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001-222 aventureras

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traordinarias y dificilísimas, retratando campos magnéticos, cuerpos en movimiento, pompas de jabón, corrientes de aire, y pondrá a punto máquinas especiales, como la Supersight Camera, una máquina fotográfica enorme que le permite imágenes de altísima definición. Trabaja para numerosas revistas científicas y para la Universidad de Cambridge. En los años sesenta se retira a vivir a Maine, del que se enamoró durante un reportaje fotográfico. Compra una gran casa de madera rodeada de un bosque. Al principio es solamente una casa de verano, porque Elizabeth prefiere la ciudad, pero después de la muerte de su amiga, en 1965, pasó a ser su residencia principal. Como único compañero tiene a su gato, pero recibe con gusto a los amigos, como el galerista Harry Lunn, ex agente de la CIA reconvertido en coleccionista de arte. Paradójicamente, en el momento en el que se retira ve crecer todavía más su fama, unida sobre todo a su trabajo sobre Nueva York. Tiene que contratar un ayudante para que haga el seguimiento de las peticiones de impresión y revelado de sus fotos de los años treinta. Al final prefiere ceder todo el archivo a un coleccionista, que después lo revenderá a los grandes museos americanos. De vez en cuando todavía hace algún disparo –«Estoy tratando de fotografiar las estaciones. Aquí en Maine el otoño es maravilloso»–, pero de hecho se considera jubilada. «Ya no trabajo», explica a un periodista que fue a visitarla. «No me gustan las últimas cosas que he hecho. La gente debería saber cuándo tiene que dejarlo. Yo ahora soy sólo una eremita jubilada.» Muere en 1991 a los noventa y tres años.

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oceano, mexico