Page 50

Fuentes literarias para la enseñanza de la historia

Tras los primeros tiempos del cambio político llegó el teatro del realismo, que bebe del existencialismo europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, y de los autores estadounidenses del desencanto del sueño americano retornado con fuerza en los primeros años de la posguerra, después de los brillantes y europeizantes logros vanguardistas de los años veinte y treinta, y en buena medida como reacción ideológica a aquéllos. El género subsistió tras la muerte del dictador y los cambios políticos consiguientes, en buena medida porque parte de sus autores seguían en activo. Es lo que, con cierto desprecio y evocación marxista, se denominó teatro burgués, en sectores ideológicos y artísticos antifranquistas que andaban ya cultivando desde años antes, en circuitos reducidos, un teatro distinto y contestatario. Esta comedia tradicional se nutría de dos subgéneros: la alta comedia o comedia de evasión, eficazmente representada por José María Pemán (1897-1981) y Alfonso Paso (1926-1978), y el teatro humorístico, en la línea de (y sobre todo encarnado por) Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) y Miguel Mihura (1905-1977), de indudable mayor calidad y, en buena medida, tributario de las vanguardias de preguerra. Al franquismo tardío de los setenta y los primeros tiempos del cambio político llegó también el teatro del realismo, que inaugurara prontamente, en 1949, Antonio Buero Vallejo (19162000) con su Historia de una escalera. Este realismo escénico bebe del existencialismo europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, y de los autores estadounidenses del desencanto del sueño americano. Es significativo que el mismo año en que Buero estrenó su obra citada, Arthur 48

Miller hiciera lo propio con su célebre Muerte de un viajante. En los primeros tiempos de la democracia Buero siguió siendo el mejor representante del realismo. Resulta de utilidad didáctica acudir a su obra La detonación. Se estrenó en 1977, y tiene a la figura de Larra como protagonista, lo cual es en sí mismo revelador, dado el significado del personaje como símbolo de compromiso con una España mejor. Una lectura atenta de la función pone de manifiesto la alegoría histórica que el autor hace de la tensión absolutismo/liberalismo de los tiempos del escritor, para expresar la tensión dictadura/democracia de la España de 1977, e incluso cabe ver a protagonistas de aquella época como un trasunto claro de algunos que lo fueron en nuestra transición política. El término «realismo» puede engañar sobre la índole del contenido de las obras que en él se enmarcan. Es el tratamiento del relato dramático el que se hace con técnica realista y su reflejo sobre la temática, no así el argumento, que queda lejos en la mayoría de los casos de ser un retrato social. De hecho, abunda el uso del simbolismo y de la ya expresada utilización de otro tiempo histórico para hablar del presente; algo tan viejo como el propio teatro. De lo primero es paradigmática la obra también de Buero, La Fundación (1974), así como la mayor parte de la obra de Antonio Gala (n.1936) hasta bien entrados los años ochenta. De lo segundo vayan tres ejemplos utilizables: Los comuneros, de Ana Diosdado El término «realismo» puede engañar sobre el contenido de las obras. Es el tratamiento del relato el que se hace con técnica realista, no el argumento, que queda lejos en la mayoría de los casos de ser un retrato social

Íber Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia | núm. 71 | abril 2012

ÍBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia  

Revista de Educación Secundaria

ÍBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia  

Revista de Educación Secundaria

Advertisement