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Memorias del himalayista navarro fallecido en el Annapurna

Bajo los cielos de Asia Iร‘AKI OCHOA DE OLZA

DEPORTES


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ÍNDICE

Prólogo. Por donde entra la luz. Jorge Nagore Frauca Introducción. De montañas y de sueños

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1. EN EL YANKI ......................................................................................................................... 20 Yosemite, agosto-octubre 1988 ........................................................................... 20 2. DESPERTAR EN PRIMAVERA .................................................................................. Kangchenjunga, marzo-mayo 1990 ...............................................................

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3. EN BRAZOS DE LA DIOSA MADRE .................................................................. Everest, agosto-octubre 1992 ................................................................................

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4. A MI MANERA .................................................................................................................... Cho Oyu, agosto-septiembre 1993 ...................................................................

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5. BAJA O REVIENTA ............................................................................................................ 88 K2, junio-agosto 1994 ................................................................................................ 88 6. EL REY DEL DOLOR ....................................................................................................... 110 Shisha Pangma, septiembre 1995 .................................................................... 110 7. INSUMISO EN LA GUERRA ..................................................................................... 132 Gasherbrum I y Gasherbrum II, junio-agosto 1996 ........................ 132 8. LA LEYENDA DEL VIENTO ....................................................................................... 154 Kangchenjunga, marzo-mayo 1997 ................................................................ 155 Broad Peak, junio-julio 1997 ................................................................................ 166

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9. LO DEL LHOTSE ............................................................................................................... 178 Lhotse, septiembre-octubre 1997 ..................................................................... 178 Lhotse, marzo-mayo 1998 ...................................................................................... 193


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10. FIASCO ................................................................................................................................... 200 Everest, 1999 ..................................................................................................................... 202 Everest, 2002 .................................................................................................................... 218 11. LA CARA OCULTA ........................................................................................................... 226 Everest, marzo-mayo 2000 .................................................................................... 226 12. EL OBRERO DEL HIMALAYA ................................................................................ Ama Dablam, madre no hay más que una, noviembre-diciembre 2000 .................................................................................. Everest, ¿el mayor espectáculo del mundo?, marzo-mayo 2001 .......................................................................................................... El Cho Oyu... a su manera, septiembre 2001 .........................................

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13. POR ENCIMA DE LAS NUBES ............................................................................. 272 Nanga Parbat, Broad Peak, K2, junio-agosto 2003 ............................ 272 14. LAS LÁGRIMAS DEL K2 ............................................................................................ 296 Makalu, mi pedazo de cielo, marzo-mayo 2004 .................................. 299 Te quiero, K2, junio-agosto 2004 ..................................................................... 312 Epílogo. El ladrón de sueños

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Agradecimientos .................................................................................................................. 332 Despedida ................................................................................................................................... 348 Querido hermano Iñaki, Jorge Egocheaga ...................................................... 348 Palabras por Iñaki, Iñaki Ochoa de Olza Sanz ................................................ 352

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La imponente cara sur del Annapurna vista desde el campo base. En la pรกgina de la izquierda, las cimas principal, central y este. En la pรกgina de la derecha, parte de la arista este.


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Mejor vivir un día como un tigre que cien años como un cordero. Ni cien edades de los dioses serían suficientes para describirte todas las bellezas de Los Himalayas. Proverbios sánscritos


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A mi familia, a Cristina Orofino y a todos los que aman las montañas.

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mpecé a escalar ochomiles cuando todavía era joven, 22 años, dirigiéndome en aquella ocasión al Kangchenjunga. Qué insensatez de juventud,

y qué placer recordar aquellos tres meses, que han marcado mis pasos más que 19 años de estudios anteriores... Desde entonces, han sido ya más de 20 expediciones. Algunas veces he estado trabajando como guía de montaña o como cámara de altura, otras veces he tenido patrocinadores y en otras ocasiones me lo he pagado con mis ahorros. Es una opción, un camino en la vida, y como toda elec-

ción, supone dejar otras cosas atrás. Pero nunca me he arrepentido, y siempre he vuelto a casa contento, a recobrar nuevas energías, y partir una vez más, como decía Doug Scott “atado al mástil como Ulises, buscando esas islas que brillan en el cielo con luz propia”. Pues nada más y nada menos que eso son los ochomiles. Iñaki Ochoa de Olza


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Retrato de IĂąaki a cargo de su hermano menor, Daniel.


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1 En el Yanki Yosemite, agosto-octubre 1988 Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. San Juan de la Cruz

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—Oiga, buen hombre, ¿usted podría decirnos dónde hay una estación de esquí por aquí cerca? El rostro de mi amigo Demonio parece completamente inocente, está bendecido con una expresión angelical que le impide parecer sospechoso. ¿Por qué habría de resultar sospechoso? Básicamente porque estamos a 9 de agosto de 1988 y en la ciudad de Soria la temperatura debe de rondar los 40 grados, quizá un poco por encima. Es media tarde y arde el asfalto, no se ve casi ni un alma. No teníamos que entrar al centro de la ciudad para nada, pero como tenemos tiempo hasta mañana para llegar a Madrid, antes de coger el avión hacia Los Ángeles, hemos decidido entrar a dar una vuelta, “para ver qué hay”. El «buen hombre», con la mejor intención del mundo, responde: —Pues creo que en Teruel hay alguna, aunque no sé si va a haber nieve en estas fechas... Los demás ocupantes del vehículo intentamos no reírnos, aunque resulta tarea imposible. Después Natxo sugiere dar otra pequeña vuelta y, cuando pasamos por delante de alguien que pasea, el conductor toca la bocina un par de veces y saluda con la mano. Todos los que nos cruzamos, instintivamente, responden al saludo y dicen hola también con la mano, con el ceño fruncido y cara de extrañeza, y provocan nuevas risas en nuestro habitáculo: —“Otro que nos conoce”, dice Iñaki sin aguantarse las carcajadas. Iñaki Kampión se ha ofrecido gentilmente a acercarnos a Madrid, en un coche prestado, antes de nuestra aventura americana. Queremos visitar el Valle. Para los escaladores de roca, el Valle sólo es uno, y yo me lo imagino grande y libre, y viene a significar lo mismo que La Meca para los musulmanes. Un lugar sagrado, motivo de peregrinaje y objeto de todo tipo de cultos, así es este valle de Yosemite cuyas paredes de roca no sólo son uno de los lugares más hermosos de la Tierra, sino también


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Bajo los cielos de Asia

Natxo Barriuso, Periko Azkona e Iñaki, esperando el avión que les llevará a Yosemite (California).

un escenario sin parangón para escalar en roca. Después de comprar algo de material en Madrid y de dormir a pelo bajo las estrellas en un jardín a escasos metros de la terminal de Barajas, nos despierta de mañanita la policía para informarnos sin rastro de gentileza de que allí no se puede dormir. Nos extraña, porque la verdad es que nosotros lo hemos hecho bastante bien. Pero con éstos nunca se sabe y desde luego cosas más raras ya hemos visto. Obedecemos aunque procuramos mirarles mal. Nos vamos a facturar nuestros trastos, sin pensar ni por un instante en que no se trata del último policía que se va a interesar por nosotros o por nuestras actividades en los próximos dos meses. Hemos recortado al máximo nuestras pertenencias, apenas veinte kilos por cabeza, para no pagar exceso de equipaje. Los bolsos de mano pesan al menos otro tanto, repletos como van de chatarra.

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1. EN EL YANKI

Nos despedimos de Iñaki, que tendrá que regresar a casa solo, sin tanta diversión, y nos embarcamos en un largo vuelo transoceánico. En el avión escribo en mi diario: “Este trasto parece un hotel que vuela. Por la ventana se ven icebergs”. Destino: California, USA.

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El Valle nos ve llegar en un autobús que lleva la figura de un galgo pintada en los laterales. En la estación de bus de Los Ángeles, en pleno centro, hemos pernoctado otra vez tirados, la tercera noche seguida, y también hemos pasado más miedo que vergüenza. Hispanos, negros y gentes variadas de mirada vacía parecían muy interesados por nuestros petates y sus contenidos. Nos hemos defendido enrocándonos en una esquina y poniendo nuevamente cara de malos. Ahora al llegar al Valle, sin embargo, nuestros rostros están perplejos y nuestros cuellos dislocados ante lo que se ve a través de los cristales del bus. Los muros de granito son inmensos. Para un escalador europeo resulta imposible hacerse una idea a primera vista de sus dimensiones. —¡Mira, Iñaki, El Capitán! Es verdad; está ahí como un símbolo, inmutable y perenne. Esta increíble montaña, de entre las más bellas que conozco, es el estandarte de todo un valle, es como la proa de un barco que corta el aire a lo largo de sus mil metros de altura. Antes de que la vida se escape de entre nuestros dedos queremos subirnos por ahí. Es un deseo como otro cualquiera, legítimo o no, pero mejor llevarlo a cabo antes que después, por lo que pueda pasar. El primer contacto con la escalada americana no nos puede resultar más severo. En casa lo habitual es escalar en placas, lo que quiere decir que nuestros dedos y antebrazos son muy fuertes y están acostumbrados a soportar el peso de nuestro cuerpo en la roca caliza europea. Pero aquí todo es granito y se trepa sobre todo por fisuras, diedros o chimeneas, todas ellas técnicas de escalada con las que no estamos muy familiarizados, por no decir que no tenemos ni remota idea. Uno de los primeros días lo pasamos en la zona llamada Cookie Cliff, un pequeño sector de fantásticas fisuras situado en la parte baja del valle. Nos dirigimos pletóricos de confianza a una de las rutas más famosas, llamada Outer Limits. En la escala de graduación americana su grado es de 5.9, lo que traducido al cristiano quiere decir que es de una dificultad media, bastante más fácil de lo que somos capaces de escalar en Espa-


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ña o Francia. Nos peleamos para ver quién escala primero, aunque lo cierto es que no hubiera sido necesario. Uno detrás de otro nos caemos, nos arrastramos, juramos y ofrecemos, en líneas generales, un lamentable espectáculo. No nos podemos creer lo inútiles que somos. Después de pasar varias horas peleando conseguimos, al menos, recuperar el material y descender hasta el suelo de una pieza. Un rato más tarde, mientras descansamos agotados y algo deprimidos en la base de la pared, aparece un tipo en pantalón corto, con la bolsa de magnesio atada a la espalda y los pies de gato en una mano. Sonríe y saluda amablemente, y pregunta si está libre la vía. ¿Dónde está su colega? Nos percatamos al instante de que simplemente no lo tiene. El elemento en cuestión luce una tripita curiosa y un bigote que más que un bigote es una provocación, y no parece en absoluto ser parte de ninguna elite. Sin embargo sube sin cuerda, en solitario, con facilidad y maestría completas por el mismo sitio donde nosotros no podíamos ni menearnos. Después, para añadir más sal a la herida, ¡destrepa! también sin cuerda los 25 metros imposibles, vuelve a sonreír y se va. Nos falta técnica, pero quizá también humildad. Vamos ya mismo a comer una pizza, una bien grande por favor.

.......... —I got you, two films, I got you!! (¡¡Te cogí, dos rollos de película, te cogí!!) Miro a mi amigo Demonio. En su cara, colorada, se reflejan la sorpresa y el miedo. Estamos rodeados de policías, rangers les llaman, y cada uno tiene en la mano una pistola. Uno de ellos, que es alto como una torre y tiene cara de ser un auténtico bastardo, se ha dirigido a nosotros mirando a Demonio y señalando hacia el interior de sus pantalones cortos. —Demonio, bonito, no habrás cogido así como por casualidad un par de rollos de película, ¿verdad? —Mmmmnnn, sí... Antes de acabar la frase media docena de energúmenos se abalanzan sobre él, le tiran al suelo y le esposan rápidamente. Natxo y yo miramos, entre sorprendidos y divertidos. Todo sucede igual que en una película. El que parece el jefe me pregunta si hablo inglés y después me explica que nosotros nos podemos ir porque no hemos robado nada, pero que mi amigo tiene un problema, que lo van a llevar a la cárcel, y que el juez

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1. EN EL YANKI

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decidirá qué hacer con él. Me aconseja esperar instrucciones en el camping y tener a mano el pasaporte de Demonio. Sólo llevamos una semana en Yosemite, pero ya nos lo habían avisado. El primer día que vamos a comprar al supermercado, una mujer cuyo rostro no recuerdo se acerca asustada y señala a Demonio, que anda por los pasillos comiéndose, ostensible y tranquilamente, una bolsa de patatas fritas que acaba de coger de algún estante, y que no tiene la más remota intención de pagar. La mujer me explica que estamos en California, donde las leyes son tolerantes, pero que aquí en el Valle se aplica no se qué ley federal al tratarse de un parque nacional y que no conviene andarse con tonterías. Le traduzco todo a mi compañero, pero éste ni se inmuta, y se va a “pillar algún yogur de esos de beber”, puesto que parece ser que las patatas pican. Vaya por Dios. Al día siguiente volvemos al mismo supermercado. Compro para mí y mis amigos como una madre, mientras éstos se despistan por el lugar y discuten a grito pelado si la Budweiser es mejor que la Coors. Al llegar a la caja a pagar observo con curiosidad cómo la chica que está tras el mostrador mira con ojos iluminados por el espanto en dirección a la entrepierna de Demonio, que viste orgulloso unos pantalones muy cortos. El muchacho disimula, o quizá ni se entera de la jugada. Demonio es sin duda un chico majo, pero yo estoy seguro de que no hay nada en su anatomía que justifique esos ojos a punto de salirse de las órbitas que muestra la empleada. Cuando yo mismo me fijo, veo que una gota de sangre roja y brillante surge de sus zonas pudendas, si es que este hombre tiene tal cosa, y se desliza poco a poco hacia la rodilla, siguiendo después pantorrilla abajo. Demonio ha vuelto a actuar. Según me explicará después, ha “apañado” un grueso filete que viene simplemente envuelto en un plástico y por eso gotea. Mi espanto no es menor que el de la empleada y, ensayando la mejor de mis sonrisas, le enseño mis manos todavía manchadas de magnesio y le explico que somos escaladores, pues sé bien que las empleadas del parque nacional son a menudo novias de escaladores americanos del grupo de rescate. A la chica todo esto no le hace ninguna gracia, pero con las cejas me señala la puerta, casi rogándome que me lleve de allí a mis amigos con viento fresco. Nos libramos por los pelos. Ahora en cambio la suerte se ha acabado y los rangers se llevan a Demonio. Nos vamos al campo IV, pues así se llama el lugar de acampada de los escaladores. Nos juntamos con el resto de los spanish de la zona en el aparcamiento, lugar también conocido como “el centro del universo”.


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Allí pasamos un par de horas de cháchara, discutiendo las posibilidades. Algunos, que ya tienen experiencia, aseguran que le van a tener una semana realizando trabajos comunitarios, como pintando vallas o recogiendo colillas. Otros en cambio dicen que no le va a pasar nada. Al rato aparece un coche de policía, y se baja de él una ranger de culo gordo que sin embargo parece relativamente simpática, dentro de lo que cabe para alguien de tal profesión. Con una sonrisa nos pregunta: —¿Hay alguien por aquí que se llame “Iniaki”? “La-madre-que-lo-parió”, pienso, y me presento a la llamada. Me piden que coja el pasaporte de Demonio y cien dólares y me dirija a la cárcel. Me ofrecen llevarme en coche oficial, pero declino la oferta y me voy andando. Al llegar allí, mi amigo está más o menos tranquilo, y me dice sonriendo sudoroso: —Han intentado torturarme psicológicamente... me dicen que voy a ir a la cárcel. Miro a los rangers que le rodean, y veo que tienen cara de que debieran haber escogido otro trabajo, así que posiblemente haya sido exactamente al revés. Le ofrecen pagar cien dólares de multa y quedar libre o bien presentarse al juez y que éste decida. Preferimos pagar y salir cuanto antes, aunque son muchos dólares en un presupuesto total de seiscientos, que hay que estirar durante dos meses. En cuanto nos dejan salir, Demonio, muy serio por una vez, me asegura que esto no va a quedar así y que se han ganado un mal enemigo. Esa misma tarde volvimos al mismo supermercado, a hacer la compra.

.......... En las semanas que siguen conocemos a mucha gente, algunos de ellos de entre los mejores escaladores de nuestro país. El madrileño Jesús Gálvez, los vascos José Carlos Tamayo y Jon Lazkano o los catalanes Juan Carlos Aldeguer Pato y Juan Vergara son algunos de ellos. Alguien nos dice que Tamayo, que es vizcaíno aunque no ejerce, tiene treinta años y nosotros no nos lo podemos creer. Tenemos que ir personalmente y preguntárselo para saber que es verdad. A ver si va a resultar que hay vida después de los veinticinco... También escalamos. Escalamos mucho, hasta quedar prácticamente saturados. Incluso aprendemos a manejarnos en las fisuras, y un par de veces volveré a Outer Limits a medir mis progresos, hasta conseguir escalarla con éxito, lo que me provoca una alegría casi infantil.

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Bajo los cielos de Asia  

La epopeya protagonizada por el montañero Iñaki Ochoa de Olza y quienes expusieron su vida en un intento frustrado de salvarle se ha conve...

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