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Lugares sagrados de テ:RICA


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Lugares sagrados de テ:RICA La cuna de la humanidad Jean Bosco Botsho


Índice 7  Introducción 10  Mezquita de Hassan II (Marruecos)  16  Fez (Marruecos) 20  Marrakech (Marruecos) 26  Kairuán (Túnez) 30  Uadi el Natrún (Egipto) 34  Al-Azhar (Egipto)

38  Monte Sinaí (Egipto) 42  Pirámides de Egipto 48  Abidos (Egipto) 52  Dendera (Egipto) 56  Luxor (Egipto) 60  Karnak (Egipto) 64  Valle de los Reyes (Egipto) 68  Edfú (Egipto)

72  Kom Ombo (Egipto) 76  Filé (Egipto) 80  Abu Simbel (Egipto) 84  Meroe (Sudán) 88  Tassili n’Ajjer (Argelia) 92  Tadrart Acacus (Libia) 98  Touba (Senegal) 102  Tombuctú (Malí)


106  Agadez (Níger) 110  El baobab 118  Bandiagara (Malí) 124  Djenné (Malí) 130  Gondar (Etiopía) 134  Lago Tana (Etiopía) 138  Lalibela (Etiopía) 142  Abomey (Benín)

146  Ouidá (Benín) 150  Monte Kenia (Kenia) 158  Ambohimanga (Madagascar) 162  Matobo (Zimbabue) 166  Montañas de Lobedu (Sudáfrica) 170  Mapungubwe (Sudáfrica) 174  Twyfelfontein (Namibia)

180  Tsodilo (Botsuana) 184SaBrandberg (Namibia) 188  Drakensberg (Sudáfrica) 194  Spitzkoppe (Namibia) 198  Richtersveld (Sudáfrica) 202 Bibliografía 204  Índice analítico


Fez Uadi El Natrun

Kairuán

Mezquita Hassan II

Al-Azhar

Monte Sinaí Abidos

Marrakech

Dendera Karnak

Pirámides

Touba

Luxor Tassili N’Ajjer

Edfú

Tadrart Acacus

Kom Ombo

Valle de los Reyes

Filé Abu Simbel

Agadez

Meroe

Djenné Bandiagara

Abomey Ouidá Lalibela

Tombuctú

Gondar Lago Tana Monte Kenia

Ambohimanga

Tsodilo Twyfelfontein Brandberg Spitzkoppe

Richtersveld

Matobo Mapungubwe Drakensberg

Lobedu


Introducción

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frica es la cuna de la humanidad. El ser humano nace en esta tierra de promisión donde la lucha por la vida dio lugar a la inteligencia. Más de cien mil años después, el lugar de nuestro nacimiento sigue asombrando a los viajeros. En ninguna otra parte del mundo se entiende tan bien que el ser humano y la naturaleza formen parte de un todo, como si la fuente de la vida continuara manando en las planicies llenas de herbívoros, en las selvas, entre los pastores nómadas, incluso en el hervidero de las ciudades y en los pueblos de todo el continente. África es para vivirla y para reencontrarse con la razón de la existencia. Aquí no solo surge la vida, sino también la civilización más grande de la Antigüedad, en el lugar de paso inevitable para escapar del continente, el valle del río Nilo, el más largo del mundo, que nace en el corazón de las tinieblas y desemboca en el mar Mediterráneo, el primer gran eje de la historia. Desde su desembocadura hasta que se pierde en las inmensidades desérticas de Sudán, está rodeado de templos y santuarios, de lugares que fueron sagrados y lo siguen siendo en la memoria de la humanidad. En su viaje desde el sur, el Nilo atraviesa lugares donde el cristianismo y el islam modernos se han introducido como la lava de un volcán, abriendo caminos y solidificándose después para convertirse en fuente de conflictos. Si buscamos los orígenes del río, tenemos que adentrarnos en el silencio efervescente de las tierras pantanosas, de los grandes lagos, hasta el reino de los primates y la selva indómita, hasta las grandes montañas del centro oeste de África, el reino de las tormentas interminables. Aquí, muy cerca, en las sabanas orientales, emergen dos colosos, uno de los cuales, el monte Kenia, contempla el lugar donde el ser humano se puso en pie y se hizo inteligente. Desde su cumbre, el mismo dios que nos proporcionó las herramientas del saber nos contempla envuelto en las mismas nieblas de la invisibilidad que lo vieron nacer. Muy lejos y siguiendo el curso de unos de sus afluentes, el Nilo Azul, el antiguo cristianismo escaló hasta las montañas etíopes y construyó algunos de los lugares sagrados más bellos del mundo. En este entorno maravilloso, se encuentran también pueblos muy antiguos, con costumbres ancestrales relacionadas con el pastoreo y los ritos de madurez.

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África está atravesada en el centro por el ecuador, por lo que es, eminentemente, un continente cálido, pero la presencia de los vientos alisios en ambos trópicos provoca unas diferencias de precipitación tan marcadas que podemos encontrar en ella paisajes absolutamente diferentes. En la costa mediterránea, semidesértica pero con tierras de una gran fertilidad, se instaló hace más de mil años una gran civilización que ha construido bellísimos lugares sagrados. Sin embargo, está separada del resto del continente por el desierto del Sahara, una barrera gigantesca e infranqueable de tierras desnudas en la que, entre los huesos de los dinosaurios y las flechas de sílex, quedan los restos de antiguas civilizaciones que practicaron la caza y la ganadería, en lugares que en otro tiempo estuvieron cubiertos de bosques. Al otro lado de las inmensidades repletas de dunas y planicies pedregosas, se encuentra una zona de transición hacia las planicies arboladas, el Sahel, una región asolada por las sequías en la que el hombre se obstina en vivir, muy islamizada pero con la presencia constante de los viejos mitos en el aire: precipicios imposibles, acantilados en cuyas paredes las pinturas rupestres relatan viajes espaciales, bosques petrificados... y árboles que parecen tener las raíces en el aire, los baobabs, muchos de ellos sagrados, testigos milenarios de la vida de muchos pueblos. Poco a poco, brotan los primeros manantiales, los ríos adquieren la costumbre de desbordarse, crece la hierba y los grandes mamíferos se distribuyen estratégicamente por el paisaje. Paulatinamente, el bosque se vuelve más denso, las lluvias estacionales son sustituidas por una humedad permanente y aparece la selva, el reino de los árboles, donde sus habitantes no han abandonado nunca sus creencias tradicionales, diluidas u ocultas por las religiones de los pueblos colonizadores, el cristianismo y el islam, que se disputan el territorio incansablemente. Aquí, en el centro de África, el ser humano sigue siendo uno más; aquí, todas las cosas vivas y que cazan están dotadas de alma, aquí se pertenece a una etnia y se depende de ella para sobrevivir, y las creencias están ancladas en el pasado y en el mundo omnipresente de los espíritus. La muerte no es la extinción, sino el paso a un universo distinto, desde el que se puede acceder a este a través de los poderes del hechicero. Los lugares sagrados pueden ser un lago, una cascada, un lugar en el bosque donde moran los antepasados, donde nos esperan los espíritus, donde está enterrado un mago, pero también pueden ser un animal, incluso un árbol. Son lugares efímeros, de los que hay pocas imágenes que nos puedan servir para ilustrarlo. Nadie mejor que el autor de este libro, Jean Bosco Botsho, natural de la República Democrática del Congo, licenciado en Relaciones Internacionales y en Derecho, y presidente de la Asociación AFRICAT (Asociación Africana y Catalana de Cooperación), que ha trabajado en el Centro Interreligioso del Ayuntamiento de Barcelona y en el Centro UNESCO de Cataluña, y es autor de un artículo sobre cosmologías africanas, para definir el espíritu de este continente:


«África es nuestra madre, la tierra de la que todo ser humano debería sentirse descendiente. Nuestros antepasados vivieron en África juntos, mucho más tiempo del que han vivido separados y esparcidos por todo el mundo. África es el retorno a nosotros mismos, a lo que somos, a lo más profundo y verdadero de nuestro ser. Sin mentiras, sin expresiones superficiales como “desarrollados”, “ricos”, “pobres”, “intelectuales”, “primer mundo”, “negros” o “blancos”, que carecen de sentido. Aquí se encuentran nuestras raíces, la fuente de nuestra existencia. En esta África que desapareció hace miles de años de los ojos, y solo de los ojos, de los primeros trotamundos y que hoy desaparece inexorablemente de los corazones y el imaginario de muchos de sus habitantes, el ser humano se reconcilia con la naturaleza, el silencio, el misterio. Por eso, es capaz de reconciliarse también consigo mismo y con el prójimo. África es el eterno inicio, el despertar de la conciencia en medio de la maravilla y la sorpresa que constituyen el mundo. La palabra nació en África, cuando palabra, sentimiento y misterio estaban aún unidos. Quizás por eso tenemos tantas dificultades para hablar de África, para entender África, porque la palabra es soberana y no se deja manipular por los discursos. La palabra no acepta que la razón y otros intereses la desfiguren. Tal vez, el día en que los seres humanos aceptemos que somos en el fondo nudos de palabras, sentimientos y misterios nacidos en África, seremos capaces de construir puentes entre todos. África dejará de ser la maltratada para volver a su vocación original de madre de la humanidad.» Si África Central, el corazón de las tinieblas, está erizada de conflictos provocados por los intereses económicos de los países ricos, el sur de África es territorio de elefantes y grandes depredadores, y el ser humano ha convivido con ellos sin intentar nunca exterminarlos. Separada del resto del mundo hasta hace unos pocos cientos de años, esta inmensa región habitada por pastores y cazadores plasmaba hasta hace poco sus creencias en las rocas, hasta que la llegada de los colonizadores cambió el amuleto por la Biblia. Aquí, cada hombre lleva el lugar sagrado consigo mismo, pero ha hablado con los animales de tú a tú y ha grabado esas conversaciones en montañas y colinas olvidadas. En algunas ocasiones, cuando se menciona el continente, se piensa en el África negra, el dominio de lo invisible, la colonización, la esclavitud, el coltán o los diamantes; en otras, en los libros sagrados y en el canto de los muecines; en otras, en las granjas y los rebaños de búfalos asediados por los leones; aunque, en el fondo, solo hay una África, la que se revuelve como un animal salvaje, la que se baña junto a los cocodrilos, la que toca en el suelo con la frente, la que se eleva en el polvo con el cuerpo teñido de rojo y la de las mujeres que salvan el continente con su fe y su coraje. Teo Gómez

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Marruecos

Mezquita de Hassan II Un oasis de paz sobre el mar

«Él es quien creó los cielos y la tierra en seis días; antes de la creación, su trono estaba sobre las aguas, para probar quién de vosotros obraría mejor. Y si les dices que serán devueltos a la vida después de la muerte, te dirán los que no creen: “Eso es magia pura”.»

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as palabras arriba citadas pertenecen al versículo 7 de la sura 11 o sura Hud del Corán, palabras, según se dice, que inspiraron al difunto rey de Marruecos, Hassan II (1929-1999), cuando el 9 de julio de 1980, día de su aniversario, manifestó su intención de construir en Casablanca una gran mezquita de la que esta ciudad se sintiera orgullosa hasta el final de los tiempos y que descansara sobre el mar. Quizás, Hassan II tenía también el deseo de legar a Marruecos un monumento que inmortalizara su nombre en la historia del país, como lo hicieron, antes que él, sus antepasados de la dinastía alauita, que fueron grandes constructores, como los sultanes Mulay Ismail (1645-1727) y Mohamed III (hacia 1720-1790). Así nació el faraónico proyecto de edificación del majestuoso templo que, desde 1993, está asentado junto al mar en Casablanca: la mezquita de Hassan II. A diferencia, probablemente, de cualquier otro monumento religioso en el mundo, este edificio está cubierto por un techo corredizo que, abierto, permite ver el cielo. Colocada entre aire, tierra y agua, sobre una superficie de 20.000 m2, la mezquita de Hassan II posee una belleza inenarrable. Su alminar, elevado hasta los 200 m, más alto que cualquier otro alminar, y sus dimensiones, impresionantes, hacen de ella el segundo edificio religioso más grande del mundo, por debajo únicamente de la mezquita de La Meca.

 Pasillo central de la gran sala de abluciones de la mezquita de Hassan II. Tiene una superficie de 4.800 m2 y contiene 41 fuentes, 3 grandes y 38 pequeñas. Las lámparas de cobre proceden de Fez. Las paredes están decoradas en tadellakt, un sistema marroquí de encalado que se remata frotando las paredes con un canto rodado y con jabón de aceite de oliva.  La mezquita de Hassan II posee el minarete más alto del mundo, con 200 m de altura, y es la segunda más grande del mundo después de La Meca. El exterior de la mezquita ocupa una superficie de tres hectáreas y puede albergar a unas 90.000 personas.


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Los elementos • El edificio propiamente dicho, cuyas medidas son 200 x 100 x 60 m, con una sala de oraciones central en la que caben 20.000 personas y dos salas laterales o mezzanines para las mujeres con capacidad para 2.500 personas cada una. • El alminar de 200 m, cuya cúpula está tocada por un yamur (una pieza hecha de bolas superpuestas, que a veces domina los tejados de mezquitas o alminares) de 16 m, equipado con un rayo láser con un alcance de 40 km. • La sala de abluciones, con una superficie de 4.800 m2 y 41 fuentes. • El hammam, situado bajo el suelo, en dos pisos, con tres salas para lavarse, la más caliente a 47 oC , y un hammam de vapor a 38 oC. • La madraza o escuela coránica, un edificio semicircular que tiene tres pisos y se encuentra en la parte este de la mezquita. • El exterior de la mezquita o explanada, con capacidad para 95.000 personas. • Una biblioteca y un museo al otro lado de la explanada.

En su concepción está sembrar la paz y la armonía en la humanidad La mezquita se construyó entre 1987 y 1993 aunque, entre 2005 y 2008, se tuvieron que realizar pequeñas obras para reparar y consolidar infraestructuras y defensas periféricas de protección contra el mar, mermadas por el oleaje. Según los cálculos, la construcción de la mezquita costó entre 500 y 800 millones de dólares, costeados esencialmente gracias a donaciones de ciudadanos marroquíes. Elogio a la armonía en medio de la diversidad Además de la voluntad innegable de magnificar al islam y a su Dios, entre los principios fundamentales que presidieron la concepción de la mezquita de Hassan II y su edificación, figuran, en primer lugar, los conceptos de paz y armonía. La paz, porque está en los principios del islam. La armonía, como búsqueda de un equilibrio que pertenece a los seres vivos y que se ha querido hacer extensible a la mezquita combinando los tres elementos: aire, tierra y agua. Al colocar la mezquita sobre el mar, quizá el rey Hassan II tuvo la intención de prolongar la ciudad de Casablanca, creada por Dios, ofreciendo a este último y a sus fieles una casa sobre el mar, que conserve la belleza y la vocación de universalidad de Casablanca, la africana, Casablanca, la atlántica.


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La tecnología

La armonía se expresa y manifiesta además en la colaboración de personas procedentes de diferentes países y en la fusión de piezas de muy diversos materiales de procedencias muy lejanas. En efecto, debemos la edificación de la mezquita a la colaboración entre empresas e individuos, por un lado, de Francia, como el arquitecto Michel Pinseu y el grupo industrial francés Bouygues y, por el otro, al trabajo de un inmenso número de obreros y artesanos marroquíes; estos últimos originarios de todos los lugares de Marruecos. El material utilizado procedía de las cuatro esquinas del país; por ejemplo, el mármol venía de Agadir, en la costa sur; la madera, de los cedros que aún pueblan los bosques del Atlas Medio, y el granito, de Tafraoute, en el Antiatlas. De otros países, en particular de Italia, cuna del arte, se importaron las columnas de granito blanco y los vidrios de los candelabros. El mensaje del rey Ya hemos dicho que la mezquita de Hassan II fue concebida como un majestuoso edificio cuya finalidad va más allá del mensaje religioso. Nacida como una sintonía perfecta entre elementos topográficos, humanos, culturales y materiales muy diferentes, debe entenderse como la afirmación de un principio y la proclamación de un mensaje dirigido al mundo.

La mezquita de Hassan II es una joya imponente en la que sus creadores han sabido aprovechar lo mejor de la tecnología occidental moderna y de la artesanía tradicional marroquí. Por ejemplo, el alminar, de estilo araboandaluz, está revestido, como otros elementos de la mezquita, de mármol y decorado con azulejos (zellige) policromos, más luminosos y tornasolados que de costumbre. El techo corredizo está rematado por una cúpula de madera de cedro y haya finamente cincelada y decorada. Cuando está cerrado, la gran sala de oración se ilumina con 50 lámparas y 8 candeleros venecianos originarios de Murano, los más imponentes de los cuales tienen 6 m de diámetro y 10 m de alto, y pesan 1.200 kg. A Vista de la sala de oraciones. B La fuente que hay entre las dos grandes puertas de entrada. C Vista de la mezquita con el minarete en primer término. D El minarete coronado por el yamur.


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Casablanca Situada a orillas del océano Atlántico, Casablanca (en árabe, Ad-Dar al-Baida, literalmente «casa blanca») es un cruce de civilizaciones que goza desde años de una gran reputación, mucho antes de que el gran éxito de la película homónima y la recreación del Café de Rick la descubriera a un público más numeroso. Ciudad políglota, donde se hablan, entre otros idiomas, el árabe, el amazig (antes llamado bereber), el francés y el inglés, es la capital económica y comercial de Marruecos, y la ciudad más grande del Magreb. Además de la mezquita de Hassan II, son dignos de visitar la antigua medina (Bab Marrakech), el mercado central, el Derb Ghallef (mercado de las pulgas), el barrio de Habbous (la nueva medina) y el Twin Center Casablanca, el centro comercial más grande de Marruecos y el Magreb. A La ciudad de Casablanca, con sus 6,5 millones de habitantes. B Vista nocturna de la mezquita. C Exterior junto a las puertas de entrada.

La luz que emite el alminar puede verse a 40 kilómetros de distancia en el mar En primer lugar, hay que tener en cuenta que, con la construcción de esta mezquita, se ha intentado demostrar la banalidad de una supuesta lucha entre mundos diferentes, incluso contrarios. En otras palabras, entre los propósitos del rey Hassan II de construir una mezquita, templo musulmán por excelencia, con la colaboración de musulmanes y no musulmanes, se encuentra mostrar la debilidad conceptual del pretendido conflicto entre el Occidente cristiano y el Oriente musulmán. Como reafirmación de lo anterior, es un hecho que la mezquita, fundada con esa armonía intrínseca de la que ya no se puede desprender, mantiene en la cima de su alminar un almuecín-heraldo encargado de invitar y exhortar a la paz, no solo entre los marroquíes y los demás musulmanes, sino entre todos los seres humanos, cualquiera que sea su credo religioso. Historia de una construcción La mezquita de Hassan II es una de las pocas mezquitas abiertas a los no musulmanes y, por lo tanto, puede ser visitada por los turistas. Abrir un lugar tan sagrado como una mezquita al otro, ¿no sería una expresión suprema de la preciosa hospitalidad de los fieles del islam? Seis años después del discurso de Hassan II anunciando su construcción, el 12 de julio de 1986, empezaron las obras de edificación de la


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Cómo ir a Casablanca

mezquita que lleva el nombre del difunto rey. Su inauguración tuvo lugar siete años más tarde, el 30 de agosto de 1993. Concebida como un templo sobre el mar y destinado a ser dotado de dimensiones inmensas, la mezquita de Hassan II obligó a sus constructores a movilizar ingentes medios materiales y humanos. Por ejemplo, según algunas estimaciones, solo para la construcción de los cimientos se utilizaron 59.000 m3 de rocas y 26.000 m3 de hormigón, necesarios para dotar el edificio de la capacidad de resistir las embestidas del oleaje. Aun así, desde el año 2006, se tienen que realizar trabajos constantes de mantenimiento para que la mezquita siga manteniéndose sin peligro en la tierra, sobre el agua y bajo el cielo. Para la construcción del alminar, la sala de oración y la madraza, se necesitaron ocho grúas de 220 toneladas, además de una grúa con la altura récord de 210 m solo para el minarete. Al acabar la obra, habían trabajado en ella 35.000 obreros y artesanos que, en conjunto, computaron 50 millones de horas de trabajo. Sobre el tejado, hay 300.000 tejas de aluminio que imitan el acabado de la tierra cocida de Fez, pero cuatro veces más ligeras. El tejado de la sala de oraciones tiene 3.400 m2, de los que 1.100 m2 pueden desplazarse en cinco minutos para dejar paso a la luz del sol.

El aeropuerto de Casablanca, Mohamed V, está unido a muchas ciudades del mundo. Desde el aeropuerto, el viajero dispone de taxis y de autobuses para llegar a su lugar de alojamiento y después a la mezquita. También es posible alquilar un coche o un minibús en el mismo aeropuerto. Hay que tener en cuenta que las visitas a la mezquita tienen lugar fuera del horario de las oraciones y que, si no se es musulmán, hay que ir obligatoriamente acompañado por un guía. En Casablanca, hay más de 40 hoteles y una amplia oferta de habitaciones, apartamentos, riads y villas.

D Aspecto de la monumental sala de oraciones, capaz de acoger a 20.000 personas. La sala principal tiene 100 m de longitud, pero entre las tres salas tienen una anchura de 200 m. E Vista de la explanada que hay frente a la mezquita, capaz de acoger a 95.000 personas.


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