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Índice Presentación  11 Juristas y académicos Diego Valadés  15 Miguel Carbonell   19 Lorenzo Córdova Vianello  26 Pedro Salazar Ugarte  31 Ciro Murayama  37 José Woldenberg  43 Luis Carlos Ugalde  49 Mónica González Contró  54

Historiadores Luis Garfias  63 Rafael Segovia  69 Carlos Arriola  73

Consultores y analistas políticos Jesús Silva-Herzog Márquez  83 Liébano Sáenz  88 José Antonio Crespo  95 Ana María Salazar  100 Mauricio Merino  105 Alfonso Zárate  109 Ernesto López Portillo Vargas  115 María Amparo Casar  119 Ulrich Richter Morales  123 Eduardo Guerrero Gutiérrez  128

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Voces de nuestra democracia

Periodistas y escritores Sergio Sarmiento  135 Armando Fuentes Aguirre (Catón)  141

Actores políticos Cuauhtémoc Cárdenas  147 Carlos Flores Rico  152 Alberto Cárdenas Jiménez  159 Ricardo Monreal  162 Fidel Herrera Beltrán  165 Patricia Mercado  170 Manuel Camacho  175 Manuel Espino  184 Eliseo Mendoza Berrueto  183 Gerardo Fernández Noroña  189 Jorge Castañeda  194 José Ramón Cossío Díaz  198

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Foto: Germán Canseco / Procesofoto

Diego Valadés

Diego Valadés Doctorado por la Universidad Complutense de Madrid, es uno de los especialistas en derecho constitucional más reconocidos de México. Como funcionario público, destaca su labor como procurador de Justicia del Distrito Federal y General de la República entre 1992 y 1994. Como universitario, ha sido abogado general de la UNAM y director del Instituto de Investigaciones Jurídicas. Autor de los libros El control del poder y La parlamentarización de los sistemas presidenciales, es también miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, El Colegio Nacional y la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Argentina.

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El presidencialismo

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on varios los problemas que genera la concentración de poder en una sola persona: el más importante es la erosión de las instituciones democráticas, que no es una erosión inocente o sin consecuencias. Al no darse seguimiento al proceso de reforma de las instituciones políticas que se ha venido operando desde 1977, lo que ahora corremos como riesgo es una involución acelerada. Debimos haber avanzado hasta la reforma misma del régimen de gobierno. Como no lo hemos hecho, estamos comenzando a sufrir las consecuencias de un sistema representativo que no tiene efectos o que no genera ese sistema representativo, ni formas de responsabilidad política por parte de quienes ejercen el gobierno, ni participación democrática en la determinación de los programas de gobierno. En la medida en que fracase ese sistema representativo, tenderá a afectar al nivel inmediato anterior al sistema de partidos. Estamos viendo también que ya hay una enorme confusión en el caso del sistema de partidos, donde se han diluido las ideas programáticas y principios políticos de los respectivos partidos, y en su lugar lo que prevalece es una simple lucha de carácter patrimonialista por acceder al poder a través de acuerdos, que en toda democracia se pueden producir, pero en el caso de México solo tiene por objeto triunfos circunstanciales de las personas.

Los pequeños virreyes Si se produce la erosión del sistema de partidos, el siguiente nivel será la erosión del sistema electoral. Y estamos viendo que, justamente, por estar fracasando el sistema representativo, por estarse erosionando los partidos, el sistema electoral va quedando progresivamente más en manos de los caciques, a los que llamamos gobernadores. Desde luego, hay gobernadores demócratas, pero también estamos viendo que la manipulación electoral de los gobernadores tiende a aumentar y esto se evidencia en la medida en que el propio gobierno, lo hemos visto, ha optado por negociar diferentes disposiciones legislativas con los gobernadores. ¿Qué significa esto? Que ya se acepta como una realidad política en México que los gobernadores controlen a los senadores y a los diputados de sus respectivas entidades. Esto no tiene nada que ver con la democracia. Si no se soluciona pronto esta tendencia, esta involución que estamos comenzando a advertir, entonces muy pronto nos encontraremos con un nuevo sistema hermético, hegemónico y caciquil.

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Diego Valadés

¿Reducirle poder al presidente? Yo no soy partidario de la reducción de poderes del presidente, al contrario, creo que debemos tener un presidente fuerte, nada más que antes era fuerte mediante mecanismos autoritarios o autocráticos y ahora debe ser fuerte mediante mecanismos democráticos. Yo no creo en los poderes débiles, ni en gobierno débil, ni en Congreso débil, ni en gobiernos locales débiles. Todos los poderes deben tener fuerza en el sentido de idoneidad y capacidad para llevar a cabo los objetivos que persiguen. Deben ser sistemas responsables y sistemas controlados que no tienen nada que ver con debilidad. Los poderes o los órganos débiles no sirven a ninguna sociedad. Lo que hay que ver es de dónde viene y cómo se utiliza la fortaleza. Entre los poderes Ejecutivo y Legislativo debe existir una relación muy constructiva, en virtud de la cual, una vez que la mayoría en el Congreso se comprometa a apoyar un programa y a un gabinete, le dé también sustento a ese gabinete y a ese programa aprobando las normas que le den viabilidad al programa y estabilidad a la acción de gobierno.

Los mecanismos democráticos de la reforma pendiente La ratificación del gabinete por el Congreso sería una expresión de confianza, o sea que lo mismo se da la confianza para que una persona funcione, que en determinado momento se le retira la confianza a través de un voto de censura que le prive de la función que desempeña. Me parece que la reelección legislativa es muy importante porque es lo que permite que los legisladores sean responsables ante sus electores. Yo creo que vamos hacia una división del Poder Ejecutivo en jefe de Estado y jefe de Gobierno de una manera casi inevitable. Yo he sustentado que el jefe de gabinete sigue siendo parte de la confianza del presidente, pero creo que la tendencia que estamos llevando en el país nos obligará a pensar en medidas más radicales y en que el presidente en algún momento sea solo un jefe de Estado, y el jefe de Gobierno tenga a su cargo la responsabilidad directa de la instrumentación del programa. Yo creo que en un sistema de libertad las candidaturas independientes deben estar permitidas, pero también reguladas. Pero hay que ser cuida­ dosos porque en el caso de las circunstancias actuales de México ofrecen el grave riesgo de que por ahí ingrese mucho dinero de origen inconfesable.

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Voces de nuestra democracia

Menos diputados no son más acuerdos La reducción de legisladores sería un error que puede resultar muy costoso porque se reducirán las expresiones políticas de que forman parte, que nutren a los diferentes partidos políticos de opciones para llegar al Congreso. Yo no veo que eso represente para el país ninguna ventaja, y la lógica nunca la he entendido. Si la lógica es económica, 100 diputados más o 100 diputados menos en un país de 110 millones de habitantes, y que es la undécima economía del mundo, no significan absolutamente nada. Por otro lado, podemos decir que en el gobierno federal hay en este momento alrededor de 1,300 direcciones generales. Un director general gana tanto como un diputado, pero además tiene una infraestructura administrativa que no tiene ningún legislador. Si la decisión de reducir dipu­ tados es para facilitar los acuerdos, en ese sentido la lógica sería que nada más hubiera un diputado, para que sea más fácil que se ponga de acuerdo consigo mismo o un diputado por cada partido. Es una lógica absurda considerar que los acuerdos son más fáciles porque el número de representantes sea menor. El sistema se llama representativo justamente porque se estima, se considera, se supone que sí representa las diferentes corrientes, y de cada corriente los diferentes matices que los electores queremos darle a nuestra participación. Creo que es una propuesta que no tiene ninguna línea argumental coherente y que se basa en la estimulación de un instinto antiparlamentario y anti-partidos. Éstas son ideas que han salido básicamente del gobierno federal para descreditar al Congreso y de muchos medios de comunicación que también así desacreditan al sistema representativo mexicano.

Los caminos para el cambio Estoy convencido de que la colaboración entre los poderes Legislativo y Ejecutivo es la única forma para disminuir esta excesiva tensión y crispación que ya están caracterizando la vida política del país, para que haya programas o políticas de Estado en beneficio de la población que cuenten con apoyo mayoritario en el Congreso. Para llegar a las reformas que se necesitan en México, confío mucho en iniciativas como la que ustedes están impulsando, la de Presidencia2012. com, ya que es la deliberación de los problemas y la asunción de responsabilidades en el nivel que cada quien tenga, lo que permitirá resolver este problema en el corto plazo. 18

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Jesús Silva-Herzog Márquez 83 Liébano Sáenz 88 José Antonio Crespo 95 Ana María Salazar 100 Mauricio Merino 105 Alfonso Zárate 109 Ernesto L...

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