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Contenido Miradas y provocaciones | 17 Arturo Guzmán Romano

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albur | 20 ángeles | 22 arqueología | 25 artesanías | 28

ecología | 134 español de México | 136 exilio español en México | 139

B bandera | 33 Luis Barragán | 36 barroco | 39 bibliotecas | 43 Luis Buñuel | 46

C caricaturas e historietas | 50 carnavales | 54 Fray Bartolomé de Las Casas | 57 castas | 59 Rosario Castellanos | 62 charrería | 63 Chiapas | 65 chile | 69 chocolate | 71 cine | 73 ciudad de México | 77 ciudades coloniales | 80 códices | 84 colibrí | 87 comunidades indígenas | 89 conquistadores | 94 conventos | 96 corridos | 101 Hernán Cortés | 103 Coyoacán | 106 Cristiada | 107 cronistas de Indias | 109 cruz, símbolo de la Conquista | 111 Sor Juana Inés de la Cruz | 113 Cuauhtémoc | 115 cultos peculiares | 117

D danzas tradicionales | 123 democracia | 126 día de muertos | 129

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F fiestas | 143 flores, árboles y frutas | 146 fotógrafos | 151 Francia-México | 155 fridomanía | 158 Carlos Fuentes | 160 futbol | 162

G José Gaos | 167 gringos | 168 Guadalajara | 170 guerra con Estados Unidos | 174

H haciendas | 179 Alejandro de Humboldt | 183 huracanes | 186

I iconos populares | 190 Independencia | 194 Inquisición | 198 islas | 201

J jesuitas | 208 Benito Juárez | 211

L Legionarios de Cristo | 217 Miguel León-Portilla | 218 La Llorona y una leyenda más | 219 La Luz del Mundo | 221

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maíz | 225 Malinche | 229 mariachis | 231 mariposa monarca | 233 mayas | 235 menonitas | 240 mestizaje de avanzada | 242 mexicas | 245 México hoy | 249 Michoacán | 258 migrantes | 261 minas y pueblos mineros | 264 Carlos Monsiváis | 267 mordida | 269 muralistas | 270 Museo Nacional de Antropología | 273

refranero mexicano | 331 Revolución mexicana | 333 Alfonso Reyes | 337 rituales | 338 Juan Rulfo | 343

N nagual | 279 Nao de China y chinerías | 281 negritud | 284 nopal, tuna y grana | 287

S Fray Bernardino de Sahagún | 348 santos mexicanos | 349 son y jarabe | 352 Juan Soriano | 354

T Rufino Tamayo | 358 Teotihuacan | 360 tequitqui y mudéjar | 364 terremotos | 367 tianguis y mercados | 368 Tlatelolco | 371 Francisco Toledo | 374 toros | 375

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Oaxaca | 292

unam | 381

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José Emilio Pacheco | 298 Fernando del Paso | 299 Octavio Paz | 301 peregrinaciones | 303 petróleo | 305 Sergio Pitol | 309 Elena Poniatowska | 309 posadas | 311 Puebla | 313 pueblos mágicos | 316 pulque, mezcal y tequila | 319

Veracruz | 385 vías de comunicación | 387 Rolando Villazón | 392 violencia | 393 virgen de Guadalupe | 400 voladores | 404 volcanes | 407

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Quetzalcóatl | 326

zapatismo | 417 Zócalo | 421

Y Yucatán | 412

Bibliografía | 427 Créditos de las fotografías | 443

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Pinturas rupestres, San Francisquito, Baja California. Foto: Latin Stock México/Corbis

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aís megadiverso, pluriétnico, multicultural, con más de tres mil quinientos años de historia, México es muchos méxicos. Con una posición estratégica sobre el planeta, cruzado por el trópico de Cáncer, diez cordilleras y dos enormes sierras en canana, con largas fronteras hacia los océanos Pacífico, Atlántico y el mar Caribe, en sus dos millones de kilómetros cuadrados posee casi todos los climas posibles conocidos, lo cual le confiere una caprichosa naturaleza en interacción permanente con su tan abundante como variada vida mineral, vegetal y animal. Esta influencia climática prende fuerte también en la forja y carácter de sus pobladores, resultado a su vez de este eje geográfico de América tanto como lo es del mundo, epicentro innegable y arranque de la globalización, donde a la rica conjunción de etnias prehispánicas habría de unirse la sangre intercontinental de allende todos los mares, en un poderoso caldero universal de costumbres, tradiciones y culturas a través de los tiempos. Una fragua del mundo, donde los ciudadanos planetarios pueden hallar su huella que se ha ido registrando en las ciudades, las artes, la ciencia, el pensamiento, y que en la vida cotidiana adquiere colorido y relevancia de nuevos caracteres, paisajes urbanos y arquitectónicos de volumetría sorprendente, gozosa multiplicidad de los sabores de una cocina sin par, bullicio y jolgorio de una diversidad interminable, contraste insospechado de mexicanidades de uno y otro lado. Y de su también caprichosa población, costumbres y culturas, el nombre mismo del país puede resultar descriptivo, pues el oficial es Estados Unidos Mexicanos, mientras que su sistema político lo define como República Mexicana, por más que el común y corriente sea simplemente México. Un nombre que según coincidencia de muchos investigadores se integra con los vocablos náhuatls Meztli: diosa de la Luna; xictli: ombligo o centro y co: lugar, lo que significa, literalmente, “en el ombligo de la luna”, en el sentido de “en el centro del mundo” o “en el centro del universo”. Mención al margen es la afamada “X” de su grafía, entendida como cruz o cruce, encuentro de culturas eterno y, con realismo, encuentro del mundo consigo mismo. Asomarse a este México es quizá percibir el México que cada uno de sus más de cien millones de mexicanos ven, más la suma del de quienes lo han ido conociendo de visita, o tienen noticias de él a distancia, de oídas, por lecturas, por charlas, o absortos en la maravilla de su arte gráfico, desde la plástica hasta la digitalización de la tecnología futurista, pasando por la fotografía. Cada quien su propio México, pues al fin todo es eso. Pero detente, osado lector: aprovecha este laberinto de encuentros y cruces de caminos, hallazgos, entradas y entrepuertas sin posibilidades de salida: una vez dentro, se afianzará la seducción por el país y, entretanto, disculpa las molestias que te ocasiona esta obra sin principio ni fin, no te perturbes si no hallas en ella todo lo que quisieras encontrar, disfrútala. En este libro hay de todo, “de chile, de dulce y de manteca”, como suele decirse en el habla popular; es algo similar al bote vaporero lleno de tamales, esos deliciosos bocadillos de masa de maíz a la mexicana, listos para comer, calientitos, de sabores sin fin, como sus creadores: verdes, rojos, de dulce, con cerdo, pollo, camarón, iguana, piña, manzana, mole o lo que el apetito y la imaginación demande, al vapor o fritos, envueltos en la hoja del maíz mismo, o santa, o de plátano, chiquitos, pequeños, medianos, enormes, rectangulares y cuadrados. Este libro se estructura en entradas temáticas, a la manera de un diccionario, y es muy probable que el lector lamente ciertas ausencias que, en determinado momento o dentro de cierta disciplina, pueden parecer o resultar inexactitud o falla. Caminando ya por este México, es inevitable que al paso de la lectura, conforme se van aplaudiendo reencuentros, sorpresas o ventanas a lo desconocido, se extrañen datos y precisiones o, incluso, se halle por allí una diferencia de criterios tanto como una franca errata

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accidental o tal vez producto de las fuentes encontradas, no siempre originales, a veces inaccesibles o inexistentes, no obstante los esfuerzos por la actualidad y la objetividad. A nadie se le escapa que una obra de divulgación sobre la diversidad y multiplicidad de aspectos culturales y generales en torno al país es de alta peligrosidad y corre todos los riesgos. Por y en principio, labores enciclopédicas de tan audaz objetivo se antojan no como el esfuerzo entusiasta de una o dos personas y algún amigo vagabundo, que mucho se agradece, sino propias de una institución o de una organización académica multidisciplinaria y, aun así, de alcances limitados. Resulta claro que, a cambio, se cuenta con un mosaico o caleidoscopio multicolor, sumamente atractivo dada la posibilidad de asomarse a infinidad de asuntos, peculiaridades, sucesos, objetos, personajes, caprichos de la naturaleza o voluptuosidades de la cultura mexicana. El lector se preguntará cuáles fueron los criterios que rigieron la selección de las entradas o fichas temáticas, y las razones para discriminar o preferir un dato por otro. La respuesta es muy sencilla: la aventura, la posibilidad de que el propio lector se constituya en brújula, guía, luz y plataforma potencial para zambullirse mejor en las salobres y agridulces aguas de este país. Por eso, el lector tendrá que comulgar como cómplice. Compartir la debilidad y el agrado, el coraje o el placer. De la “a” a la “z”, como diccionario pues, en la audacia obligada por establecer un orden, una manera de organizar recuerdos, encuentros, curiosidades, pensamientos, sentimientos; una visión particular en el lujo de un juego viajero, en la temeridad de un divertimento, en el ejercicio por interpretar los pedazos de realidad que la mente capta y atesora en el devenir de la memoria. Se trata sólo de un juego, de ver qué se recuerda, qué llama la atención en el medio de un momento de la vida ante un lugar. Se trata de una provocación o muchas, de invitar al lector a que ponga también de su memoria, que opine, que diga, que acepte, critique, proteste, aprecie, valore o se queje por las ausencias, reencuentros, aciertos y, desde luego, equivocaciones. No se pueden poner todas las frutas en una piñata, ni todas las especies vivas en “un navío vío vío cargado de…”, como reza el lúdico canto infantil. Un navío cargado casi de todo y, si no está lo que se quiere, conviene mirar debajo de la cama pues por allí puede estar arrumbado, bajo un tema, en los entretelones de otro, entre la estantería de esta tienda revuelta como aquellas de pueblo o, haciendo el honor al decir de antes, cuando había “de todo, como en botica”: hurga en los índices cruzados, en la referencia o sugerencia, en ese cuidado pie de cada nota: “Para saber más”. Y, si tienes suerte, hallarás lo que se busca… Porque este libro no es un fin, sino un principio… con la disculpa por la omisión o el yerro, pero ante advertencia no hay engaño. Es, se insiste, la invitación a que cada lector haga su propio libro, su diccionario de mexicanidades, sus miradas mexicanas, su México de mis amores. Arturo Guzmán Romano

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uele decirse que el mexicano se ríe de todo: de la vida, de la muerte, del poder, de las tragedias, del sexo, de las instituciones y de sí mismo. Frente a los dogmas y al hieratismo de la sociedad, el humor es una de las válvulas de escape por excelencia. Por eso, eminentes especialistas, tomando el humor en serio, se han lanzado a analizarlo a través de sus manifestaciones. Ven en él, entre otras cosas, la expresión de las expectativas sociales, o bien una manera de desahogo de la frustración del pueblo. Las formas del humor son múltiples —la caricatura es una de ellas (véase Caricatura)—, pero en México los chistes constituyen una categoría especial y tal vez la variedad más desarrollada sea el chiste político. Hay quienes sostienen que por medio de él la sociedad toma distancia del poder y se siente vencedora gracias a la risa, pues suponen que frente a las situaciones tensas, el humor crea relajamiento, y en el caso del humor sobre la política no es precisamente un enfrentamiento con los que gobiernan —aunque ello llegue a suceder—, sino más bien es una especie de afirmación de sí frente al otro que pretende imponerse. Es un momento de gozo que nadie puede arrebatarnos. El humor es deleite, punto de vista compartido entre amigos; en una palabra, es sonriente fraternidad humana. Cabe recordar que ésta es la visión actual sobre el humor, las más de las veces relacionada con lo gracioso; sin embargo, téngase presente que el asunto del humor, o mejor dicho, de los humores, ha producido copiosa literatura pues durante varios siglos se pensó que la salud de las personas dependía de mantener en

equilibrio los humores de los cuales estaba constituida; tal es la llamada teoría médica de los humores. Una de las formas más mexicanas del humor, visto en relación con lo gracioso, es el albur —pues también la burla, el sarcasmo y la ironía lo caracterizan. Octavio Paz dice de él, en El laberinto de la soledad: “Es el combate verbal hecho de alusiones obscenas y de doble sentido, que tanto se practica en la ciudad de México”; también se estila en otras ciudades del país, es más un fenómeno urbano que rural. Casi siempre se da entre varones que compiten mediante trampas verbales e ingeniosas combinaciones lingüísticas. El vencido es el que se queda sin palabras para responder, el que no tiene más recurso que aceptar lo que le ha dicho su adversario. Como estas palabras están teñidas de alusiones sexualmente agresivas, o de cuestiones escatológicas, el vencido, en cierto modo, es poseído, violado por el otro, o bien se le “declara” sexualmente impotente. En esta situación poco honrosa, recibe las burlas y los escarnios de los oyentes. El albur permite resaltar el ingenio del individuo que es capaz de dominar al oponente al torcer en todas sus posibilidades el sentido de las palabras. El ejercicio verbal le permite lucirse, a expensas del otro, que queda “chingado”. Algunos dicen que este juego nació en una sociedad que durante siglos sólo conoció la represión social impuesta por la Iglesia católica y la censura gubernamental desde los tiempos de la Colonia. Desde esta perspectiva, el típico albur mexicano sería el intento del individuo de salir de esta situación, un disfraz hecho de juegos de palabras y de dobles

DEFINICIÓN Albur. Retruécano, palabra de doble sentido, equívoco malicioso; también azar, riesgo. Juego de baraja en el que se apuesta a una carta. El vocablo viene probablemente del pez así llamado, por comparación entre el acto del pescador al sacarlo del agua, y el del jugador al sacar la carta que puede hacerle ganar. (Albur viene del hispanoára­be buri, derivado a su vez del nombre de la ciudad egipcia de Bura.) Fuente: Enciclopedia de México.

sentidos, la escapatoria ideal que permite eludir los tabúes. Otros sostienen, como lo hace Patrick Johansson, que el albur tiene sus raíces en el México prehispánico, pues muchos géneros de la tradición oral náhuatl (como xopancuícatl, cuecuechcuícatl, cihuacuícatl, huehuecuícatl, cococuícatl) “tenían en común una lascividad gestual y dancística, así como un lenguaje ambiguo, preñado de sentidos potenciales que llegaban a constituir, a veces, lo que hoy se consideraría en México como un albur”. Para otros más, el albur se origina durante las rudas y tediosas faenas en la profundidad de las minas del estado de Hidalgo, desde tiempos de la Colonia, donde suele ser llevado cada año a concurso entre diestros contrincantes; más aún, se tiene noticia de que competencias similares se promueven ocasionalmente en lugares al norte del país. Artilugio del ingenio más que de la leperada, ironía y sarcasmo lúdicos, el albur puede ser materia de sociolingüistas por su carácter de lenguaje cifrado, clave de identificación entre grupos específicos, como los formados por internos en las prisiones, similar al caliche o caló de los “ñeros” del barrio de Tepito, el slang inglés o el lunfardo argentino. Juegos de palabras o su uso en “doble sentido” como sucede en el albur, pueden encontrarse en las leyendas y cuentos picarescos. El caso más notable es el Ánima de Sayula, un personaje de la picaresca mexicana, popular y alburero, cuya historia ha cobrado tanta importancia que la leyenda ha tenido numerosas reediciones; la última se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en Composición con grabados de José Guadalupe Posada, tomada de Armando Jiménez, Picardía mexicana, Diana, México, 2008.

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CAMBIO MI LLANTA

2006. Su relevancia es tal que en Sayula, a 110 km de Guadalajara, se erigió una estatua de dos metros de altura en su honor. El personaje fue incluido también en un mural realizado dentro del edificio de la presidencia municipal. Ejemplo literario más refinado son los denominados “alburemas” —de albur y poema—, que el poeta Roberto López Moreno, entre otros, practica con gusto singular, según estos dos ejemplos: Por orinarse en los tigres esta avecilla de marras, por ahí dicen que le dicen el pájaro que mea garras... Qué trabajos he pasado por no haber ido a la escuela: ando en la tienda de al lado sacando y metiendo tela. Con cierta frecuencia, en las canciones tradicionales que se cantan en México las alusiones al mundo natural (frutos, animales) tienen doble sentido, casi siempre sexual, como se aprecia en estas coplas de la Tierra Caliente de Michoacán, donde la “calabacita” es referente encubierto de la vagina: Una tarde en un verano corté una calabacita, ay, de verla tan tiernita la tuve un rato en la mano. Entre los animales, el coyote tiene más motivos para aparecer en los albures; por el hecho de estar asociado con Huehuecóyotl, dios náhuatl del placer y la lujuria, se le ha adjudicado un desarrollado instinto sexual. Hasta su nombre

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NUEVA POR MI VIEJA...

es alburero; jugando con él, se usa la expresión “coyote cojo”, cuyo sentido se entiende suprimiendo la primera sílaba. El coyote es el gran vencedor en el intercambio de tipo sexual, hasta el punto de que un refrán popular, en forma sentenciosa, advierte a quien tiene hijas que las cuide de estos tenorios: “¿Por miedo a qué coyote no baja mi chivo al agua?”, “El que tenga sus gallinas que las cuide del coyote”. El coyote aparece, como lo demostró Nieves Rodríguez Valle, en varias coplas folclóricas de cancioneros, cuentos y leyendas, atacando a otros animales. Sus víctimas muestran gran placer cuando son atrapadas. Son situaciones alusivas a conductas humanas que desembocan en albures: De miedo a ese coyote no baja mi chivo al agua: ayer tarde que bajaba, ¡pobre chivo!, ya le andaba. Chava Flores, un compositor y cantante popular de los años cincuenta, decía: “Los albures son para los hombres, la música es para las damas y lo que sobra es para los intermedios”; su canción “La tienda de mi pueblo” está escrita prácticamente por entero a partir de expresiones albureras. En el ejemplo, el san Buto se transforma en verbo: camote, pitos, pistolas; niños te hacía; panza te inflaba: Tuve una tienda en mi pueblo, precioso lugar: te vendía de un camote de Puebla a un milagro a san Buto, pitos, pistolas pa niños te hacía yo comprar, pa tu cruda, una panza, te inflaba una llanta al minuto...

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Armando Jiménez, en su famoso libro Picardía mexicana, comenta algunas de las expresiones populares de la ciudad de México, “No es lo mismo decir: huele a traste, que atrás te huele”, o “No es lo mismo ver un tubérculo de rosa, que... ver desordenadamente las palabras”. Jiménez recopiló albures hasta en las defensas de los coches: “Viejito pero muy cumplidor”, o aquel otro que en la parte posterior, a modo de reto decía: “A que no me pasas...” y enfrente, luego de haber rebasado el camión, se podía leer: “...a tu hermana”. Y lo mismo, en los sanitarios públicos, se pueden leer frases de doble sentido como ésta: “Estimada clientela, se le suplica no dejar morralla sobre el mostrador”. El albur como juego de palabras parece exclusivo de México, sin embargo, en otros países existen otras formas de humor parecidas. Por ejemplo, en España, en las letras de cuplés y zarzuelas; en el oriente de Cuba, en la vieja tradición sonera, se escribe música con letras picantes y jocosas, y en Argentina hay un género provocativo entre gauchos que es un auténtico desafío, un duelo en el que el triunfador deja al adversario sin argumento. La risa, el ingenio, la capacidad de reírse del otro y de sí mismo son, pues, saludables tradiciones populares.

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Para saber más

Armando Jiménez, Picardía mexicana, 130ª ed., Costa-Amic, México, 2002. Patrick Johansson, “Dilogía, metáforas y albures en cantos eróticos nahuas del siglo xvi”, en Revista de Literaturas Populares, año vi, núm. 1, 2006, pp. 63-95. Jorge Mejía Prieto, Albures y refranes de México, Panorama, México, 1997. Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 2ª ed. revisada y aumentada, Fondo de Cultura Económica, México, 1992. Jorge Portilla, Fenomenología del relajo, Fondo de Cultura Económica, México, 1966.

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B haciendas | 179 Alejandro de Humboldt | 183 huracanes | 186 fiestas | 143 flores, árboles y frutas | 146 fotógrafos | 151 Francia-México |...

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