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Fuentes literarias para la enseñanza de la historia

La disciplina de la historia no goza hoy de buena salud porque ha perdido de vista sus auténticas raíces, que se hunden en la imaginación literaria

adoptar también la vía correcta para alcanzar esa «teoría» de la historia sin la cual ésta no puede aspirar a ser una «disciplina» auténtica (White, 2007, p. 35). ¿Podemos saber cómo se vivía en la antigua Roma o en la Alta Edad Media? Las fuentes que nos han llegado son un recurso valiosísimo para intentar aproximarnos a esa realidad: la realidad vivida en un día cualquiera en una ciudad o una aldea de aquellos lejanos tiempos. Estudiamos los vestigios, los valoramos, los examinamos, conseguimos que nos hablen, los sometemos al microscopio, tratamos de analizar con esfuerzo todos los tejidos y fragmentos que conservamos, pero nunca sabremos con exactitud qué sucedió aquel lejano día. No existen verdades absolutas: existe sólo nuestro intento rigurosamente científico de aproximarnos a esa forma de sentir, a esa realidad tan lejana a nosotros que, precisamente por eso, merece que la hagamos nuestra, por la innata necesidad del ser humano de encontrar y redescubrir su memoria. Nos hallamos tras las lejanas huellas de nuestro pasado y la curiosidad de entender una parte de nosotros mismos –la parte que se compone del sentir de un antepasado romano, griego, etrusco, germano...– debe inducirnos a completar las piezas que faltan, a coronar esas pocas fuentes documentales o iconográficas con nuestra infinita imaginación. El 9 de octubre de 2008 tuve el honor de conocer en París al gran medievalista francés Jacques Le Goff con ocasión de la entrega que se le hizo del Premio Internacional Portico d’Oro.2 Durante la entrevista el maestro respondió acer10

ca de la importancia del estudio y la enseñanza de la historia. A continuación reproduzco la versión original en francés: L’histoire est d’abord nécessaire parce qu’elle est une leçon de vérité; elle doit s’appuyer sur des documents, elle doit les discuter: c’est sa première vertu, être une maîtrisse de vérité et d’esprit critique. La mémoire peut se tromper, la mémoire peut être aveuglée par la passion, l’histoire doit être objetive ou, mieux, elle doit être vraie. L’histoire apprend à l’humanité entière d’où elle vient, ce qu’elle est et laisse entrevoir où elle va. L’histoire domine et éclaire l’avenir et le présent et ouvre la porte vers le futur. Par conséquent l’histoire doit suffire d’un minimum de formation intellectuelle pour que l’on s’intéresse à l’histoire. Les enseignants d’histoire, les écrivains d’histoire dovient se préoccuper d’être accessibles à tous et en particulier à ceux qui feront le futur de la société-même, c’est-à-dire les jeunes et les étudiants [...] la façon dont l’histoire doit être faite: avec méthode, esprit critique, à la recherche de la vérité et doit être expliquée de façon à être non seulement comprise par tous, mais éclairée: chaque homme, chaque femme depuis sa jeunesse pour la connaissance du passé qui est nécessaire pour améliorer le présent et préparer un meilleur avenir. L’histoire est, je crois, le phare de l’humanité et cet arc,3 c’est là-dessous que doit passer cette verité. «La historia es el faro de la humanidad», es el continuo y constante encuentro entre el presente y el pasado, entre el pasado y el presente, «una continua serie de interrogantes dirigidos al pasado en nombre de los problemas y de las curiosidades –así como de las inquietudes y Íber Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia | núm. 71 | abril 2012

ÍBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia  

Revista de Educación Secundaria

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