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EL YOGA DE LAS RELACIONES GUÍA PRÁCTICA PARA AMARTE A TI MISMO Y A LOS DEMÁS

YOGI AMRIT DESAI


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Título original: The Yoga of Relationships. A Practical Guide for Loving Yourself and Others Cubierta: Rafael Soria Traducción: Blanca González Villegas © Yogi Amrit Desai, 2010 Editado por acuerdo con Monkfish Book Publishing Co. De la presente edición en castellano: © Neo Person, 2011 Alquimia, 6 28933 Móstoles (Madrid) - España Tels.: 91 614 53 46 - 91 614 58 49 Fax: 91 618 40 12 www.alfaomega.es Primera edición: septiembre de 2012 Depósito legal: M. 27.832-2012 I.S.B.N.: 978-84-95973-75-7 Impreso en España por: Artes Gráficas COFÁS, S.A. - Móstoles (Madrid) Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.


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ÍNDICE

Prefacio ...............................................................................

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CAPÍTULO 1: El impulso de fundirse ....................................

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CAPÍTULO 2: La mascarada del amor ....................................

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CAPÍTULO 3: El amor como adicción ....................................

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CAPÍTULO 4: La expectativa es una reacción silenciosa ........

43

CAPÍTULO 5: Amar sin aferrar ..............................................

53

CAPÍTULO 6: Consciencia de uno mismo .............................

63

CAPÍTULO 7: Comunicación clara ........................................

77

CAPÍTULO 8: Gratitud ..........................................................

85

CAPÍTULO 9: Perdón .............................................................

89

CAPÍTULO 10: Relaciones conscientes que funcionan ...........

99

CAPÍTULO 11: El amor como unión ..................................... 115 Apéndice 1: Yamas y Niyamas: directrices para la vida diaria .................................................................. 125 Apéndice 2: Meditación para sanar las relaciones ................ 141 Glosario .............................................................................. 145 Acerca del autor .................................................................. 153


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Dedicado a Mataji Urmila Amritlal Desai 29 de julio de 1937 - 31 de julio del 2006

En todas sus facetas —esposa, madre, hermana y amiga—, Mataji fue un modelo de gracia en acción. Incansable en su devoción a nuestro linaje, afrontó los retos de la vida con una consciencia de sí misma que pocos pueden emular, pero de la que todos podemos aprender. Relacionarse con ella fue una bendición para todo aquel que gozó del privilegio de conocerla.


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Prefacio LILA IVEY, EDITORA

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N SUS DISCURSOS,

es muy frecuente que Yogi Desai comience por el final —que su primera frase resuma el contenido del discurso— para volver luego al principio, tejiendo hebras del medio y del final y dejando a los alumnos con un rompecabezas que resulta al mismo tiempo paradójico y sumamente claro. Sus enseñanzas y escritos son alambicados, imbuidos de misterio y, al mismo tiempo, asombrosos por su claridad. Es como si nos ofreciera todas las respuestas que podemos llegar a necesitar mientras nos deja planteándonos cuál era la pregunta inicial. De nosotros depende descubrirlo: el famoso pelado de las capas de la cebolla. Una vez desvelado, el conocimiento que imparte nos proporciona un momento maravilloso en el que al fin conseguimos entender. En un instante se nos revela la solución de problemas planteados hace ya mucho. Esta introducción sirve a ese mismo propósito: exponer la respuesta al dilema más desconcertante de la vida justo al principio: Todas las relaciones están basadas en la relación que tenemos con nosotros mismos y, en último término, con el Yo.


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PREFACIO

El problema es: ¿cómo llegamos a esa conclusión? Ahora que tenemos el final a la vista, debemos trabajar hacia atrás para alcanzar el principio. Yogi Desai afirma a menudo: «Lo que deseas al final debes tenerlo al principio». En sánscrito, esto es tu sankalpa, tu resolución, tu intención más profunda de integrar. Alinearnos con la intención es el camino a la integración. En cierto sentido, esto es algo que todos sabemos, pero su puesta en práctica nos elude en cada esquina. Sabemos que todo el mundo, con independencia de su cultura, edad o estatus, está buscando lo mismo: amor, paz y armonía. Anhelamos a esa persona especial, un trabajo que nos satisfaga plenamente, unos hijos a los que adorar. Si el objetivo está tan claro, ¿por qué estamos en conflicto con todas las personas que nos importan y nos encontramos sacudiendo la cabeza ante el lío en el que estamos metidos? Las relaciones exitosas no requieren mucho trabajo, pero sí atención, aceptación y consciencia. Lograr este objetivo es posible cuando por fin dejamos de interponernos en nuestro propio camino. El secreto de las relaciones exitosas es lo que revelan las páginas de este libro. Consiste sólo en recordar lo que ya sabemos. Lo difícil es recordarlo y poner esa consciencia en práctica cuando la necesitamos. Por necesidad, este libro está dispuesto en capítulos lineales. Sin embargo, igual que el ashtanga yoga de Patanjali está diseñado para practicarlo de forma simultánea y no paso a paso, el secreto de las relaciones es que todas estas enseñanzas se practican juntas en una unidad de consciencia cuando nos alineamos con lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos y lo que sentimos. La inspiración de este libro se deriva de las dos primeras ramas del yoga de ocho ramas de Patanjali: los Yamas y los Ni-


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yamas. Aunque los distribuimos en dos categorías, tampoco ellos son lineales, sino más bien prácticas simultáneas. Yamas - Normas

Niyamas - Disciplinas

Ahimsa - no violencia

Saucha - pureza

Satya - no mentir

Santosha - contento

Asteya - no robar

Tapas - calor espiritual

Brahmacharya - moderación

Swadhyaya - estudio de uno mismo

Aparigraha - falta de apego

Ishvara Pranidhana - entrega a la divinidad

El lector puede acceder a los comentarios completos de Yogi Desai respecto a cada abstención (Yama) y cada directriz (Niyama) en la página 125 del apéndice. La observación de los Yamas y los Niyamas en nuestra vida cotidiana constituye la receta de la alegría. Extraídas de la aguda visión interior de Yogi Desai y de la profundidad del entendimiento que recibió de su gurú, Swami Kripalvanandji, estas joyas de sabiduría relucen como señales brillantes en el sendero yóguico de las relaciones.


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CAPÍTULO 1

El impulso de fundirse

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L AMOR ES EL ELIXIR DE LA VIDA,

el néctar que nutre cada uno de los niveles de nuestro cuerpo y nuestro ser. El impulso innato y progresivo de fundirnos nos apremia a buscar el amor y la promesa de culminación que trae consigo. Buscamos el amor en sus miles de formas y en cada una de las expresiones de la vida, anhelando la experiencia de la unión extática, el momento en que los muros que nos separan de los demás se disuelvan en la unicidad. Con nuestra primera inhalación llegamos a esta vida puros y sin apegos; pero se trata de una existencia carente de consciencia. De niños vivimos íntegramente en el momento, deleitándonos con los dedos de nuestros pies y riendo a cualquiera que nos muestre afecto. En estos primeros años, nuestras demandas son puramente biológicas. Cuando tenemos hambre, lloramos y nos dan de comer. Cuando estamos mojados, nos volvemos irritables y nos cambian de ropa. Cuando estamos cansados, nos mostramos inquietos y nos acuestan. En esta etapa, la cercanía a nuestra madre no supone afecto personal, sino un lazo instintivo para la satisfacción de las necesidades básicas y la conservación de la vida. Esta inocencia de la infancia no tarda mucho en desapare-


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cer. En épocas pasadas se decía que un niño estaba con Dios durante sus primeros siete años. Hoy en día, debido a la influencia de los mensajes procedentes de los medios de comunicación social, esta etapa se acerca más a los dos o tres años. A esta edad ya empieza a desarrollarse la personalidad individual. Las demandas dejan de ser puramente biológicas; adquieren condiciones, porque el sentido del «yo» y del «mío» son inclinaciones naturales muy fuertes en los niños. El padre de cualquier pequeño sabe lo calculador que puede llegar a ser. Las respuestas de los progenitores y de la sociedad ante la conducta experimental del niño ejercen un efecto que dura toda la vida, tanto sobre el individuo como sobre los que lo rodean. Es el principio de la imagen que mostramos al mundo. Nuestra imagen, o ego, se ve condicionada por nuestros padres, nuestra sociedad y nuestra cultura. Consideramos nuestra imagen como si fuésemos nosotros mismos. A esta edad somos demasiado inocentes para comprender la falsedad de esta impresión. No tenemos capacidad para separar la verdad de la ficción. El ego muestra necesidades; realiza peticiones. Y cuando estas necesidades no se cubren, conducen a la frustración, la ira y el resentimiento. Creemos que estamos buscando el amor, pero no es amor lo que queremos. Es nuestro ego, que intenta llenar su vacío insaciable. En esta coyuntura es cuando la palabra amor adquiere su connotación negativa. El hambre del ego por obtener más y más no puede verse satisfecha jamás, lo que nos deja confusos y abatidos. Cuando no conseguimos darnos cuenta de que no somos sólo individuos, sino, de forma simultánea, parte del todo, desarrollamos conductas egoístas. Es algo natural y nos sucede a todos en distinto grado. En resumen, nuestra autoimagen crea el mundo en el que vivimos. Existimos en un mundo de fantasía, no en el mundo


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real. Distorsionada por nuestras percepciones, nuestra felicidad se transforma en tristeza, amar se convierte en vengarse y la satisfacción se vuelve expectativa. Con la dualidad llega la separación inconsciente. Este sentido de un yo falso desarrolla la separación de los demás al adquirir definiciones, conceptos, recuerdos y expectativas de cómo debe ser la vida. Nuestras emociones inmaduras se convierten en una montaña rusa de subidas y bajadas, constantemente contrarrestadas por sus opuestos. Es una trampa complicada y a veces nos da la sensación de que jamás conseguiremos escapar al ciclo de decepciones. Repetimos los mismos errores. Nos quedamos atascados en nuestros propios patrones de autodestrucción. Sin embargo, la vida es una irritación terapéutica perpetua. Es la escuela para aprender la lección una y otra vez hasta que conseguimos dominarla. El tiovivo de la vida siempre nos da otra oportunidad de acertar.

NIÑOS CRECIDOS Las expectativas del ego continúan en la edad adulta. Los adultos tienen el mismo «yo» y el mismo «mío» que los niños, solidificado a lo largo de años de asociaciones adquiridas a partir de una colección de acontecimientos, experiencias, prejuicios y falsas percepciones personales. El «yo» hace falta para sostener el cuerpo. No tiene nada de malo, pero su fiabilidad se suele malinterpretar y sobredimensionar. La mente es una extensión del cuerpo. El cuerpo sería incapaz de explorar su potencial humano sin la facilidad de la mente. Todas las experiencias de placer y dolor, comodidad e incomodidad, se registran en ella. Es el instrumento de la na-


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turaleza. La mente puede ser nuestro peor enemigo o nuestro amigo más íntimo. De nosotros depende que utilicemos el cuerpo y la mente como herramientas para explorar nuestro potencial tanto humano como espiritual. Cuando escuchamos los mensajes del cuerpo, debemos discernir lo que realmente nos está diciendo, recordando todo el tiempo que la mente tiene sus propias ideas. A la mente no le resulta inadecuado mentirnos. De hecho, nos miente la mayor parte del tiempo. El cuerpo, si lo escuchamos atentamente, nunca lo hace. A partir de nuestro temprano condicionamiento preprogramado creamos sin saberlo una brecha interior. El «yo», que originalmente se centraba sobre todo en la nutrición, supera ese papel y se vuelve engañoso. Cuando nos hacemos adultos, utiliza el cuerpo y a sí mismo como objetos de manipulación para obtener placer y evitar el dolor. El placer alimenta, pero la búsqueda del placer alimenta mal. Las conductas que buscan el placer conducen al desenfreno a la hora de obtener atención a través del trabajo, el entretenimiento, la comida y el sexo. Protegernos del dolor eleva los muros de separación más y más, lo que nos impide ver lo que necesitamos como seres espirituales en evolución. No hay vuelta atrás. Una vez hemos crecido, no podemos regresar a la infancia y obtener la misma felicidad que antes jugando con juguetes viejos. Cuando la luz de la consciencia nos revela que este mundo y todas sus promesas no son más que juguetes del ego, no podemos desandar el camino.

SUPERAR EL PASADO A menudo revivimos de forma involuntaria experiencias dolorosas del pasado y las traemos de vuelta al presente. Mien-


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tras no seamos conscientes de ellas, estaremos constantemente invitando al sufrimiento a que entre en nuestras vidas, echando las culpas a quien nos hace daño, tanto en el pasado como en el presente. Esencialmente, estamos permitiéndole que nos vuelva a hacer daño una y otra vez en forma de otra persona. Estamos atrapados en el dolor que se produjo hace años. Es tan agudo como si se hubiera producido ayer. Una nueva relación —alguien que invariablemente nos recuerda a la persona del pasado— tiene grandes probabilidades de reabrir las viejas heridas. No se produce ningún avance ni consciencia hasta que aprendemos a dejar atrás de forma consciente el pasado con todas sus culpas y vergüenzas. Durante mis seminarios suelo enseñar de forma interactiva en la fase de preguntas y respuestas, al final de mi discurso. Aunque es un intercambio personal, las lecciones de una persona son aplicables a todas. Sobre este tema de los traumas infantiles, una joven me explicó en cierta ocasión que creía que lo había entendido completamente: MUJER: Hace mucho tiempo decidí que nunca dependería de nadie. Había tenido mucho cuidado de no permitir que nadie estuviera en una posición en la que tuviera control sobre mí. No sabía de dónde procedía esta actitud. Recientemente comprendí, a través de una experiencia del niño interior, que de alguna forma mi padre había creado esa parte de mi personalidad. YOGI DESAI: Te sugeriría que cambiases tu lenguaje. En lugar de decir «mi padre la creó», ¿por qué no dices «estaba relacionada con mi padre»? Eso se acerca más a la realidad. Recuerda que nadie te crea nada sin contar contigo o a pesar de ti. Recuérdalo. MUJER: De acuerdo. Entonces, para decirlo de forma co-


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rrecta, «me di cuenta de que soy como soy porque mi padre me hizo daño». YOGI DESAI: En realidad, sería más correcto que dijeras: «Porque yo misma creé este dolor en relación con la situación con mi padre». Como niña inocente, formaste parte de la situación. Incluso si entonces se produjeron malos tratos, ahora eres una adulta y tienes el poder de liberarte. Entiende que no llegaste a este mundo con las manos vacías. Viniste con el bagaje de un karma inconcluso de tu pasado. Tu forma de reaccionar ante tu padre fue una continuación de tu karma anterior. Es posible que tu padre tratase a tu hermana o a tu hermano del mismo modo que a ti, pero cada uno salió de una forma diferente. Una familia habita en la misma casa, pero cada hijo vive una experiencia totalmente única con sus padres. ¿Por qué? Porque todos estamos desarrollando nuestro propio karma. MUJER: De niña era muy abierta, pero él constantemente me maltrataba con comentarios crueles, así que me cerré. En algún momento decidí que no le iba a dejar que volviera a hacerme daño nunca jamás. YOGI DESAI: No te sentiste herida sólo cuando eras una niña inocente. Aún te duele. Crees que las personas siguen maltratándote y criticándote. Por tanto, no creas que te hirió porque eras inocente. Ahora eres adulta e inteligente, y sigue doliéndote. Piénsalo. MUJER: Como reacción a su conducta, desarrollé un caparazón a mi alrededor. Decidí que no iba a conceder a nadie el poder de herirme como él lo hizo. YOGI DESAI: ¿Y cómo lo superaste? MUJER: Aún no lo he superado. YOGI DESAI: Pero tienes la facilidad de reconocer lo que está sucediendo en tu interior y compruebas que el dolor sigue siendo real. El hecho de verlo es un avance. La clave para superarlo


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consiste en dejar de culpar. Culpar es decir: «Él me hizo esto». Cada vez que lo dices, la terminación no pronunciada de esa afirmación es «No puedo hacer nada para evitarlo». Hasta que elimines la culpa no podrás adquirir la fuerza para superarlo. Tu padre fue un elemento secundario. Dio la casualidad de que era tu padre. Por desgracia, no estaba iluminado. ¿Cuántos de nosotros tienen progenitores iluminados? ¿Qué podemos hacer para solucionarlo? Nada, pero sí hay algo que podemos hacer por nosotros. Tú también tienes hijos. Tú tampoco estás iluminada. No eres más que un ser humano corriente, y eso no es malo. Lo mismo les sucedía a tu padre y a tu madre. Pero tienes la oportunidad de reconocer ese hecho y cambiar. Estoy seguro de que Jesús tuvo problemas con José y María. José aconsejó a su hijo: «Debes hacerte carpintero». Y a María, como era una buena madre, sin duda le habría gustado que Jesús se casara con una buena muchacha judía. Pero ninguna de estas buenas intenciones se llevó a cabo. Por el contrario, Jesús se escapó, dejando tras él a unos padres decepcionados que se lamentaban: «¿En qué nos hemos equivocado?» Exactamente igual que hacen los padres de hoy. Y mira lo que se creó para sí. Nada sucede según lo que queremos, pero eso no significa que podamos solucionarlo echándole la culpa a otros. A pesar de su sufrimiento y su humillación, Jesús jamás culpó a nadie. Su comportamiento condujo en último término a la libertad y a la victoria. No creas que tomaste la decisión de resistirte ante el mundo sólo porque tu padre actuó mal. No has dejado de tomar esa decisión. Sigues haciéndolo. MUJER: Ahora lo veo. YOGI DESAI: Mientras no despertamos, vivimos en la misma inconsciencia que teníamos de niños. Culpamos mucho a nues-


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tros padres, pero repetimos las mismas cosas que ellos nos hicieron. No queremos asumir la responsabilidad. Si echamos la culpa a nuestros padres, no tenemos que realizar el trabajo de sanarnos a nosotros mismos. Se lo hemos asignado a ellos. Muchos libros de psicología echan las culpas con firmeza a los padres. Todos los que desean culparles compran esos libros y se adscriben a esa idea. Es una buena decición, a menos que desees evolucionar. La culpa no desaparece a menos que estés dispuesto a asumir el trabajo verdadero. Pero muy pocas personas están dispuestas a hacerlo. Compran el libro, pero no se toman la molestia de observar cómo su mente está interpretando una situación y cómo siguen echando culpas. La apertura se produce si primero cambias tu lenguaje, lo que en su momento cambiará tu perspectiva. ¿Ves lo rápido que regresa la vieja forma de hablar? «Mi padre me hizo daño. Él lo hizo y yo me sentí herida». Puede que tú hayas hecho lo mismo a alguno de tus seres queridos, pero para justificar tus acciones sigues haciendo responsable a tu padre. MUJER: Como resultado de ese incidente y de las cosas que sucedieron después, reforcé mi concepto básico. Seguí con él hasta la edad adulta: «Ya vuelve a suceder. No se puede confiar en la gente. No puedo depender de nadie. No voy a abrirme». Todo eso se producía de forma inconsciente. El patrón se repetía una y otra vez. YOGI DESAI: En cuanto adquirimos suficiente consciencia para ver cómo reproducimos un acontecimiento de nuestra vida, ya estamos preparados para abandonarlo. Ya tienes suficiente consciencia como para reconocer lo que estás haciendo; ¿la tienes también para dejar de hacerlo? MUJER: No puedes dejar de hacerlo hasta que sabes qué es lo que tienes que dejar de hacer.


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YOGI DESAI: Lo que debes dejar de hacer es, sencillamente, echar las culpas. No se necesita ninguna explicación ni racionalización para conseguirlo. Lo que te está reteniendo no es el hecho de que tus padres te hicieran algo, sino la forma en que lo asumiste y aún lo estás asumiendo. La razón de que reaccionemos ante un acontecimiento determinado es nuestro karma personal sin terminar. Sean cuales sean nuestros asuntos, estamos aquí de nuevo en la vida para trabajar sobre ellos. Cuando no has terminado una tarea antes de acostarte, ¿qué es lo que haces al despertar? Te vuelves a situar donde lo dejaste. La muerte es un sueño ligeramente más largo. Cuando despiertas, continúas con lo que estaba inacabado. La única diferencia es que olvidas qué es lo que estaba sin terminar. Desecha la idea de que tu padre tiene la culpa de tu dolor. Lo interpretaste así y eso no tiene nada de malo. No te culpes a ti misma. Sencillamente, ten las cosas claras. Si adoptas una actitud de autorrechazo cada vez que surge el problema, al cabo de un tiempo dejas de ver con claridad. El autorrechazo impide el autodescubrimiento. Sigues buscando la solución en otro sitio. MUJER: Lo trabajaré. YOGI DESAI: Una mente teñida por la culpa, el miedo y las acusaciones no puede conceptualizar. Una mente afligida por emociones cargadas y análisis sólo justifica. Justificar no es conceptualizar. No tienes que resolver el problema de forma lógica ni psicológica. La ruta más directa es confiar en tu Consciencia Superior. Cada vez que aflore este asunto, toma la decisión consciente de dejar a un lado la culpa o la acusación. Cuando lo haces, dejas de alimentar el problema, por lo que acaba muriendo de inanición. Lo único que tienes que hacer es abandonarlo. El esfuerzo más simple puede ser la cosa más difícil de hacer. Pero es el único camino…, el único camino.


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