Page 1


Alejandro Fern谩ndez Barraj贸n

PASTOR POR LOS OTEROS Lectura creyente desde el salmo 22


Comenzar desde el recuerdo La primera imagen que guardo en la memoria de los lejanos años de mi infancia es tan remota que parece amarilla, como esas viejas postales acosadas por el tiempo que han ido perdiendo su color original para ser propiedad del peaje que impone lo fugaz. Una imagen amarilla pero nítida e inolvidable. Creo que algún día perderé la memoria, se desorientarán mis pasos, pero guardaré con absoluta fidelidad este recuerdo de mi infancia, que es el primero, el más mío, el que ha dejado la huella más profunda en el corazón. Estoy seguro. Este primer recuerdo está asociado a mi padre y a su trabajo como pastor. Me veo, entre los pliegues amarillos del pasado, caminando de la mano áspera y encallecida de mi padre por los montes aledaños a nuestra vieja casa familiar, la de mis abuelos, llamada Valdelagua, en las últimas estribaciones de los Montes de Toledo. Al norte, extensas cordilleras de montes; al sur, una inmensa llanura de olivos y vides que lleva el sello indiscutible de La Mancha. Apenas puedo caminar solo con seguridad entre los tomillos y los riscos y de vez en cuando mi padre tiene que cogerme en sus brazos para cruzar una loma, atravesar una zanja o evitar una zarza que se 7


interpone en el sendero. Si miro hacia atrás puedo percibir con claridad que nuestras cabras, y algunas ovejas entre ellas, siguen nuestros pasos mientras caminan con la cabeza agachada buscando pequeños brotes entre las piedras de la ladera. Se han extendido a lo largo y ancho de la solana y parece, a primera vista, que son innumerables, pero en realidad sólo caminan un centenar de animales como corresponde a una casa pobre y a una familia de pocos recursos económicos. Mis padres, aún muy jóvenes, tienen ya dos hijos: una niña rubia que apenas ha comenzado a caminar y yo, que soy el primogénito. Después vendrán otros cuatro, pero eso será después. En la cara me azota una brisa con perfume a tomillo y a romero que me resultará siempre familiar. Voy subiendo de la mano de mi padre por una pequeña ladera, que a mí entonces me pareció inmensa e interminable, cuando nos detenemos y mi padre me manda sentar en una pequeña piedra. Se dispone a hablarme. -Escucha con atención. Ahora vas a seguir tú solo el camino porque yo tengo que cuidar de nuestras cabras. Cuando llegues arriba de esta loma y la «transpongas» verás una casita muy blanca, recién enjalbegada, sigue caminando hasta allá y llama a gritos a la abuela. Le vas a dar una sorpresa muy grande. Con la ilusión de ver a la abuela fui subiendo aprisa, después de tropezar varias veces, y al fin, desde lo alto de aquella loma, pude contemplar nues8


tra casita blanca de Valdelagua. Una alegría inmensa me llenó por dentro, se iluminaron mis ojos y mi corazón latía con tal fuerza que parecía que algo iba a estallar dentro de mi pecho. Más abajo de la casa se veía verde y frondosa la alameda que cobijaba en su seno una fuente de agua abundante y fresca. Y allí, delante de la casa, pude contemplar la figura de la abuela enlutada -siempre la vi vestida de negro-, que lavaba los pucheros agachada. No lo pensé ni un instante. Salí corriendo monte abajo gritando el nombre de la abuela. Al principio ella no me oía, pero después levantó la vista, me vio corriendo monte abajo y abrió sus brazos como para acaparar el monte entero mientras salía corriendo a mi encuentro. -¡No corras! -me gritaba-. ¡Cuidado que te vas a caer! Dicho y hecho. Me precipité al suelo y un llanto amargo me dominó por completo hasta que la abuela llegó, me envolvió entre sus brazos y me apretó contra sus senos, y toda mi tristeza fue dando paso a la alegría. Sacó su pañuelo, lo mojó con su saliva, y me fue limpiando el polvo de las manos y tal vez alguna pequeña gota de sangre de mis palmas lastimadas en el choque contra el suelo. Éste y tan simple es mi primer recuerdo. Un recuerdo asociado a una casa blanca recién encalada, a la abuela enlutada y pequeñita, a un rebaño de cabras y de ovejas y a mi padre apretando mi mano. El pastoreo está unido, pues, a mis primeros años, a mis primeros recuerdos y, tal vez, a lo mejor de mí mismo. 9


El Buen Pastor necesita «mansos» Jesús se llama a sí mismo manso de corazón. El «manso» en el rebaño ocupa el puesto del pastor, es su mano derecha, su confidente, su mejor aliado para conducir bien a sus ovejas. Cualquiera que haya estado inmerso en las tareas del pastoreo sabe bien lo que es un manso. Lope de Vega habla metafóricamente del manso cuando dice: «Suelta mi manso mayoral extraño que otros tienes de tu igual decoro». Y Jesús alaba la mansedumbre y la declara bienaventurada: «Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra». Cuando yo era niño y pastor, mi padre educó a un manso. Separó a un cabrito recién nacido de su madre y lo alimentó él mismo con biberón o acercándolo a las cabras con ubres más generosas. A medida que fue pasando el tiempo este cabrito no se separaba de mi padre. Él sabía muy bien que estando cerca del pastor tenía el alimento asegurado y lejos de él pasaría hambre. Ninguna cabra se deja mamar por un cabrito al que no reconoce como hijo suyo por el olor. Y así aquel cabrito se convirtió en incondicional compañía de mi padre. Siempre estaba a su lado, jugaba con él, comía en su mano, se dejaba acariciar 46


y coger y el cabrito le buscaba desesperadamente cuando le perdía de vista. Este cabrito «preferido» del pastor fue creciendo y se convirtió en una res fuerte y capaz. Salía con el rebaño y siempre iba a la cabeza. Mi padre le había puesto en su ancho cuello una esquila inmensa y el manso la llevaba orgulloso y la hacía sonar como señal de que allí estaba él y todas las cabras debían seguirle. Y cuando mi padre, desde lejos, le silbaba o le llamaba, el manso se dirigía inmediatamente hacia él, estuviera donde estuviera, y dejaba sus pastos para complacer al pastor. Así aquel «manso» llegó a convertirse en un nuevo «pastor» del rebaño bajo la guía del único pastor que era mi padre. Yo de niño quería imitar a mi padre y de vez en cuando llamaba al manso para que me obedeciera, pero él levantaba la cabeza, miraba hacia mí, y seguía comiendo tranquilo sin inmutarse lo más mínimo. Yo no era su pastor y mi silbo no tocaba el corazón del manso. Él, «como buen pastor, con un silbo tan suave que aun casi ellos mismos no lo entienden, hace que conozcan su voz y que no anden perdidos, sino que se tornen a su morada; y tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados, y se meten en el castillo» (4M 3,2). Ese silbo llega a ser «una señal tan cierta que no se puede dudar, y un silbo tan penetrante para que le entienda el alma, que no se puede dejar de oír» (6M 2,3) (santa Teresa en las Moradas).

47


Índice Dedicatoria .......................................................... 5 Comenzar desde el recuerdo................................. 7 El hombre elefante................................................ 10 «Nada me falta».................................................... 17 Yavé pastorea un rebaño....................................... 22 Me conduce hacia fuentes tranquilas.................... 25 Me guía por el sendero justo................................. 29 Pastor por los oteros.............................................. 33 Una dolorosa constatación.................................... 39 El pastor no abandona nunca a sus ovejas............ 41 El Buen Pastor necesita «mansos»........................ 46 Necesitamos mansos en la Iglesia......................... 48 El pastor es acompañante...................................... 50 Pastores de la hospitalidad.................................... 53 Hay que salir al encuentro..................................... 56 Sin descuidar el fondo........................................... 61 En la Iglesia, desde la Iglesia y para la Iglesia; o mejor para el Reino de Dios .............................. 67 Una misericordia ilimitada.................................... 70 La misericordia de Dios llena la tierra.................. 73 El dolor humano y la fragilidad están clamando a Yavé.......................................... 76 La vida consagrada busca a Dios.......................... 79 Éste es el tiempo................................................... 83 Tocados por la ceniza............................................ 87 Despedida............................................................. 91 93

Pastor por los oteros  

Lectura creyente desde el salmo 22

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you