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heavy metal Del hard rock al metal extremo


Prólogo

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El metal es una institución. Una vez, tras uno de nuestros conciertos, una mujer comentó: “Slayer es una religión. Es una iglesia. Esta noche fui a la iglesia.” Me pareció que era una de las mejores cosas que jamás había escuchado, porque, ¿qué es la iglesia sino un montón de gente reunida para regocijarse con algo que puede o no ser real? Muy inteligente. Puedo entender lo que dijo la mujer porque si por alguna razón nunca hubiera estado con Slayer –o con cualquier otra banda para el caso– hoy sería probablemente como el niño en un pozo. El heavy metal posee la camaradería y unidad que la mayoría de los géneros musicales no tienen. Lo hace único que sus seguidores en verdad considerarían morir por lo que aman. En más de una ocasión, he escuchado decir a las personas que, sin nuestra música, no habrían podido salir adelante de muchos de los problemas padecidos en sus vidas. No creo que los músicos de otros tipos de música hayan oído a sus seguidores decir eso. Recuerdo vívidamente cuando pasé del hard rock a lo más fuerte. Siempre supe que me gustaba Man on the Silver Mountain, de Rainbow, porque había sido un gran fanático de Ronnie James Dio; me atraía su voz agresiva y brutal. Pero lo que me hizo un seguidor del heavy metal fue escuchar en la radio Living After Midnight y Breaking the Law, de Judas Priest. Me gustaron las dos guitarras con un cantante poderoso y eso era lo que yo quería hacer; fue el primer ingrediente en la receta que me llevó a Slayer en 1981. Una vez que me percaté del tipo de música que había allá afuera, me iba a las viejas tiendas de discos independientes, porque tenían discos importados, a los que seleccionaba por la portada. Pronto tuve los primeros álbumes de Mercyful Fate y Venom. Creo que la razón por la que los fans siguen a Slayer es porque sus integrantes somos aficionados del heavy metal. No intentamos ser algo que no somos, tanto en el escenario como fuera de él, aun si nos ven en un restaurante. Somos justamente como ellos. Eso es algo que compartimos con nuestros seguidores. En estos días, ves a papás o hermanos mayores llevando a sus niños a los conciertos. Hago apariciones en tiendas, donde siempre encuentro a un papá que es un seguidor total de Slayer, al igual que su hijo de 12 años. Eso es muy grato, porque por lo común los niños y sus papás no se llevan. No es yo contra ti, es “estamos juntos, vamos a hacer algo”. Por eso la popularidad del heavy metal siempre ha crecido. En los noventa, puede que haya quedado atrás, cuando el grunge tomó la delantera por un tiempo para después dar lugar al nu-metal. Pero la gente se cansa de las modas y vuelve a la institución; siempre vuelve a la iglesia de Slayer, el mundo del heavy metal, porque es real. Por eso el heavy metal siempre va a ser importante.


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Contenido

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Texto de

KORY GROW Prólogo de

KERRY KING, de SLAYER Editor de proyecto Marco De Fabianis Manferto Coordinación editorial Valeria Manferto De Fabianis Diseño gráfico Marinella Debernardi Equipo editorial Giada Francia y Giorgia Raineri Consultoras editoriales Michele Brusa y Andrea Sarasso

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Prólogo

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INTRODUCCIÓN

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HARD ROCK

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Black Sabbath Deep Purple Led Zeppelin Scorpions Rush Alice Cooper Aerosmith Queen Van Halen Kiss AC/DC Rainbow Def Leppard Whitesnake Mötley Crüe Bon Jovi Poison Guns N’ Roses Skid Row

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HEAVY METAL

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Ozzy Osbourne Judas Priest Iron Maiden Motörhead Saxon Manowar Queensrÿche Dio Dream Theater

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THRASH METAL

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Venom Metallica Pantera Anthrax Slayer Sodom Destruction Kreator Megadeth Celtic Frost

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Mutaciones del metal

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BLACK METAL Mayhem Immortal Emperor

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DEATH METAL Napalm Death Death Morbid Angel Cannibal Corpse

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Ministry Marilyn Manson Tool Korn Slipknot

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Índice

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POWER METAL Savatage Helloween Iced Earth Blind Guardian

METAL ALTERNATIVO


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hard rock


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Las historias del hard rock y del heavy metal, así como las del rock and roll en general, están ligadas a la idea de que “poco no es suficiente”, según palabras de David Lee Roth. Lo que atrae a las masas es la idea de que la música rock debería ser más intensa que eso. En los cuarenta, los primeros rockeros, como Louis Jordan y Wynonie Harris, tocaban música que era un poco más divertida (Ain’t Nobody Here But Us Chickens, de Jordan) y un poco más sensual (Good Rocking Tonight, de Harris) que los simples y seguros éxitos de las grandes bandas y de los inicios de Sinatra en la época. Al principio, era un movimiento afroamericano clandestino, que tomaba elementos del blues haciéndolos más bailables, pero pronto creció su popularidad. Los cincuenta dieron la bienvenida a rockeros que hacían música más sensual (Elvis Presley, quien hizo la reinterpretación de Good Rocking Tonight, con todo y las instrucciones pélvicas), más divertida (Little Richard, Chuck Berry, Buddy Holly) y para nada segura (Jerry Lee Lewis, Johnny Cash). Los primeros rockeros tomaron el espíritu libre de la música blues y el rhythm and blues y exaltaron los buenos tiempos. Los padres en los cincuenta, preocupados por las desviaciones sexuales y religiosas que promovía, protestaron contra la música pero sólo lograron que sus intérpretes se pusieran más de moda entre los jóvenes seguidores. (Estos temores también abrieron la puerta para las primeras encarnaciones del rock ligero, como la aniquilación que hizo Pat Boone al Tutti Frutti de Little Richard, en 1956). El escándalo no impidió la popularidad del rock, sino que lo hizo subir de inmediato en las listas de la radio. El declive de los artistas fue por su propia culpa. Para finales de los cincuenta, muchos de los grandes nombres del género habían desaparecido de los reflectores. Holly había muerto en un accidente aéreo, Lewis había caído en desgracia al casarse con su prima de 13 años de edad, Presley se había unido al ejército y Berry había estado en la cárcel después de transportar a una menor a través de las líneas estatales, con supuestos “propósitos inmorales”. Como resultado, para principios de los sesenta la popularidad del rock parecía haber disminuido y las canciones pop como Will You Still Love Me Tomorrow? se volvieron éxitos. Entonces llegó la invasión británica y, con ella, las primeras bandas de hard rock. El término “hard rock” no se usó sino hasta principios de 1960, cuando los DJ lo querían diferenciar del derivado del folk “soft rock”. El hard rock se define más por lo que no es que por lo que sí es. Es música rock con ritmos propulsivos, riffs de guitarra de mano dura y voz en baladas sobre cualquier cosa, desde quejas de los trabajadores hasta problemas en el amor. No es tan abrasivo para llamarse metal y no es tan suave para llamarse folk. Como tal, desde el principio el hard rock fue un género nebuloso que daba la bienvenida al coqueteo con el desastre; pero tal vez una mejor definición consiste en que no es la música más heavy que tocaría la radio. Los Beatles tomaron la batuta de la andanada del rock con el apoyo masivo de la radio en los sesenta, con éxitos lo suficientemente seguros para ser aprobados por mamá y aptos para la radio, como I Want to Hold Your Hand y She Loves You, pero fueron las bandas sucesoras las que tuvieron más que ver en abrir las puertas al hard rock. Sin embargo, los Beatles merecen algo del crédito en la evolución del hard rock y del metal, por tocar rock distorsionado hasta que les sangraran los dedos, en seudo rocks como Helter Skelter, y por predecir el subgénero doom metal en I Want You (She’s So Heavy), así como los mil millones de otras cosas que todo género les ha tomado prestadas desde entonces. Los verdaderos tres reyes del hard rock fueron los Rolling Stones, los Kinks y The Who. Los Stones popularizaron el blues eléctrico americano en mayor escala que cualquiera de sus contemporáneos. Tomaron los riffs de una sola nota y aullaron lamentos del tipo de Howlin’ Wolf y Willie Dixon y los incorporaron en canciones como (I Can’t Get No) Satisfaction, Street Fighting Man y Paint It Black. Los riffs simplistas, los tipo blues y las amargas letras de lamentos de los compositores Keith Richards y Mick Jagger infuyeron en bandas posteriores como AC/DC y los Black Crowes. Además de la música de los Stones, los numeritos de la banda resonarían en grupos como Aerosmith y Guns N’ Roses.


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Otras bandas en la invasión británica influyeron al hard rock de manera peculiar también. Los Kinks, guiados por los hermanos Ray y Dave Davies, irrumpieron en la escena en 1964 con su éxito impulsado por la guitarra You Really Got Me; su riff conductor anunció el hard rock, el rock de garage y el rock punk. Led Zeppelin usó riffs similares en sus canciones Whole Lotta Love y Heartbreaker, y después de darle algunas síncopas, Van Halen tendría un éxito posterior con esa misma canción a finales de los setenta. Sin esta canción y el siguiente sencillo de los Kinks, All Day and All of the Night, el hard rock nunca, seguramente, hubiera sido tan directo. Los Kinks incursionaron en el pop, pero siguieron escribiendo grandes éxitos heavy durante las siguientes décadas tales como Father Christmas, en 1977, y Destroyer, en 1981. Mientras tanto, The Who otorgó al género nuevos niveles de espectacularidad. Además de los movimientos en escena del compositor Pete Townshend y su gusto por romper su guitarra al final de los eventos, el baterista Keith Moon casi se convulsionaba sobre sus tambores, apaleándolos hasta el caos. También tenía la reputación de ser un bromista y una vez puso petardos en el escenario dentro de sus tambores. Desde temprano, The Who tomó mucho del rhythm & blues y escribió canciones directas impulsadas por el riff como My Generation, Substitute y I Can See for Miles. Su influencia resuena en bandas como los rockeros punk The Ramones, los metaleros Scorpions y los incendiarios del grunge Pearl Jam. También ayudaron a inventar el rock progresivo, gracias a extensas óperas rock con fantásticos guiones, muy bien personificados en sus álbumes Tommy y Quadrophenia. Éstos influirían en bandas como Rush y Queen. Gracias a estas bandas, las tiendas de discos en ambos lados del Atlántico surtieron más discos de blues. El blues eléctrico, popular en ese tiempo, lució el género en su forma más agresiva y sus riffs y letras heavy anunciarían los decenios de hard rock por venir. Con gran cantidad de material nuevo para influir en los jóvenes músicos, la cosecha siguiente de hard rockers vio la luz a mediados y fines de los sesenta. Los Yardbirds, cuya formación había incluido a los héroes de la guitarra Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page con el paso de los años, labró los números por leyendas del blues como Howlin’ Wolf, John Lee Hooker y Slim Harpo; siguieron e incursionaron en la música pop, logrando incluso algunos éxitos, como For Your Love y Heart Full of Soul, antes de desintegrarse. Después Clapton se unió al súper grupo Cream, que dio al hard rock y a los inicios del heavy metal su sello de marca con los gruesos riffs de cable eléctrico en canciones como White Room, Crossroads y Sunshine of Your Love. Su experimentación con el surrealismo psicodélico le daría una nueva paleta de colores de los sesenta a los setenta, la cual influiría en las tendencias del hard rock durante sus largos y dramáticos toquines. En 1967, la Jimi Hendrix Experience –cuya primera exposición importante fue en Inglaterra, aunque era estadunidense– lanza Are You Experienced?, que contaba con la guitarra que mantiene seis largueros en la leñera hasta el presente. Canciones como la explosiva Purple Haze, la pensativa Hey Joe y la llena de feedback del amplificador, Foxy Lady, crearon el molde para lo que sería el hard rock en los setenta. Para ese momento se daba un gran movimiento de hard rock. En 1967, los altamente psicodélicos Vanilla Fudge, con base en Long Island, Nueva York, tocaron una reinterpretación muy manoseada del éxito de los Supremes en Motown, You Keep Me Hangin’ On. Ese mismo año, y en 1968, los neoyorkinos The Velvet Underground lanzaron ejercicios ruidosos de feedback en rock artístico, que predijeron el impacto del hard rock y del metal. El año siguiente los hard rockers canadienses Steppenwolf alcanzaron gran éxito, con su Magic Carpet Ride y Born to Be Wild (esta última contiene por primera vez las palabras “heavy metal” en una canción). Blue Cheer, asentado en San Francisco, tuvo un éxito parecido en 1968, con su retro Summertime Blues, tomado de un éxito de los cincuenta del rockero Eddie Cochran. Ese mismo año, Iron Butterfly, establecido en California, tomó la psicodelia de Cream, el riff de una sola nota de Hendrix y su propia influencia seudo gótica, para crear un enredo de hard rock de 17 minutos titulado In-a-Gadda-Da-Vida y, en 1969, un grupo de radicales de Detroit llamados The MC5 tocó un explosivo hard rock que anunció tanto el heavy metal con sus riffs gigantes, como el punk con su tradición política, que se aprecian mejor en su canción Kick Out the Jams.

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En Inglaterra, Jimmy Page había formado un nuevo grupo al que facturaba como los New Yardbirds. Con el tiempo les cambió el nombre a Led Zeppelin, por una propuesta sarcástica de Keith Moon y John Entwistle de The Who, y en enero de 1969 el grupo sacó su histórico álbum debut del mismo nombre. Un álbum perfecto a toda cuenta, que contiene canciones que inyectan el heroísmo de la guitarra blusera de Cream, en canciones pegajosas como la de apertura, Good Times Bad Times y Communication Breakdown, la psicodélica Dazed and Confused y la desgarradora balada Babe I’m Gonna Leave You. Junto con su sucesor, Led Zeppelin II, de 1969, es uno de los álbumes definitivos de hard rock puro. Durante los setenta la banda sacaría discos clásicos de hard rock uno tras otro. Con el lanzamiento, en febrero de 1970, del debut homónimo de Black Sabbath, la idea de que el hard rock se definía más por lo que no era que por lo que era (ciertamente no rock ligero) se hizo más clara. El hard rock no era Black Sabbath. Iniciando con una tormenta, tres acordes aplastantes y el aterrador aullido de su líder, Ozzy Osbourne, “What is this that stands before me?”, Black Sabbath mostró una visión mucho más heavy del rock que otros lanzamientos de sus contemporáneos. Aunque la banda incursionó en el hard rock con un éxito en la canción que da título a su siguiente álbum, aquel Paranoid de septiembre, con frecuencia siguió un camino mucho más oscuro del que la mayoría de las bandas se atrevieron a cruzar durante la mayor parte de los setenta: riffs persistentes, de tono bajo, letras satánicas, aullidos y castañuelas. Sólo al final de la década se retirarían un poco para acoger un enfoque más de hard rock, en sencillos más accesibles como A Hard Road y Never Say Die. En 1979, la sustitución del vocalista Osbourne por Ronnie James Dio llevaría a la banda a tocar riffs de hard rock más cargados, como The Mob Rules y Neon Knights. Pero incluso entonces su producción era mucho más heavy de lo que se oía en la radio. Alrededor de la época en que Sabbath sacó su primer álbum, otras bandas comenzaban a adoptar también sonidos más hard. Deep Purple había sido un grupo de hard rock tirando a lo psicodélico en la vena de Vanilla Fudge cuando sacó Shades of Deep Purple, su primer lanzamiento, en 1968. Tuvo un éxito temprano con su reinterpretación de Hush, del pionero del rock Billy Joe Royal, pero realmente alcanzó su voz propia cuando Ian Gillan se integró en 1969. Gracias a los gritos enloquecidos del vocalista, las canciones guiadas por el órgano y los riffs del guitarrista Ritchie Blackmore, Deep Purple le dio al hard rock un golpe de adrenalina muy necesario, con canciones como Speed King y Fireball. Llegaron a los límites del heavy metal cuando sacaron su exitoso álbum de 1972, Machine Head, pero su persistencia mecánica se convirtió en su cualidad definitoria. En Estados Unidos, Alice Cooper puso al shock rock en el mapa, con el maquillaje y los horribles decorados teatrales. Su éxito de 1970, Eighteen, tenía todo lo que una buena canción de hard rock debe contener: guitarras melódicas, letra acerca de sentirse desilusionado e interpretaciones vocales que hacían sonar al cantante como si de verdad estuviera perdiendo la razón. Asimismo, Alice Cooper escribió música que era única. Aunque la influencia del blues era moneda corriente en el modo de tocar la guitarra de Michael Bruce y Glen Buxton, la banda en ese momento había hecho brillar un sonido algo más que pulido, en términos de composición, sin sacrificar su sello de marca. Los sencillos de la banda en 1970, como Under My Wheels, School’s Out y No More Mr. Nice Guy, todos los cuales hacían lucir la voz grave de Alice Cooper, podrían servir como definiciones precisas del hard rock. Con el éxito de Alice Cooper, América del Norte comenzó a producir una banda de hard rock tras otra durante la Década del Yo (Me Decade). Aerosmith tocaba hard rock al estilo de Rolling Stones, marcado por sus actitudes bostonianas. ZZ Top luchaba con un estilo humeante basado en el blues de hard rock texano. Lynyrd Skynyrd y la Allman Brothers Band impulsaban un estilo sureño de hard rock a su conclusión lógica, lleno de extensos jams tipo Grateful Dead y letras de obreros. Los neoyorkinos de Kiss se concentraron en éxitos de la radio y obtuvieron grandes resultados, mientras que sus vecinos Blue Öyster Cult escribían clásicos de FM como (Don’t Fear) The Reaper y Godzilla. Grand Funk Railroad resonó como el himno nacio-


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nal estadunidense del hard rock con su éxito We’re an American Band; Heart, de Seattle, inventó tocar guitarra chugga-chugga en canciones como Barracuda, y el taparrabos que portaba Ted Nugent, “Motor City Madman”, se abrió camino en lo alto de las listas con un club y éxitos como Cat Scratch Fever. Del otro lado de la frontera, en Canadá, Rush anduvo sobre una línea delgada entre el heavy metal y el rock progresivo, hasta que aterrizó con firmeza en el lado de este último, obteniendo éxitos en la radio de los ochenta. En Gran Bretaña, Queen incursionó con canciones complejas con textura de pop como Killer Queen y hard rockers puros como We Will Rock You y Tie Your Mother Down. Bad Company lanzó un exitoso álbum de hard rock en su debut homónimo, gracias a los sencillos aptos para la radio, como Can’t Get Enough y, por supuesto, Bad Company, cantada por la ronca voz de Paul Rodgers. Los irlandeses Thin Lizzy se crearon fama con el asalto doble de guitarra inclinado a la armonía y éxitos como Whiskey in the Jar y The Boys Are Back in Town. Por supuesto, los propios Rolling Stones experimentaron un renacimiento de hard rock con álbumes como Sticky Fingers, de 1971, y Exile on Main St. al año siguiente. A partir de los sonidos de los Rolling Stones y Led Zeppelin a mediados de los setenta, AC/DC comenzaron a tocar himnos para patear el piso en Australia. Su líder Bon Scott sonaba como un hombre poseído, en canciones como TNT, mientras que el guitarrista Angus Young parecía como un hombre poseído mientras caminaba en cuclillas por el escenario, al estilo de Chuck Berry, vestido con uniforme escolar. Tras la muerte de Scott, en 1980, lanzaron el álbum Back in Black, que avanzó para convertirse no sólo en el álbum más grande de hard rock a la fecha, sino en el segundo más vendido en el mundo. Pero como pasa con el éxito de cualquier género de música, al pasar el tiempo algunas bandas surgieron para disolverlo y hacerlo incluso más rentable, de modo que el hard rock no fue la excepción. Para fines de los setenta, una serie de bandas, Styx, Journey, Foreigner, Kansas, Angel y REO Speedwagon, para mencionar sólo unas cuantas como ejemplo, sacaron provecho del hard rock con baladas cursis de guitarra pesada y canciones pop transportadas hacia lo heavy. A pesar del éxito, toda la creatividad y urgencia parecían haber drenado al hard rock. Por suerte, tenía un resurgimiento aguardando precisamente a la vuelta de la esquina. El final de los setenta otorgó dos salvadores: el punk rock y Van Halen. Los punks, ya que estaban en Inglaterra, protestaban no sólo contra el clima político que ahí prevalecía sino también contra el clima musical. Con el ya mencionado y aburrido hard rock comercial y la llegada del rock progresivo, la música de hard rock se había vuelto inflada, estereotipada y poco atractiva. Las bandas como The Sex Pistols, The Clash, The Ramones y The Damned fungieron como un recordatorio de que el género suponía ser peligroso y divertido. Van Halen, por su parte, utilizó la indulgencia como un truco, pero de alguna manera lo hizo divertido. Entre la sonrisa de lado a lado del guitarrista Eddie Van Halen, mientras arrancaba un solo tras otro, y el cómico personaje del vocalista David Lee Roth, la banda logró refrescar al hard rock de una manera que Foreigner no consiguió. Gracias a este reinicio musical y al lanzamiento de exitosos álbumes de metal, como el álbum debut como solista de Ozzy Osbourne, Blizzard of Ozz, el hard rock y el heavy metal más ligero comenzaron a tener más y más aire. A principios de 1981, MTV se convirtió en un sitio donde encontrar regularmente videos de hard rock. Como resultado, las bandas de metal que tocaban para el público del género, como Twisted Sister y Mötley Crüe, experimentaron un éxito importante durante todo el decenio. Def Leppard destiló su sonido de la nueva ola de heavy metal británico en un formato más aceptable de pop sencillo y se convirtió en una de las bandas más vendidas de la década, gracias a sencillos como Photograph y Pour Some Sugar on Me. Bon Jovi también adoptó un estilo parecido y obtuvo grandes éxitos y ventas de altura diamante durante la década. Skid Row escribió canciones más fuertes con ese sonido y logró sencillos exitosos como 18 and Life y Youth Gone Wild. Van Halen, quien cambió de cantantes a mediados de la década para sustituir a Roth con la antigua voz de Montrose, Sammy Hagar, vendió continuamente millones de álbumes en cada lanzamiento durante los noventa.

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Con el paso de la década, parecía que había cada vez más metal; al finalizar, bandas como Warrant, Winger y Extreme estaban presentes en MTV, la cual, para ese momento, se había convertido en la mayor impulsora del hard rock: bandas como Aerosmith y Whitesnake tuvieron su segunda oportunidad y grandes ventas, gracias a algunos videos con cierta simpatía. También ayudó a encontrar seguidores a bandas que no se conformaban sólo con alguno de los géneros del heavy rock, como Faith No More. Este ambiente más abierto a lo heavy también hizo posible que algunas bandas menos pulidas experimentaran el éxito. En 1987, Guns N’ Roses lanzó Appetite for Destruction, que siguió adelante hasta llegar a ser el álbum No. 1 tanto en 1988 como en 1989. Aunque la banda usaba cabello con crepé, como las bandas de glammetal que estaban teniendo éxito en ese tiempo, hasta ahí llegaban las comparaciones. Su líder Axl Rose profería un grito de alma en pena, mientras los guitarristas Slash e Izzy Stradlin tocaban con un estilo cargado de Rolling Stones y riffs al estilo Aerosmith, pero más incisivo. Canciones como Welcome to the Jungle y Nightrain captaron una prisa burda que pocas bandas habían reunido desde el punk o la invasión británica. Sweet Child O’ Mine es una balada con la letra adecuada para hacer que el más duro de corazón de los metaleros se desmaye, y Paradise City tiene el tipo de gran coro que definiera al hard rock de los ochenta. A todas luces, el álbum era una certeza comercial y abrió la puerta a sonidos más burdos. En la transición de los ochenta a los noventa, el metal estaba alcanzando su punto más alto de popularidad con consecuencias tanto buenas (Metallica) como malas (Warrant). Sin embargo, al igual que en los setenta, la avalancha de bandas de hair-metal había hecho común el sonido y los seguidores de música estaban listos para algo nuevo. Un grupo de bandas tocando hard rock básico llenaba este vacío. Cuando Nirvana, establecida en Washington, lanzó su penetrante álbum Nevermind, y Pearl Jam, desde Seattle, lanzó su álbum debut, Ten, en 1991, remodelaron las runas del hard rock. Al fusionar el género con composiciones simplistas tipo punk, lo regresaron a sus elementos más básicos –guitarra a la cabeza, tambores fuertes y voces potentes– y a los críticos les dio por llamarlo “grunge”. Su principal diferencia con el rock era que el líder típicamente cantaba letras confesionales sobre asuntos personales, a diferencia de las salvas alocadas. Tras el éxito de Nirvana, Smells Like Teen Spirit, otras bandas, como Soundgarden, Alice in Chains, Smashing Pumpkins y Stone Temple Pilots entraron a foco por tocar hard rock puro; una serie de bandas se formó en el despertar del grunge y el ciclo se repitió a sí mismo. Bandas como Silverchair y Bush nublaron el género hasta que, eventualmente, llegaron grupos de nu-metal, como Korn, e hicieron con el grunge lo que el grunge le había hecho al metal. Mientras el nu-metal también pasaba, una especie de post-grunge genérico saltó a la fama. Bandas como Nickelback y Creed habían tenido grandes éxitos en los noventa y a principios de 2000, pero carecían de las motivaciones sanguinarias que las mejores bandas del hard rock tenían en sus espadas. Los años 2000 vieron a una serie de artistas, como Andrew W.K., y bandas, como Darkness y Buckcherry, hacer refritos de sonidos anteriores de hard rock con éxito moderado pero, a final de cuentas, su éxito pareció desaparecer a mediados de la década. En ese momento también MTV había dejado de mostrar videos musicales y los medios masivos para que los hard rockers jalaran se habían vuelto más limitados. Una serie de bandas como Crossfade y Breaking Benjamin, sin mencionar Halestorm y los Foo Fighters, dirigidos por el exbaterista de Nirvana, Dave Grohl, experimentaron éxito en la radio y en internet en 2010, pero creativamente hablando, al principio de esta nueva década las cosas parecen estar en terreno inestable. Pero, si algo es cierto sobre el hard rock, al igual que con el dicho de Roth de que “poco no es suficiente”, es que el futuro nunca está claro. El tiempo dirá quiénes serán los nuevos Rolling Stones, el nuevo Led Zeppelin, los nuevos Sex Pistols, el nuevo Van Halen, los nuevos Guns N’ Roses o el nuevo Nirvana. Y el tiempo dirá cuánto durará su popularidad.


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black sabbath Con el estampido del trueno y los tres acordes disonantes que abren su canción homónima, Black Sabbath inventó el heavy metal. A esto se añade el hecho de que su líder Ozzy Osbourne suena verdaderamente asustado cuando canta el primer verso, “What is this that stands before me?”, y el movimiento hippie de finales de los sesenta estaba básicamente muerto. No es que matar a la generación de Woodstock fuera la intención de Black Sabbath, sólo fue un daño colateral. Formada dos años después del verano del amor, en la ciudad de clase obrera de Birmingham, Inglaterra, Black Sabbath se inspiró originalmente en la música parecida al heavy blues que era popular en la época, que también tocaban bandas como Cream, los Yardbirds y Led Zeppelin. El guitarrista de Sabbath, Tony Iommi, tomó un respiro del grupo en 1968, para tocar por un breve periodo con los futuros ganadores del Grammy en Heavy Metal Jethro Tull. Pero fueron los compañeros de banda de Sabbath –Osbourne, el bajista Geezer Butler y el baterista Bill Ward– los que le dieron sus blues más heavy. Inspirados por el modo en que la gente paga dinero por asustarse en las películas, Osbourne y Butler escribieron las letras para Black Sabbath y sellaron su destino. Cuando se unieron al estilo directo de tocar la guitarra de Iommi –resultado en parte de un accidente que sufrió en el trabajo, en el que perdió las puntas de sus dedos medio y anular de la mano derecha– la banda se había topado con un sonido único. Sus primeros álbumes, incluidos Black Sabbath y Paranoid, en 1970, Master of Reality, en 1971 y Black Sabbath Vol. 4, en 1972, son, muy posiblemente, los álbumes más influyentes de todos los de música heavy, ya que han inspirado a grupos que van desde bandas dominantes como Metallica y Guns N’ Roses hasta más clandestinas como Converge y Black Flag. Aunque en realidad en su carrera inicial sólo tuvo éxito en las listas con sus canciones Iron Man y Paranoid, Black Sabbath creó un catálogo de piezas como War Pigs, Children of the Grave, Snowblind, Sabbath Bloody Sabbath y Hole in the Sky, que han continuado hasta ser reinterpretadas por muchas bandas y se han convertido en clásicas por derecho propio. Al tiempo que los Black Sabbath maduraron como compositores, sus canciones se volvieron más adornadas, siempre beneficiadas por el bajo tipo funk de Butler y la batería tipo jazz de Ward. Lo único que siempre detuvo a la banda fue el abuso de drogas y alcohol de sus miembros, lo que eventualmente llevó al despido de Osbourne en 1979 (irónicamente después de que acababan de terminar su gira promocional de su álbum del año previo, Never Say Die!). Sin rumbo, Sharon Arden, la hija de su agente (que se convertiría después en la señora Osbourne), sugirió que contrataran al exvocalista de Rainbow, Ronnie James Dio. Con Dio, escribieron canciones impulsoras, con voces fantásticas y operísticas y letras sobre dragones y reyes, que le debían más al hard rock que al laborioso metal que habían creado con Osbourne. Canciones como Neon Knights, Heaven and Hell y The Mob Rules resonaron con una audiencia más joven, rejuveneciendo la base de seguidores de Sabbath. Para darle impulso, Osbourne inició su propia carrera revolucionaria como solista, lo que le dio a la banda algo de competencia sana que los llevó a la parte inicial de los ochenta. Por desgracia, los conflictos de personalidad llevaron a una serie de cambios en el equipo durante esa década e incluso los noventa –cuando se vio pasar por las filas de Sabbath al líder de Deep Purple, Ian Gillan, y al baterista de Kiss, Eric Singer– hasta el grado de que Iommi fuera el único miembro original que quedaba, y la banda perdió impulso. Sin embargo, recuperaron su equilibrio en 1997 cuando Osbourne inició una reunión para su Ozzfest. En 2006, la banda fue incluida en el Salón de la Fama del Rock and Roll y poco después volvieron a trabajar con Dio bajo el nombre Heaven & Hell, hasta su muerte en 2010. Independientemente de su futuro, Sabbath cambió de manera irrevocable el curso de la música heavy.

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21 ✠ Los miembros de Black Sabbath: el guitarrista Tony Iommi, el bajista Geezer Butler, el vocalista Ozzy Osbourne y el baterista Bill Ward quieren que les tengan miedo… ¡Mucho miedo!


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