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ÍNDICE

La visión general, Lorenzo Meyer, 13 El hilo conductor: cambio y resistencia, 13 El contexto amplio. Del mundo bipolar al mundo unipolar, 15 El México del neopopulismo y la crisis estructural, 21 Fin de un modelo económico, efectos sociales y aceleración de ritmo del cambio político, 24 La tecnocracia, última etapa del régimen posrevolucionario, 26 El cierre del ciclo histórico, 29 [Apartado de imágenes, entre las páginas 32 y 98] [Referencias de las imágenes, 99]

Introducción, Ilán Bizberg, 103 Estados Unidos: de la vecindad distante a la proximidad difícil, Lorenzo Meyer, 111 Primera parte. La fase final del nacionalismo revolucionario, 111 Una perspectiva teórica, 111 1968, un año axial, 113 La sorpresa de 1969, 114 La búsqueda de alternativas, 118 Tratar con Estados Unidos desde una plataforma petrolera, 122 México como potencia media, 126 Segunda parte. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, 129 La crisis estructural, 129 La doble hélice del núcleo del problema, 130 Contadora, 133 El narcotráfico, 136 La migración, 138 El gran cambio o la integración de las economías, 139 El TLCAN o el gran viraje, 141 Después del TLCAN, 145 El tramo final, 148 La agenda del futuro, 151 Índice de tablas, 153

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Crecimiento y comercio, José Romero, 155 Introducción, 155 La evolución económica de Estados Unidos en el periodo 1940-2000, 156 La evolución económica de México durante el periodo 1940-2000, 170 Sustitución de importaciones y apertura comercial: una comparación de resultados, 206 Conclusiones, 219 Índice de figuras y tablas, 221 Breve relato de cincuenta años de política económica, Manuel Gollás, 223 Introducción, 223 Los momentos económicos, 223 Los grandes problemas nacionales de ayer y hoy, 224 El bienestar revolucionario, 227 Primera parte. La visión de conjunto (1900-1970), 228 La economía mexicana de 1900 a 1940, 228 La economía de 1940 a 1970, 229 La pobreza y la desigualdad de 1950 a 1970, 234 El desarrollo estabilizador (1950-1970), 237 Segunda parte. La visión sexenal (1970-2000), 237 Luis Echeverría (1970-1976), 237 José López Portillo (1976-1982), 239 Miguel de la Madrid (1982-1988), 241 Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), 247 Ernesto Zedillo (1994-2000), 250 Tercera parte. La visión sectorial, 261 La industria, 261 La agricultura, 266 El sector externo, 275 Cuarta parte. La visión monetaria, 282 Antecedentes, 282 La crisis del 94: las causas y los remedios, 284 Crónica de una devaluación anunciada, 288 La política monetaria en la crisis de 1994, 289 Devaluar o no devaluar: he ahí el dilema, 290 Preguntas sin respuesta, 291 Quinta parte. Resumen y conclusiones, 292 Resumen, 292 Conclusiones, 304 Apéndice. El desempleo: sus orígenes y sus remedios, 306 Índice de figuras y tablas, 312 Auge y decadencia del corporativismo, Ilán Bizberg, 313 Del pacto nacional-popular al pacto corporativo, 315 La consolidación del pacto corporativo y los conflictos en los márgenes, 320 El sexenio de Echeverría: intento de transformación del régimen y auge de los movimientos sociales, 323 El sexenio de López Por tillo: restauración del corporativismo y liberalización política, 331

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ÍNDICE

Las organizaciones populares ante el cambio de modelo económico y el intento de establecer un Estado clientelar, 337 Las organizaciones campesinas y el sindicalismo ante la descomposición del régimen, 351 Fin del corporativismo, 364 La construcción de la democracia electoral, Alberto Aziz Nassif, 367 El par tido hegemónico, 1963-1976, 371 El par tido dominante y la crisis, 1977-1988, 381 Hacia el pluralismo tripar tito, 1989-1997, 391 La alternancia presidencial, las elecciones de 2000, 408 Comentarios finales, 418 Anexo. Formato del sistema de partidos políticos en elecciones de diputados federales en México, clasificación por estados, 1985-2000, 420 Índice de figuras y tablas, 428 Continuidad y cambios de la migración a Estados Unidos, Francisco Alba, 429 De los Programas de Braceros a “la política de la no-política”, 431 Los controles migratorios y la consolidación de la migración permanente, 435 La diáspora mexicana y las remesas, 442 Una negociación truncada, 445 La deuda externa, Carlos Marichal, 451 La deuda externa desde la Revolución hasta la segunda guerra mundial, 454 La autonomía financiera de México en la posguerra (1946-1958), 457 Despegue de la deuda externa durante el desarrollo estabilizador (1958-1970), 459 Auge de la deuda externa en los años setenta: la construcción de una tragedia, 464 La crisis de la deuda externa en 1982 y las renegociaciones durante la década perdida, 471 Las finanzas de la administración de Salinas y la singularidad de la crisis financiera de 1994-1995, 477 La crisis de 1995: el debate sobre sus causas y su relación con los ciclos políticos y económicos, 482 El mayor rescate financiero de la historia: condiciones jurídicas de los acuerdos financieros entre México y Estados Unidos en febrero de 1995, 487 Los costos económicos y sociales del rescate: la depresión económica y la “década perdida” de los años noventa, 488 Nuevas fórmulas políticas para regular la deuda, 488 Índice de figuras y tablas, 491 Casi cuarenta años de desigualdad, Fernando Cortés, 493 A manera de introducción: las posturas, 493 Las tendencias en la distribución del ingreso en los hogares, 494 El periodo 1963-1977, 495 El periodo 1977-2000, 496 Los microdatos de las Encuestas Nacionales de Ingresos y Gastos de los Hogares, 1977-2000, 498 Nuevo análisis del periodo 1977-2000, según hogares ordenados por deciles, 500 Retrato hablado de los deciles de ingreso per cápita, 502 Estratos sociales y distribución del ingreso, 512 El uso de la fuer za de trabajo y la evolución de la desigualdad, 514 Conclusiones y consideraciones finales, 519 Índice de tablas, 521

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Notas, 523 Bibliografía general, 559 Nota editorial para los apéndices, 579 Mapa 1. Clasificación de entidades federativas según nivel de bienestar, 2000, 580 Tabla I. Población total y sus principales características, 1970-2000, 581 Tabla II. Población económicamente activa ocupada por sector, 1970-2000, 582 Tabla III. Población económicamente activa, 1965-2000, 583 Tabla IV. Trabajadores asegurados permanentes al IMSS por rama de actividad, 1980-2000, 584 Figura 1. Tasa de desocupación abierta en áreas urbanas, 1975-2000, 585 Tabla V. Población derechohabiente de las instituciones de seguridad social, 1965-2000, 586 Tabla VI. PIB: sectores de actividad, 1940-2000, 587 Tabla VII. PIB, población e ingreso por habitante, 1940-2000, 588 Tabla VIII. Par ticipación porcentual en el ingreso monetario, según deciles de hogares, 1977-2000, 589 Tabla IX. Índices de bienestar por sexenio, 590 Tabla X. Salarios mínimos e inflación por sexenio, 1964-2000, 590 Tabla XI. Número de trabajadores por central obrera, 591 Tabla XII. Reparto de tierra por periodos presidenciales, 1935-1992, 592 Tabla XIII. Exportaciones totales de México y sus principales compradores por año, 1990-2000, 593 Tabla XIV. Exportaciones por rama de actividad económica, 1970-2000, 593 Tabla XV. Balanza comercial entre Estados Unidos y México, 1970-2000, 594 Tabla XVI. Inversión extranjera directa, 1960-2000, 595 Tabla XVII. Remesas enviadas por trabajadores mexicanos en Estados Unidos, 1990-2000, 596 Tabla XVIII. Migrantes mexicanos a Estados Unidos por entidad federativa de origen, 1999, 597 Tabla XIX. Emigración de mexicanos, 1960-2000, 598 Tabla XX. Población mexicana residente en Estados Unidos, 1970-2000, 599 Figura 2. Inversión pública y privada, 1940-2000, 600 Tabla XXI. Ingresos y egresos del gobierno federal, 1977-2000, 601 Tabla XXII. Deuda externa por sexenio y su porcentaje del PIB, 1970-2000, 602 Figura 3. Deuda pública, 1940-1999, 603 Tabla XXIII. Pagos sobre la deuda pública, 1980-2000, 604 Tabla XXIV. Composición de la cámara de diputados por partido político, 1964-2000, 605 Tabla XXV. Composición de la cámara de senadores por partido político, 1964-2000, 606 Tabla XXVI. Número de votos por partido en las elecciones presidenciales, 1964-2000, 607 Cronología: marco histórico contemporáneo, Macario Schettino, 609 Índice analítico, 627 Referencias de los colaboradores, 643

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INTRODUCCIÓN Ilán Bizberg

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a historia de nuestro país en los últimos treinta años estuvo dominada por tres grandes movimientos económicos y políticos que incluyen tanto la dimensión nacional como la internacional y que transformaron nuestro régimen económico y político. Entre las grandes tendencias a las que fue sometido el país, la principal fue el movimiento de globalización que afectó al mundo entero y que se tradujo en la apertura de la economía en casi todas las naciones. México, que se había caracterizado por una economía cerrada, orientada a sustituir importaciones y dirigida primordialmente por el Estado, transitó hacia un modelo económico abierto al exterior, orientado a exportar y dominado por el capital nacional y extranjero. Este movimiento ha envuelto a nuestro país y lo ha llevado a acercarse a Estados Unidos de tal manera que pasamos de una vecindad distante a ser socios en la mayor área de libre comercio del mundo. Pero la globalización no sólo obligó a la apertura y nos acercó a nuestro vecino del norte; también significó una transformación radical del papel del Estado que redujo y reorientó sus actividades económicas y su función social. No obstante, tal proceso no se debió sólo a la influencia del exterior, sino a que la nueva clase dirigente, los tecnócratas, utilizó hábilmente la presión externa para dar al Estado una renovada capacidad de decisión, haciendo lo posible por desligarlo de los compromisos a los que estaba atado por la relación corporativa que mantenía con los sectores populares desde que se selló el pacto nacional-popular durante el cardenismo. Esto produjo un paulatino e inexorable desgaste del régimen, basado en un Estado que actuaba como el principal agente de desarrollo y que tenía una alianza con los sectores populares. Aunque las elites gobernantes también hicieron todo para evitar o al menos retrasar el proceso de liberalización política, tal movimiento se tradujo finalmente en la alternancia del 2 de julio de 2000, debido al surgimiento y la acción de los partidos políticos, actores que adquirieron cada vez mayor relevancia, al grado que las elecciones y el sistema partidista se convirtieron en el renglón más destacado de la modernidad política del país, en contraste con la inmadurez de la mayoría de las organizaciones sociales que habían sido los ejes del control que permitió a la elite gobernante retrasar la transición. Como lo considera la mayoría de los estudios incluidos en esta obra, el arranque de las grandes transformaciones se dio en la década de 1970, que se concentra política y simbólicamente en el conflicto estudiantil de 1968. El movimiento estudiantil surgió cuando los resultados económicos del régimen autoritario eran muy favorables, pues el país registraba elevados niveles de crecimiento, y la relación entre el Estado y los sectores obreros y campesinos, que habían constituido originalmente al régimen, se hallaba firmemente consolidada. Esto es muy claro en el caso obrero, ya que apenas en 1964 se había logrado integrar casi a la totalidad del sin-

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dicalismo en el seno del Congreso del Trabajo. El panorama político no se agotaba, sin embargo, en el éxito económico y la subordinación de los sectores populares, ya que la estructura social del país había cambiado de manera radical. El acelerado crecimiento económico de los treinta años anteriores había producido una nueva clase media urbana, con altos niveles de escolaridad, así como un empresariado nacional. Ninguno de estos dos grupos estaba incorporado en la alianza original del régimen, y ambos comenzaron a manifestarse cada vez más abiertamente. Ello significaba que, aunque el régimen hubiera consolidado su relación con obreros y campesinos, cada vez había un mayor segmento de la población fuera del pacto corporativo. También es cierto que, dentro de este pacto, una cosa era la relación con las cúpulas y otra el descontento aún difuso —que se manifestaría años más tarde— de los obreros calificados de las empresas más modernas del país, creadas durante la última década. Además de estas tendencias que lo envolvieron y lo condujeron a importantes transformaciones internas y en su relación con el exterior, el país estuvo sometido a fuertes inercias provenientes de su pasado, como la aguda desigualdad del ingreso, la migración y el endeudamiento. La primera, que todavía define la situación social del país, pese a los significativos cambios económicos que ha experimentado, explica asimismo la segunda: el constante flujo migratorio de nuestros compatriotas hacia Estados Unidos. Finalmente, también per vive el problema de la deuda externa, pues aunque los cambios en la elite gobernante dieron a los tecnócratas el dominio de la conducción económica, el país no ha logrado manejar de manera eficaz y responsable su capacidad de endeudamiento externo. Los capítulos reunidos en este tomo cubren varias dimensiones de estos cambios e inercias. El ensayo de Lorenzo Meyer describe cómo, hasta la crisis de 1982, nuestro país logró mantener una independencia relativa frente su vecino del norte, pero a partir de ese momento, la debilidad de las bases económicas llevó a que surgiera la idea de un área de libre comercio en América del Norte, cuyo objetivo sería paliar las deficiencias de la economía mexicana. La firma del Tratado de Libre Comercio, uno de los momentos más importantes en las relaciones con Estados Unidos, selló simbólicamente el fracaso del nacionalismo mexicano y estableció una “relación especial” con la única superpotencia de fines del siglo XX. El ensayo de José Romero ubica este acercamiento entre Estados Unidos y nuestro país en el contexto de las transformaciones sufridas por la economía internacional en los últimos treinta años y su efecto sobre la economía mexicana. Analiza cómo la economía estadunidense estaba sufriendo las consecuencias del paulatino desorden presupuestal de su gobierno, que comenzó a reflejarse en crecientes niveles de inflación. Comenzaba, además, el vertiginoso movimiento internacional de capital. Estos hechos obligaron a un aumento de las tasas de interés en nuestro país vecino que condujo a una recesión. Ambas transformaciones afectaron a nuestro país, tanto en lo que se refiere a un aumento de los intereses de nuestra abultada deuda, como a la baja de los precios del petróleo. Pero, además, el hecho de que las tasas de interés elevadas sobrevaluaran al dólar y generaran los enormes déficit comerciales que vivió Estados Unidos hasta mediados de los años noventa, se interpretó en ese país como una pérdida de competitividad de sus empresas. Esta interpretación fue lo que llevó a Estados Unidos a obligar a muchos países a abrir sus economías, entre ellos México. Éste fue el contexto en el cual nuestro país abandonó el sistema de sustitución de importaciones que, según Romero, aún contaba con cierto margen de operación.

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INTRODUCCIÓN

Romero propone que el modelo de sustitución de importaciones no estaba condenado al fracaso, como lo plantean sus críticos desde el nuevo modelo exportador, sino que la presión de Estados Unidos y, en especial, las decisiones equivocadas del gobierno mexicano lo llevaron a un callejón sin salida. Estas decisiones derivaron de una visión politizada de la economía que hizo fracasar la política de sustitución de importaciones y que, a la larga, obligó al país a pactar con las agencias económicas internacionales una política de apertura económica casi sin condiciones. El gobierno mexicano partió de un diagnóstico político para definir el manejo económico del país, cuando interpretó la devaluación de 1956 y los subsecuentes conflictos sociales de 1958-1959 como hechos que ponían en peligro la estabilidad del régimen político mexicano. De ahí surgió la idea de que la prioridad del gobierno debía ser mantener a toda costa la estabilidad de precios y cambiaria, mediante la aplicación de una política monetarista ortodoxa. Tal decisión destruyó la viabilidad de la política de sustitución de importaciones al acrecentar enormemente el déficit de la balanza comercial. Si bien hasta los años sesenta se exportaba lo suficiente como para cubrir los aumentos de las importaciones de productos intermedios y de capital necesarios para el proceso sustitutivo, a partir de entonces las exportaciones disminuyeron de manera importante. La sobrevaluación del peso significó que el país se atrasara en profundizar la sustitución de importaciones, ya que el bajo precio de las divisas extranjeras hizo inviable que a la sustitución de importaciones de bienes de consumo siguiera la sustitución de bienes de capital, pues era más barato y fácil seguir importándolos. Hubo incluso políticas industriales específicas que estimulaban la importación de bienes de capital en momentos en que se debía haber promovido sustituirlos. Además, la sobrevaluación del peso significaba desestimular la exportación. Manuel Gollás muestra cómo, en efecto, ésta fue una de las debilidades más patentes del modelo mexicano de sustitución de importaciones, en especial si se compara con los de otros países como Brasil, que logró sustituir 90% de los bienes de capital, mientras México, que en 1951 importaba 50% de los bienes de capital, diez años más tarde apenas había avanzado a 55%. De hecho, el autor describe cómo el proceso de sustitución de importaciones no sólo fue parcial, sino que fracasó porque sólo trasladó la importación de bienes de consumo a bienes intermedios y de capital, pues para producir los primeros se tenía que importar cada vez más de los segundos. Esta forma de abordar la sustitución de importaciones requirió cada vez mayores necesidades de endeudamiento externo, las cuales llegaron a su límite en la década de 1970. A partir de los años setenta, las variables macroeconómicas comenzaron a cambiar en detrimento del proyecto sustitutivo. Por diversas razones, desde principios de esa década, la economía comenzó a crecer con menor rapidez. Ante esta circunstancia, el gobierno de Echeverría tomó una decisión que marcó el rumbo del modelo: para compensar el menor crecimiento, decidió aumentar el gasto público e inter venir más en la economía. En contraste con lo que plantea la crítica usual al modelo de sustitución de importaciones, Gollás opina que tal inter vención no era una característica inherente al modelo, sino que con ella se modificó radicalmente la filosofía económica del gobierno. Y fue esa decisión, más que el propio modelo sustitutivo, la que hizo que se incrementara el déficit fiscal y la necesidad de préstamos externos, lo que a la larga dio al traste con el antiguo proyecto económico. Gollás también analiza las limitaciones propias del modelo de sustitución de importaciones. Una de las más graves fue el hecho de que “la rentabilidad industrial privada se mantu-

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viera a costa de la rentabilidad social”, es decir, que se transfirieran a la industria recursos de prácticamente todos los demás sectores económicos, de manera que el proceso de industrialización era desigual, pues sacrificaba, vía impuestos, precios y otras formas de transferencia, algunos sectores de la economía nacional para fomentar otros. Entre los más afectados estaba la agricultura, lo cual se relaciona estrechamente con la radicalización de la pobreza en este sector que genera la mayor parte de la población que migra a las ciudades y al extranjero. El fracaso del modelo de sustitución de importaciones quedó latente durante casi diez años, alimentado por los recursos del endeudamiento externo y las ventas del petróleo. Estalló finalmente en la crisis financiera de 1982. A partir de entonces, el gobierno mexicano hizo girar ciento ochenta grados la orientación de su política económica, lo que tuvo repercusiones sobre su política exterior. Primero se incorporó el país al GATT, organización dominada por Estados Unidos, y luego se firmó el Tratado de Libre Comercio. Como señala Meyer, el efecto de la debilidad económica que nos llevó al TLCAN marcó también un giro fundamental en nuestra relación con Estados Unidos. Desde la época cardenista, el proyecto nacional y el régimen político (nacional-popular) se basaban en mantener una distancia, una independencia relativa, de nuestro vecino del norte. La elite gobernante buscaba mantener espacios reales y simbólicos de independencia frente a Estados Unidos y tener un control sobre los procesos políticos y económicos internos, así como cierta autonomía en su postura internacional, que no siempre era bien comprendida por el gobierno estadunidense. Esta política se hizo insostenible a partir de 1982 y prácticamente se abandonó a raíz de la firma del tratado. La dependencia económica de México trajo aparejada la alineación de su política exterior a la de Estados Unidos. Dos capítulos abordan la relación que estos cambios tienen con las transformaciones del régimen político. Por un lado, el que esto escribe analiza el proceso de descomposición del sistema corporativo, que significó la paulatina pérdida del control del sindicalismo y del campesinado, centrales no sólo para el control de las demandas de estos sectores sociales sino como soportes políticos del régimen. Por su parte, Alberto Aziz describe cómo se pasó de un régimen autoritario, basado en un partido hegemónico, a un sistema partidista competitivo, pues la descomposición del régimen corporativo autoritario hizo nacer un régimen de partidos. El primer análisis parte de que la relación entre el Estado y las organizaciones sindicales y campesinas constituyó la columna vertebral del autoritarismo mexicano. El artículo analiza los cambios y las crisis de una relación que se conformó en el sexenio de Cárdenas como una verdadera alianza entre las clases populares y el Estado, en tanto que las organizaciones de clase estaban de acuerdo con el proyecto del Estado mexicano de desarrollar al país y distribuir la riqueza. A diferencia de lo que sucedió en Argentina (1955) y Brasil (1964), en México la crisis política de 1958-1959 obligó a modificar el carácter de la alianza entre el Estado y las organizaciones populares, que pasó de un pacto inclusivo a un “arreglo” corporativo con las organizaciones más estratégicas, y pese a ser más excluyente no significó un cambio en la naturaleza del régimen. Aunque el sistema corporativo pasó la prueba del 68, según puede deducirse del poco apoyo que el sindicalismo y las organizaciones campesinas dieron al movimiento estudiantil, también hubo un importante descontento entre los sectores más modernos de la industria y la agricultura, que se expresó ante la llamada “apertura” del sexenio de Echeverría. El proceso de globalización, el retiro del Estado y la apertura económica condujeron a un cambio de terreno de los movimientos obrero y campesino. En el campo, la Unión Nacional de Organizaciones Re-

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INTRODUCCIÓN

gionales Campesinas Autónomas ya no luchó por la tierra sino por obtener mejores precios para sus productos y condiciones de crédito más favorables de las empresas paraestatales. Por su parte, aunque el sindicalismo más autónomo, identificado con la Federación de Sindicatos de Empresas y Bienes Estatales y, a partir de 1997, con la Unión Nacional de Trabajadores, inició con la defensa de sus contratos colectivos de trabajo, pronto cambió su estrategia para involucrarse en los asuntos de la producción de sus empresas y tratar de garantizar que los obreros obtuvieran parte de los beneficios de los aumentos de la productividad. Ninguno de estos movimientos rechazó la modernización de la economía, sino sólo defendió los intereses de sus agremiados frente a una modernización que favorecía al gran capital industrial y agrario y al capital financiero internacional. No obstante, a pesar de la fuerza propositiva de ambos, su gran debilidad fue intentar acumular fuerza mediante un acuerdo cupular con la presidencia de la República. También su incapacidad para representar a los sectores dañados por la apertura constituyó una limitación importante. Por ello, desde el final del sexenio de Salinas y durante todo el gobierno de Zedillo surgieron movimientos que, como el Barzón y el EZLN, se formaron fuera de los marcos netamente institucionales y fueron producto del vacío institucional creado por la descomposición del régimen político corporativo. En la medida en que no pretendían regresar a una situación de privilegio corporativo ni conseguir el poder político, no podían ser cooptados por el antiguo régimen y representan movimientos precursores del nuevo. El capítulo de Aziz plantea la otra cara de la moneda de la descomposición del régimen, es decir, cómo se construyó un gobierno distinto, ya no basado en el control de las organizaciones sociales sino en las elecciones. Analiza cómo, hasta 1976, el país no tuvo elecciones competitivas, y cómo a partir de la reforma electoral de 1977 pasó de ser un sistema electoral basado en un partido único a uno de partido dominante, hasta que a raíz de la creación de un IFE ciudadano se convirtió en un sistema de competencia electoral que dio rápidamente lugar a la alternancia. En la etapa de partido hegemónico, la legitimidad no residía en las elecciones, sino en lo que el gobierno hacía por los sectores sociales incluidos en el pacto corporativo y por los ciudadanos en general. Había consenso sin democracia en un contexto favorable donde el crecimiento permitía integrar muy rápido a la población en la economía formal. Por ello, los problemas electorales no tenían repercusiones en la vida política y social del país. El segundo periodo comenzó con la reforma política de 1977. Se había roto el consenso porque el régimen era cada vez menos eficaz en los propósitos económicos y sociales que se había planteado. No obstante, la resistencia y el disenso se estaban expresando de manera antisistémica, y en ocasiones incluso de manera ilegal. El régimen pretendió canalizar el descontento por vías institucionales. El sistema electoral comenzó a cobrar importancia y las elecciones a ser un grave problema para el gobierno, porque éste se vio obligado a recurrir cada vez más frecuentemente al fraude, como sucedió en Chihuahua en 1986 y en todo el país en 1988. Las presiones internas al sistema electoral, la incongruencia de tener elecciones cada vez más abiertas junto a fraudes electorales cada vez más evidentes, con una falta de control sobre los recursos que el PRI utilizaba para sus candidatos y, sobre todo, por una apertura electoral selectiva, hacia el PAN y no hacia el PRD, llevó al quiebre de la estructura del sistema electoral basada en la reforma de 1977. La aparición del EZLN y la crisis interna que significó para el PRI el asesinato de su candidato a la presidencia obligaron a una nueva reforma, la cual abrió la etapa de elecciones competitivas que dieron lugar a la alternancia y a un nuevo régimen político.

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Sin embargo, en el México de estas últimas tres décadas no sólo hubo cambios, sino también fuertes inercias. El trabajo de Fernando Cortés analiza cómo durante la aplicación del modelo económico de sustitución de importaciones la distribución del ingreso mejoraba lenta pero persistentemente. Ello tal vez signifique que la pobreza estaba disminuyendo efectivamente. Los datos muestran que los deciles medios de ingreso, donde están ubicadas las clases medias bajas y los hogares pobres (pero no en pobreza extrema), adquirían más ingresos, mientras que los deciles más elevados obtenían menos. No obstante, como lo plantea el autor, el problema estaba lejos de ser resuelto, ya que la distribución del ingreso era muy mala. Pese a todo, un primer diagnóstico del nuevo modelo es que entre 1982 y la actualidad ha empeorado la distribución del ingreso. Se puede ver una tendencia contraria a la que existió durante el modelo de sustitución de importaciones, ya que crece el ingreso en los deciles más altos, lo que significa que el nuevo modelo es menos equitativo. En 1996 se dio una tendencia contraria, que requiere de interpretación y estudios posteriores. Aparentemente, la distribución del ingreso mejoró en ese año. Esto puede interpretarse de dos maneras distintas: que si bien hasta 1994 el nuevo modelo exportador se había mostrado menos equitativo que el anterior, existían signos de que comenzaba a rendir sus frutos, mejorando la situación de los mexicanos, como lo publicitan sus defensores. Pero el autor se inclina hacia otra interpretación: que esto muestra más bien un proceso de equidad por empobrecimiento generalizado. La crisis de 1994-1995 llevó al empobrecimiento de toda la población, lo cual se refleja en los datos como mayor igualdad. Por otra parte, que los hogares más pobres vean aumentar sus ingresos puede ser signo de una estrategia de super vivencia, ya que frente a una situación económica cada vez más difícil los hogares se ven obligados a incorporar a más de sus miembros al mercado de trabajo. Lo que la mala distribución del ingreso refleja de la pobreza del país, conduce a su vez a la persistente migración hacia Estados Unidos. Francisco Alba traza la manera en que el fenómeno migratorio se desplaza del margen al centro de la sociedad y cómo, de ser un fenómeno residual y localizado en ciertas regiones, se convierte en una realidad muy extendida que afecta prácticamente a todo el país, y de ser un fenómeno económico de naturaleza circular y cíclica se volvió un dato económico permanente. De manera concomitante a la importancia numérica de los flujos migratorios, las remesas que envían los emigrantes a sus familias se volvieron un rubro cuya importancia en la balanza de pagos rivaliza de manera sostenida con la de los ingresos petroleros y turísticos. Se crearon, además, expectativas desmesuradas sobre tales remesas, como elemento clave en las estrategias para el desarrollo y la transformación productiva de las comunidades mexicanas. También hubo un desplazamiento de la cuestión migratoria desde los márgenes de la política exterior hacia el centro de la relación con Estados Unidos. Allí existe una diáspora mexicana que ha demandado y obtenido espacios de influencia y atención del gobierno y la sociedad de ambos países. La migración se ha convertido en una de las cuestiones más espinosas y delicadas de la agenda bilateral, al tiempo que forzó un acercamiento con nuestro vecino del norte. Al inicio del siglo XXI, el gobierno mexicano ubicó el problema migratorio en el centro de su política frente a Estados Unidos. Finalmente, Carlos Marichal analiza otra de las graves inercias que arrastra el país: la dependencia de México del flujo de capitales extranjeros, y vincula esta dependencia al fracaso y abandono del modelo sustitutivo. Afirma que tanto la deuda externa (que comenzó a cre-

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INTRODUCCIÓN

cer de manera acelerada desde los años sesenta) como su aumento exponencial (que a la larga nos llevó a una apertura inadecuada) tenían el mismo origen: la prioridad de la política económica se orientó, en todo momento, a defender la paridad peso-dólar, más allá de lo económicamente razonable, lo cual derivaba del origen político de las decisiones económicas. Por razones igualmente políticas, no se llevó a cabo una reforma fiscal que podría haber aliviado la necesidad de recursos del exterior. Por otra parte, también fue política la protección excesiva, al grado de facilitar la importación de bienes de capital cuando se debió proceder a sustituirlos. Marichal también analiza cómo el cambio del modelo económico no ha modificado la forma de la política económica. Su ensayo sobre la historia de la deuda externa de México plantea claramente que ésta no ha dejado de crecer aunque haya cambiado el modelo. Pese a la preparación tecnocrática de nuestros gobernantes y a su política supuestamente liberal, han continuado los costosos errores, como la concentración de la mayor parte de la deuda contraída entre 1990 y 1994 en instrumentos de corto plazo, que llevó a la grave crisis de 1994. De su análisis se puede concluir que si bien la racionalidad económica cambió, la racionalidad política no lo hizo; mientras sobrevivió el régimen autoritario mexicano, los agentes políticos utilizaron los mecanismos económicos a la manera tradicional. Romero propone algunas hipótesis sobre por qué el país ha estado dominado por tales inercias. Analiza cómo el modelo económico ha tenido el efecto contrario al previsto por la teoría en la que se basó, al no producirse ni el aumento de salarios ni la disminución del incentivo de emigrar que debían acompañar la apertura comercial. Vemos, además, que la disparidad entre los niveles de vida de Estados Unidos y México ha crecido y que la distribución del ingreso se ha deteriorado. Finalmente, estas contradicciones del propio modelo se deben a un problema derivado del carácter de las exportaciones. A diferencia de lo que exportaba el país en la época del modelo de sustitución de importaciones, lo que se exporta ahora tiene poco valor agregado. Esto significa que a pesar de que han crecido de manera notable, tienen poca influencia sobre el crecimiento del PIB, o dicho de otra manera, están desvinculados de la “otra” economía: la nacional, la que consume y produce para el mercado interno. Es por ello que no vemos los efectos sobre los salarios, las condiciones de vida, etcétera. Por su parte, Gollás menciona algunos de los indicadores que explican esta situación, que básicamente conciernen a un drástico descenso del grado de integración nacional del sector que exporta. Si 83 centavos de cada dólar exportado correspondían a insumos mexicanos en 1983, para 1994 el componente de integración nacional había bajado a 42 centavos. Por su parte, el sector agropecuario productor de alimentos sufrió mucho con la apertura, en especial por la disparidad con su similar de Estados Unidos. No obstante, hay algunos ganadores: los trabajadores de los sectores industriales donde han crecido más las exportaciones, que obtienen salarios relativamente elevados, y la zona fronteriza, que se ha beneficiado ampliamente del boom exportador, en especial en lo tocante a la creación de empleos. Lo que no está claro es si estos beneficios llegarán al resto de la población. De la misma manera que los datos que ofrece Cortés no permiten concluir que el nuevo modelo mejore la distribución del ingreso, pues pueden interpretarse en forma contradictoria (como efectos homogeneizadores de la apertura o como una igualación en la pobreza), los efectos benéficos sobre el empleo en la región fronteriza y sobre los salarios en los sectores de exportación podrán interpretarse de igual modo: los optimistas dirán que se extenderán a los otros sectores industriales y regionales, y que la

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: TRANSFORMACIONES Y

PERMANENCIAS

integración de la industria nacional aumentará como lo hizo en los países de Asia; por su parte, los pesimistas dirán que se ha acentuando la polarización que el modelo de sustitución de importaciones estaba combatiendo. Finalmente, que el país no haya logrado rebasar sus inercias a pesar de las grandes transformaciones por las que ha pasado, quizá se deba a causas políticas. Pese al notable desarrollo del sistema electoral mexicano en los últimos años, los actores sociales están poco desarrollados, lo cual significa que la política está desvinculada de la sociedad y que la democratización electoral no se ha traducido en democratización social. Esto tiene indudables efectos sobre la economía en cuanto que ésta no se define en función de su impacto social sino en términos de un modelo económico.

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ÍNDICE

La visión general, Lorenzo Meyer, 15 El hilo conductor: cambio y resistencia, 15 El contexto amplio. Del mundo bipolar al mundo unipolar, 17 El México del neopopulismo y la crisis estructural, 23 Fin de un modelo económico, efectos sociales y aceleración de ritmo del cambio político, 26 La tecnocracia, última etapa del régimen posrevolucionario, 28 El cierre del ciclo histórico, 31

Introducción, Ilán Bizberg, 35 El voto que cuajó tarde, Samuel I. del Villar, 49 La legitimidad revolucionaria, 49 Disolución de la legitimidad revolucionaria, 51 La Revolución y la legalidad electoral, 52 Las leyes electorales de 1918, 1946 y 1951, 53 Representación legislativa, 53 Los par tidos y el par tido, 54 La autoridad electoral, 55 Echeverría, “arriba y adelante”, 56 López Por tillo, “administración de la abundancia”, 59 De la Madrid: renovación moral y fraude, 65 Salinas: la ilegitimidad, 71 Zedillo, el blindaje, 83 La transformación del presidencialismo en México, Rogelio Hernández Rodríguez, 89

Estabilidad e instituciones, 89 La desacralización del poder, 94 El liderazgo de la elite política, 97 La personalización del poder presidencial, 101 Los efectos del pluralismo, 106 Los cambios estructurales, 108 La autocontención presidencial, 111

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

Consideraciones finales, 113 Índice de tablas, 116 Gustavo Díaz Ordaz: el colapso del milagro mexicano, Soledad Loaeza, 117 Los tiempos difíciles de Gustavo Díaz Ordaz y el México del milagro, 120 América Latina en la guerra fría, 122 La guerra fría en América Latina, 124 Un milagro de papier maché, 126 Fracturas mexicanas, 129 La Alianza para el Progreso y el fallido reformismo diazordacista, 130 La continuidad de la política económica, 132 Los dilemas de la política exterior, 134 La reorganización de las izquierdas mexicanas, 139 El tiempo de las adver tencias, 143 La fatalidad del movimiento estudiantil de 1968, 146 Gustavo Díaz Ordaz y los universitarios, 147 El verano de 1968: el costo de la simulación, 150 Conclusiones, 154 Las relaciones entre los empresarios y el Estado, Carlos Alba, 157 Introducción, 157 Las fuentes del conflicto después de la Revolución de 1910-1917, 158 La industrialización por sustitución de impor taciones y el inter vencionismo del Estado, 162 El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, 165 Los conflictos entre el Estado y los empresarios a par tir del inter vencionismo de los años setenta, 167 Las posturas de las organizaciones empresariales frente al Estado, 171 La par ticipación de los empresarios en el cambio de orientación económica, 174 La controversia sobre la reforma fiscal, 176 Los empresarios y su par ticipación política par tidaria, 180 La par ticipación de los empresarios en los pactos económicos, 184 Los empresarios y las empresas ante el Tratado de Libre Comercio de América del Nor te, 186 Los grandes empresarios y sus vínculos con el expresidente Carlos Salinas, 190 Las preferencias políticas de los empresarios en 1994, 192 El desempeño de los empresarios en los cargos públicos, 193 Las nuevas formas de negociación y de presión de los empresarios con el gobierno, 195 Conclusiones, 196 Actores no estatales y la apertura comercial, Blanca Torres, 201 Introducción, 201 Actores no estatales y la política comercial antes de 1970, 202 La búsqueda de la diversificación, 203 El intento fallido de ingreso al GATT, 204 Del gradualismo a la aper tura unilateral amplia, 208

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ÍNDICE

Las negociaciones del TLCAN, 213 El Tratado de Libre Comercio México-Unión Europea, 220 Conclusiones, 223 Religiosidad, creencias e Iglesias en la época de la transición democrática, Roberto J. Blancarte, 225 Introducción, 225 La Iglesia hegemónica frente a la Revolución mexicana, 230 La Iglesia mexicana durante los años sesenta, 233 El inicio de la crisis, 238 La Iglesia católica y el movimiento del 68, 241 El impacto de Medellín en México, 245 El reformismo eclesial y la agitación social, 245 El fin de los gobiernos revolucionarios, 251 El apoyo a la política social del régimen contra la oligarquía, 254 La política de población (y control demográfico) como punto de discordia, 255 La polémica alrededor de los libros de texto gratuitos, 257 Las luchas internas en la Iglesia católica, 259 La reforma política y la lucha por la democracia, 266 El papa Juan Pablo II y su visita a México, 267 El regreso de la Iglesia a la escena pública, 270 La Iglesia católica y la década perdida, 273 El “caso” y el “efecto” Chihuahua, 278 Modernización de las relaciones Estado-Iglesias, 280 El nuevo papel de las Iglesias, 283 Las reformas legales de 1992 en materia religiosa, 285 La Iglesia y el Estado después de las reformas, 288 Narcotraficantes, soldados y sacerdotes, 289 Las elecciones de 2000 y el proyecto eclesiástico, 292 Índice de figuras y tablas, 299 Los pueblos indígenas: entre la comunidad corporativa y el pluralismo, 1968-2001, Enrique Guerra Manzo, 305 La política indigenista y las “regiones de refugio”, 316 Los movimientos indígenas, 326 La rebelión indígena en Chiapas, 338 Comentarios finales, 357 Índice de figuras, mapas y tablas, 359 Las organizaciones solidarias en México, Gustavo Verduzco Igartúa, 367 De 1940 al inicio de los años sesenta, 370 Los años sesenta, 371 Los años setenta, 372

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

Movimientos sociales, 373 Los años ochenta, 374 Otros movimientos sociales, 376 Beneficencia privada, 377 Iniciativa privada, 377 Los años noventa, 378 1994, un año clave, 380 Algunos casos de cogestión, 382 Las dimensiones del sector no lucrativo, 385 Los ingresos del sector no lucrativo, 388 Las fuentes de financiamiento del sector, 388 Las apor taciones monetarias al sector no lucrativo por par te de los ciudadanos, 389 El trabajo voluntario en el sector no lucrativo, 390 El sector no lucrativo según el último censo económico, 395 El sector no lucrativo sujeto a una dinámica cambiante, 396 Un sector diferenciado, 396 Otra modalidad mexicana, 397 Las organizaciones y los movimientos sociales, un vaso comunicante, 398 Las actuaciones del sector en la historia contemporánea, 398 Reflexiones finales, 399 Índice de tablas, 401 Los medios de comunicación masiva en México 1968-2000, Enrique E. Sánchez Ruiz, 403 Introducción, 403 La “modernización mediática”, en preparación para el 68 (hacia los juegos olímpicos), 406 El 2 de octubre en los medios, 408 Los años setenta: el inter vencionismo mediático estatal, 411 Reforma política y derecho a la información: en busca de la cuadratura del círculo, 416 La prensa: en busca del lector perdido, 419 “Te pago para que me pegues”, 420 Radio comercial de gobierno, concentración en la radio comercial, 421 Los años ochenta: el inicio del neoliberalismo, 422 Las elecciones de 1988 y los medios, 426 De 1988 a 2000: los medios y el libre comercio, 429 A la sombra del TLCAN, 433 Crisis de película, 434 Hacia la guerra de la televisoras, 440 Colofón, 447 Índice de figuras y tablas, 448 Del libro a la pantalla: la cultura mexicana del siglo XX hacia el XXI, Sergio González Rodríguez, 455

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ÍNDICE

Notas, 493 Bibliografía general, 555 Nota editorial para los apéndices, 569 Tabla I. Fechas de creación de organismos y organizaciones de diversa naturaleza en México (obreras, patronales e instituciones públicas) en materia comercial, 570 Tabla II. Los cien empresarios más impor tantes de México en 2000, 571-74 Tabla III. Principales organizaciones sociales y ciudadanas de las últimas dos décadas por estado, 575-87 Tabla IV. Población en México y sus principales características demográficas, 1970-2004, 588 Tabla V. Educación en México por nivel escolar, 1970-2004, 589 Tabla VI. Estructura de las impor taciones de México, 1970-2002, 590 Tabla VII. Estructura de las expor taciones totales de México, 1970-2002, 591 Tabla VIII. Resultados electorales, 1970-2003, 592-93 Tabla IX. Par tidos políticos más importantes, 1970-2000, 594 Tabla X. Índices de alfabetismo-analfabetismo en México, 1970-2003, 595-96 Tabla XI. Principales producciones cinematográficas del “nuevo cine mexicano”, 1990-2000, 597 Tabla XII. Pluralismo religioso en México, 1970-2000, 598 Documento 1. Car ta Pastoral sobre el Desarrollo e Integración de Nuestra Patria (1968) (fragmento), 599 Documento 2. Epístola de Ricardo Margáin Zozaya (fragmento), 600 Tabla XIII. Cuadro sintético del contenido de las siete reformas electorales de México, 1973-1996, 601 Documento 3. Reforma constitucional en materia religiosa de 1992, 602-03 Tabla XIV. Artículos constitucionales reformados en materia religiosa (comparativo), 604-09 Documento 4. Ley Federal del Trabajo sobre la limitación de la par ticipación de la Iglesia en el ámbito de acción social , político y laboral (agosto de 1931) (fragmento), 610 Documento 5. Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes, 1991, 611-13 Documento 6. Ar tículo 27 constitucional (reforma de 1992), 614-15 Documento 7. Los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, 1996 (fragmento), 616-17 Tabla XV. Clasificaciones de la diversidad étnica y lingüística de México, 618-624 Tabla XVI. Desplazados de las zonas de Los Altos y nor te de Chiapas, 1995-1997, 625-26 Tabla XVII. Población total, población de 5 años y más, población HLI y su proporción, 1930-1995, 627 Tabla XVIII. Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas, 2000, 628-29 Tabla XIX. Recursos asignados para el desarrollo de la cultura, 1989-2000, 630 Tabla XX. Producción cinematográfica. Largometrajes y cortometrajes producidos, 1989-2000, 631 Tabla XXI. Bibliotecas, 1989-2000, 631 Tabla XXII. Periódicos y papel cultural, 632 Figura 1. Diarios, 1994, 633 Figura 2. Consumo de papel cultural, 633

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

Tabla XXIII. Libros en bibliotecas públicas, 634 Tabla XXIV. Artes escénicas, 634 Tabla XXV. Nuevas tecnologías, 635 Cronología: marco histórico contemporáneo, Macario Schettino, 637 Índice analítico, 659 Referencias de los colaboradores, 701

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INTRODUCCIÓN Ilán Bizberg

N

o cabe duda de que los últimos treinta y cinco años han sido de grandes cambios y transformaciones para el país. Bajo la perspectiva que guía esta Historia contemporánea de México, en este segundo tomo se analiza la contribución de los principales actores políticos, económicos y sociales para forjar estos cambios. Este volumen parte de la idea de que las mutaciones que sufrieron la economía, la sociedad y las instituciones políticas no sólo fueron efecto de los grandes movimientos internacionales, como la globalización y la ola democratizadora que influyó en la mayor parte de los países latinoamericanos y de otras regiones del mundo, o de modificaciones en las estructuras que conforman nuestra nación, sino que fueron, sobre todo, la consecuencia directa de la acción de los actores internos. Durante buena parte del siglo XX, la presidencia de la República fue el actor predominante de una vida política, social y económica muy concentrada en el Estado y en el régimen político autoritario mexicano. No obstante, a diferencia de otras épocas, en las que los demás actores sociales y políticos estaban subordinados a este actor cardinal del régimen político mexicano, en los últimos treinta años del siglo XX pudimos ver cómo surgían nuevos actores y cobraban importancia otros que no habían tenido una influencia notoria en el pasado reciente. En efecto, las Iglesias, los indígenas, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación masiva, los creadores culturales e incluso los empresarios (que estuvieron estrechamente subordinados al Estado durante todo el periodo de crecimiento económico protegido), se convirtieron en actores económicos y políticos cruciales gracias a la apertura económica y política que, en gran medida, ellos mismos propiciaron. Es posible que el lector se extrañe de que en este tomo no estén incluidos dos actores centrales del sistema político mexicano: las organizaciones populares —como sindicatos y organizaciones campesinas— y los partidos políticos. Esto se debe a que, en el caso mexicano, las organizaciones sindicales y campesinas han sido agentes subordinados al régimen político más que actores del cambio. Esto significó que no transformaron el régimen, sino más bien sufrieron su desgaste. Es por ello que se incluyeron en el primer tomo de esta Historia, en el que se analiza el declive de la capacidad de control corporativo de las organizaciones sociales. La situación de los partidos políticos es un tanto distinta, puesto que han sido los actores fundamentales para explicar el cambio de régimen político; por tal razón se examinan en forma abundante en el primer tomo, cuando se estudia la importancia creciente que han adquirido las elecciones para desmontar el régimen autoritario. De ellos se volverá a hablar en el tercer volumen, dedicado a analizar el papel de los partidos en el entramado institucional del país. Este segundo tomo inicia con tres capítulos en los que se hace una revisión del gobierno, centrándose en la presidencia. Esto es válido en tanto que la presidencia fue el eje del régi-

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

men político durante buena parte del siglo XX, al grado de que en muchos textos se le llegó a confundir con el propio régimen político mexicano. Varios libros contribuyeron a esta caracterización, entre los cuales podemos citar El sistema político mexicano, de Daniel Cosío Villegas, y La democracia en México, de Pablo González Casanova. En ambos se hacía un estudio fenomenológico más que analítico, es decir, describían más que analizaban el fenómeno de la concentración de poder en el presidente y su capacidad para influir en la totalidad de la vida política y económica del país. Y aunque así parecía ser y en muchos casos lo era en efecto, hay que considerar que el presidente no tomaba sus decisiones en el vacío y que debía examinar diversos factores externos e internos, económicos y de poder, que ejercían una presión indudable sobre el gobierno. Lo que sí resulta claro es que el presidente tenía amplias atribuciones. En primer lugar, porque el Estado era el principal árbitro político en el régimen autoritario posrevolucionario y el agente central de desarrollo de un modelo económico basado en una fuerte inter vención y regulación estatal. Por estas razones, el presidente tenía la capacidad de resolver los grandes problemas políticos y distribuir los recursos económicos que generaba la acción estatal y la recaudación de impuestos. Por otra parte, era el jefe del ejército y el líder del partido político hegemónico, mediante el cual controlaba a los gobernadores, al congreso y al poder judicial. Además, tenía la facultad absoluta de nombrar a sus secretarios de Estado, al procurador general de la República, a los miembros de la Suprema Corte de Justicia, al gobernador del Banco de México, así como al regente de la capital del país. Muchos de estos poderes eran metaconstitucionales, es decir, existían de facto aunque en la Constitución estuvieran plasmadas otras reglas. A partir de esta circunstancia, la historia de estos treinta años puede narrarse desde la perspectiva del declive de este actor principal del escenario político del país en el siglo XX. El presidencialismo empezó a declinar a la par de la descomposición del antiguo régimen. Al mismo tiempo surgían los nuevos actores. Pero si bien el ocaso del régimen puede narrarse casi de manera lineal, arguyendo el desgaste del corporativismo y el poder financiero del Estado, así como el surgimiento de los partidos de oposición, no es así en el caso del debilitamiento de la presidencia y el auge de los actores que llenaron el vacío dejado por este hecho: el declive de la presidencia y el fortalecimiento de los actores alternativos se produce por un proceso discontinuo. A las tres presidencias “imperiales” (como llamó Enrique Krauze a las encabezadas por Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo) les siguió una presidencia débil (De la Madrid), una muy fuerte (Salinas) y una aún más débil que la de De la Madrid (Zedillo). Por otra parte, a pesar de que hay un proceso de desarrollo de nuevos actores políticos y sociales, éstos cobran fuerza por hechos históricos más o menos fortuitos. Los empresarios emergen decididamente a la palestra política luego de la expropiación de la banca en 1982. La Iglesia se fortalece con las reformas que se instituyen “desde arriba” en 1992. El actor indígena neozapatista surge con el ocaso del movimiento campesino organizado, que se hizo evidente tras la aceptación pasiva de la reforma al artículo 27 constitucional que en 1992 puso fin a la reforma agraria por parte de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y cuando el campo chiapaneco fue arrinconado por la drástica caída del precio del café a principios de la década de los noventa. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el primero de enero de 1994, le ofreció al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el contexto simbólico clave para emerger como movimiento social y político. Por último, las organizaciones no gubernamen-

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INTRODUCCIÓN

tales (ONG) se vieron fortalecidas en forma notable ante la incapacidad que mostró el gobierno frente a los sismos de septiembre de 1985 y ante los riesgos que significaron los comicios de 1994, después del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República. Los primeros tres capítulos del presente volumen estudian, pues, al actor presidencial. En el primer capítulo, “El voto que cuajó tarde”, Samuel del Villar llevó a cabo algo más que un análisis jurídico del proceso electoral del último tercio del siglo XX: hizo una cuidadosa disección de los esfuerzos de cada una de las últimas cinco presidencias del antiguo régimen por inyectar legitimidad al ejercicio de su poder mediante reformas a un sistema electoral que, por su naturaleza, no estaba diseñado para ser la fuente inicial y sustantiva de la legitimidad política, sino apenas un instrumento más para perpetuar el dominio priísta sobre el gobierno y el Estado. Si bien desde el inicio del sistema político al que dio origen la Revolución mexicana, las elecciones fueron formas sin mucho contenido, las presidencias que comprenden de Luis Echeverría a Ernesto Zedillo, desgastaron tanto las otras fuentes de legitimidad —las surgidas del crecimiento y desarrollo económicos y de una política social relativamente redistributiva— que las reformas electorales de esos cinco presidentes nunca lograron sustituir de manera adecuada la legitimidad que se perdió al diluirse con celeridad el nexo que heredaron del ejercicio del poder priísta con el espíritu de la Revolución de 1910. Y no lo lograron a pesar de que pretendieron conjugar esas reformas con tercermundismos, visitas papales, “administración de la abundancia”, “renovación moral”, “concertacesiones” con una parte de la oposición para neutralizar la otra, “liberalismo social” o blindajes artificiales de la economía. El voto real, el “sufragio efectivo” finalmente cuajó el 2 de julio de 2000, pero cuajó demasiado tarde para salvar el régimen priísta y, en cambio, sir vió para abrir una nueva etapa en la historia política de México, etapa en que el autor vislumbra la posibilidad de un nuevo problema con la legitimidad: que habiéndose ganado ésta democráticamente, pudiera volver a perderse por errores presidenciales en su ejercicio, pero ésa ya será otra historia. En el segundo capítulo, Rogelio Hernández analiza el poder presidencial desde el interior de su propia acción. El autor describe cómo el presidencialismo mexicano empezó a desdibujarse desde una posición prácticamente hegemónica ejercida a través del Partido Revolucionario Institucional. Su argumento principal es que las atribuciones presidenciales no venían de sus facultades institucionales, sino más bien de la falta de pluralismo político. Esto significó que fuera inevitable la decadencia del poder presidencial con la liberalización política. El creciente pluralismo político tuvo como efecto el incremento del poder de la oposición en el congreso y en los gobiernos estatales, lo cual no sucedió sino hasta fines de los años ochenta para revertirse coyunturalmente en 1991, cuando el PRI recuperó la mayoría absoluta de la cámara de diputados. Pero éste no fue el único proceso que afectó al poder presidencial. El autor describe cómo, a partir de los años setenta, comenzaron a acumularse cada vez más demandas sobre la presidencia, lo que hizo que ésta fuera cada vez menos eficaz para resolverlas, y se desacralizara su autoridad. Este proceso, surgido a raíz del auge de la guerrilla y de la política de Echeverría hacia los movimientos sindicales y campesinos, propició que los empresarios comenzaran a hablar de la falta de autoridad del presidente, algo que sólo los grupos de oposición habían osado hacer con anterioridad, lo cual significó que para uno de los grupos medulares del anti-

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

guo régimen el eje de la política mexicana se había vuelto inoperante. Esta evolución fue aún más radical después de la nacionalización de la banca en 1982, luego de un sexenio que se caracterizó por el acercamiento de la presidencia al sector empresarial. Como consecuencia, el sector privado se sumó en forma definitiva a los reclamos por la restricción del poder presidencial y la democratización de la vida pública en el país. La presidencia también se debilitó por el hecho de que hasta los años setenta el presidente era el líder de una elite gobernante más o menos homogénea. Con la aparición de los llamados “tecnócratas”, la elite se dividió entre éstos y los políticos tradicionales, mientras que el presidente se vinculó más o menos estrechamente con alguna de estas camarillas, lo cual se reflejó en la inestabilidad creciente de los gabinetes. Por otra parte, la personalización extrema del poder durante el gobierno de Salinas, la concentración en su persona de la legitimidad que le otorgaba el programa Solidaridad —que canalizaba la mayor parte de la política social— terminó por recargar de demandas a la presidencia y, al final, por debilitar la figura presidencial una vez que cambió el personaje que ocupaba el cargo. A todo ello se añadieron, según Hernández, las restricciones estructurales al poder de la presidencia que acompañan la democratización del régimen político. Éstas se hicieron presentes cuando el PRI perdió la mayoría del congreso, en 1997, y fue suprimido su control sobre los gobernadores de oposición. Esta situación se acentúa aún más en el gobierno actual, pues el partido del presidente Fox es clara minoría en las dos cámaras del parlamento y en el concierto de los gobernadores. A estas limitaciones se añaden las modificaciones efectuadas por los últimos dos presidentes, del PRI y del Partido Acción Nacional (PAN): el fortalecimiento del poder judicial mediante la creación de la judicatura y la elevación de la Suprema Corte de Justicia al rango de corte constitucional, la creciente autonomía del Banco de México, la facultad otorgada al poder legislativo para inter venir en la designación de algunos miembros del gabinete, la transformación del gobierno de la ciudad de México de regencia (nominada por el presidente) a un puesto de elección popular directo. De esta manera, el sistema político mexicano actual ya no está centrado en la presidencia sino que el poder está repartido entre distintos actores. El texto de Soledad Loaeza se centra en la presidencia de Díaz Ordaz —marcada por la represión del movimiento estudiantil, momento que fijamos para comenzar nuestra Historia contemporánea— para estudiar otro aspecto de la figura presidencial: más que analizar la presidencia desde la perspectiva de sus límites estructurales y de funcionamiento interno, la autora presenta la manera en que los actores internacionales y nacionales limitan la presidencia mexicana. Postula una hipótesis heterodoxa y provocadora, que se resume en la idea de que incluso el gobierno de Díaz Ordaz, que siempre se ha considerado como el que cierra el ciclo de la presidencia fuerte, estaba restringido. Así, en este apartado se explica cómo el contexto externo e interno de la presidencia llevó al Estado mexicano al uso de la violencia indiscriminada cuando siempre la había utilizado de manera selectiva. Loaeza describe el contexto internacional en el que se ubicaba el México de los años sesenta, caracterizado por la intensificación de la guerra fría, expresada por la construcción del Muro de Berlín, el alineamiento de Cuba al imperio soviético, la crisis de los misiles y el recrudecimiento de la guerra de Vietnam. En América Latina, esta situación polarizó las posturas políticas en el interior de los países y legitimó el ascenso de la vía revolucionaria, lo que a su vez dio pie a la presencia cada vez más generalizada de gobiernos militares en la región. A este respec-

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INTRODUCCIÓN

to, nuestro país fue una clara excepción, porque existían instrumentos institucionales eficaces para resolver las diferencias y los conflictos. No obstante, los movimientos sindicales y agrarios de 1958-1959 y después los conflictos médicos y estudiantiles de mediados de los sesenta, demostraban que los mecanismos de control y legitimidad habían sufrido un evidente desgaste. La autora propone que el gobierno de Díaz Ordaz no tenía la capacidad para detener el deterioro del consenso vigente ni la aptitud para crear uno nuevo. Para entender esto hay que recordar que la estabilidad del régimen político mexicano no se basaba sólo en el control del sistema electoral y de las organizaciones sociales corporativas, sino que se fundamentaba de manera importante en la legitimidad que emanaba del “milagro mexicano”. Éste se sustentaba en el crecimiento de la economía, al que estaban aparejados el crecimiento demográfico y urbano, la expansión de las clases medias, el mejoramiento de los índices de educación y salud, entre otros. También contribuía a la estabilidad, la capacidad del gobierno para controlar a sus militares y mantener una relativa autonomía en política exterior respecto de Estados Unidos. Loaeza describe cómo todos estos elementos se debilitaron hacia mediados de la década de los sesenta. La agudización de la guerra fría hacía cada vez más difícil mantener la autonomía relativa de la política exterior, mientras que la persistencia de la pobreza en el campo y en las colonias marginadas de las ciudades hacía evidentes las fallas del “milagro mexicano”. Otra fuente de “restricciones” para el gobierno de Díaz Ordaz fue la irrupción de nuevos actores políticos en la lucha por el poder, en especial la izquierda. Este sector se reorganizó modificando el escenario político nacional, puesto que no sólo involucró a la izquierda tradicional, sino también a sectores del propio PRI. Además, la nueva izquierda dejó de creer en la Revolución mexicana como etapa de la construcción del socialismo en México, en la medida en que tenía ante sí una revolución que consideraba más auténtica: la cubana. Esto implicó que algunos sectores de izquierda que estaban en el PRI o que lo acompañaban se alejaran del partido y que otra parte de la izquierda se radicalizara al simpatizar con la idea de la vía armada. Ambos hechos modificaron de manera considerable el clima político para el gobierno de Díaz Ordaz. Finalmente, los conflictos a los que se enfrentó el gobierno de Díaz Ordaz se originaron sobre todo en las clases medias, un sector que no estaba encuadrado por el sistema corporativo que aseguraba la estabilidad del régimen. Los movimientos de este sector fueron más difíciles de encauzar por los canales que el régimen utilizaba de manera tradicional. Según Loaeza, todos estos elementos se combinaron en 1968, agravándose con la extensión a nivel nacional de la movilización estudiantil y la inminencia de las olimpiadas, que debían ser el escaparate para mostrar ante el mundo al México moderno y que acabó por exhibir la terrible cara de Tlatelolco. De esta manera, el poder que estaba tan concentrado en la presidencia se desplazó hacia otros actores e instituciones.* Uno de los principales actores que emergerán son los empresarios, que dejarán de subordinarse a un régimen político autoritario dominado por un Estado que actuaba como principal agente de desarrollo y que establecía las reglas del juego en un sistema económico cerrado y regulado. Los empresarios se convertirán en actores decisivos en un sistema económico abierto y desregulado pero, como podrá verse en los respectivos apartados * En el presente volumen estudiamos a los actores en los que recae un mayor poder político a raíz de la pérdida de la trascendencia del presidente. En el siguiente volumen completaremos la perspectiva analizando las instituciones.

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: ACTORES

de Carlos Alba Vega y Blanca Torres, no sólo llegarán a ser actores económicos importantes, sino que a raíz de la creciente inter vención económica del Estado durante el sexenio de Echeverría (que de hecho había comenzado a inquietar a los empresarios desde el sexenio de López Mateos), la suspensión de la práctica de consultas previas del gobierno con ellos, la nacionalización agraria de finales del gobierno echeverrista y, sobre todo, la nacionalización (o expropiación) de la banca a finales del sexenio de López Portillo, verán la necesidad de convertirse en un factor real de poder que llega a su clímax en las elecciones de 2000. En el capítulo de Carlos Alba pueden distinguirse con claridad dos momentos de este proceso de cambio de actitud de los empresarios hacia el Estado y de su desarrollo como actor. Hasta la apertura de la economía y del relativo abandono del Estado de su papel como agente económico, los empresarios actuaron de manera puramente defensiva ante lo que consideraron como arbitrariedades del gobierno. Crearon organizaciones más representativas, como el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en 1962, el Consejo Coordinador Empresarial en 1975 y el Consejo Nacional Agropecuario en 1984, que rivalizaron con las asociaciones dominadas por el Estado. A partir de la apertura de la economía y del consecuente debilitamiento de la inter vención del Estado, los empresarios adoptaron una actitud más ofensiva y presionaron para mantener el modelo de desregulación y ajustarlo a sus necesidades, así como para democratizar el régimen e imponer otro, mediante su inter vención directa en política. No obstante, como bien lo describe el autor, los empresarios nunca han constituido un grupo homogéneo. Los grandes hombres de negocios representados de modo fundamental por la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN), los comerciantes representados por la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (CONCANACO), y los medianos y pequeños agrupados en la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA), han adoptado distintas posturas económicas y políticas ante las diferentes coyunturas que ha atravesado el país. Ni siquiera asuntos tales como la reforma fiscal del gobierno de Salinas lograron unificarlos, a diferencia de lo sucedido casi veinte años antes con la fallida reforma fiscal del presidente Echeverría. También hay divergencias importantes entre los distintos sectores empresariales en lo que se refiere a su acción política. Las fracciones que de manera tradicional fueron menos dependientes del Estado, los pequeños y medianos empresarios del norte del país, son las que entraron a la política de oposición con mayor rapidez. En contraste, los pequeños y medianos empresarios del centro, que se desarrollaron al cobijo del Estado protector, así como los grandes empresarios de todo el país, se mantuvieron dentro de las líneas del PRI. Hay que recordar que la capacidad económica de los grandes empresarios siempre les dio el poder suficiente para dirigirse de manera directa e individual al presidente con el propósito de resolver sus problemas, por lo que recurrieron poco a sus organizaciones y a la política electoral. El capítulo de Blanca Torres analiza la manera en que la apertura de la economía mexicana no sólo permitió a los empresarios adquirir una relevancia creciente en política interna, sino también en la exterior, campo en el cual el Estado mexicano había sido siempre el único interlocutor. La autora recuerda cómo a fines de los años sesenta comenzaron a alzarse voces desde la academia que preveían el agotamiento del modelo de la economía protegida, basada en la sustitución de importaciones. Y cómo éstas coincidieron con presiones de los empresarios más grandes —de la CONCAMIN— para abrir la economía mexicana. A pesar de que el gobierno

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ÍNDICE

La visión general, Lorenzo Meyer, 15 El hilo conductor: cambio y resistencia, 15 El contexto amplio. Del mundo bipolar al mundo unipolar, 17 El México del neopopulismo y la crisis estructural, 23 Fin de un modelo económico, efectos sociales y aceleración de ritmo del cambio político, 26 La tecnocracia, última etapa del régimen posrevolucionario, 28 El cierre del ciclo histórico, 31

Introducción, Ilán Bizberg, 35 El sistema político: cambios y vicisitudes, José Luis Reyna, 47 Los orígenes del sistema, 48 Los primeros indicios de la transición, 51 Los vértices del sistema y la gobernabilidad, 54 La aparición de la crítica política y el surgimiento de la oposición real, 61 Hacia el sistema de partidos, 64 Fenómenos naturales, consecuencias políticas, 73 Instituciones democráticas, 81 El desarrollo político y los cambios estructurales, 84 Conclusiones, 87 El Congreso de la Unión: una pieza clave en el cambio, Luisa Béjar Algazi, 91 Del auge al deterioro final del régimen, 92 El despegue de la transición, 97 El afianzamiento del pluralismo, 107 Otras huellas del cambio, 111 Índice de tablas, 117 El congreso mexicano (1964-2006), Arturo Alvarado, 119 La debilidad del congreso, 122 Dominio presidencial, 124 Funciones del congreso, 125

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

Los antecedentes, 127 Evolución electoral y de la composición del congreso, 128 La lucha por el poder, 130 Composición del congreso, 131 El trabajo legislativo, 133 Práctica parlamentaria, 135 El presupuesto, 137 Las legislaturas sin mayoría absoluta, 140 Consecuencias de los cambios, 142 Iniciativas en las legislaturas LVII, LVIII y LIX, 144 Logros legislativos por partido, 146 El poder ejecutivo en las legislaturas LVII, LVIII y LIX, 146 Puntos de acuerdo en las legislaturas, 149 Aprobación de proposiciones con punto de acuerdo, 150 La nueva formulación del presupuesto federal, 153 La LX legislatura (2006-2009), 154 Nota breve sobre el senado, 155 A través de la historia, 155 Índice de figuras y tablas, 161 De la marginalidad a los reflectores. El renacimiento de la administración de justicia en México, José Antonio Caballero, 163 Introducción, 163 La imposible tarea del poder judicial federal. El rezago, las reformas y el nacimiento de la séptima época del Semanario Judicial de la Federación (1967-1987), 165 Las reformas constitucionales de 1967, 166 El poder judicial y la sociedad mexicana durante la séptima época, 170 La Corte y la política, 173 La imagen de la justicia, 173 Hacia la integración de un tribunal constitucional. Las reformas de 1987 (1987-1994), 175 La nueva división del trabajo en el poder judicial de la federación, 175 El desprestigio del poder judicial federal, 177 La revolución judicial de 1994. La novena época del Semanario Judicial de la Federación (1994-2006), 178 La consolidación de la justicia constitucional, 179 La nueva organización del poder judicial federal, 180 Nueva imagen y nuevas funciones para el poder judicial, 185 La función jurisdiccional de la Suprema Corte de Justicia, 186 Justicia y sociedad en la novena época, 190 La reforma federal y su influencia en el país, 191 Conclusión, 192 Índice de figuras y tablas, 193

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ÍNDICE

Los gobernadores y el federalismo. La descentralización del poder, Rogelio Hernández Rodríguez, 195 Los recursos para el control político local, 196 Los límites del control local, 200 Descentralización administrativa y pluralismo, 204 La nueva autonomía estatal, 209 La disputa por el control, 210 Alternancia federal, autonomía estatal, 213 El pacto cívico-militar y la transición a la democracia en México, Mónica Serrano, 219 Las relaciones cívico-militares en México, 221 Los sesenta: ¿fuerzas armadas o “fuerzas de gravedad”?, 222 Cambio democrático y control civil, 226 El control democrático de los militares, 228 a) Violencia “legítima” y fuerzas armadas, 229 b) El surgimiento de una supremacía parlamentaria, 230 c) El control del presupuesto de defensa, 231 Los militares y la transferencia del poder, 233 Conclusión, 235 Tres instituciones de la democracia mexicana: IFE, TEPJF e IFAI, Alberto Aziz Nassif y Jorge Alonso Sánchez, 237 El Consejo General del IFE, 238 El campo electoral, 238 El marco legal, 238 Integración del Consejo General del IFE , 240 Un conflicto: el nombramiento del secretario, 240 La primera prueba: las elecciones de 1997, 241 El bloque opositor y el secretario, 242 La presión del PRI, 243 El proceso electoral de 2000, 244 Cambios de consejeros, 245 El proceso electoral de 2003, 246 La fiscalización electoral, 246 Presupuesto versus autonomía, 248 Propuestas de reforma electoral, 249 Las diversas redes del IFE , 250 El nuevo Consejo, 251 Los conflictos del nuevo Consejo, 253 El complejo proceso de 2006, 254 Libertad de expresión sin límites o regulación, 254 El monitoreo, 255 La capacitación electoral, 256

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

Los resultados electorales, 257 La crisis poselectoral, 258 El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, 261 Integración del Tribunal Electoral, 262 Los medios de impugnación, 262 Números del litigio electoral, 263 Tesis relevantes, 264 El expediente de nulidad en materia electoral, 266 2006, una calificación histórica, 269 El IFAI y el acceso a la información, 274 Obstáculos a la transparencia, 279 Remisos y contumaces, 280 Un intento de regresión, 282 Logros en materia de transparencia, 283 Los efectos del IFAI, 284 Cuánto es suficiente, 285 Críticas al IFAI, 286 Reformas necesarias, 286 Los problemas del IFAI después de las elecciones presidenciales de 2006, 288 El activismo civil en la transición mexicana a la democracia, Sergio Aguayo Quezada, 291 La violencia, 292 Las consecuencias de la guerra sucia, 293 Los activistas de derechos humanos, 294 Intelectuales y medios de comunicación, 296 Hacia la convergencia de intelectuales y activistas, 299 La creación de Alianza Cívica y las elecciones de 1994, 300 ¿Desaparecer o continuar?, 304 El síndrome de 1994 y la realidad de 1995, 306 El dilema organizativo, 308 Los supuestos falsos y la identidad de Alianza, 310 Intelectuales y activistas frente a una democracia enclenque, 311

Notas, 315 Bibliografía general, 347 Nota editorial para los apéndices, 355 Figura 1. Número de votos obtenidos por el Partido Revolucionario Institucional en elecciones presidenciales, 1964-2006, 356 Figura 2. Número de votos obtenidos por el Partido Acción Nacional en elecciones presidenciales, 1964-2006, 357

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ÍNDICE

Figura 3. Número de votos obtenidos por el Partido de la Revolución Democrática en elecciones presidenciales, 1988-2006, 358 Figura 4. Número de votos obtenidos por el Partido Revolucionario Institucional en elecciones de diputados federales, 1964-2006, 359 Figura 5. Número de votos obtenidos por el Partido Acción Nacional en elecciones de diputados federales, 1964-2006, 360 Figura 6. Número de votos obtenidos por el Partido de la Revolución Democrática en elecciones de diputados federales, 1988-2006, 361 Figura 7. Número de votos obtenidos por el Partido Revolucionario Institucional en elecciones federales de senadores, 1964-2006, 362 Figura 8. Número de votos obtenidos por el Partido Acción Nacional en elecciones federales de senadores, 1964-2006, 363 Figura 9. Número de votos obtenidos por el Partido de la Revolución Democrática en elecciones federales de senadores, 1988-2006, 364 Figura 10. El padrón electoral como porcentaje del total de la población, 1964-2006, 365 Figura 11. Porcentaje de abstenciones sobre el total de ciudadanos empadronados, 1964-2006, 366 Figura 12. Diferencia entre número de votos y escaños en la cámara de diputados, 1964-2006, 367 Figura 13. Aumento del número de partidos según votaciones y número de escaños en la cámara de diputados, 1964-2006, 368 Figura 14. Número de iniciativas presentadas en el Congreso de la Unión por partido político en las LVII, LVIII y LIX legislaturas, 368 Figura 15. Número de propuestas con punto de acuerdo presentadas en el Congreso de la Unión por partido político en las LVII, LVIII y LIX legislaturas, 369 Figura 16. Porcentaje de propuestas con punto de acuerdo por partido político en las LVII, LVIII y LIX legislaturas, 369 Tabla I. Porcentaje de votos y número de escaños en la cámara de diputados por partido político, 1964-2006, 370 Tabla II. Evolución de la composición de la cámara de diputados por número de escaños ganados por mayoría relativa, de partido y representación proporcional, 1964-2003, 371-372 Figura 17. Evolución de la composición de la cámara de diputados durante las LVII, LVIII, LIX y LX legislaturas, 373 Figura 18. Evolución de la integración de la cámara de senadores durante las LVII, LVIII, LIX y LX legislaturas, 374 Documento 1. Exposición de motivos de la reforma del sistema de justicia presentada por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, el 5 de diciembre de 1994, 375 Tabla III. Relación cronológica de las decisiones relevantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, 1996-2006, 377-380 Tabla IV. Presupuesto total del IFE por rubro, 1991-2006, 381 Tabla V. Asignaciones del IFE a los partidos políticos, 1991-2006, 382-389 Figura 19. Gasto militar de México con respecto al PIB, 1968–2005, 390 Figura 20. Comparación del gasto militar de México con respecto al PIB con países menos desarrollados, de desarrollo medio y grandes potencias, 1968-2004, 391

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

Tabla VI. Número de elementos de las fuerzas armadas mexicanas, 1968-2006, 392 Tabla VII. Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional que han desertado, según rango, 1985-2006, 393 Tabla VIII. Ingresos de los estados que reflejan su dependencia del presupuesto federal, 1968-2006, 394-409 Tabla IX. Egresos de los estados, 1968-2006, 410-413 Tabla X. Lista de gobernadores donde se señalan los estados ganados por la oposición, 1989-2006, 414-420 Mapa 1. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 1989 a 1991, 421 Mapa 2. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 1992 a 1994, 422 Mapa 3. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 1995 a 1997, 423 Mapa 4. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 1998 a 2000, 424 Mapa 5. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 2001 a 2003, 425 Mapa 6. Estados gobernados por un partido opositor en todo, o en algún momento, durante el periodo que va de 2004 a 2006, 426 Cronología: marco histórico contemporáneo, Macario Schettino, 427 Índice analítico, 455 Referencias de los colaboradores, 501

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INTRODUCCIÓN Ilán Bizberg

E

n el primero de los tomos de esta historia se analizaron las tendencias que afectaron a nuestro país en los últimos tres decenios del siglo pasado y las inercias que aún arrastramos. El segundo examinó a los principales actores que intervinieron en estos cambios. En este tercer volumen vamos a considerar las transformaciones de las principales instituciones de nuestro país. Al examinar estos textos el lector podrá percatarse de la manera en la cual instituciones que en el viejo régimen dependían casi absolutamente del presidente de la República salen de su sombra y comienzan a tener vida propia. Entre las más importantes para la vida actual del país están el congreso, el poder judicial y el ejército. También se redefine el pacto federal, impactando sobre todo el poder de los gobernadores. Finalmente, se crean y adquieren importancia algunas instituciones propias de la democracia, como son el Instituto Federal Electoral (IFE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI). Cada una de estas instituciones ahora renovadas adquiere una dinámica propia e influye para generar una nueva vida política. Es esta dinámica la que analiza el primero de los capítulos del libro. En su estudio, José Luis Reyna muestra los cambios de un sistema político que vivía al ritmo del partido hegemónico y que a partir del acotamiento del presidencialismo se enfrenta a los retos de la gobernabilidad. Reyna nos recuerda cómo el Partido Revolucionario Institucional (PRI) canalizaba las múltiples demandas sociales a través de un complejo sistema de organizaciones que resolvía los conflictos en su interior con la negociación. Analiza la manera cómo la globalización y la lógica del mercado empezaron a desplazar a una de las piezas claves del sistema: el partido de Estado. La composición del partido empezó a cambiar y surgió una nueva clase política: los tecnócratas. En los años ochenta se debilita la estructura corporativa del sistema. Así empezó a diluirse el control sobre los procesos políticos del partido y del presidente. En 1987 se conforma la Corriente Democrática a partir de un desprendimiento del partido oficial y se crea un nuevo partido de oposición, el PRD, que llegaría a ser la segunda fuerza política nacional, desplazando al propio PRI. A la par, como efecto de la modernización del país, la sociedad mexicana se vuelve más educada, mejor informada y, sobre todo, más participativa. Una de sus primeras expresiones fue la electoral, y consistió en la inusual cantidad de votos que obtuvo el Partido Acción Nacional (PAN) en las elecciones federales de 1973. Pero, sin duda, el terremoto de 1985 fue el momento decisivo, cuando la incapacidad de respuesta del gobierno permitió que la sociedad pudiera organizarse por su propia cuenta, al margen de las instituciones establecidas. Este hecho demostró que la sociedad tenía la capacidad de organizarse independientemente de la tutela del Estado y del partido hegemónico.

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

Pero al tiempo que el viejo régimen se descomponía, no sólo se democratizaba el país, sino que aparecieron los primeros síntomas de ingobernabilidad. Un significativo número de gobernadores fue separado de sus cargos o fueron impuestos por negociaciones entre el presidente y la oposición de derecha. El PAN, al margen de la legalidad electoral, participó en las llamadas “concertacesiones”, en especial durante la presidencia de Carlos Salinas. El movimiento insurgente de Chiapas y el asesinato del candidato del PRI a la presidencia, en 1994, impactaron fuertemente a las estructuras políticas y movilizaron a la opinión pública. Están, por otra parte, los retos que significan la persistente pobreza y desigualdad, la creciente violencia, el auge del narcotráfico y la aparición de grupos guerrilleros. Finalmente, están la incapacidad para cooperar mostrada por la presidencia y el congreso durante el sexenio de Fox y la falta de un estado de derecho. Todo esto significa que si bien es cierto que el país ha alcanzado las condiciones mínimas para avanzar en su proceso democrático, aún falta consolidarlo. Se ha pasado de un modelo autoritario a uno de democracia incipiente. El gran reto es terminar de desmantelar la vieja estructura autoritaria sobre la que el país se asentó por tanto tiempo y construir las nuevas instituciones que permitan la existencia de una ciudadanía más activa y participativa. En pocas palabras, asegurar que en la nueva democracia mexicana no se pierda la gobernabilidad. Según Reyna, para ello será clave la institucionalización de un sistema de partidos. La primera de las instituciones específicas que se analiza en este volumen es el congreso que, como bien dice Luisa Béjar, pasó de ser un poder subordinado al ejecutivo a una pieza clave en el régimen actual. Desde que inicia el proceso de democratización del país, hace más de tres décadas, uno de los aspectos más relevantes fue el paso de un sistema de partido hegemónico a uno pluripartidista, producto de la competencia electoral que dispersó el poder político. Béjar describe los momentos más significativos de este proceso hasta la actualidad. El régimen priísta alcanzó su apogeo entre 1946 y 1963, cuando las organizaciones corporativas del partido controlaban las dos cámaras del congreso, al tiempo que se sometían al arbitraje gubernamental. La reforma electoral de 1963 fue un intento por reforzar la legitimidad del régimen, más que el inicio de la liberalización. Con ello se fortaleció la voz de tres partidos en la legislatura: el Partido Acción Nacional (PAN) y la mancuerna formada por el Partido Popular Socialista (PPS) y el Partido de la Revolución Mexicana (PARM), los llamados satélites del PRI. Después de cinco legislaturas, la reforma de los “diputados de partido” acabó por desgastarse. El gobierno de José López Portillo promovió una enmienda electoral para ampliar la representación de otras fuerzas en el congreso. No obstante, a pesar de que la reforma política de 1977 permitió la representación proporcional, ésta no logró penetrar en la estructura interna del poder legislativo. Esto porque las subsecuentes leyes internas del congreso no modifican el dominio priísta sobre las comisiones que deciden su funcionamiento. Uno de los momentos más importantes de este proceso fue la pérdida de la mayoría calificada en 1988. A pesar de la posterior recuperación del PRI, el diseño institucional del régimen queda definitivamente modificado por la instauración de un sistema electoral competitivo. Otro momento clave fue la aprobación, en 1996, de la reforma que “ciudadaniza” al IFE y que contribuye a crear condiciones de equidad en la competencia electoral. Las elecciones del 6 de julio de 1997 asestan un duro golpe al orden político priísta, ya que pierde el dominio de la cámara de diputados y el gobierno del Distrito Federal. Además, aunque su posición en el senado

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INTRODUCCIÓN

está menos comprometida, también pierde la capacidad de aprobar reformas constitucionales sin el apoyo de otras fuerzas políticas. A partir de ese momento, nos dice Béjar, la negociación y la cooperación dejan de ser un recurso para incrementar la legitimidad de las propuestas gubernamentales y se convierten en una práctica obligada. Finalmente, la votación del 2 de julio del 2000 da lugar a la alternancia en el gobierno federal y a la fragmentación del poder político en las dos cámaras. Esta nueva circunstancia le permite a cualquiera de las fuerzas políticas, en la presidencia y en las dos cámaras del congreso, ejercer un derecho de veto. Con lo que se abre una nueva etapa en la vida del congreso mexicano: de la unanimidad que existió en el antiguo régimen, pasamos al reto de construir un marco institucional que facilite la cooperación entre los distintos actores políticos. El riesgo de no lograrlo es que, en la medida en que ninguna de las fuerzas políticas puede controlar el proceso legislativo, éstas se vuelvan cada vez más irresponsables. Una situación que, en principio, pareció acentuarse por la polarización política a la que dio lugar la elección de 2006. La importancia del tema nos llevó a incluir otro capítulo, más cuantitativo, sobre el congreso. En él, Arturo Alvarado analiza los principales cambios desde la perspectiva de la representación política, el reclutamiento de las elites y las relaciones con el poder ejecutivo federal. Uno de los datos más claros del control que ejercía el ejecutivo sobre el congreso en el antiguo régimen es que entre 1964 y 1997 casi todas las iniciativas presentadas por el presidente fueron aprobadas: 76% del total de las enmiendas fueron iniciadas por el ejecutivo federal, mientras que sólo 5% fueron presentadas por el PRI y otro tanto por los partidos de oposición. Esta debilidad y subordinación del congreso se explica por la existencia de una mayoría parlamentaria del mismo partido del presidente y el control que éste ejercía sobre los candidatos y los representantes populares con la no reelección, que imponía la lealtad para lograr una carrera política personal exitosa. El hecho de que el sistema electoral haya evolucionado hacia la pluralidad no significa que ya no existan los elementos, como la no reelección, que permiten el control sobre los diputados por parte de la jerarquía partidista. Alvarado coincide en señalar que el cambio más significativo en el congreso se dio a partir de la escisión en el PRI y la formación del Frente Democrático Nacional en 1987. A partir de ese momento, cambió radicalmente la situación de los partidos en el congreso. Antes, la mayoría de los escaños de oposición provenía de la representación proporcional, a partir de 1988 los partidos de oposición ganaron cada vez más diputaciones y senadurías por mayoría. Entre 1964 y 1985 el PAN sólo logró obtener 17 distritos de mayoría relativa, mientras que entre 1988 y 2000 ganó 268 distritos. En las ultimas tres elecciones federales entre 2000 y 2006 triunfó en 142, 80 y 167 distritos electorales uninominales respectivamente, un total de 387 distritos. Por su parte, el PRD, obtuvo 287 curules en sus casi 10 años de presencia electoral hasta el año 2000. A partir de entonces logró ganar 26 distritos uninominales en 2000, 55 en el año 2003 y 98 en las elecciones de 2006, un total de 179. Es evidente que el PRI ha sido el gran perdedor. A partir de 2000 triunfó en sólo 132 distritos uninominales, 118 en 2003 y sólo 65 distritos en 2006. Otro momento decisivo se vivió en 1997, cuando el PRI perdió la mayoría dentro de la cámara de diputados, al obtener sólo 239 diputados, lo que dio lugar a un gobierno dividido. Además, las fuerzas opositoras en esta legislatura crearon un frente contra el gobierno y mantuvieron la suficiente disciplina para producir cambios importantes.

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

Las consecuencias de esta recomposición del congreso ha significado un nuevo reparto de poderes entre el poder ejecutivo y el legislativo, donde el congreso adquiere una capacidad que no tenía anteriormente. Ante estos cambios, Alvarado se hace una pregunta fundamental: ¿ha surgido una elite parlamentaria diferente y una forma distinta de hacer política? Sin lugar a dudas, las nuevas condiciones electorales han generado un grupo de congresistas más profesional. No obstante, la elaboración de las principales políticas sigue dominada por las dirigencias de los partidos. Además, por causa de la no reelección, los votantes no pueden sancionar o premiar a los diputados y senadores salientes y tienen que elegir a nuevos legisladores sobre los cuales no tienen la suficiente información. Está, además, el problema del excesivo tamaño de los distritos electorales, así como el hecho de que 40% de los diputados son electos por listas electorales de representación proporcional, lo que también va en contra de la rendición de cuentas. A pesar de ello, es indudable que mucho ha cambiado. El presidente en turno no tiene mayoría en el congreso, esto lo obliga a legislar buscando la cooperación de los otros partidos políticos. Por otra parte, hay pluralidad política al interior del congreso; ningún partido tiene mayoría absoluta para legislar y no es posible tener el control partidario absoluto de ningún comité. Las consecuencias para la elaboración de las políticas son claras: no se produce legislación sin cooperación. No obstante, es claro que si bien la estructura del congreso y la relación con el ejecutivo hacen obligatoria la cooperación, ésta es difícil y, según Alvarado, sus obstáculos parecen incrementarse según pasa el tiempo. Esta situación llevó a que se expresaran temores acerca de la parálisis del gobierno. Pero hasta concluir estas páginas, ésta no ocurrió y se pudieron evitar los conflictos políticos ocurridos en otros países de América Latina. No obstante, aunque el congreso mexicano ya no está sometido a la presidencia, sigue apareciendo como una institución débil ante la opinión pública. No parece tener la capacidad de perseguir metas comunes que constituyan una agenda política propia. A pesar de ello, a últimas fechas se ha visto un creciente proceso de negociación entre las distintas fracciones partidarias; parecería que ante la evidencia del gobierno dividido, éstas han establecido mecanismos para lograr acuerdos. Lo que es absolutamente indudable es que el congreso y el senado se han convertido en actores clave, que están generando en nuestro país el germen de una situación de equilibrio de poderes, que tanto Locke como Montesquieu consideraban esencial para la democracia. Podría pensarse que el gran perdedor es el presidente, en la medida en que ha terminado su monopolio legislativo. No obstante, sigue teniendo la capacidad de enviar iniciativas de ley, además de que conserva, en exclusividad, la formulación del proyecto de presupuesto de egresos. El poder judicial es otra de las instituciones centrales que se ha modificado radicalmente. José Antonio Caballero analiza el proceso por el cual la Suprema Corte de Justicia pasa de ser un tribunal discreto a convertirse en el árbitro de buena parte de los conflictos políticos del país. Aunque los primeros pasos pueden encontrarse en las reformas de 1977, mediante las que se establece la facultad consultiva para la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cambio más importante ocurre con la reforma de 1994. A partir de entonces, el poder judicial federal inició un proceso de fortalecimiento que aún se mantiene. La Suprema Corte de Justicia mantuvo una actividad jurisdiccional de bajo perfil y su prestigio no era muy elevado. Las reformas que se hicieron hasta la época de los ochenta sólo acrecentaban el número de tribunales y reducían las cargas de trabajo. Hubo, empero, algunos

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INTRODUCCIÓN

asuntos en los que la corte destacó por sus posiciones contrarias al congreso o al poder ejecutivo, en especial en los asuntos fiscales, agrarios y laborales. Aunque es necesario agregar que en los asuntos cruciales, las interpretaciones de la corte no se alejaron demasiado de los planteamientos defendidos por el presidente en turno. En relación con los sucesos de 1968, desde hacía tiempo que los jueces rechazaban analizar los problemas de constitucionalidad del delito de disolución social. Eventualmente confirmaron las acusaciones de las procuradurías en contra de los presos políticos. Otro tema de especial relevancia, anterior a los cambios, fue el de la nacionalización de la banca. Los banqueros interpusieron diversos amparos en contra de los actos del gobierno. Mientras que los primeros recursos fueron sobreseídos por la reforma a la Constitución, los segundos fueron desechados una vez que llegaron al pleno de la corte. La primera reforma importante de la corte fue la de 1987, en la que se definió el propósito de especializarla en el conocimiento de los asuntos constitucionales, de convertirla en un tribunal constitucional y enviar a los tribunales colegiados de circuito los asuntos restantes. A partir de entonces, la corte transfiere a los tribunales colegiados asuntos en donde no hay un debate constitucional y éstos le envían los casos que entrañan problemas constitucionales. La reforma de 1994 significó un avance sustantivo. Los cambios se concentraron en el establecimiento de dos nuevos mecanismos de defensa de la Constitución. Por una parte se creó la acción de inconstitucionalidad y por la otra se reglamentaron las controversias constitucionales. Otra de las claves del nuevo diseño consistió en la creación del Consejo de la Judicatura Federal, como el órgano encargado de administrar al poder judicial federal y garantizar la existencia de la carrera judicial. Esta reforma implicó un nuevo modelo de organización para el poder judicial federal. A partir de entonces, los asuntos y las decisiones de la Suprema Corte de Justicia se han vuelto más trascendentales. Lo primero que atrajo la atención nacional hacia la Suprema Corte de Justicia de la Nación fue su intervención en la determinación de los responsables de la matanza en Aguas Blancas, Guerrero, del 28 de junio de 1995. La corte encontró culpables de graves violaciones de las garantías individuales al gobernador y otras autoridades estatales, lo que fue fundamental para obligar al ejecutivo local a renunciar. La reforma de 1996 le dio a la corte la facultad de intervenir en asuntos electorales. Empero, el primer antecedente es previo y se trata de la controversia presentada por el gobierno y el congreso de Tabasco para cuestionar las investigaciones de la Procuraduría General de la República sobre el financiamiento de la campaña por el gobierno de Roberto Madrazo; asunto que se resolvió a favor de la Procuraduría General de la República. Seis años más tarde se presentó una acción de inconstitucionalidad en contra de las reformas realizadas a la Constitución del estado de Tabasco con motivo de las elecciones a gobernador, en la que la corte también decidió en contra del congreso y del gobierno del estado. La corte también comenzó a intervenir en asuntos directamente relevantes para la población, como el conocido caso del anatocismo. El asunto se remonta a la crisis de los deudores particulares de finales de 1994. Se analizó si algunas de las cláusulas contenidas en los contratos firmados con las instituciones financieras eran inconstitucionales. La resolución generó mucha polémica en la medida en que fue en favor de los bancos. Otro asunto destacado que abordó la corte fue la supuesta violación del gobierno del Distrito Federal, encabezado por Andres Manuel López Obrador, a una suspensión decretada

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS INSTITUCIONES

por un órgano del poder judicial federal en el asunto de la propiedad de un predio conocido como El Encino. En este caso, la Suprema Corte de Justicia optó por dar a conocer a la opinión pública el contenido de los expedientes judiciales y colocarlos en su página de internet; acto por el cual se cuestionó la independencia de la institución. Los dictámenes de este órgano judicial superior en cuestiones de derechos humanos también fueron desiguales. Por una parte, hay decisiones que atestiguan una clara tendencia a la ampliación de los derechos establecidos en la Constitución. Dentro de esta línea se puede citar la jurisprudencia relacionada con el derecho de acceso a la información pública. Sin embargo, también destacaron casos polémicos en donde no hay mayores avances, como el último (que ya no aborda Caballero) relativo a la periodista Lydia Cacho y el gobernador del estado de Puebla, Mario Marín. En resumen, el capítulo de Caballero muestra cómo en los últimos cuarenta años, el poder judicial federal experimentó una profunda transformación, aunque señala que ésta no es suficiente para implantar el estado de derecho en nuestro país. Otra de las instituciones que cambiaron a lo largo de estos treinta años fue el federalismo, tal y como es posible analizarlo desde la perspectiva de la relación entre los gobernadores y el gobierno federal. Rogelio Hernández muestra cómo los poderes estatales también estuvieron subordinados al eje de la política mexicana representado por el presidente de la República, a pesar de que formalmente la nación mexicana es una federación. Con el debilitamiento paulatino de la presidencia comienza a resurgir la “forma” federal. El autor analiza cómo, a la par del proceso de democratización, se produjo una descentralización de las funciones administrativas y de los recursos financieros, con lo que los gobiernos estatales vieron aumentada su autonomía. La alternancia del año 2000 terminó de quebrantar el sometimiento de los gobiernos locales al centro, en la medida en que se perdió la homogeneidad partidaria. El capítulo de Hernández comienza describiendo la manera en que se desempeñaban los gobernadores bajo el dominio priísta. Luego revisa los procesos de descentralización administrativa y financiera que les dieron recursos extraordinarios y el de la apertura política que abrió paso al pluralismo. Por último, analiza los cambios ocurridos durante el gobierno de Vicente Fox, para mostrar las dos tendencias de los poderes estatales: la organización colectiva que disputa el presupuesto federal y el resurgimiento de líderes tradicionales que gobiernan sus estados como caciques. Durante el régimen priísta, el gobierno federal centralizó el poder: expropió facultades del orden local y provocó la debilidad administrativa y económica de los estados. Una de las atribuciones más importantes que se le amputó fue la capacidad recaudatoria. Sin recursos económicos y con pocas tareas administrativas, los gobernadores se centraron en asegurar la estabilidad política local. Los mandatarios tuvieron el dominio indisputable, tanto del congreso local como de los ayuntamientos y, por supuesto, del PRI. El gobernador seleccionaba a los presidentes municipales, aunque había diferencias en el control que ejercía sobre ellos, según la importancia de cada municipio. De esta manera, aunque los gobernadores le debían el puesto al presidente, llegaron a controlar la política local prácticamente de manera absoluta, casi sin interferencias de éste. No obstante, el presidente tenía como último recurso la desaparición de poderes, procedimiento que se hacía formalmente a través del senado. Entre 1946 y 2000 fueron retirados del cargo 71 gobernadores, lo que representa 25.4% del total de los gobiernos de los estados.

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ÍNDICE

Llamada, Lorenzo Meyer e Ilán Bizberg, 15 La visión general, Lorenzo Meyer, 19 El hilo conductor: cambio y resistencia, 19 El contexto amplio. Del mundo bipolar al mundo unipolar, 21 El México del neopopulismo y la crisis estructural, 27 Fin de un modelo económico, efectos sociales y aceleración de ritmo del cambio político, 30 La tecnocracia, última etapa del régimen posrevolucionario, 32 El cierre del ciclo histórico, 35

Introducción, Ilán Bizberg, 39 De la protección a la apertura comercial, Gustavo Vega Cánovas, 51 La política comercial de México desde la segunda guerra mundial, 51 El tránsito del modelo de sustitución de importaciones al de promoción de exportaciones (1985-1994), 55 Racionalidad política del nuevo modelo de promoción de exportaciones, 64 Los alcances y logros del nuevo modelo de promoción de exportaciones, 65 El dinamismo del comercio exterior mexicano y su participación en el PIB, 65 La creciente importancia de las exportaciones de manufacturas, 67 El desempeño exportador y la crisis de 1995, 70 La recuperación económica por medio del comercio exterior, 71 Los acuerdos comerciales de México, 74 El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), 74 El TLCAN a más de una década, 75 Comportamiento por sectores, 77 Sector manufacturero, 78 La industria automotriz, 78 La industria textil y de confección, 80 La industria electrónica, 82 El sector agrícola, 83 Retos y oportunidades de la diversificación comercial, 84 América Latina, 84

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS POLÍTICAS

El Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, 88 México y Japón, 90 Comercio internacional y crecimiento económico. Evaluación, 92 Las maquiladoras, 94 Índice de figuras y tablas, 96 La política industrial: ¿beneficios corporativos o fortalecimiento económico nacional?, José Luis Méndez, 97 Periodo 1964-1982, 97 La política de Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI), 98 Evaluación, 110 Política económica, empresarios y crisis económicas, 112 Periodo 1982-1988, 113 La política industrial, 113 Evaluación, 116 Periodo 1988-2006, 116 La política industrial, 118 Evaluación, 129 Política social, María del Carmen Pardo, 133 Modelo de desarrollo y política social, 134 El Estado benefactor, 135 La política social en México, 138 El atraso rural y la política social, 141 El PIDER, 143 Balance del PIDER, 146 La política social y la abundancia, 150 El COPLAMAR, 151 Balance de COPLAMAR, 156 Crisis y política social, 157 Los sismos y la respuesta institucional, 161 Desmantelamiento de programas sociales, 162 Dádivas presidenciales, 164 El PRONASOL, 166 Balance del PRONASOL, 170 Reivindicaciones tardías, 173 El PROGRESA, 175 Balance del PROGRESA, 178 Índice de tablas, 182 Drogas, narcotráfico y política en México: protocolo de hipocresía (1969-2000), Froylán Enciso, 183 Politización de las drogas, 183 La reacción mexicana, 184

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ÍNDICE

Aprehensiones, 190 El primer narcostar, 191 La banda de las Bolas de cocaína, 195 Un líder mexicano, 196 El Cochiloco y Pedro Avilés, 197 Un estilo de vida sienta sus reales, 198 La guerra contra las drogas (1981-1989), 200 Las políticas, 200 La complicidad oficial con los “casi empresarios”, 211 Algunos emprendedores, 213 Michael Ludiwin Walters, 213 Juan N. Guerra o la simiente del llamado “cártel del Golfo”, 214 El Rafa y don Neto, 214 El Azul, 215 Miguel Ángel Félix Gallardo, 216 Las consecuencias: a veces silencioso el desastre social, 219 El consumo de drogas, 221 Las drogas y el libre mercado (1988-2000), 223 El combate a las drogas durante el periodo neoliberal, 224 La era de los “cárteles”, 237 Alcances del narcotráfico, 240 Lavado de dinero y deterioro productivo, 241 Los periodistas, 242 Políticas culturales y educativas del Estado mexicano de 1970 a 2006, Bernardo Mabire, 247 Definiciones básicas, 247 Importancia de las políticas culturales del gobierno, 248 El Estado constructor y educador: antecedentes y primeros pasos, 251 Un balance de la etapa anterior a 1970, 255 Echeverría y el nacionalismo tercermundista, 259 López Portillo y su país respetable, 266 De la Madrid y la austeridad como expiación, 268 Salinas y la tensión detrás del triunfalismo, 270 Zedillo y la debacle del antiguo régimen, 279 Fox y la desilusión de la democracia, 283 Apreciación general, 290 Profesión de fe, 293 Fondo y forma de la política exterior de México, Humberto Garza Elizondo, 297 La política exterior de México hasta 1968, 298 El escenario internacional, 298 Factores que condicionan la política exterior de México, 299 La función de la política exterior de México, 302

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La política exterior de México en 1997, 304 El nuevo escenario internacional, 304 Factores que condicionan la política exterior de México, 306 La función de la política exterior de México, 320 Índice de figuras y tablas, 327 Las relaciones con Asia-Pacífico, Gabriel Székely y Francisco Haro, 329 Agenda global, 330 Las relaciones bilaterales, 333 México y China: los logros de tres décadas, 333 Vacilaciones y avances en la relación con Corea del Sur, 337 La relación estratégica con Japón, 340 El trilateralismo y la relación con las economías de Asia-Pacífico, 345 Estados Unidos en la relación de México con Japón, 345 El mercado de Estados Unidos, la inversión y el comercio con Japón, China y Corea, 346 Comercio e inversión de empresas mexicanas en Asia-Pacífico, 351 México y Asia-Pacífico en el nuevo siglo, 353 La política exterior de México hacia América Latina, Ana Covarrubias Velasco, 361 Guerrillas, revoluciones y el socialismo en el poder, 362 México y los gobiernos revolucionarios. El acercamiento, 363 Los desapegos, 368 México y los movimientos guerrilleros en los setenta y los ochenta, 370 El libre comercio y la integración económica, 373 La promoción de la democracia y la protección de los derechos humanos, 378 Tradición e inconsistencia, 379 Titubeo y cambio, 381 Europa, distante pero necesaria, Lorenzo Meyer, 385 El trasfondo histórico, 386 La difícil relación hispano-mexicana, 387 Albión, de central a relativamente secundaria, 389 Francia o el imperialismo fallido, 390 Alemania. De conspiraciones, guerras y recuperación, 392 El telúrico 1968 y la marcha de Europa, 394 La integración, 399 Las relaciones de México con el actor colectivo, 403 Las relaciones bilaterales en la última etapa, 406 España, 407 Alemania, 409 Gran Bretaña, 411 Francia, 412 Índice de figuras y tablas, 415

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ÍNDICE

Notas, 417 Bibliografía general, 467 Nota editorial para los apéndices, 475 Mapa 1. Negociaciones comerciales que tiene México, incluyendo tratados de libre comercio, acuerdos de complementación económica y acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones, 476-478 Tabla I. Las importaciones, las exportaciones, el comercio y la balanza comercial de México con Estados Unidos, 1968-2006, 479 Figura 1. Inversión extranjera directa en México por país, 1994-2006, 480 Figura 2. Inversión extranjera directa en México por sector, 1994-2006, 481 Figura 3. El PIB manufacturero de México y sus componentes, 1993-2006, 482-483 Figura 4. Participación de las exportaciones en la producción manufacturera mexicana, 1993-2006, 484 Tabla II. Tipo de cambio del peso mexicano frente al dólar estadunidense, 1964-2006, 485 Tabla III. Tasa de interés al final del periodo, 1968-2006, 486 Figura 5. Evolución de la pobreza en México, 1950-2006, 487 Tabla IV. Porcentaje nacional de personas pobres según el tipo de pobreza y grado de urbanización, 2000, 2002 y 2004, 488 Tabla V. Índice de desarrollo humano por entidad federativa y nacional, 1950-2006, 489 Tabla VI. Erradicación de cultivos de marihuana y amapola, 1968-2006, 490 Tabla VII. Aseguramientos de marihuana, cocaína, goma de opio y heroína, 1968-2006, 491-492 Tabla VIII. Aprehensiones de nacionales y extranjeros, 1968-2006, 493 Tabla IX. Indicadores sobre educación en México, 1950-2006, 494-495 Tabla X. Sueldos de los maestros de educación primaria y secundaria, 1998-2005, 496 Tabla XI. Grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más, por entidad federativa, 1976-2006, 497-500 Tabla XII. Evolución de la eficiencia terminal en diferentes ciclos educativos, 1978-2007, 501-520 Tabla XIII. La absorción en diferentes ciclos educativos, 1976-2007, 521-548 Tabla XIV. Número de escuelas primarias, secundarias, técnicas y universidades en la república, 1968-2007, 549-551 Tabla XV. Presupuesto de ingresos y egresos de la UNAM, 1968-2006, 552-557 Tabla XVI. Patentes concedidas en México, 1968-2006, 558-559 Tabla XVII. Las economías del Pacífico, 560 Tabla XVIII. Relaciones de México con países asiáticos del Pacífico, 561 Tabla XIX. Principales tratados, convenios y acuerdos de México con países del Pacífico, 1831-2006, 562-582 Tabla XX. Oficinas especiales de gobiernos de Asia-Pacífico en México, 583 Tabla XXI. Intercambios comerciales de México con el Pacífico, 1960-2005, 584-586 Tabla XXII. Maquiladoras en el comercio de México, 1985-2005, 587 Tabla XXIII. Empresas de Asia-Pacífico por sectores de la economía mexicana, 588 Tabla XXIV. Inversión extranjera directa de empresas de Asia-Pacífico en México, 1994-2005, 589-590

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Tabla XXV. Distribución por rama económica de la inversión de empresas de Asia-Pacífico en México, 1999-2005, 591-595 Tabla XXVI. Comercio de México con economías seleccionadas de Asia Pacífico por tipo de bienes, 596-597 Tabla XXVII. Inversión extranjera directa de Asia Pacífico por entidad federativa, 1999-2005, 598 Tabla XXVIII. Inversión directa de Europa (Reino Unido, Alemania Federal, Suiza, Francia, España, Suecia, Holanda e Italia), 1960-2006, 599-600 Tabla XXIX. Comercio de México con Europa, Estados Unidos y el total, 1960-2006, 601-602 Cronología: marco histórico contemporáneo, 603 Índice analítico, 631 Referencias de los colaboradores, 687

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INTRODUCCIÓN Ilán Bizberg

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as grandes transformaciones analizadas en el primero de los tomos de esta Historia implicaron cambios igualmente radicales en la mayor parte de las políticas públicas, tanto las dirigidas al ámbito interno como hacia el exterior, que son el contenido de este cuarto volumen. Los capítulos contenidos en este libro analizan con detalle las políticas comerciales, industriales, sociales y exteriores del Estado mexicano. En el registro de la política exterior se estudian las políticas orientadas hacia las regiones del mundo con las que tenemos más relaciones: Latinoamérica, Asia Pacífico y Europa. Hay que explicar dos ausencias notables en este volumen, la relación política con Estados Unidos ya ha sido tratada en el primer tomo, en la medida en que la relación de esta potencia con nuestro país ha sufrido una de las principales transformaciones en las últimas décadas. Por otra parte, las escasas relaciones que tenemos con África nos han llevado a no incluir un capítulo sobre el tema. En el primer capítulo, Gustavo Vega describe la manera cómo desde principios de los años cincuenta hasta la mitad de la década de los ochenta el gobierno de México, al igual que muchos otros países en desarrollo, especialmente América Latina, implementó una estrategia económica basada en la sustitución de importaciones. Esta estrategia estuvo centrada en el proteccionismo comercial y en la intervención gubernamental en la economía. Este modelo de desarrollo se desmorona con la crisis de la deuda de 1982. A partir de ese momento se inicia una política de promoción de exportaciones que implicó que el país se convirtiera en una de las economías más abiertas del mundo en desarrollo, que ingresara al GATT en 1986 y decidiera firmar un Tratado de Libre Comercio con nuestros vecinos del norte, que entró en vigor en enero de 1994. Vega ofrece una breve historia de la política comercial mexicana desde la segunda guerra mundial y de los factores que nos llevaron de una política orientada hacia el mercado interno a otra que privilegia la promoción de exportaciones. En la segunda parte de su capitulo hace una evaluación del impacto de la política de promoción de exportaciones en la primera década de su implementación. En la tercera parte discute el papel que han tenido la política comercial y los distintos tratados de libre comercio desde mediados de la década de los años noventa. En la sección final analiza la manera en la cual Estados Unidos se ha convertido en el principal mercado de nuestras exportaciones y cómo a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 estamos ante el desafío de asegurar el acceso libre y estable al mercado estadunidense que incluyen, según Vega, una nueva gestión administrativa de la frontera, una nueva política comercial regional, la colaboración en materia de seguridad y una política migratoria. Durante la mayor parte del periodo de la posguerra México adoptó una estrategia de industrialización basada en la sustitución de importaciones, que pretendía desarrollar una

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industria nacional mediante una política de precios, así como otras medidas de regulación de las importaciones, tales como los controles cuantitativos, los permisos previos, los precios oficiales, las medidas sanitarias, etcétera. Hacia finales de los sesenta, estas políticas provocaron graves distorsiones en la economía, en términos de desempleo, disminución del ritmo de la producción agrícola y descenso de la participación de México en los mercados mundiales de productos primarios. A partir de la crisis financiera de 1982, el gobierno de De la Madrid comenzó a liberalizar la política comercial. El primer paso importante fue la eliminación del requisito de licencia de importación para más de 2,000 categorías de la Tarifa General de Importaciones. El segundo fue el ingreso al GATT. La entrada de México a este acuerdo dio un mayor impulso a las reformas comerciales que ya estaban en marcha. Como resultado de estas medidas, en la segunda mitad de la década de los años ochenta, México se convirtió en una de las economías en vías de desarrollo más abiertas del mundo. Según Vega, uno de los principales objetivos que guió la política de liberación comercial de mediados de los años ochenta fue superar la dependencia del petróleo como principal producto de exportación y en términos generales de los productos primarios y extractivos, cuyos precios habían ido deteriorándose permanentemente. De esta manera, México se convirtió en un dinámico actor del comercio internacional, interesado en la liberalización comercial que le permitiera abrir los mercados a sus exportaciones y atraer inversión extranjera productiva al país. Es en este contexto en el que se firma el TLCAN, el acuerdo de libre comercio más importante de México. México promovió el acuerdo con Estados Unidos a fin de asegurar y fomentar el acceso de sus productos a su mercado más importante y para contrarrestar las prácticas proteccionistas que habían impedido en el pasado el acceso a algunas de las exportaciones mexicanas más competitivas. Se pensaba que la integración con un país rico como Estados Unidos brindaría otros beneficios como la transferencia de tecnología. Además, el capital financiero externo se convirtió en un recurso indispensable para las actividades productivas del país, debido a la escasez de ahorro interno y al alto nivel de endeudamiento externo. Según Vega, a pesar de los logros, México aún enfrenta enormes retos. El país todavía cuenta con una economía que excluye a la mayoría de la población de las actividades productivas con alto valor agregado. Las primeras generadoras de empleos son las industrias pequeñas y medianas, las cuales no han logrado integrarse al sector exportador. Además, las exportaciones mexicanas están siendo desplazadas de importantes sectores de los mercados estadunidense y canadiense por productos chinos e indios. Finalmente, ha crecido la incertidumbre con respecto al acceso de nuestras exportaciones al mercado estadunidense derivada de las medidas de seguridad que se han impuesto en Estados Unidos a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. En paralelo a esta política de apertura hacia el exterior, José Luis Méndez destaca las formas en las que se modificaron las políticas económicas dirigidas hacia el interior. Este autor nos dice que en tanto que el país se abrió a la inversión extranjera y a las importaciones y se convirtió en un importante exportador, la política industrial pasó de procurar la protección a los inversionistas nacionales a una política dedicada a su promoción. Describe la política económica de la época de sustitución de importaciones, en la que el Estado protegía al sector industrial de la competencia del exterior, otorgaba subsidios a la elaboración de bienes manufacturados, e incluso llegaba a asumir su producción. Como es bien sabido, la política industrial de

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INTRODUCCIÓN

la época de sustitución de importaciones consideraba la capacidad potencial para remplazar importaciones como el criterio para otorgar asistencia a las empresas. La política proteccionista se complementó con una alta actividad de regulación del Estado y éste se convirtió en un importante productor directo de bienes y servicios; en 1964 llegó a ser dueño de más de ochenta por ciento de las treinta empresas más importantes del país. Además, para allegarse de recursos financieros para su gasto corriente e inversiones, el gobierno federal obligaba a las instituciones bancarias a depositar un porcentaje importante de su captación en el banco central, además de que fijaba distintas tasas máximas para cada sector en función de sus propósitos de promoción. A raíz de la crisis de 1982, que significó el fin del modelo de sustitución de importaciones, cambia la coalición empresarios-gobierno que apoyaba el modelo de sustitución de importaciones y se crea una alianza favorable a la apertura comercial. Con la llegada al poder de los conocidos como tecnócratas en el sexenio de Salinas de Gortari se impone un nuevo modelo de desarrollo: se reducen notablemente el proteccionismo externo y los subsidios crediticios y fiscales, se desregula, se abre la economía al exterior y se da prioridad a las condiciones macroeconómicas estables. Según Méndez, mientras que en la política económica anterior se daba prioridad a los inversionistas, el gobierno de Salinas se orientó más por los intereses de los consumidores. Ésta fue una manera de justificar la radical apertura económica, ya que reducía los precios y abría las opciones de consumo. Por otra parte, los apoyos del gobierno federal a las empresas pasaron de estar basados en los subsidios a orientarse hacia los créditos. La apertura comercial tenía también un propósito político, se pensaba como una forma de eliminar muchas de las fuentes de clientelismo de la política industrial; un propósito en el cual fue poco eficaz. Méndez termina analizando por qué la alternancia en el poder no ha modificado la política industrial establecida por los gobiernos priístas. Describe cómo se ha producido un cambio de coalición dominante que sustituyó a aquella que favorecía el proteccionismo y que se beneficiaba de él, por otra favorable a la apertura, interesada en la exportación de sus productos y que es, además, apoyada por los organismos internacionales. Los dos siguientes capítulos, el de María del Carmen Pardo y de Bernardo Mabire, analizan los cambios en las políticas sociales, la asistencial y la cultural, respectivamente. Así como la política comercial e industrial, las políticas sociales también fueron profundamente modificadas por el cambio de modelo económico y del papel del Estado en la economía. Es bien conocido que mientras tuvo vigencia el modelo de sustitución de importaciones y se pensaba que el crecimiento de la economía se encargaría de integrar a la población a los beneficios de la economía moderna, que incluía a la seguridad social, la asistencia a los pobres era una política marginal. En tanto que el nuevo modelo ha presentado una creciente incapacidad para absorber a la población y reducir la pobreza, el gobierno mexicano se ha visto obligado a ampliar enormemente sus programas y recursos dedicados a la asistencia social. El capítulo de Pardo nos habla sobre esta evolución. En él analiza los distintos programas gubernamentales de política social. Distingue entre la política social de los gobiernos de la primera mitad del periodo estudiado, de 1968 a 1980, en los que la política social es parte de la manera en la que los gobiernos nacional-revolucionarios respondían a las expectativas de la población y la de los gobiernos “modernizadores”, a partir del sexenio de De la Madrid, en los que la política social va a ser un atenuante de las políticas de ajuste y del nuevo modelo económico. Según Pardo, a pesar de

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que los gobiernos “modernizadores” aplican una política social que se propone resolver carencias específicas de algunos grupos y sectores, no han logrado definir una política integral y de largo plazo en la que confluyan los esfuerzos del gobierno con los de otros actores. De hecho, según la autora, ambos tipos de gobierno han utilizado la política social más como fuente de legitimación y de gobernabilidad que como mecanismo para resolver el problema de la pobreza. El gobierno de Echeverría llega al poder con la idea de recuperar la legitimidad perdida por la forma como se había manejado el movimiento estudiantil de 1968. Por otro lado, pretendía sustituir el modelo económico de desarrollo estabilizador, en el que se había establecido como prioridad el control de la inflación de cara a la redistribución del ingreso, por un modelo que daba prioridad a esta última. La política social sería utilizada para este propósito, con un mayor gasto en educación, salud y vivienda y su programa faro, el PIDER. El gobierno siguiente, el de López Portillo, enterró al PIDER e instrumentó dos programas que contaban con enormes recursos provenientes del petróleo: agrupó todos los programas sociales bajo una misma coordinación, la COPLAMAR e implementó el Sistema Alimentario Mexicano que perseguía la autosuficiencia alimentaria. La crisis de 1982 forzó a una importante reducción del gasto público, en especial en el rubro social. Esto obligó al gobierno de De la Madrid a focalizar las políticas sociales para hacerlas más eficaces. Inicia un proceso de descentralización que se proponía permitir una mayor participación de los estados y municipios y estimular el que las organizaciones sociales expresaran las necesidades de los grupos sociales más marginados. El gobierno de Salinas de Gortari creó el Programa Nacional de Solidaridad con los mismos propósitos. No obstante, en vez de descentralizar, Solidaridad terminó con una mayor centralización y un creciente control político. La definición de políticas y estrategias, así como la dotación de recursos, fueron concentradas en el gobierno federal. Por otra parte, el programa fue utilizado políticamente para intentar refuncionalizar el control de las organizaciones sociales corporativas y tratar de recuperar a las regiones que habían votado en contra del PRI en 1988. Además, el programa Solidaridad fue manejado directamente por el presidente, lo que lo personalizó excesivamente y lo convirtió, como plantea Pardo, en una dádiva que él otorgaba o retiraba. El levantamiento zapatista constituyó la prueba de que el propósito había fracasado, ya que Chiapas había sido una de las regiones hacia las cuales se había canalizado la mayor cantidad de recursos. Es por ello que el gobierno de Zedillo pone en marcha el Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA), con el objetivo de despolitizar la política social y regresar a los propósitos descentralizadores. Por otra parte, las políticas sociales de este gobierno como el del siguiente, el de Fox; pretenden ajustarse a los lineamientos del Banco Mundial, que tienen como prioridad el fortalecer el capital humano de la población con menores ingresos. Esto resulta en una focalización aún mayor de la política social: se da apoyo a las familias a cambio del compromiso de que los niños sigan en la escuela y acudan regularmente a los centros de salud. Por otra parte, se regresa el control de estos programas a las dependencias que se habían ocupado de ellas anteriormente. El gobierno de Fox amplía fuertemente la cobertura del programa, que se rebautiza como Oportunidades, elevando el número de beneficiaros de poco más de 600 mil familias en 1998 a cinco millones en 2005. El siguiente capítulo, escrito por Bernardo Mabire, analiza la política cultural, entendida desde su sentido más englobante, de cultura nacional. Es la construcción de una cultura nacio-

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INTRODUCCIÓN

nal acorde al momento histórico del régimen político y de la relación del país con su entorno internacional, lo que determina las características de la cultura y sus transformaciones. Las políticas educativas, así como las culturales en sentido estricto son los instrumentos para construirla. Mabire analiza primero la manera en la cual los primeros gobiernos revolucionarios, a partir de la instauración del régimen de partido hegemónico en 1929, utilizaron las políticas culturales, pero sobre todo la política educativa, como una palanca para desarrollar una idea de nación basada en los ideales de la Revolución mexicana. El impulso de este proyecto no se dio sin contradicciones, como lo analiza el autor dando como ejemplo los agudos conflictos relativos a la instauración de los libros de texto únicos y gratuitos, tanto a principios de los años sesenta, como de nueva cuenta en 1972 y con menos trascendencia en 1992. Este capítulo discute las etapas por la que va transitando este proyecto, entre los distintos gobernantes de la misma corriente, hasta 1982. A partir de esta fecha analiza las consecuencias sobre la política cultural del abandono de la ideología de la Revolución mexicana, la apertura económica, el cambio de modelo económico y la austeridad, lo cual significó, en suma, la transición de una cultura nacionalista poco precisa, hacía un modelo cultural aún más indefinido. Finalmente, a partir del sexenio de la alternancia, con la llegada al poder del PAN, se impone una política educativa que favorece la educación privada, que sigue reduciendo los recursos para la educación pública y un desinterés casi total por el ámbito cultural. El propósito del capítulo de Mabire es muy ambicioso, no sólo analiza las políticas culturales, que como él dice se agotarían rápidamente a pesar de los recursos que en ellas invirtieron sobre todo los gobiernos priístas. Para definir la política cultural es necesario referirse a ésta, pero también, a las políticas educativas, pero en primerísimo lugar a las ideologías generales que ambas intentaban vehicular. Y éstas se reflejan no sólo en estas políticas que hemos mencionado, sino en los mismos contenidos de los libros de texto que mandaba hacer el gobierno, en las políticas de fomento a las artes, pero también en las relaciones con la Iglesia católica, la visión que se tenía del extranjero y de las relaciones exteriores, así como también la relación entre el gobierno y la iniciativa privada. Vasto programa que el lector deberá juzgar en su justa valía. En paralelo con lo reseñado hasta ahora sobre el impacto provocado por el cambio de modelo de desarrollo sobre las políticas públicas (las políticas comercial e industrial) y el cambio del papel del Estado sobre la política social y cultural en los últimos decenios, el narcotráfico se convirtió en uno de los problemas nacionales más graves, lo que requirió políticas estatales precisas. En su capítulo, Froylán Enciso repasa algunos de los episodios más importantes de la historia del narcotráfico en México desde 1969 con el propósito de analizar en qué medida la creciente violencia y corrupción que ha ido dominando las regiones en las que se trafica con las drogas nace de la necesidad económica y la marginación, y qué tanto implica reacciones a los cambios de las políticas gubernamentales y/o de los mercados. El autor analiza tanto los efectos internacionales del combate a las drogas por parte del gobierno estadunidense, la reacción del gobierno mexicano en su territorio, los efectos de las presiones de los gobiernos de México y de Estados Unidos sobre los productores y traficantes de drogas mexicanos, y las consecuencias de estos procesos sobre la sociedad mexicana. Los años setenta estuvieron marcados por la reacción mexicana a la política estadunidense de combate a las drogas, momento en el cual este tema se politizó en Estados Unidos.

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UNA HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE MÉXICO: LAS POLÍTICAS

Paralelamente, se produjo una mutación de los actores criminales: mientras que en los años sesenta y setenta, el tráfico no estaba organizado, básicamente lo llevaban a cabo jóvenes turistas, desde mediados de los años setenta, los grupos criminales en México lograron un nivel organizativo y de penetración de los órganos del Estado mexicano cercano al actual. En el siguiente decenio, las políticas de erradicación selectiva, cierre de rutas de trasiego y la intercepción fronteriza obligaron a un salto cualitativo en el estilo del tráfico de drogas. Según Enciso, las consecuencias sociales de estos procesos fueron una creciente violencia en algunas regiones del país y la aparición de una cultura de la producción de drogas como estilo de vida que, con el tiempo, mermó la presencia del gobierno mexicano de manera focalizada pero, afirma Enciso, casi permanente. La década de 1980 se caracterizó por el inicio de la política estadunidense que se ha dado en llamar la “guerra contra las drogas”. Según el autor, el objetivo de fondo era utilizar políticamente la corrupción y el auge del narcotráfico en México como un adversario externo que alimentara discursivamente en las elecciones en Estados Unidos. En los hechos, por un lado se proporcionaba ayuda para el combate al narcotráfico y, por el otro, se creaba un proceso de “certificación” para condicionarla. La reacción mexicana a este proceso interno a Estados Unidos fue el intento por limpiar los aparatos judiciales y su militarización. En respuesta, los traficantes mexicanos tomaron control de la producción nacional. Por una parte, la producción se desplazó del tradicional “triángulo dorado” hacia otros lugares, como Guadalajara. Además, se empezó a crear un mercado interno de drogas, para contar con una válvula de escape para los momentos en que arreciaba la guerra contra el narco y los gobiernos cerraban la frontera norte al paso de drogas. Durante el sexenio de Salinas, el debate sobre el narcotráfico fue opacado por la prioridad otorgada por ambos gobiernos al Tratado comercial. No obstante, se marcaron giros importantes, como fue el que el gobierno se acomodara a los enfoques estadounidenses del tema de las drogas, al definirlo como un asunto de seguridad nacional. El rasgo más importante de la política frente a las drogas durante el sexenio de Ernesto Zedillo fue el aumento de la participación de los militares y, correlativamente, las evidencias públicas de su corrupción. Por parte de los narcotraficantes, Enciso analiza cómo esta política redundó en un proceso de “cartelización” o pulverización de los territorios y rutas de tráfico en las que se dividió el país. Los cuatro últimos capítulos de este tomo analizan la política exterior mexicana. En su capítulo, Humberto Garza discute cómo se ha ido abandonando la política exterior tradicional, de carácter nacionalista, independiente y de principios que caracterizó la actuación de México en el mundo desde fines de la segunda guerra mundial hasta los últimos años del decenio de los ochenta. La conclusión de Garza es que si bien la política exterior ha dejado atrás su carácter cerrado y defensivo, la promoción de la apertura y de las acciones concretas a favor de una creciente integración con el exterior no se han traducido en una mayor autonomía, sino por lo contrario, en una mayor dependencia. La política exterior tradicional había permitido al país escapar de los reclamos estadounidenses de hegemonía en el continente. Según Garza, durante muchos años la vecindad con Estados Unidos definió un trato hacia nosotros distinto al del resto de los países de América Latina: esto porque la estabilidad política era el objetivo más importante de la política estadunidense hacia nuestro país. El valor estratégico de dicha estabilidad permitió que el gobierno de Estados Unidos se mostrara relativa-

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Í NDICE [Apartado de imágenes, entre las páginas 32 y 98] [Referencias de las imágenes, 99] Introducción, Ilán Bizberg, 103 9 U NA HISTORIA...

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