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Francisco Cerro Chaves Obispo de Coria-Cรกceres

TU AMIGO ESTร ENFERMO


EPÍLOGO

Querido lector/a, el título del libro que tienes en tus manos y que, para llegar a este epílogo, lógicamente ya habrás leído, es ya de por sí sumamente sugestivo: «Tu amigo está enfermo». El autor, Don Francisco Cerro Chaves, Obispo de Coria-Cáceres, como habrás podido comprobar, realiza un recorrido bíblico resaltando las actitudes de Jesucristo ante la enfermedad. Ciertamente, el Señor pasaba entre las gentes haciendo siempre el bien. Así debemos procurar, nosotros los cristianos, pasar por esta vida que nos toca vivir, haciendo el bien a cuantas personas tengamos alrededor, sin procurar nada a cambio. Hay un refrán castellano que tiene cabida aquí: «Haz el bien y no mires a quien». Sin duda alguna, haremos el bien visitando a nuestros amigos enfermos y procurando hacerles algo más llevadera su enfermedad, y es evidente que esto solamente lo conseguiremos si nuestras visitas van llenas de amor, de afecto, de comprensión para su situación, pero para que este amor, esta comprensión, este afecto existan plenamente hacia nuestros amigos enfermos, nos ayudaría mu57


chísimo el hecho de que nosotros hayamos sufrido, también, en algunos momentos de nuestra vida, el azote de la enfermedad y hayamos soportado con cristiana resignación cuanto Dios haya querido enviarnos. Pienso que los que hayamos tenido que sufrir los encuentros con la enfermedad, es algo así como si hubiésemos realizado unos Ejercicios Espirituales que nos pueden ayudar a comprender, en mayor profundidad, el sufrimiento de nuestros hermanos y la necesidad que tienen de nuestra compañía, de nuestra comprensión, de nuestro afecto. Por todo ello, es importante, cuando llega la enfermedad, de la índole que sea, sentir la cercanía de la familia y de los amigos, sin olvidarnos de acudir a Dios nuestro Señor para que nos ayude a sobrellevar esta situación que, queramos o no, forma parte de la vida del ser humano. No dudemos nunca de que el Amor de Dios está siempre a nuestro favor y nos ayudará a vivir la enfermedad con una gran esperanza. Cuando la enfermedad nos acosa, puede surgir la desazón, la desesperanza, la amargura y ello nos puede conducir a lanzarle preguntas a Dios. El autor, Don Francisco Cerro Chaves, siempre dice que en los momentos de tribulación, de desasosiego, de amargura, jamás debemos de preguntar al Señor ¿por qué?, sino ¿para qué? A buen seguro, que con esta segunda pregunta, más tarde o más temprano, el Señor te hará ver para qué fue esa enfermedad. 58


Nuestro hermano que se duele porque la enfermedad ha mordido su carne, nos necesita y, aunque él no nos llame a voces, sí es cierto que debemos escuchar otras voces que surgen de nuestro interior y que nos impelen a acercarnos al lecho del dolor, a su lecho, para que sienta nuestra compañía, nuestra conversación, nuestro afecto que, sin duda, le ayudará a hacer más llevadera su situación. Al atardecer de la vida nos examinarán del amor, nos dejó escrito san Juan de la Cruz en unos maravillosos versos. Si todos, absolutamente todos, hemos de ser examinados del amor, entreguemos nuestro corazón, nuestro cariño, nuestra comprensión y nuestra paciencia a nuestro hermano enfermo. Nuestro Señor Jesucristo pasó por este mundo entregando Amor y comprensión hacia todos, incluso hacia sus enemigos. Él también sufrió hasta el punto de sudar sangre en el Huerto de los Olivos, y en el camino hacia la Cruz también sufrió. Y en el Gólgota tuvo lugar el culmen del sufrimiento y lo hizo por nosotros. Por ello, cuando tengamos que estar en la cruz de la enfermedad, recordemos estos pasajes reales de la vida de Jesucristo y que ello sea el espejo en el que nos miremos para saber actuar como el Señor lo desea y, por supuesto, y esto es lo más importante, nunca dejemos de ejercitar esa obra de caridad que es visitar a los enfermos. Hagámoslo con el corazón lleno de alegría para que podamos transmitírsela a nuestros amigos en59


fermos. Pensemos que con nuestra sincera actitud estamos llevando felicidad a un hermano nuestro que la necesita en grandes dosis. Alguien, hace mucho tiempo, dijo que la felicidad consiste en hacer felices a los demás. Hagamos, pues, felices a los demás y seremos felices nosotros. Faustino Muñoz García Secretario Personal del Obispo de Coria-Cáceres

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Tu Amigo está enfermo