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Los vascos y el campo Vascos...

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De labriegos a productores

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Integraci贸n vertical

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Los vascos y la leche

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Oda a las mieses y los ganados Lugones

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LOS VASCOS Y EL CAMPO

Como trasladando a esta tierra su característica de pueblo labrador, los vascos se dedicaron mayoritariamente a las actividades rurales en la inmensa pradera ubérrima de la pampa húmeda argentina. En ella trabajaron sacrificadamente en las rudas actividades rurales, alejados e incomunicados de los grandes centros urbanos del país. Fueron pastores de ovejas, criadores de ganado, invernadores, tamberos, agricultores, alambradores, carreros, pulperos, reseros y puesteros, hasta llegar a la categoría superior de estanciero. Con su conducta ejemplar, sus tratos comerciales indocumentados (“palabra de vasco”) y su consagración al trabajo, prosperaron, formaron sus familias, enviaron a sus hijos a los colegios importantes de Buenos Aires, donde

éstos adquirieron prestigio en las profesiones e ingresaron en la extensa clase media nacional. La valorización de las tierras, que los vascos procuraron extender obstinadamente, permitieron que muchos de ellos se constituyeran en grandes terratenientes y accedieran a la clase alta o aristocracia argentina. Este grupo construyó palacios en Buenos Aires y tuvo propiedades en París y Biarritz, viajando frecuentemente a Europa y visitando la tierra de sus mayores, donde tenían parientes con quienes mantenían correspondencia regularmente. El histórico cementerio de la Recoleta, establecido en el barrio porteño más distinguido, también refleja en sus mausoleos y bóvedas la situación principal de sus propietarios. La nómina de socios de los clubes de élite de la Capital Federal (Club del Progreso, Círculo de Armas, Jockey Club), tienen sorprendentes porcentajes de descendientes entre sus miembros. El campo es el origen de este patriciado social.


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Los grandes estancieros

Concepción Unzué de Casares; “San Jacinto”, en Mercedes, prov. de BA, de María Unzué de Alvear y «La Martona» de los Casares, en Vicente Casares.

La estancia como unidad económica rural, con extensión de entre 1.000 y 120.000 hectáreas, desde la época colonial muestra la categoría de sus cascos principales con construcciones jerarquizadas de estilos normandos, inglés, renacentista, italianizante y también vasco. Dichas estancias contaban con grandes parques arbolados de cientos de hectáreas y ocupaban numeroso personal.

Muchos estancieros son también cabañeros (criadores de ganado de raza) que presentan sus animales en los certámenes, donde obtienen galardones. Algunos, incluso, han sido pioneros e introductores de razas europeas y técnicas de avanzada en sus explotaciones. Si hubiera que dejar constancia de una nómina de grandes estancieros tradicionales desde el siglo XIX al presente, no podemos omitir las siguientes: Anchorena, Arregui, Sorondo, Belaustegui, Basavilbaso, Monasterio, Velaz, Ordoqui, Luro - con más de 450.000 has.-, Alzaga - con más de 100.000 -, Unzué, Apellaniz, Behety, Mihura, Elortondo, Zorraquín, Fortabat - con más de 160.000 has., Arrieta, Olazabal,

Entre los cascos de estancia emblemáticos subsistentes, se pueden citar: “Acelain” en Tandil, de Larreta; “La Biznaga” de Nelly Arrieta de Blaquier en Roque Pérez; “San Jacinto” en Olavarría, de la señora Amalia Lacroze Reyes Oribe de Fortabat; “Huetel” en 25 de Mayo de


3 Harriet, Etcheverz, Iraola, Olaso, Arrechea, Anasagasti, Aguirre, Ezcurra, Ayerza, Olaciregui, Madariaga, Urquiza, Atucha, Casares, Alduncin, Alberdi, Estrugamou, Seré, etc. Los vascos y descendientes se identificaron a tal extremo con el campo argentino que una de las actividades más tradicionales del mismo, la destreza gaucha (jineteadas y doma), los ha tenido con fuerte participación. No se pueden olvidar a jinetes como Aristegui, Najurieta, Aizpurua y muchos otros que brindaron espectáculos que les concertaban gran popularidad. En la doma como “cencia” de domesticar al potro, según Carlos Iriberri, en el presente destaca Martín Hardoy con una técnica de amansamiento incruento de los animales. También fue conocido el gran estanciero Pedro Ordoqui, en Bolívar, prov. de BA, que recorría

a caballo sin parar sus extensas posesiones por lo cual los lugareños lo apodaban “culo de fierro”...


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CONSIGNATARIOS

Si una tarea ha de imaginarse como prototípica del vasco, ésta es la actividad agropecuaria. Llegados desde su Euskal Herria natal, nuestros antepasados pronto vislumbraron en el campo la riqueza de la patria. Enumerar a los vascos dedicados a esta actividad, sería nombrarlos a todos. En un pequeño tributo a todos ellos hacemos esta lista de los que mas destacaron. En un interesante libro editado por la Consignataria mas antigua del país en ocasión de su centenario, en 1965, que nos fuera gentilmente cedido por el señor Crouzel, actual Gerente del Centro de Consignatarios de Productos del País, se hace una exacta descripción del consignatario, que nos permitimos transcribir.


5 “La presencia del Consignatario, y su intermediación en el acto de comercializar la riqueza principal del país, constituía una necesidad impuesta por su dilatado territorio y la falta de medios modernos de comunicación. Era el mandatario de los hombres de la campaña, vendía sus productos, defendía su precio, adquiría y remitía las provisiones que estos solicitaban; atendía sus órdenes de pago y financiaba, mediante anticipos, las necesidades de su explotación o negocio. Era, a la vez, el hombre de confianza y de consejo y el único vínculo del extenso interior con la civilización de la urbe. En la tarea de promoción de su progreso, el consignatario constituyó la avanzada de toda acción tendiente a dicho objeto. Se adelantó a los bancos en su función crediticia y de fomento, confiando en la nación y en los hombres que, en la soledad del desierto, elaboraban su grandeza”.

La actividad del consignatario no tiene una fecha exacta de aparición. Sin embargo, varios autores coinciden en dar como fecha de nacimiento el año 1872, cuando se construyen los Corrales Viejos y se organizan los mercados de abasto, surpimiéndose los mataderos, sus antecesores en el negocio. Varios mercados existieron en la ciudad de Buenos Aires. Algunos de ellos, como el del Bajo, no prosperaron, otros, como el Mercado del Sur del alto o Constitución, se convirtió en un centro neurálgico donde comenzaron a florecer los negocios donde se proveía a los pasajeros transitorios los elementos mas necesarios para pasar su estadía en la ciudad. Existía asimismo el Mercado de Frutos del Oeste, ubicado en un principio en lo que fue la plaza Lorea, pasando luego a ocupar los corralones de Miserere, hoy Plaza Once. Dichos Corralones Viejos, que funcionaban en lo que hoy es Parque Patricios,


6 permanecieron allí hasta 1900 cuando el avance urbano obligó a trasladar primero a los lanares a La Tablada - cerrado en 1932 para trasladar la actividad al Mercado de Haciendas de Avellaneda - y el de vacunos a Nueva Chicago, conocido como Mataderos de Liniers, donde aún hoy funciona. Una nueva etapa se abrió en 1883 cuando se instalaron los primeros frigoríficos, siendo uno de los mas importantes “La Negra”, fundado en 1885 por el Sansinena, hijo de vascos radicados en Uruguay, y esposo de una hija del célebre pionero vasco francés, Pedro Luro. En 1912 la actividad creció tanto que fue necesaria la fundación del Centro de Consignatarios de Productos del País que contaba entre sus miembros a varios descendientes de vascos. La Comisión Provisioria para proyectar los futuros estatutos, entre los nueve miebros, eran des-

cendientes de vascos Domingo Salberry, Enrique Santamarina Alduncin y Antonio Lanusse, siendo los otros Jorge M. Méndez, Agustín Pegasano, Juan Lalor, Antonio Crouzel, Mariano Agüero y Víctor Castaños. Fueron accionistas del Centro en su fundación las Consignatarias dirigidas por descendientes de vascos: “Pedro Arancet y Cía.”, “Arzeno Hnos.”, “Antonio Arzeno”, “Ayarragaray, Schindler y Gowland”, “Ayerza e hijos”, “Carlos de Alzaga”, “Juan Anasagasti”, “Ardohain y Rodríguez”, “Martín S. de Alzaga”, “Juan Bayona”, “Bargo, Lascurain y Etchegaray”, “Bayona y Ferrazzini”, “Bellocq e Hita”, “Bidart y Errecalde”, “Chimondegui e hijos”, “Cucullu y Cavo”, “Juan Elordy y Cía”, “Antonio Errea e hijos”, “Estrugamou y Cía”, José Etcheverry y cía”, “Echevarría y Garat”, “José M. Ezcurra”, “Ignacio goño e hijo”, “Goldaracena Hnos.”, “Pedro y Vicente Jauregui”, “Flo-


7 rencio y Alfredo Lanús”, Lizarralde Hnos.”, “Luro Hnos.”, “Pedro y Antonio Lanusse”, “Juan B. Mihura e hijos”, “Onagoity, Penín y Cía.”, “Orcoyen, Castaños y Cía.”, “Otaegui y Cía.”, “Fermín Ortíz y Cía.”, “Quintana y Jáuregui”, “Salaberry y Bercetche”, “Beltrán Sansot”, “Saralegui y Cía.”, “Unzué Alzaga y Cía.”, Martín Urtazun e hijos”, “M. Urquiola”, “A. y P. Vela”, “Angel Velaz y Cía”, “Sucesión de Martín Yraizos”, “Yrazu y Pons”. Además de las precedentes existían en el mercado otras empresas en manos de descendientes de vascos, tales como, “Arbeletche, Crespo y Cía.”, Pedro Alchouron e hijos”, “Alchourron Hnos.”, “Aguirre, Vicondo y Cía”, “Ramón Arano”, “Juan Aguirre”, “Juan Bidegain”, “Juan Curutchet”, “Carrere y Elizalde, “Garat, Echeverría y Cía.”, “José Indart”, “Alberto Lartigau y Cía”, “Antonio Madariaga y Cía.”, “Quirno Hnos.”,

En la Primera Comisión Directiva estuvieron presentes Domingo Salberry (Vicepresidente), Pedro Hita (Tesorero), Ignacio Goñi (h), Fortunato Arzeno y Rómulo Lanusse (Vocales), José Bayona (Síndico suplente), Bernardo Curutchet y Juan Bayona (Presidente y Vocal de la Delegación del Mercado Central, sección Lanas), Andrés Lascurain y José Echenique (Presidente y Vocal de la Delegación del Mercado Central, sección cueros), J. Rómulo Lanusse y Agustín Lizarralde (Presidente y Vocal de la Delegación del Mercado de Mataderos, sección vacuno), Jacinto Jáuregui (Vocal de la Delegación del Mercado de Mataderos, sección lanar), los Doctores Angel Sojo y Salvador Oría (Oficina de Asuntos Legales), Juan B. Echeverría (Gerente de Administración). Durante mas de ochenta años los consignatarios «Pedro y Antonio Lanusse» y «Angel Velaz y Cía. Ltda.» Tuvieron predominio en la plaza


8 nacional. La última tenía en Avellaneda la barraca de lanas más importante de sudamérica. Muchos consignatarios también tuvieron remates feria y sucursales. En la última década todavía es notable la presencia de descendientes de vascos en esta actividad. En una nómina de la Cámara Argentina de Consignatarios de Ganado aparecen las siguientes firmas: «Amenabar y Visus SA», «Anchorena, Acuña y Logioio SA», «Arancedo SA», «Pedro Arancet e hijos SRL», «Guillermo Arnaude», «Ricardo Arotçarena», «Arrese, Massola y Cía», «Carlos Azcona y Cía», «Beloqui y Cía», «Casa Garralda SA», «Casa Guarrochena SRL», «Consignataria Pereyra Iraola SA», «Duhalde y Cía», «Elordy y Cía Ltda.», «Etchegaray, Lizaso y Cía SRL», «Lorenzo Ezcurra Medrano», «Ignacio Goñi y Hnos. Ltda.», «Heguy Hnos. y Cía», «Adolfo Iriart y Cía», «Enrique Iriarte Villanue-

va», «Pedro y Antonio Lanusse SA», «Mihura y Cía SRL», «Ricardo Mogaburu», «Oscamou y Cía SA», «Guillermo Sola SRL», «Semper y Cía SA», «José Luis Mendizábal», «Mario Usandizaga SA», «Leijana y Ormaechea SCA» de Ameghino, «Bermudez y Olaciregui SA» y «Saldungaray y Cía», de Bahía Blanca,»José O. Labayén», de Benito Juarez, «Raúl Mendizábal y Cía», de Bragado, «Narbaitz y Cía», de Carhue, «José Ibarra y Cía», de Carlos Casares, «Alcuaz y Jauregui Lorda SAC», de Cnel Brandsen, «Cacace y Olariaga SAC», de Otamendi, «Juan Saldías y Cía», de Conesa, «Garmendia Iñurritegui y Cía» de Chivilcoy, «Alfonso Monasterio y Cía» de Daireaux, «Estanga y Cía», de Gral. Madariaga, «Paz Salamendy y Cía» de Gral. Pinto, «Eliseo Hardoy», de Indio Rico, «Arnaude Hnos» y «Espada e Irazabal SA», de Laprida, «Berthe y Aguirre», de Lincoln, «Lazcano Uria SRL», de Maipú, «Curutchelhar y Cía», de Necochea, «Casa Zubillaga»,


9 de 9 de Julio, «Arbeleche Ferias Ganaderas» e «Idígoras, Ozafran y Cía», de Pergamino, «Irigoin y Cía» y «Ramón Vallier», de Pilar, «Arribere Ugarte y Cía» y «Hourcade, Albelo y Cía», de Rauch, «Garmendia Hnos.» y «Oregui Hnos.», de Saavedra, «Eyherabide y Cía», de San Antonio de Areco, «Rodolfo Loidi», de San Manuel, «Arano Hnos.», «Etcheverry, Caricoix y Cía», Macaya y Asociados» y «Ugarte y Cía», todos de Tandil, «Víctor Aramburu SA», de Tres Arroyos, «Elisamburu, Delavaut y Charo SCA», de Urdampilleta, «Néstro Arzuaga y Cía», de Curuzú Cuatiá, «Ansorena y Cía», de Adelia María, «Wilberto Irazusta SA», de Córdoba, «Aguirre Urreta y Cía», de Gral. Levalle, «Ireneo Etcheverry y Cía» y «Gastón Etcheverry y Cía», de Laboulaye, «Suescun y Rubiano SA» de Villa María, «Larran y Cía», de Concepción del Uruguay, «Ildarraz SA», de Concordia, «Etchevehere Rural», de Gral. Ramírez, «Echeverría y Cía» de Gualeguay, «Bastanchury y

Cía», de Villaguay, «Trucco, Arrua y Cía», de Alta Italia, «Ganadera Virasoro SRL», de Posadas, «Martiren SRL» de Diego de Alvear, «Cabal, Iriondo y cía» y «Correa, Iturraspe y Cía», de Santa Fe.


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La Sociedad Rural Argentina

Los vascos lecheros se nuclean

Fundada en 1866 por los hacendados más importantes de su tiempo, la Sociedad Rural Argentina tuvo entre sus fundadores a los siguentes descendientes de vascos: Daniel Arana, José G. Lezama, Germán Elizalde, Leonardo Pereyra Iraola, N. Videla Dorna, Mariano Casares, Manuel Aguirre, Agustín Vela, J. B. Gorostiaga, Prilidiano Pueyrredon, Juan Lanús, Martín Iraola, Mariano Atucha, Norberto Quirno, Ireneo Anasagasti, Carlos Urioste, José León Vela, Carlos Casares, Manuel Anasagasti, Benjamín Nazar, Ezequiel Real de Azua, Miguel Insiarte, Bernardo de Irigoyen.

El Centro de Industria Lechera (CIL) es una asociación empresaria de carácter civil y sin fines de lucro, que nuclea a pequeñas, medianas y grandes industrias lecheras, comerciantes de sus productos y productores de leche de la República Argentina. Fue fundado el 22 de febrero de 1919 por iniciativa del Sr. Vicente R. Casares. Invitados por éste, un grupo de importantes empresarios del sector se reunieron en el local de la Sociedad Rural Argentina y consideraron la conveniencia de constituir un Centro de los Industriales en el ramo de la lechería. Los presentes suscribieron el Acta Constitutiva de la Institución y designaron una comisión que se encargaría de proyectar los respectivos estatutos.


11 El 14 de mayo de 1919, en una segunda reunión preparatoria, estos estatutos fueron aprobados. Los objetivos fundamentales perseguidos por el, en aquel entonces, denominado Centro Nacional de la Industria Lechera, eran entre otros, fomentar el espíritu de asociación entre sus miembros, cooperando a que toda la legislación relacionada con la actividad contribuye al progreso general y bienestar económico del sector; mejorar la capacidad científicotécnica de todas sus actividades; difundir los conocimientos científicos y técnicos relacionados con la actividad; propulsar, encauzar y asesorar por todos los medios posibles la producción y comercialización de los productos de la Industria Lechera. Para una mayor especificidad, el CIL se encuentra organizado, de acuerdo a las características de su actividad, en seis cámaras:

Cámara de Usinas de Pasteurización y de Fabricantes de Manteca y Caseína. Cámara de Fabricantes de Dulce de Leche. Cámara de Productores de Leche. Cámara de Fabricantes de Leche en Polvo. Cámara de Fabricantes de Quesos. Cámara de Comercio Internacional de Productos Lácteos. Cuenta también con distintas Comisiones de Trabajo: Técnica, Laboral, Impositiva, de Créditos y Cobranzas, y Comisiones «ad hoc» que son creadas cuando así se requiera. El órgano de dirección es la Comisión Directiva integrada por el Presidente y tres representantes de cada una de las cámaras. De entre sus miembros son elegidos el Vicepresidente Primero, Vicepresidente Segundo, Secretario, Prosecretario, Tesorero y Protesorero. Como se había referido al principio, uno de los objetivos perseguidos era el de difundir los


12 conocimientos científicos y técnicos relacionados con la actividad. Por ello y desde agosto de 1919, la entidad dispone de una revista institucional «Industria Lechera» cuya publicación es bimestral. Asimismo el CIL distribuye semanalmente entre sus asociados el Boletines Legislativos, Circulares Informativas, Informaciones Técnicas y cualquier otro material que resulte de interés para las empresas del sector. Por último, las condiciones de ingreso a la Entidad se encuadran en la obligación de ser industrial lechero, comerciante de productos lácteos y/o productor de leche; bajo cualquier tipo de organización jurídico - comercial, debiendo, previa aceptación por parte de la Comisión Directiva, comprometerse a cumplir con las normas establecidas en el Estatuto. Socios fundadores de origen vasco: Antonio Mendizábal y Cía, Enrique Delpeche, B. Dirube, Borthaburu y Cía., Carlos Arrigoni y Cía., Pedro B. Alcuaz y hnos.

Primera Comisión Directiva

Presidente: Vicente R. Casares, Vicepresidente: Carlos Rivero Haedo, Tesorero: Ciríaco Morea, vocales. José C. Besalú, Carlos Gandolfo, Luis A. Magnasco, José Palma y Pablo Uberto. En la comisión de manteca: Pedro Borthaburu


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VASCOS... Raúl P. Salaberren

La trascendencia de los vascos en las actividades agroganaderas en un interesante análisis del Dr. Raúl Salaberren, profundo conocedor del tema en su carácter de productor agropecuario, ex Ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires, y ex Presidente de la Fundación Vasco Argentina Juan de Garay

Fue la zanja de Alsina cuyo trazado de origen debía unir Bahía Blanca con Italo, y que sólo alcanzó a ser hecha entre Fortín Trenque Lauquen y Fortín Alsina (cartografia de Wisocky, Olascoaga y Ebelot), la que significó un desafio


14 al patriotismo de Roca, su Estado Mayor, y las tropas valerosas que los acompañaban. La mentada zanja, que la indiada había cruzado sin mayores esfuerzos, no pudo impedir que las fuerzas de la conquista realizaran la epopeya de cumplir el cometido que se habían propuesto. Y así, tras vencer la astucia de los lanceros indios, tomaron prisionero a Pincén, el más bravo de los caciques ranqueles, y derrotar al resto. Quedó el desierto con indiadas dispersas, unas mansas y otras con el fuego de un resentimiento que encontró alianzas en gauchos alzados, de mala ralea, cuyas tropelías habían escapado a la justicia. Y así, a principios de la década del ochenta, comienzan a llegar pobladores intrépidos inflamados por un espíritu insuperable de coraje y aventura, cuya mayoría vasca forma parte de la gran riqueza espiritual de la raza.

Son muy ilustrativas las páginas de Diego Newbery, Godofredo Daireaux, Carlos Moncaut y algunos otros, y las cartas de investigadores como el inolvidable Valentín Melville, José Mayo y el Dr. Alberto Arancet, interesados por la historia que nace después de la conquista. Precisamente Moncaut transcribe la correspondencia que un amigo mantuvo con el Dr. Arancet, quien relata anécdotas llenas de fascinación que pudo transmitirle su padre, poblador de los primeros tiempos. Majadas acompañadas por carretas crujientes, llevaban familias al pleno desierto. Una soledad total: sin alambrados, ni caminos, ni Iglesias, ni escuelas, ni registros civiles, ni policías estables, y ni siquiera pulperos. Algún mercachifle se asomaba de tiempo en tiempo; todo lo demás vendría lentamente después. Aunque no eran vascos, da una idea del peli-


15 gro de aquellos tiempos el dramático relato de Ricardo Hogg en su libro «Yerba buena», cuando refiere que no demasiado lejos de Trenque Lauquen los indios asesinaron salvajemente en 1883 a un estanciero y a sus dos capataces, todos ellos ingleses, y también a sus quince peones criollos. Y hablando de vascos, viene al caso recordar a Don Javier Mujica, un vasco de tal valor personal lo que los indios admiraban mucho, que no cesaban de decir: «Toro el Mujica ese», y agregaban una vez más, «Toro!!». Don Juan Mendía, otro de los primeros pobladores, se informó que un amigo suyo se había radicado a unas diez leguas rectas, distancia que aumentaba al doble si se usaban las huellas existentes. Salió optando por el camino más corto campos abiertos tratando de no desviarse de la dirección que se había propuesto; y así galopó algo más de una hora cuando una

cerrazón cada vez más espesa, empezó a cubrir los campos. Buscó no desviarse de la dirección imaginada y siguió al tranco pues la visibilidad era de pocos metros. De pronto escuchó un fuerte relincho que le fue contestado entre la bruma, percibiendo entonces con gran alegría, la silueta de una población donde pensó tomar infonnes. Pero no pudo hacerlo porque al acercarse más, comprobó con estupor que después de andar más de tres horas, había llegado a su propia casa (ArancetMoncaut). Los vascos pioneros eran en su mayoría solteros, y entre los pocos casados y con abundante familia, mujer, hijos y sobrinos, estaba Don Francisco Gondra. Hombre de valor personal, se trabó en duelo con un gaucho alzado y lo durmió de un certero golpe con el banco en donde estaba sentado, hecho primitivamente con una cabeza de vaca y un cuero, y lo ató por varios días a un palo a pique hasta la lle-


16 gada de la autoridad que pasaba una o dos veces al mes. Estas anécdotas y otras más las refieren también Arancet y Moncaut. Sería inagotable citar muchos más de aquellos vascos valerosos y tenaces como Bautista Heguy, José Aguirre Urreta, Juan Goyeneche, Pedro Apestegui y más... que tras ellos fueron aumentando con el correr de los años. Al principio la alimentación era única, carne muy gorda de oveja y alguna que otra vez choclo o zapallo; pero como bien dice humorísticamente el tan recordado Dr. Alberto Arancet, «la nocividad de la carne ovina para el hígado no se había inventado todavía y casi todos llegaron a edad bien avanzada en perfecto estado de salud. Esos nobles vascos tuvieron que hacer de todo; viviendas y jagüeles, trabajando de sol a sol, amén de vivir vigilantes ante cualquier adversidad no prevista.

He querido iniciar esta presentación tipificando a vascos que no fueron ni guerreros ni hombres públicos gravitantes en la historia de la Patria, sino simplemente pioneros sacrificados de una inhóspita zona más allá de la zanja que construyó Alsina. Pero antes y después, existieron familias vascas que dejaron profundas huellas al tiempo que fueron miembros distinguidos de la más calificada sociedad porteña y de provincias, siendo titulares de vastas extensiones de explotación rural. Así los Anchorena, Ezeyza, Unzué, Alzaga, Lezica, Estrugamou, Behety, Luro, Iraola, Iturraspe, Urquiza, Ayerza, Garay, y más cerca, ya en este siglo, Harriet, Fortabat, y muchísimos más, la mayoría de los cuales merecería un capítulo, cuando no un libro, por el inmenso aporte al prestigio de la sufriente y otrora colosal ganadería Argentina. Quisiera destacar que en la frontera que divide el Soule (vasco francés) del Beame, existen


17 innumerables pequeños poblados, donde en el curso de los años se han unido familias de una y otra jurisdicción, y tratándose de dos razas diferentes, se hace muy dificil definir el nivel de sangre vasca que tienen determinadas personas. La importancia está dada por ser unas y otras genéticamente distintas; el ilustre hombre de ciencia, Dr. Echeberry, miembro de número de la Academia Nacional de Medicina, descubrió el muy alto porcentaje de RH negativo en la sangre de los vascos, frente al pequeño que corresponde al resto de la humanidad, y eso nos lleva a preguntamos de dónde provienen los vascos, careciendo de historia escrita? Interesado en el tema, estoy convencido de nuestro origen caucásico, teniendo como referencia entre otras mis conversaciones con el Marqués de Perinat y Elía, hace ya mucho tiempo, quien fuera por cinco años Embajador de España en Moscú, que habiendo investiga-

do al respecto me aportó elementos informativos valiosos que le fueron provistos por el Secretario del Presidium de Georgia. ¿Pero cómo llegaron a los Pirineos? ¿Por el continente? ¿Por Africa? No lo sé y no creo que nadie pueda decirlo con total solvencia. Por fin, la actividad rural tuvo notables figuras que abrieron las puertas a su desarrollo y ahí estuvieron vascos como Salaberry, Bercetche, Angel Velaz y muchos más que además hicieron aportes al bien comunitario y se los menciona con reconocimiento. Yo diría que la sangre vasca es una sangre que «imprime» y a veces, cuando sólo una de sus ramas fuese vasca, quizás sería suficiente para haber heredado los perfiles excepcionales de la raza: laboriosidad, honradez, lealtad y amor a la tierra, que llenarán de legítimo orgullo a todos los que tengan el privilegio de llevarla.


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DE LABRIEGOS A PRODUCTORES AGROPECUARIOS Juan Pablo Berardi Inchauspe

Los hechos y razones que impulsaron a los vascos a emigrar de sus tierras y los factores que influyeron para que se asentaran definitivamente en la Argentina.

Todos hemos escuchado alguna vez las características de los vascos, como la perseverancia o la constancia que muchas veces llega a la terquedad, y esto fue debido al importante papel que tuvo que desempeñar el «euskaldun» en idioma vasco en el campo argentino desde mediados del siglo pasado.


19 De las colectividades que llegaron a la Argentina en ese período y que se internaron «tierra adentro», el vasco quizás por su individualismo fue quien se adaptó con mayor facilidad a la vida «pampeana». Como sucedió históricamente, las causas de la emigración parten de bases económicas, políticas y sociales y este pueblo no estaba exento de estos «principios». La costumbre del mayorazgo, muy practicada en aquellos años y que consistía en que el hijo mayor heredaba todos los bienes de los padres, fue una de las principales razones que promovió la emigración, ya que el resto de los hermanos debía buscar su destino ya sea trabajando para este hermano, entrando en el clero o la milicia o, en la mayoría de los casos, emigrando hacia zonas que prometían un mejor porvenir. Por el tamaño de la región vasca la

única forma de progreso estaba en emigrar hacia las tierras que se hallaban del otro lado del Atlántico. J uan Araquistain en su libro «Tradiciones Vasco Cantábricas» explica al interpretar el mayorazgo que en el fuero de Vizcaya, el primogénito heredaba todos los bienes y dejaba a sus hermanos «... sus armas como caballero, un árbol en significación sin duda en que estaba arraigado en el Infanzonado, y una teja como originario de su casa solariega...» Los vascos, hasta las guerras carlistas, se regían jurídicamente por fueros dictaminados por los Etxejaun o jefes de familia. Según R. Collins, en la mayoría del territorio vasco principalmente en las zonas rurales adquirían gran importancia las reuniones de estos jefes de familia frente a las iglesias locales donde se trataban los distintos temas para una mejor


20 convivencia entre los vecinos. También destaca que, en otras reuniones de carácter extraordinario, conocidas como «La Cruz Parada», se elegía al representante de toda la zona cuando los temas abordados eran de carácter urgente. Entre 1833 y 1839, la primera guerra carlista trae como corolario la abolición de los históricos fueros que representaban la vida autónoma de los vascos. Unos años después de finalizar la primera guerra entre 1840 y 1841 se extiende la frontera (aduanas) del Ebro hasta el río Bidasoa (actual) dividiéndose entre españoles y franceses. Más tarde hubo otros dos alzamientos, en 1872 y en 1873, que durarán poco tiempo y serán derrotados por Alfonso XII. Los vascos que se adhirieron a los «carlistas» fueron principalmente pequeños productores del campo y los más perjudicados. Muchos de estos vascos se vieron identificados con la figura de José María Iparraguirre en su famoso

«Gernikako Arbola» (Arbol de Gemica), quien les canta unas coplas de nostalgia y esperanza a todos los vascos que encontraron una mejor salida en la emigración. Hacia mediados del siglo pasado la población vasca comienza a crecer a un ritmo sostenido en donde el espacio físico comienza a jugar un rol muy importante, debido a la poca extensión del territorio. Muchos vascos toman la decisión de emigrar de su tierra. El Padre jesuita Pierre Lhandé avala este hecho, y sostiene que en la parte vascofrancesa en el período que comprende entre 1831 y 1891 emigraron alrededor de 90.000 vascos y la población disminuyó solamente en 5.000 personas. Históricamente los vascos se dedicaron a dos actividades: la agropecuaria y la pesca. El que se dedicó a la primera es el que llegó hasta nuestras costas. Esta característica se enlaza


21 junto a la del incremento poblacional y el mayorazgo, pues en EuskalHerria (tierra de los vascos) eran pequeños propietarios o arrendatarios que, a las características ya enunciadas se le agregaba otra que era la pobreza del suelo. En conclusión, eso hizo que las opciones de progreso como productores agropecuarios en su tierra se vieran acotadas y debieran buscar salida en la emigración.

ceses como Burdeos o Bayona. ¿Por qué decidieron llegar hasta estas tierras? ¿Qué era lo que les llamaba la atención?

EL ASENTAMIENTO ARGENTINO

Al arribar a nuestras costas, los vascos realizaron cualquier tipo de tareas, como zanjeadores y carreteros, trabajando en los saladeros y luego lentamente fueron dedicándose de lleno a lo que realmente sentían, la actividad pecuaria. Tanto ellos como sus descendientes se destacaron en el tambo, la cría del lanar, el mejoramiento de las razas ganaderas y la formación de las casas consignatarias, entre otras tareas.

Para darse una idea de lo que representó la inmigración vasca al Río de la Plata, los datos estadísticos del P. Lhandé, sostienen que entre un 60 y 70% de los vascos optó como destino las costas rioplatenses. Entre 1832 y 1907 arribaron alrededor de 100.000 vascos procedentes de puertos fran-

Thomas Hutchinson, quien recorrió nuestro país como pocos en la primera mitad del siglo pasado, hace alusión a los vascos como «la inmigración más importante que jamás ha venido al Río de la Plata «. Hay que considerar que el autor escribió este libro aproximadamente en 1860.


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LOS MOTIVOS QUE LOS TRAJERON

Hacia 1860 los gobiernos nacionales fomentaron las actividades agropecuanías de una forma distinta. Comienzan las importaciones de toros de razas británicas para el mejoramiento de la calidad de los rodeos, la cría de lanares y su posterior exportación y las colonias agrícolas. La inmigración vasca jugará un papel importante en cada una de estas actividades. Con hechos como la «merinización» y la expansión de fronteras, los euskaldunes supieron ganarse un lugar entre los pioneros de la gran expansión agrícolaganadera que se suscitará en los años siguientes. Entre las ventajas que encontraba un inmigrante era que tenía el mismo derecho que los

naturales con la excepción del voto, y sobretodo, que estaban libres del servicio militar. Esto fue perjudicial para los gau-chos, como bien lo dice el Martín Fierro. Otro de los motivos de su asentamiento fue la expansión de la frontera con el indio. La primera campaña, realizada en 1833 por Juan Manuel de Rosas, había remontado el Río Negro llegando hasta ChoeleChoel, y había logrado acuerdos con los principales caciques para detener los malones. Después de la batalla de Caseros la situación se toma nuevamente conflictiva y se renuevan los malones sobretodo con la dinastía de los Curá y los gobernantes de turno tienen una barrera difícil de paliar pues las pampas en pocos años quedaron como a principios de siglo, es decir, el límite era el río Salado. Hacia 1874 Adolfo Alsina ordena construir su famosa «Zanja», que no pudo detener los


23 saqueos a los habitantes de frontera. En 1879 una nueva expedición similar a la de 1833-al mando del General Julio A. Roca logra la ocupación de 400.000 km. cuadrados de nuevas tierras que serán la base del crecimiento del país y donde los vascos, con mucho sacrificio, perseverancia y voluntad, ocuparán un lugar muy destacado en su desarrollo.

LAS ACTIVIDADES Las dos tareas en las que los vascos sobresalieron fueron el tambo y la cría lanar. Hasta la Revolución de Mayo prácticamente no se consumía leche. Lentamente entre las nuevas cos-tumbres que adopta la sociedad incorpora el consumo lácteo. A medida que fueron inmigrando, los vascos fueron monopolizando este trabajo y, para

la presidencia de Avellaneda, en los «Anales de la Sociedad Rural Argentina» era casi imposible hallar un tambero que no fuera de origen vascongado. Tenían dos formas de proveer la leche: una mediante el carro que tenían para el reparto al que le acoplaban a las ruedas.un mecanismo que permitía ir batiendo la crema durante el reparto. De esta manera la transformaban en manteca. La otra, visitando las casas y ordeñando las vacas a pedido de los distintos consumidores. Hacia fines del siglo pasado, con la incorporación del ferrocarril que acortaba los tiempos en los traslados de los distintos productos y el frío industrial, que permitía una mayor conservación de los mismos, nacen pequeñas fábricas como «La Martona», «La Vascongada» o «La Baskonia», donde siguieron siendo los vascos quienes llevaban la vanguardia en la producción.


24 Como la inmigración vasca coincide prácticamente con el nacimiento de la «fiebre lanar», poco a poco la ganadería tradicional fue dejando sus campos al ganado ovino, pues tenía mejor margen de rentabilidad y por más de 40 años ocupará el primer lugar en las exportaciones nacionales. La mano de obra que se dedicó a esta actividad fue principalmente vasca, irlandesa y escocesa. Los gauchos veían a la cría lanar como un trabajo indigno, no entendían que se trabajara a los animales de a pie y para colmo desconocían totalmente las características de este animal. Así fue que la demanda de mano de obra extranjera empezó a crecer y a incorporase al campo reemplazando al gaucho en tareas más específicas y «modemas».

INTEGRACION VERTICAL: CUANDO 100 AÑOS NO ES NADA EL INICIO DE LA ACTIVIDAD LACTEA EN EL NOROESTE BONAERENSE

Marina Nerea Eguren Agradezco profundamente a Ricardo, mi padre, el relato de esta historia. Corría el año 1897 cuando Simón, el cuarto de nueve hermanos, dejaba su Eibar natal (Guipuzcoa, País Vasco) para cruzar el Atlántico. Tenía 13 años y atrás quedaban sus padres, la escuela, las estrecheces vividas en el caserío con su numerosa familia, el reparto de la leche hasta Placencia (un pueblo vecino), su inocencia y su infancia.


25 Pero cualquier destino desconocido era mejor de la certeza de, a los 15 años entrar “en capilla” y quedar en disponibilidad de la milicia para ser enviado a la guerra de Cuba. Era entonces o nunca. Y partió solo, con algún dato del hermano venido dos años antes, de algún vecino también escapado de ese futuro, en busca de algún vasco con el que comunicarse. No hablaba una palabra en castellano, y aquí llegó. Al principio trabajó en una confitería, después encontró a los buscados, se estableció en Massey, (Estación Elordi), un pueblo del noroeste bonaerense, partido de General Villegas. Se casó y, poco a poco fue haciendo lo que más sabía: trabajar. En esto no se diferenciaba demasiado de los otros pobladores de la zona. En una pequeña extensión de tierra, comenzaron a ordeñar las vacas para consumo y el sobrante se fue adecuando de la mejor manera

posible. Algo se vendía, pero la leche, por sus características, no podía guardarse y además la comercialización local estaba dificultada: todos estaban en la misma. Era complicado hacer quesos, se necesitaba una infraestructura que estos productores no tenían, entonces la desnataban. En algunos campos había desnatadoras manuales, que con una manija alcanzaban velocidad y sacaban el suero por un lado y la crema por el otro. Eran tambos chicos, familiares, de 80 a 100 litros por día. El proceso era ordeñar y posteriormente desnatar, y a esa crema la vendían. Entre 1929 y 1930 Simón lo que hizo fue ampliar la desnatadora manual e iniciar una pequeña empresa. La fábrica como llamaban popularmente a este tipo de establecimientos con una caldera (necesitaban agua caliente), máquinas y motores para mover las poleas y la moledora. Compraba la leche a los vecinos y


26 desnataba (con una máquina de funcionamiento centrífugo). En algún momento Simón llegó a desnatar 2000 litros de leche diarios. Había una fábrica cada 10 km. y los vecinos entregaban al que les quedaba más cerca. En aquellos tiempos e infraestructuras, la elección pasaba por las distancias más que por los precios. Al principio el ordeñe era una vez por día y posteriormente dos veces diarias y los tiempos ni daban para mucho viaje. Donde se juntaba un grupo de tambos se instalaba una cremería, y su recíproca: donde había una fábrica se ponían tambos que tenían asegurada la recepción de la leche. En la fábrica, después de desnatar, con lo que quedaba del suero se hacía caseína, sustancia que se usaba como pegamento y con las funciones del plástico actual. Los peines, por

ejemplo se hacían con caseína. Esta quedaba como un granulado, que con una moledora se procesaba y después se tendía sobre lienzos al sol para que se secara. Ese granulado se embolsaba y mandaba a Buenos Aires. Con el resto se criaban porcinos. Solía decir Don Simón que en la crianza de los chanchos estaba la ganancia. Con el suero se alimentaban de lechones, asegurándose la sanidad, y solo un refuerzo de ración cuando eran adultos hacían de esa situación algo rentable. Los pasos eran, entonces: sacar la crema, luego la caseína y después los cerdos. Dos o tres veces por semana llevaban a Elordi la producción de crema en los clásicos tarros lecheros de 50 litros. Eso lo cargaban en el tren y era mandado para su comercialización a Buenos Aires. Decían que en algún tiempo la estación de Elordi fue la que más crema cargó del extendido del Ferrocarril Oeste.


27 Paralelamente estaba la River Plate Dairy Co., cuya modalidad empresarial era otra. Compraba y/o alquilaba campos, estancias de grandes extensiones y formaba colonias (del estilo de las colonias agrícolas). Fraccionaba la propiedad en parcelas de 200 a 300 hectáreas, las arrendaba y entregaba con vacas a un tambero que se hacía cargo de todo y pagaba con leche el arrendamiento. Con el excedente vivía, y algunos hasta pudieron llegar a comprar la hacienda y la propiedad. El proceso productivo funcionaba de igual forma que las pequeñas fábricas, aunque con algunas incorporaciones como la famosa Dairico, una manteca muy utilizada, cuyo nombre era la castellanización de su marca. Y como todo negocio que crece, se organiza y prospera, paulatinamente comenzaron a instalarse empresas que absorbieron la producción de estas pequeñas fábricas familiares, o que alquilaban varias de ellas para aumentar su

caudal de recolección. Y junto con esto llegaron los quesos. Para competir y continuar había que tecnificar más la fábrica, incorporar gente con mayor conocimiento. Para estos productores que venían de una cultura regida por las leyes del esfuerzo y del trabajo cotidiano más que de la comercialización, este desafío alcanzaba las características de dimensión desconocida. Y fue allí donde Simón decidió que no estaba preparado ni en condiciones de hacer este viraje empresarial como productor lácteo y decidió alquilar las instalaciones de su fábrica a la Compañía Nacional de Crema y Caseína, empresa mayoritaria que hizo lo mismo con otros productores. Algunos habrán seguido, crecido y logrado aprender las nuevas reglas del juego. Otros como Simón, supieron salirse a tiempo de un desafío para el que no se creían preparados y habrán existido quienes no pudieron crecer y quedaron en el camino. Me


28 pregunto mientras escribo esto, si hay alguna diferencia entre aquellas opciones de 1930 y las opciones actuales. Este tema, esta modalidad, ¿no es acaso la misma que existe hoy en día para los productores de leche? La ciudad de General Villegas, distante 12 km. de Elordi, que había sido elegida cabecera de partido luego de una disputa por ese privilegio, fue llevándose consigo la gente y el progreso. De aquel Elordi próspero hoy queda poco. La fisonomía de algunas casas semiderrumbadas, la escuela y la estación como testigos mudos y fieles de una época que hoy queda en el recuerdo de los descendientes de todos aquellos que, como mi abuelo Simón, iniciaron un proceso de construcción basado en el tesón, el esfuerzo, el trabajo, la solidaridad y el encuentro. Trabajo presentado en el concurso de periodismo agropecuario de La Nación. Junio 1998


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Los vascos y la leche

Hace cinco mil años el hombre comienza a criar ganado y descubre el «ordeñe», desde entonces la leche de vaca fue conciderada el alimento por excelencia. Después aprendió a transformarla en leches fermentadas, yoghurt y quesos. En 1580 Juan de Garay introduce el primer plantel de ganado vacuno en el Río de la Plata al fundar Buenos Aires. El primer atisbo de racionalización en la explotación tambera aparece en 1823 cuando Norberto Quirno establece en la calle Victoria, entre Taquarí y Buen Orden, un puesto de expendio de leche al por mayor y menor. Hasta allí hacía transportar la leche de sus tambos de San José de Flores.


30 En 1823 comienza un movimiento de traslación de los tambos al interior del radio urbano, operaban a la vista del público y a toda hora, aplacando la desconfianza de los consumidores y aumentaron las ventas. Se vendía manteca batida a trotre de caballo la que se denominaba «manteca a la vasca» el lechero la sacaba de los botijos con la mano que después limpiaba en la cola de caballo, ¡todo listo! el lechero y el cliente contento. A partir de 1839 comienzan a llegar los primeros inmigrantes vascos, que serán lecheros en la ciudad y tamberos en la campaña. «El vasco lechero trabajador sin igual, rememora Carlos A. Moncaut, abandonaba su descanso mucho antes del alba y al primer canto del gallo marchaba hacia el tambo, allí a la luz de la luna o de algún farol a querosene que se colgaba de algún alto palo con un banquito de una pata, mezclábase entre sombras, terneros

y vacas para iniciar su tarea...» terminado el ordeñe marchaba a la ciudad al tranco rápido de su caballo, generalmente un animal enorme para poder aguantar el peso de 2 o 3 tarros de latón que debía transportar en sus alforjas de cuero (las «árganas»). La simpatía y calidad señoril siempre cortés y atildada con lo que los vascos realizaban sus servicios de provisión de cada hogar consumidor, le facilitaba la entrada en la cocina en no pocos domicilios subían los diarios de la mañana, llenaban las cacerolas con el medidor de leche y prendían los fuegos. Entre 1837 y 1842 comenzaron a llegar algunas familias vascas, que se distingieron por su laboriosidad constituyendo un caso poco común de aceptación por parte de todas las clases sociales. Esa especie de seguridad compacta de los vascos desprovista sin embargo de jactancia, haría que el criollo los aceptará. No


31 falta hoy quién usa la gorra vasca sin tener tal ascendencia. El dulce de leche es el resultado del olvido de una doméstica negra que dejó sobre el fuego una olla con leche azucarada y la encontró convertida en el clásico dulce nacional, cuya receta rescató entre 1803 y 1805 doña Magdalena Pueyrredón de Ituarte. El 10 de junio de 1866 se crea la Sociedad Rural Argentina. ¡Si la historia de nuestra lechería no merece el olvido, cómo dejar en la sombra la de los hombres que la hicieron...! Uno de los vascos más famosos fue don Pedro Luro, cuando estaba senil pensaba que todas las vacas que veía eran de su propiedad y no vaciló en salir a la calle, frente a su residencia en la Av. Santa Fe y armar un escándalo al vasco lechero que ordeñaba las suyas para ser-

vir a los clientes. Al morir les dejó a sus herederos 375.000 hectáreas con su hacienda. Uno de los más grandes hacendados que jamás se hubieran conocido fue Don Nicolás Anchorena, ningún paisano dejaba de identificar su marca de ganado dispersa en toda la provincia. Infinidad de leyendas jocosas circulaban en torno a sus millones y no faltaba humorista que afirmase que había mandado a construir un canal para conducir la leche de sus campos a su casa de Buenos Aires. En 1884 según los «Anales de la Sociedad Rural» predominan los vascos en la actividad lechera «era raro ver un lechero del país o de otra nación», ellos organizaron sus tambos amansando vacas con golpes de puño. Desde 1875 los vascos introducen dos innovaciones en materia de reparto comercial en Bue-


32 nos Aires, una de ellas el carrito, la otra fueron los «tambos ambulantes», la venta de la leche fluía «al pie de la vaca», mediante el arreo del animal por toda la ciudad y su ordeñe a pedido de los consumidores en cada casa, esto estimulaba la confianza del cliente que podía tener el producto sin los habituales fraudes del aguado y descremado.

con despacho al público que fue conocida como «Kiosco Casares» posteriormente bajo la denominación de «El Kiosquito» y «El Tambito», pasó a ser el lugar al que concurrían por la madrugada la población porteña que gustaba beber leche recién ordeñada luego de concurrir a los sitios cercanos de diversión, tales como lo de Hansen, el velódromo,etc.

La tropa de vacas «integrábanla tres, dos acollaradas, libre la más mansa (la tercera oficiaba de madrina) se iba de puerta en puerta (que abríanse al anuncio de los cencerros) por calles y avenidas, lentas acompasadas, armoniosas, casi solemnes, aquellas vacas opulentas fueron un poco madres de la ciudad de mi niñez. ( Godofredo Lazcano Colodrero)

Despúes de 1890 los tambos fueron gradualmente desalojados de las ciudades, el desarrollo de los ferrocarriles posibilitó satisfacer la demanda urbana, desde las zonas alejadas de los centros de consumo.

En 1887 don Vicente Casares fundador de «La Martona» en 1889, instala en el parque «Tres de Febrero» una explotación tambera modelo

El crecimiento de la gran metrópolis y la subdivisión de las tierras desplazó los tambos de San Justo y Morón a Moreno, General Rodriguez, Marcos Paz, Las Heras, etc. La MARTONA: a ella y a su creador don Vicen-


33 te Casares le corresponde el gran honor de haber dado a la población de Buenos Aires una leche pura e higiénica accendiendo al título de gran pionero de la industria nacional. En el año 1910 se inicia en nuestra lechería el embotellado de la leche. La botella de vidrio era sinónimo de buena leche. La Usina de pasteurización «La San Vicente» ubicada en E. San Vicente F.C.S. fue una de las primeras en establecer en Buenos Aires el reparto de la leche pasteurizada y expedida en botellas el que llegó a ser de 5.000 litros por día. Esos comienzos se hicieron con botellas procedentes de Alemania, Inglaterra y E.E.U.U. eran de vidrio ligeramente coloreado de verde más o menos claro. El 1° de mayo de 1914 apareció el primer número de ESNEA, su formato era de cuatro páginas y anunciaba su salida en forma quincenal sosteniendo con eficacia los intereses de

la lechería; desde 1990 es revista y tiene un programa radial, siendo su actual Directora la Sra. Liliana Loinaz. En 1913 se funda el establecimiento BORTHABURU y Cía. con una producción de 3.000 Kg. diarios de manteca, su fundador Don Pedro Borthaburu, era un hombre de trabajo, de venta creadora y sumamente inteligente. En 1927 se realiza en General Rodríguez la PRIMERA EXPOSICION DE SHORTHORN DURHAN LECHERO, en el local de los Dres. Nazar - Hernández. En 1934 la casa NOEL y Cía. organiza su sección helados. El referido periódico ESNEA, en un libro denominado «25 años de la Industria Lechera Argentina», editado en 1941, señala a personas con especial protagonismo en ese período entre los cuales están:


34 El Sr. José Tomás Sojo que en 1915 es Presidente de la «Asociación Nacional de la Leche» y luego fue Presidente de la Sociedad Rural Argentina y Ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires. Juan A. Chuchurru, socio fundador de la Usina de Pasteurización «La Victoria», muerto a los 57 años en 1918 Bernardo Etchelhoun (1873-1915), Cofundador de la empresa láctea «La Vascongada» en Capital Federal y Directivo del Banco Supervielle Rufino E. Luro (+ 1934), iniciador de la fabricación quesera en su estancia «El Moro» Ramón Arano, vasco, radicado en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires e iniciador de la cría vacuna en la zona (Estación Arano), muerto en 1933 a los 72 años Dr. Alberto Ortíz, gran tambero, ex Intendente de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires Pedro Errecaborde, veterinario, propulsor

muerto en 1930 en Capital Federal Juan M. Iturregui, patriarca en Bolívar, provincia de BA, muerto en 1929 Guillermo Udaondo (+ 1936). Importante personaje público y social, socio de explotaciones en «Cabaña Tuyú» (hoy Parque Leloir en San Miguel) de la Sra. Hortensia Aguirre de Leloir, madre del Premio Nobel Federico Leloir Aguirre. Juan Erramouspe. Venció en el concurso de «Esnea» de 1921 como el más antiguo acarreador de crema a la Capital Federal. Tenía un tambo en Almirante Brown. Graciano Morea, radicado en Argentina en 1871, a los 17 años, cofundador de «La Vascongada» y «La Cantábrica». Murió al regresar del País Vasco en barco en 1936. Tuvo una fábrica en Junín (BA)


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Dentro de las Instituciones destaca:

Industrias lácteas (ver «Los industriales»)

«Cooperativa de Lecheros Unidos», fundada en 1987 y que en 1941 tenía en la Comisión Directiva a Bernardo Espondaburu y Juan C. Campion La «Unión General de Tamberos» fundada en 1920 con la presidencia de Clemente Jáuregui. Tuvieron activa participación José Goyeneche, Guillermo Oillataguerre, Néstor Elguez y edita el periódico «El Tambero» Entre las fábricas de leche regionales, «La Azuleña», 1920, de Mujica y Cía. en Azul, provincia de Buenos Aires

La Casa Jáuregui fabricó implementos para la acidimetría analítica de la leche desde 1910 en Capital Federal Las dos razas lecheras mas destacadas en la primera mitad del siglo XX fueron la Holando Argentina, importada a fines del siglo XIX por Vicente Casares para su estancia «San Martín» en Vicente Casares, provincia de Buenos Aires, y la Flamenca Colorada, importada por D. Angel Velaz para su establecimiento «El Placer» en Las Marianas, Navarro, provincia de Buenos Aires.


36 Fragmento de oda a los ganados y las mieses dentro del libro “Odas seculares” de Leopoldo Lugones (1910)

¡Oh alegre vasco matinal! Que hacía Con su jamelgo hirsuto y con su boina La entrada al suburbio adormecido Bajo la aguda escarcha de la aurora; Repicaba en sus tarros abollados Su eglógico pregón de leche gorda, Y con su rizo de humo iba la pipa Temprana, bailoteándole en la boca, Mezclaba a la quejumbre del zorcico Que gemía una ausencia de zampoñas. Su cuarta liberal tenía yapa Y su mano leal y generosa, Prorrogaba la cuenta de los pobres Marcando tarjas en sus puertas toscas.

Los vascos y el campo  
Los vascos y el campo  

Artículo extraído de la publicación Los vascos en la argentina que versa sobre el rol de esta importantísima etnía en lo referente al agro.

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