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Academia

Revista Multidisciplinaria de EDP University of P.R. Vol. 4 NĂşm. 2 - Vol. 5 NĂşm. 1 enero - diciembre 2014


Política Editorial Academia es una publicación semestral, de carácter multidisciplinario, de EDP University,

Inc. Este nuevo espacio de discusión universitaria, responde a la necesidad de ampliar instrumentos para la divulgación de trabajos creativos, investigativos y reflexivos, entre otros temas de relevancia académica e intelectual. Esta publicación periódica aspira propiciar un pensamiento crítico y creativo en la comunidad universitaria. Responde a la continuidad del pensamiento y al espacio reflexivo que nos ofrece el conocimiento en sus posibilidades y alternativas infinitas. Política Editorial • Las colaboraciones deben ser originales e inéditas. • Se aceptarán trabajos de creación literaria, investigación académica, reseñas, críticas y otros textos. No se establece un mínimo de páginas para las colaboraciones de creación literaria y reseñas críticas. En los trabajos de investigación se recomienda un máximo de 30 páginas por cada artículo. • Las notas bibliográficas de los trabajos investigativos, deben obedecer al manual de estilo APA e incluirse al final de los trabajos. • Cada original deberá estar acompañado del nombre, dirección postal, correo electrónico y una breve reseña biográfica del autor. • Los trabajos se enviarán al correo electrónico emachuca@edpuniversity.edu • Los autores de los trabajos aceptados para publicación serán notificados a través de correo electrónico. • Las publicaciones no serán remuneradas económicamente, por ser una revista de una institución universitaria con fines no pecuniarios.

Junta Editora Junta Editora Dra. Marilyn Pastrana Muriel Dra. Rosa Alicea Dra. Sophía Reyes Prof. Dorisandra Estrada Lynette Nieves Rivera Editor Prof. Edgardo Machuca Torres

Diseño y Diagramación Prof. Linnette Cubano Fotos de Portada e Interiores

Colección de Fotos Periódico El Mundo Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras Archivo y Centro de Investigación Histórica Municipio Autónomo de Carolina


Sumario

Editorial 7

Amanecida Julia de Burgos 9

Un breve viaje por los surcos Julianos Lcda. Zulmarie Alverio Ramos 11

Acaso Julia de Burgos 16

Constancia así Yolanda Arroyo Pizarro 17 Número infinito Etnairis Ribera 19

Yo fui la más callada, grifa, mujer, boricua: una mirada a Julia de Burgos Yvonne Denis-Rosario 21 Campo 1 Julia de Burgos

33

En la cantina de la juventud (cuento) Julia de Burgos

34

El humor en la poesía de Julia de Burgos, una poética de la antítesis y del placer creativo Ángel M. Encarnación Rivera 36 Campo 2 Julia de Burgos

49

Ser o no ser es la divisa Julia de Burgos 51 Mi símbolo de rosas Julia de Burgos

53


A Julia de Burgos Elsa Tió

54

Asignación al centenario de Julia de Burgos Alexandra Pagán Vélez 56 Amado Julia de Burgos 58 Puerto Rico en el alma de un niño Julia de Burgos

60

Julita: tejedora de palabras Hidelisa Ríos-Maldonado

63

Un paisaje marino Julia de Burgos 67 Comentario: Un paisaje marino Roberto Ramos-Perea 75

Sumario

Entre Broadway y el East River Karen Sevilla 77 Julia de Burgos: escritora “hecha de presentes” vigencia y prospección de su obra literaria Grisselle Merced Hernández 78 Julia y Consuelo: binomio de amor María Consuelo Sáez Burgos 85 Fragmentos de Cartas de Julia de Burgos a su hermana Consuelo 88 El Diario de Julia de Burgos Margarita Maldonado Colón 90 Nuevas formas del siempre Elidio La Torre Lagares 94


Editorial ¡Julia, presente!

Es necesario celebrar la obra de Julia de Burgos, no solo porque durante el año 2014 se conmemoró el centenario de su nacimiento, sino porque su vida en sí misma posee características de vitalidad, de lucha y de amor a su tierra. La valentía, la constancia, el valor y la sensibilidad espiritual que caracterizaron su vida y obra, son una muestra de la elocuencia de su voz a través del tiempo. Ese es el hilo conductor que aúna las páginas del presente número de Academia, dedicado a Julia de Burgos. En su obra poética subyace un profundo sentido humanista, que devela el conocimiento y la entereza de vida que nuestra poeta reafirmó en la militancia de innumerables gestas de amor a su tierra. La presente edición presenta varios poemas y escritos en prosa, que forman parte de su prolífico legado literario. Algunos de ellos no muy frecuentes en la memoria del lector, pero comprenden una parte fundamental al momento de hablar de Julia. Complementan nuestra revista diversos estudios críticos realizados a su obra, un artículo acerca del epistolario entre Julia y su hermana Consuelo Burgos escrito por su sobrina María Consuelo Sáez Burgos y poemas que son homenaje a la eterna cantora del Río Grande de Loíza. Esta edición especial, miramos a Julia de Burgos desde una perspectiva de optimismo, de presentes y de diversidad literaria; para honrar la vida y acercarnos más “al cielo del espíritu” como lo dicen sus propios versos. ¡Espero disfruten este aplauso de letras para Julia! Edgardo Machuca Torres Editor Academia 7


Amanecida

Julia de Burgos

Soy una amanecida del amor… Raro que no me sigan centenares de pájaros picoteando canciones sobre mi sombra blanca. (Será que van cercando, en vigilia de nubes, la claridad inmensa donde avanza mi alma.) Raro que no me carguen pálidas margaritas por la ruta amorosa que han tomado mis alas. (Será que están llorando a su hermana más triste, que en silencio se ha ido a la hora del alba.) Raro que no me vista de novia la más leve de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia. (Será que entre los árboles va enseñando a mi amado los surcos inocentes por donde anduve, casta…) Raro que no me tire su emoción el rocío, en gotas donde asome risueña la mañana. (Será que por el surco de angustia del pasado, con agua generosa mis decepciones baña.) Soy una amanecida del amor… En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos, y muchos sueños blancos, y emociones aladas. Raro que no me entienda el hombre, conturbado por la mano sencilla que recogió mi alma. (Será que en él la noche se deshoja más lenta, o tal vez no comprenda la emoción depurada…)


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Un breve viaje por los surcos Julianos Lcda. Zulmarie Alverio Ramos1

En el año Juliano, como así se ha clasificado el 2014 en honor a la poeta Julia de Burgos, tenemos la oportunidad de redescubrir todo aquel material literario que ha surgido durante los pasados años y durante el corriente por motivo de su centenario. Este redescubrir, nos lleva por un discurso poético literario que transformó la crítica en líneas de poesía, que nos llevan de una realidad social marcada por la depresión, por una crisis en todos los niveles existenciales, personales y sociales hasta la visualización de la transformación de una sociedad meramente agrícola a una renaciente industrial. Nos transportamos a un imaginario colectivo de luchas de clases, de género y luchas internas por redefinir el yo interno del yo social prevaleciente. Esta manifestación lírica es lo que hoy prevalece como una máquina del tiempo que nos lleva por pasajes que recorren las primeras décadas del siglo XX hasta el presente. Julia Constancia Burgos García, transformó la palabra. Durante toda su vida, la pluma y el papel fue su mejor arma de resistencia y lucha social. Tenemos a una Julia de Burgos que nos lleva a través de todos sus poemas por el camino del autoconocimiento de su Yo como persona. Un yo que se desdobla entre el yo social y el yo interno. Entre el yo pasado y el yo presente, donde en la actualidad, aunque ella esté ausente físicamente, su esencia se hace muy viva en cada análisis literario que se realiza. Porque ciertamente, Julia de Burgos ha logrado influenciar de manera profunda el pensamiento de quienes hoy hacen de las letras, las palabras y el análisis crítico parte fundamental de su vida académica y cultural. Son muchas las biografías existentes relacionadas a Julia de Burgos. Biografías que tienen en común la recopilación de una trama trágica de una información mal interpretada, donde se dice que la vida de Julia de Burgos fue una tragedia humana, marcada por la rebeldía femenina, pasando por amores, desamores, viajes sin retorno, exilios voluntarios, y culminando en un ahogamiento en el alcohol que terminó con su vida. Y se dice mal interpretada, ya que la vida de Julia de Burgos fue una vida llena de surcos como dice su poemario Poema en veinte surcos (1938), los cuales la llevaron por caminos que nutrieron sus líneas poéticas donde se plasmaban las realidades sociales de nuestra Isla. Realidades que se componían de las luchas internas y externas en la política, la educación, la economía, luchas de clases, luchas de identidad nacional y las luchas de género que se desarrollaban en las primeras décadas del siglo XX. Julia de Burgos desde su perspectiva de mujer, nos presenta en cada poema concebido, una radiografía de su mundo interno marcado por una geografía física y social llena de fronteras y limitaciones sociales. Fronteras al cuerpo y fronteras al pensamiento, las cuales por medio de la palabra, nuestra Julia de Burgos transgrede 1 La autora es asesora legal en la Academia Judicial Puertorriqueña de la Rama Judicial de Puerto Rico. Lo escrito y expresado en este artículo solo responde al criterio y pensamiento de la autora. No representa una posición oficial de su empleador. Nada de lo dicho y expresado aquí representa o se relaciona con la visión o misión de la Academia Judicial Puertorriqueña ni de la Rama Judicial de Puerto Rico. Academia 11


lo socialmente válido y los conceptos preconcebidos y aceptados. Es así como con cada pincelada genésica de su pensamiento, nuestra poeta ata la palabra y la realidad interna con el imaginario social que plasma en sus líneas poéticas. La producción poética de Julia de Burgos se inicia a mediados de la década del treinta.2 Un inicio que estaba marcado por la construcción de proyectos sociales que forjaban acuerdos colectivos que explicaban el cuerpo social común o respondían a la represión y a la militarización de ese periodo histórico.3 Todos estos proyectos sociales reproducían en la literatura del momento un imaginario social que se dividía entre el estado de aislamiento del Insularismo de Antonio S. Pedreira y el estado sin fronteras casi globalizado que brinda el desbordamiento de palabras, símbolos y metáforas del Río Grande de Loíza de Julia de Burgos publicado en el 1937, cuando expresa: ¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron mis formas, en espiga de sol recién abierto? ¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo algún fauno en la playa me estará poseyendo! ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana me estaré derramando para abrir surcos nuevos; o si acaso, cansada de morder corazones, me estaré congelando en cristales de hielo! Como anteriormente expresamos, Julia de Burgos en sus poemas nos presenta varios conceptos relacionados a la identidad puertorriqueña, al nacionalismo, a las luchas sociales, a la lucha de género interno y social. Nos presenta una visión de grandeza que se construye en cada palabra que concadena en sus poemas y nos muestra la visión de lo que concibe dentro del concepto mujer como un todo elaborado por un yo externo e interno que está en lucha con todo lo anteriormente expresado. De igual forma, ya analizando bajo la visión del presente, podemos observar un yo que no tiene que ver específicamente con el género de la persona que escribe, un yo que no tiene que ver con la identidad social y sin embargo es un yo interno que tiene que ver con todo lo externo. Dualidad de comprensión en el escribir del yo que es tan evidente en la poesía de Julia de Burgos. La oratoria poética que nos brinda Julia de Burgos, nos lleva por surcos viejos y nuevos. Pasado, presente y futuro, todo en un mismo viaje. Surcos que nos transportan por un mundo e historia alternativa a la historia oficializada por el Estado dominante. Ciertamente, es por medio de las palabras que entrelazan el pensamiento juliano que se deconstruye el discurso del momento histórico que vivía Julia de Burgos. Hablar de surcos es hablar de movimientos. Así lo podemos ver cuando Julia expresa en Río Grande de Loíza:

2 Ivette López Jiménez (2001) “Julia de Burgos: la poética de la identidad en la década del treinta”. Revista Milenio, Vol. 5-6, 2001 – 2002. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón. 3 Ibíd, Nota 1. Pág. 141 12 Academia


¡Río Grande de Loíza!.. Mi manantial, mi río, desde que alzóme al mundo el pétalo materno; contigo se bajaron desde las rudas cuestas a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos; y mi niñez fue toda un poema en el río, y un río en el poema de mis primeros sueños. De igual forma, tenemos a una Julia que nos dice: ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana me estaré derramando para abrir surcos nuevos; o si acaso, cansada de morder corazones, me estaré congelando en cristales de hielo! Y no solo en el aspecto geográfico de una experiencia vivida tenemos un viaje por los surcos julianos sino también por la experiencia pasional y personal. Así lo vemos cuando leemos Noche de amor en tres cantos (1940): […] ¡Cómo suena en mi alma la clara vibración pasional de mi amado, que se abrió todo en surcos inmensos donde anduve mi amor, de su brazo! La ternura de todos los surcos se ha quedado enredada en mis pasos, y los dulces instantes vividos siguen, tenues, en mi alma soñando... Pero no solo el viaje se hace por los surcos expuestos por la misma Julia de Burgos cuando escribía en papel toda su experiencia personal, sino que el lector o la lectora actual al leer a Julia de Burgos, puede viajar por nuevos surcos que surgen de la experiencia sensorial al interpretar la palabra expuesta por la poeta. En su tiempo Julia expuso su visión de la sociedad en que vivía. Sus luchas estaban marcadas y alineadas dentro de su prosa. Hoy, ya conociendo la historia pasada, podemos apreciar a una Julia mujer, a una Julia luchadora y a una Julia pasional con su patria, con las luchas sociales y con su visión de lo que debía ser el mundo femenino. Se puede definir a una Julia que luchaba con los dictámenes sociales y lucha de género cuando leemos su poema A Julia de Burgos (1938): […] Tú eres fría muñeca de mentira social, y yo, viril destello de la humana verdad.

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Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no; que en todos mis poemas desnudo el corazón. Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo. Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer. Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no; yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy. […] Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, el modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social. En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo. La fuerza con la que Julia expresa “…Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo” es muestra de la lucha interna que ciertamente reflejaba la lucha social que imperaba en la época. Reflejo que aún en nuestros días destella y se hace eco de múltiples voces que siguen luchando por la equidad e igualdad de género. Luchas que intentan romper con los prejuicios y patrones sociales. Julia con su poesía cuestionaba su rol social. Cuestionaba su lugar como mujer en lo político, en lo económico y en lo emocional. Es así, como tenemos a una mujer que mirándola con los ojos de este presente, era una mujer fuera de su época. No estaba sumisa a los cánones sociales a la hora de escribir. Con su obra poética, sus discursos y su propia vida, Julia trazó surcos que retaban dichos cánones de ética social imperante. Como bien nos expresa Ivette López Jiménez, en su ensayo Julia de Burgos: la poética de la identidad en la década de los treinta: “En el conjunto de su obra su propuesta es la de la identidad al revés, pues no se trata de la mismidad sino del avatar, no se afirma el asentamiento sino la transitoriedad, no se trata del yo de su insustancialidad, no de la voz, sino del eco y del silencio.”4 En todo lo que hemos leído de Julia de Burgos podemos ver a una Julia que más que simple poeta, era una guerrera donde su voz se volvía letras, donde su exilio era lugar de encuentros y desencuentros con las realidades. Tenemos a una mujer encontrada y arraigada 4 Ibíd, Nota 1. pág. 142 14 Academia


a su tierra y nación. Lejos y no lejos al mismo tiempo. Ya que parte de su lucha era hacer visible la Isla que la vio nacer. En este breve ir y devenir dentro de los surcos julianos, no podemos olvidar que Julia nos enfrenta a cuestionamientos internos, a llamados del yo que ciertamente se ve afectado por las corrientes externas de lo socialmente permitido y aceptado. Lo que éticamente es aceptado por la sociedad debe ser cuestionado a consciencia por nuestro universo interno para poder vivir la libertad plena del pensamiento crítico y asertivo donde se pueda generar pensamientos colectivos de igualdad, de libertades y de amores propios. Con todo lo expresado solo resta decir: ¡Qué viva Julia!

Zulmarie Alverio Ramos es abogada y educadora de profesión. Ha escrito varios artículos relacionados al derecho puertorriqueño y la educación.  Cursó estudios en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, realizando un bachillerato en Comunicación Pública y una Maestría en Educación con concentración en Currículo y Enseñanza en Historia.  Donde presentó como requisito de grado la tesis titulada “En búsqueda de la maestra Celestina Cordero Molina dentro de la memoria social de Puerto Rico”.  Ha llevado la historia de Celestina fuera de Puerto Rico a estados como Texas y Nueva York.  Para el 2010 obtuvo su grado de Juris Doctor en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, donde se destacó como Editora en Jefe de la Revista Jurídica de Derecho Puertorriqueño. Como parte de su trabajo comunitario ofrece talleres y brinda conferencias, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos.  Actualmente es profesora universitaria y trabaja con las comunidades en el área sur de Puerto Rico de forma voluntaria. Se mantiene escribiendo e investigando temas relacionados al derecho y a la educación. Es madre de dos adolescentes.

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Acaso Acaso eres perfume del alma de una flor que se ha escapado en alas de un sueño misterioso a emborrachar mi vida de ilusión. Acaso eres reflejo de un alma tornasol que has visto desde el cielo su imagen hecha trinos en otra alma, roja de emoción. Acaso eres cadencia de un ritmo en floración, que loco de armonía se llega hasta mi vida con un vals de misterio, y una flor. ¿Quién eres peregrino? ¿Por qué te asomas tanto a un alma sensitiva que vive en flor de luz? ¿Por qué me ofreces, trémulo, tu espíritu hecho rimas para embriagar mi sueño y turbar mi quietud?

Julia de Burgos

¿Por qué te das en notas de música divina si aún yo soy para ti desconocido azul? Asómate de veras. Descúbrete, ilusión. Recoge tu armonía y cántame, sentido, una nueva canción.

De: Poemas exactos a mí misma (primer libro de Julia de Burgos)


Constancia así Yolanda Arroyo Pizarro Constancia así en certeza de espejo de saberme enlazada con tu nombre de saberte no sola y a mí más amigable en esta edad corta que te mira que ya sabe tu borrachera caídas tristonas tropiezos alegres el cantazo choque de esquina con la realidad porque extrañas a un hombre como extrañaré yo a una mujer cuando crezca no ahora; no bajo este cielo nublado a punto de nieve en el que ambas somos extranjeras y nos hemos encontrado

un callejón fétido soy Constancia una niña que persevera y ese empeño tuyo de sonreírme en un barrio que no te pertenece que no es de ti ni de mí que no habla como tú o como yo tenaces estuvimos de acuerdo en jugar o estuve de acuerdo yo porque tú ibas muy mareada debutante sobre el suelo algunos vómitos agrestes la violencia del buche masticado basurero de grosellas insolencia de aceras paredes añejadas en el miedo Academia 17


yo también ando escondida huyendo al padrastro dolerte aquí en este callejón protector de ojos bozales recolectando algodones qué te duele misi, dónde te hinca justo en medio de mi pueblo dormido jugamos al san serenín a la buena, buena vida hacen así, así los escritores así, así, así así me gusta a mí y dijiste ser poeta te regalé mi nombre: haga una poesía, misi con la palabra Constanza que así me llamo mi segundo nombre, comentaste así también te llamas tú porque el primero es Julia y trataste de ponerte en pie quitándote las colillas de cigarro de la cabeza intentaste doblar la pierna apoyarte balancear la caneca botella de cristal soberbio anestesiante de turcas desenamoradas ay ay ay —dijiste—que eres grifa y pura negra señalaste mis cabellos grifería en pelo 18 Academia

acariciaste mi boca cafrería en labios y tu chata nariz es nuestra qué te lastima misi, dónde te punza en el hombre, negra linda —susurraste me duele el hombre dolerte aquí justo en medio de tu abuelo esclavo justo en medio de los opresores vergüenza si hubiese sido amo ay, ay, ay

Yolanda Arroyo Pizarro (Puerto Rico, 1970). Acaba de obtener el Premio Nacional PEN Club 2013 por el libro de cuentos las Negras. Su libro Antes y después de suspirar recibió Mención de Honor por el ICP en el año 2012. Ha sido publicada en España, México, Argentina, Panamá, Guatemala, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Dinamarca, Hungría y Francia. Ha sido traducida al inglés, italiano, francés y húngaro. Ha participado de los congresos literarios y culturales Organization of Women Writers of África 2013 en Accra, Ghana (OWWA), FIL Guadalajara, Festival Vivamérica en Madrid y LIBER Barcelona, entre otros. Fue considerada en 2007 una de las escritoras más importantes de América Latina por el Bogotá 39 del Hay Festival en Colombia. Ha sido invitada como Conferenciante Magistral, escritora invitada de varias universidades de Estados Unidos y América Latina, y ofrece talleres de creación literaria en San juan, Puerto Rico.


Número infinito

Etnairis Ribera

¡Dadme mi número! No quiero que hasta el amor se me desprenda…  (Unido sueño que me sigue  como a mis pasos va la huella.)  ¡Dadme mi número, porque si no,  me moriré después de muerta!

Julia de Burgos, Dadme mi número, El mar y tú

¿Qué ola te sana, qué árbol en tu camino de manzanas nuevas? ¿Dónde has renacido en otra frecuencia, en silencio del bien o en otro sol? Vuelves fecunda en el salto cuántico, en alas del fénix. ¿En qué orilla de mar suenan las campanas ansiadas del sabio Amor? ¿Qué cielo de astros te rige, te nombra el canto de primavera? Fluye río que viaja sobre el planeta Tierra y besa la flor deseosa, anhelante en la mar. ¿Cuál es tu nombre en el viento que olvidó la envoltura de la pasada pena? Muerta pena que se perdió en el río, serena agua que tu celda abrió. ¡Ya fui la niña de lunas que sin miedo amaba una estrella, volaba a la luz sobre la marea, ya fui aquel hombre que quise ser! ¿Qué nombre de amapolas te inicia y opta por quien ame bajo la lluvia? Toma tu número infinito, libre espíritu de conciencia infinita. Que el sueño de la muerte no te siga, que vivas despierta como un buda. Toma tu número galáctico, ¡nada detiene ser eterna!

Etnairis Ribera nace en San Juan de Puerto Rico. Pertenece a la Generación Literaria del ’70. Obtuvo el Gran Premio de las Letras Alejandro Tapia y Rivera por Trayectoria de Creación Literaria de Excelencia, P.E.N. de Puerto Rico en 2008. Premiada por el Ateneo Puertorriqueño, entre otros. Su obra ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, francés, sueco y árabe. Ha publicado quince libros, entre ellos: A(MAR)ES, Ariadna del Agua, Los pájaros de la diosa, Return to the Sea, Memorias de un poema y su manzana, Intervenidos, El viaje de los besos ( PEN 2000). Es Catedrática de Literatura Hispánica de la Universidad de Puerto Rico, miembro de la Comisión Nacional Centenario Julia de Burgos y edita Amanecida, Antología Homenaje a Julia de Burgos (2014). Academia 19


Julia de Burgos con abanico en mano, 1941 20 Academia


Yo fui la más callada, grifa, mujer, boricua: una mirada a Julia de Burgos1

Yvonne Denis-Rosario La figura de Julia de Burgos ha estado marcada tanto por la excelencia que caracteriza su obra, como por la concepción de mujer sufrida por los sucesos de su vida personal. Su literatura, es una muy amplia, diversa, y con una vigencia que transciende las décadas. En esta ocasión, el acercamiento a la figura de Julia de Burgos con motivo del centenario de su natalicio será uno desde diferentes vertientes. Pretendo mostrar a una poeta íntima, mulata, combativa, plena y puertorriqueña. Ello, contrarrestando de inmediato, algunas miradas que aún prevalecen en nuestros albores y que están sustentadas por una mitificación que no la abandona. Julia de Burgos sigue siendo un mito por haber sido una feminista de vanguardia. Así lo expresó el poeta Luis Lloréns Torres ¨…la más ultramoderna y más de vanguardia¨.2 A pesar de su legado feminista, la imagen que resalta en nuestros libros escolares y que prevalece en ocasiones, más allá de su poesía, es la de una poetisa sufrida que presagió su muerte con el poema Dadme mi número3. Este poema siempre ha sido interpretado como un grito de auxilio de la poeta que sabía que tendría un final de abandono y olvido, a quien no le fue identificado debidamente su cuerpo al momento de su muerte. Ciertamente, sus versos podrían emular a ello, veamos: ¿Qué es lo que esperan? ¿No me llaman? ¿Me han olvidado entre las yerbas mis camaradas más sencillos, todos los muertos de la tierra? Esta estrofa puede tener muchas interpretaciones. Primeramente, podemos pensar que ciertamente ha tenido una ruptura con sus amigos y la han dejado a un lado. Por otra parte, podría ser un cuestionamiento a la soledad desde el exilio. Pero, ¿por qué no pensar que argumenta con el camarada que lucha por la independencia de su pueblo? A Julia se le iba también la vida por sus convicciones como se le fue a Don Pedro Albizu Campos en la lucha por la independencia de Puerto Rico. No obstante, se ha insistido por décadas que hablaba de su muerte terrenal. Tal vez pudo referirse a otras muertes. La obra de Julia de Burgos, tiene inmensos visos de intertextualidad como bien lo 1 Conferencia ofrecida en el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas durante el Ciclo de Pensamiento Social Caribeño Ser boricua – Dedicado a los centenarios de Lorenzo Homar y Julia de Burgos entre el 9 al 13 de junio de 2014. La Habana, Cuba. 2 Lloréns Torres, Luis. “Cinco poetisas de América” Obras Completas T. III – San Juan, ICP – 1964. (Págs. 96-102) 3 Todos los poemas fueron tomados de Obra poética de Julia de Burgos- Vol. I y II – Ediciones de La Discreta. Pág. 196 Academia 21


definiría Julia Kristeva, porque remite a un diálogo con su vivencia y con su fluir creativo poético. Debo plantear la existencia constante en la dualidad de su voz, las máscaras, la polifonía que emana de su poesía. Ello es lo que ubica a tantos, en esas corrientes de lo trágico vivencial que en alguna medida promueven el mito. La Dra. Ivette López Jiménez, lo expuso efectivamente en un Congreso Internacional sobre Julia que se realizó en el Ateneo Puertorriqueño en el 1992. La mitología de Julia y de la mujer poeta, la ubican desde la tragedia, el dolor, la pena y el alcohol. Julia es principalmente una mujer víctima excelsa del maltrato según algunos estudiosos. Me opongo a esa mirada literal y fácil, ya que en la obra de Julia de Burgos hay muchos elementos los cuales se deben evaluar más allá de la tragedia y el dolor. En cuanto a la mitificación de las figuras históricas, es importante observar que la dureza de los mitos afecta la formación de las sociedades. Aunque podría parecer romántico, no lo es. El mito crea identidades, que pueden lacerar la dignidad de la condición humana y, en el caso de la mujer, una visión diferente que se queda alojada intermitentemente en el pensamiento psico-social. Otra estudiosa de la poeta, María Solá en su texto “Julia de Burgos: mujer de humana lucha” da a la hablante lírica una voz desde la firmeza y su humanidad. Si Lloréns por su parte, la miraba ultramoderna: ¿por qué desde el análisis de la literatura los “postmodernos” la siguen viendo como una víctima? ¿Es que los poetas varones no sufrían? ¿Es que nosotros no tenemos nuestros pesares cotidianos y aún así podemos realizar nuestras labores sin que nuestras penas las trasciendan? No tenemos que ver el dolor con una mirada negativa, ya que del mismo podemos avanzar a través de nuestras experiencias y crecer como seres humanos. Un ejemplo de esto, nos lo da Juan “Juanito” Sáez Burgos, sobrino de Julia en su poemario Un hombre para el llanto4 donde escribió un hermoso poema, desde la voz del dolor: El hombre de dolor que hay en mi cuerpo sabe de una verdad sobre la tierra. La verdad de la lucha, de la fuerza. y este amor a la vida que le llena. El hombre de tristeza que en mí habita lucha contra el dolor constantemente. y del mucho sufrir le brotan fuerzas, como brota la sangre de la herida, ¡como brota la vida ante la muerte! ¿Podemos pensar que Julia parecía adelantarles a todos que sería olvidada después de su muerte? Todo lo contrario desde su muerte brotó vida. Aunque su trágico final dejó en el ideario colectivo a una doliente alcohólica tirada en las calles de Nueva York, que no tenía una identificación consigo y que murió sola, Julia plasmó su vida y sus ideales a través de los poemas que la acompañaron y nos acompañan hoy día. 4 Sáez Burgos, Juan. Un hombre para el llanto. 1969. San Juan, Edil. (Pág. 61) 22 Academia


Esa imagen en su centenario todavía genera creaciones equivocadas de la gran Julia. Ella fue en toda su plenitud una mujer invisibilizada como afrodescendiente y nacionalista sin lugar a dudas. Su muerte solo dejó demostrado algo muy simple, que era mortal. Sin embargo, sus poemas la señalan como una figura inmortal de la poesía puertorriqueña. Julia es nuestra mejor representación boricua y literaria. En mi estudio, no la percibo como una mujer débil. Mi lectura más allá de su poesía, representa fuerza. Escribir desde el dolor, del amor, de la vida, de la muerte no la hace víctima ni débil, sino humana. El yo efusivo de la poeta no implica debilidad. Es la riqueza de su lenguaje metafórico que nos ubica en imágenes que remiten a su identidad, a sus pasiones y a su lucha. Mi empatía por Julia comienza cuando apenas tenía 17 años y participé en un certamen poético en mi escuela pública en Carolina, pueblo de donde era Julia de Burgos, donde se le recuerda con respeto y admiración. Su poesía me resultaba un maravilloso juego metafórico con elementos muy afines, como el Río Grande de Loíza que nos unía. Pedro Mir en su hermoso poema Julia sin lágrimas, alude a esa comunión entre Carolina, su pueblo y Loíza. También coincidía con su constante inclinación en defensa de lo nacional. Más adelante hago referencia a esta singular área conocida por Loíza. Era un privilegio pretender escribir un poema en su honor, que modestamente, fue premiado. En aquel entonces yo era una de las más calladas de mi clase -como el poema de Julia, Yo fui la más callada… pero me atreví a escribir unos versos para Julia. En mi escuela se veneraba a Julia y se promovía el estudio y análisis del trabajo de la poeta desde la perspectiva de género, lo cual debe ser ejemplo para las demás escuelas públicas en Puerto Rico. Después de varios años retomo su legado desde otra corriente. Los organizadores de la Comisión del Centenario también me habían pedido leer un poema de Julia en una hermosa actividad en el Museo de Arte de Puerto Rico, en el que estarían participando compañeros de todas las artes por un período de veinticuatro horas. Leí Ay ay ay de la grifa negra5 un poema emblemático que me identifica con el mestizaje de la poeta. En Puerto Rico el término grifa tiene varias connotaciones. El lingüísta puertorriqueño Manuel Álvarez Nazario,6 denominaba al grifo como el correspondiente a griffe del inglés y al francés en las colonias americanas como griffado; en Haití griffone. Una vez se adapta la palabra al español, se refiere al hijo del mulato y negra o viceversa. Actualmente todavía en la jerga popular en Puerto Rico se identifica como grifo a una mujer u hombre de tez clara con pelo crespo, ensortijado o rizado. Con mayor fuerza discriminatoria se dice que el grifo es “un blanco con pelo malo”. Grifería se refiere a la textura del cabello. Julia lo decía:” “…grifería en mi pelo,…” , y como lo expresó en su poema A Julia de Burgos: Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no; a mi me riza el viento; a mi me pinta el sol….7 5 Vol. I. Pág. 71. 6 Álvarez Nazario, Manuel. El elemento afronegroide en el Español de Puerto Rico. San Juan, ICP 1974. Págs. 354355. 7 Poema A Julia de Burgos. Academia 23


Me parece que en Julia se ven esas características. Era una mulata blanconaza, como dicen aquí en Cuba. Sin dudas, parte de la diversidad racial que la distingue es por haber tenido un padre blanco de ojos claros y una madre que debió de ser negra mulata, pero que debido a nuestros prejuicios nunca se ha mostrado a esa mujer. Al menos yo nunca he visto una foto de su madre. Sería interesante conocer por qué, pues la poeta se enorgullecía de sus orígenes. En la total realidad boricua, para efectos nuestros Julia era mulata. Regresando al poema Ay ay ay de la grifa negra, este remite a esa grifería en su pelo y su mestizaje: Ay, ay, ay, que soy grifa y pura negra; grifería en mi pelo, cafrería en mis labios; y mi chata nariz mozambiquea.… En la siguiente estrofa desde una conciencia racial antiesclavista expresa: Dícenme que mi abuelo fue el esclavo por quien el amo dio treinta monedas. Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo, Es mi pena, es mi pena. si hubiese sido el amo, sería mi vergüenza; que en los hombres, igual que en las naciones, si el ser siervo es no tener derechos, el ser el amo es no tener conciencia.… Aquí contempla el mestizaje como un elemento más de nuestra antillanía sin menospreciar su negrura: Ay ay ay; que la raza se me fuga y hacia la raza blanca zumba y vuela a hundirse en su agua clara; o tal vez si la blanca se ensombrará en la negra. Ay ay ay, que mi negra raza huye y con la blanca corre a ser trigueña; ¡a ser la del futuro, fraternidad de América! En este poema es evidente su identificación con su raza y su reconocimiento a la misma. Habla libremente de las características que componen la fisonomía de los negros y mulatos, además de todos los elementos antillanos que se han ido sincretizando a través de las relaciones entre las comunidades caribeñas. “Grifería por el pelo”, “Cafrería en los labios” y la nariz chata ñata como dicen los cubanos, abierta o explayá como decimos en Puerto Rico…. Que mozambiquea, en referencia obvia a Mozambique, esa nación africana. El barrio en que nació en Santa Cruz, particularmente tiene una población muy alta de 24 Academia


gente negra y mulata. Santa Cruz queda en el pueblo de Carolina, el lugar donde yo me crié, conocido también como el pueblo de los cocolos. Porque somos afrodescendientes. Un área donde prolifera la música popular, sus creadores e intérpretes de la llamada salsa. Es decir que hoy día Julia sería una cocola. En otro de sus poemas donde evoca su etnicidad es sin duda Río Grande de Loíza8. Loíza es el pueblo de Puerto Rico con la mayor concentración de población negra de toda la isla. Río Grande de Loíza es un poema que enaltece esa ubicación fluvial en un pueblo olvidado, que resulta la máxima identificación racial de la poeta, que a su vez ubica a sus habitantes en un lugar privilegiado. En Loíza están los negros, y su mayor río que desemboca en el mar es Río de Grande de Loíza. Es más, a Loíza se le conoce también como Loíza Aldea en clara alusión despectiva a la ‘aldea’ donde vivían y viven los negros. Julia en Río Grande de Loíza personifica al río con un hombre. Para nosotros es un hombre negro, Loíza es negrura. Ese llanto grande del cual habla la poeta es el llanto por la abolición de la esclavitud, de un pueblo que fue esclavizado y también de un país que todavía está subyugado. Esas estrofas apuntan a ello: ¡Río Grande de Loíza!… Azul, Moreno. Rojo. …desnuda carne blanca que se te vuelve negra cada vez que la noche se te mete en el lecho… …Río hombre, pero hombre con pureza de río,… ¡Río Grande de Loíza!… Río grande. Llanto grande. El más grande de todos nuestros llantos isleños, si no fuera más grande el que de mí se sale por los ojos del alma para mi esclavo pueblo. Por otro lado, el poema A Julia de Burgos expresa elementos en los que las características de la raza negra son esbozadas por la poeta en cuanto a su cabello. No hemos querido reconocer abiertamente la negrura de nuestra poeta. Inclusive en Dadme mi numero, apunta nuevamente como propia la textura de su cabello cuando dice: “¿Quieren el féretro del viento agazapado entre mis greñas?” En otros de sus poemas surca la vertiente racial desde las imágenes de la pobreza y la marginalidad evidentemente mayor en poblaciones afrodescendientes. Más adelante lo comentaremos. Como hemos dicho antes, la obra de Julia ha sido objeto de muchos estudios, entre ellos los realizados por la poeta dominicana Chiqui Vicioso, la mencionada Dra. Ivette López Jiménez y recientemente en un abarcador estudio sobre el nacionalismo lo hace la colega Dra. Janine Santiago Santiago. Esta última quien ha hecho unos interesantes descubrimientos que saldrán próximamente publicados y que provienen de fuentes primarias es desconocido por muchos. Esta investigación le da una mirada diferente y refrescante a la vida y obra de Julia de Burgos. Así como el que realizara la Dra. Grissell Merced desde las cartas de Julia a su hermana Consuelo. Igualmente, la celebración del centenario de la poeta, es una provocación más a los investigadores, por lo que la búsqueda no termina. La diversidad de 8 Ibíd. Vol. I Pág. 55-56. Academia 25


su poética transciende a cien años de su natalicio y me atrevo a apostar que es tan estudiada como Hostos y Martí. Entre los documentos que revisé para escribir este ensayo, pude constatar el compromiso y reconocimiento de Julia con su afrodescendencia y su patria. El 10 de mayo de 1940, Julia fue invitada a un evento en la Ciudad de Nueva York, en el cual entre las invitadas especiales estaba Pura Belpré. Esto fue precisamente en los años en que la actividad política de la poeta tenía un gran auge. Esta invitación trae consigo un caudal de referencias que nos ubican en tiempo y espacio de la poetisa. La invitación del 1940 surgió ante mí, justo cuando pretendía ubicar a Julia desde su mestizaje, mulatez, negrura en nuestra contemporaneidad. Leo los detalles del programa y encuentro a Pura Belpré. Quien es otra mujer negra, de la cual escribí un cuento en mi primer libro Capá prieto. Belpré fue una boricua emigrante a los Estados Unidos que se convirtió en la primera mujer negra en trabajar en una biblioteca en Harlem, New York. Desafortunadamente en Puerto Rico no es conocida, pero ahora la sitúo junto a Julia de Burgos. Dos mulatas juntas solidarias con las letras, la poetisa al lado de la cuentista. Belpré se dedicó a leer cuentos tradicionales de oralidad en Puerto Rico a niños de padres puertorriqueños en la biblioteca pública de Harlem. Este documento refleja esa conciencia étnica de ambas, no porque una fuese de Cidra y otra de Carolina, Puerto Rico; sino porque el repertorio encauza a una mirada identitaria. Detrás de todo este evento debió estar el conocido promotor cultural Erasmo Vando, un puertorriqueño de Ponce. Quien era miembro de El Club Obrero Chileno que auspiciaba la actividad. Aquí veo aspectos evidentes que surgen desde sus integrantes, solidaridad al movimiento obrero, un claro reconocimiento de la situación colonial de Puerto Rico toda vez que Vando era un líder independentista que apoyaba eventos de índole político y sociocultural de la comunidad boricua en New York. Vando era poeta, escritor y uno de los miembros fundadores de la Asociación por la Independencia de Puerto Rico y un gran promotor cultural que dirigió el grupo Puerto Rico Literario y la Asociación de Escritores y Periodistas Puertorriqueños. En esta actividad debió estar Vando donde se reconoce la dimensión poética de Julia al nombrarla: “digna mensajera de la colonia puertorriqueña, gran poetisa y genial poetisa puertorriqueña”. El programa remite al respeto por la colonia puertorriqueña al iniciar con un preludio musical de La Borinqueña que debió ser la musicalización creada por Félix Astol Artés en el 1867 y luego un poema de Lola Rodríguez de Tío fungió como la letra de la tonada. Los primeros poemas que recita Julia son Nada9: Brindemos por la nada de tus sensuales labios que son ceros sensuales en tus azules besos; como todo lo azul… Poema al hijo que no llega No sé cuándo ni dónde pero sé que vendrás. 9 Ibíd. 26 Academia


Llegarás a mis brazos en un día solemne en que todo a mi lado se vestirá de luz. Agua, vida y tierra: Yo fui estallido fuerte de la selva y el río, y voz entre dos ecos, me levanté en las cuestas. El famoso Río Grande de Loíza: Apéate un instante del lomo de la tierra, y busca de mis ansias el íntimo secreto… El rival de mi río Él tiene en sus caricias el gesto de tu abrazo, y en sus palabras cuelgan rumores parecidos al lenguaje que llevas en tu boca de agua desde el más quieto charco al más agreste risco.

En la segunda parte del programa es que la poeta recita poemas que se acercan a su ideario social y racial como es el poema Ay ay ay de la grifa negra. El poema Desde el puente Martín Peña10, que es un lugar emblemático donde hasta hoy día conviven en casas de madera y zinc entre aguas negras y basura una gran cantidad de la población capitaleña . Siendo una de las poblaciones más pobres de Puerto Rico justo al lado de lo que se conoce como la Milla de Oro donde convergen las corporaciones más grandes del país. Desde el puente es una voz de auxilio: Un ejército de casas sobre el dolor se acurruca. donde recuesta su inercia la adormecida laguna. ¡Rómpase un millón de puños contra moral tan injusta! El poema Romance de La Perla11, un poema dedicado a la comunidad La Perla que vive a orillas del mar en el Viejo San Juan que es la zona colonial y de gran turismo en Puerto Rico, que ha sido grandemente marginada y criminalizada:

10 Ibíd. Vol. I Pág. 75-76 11 Ibíd. Vol. II Pág. 204-206 Academia 27


¡Perla! La perla tirada desde el tejado del risco, que bajo tu blanca pena exprime dolor de siglos. ¡Piedra que miras al cielo como arrabal desteñido! ¡El mar se lame la vida, y el sol se arropa de frío… en cada lecho de muerte vigila el sueño de un niño... El poema Ochenta mil12: Ochenta mil intereses a la vida le disparan con ochenta fusiles, ochenta mil negras balas, ochenta mil egoísmos que ochenta mil vidas matan. Finaliza con A Julia de Burgos13 un importante poema en el que la poeta se desdobla: Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga porque dicen que en verso doy al mundo tu yo. Mienten, Julia de Burgos. Mienten. El poema Los obreros de la universidad que menciona la invitación, no lo hallé, pero en sus cartas hace referencia a ello. Es otro trabajo que queda por hacer. Me parece que la poeta asume en sus versos lo que no solo la identifica con su condición socioeconómica, sino que también con los subordinados, los marginados y condenados de la tierra entre ellos los negros, al mulato y mestizo. Julia humaniza a cada uno a través de sus versos, contrarrestando el movimiento del positivismo científico que corría durante esa época. La Dra. Julia Cristina Ortiz Lugo, en su libro Saben más que las arañas14 apunta a que en la literatura el narrador, y añado, el poeta también, construye otro mundo con otros parámetros desde su legitimidad. Me parece escuchar esa voz de la poeta en plena concordancia con las realidades sociales del momento. Una poesía comprometida con su entorno. Acertadamente el escritor José Emilio González decía que a Julia “la apasionó también el irredentismo social y una inquietud ética por la justicia.» 12 Ibíd. Vol. I Pág. 84-86 13 Ibíd. Vol. I Pág. 51-54 14 Ortiz Lugo, Julia Cristina. Saben más que las arañas - Ensayos sobre narrativa afropuertorriqueña. (2004) Ponce. Casa Paoli. (Págs. 65-74) 28 Academia


Por otro lado, no puedo dejar a un lado la poesía política de Julia y su compromiso patrio. En varios periódicos Julia expone su postura política y hasta logra asumir la presidencia del Consejo Nacional de Las Hijas de la Libertad. Hasta lo que se conoce sobre sus aportaciones periodísticas, Julia escribió en El Día Estético e Ínsula para los años 1941 y en otras publicaciones como La Acción. Entre el 1943 a 1945 fue una de las reporteras y entrevistadoras de Pueblos Hispanos una circulación fundada y editada por otro de nuestros máximos poetas Juan Antonio Corretjer, a quien ella le dedica un poema en el primer aniversario de Pueblos Hispanos titulado Canción a los pueblos hispanos de América y del mundo. En sus intervenciones periodistas reafirma su pensamiento nacionalista. En algunas de estas publicaciones es que expresa su preocupación por la independencia de Puerto Rico, expresando argumentos como: “Nuestra acción se encaminará a la lucha por la restauración de la República de Puerto Rico, libre de toda imposición extraña; a la defensa y honorabilidad de la institución hogareña de la patria; a la infiltración en los hijos de ideales que conduzcan a la acción patriótica;…” Es justo desde la política que Julia se acerca a Cuba. Por alguna razón no se ha estudiado debidamente esa dimensión política en sus poemas. Dedicó muchísimos de ellos al movimiento en defensa de la independencia, no sólo a sus próceres sino que también a reseñar desde el verso los eventos que acontecían desde la colonia y fuera de ella. Recordemos que Julia de Burgos fue conocida como la Novia del Nacionalismo. Julia llegó a Cuba en 1940 y fue en la calle 27 de noviembre, antes conocida como la calle Jovellar #107 de La Habana donde vivió. Las razones por las cuales llegó eran personales, aunque este no es el aspecto que quiero resaltar, sino lo que provocó en ella la visita. Mientras estuvo en Cuba viajó a pueblos y ciudades : Santa Clara, Trinidad, Caibarien, Manzanillo, Sagua la Grande y Santiago de Cuba, entre otros. Se mezcló con su gente, y compartió con el dominicano cuentista Juan Bosch quien es uno de sus máximos biógrafos poéticos. Tuvo la oportunidad de conocer a Pablo Neruda. Es decir que su gesta como intelectual no cesa independientemente de sus asuntos personales que morbosamente se insiste en que sobresalgan más que su legado. La maravilla de su vida está en su obra poética. En Cuba escribió Presencia de amor en la Isla, con un evidente acercamiento a la belleza natural de esta isla país: Es allá cielo verde, como queriendo auparse hasta mis manos. Van detrás de los trinos saludando los pájaros, aquí mi corazón, cabalgando el paraje, dice “te amo” en el verde lenguaje de los bosques. Aquí escribió también: Es un algo de sombra, Poema para mi muerte y el detalle más importante, en Cuba Julia comenzó y terminó su poemario El mar y tú. Como afirma Edgar Martínez Masdeu el poemario es su testimonio de la experiencia en Cuba. Martínez Masdeu dice más y me parece importante señalar, que aunque no llega lograr en Cuba algunos de sus sueños personales, aquí produce probablemente uno de sus mejores libros. Es en Cuba que alcanza su madurez poética, independientemente de su vivencia personal un tanto negativa. Era una voz vociferante como en su poema político, Hora santa, donde señala la hora Academia 29


de la revolución a raíz de la muerte de dos nacionalistas en Puerto Rico, Hiram Rosado y Elías Beauchamp: Vuestros cuerpos, inertes, ya no vibran; se han ido para siempre, y descansan en connubio silente con la tierra que abierta, presenció la traición… dos almas valientes que han señalado la hora de la REVOLUCIÓN. Esta no me parece una mujer débil, todo lo contrario. Termino considerando la foto de Julia junto a el padre de nuestro nacionalismo puertorriqueño, Don Pedro Albizu Campos, de quien también escribí un cuento en el mencionado libro Capá prieto, se titula Barrotes olvidados durante su tiempo en prisión en la cárcel La Princesa. Don Pedro conoció a Julia y ella demostró su genuino interés por todo lo relacionado a la independencia de Puerto Rico, como expresan sus versos. Julia ingresó de muy joven en el Partido Nacionalista en la década de 1930. En la foto publicada por Juan Antonio Rodríguez Pagán en su libro La hora tricolor de la Editorial Cundiamor en el 1992 y que surge de lo que fue la portada en el periódico El Mundo el 20 de julio de 1936, corresponde a un grupo de damas que recibe a Albizu luego de salir del Edificio Federal donde se veía un juicio contra los nacionalistas. Allí estaba Julia junto al Maestro. Los poemas de Julia de Burgos remiten a una función política social y ello estaba presente en todos sus versos. Es inevitable como boricua conectarme a Julia sin que ello implique acercarnos a Albizu. Así como lo hizo ella con su poema Una canción a Albizu Campos15: A tu nombre, canción en la boca de un río, relámpago antillano, cabalgando la tierra, amapola de América dibujada en mil pétalos, universo rendido al alma borinqueña. Vemos su canto a José Martí16: …que despiertes del culto de los mártires, y vuelvas nuevamente a tu pelea; que despiertes de Cuba y te adelantes hacia tu isla menor, la Borinqueña. Hasta ahora, hemos analizado la compleja e inmensa obra de Julia desde múltiples perspectivas. Su literatura nos permite profundizar en la situación social, política, identitaria, colonial y literaria del pueblo puertorriqueño. El centenario de Julia de Burgos que pone en evidencia la vigencia de sus mensajes, nos deben llevar a pensar en dónde nos encontramos en este momento histórico. Tal vez, estamos en el mismo lugar donde Julia nos dejó. Por otra parte, hay que abandonar de una vez y por todas el rol de víctima que se le 15 Ibíd. Vol. II – Pág. 212-213 16 Ibíd Vol. II –Pág. 227-229 30 Academia


ha otorgado a Julia. Hay que reconocer a Julia, por su trabajo, no por su condición personal. Esta idea de una Julia débil y triste, solamente ha contribuido a que no se le de la justa perspectiva que se merece su trabajo. Cada escritor, es primero ser humano y no se resalta su vida por encima de su obra. Abandonemos esa Julia triste, rechazada, melancólica, desesperada y alcohólica que se ha recordado siempre. Julia fue y es una mujer poderosa. Su obra nos acerca a la patria, al amor, a la vida, a la muerte, a la independencia, a la raza, al ser mujer y parece susurrarnos aún que sobre todas las cosas somos boricuas y antillanos.

Bibliografía Actas del Congreso Internacional Julia de Burgos – 1993, San Juan: Ateneo Puertorriqueño. Invitación de Recital poético de la genial poetisa puertorriqueña Julia de Burgos en El Club Obrero Chileno (Comisión del Centenario de Julia de Burgos) generada el 2 de mayo de 2014. Jiménez Benítez, Adolfo E. Historia de la Literatura Puertorriqueña a través de sus revistas y periódicos (1806-2012) de Casa de los Poetas, San Juan. 2da Edición 2013 Martínez Masdeu, Edgar. Revista Mairena – Creación femenina “Julia de Burgos o el descenso a las tinieblas” Obra poética I Julia de Burgos. 2008. España: Ediciones de la Discreta. Obra poética II Julia de Burgos. 2009. España: Ediciones de la Discreta. Vicioso, Chiqui Julia de Burgos la nuestra Santo Domingo: Editora Alfa y Omega, 1990

Yvonne Denis-Rosario es poeta, narradora y profesora de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.   Entre otras obras publicadas es autora de la novela Bufé (Isla Negra, 2012) Premio Nacional por el Instituto de Literatura Puertorriqueña.  Así como del  libro Capá prieto (Isla Negra, 2009) galardonado en España con el V Premio Internacional de Periodismo y Literatura sobre Puerto Rico José Ramón Piñeiro León.  Presidió el PEN Club de Puerto Rico, Inc. durante los años 2012-2013 y pertenece al Comité Ejecutivo de Mujeres Escritoras del PEN Internacional, Inc.  Es miembro de la Junta del Instituto de Literatura Puertorriqueña nominada por el Gobernador y confirmada por el Senado de Puerto Rico. Ha recibido varios homenajes, entre ellos por su aportación a las Artes otorgado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y por la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico por su contundente trayectoria literaria.

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Campo 1

Julia de Burgos

¡Ese camino real abandonado! ¡Esa niña que va descalza tumbando mariposas! ¡Esa mañana amarga que se lava la cara en el arroyo! Campo… Jíbara atolondrada igual que la inocencia que te llena los párpados… Semilla taciturna que quieres no nacer en desvelada tierra de preguntas… Potro que ensillas manso un horizonte armado de llanto campesino… ¡La tradición está ardiendo en el campo! ¡La esperanza está ardiendo en el campo! ¡El hombre está ardiendo en el campo! Es la tierra que se abre, quemada de injusticias. No la apagan los ríos; no la apagan los charcos; ni el apetito de las nubes; ni el apetito de los pájaros. La brasa está en el pecho robusto de raíces, pecho de tierra adulta madura para el salto, y para que desemboquen en tus ojos las estrellas ignoradas, y para recibir a Dios en tus barrios, y para secarse las tormenteras del cuerpo entumecido, y para ponerle guardarraya a los amos. Tiene pasos de luz la tierra blanca. Tiene brazos de fe la tierra negra. Tiene pulmón de viento la tierra enrojecida. Hay mucho erguido desalojando cerros para la gran fogata, para el desquite de los surcos, para el sepulcro de la zafras. ¡Madura… recogerá la tierra su cosecha de hombres libertados! ¡La tiniebla hay que echarla del campo! ¡Con los riscos, si faltan los brazos! Academia 33


En la cantina de la juventud Cuento

Julia de Burgos

Comai Sica recuerda todavía el agua cristalina de la quebrada donde meses atrás se ganaba el sustento blanqueando la ropa de sus vecinos más desahogados económicamente, en un campito de Puerto Rico. Su alma tan cristalina como el recuerdo del agua que no pocas veces le nubla los ojos tristes y apagados. Más de treinta años lavando sobre las lajas, con la ayuda de su paleta, hacen de su estancia en Nueva York, un nudo de nostalgias que muchas veces le aprieta al paso y la deja como tonta en cualquier esquina del mercado de “Park Avenue”, donde día a día regatea las verduras y demás alimentos para la casa donde vive. Porque Comai Sica ya no tiene casa. Vive arrimada a un hijo, que hace muchos años salió de su lado en Puerto Rico para buscar fortuna en Nueva York. A la pobre vieja se le fue muriendo el perro, las gallinas poco a poco se le acabaron, la vaquita se le “ahorcó”, y la talita de legumbres y vegetales se le volvió un malezal por falta de manos que la cultivasen. Comai Sica, sintiéndose fuerte todavía, pensó que lo mejor sería echarse por el barrio a buscar más ropa para poder sostenerse y de vez en cuando llevarle un regalito a sus ahijados. Lavar, lavar mucho, buscar nuevos clientes, era su única salida. Y se tiró a su faena. Logró nuevos trabajos. La laja se hizo pequeña para tender la ropa enjabonada. Al pasto tuvo Comai Sica que parar con sus sábanas. A distancia, la quebrada parecía engalanada con un lazo blanco. Las pomarrosas encontraron alfombras para sus saltos. Comai Sica tuvo una semana de bo-

nanza. Pero ya la paleta la cansaba mucho. La vejez y el aumento de ropa acababan con ella. Recurrió a las “tusas” de maíz, pero éstas no eran tan efectivas como la paleta. Una

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mañana, algo pensó Comai Sica que la estremeció. Un pensamiento había herido su orgullo de lavandera. Había pensado en el casco de coco. Ella sabía que el casco de coco limpia, pero destruye la ropa. No se imaginaba traicionando así su prestigió lavanderil. Pero llegó un día en que Comai Sica echó el orgullo a un lado y se surtió de cascos. La ropa temblaba bajo sus impulsos. El resultado no tardó en verse. La ropa de los clientes fue menguando. Los mismos colonos que hacía años daban su ropa a Comai Sica se fueron retirando. La reacción de la mujer era dos veces trágica, pues se daba perfecta cuenta de las causas de su situación. Meditó volver a la paleta. Pero ya su orgullo estaba pisoteado. Escribió alarmada a su hijo que estaba cargado de hijos en Nueva York. Él respondió a su llamada, y a los pocos días ya tenía Comai Sica su pasaje separado para la tierra de promisión. Es una noche caliente y húmeda en Harlem. Los muchachos andan realengos por las calles perezosos. Rondan frente a las barras presenciando escenas no saludables para sus mentes y sus emociones. Hay un sitio que contrasta con la nota ambiental antes expuesta. Es la “Cantina de la Juventud” que inaugura sus actividades en un espacioso saloncito en la esquina suroeste de la Avenida Lexington y la calle 103. Una señora medio huraña sube las escaleritas del local acompañada de dos niñas de unos quince o dieciséis años. En la puerta la saludan simpáticas señoritas que conducen a las niñas por todo el salón, presentándoles otras jovencitas y jovencitos que entusiasmados bailan al compás de alegre música. Otra joven conduce a la señora a un asiento al lado de otras personas mayores que han venido a acompañar a sus hijos o familiares. Todos comentan sobre la obra constructora de esta Cantina, instituida por el “Consejo Coordinador del Precinto 23”’ y, encaminada a proporcionar un inspirador sitio de recreo a los jóvenes hispanos de catorce a diez y nueve años. Se enteran que La Cantina estará abierta los lunes, miércoles y viernes, de ocho a once de la noche y que la entrada es gratis. Todos los padres se miran unos a otros, y al igual que sus hijos que frente a ellos se divierten, entablan una cordial camaradería. La señora huraña poco a poco se va sintiendo en su casa. La mirada se le vuelve agua, mirando a sus dos niñas corretear el salón en dulce alegría. Una de ellas se le acerca y la besa en la frente. -“Abuelita”, le dice Ella sube su mirada siempre de agua ante la dulce palabra que nunca oyó decir en Puerto Rico, dirigida a ella. Allá era Comai Sica. Ahora es “Abuelita”, pero nunca olvidará su quebrada ni su paleta, ni sus riscos morenos.

Publicado en Pueblos Hispanos 5 de agosto de 1944, Vol. II, Núm. 78, p. 3.

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El humor en la poesía de Julia de Burgos, una poética de la antítesis y del placer creativo uba ulia en C

Ángel M. Encarnación Rivera

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El humor siempre es parte consustancial de la obra poética pues, de acuerdo a las más estrictas consideraciones teóricas, la poesía es un juego al que se someten emisor y receptor para recrear un mundo personal e individualizado cuyo lenguaje no responde a las reglas del lenguaje cotidiano, ni   a sus significados. En la poesía de Julia de Burgos hay un evidente juego con la disolución de la personalidad del hablante poético. Este juego lleva a un desdoblamiento del yo íntimo y del yo social, supuestas entidades contrarias que, paradójicamente, resultan ser una y la misma en la persona de la autora y la voz poética. Paralelo a esta doble dimensión antitética encontramos la constancia de una voz poética que se enfrenta, mediante un juego ingenioso y burlón, al autor; también constatamos la emergencia de una conciencia creadora en abierto reto. Las anteriores  ideas sobre la creatividad no son originales de Julia de Burgos, cobraron mayor destaque ante la controversia de las poéticas del absurdo, del creacionismo, del ultraísmo y del irracionalismo. Eran ideas que ya se estaban discutiendo desde finales  del siglo XIX y fueron el germen de las ideologías vanguardistas. En Julia parece que encontramos un poema en busca de autor, elemento del absurdo que ella muy bien, y muy originalmente, constituye en su poesía, y es hoy uno de sus elementos definidores. La conciencia del juego poético es evidente en este discurso. Constantemente se refiere a juegos al esconder, a juegos sociales, a trucos y engaños. Estos elementos le otorgan a su poesía las cualidades lúdicas que reclamaron, siguiendo la línea de las vanguardias del momento, los noístas y los atalayistas, en el ambiente local. “A Julia de Burgos” es el más conocido ejemplo del juego de la disolución de la personalidad, fruto directo de la retórica tan discutida sobre la voz poética, su necesaria diferenciación con el autor, con el emisor y con la voz artística, por las escuelas rusas y las llamadas 36 Academia


escuelas formalistas:           Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga            porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.                                                 (“A Julia de Burgos,” Poema en veinte surcos)   Además de una clara alusión a las teorías freudianas ya conocidas en su momento, estos versos reflejan que se ha digerido muy bien una de las controversias más  relevantes de aquellos tiempos en las escuelas estilísticas y en las teorías de la expresión poética. Podemos encontrar esta argumentación sobre el yo poético, el autor, el inconsciente creador, la función de la historia, la experiencia colectiva o la vida del escritor sobre su obra, en las disquisiciones de Nietzsche, Bergson, Croce, Paul Valery o Alexander Potebnya, entre muchos otros llamados formalistas. Para unos y otros es importante el instinto, el inconsciente, la subjetividad, la imagen, la conciencia creativa. En ciertos casos la poesía será concebida como elementos sonoros ajenos de significado e independientes de la injerencia del autor. El resultado de esta perspectiva ajena al significado fue ver la creación como un mundo de palabras que se bastaba a sí mismo, con identidad propia e independencia de la realidad, de la historia y de la biografía del autor. Para unos la independencia será total y la obra no tendrá por qué corresponder sus valores con los de la realidad. Los postulados que mejor representaron esta última teoría en nuestro suelo  serían los de la escuela, si esta se puede llamar escuela, del diepalismo. Nuestra autora recoge parte de aquellos debates (y recordemos que a tono con Johan Huisinga un debate es un juego). El dilema estaba en definir el origen de la poesía y su deuda con el yo autor luego de la creación del discurso.  Entre los que manifestaron alguna de aquellas corrientes se encontraban Mayakovsky, Apollinaire, Marinetti, Luis Lloréns Torres, Evaristo Rivera Chevremont, Luis Palés Matos, José I de Diego Padró, los noístas y los atalayistas. En la poética de Julia de Burgos triunfan las corrientes que ven el arte como un producto del psicologismo social y de las teorías de la lucha de clases:   Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos. La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz; porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más profundo abismo se tiende entre las dos.   Tú eres fría muñeca de mentira social, y yo, viril destello de la humana verdad.  Tú,  miel de cortesanas hipocresías; yo no; que en todos mis poemas desnudo el corazón   Tu eres como tu mundo: egoísta; yo no; que todo me lo juego a ser lo que soy yo.                                                                                     (“A Julia de Burgos”) Academia 37


Detrás del sentido, del significado, percibimos una burla a la conciencia artística, la mirada irónica y sarcástica de una autora que nos hace una trastada manifestando, como una travesura, las diferentes teorías literarias que explican lo que sucede durante la creación poética, con la presencia del autor, su historiografía, su manifiesta o escondida autoría en la obra, la diferencia entre creador y voz, en el poema. Llega concluir en el poema que la verdad epistemológica del autor, su realidad sicosocial y su ideología, no le permiten mentir. Entiende que en la realidad concreta se puede mentir, pero no en la obra literaria, porque la obra literaria, por su especial naturaleza, no permite escapar de la identidad propia, ni crear nuevas personalidades.            La Julia de Burgos personaje del poema, quien concuerda con la autora real, se ha convertido en el símbolo de lo anacrónico, de lo injusto, de lo sumiso, de los prejuicios. El juego con la disolución de la personalidad es genial. El lector cae seducido ante la ingeniosidad de la trampa poética, de las maquinaciones de la autora.             Este juego es continuo y constante en toda su obra. Hay  una serie de imágenes que así lo plasman. En estas se manifiesta la voz del poema en una lucha tenaz con la realidad en la que se recoge la vida, se va perdiendo átomo por átomo, es peregrina de sí  misma. Para hacer manifiesta esta circunstancia reconstruye frases lúdicas que refuerzan esta idea como nada entre nada y nada, cero entre cero y cero; la voz alega volverse llanto, riachuelo, canciones, angustia… Son imágenes muy ingeniosas y “retardantes” (ideas de los formalistas como Prop y Tinianov), por su alto contenido semántico ya que nos sacuden y nos detienen sobre sus posibilidades significativas, retardando el flujo del discurso para que nos recreemos en su juego, nos deslumbremos con el ingenio creativo y la gama de alusiones, paronomasias, reconstrucciones, antítesis y sinécdoques con las que nos somete a su juego. Su juego es continuo. Se le pierden,  alega,  de forma antitética, y para sorpresa del lector, los versos que dejaban escapar el pensamiento; las emociones. El resultado es una mutilación de los elementos verosímiles y conectivos con la realidad. El mundo real resulta más ficticio que el de la poesía, ámbito en el que ella señoreará  con grandeza imperial y facultad para reírse y burlarse, sin misericordia, de los otros, de los de afuera:   Un místico y suave adiós al ensueño que engaña la mente y teje la nada. Un grave y piadoso adiós al imbécil que vive tan solo de sol, aire y agua. Un fuerte y cortante adiós al cobarde que vive sumiso a credos y trabas.                         (“Cortando distancias,” Poema en veinte surcos)               Pudo pensarse que en esta poesía había deseos de escape, de huir de la realidad, de su condición de mujer. Dentro de este mundo no puede existir el escape, su juego le da la posibilidad  de apartarse del mundo real para remontarse a etapas superiores en el desarrollo humano, para recrear futuros idealismos. Mientras tanto, en su mundo del arte, se da la libertad de proferir vejámenes, imprecaciones e insultos a todos aquellos que ella oportunamente llama Julia de Burgos. Con este recurso, que no es si no una técnica lúdica, se permite 38 Academia


libertades expresivas, bromas y ataques a los convencionalismos, a las instituciones sociales. Ella, la autora, está muy dentro del mundo, y está condenando ese orbe que rechaza y quiere reconstruir en su arte. “Pentacromía,” también de Poema en veinte surcos, es otro ejemplo de la anterior técnica. Es un poema de crítica social, sólo que aprovecha para condenar  los convencionalismos disfrazando  el verso de juego frívolo al hablar de una mujer que desea convertirse en hombre para retar todo, cambiar la sociedad. El credo, la moral, los valores sociopolíticos, la economía, son representativos del orden socioeconómico. Por eso se atacan despiadadamente, quedan burlonamente desacralizados. La disolución de la personalidad del autor es el juego base de su ataque:   Hoy, quiero ser hombre. Sería un obrero, picando la caña, sudando el jornal; a brazos arriba, los puños en alto, quitándole al mundo mi parte de pan.   Hoy quiero ser hombre. Subir por las tapias, burlar los conventos, ser todo un Don Juan; raptar a Sor Carmen y a Sor Josefina, rendirlas, y a Julia de Burgos violar.   En el fondo, insistimos, todo se trata de un juego para llevar el delato a niveles artísticos y poéticamente genuinos. Es un deseo de probar que la obra poética es mucho más  que la identificación del autor, su biografismo.  A la misma vez trata de no serlo, y afirma también que lo es. Nada de lo anterior contradice la conciencia de género y de clase que asume en estos poemas, Julia sabe el papel que ocupa la mujer en la sociedad. Este apartarse le permite expresar consideraciones múltiples y plurisignificativas. Su nivel de conciencia ética es tal que se proyecta al futuro. El ridiculizar la realidad que vive, defendida por los imbéciles que tan solo viven de sol (del qué dirán, de lo que ven a simple vista, de lo obvio) recibe una gratificación invalorable al proyectarse a un futuro de mayores oportunidades igualitarias. Por eso en “Ay ay ay de la grifa negra,” (de Poema en veinte surcos) confiesa su mala suerte de ser pobre, negra y mujer, descendiente de esclavos. Es un pasado muy triste, doloroso al extremo. Puede lamentarse del trato que estos seres reciben de la sociedad, de ese pasado, pero no puede sentir vergüenza, vergüenza debería sentir al descendiente del amo. Realiza, así, una burla, gratificante, contra el sistema. Los que aparentan tener la razón, la verdad, la hidalguía, que son los que gobiernan y establecen los códigos de moral en su momento, no la tienen. La fe en la dignidad humana, en las escalas futuras de dignidad, le permite asumir esta postura. Pese al dolor del presente, su proyección al futuro la hace proferir sarcasmos y burlas ante tal dolor. Como juego superior, la poesía asume el futuro, no el presente. La disolución de la personalidad es necesaria para que el ser humano descubra  grandes verdades y pase por procesos similares a los de ella. Mediante este juego sigue demostrando otros valores, sigue conduciendo a los receptores, maquiavélicamente (como en una Academia 39


conspiración previamente planificada) a un centro de espejos en el que la imagen menos dolorosa para desacreditar es la propia.  Sin embargo nos está diciendo que la vida lleva a los seres a desconocer la verdad, a posponer prioridades, a cierto juego de sustituciones. Esta falsedad social es la que ella llama juego, una conducta ficticia que nos hace fingir circunstancias, asumir posturas falsas o equivocadas:             Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:             un intento de vida;             un juego al escondite con mi ser.                                              (“Yo misma fui mi ruta,” Poema en veinte surcos)   Más allá del auto-juego, de esa disolución de la personalidad que se condena, nos presta su nombre para que su obra se convierta en un espejo en el que todos nos reflejemos. Esta técnica aminora la condena social, aun cuando es un ataque, por parecernos indirecto, no es tan cáustica la situación, para el receptor. El impacto de esta  imprecación se disuelve porque se aleja de nuestra entidad al auto-penalizarse, al prestarse a ejemplo. Ella y sólo ella parece ser la víctima del engaño, cuando sabemos que no es así, que toda la sociedad es parte de esta conducta de forzar a las mujeres, principalmente, a comportarse de cierto modo complaciente y pasivo. Al presenciar la victimización de esta mujer hablante del poema, el ser humano (receptor) se puede identificar con unos y otros, los despersonalizados, los sin historia, los sin porvenir. También habrá aquellos receptores que comulgarán con su delato,  son los que pueden identificarse con la voz acusadora de la anécdota, los que reconocen los males sociales condenados. La victimización es un mecanismo para hacernos partícipes, nos incluirnos en su obra, como otros personajes, de forma indirecta. El humor de Julia es uno grave; es irónico y con fatales consecuencias, pero no deja de ser humor, esto es, situarse en un estadio de valores superior para hacer prevalecer los postulados éticos  requeridos para entender la libertad del ser, la igualdad. El humor es un acto del juicio, de acuerdo con Alfred Stern, (Filosofía de la risa y el llanto), es un acto emotivo, un juicio de valores que plantea una degradación. En todo momento Julia de Burgos se nos presenta con una sonrisa irónica, con una construcción lingüística que comunica significados múltiples y diversos para burlar los valores que cree negativos. Se degrada, se proclama superior al despersonalizarse, al jugar con sus lectores. Es significativo que en todo momento sentimos cierto tono de chiste, de broma, mayormente agria, en esta poesía. Los contactos entre el chiste y la poesía son enormes. Esta familiaridad ha sido estudiada por Carlos Bousoño en su Teoría de la expresión poética, por lo que no creemos necesario remitirnos a ella. Cuando vemos los comentarios de Freud en su estudio El chiste y su relación con lo inconsciente, comprobamos la estrecha parentela que estos discursos conservan. Para Freud el chiste se servía de desviaciones del pensamiento normal, del desplazamiento y del contrasentido como medios técnicos. A las sustituciones las llamaba representaciones antinómicas, algo similar, en esencia, a lo que se hace en  la poesía con símiles, metáforas, personificaciones o alegorías.   Encontramos que el presente recurso que denominamos  despersonificaciones o desviaciones de personalidad por la aparente intromisión del yo en el discurso se identifica con un recurso antinómico que Freud 40 Academia


relacionó con lo inconsciente. Siempre es bueno tener en mente que la finalidad de la poesía no es el humor, la risa, si no el disfrute estético de las diversas manifestaciones del  ingenio mediante la palabra artística. Citamos  a Freud para recalcar que las técnicas del discurso de Julia de Burgos, y de todo poeta, son recursos similares a los del chiste. Los recursos que Freud detalló son todos recursos de la poética y similares a los que trabaja la retórica. Para el vienés otro recurso del humor era la representación por medio de lo análogo, factor crucial del símil. También estaba lo que llamaba omisión, esto es una analogía en la que no se presentaba sustituto, lo que puede muy bien entenderse como la base de la metáfora. El mundo de sustituciones de Julia de Burgos responde a todo un absurdo de quimeras, entidades mitológicas y monstruos pesadillescos, irracionales, fantasmagóricos, como cuadros de Van Gogh, o de Picasso; como imágenes de García Lorca o de Vallejo. Son ambientaciones en las que los ojos salenvolando, la brisa y el viento agreden, el silencio aplasta, el corazón sale alargado hasta el cielo… El impacto de esta nueva realidad es alucinante, el lector se recrea, queda poseído por el ritmo de sus imágenes, las que lo someten a la búsqueda de significados mediante asociaciones, agarres o asideros con la realidad concreta que conoce. Ante este mundo alucinante en el que lo mismo cuelgan racimos junto a canciones y sueños, o un río puede convertirse en fauno, la voz del poema se detiene a imprecar al lector, a insistir en su juego de confundir más cuando intenta esclarecer. Fustiga a los que no la entienden Casi siempre se manifiesta siguiendo estos procedimientos o trucos semántico-literarios, para lograr su propósito de convertirnos en sus aliados o sus fieles seguidores, como hemos visto, de forma indirecta. En otras ocasiones lo logra de forma directa, sin el truco de la despersonificación, pero dirigiéndose a los que no comparten sus valores  con ese de humor irónico que la caracteriza. Aparenta decirlo todo; que ya no es casta, pero que lo fue; que no tiene reposo; que sólo sueña con entregas; que calla las ideas; que es clara como una sombra blanca; que vive de los instantes ya vividos… Y aunque no dice tanto como reclama, nosotros creemos que todo está dicho. Fuera del mundo de valores y significados sociales que ya conocemos, su andamiaje técnico es todo un juego aristotélico, premeditado, lleno de contradicciones, que es lo que destacamos como parte esencial de su humor. Son contradicciones que consisten en decir verdades a medias mediante una estructura de espejo porque crea verdades reflejadas en otras verdades. Para tener una idea clara de esta técnica, pensemos solamente en la voz del poema, en quién habla en sus versos, quién miente, quién es Julia de Burgos, quién es ese tú al que se refiere la voz del poema.             Ahí se crea la tensión de ser y no ser, de encontrarnos frente a un mundo que quiere informar sobre el mundo idealizado.  Partiendo del mundo real quiere transformar lo concreto para guiarnos a su cosmovisión de una estructura social nueva. El motor principal de esta transformación es la víctima mujer, la que mediante artimañas de poder hicieron creer supuestos, la que de igual forma complació, la que se dejó llevar. Habla con auto burla, riéndose de sí misma (aunque en el espejo estemos nosotros), como si nos confesara que ese amor que busca, jamás ha existido, que esta insistencia es un desatino de un ser falaz, torpemente engañado y cursi que se puede llamar Julia de Burgos, y que nosotros sabemos puede ser Academia 41


cualquier mujer, cualquier ser.            La insistencia de esta búsqueda de mundos ideales es parte de su propia angustia, de su propio desengaño. Este desengaño auto irónico, en el que se sitúa  como blanco de sus ataques hace caer al lector en una trama premeditada al darle participación de  sus juegos de nombres, de sus falsas confesiones por ser medias verdades. Estas que llamamos falsas confesiones,  sin interés de menospreciar su vida personal, resultan un paradigma de falsas verdades porque constituyen el código de la palabra creativa, uno que no es calco del mundo real, sino que se produce por medio de omisiones, sustituciones y  analogías en una atmósfera  irracional, absurda, fantasmagórica. Son falsas pistas, por lo tanto, las que, como lo hace César Vallejo, despistan más  mientras más patentizan su presencia en la escritura; porque estando presente, evocándose, desaparece, se vuelve una entelequia. No hay mejor descripción para el juego del arte de la palabra.             Al final de todos estos códigos queda la antítesis de la incapacidad lingüística: “yo fui la más callada de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.” En sus versos no es la callada, es un flujo directo y complicado que dice todo lo esencial, pero concretamente no dice nada, sólo sugiere. Sugiere estados de ánimo mediante analogías productos del humor irónico y mordaz que la descarna, condiciones, circunstancias imprecisas. El amado es un fantasma desprovisto de nombre, de cuerpo y de presencia concreta. Es una sombra.             El amado es fantasmagórico, aun cuando se describa como un conductor de multitudes en unas playas largas, amarillas de histeria, al que siguen muchas caras ocultas de ambición. Podrá decir que tiene una pena dormida hace un siglo o que el corazón rueda y la emoción, estalla. Nunca estará confesando hechos concretos ni dando testimonios en el sentido estricto de la palabra. Da la impresión de que son parte de la verdad lingüística que se ha construido para ocultar los testimonios que los imbéciles  esperan conocer. Son evocaciones de estados de ánimo, pura poesía.             Sus aparentes confesiones, son pistas para despistar, antítesis que forma la gran tensión de su poética, su norma, su técnica constante. Por eso declara que no hay razón para estar triste, que ha tenido el universo entre sus manos:                           Nada turba mi ser, pero estoy triste.                         Algo lento de sombra me golpea,                         aunque casi detrás de esta agonía,                         he tenido en mi mano las estrellas.                                                                         (“Canción amarga,” El mar y tú)               Lo lógico sería no estar triste si no hay aquello que turbe al ser; pero esa es la paradoja de su existencia, la explicación de su orbe poético. La creación artística es su felicidad, ahí es dueña y señora; ahí puede decir lo que se le antoje, a la manera que se le antoje.  Sus verdades son universales y únicas, propias del mundo creativo, insiste:                          Debe ser la caricia de lo inútil,                        la tristeza sin fin de ser poeta,                        de cantar y cantar sin que se rompa 42 Academia


la tragedia sin par de la existencia.             La existencia es más dolorosa que el amor. El poeta para ella es el vidente, aquel que ve las verdades que el ente común y corriente no puede ver, por eso no puede ser feliz, aunque se lo proponga. Ese es su secreto; el amor es parte ínfima de toda la amargura que da conocer la verdad de la vida. ¿Hasta dónde ello contradice la crítica que se ha hecho sobre su poesía?             Buscar explicaciones a este mundo fuera de su propio universo verbal es falsear. Lo único cierto es que el amor para ella no puede darse en un mundo sin talento, sin aprecio al arte, sin reconocerse la libertad del ser. Lo demás son testimonios sobre estados de ánimo que todo ser humano experimenta. Por eso su voz es la experiencia de todo su pueblo, de su momento. Por eso su palabra encuentra eco en nosotros, por ser expresión universal de nuestras inquietudes, nuestros deseos, nuestros fracasos, nuestro deseo de reivindicación.              Hay una voz siempre presente en sus versos advirtiendo lo anterior, en medio de ese juego de fatales consecuencias, que la vida es la vida, que tan pronto alguna realidad entra a la poesía se transforma en otra entidad. Entonces  dejamos de ser lo que somos o somos lo que en realidad hemos sido sin serlo. Lo anterior no niega lo que dijera María M. Solá,  que en su poesía hay una gran búsqueda de dignidad, un deseo de dignificarse mediante el arte. No importa que haya jugado el juego de ser como los hombres -¿querrá decir la humanidad entera?- quisieron que ella fuera y terminara siendo lo que más se ajustó a sus propios deseos. El arte era el único juego al que ella se prestaba; el juego religioso, el político, el social, el económico, no reflejaron para ella conciencia ética alguna. Renunció a ellos burlándolos, y fue feliz en su obra.             Con raras excepciones, la poesía de Julia de Burgos deja una sensación de frescura, de ingeniosidad, de superación (aun ante la muerte), de juvenil asombro, de aliento adolescente. Es un hechizo que nos enamora con juegos de palabras, transformaciones e invenciones muy similares a los de la sicología infantil.             Como sabemos, la poesía para la autora es un juego en el que su orbe  poético se transforma en palomas, margaritas, nubes, colores, canciones, caballitos, carreras, juegos… La palabra juego aparece citada directamente en múltiples ocasiones e indirectamente en sus repeticiones, reconstrucciones, anáforas y en sus construcciones tipo acertijo. Utiliza los recursos de las canciones y los juegos infantiles del salón de clase, de los recreos y de las nanas. Estos recursos la hacen original, atractiva, ingeniosa, mágica, juvenil, permanentemente renovadora.             Uno de los más atractivos de sus recursos es el del acertijo, el de la adivinanza, técnica para motivar la imaginación y el interés, en especial de los niños de etapas elementales. Así parecen recrearse muchos de sus versos, los que, dando a entender, más que aseverando, con su falta de precisión, recrean el juego infantil de la adivinanza, ofreciendo las  claves  escolares e infantiles del sol, las fuentes, las aves, la flora:                         Casi alba,                         como decir arroyo entre la fuente,                         como decir estrella,                         como decir paloma en cielo de alas. Academia 43


(“Casi alba”, El mar y tú)             Y en estas reconstrucciones sobresalen los diminutivos (palomitas, vocecitas…) juegos de luces, alas, risas. Por estos lugares imprecisos, indefinibles, también se pasea la muerte, la sombra, la soledad. El descifrar se torna una búsqueda ciega (“Algo esconde paisajes,” “Algo flota” (“Es un algo de sombra”,El mar y tú). Hasta en su sed infinita, en sus temores, en sus ansiedades mayores, busca el mundo mítico de la infancia, de la castidad. Sólo ahí hay sonrisas.             Ante la ribera de la muerte, como en los juegos babilónicos, medievales y celtas, como ante la esfinge, su poesía se detiene a jugar el juego del puente y el acertijo, a jugar al esconder con la muerte:                         ¿Seré yo el puente errante entre el sueño y la muerte?                         ¡Presente!                         ¿De qué lado del mundo me llaman, de qué frente?                         (…)                         ¡Presente!                                                 (“Entre mi voz y el tiempo,” El mar…)               Los cuentos infantiles son las técnicas más cautivantes de la pedagogía; la maestra poeta, la madre, aparece en su poesía.  A cada momento surge esta voz entrenada para cautivar a sus alumnos con un juego del ingenio: Había una vez una estrella que se murió de puro miedo, las golondrinas la encontraron, las margaritas la entreabrieron, y fue una fiesta en el rocío, cuando ascendió cantando un verso todos los ríos la besaron, todas las albas la siguieron…                         (“Poema de la estrella reintegrada,” El mar…)   Para la infancia de la autora la peregrina era uno de los juegos favoritos de las niñas. Era uno en que se saltaba, se daba vueltas, se producía un agotamiento en el que se podía tantear y comenzar a deformar la realidad por tanto esfuerzo físico y regocijo. Estos son los recursos de “Íntima,” (Poema en veinte surcos). En tal poema un personaje, en el papel de peregrina, se llena de sobresaltos, se pierde, resbala, se prolonga, errante, cabalga, se pone de espaldas. El río, el mar, el viento, siempre le esconden o le quitan algo, se lo ocultan para luego proveerle datos o pistas. En sus pérdidas empieza a buscar, a tantear con la misma estructura del juego del frío, frío, a nombrar. Cuando halla la respuesta la nombra con la emoción del hallazgo espontáneo. Otra estructura similar a cierto juego infantil es la del mandato demiúrgico, o de varita mágica, como el Hada Madrina. Sus posibilidades son enormes al 44 Academia


crear: palomas, inquietudes diferentes a las habidas, calles en las que los hombres “se saben pequeños,” astas, veleros, aguas, siervos, flores, caballos. Muchos de estos escenarios están a la distancia y se comienza a dar órdenes, a solicitar objetos, cambios, canciones; a cambiar normas; a lanzar gritos, a correr las distancias, a definir y redefinir lo que aparece a la distancia, a encontrarse a sí misma después de dar la vuelta por un círculo de pisadas, montañas, paisajes. En “Transmutación,” (Canción de la verdad sencilla) hay un juego con el eco que repite un nombre de montaña a montaña y rueda con el amor al infinito. Hay que decir la palabra mágica, la que inventa, la que crea espacios sorprendentes de mariposas, sueños, abismos, rastros… Los espacios favoritos para escapar o soñar son los mundos de la infancia, de la adolescencia, de la castidad. Ahí, muchas veces, y puede que sólo ahí, es donde se encuentran risas. El disfrute, físico o no, casi no se puede dar si no hay una pasión infantil, como “olas infantes” de ‘Velas sobre un recuerdo,” (El mar…) En el amor siempre se es casta, infantil y sonriente. El amor es la castidad perenne.  Se ama si es niño, tierno, sencillo. Nos convertimos en la niña Almarina juguetona y casta, “con el amor pequeño, descuidado y ausente/ con que amaste mis juegos infantiles y tiernos.” (“Ruta de sangre al viento,” El mar…) Consciente de que esta poesía mantiene el atractivo del misterio, insiste en decir verdades (dentro del discurso poético, no de la realidad) a medias, usando acertijos, secretos y velos. Recuerda a sus receptores todo el tiempo, que prefiere ocultar, para lo que utiliza imprecisiones, circunstancias adverbiales de posibilidad, cuadros generales de espacios irracionales, canciones. Para sus nombres usa alegorías, panoramas fantasmagóricos y alarga las frases nominales, las adjetivas y las adverbiales, las altera y las recrea o reconstruye: calles húmedas, muertos turbados, tronchadas margaritas, aves náufragas,larga de sombra, donde arde la tiniebla, ecos. Hemos notado que estas experiencias se dan en medio de carreras, saltos, ímpetus, escaladas, subidas, vueltas, galopes. Cada una de estas acciones se parangona a algún juego de la infancia, a la etapa de la escolaridad o de la niñez. Estos esfuerzos físicos e imaginativos conllevan alguna complacencia, algún disfrute porque surten un descubrimiento, o son el resultado de una petición, de un reclamo (alárgate, sube, calla, dime, recuerda, busca…) No deja de haber carreras, saltos ímpetus, subidas, escaladas. El agua se enrosca, se trepa. Lo que se recuerda del amado es su salto impetuoso por el espíritu; se estira el sueño, el silencio camina, el corazón sube, la vida cabalga. Estos derroches físicos traen un delirio posterior haciendo que las cosas se vuelvan chispeantes, fuego, luces, o, su contrario, “sueños locos de sombras que apagaron las auroras de sus párpados.”  Parece que las decepciones son producto de ese agotamiento físico, de dichos saltos e ímpetus. Por eso al no haber más esperanzas se cae el sueño. Tanto el sueño, como el recuerdo, está ligado a trucos, esfuerzos y caídas para no delatar, para esconder. Con el sueño se crea el futuro; se canta mientras se sueña y se adormece cantando. Mientras más emotividad encontramos más creatividad sobresale. Puede que se nos haga soñar despiertos con etapas idílicas que se van describiendo, con la fuerza más pura y más juvenil, entre elementos de la naturaleza a los que se les grita comandos (que se lancen, que bajen, que se detengan, que digan, que busquen, que adivinen. Nada de este sentido del juego y del humor se podría apreciar ni valorar, si no fuera Academia 45


por los manejos lúdicos de la palabra. Es un manejo altamente reconocible y muy propio, a pesar de los evidentes vínculos que antes señalamos. Adjetiviza, adverbializa, verbaliza, reconstruye, usa paronomasias, repeticiones de todas clases, ironiza y burla. Del mismo modo personifica, objetiviza y desmaterializa con colores, sonidos, voces, silencios; llegando frecuentemente a la ironía y a la contradicción sarcástica. Sabe repetir el vocablo con derivados o repeticiones simples:            que las olas se vistan de pasiones             y la pasión se vista de veleros.                                                 (“El mar y tú”)             Entretanto la ola,             amontonando ruidos sobre mi corazón.             Mi corazón no sabe de playa sin naufragios.             Mi corazón no tiene casi ya corazón             todo lo ha dado, todo…                                                 (“Entretanto la ola,” El mar y tú)             ¿Quieren el ansia del arroyo, muerta en mi muerte de poeta?                                                 (“Dadme mi número,” El mar y tú)   Véase “Letanía del mar” de El mar y tú, para que se aprecie que en ella la repetición puede estar perfectamente lograda por un exacto maridaje entre ritmo, sentido y voz. Junto a estos juegos de la forma también maneja el juego del concepto con elegancia y con humor:            Como la vida es nada en tu filosofía,             brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos.             Brindemos por la nada de tus sensuales labios             que son ceros sensuales en tus azules besos             como todo lo azul quimérica mentira             de los blancos océanos y de los blancos cielos.                                     …             Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno;             por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos             por todos, por lo menos; por tantos y tan nada;             por esas sombras huecas de vivos que son muertos.                                                             (“Nada,” Poema en veinte…)   La capacidad de Julia de Burgos como poeta festiva, y de hondura social, con la capacidad de llevar este subgénero a las cimas de la poesía social, puede verse en “Ay ay ay de la grifa negra,” de Poema en veinte surcos. Todo el poema es una gigante onomatopeya con zizagueantes versos que plasman una filosofía igualitaria de gran altura en la que no aparecen odios, ni reconvenciones, ni vergüenzas, sólo la idea de igualdad. La palabra negra se repite 46 Academia


doce veces en juegos con reconstrucciones atinadas que la multiplican semánticamente:            Negra de intacto tinte, lloro y río             la vibración de ser estatua negra;             de ser trozo de noche en que mis blancos             dientes relampaguean,             y ser negro bejuco             que a lo negro se enreda             y combo el negro nido             en que el cuervo se acuesta.             Negro trozo de negro en que me esculpo,             ay ay ay, que mi estatua es toda negra.   Aliteraciones, polipotes, cacofonías, polisíndeton, derivación, sinonimia, paronomasia, conforman el poema haciéndolo una ejemplar pieza de preceptiva. En esta poesía duele más el prejuicio, el discrimen, el hermetismo de las reglas sociales, que la muerte. La muerte es una etapa natural que se enfrenta con aplomo. Con simpatía, resignación (en pocas veces) o burla. Nunca se desboca la amargura hacia esta etapa. Así se desprende en “Poema para mi muerte” (Poema en veinte surcos), pieza hermanada en su filosofía con la elegía a Ramón Sijė, de Miguel Hernández. En sus otros poemas la burla es más palpable pues se muere en vida, se es muerto social, si no se logra superar los prejuicios, la inercia sociocultural. Los anteriores significados de la muerte son similares a los de la locura y a los de la demencia cuando estos dos encarnan valores negativos. Como ya señalamos, el delirio, algo parecido a la locura, puede ser positivo cuando se recrea por una exuberante imaginación o los sueños irracionalmente superpuestos a la realidad. Igual a otras instancias, en estas el gozo se puede reforzar con preguntas retóricas o frases admirativas. Hay otros momentos que se parecen más al chiste y representan instantes de humor. Uno de estos son los apartes explicativos, en especial cuando la voz del poema se describe a sí misma, se auto burla, como lo hace en “Entre mi voz y el tiempo,” séptimo verso: “Si hasta tengo rubor de parecerme a mí, cuyo sentido o valor sicosocial ya hemos explicado. Es frecuente la utilización de estos recursos. A veces se muestra jovial con los sinsentidos y juegos de palabras con mandos reflexivos o “autoejecutables” (“y esconderte del mundo y en ti mismo esconderte,” de “Río Grande de Loíza”), pero es en esas etapas en que la voz poética se amonesta descarnándose, desnudándose, que encontramos mayor humor (“raro que no me sigan centenares de pájaros, raro…”, “Amanecida,” ya citado). Las sorpresas finales también crean un efecto chocante, de impacto, que hasta pueden hacernos sonrojar si reflexionamos sobre su tono. Son finales como el del poema al Río Grande de Loíza, que parecen al final y nos cambian todo el sentido del discurso llevándonos a preguntarnos qué se está planteando,  para reconstruir el poema de principio a fin, o los parecidos al final del discutido “Pentacromía” (“y a Julia de Burgos violar”). La mayor fuente de placer que comunica esta poesía se obtiene de la seguridad de ingenio, de su ideología y de sus valores humanos. Es la fuerza con la que está confeccionaAcademia 47


da y el tono que nos comunica constantemente. Si esto no existiera siempre quedarían los elementos aprovechados de la niñez y de la experiencia educativa; siempre sobresaldrían en su discurso las paronomasias, las repeticiones, las anáforas, las reconstrucciones, toda la formalidad lingüística con que construye juegos de palabras, frases y conceptos para rechazar el mundo circundante, la época que le tocó vivir. De igual forma, siempre quedaría la voz irónica y sarcástica que crea mundos irracionales y parajes disímiles con la experiencia de las vanguardias, del sicologismo, de la poesía española y del cine de su momento. Quedaría una poesía de insatisfacción con la vida, pero de goce consigo misma, con su creatividad discursiva.

Ángel Manuel Encarnación tiene un doctorado en Filosofía y Letras y un Juris Doctor. Es Catedrático de la Universidad del Este, Departamento de Ciencias Sociales y Humanas Fundación Educativa Ana G. Méndez, Carolina, Puerto Rico. Ejerce la docencia y trabaja como abogado. Ha publicado en revistas y periódicos del País y del exterior como Mairena, Talleres, Cupey, Revista de Estudios Hispánicos, Diálogo, Exégesis, El Vocero, Letralia. Ha publicado los libros: Signos de amor, San Juan, Puerto Rico, 2005 (cuentos), El ser de la curva, 2005 (poemas), Los dos ríos, 2000 (poemas), Tentado por la palabra ajena, Colegio Universitario del Este, Carolina, Puerto Rico, (ensayos críticos y reseñas), 1999; Os espelhos, (poemas en portugués) 1998 ; El crítico y otras blasfemias clownescas, (poemas) 1997; Las meninas de Avignon en Orgaz, (narrativa) 1996; El Cancionero I de Francisco Matos Paoli, Instituto de Cultura, 1989; Flor de azar, (poemas), 1980; Cuadernos de juglaría 21, Instituto de Cultura, (cuentos) 1979; Noches ciegas, primer premio de novela del Ateneo Puertorriqueño de 1973, segunda edición, Editorial Antillana, 1982.

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Campo 2

Julia de Burgos

Eran de pomarrosa y de cerezo. ¡Mis árboles! Tenían mucho de mí. ¡Si era locura verme por encima del viento! ¡Si eran sueños mis ojos al trepar un cerezo! ¡Si era más charco y monte mi razón que universo! ¡Oh llanto campesino! Suéltame una vereda de tus riscos cerrados, que quiero devolverte esta leve hora blanca. Soy tu raíz oculta entre peñas y abrojos, pero también fui ala… La infancia, como un niño, se ha salido a jugar con mi ternura. Me mira como un lirio húmedo todavía por la creciente en risas del arroyo. Su vocecita limpia se cierra en mi nostalgia como si se durmiera llamando mariposas. No es un cuento de ira lo que quiere este niño. ¡Mi infancia busca infancia! Recuerdo aquella tarde que lloré sobre la hoja de un moriviví porque no despertaba. Un día me quedé contemplando tan loca el horizonte, que el sol me tendió lágrimas. Mi regalo más íntimo al arroyo era hincarme las manos con limoneros pálidos para después regarme por las aguas.


Parece que al nacer me oyeron los guayabos, y las lajas morenas, y el río precoz, porque a ratos se echaban a imitar mis sollozos, sobre todo en las noches, cuando todos los cerros se bajaban al agua. Yo no sabía nunca el mismo caminito hacia el pozo sediento, sediento por entregarse a mí con toda la montaña. ¡Y mis árboles! Los guardias voluntarios de mi niñez, esos soldados mudos armados iridiscencias de pájaros discretos, estandartes sin patrias, escopetas del tiempo manejadas tan sólo por la tierra! ¡Mis árboles! ¡Esos sabrán guardarte campesino! Esos sabrán crecer desde tu llanto desparramados como criaturas predestinadas por tu certero suelo horizontado. Esos sabrán arder, sabrán endurecerte para la gran conquista. ¡Oh llanto campesino….! Niño venido de tan lejos con mi infancia en los brazos. Yo te regalo, niño, la ofensiva despierta de mis árboles. Soy un niño crecido amontonando escombros de inocencias robadas, un niño ensangrentado enarbolando gritos con todos los harapos de mis cuestas, un pueblo en quien no quiere retroceder la infancia.


Ser o no ser es la divisa

Julia de Burgos

A esta hora de encrucijada a que ha llegado la humanidad, podemos llamar la era de las definiciones. No de las definiciones de carácter lingüístico, sino de las definiciones de carácter humano que tienen su tronco en el hombre, y se esparcen sobre las colectividades en una dinámica social que rige el destino de los pueblos por el bien o por el mal. Estamos en la era de la definición del hombre. El concepto de ser o no ser tiene diferentes aceptaciones que lo limitan o lo ensanchan. No estamos hablando del aspecto filosófico del concepto, que muchas veces lo limitan a lo abstracto o enfático sino del aspecto vital sociológico del hombre funcionando en su medio, que se esparce desde sus propias fronteras físicas, hasta el eco de las multitudes de polo a polo del mundo. Nos referimos, pues, al hecho social de ser o no ser. Y es en este punto donde es imperativa una definición rotunda. El progreso, aún en sus etapas de caídas sangrientas o atrasos tiránicos, definitivamente ha marchado y marchará siempre hacia el concepto del propio vocablo: hacia el progreso. Todo aquello que tiende a empujarlo hacia adelante en su misión suprema de conquistar el mayor bienestar para el hombre, en toda forma, es fuerza progresista que salva y que


construye. Es fuerza vital, dinámica, que se adentra al futuro desde un presente fecundo que procurara bondades y justicia para la humanidad. En cambio, todo aquello que tienda a perpetuar circunstancias de atraso o violaciones civiles y públicas, es fuerza destructora, es fuerza criminal, es fuerza reaccionaria que destruye conquistas espirituales y vuelca el caos sobre generaciones completas. Es un despreciable paso hacia atrás, y muchas veces, por largo tiempo infructífero. No hay otro camino para el hombre de ahora, que situarse de estas dos alternativas: o se sitúa al lado de las fuerzas reaccionarias, o escoge el camino del progreso, que siempre es un camino de libertad, por más que quiera ser desvirtuado por demagogos al servicio de las fuerzas retrogradas de siempre. No hay punto medio para el hombre de hoy. Ya no caben especulaciones. El hombre ha dejado de ser retórico para convertirse necesariamente, por todas las circunstancias en que vive, en un ser científicamente social. O está en un sitio o en otro; no puede estar a un tiempo en las dos posiciones antedichas. Si se sitúa en contraposición a las fuerzas progresistas, automáticamente se coloca al lado de las fuerzas reaccionarias, convirtiéndose en cómplice de los brotes criminales del orbe. Tomemos el caso de los pequeños tiranuelos de América. Una campana continental se ha abierto para condenar y gestionar la liquidación de los regímenes fascostoides de Trujillo, Somoza y Carias, los monstruosos tiranos de Santo Domingo, Nicaragua y Honduras, respectivamente. O levantamos los 52 Academia

americanos nuestra voz y nuestro esfuerzo para ayudar a destruirlos, o nos colocamos automáticamente, por indiferencia o simpatía al lado de sus gobiernos criminales. El caso de España ofrece iguales ángulos. O estamos con la república absoluta, sin plebiscito, puesto que ya fue hecha por la mayoría del pueblo español, o seremos sostenedores del traidor Franco. En Puerto Rico hay solo dos caminos. O exigir el reconocimiento incondicional de nuestra independencia, o ser traidores de la libertad, en cualquiera otra forma de solución a nuestro problema que se nos ofrezca. En cuanto a la controversia mundial de fuerzas capitalistas VERSUS pueblo, en su aspiración a una completa justicia y equidad, no hay más alternativa que luchar por el pueblo, si es que queremos ser dramáticos, ya que el pueblo es la mayoría; o de lo contrario ser cómplices y sostenedores de las fuerzas explotadoras e imperialistas que han sido las provocadoras de las hecatombes sociales, como la guerra que todavía se está peleando. Es pues, necesario, para todo individuo de esta hora, hacer su propia definición y escoger camino en el reajuste del mundo, unos para salvarse a la humanidad, y otros para ser aplastados irremediablemente en la suprema lucha que se libra por la supervivencia de la decencia y la justicia. Ser o no ser es la divisa. Lo primero nos lleva a la absoluta potencialidad del hombre, como hecho social innegable. Lo segundo nos lleva a la destrucción propia, ya que la mano del progreso no puede ser detenida, y algún día se variará contra sus detractores.


Mi símbolo de rosas

Julia de Burgos

Cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma, como un signo interpuesto a otro signo de misterio. Nadie sabrá la palabra sin rasgos que ese número sostiene en el amplio horizonte sin asta de mi mente. Sólo tú, noche de tregua en el continuo social declive de los hombre a quienes estoy agarrada en un juego de manos, sabes mi ahora de rosas ascendentes hasta el número cuarenta. Podrán desamparados de la vida desterrarme de su sendero de puentes angustiado de tanta ceremonia, pero el sendero donde florecen esas rosas siempre abiertas es mío, solo mío, desde el fondo de ellas mismas hasta la sonrisa de triunfo de mi imaginación. Cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma, sostienen mi vida en fuga continua hacia adentro sonreída de memorias. El mar quiere treparse también por la palmera de sonidos incrustada en mi ruta ascendente hasta el símbolo. Él también sabe olas de amaneceres dolidos de esperanza. Él también tuvo ojos en la noche de rosas ascendiendo hasta el número cuarenta. Mi símbolo… Mi símbolo tiene memorias y flores angustiadas. Sabe esperanzas vivas en un horizonte de ternura y palmeras altas crecido por mi imaginación. Ríe sombra de sueños realizados en la noche sin alas que se ha quedado rondando de mi alma a mi cerebro. Mi símbolo… Mi símbolo sostiene cuarenta abiertas rosas, abiertas en mi alma, donde tú juegas a recoger estrellas en mis olas de amaneceres dolidos de esperanza. Academia 53


A Julia de Burgos

Elsa Tió

Con tu pasión cargada de luceros se desbordó tu luz en las palabras y se inundó la tierra con tus sueños. Sobre tu vida turbulenta y fiera nos dejaste tu verso de arcoíris, una voz caudalosa como el río, remolinos de sombras y de besos, el río de tu vida sin remanso y una corriente loca que se volvió sendero. Tu vida fue una rara presencia vulnerable. Nadie te supo amar como tu río. Sembraste amor y amor en surco estéril, en camino hacia todas las cosas imposibles. Entraste al río y lo inmortalizaste. Nos dejaste tu huella, sobre el agua, en la arena, en tu tierra que es también nuestra tierra, y hoy es más nuestra porque tú la cantaste. Tu muerte te llegó lejos del campo y la amapola, del valle y la montaña, del paisaje que enamoraste una tarde en el río de tu patria y tu lengua, de gente que supiera tu nombre y conociera tu rostro, tu voz y tu silencio. No estuvo en tu pupila la palmera ni el sol que te quemó la piel y el aire ni en el oído la canción del agua. Y así, Julia de Burgos, sin nada… amargo fin, sin nadie…


le cayó a la ruidosa ciudad, a la implacable ciudad sin corazón, tu gran silencio. Pero vienes creciendo día a día desde aquel largo día saliendo del olvido como una estatua sale de la piedra. Tu voz, tu voz silvestre, la creyeron de barro y de sequía y resultó ser gota, manantial, arroyo, cascada, río ancho, a veces manso, a veces recrecido, agua dulce y salada, a veces remolino, a veces marejada, a veces limpio espejo de nubes y de estrellas. Tu palabra, dejaste tu palabra… Y aquí, Julia de Burgos, aquí tienes un pedazo de tierra para siempre, un puñado de siempre y de infinito que llega más allá porque se queda. Es poco, pero es mucho… Las palabras poetas no son aire, palabras son, espíritu, envidia son del bronce y de la piedra.

Elsa Tió nace en San Juan de Puerto Rico el 19 de marzo de 1951. Recibe en dos ocasiones el Premio Nacional de poesía. Empieza a escribir antes de saber escribir. A sus siete años aparece su libro de niña en una edición cerrada destinada a amigos y familiares, versos que como dijo Juan Ramón Jiménez, «él podría haber firmado». Recibe premios de literatura por sus libros, Detrás de los Espejos Empañados e Inventario de la Soledad. También tiene publicado un cuarto libro titulado Palabras sin escolta. Ha estado ofreciendo talleres de poesía a niños en las escuelas públicas de su país y en otros espacios. Ha defendido la cultura y la lengua, por entender que es la máxima señal de identidad de un pueblo. Se ha dedicado a espantar el olvido publicando la obra póstuma de su padre, el escritor, humorista y poeta Salvador Tió. Cree fervientemente que la poesía es el milagro del lenguaje.

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Asignación al centenario de Julia de Burgos

Alexandra Pagán Vélez

Escribe Julia y digo amor Escribe Julia y digo poesía Escribe Julia y digo Maestra Escribe Julia y digo lucha Escribe Julia y digo Antillas no en ese orden, pero con esa necesidad decir Julia es decir algo muy grande, que no me cabe no me cabe Julia en la Boca… no hay letras suficientes, Julia no hay palabras para decirte amor Solo una vez oí Julia con voz familiar, me la describían según la redescubrían en fotos guardadas por la familia, en cartas que serán publicadas por una editorial muy reconocida… ¿se habrá pensado Julia como enigma? Esa intimidad revisitada por el tiempo… Julia, te nos fuiste muy pronto… al menos para mí siempre sería demasiado pronto… Cuando decimos Julia el mito reduce la huella política de la lucha social se engrandecen los efectos del amor frustrado y de la traición Julia, Julia, quién te hubiera dicho… “Cuando conocí a Julia por primera vez me la presentaron como la alcohólica que murió triste en una cuenta porque la abandonó su amor. Pero ella siguió con su vida. Aun después se casó”. ¿Por qué a veces buscamos reducir a la gente a sus vicios y desgracias? ¿Qué hay en esa necesidad de querer resaltar la tristeza? Nota: debo hacer un inventario de los poetas 56 Academia


alcohólicos y adictos puertorriqueños… Escribe Julia y pregunto ¿quién? Escribe Julia Y pregunto ¿cómo? Tantas biografías, tantas, tantos artículos, tantos… no le meto mano a Julia porque sería otra disertación y no tengo la estabilidad emocional para nadar tan profundo… ninguna biografía le hace justicia… ninguna, escribo y mi primer gesto es borrarlo. Julia es también un discurso, una ideología, ser Julia es más difícil que escribirla. Medito…

Me imaginé tan libre y tan exacta, tan poeta cultivada Me imaginé entera y voladora, embajadora Siempre pensé que Julia fue demasiado grande, no para su tiempo, sino para este planeta. Escribe Julia Escribe Julia Julia… Julia…

Alexandra Pagán Velez es doctora en Literatura Puertorriqueña. Poeta, narradora y ensayista. Ha colaborado en revistas impresas Mujer poesía y cibernéticas como Hostos Literary Review, El Mujer mulata Boletín del Ateneo Puertorriqueño, Revista del Mujer Instituto de Cultura, Revista de Estudios Hispánicos, Contratiempo, Los Poetas del Cinco, entre Esa conciencia “viril” de la mujer/persona… otras. Antologías: Los otros cuerpos (2007), Los ¿qué nos dirías ahora, Julia? ¿Cuáles serían rostros de la hidra (2008), Convocados (2009) y ahora tus intentos de ser? Plomos (2012). De su autoría son el cuento juvenil El diccionario y el Capitán (2010), el híbriEscribe Julia do Del Alzheimer’s y otros demonios (2014), y los Cuenta Julia libros de cuentos Relatos para domingos (2014) La cadencia existencial del verso y Amargo (2014). Editora en el proyecto Calamar y colaboradora en Editorial Preámbulo. Si algo puedo decir de Julia es que la leía Administra el blog adicción a volar (blog de como filósofa… como persona… como eter- Alexandra Pagán). nidad… leí a Julia y entendí lo que significa ‘epifanía’. Alguna vez quise ser Julia Me soñé amaneciendo Señalando con fuerza de activismo social al opresor Y nadé en enormes mares y ríos… en el sueño de mil hijos no nacidos Academia 57


Amado

Julia de Burgos

Es de noche… Sola y triste me paseo por el valle del recuerdo de un amor inmenso y puro que en mi alma siempre está. Y tu imagen dulce y pura, me aprisiona tiernamente acogiéndome en sus redes de ilusión y realidad. Me imagino que estás cerca, que me miras con tus ojos de mar quieto, despertándome a la vida del ensueño celestial; que me envuelves en tus brazos de hombre ardiente y vigoroso con temblor de anhelos puros que me saben fascinar; que me besas, que extasiados me presientes, que me abrazas, que me alejas, que me sientes con febril intensidad… Y todo esto, mero ensueño que se choca con la angustia de la fría realidad… Yo te quiero, amado mío, te idolatro con dolor. Nuestro amor es doloroso y camina por la vida acechado por las flechas de la vana humanidad. Nuestro amor es grande y único, pero tiene que esconderse tras los convencionalismos de esta injusta sociedad. Qué ironía, qué angustiosa payasada para mi alma que tan sólo sabe de espontaneidad… Yo te quiero, amado mío, y es intenso mi sufrir. Yo que te amo tanto, tengo que esconder mis emociones tras un frívolo saludo o una sonrisa cordial. Y tú, objeto de mis sueños, para mi tan sólo tienes algunos breves instantes que le roba a la farsa de tu familia social. ¡Oh dolor de amar! ¡Oh arpegios de mi intensa soledad! Sólo tengo sueños, sueños, y algu58 Academia


nos acordes tenues de la armonía delicada de tu amor accidental. Sueño a veces que eres mío, todo mío, y que corres delirante al regazo tierno y suave de mi amor primaveral; que devuelves a los hombres lo que es suyo, y desnudo de prejuicios, de intereses de egoísmos, te me entregas, todo hecho una rima de purezas, de ternuras y de luz; que sedientos de limpieza nos fuimos del dominio de la colonia social, que es esclava del engaño, la hipocresía y la maldad; que prófugos de mentiras vamos al amplio sendero de la naturalidad… Y allí un hijo es la ofrenda santa a nuestra sed de grandeza, de plenitud y de paz. ¡Oh intenso! ¡Oh sublime dolor de Amar!


Puerto Rico en el alma de un niño

Julia de Burgos

Julia de Burgos, Día de Juegos, Universidad de Puerto Rico

Fue allá en la tierra cubana, siempre abierta a las sorpresas emotivas. Iba yo camino de Ceiba de Agua, al instituto Cívico Militar, que se levanta como gloria para el esfuerzo progresista del presidente Batista, donde reciben alojamiento material, pedagógico y espiritual, miles de niños pobres de toda la nación cubana y de toda Hispanoamérica. A mi lado en el automóvil, desfigurando velozmente la visión del paisaje, la exquisita declamadora cubana Dalia Iñiguez, y su esposo el cantante español Juan Pulido, ambos profesores de arte del instituto, por quienes fui invitada a ofrecerles la charla informal a los niños. -¡Qué hermosa es tu tierra, Julia! –comenta Dalia. Nunca olvidaré aquella carretera central, aquel mar tan azul, casi mío, pero especial por qué se yo qué cosa. Esas palabras me trasladaron violentamente a Puerto Rico. Pensé, como pensaba Dalia, en la incomparable belleza de aquel manojo de olas, de brisas y de estrellas constantes que forman la concha de mi tierra, hecha para la alegría de un mundo feliz. Sentí toda la potencia lírica del suelo que me tiró a cantar para los hombres sus esencias más íntimas. Pero tuvo frontera mi éxtasis momentáneo, frontera de dolor. El dolor de la tragedia colonial de mi pueblo anegó mis sentidos y ya no tuve lecho para sueño. - Sí que es hermosa mi islita, Dalia. ¡Si sólo fuera libre! 60 Academia


Las palabras me acompañaron toda la distancia, junto al silencio conmovido de asentimiento de mis acompañantes. La presencia nacional de la tierra de Martí, fielmente expresada en aquella obra de bien social que desarrolla el Instituto Cívico Militar, me volvió a Cuba y a mi misión en aquellas aulas. El salón de actos ya estaba preparado para una especie de velada donde participarían profesores y alumnos. Como yo era especial, se me había designado para cerrar el acto. Además de la charla ilustrativa de un viaje de un niñito puertorriqueño a Cuba había preparado un poema sencillo, propio para un niño de escuela elemental. Al final de mis palabras le recité el Mensaje de un niño puertorriqueño a un niño cubano. En el mismo enlazaba de amor a las islas, sobre su fondo histórico… Soy un niñito puertorriqueño, sobre una isla también nací. Si tú veneras a mí de Hostos, yo tengo altares a tu Martí… Luego expresaba la tragedia del niñito puertorriqueño, al presentarse ante el niñito cubano con su patria todavía esclava. Pronunciaba la estrofa final, algo extraordinario sucedió en el auditorio. Un niño como de unos once años se había levantado de su asiento y corría hacia mí, profusas lágrimas brotándole de los ojos. Muy sorprendida le pregunté por qué lloraba. -Yo soy el niñito puertorriqueño- me dice, temblando. Ya yo le he dicho a todos mis compañeritos lo que sufrimos allá, y hasta hemos hecho un periodiquito escolar que defiende la libertad de Puerto Rico y su bandera de la estrella solitaria. Aquellas palabras me electrificaron. No podía creer lo que acababa de pasar. Estreché en mis brazos al niño, como sonámbula. La directora del acto vino en mi ayuda y me corroboró que en realidad aquel era uno de los niños traídos de Puerto Rico, como desarrollo del plan de traer anualmente dos niños de cada país hispanoamericano, con beca del gobierno cubano, a estudiar un oficio en aquel plantel. Fui a la imprenta de niños que ellos mismos operan, y en uno de los números leí unos versos de aquel niño patriota, que me había hecho sentir una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Hablaba de su patria y su bandera, con un grito juvenil de libertad. No recuerdo ahora el nombre del niño. Solo sé que estudiaba en las escuelas públicas de Carolina cuando fue becado. Para mí será siempre la expresión viva de Puerto Rico, el símbolo de nuestra nacionalidad encarnada en un niño por generación propia, el ejemplo de fuerza, el estímulo de nuestro defensores, y el látigo sublime para nuestro traidores. Publicado en Pueblos Hispanos 23 de septiembre de 1944 Academia 61


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Julita: tejedora de palabras por Hidelisa Ríos-Maldonado Ilustraciones Juan Álvarez O’Neill En Julita: tejedora de palabras es evidente el amor a la libertad y el deseo de apoderarse de la palabra escrita que emana del espíritu de Julia de Burgos desde niña y durante su vida. Se presenta en esta obra la óptica de Julita como infante y la niña ante la palabra, hasta convertirse en escritora. El amor de Julita por la naturaleza y su gran imaginación hacen posible que sus ideas y pensamientos se recreen en la poesía que nos lega. Su descubrimiento de niña, de que cada cosa en este mundo tiene un nombre, ya sea propio o común, que lo distingue queda plasmado en esta biografía.

Según crecía, su admiración por las palabras también crecía y su capacidad para hablar. Hasta que un buen día descubrió que para cada cosa había una palabra. Desde ese momento su juego favorito era caminar por la casa, el barrio y el campo nombrando todo lo que se encontraba en su camino.

El apoyo de su familia fue fundamental para nutrir ese don de la palabra y esa inteligencia con la que había nacido Julita. Demostrando con el ejemplo su gran inteligencia lingüística; lo que Howard Gardner expone en su teoría de “las inteligencias múltiples”, que todos los seres humanos poseemos múltiples inteligencias. Sin lugar a dudas su familia apoyó este desarrollo de Julita desde pequeñita. Tanto su madre como su padre formaron Academia 63


ese intelecto lingüístico de la niña desde su niñez. Su padre narrándole o recitándole los clásicos y su madre buscándole acomodo cerca de la escuela que Julita quería estudiar según nos cuentan las hermanas fenecidas de Julia en una entrevista publicada en la revista del Municipio de Carolina y María Consuelo su sobrina quien orgullosamente nos revela más detalles de la vida de Julita.

A veces no encontraba palabras para nombrar alguna cosa, alguna emoción o algún pensamiento. Entonces preguntaba a su madre. Cuando su madre le contestaba, Julita repetía las palabras, una y otra vez, para guardarlas en su memoria.

Su admiración por todo lo que descubrían sus ojos y su cuerpo, lo que sentía su alma y los pensamientos de libertad que invadían su espíritu inundaban su ser haciendo que recreara con imágenes a través de palabras todo lo que la conmovía. Así pensaba en la fuerza y la calidez de las aguas del río en las que nadaba a diario.

Ella pensaba que la tibieza de sus aguas era como el beso de una persona amada y comparaba el libre fluir de sus aguas con la libertad de sus pensamientos cuando ella escribía.

Esta biografía de Julita lleva al niño o a la niña de la mano para conocer una Julita más cercana a su niñez; desde su infancia en la que se arrullaba con los sonidos que salían de su boca hasta su adultez cuando su poesía queda plasmada en distintos poemarios en los que se deleita el lector que ama la lectura de poesía.

Julita crecía y escribía, escribía y crecía. Cuando fue grande, muy grande había escrito muchos poemas que hoy aparecen en libros. El poema más recordado y admirado es el Río Grande de Loíza. 64 Academia


Esta biografía como las otras que componen la Colección Héroes acerca a la niñez en una perspectiva más familiar para que ellos y ellas se puedan identificar con estos personajes reales y que muy probablemente hayan escuchado de ellos porque su escuela, la calle en donde viven, el día de fiesta que celebramos o el parque cercano lleva su nombre. Es mi placer compartir con ustedes en esta reseña algunas páginas de la biografía para niños Julita: tejedora de palabras. Gracias Julita, nuestra Julia de Burgos por escribir estos vivaces poemas tejidos por palabras de ensueño y cargadas de emoción para nuestros ojos, oídos y nuestro intelecto.

Hidelisa Ríos-Maldonado nace en Santurce, Puerto Rico como la hija mayor de cuatro hermanos. Ha dedicado más de 40 años de su vida a la hermosa tarea de la enseñanza. Sus estudios universitarios pulieron y dieron base científica a su desempeño como maestra de educación temprana. En su trayectoria como profesora se ha desempeñado como maestra preescolar, de tercer grado, de infantes y maternales y catedrática auxiliar en la UPR del Recinto de Río Piedras. En 1992 se desempeña como ayudante de cátedra en la UPR y luego en 1993 se estrena de pionera como coordinadora y maestra encargada del Laboratorio de Infantes y Maternales. En 2006 incursiona en otra dimensión relacionada con la niñez temprana como coordinadora del proyecto federal Unidos por la Niñez Temprana en el Departamento de Salud de P.R. Experiencia que la ha ayudado a tender puentes para enlazar el trabajo salubrista con la educación temprana. Durante los años 2004-2007 escribió para El Nuevo Día artículos semanales para familias y profesionales sobre el tema de la niñez temprana. En los cuales su voz y conocimiento trascendieron las paredes del salón de clases para llegar a las casas de los lectores del rotativo. Es la autora de Confianza, Exploración e Interacción Social: un currículo para el desarrollo del infante y el maternal; primer y único currículo desarrollado con y para infantes y maternales en la UPR. Publicado en 1997 luego revisado y ampliado en 2003. Ahora la profesora Ríos, en su nueva etapa se ha dado a la tarea de escribir las biografías que engalanan la Colección Héroes. Para el próximo año espera completar la biografía de Frasquito entre papeles, pinturas y pinceles basada en la biografía de nuestro pintor Francisco Oller.

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Un Paisaje Marino

(Un drama inédito de Julia de Burgos)

Anunciador: ¡Un paisaje marino! una vela en el mar, las gaviotas, las aguas, ¡qué marinas están! Se desgrana la tarde en un brazo de mar y las olas azules ya la quieren besar. Las montañas se anidan en el fondo solar y en la paja del monte se han tendido a soñar. Los mil ojos del agua se han salido a mirar a las lomas que sueñan con los ojos del mar. ¡Un paisaje marino! un sentido cantar: las gaviotas, las aguas hacen coro a la par que el violín de los aires que regresa de amar a su novia, la estrella, rompe, riente, a tocar. ¡Un paisaje marino! Una barca en el mar. Flor de tierras lejanas que en su eterno viajar sueña y ríe y murmura, llora y vuelve a soñar. Ya despliega sus alas ya nos quiere dejar, llora, ahoga a las aguas, Academia 67


ríe y vuelve a escapar, y en graciosa pirueta que juguetea con el mar que acaricia sus flancos con sus dedos de sal. ¡Oh minúscula barca que te das al azar a las alas salobres y a los besos de mar! Ven y róbame el alma que añora tu vagar por las olas azules planas de luz solar. Y este es el sentir que embarga el espíritu del niño poeta que ha venido por primera vez a la costa y que ha quedado deslumbrado con la vista del mar. Desde que llegó, sus ojos no se han desprendido de la magnífica vista que ofrece la bahía. ¡Qué buen regalo ha tenido hoy! (Pausa) Efraín:

(Gritando de lejos) Roberto, Elena, vengan. ¿No van a patinar hoy al parque?

Roberto:

Sube, Efraín, que quiero hablarte.

Efraín:

Están conmigo Héctor y Jesús.

Roberto:

Ahí vamos.

(Pausa) Roberto:

Oigan, ¿qué les parece irnos todos a la azotea y jugar y patinar allá arriba?

Héctor:

Bueno, vámonos. Y ¿se puede patinar bien?

Efraín:

Sí, chico, si está el piso que es una seda de suave. Lo empenetraron hace poco

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y está mejor que la pista del parque.

Roberto:

Elena y yo patinamos arriba cuando no vamos al parque. Además hoy, ¿saben? no podemos ir al parque tenemos visita. Mi primo Eduardo está aquí, y como en el pueblo donde él vive no hay mar, está loco, trastornado con la vista de la bahía, y desde que llegó ha cogido el pretil de la azotea por su cuenta y nadie lo arranca de allí.

Héctor:

Pero, ¿no habrá visto el mar nunca?

Roberto:

Nunca. ¿Sabes? él se marea mucho cuando monta en automóvil y casi no sale de su pueblo. Sobre todo cuando van en viajes largos. Pero ahora él ha hecho un esfuerzo y ha querido probar si resistía un viaje largo, y hoy llegó con tía Elisa. Vamos arriba a la azotea para que lo conozca.

(Pasos) (Pausa) Roberto:

Eduardo, estos amigos quieren conocerte, son condiscípulos míos y compañeros de juegos, Héctor Suárez y Efraín Medina.

Eduardo:

Me alegro mucho de conocer a tus amigos. Eduardo Gómez, para servirles.

Efraín:

Gracias, igualmente.

Eduardo:

Estaba contemplando el mar. Desde que llegué no he hecho otra cosa. Yo nunca había visto el mar, y me ha parecido hermosísimo.

Elena:

Y mientras ha estado ahí sentado se ha pasado escribiendo versos. Eduardo es poeta.

Eduardo:

Elena, déjate de bromas. Sólo tomaba unos apuntes de las cosas que me han parecido más bellas para que mis amigos del centro las oigan cuando llegue a mi pueblo.

Roberto:

¿Y qué te ha parecido lo más hermoso del mar?

Eduardo:

Muchas cosas. No podría decir que me gusta más esto o lo otro. El mar me ha Academia 69


causado una impresión muy fuerte. Tan inmenso, tan oloroso, porque han de saber ustedes que yo he sentido el olor del mar. Elena:

¿Y a qué huele el mar?

Eduardo:

No sabría decirte a qué precisamente, pero he sentido un olor sano, picante. Cuando cruzaba el puente que le llaman del agua, el aire azotaba mi cara y humedecía mis mejillas. Entonces me di cuenta de que el mar olía a algo que yo no había olido antes.

Efraín:

¿Y qué más te gusta del mar?

Eduardo:

El color, o los colores. Porque son muchos los colores que tiene, muchos azules, muchos verdes, y grises.

Héctor:

Y ¿por qué tendrá tantos colores?

Eduardo:

No lo sé. Será que refleja el azul del cielo, no sabría decir por qué, pero sí puedo decir que hay mucha belleza en sus colores.

Efraín:

Mira Eduardo yo pinto un poquito, y sé algo de colores. Pues, no sabes el trabajo que me da sacar el color de las aguas del mar.

Elena:

Y a mí que me parecía eso era tan fácil. Tomar un poco de color, y listo, ya está.

Efraín:

No, Elenita, eso es lo más difícil en la pintura. Lograr atrapar los colores de la naturaleza es la tarea más difícil del pintor. Pues como iba diciendo, pintaba en días pasados un paisaje marino. Mucho mar, mucho cielo, algunas nubes blancas, y en lontananza una barca con sus velas tendidas. En el espacio unas gaviotas volaban sobre la barca. Eso era lo que yo veía.

Eduardo:

¿Y desde dónde veías eso?

Efraín:

En la playa. Yo pinto del natural, y mi maestro dice que si me dedico con amor a la pintura, seré un buen pintor.

Elenita:

Roberto, ¿y por qué es que Efraín ha de ir a estudiar pintura allí?

Roberto:

Porque Italia es el país del arte y todos los grandes artistas van a estudiar allí.

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Elenita:

¿Y no se puede estudiar arte en otro sitio?

Roberto:

Sí, en muchas partes. En muchas ciudades hay academias para estudiar música, escultura, pintura, canto, etc., pero Italia está considerada como la cuna del arte y por eso los artistas van a estudiar allá.

Eduardo:

Efraín, y ¿de veras que te gustaría ser pintor?

Efraín:

Oh sí. Si yo llegara a ser pintor famoso como Leonardo da Vinci, Rafael, o Miguel Ángel, sería la satisfacción más grande que yo podría experimentar.

Eduardo:

Y dime, ¿terminaste tu cuadro del mar?

Efraín:

Sí, va a estar listo, sólo falta montarlo porque lo quiero para hacer un regalo. Ahora estoy pintando un paisaje de la montaña.

Eduardo:

¿Y a dónde vas a ver las montañas?

Efraín:

Mi tío Pepe tiene una quinta en un campo de Caguas y los sábados nos vamos a pasar el fin de semana allá. Frente a la casa hay una vista muy bella de un valle y al fondo unas montañas violetas muy altas.

Eduardo:

Dime Efraín, ¿qué vista te parece más hermosa, la vista del mar o la de la montaña?

Héctor:

A mí me gusta más el campo que la playa.

Roberto:

Será que como siempre has vivido cerca del mar, tus ojos están cansados de su vista y a fuerza de verlos todos los días no notas sus bellezas.

Efraín:

No creo que la vista del mar sea más bella que la del campo. Ambas vistas tienen bellezas pero son distintas. Colores distintos, elementos distintos, en fin, que son absolutamente diferentes. Yo siento igual gusto pintando un paisaje marino que un paisaje campestre, porque lo que yo gozo es el hecho de pintar.

Eduardo:

Efraín, se me ocurre pedirte una cosa. No sé si me atreveré, pues acabo de conocerte y me parece que es pedir mucho.

Efraín:

Dime. Veré si puedo complacerte. Academia 71


Eduardo:

Quisiera ver tu paisaje marino. Tengo curiosidad por ver cómo han salido los colores del mar en el cuadro.

Efraín:

¿Cuándo te vas para tu pueblo?

Eduardo:

El lunes. Pasaremos hoy y mañana en San Juan.

Roberto:

Si quieres, vamos a casa de Efraín mañana y ves los cuadros que él tiene en su estudio.

Efraín:

Sí, podrás ver todo lo que he pintado desde hace algún tiempo. Bueno todo no, porque he regalado algunos cuadros.

Eduardo:

Ven acá, Efraín, mira hacia la bahía, ¿qué es lo que destaca con más fuerzas a tus ojos de pintor?

Efraín:

Al fondo, la línea azul del mar confundida con el cielo, el mar, muy azul, el cielo muy claro, salpicado de nubes.

Héctor:

Y ¿no pintarías ese barco que se ve anclado en el puerto?

Efraín:

Sí, pintaría todo lo que ven mis ojos. Y tú, Eduardo, ¿qué has encontrado de hermoso en esta vista?

Eduardo:

Voy a leerles lo que escribí ante el mar mientras contemplaba sus olas:

Ante el azul del mar y el oro de la tarde he sentido un anhelo muy extraño he deseado ser ave o ser navío y cruzar la planicie de cobalto. Poder mirar las aguas bien profundas, atisbar sus repliegues salitrosos sorprender el misterio de sus alas y mecerme en su lomo rumoroso.

(Aplausos) Todos: 72 Academia

Bravo, muy bien.


Elena:

¿No lo dije yo? Eduardo estaba escribiendo versos, yo lo ví cuando los hacía. Es un poeta.

Eduardo:

No, Elenita yo no soy poeta. Me gustan los versos y a veces me salen algunos, pero los poetas son gente que escriben versos muy buenos, y los míos son malos. Yo se los leo a ustedes porque son niños como yo pero no me atrevería leerlos delante de personas mayores.

Elenita:

Pues mi mamá me ha dicho que los artistas desde pequeños escriben versos, pintan, hacen música.

Roberto:

Sí, muchos artistas han demostrado sus habilidades desde pequeños. Otros se han manifestado artistas después de mayores.

Héctor:

Pues aquí tenemos dos, un pintor y un poeta, nosotros no sabemos hacer versos ni pintar, pero admiramos la obra de ustedes.

Roberto:

Efraín irá a Italia, Eduardo irá a muchas partes. Yo seré médico, ¿y tú Héctor?

Héctor:

Yo seré ingeniero. Construiré puentes, caminos, represas… Me dedicaré a los números pues el fuerte de los ingenieros son las matemáticas, pero en los ratos desocupados, leeré los versos que escriba Eduardo y ayudaré a Efraín a organizar sus exhibiciones de pintura.

Roberto:

Si así fuera, sería muy interesante nuestro futuro. Pero para alcanzar esto tendríamos que permanecer todos en Puerto Rico y trabajar aquí.

Eduardo:

No, aunque por ejemplo, Efraín saliera fuera de aquí, podría venir a su tierra y organizar sus exhibiciones.

Elenita:

Nos hace falta un músico y así completas el grupo de artistas.

Eduardo:

Héctor, mira a ver si te aficionas a la música y así completas el grupo que dice Elenita.

Héctor:

Chico, me conformo con mis matemáticas. Además, tengo que decirles que soy “monótono”. En la escuela no hay quien me haga entonar una canción. Yo le digo a la maestra que si canto las daño. Academia 73


(Risas) Efraín:

Bueno Héctor, acuérdate que quedamos con Jesús de ir un ratito al parque. Vámonos y mañana volvemos a buscar a Eduardo y a Roberto para que vayan a casa…

Héctor:

Vamos. Adiós muchachos.

Todos:

Hasta mañana.

(Pausa) Narrador:

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Se deshace la tarde en azules cendales. Al fondo del paisaje mucho gris y unas aves. El niño que medita la belleza del mar, la caricia del viento. y su eterno arrullar: echa a volar su sueño que se convierte en ave, y sigue el rumbo incierto de la pequeña nave. Sus sueños de poeta infantil e inocentes, sueños de éxtasis puros de inquietos adolescentes; se enredan en la brisa que acaricia las olas y aumentan el secreto que la mar atesora.


Comentario a Un paisaje marino

Roberto Ramos-Perea

Subtitulado ‘un drama inédito de Julia de Burgos”, es evidente que fue escrito para ser leído debido a la continua referencia a los nombres propios de los personajes, así como marcaciones específicas de aplausos, pasos y risas en las acotaciones del texto. En él tenemos varios personajes: un anunciador (llamado luego “narrador”) y varios niños de 7 a 10 años, a saber Efraín, Jesús, Héctor, Roberto, Eduardo y Elena (llamada también “Elenita”). La anécdota es simple. Eduardo, niño muy listo, espiritual y condescendiente, nunca ha disfrutado del paisaje marino y ha venido de visita a la costa, quedando maravillado ante el espectáculo. Efraín, el pintor del grupo, dialoga con él sobre las experiencias que tienen del mar desde opuestos puntos de vista creativos. Entre los niños se forja un amable sentido de solidaridad con el poeta. Hay diálogos sobre la importancia de la sensibilidad artística y finalizan con la promesa de Efraín de mostrarle a Eduardo el paisaje marino que ha pintado recién. Señalamos que el drama habla con sencilla dulzura poética, chispas de simpatía y gracia y momentos de amabilísima ternura, como cuando el jovencito poeta lee a sus amigos lo que ha escrito sobre el mar. En ocasiones, el lenguaje es elevado, rompiendo la ilusión de la ternura infantil. Pero en general, la sencillez cumple su objetivo: ofrecer a la audiencia menuda un rapto de sensibilidad y candidez dirigido a la exaltación y estímulo de todo el potencial creativo del ser humano. Uno de los principales elementos para la construcción de un drama es la primera imagen. Esa que el dramaturgo desarrolla y sobre la que gira sus reflexiones. En este escrito dramático, la primera imagen de Julia es muy concreta y la expresa en el parlamento final del narrador: “El niño que medita la belleza del mar, la caricia del viento, y su eterno arrullar: echa a volar su sueño…” La propia introducción de Un paisaje marino es un dibujo del atardecer, realizado con sencillas metáforas y clara expresión de íntimas emociones: “Ven y róbame el alma que añora tu vagar por las olas azules plenas de luz solar” Academia 75


No es un descubrimiento el apuntar –reafirmado en la primera imagen de su corto drama-, que todo el amor de Julia por el mar se prolonga en sus más sencillos escritos. La fascinación del pequeño poeta que ve por primera vez el mar, es tan suya, que puede recrearla una y otra vez como el sentimiento nuevo y hermoso que revivirá en sus versos más hondos, aquellos que escribirá muchos años después en El mar y tú. Un paisaje marino fue publicado por primera vez –póstumamente- en la Revista Artes y Letras, que dirigía Juan Bautista Pagán, en el Núm. 6 Año I, diciembre de 1953, p. 10-11 y 14. Fue publicado “Como regalo a los niños de Puerto Rico”. Fue publicado por segunda vez en una revista desconocida, llamada Álbum Literario Puertorriqueño (San Juan, Puerto Rico, Año V, 1955, p. 68-72). Hasta donde sabemos, Un paisaje marino nunca ha sido representado en la escena. Tomado del Cuaderno “Desde la Escuela del Aire: Julia de Burgos” 26 de mayo de 1992 Ateneo Puertorriqueño, San Juan Roberto Ramos-Perea es dramaturgo, actor, director de escena, historiador y critico del teatro y el cine puertorriqueño. Cursó estudios de Dramaturgia y Actuación en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, D.F. y prosiguió esos estudios en la Universidad de Puerto Rico. Es Director General del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño. Es además Rector del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo. Ha estrenado más de ochenta obras teatrales en Puerto Rico, y en países como Estados Unidos, España, la república Checa, Brasil, Cuba, Venezuela, Argentina, México, Chile, Santo Domingo y Japón, y sus obras han sido traducidas al inglés, al francés, al checo, al portugués y al japonés. Ha dirigido más de un centenar de puestas en escena en Puerto Rico y en el exterior y ha sido premiado por instituciones nacionales e internacionales como Casa de las Américas, el PEN Club de Puerto Rico, el Instituto de Literatura Puertorriqueña y el Ateneo Puertorriqueño. En diciembre de 1992, el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, España le otorgó el Premio Tirso de Molina a su obra Miénteme más. El Premio Tirso de Molina es el más alto premio que se le ofrece a un dramaturgo de habla hispana en el mundo. La obra se estrenó y se publicó en España. En ese mismo certamen, su obra Morir de Noche, quedó entre las seis finalistas escogidas para el premio. Morir de Noche fue seleccionada la Mejor Obra Teatral Puertorriqueña de 1996 por el Círculo de Críticos de Teatro de Puerto Rico y ha sido estrenada en La Habana, Cuba y Guadalajara, México. Su obra Besos de Fuego recibe Accésit en el Certamen de Teatro de Los Hermanos Machado en Sevilla, España en el año 2002. Su obra Avatar fue estrenada en el Teatro CAI de Tokyo, bajo la dirección de Mitsumi Mori. Ha dirigido y escrito las películas puertorriqueñas Callando amores (1996), Revolución en el Infierno (2004), Después de la Muerte (2005) e Iraq en mí (2007) y el largometraje documental Tapia: el primer puertorriqueño (2009) Ha publicado el volumen de cuentos Sangre de niño (1976) y los ensayos Perspectiva de la Nueva Dramaturgia Puertorriqueña (1989), Teatro Puertorriqueño Contemporáneo 1982-2003 (2003) y el libro Literatura Puertorriqueña Negra del Siglo XIX escrita por Negros (2009). Publicaciones Gaviota edita su Teatro Escogido en siete volúmenes. Ha escrito una docena de libros de ensayos históricos y críticos sobre el teatro y el cine puertorriqueño. Además de su trabajo teatral, se dedica al estudio del esoterismo y la astronomía. Actualmente vive en San Juan de Puerto Rico. 76 Academia


Entre Broadway y el East River

Karen Sevilla

Regalé cuanto tenía. Abandoné mi capital de comienzos más supe que por el resto de mis noches regresaría a esta ciudad. Por un sueño de trenes, de aceras agotadas. Cuando tu mirada va de mí hacia el suelo dices ver farolas negras en mis ojos. Juras que veo muertos; sé que tengo uno en frente. Si el amor perece antes de tocarme la puerta que la escritura entonces salve de todo. O que lo devuelva y redima. Para no quebrar ni apagarnos desde adentro. Karen Sevilla es poeta, narradora, ensayista, traductora y profesora universitaria. Egresada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y de New York University. Ganadora ex aequo del Certamen de Cuento del periódico “El Nuevo Día” (2006). Autora de El mal de los azares (Sótano, 2010) –Premio de Poesía del II Certamen Interuniversitario de Literatura (2009), convocado por la Universidad de Puerto Rico; Mención de Honor del Premio Nacional de Poesía del PEN Club de Puerto Rico (2010)– y de Parque Prospecto (Libros AC, 2014) –finalista del Premio de Poesía del Instituto de Cultura Puertorriqueña (2012)–. En el 2011 recibió un reconocimiento de la Sociedad de Poetas Vivos de Puerto Rico. Es uno de los finalistas/clasificados del I Certamen Internacional Toledano “Casco Histórico” de Poesía (España, 2012). Inclusiones de su obra aparecen en publicaciones de su país, Alemania, Argentina, Chile, EE.UU., Venezuela, España, Italia y Uzbekistán. Ha presentado su trabajo literario en el Museo del Barrio (NY), Instituto Cervantes en Berlín, Museo de Arte de Puerto Rico, King Juan Carlos Center (New York University), Centro de Estudios Puertorriqueños (Hunter College), entre otros. Academia 77


Julia de Burgos: escritora “hecha de presentes”1 vigencia y prospección de su obra literaria Grisselle Merced Hernández

Julia de Burgos establece en su obra poética un desafío que permite un equilibrio entre el momento histórico en el que vivió y su lenguaje literario. Su obra es un canto a la plenitud y a la conciencia literaria, pues ocupa espacios dramáticamente opuestos entre la inspiración y la reafirmación de su proceso como escritora. El discurso sobre “la poeta sufrida” ha imperado a través de los años, pero su labor escritural trasciende los límites de la angustia. Así lo consigna el poeta dominicano Pedro Mir, quien ofrece un ángulo distinto para leerla y analizarla: “A Julia de Burgos, sin lágrimas”, es decir sin aludir a la pena o al llanto que en nada aportan a revelar la importancia del proceso creativo de un bardo. La producción literaria por más fiel que sea a la realidad del autor no deja de ser un proceso artístico de invención. Sin embargo, el contexto histórico que circunda a Julia de Burgos le permitió entrelazar la fascinación de la palabra con la experiencia. Son palabras que trascienden en versos que arremolinan a una Julia de Burgos “fundida y confundida en todo un nuevo ser ficticio o arquetípico” (Solá 10). No obstante, es la misma poeta que lleva el desdoblamiento del ser a su poesía cuando en el poema “A Julia de Burgos” presenta al yo lírico (poeta) enfrentándose a la mujer: “Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos,/ la que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz;/porque tú eres ropaje y la esencia soy 1 Fragmento de un verso del poema “Yo misma fui mi ruta”.

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yo;/ y el más profundo abismo se tiende entre las dos” (Obra poética I 51). Conviene, entonces, demostrar que los versos colmados de inherente vigencia y reapropiación del discurso lírico no son un asunto de simple libre expresión. Más bien, es el germen del pensamiento que destaca a una escritora que cultivó la lectura, el saber y la conciencia ideológica marginal. Escribir en las décadas del treinta y el cuarenta en Puerto Rico era asunto de un arraigado paternalismo. Iris M. Zavala, en su ensayo titulado “Julia de Burgos: poesía y poética de liberación antillana” explica la relación existente entre el canon literario puertorriqueño y el lenguaje poético de Julia: Es un lenguaje ocupado no solo por el patriarcado, sino por las hegemonías urbanas “criollas”, Julia articula sus experiencias como mujer no-burguesa al margen de aquellas esferas socioculturales. En realidad, propone nuevas formas de experiencias, mediante un mundo cargado potencialmente de formas alternativas de emociones y sentimientos. (Zavala 31) Su obra poética se enfrenta a condiciones sociales hostiles, pero su pasión por la creación literaria permite una lucha férrea por dar a conocer sus versos que brotan desde la marginalidad. Por lo tanto, no se compara con los versos trillados y designados para las voces tradicionales permitidas a la mujer de aquella época, quienes escribían poemas que aludían a lo doméstico, a lo religioso y a la maternidad. En la celebración del Primer Congreso de Poesía Puertorriqueña2 que se llevó a cabo en Yauco, Puerto Rico, el 25 de agosto de 1957, a solo cuatro años de la muerte de Julia de Burgos, ni tan siquiera se hace mención de la poeta. Incluso, Francisco Manrique Cabrera fue quien escribió la introducción de las actas que se publicaron en el 1958, por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y no reconoció la trayectoria poética de Julia de Burgos. Resulta curioso cómo de un total de veinticinco poemas que se publicaron en las actas, solo cuatro poemas fueron escritos por mujeres, entre las que se encontraba una de las mejores amigas de Julia de Burgos: Carmen Alicia Cadilla. Para ese entonces, la postura de la poeta no era bien vista, más aún, se delimitaba a las poetas a espacios restringidos de lo doméstico y supérfluo. La posición escritural de la poeta fue delimitada porque trasciende el discurso de la época: Frente al determinismo geográfico que priman en los textos del canon, Julia de Burgos inscribe una geografía simbólica marcada por el nomadismo, la amplitud y el dinamismo: ríos, mar, aire, rutas, caminos y surcos son algunos de los espacios por los cuales transita el sujeto que se construye en su poesía. (Gelpí, 2005) 2 Dedicado al poeta español, Juan Ramón Jiménez. Academia 79


Julia de Burgos presenta a un sujeto que alude a su labor creativa y confirma su proceso escritural. Es evidente cuando inscribe sus dos primeras obras con los títulos: Poemas en… y Canción de…(Imboden). Incluso, se ha analizado, de manera precisa, su obra desde ángulos temáticos que surgen del paisaje: agua y cosmos, pues el tema del río, el mar y el ave son emblemáticos. Su mirada de “mujer ave” plantea una cosmovisión alejada de aspectos terrenales. Mas, esa mirada configura una sensibilidad capaz de abstraer los aspectos más sublimes del instante de inspiración poética. Asimismo, sus poemas amorosos abarcan matices y alusiones metafóricas que transforman los poemas en el verdadero triunfo de su vida: plasmar lo que se siente con la belleza de la palabra precisa y el vuelo poético que caracteriza a los alquimistas de la palabra. Consignar en la poesía su concepción ideológica fue mal visto por la crítica literaria puertorriqueña liderada por Nilita Vientós Gastón3. Entonces, sus poemas se leyeron con

cierta desconfianza, pues buscaban todo lo relacionado a su vida y sus conflictos. Tal vez, la trampa se la tendieron ellos mismos, pues esa actitud sirvió para que la obra poética de Julia de Burgos trascendiera y se diera a conocer en su tierra y fuera de sus fronteras, derribando la concepción insularista que permea en muchos escritores del país. Mientras que los clichés pasaron al ‘Partenón de la ignominia’, otros, con el ojo entrenado para valorar la obra literaria de alto nivel, validaron su obra. Algunos de los escritores de aquella época que reconocieron su pluma fueron Juan Bosch, Pablo Neruda, Luis Llorens Torres, Juan Antonio Corretjer, Juan Isidro Jimenes Grullón, entre otros. Su compromiso ideológico destaca con gran sutileza en su obra poética a través de imágenes cargadas de paisajes y metáforas en las que afloraban los discursos, el convencimiento patriótico o la postura de la mujer dentro del contexto social de la época. Emblemáticos son los poemas políticos, no solo de los asuntos particulares de su patria, sino de temas que abarcaban situaciones de orden mundial: “Ochenta mil”, dedicado a las víctimas de la guerra civil española y los poemas que dedicó a Santo Domingo, ciudad primada y el desafío abierto a la figura del dictador, con el poema “Himno de sangre a Trujillo” escrito y leído con motivo de la celebración del centenario de la independencia de la República Dominicana en 1944 en la ciudad de Nueva York. Asimismo, sus poemas perfilan el sentir y la defensa del pensamiento femenino, el cuestionamiento de sus sentimientos, el reconocimiento del valor de la inspiración poética y la deconstrucción de paradigmas paternalistas. Su estilo literario rompe con los convencionalismos de aquel momento histórico y apuesta por una expresión artística que transforme su experiencia y su visión de vigencia literaria. En el poema titulado “Soy en cuerpo de ahora”, el sujeto lírico resume su concepción de saberse eternamente presente a través del tiempo: 3 Véase ensayo publicado en la revista Artes y Letras de noviembre de 1954. 80 Academia


Vete, forra tus siglos con el vulgo ignorante; no son tuyas mis miras; no son tuyos mis vuelos. Soy en cuerpo de ahora; del ayer no sé nada. En lo vivo mi vida sabe el Soy de lo nuevo. (Obra poética I 79)

Hay una reafirmación ante el tiempo que no entiende que su voz lírica no admite pasado. Por tanto, su palabra se alza con un ‘Soy’ en mayúscula para establecer la vigencia y prospección de “sus miras y sus vuelos” de inspiración poética. En el poema “Principio de un poema sin palabras” la voz lírica ofrece una perspectiva de la creación del verso antes de convertirse en escritura. El mismo es evidente cuando expresa: [...] Hasta el poema rueda ahora sin palabras desde mi voz hacia su alma... ¡Y pensar que allá abajo nos espera la forma! (Obra poética I 104) En sus versos se presenta el instante de la creación literaria. Es una evocación del sentimiento, por tanto, permea la reafirmación de la esencia. De esa manera, la poesía es, y eso ocurre antes de transformarse en versos. Establece una diferencia fundamental: lo sublime de la inspiración poética es autónomo y fluye hacia la estructura de la forma, pero esa forma poética no es poesía. En “Canción amarga” se ofrece un ángulo en el que se intenta analizar la razón del sentimiento triste que embarga a una voz lírica, la cual se reafirma como poeta: Nada turba mi ser, pero estoy triste... Algo lento de sombra, me golpea, aunque casi detrás de esta agonía, he tenido en mi mano las estrellas.

Debe ser la caricia de lo inútil, la tristeza sin fin de ser poeta, de cantar y cantar, sin que se rompa la tragedia sin par de la existencia. (Obra poética I 180) [...] Queda plasmado el sentimiento que prima en su poesía y afianza su posición como Academia 81


poeta. El verso la acompaña en el trayecto de su vocación literaria y se resume una experiencia existencial de la cual no puede apartarse ni comprenderla del todo. Por otro lado, en el poema “Es un algo de sombra” trata de definir la emoción que la conmueve y se refugia en la palabra, pero aún así, la misma no puede conceptualizar todo el torrente emotivo que la poeta siente y precisa: “La palabra no puede con mi carga de angustia,/ y no cabe en mi verso mi dolor exaltado”(Obra poética I 182). La variación discursiva en sus poemas presenta a una voz lírica consciente de su inspiración poética, así lo expone en el poema titulado “Ya no es mío mi amor”: [...] /Si el universo es átomo siguiéndome las alas,/¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar? [...] (Obra poética I 194). Es una poeta con conciencia de su escritura y se compara con un ave cantora. Su inspiración trasciende la analogía cósmica. Es una voz que reconoce la gran capacidad que tiene para amar cuando germina en ella el sentimiento. Es una voz íntima, fuerte, determinada y segura. En contraposición con la postura anterior, en ocasiones, sus poemas presentan una dicotomía, como por ejemplo, en el poema “¡Oh lentitud del mar!” la voz lírica se presenta frágil y vulnerable ante los designios de otros: “¡Y aún me piden canciones por palabras,/ no conciben mi pulso sin poemas,/ en mi andar buscan, trémulos, los astros,/ como si yo no fuese por la tierra!” (Obra poética I 201). El sujeto ofrece una perspectiva desde la otredad cuando reconoce la dualidad existente entre la angustia y la palabra. Es decir, la exigencia que tienen los demás de un proceso creativo que depende de su inspiración. Por tanto, deja consignado cómo se puede escribir si se encuentra mutilada la conciencia... De ahí surge, el proceso imantado de lo ficcional, la angustia se torna en musa. Julia de Burgos conjugará lo autorreferencial y la inspiración poética, en ocasiones, con un dejo de cansancio por el pleno conocimiento que tiene de su labor creativa. Hay un anhelo por dejar a un lado el tormento que provoca la escritura. Es una voz poética que desea recobrar fuerzas y tiempo perdido, pero aun así, es combativa y no ceja ante el intento de lucha. Es importante reiterar que Julia de Burgos es una poeta que trasciende los tiempos y su vigencia no se limita a una época predeterminada. Su lenguaje estético confiere sentido a los conceptos que se relacionan con una mirada distinta a lo que implica su escritura. La figura del suelo como espacio desde donde germina la vida sirve de punto de partida para que aflore la emoción que provoca el sentimiento íntimo.Un sentimiento que cobra dimensiones ante la percepción de la otredad como se demuestra en el poema “Yo misma fui mi ruta”: “[...] Ya definido mi rumbo en el presente, / me sentí brote de todos los suelos de la tierra,/ de los suelos sin historia,/ de los suelos sin porvenir,/ del suelo siempre suelo sin orillas/ de todos los hombres y de todas las épocas. [...]” (Obra poética I 88)

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Referencias: Burgos, Julia de. Obra poética I: Julia de Burgos. Juan Varela, ed. Madrid: Ediciones La Discreta, 2008. ---. Obra poética II: Julia de Burgos. Juan Varela, ed. Madrid: Ediciones La Discreta, 2009. Impreso. Gelpí, Juan G. Literatura y paternalismo en Puerto Rico. San Juan: Editorial Universidad de Puerto Rico, 2005. Impreso. Imboden, Rita C. “Por tierra, mar y estrella: configuraciones espaciales y búsqueda del sentido en la poesía de Julia de Burgos”. Obra poética II: Julia de Burgos.Juan Varela, ed. Madrid: Ediciones La Discreta, 2009. Impreso. Jiménez de Báez, Yvette. Julia de Burgos: Vida y poesía. San Juan: Editorial Coquí, 1966. Impreso. López Jiménez, Ivette. Julia de Burgos: la canción y el silencio. San Juan: Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, 2002. Impreso. Solá, María. “Desde hoy hacia Julia de Burgos: “Reverdece feroz/para la angustia…”. Mairena. 7.20 (1985): 6-12. ---. “La poesía de Julia de Burgos: mujer de humana lucha”. Yo misma fui miruta. Río Piedras: Ediciones Huracán, 1986. Vientós Gastón, Nilita. “Al margen de un libro de Julia de Burgos: Poema en veinte surcos”. Artes y Letras: Homenaje a Julia de Burgos. Año 1, núm.5, San Juan, noviembre 1953. Zavala Martínez, Iris. “Aspectos psicohistóricos en la subjetividad de Julia de Burgos. La poesía como praxis.” Actas del Congreso Internacional: Julia de Burgos. San Juan: Ateneo Puertorriqueño, 1993, 283-290. Impreso. Grisselle Merced es una profesora entusiasta e innovadora con vasta experiencia en la enseñanza de la literatura hispánica, los géneros literarios y la redacción en español. Obtuvo una maestría en Literatura Puertorriqueña y del Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Posee excelentes destrezas de investigación y gran capacidad para la organización de actividades de índole cultural. Imparte exitosamente talleres sobre los temas de su especialización a agencias públicas y privadas. Su tesis doctoral tiene como título: “La construcción de la subjetividad en el epistolario inédito de Julia de Burgos a su hermana Consuelo y de Clarice Lispector a sus hermanas “y fue presentada como requisito de grado en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el 2012. Academia 83


Julia de Burgos y su hermana Consuelo, 1937 84 Academia


Julia y Consuelo: binomio de amor María Consuelo Sáez Burgos

Eran las 5:00 de la mañana de un 17 de febrero de 1914 en el Barrio Santa Cruz de Carolina cuando el cántico del gallo anunció vociferante el parto de la primogénita de Francisco y Paula. La naturaleza efervescente en todo su esplendor tropical y las aguas del Río Grande de Loíza encarnadas en el Pozo Hondo y la Quebrada Limones chorreaban a borbotones el agua que habría de bendecir tan glorioso alumbramiento. Su nombre de pila fue Julia Constanza Burgos García. Fue la primera de trece hijos de los cuales sobrevivieron siete. La belleza del paisaje contrastaba con la desdeñada pobreza del jíbaro, protagonista anónimo de la desigualdad social, el prejuicio, la mortandad precoz y el hambre. Trepando árboles, olfateando azucenas, brincando riscos, deslizándose en “jaguas”, cabalgando en su caballo Nacional, revoloteando en el río y adornándoles la senda a sus hermanitos muertos… discurrieron sus años de infancia. Su brillantez, liderazgo, travesuras ingeniosas y solidaridad precoz eran orgullo fraternal de la familia y los vecinos del barrio quienes pudieron apreciar el genio de esa niña que se transmutaba en versos de palabra y acción. Aunque dicha etapa no fue idílica porque no dejaba de estar permeada por los desvanes de los mortales, lo cierto es que la acariciaba la brisa de la autenticidad enmarcada en la estética del paisaje, del acurruco materno y del campesino desposeído de los prejuicios burgueses que posteriormente taladrarían su vida. Luego la familia, como tantas otras, se ve obligada a emigrar a San Juan. Del campo al arrabal la pobreza se convierte en miseria. La “loza”, se convierte en clasificaciones sociales del “que tiene” y del que “no tiene”, en la maledicencia mordaz con su antifaz de envidia y prejuicio que pretende encajonar su espíritu libre en formas estereotipadas de mentira social. Sufre la agonía y muerte de su madre, santuario espiritual perenne en su vida. Ve cómo en el mundo se conjugan las guerras homicidas que amordazan la igualdad y masacran la vida. Milita en la lucha por la independencia patria y siente en carne viva la persecución que atropella las ideas y penaliza las luchas libertarias y de igualdad social. En su afán de estudio, propósito consecuente y prioritario en su vida, ve como el determinismo que le impone la pobreza los torna inconclusos. Le duelen los amores fallidos, el exilio, la injusticia que se perpetúa mas allá de los linderos isleños y la vida misma trastocada por los burócratas dominantes que pretenden amordazarla. Pero ante la adversidad inmisericorde: la vida, la fuerza, la mujer. El plante existencial que no se deja amilanar por las adversidades, que se levanta erguida ante las cruentas batallas y lucha y se desangra y vuelve y se levanta, el estoicismo de ser auténtica en sus decires, Academia 85


haceres y pensares mas allá de las máscaras superfluas que pretenden acorralarla, la fortaleza de quien se atreve a proclamar la voz de la justicia por encima de la vida misma y de la muerte… Y Consuelín, su consecuente y adorada siempre Consuelo. El binomio de Julia y su hermana Consuelo, tercer parto de Paula, nace desde su temprana niñez. Desde entonces jugaban a improvisar versos… Eran como seres predestinados, hijas de un mismo vientre y cómplices de una misma sensibilidad, brillantez y compromiso enmarcados en sus propios destinos vivenciales. Son calcos de propósitos similares en diferentes flancos. Julia emigra de Puerto Rico a Nueva York en enero de 1940. Luego a Cuba, Nueva York, Washington y Nueva York, donde fallece el 6 de julio de 1953. Paula, la madre, había fallecido en octubre de 1939. Consuelo se quedó en Puerto Rico y asumió las riendas del hogar. Es a partir de ese momento en que surgen la mayor parte de las cartas entre ambas hermanas. Dicho vínculo fraterno se convierte en la presencia extrapolada de Julia en la isla, tanto en el ámbito familiar como existencial en sus diversas ramificaciones. Consuelo, ante todas las adversidades hace acopio de esa reciedumbre que la caracteriza y se multiplica en voluntades. Continúa sus estudios universitarios en la Universidad de Puerto Rico mediante una beca. Obtiene su título de maestra normalista en 1941 y ejerce igual que Julia como maestra de escuela elemental. Concluye su bachillerato en 1945 donde obtiene el Premio Cervantes de la facultad de Humanidades. Ya desde entonces se había unido como Julia a las luchas libertarias y de vindicación social de forma militante. Fue precursora del movimiento cooperativista en Puerto Rico, abogó por los derechos de los obreros, los pobres, la mujer y sufrió la persecución en sus más burdas manifestaciones. Se le persiguió, se le difamó, se le encarpetó, se le acusó y se le encarceló, inclusive hasta llegar al absurdo de apresarla con sus dos hijos pequeños; uno de siete años y la otra de mes y medio de nacida. Se urdía el macartismo en sus mas burdas manifestaciones. Su único delito fue abogar de forma pacífica y consecuente por la justicia y los derechos de los desposeídos. Nunca prevaleció cargo alguno. En una carta suscrita por Julia el 22 de junio de 1942, desde Cuba, Julia le cuenta a Consuelo con gran entusiasmo sobre los cursos de Derecho que está tomando en la Universidad de la Habana y la incentiva a que estudie dicha carrera: “Yo creo que vamos a terminar poniendo un bufete juntas, mi Consuelito y que se llame Lcdas. Burgos y Burgos, abogado notario.” En 1955, dos años después de la muerte de Julia, Consuelo ‘‘contra viento y marea’’ empieza a estudiar Derecho en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Como abogada demostró la misma sensibilidad, compromiso y sentido de justicia que la caracterizó durante toda su vida. Consuelo ejecutó el anhelo de Julia. Consuelo cumplió como siempre. Consuelo fue la primera que supo a Julia poeta, fue su primera y más ferviente admiradora y su más honesta crítica. Fue cómplice del parto del poema Río Grande de Loíza mientras 86 Academia


acompañaba a su hermana en su desempeño como maestra en el Barrio Cedro Arriba de Naranjito, único lugar en que Julia pudo ejercer como maestra. Fue su colaboradora consecuente en la divulgación y venta casa por casa y pueblo por pueblo de su primer libro Poema en veinte surcos. Fue quien le divulgó la noticia de que su segundo libro, Canción de la verdad sencilla, había sido galardonado con el premio al mejor libro de poesía por el Instituto de Literatura de Puerto Rico. Fue su aliada en los esfuerzos de publicación de su libro El mar y tú que al verse tronchados Consuelo publicara póstumamente. Publicó póstumamente también el libro Obra Poética editado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Fue su portavoz perenne, interlocutora, ejecutora de diligencias, su confesionario empírico, sostén espiritual y material... Fue quien valoró y protegió sus poemas, fotos, cartas, cada papel, sobre, sello… con la sensibilidad y la sabiduría de quien conoce cual pitonisa la palabra convertida en verso y el verso convertido en eternidad. Este año en que conmemoramos el Centenario de Julia de Burgos publicamos intactas las cartas que Julia le remitiera a su hermana Consuelo como homenaje póstumo a dos mujeres que labraron con valentía su propia ruta. Con la publicación del epistolario Cartas a Consuelo se escribe la verdadera biografía de Julia de Burgos dicha desde su propia sangre, palabra y voz. ¡Oh, Consuelito, tú eres lo único que me sostiene en la vida, créelo! Fuera de mi gran amor, que por motivos convencionales es tan tumultuoso y sufro tanto por él, eres el único afecto activo que tiene mi corazón. Me conmueve hondamente cada vez que recibo carta tuya. Cuando recibo una cierro los ojos y ya espero recibir la otra. ¡Oh, hermanita querida, te siento como si fueras parte de mí misma! Eres tan buena, y sé que me quieres, y además tu comprensión de tantas cosas es la más alta antorcha, tal vez la única que mantiene mi fe en la vida y en el futuro. Una cosa sé: y es que terminaremos nuestras vidas juntas. ¡Tengo desesperación de verte y abrazarte...! ¡Tenemos tantas cosas que contarnos! ¿Verdad?... 14 de julio de 1941, Cuba María Consuelo Sáez Burgos es una educadora con una sincera vocación magisterial. Su formación comenzó como Maestra de Español de Escuela Secundaria, labor que ejerció por varios años a nivel superior en el Departamento de Educación de Puerto Rico. Tiempo después, continúa estudios en Derecho en la Universidad de Puerto Rico. Dirigió la División Especializada de Delitos Sexuales, Maltrato de Menores y Violencia Doméstica del Departamento de Justicia de Puerto Rico. En la actualidad es profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y principal promotora de la obra poética de su tía, la poeta nacional Julia de Burgos.

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Fragmentos de Cartas de Julia de Burgos a su hermana Consuelo ...Me emocionó tu carita pues me recordó de mis días de práctica en la Universidad. Aquellos días llenos de ilusión que ya no volverán nunca, días solamente heridos por el hambre y la miseria, pero no por la calumnia y la crueldad. ¡Cuán lejos me remontó la vida de aquellos días inolvidables, cuando tú, Carmen y yo recorríamos todos los parajes, haciendo maldades ingenuas, pero siempre recibiendo la caricia del sol! Después… ¡qué de sombras han circundado mi vida! ¡Cómo cada sueño lleva consigo su propia derrota! Pero en fin, no hablemos de eso, que el recuerdo de días bellos a veces duele más que las mismas realidades punzantes. El contraste siempre se inclina hacia lo más profundo. Lo que sí es verdad, Consuelín, que me emociona intensamente pensarte frente a un salón de clases… ¡Cómo te envidio ahora! ¡Y cómo gozo con tu triunfo que ya mismo verás realizado plenamente! Frente a los muchachos, pórtate seria, pero a la vez dulce. No humilles a ninguno que tú sabes que la adolescencia se caracteriza por el amor propio desenfrenado, y un realce de las buenas cualidades del niño de parte de la maestra hace mucho más que un enfoque directo de sus vicios. Cualquier problema que tenga consúltamelo en seguida, que tú sabes que la experiencia vale mucho más que cien conferencias. La Habana, 12- IX-1940

…Todos tenemos esas crisis, pero acuérdate que las penas pasan como el tiempo. No podemos

estacionarnos físicamente en un momento dado. Es ley natural. Así tampoco podemos estacionarnos definitivamente en una pena determinada. Sería suicidio y atentado contra las leyes naturales, que son las que deben regir nuestros sentimientos. A veces una angustia muere por sí sola, inconscientemente, absorbida por la inexorabilidad del tiempo, que no respeta profundidades. Otras veces esta angustia es estrangulada por otra angustia mayor, que logra imponerse destruyendo sombras marchitas. De uno a otro modo, una angustia no persiste sino en la voluntad de sentirla. Es esa voluntad contra la cual tenemos que acometer. Ese voluptuoso placer por el dolor, que cuando nos ronda, es más obstinado que un enamorado. ¡Pero qué difícil es lograr conquistar esa voluntad! ¡Ni siquiera a las mentes analíticas como la mía, a las conciencias libertadas que viven más allá del minuto que pesa, a las almas que pocas veces han usado ropajes y, cuando lo han hecho, ha sido de altamares o de cielos! Pero la vida es una lucha y la más fuerte es consigo mismo. Abandonarnos a nosotros mismos, en lo 88 Academia


que consideramos una limitación, es crearnos nuestra propia derrota, y entonces no somos personas, sino cadáveres. Dejarse vencer por la vida es peor que dejarse vencer por la muerte. Lo último es inevitable, lo primero es voluntario. Y todo lo voluntario debe ser sano, fecundo, creador.

Santiago, Cuba, 11 de junio de 1941.

…Tu acción me ha fortalecido grandemente en mi posición intelectual, por cuanto me he dado cuenta que no estoy sola, que todavía se me recuerda en Puerto Rico a pesar de mi largo silencio, que vuelven a abrírseme de hecho las puertas para la publicación de otro libro de versos que ya me está asfixiando en su papel dormido … te agradezco tus gestiones tan hermosas y te prometo seguir adelante con más espíritu y más fuerza que nunca en lo que el destino puso en mi corazón y en mi pluma para mi pueblo y para todos los pueblos del mundo. Me honra y me satisface que mientras el gobierno de este país me repudia por luchar por el bienestar de la humanidad, incluyendo a su propio pueblo, mi gente puertorriqueña me distinga y me proteja espiritual y materialmente. Esa cobija del alma es mi fortaleza y la suprema orden para seguir adelante.

New York, 12-VI-1945.

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El Diario de Julia de Burgos Margarita Maldonado Colón El Diario de Julia de Burgos, editado por el Dr. Edgar Martínez Masdeu, es uno de tres libros publicados por la editorial Los Libros de la Iguana con el fin de conmemorar el centenario de la poeta. Se trata de un tomo breve que consta de 85 páginas que ofrece a los lectores una versión actualizada del Diario publicado originalmente en la Revista del Ateneo Puertorriqueño en 1994. La publicación pretende poner en manos de los lectores una versión constatada del Diario en una edición accesible y manejable. El libro está dividido en 5 partes. “Ante el manuscrito…” una introducción de Edgar Martínez Masdeu en que aclara, a la luz de hoy, el hallazgo del manuscrito original del Diario de Julia de Burgos. Contiene, además, la introducción original del Diario publicado en la Revista del Ateneo Puertorriqueño en 1994 titulada, “Frente a lo accesible: la transcripción del Diario de Julia de Burgos”. Luego le sigue el Diario escrito por la poeta durante su hospitalización en el hospital Mount Sinaí de Nueva York. A manera de epílogo, hay un escrito de Belén Román Morales, titulado, “Ante el diario de Julia de Burgos”, quien examinó el manuscrito original antes de su publicación en la revista. Finalmente, el tomo incluye unos apéndices de documentos provenientes del archivo personal de Edgar Martínez Masdeu. Haciendo un poco de historia sobre la procedencia del Diario de Julia de Burgos, hay que mencionar que estuvo custodiado durante muchos años por el Sr. Olivo Muñoz Arce, amigo de la autora a quien Juan Antonio Rodríguez Pagán entrevista en 1984 y nos provee la primera noticia de la existencia del escrito en su libro publicado en 1987, Julia de Burgos. Tres rostros de Nueva York… y un largo silencio de piedra. En él menciona la existencia de una “libreta que utilizó como diario”

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Julia de Burgos. Según Martínez Masdeu, la Dra. Heather Rosario Sievert, catedrática del Hostos Community College, de CUNY, le narra que poco antes de la celebración del Congreso Internacional Julia de Burgos, a la salida de una clase, se le presentó un hombre que se identificó como Olivo Muñoz Arce y le entregó una copia del escrito de Julia de Burgos porque sabía que ella presentaría una ponencia en dicho Congreso. La doctora Rosario Sievert le hace llegar una fotocopia que a la vez es fotocopia de la transcripción a maquinilla del manuscrito original. Esto creó dudas sobre la autenticidad del documento, pues no se podía constatar la letra o algún dato que lo autenticara. Además, contenía una información errónea: la existencia de la sobrina de la autora, María Consuelo Sáez Burgos en una fecha en que no había aún nacido. Este dato descalificaba el documento como uno fiable. Para poder constatar la legitimidad del “Diario”, Martínez Masdeu se comunicó con su discípula, la doctora Belén Román Morales quien se entrevistó con el Sr. Gilberto Moreno, profesor y legislador en ese entonces, quien recibió el manuscrito original de manos de Olivo Muñoz Arce. Fue así que se pudo corroborar que, efectivamente, se trataba de un documento escrito de puño y letra por Julia de Burgos. Con esta certeza, se publicó en la Revista del Ateneo Puertorriqueño. En el presente año, 2014, se tiene conocimiento, por fin, de la ubicación de tan importante manuscrito. Los editores se dieron a la tarea de confrontar ambos documentos, el de la transcripción mecanografiada y el del manuscrito original de puño y letra de Julia de Burgos. Recayó sobre el Dr. Martínez Masdeu la constatación y autenticación de los documentos al aclarar las dudas del dato que arrojó sombras sobre la autenticidad y existencia del manuscrito, causadas por unas añadiduras que no estaban en el original. Esto fue subsanado y varió poco lo ya publicado. Escribe Martínez Masdeu, uno de sus más dedicados estudiosos y organizador del Congreso Internacional Julia de Burgos en 1994, sobre su experiencia frente al manuscrito: “Julia de Burgos. Una vez más Julia de Burgos. Otra vez Julia y yo. Hace muchos años que existe una entrañable relación con Julia de Burgos. Pero aquí estoy otra vez, frente a su Diario… Al ansiado y esperado original. El manuscrito.” Se pudo corroborar que existía el manuscrito aunque en muy mal estado y que, efectivamente, fue escrito por Julia de Burgos. Esta versión constatada es la que se da a la luz en la celebración del Centenario de nuestra ilustre poeta. En qué consiste el documento. Se trata de un diario que escribió Julia de Burgos durante su estadía por primera vez en un hospital, según ella misma escribe. Su hospitalización en el hospital Mount Sinai en Nueva York cubre el período de 21 días, del 13 de abril al 3 de mayo de 1948. En la versión impresa consta de 34 páginas. En él, la autora expresa su sentir ante la enfermedad, su sentir ante el mundo, sus observaciones de la rutina en el hospital Academia 91


y el tratamiento y exámenes a los que fue sometida. Advenimos en conocimiento de su padecimiento: cirrosis, una palabra que ella misma desconoce. Aún enferma en el hospital, vemos que no ha claudicado en su compromiso con sus raíces y las luchas en su juventud en las lides políticas. Escribe el viernes 16 de abril: “Al despertarme a las 4:30 A.M. lo primero que asalta mi mente es un nombre, un símbolo: José de Diego. Mi vida se traslada solemnemente a Puerto Rico tras la inmortalidad del gran patriota que todo lo diera por la libertad de nuestra tierra. El poeta y el patriota están conmigo, sé que me ayudarán en la tarea de arrastrar este nuevo día. (…) ¡Cuánta falta hace José de Diego a Puerto Rico en estos momentos de doloroso desajuste, social y político!” (págs. 16-17) Sobre su enfermedad, nos deja saber el mismo día, su resistencia a la invalidez: “¿A dónde me llevan? Y por qué en sillón; arrastrada por una muchachita de apenas 100 libras, cuando puedo moverme por mis propios pies? La primera sensación es de bochorno y humillación. Después, tras una interminable ruta de corredores y ascensores, comprendo que estoy catalogada como enferma, que mis fuerzas escasean, y que no podría hacer la caminata por mí misma sin agravar mi mal.” (pág. 42)

Más adelante, describe la desolación y su desvalidez del siguiente modo: “Miro los árboles todavía desiertos de hojas. Esqueléticos de fuerzas y tristes de no producir nada, se parecen a mí”. (pág. 42) Sobre los estudios que le hacen en el hospital, nos hace saber: “Primero midieron mi cerebro y lo separaron en trozos. Sobre el cuero cabelludo naturalmente. Luego me pegaron al cráneo, en esos puntos un sinnúmero de alambritos de distintos colores, que a la vez estaban atados a una tablita. Me pegaron dos más en las puntas de las orejas. A la vez me soplaba la cabeza una ráfaga fría que me producía cosquillas. Me llevaron luego a un cuarto obscuro. Me acostaron de plano en una cama, ataron la tablita a un engranaje eléctrico, me mandaron a cerrar los ojos, me pusieron una venda húmeda, me mandaron abrir la boca y a quedarme completamente inmóvil. No sé lo que pasó entonces. Me abandonaron en aquel salón, y en otro cuarto se escuchaba como el ruido de un reloj al dársele cuerda.” (págs. 43-44) Sobre el diagnóstico de su enfermedad, indica el 17 de abril: “Luego concluyeron con algo así como que yo soy “A very good case of psirosis”. (pág. 45) Todo parece indicar que su tratamiento responde a ese diagnóstico, pero suscita dudas los exámenes que le realizan del cerebro. En sus reflexiones, Julia repasa en ocasiones su pasado y revive momentos dolorosos que no han desaparecido de su vida. El 20 de abril de 1948 escribe: “Día de aniversario de dolor. Del más acerbo y aplastante, raíz inmediata de uno de los motivos que me llevó al Hospital: el desequilibrio nervioso transmutado en estado histérico que afectó mi organismo entero. Dos meses de la consumación del más cruel de los desamparos, de la más refinada y 92 Academia


a la vez maquiavélica desintegración de un hogar maltrecho, del más feroz de los desquites humanos, del más ciego egoísmo, de la más premeditada venganza. En la calle, con lo que llevaba puesto por todo equipaje con los síntomas de mi enfermedad, sin trabajo, sin equilibrio, con mi más preciada propiedad: mis libros y mis versos –abandonados en un sótano por no tener a dónde llevarlos, me vi esa tarde al borde de desterrarme definitivamente de la vida del modo más violento.” (pág. 51) Se sabe que su vida en Nueva York no fue nada fácil desde que regresó de Cuba, alude al pasado y lo analiza del siguiente modo: “¡Si siquiera hubiese podido cambiar de ambiente para otras tierras y otras gentes! Pero todas mis experiencias en Nueva York me conectaban con aquel trágico pasado, y la crisis empeoró hasta que, casi en las últimas, me refugiaron en el Hospital. Y aquí estoy ascendiendo… Volvamos al presente.” (pág. 52) El Diario, aunque breve y confinado a la experiencia del hospital, nos revela un

microcosmos de la intimidad de Julia, de su pensamiento, y nos remite a su soledad, su desvalidez y su desamparo. Sus reflexiones dan una idea de esa vida que nadie hubiera deseado que viviera. Es una parte de la experiencia existencial de la poeta que nos acerca un poco más a ella, a su intimidad. Pero la poesía de Julia de Burgos se yergue gigantesca sobre la experiencia vivida porque la obra literaria no se da en un vacío. Es la expresión de una visión de mundo forjada por un conjunto de factores sociales y personales que inciden en la conciencia del sujeto de la creación artística. El dolor, la soledad, el compromiso, aun en sus peores momentos, nutrió esa poesía luminosa que transmuta su dolor y la fealdad del mundo que le tocó vivir en belleza, para sentirla.

Margarita Maldonado Colón nació en Bayamón, Puerto Rico. Posee una Maestría en Artes de la Universidad de Puerto Rico con concentración en Estudios Hispánicos. Escribe narrativa desde muy joven. Su cuento El primer día de la historia fue premiado por el Ateneo Puertorriqueño en 1998 en el certamen celebrado en conmemoración del centenario de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico. Ha publicado El umbral del Tiempo (2005), novela premiada por el PEN Club de Puerto Rico ese mismo año; la colección de cuentos El envés de la frontera, (2008); el estudio El drama de una confrontación: Garduña, de Manuel Zeno Gandía, 2012; la memoria, Memoria descifrada. Memorias de don Eugenio de Hostos, 2013. Tiene inéditas las novelas La tierra de los muertos e Historieta de amor, así como otros escritos.

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Nuevas formas del siempre Elidio La Torre Lagares

Un cuerpo es materia física concreta, palpable. El cuerpo es extensión de los sentidos. Pero es la materialidad del cuerpo, y no su materia, lo que determina la forma en que estamos orientados hacia el mundo, tanto en la inmediatez física como en la necesidad psíquica. El cuerpo determina en gran medida nuestra ubicación y dirección en el mundo. En la poesía puertorriqueña, cuando hablamos de la poesía del cuerpo es menester invocar a Julia de Burgos, pues Julia de América es una poeta grande, inalcanzable, descomunal, realidad ante la cual solo podemos ensayar prácticas simbólicas o poéticas mitologizantes de una historia trunca en nuestra memoria colectiva. Quizá, por eso, tuvo que alejarse de su patria y, por más que pudo haber querido, no volvió en vida a Puerto Rico. Quizá por esto vagó por largo tiempo de su vida, como una voz en necesidad de una prestación corpórea. Quizá por eso danzamos en la larga furia de su tristeza en un intento por tenerla siempre. Quizá por eso, en nuestras lecturas de su poesía, aspiramos a darle un cuerpo a esa voz que nos habla y nos anticipa, porque no tenemos otra manera de entenderla, y como los grandes mitos, nos recuerda a los puertorriqueños nuestro presente como pueblo. De ahí que la celebremos como es apropiado: evocando lo que tenemos de ella y reconstruyendo nuevas formas del siempre. La reciente edición Y fui 94 Academia


toda en mí: Antología poética en el centenario del natalicio de Julia de Burgos (Ediciones SM, 2014) es ese esfuerzo por darle corporalidad a la leyenda juliana y apalabrarla en cien poemas como si fueran cien velas de cumpleaños. No quede duda: un libro siempre es un intento a la materialidad, una extensión de la memoria, o un nunca te olvido, Julia de Todos. Vivimos en inefables circunvalaciones de ese mito. Somos tales criaturas. Quizá por todo lo dicho, le ha tocado a Elizam Escobar -¿quién mejor que él?- darle forma al mito a través de sus particulares figuraciones estéticas, como las llama Juan Carlos Quintero. Las ilustraciones nos pintan una Julia como la pensamos siempre: alta, alargada, como si deseara extenderse por toda la infinitud. En cuanto a esa otra imagen gráfica, que es la palabra escrita, el libro celebra esos cantos de las verdades sencillas que son parte del poema ininterrumpido de la poesía puertorriqueña, pero también revive los gritos de guerra julianos que por su potestad revolucionaria son menos comentados. Quedamos, de este modo, dispuestos ante la realidad jánica de la poesía de Julia: por un lado, un aspecto lírico de la poeta que canta al amor carnal y al amor patrio; por otro, una poesía carnal y patriótica donde el cuerpo de la mujer se erotiza como mujer patria y cuerpo político que sufren en carne propia la marginación y la colonización. Ese doble cuerpo, que en todo caso es el mismo cuerpo, aspira a ser disuelto, a ser superado porque el cuerpo es finito, caduca, se deteriora, pero es el alma o el espíritu lo que se alza en vuelo, se remonta, no tiene demarcaciones sociales ni geográficas. Es en el espíritu que somos verdaderamente libres, el territorio intocable, que a su vez se presta como metáfora de dos anhelos fundamentales en la vida de Julia: el deseo de ser mujer libre y el deseo de ver a su patria liberada. En efecto, el cuerpo es imagen visual y como tal, se escribe. Pero el espíritu solo puede ser aproximado- mediado e imaginado a través de las palabras. Por eso, este libro. Por eso, Julia. De ahí que en el poema “A Julia de Burgos”, se desdobla en una voz «auténtica» y otra «frívola»: «Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga/ porque dicen que en verso doy al mundo tu yo», inicia el poema, donde resalta la presencia del cuerpo como región inhabitada. El cuerpo yermo, vacío, desposeído de una identidad propia más allá de aquella que le designan las convenciones sociales, pertenece a una hablante que clama desde una instancia conflictiva: es una voz que habla como enemiga y en oposición a las gentes que «murmuran». En la segunda estrofa, vemos la siguiente acusación planteada en voz de la hablante: «Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos./ La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz/ porque tu eres ropaje y la esencia soy yo;/ y el más profundo abismo se Academia 95


tiende entre las dos», y es en ese abismo, en esa escisión del espíritu y el cuerpo, donde la poesía de Julia de Burgos aspira a morar como si polarizara el habitarse doblemente, como la propia historia de Puerto Rico. La mentira es la ficción. La impostura. La aproximación por medio de las palabras a aquello que de otra manera se nos hace inasible, ininteligible. La mentira es una metáfora, una transposición de sentidos para hacer entender una realidad o, en su defecto, transformarla, hacerla maleable, conquistarla, colonizarla. Esa retoma de la corporalidad es, inefablemente, un logro del lenguaje, el intento de apalabrar formas de verdad que nos eluden. El cuerpo de Julia se transfiere en idea histórica. Julia, en fin, es corporalidad que busca desatarse de su confinamiento como un objeto pasivo y se nos desplaza esta poesía en su fondo como la posibilidad de otra estructura afectiva: es la posibilidad de “otra historia”. Más que un cuerpo en resistencia, es un alma en alzada. Su salvación no es del cuerpo, es de la cosmicidad. El alma es habitada como un espacio, como un cuerpo vasto, amplio, insondable. Es, en fin, cuerpo apalabrado en negación del silencio. Como dijéramos al principio, Julia de Burgos a veces nos parece una poeta demasiado grande para su realidad. Y solo nos quedan bellos libros como Y fui toda en mí para poder recomponerla una y otra vez, hasta tenerla en un puñado de algo.

Elidio La Torre Lagares formó parte del grupo Puertas, importante colectivo de poetas que reunió a las más destacadas figuras de la Generación del Noventa. Ha publicado cuatro libros de poesía, Embudo, Cuerpos sin sombras, Cáliz y Vicios de construcción; un libro de relatos, Septiembre (2000); y dos novelas tituladas Historia de un dios pequeño (2001) y Gracia (2004), publicada por la Editorial Oveja Negra. Es columnista del periódico El Nuevo Día. Es fundador de la editorial Terranova, dedicada a la difusión de la joven literatura puertorriqueña.

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Academia - Revista Multidisciplinaria de EDP University of PR Vol. 4 Núm. 2 (2014)  

¡Julia, presente! Es necesario celebrar la obra de Julia de Burgos, no solo porque durante el año 2014 se conmemoró el centenario de su naci...

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