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Areíto

Zona de la Cultura y de las ideas

www.hoy.com.do Editor: Bavegado Diseño: Carla González SÁBADO 29.06.2013

El camino de la felicidad

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La muerte de la novela

¡OTRA VEZ! DOMINGO LIZ

Maestría de transparencia y formas Siempre recordaré nuestros encuentros con el maestro Domingo Liz. Su personalidad callada, discreta y observadora ponía en evidencia la inteligencia de su mirada encendida...Página 3

Arte y cultura visual En el Caribe contemporáneo

Las raíces de nuestros males

Amable López Meléndez nos ofrece una reseña comentada del “Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe”, organizado por Casa de las Américas de Cuba.

¿Qué torbellino tan grande “oyó el oído y vieron los ojos” del Dr. Hernández que le permitió profetizar la caída de Rodríguez Echavarría, Balaguer y Bosch? Y también la del Triunvirato...

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HOY

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Sábado 29 de junio de 2013

Zona Areíto Areito

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Pedro J. Ramírez (Director de El Mundo, de España) La radio y la televisión son altavoces multiplicadores de lo que decimos los periódicos.

LA GUÍA

Leonardo Boff

LIBROS

El ser humano, nudo de relaciones totales

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n 1845, Karl Marx escribió sus famosas 11 tesis sobre Feuerbach, publicadas solamente en 1888 por Engels. En la sexta tesis Marx dice algo cierto, pero reduccionista: «La esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales». Efectivamente no se puede pensar la esencia humana fuera de las relaciones sociales, pero es mucho más que eso, pues resulta del conjunto de sus relaciones totales. Descriptivamente, sin querer definir la esencia humana, ésta surge como un nudo de relaciones vueltas hacia todas las direcciones: hacia arriba, hacia abajo, hacia dentro y hacia fuera. Es como un rizoma, un bulbo con raíces en todas las direcciones. El ser humano se define en la medida en que activa este conjunto de relaciones, no solo las sociales. En otras palabras, el ser humano se caracteriza por surgir como una apertura ilimitada: hacia si, hacia el mundo, hacia el otro y hacia la totalidad. Siente dentro de si una pulsión infinita, pero solo encuentra objetos finitos. De ahí su permanente incomplección e insatisfacción. Es su marca distintiva, ontológica, y no un defecto. Pero, aceptando la afirmación de Marx, buena parte de la construcción de lo humano se realiza efectivamente en la sociedad. De ahí la importancia de considerar cuál sea la formación social que crea las mejores condiciones para que él se abra plenamente en las más variadas relaciones. Sin ofrecer las debidas mediaciones, dicen que la mejor formación social es la socialdemocracia: comunitaria, social, representativa, participativa, de abajo hacia arriba y que incluya a todos sin excepción. En palabras de Boaventura de Souza Santos, la democracia debe ser sin fin. Tenemos que ver con un proyecto abierto, siempre en construcción, que comienza en las relaciones dentro de la familia, de la escuela, de la comunidad, las asociaciones, los movimientos, las iglesias y culmina en la organización del Estado.Como en una mesa, veo que una democracia mínima y verdadera se sostiene sobre cuatro patas, como subrayaba tanto durante su vida Herbert de Souza (Betinho) , idea que, juntos en conferencias y debates, tratábamos de difundir entre los alcaldes y dirigentes populares. La primera pata consiste en la participación: el ser humano, inteligente y libre, no quiere ser solo el beneficiario de un proceso, sino actor y participante. Sólo entonces se hace sujeto y ciudadano. Esta par-

ticipación debe venir desde abajo para no excluir a nadie. La segunda pata consiste en la igualdad. Vivimos en un mundo de desigualdades de todo tipo. Cada uno es único y diferente. Pero la participación creciente en todo impide que la diferencia se vuelva desigualdad y permite que crezca la igualdad. La igualdad en el reconocimiento de la dignidad de cada persona y el respeto de sus derechos sostiene la justicia social. Junto con la igualdad viene la equidad: la proporción adecuada que cada cual recibe por su colaboración en la construcción del todo social. La tercera pata es la diferencia. Viene dada por la naturaleza. Cada ser, sobre todo el ser humano, hombre y mujer, es diferente. Esto debe ser aceptado y respetado como una manifestación de las potencialidades propias de las personas, los grupos y las culturas. Las diferencias nos revelan que los humanos podemos ser de muchas formas, todos ellas humanas, y por ello merecedoras de respeto y de acogida. La cuarta pata se realiza en la comunión: el ser humano posee subjetividad, capacidad de comunicación con su interioridad y con la subjetividad de los otros; es portador de valores como solidaridad, compasión, protección de los más vulnerables y diálogo con la naturaleza y con la divinidad. Aquí aparece la espiritualidad como una dimensión de la conciencia que nos hace sentirnos parte de un Todo, y como ese conjunto de valores intangibles que dan sentido a nuestra vida personal y social, y también a todo el universo. Estas cuatro patas siempre van juntan y equilibran la mesa, es decir, sostienen una democracia real. Ella nos enseña a ser coautores en la construcción del bien común y en su nombre aprendemos a limitar nuestros deseos por amor a la satisfacción de los deseos colectivos. Esta mesa de cuatro patas no existiría si no se apoyara en el suelo y en la tierra. Así, la democracia no estaría completa si no incluyera a la naturaleza que hace posible todo. Proporciona la base físico-química-ecológica que sostiene la vida y a cada uno de nosotros. Debido a que tienen valor por sí mismos, independientemente del uso que hagamos de ellos, todos los seres son portadores de derechos. Merecen seguir existiendo y debemos respetarlos y entenderlos como ciudadanos. Estarán incluidos en una democracia sin fin socio-cósmica. Desplegado en todas estas dimensiones se realiza el ser humano en la historia, en un proceso sin límites y sin fin.

LA VERDAD DE LA SANGRE. DOS TRAGICAS MUERTES DURANTE LA TIRANIA DE TRUJILLO

EL GRAN DERRUMBE DEL NEOLIBERALISMO Este libro, que tiene como subtítulo “Quiebran Europa y EE.UU.”, es otro aporte del periodista, escritor y político Carlos Márquez. Una obra dividida en 16 capítulos. Tiene 308 páginas. Fue impresa en Editora la Intrusa, de Santo Domingo. Tiene un comentario de Ramón (Monchy) Rodríguez. Carlos Márquez ha publicado varios libros de poesías, entre ellos Neruda en la Gloria y Versos Vagabundos. También un aclamado ensayo, “Hacia la revolución tecnológica industrial”.

Un libro de respuesta a la obra “Pilar y Jean. Investigación de dos muertes en la Era de Trujillo”, de Naya Despradel. Jean Awad Báez, hija de Jean Awad y Pilar Báez, escribió este libro con el corazón y con la razón para dar respuesta a Naya y a quienes han corroborado su hipótesis de que la muerte de sus padres no puede ser atribuida a la Era de Trujillo.

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TIERRA ALTA Pastor Vásquez Frías es, por encima de todo, un narrador que se ha distraído entre los trajines de la diplomacia y los pliegues del periodismo. Este hermoso libro de 209 páginas, “Tierra Alta”, es un texto de robusta prosa, una narración de la vida, recuerdos e historias vividas o escuchadas por Pastor en La Victoria, Monte Plata y Sabana Grande de Boyá. MOZURA Con esta novela, Laureano Guerrero Sánchez vuelve a narrar viviencias familiares envueltas en ficciones. Antes había escrito y publicado “Mi niño lindo”. El texto que ahora presenta a los lectores, publicado por Editorial Santuario e impreso por Editora Búho, de 236 páginas, recrea las viviencias de los padres de Guerrero Sánchez junto a sus hermanos desde tiempos remotos. Su estilo es sencillo, claro, lineal, muy cercano al periodismo. Laureano es un veterano comentarista de televisión, político, exsenador de la República y hombre de negocios. Forma parte de los fundadores del Partido de la Liberación Dominicana, en cuyos gobiernos ha ocupado varias posiciones públicas.

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GUANIBEY “Guanibey” es el título de uno de los 38 relatos de la vida rural que Pastor Vásquez Frías, periodista, diplomático y escritor, registra en este libro de 174 páginas. Son relatos que Pastor desgranó a través de su columna Tierra Alta, publicada por años en este periódico HOY. El libro está dedicado “a la memoria eterna de mis padres...”

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LA HISTORIA

1900

NACIÓ EL 29 DE JUNIO. Antoine de Saint-Exupéry, escritor y aviador francés, autor de obras como “El Principito” (Le Petit Prince) o “Vuelo nocturno” (Vol de Nuit).

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1861

FALLECIÓ EL 29 DE JUNIO. Elizabeth Barrett Browning,poetisa inglesa, una de las más respetadas de la era victoriana. Su mejor obra, “Las ventanas de la casa Guidi”, está inspirada por la lucha toscana por la libertad.

1685

NACIÓ EL 30 DE JUNIO. John Gay,poeta y dramaturgo inglés, autor del libreto de “The Beggar’s Opera” (La ópera del mendigo o La ópera del vagabundo). _

1939

NACIÓ EL 30 DE JUNIO. José Emilio Pacheco, literato mexicano integrante de la llamada “Generación de los años cincuenta”, ampliamente premiado y reconocido, entre otros, con el Premio Cervantes de las Letras 2009. Su poema “Alta traición”es quizá el más célebre entre la juventud mexicana.

1909

NACIÓ EL 1 DE JULIO. Juan Carlos Onetti, escritor uruguayo. Premio Cervantes 1980. Sus obras más importantes son “La vida breve”, “El astillero” y “Juntacadáveres”.

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1964

FALLECIÓ EL 1 DE JULIO. Julio Casares, lexicógrafo, crítico literario y erudito español, miembro de la Real Academia Española y autor del “Diccionario ideológico de la lengua española”, un minucioso trabajo de clasificación e inventario sistemático del léxico español, una obra sin precedentes en la lengua española, constantemente reimpresa durante 75 años y todavía no superada.


DELIA BLANCO

De señal a señal

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DOMINGO LIZ MAESTRÍA DE TRANSPARENCIAS Y FORMAS

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iempre recordaré nuestros encuentros con el maestro Domingo Liz, su personalidad callada, discreta y observadora ponía en evidencia la inteligencia de su mirada encendida por una chispa de luz que nunca se apagaba y que modulaba según el apasionamiento frente al concepto. Su figura delicada le daba un aire de poeta de alcoba, que le concedían un encanto particular de hombre rebelde, crítico, vehemente y determinado en no salir de los surcos de la búsqueda de la verdad. Era intransigente con el pensamiento y el trabajo. Llevaba su obra con el respeto del tiempo y nunca cayó en las agitaciones de la producción, palabra que era, probablemente para él, insultante y vulgar en el arte. Trabajó en su taller con el ritmo de sus meditaciones y sentires, por eso siempre fue dueño de su obra, llevándola al paso de sus ideas y emociones sin dejarla perderse en las exigencias del mercado que ignoraba con postura de Quijote, desprendido y alegre frente a los círculos materiales. Liz era una personalidad en todos los aspectos de su vida, confidencial e intimista, alejado de los alardes de grupo y de grupismo, así como de los aplausos del ego… Artista en el alma, nunca convino una estrategia para el éxito, le bastaba con estar de acuerdo con él mismo y con los suyos. En nuestras conversaciones compartidas, siempre nos impresionó su discreción y seguridad de pensamiento, era un hombre de conocimiento, con mucho interés por la reflexión filosófica y metafísica, interesado siempre en compartir en la intimidad y la proximidad una máxima, una reflexión, para llevarla a la metáfora que se plasmara en la imagen visual. Entendimos que para él, su búsqueda era llevar la idea a la imagen, por eso su obra visual se caracteriza por escapes de luces y transparencias, y siempre insistía en observar que nunca la luz era la misma de un instante a otro, y que en consecuencia, la imagen permanece en un proceso dinámico y evolutivo dependiente de ese misterio que es la luz. Nos apasionó esta conversación desde su taller, con una dinámica inmediatamente enfrentada a su realidad ambiental y social. Domingo nos llevaba, de inmediato, a posicionarnos frente al río Ozama –donde vivía y trabajaba--, y constatar las evoluciones, los contrastes, los cambios de luces y colores que se manifestaban en la otra orilla, y dependiendo del paso de nubes, de la imposición del sol, de las sacudidas de la lluvia ponían en mutación cromática todo nuestro campo visual. Observamos cómo un grupo de ranchitos con techos de zinc pasaban del azul aguado al verde acuático, al gris chinchilla, en un tiempo de suspiro, y esas secuencias de una misma imagen en diversas transparencias cromáticas nos apasionaban, y hablamos de transparencias porque todo salía a través del filtro del río y del cielo, siempre en un diálogo fluido por las aguas… Domingo Liz era un hombre del río, vivía en su casa-taller en un estado de navegación permanente entre las dos orillas, en la oriental, su mundo y su imaginación, con el duende de sus amores: Mercedes, su mujer, y su hijo Pablo; en la occidental, su medida vida social, exclusivamente compartida con sus estudiantes y escogidos colegas. Estos eran sus dos territorios de su obra tanto académica como artística, y es en este espacio que caminaban de par el talento y la inteligencia. La relación al agua es tan profunda que sus trabajos sobre papel evocan en permanencia los efectos del líquido sobre el color y la forma, de tal manera, que sus figuraciones estructurales de ranchitos, vegetación y figuras humanas parecen salir de la cama del río, como ciguapas. Y sus niños, a veces jugando con pelotas, pero siempre eran bebés gateando, casi saliendo del vientre de la madre. La misma multitud urbana que se amontona en los barrios amenazados por las crecidas son las aludidas y favoritas de los grandes conocedores del arte dominicano. Estas multitudes, se aprietan y se juntan en un movimiento de salvación que aterrizaba en la obra y nos lleva a las metáforas míticas de

Noé y su barca, como poética de salvación. El amontonamiento humano y urbano provocan dentro de la obra sensaciones de multitudes atrapadas, pero liberadas a la vez por el gesto dibujístico y un trazo de la línea único y exclusivo de este artista de puño seguro y clara imaginación. Las imágenes de Liz son el resultado de la maestría de su lápiz y carboncillo. Para el que sabe mirar su obra, insistiendo en el análisis de la representación, es obvio que es del dibujo que viene a la obra, pues a través de todos los colores tiernos y matizados por una cromática acuática, es la forma, el trazo, que surgen de las transparencias. Es ahí donde su pintura es única, pues, sin ser acuarela, logra una flexibilidad y unos matices en los contrastes como si lo fuera, pero no, es el resultado del ojo de un artista obsesionado en mantener en su obra el estado de todos los contrastes que se enfrentan entre la materia y el espíritu, solidez y madurez, en fin, entre la realidad y el sueño. La obra de Domingo Liz nos llama a meditar en torno a todos estos aspectos, porque surge de una personalidad artística que se planteó la vida en sus variantes y en plena maestría de la reflexión. El maestro cumplió su obra con los mismos principios con los que cumplió su vida, en acuerdo y respeto con él mismo, con sus creencias, marcando una impronta digna de un gran Maestro. Indiscutiblemente, Maestro y gran responsabilidad del profesor que se implicó de lleno con vocación y solidaridad en “el arte de enseñar”. Se mantuvo toda su carrera cerca de la juventud dominicana, solidario y cómplice de todas las dificultades y necesidades de la Escuela Nacional de Bellas Artes; así como en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, empujando y ayudando a los jóvenes talentos, sin laxismo misericordioso, simplemente educando y concienti-

zando con lo que significa la responsabilidad de “ser artista”, por eso, no es de extrañarse que todas las generaciones que pasaron por sus enseñanzas lo identifiquen con admiración y respeto, sin soslayar las anécdotas de sus exigencias. Nos parece oportuno que el Museo de Arte Moderno le dedique un homenaje retrospectivo, necesario a la sociedad dominicana, para que la misma pueda tener la oportunidad de acercarse y conocer esta obra única dentro de la pintura contemporánea dominicana. Pero no olvidemos, ni puedo concluir sin destacar que Liz fue un artista multifacético, un gran escultor, cuya obra debe de ser identificada como probablemente la iniciadora de la escultura moderna dominicana. Inicialmente trabajó la escultura en metal y en madera, pero por ser nocivos a su salud tuvo que dejar de lado este género. Fue ganador de importantes eventos de la plástica dominicana, como bienales, y fue en los años 60 ganador de la Bienal E. León Jimenes. Su obra escultórica puede observarse en monumentos dominicanos, como el de los Héroes del 14 de Junio en la Feria de la Paz. Sabemos que familias dominicanas, amigos del arte de varias generaciones, con ojo experimentado y excelente gusto, tienen en sus colecciones obras mayores significativas de este artista fundamental, con ese conjunto de patrimonio privado y de patrimonio familiar tendríamos la oportunidad de poner en evidencia una exhibición nacional, con propósito y ambición internacional. Entendemos que Domingo Liz, a través del legado de su obra, sigue siendo una fuente esencial y de referencia en todos los matices que convergen dibujo-pintura-escultura, espacio y composición, todo esto, planteado en su obra con maestría indiscutible, que merece ser documentada y exhibida en el plano internacional, inclusive.

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CÁPSULAS GENEALÓGICAS www.idg.org.do/ Por Julio González

LOS NIÑOS DE HINCHA (4 de 7)

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el matrimonio de Juan Esteban De León y Patricia Amadis nacieron: Marcelo (1784) y Sebastiana De León Amadis (1787). Del matrimonio de Melchor de los Reyes y Petrona Díaz nacieron: Joseph (1782), María Trinidad (1787), Cecilia (1789) y María de la Luz de los Reyes Díaz (1792). Del matrimonio de Pedro de los Reyes Guillén y María Magdalena González Viera nacieron: Joseph Marcos (1783), Juan (1784) y Feliciana de los Reyes González (1791). Del matrimonio de Joseph De los Santos y Juliana Familias nacieron: Francisca (1785), Felis (1787), Laureana (1789) y Juana De los Santos Familias (1791). Del matrimonio de Blas de Luna y María de Andújar nacieron: María (1784), Manuel (1786), María Ramona (1787), Ana Juana (1792) y Gregoria Luna de Andújar, quien casó con José de Guzmán Meléndez, Barón de San Miguel de la Atalaya. Del matrimonio de Manuel de Luna y Petrona Interial Padilla nacieron: Diego (1783), Feliciano (1784), Felis del Pilar (1786), Martha (1788), Manuel (1790) y Joseph María de Luna Interial (1792). Esta familia emigró a Baní. Del matrimonio de Joseph de Luna y Victoria Santamaría nacieron: Pedro (1783), Casimira (1785), María (1787) y Fulgencio de Luna Santamaría (1793). Del matrimonio de Bartolomé De Medina y Antonia Familias nacieron: Ramón de la Asunción (1786), Joaquín Eugenio (1788) y Manuela De Medina Familias (1791). Esta familia se mudó a El Seibo. Del matrimonio de Joseph De Medina y Juana Vidal nacieron: Francisco Javier (1784), Manuel (1784), Joseph Ramón (1786), Juan Francisco (1788) y María de la Luz De Medina Vidal (1792). Del matrimonio de Manuel De Mella y Thomasa Gomera nacieron: Vicente (1784), Manuel de León (1787) y Pedro Alcántara De Mella Gomera (1791). Del matrimonio de Pedro De Nina y Vicenta De Castro nacieron: Catalina (1789), Dionisio (1791) y María De Nina De Castro (1793). Pasaron a Santo Domingo. Del matrimonio de Luis de Peña y María de los Remedios Santana nacieron: Simón (1782), Gaspar (1784) y Felícita de Peña Santana (1790). Del matrimonio de Pedro De Peralta y Juana De Medina nacieron: Thomás (1784) y Juana Francisca De Peralta De Medina (1788). Del matrimonio de Pedro De Rivera y Antonia De Sosa nacieron: Joaquín (1783) y Michaela De Rivera De Sosa (1785). Estos emigraron a Baní, donde entroncaron con la familia Cruz Espinosa. Del matrimonio de Domingo de Sosa y Magdalena Cabral nacieron: Domingo (1784), Ambrosio (1786), Buenaventura (1788), Ramón (1788) y Eduardo Antonio De Sosa Cabral (1791). Esta familia se avecindó en Baní, y Magdalena Cabral, viuda, murió en Santo Domingo. Del matrimonio de Joseph De Sosa e Inés Coeto nacieron: Juana (1791) y Santiago (1793). Su tercer hijo, Francisco De Sosa Coeto, nació en 1802 en Santo Domingo. Del matrimonio de Manuel De Vargas y María Nicolasa Reynoso nacieron: Juan (1788), María Dolores (1791), Nicolás (1793) y Manuel De Vargas Reynoso (1794). Del matrimonio de Pedro Del Castillo y Theresa Gomera nacieron: Juan (1788), María Altagracia (1790), Joseph Clemente (1791) y Pedro Del Castillo Gomera (1793). Del matrimonio de Manuel Del Río y Escolástica López nacieron: Manuel (1782) y Manuel Del Río López (1784). El primero debió haber fallecido párvulo. Del matrimonio de Joseph Díaz y Petronila Bernal nacieron: Francisca (1784) y Juan Díaz Bernal (1789).

Instituto Dominicano de Genealogía

Encuentros

HOY

ITINERARIO. Ruggiero Romano marcó mi vida para siempre

MU-KIEN ADRIANA SANG

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e repente llegó Ruggiero Romano a mi vida. De forma abrupta tuve que nacer otra vez a los 26 años. Comencé a hacerme muchas preguntas. Me inicié con nuevas lecturas. Estaba embebida por el asombro que me producía escuchar a Romano en sus conferencias de los lunes...Empecé a buscar respuestas a las múltiples inquietudes que se me agolpaban insistentemente, y mientras buscaba las explicaciones más preguntas afloraban. [i] Nací de nuevo, como dije, a los 26 años. Apasionada como soy, y envuelta en la callada admiración de la vehemencia romanesca, me volví una cuestionadora de todo lo existente y crítica mordaz de ese manojo de ideas definitivas e incuestionables...Me preguntaba siempre ¿por qué aceptar pasivamente el discurso de los demás? ¿Por qué no dudar de todo de todo y proponer uno nuevo? Fui ambiciosa, ahora lo reconozco...” [ii] No he podido responder a todas mis preguntas. Sigo con dudas y con la eterna incertidumbre de que no he podido profundizar lo suficiente en la reflexión...Siguen las lagunas. Y en medio del sentimiento de saber que no podré llegar a conclusiones definitivas y adecuadas de los múltiples problemas históricos dominicanos, me doy cuenta que las enseñanzas de Romano han estado presentes. [iii] Casi dos décadas después de mi primer encuentro con Romano, puedo sentarme a evaluar el resultado. En medio de la insatisfacción me siento dichosa... el grupo de estudiantes, jóvenes entonces, adultos ya, que seguíamos fielmente sus reflexiones cada lunes, nos embebíamos con su capacidad providencial de cuestionar lo existente, de formularse preguntas que a otros no se les ocurría...La duda como método, la formulación constante de preguntas de difícil respuesta, la lectura crítica de lo que se escribe, el respeto al trabajo intelectual serio y ese inconfundible sentimiento de insatisfacción, constituyen la piedra angular de las enseñanzas de Romano. Gracias a esa sensación de incertidumbre, sigo amando la investigación histórica, permanezco inconforme con lo que hago y soy feliz de no encontrar explicaciones, sino nuevas preguntas. [iv] En este trabajo me hice una autocrítica, pues intentando ser crítica, me volví intransigente. ¡Oh juventud, divino tesoro bruto y brutal! Sin proponérmelo, me envolví en la magia prepotente e hice halagos al discurso de la intransigencia, como decía Hirschman [v], lo asumí con un endemoniado discurso y convertí mi crítica en retórica de posiciones y procesos, donde lo importante era negar, y no profundizar el conocimiento, aunque me negase a mí misma. Hoy, en la distancia, y luego de más de una década después de haber escrito el trabajo que engalana este Encuentro, también hago balance. Como dije, Ruggiero Romano murió antes de la publicación de la obra-homenaje que sus alumnos del mundo le hicimos con tanto cariño. Pero, como los gran-

des hombres que han hecho aportes al mundo, nuestro Romano será eterno. Ya su figura no me provoca el temor como cuando lo conocí. Ahora tengo más o menos la misma edad que él tenía cuando fui por primera vez al Boulevard Raspail, en el centro de París. Todavía conservo las cartas que me escribía cuando le enviaba uno de mis trabajos y publicaciones. Ellas ocupan un lugar especial en el baúl de mis recuerdos. Releyendo el libro que se publicó hace 11 años, y volviendo a revisar con ojos críticos los trabajos de sus alumnos, pero sobre todo, su conferencia inaugural y magistral el día de inicio del coloquio, valoro más a Romano: Lección inaugural. Por la historia y por una vuelta a las fuentes.[vi] En este texto Romano rescata el valor de la historia para reconstruir los hechos del pasado, pero en los términos del pasado, no con los ojos del presente. Entonces va al grano: “construir significa renunciar a la ambición de alcanzar a demostrar las leyes generales, válidas para siempre y en todas partes. Construir quiere decir que nos estamos ocupando del pasado y que ese pasado es diferente del presente. Construir significa que se evite caer en la trampa del anacronismo y anatopismo y que por lo tanto es imposible servirse de criterios (las teóricas económicas, por ejemplo) de hoy día o del siglo XIX para explicar situaciones de la Edad Media. En suma, en la construcción no hay reglas generales ni tampoco métodos establecidos de una vez por todas. Naturalmente esto no debe llevar a ningún relativismo, a ninguna deconstrucción de la historia...pues permanece la especificidad de la historia. Todas las consideraciones hechas para saber si la historia es una ciencia o es un arte u otra cosa, no corresponden a nada: la historia es simplemente la historia, con sus reglas fundamentales.[vii] Termina su hermoso discurso, recomendando a los historiadores volver a las fuentes. Ad fontes! Ad fontes! gritaba. Se entristecía porque muchos historiadores ya no utilizan como es debido las fuentes. Porque, decía, la historia se desarrolla por capas sucesivas, por estratificaciones y no a fuerzas de paradigmas inventados a repetición[viii]. Recomendaba con vehemencia que debíamos volver a los clásicos y sobre todo a las fuentes. Invitaba en sus palabras finales que valía la pena llevarse del consejo de un sabio: “siempre hay que pensar en volver a pensar, lo que se ha dicho, so pena de la pérdida de la historia y, aún más del hombre mismo...” [ix]


Aporte

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Las raíces de nuestros males (para la memoria histórico-política dominicana)

DIÓGENES CÉSPEDES / DCESPEDES@CLARO.NET.DO

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n el contexto del golpe de Estado en contra de Juan Bosch y la instalación del gobierno de facto del Triunvirato aparecen la lógica y el sentido del tercer artículo del empresario conservador liberal, abogado J. R. Hernández, titulado “¡Ténganse miedo, Señores del Poder!”, publicado en el Listín Diario el 10 de octubre de 1963, a menos de un mes del derrocamiento de Bosch. ¿Qué torbellino tan grande “oyó el oído y vieron los ojos” del Dr. Hernández que le permitió profetizar la caída de Rodríguez Echavarría, Balaguer y Bosch? Y también la del Triunvirato, cuando nada presagiaba, en el horizonte, que un régimen surgido con un poder tan grande y compacto caería al año y siete meses de instaurado con todo el apoyo del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos? Ese golpe duró menos que una cucaracha en un gallinero, como también lo había profetizado Bosch. Nada más puedo explicarlo por la inteligencia y el conocimiento cabal que de la sociedad dominicana y sus luchas sociales poseía el Dr. Hernández, del mismo modo que los profetas mayores de Israel pudieron diagnosticar, en cada época, el derrumbe de su nación por parte de vecinos y conquistadores antes de su desaparición como Estado en el 722 antes de Cristo y, su destrucción final, por Vespasiano y Tito en el año 70 después de Cristo (Manfred Clauss. Israel. Historia, sociedad, cultura (Madrid: Acento, 2001). La premisa mayor de la argumentación del Dr. Hernández fue demoledora y valiente. Solo quienes vivimos ese período sabemos lo arriesgada que resultó esa proposición a menos de un mes del quebrantamiento del orden constitucional: “¡Ténganse miedo, Señores del Poder! Ustedes saben que un golpe de Estado en sí es siempre un hecho delictuoso, pues aunque lo alaben no es más ‘que un atropello de la fuerza al derecho’. Ustedes no pueden negar, por más civil y honesto que sea el Triunvirato y su gabinete, que el origen de su mandato es espurio, y emana de las bayonetas. Ustedes saben, a ciencia cierta, que todo el apoyo que han recibido de los partidos que se llaman demócratas, no es más que la acción interesada de su apetencia de gobierno.” (Desfile de coetáneos. SD: Corripio, 1989, 299). A continuación, advierte al flamante Triunvirato quiénes le plantarán cara de inmediato: “Lo combatirán siempre los comunistas, porque él representa la reacción derechista. Lo fustigarán los verdaderos demócratas, porque él representa la quiebra de la constitucionalidad. Y también los escasos partidarios del gobierno anterior. En suma, que siempre tendrá sus opositores, como los tienen aun lo que se eligen por mayoría abrumadora de votos. Y estos adversarios, no se podrán acallar manteniendo el país, a lo largo de su provisoria gestión, en perenne estado de sitio.” (Ibíd.). El Dr. Hernández profetizó, con escasísimo yerro, lo que le esperaba al país con ese gobierno ilegal del Triunvirato, pero lo que solicitada del Poder no era posible, pues la lógica indica que si derrocaron a Bosch fue para que no volviera jamás un régimen de ese tipo: “Tampoco resolverán gran cosa silenciando arbitrariamente dos estaciones de radio, o expulsando del territorio nacional a supuestos líderes del comunismo. Este gobierno, para disminuir un poco la falsedad de su origen, para hacer más benigno el juicio de la Historia, y para que esos manidos argumentos de sus proclamas iniciales, tengan justificación y se lleguen a creer como verdades y no como vanas palabras de los usufructuarios de la acción, debe ser, lo antes posible, ‘un gobierno genuinamente democrático’.¡Un gobierno liberal y civilizado, que permita, dentro de las limitaciones normales, el libre juego de las ideas y la pacífica expresión de las mismas! (Ibíd.) Justamente, por permitir esas libertades derrocaron a Bosch. De modo, pues, que las sugerencias

del Dr. Hernández fueron irredimibles y cayeron en saco roto. Pero el oído previsor o profético del articulista se demuestra en el siguiente fragmento donde, si no se toman en cuenta sus advertencias, habrá guerra civil, es decir, que profetizó la guerra de abril antes de que ocurriera, la vivió antes de que sucediera. He aquí la profecía del Dr. Hernández de lo que le ocurriría al Triunvirato: “¡Ténganse miedo, Señores del Poder! Si ustedes dan mano suelta a esas mismas fuerzas de represión, los salpiques de sangre y lodo mancharán sus blancas vestiduras y el solio que honran sus personas. Y entonces nunca, ¡sí que no habrá elecciones ni democracia nunca más! Entonces sí que habrá sangre y guerra civil; entonces sí que habrá hermanos contra hermanos. Y caerá sobre sus hombros esa terrible responsabilidad; y caerá también sobre los líderes militares y sobre los jefes de los partidos que se llaman demócratas, que les han dado su apoyo, la culpa del asesinato de la libertad; la culpa de la ruina de la nación… ¡Ténganse miedo, Señores del Poder, para que Dios los libre de este anatema!” (ob. cit., 201). Previó también el articulista lo que haría el Triunvirato en contra de los reclamos de libertad de expresión del pensamiento, de las ideas, de la libre asociación sindical, de la libertad de prensa cuando todavía no habían desplazado a Emilio de los Santos de la presidencia del Triunvirato, renunciante a raíz del asesinato de Manolo Tavárez y sus compañeros después del alzamiento en las lomas del país a fin de lograr la vuelta a la constitucionalidad sin elecciones. El Dr. Hernández profetizó el desbocamiento que se produjo en los sectores militaristas y que nadie pudo medir ni contro-

lar debido a las apetencias de Reid Cabral, sustituto de De los Santos, de perpetuarse en el poder y celebrar elecciones en septiembre de 1965 para legitimarse en el mando: “Porque si esas fuerzas se desbocan, los sectores conservadores, los empresariales, en fin, el pueblo entero, no les darán el apoyo de su trabajo redentor, que tanto necesita el país para reestructurarse. ¡Si esas fuerzas se desbocan, se volverán contra ustedes mismos!... Y entonces los hermanos de América nos negarán su ayuda y su reconocimiento. Y esas fuerzas, ya incontrolables, los hundirán a ustedes también y hundirán al país en la ignominia de los regímenes de facto, que se desplazan uno al otro, por la Ley de la selva.” (Ibíd.). En efecto, la revuelta de abril y sus consecuencias sepultaron para siempre a los políticos y militares golpistas y a los partidos que apoyaron el golpe de Estado en contra de Bosch, aunque después se reciclaron con Balaguer, a quien odiaron a muerte cuando la lucha de Unión Cívica Nacional por “destrujillizar” el país. Aunque reciclados, ya la situación para ellos no volvió a ser la misma, perdido para siempre el crédito moral. He aquí el epílogo admonitorio: “¡Ténganse miedo, Señores del Poder! Que aquí necesitamos amor, comprensión y tolerancia, más que coerción y atropellos de los legítimos derechos del ciudadano. Que florezcan las libertades públicas, que se cree el clima propicio a la justicia social, a la elevación de los niveles de vida del pueblo, más que paz de cementerio, que viene de palo; y más que tranquilidad de tumba, que viene de tranca. ¡Ténganse miedo, Señores del Poder!” (Ibíd.).

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AREÍTO

Sábado 29 de junio de 2013

Literatura

HOY

JEFFREY EUGENIDES

MILAN KUNDERA

La muerte de la novela

¡Otra vez! A

LUIS R. SANTOS

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lgunos entendidos en la materia, a los que llamo doctores de la literatura, han venido pregonando, por diversos medios y en distintas épocas, la muerte de la novela. No pasan muchos años para que este anuncio llene los titulares de diarios y revistas y provoque candentes debates sobre la inminente muerte del género más popular en los últimos tiempos en el campo de la literatura. El último doctor en literatura que ha anunciado el fallecimiento de la novela es don Luis Goytisolo, reputado intelectual y escritor español. “La novela está en declive, la considero en fase de extinción”, ha expresado en un libro que ha resultado premiado en el género ensayo en un concurso auspiciado por la editorial Anagrama. No sé a qué llama Goytisolo declive si, según las estadísticas, la novela es el género literario más leído en el mundo. De acuerdo a los investigadores en España, por ejemplo, en los últimos diez años la novela ha sido preferida por los lectores en ocho años de estos diez, siendo el ensayo de temas diversos el que le ha pisado la cola a la novela. Recientemente el investigador Jared Fanning ha publicado un estudio en el que da a conocer los diez libros más leídos de la historia y dentro de la lista 7 son novelas. Estos libros son: La Biblia, el Libro rojo de Mao, Harry Potter, El señor de los anillos, El alquimista, El código Da Vinci, Crepúsculo, Lo que el viento se llevó, Piense y hágase rico y El diario de Ana Frank. Solo La Biblia, el Libro rojo de Mao y Piense y hágase rico no pertenecen al género novela. Intelectuales y escritores de todas las latitudes e idiomas se han encontrado con anuncios que provocan desazón en principiantes en el oficio, así como en consagrados. En Geografía de la novela, Carlos Fuentes dice “Cuando yo empecé a publicar libros, en 1954, continuamente escuchaba unas ominosas palabras: <La novela ha muerto> Lamento, profecía o lápida, esta sentencia no era la más propicia para animar a un novelista en ciernes”. Si la novela había muerto por aquel entonces no habrían aparecido obras como Cien años de soledad, de García Márquez; Rayuela, de Cortázar; El extranjero, de Camus; Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi; El nombre de la rosa, de Umberto Eco; Libertad, de Jonathan Franzen, entre otras grandes novelas que es imposible citar. La necesidad de renovación de la novela. Cada cierto tiempo surgen voces que

claman por la renovación de la novela precisamente para evitar su muerte. Pero ha habido tiempos en que algunos escritores o escuelas de escritores se han empecinado en la renovación del género y lo que han conseguido ha sido casi destruirla, desfigurarla y convertirla en un esperpento. Han proliferado los intentos por escribir novelas sin historias, donde el lenguaje asume las veces de los personajes. Ha habido intentos por escribir textos supuestamente novelescos sin usar signos de puntuación y este intento ha chocado con la indiferencia absoluta de los lectores, que al leer buscan placer y no tortura. Lo expresado por el escritor estadounidense Jeffrey Eugenides, autor de la novela The Marriage Plot y otras obras notables, pienso que da una clave para que la novela siga siendo un género que goza de muchos lectores. Dice: “No es que me haya propuesto llevar la misión retrógrada de volver a la novela decimonónica, pero es verdad que hay cosas que vale la pena preservar de la tradición. La única manera de dar nueva vida a la novela es recombinando elementos muy dispares, mecanismos posmodernos, elementos tradicionales, aspectos de la novela psicológica, mezclándolo todo. No hay por qué sacrificar los logros del pasado en aras de ningún doctrinarismo”. La novela como panacea para los males existenciales de la raza humana Recordemos que una novela en el sentido más llano no es más que una historia bien escrita, bien contada. Y si esa historia carece de buenos personajes, sicológicamente bien perfilados, bien descritos, sin signos de puntuación que haga fácil la tarea de leer, entonces estamos faltando a lo elemental, a lo esencial a la hora de hablar de novela. En otras épocas las pretensiones en torno a la novela eran elevadísimas. Se le atribuía al género unas cualidades y posibilidades que solo eran factibles en la mente enfebrecida de sus postulantes. Algunos aducían que una novela era capaz de producir una revolución, que era capaz de cambiar al mundo, entre otras grandiosidades que con el tiempo hemos comprobado que no eran más que fruto de la megalomanía de muchos teóricos, de escritores que tenían la convicción de que estaban por encima de los dioses. Para citar un ejemplo de los milagros que algunos atribuían y esperaban de la novela mencionaré a Milan Kundera y su libro El arte de la novela, quien cita a Hermann Broch con un juicio digno de provocar burlas y carcajadas : “En efecto, todos los grandes temas existenciales que Heidegger analiza en

Ser y tiempo, y que a su juicio han sido dejados de lado por toda la filosofía europea anterior, fueron revelados, expuestos, iluminados por cuatro siglos de novela (cuatro siglos de reencarnación de la novela europea). Uno tras otro, la novela ha descubierto por sus propios medios, por su propia lógica, los diferentes aspectos de la existencia: con los contemporáneos de Cervantes se pregunta qué es la aventura; con Samuel Richarson comienza a examinar la vida secreta de los sentimientos; con Balzac descubre el arraigo del hombre en la historia…”. Más adelante leemos: “La novela acompaña constante y fielmente al hombre desde el comienzo de la Edad Moderna. La < pasión de conocer> ( que Husserl considera como la esencia de la espiritualidad europea) se ha adueñado de ella para que escudriñe la vida concreta del hombre y la proteja contra <el olvido del ser>, para que mantenga <el mundo de la vida> bajo una iluminación perpetua. En ese sentido comprendo y comparto la obstinación con que Hermann Broch repetía: descubrir lo que solo una novela puede descubrir es la única razón de ser de una novela. La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. El conocimiento es la única moral de la novela”. Al leer este tipo de juicios cualquiera se arredra y desiste de escribir algo tan sublime como lo es una novela. La novela en los tiempos que vivimos. Leer ficción es una práctica muy acendrada en casi todas las civilizaciones. Unas más que otras, pero todas han hecho de la lectura de ficción una tradición y este hecho forma parte de su estilo de vida. En sociedades en que la gente tiene altos niveles de educación y sus problemas económicos más perentorios resueltos comprar novelas es tan común como ir al supermercado o a las tiendas. Estamos conscientes de que tras la aparición de la televisión y la masificación del cine y la gran revolución tecnológica de los últimos veinte años la lectura, principalmente el libro impreso, ha sufrido un notable retroceso; pero este fenómeno no solo afecta a la novela. Luis Goytisolo teme que el derrumbe sea tan grande que los escasos lectores se dediquen a leer la gran literatura. ¿Pero cuál es la gran literatura? Me imagino que se refiere a los clásicos, a obras que tienen todos los méritos literarios posibles, pero que a los ciudadanos de estos tiempos no les dicen nada. No me imagino a una lectora de Crepúsculo ni siquiera manoseando con curiosidad obras como el Ulysses, de James Joyce, y ni qué hablar de portentos como La divina comedia, de Dante, o El paraíso perdido, de Milton. Puede que los lectores de novelas se reduzcan a su mínima expresión, que las ediciones sean tan inusuales que lleven al género a la casi extinción. Sin embargo, la novela no morirá jamás, pues mientras existan hombres y mujeres con esa inaguantable, impostergable manía de generar historias y contarlas, la novela no morirá. Porque la vida es una novela, la novela es todas las vidas de todos los seres humanos.


Aporte

AREÍTO

Sábado 29 de junio de 2013

HOY

El camino de la

felicidad

OFELIA BERRIDO

M

e parece que la existencia es vivir el instante a plenitud; un principio que se expresa tranquilo y apacible como las aguas del lago en un día de primavera; un pensamiento que abre las puertas de la imaginación libre de condicionamientos; una piedra que cae en el centro del río; un coquí que alumbra la noche; un gallo que anuncia el despertar; dos seres que se abrazan tiernamente mientras sueñan con la armonía del universo… Pero el ser humano se complica la existencia a medida que vuelve su mirada, primero, hacia sí mismo para tratar de entenderse y luego, cuando mira hacia el otro para completar ese entendimiento. No alcanza a entender la totalidad de lo que ve y empieza a preguntarse cosas, a cuestionar su entorno y su relación con él. Quiere aclarar o confirmar sus creencias; encontrar su afirmación o su negación, pero sobre todo, quiere abrirse a nuevos mundos y entender aquello que le resulta difícil de interpretar. El hombre y la mujer no se conforman con simplemente vivir, con sencillamente ser y dejar ser y empiezan la búsqueda de respuestas a preguntas que en la mayoría de los casos no están claras. Sin embargo, la intensidad de esa búsqueda casi siempre se va mitigando al diluirse en las banalidades de la existencia. Solo las personas de carácter especial persisten en su deseo de saber quiénes son y hacia dónde van, y en sus cuestionamientos sobre la bondad y la maldad, la virtud y los vicios, el deber y la irresponsabilidad, la justicia y la injusticia, la libertad y el encarcelamiento, el libre albedrío y el determinismo. A la gran mayoría la vida les presenta situaciones difíciles, y así, empiezan a conocer el dolor y el sufrimiento que aparecen a cada paso. Poco a poco cambian y van desarrollando el ego que surge del espíritu de lucha. Una especie de parachoques o defensa para aguantar los azotes de la vida y para superar los múltiples retos que ofrece y no sucumbir en el proceso. Pronto el entrecejo se va frunciendo, líneas paralelas aparecen en la frente como recordación del duro horizonte y de las batallas afrontadas. Una firmeza guerrera se va desarrollando y la mirada se hace tan profunda como la del águila que nace del fuego celeste. Carga en su espalda la dignidad acumulada de civilizaciones milenarias. Es la naturaleza humana desarrollando sus potencialidades, buscando ser… es la historia de todos acumulada en su alma; el espíritu vital de la naturaleza que se manifiesta incluso en la materia. Y el ser humano avanza y sus movimientos se hacen ágiles y diestros a medida que los senderos del viento le abren nuevos caminos; mientras, la vida lo embiste con la fuerza del relámpago y lo prepara para un futuro misterioso. Entonces, el ego se convierte en caballo brioso y así el hombre y la mujer altivos y vigorosos cabalgan sobre su lomo buscando triunfar. ¡Ah, el ego!..., ego que se abandona cuando la madurez del ser “entiende” de qué se trata esta historia sin fin. Entonces llega la calma que trae el equilibro del que ha vivido mucho y ya nada lo asombra ni lo confunde. El justo término medio donde nada sobra ni nada falta; donde no hay arriba ni abajo, ni afuera ni adentro: la armonía. Ya se dejaron atrás las grandes pasiones y deseos que nos llevaban a los grandes extremos. Ahora, entendemos la frase de Solón, filósofo de Atenas, escrita en el frontal del Templo de Delfos: “Nada en demasía”. Ya no se categoriza la vida, ya no se planifica dictatorialmente el futuro. Ahora, se trata de dejar ir… dejar que las cosas sucedan; no atarnos ni atar a los demás a nuestras demandas. Ya se es más prudente y más justo… Se busca cortar con todo lo que nos sujeta al sufrimiento y a todas las acciones que se convierten en reacciones negativas. Se busca acabar, de una

vez por todas, con el deseo de esto, de aquello y de lo otro; evitar las trampas de los gustos y disgustos porque, en verdad, el apego a todo esto nos llena de pasión y la pasión nos priva de la libertad porque una vez henchidos de ella, la misma logra imponerse y dominarnos. El ser humano tiene deseos ilimitados, continuamente desea algo o alguien y cuando se deja arrastrar de las pasiones y deseos el apego jamás termina; con ello, el dolor se elonga en el tiempo porque tan pronto tiene lo que desea surge un nuevo deseo y luego otro y otro. Pero cuidado, no significa que no se ame, ni se responda a lo que se espera de uno, se trata de cortar de raíz aquello que lo hace sufrir o hace sufrir a los demás. Se trata de amar en libertad, sin egoísmos, sin manipulaciones; se trata de tener lo necesario y compartir lo que sobra. ¡Se trata de vivir una vida plena! Y es que a medida que el ser logra desapegarse de aquellas personas, cosas o situaciones que lo hacen padecer deja de penar. Desapegarse no significa dejar de ver o atender sino dejar de identificarse con lo que otras personas dicen o hacen, es decir, con la causa del sufrimiento. Porque quien sufre es la mente ignorante que está envuelta en las pequeñas cosas de la vida… en la maraña de la existencia. El ser originario no sufre, quien sufre es el ser humano cargado de ego. Cargado de ilusiones, sueños y expectativas a las cuales se ata y si no logra desapegarse seguirá sufriendo. Eliminar o disminuir el sufrimiento requiere tiempo y dedicado trabajo sobre uno mismo, pero cuando se logra ver el apego, cuando se logra identificarlo y se trabaja en ello se puede evitar el sufrimiento. La mente engaña: inventa, imagina, recrea, plantea situaciones no vividas como hechos reales y hasta arrastra a los límites de la locura. Mantenerse sano y feliz es tener el poder de mantenerse al margen de este mundo del ser que se ata con nudos fuertes

como si hubiera decidido no escapar de las pesadillas y los miedos que la vida presenta. Sería bueno hacerse una serie de preguntas que quizás ayuden a alcanzar la felicidad: ¿Qué es la verdad para nosotros?, ¿en qué utilizamos este tiempo tan valioso que vivimos en la tierra?, ¿qué es la libertad y la felicidad?, ¿qué nos hace felices? Para cada persona las respuestas serán diferentes, sobre todo, porque la actitud y aptitud frente a la existencia tiene mucho que ver con el aspecto cognitivo y existencial de cada quien. Pero a qué llamamos felicidad sino a que las cosas sucedan o sean tal como las deseamos, pero para un hombre sin carácter o de carácter débil hacer sencillamente lo que desea puede convertirse en un serio problema… Su vida se puede transformar en un simple disfrutar de los placeres mundanos sin que ninguna otra cosa le preocupe. ¡Serio problema, sin lugar a dudas!… ¡Cuán necesario es desarrollar la fortaleza de la mente frente a las adversidades; el coraje para persistir en las buenas acciones hasta el final; la capacidad de abstenerse de las pasiones desenfrenadas moderando los apetitos del placer y actuando de acuerdo a la razón y la verdad: todo para ser capaces de ejercer a plenitud nuestro papel en el mundo. Para como bien nos aconseja Platón guiarnos, en primer lugar, por un intelecto dirigido hacia los grandes propósitos de la humanidad; en segundo, por la voluntad de hacer lo que se debe hacer por el bien de todos; luego, por emociones o sentimientos autocontrolados, y finalmente por una relación armoniosa con los demás. El filósofo nos ofrece el consejo preciso:¡Hacer lo que se debe por el bien de todos! Ese es el camino de la felicidad…

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AREÍTO

Sábado 29 de junio de 2013

Arte contemporáneo

HOY

AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ

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¡ARTE Y CULTURA VISUAL EN EL CARIBE

CONTEMPORÁNEO!

E

l análisis del proceso histórico y sociocultural del Caribe adquiere elaboración cristalina en “De Cristóbal Colón a Fidel Castro: El Caribe frontera imperial”, obra axial en la que Juan Bosch nos introduce ante un teatro alucinante de “civilizadores”, cronistas, cardenales, herejes, piratas, corsarios, filibusteros, tribunales y corporaciones que a lo largo del tiempo se transforman en instrumentos políticos de primera clase en el juego de poder de las naciones. Aquella dramática y trágica “frontera imperial” es el mismo Caribe poscolonizado que en estos umbrales del siglo XXI se oferta y se consume como imagen de “brochoure”. Imagen de un “Paraíso” terriblemente profanado. Imagen blasfema y alucinante de la sensualidad y la desobediencia. Imagen de la progresiva mutación de un archipiélago de arena, azúcar -“tabaco y ron”- que estalla como espejo subvertido desde las variaciones infinitas de la polisíntesis: proceso de persistencia, asimilación, transmutación y renovación de una extraordinaria diversidad de valores y aportaciones culturales que proclaman la riqueza, diversidad y unicidad de “lo que el Caribe ha dado al mundo” (A. Carpentier). Desde el lunes 20 hasta el viernes 24 de mayo se celebró en La Habana, Cuba, una nueva edición del “Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe”, organizado por Casa de las Américas a través de su Centro de Estudios del Caribe. En dicho evento, una legión de académicos, estudiosos, escritores, intelectuales y artistas caribeños y de otras procedencias, volvieron a debatir sobre las riquezas y contradicciones culturales e identitarias de una región que hoy emerge y subyace unida bajo el “Mar de los Caribes”, como “liquidando” y trascendiendo sus propios límites geopolíticos. Entre los contenidos fundamentales de este coloquio, destaca el seminario titulado “Édouard Glissant: la Caraïbe tout entière”, dedicado al estudio de la obra y los aportes del escritor martiniqueño Édouard Glissant (2011), fundador (Francia, 2006) del Institut Tout-Monde, junto a Sylvie Glissant, quien también estuvo presente, aportando su valioso testimonio como cómplice, editora y difusora de la obra y el pensamiento distintivo y renovador de su inolvidable compañero. Precisamente, en sus palabras de bienvenida, el escritor Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas, se refería a la influencia de la obra de Juan Bosch en el proceso de desarrollo de la consciencia crítica e identitaria del Caribe y recordaba que durante este 2013 se conmemoran “dos centenarios mayores” en el Caribe: “Uno es el del dominicano Pedro Mir, cuyo libro inicial, Hay un país en el mundo (La Habana, 1949), me permitió escribir sobre él una de mis primeras reseñas, y de quien, poeta mayor de su país, la Casa de las Américas publicó una antología de poesía junto con otras de Jacques Roumain y Jacques Viau. “El otro centenario caribeño mayor es el del martiniqueño Aimé Césaire, cuyo Cahier d’un retour au pays natal tradujo al español en 1944 Lydia Cabrera y apareció con ilustraciones de Lam. Se ha dicho que ese texto influyó en el del cubano Virgilio Piñera La isla en peso. Césaire siguió trabajando en su poema, y los añadidos fueron vertidos al español por Lourdes Arencibia”… Un tema central del encuentro en Casa de las Américas fue el panel “El Caribe en sus proyectos”. Los ponentes de este panel debatieron sobre gestión, fortalecimiento y socialización de las manifestaciones culturales y artísticas caribeñas en la actualidad. La primera intervención estuvo a cargo del doctor Rafael Emilio Yunén, director del Centro Cultural Eduardo León Jimenes, Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Yunén fue presentado por la doctora Yolanda Wood, directora del Centro de Estudios del Caribe. Entre otros asuntos, se refirió a las dificultades del multilingüismo y de las traducciones que afectan la comunicación y la ampliación de la circulación del pensamiento caribeño, citando casos como los de Kamau Brathwaite (Barbados) y del mismo Édouard Glissant, cuyas obras resultan prácticamente desconocidas, sobre todo en República Dominicana.

Mariano Hernández. Niño de la comparsa Los Pintao de Barahona, 2012.

En su ponencia, titulada “Construyendo el Gran Caribe”, Rafael Emilio Yunén señalaba que “Este hecho, unido a sobradas razones de carácter histórico, cultural, multifactorial, inspiró la creación de la Red Intercultural del Gran Caribe para disminuir la brecha entre los grupos populares y las academias, los políticos, económicos, en aras de buscar, como diría Lamming, zonas de mediación, que nos permitan reconocer mejor. El proyecto descansa en el aspecto cultural, el más importante a la hora de posicionar al Gran Caribe como elemento integrador, común a las identidades, a la caribeñidad”. En materia de artes plásticas y cultura visual, el programa del Coloquio Internacional La Diversidad Cultural en el Caribe 2013 incluyó talleres y exposiciones de artistas y creadores reconocidos de toda la región, tales como el “Taller de Máscaras”, impartido en la Galería Mariano de Casa de las Américas, durante toda la semana y en horario de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, por los careteros dominicanos Ramón Rivas Aponte y Melvin Matos. Asimismo, la noche del jueves 23, en la citada galería, fue inaugurada la exposición “Rostros del Carnaval”, de los fotógrafos Mario Picayo (Cuba) y Mariano Hernández (República Dominicana), compuesta por una espectacular selección de imágenes de los distintos carnavales del Caribe que, durante los últimos años, han venido captando estos dos exponentes excepcionales de la fotografía artística caribeña contemporánea. En el lúcido ensayo del catálogo de esta muestra: “Caza-carnavales. La fotografía del gesto detenido”, Orlando Victores nos advierte que “Mario Picayo y Mariano Hernández miran los carnavales del Caribe con ojos propios pero nunca mostrándose ajenos a esa realidad. Su perspectiva sobre el Caribe es la de quienes están conscientes de vivir en una casa grande, diversa en sus expresiones pero con un mismo techo. Esta conciencia no anula, como pudiera pensarse, la curiosidad fecunda que es la antesala del conocer. Por el contrario, lo que los mueve a investigar radica justamente en la necesidad de reconocerse en el otro, diferente en apariencia, de verse reflejados en esas otras mutaciones del ser caribeño”… En efecto, en esta impactante exposición conjunta que permanecerá en La Habana hasta mediados del mes de julio, Mario Pi-

Mario Picayo. Fantasía de Granada, 2012.

Mariano Hernández. Macarao de Santiago de los Caballeros. 2012.

Mario Picayo y Mariano Hernández con Pepe Mieses, de Los Leones de Villa María.

cayo y Mariano Hernández presentan un atractivo caudal de imágenes de los carnavales caribeños ante las cuales, instantáneamente, nos reconocemos fascinados por el estallido de rostros, expresiones, gestualidades y colores que retienen los signos de nuestras raíces espirituales; de la magia y del asombro; de las mitologías y rituales del caos cotidiano; de la interracialidad; de los juegos y tradiciones populares; de la festividad y la diversidad cultural identitaria, mostrando historias y personajes característicos de una de las más vitales, deslumbrantes y auténticas expresiones culturales del Caribe.

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