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limpios, sin cataratas ni carnosidades ni rojeces. Es una mujer extraña; es muy vieja, avara y amarga. Casi nunca se refiere a la Ciudad de México, en la que vive desde hace más de sesenta años. Sus pensamientos se han ido quedando “allá abajo”, en “la Colonia”, en ese San Rafael tropical de Veracruz, a donde llegó su familia francesa un siglo antes y donde ella misma vivió sus primeros veintitantos años. Sin hijos propios, vive de la memoria de quienes se escribían con sus padres desde Francia, inmersa en sus fotos, sepultada en sus cartas. Añorando esa época que no le tocó sino de refilón. Ahora nosotros tratamos de rescatar esas vidas del encierro que la tía les ha impuesto. Porque los obliga a seguir aquí: no los ha dejado irse, alejarse, perderse en el tiempo. Gracias a su extraordinaria voluntad, los mantiene presentes, los saca de sus papeles y revive sus historias, historias que tal vez le permitan olvidarse de la que le tocó vivir a ella misma, en su curiosa labor de guardiana del pasado. Tía Tina sigue hablando con afectación, con un acento afrancesado que dejó de oírse en la familia hace más de medio siglo. Hablamos de comida y ríe; nos dice, con felicidad infantil, “passez à table! ”, pasen a la mesa, su frase favorita, la que soltaba su madre cuando llegaban los visitantes, la que culminaba el día o la que reunía a quienes habían salido a trabajar. “Passez à table! ”, sigue diciendo frente a las fotos, y recuerda el pan de agua que partía el jefe de familia “en rebanadas exactas de un centímetro” que se ofrecían en una bandeja al centro de la mesa. “Celui qui ne sait pas couper le pain, ne sait pas le gagner ”, afirma, como tantas veces debe de haber afirmado Ernest, su padre, de cuya capacidad de ganar —o de cortar— el pan nadie dudó. “Passez à table! ”, para describir las mermeladas que elaboraba Elise con las frutas que traían los arribeños, esas frutas de tierras frías que no se daban en San Rafael y que los franceses echaban de menos. Y recuerda el dulce que hacían con las naranjitas “de a veinte por centavo”, machucadas con trozos de 16

Siempre un destierro final.indd 16

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19341c  

Siempre un destierro Couturier, Gabriela Y a una persona, ¿cuántas veces se la puede arrancar de raíz y esperar que siga viviendo? ¿No mor...

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Siempre un destierro Couturier, Gabriela Y a una persona, ¿cuántas veces se la puede arrancar de raíz y esperar que siga viviendo? ¿No mor...