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Francisco Cerro Chaves

SEDUCIDOS POR CRISTO Espiritualidad para el joven de hoy 2陋 edici贸n


INTRODUCCIÓN Con sumo agrado procedo a realizar la introducción de este nuevo libro de Francisco Cerro, sacerdote y Delegado diocesano de pastoral juvenil de Valladolid y director del Centro de Espiri-tualidad de esa ciudad. En esta obra afronta uno de los temas más importantes de la pastoral juvenil y que sin embargo no suele ser tratado con demasiada frecuencia ni profundidad, que es la espiritualidad de los jóvenes de hoy. Aunque son muchas las ocasiones en que Juan Pablo II al dirigirse a los jóvenes ha insistido en este tema, me gustaría recordar lo que en este sentido les dijo a los jóvenes de Cuba cuando visitó esa isla en 1998: «La Iglesia que es ‘experta en humanidad’ se ofrece para acompañar a los jóvenes, ayudándoles a elegir con libertad y madurez el rumbo de su propia vida y ofreciéndoles los auxilios necesarios para abrir el corazón y el alma a la trascendencia. La apertura al misterio de lo sobrenatural les hará descubrir la bondad infinita, la belleza incomparable, la verdad suprema, en definitiva, la imagen que Dios ha querido grabar en cada hombre». Son las palabras del Papa a los jóvenes de un país que había vivido de espaldas a la trascendencia y que me hacen pensar en tantos y tantos jóvenes alejados para los cuales Jesús es un desconocido. El autor, profundo conocedor de los jóvenes y su mundo, nos ofrece una rica aportación que insiste en todos los aspectos de esta espiritualidad. No sería posible realizar una obra como ésta si no tuviéramos como punto de partida un profundo amor y confianza en los jóvenes. En el «Proyecto Marco de Pastoral de Juventud», aprobado por la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hace más de 10 años, documento sobre el que se basan la gran mayoría de las realidades diocesanas de pastoral de juventud, se formulan diferentes opciones que marcan toda la acción pastoral con jóvenes. Una de esas opciones de la pastoral juvenil es la búsqueda de una espiritualidad que integre fe y vida. Pero para llevar a cabo esta opción es necesario descubrir 11


que los jóvenes de hoy tienen necesidad de una espiritualidad propia, para este tiempo, y no de una aplicación de espiritualidades que no les corresponden y que no tiene en cuenta sus vidas, sus preocupaciones y sus deseos de felicidad. Eso no significa que sea una espiritualidad de menor categoría sino todo lo contrario. El joven de nuestro tiempo necesita una espiritualidad que inunde todos los aspectos de su vida cotidiana. Que su vida profesional, personal, afectiva, familiar se vea determinada por Jesucristo. Él es la respuesta a todas sus ansias. Habla, desde luego y sobre todo, de una espiritualidad joven y misionera, una espiritualidad que tiene en cuenta que los jóvenes son los primeros y principales apóstoles de sus hermanos y que sabe que ellos, no son sólo el futuro de la Iglesia, sino también el presente. Una espiritualidad misionera significa un crecimiento en el conocimiento de Dios, que los jóvenes vivan una experiencia de Dios. Y esto es importante, porque todos los itinerarios, acciones y proyectos de la pastoral de juventud no sirven para nada si no consiguen que cada joven tenga una experiencia personal de Dios. Una espiritualidad de los jóvenes de hoy es una espiritualidad que integra fe y vida, y esto significa que es una espiritualidad seria, valiente, comprometida, encarnada y liberadora. En el contacto con los diferentes grupos diocesanos, movimientos, asociaciones e instituciones se percibe con claridad una creciente preocupación por este aspecto de la pastoral juvenil, que se traduce en la puesta en marcha de iniciativas que se caracterizan por su exigencia. El joven que conoce a Cristo y quiere seguirlo, opta con libertad y quiere responder a la llamada a la santidad que eso supone, iniciando así un camino en el que la formación humana y teológica son importantes, pero que debe tener pilares situados sobre la oración y la formación espiritual. Nuestros obispos en las Orientaciones de Pastoral Juvenil nos decían los elementos que no deben faltar en la formación de esta espiritualidad: • El misterio de nuestra comunión de fe y amor con el Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. • La configuración con Cristo en su obediencia filial al Padre y en su compromiso por el Reino. • El sentido de la comunión con la Iglesia y la participación en su acción evangelizadora. 12


• La participación en la liturgia, especialmente en los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía. • La devoción a María, Madre de la Iglesia y modelo de vida de fe. • La vida de oración. • La alegría como manifestación de la salvación. • La aceptación cristiana de la cruz en su propia vida. • El compromiso en la práctica del mandamiento nuevo del amor fraterno en unión con Cristo. • La contemplación esperanzada y comprometida del mundo con sus luces y sus sombras. (Orientaciones de Pastoral Juvenil nº 55. C.E.E. 1991) De todos modos, estoy haciendo referencia clara a los jóvenes que forman parte de nuestros grupos y que desarrollan de diferentes formas itinerarios de vida cristiana, pero esa sed de espiritualidad se encuentra también en los jóvenes alejados de la Iglesia, muchos de los cuales buscan recuperar la interioridad, darle un sentido a su vida. Son muchos los que buscan momentos de retiro o espacios para encontrarse con ellos mismos y con Dios. Debemos tener en cuenta siempre a estos jóvenes y ser conscientes de la necesidad de acciones misioneras explícitas dedicadas a ellos y saber que muchas veces lo que necesitan es simplemente el favorecer momentos fuertes de interioridad, búsqueda, oración y encuentro. Dos aspectos finales que quisiera resaltar. El primero es el auge y recuperación de los ejercicios espirituales para jóvenes. Con formato y estilo nuevos surgen por todas partes iniciativas en este sentido, que están respondiendo en casi todos los casos a una demanda que ellos nos hacen y que consiguen convocar a muchos, en una iniciativa que por diferentes causas parecía haber perdido actualidad. Es importante que a la hora de organizarlos recordemos que deben ser serios y exigentes (porque eso es lo que quiere el joven) pero también creativos, juveniles, espontáneos y testimoniales. Debe notarse que están dedicados a ellos de forma preferente, siendo dirigidos por alguien que los quiera profundamente, sepa leer sus miradas y percibir sus corazones. El segundo aspecto es el Camino de Santiago. En este Año Santo Compostelano quisiera recordar la enorme importancia que la ruta jacobea tiene para la pastoral juvenil, como fuente viva de espiritualidad. Lo considero uno de los medios más sencillos para que 13


los jóvenes se encuentren consigo mismos y con el Señor. Ponerse en camino es ya un acto de apertura al misterio y en la gran mayoría de los casos resulta un momento clave en la vida del joven. Animo a todos, jóvenes y no tan jóvenes, a que valoremos esta realidad que se nos presenta de forma tan sencilla y nos dis-pongamos a iniciar ese camino de conversión, aunque sean sólo unas pocas jornadas; estoy seguro de que viviremos un tiempo de profunda experiencia de Dios. Muchos jóvenes alejados pueden encontrar en una experiencia como ésta la respuesta a su búsqueda, el encuentro con Dios que da sentido a su vida. Espero que este libro nos ayude a todos a continuar con nuestra tarea al servicio de la pastoral de juventud, y a los jóvenes a que vivan su fe con espontaneidad, llevándola a todas las facetas de su vida, consumiéndonos de amor por nuestros hermanos, sabiendo que Él es la respuesta. (Víctor Cortizo, Sub-director del Departamento de Pastoral de Juventud. C.E.E)

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1 DESDE LA TIERRA DE LOS JÓVENES Son muchas las encuestas que les hacen a los jóvenes. Algunas, como las de la Fundación Santa María, nos acercan con periodicidad a lo que piensan los jóvenes sobre Dios, Jesucristo, la Iglesia, la espiritualidad... En nuestra diócesis de Valladolid hicimos, como hemos expresado, para toda Castilla-León una encuesta en la ExpoJoven del 2001, que como todas poco a poco ha quedado desfasada, para dar lugar a nuevos datos. Es importante partir de la realidad si queremos conocer a los jóvenes que queremos evangelizar, pero también es importante saber que los jóvenes de hoy y de siempre han coincidido en bastantes cosas. Hoy existe poca diferencia entre los jóvenes de la ciudad y del mundo rural, entre los jóvenes de España o los de Austria, entre lo que hacen los jóvenes de la noche del viernes en Italia (venerdi sera) y lo que hacen nuestros jóvenes de aquí. Existen algunas diferencias, pero yo creo que no demasiadas. En estos últimos años en que he intensificado mi trato con ellos y me he acercado de una manera más frecuente, he descubierto en los jóvenes de la postmodernidad española (de Valladolid, de Castilla-León), unos cuantos «atractivos y rechazos» que creo que son bastante comunes a todos los jóvenes.

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Lo que dicen los jóvenes «Sé fiel en no faltar, pero sé más fiel en fiarte de su misericordia». (Obispo Manuel González)

En Diciembre de 2001, los jóvenes de la Diócesis de Valladolid participaron en la Expo-Joven de Castilla-León. Éste es el resultado de la encuesta que hicieron los mismos jóvenes y que fue dirigida por el sociólogo de la Diócesis, D. Andrés Gerbolés: • Los principales agentes socializadores del joven son la familia y los amigos, con los que tiene una experiencia personal de gratificación y casi de fusión. Tan sólo el 10% de todos los encuestados indican el ámbito eclesial como fiable en la interpretación del mundo: para los jóvenes, la Iglesia y su mensaje son irrelevantes y, como institución, apenas suscita interés en ellos. • La mitad de los encuestados son creyentes (católicos practicantes o personas religiosas), una cuarta parte se consideran católicos no practicantes y el 25% restante son no creyentes, indiferentes, agnósticos o ateos. • El porcentaje de los que se casarían por la Iglesia desciende lenta pero inexorablemente: de un 78,98% de matrimonios por la Iglesia en 1991 y un 77,4% en 1995, pasamos a una «intención de casarse por la Iglesia» en 2001 del 65%. También lenta e inexorablemente crecen las uniones libres y la opción de vivir solo, de no compartir la vida con otra persona. • La mayoría de los que piensan casarse por la Iglesia están en desacuerdo con su doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio, las relaciones prematrimoniales y los métodos anticonceptivos; más del 50% con su doctrina sobre el aborto y un 40% con su doctrina sobre la fidelidad matrimonial (relaciones extramatrimoniales). 24


• En nuestra sociedad, se ha perdido la vigencia cultural del factor religioso, que puede llegar hasta su represión o su exclusión de la cultura moderna. Su espacio de plausibilidad es muy reducido, lo que, entre otras razones, incide de manera determi-nante en la pérdida de la transmisión religiosa entre generaciones. • La mayoría de los encuestados califican como positivo o muy positivo el recuerdo de algunas de «sus experiencias vividas en la Iglesia Católica», bien por el talante de sacerdotes y religiosos, o por el ambiente de acogida, con lo que supone de acompañamiento y acogida de adolescentes que, en gran medida, están faltos de referentes sólidos. Éste es el resultado de la encuesta que salió publicada el 27 de mayo del 2002; en ella constatamos que a los jóvenes, incluso a los que se dicen cristianos practicantes, les falta a veces coherencia entre lo que piensan y lo que dice el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia. Todos estos datos nos pueden ayudar a la hora de ser realistas con el mundo de los jóvenes que queremos evangelizar.

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2 JÓVENES SEDUCIDOS «Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir, fuiste más fuerte que yo y me pudiste». (Jr 20,7)

Todos hablamos de partir de la realidad de los jóvenes, pero no es tan sencillo. El mundo de los jóvenes es complejo. Cada joven es un mundo. Sí, podemos descubrir en los jóvenes de hoy que viven seducidos. Quizá no está aquí todo lo que les seduce. Pero es verdad que les seduce la noche, lo gregario, el sexo, el dinero, el bienestar..., pero también les seducen muchos aspectos positivos. Incluso lo que creemos que puede ser negativo, también tiene su lado positivo. Creo que no se puede evangelizar a los jóvenes si no se les ama, y creo que no se les puede amar si no tratamos de conocerlos, de descubrir sus inmensas posibilidades, sin deseos de ponernos a su servicio. Ésta es la asignatura pendiente que tiene la Iglesia del tercer milenio: evangelizar a los jóvenes.

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2.1. Seducidos por «la noche» «De noche iremos, de noche, sin luna iremos, sin luna. Que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra». (Luis Rosales)

En muchos lugares, ya desde los jueves por la noche, se está convirtiendo como normal la salida nocturna. No hay que esperar al viernes o a la noche del sábado. ¿Por qué este atractivo de los jóvenes por la noche? Se lo preguntan los sociólogos y los psicólogos. Es como un momento donde se puede vivir con mayor complicidad, sin prisas. Entre copa y copa se van mostran-do más como son. Desaparecen las caretas del día. Parece que se «desnudan» ante los demás y se muestran con autenticidad. Los chicos y las chicas buscan ardientemente que les miren, deslumbrar, llamar de alguna manera la atención, sobre todo hacia las personas que les interesan. La noche para los jóvenes es una búsqueda de algo que quizá no saben lo que es, pero que podríamos llamar «encontrar la plenitud». Es curioso que en ciudades como París, Viena, Bruselas se está planteando (en algunos lugares ya se está haciendo) ofrecer desde la Iglesia lugares en los que, por la noche, los jóvenes puedan charlar, compartir y expresar sus inquietudes y deseos. La Iglesia nunca fue ajena a la noche. Los grandes acontecimientos de la vida de Jesús se dieron en la noche: Navidad, Pascua. Es en la noche, en las «Vigilias» donde la Iglesia ora y espera que venga el Señor, «que vendrá en la noche». Pongamos todo el potencial evangelizador al servicio de los jóvenes que buscan en la noche. Hace unos meses, en el Congreso de Evange-lización de Viena, alguien me contó cómo una chica, una de esas noches locas, de fiesta, de discoteca, de beber, cansada un poco del ambiente, buscó una iglesia y tuvo la suerte de encontrarla abierta en la noche, porque había un grupo de adoración nocturna. Aquello le transformó la vida. Encontró 28


en la noche el silencio, la paz de una iglesia acogedora y ella misma contó que le transformó la vida. No se alejó después de ese ambiente. Trató de explicar a los demás que lo que buscaba ya lo había encontrado… Esa plenitud que le hacía salir una y otra vez en la noche, la encontró en aquella iglesia abierta, que le llenó el corazón de paz y le descubrió otra manera distinta de vivir la movida nocturna. Quizá el Señor suscite en la Iglesia jóvenes especialistas en ayudar a otros jóvenes a encontrar en la «noche» el sentido pleno de sus vidas, que no consiste sólo en pasar o en beber, sino en algo más.

2.2. Seducidos por «lo inmediato» «La santidad es vivir amando en el momento presente». (Santa Teresita de Lisieux)

Dicen los psicólogos que los jóvenes de hoy se dejan llevar más por lo inmediato que por lo importante. Es una cultura de lo urgente, de lo rápido, del ahora mismo, del microondas, del zap-ping. La traducción cristiana de esto sería, salvando las distancias, que muchos jóvenes viven «enganchados» al momento presente. Quieren disfrutar del «ahora» y del «ya». No les gusta la pro-puesta que decía el hermano Rafael y que a él lo llevó a la santidad: «Saber esperar». Los jóvenes de hoy no quieren esperar, lo quieren todo inmediatamente. Esto se nos ha metido hoy hasta en la pastoral juvenil, por eso a veces confiamos más en una dinámica de grupo que en una oración, en una reunión que en una celebración. Nuestra pastoral juvenil también es de lo «inmediato». En cierta manera han entrado en crisis los procesos. Ahora no gusta nada o muy poco todo de lo que lleve consigo una cierta lentitud. Sin embargo la pastoral que da resultado es siempre la que va por 29


el camino seguro de lo esencial, que se puede resumir en llevar (aunque sea un proceso lento) a los jóvenes a una profunda experiencia de Dios y a ir madurando poco a poco en una fe que les lleve a vivir las virtudes teologales. Sigue siendo válida la imagen de que la pastoral juvenil es una silla con «tres patas», sin las cuales no habrá joven cristiano maduro en la fe; la pastoral de lo inmediato son fuegos artificiales que enseguida se esfuman. La «primera pata» de la silla es llevar al joven a una vida interior. Vivir de Cristo vivo. Gozarse en la experiencia de la vida de gracia. Que es templo del Espíritu Santo. Esto es un camino lento, pero muy seguro, y a la larga el joven experimenta que aquí está la clave de su perseverancia. «La segunda pata» es el ser acompañado. La «Mesa de reflexión» de Castilla-León elaboró un material muy bueno sobre el acompañamiento personal. Subir y crecer en la vida cristiana exige un maestro que te conduzca por los caminos seguros de la interioridad. Si no somos acompañados, tenemos el peligro de perdernos. Sin guía, sin maestro, sin director espiritual es imposi-ble llegar muy lejos. San Juan de la Cruz decía que si no somos acompañados es mejor no adentrarse por estos caminos. Una pastoral juvenil con futuro tendrá que ofrecer a los jóvenes caminos de acompañamiento. Tendrá que poner a disposición de los jóvenes personas que acompañen, maestros del Espíritu que sean capaces de decir a los jóvenes «cómo sabe Dios». Sin maestros de oración, sin maestros en el Espíritu, es difícil mantener planteamientos serios en el seguimiento de Cristo. ¿No será ésta una de las razones de la crisis de las vocaciones? Y la «tercera pata» de la silla para una pastoral juvenil con futuro, es una comunidad de referencia. El joven debe descubrir que no está solo, que hay jóvenes que están dispuestos a compartir su fe y su esperanza. Que pueden celebrar la fe porque existen comunidades vivas que están deseando compartir con él, su misma hambre de Dios, de celebrar la reconciliación y sobre 30


todo de vivir el gozo de la Eucaristía donde se nos entrega el cuerpo y la sangre de Cristo Vivo. Una pastoral juvenil de lo inmediato no tendría futuro, tendríamos solamente jóvenes de paso, como los taxis con el cartel de libre, que van vacíos, sin rumbo fijo, por la ciudad. Hacer una pastoral juvenil seria no es convocar a los jóvenes sólo para entretenerlos. Apostar por una pastoral juvenil profunda requiere ser siempre muy creativos, sin perder nunca lo esencial. Los animadores de jóvenes del futuro, tendrán que estar muy llenos de Dios y a la vez, ser muy intrépidos. Evangelizar hoy es mucho más complicado quizá que hace unos años, pero también es más apasionante y enriquecedor, la gente que opta por vivir como vivió Jesús es más auténtica. Los momentos difíciles no son para echarnos atrás, sino para crear nuevos cauces. La clave será llevar al joven al encuentro personal con Jesús, que lo haga vivir en la Iglesia, y comunicar el mensaje a los otros jóvenes que viven, quizá, sin ninguna esperanza.

2.3. Seducidos por «la sospecha»

Detrás de la noche viene galopando la aurora.

Muchos jóvenes viven en una sospecha continua hacia todo lo que diga algo de institucional. La única institución que toleran es la familia, pero siempre a su estilo y porque viven confortablemente. Su sospecha hacia la institución eclesial crece a pasos agigantados. Quizá sólo se salvan algunas experiencias positivas con algún fraile, o religiosa, o alguna parroquia. Aparte del desconocimiento total que tienen de la Iglesia, les cuesta mucho aceptar la jerarquía, la doctrina moral de la Iglesia y los criterios eclesiales en muchos temas. 31


Esta seducción por la sospecha nos lleva a plantearnos que la única solución es invitarlos, como hace Jesús en el Evangelio: «Venid y lo veréis» (Jn 1,39). Tenemos que demostrar con la vida, que nuestras comunidades son abiertas, entrañables, comprometidas, acogedoras y sobre todo capaces de transmitir ilusión y esperanza. Aquí encuentro yo el mayor reto que tiene ahora la pastoral juvenil. ¿Cómo hacer que los jóvenes descubran una Iglesia viva? Está claro que el primer paso será siempre comunicarles una experiencia profunda de Cristo, que se vive en la Iglesia. Si no es así, los jóvenes seguirán identificando a la Iglesia con los eclesiásticos. Cuando la Iglesia habla, sobre todo de Jesús, se hace más creíble. Cuando comunica a Cristo, los jóvenes la ven más como madre, como comunidad, como pueblo que camina... Es imposible descubrir la Iglesia mientras no se tenga una experiencia viva del encuentro con Jesús. Cuando a veces queremos que los jóvenes descubran la Iglesia sin una fuerte experiencia de conversión a Cristo, estos jóvenes se vuelven total-mente críticos con ella, porque no se creen parte de la Iglesia. No acaban de encontrar una eclesiología sana que les abra a vivir un talante nuevo de ser Iglesia. Creo que la solución para una buena eclesiología, está en vivir una buena cristología. Es decir, sin Cristo, la Iglesia no se entiende. Con Cristo se ama a la Iglesia, que me ha dado la vida a través de los sacramentos, de la Palabra, del testimonio de los mártires. Una profunda comunión con Cristo hace desaparecer la sospecha contra la Iglesia, y se experimenta el gozo de una comunidad viva, donde se vive la comunión con el Papa, con el obispo, con los sacerdotes, con los religiosos y religiosas, con los laicos... Se asume la Iglesia como santa y pecadora, como somos nosotros, los que la formamos: con deseos de santidad y realidad de pecadores.

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2.4. Seducidos por «el enjambre» Dulce es sentir que no me encuentro solo, pues formo parte de una inmensa vida. (Hermano Sol, hermana Luna)

A los jóvenes les gusta mucho visitar y moverse en los lugares «de moda». Están imbuidos por lo que algún sociólogo ha llamado el espíritu del enjambre. Los jóvenes van donde se encuentran a gusto y al igual que a un enjambre, cada vez van más. Aunque no compartan mucho, les encanta estar juntos, casi apiñados… Cuando por lo que sea, los «jefes» que han provo-cado este enjambre se marchan, poco a poco el lugar se va vaciando y se quedan los de siempre. Esto puede ocurrir en la Iglesia. A los jóvenes les cuesta mucho estar donde se encuentran los «mayores». Por el contrario, a los mayores les gusta estar donde hay jóvenes. Es curioso, pero ocurre que en las parroquias, donde existen movimientos juveniles, cada vez hay más jóvenes comprometidos y donde hay pocos o no hay, cada vez nos cuesta más que vengan. Los jóvenes están seducidos por lo gregario. Esto también es un signo de los tiempos y es positivo si lo sabemos aprovechar encauzándolo hacia la evangelización. Es necesario formar a los jóvenes en un espíritu cada vez más comunitario, a través de encuentros con los jóvenes de otras parroquias, de la Diócesis, en las Jornadas mundiales de la Juventud... Debemos tener siempre en nuestra vida la convicción de que los jóvenes llaman y atraen a otros jóvenes. Lo más complicado, a veces, es formar el núcleo inicial, después es cuestión de ir trabajando con la ilusión y no desanimarse. A los jóvenes les gustan los grupos abiertos, les gusta ser muchos, estar juntos, compartir aunque sólo sea una música de fondo. Los jóvenes a los que tenemos que evangelizar viven a veces en grandes contradicciones; por ejemplo, pueden tener una clara tendencia a cerrarse en el grupo siendo así un poco 33


sectario, y sin embargo tener necesidad de abrirse, de compartir y de estar en la movida. Los animadores y los que acompañan tendrán que ser muy abiertos y creativos, para como decía Pedro Poveda «entrar con la suya para salirnos con la nuestra». Es decir, hay mucho de aprovechable, mucho de cristiano en su espíritu gregario. Lo que tenemos que hacer es aprovecharlo para ir cre-ando comunidades vivas de jóvenes, que sepan compartir con otros jóvenes su fe y que sepan también evangelizar sus ambientes, tan necesitados del Amor de Jesús.

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ÍNDICE Prólogo ......................................................................... 9 Introducción .................................................................. 11 De entrada...................................................................... 15 Espiritualidad desde la vida........................................... 17 PRIMERA PARTE ........................................................ 21 1. Desde la tierra de los jóvenes.................................... 23 1.1. Lo que dicen los jóvenes ................................... 24 2. Jóvenes seducidos ..................................................... 27 2.1. Seducidos por «la noche» .................................. 28 2.2. Seducidos por «lo inmediato» ........................... 29 2.3. Seducidos por «la sospecha» ............................. 31 2.4. Seducidos por «el enjambre» ............................ 33 3. Desde la actitud de Jesús: El joven rico ................... 35 4. Espiritualidades insuficientes: .................................. 39 4.1. Espiritualidad de «tirar de la planta» ................ 40 4.2. Espiritualidad del «diagnóstico» ....................... 40 4.3. Espiritualidad pelagiana o «voluntarista» ......... 42 4.4. Espiritualidad «quietista»................................... 44 4.5. Espiritualidad «descafeinada» ........................... 46 4.6. Espiritualidad «a la carta» ................................. 47 5. Pistas para una espiritualidad cristiana .................... 49 5.1. Espiritualidad de la tendencia ........................... 49 5.2. Espiritualidad de la misericordia ....................... 51 5.3. Espiritualidad antropológica ............................. 52 5.4. Espiritualidad con corazón ................................ 53 5.5. Espiritualidad de la aceptación y del cambio .... 55 5.6. Espiritualidad de comunión ............................... 57 5.7. Espiritualidad en clave ecológica ...................... 59 6. ¿Dónde conducirá el Espíritu Santo a los jóvenes? .. 61 165


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