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TALLER DEL ÉXITO


AUTOBIOGRAFÍA DE UN HOMBRE FELIZ

El diseño y el sello se usan en esta edición bajo convenio con Grupo Océano. © 2014, Taller del Éxito - Benjamín Franklin D.R. © Taller del Éxito Inc. 1669 NW 144th Terrace, Suite 210 Sunrise, FL 33323 Estados Unidos Esta edición es para venta exclusiva en México. Primera edición en Taller del Éxito exprés: Julio de 2015 ISBN: 978-1-60738-326-0 Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, almacenada en soporte informático o transmitida por medio alguno mecánico o electrónico, fotocopiada, grabada, ni difundida por cualquier otro procedimiento, sin autorización escrita del editor. Impreso en México / Printed in Mexico


AutobiografĂ­a de un hombre feliz



Benjamín Franklin

Autobiografía de un hombre feliz Historia de una vida basada en principios de éxito


Contenido Prólogo —9— Los orígenes de la felicidad —25— Los años de formación —53— Mi llegada a Europa —81— El líder y estadista —115— El proceso de autoevaluación nunca termina —139— El camino a la riqueza —157—


Prólogo

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iempre he creído que el éxito deja huellas. Es por eso que, si deseamos triunfar en un área determinada, siempre es provechoso revisar cómo y cuál fue el recorrido de otros emprendedores hasta alcanzar sus metas en ese campo que ocupa nuestro interés. Así se harán evidentes todos aquellos aspectos que los convirtieron en triunfadores. Y una vez los descubramos, el siguiente paso consiste en implementarlos en nuestros planes con el fin de lograr todo lo que también queramos obtener de la vida. Es esta la razón por la cual siempre he sido un apasionado lector de biograf ías, y en particular, de autobiograf ías. Entre todas las que he tenido opor9


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tunidad de leer, ninguna ha impactado de forma tan radical mi manera de ser y actuar a nivel personal y profesional, como la de Benjamín Franklin. Franklin fue un enamorado de la vida y la aventura, y su optimismo y sentido del humor fueron siempre muestra de ello. Sus aportes lo dieron a conocer como uno de los promotores de la Independencia de los Estados Unidos, a pesar de lo cual jamás diera muestra alguna de ambiciones políticas. Tampoco se le vio hacer campaña ni aspirar a ninguna posición gubernamental. No obstante, su contribución a la causa de la Guerra de la Independencia estadounidense, así como su trabajo posterior con las primeras presidencias de la naciente república, lo situaron entre los más grandes estadistas del país. Sus múltiples intereses lo llevaron a convertirse en inventor, científico, escritor, editor e impresor, líder cívico, filosofo y filántropo. Sus trabajos científicos y las contribuciones que le hizo a la ciencia experimental lo hicieron merecedor de varios títulos honorarios de las universidades de Saint Andrew y Oxford. Fue elegido miembro de la Sociedad Real de Londres, la más alta organización científica de ese país. Su más famoso experimento fue el de la llave atada a la cuerda de una cometa, 10


Prólogo

realizado con el propósito de estudiar la naturaleza de la electricidad. Como ferviente seguidor de los postulados de Isaac Newton en América, su teoría sobre la electricidad se basó en la noción newtoniana de la repulsión mutua de las partículas. Estos experimentos lo condujeron a inventar el pararrayos y la estufa de hierro, la cual producía más calor con menos combustible. Desarrolló métodos para mejorar la pavimentación e iluminación de las calles, e ideó sistemas para controlar el exceso de humo en las chimeneas. Franklin también ejerció gran influencia en el campo de la educación. Sus escritos fueron determinantes en la fundación de la Academia Filadelfia, que más tarde se convertiría en la Universidad de Pensilvania. Además fundó la que probablemente se constituyó en la primera biblioteca pública de Norteamérica, inaugurada en 1742 con el nombre de Biblioteca de Filadelfia. Su desempeño en el campo periodístico lo llevó a fundar La gaceta de Filadelfia. En fin, sus diversas capacidades hicieron de él un hombre de muchos intereses que buscó mejorar la calidad de vida de su comunidad, de su país, y por ende, de su propia existencia. 11


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Otro aspecto sobresaliente del legado de Franklin es el referente a temas como la ética y la superación personal. De hecho, una buena parte de este libro hace énfasis constante en la virtud humana. Desde esta perspectiva, su autobiograf ía es la obra de un pionero que buscó desentrañar los valores y actitudes que transforman al ser humano en alguien mucho más profundo que un simple ente biológico. Siempre interesado en llevar una vida basada en principios y valores sólidos, sus logros muestran cómo al tomar el tiempo para identificar con claridad cuáles son los valores que guían nuestro andar, y al interiorizarlos y asegurarnos de que nuestras acciones sean congruentes con ellos, estaremos en el camino indicado hacia una vida productiva, llena de logros, felicidad y éxito. Pero eso no es todo. Estas páginas también contienen elementos valiosos que convierten su obra en una especie de manual para empresarios. Una de sus mayores preocupaciones fue utilizar la industria y el comercio como herramientas certeras en beneficio de la libertad y el desarrollo de los individuos y las naciones. Su interés al respecto lo llevó a formar parte de la Asamblea General de Pensilvania, a ser nombrado Administrador de Correos 12


Prólogo

de Filadelfia y a organizar la primera compañía de seguros contra incendios que existió en la ciudad. Franklin solía decir: “Si en verdad amas la vida, no derroches tu tiempo pues es la materia prima de la cual está hecha tu existencia”. Es indudable que sus logros constituyen un tributo a este ideal. No en vano una buena parte de su obra está dedicada a explorar los métodos para convertir las virtudes en actos cotidianos, logrando así una mejor administración del tiempo. Pero su historia no fue exitosa desde el principio. En algún momento él también sufrió frustraciones y vio sus sueños fallidos como resultado de errores y falsas creencias de su juventud. Cerca de sus 30 años de edad, en uno de esos momentos de profunda reflexión, Franklin se dio cuenta de su falta de dirección en la vida. Entonces, armado de valor y decisión, inició un proceso de autoanálisis y se dio a la tarea de reflexionar sobre cuáles se constituirían en sus principales metas. Fue así como vio su necesidad de romper con viejos hábitos que le estaban obstruyendo la posibilidad de alcanzar su verdadero potencial concluyendo que era imperioso que de allí en adelante trabajara para adquirir hábitos que le generaran éxitos.

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Al comprender que si de verdad deseaba realizar un cambio profundo en sí mismo, y en el mundo que lo rodeaba, Franklin debería buscar mayor correspondencia entre sus acciones, sus hábitos y actividades diarias, y los valores que lo guiarían hacia una vida balanceada, plena y feliz, entonces decidió identificar las virtudes primordiales que lo pondrían en el camino indicado y se concentró en definirlas en pocas palabras, en términos precisos, evitando descripciones demasiado amplias y confusas. Una vez terminada su lista, se dedicó a adquirir y aplicar en su práctica cotidiana cada una de ellas llevando un registro de notas diarias acerca de su progreso. Su hábito de autoevaluación se convirtió en un compromiso que perduró hasta el final de sus días. Ciertamente, Benjamín Franklin fue una persona feliz. Este hombre, que de niño se enseñó a sí mismo a leer, al tiempo que aprendió y mantuvo su pasión por los libros y un amorío con la lectura y el lenguaje que nunca terminó, a los 63 años comenzó a estudiar idiomas, llegando a dominar el francés, el italiano, el latín y el español, con suficiente fluidez como para leer libros enteros con gran facilidad. En cierta ocasión expresó que le debía su felicidad a la filosof ía que él mismo formulara medio 14


Prólogo

siglo atrás: “El mejor servicio que podemos prestar a Dios es hacerle el bien a los demás”, y utilizó su interminable energía, buen juicio, sentido común, tacto y pulso literario, en llevar a la práctica tal premisa de todas las maneras posibles. Su vida fue un testimonio de amor al servicio de su comunidad, de su país y del mundo entero, hecho que sin duda lo llevó a obtener una gran cosecha de éxitos personales y profesionales. Como escritor, dos de las virtudes que más he aprendido a apreciar acerca de este gran hombre son su extraordinaria perspicacia y su sentido del humor. Franklin enseñaba utilizando metáforas, fábulas o historias que buscaran hacernos reflexionar sobre lo absurdo o contradictorio de ciertas acciones o situaciones. El epitafio que aparece en su tumba, el cual fue escrito por él mismo en 1728, cuando contaba con apenas 22 años de edad, es muestra de esta sutileza en su manera de escribir, que busca siempre dejar una enseñanza.

Epitafio: “El cuerpo de Benjamín Franklin, impresor, —al igual que la cubierta de un viejo libro, sus paginas destrozadas y sus letras borrosas—, 15


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yace aquí, como comida para gusanos. Pero su trabajo en sí no se ha perdido porque aparecerá, —como él lo creía—, en la edición cada vez más depurada, revisada y corregida por el autor”.

He querido incluir en este prólogo tres de sus crónicas, las cuales me impresionan por su lenguaje sencillo y la profundidad del mensaje. Espero que tú también las disfrutes.

La corneta En mi opinión, todos podríamos sacar más provecho de esta vida y sufrir menos, si tan solo nos aseguráramos de no pagar demasiado por las cornetas que compramos. Siempre creí que el infortunio de todas las personas infelices que conozco es el resultado de no prestarle suficiente atención a este asunto. Con seguridad usted se estará preguntando qué quiero decir con esto. Si le gustan las historias, permítame contarle una. Cuando yo era un niño de tan solo siete años, estando en una fiesta mis amigos me regalaron algunas monedas. Tan pronto las recibí, me dirigí a 16


Prólogo

una tienda de juguetes y allí me cautivó el sonido de la corneta con que otro niño jugaba. Sin pensarlo mucho decidí ofrecerle todas mis monedas a cambio de ella. Cuando regresé a casa, la tocaba orgulloso por dondequiera que iba, para deleite mío y tortura de los demás. Al enterarse del precio que pagué por aquella corneta, mis hermanos y mis primos me dijeron que había pagado cuatro veces más de lo que en realidad valía y se encargaron de recordarme una y otra vez todo aquello que habría comprado con el dinero sobrante, tanto su burlaron de mi decisión que lloré con gran amargura y el recuerdo de mi error me produjo más dolor que el placer que sentía al jugar con mi corneta. Por supuesto, esta fue una lección que a la postre me sirvió mucho en la vida. Tanto así que de ahí en adelante cada vez que me sentía tentado a comprar algún objeto innecesario, me repetía a mí mismo: “No vayas a pagar demasiado por esa corneta”, y tal reflexión me ayudaba a invertir mi dinero con prudencia. En la medida en que conocía más el mundo y observaba las decisiones de otras personas, me daba cuenta cómo muchas de ellas, sin duda, pagan demasiado por sus cornetas.

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Conocí, por ejemplo, a ese tipo de fulano tan ansioso de ganarse el favor y aprecio de la Corte, que malgasta su tiempo asistiendo a los tribunales, sacrificando sus opiniones, su libertad, sus virtudes y hasta a sus amigos, para lograr su cometido. Y pienso al respecto: “Es evidente que este hombre está pagando demasiado por su corneta”. También me encontré frente a esa clase de persona tan ansiosa de ser popular que con frecuencia se involucra en todo tipo de comités y manifestaciones políticas con el ánimo de ganar notoriedad, descuidando tanto sus negocios y asuntos personales que llega hasta la ruina como resultado de su negligencia. “Es indudable”, reflexiono para mí, “que dicha persona está pagando un alto precio por su corneta”. Recuerdo haber conocido a un francés que renunció a toda comodidad personal, al placer de servir a otros y al aprecio de sus conocidos, todo en pos de acumular más y más riquezas materiales. “Pobre hombre”, me dije, “no se da cuenta que está pagando demasiado por su corneta”. En otra ocasión conocí a un sujeto entregado por completo a los goces simples y frívolos descuidando el desarrollo de su mente. Él sacrificaba su 18


Prólogo

fortuna y su salud por su insistencia en la búsqueda de satisfacerse con los placeres mundanos. “Qué equivocado está”, concluí, “provocándose a sí mismo dolor en lugar de placer, y pagando tanto por su corneta”. Cuando veo a alguien que para vestir ropas finas, poseer una casa costosa, lujosos muebles y vivir de manera ostentosa, adquiere grandes deudas y termina en prisión porque no puede responder a sus obligaciones, de inmediato pienso: “Pobre, pagó un precio demasiado alto por una corneta”. Y al ver a una hermosa mujer, noble y de buen temperamento, que escoge casarse con un rufián sin modales y lleno de vicios, digo: “Qué tristeza que elija pagar tan alto precio por su corneta”. Así que, yo creo que gran parte de las miserias de la humanidad son el resultado de la pobre manera en que calculamos el verdadero valor de las cosas, lo cual hace que casi siempre terminemos pagando demasiado por nuestra corneta.

Las enseñanzas del juego de ajedrez El ajedrez no es tan solo un pasatiempo. De él aprendemos valiosas lecciones que nos ayudan a vivir mejor y a desarrollar o fortalecer hábitos que 19


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nos traen grandes beneficios. La vida se asemeja mucho a este juego pues con frecuencia buscamos triunfar, y para ello nos enfrentamos a muchas clases de contendores, también hallamos una amplia variedad de bondad y maldad intrínsecas al juego de la vida. Por eso practicar el ajedrez nos sirve para desarrollar: 1. VISIÓN. El ajedrez nos enseña a mirar hacia el futuro y a examinar con cuidado las consecuencias de nuestras acciones. Un buen ajedrecista siempre debe pensar: “Si realizo este movimiento, ¿cuáles serán las ventajas y desventajas de mi nueva posición?”, “¿Tomará mi adversario alguna ventaja de mi movimiento para atacarme?”, “¿Qué otros movimientos necesitaré realizar después para contrarrestar sus acciones?”. 2. ATENCIÓN. Es vital prestar atención, no solo a la próxima jugada, sino a todo el tablero. Examinemos con cautela la relación que existe entre las diferentes piezas y su posición, así como los peligros a los que están expuestas y las diversas posibilidades en que serían de mutua ayuda. Así mismo es imperioso analizar las jugadas de nuestro adversario, de manera que seamos capaces de prever sus posibles movimientos. Necesitamos planear cómo atacarlo a 20


Prólogo

la vez que prevemos sus ataques, utilizando sus debilidades a nuestro favor. 3. CUIDADO. Se requiere aprender a realizar movimientos sin apresurarnos. Es fácil desarrollar este hábito obedeciendo al pie de la letra las reglas del juego. Por ejemplo, una vez toquemos una pieza, hay que moverla, y una vez la coloquemos en el tablero, es obligación dejarla donde la pusimos, sin intentar cambiarla de lugar. Qué bueno que existan estas normas y que tengamos que obedecerlas, ya que entonces el ajedrez se asemeja mucho más a la vida, y en especial, a la guerra. Allí, si nos ubicamos en una posición vulnerable y peligrosa, no podremos pedirle al enemigo que nos otorgue la bondad de retirar sus tropas para pensar de nuevo en otro ataque desde una posición más segura, sino que tendremos que pagar terribles consecuencias al actuar apresurados. Por último, algo más que aprendemos con el ajedrez es a no desanimarnos por el estado de las circunstancias presentes. Tenemos que ingeniárnoslas para perseverar y buscar siempre nuevos recursos y caminos.

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Pasos para convertirnos en una compañía indeseada y desagradable Si usted hace lo siguiente, esté seguro de que se sentirá muy bien consigo mismo, sin importar cómo se sientan los demás. Los resultados de estos pasos son muy evidentes ya que a medida que su audiencia aprecia la clase de persona que es usted, es indudable que apreciará mucho más el hecho de que usted no esté presente. Puesto que su objetivo es brillar por encima de los demás, siempre que se encuentre en compañía de otras personas, usted utilizará todo lo que esté a su alcance para evitar que alguien sobresalga dentro del grupo más que usted. Para esto: 1. Si le es posible, busque apoderarse de toda la conversación. Si el tema en cuestión no le es familiar, entonces hable lo que más pueda acerca de usted, de su educación, conocimientos, logros, éxitos en los negocios, o haga las sabias observaciones y apuntes que ya forman parte de su acostumbrado repertorio. 2. Si necesita dejar de hablar unos segundos para tomar aire, y en ese momento alguien más aprovecha para decir algo, analice con cuidado

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cada palabra, idea o actitud en la intervención de su interlocutor, en busca de algún punto que le permita contradecirlo. Si no encuentra nada, por lo menos corríjale su manera de hablar o su vocabulario. 3. Si ve que alguien que hace parte de la conversación ha dicho algo que es indiscutiblemente cierto y sabio, usted tiene varias opciones: no le preste atención alguna, interrúmpale o busque desviar la atención de los demás hacia usted. Si logra descubrir hacia dónde va el expositor con su idea, busque rápido cualquier oportunidad de terminarla antes que él. Si todo lo anterior falla y usted nota que lo expuesto cuenta con la aprobación de los presentes, apresúrese a dar usted también su aprobación, y de inmediato haga la anotación de que tal pensamiento le pertenece a Bacon, Locke, Bayle, o a cualquier otro gran escritor. De esta manera se asegurará de privar a su interlocutor de la reputación o prestigio que ganaría con lo que aportó a la conversación, al tiempo que usted se gana la reputación de ser muy ilustrado e instruido. 4. Estas actitudes le asegurarán que cuando vuelva a estar en la misma compañía, ella opte por quedarse callada y dejar que sea usted quien ha23


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ble. Así brillará a sus anchas, sin ninguna oposición ni competencia, al tiempo que les muestra a sus oyentes lo poco versados que son, comparados con usted. *** Después de esta breve sinopsis de la vida de uno de los hombres más polifacéticos de nuestro continente, dejemos que sea el propio Franklin quien nos lleve de la mano por una época que, aunque distante en ciertos aspectos, no difiere en mucho de la actual. Permitamos que sean sus vivencias las que nos muestren cómo él logró aprender las invaluables lecciones sobre el éxito y la felicidad que hoy nos sirven como marco de referencia para nuestro plan individual de éxito. Espero que disfrutes esta autobiograf ía y que te sirva de inspiración y guía para una vida plena y feliz. Camilo Cruz, Ph.D.

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