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caracoles tantricos Érase una vez un caracol llamado Buba. Buba salía cada día de su casa a tomar el sol. Y, mientras tomaba el sol, a menudo veía pasar a Lula, otro caracol, al que le agradaba dar paseos matutinos. Buba tenía mucho tiempo para observar a Lula mientras este se desplazaba... En el universo de los caracoles, el tiempo pasa muy lento; todos se pueden permitir apreciar los colores del paisaje, las sombras, el frescor del aire, la humedad de la hierba y las bonitas conchas de los demás caracoles. Así que Buba pasaba horas cada día observando la bonita concha en espiral y el maravilloso porte de antenas de Lula. Evidentemente, estamos hablando de nuestras horas humanas; para los caracoles, las horas no significan nada, ya que ellos no son tan tontos como para pasarse la vida contando horas y corriendo de un sitio para otro... Aquella mañana, Lula, aunque haciéndose la despistada, también se fijaba en Buba. Hacía días que notaba cómo la miraba y estaba decidida a parar y pasar un rato con él; así que se fue deslizando lentamente hacia Buba, cuyo corazón empezaba a latir tan fuerte que creía que llegaría a reventar su propia concha. —Hola —dijo Lula. -6-

—Hola —contestó Buba secretando más mucus, no para ir a ninguna parte sino por los nervios... No hubo ninguna palabra más, y se quedaron un largo rato juntos compartiendo la bonita vista. Los caracoles no necesitan llenar el vacío con palabras... Buba y Lula se limitaban cada uno a sentir la presencia del otro y apreciar la calidad de su energía. De vez en cuando movían un poco las antenas para mirarse mutuamente ocasionando algún que otro roce que les dejaba casi sin respiración, pero con una profunda sensación de gozo. Poco a poco, se fueron acercando más y Lula tomó por costumbre visitar a Buba cada día y pasar largos ratos de pura armonía a su lado. A veces, Buba le tenía preparado un tierno trozo de hoja verde, que ella ingería con mucho deleite. Y otras, era ella quien le traía algo especial de su tierra. A menudo, cuando estaban juntos, en total sincronía, podían pasar horas, hasta un día entero, sin que ninguno se diera cuenta de la fuga del tiempo; parecía que la propia vida se estuviera deslizando debajo de ellos. No necesitaban hablar para comprenderse: hacían cosas juntos de forma natural y espontánea. Cómo llegaron a decidir vivir juntos, nadie lo supo, porque no hubo palabras; sólo roces, caricias húmedas, hojas de hierba compartidas, quizás alguna que otra pequeña exhibición de coquetería caracoleña... Una noche, poco después de empezar a vivir juntos, Lula no logra-7-


caracoles tantricos Érase una vez un caracol llamado Buba. Buba salía cada día de su casa a tomar el sol. Y, mientras tomaba el sol, a menudo veía pasar a Lula, otro caracol, al que le agradaba dar paseos matutinos. Buba tenía mucho tiempo para observar a Lula mientras este se desplazaba... En el universo de los caracoles, el tiempo pasa muy lento; todos se pueden permitir apreciar los colores del paisaje, las sombras, el frescor del aire, la humedad de la hierba y las bonitas conchas de los demás caracoles. Así que Buba pasaba horas cada día observando la bonita concha en espiral y el maravilloso porte de antenas de Lula. Evidentemente, estamos hablando de nuestras horas humanas; para los caracoles, las horas no significan nada, ya que ellos no son tan tontos como para pasarse la vida contando horas y corriendo de un sitio para otro... Aquella mañana, Lula, aunque haciéndose la despistada, también se fijaba en Buba. Hacía días que notaba cómo la miraba y estaba decidida a parar y pasar un rato con él; así que se fue deslizando lentamente hacia Buba, cuyo corazón empezaba a latir tan fuerte que creía que llegaría a reventar su propia concha. —Hola —dijo Lula. -6-

—Hola —contestó Buba secretando más mucus, no para ir a ninguna parte sino por los nervios... No hubo ninguna palabra más, y se quedaron un largo rato juntos compartiendo la bonita vista. Los caracoles no necesitan llenar el vacío con palabras... Buba y Lula se limitaban cada uno a sentir la presencia del otro y apreciar la calidad de su energía. De vez en cuando movían un poco las antenas para mirarse mutuamente ocasionando algún que otro roce que les dejaba casi sin respiración, pero con una profunda sensación de gozo. Poco a poco, se fueron acercando más y Lula tomó por costumbre visitar a Buba cada día y pasar largos ratos de pura armonía a su lado. A veces, Buba le tenía preparado un tierno trozo de hoja verde, que ella ingería con mucho deleite. Y otras, era ella quien le traía algo especial de su tierra. A menudo, cuando estaban juntos, en total sincronía, podían pasar horas, hasta un día entero, sin que ninguno se diera cuenta de la fuga del tiempo; parecía que la propia vida se estuviera deslizando debajo de ellos. No necesitaban hablar para comprenderse: hacían cosas juntos de forma natural y espontánea. Cómo llegaron a decidir vivir juntos, nadie lo supo, porque no hubo palabras; sólo roces, caricias húmedas, hojas de hierba compartidas, quizás alguna que otra pequeña exhibición de coquetería caracoleña... Una noche, poco después de empezar a vivir juntos, Lula no logra-7-


ba pegar ojo, y, al girarse hacia Buba, se dio cuenta de que él tampoco estaba dormido; contemplaba las estrellas con la mirada perdida en el manto de la noche. La época de cría había llegado; Lula y Buba se sentían alterados pero ninguno de los dos lograba entender lo que estaba ocurriendo. Ambos sentían el profundo deseo de estar muy muy cerca del otro, casi dentro de una misma concha, como si eso fuera posible. Entonces, sin mediar palabra, empezó un sutil juego de energías que les llevó a intercambiar, sin saber muy bien ni el porqué ni lo que estaban haciendo, una sinfonía de besos, caricias y lametazos que fueron despertando poco a poco sus instintos ancestrales. Lula y Buba estaban a punto de vivir sus primeros amores... Con la respiración en total descontrol, cada uno buscaba desesperadamente respuestas en el fondo de los ojos del otro. Pero, a medida que profundizaban la mirada, se iban quedando más y más atrapados por la belleza que brillaba en el interior del otro. Estuvieron así largas horas, totalmente absortos el uno dentro del otro, hasta que dejaron de sentir el límite entre los dos. Ya no sabían dónde acababa el uno y empezaba el otro; eran casi un solo caracol dando vueltas y vueltas dentro de sí mismo y quizás así fue como nacieron las espirales de los caracoles. En algún momento, uno de ellos cerró los ojos para saborear mejor la experiencia, y fue en aquel instante cuando empezó un baile de tacto y caricias que duró hasta el amanecer. Con los ojos cerrados, Lula y Buba se estuvieron tocando, acariciando, deslizando lentamente, uno encima

del otro. El juego duró y duró... mientras iban dibujando círculos descubriendo, por primera vez, sus propios cuerpos, con sus partes blandas y duras, hasta que, por fin, sus vientres (y sus almas) se unieron en una doble penetración. Cada uno penetraba al otro. Así estuvieron horas y horas (humanas, claro está), sin cansarse ni dormirse ni siquiera tener sed: bebiendo cada uno las humedades del otro, estando totalmente compenetrados. Se mantuvieron así mucho tiempo, moviéndose de vez en cuando, pero sin ninguna prisa: no sentían ninguna necesidad de acabar, no buscaban ningún alivio, ninguna culminación, permitiéndose gozar plenamente de la sensación de estar totalmente unidos y compenetrados. De repente, sus frágiles cuerpos se vieron sacudidos lentamente al principio, luego cada vez más fuerte y al unísono, por una interminable serie de orgasmos. Las olas venían y venían, enviadas por el inmenso mar de amor que les unía haciendo que se compenetraran más y más... Pasaron las horas y, poco a poco, fueron desapareciendo las estrellas. Las reemplazaron una a una unos preciosos rayos dorados que iluminaron los cuerpos enlazados de nuestros caracoles amorosos. La mañana había llegado; el amor había durado toda la noche y sus cuerpos resplandecían con una nueva luz: habían llegado a un nuevo estado de conciencia. Como puedes ver, los caracoles son naturalmente tántricos, saben tomarse el tiempo para ir de un sitio a otro disfrutando de las cosas, son capaces de unirse de verdad sin perder la concha ni la identidad propia.

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ba pegar ojo, y, al girarse hacia Buba, se dio cuenta de que él tampoco estaba dormido; contemplaba las estrellas con la mirada perdida en el manto de la noche. La época de cría había llegado; Lula y Buba se sentían alterados pero ninguno de los dos lograba entender lo que estaba ocurriendo. Ambos sentían el profundo deseo de estar muy muy cerca del otro, casi dentro de una misma concha, como si eso fuera posible. Entonces, sin mediar palabra, empezó un sutil juego de energías que les llevó a intercambiar, sin saber muy bien ni el porqué ni lo que estaban haciendo, una sinfonía de besos, caricias y lametazos que fueron despertando poco a poco sus instintos ancestrales. Lula y Buba estaban a punto de vivir sus primeros amores... Con la respiración en total descontrol, cada uno buscaba desesperadamente respuestas en el fondo de los ojos del otro. Pero, a medida que profundizaban la mirada, se iban quedando más y más atrapados por la belleza que brillaba en el interior del otro. Estuvieron así largas horas, totalmente absortos el uno dentro del otro, hasta que dejaron de sentir el límite entre los dos. Ya no sabían dónde acababa el uno y empezaba el otro; eran casi un solo caracol dando vueltas y vueltas dentro de sí mismo y quizás así fue como nacieron las espirales de los caracoles. En algún momento, uno de ellos cerró los ojos para saborear mejor la experiencia, y fue en aquel instante cuando empezó un baile de tacto y caricias que duró hasta el amanecer. Con los ojos cerrados, Lula y Buba se estuvieron tocando, acariciando, deslizando lentamente, uno encima

del otro. El juego duró y duró... mientras iban dibujando círculos descubriendo, por primera vez, sus propios cuerpos, con sus partes blandas y duras, hasta que, por fin, sus vientres (y sus almas) se unieron en una doble penetración. Cada uno penetraba al otro. Así estuvieron horas y horas (humanas, claro está), sin cansarse ni dormirse ni siquiera tener sed: bebiendo cada uno las humedades del otro, estando totalmente compenetrados. Se mantuvieron así mucho tiempo, moviéndose de vez en cuando, pero sin ninguna prisa: no sentían ninguna necesidad de acabar, no buscaban ningún alivio, ninguna culminación, permitiéndose gozar plenamente de la sensación de estar totalmente unidos y compenetrados. De repente, sus frágiles cuerpos se vieron sacudidos lentamente al principio, luego cada vez más fuerte y al unísono, por una interminable serie de orgasmos. Las olas venían y venían, enviadas por el inmenso mar de amor que les unía haciendo que se compenetraran más y más... Pasaron las horas y, poco a poco, fueron desapareciendo las estrellas. Las reemplazaron una a una unos preciosos rayos dorados que iluminaron los cuerpos enlazados de nuestros caracoles amorosos. La mañana había llegado; el amor había durado toda la noche y sus cuerpos resplandecían con una nueva luz: habían llegado a un nuevo estado de conciencia. Como puedes ver, los caracoles son naturalmente tántricos, saben tomarse el tiempo para ir de un sitio a otro disfrutando de las cosas, son capaces de unirse de verdad sin perder la concha ni la identidad propia.

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Cada uno de ellos sabe asumir el peso de su propia casa... Se dan cuenta de que pueden colaborar sin esclavizarse el uno al otro; saben mantenerse vulnerables en todo momento sin abusar del derecho a retirarse en su propia concha... No tienen lucha de sexos (son hermafroditas), pero aún así reconocen que se necesitan mutuamente. Los caracoles son naturalmente tántricos; nosotros quizás lo fuimos algún día, pero ahora nos hemos vuelto consumidores. Consumimos comida, objetos, entretenimiento, sexo, relaciones; incluso nos consumimos los unos a los otros. Quizás debamos volver a aprender de los caracoles... En este libro te voy a hablar del Tantra y de lo que es de verdad, más allá de ciertas concepciones superficiales que corren por nuestro mundo occidental y consumista. Tantra es el arte de la unión con el otro, contigo mismo y con la propia vida. Probablemente hayas oído hablar de esta disciplina y las relaciones, sobre todo, con el sexo. Es posible incluso que te hayas preguntado alguna vez: ¿qué será eso del sexo tántrico? Tantra es el arte de unirse sin depredarse el uno al otro; es el arte de amar y gozar, de crecer y brillar. La meta del Tantra es conectarte a la vida y la intencionalidad del Universo a través de cada persona, cada árbol, cada hoja y cada soplo de aire. El Tantra quiere unirte pero no quiere que te sientas incompleto: si te percibes como incompleto, buscarás completarte en el otro. Querrás poseerlo pero serás su depredador en lugar de ser su amante. Querrás consumirlo para verte completado por

su ingestión, pero esto no funcionará y, entonces, buscarás otra persona y luego otra. Cada una será un nuevo objeto de deseo (malsano) para ti y para el otro, ya que las personas con las que te relaciones no serán personas sino meros objetos y tú estarás siempre sólo... Hasta que entiendas que eso no puede funcionar ya que todo empieza en ti y, lo que de verdad deseas, es la unión que proviene de la comunión. Tantra es el arte de compartir el amor desde el corazón y el alma en lugar del ego. La meta del Tantra es el amor: el amor sin miedo. Despertar la vibración del amor en todo tu ser hará que cada partícula de agua que bebas o de aire que respires se transforme en ese amor, un acto de unión con el Todo. La sexualidad tántrica es un proceso de profundización de la conexión con tu propio espíritu a través del despertar de tu cuerpo y de tu conciencia. Tantra no es un conjunto de artes sexuales ni un estudio de cómo mejorar tus orgasmos (aunque los incluya). La meta del sexo no es el orgasmo sino el amor, y la meta del orgasmo no es la convulsión sino la cohesión.

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Cada uno de ellos sabe asumir el peso de su propia casa... Se dan cuenta de que pueden colaborar sin esclavizarse el uno al otro; saben mantenerse vulnerables en todo momento sin abusar del derecho a retirarse en su propia concha... No tienen lucha de sexos (son hermafroditas), pero aún así reconocen que se necesitan mutuamente. Los caracoles son naturalmente tántricos; nosotros quizás lo fuimos algún día, pero ahora nos hemos vuelto consumidores. Consumimos comida, objetos, entretenimiento, sexo, relaciones; incluso nos consumimos los unos a los otros. Quizás debamos volver a aprender de los caracoles... En este libro te voy a hablar del Tantra y de lo que es de verdad, más allá de ciertas concepciones superficiales que corren por nuestro mundo occidental y consumista. Tantra es el arte de la unión con el otro, contigo mismo y con la propia vida. Probablemente hayas oído hablar de esta disciplina y las relaciones, sobre todo, con el sexo. Es posible incluso que te hayas preguntado alguna vez: ¿qué será eso del sexo tántrico? Tantra es el arte de unirse sin depredarse el uno al otro; es el arte de amar y gozar, de crecer y brillar. La meta del Tantra es conectarte a la vida y la intencionalidad del Universo a través de cada persona, cada árbol, cada hoja y cada soplo de aire. El Tantra quiere unirte pero no quiere que te sientas incompleto: si te percibes como incompleto, buscarás completarte en el otro. Querrás poseerlo pero serás su depredador en lugar de ser su amante. Querrás consumirlo para verte completado por

su ingestión, pero esto no funcionará y, entonces, buscarás otra persona y luego otra. Cada una será un nuevo objeto de deseo (malsano) para ti y para el otro, ya que las personas con las que te relaciones no serán personas sino meros objetos y tú estarás siempre sólo... Hasta que entiendas que eso no puede funcionar ya que todo empieza en ti y, lo que de verdad deseas, es la unión que proviene de la comunión. Tantra es el arte de compartir el amor desde el corazón y el alma en lugar del ego. La meta del Tantra es el amor: el amor sin miedo. Despertar la vibración del amor en todo tu ser hará que cada partícula de agua que bebas o de aire que respires se transforme en ese amor, un acto de unión con el Todo. La sexualidad tántrica es un proceso de profundización de la conexión con tu propio espíritu a través del despertar de tu cuerpo y de tu conciencia. Tantra no es un conjunto de artes sexuales ni un estudio de cómo mejorar tus orgasmos (aunque los incluya). La meta del sexo no es el orgasmo sino el amor, y la meta del orgasmo no es la convulsión sino la cohesión.

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Todo lo manifestado proviene de lo no manifestado, y lo exterior proviene de lo interior. Este libro consta de tres partes que te llevan desde la manifestación interior del Tantra en tu ser hacia sus manifestaciones físicas en tu vida: Æ La primera parte (“Actitud tántrica”) te ayuda a comprender la espiritualidad del Tantra, lo que es y también lo que no es. Está diseñada para ayudarte a desarrollar una actitud tántrica hacia la vida, más allá de los preceptos y los rituales. Æ La segunda parte (“Intimidad espiritual”) se ocupa de la relación de pareja. No hay intimidad sexual si no hay intimidad espiritual: la intimidad sexual se construye en base a la intimidad no sexual (o sea, espiritual). Æ La tercera parte (“Intimidad sexual”) es la práctica, la manifestación física del Tantra. Es importante no confundir el Tantra con sus rituales. Los rituales sólo existen para ayudar a crear el contexto, pero es el contenido lo que cuenta. Esta parte te ayudará a crear un contexto en el que desarrollar tu actitud tántrica. La meta de este libro es servirte de guía en tu descubrimiento espiritual del Tantra, pero recuerda que, al final, el Tantra tiene que emanar de ti. - 12 -

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Todo lo manifestado proviene de lo no manifestado, y lo exterior proviene de lo interior. Este libro consta de tres partes que te llevan desde la manifestación interior del Tantra en tu ser hacia sus manifestaciones físicas en tu vida: Æ La primera parte (“Actitud tántrica”) te ayuda a comprender la espiritualidad del Tantra, lo que es y también lo que no es. Está diseñada para ayudarte a desarrollar una actitud tántrica hacia la vida, más allá de los preceptos y los rituales. Æ La segunda parte (“Intimidad espiritual”) se ocupa de la relación de pareja. No hay intimidad sexual si no hay intimidad espiritual: la intimidad sexual se construye en base a la intimidad no sexual (o sea, espiritual). Æ La tercera parte (“Intimidad sexual”) es la práctica, la manifestación física del Tantra. Es importante no confundir el Tantra con sus rituales. Los rituales sólo existen para ayudar a crear el contexto, pero es el contenido lo que cuenta. Esta parte te ayudará a crear un contexto en el que desarrollar tu actitud tántrica. La meta de este libro es servirte de guía en tu descubrimiento espiritual del Tantra, pero recuerda que, al final, el Tantra tiene que emanar de ti. - 12 -

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Primera parte Actitud tantrica “Muchos libros han sido escritos sobre el Tantra; todos hablan de técnica, pero el verdadero Tantra no tiene nada que ver con la técnica. El Tantra real no se puede describir, tiene que ser absorbido, asimilado. Tienes que asimilar el espíritu del Tantra. ¿Cómo puedes asimilar el espíritu del Tantra? Tienes que transformar tu enfoque, tu actitud...” Osho El Tantra vive donde vives tú. Tú no vives en el cuerpo, tú no vives en las emociones, tú no vives en la mente, tú ni siquiera vives en la conciencia. Tú vives más allá de la conciencia y allí es donde vive el Tantra. En esta primera parte vas a aprender a desarrollar una actitud tántrica hacia la vida.


Primera parte Actitud tantrica “Muchos libros han sido escritos sobre el Tantra; todos hablan de técnica, pero el verdadero Tantra no tiene nada que ver con la técnica. El Tantra real no se puede describir, tiene que ser absorbido, asimilado. Tienes que asimilar el espíritu del Tantra. ¿Cómo puedes asimilar el espíritu del Tantra? Tienes que transformar tu enfoque, tu actitud...” Osho El Tantra vive donde vives tú. Tú no vives en el cuerpo, tú no vives en las emociones, tú no vives en la mente, tú ni siquiera vives en la conciencia. Tú vives más allá de la conciencia y allí es donde vive el Tantra. En esta primera parte vas a aprender a desarrollar una actitud tántrica hacia la vida.


Qué es el Tantra? La palabra “Tantra” significa literalmente “técnica”. Pero no se trata de una técnica ni de un método de gratificación sexual. El Tantra es un método para entrar en meditación. Entonces, ¿qué es la meditación y por qué es importante? La meditación es un estado de conciencia que va más allá de la mente y sus permanentes charlas, preguntas, problemas, creencias y construcciones; un estado que te permite conectar con y conocer lo que es, la realidad sin tus filtros. Es decir, la verdad. En la práctica, es probable que cada uno haya experimentado, en algún momento (aún sin buscarlo de forma específica), un estado meditativo en el que pudo percibir, aunque fuera por un momento fugaz, esa conexión con la inmensidad (o el Todo), ya sea en un momento de conexión profunda con otra persona o por sí mismo. La meditación es ese estado profundo de conexión con la verdad; un estado en el cual se entra con alguna dificultad pero se sale con facilidad. La meditación es un estado más allá de la mente en el que, por fin, se callan los pensamientos (no es necesario que desaparezcan pero ya no cuentan, ni hablan) y se eliminan las construcciones mentales. Enton-

ces, cuando desaparecen las historias, surge la verdad. La meditación no es la exclusividad del Tantra, sus beneficios se reconocen en muchas disciplinas y religiones, pero lo que distingue al Tantra de las demás corrientes es su forma de abordar el problema. La mayoría de las religiones y métodos pretenden ayudarnos a ser más conscientes, aspiran a llevarnos de nuestro estado actual de inconsciencia a un estado de plena conciencia que nos permita percibir la realidad de lo que somos y lo que nos rodea. Entonces, ¿somos considerados inconscientes? Sí, pero no hay que ofenderse, sólo entender que cada uno de nosotros vive inmerso en su propia versión de la realidad, una realidad fabricada por su mente y que, en el mejor de los casos, no representa sino una imagen parcial de la verdad distorsionada por sus percepciones y creencias personales. Una realidad pasada a través de sus filtros y que poca (o ninguna) relación mantiene ya con la verdad. O sea, que cada uno de nosotros vive en una especie de realidad virtual que viene a ser un estado de inconsciencia de lo que realmente es. Es de ese mismo estado de inconsciencia del que la mayoría de las religiones (y filosofías) pretenden salvarnos llevándonos a un estado superior de conciencia plena. El Tantra, en contrapartida, aborda el problema de forma diferente: para el Tantra, pasar de la inconsciencia a la conciencia es seguir jugando al juego de dualidades de siempre: blanco-negro, frío-calor, díanoche, bueno-malo, inconsciencia-conciencia...

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Qué es el Tantra? La palabra “Tantra” significa literalmente “técnica”. Pero no se trata de una técnica ni de un método de gratificación sexual. El Tantra es un método para entrar en meditación. Entonces, ¿qué es la meditación y por qué es importante? La meditación es un estado de conciencia que va más allá de la mente y sus permanentes charlas, preguntas, problemas, creencias y construcciones; un estado que te permite conectar con y conocer lo que es, la realidad sin tus filtros. Es decir, la verdad. En la práctica, es probable que cada uno haya experimentado, en algún momento (aún sin buscarlo de forma específica), un estado meditativo en el que pudo percibir, aunque fuera por un momento fugaz, esa conexión con la inmensidad (o el Todo), ya sea en un momento de conexión profunda con otra persona o por sí mismo. La meditación es ese estado profundo de conexión con la verdad; un estado en el cual se entra con alguna dificultad pero se sale con facilidad. La meditación es un estado más allá de la mente en el que, por fin, se callan los pensamientos (no es necesario que desaparezcan pero ya no cuentan, ni hablan) y se eliminan las construcciones mentales. Enton-

ces, cuando desaparecen las historias, surge la verdad. La meditación no es la exclusividad del Tantra, sus beneficios se reconocen en muchas disciplinas y religiones, pero lo que distingue al Tantra de las demás corrientes es su forma de abordar el problema. La mayoría de las religiones y métodos pretenden ayudarnos a ser más conscientes, aspiran a llevarnos de nuestro estado actual de inconsciencia a un estado de plena conciencia que nos permita percibir la realidad de lo que somos y lo que nos rodea. Entonces, ¿somos considerados inconscientes? Sí, pero no hay que ofenderse, sólo entender que cada uno de nosotros vive inmerso en su propia versión de la realidad, una realidad fabricada por su mente y que, en el mejor de los casos, no representa sino una imagen parcial de la verdad distorsionada por sus percepciones y creencias personales. Una realidad pasada a través de sus filtros y que poca (o ninguna) relación mantiene ya con la verdad. O sea, que cada uno de nosotros vive en una especie de realidad virtual que viene a ser un estado de inconsciencia de lo que realmente es. Es de ese mismo estado de inconsciencia del que la mayoría de las religiones (y filosofías) pretenden salvarnos llevándonos a un estado superior de conciencia plena. El Tantra, en contrapartida, aborda el problema de forma diferente: para el Tantra, pasar de la inconsciencia a la conciencia es seguir jugando al juego de dualidades de siempre: blanco-negro, frío-calor, díanoche, bueno-malo, inconsciencia-conciencia...

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De donde viene?, Es una religion?

Ejercicio: Quizás estés deseando tener ya una primera experiencia directa, así que te propongo probar una meditación sencilla basada en el primer “sutra” o afirmación, el primer verso del Tantra: “Oh, criatura radiante, esta experiencia puede surgir entre dos respiraciones. Después de que la respiración entra, y justo antes de que empiece a salir: la beneficencia.” Siéntate en un sitio tranquilo, y en el que no vayan a haber interrupciones, con la espalda bien recta (apóyate si hace falta) y haz tres respiraciones profundas (de barriga) y luego, tranquilizándote, deja que fluya la respiración de forma natural (sin interferir para nada en ella) y enfócate en el momento preciso en el que la inspiración se torna espiración. Mantén la atención en este punto sin pensar en nada más durante unos cinco minutos (ponte una alarma para no tener que controlar el reloj). Cuando salgas de la meditación observa tu nuevo estado de conciencia.

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Así que Tantra es simplemente “un método”. Este método nace de una conversación íntima ocurrida entre Shiva y Devi (su consorte o “parte femenina”) mientras ella se encuentra sentada en los regazos de él, haciendo el amor hace unos... ¡5.000 años! Shiva forma parte de la trinidad sagrada Brahma-Vishnu-Shiva, en la que Brahma es el creador, Vishnu el conservador y el mismo Shiva el vividor y destructor. Los tres no son “dioses” en el sentido literal de la palabra sino manifestaciones de una energía superior que ni siquiera ellos mismos son capaces de definir. Shiva es el más humano de los dioses hindúes y es representado por el símbolo fálico (el lingam o símbolo de la Creación). Cuenta la anécdota que un día Brahma y Vishnu fueron a ver a Shiva y lo encontraron haciendo el amor con Devi. Se quedaron esperando horas intentando hablar con él pero estaba tan inmerso en la experiencia que ni siquiera se dio cuenta de su presencia. Entonces, enfadados, se fueron y decidieron representarlo con un símbolo fálico :-) Otra anécdota afirma que Shiva (el Dios de la Destrucción) llegó a estar tan cansado del ciclo de la vida, muerte y reencarnación que abandonó por completo los placeres de la vida. Se untó con cenizas y dejó de comer, beber y disfrutar de cualquier placer físico o terrenal. Esas privaciones tuvieron - 19 -


De donde viene?, Es una religion?

Ejercicio: Quizás estés deseando tener ya una primera experiencia directa, así que te propongo probar una meditación sencilla basada en el primer “sutra” o afirmación, el primer verso del Tantra: “Oh, criatura radiante, esta experiencia puede surgir entre dos respiraciones. Después de que la respiración entra, y justo antes de que empiece a salir: la beneficencia.” Siéntate en un sitio tranquilo, y en el que no vayan a haber interrupciones, con la espalda bien recta (apóyate si hace falta) y haz tres respiraciones profundas (de barriga) y luego, tranquilizándote, deja que fluya la respiración de forma natural (sin interferir para nada en ella) y enfócate en el momento preciso en el que la inspiración se torna espiración. Mantén la atención en este punto sin pensar en nada más durante unos cinco minutos (ponte una alarma para no tener que controlar el reloj). Cuando salgas de la meditación observa tu nuevo estado de conciencia.

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Así que Tantra es simplemente “un método”. Este método nace de una conversación íntima ocurrida entre Shiva y Devi (su consorte o “parte femenina”) mientras ella se encuentra sentada en los regazos de él, haciendo el amor hace unos... ¡5.000 años! Shiva forma parte de la trinidad sagrada Brahma-Vishnu-Shiva, en la que Brahma es el creador, Vishnu el conservador y el mismo Shiva el vividor y destructor. Los tres no son “dioses” en el sentido literal de la palabra sino manifestaciones de una energía superior que ni siquiera ellos mismos son capaces de definir. Shiva es el más humano de los dioses hindúes y es representado por el símbolo fálico (el lingam o símbolo de la Creación). Cuenta la anécdota que un día Brahma y Vishnu fueron a ver a Shiva y lo encontraron haciendo el amor con Devi. Se quedaron esperando horas intentando hablar con él pero estaba tan inmerso en la experiencia que ni siquiera se dio cuenta de su presencia. Entonces, enfadados, se fueron y decidieron representarlo con un símbolo fálico :-) Otra anécdota afirma que Shiva (el Dios de la Destrucción) llegó a estar tan cansado del ciclo de la vida, muerte y reencarnación que abandonó por completo los placeres de la vida. Se untó con cenizas y dejó de comer, beber y disfrutar de cualquier placer físico o terrenal. Esas privaciones tuvieron - 19 -


Luchar o trascender

el efecto de encender en Shiva un inmenso fuego devastador que lo transformó en un lingam ardiente que amenazaba con destruir toda la creación. Los demás dioses no sabían qué hacer. De pronto apareció un inmenso yoni (vagina o símbolo de la Diosa) que absorbió el fuego devastador de Shiva, devolviéndole el equilibrio y salvando así el universo de la destrucción. Así que el Tantra surge de una conversación íntima y profunda entre Shiva y Devi sobre la naturaleza del universo mientras hacen el amor. Devi hace las preguntas a su amante y Shiva responde. Este diálogo, llamado el Vigyan Bhairav Tantra, consta de 112 sutras (respuestas o afirmaciones esenciales) y representa toda la base del Tantra (“Vigyan” significa “conciencia”; “Bhairav”, “ir más allá”; y “Tantra”, “técnica”: la “técnica que ayuda a ir más allá de la conciencia”). Lo que más llama la atención del Vigyan Bhairav Tantra es que Shiva no da respuestas a Devi sino que le da instrucciones sencillas para ayudarla a entrar en meditación y conocer la verdad por ella misma (por ejemplo: concentrarse en el espacio que existe entre dos respiraciones). Shiva espera ayudar a Devi sin transmitirle ninguna creencia: Devi no tiene que creer en nada ni hacer ningún acto de fe, sólo experimentar. Eso demuestra que el Tantra no es una religión, ni una filosofía, sólo un método que ayuda a ir más allá de la conciencia y descubrir la verdad. Puede ser considerado casi una ciencia que no requiere tener fe en nada ni nadie... Es compatible con todas las religiones aunque su seguimiento puede hacerlas inútiles: ¿de qué te servirían las creencias si tú ya conoces la verdad?

A menudo, preguntando a algún amigo o amiga sobre cómo le va la vida, escuchamos la palabra “luchando”, como si resumiera toda la experiencia y fuera lo más normal y natural. Y cuando alguien no está “luchando”, decimos que “se ha rendido” y le animamos a que se levante y “luche” por su propio bien y él de los suyos. Nos hemos acostumbrado a pensar que luchar con la vida es lo correcto e incluso hemos incorporado este principio a nuestro sistema educativo. Somos tan leales al concepto que no sólo nos pasamos la vida luchando, sino que a veces incluso nos olvidamos por completo de aquello por lo que estábamos luchando. Adoptamos una actitud de lucha o muere y, a menudo, no nos damos cuenta de que en realidad estamos matando la vida con tanta lucha. En lugar de disfrutarla antes de que sea demasiado tarde. El Tantra es la experiencia de lo que es. Te pide que dejes de luchar en contra de lo que es, tratando de imponer tus ideas preconcebidas a la realidad, para poder llegar al fondo de la experiencia y vivirla sin adulterarla ni siquiera con tus propios pensamientos. La idea es que tú mismo (tu ego, tu personalidad) deje de existir, por un momento, para fundirte del todo con la experiencia. Que deje de existir esa dualidad yo-eso o tú-yo que hace que tengas que luchar, aunque sea sin darte cuenta, para

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Luchar o trascender

el efecto de encender en Shiva un inmenso fuego devastador que lo transformó en un lingam ardiente que amenazaba con destruir toda la creación. Los demás dioses no sabían qué hacer. De pronto apareció un inmenso yoni (vagina o símbolo de la Diosa) que absorbió el fuego devastador de Shiva, devolviéndole el equilibrio y salvando así el universo de la destrucción. Así que el Tantra surge de una conversación íntima y profunda entre Shiva y Devi sobre la naturaleza del universo mientras hacen el amor. Devi hace las preguntas a su amante y Shiva responde. Este diálogo, llamado el Vigyan Bhairav Tantra, consta de 112 sutras (respuestas o afirmaciones esenciales) y representa toda la base del Tantra (“Vigyan” significa “conciencia”; “Bhairav”, “ir más allá”; y “Tantra”, “técnica”: la “técnica que ayuda a ir más allá de la conciencia”). Lo que más llama la atención del Vigyan Bhairav Tantra es que Shiva no da respuestas a Devi sino que le da instrucciones sencillas para ayudarla a entrar en meditación y conocer la verdad por ella misma (por ejemplo: concentrarse en el espacio que existe entre dos respiraciones). Shiva espera ayudar a Devi sin transmitirle ninguna creencia: Devi no tiene que creer en nada ni hacer ningún acto de fe, sólo experimentar. Eso demuestra que el Tantra no es una religión, ni una filosofía, sólo un método que ayuda a ir más allá de la conciencia y descubrir la verdad. Puede ser considerado casi una ciencia que no requiere tener fe en nada ni nadie... Es compatible con todas las religiones aunque su seguimiento puede hacerlas inútiles: ¿de qué te servirían las creencias si tú ya conoces la verdad?

A menudo, preguntando a algún amigo o amiga sobre cómo le va la vida, escuchamos la palabra “luchando”, como si resumiera toda la experiencia y fuera lo más normal y natural. Y cuando alguien no está “luchando”, decimos que “se ha rendido” y le animamos a que se levante y “luche” por su propio bien y él de los suyos. Nos hemos acostumbrado a pensar que luchar con la vida es lo correcto e incluso hemos incorporado este principio a nuestro sistema educativo. Somos tan leales al concepto que no sólo nos pasamos la vida luchando, sino que a veces incluso nos olvidamos por completo de aquello por lo que estábamos luchando. Adoptamos una actitud de lucha o muere y, a menudo, no nos damos cuenta de que en realidad estamos matando la vida con tanta lucha. En lugar de disfrutarla antes de que sea demasiado tarde. El Tantra es la experiencia de lo que es. Te pide que dejes de luchar en contra de lo que es, tratando de imponer tus ideas preconcebidas a la realidad, para poder llegar al fondo de la experiencia y vivirla sin adulterarla ni siquiera con tus propios pensamientos. La idea es que tú mismo (tu ego, tu personalidad) deje de existir, por un momento, para fundirte del todo con la experiencia. Que deje de existir esa dualidad yo-eso o tú-yo que hace que tengas que luchar, aunque sea sin darte cuenta, para

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mantener tu identidad y la separación. Aquí no se trata de protegerte de nada ni tampoco de luchar contra aquellas partes de ti que te hacen pensar que te tienes que proteger y mantener separado. La meta del Tantra es ayudarte a vivir la verdad, la no-separación. Por eso ni siquiera te describe esa verdad, no te dice lo que es ni cómo es, sólo que la encuentres por ti mismo. Y si sólo está la verdad, ¿contra quién vas a luchar? Normalmente, para poder acallar los pensamientos y eliminar las construcciones mentales, hay que luchar. Se requiere esfuerzo y disciplina. Pero, para luchar, tú tienes que estar allí, seguir pensando; y, entonces, puede que todo el proceso sea una ilusión, que tu no-estado mental no sea más que otro estado mental. Y ahí está la trampa. Lo que el Tantra te propone es ir más allá de esa lucha y de todos los estados mentales, de trascenderlos por completo para estar en contacto directo con lo que es, la verdad. Pero sin luchar: entrando a fondo en la experiencia. Por ejemplo, el Tantra no te pide que luches contra tus deseos sexuales. Esos deseos forman parte de ti. En lugar de pedirte que los controles o suprimas, te pide que vayas al fondo de la experiencia porque sólo desde ahí se puede trascenderlos, sin luchar contra ellos. El Tantra no te pide que te pongas a dieta, que luches contra tus instintos, sólo que escuches a tu cuerpo, que comas lo necesario para saciar tu hambre física y mental, disfrutando por completo de los alimentos: sólo cuando estés saciado, podrás trascender la comida... Esta no es una invitación

para el desenfreno sino una celebración de la creación desde el respeto más profundo y absoluto. El Tantra es un método que pretende ayudarte a trascender todos tus deseos, tus anhelos, tus construcciones mentales (incluso la propia conciencia de ellos), pero sin luchar. Para ello pone a tu disposición 112 técnicas diferentes para que escojas la que más te convenga. Aquí no hay cabida para los “debería”; ni los que van dirigidos hacia el mundo ni los que van dirigidos hacia uno mismo, porque el Tantra te acepta tal y como eres. Este es tu punto de partida: no tienes que tratar de cambiar nada, no tienes que luchar para cambiar, sólo aceptarte a ti mismo y aceptar al otro. Este es el punto de partida porque la meta es la entrega total, la unión. El Tantra te invita a que dejes tu historia atrás. Esa historia con la que justificas tu identidad, el invento. No se trata de tu historia cronológica sino de tu construcción mental acerca de por qué las cosas deberían ser de una manera determinada y no de otra. Esa historia no eres tú ni forma parte de ti, es un amasijo de pensamientos pasados al que te aferras como espada para poder defenderte de lo que es. Pero no se trata de defenderte de nada, sólo de existir; y el mero hecho de trascender tu historia te permitirá volver a estar en contacto con la realidad de la existencia. Esa es la puerta de entrada, y, en cuanto hayas cruzado el umbral, podrás empezar a trascender incluso esa misma puerta y fundirte con el Todo.

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mantener tu identidad y la separación. Aquí no se trata de protegerte de nada ni tampoco de luchar contra aquellas partes de ti que te hacen pensar que te tienes que proteger y mantener separado. La meta del Tantra es ayudarte a vivir la verdad, la no-separación. Por eso ni siquiera te describe esa verdad, no te dice lo que es ni cómo es, sólo que la encuentres por ti mismo. Y si sólo está la verdad, ¿contra quién vas a luchar? Normalmente, para poder acallar los pensamientos y eliminar las construcciones mentales, hay que luchar. Se requiere esfuerzo y disciplina. Pero, para luchar, tú tienes que estar allí, seguir pensando; y, entonces, puede que todo el proceso sea una ilusión, que tu no-estado mental no sea más que otro estado mental. Y ahí está la trampa. Lo que el Tantra te propone es ir más allá de esa lucha y de todos los estados mentales, de trascenderlos por completo para estar en contacto directo con lo que es, la verdad. Pero sin luchar: entrando a fondo en la experiencia. Por ejemplo, el Tantra no te pide que luches contra tus deseos sexuales. Esos deseos forman parte de ti. En lugar de pedirte que los controles o suprimas, te pide que vayas al fondo de la experiencia porque sólo desde ahí se puede trascenderlos, sin luchar contra ellos. El Tantra no te pide que te pongas a dieta, que luches contra tus instintos, sólo que escuches a tu cuerpo, que comas lo necesario para saciar tu hambre física y mental, disfrutando por completo de los alimentos: sólo cuando estés saciado, podrás trascender la comida... Esta no es una invitación

para el desenfreno sino una celebración de la creación desde el respeto más profundo y absoluto. El Tantra es un método que pretende ayudarte a trascender todos tus deseos, tus anhelos, tus construcciones mentales (incluso la propia conciencia de ellos), pero sin luchar. Para ello pone a tu disposición 112 técnicas diferentes para que escojas la que más te convenga. Aquí no hay cabida para los “debería”; ni los que van dirigidos hacia el mundo ni los que van dirigidos hacia uno mismo, porque el Tantra te acepta tal y como eres. Este es tu punto de partida: no tienes que tratar de cambiar nada, no tienes que luchar para cambiar, sólo aceptarte a ti mismo y aceptar al otro. Este es el punto de partida porque la meta es la entrega total, la unión. El Tantra te invita a que dejes tu historia atrás. Esa historia con la que justificas tu identidad, el invento. No se trata de tu historia cronológica sino de tu construcción mental acerca de por qué las cosas deberían ser de una manera determinada y no de otra. Esa historia no eres tú ni forma parte de ti, es un amasijo de pensamientos pasados al que te aferras como espada para poder defenderte de lo que es. Pero no se trata de defenderte de nada, sólo de existir; y el mero hecho de trascender tu historia te permitirá volver a estar en contacto con la realidad de la existencia. Esa es la puerta de entrada, y, en cuanto hayas cruzado el umbral, podrás empezar a trascender incluso esa misma puerta y fundirte con el Todo.

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Hacer o ser ¿Te has dado cuenta de que la mayoría de las personas que se jubilan se deprimen enseguida y envejecen al mes de haberse jubilado? En cierta ocasión, tuve la experiencia de reencontrar, al mes de su prejubilación, a un director de sucursal bancaria con el que me cruzaba cada día e intercambiaba algunas palabras. No olvidaré nunca que cuando me saludó ¡no fui capaz de reconocerlo hasta pasados unos segundos! Había envejecido de golpe. Llevaba años soñando con su prejubilación pero ahora no tenía más nada que hacer y, para él, era como dejar de existir, morir... Hacer es la esencia de la energía masculina y es la que ha dominado el mundo hasta ahora. En algún momento de la historia, hemos dejado de ser seres humanos transformándonos casi en haceres humanos. Hemos pasado de sentirnos víctimas o receptores a sentirnos perpetradores. Creemos que somos capaces de hacerlo todo (la felicidad, el amor, el éxito), hasta tal punto que ya no dejamos que suceda nada. Nos hemos vuelto incapaces de ser lo suficientemente pasivos para poder recibir aquello que se está manifestando. Nos hemos olvidado de que hay cosas que no se hacen, sólo se sienten si dejas que sucedan. No puedes hacer el amor, puedes dejar que suceda. Esto es una decisión y un com-

promiso contigo mismo. No puedes hacer la felicidad pero puedes dejar de ponerle trabas. Ni siquiera puedes hacer dinero, sólo puedes hacer cosas y el dinero viene si quiere... En nuestro afán de controlarlo todo, nos hemos olvidado de existir, de ser. Nos hemos vuelto incapaces de ser, de vivir, más bien de dejar que nos inunde la vida, que sea ella quien nos viva a nosotros. El hombre moderno (y la mujer también) se ha enamorado de su energía masculina porque da una (falsa) sensación de poder y de éxito. Es verdad que hemos sido capaces de hacer muchas cosas (y bien), pero el problema es que ahora nos creemos que somos los amos del universo. La mayoría de las mujeres también cayeron en la trampa del hacer buscando emular el pseudoéxito del hombre. Más allá del machismo y de los tópicos, vivimos en un mundo sumamente masculino con pocos y pocas representantes de la energía femenina. El Tantra es el arte de lo femenino. Sus enseñanzas se basan en ser y dejar hacer más que en hacer. El Tantra nos enseña que no se debe luchar porque luchando sólo provocas más de aquello que quieres reprimir. Es consabido que cada fuerza engendra una resistencia en sentido contrario a la misma. Pero fuerza no es poder. El poder emana en todas las direcciones y no provoca resistencia. El poder te posee aunque no quieras ser poseído. La fuerza es energía masculina y el poder es energía femenina. A modo de ilustración, piensa en la siguiente representación histórica del enfrentamiento de la fuerza con el poder: Mahatma Gandhi logró liberar la India

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Hacer o ser ¿Te has dado cuenta de que la mayoría de las personas que se jubilan se deprimen enseguida y envejecen al mes de haberse jubilado? En cierta ocasión, tuve la experiencia de reencontrar, al mes de su prejubilación, a un director de sucursal bancaria con el que me cruzaba cada día e intercambiaba algunas palabras. No olvidaré nunca que cuando me saludó ¡no fui capaz de reconocerlo hasta pasados unos segundos! Había envejecido de golpe. Llevaba años soñando con su prejubilación pero ahora no tenía más nada que hacer y, para él, era como dejar de existir, morir... Hacer es la esencia de la energía masculina y es la que ha dominado el mundo hasta ahora. En algún momento de la historia, hemos dejado de ser seres humanos transformándonos casi en haceres humanos. Hemos pasado de sentirnos víctimas o receptores a sentirnos perpetradores. Creemos que somos capaces de hacerlo todo (la felicidad, el amor, el éxito), hasta tal punto que ya no dejamos que suceda nada. Nos hemos vuelto incapaces de ser lo suficientemente pasivos para poder recibir aquello que se está manifestando. Nos hemos olvidado de que hay cosas que no se hacen, sólo se sienten si dejas que sucedan. No puedes hacer el amor, puedes dejar que suceda. Esto es una decisión y un com-

promiso contigo mismo. No puedes hacer la felicidad pero puedes dejar de ponerle trabas. Ni siquiera puedes hacer dinero, sólo puedes hacer cosas y el dinero viene si quiere... En nuestro afán de controlarlo todo, nos hemos olvidado de existir, de ser. Nos hemos vuelto incapaces de ser, de vivir, más bien de dejar que nos inunde la vida, que sea ella quien nos viva a nosotros. El hombre moderno (y la mujer también) se ha enamorado de su energía masculina porque da una (falsa) sensación de poder y de éxito. Es verdad que hemos sido capaces de hacer muchas cosas (y bien), pero el problema es que ahora nos creemos que somos los amos del universo. La mayoría de las mujeres también cayeron en la trampa del hacer buscando emular el pseudoéxito del hombre. Más allá del machismo y de los tópicos, vivimos en un mundo sumamente masculino con pocos y pocas representantes de la energía femenina. El Tantra es el arte de lo femenino. Sus enseñanzas se basan en ser y dejar hacer más que en hacer. El Tantra nos enseña que no se debe luchar porque luchando sólo provocas más de aquello que quieres reprimir. Es consabido que cada fuerza engendra una resistencia en sentido contrario a la misma. Pero fuerza no es poder. El poder emana en todas las direcciones y no provoca resistencia. El poder te posee aunque no quieras ser poseído. La fuerza es energía masculina y el poder es energía femenina. A modo de ilustración, piensa en la siguiente representación histórica del enfrentamiento de la fuerza con el poder: Mahatma Gandhi logró liberar la India

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de las garras del Imperio Británico sin el uso de la fuerza. Mientras los británicos trataban de controlar el movimiento de Gandhi por la fuerza, no se daban cuenta de que estaban siendo invadidos por su enorme poder. Gandhi logró despertar el poder de la India y no hubo manera de contrarrestarlo. La lucha había terminado antes de empezar y la fuerza no podía ganar: fuerza es hacer, poder es ser. El Tantra es el arte de trascender la fuerza, el hacer y de llegar a un estado profundo del ser. Se trata de una experiencia profunda. No puedes hacer Tantra como puedes hacer Yoga. Los rituales te acercan al Tantra pero no son el Tantra. Sólo dejando de luchar, y entregándote al ser, podrás tener la experiencia del Tantra.

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Control o entrega Como dijimos antes, el Tantra es la energía femenina, la que recibe; no lucha pero emana poder. El Tantra no es masculino; no es el camino del hacer, controlar o reprimir. En el Tantra te acercas a la meta cuando abandonas el control y te dejas hacer: es una experiencia activa de la pasividad. Es activa porque está llena de vida aunque no seas tú el que tenga que actuar. Es pasiva porque te permite recibir los beneficios de la no-lucha, pero no confundas esa pasividad voluntaria con la apatía. Nada tiene que ver. La apatía es pasividad en apariencia pero es lucha en su corazón. Es otra forma de controlar. La pasividad es receptividad, es amor. Te puedes acercar al Tantra mediante dos caminos bien diferentes: el método (los ciento doce sutras o meditaciones del Vigyan Bhairav Tantra) o la entrega total. La meta de las meditaciones es ayudarnos a vivir la experiencia de la entrega porque no es posible enseñar directamente la entrega. Entregarte es dejar de hacer o dejarte hacer y rendirte. Pero no hay que confundir la técnica con la propia entrega. Si viviéramos en un mundo más femenino, quizás el Tantra no hubiera hecho falta: ya sabríamos lo que es la entrega. Osho trata de explicar la entrega en el Tantra así: “El Tantra es el camino natural y fácil. Lo fácil y lo natural es - 27 -


de las garras del Imperio Británico sin el uso de la fuerza. Mientras los británicos trataban de controlar el movimiento de Gandhi por la fuerza, no se daban cuenta de que estaban siendo invadidos por su enorme poder. Gandhi logró despertar el poder de la India y no hubo manera de contrarrestarlo. La lucha había terminado antes de empezar y la fuerza no podía ganar: fuerza es hacer, poder es ser. El Tantra es el arte de trascender la fuerza, el hacer y de llegar a un estado profundo del ser. Se trata de una experiencia profunda. No puedes hacer Tantra como puedes hacer Yoga. Los rituales te acercan al Tantra pero no son el Tantra. Sólo dejando de luchar, y entregándote al ser, podrás tener la experiencia del Tantra.

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Control o entrega Como dijimos antes, el Tantra es la energía femenina, la que recibe; no lucha pero emana poder. El Tantra no es masculino; no es el camino del hacer, controlar o reprimir. En el Tantra te acercas a la meta cuando abandonas el control y te dejas hacer: es una experiencia activa de la pasividad. Es activa porque está llena de vida aunque no seas tú el que tenga que actuar. Es pasiva porque te permite recibir los beneficios de la no-lucha, pero no confundas esa pasividad voluntaria con la apatía. Nada tiene que ver. La apatía es pasividad en apariencia pero es lucha en su corazón. Es otra forma de controlar. La pasividad es receptividad, es amor. Te puedes acercar al Tantra mediante dos caminos bien diferentes: el método (los ciento doce sutras o meditaciones del Vigyan Bhairav Tantra) o la entrega total. La meta de las meditaciones es ayudarnos a vivir la experiencia de la entrega porque no es posible enseñar directamente la entrega. Entregarte es dejar de hacer o dejarte hacer y rendirte. Pero no hay que confundir la técnica con la propia entrega. Si viviéramos en un mundo más femenino, quizás el Tantra no hubiera hecho falta: ya sabríamos lo que es la entrega. Osho trata de explicar la entrega en el Tantra así: “El Tantra es el camino natural y fácil. Lo fácil y lo natural es - 27 -


la meta. No luches con la corriente, simplemente ve con ella, flota con ella. El río se dirige hacia el mar, ¿para qué vas a luchar? Muévete con el río, sé uno con el río: ríndete. ‘Entrega’ es la palabra clave del Tantra, ‘voluntad’ es la palabra clave del Yoga. El Yoga es el camino de la voluntad; el Tantra es el camino de la rendición. Esa es la razón por la que el Tantra es el camino del amor: el amor es pura entrega.” Ser consciente de que el Tantra es el camino del amor y la entrega total te ayudará a acercarte a la experiencia. Te sorprenderá descubrir el inmenso poder de la rendición, de la vulnerabilidad. Volveremos a hablar de la vulnerabilidad en la segunda parte de este libro, pero por ahora quiero anticiparte que, contrariamente a lo que puedas pensar o piense la mayoría de la gente, vulnerabilidad no es debilidad: es puro poder.

Ejercicio Si quieres empezar a vivir la experiencia espiritual de la entrega, te propongo el siguiente ejercicio:

ciste “las cosas no serían así”, pero eso es falso: tú no eres Dios y las reacciones de los demás son suyas. Si alguien te grita es porque el gritar ya existe dentro de esa persona. Trata de recordar, más bien de sentir, que tú no eres el centro del mundo y que lo que es es. Siente el profundo alivio del desapego: suelta la culpa. 2. Bendición: en cuanto te desapegues de la situación, podrás empezar a percibir la manifestación de lo divino en ella. El mero hecho de que no lo entiendas es una bendición en sí: tienes algo que descubrir y aprender. Sonríe y recibe el aprendizaje con curiosidad, como si de un amigo se tratara. 3. Rendición. Ahora entrégate. Ya sabes que eso “no va contigo”. Relájate, sonríe y vive la experiencia. No trates de manipularla. Entrégate de verdad, deja que las cosas ocurran mientras tú no-luchas, sólo observas amorosamente. Permite que ocurra el baile sin ser tú el jefe de orquesta: ¡disfruta de la música!

1. Desapego: ante cualquier situación que desearías poder controlar, piensa que las cosas son como son no porque tú las hayas hecho así, sino que son así porque es su propia naturaleza en este momento. Siempre se puede argumentar que si tú no hubieras hecho lo que hi- 28 -

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la meta. No luches con la corriente, simplemente ve con ella, flota con ella. El río se dirige hacia el mar, ¿para qué vas a luchar? Muévete con el río, sé uno con el río: ríndete. ‘Entrega’ es la palabra clave del Tantra, ‘voluntad’ es la palabra clave del Yoga. El Yoga es el camino de la voluntad; el Tantra es el camino de la rendición. Esa es la razón por la que el Tantra es el camino del amor: el amor es pura entrega.” Ser consciente de que el Tantra es el camino del amor y la entrega total te ayudará a acercarte a la experiencia. Te sorprenderá descubrir el inmenso poder de la rendición, de la vulnerabilidad. Volveremos a hablar de la vulnerabilidad en la segunda parte de este libro, pero por ahora quiero anticiparte que, contrariamente a lo que puedas pensar o piense la mayoría de la gente, vulnerabilidad no es debilidad: es puro poder.

Ejercicio Si quieres empezar a vivir la experiencia espiritual de la entrega, te propongo el siguiente ejercicio:

ciste “las cosas no serían así”, pero eso es falso: tú no eres Dios y las reacciones de los demás son suyas. Si alguien te grita es porque el gritar ya existe dentro de esa persona. Trata de recordar, más bien de sentir, que tú no eres el centro del mundo y que lo que es es. Siente el profundo alivio del desapego: suelta la culpa. 2. Bendición: en cuanto te desapegues de la situación, podrás empezar a percibir la manifestación de lo divino en ella. El mero hecho de que no lo entiendas es una bendición en sí: tienes algo que descubrir y aprender. Sonríe y recibe el aprendizaje con curiosidad, como si de un amigo se tratara. 3. Rendición. Ahora entrégate. Ya sabes que eso “no va contigo”. Relájate, sonríe y vive la experiencia. No trates de manipularla. Entrégate de verdad, deja que las cosas ocurran mientras tú no-luchas, sólo observas amorosamente. Permite que ocurra el baile sin ser tú el jefe de orquesta: ¡disfruta de la música!

1. Desapego: ante cualquier situación que desearías poder controlar, piensa que las cosas son como son no porque tú las hayas hecho así, sino que son así porque es su propia naturaleza en este momento. Siempre se puede argumentar que si tú no hubieras hecho lo que hi- 28 -

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Recuerdo que cuando era niño recibía muchos juguetes para Navidad. Y eso, que podría parecer una enorme suerte, especialmente para los que no recibían tanto, era más bien un impedimento para el disfrute. Hasta el día de hoy, recuerdo la sensación de excitación al abrir los regalos, y luego colocarlos uno al lado del otro y ya no saber con cuál jugar. Cuando jugaba con uno de ellos, sentía que debía hacerlo con otro, así que lo cogía y soltaba el primero. Pero para que no se me perdiera o dañara, lo devolvía a su caja. Me pasaba el tiempo vacilando y organizando cajas. Recuerdo sentir, incluso a aquella temprana edad, la frustración y la culpa por no estar disfrutando todo lo que debía con tanto juguete. No podía entregarme por completo a ninguno. Estaba demasiado ocupado poseyendo y controlando mis nuevos juguetes en lugar de disfrutarlos dejándome poseer por la experiencia del juego. El hecho de vivir inmersos en la energía masculina (de sentir la necesidad de pasarnos la vida haciendo, conquistando, ganando) nos ha hecho más vulnerables al miedo y la necesidad de controlar. Vivimos sumergidos en el miedo y tratamos de controlar todo lo que hay a nuestro alrededor para tratar de controlar nuestro propio miedo. La necesidad de controlar nos lleva a querer poseer aquello que estamos tratando de

controlar para que no se nos escape de las manos. Vivimos en un mundo en el que lo queremos poseer todo: coche, casa, negocio, marido o mujer, incluso amor y felicidad. Ya no nos damos cuenta de que hay cosas que no pueden ni deben ser poseídas. Sencillamente porque no son ni siquiera cosas. No se puede poseer el amor. No se puede poseer la felicidad. No se puede poseer un marido o una mujer. De hecho ni siquiera las cosas que posees, se pueden poseer de verdad. Están a la merced de un desastre natural o de un cambio de legislación. ¿Qué es lo que posees entonces? La verdad es que nada, ni siquiera tu propio cuerpo, ni tus pensamientos, ni tu respiración... ¿Por qué luchas entonces? Si no puedes poseer nunca nada, ¿por qué luchas entonces? Nada tuyo es realmente tuyo: son meros préstamos temporales. Quizás lo único que puede ser tuyo es la experiencia de este momento y quizás su recuerdo alterado por el tiempo y tus filtros. Ahora bien, si quieres que la experiencia sea tuya, lo único que puedes hacer es reconocer que vives dentro de la experiencia y no fuera de ella. Entonces es ella que te posee a ti y no viceversa. Tú puedes luchar, intentar controlar, forzar, no entregarte; entonces la experiencia seguirá sin ti mientras tú te debates. Ya no será tuya, ni siquiera la habrás vivido. Pero ¿qué ocurre si te dejas poseer? Si te dejas poseer, vives, sientes. Si te dejas poseer por el amor, lo vives. Si te dejas poseer por la felicidad, la sientes: serás feliz. La felicidad te hará feliz, no serás tú quien haga la felici-

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Recuerdo que cuando era niño recibía muchos juguetes para Navidad. Y eso, que podría parecer una enorme suerte, especialmente para los que no recibían tanto, era más bien un impedimento para el disfrute. Hasta el día de hoy, recuerdo la sensación de excitación al abrir los regalos, y luego colocarlos uno al lado del otro y ya no saber con cuál jugar. Cuando jugaba con uno de ellos, sentía que debía hacerlo con otro, así que lo cogía y soltaba el primero. Pero para que no se me perdiera o dañara, lo devolvía a su caja. Me pasaba el tiempo vacilando y organizando cajas. Recuerdo sentir, incluso a aquella temprana edad, la frustración y la culpa por no estar disfrutando todo lo que debía con tanto juguete. No podía entregarme por completo a ninguno. Estaba demasiado ocupado poseyendo y controlando mis nuevos juguetes en lugar de disfrutarlos dejándome poseer por la experiencia del juego. El hecho de vivir inmersos en la energía masculina (de sentir la necesidad de pasarnos la vida haciendo, conquistando, ganando) nos ha hecho más vulnerables al miedo y la necesidad de controlar. Vivimos sumergidos en el miedo y tratamos de controlar todo lo que hay a nuestro alrededor para tratar de controlar nuestro propio miedo. La necesidad de controlar nos lleva a querer poseer aquello que estamos tratando de

controlar para que no se nos escape de las manos. Vivimos en un mundo en el que lo queremos poseer todo: coche, casa, negocio, marido o mujer, incluso amor y felicidad. Ya no nos damos cuenta de que hay cosas que no pueden ni deben ser poseídas. Sencillamente porque no son ni siquiera cosas. No se puede poseer el amor. No se puede poseer la felicidad. No se puede poseer un marido o una mujer. De hecho ni siquiera las cosas que posees, se pueden poseer de verdad. Están a la merced de un desastre natural o de un cambio de legislación. ¿Qué es lo que posees entonces? La verdad es que nada, ni siquiera tu propio cuerpo, ni tus pensamientos, ni tu respiración... ¿Por qué luchas entonces? Si no puedes poseer nunca nada, ¿por qué luchas entonces? Nada tuyo es realmente tuyo: son meros préstamos temporales. Quizás lo único que puede ser tuyo es la experiencia de este momento y quizás su recuerdo alterado por el tiempo y tus filtros. Ahora bien, si quieres que la experiencia sea tuya, lo único que puedes hacer es reconocer que vives dentro de la experiencia y no fuera de ella. Entonces es ella que te posee a ti y no viceversa. Tú puedes luchar, intentar controlar, forzar, no entregarte; entonces la experiencia seguirá sin ti mientras tú te debates. Ya no será tuya, ni siquiera la habrás vivido. Pero ¿qué ocurre si te dejas poseer? Si te dejas poseer, vives, sientes. Si te dejas poseer por el amor, lo vives. Si te dejas poseer por la felicidad, la sientes: serás feliz. La felicidad te hará feliz, no serás tú quien haga la felici-

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dad. De la misma manera, el amor te llenará. Si intentas poseer la felicidad, no tendrás nada. La habrás matado. De la misma forma que si atrapas un pájaro y lo agarras tan fuerte para que no se escape, acabas asfixiándolo y sólo te quedará su cadáver en la mano. Si intentas poseer el amor o al ser amado, lo matarás. Dejará de ser tu amante para ser tu objeto, un objeto que en ningún caso te podrá satisfacer porque no es lo que tú quieres... Entonces, irás en busca de otra persona o de otra oportunidad creyendo que la anterior no era la correcta... Tu anhelo es de amor, de felicidad, pero tu búsqueda es de objetos de amor y felicidad. No hay satisfacción si intentas poseer en lugar de ser poseído. Pero si te dejas poseer existe el riesgo de que alguna vez te engañen, de que seas el tonto de turno, ¿verdad? ¿Y qué? ¿Quién es el tonto, el que pasa por la vida sin percibirla porque intenta poseerla, controlarla hasta estrangularla, o el que deja que fluya por sus venas, que haga aquello que la vida hace: vivir? Piénsalo. Esta es la propuesta del Tantra: que aceptes ser poseído por la vida, por la experiencia del amor y de la entrega, para poder vivirlas plenamente. Todo eso a cambio de un módico precio: hacer el tonto de vez en cuando... A que es una ganga, ¿no?

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Mente o corazon Una de las cosas que nos caracteriza como seres humanos es nuestra búsqueda constante del sentido de la vida. Necesitamos encontrar un sentido para poder seguir. Viktor Frankl fue un terapeuta influyente que sobrevivió a los campos de concentración y descubrió que la mayoría de las personas que sobrevivieron a aquella terrible experiencia lo hicieron porque lograron darle un sentido a su sufrimiento; por ejemplo, ser los testigos vivientes de lo ocurrido... Los que sólo veían un sufrimiento sin sentido, tarde o temprano se rendían y morían. Según Viktor Frankl, que luego desarrolló la logoterapia, basada en la voluntad de sentido y que sería la tercera escuela vienesa de psicoterapia (después de la de Freud, basada en la voluntad de placer, y la de Adler, en la voluntad de poder), el sentido de la vida puede ser encontrado en alguna de las tres áreas siguientes de la existencia: el trabajo (o la misión), el sufrimiento extremo o bien el amor. Esta última es la más importante de todas. Ahora bien, ¿acaso son tres cosas diferentes las que pueden darle sentido a nuestra vida o sólo una? Un trabajo de currante no le puede dar sentido a tu vida, pero sí una misión llena de amor y ganas de contribuir. Se puede encontrar el sentido a través del sufrimiento sólo si se encuentra también el amor: en - 33 -


dad. De la misma manera, el amor te llenará. Si intentas poseer la felicidad, no tendrás nada. La habrás matado. De la misma forma que si atrapas un pájaro y lo agarras tan fuerte para que no se escape, acabas asfixiándolo y sólo te quedará su cadáver en la mano. Si intentas poseer el amor o al ser amado, lo matarás. Dejará de ser tu amante para ser tu objeto, un objeto que en ningún caso te podrá satisfacer porque no es lo que tú quieres... Entonces, irás en busca de otra persona o de otra oportunidad creyendo que la anterior no era la correcta... Tu anhelo es de amor, de felicidad, pero tu búsqueda es de objetos de amor y felicidad. No hay satisfacción si intentas poseer en lugar de ser poseído. Pero si te dejas poseer existe el riesgo de que alguna vez te engañen, de que seas el tonto de turno, ¿verdad? ¿Y qué? ¿Quién es el tonto, el que pasa por la vida sin percibirla porque intenta poseerla, controlarla hasta estrangularla, o el que deja que fluya por sus venas, que haga aquello que la vida hace: vivir? Piénsalo. Esta es la propuesta del Tantra: que aceptes ser poseído por la vida, por la experiencia del amor y de la entrega, para poder vivirlas plenamente. Todo eso a cambio de un módico precio: hacer el tonto de vez en cuando... A que es una ganga, ¿no?

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Mente o corazon Una de las cosas que nos caracteriza como seres humanos es nuestra búsqueda constante del sentido de la vida. Necesitamos encontrar un sentido para poder seguir. Viktor Frankl fue un terapeuta influyente que sobrevivió a los campos de concentración y descubrió que la mayoría de las personas que sobrevivieron a aquella terrible experiencia lo hicieron porque lograron darle un sentido a su sufrimiento; por ejemplo, ser los testigos vivientes de lo ocurrido... Los que sólo veían un sufrimiento sin sentido, tarde o temprano se rendían y morían. Según Viktor Frankl, que luego desarrolló la logoterapia, basada en la voluntad de sentido y que sería la tercera escuela vienesa de psicoterapia (después de la de Freud, basada en la voluntad de placer, y la de Adler, en la voluntad de poder), el sentido de la vida puede ser encontrado en alguna de las tres áreas siguientes de la existencia: el trabajo (o la misión), el sufrimiento extremo o bien el amor. Esta última es la más importante de todas. Ahora bien, ¿acaso son tres cosas diferentes las que pueden darle sentido a nuestra vida o sólo una? Un trabajo de currante no le puede dar sentido a tu vida, pero sí una misión llena de amor y ganas de contribuir. Se puede encontrar el sentido a través del sufrimiento sólo si se encuentra también el amor: en - 33 -


el caso de los supervivientes de los campos de concentración eran las ansias de comunicar lo vivido para que nunca más se vuelva a producir semejante tragedia. Eso es amor. En el fondo sólo el amor puede darle sentido a tu vida. Si lo miramos de otra forma, también encontraremos lo mismo. ¿Por qué buscas tanto el éxito? Porque te hará sentir bien. Y ¿qué es lo que te hace sentir mal? El fracaso, el “no ser capaz de”, la sensación de ser “insuficiente” te resulta insoportable... Porque, si eres insuficiente, ¡puede que no te quieran! Que te quedes sólo y desamparado. Es esta sensación de separación lo que constituye el verdadero sufrimiento (incluso en los campos de concentración). La separación nos resulta insoportable e intentamos combatirla por todos los medios. ¿Pero dónde nace esta sensación de separación? La sensación de separación proviene de la mente que intenta protegernos. La mente crea el ego que nos hace sentir diferentes, desprotegidos, en peligro y separados. El ego intenta preservarnos preservándose a sí mismo. El ego cree que tiene una misión suprema: evitar que desaparezcamos. No puede dejar que nada nos absorba, nos posea o nos derrita. Tenemos que seguir ahí. Pero ¿qué hacer entonces?, ¿tenemos que controlar la mente? Según muchas tradiciones, la única forma de escapar al sufrimiento de la separación es aprender a controlar la mente. Pero el problema no es que la mente sea mala, el problema es que la mente sea la que go-

bierne. Ahí está el error. La cabeza (o razón) es un instrumento potente que no sólo se cree necesario sino indispensable y único. Ni la mente ni nosotros mismos nos damos cuenta que somos otra cosa y que no es la razón quien nos debe gobernar sino el corazón: es el corazón quien debe estar por encima de la razón y no viceversa. La razón es sólo un instrumento pero el corazón somos nosotros. La ciencia moderna ha demostrado que hay más comunicación partiendo del corazón hacia el cerebro que en sentido contrario: el corazón es mucho más potente que la mente y es el que regula el ritmo del cerebro. Por lo tanto es el corazón quien debe usar la razón y no a la inversa. Y esta es la propuesta del Tantra: que dejes de ser un cerebro con patas y vuelvas a ser todo corazón. No hace falta que descuartices a tu ego, sólo que devuelvas el mando al corazón. ¿Cómo? Mediante la entrega al amor. El Tantra es el arte de desaparecer, de fundirte en el amor con los demás y la vida misma. El amor es el que nos puede procurar la sensación de unión; por lo tanto es lo único que puede darle sentido a nuestra vida.

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el caso de los supervivientes de los campos de concentración eran las ansias de comunicar lo vivido para que nunca más se vuelva a producir semejante tragedia. Eso es amor. En el fondo sólo el amor puede darle sentido a tu vida. Si lo miramos de otra forma, también encontraremos lo mismo. ¿Por qué buscas tanto el éxito? Porque te hará sentir bien. Y ¿qué es lo que te hace sentir mal? El fracaso, el “no ser capaz de”, la sensación de ser “insuficiente” te resulta insoportable... Porque, si eres insuficiente, ¡puede que no te quieran! Que te quedes sólo y desamparado. Es esta sensación de separación lo que constituye el verdadero sufrimiento (incluso en los campos de concentración). La separación nos resulta insoportable e intentamos combatirla por todos los medios. ¿Pero dónde nace esta sensación de separación? La sensación de separación proviene de la mente que intenta protegernos. La mente crea el ego que nos hace sentir diferentes, desprotegidos, en peligro y separados. El ego intenta preservarnos preservándose a sí mismo. El ego cree que tiene una misión suprema: evitar que desaparezcamos. No puede dejar que nada nos absorba, nos posea o nos derrita. Tenemos que seguir ahí. Pero ¿qué hacer entonces?, ¿tenemos que controlar la mente? Según muchas tradiciones, la única forma de escapar al sufrimiento de la separación es aprender a controlar la mente. Pero el problema no es que la mente sea mala, el problema es que la mente sea la que go-

bierne. Ahí está el error. La cabeza (o razón) es un instrumento potente que no sólo se cree necesario sino indispensable y único. Ni la mente ni nosotros mismos nos damos cuenta que somos otra cosa y que no es la razón quien nos debe gobernar sino el corazón: es el corazón quien debe estar por encima de la razón y no viceversa. La razón es sólo un instrumento pero el corazón somos nosotros. La ciencia moderna ha demostrado que hay más comunicación partiendo del corazón hacia el cerebro que en sentido contrario: el corazón es mucho más potente que la mente y es el que regula el ritmo del cerebro. Por lo tanto es el corazón quien debe usar la razón y no a la inversa. Y esta es la propuesta del Tantra: que dejes de ser un cerebro con patas y vuelvas a ser todo corazón. No hace falta que descuartices a tu ego, sólo que devuelvas el mando al corazón. ¿Cómo? Mediante la entrega al amor. El Tantra es el arte de desaparecer, de fundirte en el amor con los demás y la vida misma. El amor es el que nos puede procurar la sensación de unión; por lo tanto es lo único que puede darle sentido a nuestra vida.

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