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Acercamiento a la historia reciente a través del teatro español posterior a 1975

los años ochenta, cuando empezó a generarse de otra manera y bajo otros parámetros. Es el supuesto de Los Goliardos, La Farándula, o Tábano, por citar de entre los más conocidos. Pero otros se transformaron en importantes empresas de teatro y perviven en la actualidad con un sello particular y una larga trayectoria. Son los casos de Els Joglars y Els Comediants, como ejemplos más brillantes. Estas dos compañías son visitables hoy por hoy, y su trabajo es un testimonio pleno del arte escénico español desde el final del franquismo hasta nuestros días. Conservan señas de identidad del viejo teatro independiente (elenco más o menos fijo, lenguaje estético propio, cierto aire libertario y provocador), pero han asimilado la experiencia teatral acumulada en estas décadas. Acudir a alguna de sus representaciones puede resultar un ejercicio de utilidad para explicar parte del panorama sociocultural de este periodo visto desde los escenarios.

El teatro protegido por los poderes públicos (1982-1996) Los gobiernos socialistas, hegemónicos en las distintas administraciones, decidieron asumir el teatro como un hecho cultural protegido por el Estado. Entre 1983 y 1993, gobierno central, comunidades autónomas y ayuntamientos invirtieron en infraestructuras y subvenciones a la actividad empresarial de teatro creando una robusta y variada oferta escénica. Las entidades locales y autonómicas erigieron teatros de nueva planta y esplendorosos auditorios. Subvencionaron parte de los presupuestos de producción de las compañías, que a menudo levantaban su espectáculo en exclusiva con esa aportación. El Ministerio de Cultura, por su parte, potenció y creó centros públicos de producción escénica: engrandeció el Centro Dramático Nacional Íber Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia | núm. 71 | abril 2012

(CDN), modestamente inaugurado en 1978, creó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, (CNTC), la Compañía Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas (CNNTE), posteriormente cerrada, y agrupó todo esto, junto con otros centros de producción escénicas (danza, música), en un departamento administrativo específico denominado Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). A ello sumó la creación, o el apoyo financiero y de gestión, de festivales temáticos: los de teatro clásico de Mérida y Almagro, o el Festival Iberoamericano de Cádiz, como los más destacados. Esto se completa con la inversión, a partir de 1985, cuando de la crisis económica se salía con fuerza, de unos seis mil millones de pesetas de entonces, para la rehabilitación de cincuenta teatros españoles. Estas inversiones no crearon sin embargo una industria teatral privada subsistente sin los recursos públicos. La empresa de teatro española fue siempre una explotación pequeña de carácter familiar. El cooperativismo de los grupos independientes era más un compromiso de colaboración basado en el entusiasmo que una forma de gestión. El hecho de la llegada de un estado benefactor al mundo del teatro antes de la creación de un solvente tejido empresarial, pareció relevar a sus protagonistas de la obligación de construirlo. A ello hay que sumar los elevados costes de los espectáculos a los que se lanzaban muchas compañías en la tranquilidad de que la protección del estado a la cultura cubría sus audacias, o las ocu-

Els Joglars y Els Comediants son dos compañías cuyo trabajo es un testimonio pleno del arte escénico español desde el final del franquismo hasta nuestros días

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ÍBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia  

Revista de Educación Secundaria

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