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Título:

Aplauso perdido. Analisis del sexenio de Enrique Peña Nieto © Daniel Kerner y Carlos Petersen, 2018

De esta edición: © Turner Publicaciones, S.L., 2018 Francisco Peñuñuri, 12 Del Carmen Ciudad de México 04100 www.turnerlibros.com Primera edición: junio de 2018 Reservados todos los derechos en lengua castellana. No está permitida la reproducción total ni parcial de esta obra, ni su tratamiento o transmisión por ningún medio o método sin la autorización por escrito de la editorial. ISBN:

978-607-7711-16-2

Diseño de la colección: Enric Satué Ilustración de cubierta: Diseño TURNER Edición: Elvia Navarro Jurado Investigación y redacción: Mario Santiago Jiménez César Valdez Maquetación: Jorge Brozon Corrección: Tania Pratts Impreso en México La editorial agradece todos los comentarios y observaciones: turner@turnerlibros.com


La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social [...] no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia. karl marx


ÍNDICE

Introducción ................................................................................. 15 i

Te lo firmo y te lo cumplo ................................................... 25

ii

Moviendo a México .............................................................. 49

iii Lo iv

bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho ............ 103

¿Ustedes qué hubieran hecho? ........................................... 133

Epílogo .......................................................................................... 161


Para Ana, Teo y Cala Para La Charvelita


We’re half awake in this fake empire the national


INTRODUCCIÓN

Y

“ a sé que no aplauden”, dijo, genuinamente sorprendido y ofendido, el tres de febrero de 2015 el presidente Enrique Peña Nieto ante un grupo de periodistas, al finalizar la presentación de medidas para mejorar la transparencia de su administración. Era la tradición del presidencialismo mexicano moderno, especialmente mientras el pri estuvo en el poder, que a los presidentes se les aplaudiera en todas sus apariciones públicas. Aún más, pensó seguramente Peña Nieto, cuando estaba presentando medidas destinadas a tratar de contener el creciente descontento social con la corrupción. Este gesto encapsula, en gran medida, las principales características del sexenio de Peña Nieto: el intento de recrear el poder presidencial en un contexto en el cual esto ya no era posible, y la incapacidad de comprender por qué la sociedad no festejaba los logros del gobierno. Desde su derrota en el año 2000 el pri sobrevivió y se reinventó en los gobiernos locales. El poder del partido había pasado a los gobernadores que, con el control de recursos públicos, eran quienes tenían capacidad de ganar elecciones. De ahí había surgido Peña Nieto, quien después de gobernar el Estado de México ganó las elecciones presidenciales con una campaña moderna, dinámica, y con un mensaje claro: el pri había dejado atrás sus peores características autoritarias, pero mantenía lo bueno. A diferencia de los gobiernos panistas, Peña Nieto sería un gobernante efectivo y que cumpliría sus promesas. Fue suficiente para ganar, dada la creciente 13


aplauso perdido

frustración generada por la incapacidad de la administración del presidente Felipe Calderón para implementar cambios que el electorado venía esperando desde el sexenio de Vicente Fox.1 Aparte de ofrecer el retorno a la efectividad priista, durante la campaña Peña Nieto comenzó a mencionar que, una vez en el poder, implementaría importantes reformas estructurales, muchas de las cuales el pri había frenado en el Congreso durante las presidencias panistas, con el objetivo de liberar las fuerzas que, finalmente, generarían tasas de crecimiento económico significativas. Estas visiones se cristalizaron en el Pacto por México, el mayor éxito político de Peña Nieto. El pri logró sumar a los dos principales partidos de oposición, el pan y el prd, para impulsar su ambiciosa agenda de reformas. El entusiasmo por el retorno del pri y su agenda reformista tuvo tal vez su mayor impacto en el extranjero. Se generó la idea del “momento mexicano”: la percepción de que finalmente México vería altas tasas de crecimiento económico y daría un salto fuerte hacia el desarrollo. Había un diagnóstico generalizado sobre las reformas que era necesario implementar (energética, educativa, financiera, telecomunicaciones, hacendaria) y la creencia (que se volvió realidad) de que Peña Nieto podría implementarlas.2 México había crecido en promedio el 2.1% entre el 2000 y el 2012, mientras América Latina había crecido el 3.4%. Los votantes habían traído al pri de regreso para que esto cambiara. A medida que la agenda de reformas tomaba forma y el entusiasmo de los inversionistas extranjeros iba en aumento, empezó a quedar claro que el pacto tenía también un objetivo político: la reconstrucción del poder del Estado. Gran parte de la clase política coincidía en que el Estado estaba perdiendo poder a costa de los poderes fácticos y con ello capacidad de imponer sus decisiones. La larga transición producto de las sucesivas crisis económicas y políticas que el país vivió desde los años ochenta debilitó el poder del presidente. El presidencialismo todopoderoso llegó a su fin 14


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cuando el pri perdió la mayoría en la Cámara de Diputados en 1997 (tres años más tarde perdería la presidencia). Si algo quedó claro durante los doce años de gobierno panista fue que, sin mayorías parlamentarias, el presidente era débil. La incapacidad de los gobiernos panistas para realizar cambios importantes generó cierta frustración y la sensación de que el país se había estancado y que la transición no había logrado resolver sus principales problemas. De igual forma, el deterioro de las condiciones de seguridad, producto de la guerra declarada al narco durante el sexenio de Calderón, reforzó la sensación de que el Estado se había debilitado. Pero detrás de los planes de Peña Nieto y el pri también se gestó un esfuerzo, tal vez no del todo consciente al principio, de restablecer la presidencia imperial y retornar al antiguo régimen. Aprovechando la idea generalizada de que el Estado estaba perdiendo capacidad de acción, la administración de Peña Nieto utilizaría las reformas estructurales y el intento de modernización económica para restablecer el sistema político anterior al año 2000. Este objetivo cobró fuerza a medida que los éxitos de Peña Nieto durante sus primeros meses ayudaban a consolidar su poder. Pero también era, de alguna manera, inexorable. El pri se había adaptado al nuevo contexto democrático en términos de estrategias electorales: la campaña de Peña Nieto es prueba cabal de esto. Las diferentes reformas electorales y la transición habían ido moviendo el poder dentro del partido hacia las figuras que, con distintas estrategias, podían ganar elecciones, especialmente gobernadores.3 Pero si el pri se había modernizado en sus estrategias electorales, los avances habían sido mucho menores en cuanto a su comportamiento en el gobierno. El particular manejo del poder priista había sobrevivido sin grandes cambios a nivel local, y esto había sido especialmente importante en el Estado de México donde el control del partido era, todavía, casi total.4 Pero el intento de restablecer las antiguas formas de control y poder político estaba destinado a fracasar. La sociedad mexicana es 15


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muy distinta a la que existió durante la segunda parte del siglo xx y a la que Peña Nieto, hasta cierto punto, quería regresar. Muchos de los vaivenes y desencuentros entre Peña Nieto y la sociedad civil durante el sexenio se explican precisamente porque los esfuerzos del pri por restablecer el viejo orden estaban destinados a encontrar fuerte resistencia, dados los cambios que se habían generado en la sociedad mexicana. Es probable que Peña Nieto haya pensado que las reformas iban a ser la marca de su sexenio. Y si bien esas reformas lo sobrevivirán, las dinámicas políticas estuvieron mucho más marcadas por los objetivos políticos del pri y por la incapacidad del presidente para reaccionar con reflejos apropiados ante los obvios límites que encontraba su proyecto. El área en la que esto se vio más claro, aunque no la única, fue la corrupción. Frente al creciente malestar social por la corrupción, el gobierno respondió tarde y a medias, dando algunas concesiones, pero sin realmente comprender el deterioro que esto generaba en términos de aprobación presidencial. El malestar del presidente por las críticas y falta de apoyo a su gobierno fue una constante del sexenio.

el libro

Este libro es un esfuerzo por entender de manera sistemática, rigurosa y desapasionada el sexenio del presidente Peña Nieto, intentando identificar los cambios y continuidades, y explicar el porqué de las decisiones, reacciones y esfuerzos del gobierno. El foco está puesto principalmente en lo político. La idea principal que subyace a todo el periodo es justamente que el sexenio de Peña Nieto estuvo marcado por el esfuerzo del pri para restablecer el antiguo régimen, y es ésta la fuente de sus éxitos y sus fracasos. Si al principio del sexenio pareció que el gobierno era fuerte y efectivo, en gran medida por la debilidad y disfuncionalidad de la oposición, al poco tiempo quedó claro que existían debilidades 16


introducción

estructurales que no le permitieron sortear las nuevas realidades políticas del país. Hubo también una sobrestimación del impacto de las reformas estructurales, en parte por cuestión de tiempo, ya que tardarán en rendir frutos, pero también por una subestimación de los desafíos. Al mismo tiempo, la forma en la que la situación política evolucionó durante el sexenio fue producto de las distintas circunstancias y decisiones que se fueron tomando a lo largo del periodo. Los cambios fueron importantes y es posible identificar las distintas etapas que transitó el sexenio de Peña Nieto. El libro está organizado de manera cronológica precisamente para capturar este proceso. El primer capítulo presenta el contexto en el cual surge la candidatura de Peña Nieto. El capítulo explora cómo, el creciente descontento con el pan por su incapacidad para aprobar reformas y el deterioro de la seguridad crearon las condiciones para el surgimiento de un pri competitivo. La transición había generado en el electorado una amplia expectativa de un cambio profundo que finalmente no se dio. Por otro lado, los cambios al interior del pri, especialmente el creciente poder de los gobernadores y el trabajo de grupos a su interior para posicionar a una figura como Peña Nieto explican como el pri logró volver a ser una alternativa. Él fue quien mejor representó esta nueva cara del pri. Se presentaba como un gobernador exitoso que tenía las condiciones para solucionar los problemas del país. Era efectivo, pero, se suponía, había dejado atrás las prácticas del antiguo régimen. El segundo capítulo explora los dos primeros años del sexenio, el “momento mexicano”. Éste fue el ápice del poder de Peña Nieto. El presidente formó el Pacto por México junto con los principales partidos de oposición, el pan y el prd, y logró aprobar reformas estructurales claves, incluyendo la apertura energética. En el proceso, el presidente consolidó su poder y sus esfuerzos por reconstruir el antiguo régimen empezaron a verse con mayor claridad: el arresto de Elba Esther Gordillo es un ejemplo claro y temprano de 17


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esto. Sumando logros gracias a la aprobación de las reformas y con una oposición debilitada y fracturada, se fue creando la sensación de que el control y poder de Peña Nieto y el pri iban en aumento. Pero también aparecieron los primeros problemas. A pesar de las reformas, el crecimiento económico decepcionó y salieron a la luz los primeros escándalos de corrupción ante los cuales el gobierno respondió de manera torpe. La reforma hacendaria produjo un fuerte malestar, redujo el crecimiento y quebró la relación entre el sector empresarial y el gobierno. Mientras los inversionistas extranjeros se entusiasmaban con las reformas, el malestar en México iba en aumento. Si en algún momento parecía que Peña Nieto había vuelto a ser un presidente imperial, el escándalo de la “casa blanca” y el asesinato de los 43 estudiantes en Ayotzinapa mostraron que el emperador estaba desnudo. Con la aprobación de la reforma energética (la joya de la corona), el fin del Pacto por México, debilitado por los múltiples escándalos y la caída en la popularidad del presidente, el gobierno parecía haber quedado sin rumbo y carente de iniciativa. El capítulo tres explora este periodo. A pesar de las reformas, su relación con la iniciativa privada y la mayor parte del electorado se había roto. El crecimiento seguía siendo decepcionante y el gobierno no atinaba a responder de manera adecuada ante el creciente descontento social. A pesar de los problemas, la implementación de las reformas avanzó con firmeza. La situación macroeconómica se mantuvo estable, pero la caída de los precios del petróleo obligó al gobierno a realizar un ajuste en el gasto público, que afectó aún más su capacidad de respuesta. Aunque el pri mejoró su posición relativa en el Congreso gracias a su alianza con el Partido Verde en las elecciones legislativas de medio término, el descontento llevó a que el pri perdiera varios de los principales estados del país en 2016 y quedara gobernando la menor cantidad de entidades en su historia. La seguridad comenzó a deteriorarse nuevamente y siguieron emergiendo escándalos. La elección de Donald 18


introducción

Trump en Estados Unidos y la decisión de Peña Nieto de invitarlo a México durante la campaña destruyeron la credibilidad del presidente y lo forzaron a despedir a su principal asesor y operador político, Luis Videgeray. El gasolinazo a principios de 2017 causó un derrumbe en la popularidad de Peña Nieto. Su proyecto político parecía terminado. Sin embargo, el pri y el presidente recuperaron poder e iniciativa en el tramo final del sexenio. Éste es el foco del último capítulo. Los esfuerzos de Trump de renegociar el tlcan y la vulnerabilidad de México ante sus acciones generaron una amenaza externa que, involuntariamente, le permitió al gobierno crear de nuevo un vínculo de confianza y un objetivo conjunto con el sector privado y la élite política del país, preocupados también por el posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales. Por otro lado, el presidente consolidó su liderazgo dentro del pri al llevar a su partido a la victoria en la competida y decisiva elección del Estado de México. Este triunfo y la sucesión presidencial, que Peña Nieto manejó con las prácticas antiguas del pri, le dieron un nuevo ímpetu al gobierno. Pero el malestar social seguía ahí a medida que los problemas de corrupción y seguridad empeoraban, así como la incapacidad del gobierno para entender las demandas de la sociedad mexicana, lo que siguió marcando un límite claro al proyecto de Peña Nieto. Hacia el final eran más los que ya no aplaudían.

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Daniel Kerner y Carlos Petersen nos ofrecen una obra clara, documentada y objetiva sobre por qué el gobierno de Enrique Peña Nieto fue tan c...

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