veces en el papel. —Entiendo que en un cierto sentido toda muerte es igual, pero… —No intentes zafarte por medio de una universalización simplista—lo reprendo—. Estas cosas no funcionan conmigo. El hombre parece derrotado. Se alza de la silla y, sin colocarla de regreso en su lugar, se dirige hacia la puerta. —Aunque no lo crea —dijo con la mano en la manilla de la puerta—, lamento mucho su pérdida. Sus pérdidas. Y rompo en llanto. Los nuevos movimientos del hombre carecen de rigidez: regresa hacia mí y, colocándose con delicadez al borde de la cama, me sostiene hasta que la agudeza de mis plañidos alcance las fosas descubiertas y por descubrir..


El sol proyectando la sombra de los tres Por Víctor Vásquez Quintas

Enedina detuvo el corte de las zanahorias cuando descubrió por la ventana a su marido y su hijo jugando en el jardín. Yurial gateaba en el pasto con asombrosa rapidez. Félix iba tras él, agachado y con los brazos abiertos alrededor del pequeño como si algún peligro pudiese emerger del césped en cualquier instante y él necesitara estar ahí para impedirlo. Después de la boda, el físico de Félix como atacante estrella del equipo de futbol universitario había desaparecido de forma rapidísima, algo que se le notaba principalmente en la piel que le sobresalía bajo la barbilla al hacer a un lado de la cabeza y, por supuesto, en el abdomen. Pero el cambio físico de su marido no le importaba. Enedina lo veía como un detalle que hacía a Félix más suyo, más consciente de tener una vida juntos. ¡Ella también no era la misma! Sólo había que mirar esos delgados gusanos color violeta que se aferraban a sus piernas. Al ver jugar a esos dos hombres tan importantes en su vida, supo que había cumplido con el anhelo infantil que, muchas veces, mientras estudiaba la universidad, siempre se avergonzó de tener por considerarlo un sueño vulgar. Observó a su marido y a su único hijo pasando el rato en su casa del fraccionamiento y una certeza apareció en su mente: “Es la felicidad”. Aunque sabía que la felicidad era una esfera navideña que en algún punto siempre llegaba a reventar. Ante la visión de perderlo todo, buscó responderse si realmente esos dos seres eran importantes en su vida; si en caso de perderlos podría levantarse al día siguiente. Cuán contrariada podía sentirse mientras cortaba una verdura para la comida. Era como si al fin tuviera en sus manos aquella esfera de Navidad, pero al estar en su poder, sólo sintiera el impulso de dejarla caer para verla explotar.

Es como si al fin tuviese en sus manos aquella esfera de Navidad, pero al tenerla en su poder, sólo sintiera el impulso de dejarla caer para verla explotar.

Foto: Adampol Galindo

En ese momento Félix volteo a verla y agitó su mano, como si él estuviera en tierra mientras ella viajaba en un coche a gran velocidad. Se llevó las manos a la boca en un intento por hacerse oír, pero Enedina no escuchó, ya que la ventana de la cocina estaba cerrada. — ¿Qué dijiste? —Enedina corrió la ventana. —Deberías venir —dijo Félix ya sin utilizar las manos como bocina—. El sol está increíble y tu hijo es rápido como una bala. Al principio le causó gracia la imagen de Yurial disfrazado de proyectil, aunque luego la desconcertó:

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¿una bala hacía dónde? Se llevó el dedo índice cerca del ojo. —Eso veo —dijo—. Pongo esto al fuego y voy. Félix supervisó a su hijo: mientras ellos platicaban, el niño se había alejado de las piernas de su padre. — ¡Pequeño tramposo! —gritó Félix, alzando al pequeño por encima de su cabeza hasta que sus brazos ya no dieron más, y lo abrazó. El sol caía sobre ellos y proyectaba sus sombras en el pasto. A Enedina le agradaba la forma en que la luz tocaba sus cabezas y se derramaba sobre sus cuerpos. Pensó en traer la cámara, pero desistió al darse cuenta que la escena habría desaparecido para cuando ella estuviera de vuelta. Quería retratarlos sin pose; un instante cuya belleza tal vez consistía en no poderse capturar. Dejó el cuchillo a un lado de las rodajas de zanahorias y, sin moverse de lugar, recordó los planes que había tenido de convertirse en profesionista. No era muy tarde para retomar la licenciatura y dedicarse a la investigación. Viajar y hacer estudios sobre cuestiones en las que muy poca gente pensaba pero que estaban ahí, a la vista de todos, transformando sus vidas. Pensó en sus ex compañeras que ahora cursaban el posgrado en alguna prestigiosa universidad del continente. Se preguntó si la recordarían como la compañera que fracasó. Sin embargo, a su favor ella podía asegurar que no se había traicionado en nada. Había sido fiel a sí misma. Aun recordaba las noches cuando ella y sus amigas se emborrachaban en algún bar y escogían a los hombres con los que dormirían, jurándose que al amanecer tendrían que desaparecer de sus vidas. “Tratarlos como unas putas”, había dicho Georgina, la compañera con quien mejor se llevaba. Durante los primeros años de la carrera cumplió con el ritual. Pero al conocer a Félix supo que algo inusual había sucedido. La primera vez que se acostó con él intentó no volverlo a ver. Sin embargo, pronto se descubrió, cuando caminaba por los pasillos de la universidad, inspeccionando los jardines donde se reunían los

Deja el cuchillo a un lado de las rodajas de zanahorias. Sin moverse de lugar, recuerda los planes que tenía de convertirse en una mujer profesionista

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Mientras observa a las verduras hundirse en el agua hirviendo, recuerda el babyshower que le organizaron sus compañeras dos años atrás estudiantes. El empuje de su sangre parecía detenerse sólo con imaginar que podía encontrar a Félix allí; y al hacerlo, una voz quería convencerla de que él también la buscaba. Pasó un tiempo para que sus amigas se entera-ran de su relación. Primero creyeron que sería algo pasajero, pero cuando ella les anunció su embarazo, la expresión en el rostro de las amigas cambió como si atestiguaran que un hoyo negro se había tragado a Enedina; un hoyo negro del que hasta ese momento ellas se habían sentido distantes y seguras. Llenó con agua la olla y la puso sobre la estufa. Miró las burbujas de aire escapar hacia la superficie. Tomó el tazón con las rodajas de zanahorias y las sazonó. Mientras veía cómo las rodajas se hundían en el agua hirviendo, recordó el babyshower que le organizaron sus compañeras. Aunque sabía que en el fondo ellas la miraban como se ve a una vaca, la compasión en sus miradas la hizo reír y sentirse bien. Pudo decirles la verdad. Divertirse a sus anchas. Contarles, por ejemplo, que sabía la fecha exacta en que sintió los síntomas del embarazo; que lo supo desde que Félix la citó en el café del teatro Alcalá y le dijo que gracias a una beca deportiva pasaría el último año de la carrera en un intercambio con una universidad del norte del país. Ella había intuido que algo que estaba creciendo se moriría a partir de lo que se dijeran esa tarde, cuando empezaran a hablar del futuro y los sueños que cada uno tenía para su vida. Enedina había pensado muchas veces que cuando una va a chocar contra una pared lo mejor que puede hacer es aferrarse a lo que más quiere. Podía ver cómo las caras de sus amigas se incendiaban por su postura radical —al menos, ella lo veía así. Pero no contó nada y se calló para siempre que al salir del café con Félix a su lado, ya se había decidido por una solución, una solución tan simple como pelar unos dientes de ajo y echarlos a la cazuela antes de ir lo antes posible a ese pedazo de pasto donde el sol proyectaría la sombra de los tres..


Ambos tenían ojos verdes Por Gabriel Rodríguez Liceaga

Aarón no ha visto a los papás de Julio desde el funeral. Decidió que si se los encontraba accidentalmente en la calle, cruzaría de banqueta, retrocedería se ocultaría o haría lo que fuera necesario con tal de evitarlos. Lo culpaban. Él lo sabía. Ayer le llamaron por teléfono. Fue el padre quien le marcó. Lo invitó a desayunar en domingo. Disque necesitaban pedirle ayuda en algo. Llegó poco antes de las diez de la mañana. El día no estaba ni muy bello ni muy nublado, no merecía ser narrado. Aarón estuvo a punto de tocar el timbre como desesperado pero se dio cuenta de que ya no venía al caso hacerlo: nadie reconocería su forma de timbrar, nadie tendría ya la certeza de que era él quién estaba en la puerta. La madre de Julio lo recibió. Seguía enlutada y había envejecido de golpe. Aarón recordó cuando ella se paseaba en bikini tomando sol en el patio trasero. La hamaca aún está ahí, colgando como la piel en los brazos. Aarón pasó a la sala y saludó al padre. Bebía ginebra. No le ofreció uno. Debido a que la situación era incómoda e innecesaria, Aarón alegó que no podía quedarse mucho tiempo. Después de un rato de charla vacía, el padre le explicó lo que necesita-ban de él. Le dijo que tal vez era simplemente una tontería, pero que no les gustaba nada que las páginas de internet de Julio siguieran funcionando. Se refería a un álbum de fotos en el que la gente comentaba cosas. Ya varios familiares se habían quejado. Aarón les explicó a grandes rasgos en qué consistía el dichoso facebook. La madre concluyó diciendo que le parecía muy tétrico todo ese asunto, que ella prefería que dejaran descansar en paz a Julio. Aarón estuvo de acuerdo y los tranquilizó prometiendo que solucionaría el problema. Insistieron en que desayunara algo. Le preguntaron si quería subir al cuarto de Julio por algo, él dijo que mejor luego y se marchó de ahí diciéndole adiós a todas las películas y libros que en algún momento de los últimos veinticuatro años le había prestado a su amigo. Al día siguiente, en la oficina, fue con los encargados del departamento de sistemas. Ellos le dijeron que

Foto: Adampol Galindo

La madre de Julio lo recibió. Seguía enlutada y había envejecido de golpe. Aarón recordó cuando ella se paseaba en bikini tomando sol en el patio trasero. necesitaba de un hacker. Le pasaron los datos de un tal Benjamín. Le llamó inmediatamente. Le explicó que necesitaba conseguir el password de una cuenta ajena y Benjamín le dijo que no había inconvenientes y que le cobraba mil trescientos pesos. Aarón preguntó que cuánto tiempo se tardaría y el experto concluyó la llamada diciendo que aquello era impredecible, que dependía de qué tan complicada era la clave o si se componía de letras o números. Colgaron. Benjamín podría hacerlo incluso gratis. Descifró el secreto del domicilio electrónico esa misma tarde. Dinero fácil. Iba a gastarse la mitad en una borrachera con sus cuates, le urgía. Casi siempre eran novias y novios celosos los que requerían de su servicio. Revisó el pergamino electrónico que registraba la vida del

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tal Julio. Fue sencillo entender que se trataba de un difunto. Las entradas del último mes eran macabras a lo bestia: “Hoy sentí tu presencia en la escuela”. “ :-( ya nunca nos fuimos a tomar ese cafecito.” “Yo sé que desde el cielo estás leyendo esto.” “Cuando hace frío me acuerdo de ti y de tu nariz roja.” Decenas de cosas así; mal escritas, desatentas; a Benjamín le parecían una franca idiotez. Y los correos privados eran peores; sin embargo, los leyó uno por uno. No le parecía un sujeto agradable el tal Julio. Era el típico cabrón que publicaba religiosamente cosas que no le interesaban a nadie como: “Me estoy comiendo una milanesa” o “Me estoy comiendo un sándwich”. En el fondo Benjamín odiaba lo que la modernidad había hecho con la vida humana. Cuántas veces no pasaba horas enfrente de su computadora sintiendo que esta-ba dentro de una reducidísima prisión. Esclavo del botón de refresh, veía pasar los días con angustiante celeridad, charlando de nada con nadie, sentado en un rincón de su cuarto. Eran la cuatro de madrugada y aún no había terminado de leer toda la página electrónica del muerto. No le llamó a Aarón sino hasta la siguiente semana, para dramatizar el desbloqueo. Aarón le preguntó a qué cuenta podía depositarle la feria, pero el otro le dijo que preferiría recibir el dinero en efectivo. Quedaron de verse en una hora en el McDonalds que está enfrente del Parque de los Venados. –Oye, pero cómo me vas a reconocer –dijo Aarón. –Ya te ubico. De las fotos en la página de Julio. –¿Cómo? –Vaya, no es que la haya espiado. Te busqué específicamente para saber cómo eres, pues…, a mí me reconocerás sin problemas: me voy a llevar puesta la camiseta anaranjada de Holanda. La hora transcurrió en hora pico, pero aun así, los dos fueron puntuales. Se saludaron como lo que eran: dos desconocidos. Aarón le dio los mil trescientos pesos y recibió a cambio la clave secreta escrita en un papel. Lo desdobló y leyó. El password era “tuwoges”. La clave no le decía nada a Aarón. Sintió feo. Como si a final de cuentas hubiera cosas que desconociera de su amigo de toda la vida. –Todo en minúsculas –aclaró Benjamín y se puso de pie para marcharse; le extendió la mano al cliente–. A la orden para lo que necesites en el futuro, eh. –Oye, no espérate. –¿Necesitas otra cosa? –¿Tienes cinco minutos? Necesito hablar con alguien. –Supongo. Aarón le preguntó si le iba a Holanda. Benjamín le dijo que no. Aarón le preguntó si le interesaba acompañarlo un rato a una fiesta. Habría comida y chupe gratis. Le dijo que era bien cerca de ahí, que él

Cuántas veces no pasaba horas enfrente de su computadora sintiendo que estaba dentro de una reducidísima prisión.

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traía coche. Benjamín respondió contundente que no. Pero el otro insistió. Benjamín le preguntó si era gay. Aarón ni se inmutó. –No soy –le dijo–. De hecho, en la reunión va a haber montones de viejas. En el camino rumbo a la dichosa fiesta, hablaron poco. Aarón era mercadólogo y Benjamín estaba terminando la carrera de informática, quería diseñar videojuegos en el gabacho. Ninguno de los dos tenía novia. Habían nacido el mismo año y, curiosamente, ambos tenían ojos verdes. El rostro de Aarón estaba muy castigado por el acné. Benjamín lucía descuidado; no estaba sucio, pero con sólo verlo daba la impresión de que olía mal. La fiesta era en el jardín de una casa en la Del Valle. Había cochinita pibil. Quién sabe por qué eso entusiasmó mucho a Aarón. Benjamín lo vio escribir algo en su teléfono celular y supuso que actualizaba su perfil escribiendo: “Me estoy comiendo un panucho”. Las cervezas estaban tibias pero ya alguien había ido por hielos. “Yo sé que desde el cielo me estás acompañando por hielos”, pensó burlonamente Benjamín, solitario debajo de un techo. Odiaba que le diera el sol, odiaba encandilarse, odiaba sudar. Se arrepintió de estar ahí pero tampoco quería regresar a su cubil en casa. Aarón apareció con una mujer pecosa y flaca. –Te quiero presentar a alguien –le dijo a ella. –Mira, Benjamín, ella es Jenni. Le encantan los juegos de internet, como a ti. –Oh. Y de dónde se conocen ustedes –preguntó la chica con voz modorra. Aarón no permitió que el otro respondiera. Alzando la voz comentó: –Uy, de toda la vida. Somos carnales desde hace muchos años. Y entonces comenzó la farsa. Aarón recreó una infancia mutua en la que los dos amigos vivían en la misma cuadra, contó cómo jugaban en la azotea montando los tanques de gas como si fueran naves espaciales, platicó acerca de un par de compañeritas de la prepa que compartieron casi accidentalmente, habló de los viajes una vez al mes a la casa de Acapulco, tarareó la forma especial como tocaban el timbre para anunciar sus llegadas, relató aquella vez que se encontraron en la calle la credencial para votar de una tal Teresa Torres y cómo fueron juntos hasta el domicilio que venía en la identificación para entregarle su documento a la susodicha. –Ella quedó muy agradecida. Hasta nos dio dinero. ¿Te acuerdas, Benja? Benjamín asintió. No sabía qué cara poner. Le dio un trago largo a su cerveza. –Yo creo que ya me voy –exclamó mirando al suelo. –No, espérate. Ya llegaron los hielos. La tal Jenni desapareció así nomás. A veces la luz golpeaba el rostro de Aarón y las marcas de acné en su frente y mejillas lucían desagradables. Se alcanzaba a observar el punto blanco al centro de algunos granos. Eso a Benjamín le daba asco. En cambio se concentraba

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Odiaba que le diera el sol, odiaba encandilarse, odiaba sudar. Se arrepintió de estar ahí pero tampoco quería regresar a su cubil en casa.

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en los ojos. Los ojos verdes los hermanaban. –¿Son naturales o usas pupilentes? –exclamó Benjamín, arrepintiéndose al instante de haber hecho tan boba pregunta. Pero Aarón lo ignoró, estaba ocupado ideando toda una la sarta de mentiras con cada uno de los invitados que se acercaban a conversar. Improvisaba historias, inventaba un mejor pasado. Habló de conciertos a los que asistieron juntos y goles que metieron y borracheras que se pusieron y de la ocasión en que los asaltaron en Coapa. Reía y bebía sin controlarse. Ya estaba ebrio cuando sus historias comenzaron a repetirse y dejar de ser simpáticas. Ya sin testigos le preguntó a Benjamín casi al oído: –¿Te acuerdas, Benja, de la vez que le llevamos su credencial a una señora? Benjamín lo miro amargamente. –Sí me acuerdo. La cochinita estuvo buena pero se acabó rápido. Benjamín indagó: Aarón era el jefe de todos los asistentes. No lo conocían mucho, llevaba poco rato en la empresa. Aún no se hacía de noche cuando decidió huir de ahí. Aarón ya no le insistió que se quedara. Se despidieron de abrazo y eso fue todo. Aarón se quedó largo rato en la fiesta. Leía la clave secreta de su amigo muerto; trataba de descifrarla y el corazón se le hacía pequeño como una cochinilla que presiente la amenaza de un pie. Una cosa tenía clara: si se encontraba a los papás de Julio en la calle, cruzaría de banqueta, retrocedería, se ocultaría o lo que fuera necesario con tal de evitarlos. Benjamín llamó a sus amigos de la escuela y les dijo que tenía una lana, que si se iban por un par de chelas. Ninguno podía, todos estaban ocupadísimos con sus novias y sus vidas..

Leía la clave secreta de su amigo muerto; trataba de descifrarla y el corazón se le hacía pequeño

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Editorial Pharus

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San Mateo del Mar, Oaxaca, México

Pharus  

"Espacio de encuentro creativo" Publicación Trimestral No. 0, Abril - Junio de 2015 Editorial Pharus M.R. Director Jesús Rito Fotografía de...

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