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MIS ORACIONES

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PRINCIPALES ORACIONES DEL CRISTIANO

La señal de la Cruz Por la señal + de la santa Cruz, de nuestros + enemigos, líbranos, Señor, + Dios nuestro. En el nombre del + Padre, y del + Hijo y del + Espíritu Santo. Amén. Credo apostólico Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. 4


Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. Padrenuestro Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Ave María Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, 5


Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Salve Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María! Ruega por nosotros, santa Madre 6


de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén. Ángel de Dios Ángel de Dios, que eres mi custodio: ya que la bondad de Dios me ha encomendado a ti, ilumíname, guíame y pro-tégeme. Amén. El Ángelus V. El ángel del Señor anunció a María. R. Y ella concibió por obra del Espíritu Santo. Dios te salve, María… V. Aquí está la esclava del Señor. R. Hágase en mí según tu palabra. Dios te salve, María… V. Y la Palabra se hizo carne. R. Y habitó entre nosotros. Dios te salve, María… 7


V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Oremos. Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de su resurrección. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén. En el tiempo de Pascua:

Reina del cielo (Regina Caeli) V. Reina del cielo, alégrate, aleluya. R. Porque el Señor, a quien mereciste llevar, aleluya. V. Ha resucitado, según su palabra, aleluya. R. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. V. Goza y alégrate, Virgen María; aleluya. 8


R. Porque ha resucitado verdaderamente el Señor, aleluya. Oremos. Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén. OraciONES PARA LOS DIVERSOS MOMENTOS DEL DÍA

Ofrecimiento del día Te adoro, Dios mío, y te amo de todo corazón; te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado durante la noche. Te ofrezco las acciones del día; haz que sean todas según tu voluntad y para tu mayor gloria. Líbrame del pecado y de todo mal. Tu gracia nos acompañe siempre a mí y 9


a todos mis seres queridos. Amén. Gloria al Padre… Oración de la noche Te adoro, Dios mío, y te amo de todo corazón; te doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado durante este día. Perdóname el mal que hoy he cometido y acepta lo que de bueno haya hecho. Protégeme durante el descanso y líbrame de todo peligro. Tu gracia nos acompañe siempre a mí y a todos mis seres queridos. Amén. («El Ángelus» o «Reina del cielo, alégrate»; Padre nuestro; Dios te salve, María; Gloria; Salve). Revisión de vida o examen de conciencia: acto de contrición.

Jesús, José y María Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, expire en paz con vosotros el alma mía. 10


María, madre cariñosa María, madre cariñosa y querida, pon tu mano sobre mi cabeza. Guarda mi mente, corazón y sentidos, para que no cometa pecados. Santifica mis pensamientos, sentimientos, palabras y acciones, para que yo pueda alegrarte y a Jesús, Dios mío. Y de esta manera, pueda participar de tu felicidad en el cielo. Jesús y María, dadme vuestra bendición: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Oración para antes de las comidas Bendícenos, Señor, y bendice el alimento que vamos a tomar, para perseverar en tu servicio. Amén. Oración para después de las comidas Te damos gracias, Señor, por el alimento que nos has dado; haz que nos sirva siempre para practicar el bien. Amén. 11


El Santo Rosario En las apariciones de Fátima, la Santísima Virgen recomendó con particular empeño la devoción al Rosario, como medio seguro para alcanzar la paz. Para quienes suelen rezar una parte del Rosario cada día, el siervo de Dios Juan Pablo II sugirió distribuir los Misterios del Rosario, a lo largo de la semana, de la siguiente forma:

Misterios Gozosos (lunes y sábado) 1. La anunciación del ángel a María y la encarnación del Verbo. 2. La visitación de María santísima a su prima santa Isabel. 3. El nacimiento de Jesucristo, nuestro Señor. 4. La presentación del Niño Jesús en el templo y la purificación de María Santísima. 5. La pérdida y el encuentro del Niño Jesús en el Templo. Misterios Luminosos (jueves) 1. El Bautismo de Jesús en el río Jordán. 12


2. La autorrevelación de Jesús en las Bodas de Caná. 3. El anuncio del Reino de Dios y la invitación a la conversión. 4. La transfiguración del Señor. 5. La institución de la Eucaristía. Misterios Dolorosos (martes y viernes) 1. La agonía de nuestro Señor Jesucristo en el huerto de los Olivos. 2. La flagelación de nuestro Señor Jesucristo. 3. Nuestro Señor Jesucristo es corona do de espinas. 4. Nuestro Señor lleva la Cruz a cues- tas, camino del Calvario. 5. La crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Misterios Gloriosos (miércoles y domingo) 1. La triunfante Resurrección de nues- tro Señor Jesucristo. 13


2. La ascensión de Jesús al cielo. 3. La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. 4. La Asunción de María Santísima. 5. La coronación de María santísima como Reina y Señora de todo lo creado. Cómo rezar el rosario La señal de la Cruz Por la señal de la + Santa Cruz, de + nuestros enemigos + líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del + Padre y del + Hijo y del + Espíritu Santo. Amén. V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza. V. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Se enuncia el misterio)

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Padrenuestro, Ave María (10 veces), Gloria. Después de cada misterio se reza la jaculatoria:

María, Madre de Gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Agradecimiento Infinitas gracias te damos, soberana princesa, por los beneficios que todos los días recibimos de tus liberales manos. Dígnate, ahora y siempre, tomarnos bajo tu poderoso amparo. Letanías de la Santísima Virgen Señor, ten piedad, Señor ten piedad. Cristo, ten piedad, Cristo ten piedad. Señor, ten piedad, Señor ten piedad. Cristo, óyenos, Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos. 15


Dios, Padre Celestial, ten misericordia de nosotros. Dios Hijo, Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Santa Trinidad, un solo Dios. Santa María, ruega por nosotros. Santa Madre de Dios, Santa Virgen de las vírgenes, Madre de Cristo, Madre de la divina gracia, Madre purísima, Madre castísima, Madre intacta, Madre inmaculada, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Madre del Creador, Madre del Salvador, Madre de la Iglesia, Virgen prudentísima, Virgen digna de veneración, Virgen digna de alabanza, 16


Virgen poderosa, Virgen clemente, Virgen fiel, Espejo de justicia, Trono de sabiduría, Causa de nuestra alegría, Vaso espiritual, Vaso honorable, Vaso insigne de devoción, Rosa mística, Torre de David, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Reina de los ángeles, Reina de los patriarcas, Reina de los profetas, Reina de los apóstoles, 17


Reina de los confesores, Reina de las vírgenes, Reina de todos los santos, Reina concebida sin mancha original, Reina asunta al cielo, Reina del santísimo Rosario, Reina de la familia, Reina de la paz. V/. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. R/. Perdónanos, Señor. V/. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. R/. Escúchanos, Señor. V/. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. R/. Ten misericordia de nosotros. V/. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 18


Oración Concédenos, Señor, a nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y cuerpo y, por la gloriosa intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de esta vida y gozar de las alegrías eternas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Oración de san Bernardo Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. No deseches, mis súplicas ¡oh Madre de Dios!, antes bien, inclina a ellas tus oídos y dígnate atenderlas favorablemente. Amén. 19


Consagración a la Santísima Virgen Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y protección tuya. Amén. Bendita sea tu pureza Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, virgen sagrada María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.

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Bajo tu amparo Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen, gloriosa y bendita. Magnificat Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma 21


de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Sacramento de la Reconciliación

En el sacramento de la Penitencia o Reconciliación, Dios Padre acoge de nuevo, por los méritos de Jesucristo, al hijo que vuelve arrepentido. Perdona los pecados cometidos; pero es también el medio más adecuado para evitarlos, y para superar las deficiencias. Conviene celebrar frecuentemente el sacramento de la Reconciliación. Es muy útil tener siempre el mismo confesor y no cambiar si no es por necesidades especiales. Los elementos básicos para una buena 22


celebración son: oración, revisión, deseo de conversión, compromiso, confesión, respuesta de gratitud y reparación. La condición absolutamente indispensable para recibir el perdón es el arrepentimiento, unido al propósito de conversión. Antes de la Reconciliación Un Padrenuestro a Jesús crucificado. Una Salve a María, refugio de los pecadores. Examen de conciencia sobre los pensamientos, deseos, sentimientos, palabras, acciones y omisiones; sobre los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sobre las obras de misericordia espiritual y corporal, sobre las obligaciones del propio estado; y especialmente sobre la oración, el estudio, el apostolado, la pobreza y los propósitos de los últimos ejercicios espirituales. Conviene detenerse especialmente en el 23


compromiso principal, examinando el esfuerzo realizado, las deficiencias y el progreso conseguido. Señor mío, Jesucristo ¡Señor mío Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infi-nita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas de infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén. Los Mandamientos de la ley de Dios 1. Amarás a Dios sobre todas las cosas. 2. No tomarás el nombre de Dios en vano. 3. Santificarás las fiestas. 4. Honrarás a tu padre y a tu madre. 24


5. No matarás. 6. No cometerás actos impuros. 7. No robarás. 8. No dirás falso testimonio ni mentirás. 9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. 10. No codiciarás los bienes ajenos. Estos diez mandamientos se resumen en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Los preceptos generales de la Iglesia 1. Celebrar la Eucaristía los domingos y fiestas de precepto. 2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año y en peligro de muerte y si se ha de comulgar. 3. Comulgar por Pascua de Resurrección. 4. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Iglesia. 5. Ayudar a la Iglesia en sus necesida- des. 25


Rito de la Reconciliación El sacerdote acoge con bondad al penitente y le saluda con palabras de afecto. Luego, el penitente y, si lo juzga oportuno, también el sacerdote, hace la señal de la cruz, diciendo:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. El sacerdote invita al penitente a poner su confianza en Dios, con estas o parecidas palabras:

Dios, que ha iluminado nuestros corazones, te conceda un verdadero conocimiento de tus pecados y de su misericordia. El penitente responde:

Amén. El sacerdote, si lo juzga oportuno, lee o recita de memoria algún texto de la sagrada Escritura, en el que se proclame la misericordia de Dios y la llamada a la conversión. Donde sea costumbre, el penitente recita una fórmula de confesión. Luego, confiesa sus pecados. El sacerdote exhorta al penitente a la contrición y éste acepta la obra penitencial que le propone el sacerdote para satisfacción por sus pecados. El sacerdote, extendiendo ambas manos o, al menos, la derecha sobre la cabeza del penitente, dice:

Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y 26


la resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Después, el sacerdote prosigue:

V. Dad gracias al Señor, porque es bueno. R. Porque es eterna su misericordia. El sacerdote despide al penitente:

V. El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz. Preparación a la Comunión Acto de fe Jesús, verdad eterna, creo que estás realmente presente en la Eucaristía, con tu cuerpo, sangre, alma y divinidad. Oigo tu invitación: «Yo soy el pan vivo, 27


que ha bajado del cielo». «Tomad y comed: esto es mi cuerpo». Creo, Señor y Maestro, pero aumenta mi débil fe. Acto de esperanza Jesús, único camino de salvación; tú me invitas diciéndome: «Aprended de mí...». Y sin embargo, ¡qué poco me asemejo a ti! Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Tú, Jesús, complaciste al Padre; eres mi modelo. Atráeme a ti y dame la gracia de imitarte, especialmente en la virtud que más necesito. Acto de caridad Jesús Maestro, tú me dices: «Yo soy la vida»; «el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna». En los sacramentos del Bautismo y la Reconciliación, me has comunicado esta vida, y en la Eucaristía la alimentas ha28


ciéndote mi comida. Toma mi corazón; libéralo de las vanidades del mundo. Te amo con todo el corazón y sobre todas las cosas, porque eres bien infinito y mi eterna felicidad. Acción de gracias después de la comunión Alma de Cristo Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de Ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén. 29


La Santa Misa

La Eucaristía recuerda la última Cena que realizó Jesús con sus discípulos y el mandato de repetirlo en comunidad, viviendo y acordándonos de Él. La Eucaristía es “fuente y cima de toda la vida cristiana”; significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios. Es el compendio y la suma de nuestra fe. Se le dan distintos nombres: Se le llama en primer lugar Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Fracción del pan porque fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como el cabeza de familia judío y en este gesto lo reconocerán sus discípulos después de la resurrección. Asamblea eucarística porque es celebrada en la asamblea de los fieles. Santo Sacrificio porque actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador. Comunión, porque por este Sacramento nos hace partícipes de 30


su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo. Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza se termina con el envío de los fieles para que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del Cielo está unida a la ofrenda de Cristo. (cf Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica).

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Ritos iniciales Mientras el sacerdote se dirige hacia el altar, es conveniente cantar un canto de entrada.

Saludo

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El pueblo responde:

Amén.

Fórmulas para saludar al pueblo al comienzo de la Misa.

El Señor esté con vosotros R/. Y con tu espíritu. O bien:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. R/. Y con tu espíritu. Acto penitencial Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados. 32


Después de una breve pausa de silencio, todos juntos hacen la confesión:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Dándose golpes de pecho añaden:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos, y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor. Amén. El sacerdote concluye con la plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, y nos lleve a la vida eterna. El pueblo responde:

R./ Amén. Siguen las invocaciones, Señor, ten piedad, si no han sido dichas en alguna de las fórmulas del

Acto penitencial Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. 33


Cristo, ten piedad. R/. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. R/. Señor, ten piedad. Gloria Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque solo tú eres Santo, solo tú Señor, solo tú altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén. 34


Acabado el Himno, el sacerdote invita a la oración diciendo «Oremos». Y los fieles presentan sus peti-ciones a Dios.

Oración colecta Dios Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el espíritu de la santificación, para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. R/. Amén. Liturgia de la Palabra Seguidamente el lector se dirige al ambón para leer la primera lectura. Al final de la lectura, el lector añade:

P/. Palabra de Dios. Y todos aclaman:

R/. Te alabamos, Señor. 35


Entonces el salmista, o un cantor cantan o recitan el salmo, y el pueblo intercala la respuesta correspondiente. Luego, los domingos y en todas las solemnidades, el lector lee la segunda lectura, que acaba como la primera:

P/. Palabra de Dios… Sigue el Aleluya u otro canto según el tiempo litúrgico. Seguidamente el sacerdote se dirige al ambón para proclamar el Evangelio.

Al empezar la lectura saluda al pueblo:

El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san N. El pueblo aclama:

Gloria a ti, Señor. Acabado el Evangelio, el sacerdote dice:

Palabra del Señor. R/. Gloria a ti, Señor Jesús. Homilía

El sacerdote o el diácono explican la Palabra de Dios que acaba de ser proclamada. Se sigue con la Profesión de Fe. Normalmente esta profesión se hace con el Símbolo Niceno-Constantinopolitano; pero en ciertos casos puede emplearse el llamado «Credo de los Apóstoles».

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Seguidamente tiene lugar la Oración universal o de los fieles. El pueblo se une a cada una de las súplicas con una fórmula adecuada, como por ejemplo:

R/. Te rogamos, óyenos. Liturgia Eucarística Presentación de las ofrendas El sacerdote, en el altar, toma la patena con el pan y manteniéndola un poco elevada sobre el altar, dice:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. Si el ofertorio no se canta, los fieles responden con esta aclamación:

R/. Bendito seas por siempre, Señor. Seguidamente el sacerdote toma el cáliz y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:

Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será 37


para nosotros bebida de salvación. Si el ofertorio no se canta, los fieles responden con esta aclamación:

R/. Bendito seas por siempre, Señor. Después de lavarse las manos y vuelto hacia el centro del altar dice a los fieles:

Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. El pueblo responde:

R/. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. Oración sobre las ofrendas Por la invocación de tu santo nombre, santifica, Señor, estos dones que te presentamos, y transfórmanos por ellos en ofrenda perenne a tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. R/. Amén. 38


Plegaria Eucarística Prefacio El sacerdote comienza la Plegaria Eucarística con el prefacio, diciendo:

El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor nuestro Dios. R/. Es justo y necesario. Santo Se prosigue el prefacio. Al final del mismo, en unión del pueblo, concluye cantando o diciendo en voz alta:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de universo. Llenos están el Cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cielo.

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Consagración

Aclamación de la asamblea. El sacerdote dice:

Èste es el Sacramento de nuestra fe. R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor Jesús! Rito de la Comunión El sacerdote dice:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir: Se reza el Padrenuestro. La asamblea concluye la oración con la aclamación:

R/. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor. Rito de la paz Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «Mi paz os dejo, mi paz os doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 40


Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/. Amén. La Paz del Señor esté siempre con vosotros. R/. Y con tu espíritu. Daos fraternalmente la paz. Acto de adoración Te adoro presente en mí, Palabra encarnada, Hijo unigénito e imagen del Padre, nacido de María. Te doy gracias, Maestro y verdad, por haberte dignado venir a mí, ignorante y pecador. En unión con María te ofrezco al Padre: contigo, por ti y en ti, sea por siempre la alabanza, la acción de gracias y la súplica por la paz de los hombres. Ilumina mi mente, hazme discípulo fiel de la Iglesia; que viva de fe; que comprenda tu palabra; que sea un auténtico apóstol. Haz, Maestro divino, que la luz 41


de tu evangelio llegue hasta los últimos confines del mundo. Rito de Conclusión Bendición El Señor esté con vosotros. R/. Y con tu espíritu. La bendición de Dios todopoderoso, Padre +, Hijo + y Espíritu Santo +, descienda sobre vosotros. R/. Amén. Despedida Podéis ir en paz. R/. Demos gracias a Dios.

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ORACIONES DIVERSAS

El Vía Crucis En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Al comienzo de cada estación se dice:

V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/. Porque con tu cruz has redimido el mundo. Al final de cada estación se dice:

V/. Te piedad de nosotros, Señor. R/. Ten piedad de nosotros. Haz, santa Madre de Dios, que las llagas del Señor se impriman en mi corazón. Oremos. Mira, Señor de bondad, a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. 43


Acto de contrición. Bondadoso Jesús mío, me pongo humildemente ante ti, y, con todo el corazón, te pido perdón de mis pecados; me duelen y los detesto, especialmente por ser una ofensa a tu infinita bondad. Prefiero morir antes que volver a ofenderte; más aún, quiero amarte sobre todas las cosas hasta la muerte. V/. Ten piedad de nosotros, Señor. R/. Ten piedad de nosotros. Primera estación Jesús, siendo inocente, acepta, por la gloria de Dios y la paz de los hombres, la injusta sentencia de muerte pronunciada contra él por Pilato. Amorosísimo Jesús, por tu amor, y como reparación de mis pecados, acepto la muerte con todos los dolores, sufrimientos y afanes que la acompañen. Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya. 44


Segunda estación Jesús carga con la cruz sobre sus hombros. Jesús Maestro nos invita: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). Sí, quiero seguirte, Maestro divino, dominando mis pasiones y aceptando mi cruz de cada día. Atráeme a ti, Señor. El camino es angosto, pero conduce al cielo. Me apoyaré en ti, que eres mi luz y mi fuerza. Tercera estación Jesús, abatido por la agonía de Getsemaní, martirizado por la flagelación y la coronación de espinas, agotado por el ayuno, cae por primera vez bajo el enorme peso de la Cruz. Jesús cayó para levantar a los que caen. Muchas son las tentaciones del demonio, del mundo y de la carne. Señor, no 45


nos dejes caer en la tentación, y líbranos de todo mal. Cuarta estación Jesús, con la cruz a cuestas, se encuentra con su Madre, cuya alma quedó traspasada por una espada de dolor. Unidos están en el mismo dolor el corazón de Jesús y el de María. Éstos son los corazones que tanto han amado a los hombres y nada han escatimado por ellos. Corazones de Jesús y María, concededme la gracia de conoceros, amaros e imitaros cada vez mejor. Os ofrezco mi corazón, para que sea siempre vuestro. Quinta estación Los judíos, con simulada compasión, «echaron mano de un cierto Simón de Cirene, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús» (Lc 23,26). 46


También yo quiero cooperar en la redención de la humanidad, completando en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia. Acéptame, Maestro bueno, como humilde víctima. Presérvanos del pecado, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. Sexta estación Movida a compasión, la Verónica enjuga el rostro de Jesús; él la premia imprimiendo su imagen en el lienzo. Reconozco en esta discípula el modelo de las almas reparadoras. Comprendo mi deber de reparar los pecados y todas las ofensas a tu infinito amor. Jesús, plasma en mí y en todas las personas reparadoras las actitudes de tu corazón. Séptima estación Nuevamente flaquean las fuerzas de Jesús, y él, «despreciado y evitado por 47


los hombres… como un hombre de dolores, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado» (Is 53,3), cae por segunda vez bajo la cruz. Maestro bueno, así reparas nuestras recaídas en el pecado, por malicia o por habernos puesto en la ocasión. Detesto, Señor, los pecados con que te he ofendido, que son causa de tu muerte y de mi perdición, y propongo no cometerlos más en adelante. Octava estación Seguía a Jesús un gran gentío del pueblo, y las mujeres que lloraban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos» (Lc 23,27-28). Pido perdón por mis muchos pecados personales y por los que otros han cometido por mi culpa. Jesús mío, concé48


deme la gracia de evitar en lo posible el pecado ajeno, con las obras, el testimonio, la palabra y la oración. Novena estación Jesús cae por tercera vez bajo la cruz, porque nuestra obstinación nos ha llevado a recaer en el pecado. La obstinación oscurece la mente, endurece el corazón y pone en peligro la salvación. Señor, por tu pasión, ten misericordia de mí. Concédeme la gracia de mantenerme vigilante, de ser fiel al examen de conciencia y celebrar frecuentemente el sacramento del perdón. Décima estación Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, «le dieron a beber vino mezclado con hiel… y se repartieron su ropa echándola a suertes» (Mt 27,3349


35). Esto es lo que costaron a Jesús los pecados de ambición y de gula. Señor, concédeme la gracia de liberarme progresivamente de toda vanidad y satisfacción mundana, y haz que te busque únicamente a ti, eterna felicidad. Undécima estación Los verdugos clavan en la cruz a Jesús, que sufre atroces sufrimientos, bajo la mirada de su afligida Madre. Pertenecen a Jesucristo los que crucifican su vieja condición, renunciado a sus vicios y pasiones. Yo quiero ser de Jesucristo durante toda la vida, en el momento de la muerte y por toda la eternidad. No permitas, Señor, que me separe de ti. Duodécima estación Durante tres horas, Jesús padece terribles dolores y muere al fin en la cruz por nuestros pecados. 50


La muerte de Jesús se actualiza diariamente en nuestros altares cuando celebramos la Eucaristía. Jesús amorosísimo, enséñame a valorar la Eucaristía, para que la celebre con frecuencia y con los mismas actitudes que tuvo tu Madre al pie de la cruz. Decimotercera estación María, la Madre dolorosa, recibe entre sus brazos al Hijo bajado de la cruz. María contempla en las llagas de su Hijo las horribles consecuencias de nuestros pecados y el amor infinito de Jesús por nosotros. La devoción a María es signo de salvación. Madre, acéptame como hijo, acompáñame constantemente y, en especial, en la hora de la muerte. Decimocuarta estación El cuerpo de Jesús, ungido con aromas, es llevado al sepulcro. Jesús mismo 51


había anunciado su pasión: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre va a ser entregado… y lo condenarán a muerte» (Mt 20,18-19). Señor Jesús, estás en el último escalón de tu humillación, la del sepulcro. Cuánto valdrán los hombres, Señor, si tú has querido ofrecerte hasta el extremo de dar la vida por ellos. Quiero seguirte adonde tú me llames para cooperar en tu obra redentora. Decimoquinta estación María espera con fe viva la resurrección de su Hijo, tal como él lo había anunciado: «Al tercer día resucitaré» (Mt 20,19). Creo firmemente, Dios mío, en la resurrección de Jesucristo, como creo en la resurrección de la carne. Quiero resucitar diariamente a la nueva vida, para poder resucitar a la gloria en el último día. 52


V/. Cristo redentor, sálvanos por la fuerza de la cruz. R/. Tú que salvaste a Pedro en el mar, ten compasión de nosotros. Oremos. Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te roga-mos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por el mis-mo Jesucristo nuestro Señor. Amén. Las Bienaventuranzas (Mt 5,3-10) Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que sufren, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán saciados. 53


Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por ser justos, porque de ellos es el Reino de los cielos. Oración a la Santísima Trinidad Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, presente y operante en la Iglesia y en lo más profundo de mi ser: Yo te adoro, te doy gracias y te amo. Por medio de María, mi madre santísima, me ofrezco, entrego y consagro to-talmente a ti por toda la vida y para la eternidad. A ti, Padre del cielo, me ofrezco, entrego y consagro como hijo. A ti, Jesús Maestro, me ofrezco, entrego y consagro como hermano y discípulo. A ti, Espíritu Santo, me ofrezco, entrego 54


y consagro como «templo vivo», para ser consagrado y santificado. María, madre de la Iglesia y madre mía, tú que vives en intimidad con la Trinidad Santísima, enséñame a vivir, por medio de la liturgia y los sacramentos, en comunión cada vez más profunda con las tres divinas Personas, para que toda mi vida sea un «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo». Amén. Oración al Espíritu Santo Espíritu Santo, amor eterno del Padre y del Hijo, te doy gracias, te amo y te pido perdón por las veces que te he ofendido en mi persona o en el prójimo. Desciende con la plenitud de tus dones en la ordenación de los obispos y sacerdotes, en la consagración de los religiosos y religiosas, y en la confirmación de todos los fieles. Danos a todos luz, santidad y espíritu misionero. Espíritu de verdad, te consagro la men55


te, la imaginación, la memoria: ilumíname. Que conozca a Cristo Maestro y asimile su evangelio y la doctrina de la Iglesia. Acrecienta en mí el don de la sabiduría, de la ciencia, de la inteligencia y el consejo. Espíritu santificador, te consagro mi voluntad: guíame según tus deseos, ayúdame a ser fiel en el cumplimiento de los mandamientos. Concédeme el don de la fortaleza y del temor de Dios. Espíritu vivificador, te consagro mi co-razón: conserva y acrecienta en mí la vida divina. Concédeme el don de la piedad. Amén. Para descubrir y seguir el propio camino Padre, creo en tu sabiduría y en tu amor. Sé que me has creado para la vida eterna, que me has indicado el camino para seguirla y que me aguardas con el premio reservado al siervo fiel. Dame luz para ver este camino y fuerza 56


para seguirlo con generosidad. Te suplico, por Jesucristo tu Hijo y por María, mi reina y madre, que al final de mi vida pueda yo decir con san Pablo: «He com-batido bien mi combate, he corrido has-ta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona con la que el Señor me premiará en aquel día». Oración por las vocaciones Jesús Maestro, tu dijiste: «La mies es abundante, pero los trabajadores son po-cos». Acogemos con amor tu invitación: «Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,37-38). Suscita un amplio movimiento vocacional: «Todos los creyentes por todas las vocaciones». Que aumente el número de sacerdotes. Que sean sal de la tierra, luz del mundo, ciudad situada en lo alto del monte, para la salvación de la humanidad, redimida por tu sangre. 57


Índice Principales oraciones del cristiano ................................. 3 La señal de la Cruz.................... 3 Credo apostólico........................ 3 Padrenuestro.............................. 4 Ave María.................................. 4 Gloria......................................... 5 Salve Ángel de Dios............................ 6 El Ángelus................................. 6 Reina del cielo........................... 7 Oraciones para los diversos momentos del día ....................... 8 68

Ofrecimiento del día.................. 8 Oración de la noche................... 9 Jesús, José y María.................... 9 María, madre cariñosa............... 10 Oración para antes de las comidas........................... 10 Oración para después de las comidas........................... 10


El Santo Rosario........................ 11 Misterios gozosos ..................... 11 Misterios luminosos.................. 11 Misterios dolorosos................... 12 Misterios gloriosos ................... 12

Cómo rezar el rosario ................... 13 Agradecimiento......................... 14 Letanías de la Santísima Virgen. 14 Oración de san Bernardo........... 18 Consagración a la Sma. Virgen ... 19 Bendita sea tu pureza................. 19 Bajo tu amparo.......................... 20 Magnificat.................................. 20 Sacramento de la Reconciliación .. 21

Antes de la Reconciliación........ 22 Señor mío, Jesucristo................. 23 Los Mandamientos de la ley de Dios........................ 23 Los preceptos generales de la Iglesia................................ 24 Rito de la Reconciliación.......... 25 69


Preparación a la Comunión........... 26 Acto de fe.................................. 26 Acto de esperanza...................... 27 Acto de caridad.......................... 27 Acción de gracias después de la comunión............. 28 Alma de Cristo.............................. 28 La santa Misa ............................. 29 Ritos iniciales............................ 31 Liturgia de la Palabra............... 34 Liturgia Eucarística................... 36 Oraciones diversas ..................... 42 El Vía Crucis ............................ 42 Las Bienaventuranzas................ 52 Santísima Trinidad..................... 53 Oración al Espíritu Santo.......... 54 Para descubrir el propio camino.55 Oración por las vocaciones........ 56 Consagración de la familia a María....................................... 57 Oración a san José..................... 58 70


Oración de san Francisco.......... 59 Jesusito de mi vida.................... 60 Cuatro esquinitas....................... 61 Oración de Buenas noches........ 61 Ángel de la guarda.................... 61 Obras de misericordia................ 61 Dones del Espíritu Santo........... 62 Frutos del Espíritu Santo........... 62 Virtudes..................................... 63 Sacramentos............................... 64 Pecados capitales....................... 64

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Mis oraciones  

Cada persona debe recrear continuamente su propia forma de oración con Dios, que nos acompaña en el camino de la vida.

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