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Un coatí bajo la almohada EL SECRETO DEL ÁRBOL MÁGICO


UN COATÍ BAJO LA ALMOHADA E l secreto del árbol m ági co Edición: Alberto Solueta Diseño: Ana Paula Sánchez Huizar Traducción: © Origami Press, 2016 | www.origamipress.mx Se prohibe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin el consentimiento por escrito del titular de los derechos correspondientes. ISBN: Impreso en México · Printed in México


Un coatí bajo la almohada EL SECRETO DEL ÁRBOL MÁGICO


La casa de Alex está rodeada de bosques y lagos, en un pequeño pueblo del Caribe mexicano, entre el mar y la selva. Por la noche, le encanta sentarse junto a la ventana para ver las estrellas, saludar a la luna y crear sus propias historias de extraños personajes que vivían en el cielo.


Y cuando se va a dormir, se queda escuchando todos los sonidos que salen de la selva: el viento entre las ramas, las ranas discutiendo con los grillos y las ardillas mordiendo las almendras y los frutos.


Una noche, la vida de Alex cambió para siempre. ¡Un coatí entró por su ventana! No podía creerlo, su corazón estallaba de felicidad. Se miraron por unos instantes fijamente como si estuvieran reconociéndose.


-¡Chiliko, así te llamaré! -dijo Alex. El coatí respondió muy contento haciendo unos suaves movimientos con su cola larga y rayada, bailando alrededor del niño.


De repente...tap, tap, tap...se oyen las pisadas de mamá. Venía a darle las buenas noches, como siempre con un beso y un abrazo amoroso. -¿Qué hacemos? -gritó Alex exaltado-. -¡Te van a descubrir!


Pero reaccionó rápidamente y puso a Chiliko bajo la almohada, rogando que se quedara quietito y no hiciera ruido hasta que su mamá se fuera. Tuvo suerte, el coatí se mantuvo acurrucado, de la misma forma que lo hacía en la selva cuando se acercaba un animal gigante.


La mamá de Alex entró en la habitación y vio a su hijo dormido sobre un montón de almohadas. Le dio un hermoso beso de buenas noches y se marchó pensando que al día siguiente limpiaría la habitación para quitar ese extraño olor que había notado... - ¡Ay!, este niño cada día se baña peor - exclamó.


-¡Ahora ya estamos listos para dar un paseo e irnos de aventura! ¿Quieres venir? -le preguntó el coatí a Alex, que dudó por unos instantes. Pero su curiosidad fue más fuerte y decidió acompañar a su nuevo amigo. -¡Por supuesto, vamos! -respondió emocionado.t


-Saltaremos por sinuosos caminos, treparemos grandes ceibas, aprenderemos a movernos como insectos y contaremos las estrellas. Y podrรกs conocer cรณmo viven los coaties -dijo sonriente Chiliko. Alex estaba fascinado.


De camino a la selva, se escuchó una voz grave. -Por aquí amigos, por aquí. Les contaré un secreto -era la Abuela Ceiba, que lucía alta, fuerte y con unos picos arrugados en su tronco que la hacían parecer muy sabia.


Alex y Chiliko se acercaron suavemente. -Nosotros los ĂĄrboles tenemos un don. Cuidar y proteger a todas las especies vivientes, dĂĄndoles oxĂ­geno para que puedan seguir creciendo. Para eso, debemos trabajar en conjunto -dijo la Ceiba.


-¡Es cierto lo que dice la Abuela Ceiba! -replicó un árbol de Jabín que se encontraba justo frente a ellos y que estaba rodeado de abejas.


-¿Y ese niño quién es? -pregunta desde lejos un colorado árbol de Chacá que se había quedado asombrado con el cabello rubio de Alex, y lo miraba un poco amenazante.


-La abuela Ceiba -le respondió al Chacá-. Es nuestro amigo, que viene del mundo de los humanos para aprender más sobre nosotros -le dijo con un tono suave y observando con sabiduría lo que estaba haciendo el niño, como si conociera todas las travesuras que podría cometer.


Alex, feliz e inquieto al mismo tiempo por todo lo que estaba conociendo, cortaba las hojas y ramas que tenĂ­a a su alrededor. Gritaba y asustaba a las hormigas que se le acercaban y perseguĂ­a a las mariposas que llegaban a beber de los charcos en el suelo.


Entonces, entre los arbustos, Alex viรณ una roca amarilla llena de mariposas negras. Se acercรณ corriendo a asustarlas, y cuando llegรณ a su lado... ยกSe dio cuenta de que no eran mariposas!


En un instante, los brillantes ojos de un jaguar captaron toda su atención. Inmenso y con una belleza sin igual, tenía grandes manchas negras que parecían lunares. Por un momento sintió miedo, pero se quedó inmóvil como le había enseñado Chiliko que debía hacer.


Todos los que estaban ahí, hasta las ardillas y los grillos, se quedaron también inmóviles y, antes de que nadie se atreviera a decir una palabra, el jaguar pasó caminando majestuoso entre ellos, y desapareció por el camino.


¡Qué fiesta se armó en la selva cuando desapareció el peligro! ¡Todos empezaron a saltar y reir aliviados armando un gran alboroto! ¡Hasta los tucanes empezaron a bailar!


Y entonces, el Chaká, que desde que apareció Alex en el bosque había estado celoso de él, aprovechó el descuido de todos y...


¡chikiti chikiti pum! Lo hechizó, convirtiéndolo en árbol y el Chacá en niño. -Este hechizo se terminará cuando yo conozca cómo viven los humanos y tú cómo viven los árboles. Jo, jo, jo - se rio con tono sarcástico. -Además, así podrás sentir cómo duele cuando nos cortan nuestras hojitas.


Y entonces, el árbol convertido en niño, empezó a perseguir a las iguanas como habría hecho Alex...Ja, ja, ja, siempre quise perseguir iguanas. Ja, ja, ja -gritó el árbol.


Chiliko, al ver que se hacía tarde, salió a buscar a Alex. -¡Vamos!, tenemos que volver a tu hogar, ya va a amanecer. Mañana en la noche volveré a buscarte -le dijo sin darse cuenta del engaño. Entonces, el Chacá, que ahora estaba dentro del cuerpo de Alex, siguió al coatí hasta la casa como si nada estuviera sucediendo.


Allí, aprendió como se mimaban los humanos, qué ropa usaban los niños, las galletas que comían, los libros que leían y ahora...¡hasta se sentaba a cenar!


Por unos segundos, la mamรก de Alex sintiรณ algo diferente en la voz y en los movimientos del Chacรก, pero no le dio gran importancia y continuรณ preparando la cena. Alex siempre tuvo sus rarezas...


Pero Chiliko, que observaba todo detrás de la alacena, entendió el engaño del Chacá. -Te descubrí, otra vez hiciste tus trucos de árbol mágico -se dijo a si mismo-. Cuando todos estén durmiendo, iremos a rescatar al verdadero Alex.


Por su parte, Alex, que estaba dentro del cuerpo del รกrbol del Chacรก, conociรณ la vida de la selva de Yucatรกn desde otro punto de vista. -ยกAy, me siento tan alto y fuerte que llego a tocar el cielo! -pensaba asombrado.


Y entonces, un hermoso pรกjaro motmot se posรณ en sus ramas. -Los รกrboles -dijo- nos dan refugio y alimento para que podamos crecer con este azul tan deslumbrante, y con sus hojas verdes, limpian el aire que respiramos todos los seres del planeta.


A sus pies, un grupo de coatís, amigos de Chiliko le gritaron -¡Motmot, motmot! Regálanos unas plumas de la suerte! Y contento y saltarín, se marchó dejándoles de regalo una hermosa pluma azul. -Será mi amuleto de la suerte -pensó Alex. Y cuando intentó agarrar una, sus brazos, convertidos ahora en ramas, no la alcanzaron.


Y de repente...sintió unos pinchazos en sus brazos. - ¡Auch, auch, auch, me dolió! -era un leñador que empezaba a cortar sus ramas. Alex había comprendido la lección.


Rápidamente empezó a llover y todo terminó. Sus amigos árboles se reían a carcajadas. La Abuela Ceiba, que lo miraba de reojo, se quedó en silencio.


Entonces, a lo lejos, vió llegar a Chiliko. - ¡Aquí estoy, aquí estoy, sácame de aquí! gritó con todas sus fuerzas. Pero antes de que el coatí pudiera darse cuenta...¡chikiti chikiti pum! se terminó el hechizo.


Alex había vuelto a ser un niño y el Chacá, un árbol. Y de repente, ambos entendieron que eran diferentes, pero que era muy importante cuidarse el uno al otro.


Alex pasó toda la noche contándole a los pájaros, venados y mariposas, las historias que él inventaba cuando se quedaba junto a su ventana mirando las estrellas.


- Debemos regresar a tu hogar - dijo Chiliko. El niño, no muy convencido porque quería seguir jugando mucho tiempo más, aceptó volver con su amigo. Y en cuanto apoyó la cabeza en la almohada...se durmió... Zz, zz, zz. Estaba exhausto.


En sus sueños, trepaba árboles gigantes junto a Chiliko en busca de libélulas, corrían por un extenso camino que habían formado con semillas para no perderse, bailaban con los abuelos coatíes y hasta pudo hacer guardia nocturna mientras el resto de la familia dormía, como siempre quiso. Había desarrollado su olfato de una forma extraordinaria.


A la mañana Alex abrió sus ojos. El coatí ya no estaba, pero le había dejado un regalo bajo la almohada... la pluma azul del motmot como símbolo de su amistad con todos los seres de la selva. Desde ese día, Alex esperaba impaciente que llegara la noche para comenzar una nueva aventura con su amigo. Pero Chiliko...¿Regresaría a buscarlo?


FIN


Este libro se terminó de escribir, ilustrar, diseñar e imprimir en diciembre de 2016 en la ciudad de Mérida, Yucatán


Alex y a su nuevo amigo, Chiliko el coatí, se acaban de conocer. Acompáñalos a una aventura por la selva de la Riviera Maya, donde conocerán la vida de los árboles, la importancia de cuidarse los unos a los otros y el valor de la amistad.

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