Issuu on Google+


Felicidad. Qué es eso? Cuestión de experiencias Corría el año 1998 cuando el psicólogo Martin Seligman, considerado como uno de los padres de la psicología positiva, aprovechó una de sus conferencias para llamar la atención sobre algo curioso que sucedía entre sus colegas de profesión. Resulta que los trabajos académicos sobre la depresión eran hasta cinco veces más numerosos que los dedicados a la felicidad. Como presidente de la Asociación Psicológica Americana aprovechó entonces para reivindicar un cambio de tendencia y reclamar a la comunidad científica que se centrara un poco más en aquello que nos hace felices. Parece que le hicieron caso y cada vez hay más estudios multidisciplinares que aportan su granito de arena para entender qué es eso de la felicidad. Sociólogos, psicólogos, antropólogos, economistas, neurocientíficos… Todos buscan dar con los ingredientes que hacen posible dicho estado emocional. Pero ¿alguien sabe con certeza qué es la felicidad y cuáles son sus claves? ¿Es un estado o una meta? ¿Se es feliz o se está feliz? Hasta hace poco, el Diccionario de la Lengua Española definía la felicidad como un “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. No parecía una explicación muy acertada y daba a entender que se era feliz más por lo que poseías que por lo que experimentabas, eras o sentías. Afortunadamente, enmendaron la definición y ahora la RAE considera que la felicidad es un “estado de grata satisfacción espiritual y física”.

8

Hay que reconocer que no resulta fácil explicar con palabras una emoción tan subjetiva y escurridiza. Pero existe cierto consenso entre los expertos, que coinciden en indicar la presencia de tres componentes claves en el concepto de felicidad: l

l

l

 xperiencias de afecto positivo frecuentes (como alegría, placer, E amor…).  xperiencias de afecto negativo infrecuentes (como tristeza, ansiedad, E dolor…).  iveles elevados de satisfacción vital, en el sentido de cómo valora N globalmente su vida una persona.

Ateniéndonos a esto, una persona feliz sería aquella con muchas experiencias positivas y pocas negativas, y que se percibe globalmente satisfecha con su vida. Experiencias, ahí está la clave. Diversos estudios científicos han demostrado que las personas son mucho más felices con las experiencias que con los bienes materiales. Mientras que lo material es efímero y pierde valor nada más adquirirlo, las emociones y las vivencias agradables dejan una huella indeleble que perdura con fuerza en el tiempo y en la memoria. Además, recordando alguna de estas vivencias, podemos volver a experimentar el bienestar que sentimos sin necesidad de repetirlas.

9


Felicidad. Qué es eso? Cuestión de experiencias Corría el año 1998 cuando el psicólogo Martin Seligman, considerado como uno de los padres de la psicología positiva, aprovechó una de sus conferencias para llamar la atención sobre algo curioso que sucedía entre sus colegas de profesión. Resulta que los trabajos académicos sobre la depresión eran hasta cinco veces más numerosos que los dedicados a la felicidad. Como presidente de la Asociación Psicológica Americana aprovechó entonces para reivindicar un cambio de tendencia y reclamar a la comunidad científica que se centrara un poco más en aquello que nos hace felices. Parece que le hicieron caso y cada vez hay más estudios multidisciplinares que aportan su granito de arena para entender qué es eso de la felicidad. Sociólogos, psicólogos, antropólogos, economistas, neurocientíficos… Todos buscan dar con los ingredientes que hacen posible dicho estado emocional. Pero ¿alguien sabe con certeza qué es la felicidad y cuáles son sus claves? ¿Es un estado o una meta? ¿Se es feliz o se está feliz? Hasta hace poco, el Diccionario de la Lengua Española definía la felicidad como un “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. No parecía una explicación muy acertada y daba a entender que se era feliz más por lo que poseías que por lo que experimentabas, eras o sentías. Afortunadamente, enmendaron la definición y ahora la RAE considera que la felicidad es un “estado de grata satisfacción espiritual y física”.

8

Hay que reconocer que no resulta fácil explicar con palabras una emoción tan subjetiva y escurridiza. Pero existe cierto consenso entre los expertos, que coinciden en indicar la presencia de tres componentes claves en el concepto de felicidad: l

l

l

 xperiencias de afecto positivo frecuentes (como alegría, placer, E amor…).  xperiencias de afecto negativo infrecuentes (como tristeza, ansiedad, E dolor…).  iveles elevados de satisfacción vital, en el sentido de cómo valora N globalmente su vida una persona.

Ateniéndonos a esto, una persona feliz sería aquella con muchas experiencias positivas y pocas negativas, y que se percibe globalmente satisfecha con su vida. Experiencias, ahí está la clave. Diversos estudios científicos han demostrado que las personas son mucho más felices con las experiencias que con los bienes materiales. Mientras que lo material es efímero y pierde valor nada más adquirirlo, las emociones y las vivencias agradables dejan una huella indeleble que perdura con fuerza en el tiempo y en la memoria. Además, recordando alguna de estas vivencias, podemos volver a experimentar el bienestar que sentimos sin necesidad de repetirlas.

9


REGALA FELICIDAD

¿Más dinero nos hace más felices? En general, los aspectos de la vida que nos generan mayor bienestar y nos hacen más felices son los referidos a las relaciones interpersonales (familia, pareja, amigos). Para considerarnos personas felices también valoramos en gran medida la satisfacción que nos dan determinados dominios de nuestra vida, como la salud, tener un trabajo y responsabilidades laborales, hacer uso del tiempo libre, así como la satisfacción de necesidades y deseos materiales a través del dinero. Al respecto de este último dominio, la mayoría tendemos a sobrevalorar el efecto que el dinero puede tener sobre la mejora de nuestro bienestar y felicidad. Creemos que tener un nivel de vida superior nos ayudaría a ser más felices, pero no tenemos en cuenta la llamada “adaptación o estabilidad hedónica”. Expresión acuñada por los economistas Philip Brickman y Donald Campbell, se refiere a la tendencia del ser humano de volver rápidamente a un nivel relativamente estable de felicidad a pesar de importantes acontecimientos positivos o negativos o cambios de vida. Es decir, que si de repente ganáramos mucho más dinero, es evidente que este acontecimiento positivo alteraría nuestro nivel de felicidad temporalmente, pero a la larga nos adaptaríamos a esta nueva experiencia y nuestro nivel de felicidad y satisfacción volvería a ser el mismo de antes. En este sentido, es interesante el experimento que realizó entre 1978 y 1996 el economista Richard Easterlin. Durante 16 años preguntó de forma periódica a un determinado grupo de personas acerca de los bienes que consideraban importantes para tener una vida feliz en comparación con los

10

bienes que los entrevistados disponían en ese momento. Es decir, que se comparaban las posesiones con las aspiraciones de los individuos en cuestión. Durante el transcurso del experimento, Easterlin observó que a medida que los sujetos iban mejorando su nivel de ingresos, valoraban como importantes bienes que no eran considerados como tales para niveles de ingresos inferiores (segundo coche, casa de verano…). De esta manera, la distancia entre las posesiones y las aspiraciones permanecía siempre constante a lo largo de la vida; y, con ello, el nivel de bienestar. En palabras del propio Easterlin, “dedicamos una cantidad de tiempo desproporcionada a la obtención de objetivos monetarios, a expensas de la vida familiar y de la salud, y el bienestar se reduce respecto del nivel esperado. Evidentemente, una asignación del tiempo que diera preeminencia a la vida familiar y a la salud aumentaría el bienestar vital”.

11


REGALA FELICIDAD

¿Más dinero nos hace más felices? En general, los aspectos de la vida que nos generan mayor bienestar y nos hacen más felices son los referidos a las relaciones interpersonales (familia, pareja, amigos). Para considerarnos personas felices también valoramos en gran medida la satisfacción que nos dan determinados dominios de nuestra vida, como la salud, tener un trabajo y responsabilidades laborales, hacer uso del tiempo libre, así como la satisfacción de necesidades y deseos materiales a través del dinero. Al respecto de este último dominio, la mayoría tendemos a sobrevalorar el efecto que el dinero puede tener sobre la mejora de nuestro bienestar y felicidad. Creemos que tener un nivel de vida superior nos ayudaría a ser más felices, pero no tenemos en cuenta la llamada “adaptación o estabilidad hedónica”. Expresión acuñada por los economistas Philip Brickman y Donald Campbell, se refiere a la tendencia del ser humano de volver rápidamente a un nivel relativamente estable de felicidad a pesar de importantes acontecimientos positivos o negativos o cambios de vida. Es decir, que si de repente ganáramos mucho más dinero, es evidente que este acontecimiento positivo alteraría nuestro nivel de felicidad temporalmente, pero a la larga nos adaptaríamos a esta nueva experiencia y nuestro nivel de felicidad y satisfacción volvería a ser el mismo de antes. En este sentido, es interesante el experimento que realizó entre 1978 y 1996 el economista Richard Easterlin. Durante 16 años preguntó de forma periódica a un determinado grupo de personas acerca de los bienes que consideraban importantes para tener una vida feliz en comparación con los

10

bienes que los entrevistados disponían en ese momento. Es decir, que se comparaban las posesiones con las aspiraciones de los individuos en cuestión. Durante el transcurso del experimento, Easterlin observó que a medida que los sujetos iban mejorando su nivel de ingresos, valoraban como importantes bienes que no eran considerados como tales para niveles de ingresos inferiores (segundo coche, casa de verano…). De esta manera, la distancia entre las posesiones y las aspiraciones permanecía siempre constante a lo largo de la vida; y, con ello, el nivel de bienestar. En palabras del propio Easterlin, “dedicamos una cantidad de tiempo desproporcionada a la obtención de objetivos monetarios, a expensas de la vida familiar y de la salud, y el bienestar se reduce respecto del nivel esperado. Evidentemente, una asignación del tiempo que diera preeminencia a la vida familiar y a la salud aumentaría el bienestar vital”.

11


REGALA FELICIDAD

Dar nos hace felices Hay un refrán hindú que dice: “Lo que no se da se pierde”. Una inspiradora reflexión que puede aplicarse perfectamente a la búsqueda de la felicidad. Y es que parece ser que transmitir felicidad aporta mayor satisfacción y bienestar que recibir. Así lo han demostrado diversas ramas de la ciencia considerando que actitudes como la empatía y el altruismo producen una importante liberación de neurotransmisores de forma natural. Concretamente, se genera una mayor cantidad de dopamina y serotonina. La primera es la responsable de elevar la sensación de placer, concentración y de la energía física y mental. Mientras que la segunda produce un estado de calma y serenidad. Combinados, estos dos neurotransmisores generan un estado de felicidad interior, haciendo que nos sintamos más optimistas y entusiastas. Así que compartir tiempo con los demás, ayudar a quien lo necesita y ofrecer nuestro apoyo y comprensión tienen su recompensa en forma de salud, tanto física como mental. El agradecimiento que recibimos al mostrar empatía y ayudar a los demás a ser un poco más felices genera un intenso bienestar emocional. En cambio, se ha demostrado que vivir de espaldas a los demás nos hace más infelices. Y es que, como seres sociales que somos, necesitamos a los demás y ellos nos necesitan a nosotros. Según Michael Norton, profesor de la Escuela

12

de Negocios de la Universidad de Harvard, “uno de los mayores predictores de ser una persona feliz es el apoyo social. Alguien que te quiera. Alguien que, si lo llamas, responderá y te dirá: ‘¿Cómo estás?’. Es uno de los factores clave para ser feliz: tener a gente. No hace falta que sea un mejor amigo: puede adoptar muchísimas formas. Pero tienes que sentir que a alguien en el mundo le preocupa si estás vivo. Y, si no es así, la gente se deprime muchísimo. Y, si lo es, es casi como un parachoques frente a acontecimientos negativos: aunque le pase algo malo, aunque no te llame, saber que podría llamarte es muy importante para sentirte bien acerca de lo que le ha ocurrido. Llamar es todavía mejor, pero tan solo saber que alguien se preocupa por ti influye muchísimo en cómo nos sentimos”.

13


REGALA FELICIDAD

Dar nos hace felices Hay un refrán hindú que dice: “Lo que no se da se pierde”. Una inspiradora reflexión que puede aplicarse perfectamente a la búsqueda de la felicidad. Y es que parece ser que transmitir felicidad aporta mayor satisfacción y bienestar que recibir. Así lo han demostrado diversas ramas de la ciencia considerando que actitudes como la empatía y el altruismo producen una importante liberación de neurotransmisores de forma natural. Concretamente, se genera una mayor cantidad de dopamina y serotonina. La primera es la responsable de elevar la sensación de placer, concentración y de la energía física y mental. Mientras que la segunda produce un estado de calma y serenidad. Combinados, estos dos neurotransmisores generan un estado de felicidad interior, haciendo que nos sintamos más optimistas y entusiastas. Así que compartir tiempo con los demás, ayudar a quien lo necesita y ofrecer nuestro apoyo y comprensión tienen su recompensa en forma de salud, tanto física como mental. El agradecimiento que recibimos al mostrar empatía y ayudar a los demás a ser un poco más felices genera un intenso bienestar emocional. En cambio, se ha demostrado que vivir de espaldas a los demás nos hace más infelices. Y es que, como seres sociales que somos, necesitamos a los demás y ellos nos necesitan a nosotros. Según Michael Norton, profesor de la Escuela

12

de Negocios de la Universidad de Harvard, “uno de los mayores predictores de ser una persona feliz es el apoyo social. Alguien que te quiera. Alguien que, si lo llamas, responderá y te dirá: ‘¿Cómo estás?’. Es uno de los factores clave para ser feliz: tener a gente. No hace falta que sea un mejor amigo: puede adoptar muchísimas formas. Pero tienes que sentir que a alguien en el mundo le preocupa si estás vivo. Y, si no es así, la gente se deprime muchísimo. Y, si lo es, es casi como un parachoques frente a acontecimientos negativos: aunque le pase algo malo, aunque no te llame, saber que podría llamarte es muy importante para sentirte bien acerca de lo que le ha ocurrido. Llamar es todavía mejor, pero tan solo saber que alguien se preocupa por ti influye muchísimo en cómo nos sentimos”.

13


REGALA FELICIDAD

Empatía: más allá del yo Los expertos coinciden en desterrar la idea de la felicidad como el arquetipo de un estado individualista. Sostienen que el bienestar personal no depende únicamente de nuestras elecciones y actos, sino también de las elecciones y actos de los demás. Es decir, que nuestra felicidad depende de la de otros con los que estamos conectados. La clave está en la felicidad de quienes nos rodean y, en nuestras manos, está contribuir a que ese bienestar se mantenga y aumente. El secreto está en cambiar el enfoque, dejar de buscar única y exclusivamente nuestra propia felicidad y empezar a practicar algo tan simple, sencillo y efectivo como hacer felices a los demás, sin esperar nada a cambio. La empatía es la capacidad que tenemos para ponernos en el lugar de la otra persona (saber lo que siente e incluso poder llegar a saber qué está pensando) y la capacidad para cuidar de otros, además de cuidarnos a nosotros mismos. Es una habilidad básica que todos necesitamos cultivar para fomentar satisfactoriamente nuestras relaciones sociales. El concepto se utilizó formalmente por primera vez en el siglo XVIII, cuando el filósofo Robert Vischer se refirió a él con el término alemán “einfülung” (algo así como “sentirse dentro de”). Más tarde, en 1909, Edward B. Titchener acuñó el término “empatía” tal y como lo conocemos actualmente. Para ello, el psicólogo inglés se valió de la etimología griega empatheia (cualidad de sentirse dentro).

14

Todos estamos conectados Se ha escrito mucho sobre nuestra capacidad innata de compartir y simpatizar con las emociones de otra persona: sus alegrías, tristezas, sufrimientos, miedos, preocupaciones. Pero ¿qué nos permite entender los pensamientos y sentimientos del otro haciéndonos capaces de adoptar su perspectiva? La respuesta está en nuestro cerebro. En 1991, un equipo de neurobiólogos de la Universidad de Parma dirigidos por Giacomo Rizzolatti realizó un sorprendente descubrimiento. Estaban trabajando en el entrenamiento de un grupo de simios a quienes enseñaban a agarrar diferentes objetos mientras registraban la actividad eléctrica de determinadas neuronas en la corteza premotora de su cerebro. De repente, el aparato de registro se activó sin que uno de los simios hubiese realizado acción alguna, simplemente tras observar cómo lo hacían otros. Acababan de descubrir las llamadas “neuronas espejo”, desconocidas hasta el momento y que demostraban científicamente que somos seres sociales. El hallazgo desató un desbordante entusiasmo entre los especialistas en psicología y algunos llegaron a compararlo en importancia con la decodificación del ADN. Este grupo particular de neuronas, conocidas también como “neuronas de la empatía”, se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando observa una acción similar realizada por otro individuo. Su actividad en el cerebro es la que nos permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás, es decir, mostrar empatía. En una entrevista con el diario español El País, Rizzolatti aseguró que “estas neuronas se activan incluso cuando no ves la acción, cuando hay una representación mental. Su puesta en marcha corresponde con las ideas. La parte más importante de las neuronas

15


REGALA FELICIDAD

Empatía: más allá del yo Los expertos coinciden en desterrar la idea de la felicidad como el arquetipo de un estado individualista. Sostienen que el bienestar personal no depende únicamente de nuestras elecciones y actos, sino también de las elecciones y actos de los demás. Es decir, que nuestra felicidad depende de la de otros con los que estamos conectados. La clave está en la felicidad de quienes nos rodean y, en nuestras manos, está contribuir a que ese bienestar se mantenga y aumente. El secreto está en cambiar el enfoque, dejar de buscar única y exclusivamente nuestra propia felicidad y empezar a practicar algo tan simple, sencillo y efectivo como hacer felices a los demás, sin esperar nada a cambio. La empatía es la capacidad que tenemos para ponernos en el lugar de la otra persona (saber lo que siente e incluso poder llegar a saber qué está pensando) y la capacidad para cuidar de otros, además de cuidarnos a nosotros mismos. Es una habilidad básica que todos necesitamos cultivar para fomentar satisfactoriamente nuestras relaciones sociales. El concepto se utilizó formalmente por primera vez en el siglo XVIII, cuando el filósofo Robert Vischer se refirió a él con el término alemán “einfülung” (algo así como “sentirse dentro de”). Más tarde, en 1909, Edward B. Titchener acuñó el término “empatía” tal y como lo conocemos actualmente. Para ello, el psicólogo inglés se valió de la etimología griega empatheia (cualidad de sentirse dentro).

14

Todos estamos conectados Se ha escrito mucho sobre nuestra capacidad innata de compartir y simpatizar con las emociones de otra persona: sus alegrías, tristezas, sufrimientos, miedos, preocupaciones. Pero ¿qué nos permite entender los pensamientos y sentimientos del otro haciéndonos capaces de adoptar su perspectiva? La respuesta está en nuestro cerebro. En 1991, un equipo de neurobiólogos de la Universidad de Parma dirigidos por Giacomo Rizzolatti realizó un sorprendente descubrimiento. Estaban trabajando en el entrenamiento de un grupo de simios a quienes enseñaban a agarrar diferentes objetos mientras registraban la actividad eléctrica de determinadas neuronas en la corteza premotora de su cerebro. De repente, el aparato de registro se activó sin que uno de los simios hubiese realizado acción alguna, simplemente tras observar cómo lo hacían otros. Acababan de descubrir las llamadas “neuronas espejo”, desconocidas hasta el momento y que demostraban científicamente que somos seres sociales. El hallazgo desató un desbordante entusiasmo entre los especialistas en psicología y algunos llegaron a compararlo en importancia con la decodificación del ADN. Este grupo particular de neuronas, conocidas también como “neuronas de la empatía”, se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando observa una acción similar realizada por otro individuo. Su actividad en el cerebro es la que nos permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás, es decir, mostrar empatía. En una entrevista con el diario español El País, Rizzolatti aseguró que “estas neuronas se activan incluso cuando no ves la acción, cuando hay una representación mental. Su puesta en marcha corresponde con las ideas. La parte más importante de las neuronas

15


REGALA FELICIDAD

espejo es que es un sistema que resuena. El ser humano está concebido para estar en contacto, para reaccionar ante los otros. Y cuando la gente dice que no es feliz y que no sabe la razón es porque no tiene contacto social”. Así pues, las neuronas espejo son las encargadas de derribar la barrera entre el yo y los demás. Son las que se activan cuando vemos a una persona sonriente, e inmediatamente sintonizamos con su estado emocional, o cuando vemos a otra persona en apuros e inconscientemente simulamos tales apuros en nuestra mente. En definitiva, sentimos de forma literal los estados emocionales de los demás como si fueran propios. Esta resonancia emotiva hace que, de forma innata, nos sintamos bien cuando otra persona (especialmente si se trata de un ser querido) se siente bien.

Cómo cultivarla Aunque todos nacemos con la capacidad de sentir empatía hacia los demás, hay una serie de actitudes y comportamientos claves que pueden ayudarnos a cultivarla: l

16

E vitar dar por sentado que nuestros seres queridos (pareja, familia, amigos…) siempre estarán ahí. A veces nos enfocamos demasiado en cumplir nuestros objetivos olvidando cuidar las necesidades emocionales de quienes nos rodean. En este sentido, es muy inspiradora la reflexión de Brian G. Dyson, expresidente ejecutivo de Coca-Cola:

“Imaginaos la vida como si fuera un juego en el que estamos haciendo malabarismos con cinco bolas en el aire. Le ponemos un nombre a cada una: trabajo, familia, salud, amigos y espíritu, y tenemos que mantenerlas todas en el aire. Pronto os daréis cuenta de que el trabajo es una pelota de goma. Si se os cae, se recuperará botando. Pero las otras cuatro bolas de la familia, la salud, los amigos y el espíritu son de cristal. Si se os cae una de estas, se dañará, tendrá muescas o incluso se romperá. Nunca volverá a ser igual después del golpe. Es necesario entender esto y esforzarnos para mantener el equilibrio en nuestra vida”. l

A  prender a escuchar. Esta habilidad es clave a la hora de mostrar empatía de forma efectiva y sincera. Para ello conviene ejercitar lo que se conoce como “escucha empática”, que consiste en comprender de manera profunda y completa a la otra persona, tanto de forma cognitiva como emocional. Se trata de escuchar con los oídos, pero también con los ojos y con el corazón. Asimismo, debemos desterrar los hábitos negativos de escucha que, según la experta en inteligencia emocional Adele Lynn, se distinguen entre: el generador de réplica (escucha solo el tiempo suficiente para formular su réplica), el aconsejador (salta demasiado rápido para dar consejos no solicitados), el interruptor (más ansioso de decir sus propias palabras que de escuchar), el escuchador lógico (rara vez pregunta por los sentimientos subyacentes o por las emociones adjuntas a un mensaje), el encadenador de palabras (usa las palabras del que habla solo para encadenarlas a su propio mensaje: “Eso no es nada, déjame que te cuente lo que me pasó a mí”) y el falso escuchador (que simplemente finge escuchar).

17


REGALA FELICIDAD

espejo es que es un sistema que resuena. El ser humano está concebido para estar en contacto, para reaccionar ante los otros. Y cuando la gente dice que no es feliz y que no sabe la razón es porque no tiene contacto social”. Así pues, las neuronas espejo son las encargadas de derribar la barrera entre el yo y los demás. Son las que se activan cuando vemos a una persona sonriente, e inmediatamente sintonizamos con su estado emocional, o cuando vemos a otra persona en apuros e inconscientemente simulamos tales apuros en nuestra mente. En definitiva, sentimos de forma literal los estados emocionales de los demás como si fueran propios. Esta resonancia emotiva hace que, de forma innata, nos sintamos bien cuando otra persona (especialmente si se trata de un ser querido) se siente bien.

Cómo cultivarla Aunque todos nacemos con la capacidad de sentir empatía hacia los demás, hay una serie de actitudes y comportamientos claves que pueden ayudarnos a cultivarla: l

16

E vitar dar por sentado que nuestros seres queridos (pareja, familia, amigos…) siempre estarán ahí. A veces nos enfocamos demasiado en cumplir nuestros objetivos olvidando cuidar las necesidades emocionales de quienes nos rodean. En este sentido, es muy inspiradora la reflexión de Brian G. Dyson, expresidente ejecutivo de Coca-Cola:

“Imaginaos la vida como si fuera un juego en el que estamos haciendo malabarismos con cinco bolas en el aire. Le ponemos un nombre a cada una: trabajo, familia, salud, amigos y espíritu, y tenemos que mantenerlas todas en el aire. Pronto os daréis cuenta de que el trabajo es una pelota de goma. Si se os cae, se recuperará botando. Pero las otras cuatro bolas de la familia, la salud, los amigos y el espíritu son de cristal. Si se os cae una de estas, se dañará, tendrá muescas o incluso se romperá. Nunca volverá a ser igual después del golpe. Es necesario entender esto y esforzarnos para mantener el equilibrio en nuestra vida”. l

A  prender a escuchar. Esta habilidad es clave a la hora de mostrar empatía de forma efectiva y sincera. Para ello conviene ejercitar lo que se conoce como “escucha empática”, que consiste en comprender de manera profunda y completa a la otra persona, tanto de forma cognitiva como emocional. Se trata de escuchar con los oídos, pero también con los ojos y con el corazón. Asimismo, debemos desterrar los hábitos negativos de escucha que, según la experta en inteligencia emocional Adele Lynn, se distinguen entre: el generador de réplica (escucha solo el tiempo suficiente para formular su réplica), el aconsejador (salta demasiado rápido para dar consejos no solicitados), el interruptor (más ansioso de decir sus propias palabras que de escuchar), el escuchador lógico (rara vez pregunta por los sentimientos subyacentes o por las emociones adjuntas a un mensaje), el encadenador de palabras (usa las palabras del que habla solo para encadenarlas a su propio mensaje: “Eso no es nada, déjame que te cuente lo que me pasó a mí”) y el falso escuchador (que simplemente finge escuchar).

17


REGALA FELICIDAD

Eres una persona empática? A pesar de lo beneficioso que resulta poner en práctica la empatía hacia los demás, tenemos cierta tendencia a mirarnos demasiado el ombligo y olvidarnos de los problemas, padecimientos y preocupaciones de los demás. El siguiente test te ayudará a comprobar el grado de empatía que tienes y si necesitas empezar a cambiar ciertas actitudes y comportamientos para ponerte más en la piel de los demás, especialmente de tus seres queridos. Responde con sinceridad SÍ o NO a las siguientes preguntas: 1. Me gusta involucrarme en los problemas de los demás. 2. Me compadezco de los sin techo. 3. Me doy cuenta con facilidad cuando alguien quiere entrar en una conversación. 4. Siento mucha compasión por las personas desempleadas. 5. Siento compasión por los criminales. 6. Me preocupo por los demás. 7. Me molesta mucho llegar tarde cuando quedo con un amigo. 8. Prefiero a las personas antes que a los animales. 9. Siento compasión por aquellos que están peor que yo. 10. Creo que los pobres merecen nuestra compasión.

18

11. No me resulta complicado explicar a otras personas cosas que comprendo con facilidad, cuando ellos no son capaces de entenderlas a la primera. 12. Detecto rápidamente cuando alguien dice una cosa pero en realidad quiere decir otra. 13. No me cuesta comprender porqué algunas cosas molestan tanto a la gente. 14. Intento compartir mis problemas con los demás y pedir su consejo y ayuda. 15. Las debilidades no me incomodan. 16. Me suelo dar cuenta con bastante facilidad cuando en un grupo una persona se siente a disgusto o incómoda. 17. No me molesta ver a gente llorar. 18. Cuando hablo con otras personas, me gusta más conversar sobre sus experiencias que sobre las mías propias. 19. Si digo algo que ofende a otra persona, me siento fatal. Resultados: Entre 0 y 8 respuestas afirmativas. Tu habilidad empática está bajo mínimos. Necesitas más que nadie leer en profundidad el libro que tienes en las manos y empezar a practicar sus consejos con la gente que te rodea. Recuerda que somos seres sociales y, aunque no te lo parezca, necesitamos apoyarnos y comprendernos para salir adelante como personas y como colectivo.

l

19


REGALA FELICIDAD

Eres una persona empática? A pesar de lo beneficioso que resulta poner en práctica la empatía hacia los demás, tenemos cierta tendencia a mirarnos demasiado el ombligo y olvidarnos de los problemas, padecimientos y preocupaciones de los demás. El siguiente test te ayudará a comprobar el grado de empatía que tienes y si necesitas empezar a cambiar ciertas actitudes y comportamientos para ponerte más en la piel de los demás, especialmente de tus seres queridos. Responde con sinceridad SÍ o NO a las siguientes preguntas: 1. Me gusta involucrarme en los problemas de los demás. 2. Me compadezco de los sin techo. 3. Me doy cuenta con facilidad cuando alguien quiere entrar en una conversación. 4. Siento mucha compasión por las personas desempleadas. 5. Siento compasión por los criminales. 6. Me preocupo por los demás. 7. Me molesta mucho llegar tarde cuando quedo con un amigo. 8. Prefiero a las personas antes que a los animales. 9. Siento compasión por aquellos que están peor que yo. 10. Creo que los pobres merecen nuestra compasión.

18

11. No me resulta complicado explicar a otras personas cosas que comprendo con facilidad, cuando ellos no son capaces de entenderlas a la primera. 12. Detecto rápidamente cuando alguien dice una cosa pero en realidad quiere decir otra. 13. No me cuesta comprender porqué algunas cosas molestan tanto a la gente. 14. Intento compartir mis problemas con los demás y pedir su consejo y ayuda. 15. Las debilidades no me incomodan. 16. Me suelo dar cuenta con bastante facilidad cuando en un grupo una persona se siente a disgusto o incómoda. 17. No me molesta ver a gente llorar. 18. Cuando hablo con otras personas, me gusta más conversar sobre sus experiencias que sobre las mías propias. 19. Si digo algo que ofende a otra persona, me siento fatal. Resultados: Entre 0 y 8 respuestas afirmativas. Tu habilidad empática está bajo mínimos. Necesitas más que nadie leer en profundidad el libro que tienes en las manos y empezar a practicar sus consejos con la gente que te rodea. Recuerda que somos seres sociales y, aunque no te lo parezca, necesitamos apoyarnos y comprendernos para salir adelante como personas y como colectivo.

l

19


REGALA FELICIDAD

Entre 9 y 15 respuestas afirmativas. Sabes ponerte en la piel de los demás, pero puede que todavía te cueste hacerlo de forma más natural y desinteresada. Empieza a practicar la empatía con gente desconocida y comprueba cómo te hace sentir.

l

Más de 15 respuestas afirmativas. Tu gente tiene suerte de haberte conocido. Sabes reconocer perfectamente los sentimientos de las otras personas y no temes involucrarte en las emociones de quienes te rodean. Tu conexión con los demás es envidiable.

l

20

Regala felicidad El poeta norteamericano Henry van Dyke decía que “la felicidad es interior, no exterior; por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”. Y de lo que damos, podríamos añadir. La recompensa y satisfacción emocional que recibimos al regalar gestos, experiencias, momentos y vivencias perdura en el tiempo. Para ello, la clave está en empezar a cambiar nuestras actitudes y comportamientos; transformar nuestra forma de hacer, ser y pensar teniendo más en cuenta los sentimientos, necesidades y emociones de quienes nos rodean. Hay infinidad de pequeñas cosas cotidianas que podemos hacer para generar felicidad en nuestro entorno. No cosas materiales, sino actitudes, gestos y detalles que harán más agradable la vida de los nuestros. Piensa durante unos instantes en las pequeñas cosas que te hacen feliz. Pues bien, la mayoría de esas cosas también hacen que la vida sea más agradable para los demás: un abrazo, un beso, un gesto de amistad, un reconfortante mensaje, un detalle por sorpresa… Imagina que somos un gran ser vivo interconectado y que debes velar por la felicidad del otro si no quieres perder la tuya. En definitiva, aprende a traspasar el yo y empieza desde hoy mismo a pensar en los demás. Sigue leyendo y descubre cómo puedes dar felicidad a quienes te rodean. Un total de 55 ideas para regalar alegría a los demás. Empieza hoy mismo a experimentar el profundo bienestar de dar con el corazón más que con la razón.

21


REGALA FELICIDAD

Entre 9 y 15 respuestas afirmativas. Sabes ponerte en la piel de los demás, pero puede que todavía te cueste hacerlo de forma más natural y desinteresada. Empieza a practicar la empatía con gente desconocida y comprueba cómo te hace sentir.

l

Más de 15 respuestas afirmativas. Tu gente tiene suerte de haberte conocido. Sabes reconocer perfectamente los sentimientos de las otras personas y no temes involucrarte en las emociones de quienes te rodean. Tu conexión con los demás es envidiable.

l

20

Regala felicidad El poeta norteamericano Henry van Dyke decía que “la felicidad es interior, no exterior; por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”. Y de lo que damos, podríamos añadir. La recompensa y satisfacción emocional que recibimos al regalar gestos, experiencias, momentos y vivencias perdura en el tiempo. Para ello, la clave está en empezar a cambiar nuestras actitudes y comportamientos; transformar nuestra forma de hacer, ser y pensar teniendo más en cuenta los sentimientos, necesidades y emociones de quienes nos rodean. Hay infinidad de pequeñas cosas cotidianas que podemos hacer para generar felicidad en nuestro entorno. No cosas materiales, sino actitudes, gestos y detalles que harán más agradable la vida de los nuestros. Piensa durante unos instantes en las pequeñas cosas que te hacen feliz. Pues bien, la mayoría de esas cosas también hacen que la vida sea más agradable para los demás: un abrazo, un beso, un gesto de amistad, un reconfortante mensaje, un detalle por sorpresa… Imagina que somos un gran ser vivo interconectado y que debes velar por la felicidad del otro si no quieres perder la tuya. En definitiva, aprende a traspasar el yo y empieza desde hoy mismo a pensar en los demás. Sigue leyendo y descubre cómo puedes dar felicidad a quienes te rodean. Un total de 55 ideas para regalar alegría a los demás. Empieza hoy mismo a experimentar el profundo bienestar de dar con el corazón más que con la razón.

21


13142c