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AMEDEO CENCINI

MISIONEROS, ¿SÍ O NO? Misioneros o dimisionarios


Presentación En el avión que lo llevaba a Estados Unidos para su primer viaje apostólico en el mes de abril de 2008, Benedicto XVI aceptó un intercambio de preguntas y respuestas con los periodistas del séquito. El tema era: la situación del cristianismo hoy, especialmente en el mundo moderno o más modernizado, como el que el Papa iba a visitar, con sus problemas bien a la vista, sobre todo los escándalos sexuales del clero. En resumen, un ambiente nada entusiasmante, que un Papa, pensador riguroso y realista en sus argumentaciones como el teólogo Ratzinger, no podía ignorar ni infravalorar. Pues bien, a un periodista que insistía en preguntarle sobre el juicio global que le merecía la situación mundial, el Sumo Pontífice le respondió: «Los campos están también actualmente preparados para la siega (cf Jn 4,35); Dios sigue haciendo crecer la mies (cf 1Cor 3,6). Podemos y debemos creer, junto con el difunto papa Juan Pablo II, que Dios está preparando una nueva primavera para el cristianismo»1. Partamos de aquí, de esta autorizadísima afirmación, según la cual estamos comenzando una nueva época, aunque no haya finalizado la anterior; ante 1

Cf. Redemptoris Missio 86

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algo que es nuevo e inédito, no lamentemos con tristeza lo pasado, ni miremos hacia atrás para seguir viendo lo que ya tenemos muy visto o repitiendo lo que ya hemos dicho tantas veces. Dios está prepa-rando esta novedad para nosotros. No es un capricho nuestro, ni la manía de algún iluso optimista incurable, sino algo que el Espíritu de Dios está haciendo. El que no se dé cuenta de esto, que se interrogue sobre su modo de mirar la realidad, que no se burle de quien tiene una mirada más creyente; y, por favor, que termine ya de esparcir en su entor-no toxinas venenosas de desesperación, contami-nando el aire que todos deben respirar. De esta novedosa situación, sobre la que evidentemente volveremos a lo largo de la reflexión para explicitarla posteriormente, daremos aquí solamente una indicación: la relación entre vocación y misión, y por lo tanto, la pastoral vocacional a partir de la idea de misión. Tal vez no se trate de una absoluta novedad, podrá objetar alguno, pero es sin duda lo que nos conviene hoy, respondemos, para renovar nuestro modo de entender el misterio de la llamada y también el de la respuesta, en el plano teológico y pedagógico. El texto que aquí presentamos ha sido ya ofrecido a un numeroso grupo de animadores vocacionales durante el congreso postpascual de marzo de 2008, al menos en sus partes esenciales. Aquí lo presento renovado y en algún punto también inédito y más elaborado, como por ejemplo, cuando se afronta 6


el problema de la pastoral misionera como primer anuncio a los no creyentes, en una «parroquia de no creyentes» que todavía no existe, pero que tal vez está entre esas realidades nuevas que el Espíritu del Señor está preparando para nosotros en esta época pre-cristiana. ¡Como una nueva frontera!

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Premisa La misión es parte esencial de un proyecto vocacional, es su elemento constitutivo, punto de llegada o de partida, aquello que lo motiva o que expresa su vitalidad y su objetivo. Podemos considerarlo un dato adquirido, por lo menos en cuento a consideración teórica. En esta reflexión damos un paso hacia delante, sacando una consecuencia totalmente natural de aquel dato: la dimensión misionera, si es constitutiva de un proyecto vocacional, lo es también del acompañamiento que conduce a la elección vocacional. Por eso quisiéramos intentar ver lo que implica esto en concreto, desde el punto de vista de la disponibilidad del joven y de la pedagogía con que se debe actuar en el acompañamiento. Siempre teniendo en cuenta, en la base de nuestras consideraciones, la realidad de la Iglesia en este momento histórico, e intentando comprender el sentido de la historia que, como creyentes, estamos viviendo en este periodo.

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Educar en la misión ampliando los espacios: del post-cristiano al pre-cristiano Hay dos temáticas singularmente presentes en el magisterio de Benedicto XVI y ambas son significativas para el discurso que estamos realizando: la primera, ya recordada, aunque tal vez menos percibida por la opinión pública, se refiere a nuestra posición frente a la sociedad y a la cultura actual, la segunda es la preocupación referente al tema de la educación. En la presentación hablábamos de la actitud de Benedicto XVI en lo referente a la modernidad. El Papa teólogo, juzgado precipitadamente por muchos como cerrado o escéptico respecto a la modernidad, habló así, como ya hemos citado, en relación a ella: «Los campos están actualmente listos para la cosecha (cf Jn 4,35); Dios sigue haciendo crecer la mies (cf 1Cor 3,6). Podemos y debemos creer, como el difun-to papa Juan Pablo II, que Dios está preparando una nueva primavera para el cristianismo». No sé cuántos creyentes y en particular cuántos pastores, presbíteros y consagrados, pueden decir que comparten esta perspectiva optimista y serena, que encuentra –me parece– en la encíclica Spe salvi su 39


natural punto de referencia teórico, teológico-bíblico (además de filosófico) y pastoral. Sin embargo es indispensable, para quien quiera ser misionero hoy, tener ante todo una mirada de este tipo, y creer con todas sus fuerzas que no nos encaminamos hacia una deriva fatal, sino hacia una realidad nueva que el Espíritu está suscitando en torno a nosotros. Esta cultura nuestra no es simplemente post-cristiana, sino que es pre-cristiana; y por tanto hay que buscar una relación con ella que procure restaurar no simplemente o no sólo una creencia, algo del pasado, sino construir también una forma nueva de ser creyente, a partir de una sensibilidad original en relación con la fe, con interrogantes y necesidades diferentes a las que dar respuesta, por parte de quien se siente enviado a ella como misionero. La otra preocupación clarísima del actual Pontífice es la relativa a la educación. Sabemos que el tema educativo es dramáticamente actual, y repre-senta un tema sobre el cual le gusta detenerse al papa Benedicto XVI, hasta el punto de haberle dedicado una Carta, dirigida a la Iglesia de Roma, muy intensa y vibrante16. Es una llamada personal y verdadera, que el Papa eleva sobre lo que él denomina con propiedad una «emergencia educativa». Emergencia determinada por un fenómeno hoy, por desgracia, más bien evidente, el fenómeno de 16 Benedicto XVI, Lettera sull’educazione, en L’Osservatore Romano 24/01/2008, p. 8.

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la contumacia de las agencias educativas, de la que también nosotros hemos hablado más de una vez en los diversos congresos vocacionales17. Lo más preocupante para nosotros es que en el panorama de estas ausencias, más o menos culpables y destacadas (por parte de los clásicos sujetos de educación como la familia, la escuela, el grupo, la cultura, los mass-media…), está también la Iglesia, desde siempre maestra en educación. No queremos ser pesimistas, pero es seguro que también la comunidad eclesial y nuestra pastoral actual se resienten de este clima incierto y algo sombrío, mientras que este clima es precisamente un motivo más para invertir en esta obra indispensable, la educación. Y de la educación a la misión, subrayando en particular el ahora. ¿Cómo? Hay una fórmula acuñada también por Benedicto XVI, a propósito de las relaciones fe-razón, otro tema habitual en el magisterio ratzingeriano, que es la invitación a «ampliar los espacios de la racionalidad». Dicha expresión puede ser muy iluminadora también para nosotros, porque la educación para la misión es exactamente una operación de ampliación, de ruptura de ciertos límites, de aire fresco y nuevo para respirar, de salida de la propia tierra, de nuevos horizontes, de nuevas vocaciones, también para un nuevo cristianismo y una nueva Iglesia. Mientras que una pastoral vocacional no 17 Cf A. Cencini, Il più piccolo di tutti i semi. Pedagogia della proposta e dell’accompagnamento vocazionale, Paoline Editoriale Libri, Milán 2007, pp. 14-32.

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suficientemente abierta a la misión se cerrará cada vez más sobre sí misma, para perseguir objetivos mínimos y mer-cantiles, haciendo cuentas que no salen, deprimién-dose y deprimiéndonos un poco a todos, sobre todo porque llegaremos a encontrarnos en un declive imparable, una sociedad post-cristiana absoluta-mente perdida en una confrontación con la preceden-te (considerada como cristiana demasiado a la ligera). Partamos, pues, de este principio que une de algu-na forma las dos perspectivas indicadas por el magisterio de Benedicto XVI: sólo una pastoral misionera puede dar lugar a una educación vocacional misionera en esta sociedad pre-cristiana, con el acompañamiento debido. Intentemos conjugar esta expresión en términos de educación vocacional para la misión. Ampliar los espacios de la animación vocacional (o bien, la animación vocacional como misión) Ante todo hay que «ampliar» la idea de animación vocacional en términos de misión. O bien, tendremos que preguntarnos hasta qué punto cada uno de los animadores vocacionales siente ese compromiso, que se les ha asignado como una misión, como un modo de ser enviados por Aquél-que-llama a los que son llamados, precisamente para ayudarlos a reconocer la voz que llama, a percibir en el sueño de Dios su camino personal, a entrar en el misterio 42


Índice Presentación................................................................ 5 Premisa....................................................................... 9 ¡Misioneros o dimisionarios! ................................... 11 La misión ¡Que pasión! ............................................ 13 Misión, fuego que arde.......................................... 14 Misión, conciencia de envío.................................. 16 Misión, pasión por el otro...................................... 19 ¿Misioneros o dimisionarios? .................................. 23

Educadores y padres, sacerdotes y consagrados poco misioneros............................. 23 Una Iglesia poco misionera................................... 30

Educar en la misión ampliando los espacios: del post-cristiano al pre-cristiano ........................... 39

Ampliar los espacios de la animación vocacional.................................... 42 Ampliar los espacios de la razón y de la evangelización............................................ 44

a) Nueva evangelización (de los ex-creyentes)........... 46 Del invitado al enviado.......................................... 50 Educar en la misión para reeducar en la fe............ 51 b) Primera evangelización: la parroquia de los no creyentes............................ 56 En primer lugar, los no creyentes.......................... 57 73


Las necesidades de los no creyentes (y los deberes del creyente)................................... 59

c) Acompañamiento vocacional misionero................. 64 Educar-formar para la misión como vocación....... 64 «Jóvenes redentores de los jóvenes»..................... 71


Misioneros, ¿sí o no?