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CUENTOS AMERINDIOS DESDE LAS PRADERAS, DESIERTOS Y MONTAÑAS OMAR KURDI PEDRO PALAO PONS


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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿De dónde salieron los indígenas americanos? . Muchas tribus, mil mundos . . . . . . . . . . . . . . . Las principales áreas culturales . . . . . . . . . . El desierto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los bosques orientales . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las grandes llanuras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . California . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La zona oeste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La costa oeste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La región subártica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La zona ártica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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CAPÍTULO 1 L AS PRADERAS Y SUS RELATOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El mito cheyenne de la creación . . . . . . . . . . Los pies negros y la creación de la tierra . . . La pipa sagrada de los sioux . . . . . . . . . . . . . La red de la vida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El sol y la luna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El traje del cervatillo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Una pesca muy artesanal . . . . . . . . . . . . . . . . Una historia de amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Vida de perros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . De hombres y lobos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El elegido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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CAPÍTULO 2 EL FRÍO NORTE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 Los inuit y sus mitos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76 Sedna, la divinidad del mar . . . . . . . . . . . . . . 77 El perro de las praderas . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79 El hombre caribú . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81 De vida y muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82 El sol y la luna de los inuit . . . . . . . . . . . . . . . . 84 Los atapascan del frío . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87 El origen del mundo según los algonquino . . 88 Michabo, la gran liebre . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90 La virgen de las estrellas . . . . . . . . . . . . . . . . . 92 El origen de las montañas . . . . . . . . . . . . . . . . 93 Gotas de niebla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96 Un viaje sin retorno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97 Negro como el cuervo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 La madera de la que están hechos los peces 100 Los mosquitos y los inuit . . . . . . . . . . . . . . . . . 101 Hacerse hombre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102 CAPÍTULO 3 LOS BOSQUES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La gran sociedad de los ojibwa . . . . . . . . . . . El atrapasueños . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La medicina de los séneca . . . . . . . . . . . . . . . La cabeza gacha por vergüenza . . . . . . . . . . . Fiesta en el bosque . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Dioses y héroes de los iroqueses . . . . . . . . . . Las espinas del puercoespín . . . . . . . . . . . . . La hija de las estrellas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La huida de la hija de las estrellas . . . . . . . . . Un viaje al fin de mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . La lección . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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CAPÍTULO 4 EL DESIERTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El camino del enemigo . . . . . . . . . . . . . . . . . . La virgen Oso que Cambia . . . . . . . . . . . . . . . El camino navajo de la belleza . . . . . . . . . . . . La creación del mundo según los apache . . La leyenda navaja de antílope intrépido . . . . El mundo de los hopi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Una leyenda de los navajo . . . . . . . . . . . . . . .

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CAPÍTULO 5 UN OESTE LEJANO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El genio bueno del lago . . . . . . . . . . . . . . . . . . La luz del día . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El cedro rojo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El saludo del abuelo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El dios de los coyotes . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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EPÍLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187

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INTRODUCCIÓN

E

L DÍA QUE CRISTÓBAL COLÓN llegó a América, nadie po-

día imaginar lo que albergaban esas vastísimas tierras. Y no hablamos sólo de recursos naturales, sino, sobre todo, de los millones de hombres, mujeres y niños que habían hecho de ese continente su hogar. Allí, durante miles de años, habían desarrollado diferentes culturas, que se vieron amenazadas y sufrieron cambios irreversibles con la llegada de los colonizadores. Diversas investigaciones coinciden en calcular que en el momento de los primeros contactos con los europeos, el continente americano estaba habitado por más de noventa millones de personas, organizadas en miles de centros y subcentros independientes. Sólo en México y Estados Unidos se hablaban alrededor de cien familias de lenguas distintas. Se estima que unos diez millones de personas habitaban en el actual territorio de Estados Unidos y Canadá, treinta millones en México, once millones en otros países de Centroamérica, 445.000 en las islas del Caribe, treinta

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millones en la región de la cordillera de los Andes y 9 millones en el resto de Sudamérica. Hemos de aclarar que estas cifras de población corresponden a estimaciones muy relativas (algunas fuentes citan magnitudes mucho menores), ya que resulta imposible dar cifras exactas. Cuando los europeos empezaron a realizar los primeros registros, la población indígena ya se había visto diezmada por las guerras, el hambre, los trabajos forzosos y las epidemias de enfermedades introducidas por los europeos. Pero la cuestión no pasa solamente por la cantidad de habitantes que había en ese momento. A estas cifras siderales debemos agregar la diversidad de usos y costumbres, ceremonias, fiestas, vestimentas y creencias locales, así como muy diferentes características raciales. Los climas, los espacios geográficos y su fauna y flora determinaron innumerables particularidades de estos pueblos que, por consiguiente, se manifestaron de variadísimas maneras. Hoy, estas manifestaciones nos sorprenden y deleitan por la riqueza de los contenidos y las formas que hacen que se distingan y destaquen entre sí. Hay, probablemente, una base común; una estructura invisible que es la que otorga unidad al conjunto. Así, sus símbolos y mitos se expresan en sus cosmogonías, teogonías, creencias y modos culturales. El panorama que nos ofrecen las culturas precolombinas es vasto y complejo y los restos que han quedado de su grandeza son más que suficientes para poder reconstruirlas en su esencia. Desde los esquimales y los indios de Canadá y Norteamérica hasta los araucas y pampas de Chile y Argentina, se extiende un inmenso complejo de mitos, tradiciones, símbolos, ritos, usos y costumbres, formas de vida, etc. Pese a su variedad, estas manifestaciones se articulan coherentemente y nos proyectan una imagen de lo que

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fueron esas culturas antes de la conquista y la colonización, aunque muchas de ellas ya se habían perdido por ese entonces —o refundido con otras— o se hallaban más o menos tergiversadas con respecto a sus orígenes.

¿DE DÓNDE SALIERON LOS INDÍGENAS AMERICANOS? Ésta es una cuestión que se presentó inmediatamente después del descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos. Durante todos esos siglos que nos separan de la llegada de Colón a América (1492), se ha vertido mucha tinta al respecto. Aunque aquí no nos vamos a extender en ello, sino sólo a dar un panorama de la cuestión, lo cierto es que se han propuesto infinidad de soluciones para explicar la presencia del hombre en esas nuevas tierras que se abrieron a la expansión europea. Hoy, la mayoría de las hipótesis nos parecerán graciosas, pero eran proposiciones muy serias para su época. Hubo que esperar a los primeros años del siglo XVI para que empezara a tomar forma la idea de que las tierras a las que había arribado Colón no pertenecían a Asia (como se suponía en un principio) sino que eran un nuevo continente del que no se tenía noticias. El principal problema para el pensamiento europeo de esa época era que en los libros sagrados no se mencionaba ese continente ni a sus pobladores, que aparentemente eran humanos. Al principio se dijo que no eran hombres, sino que sólo lo parecían. Cuarenta y cinco años después del descubrimiento, la bula papal Sublimis Deus del 9 de junio de 1537, dada por el papa Paulo III, consideraba a los indígenas americanos como verdaderos hombres, racionales y dotados de alma. Claro que este reconocimiento, más que aclarar las

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cosas, las embarró, ya que en la Biblia no se los mencionaba, por tanto eso indicaba que tenían que haber sido creados aparte. Se barajaron muchas teorías, todas relacionadas con el tema religioso, que era la autoridad en esa época. La fantasía imperó en muchas de esas investigaciones, e incluso se llegaron a forzar las evidencias en la mayoría de los casos. Se dijo, por ejemplo, que los americanos eran descendientes de unos tataranietos de Noé. Algunos incluso trataron de demostrar las coincidencias morales, lingüísticas, etc., que había entre los judíos y los indígenas americanos. Otros los imaginaron descendientes de las diez tribus perdidas de Israel. También los fenicios recibieron el nombre de padres de los americanos. Se planteó la posibilidad de que hubieran enviado colonias de emigrantes hacia América, basándose en parecidos culturales, lingüísticos, a veces en toponímicos. Pero hubo evidencias para todo: se encontraron parecidos con las civilizaciones de Creta, los carios de Asia Menor, los cananeos de Medio Oriente, romanos, griegos, egipcios, celtas, irlandeses y muchos otros. Se igualaron las lenguas americanas a la japonesa, china, sumeria, polinesia, copta (de Egipto), vasca y muchas más. En 1829 un libro introducía a los mongoles en la carrera por los orígenes americanos. Decía que hacia 1380 la flota de Kublai Khan, al intentar conquistar Japón, fue dispersada por una gran tormenta. Las naves habrían sido llevadas por la tempestad hacia las costas americanas, donde los náufragos habrían fundado el imperio del Perú (los incas). También se presentó la hipótesis del origen autóctono de la población americana. Varios sabios plantearon que el hombre se habría originado separadamente en todos los continentes, y América no era la excepción. Esta hipótesis fue llamada poligenista, porque decía que el hombre

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D ESDELASPRADERAS , DESIERTOSYMONTAÑAS O MAR K URDI P EDRO P ALAO P ONS —7— —8—

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