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FOTO LUCIANO OMINETTI Lisandro Arévalo y Noelle Liëber en el espacio WIP del Café de la Flor

de la inauguración, cuando todos estábamos

la casa era todavía el ámbito de intercambio

demasiado ocupados en nosotros mismos

simbólico y económico de la burguesía; bue-

como para distraernos con las obras, volví

no, cerremos: de cuando la casa no había

a las Galerías del CCPE/AECID para ver los

llegado a ser el producto en serie de esa

collages. Volví con mi hijo de 4 años. Porque

burguesía que, en las imágenes, aún jugaba

era un sábado, o un domingo, y estaba con

en el jardín–. Sí, ya sé que lo que está entre

él y, si bien no era una gran salida para un

guiones es un entrevero de cosas. ¿No lo es

borrego que le gusta jugar al balompié, se

un collage? Como último detalle de esa es-

me ocurrió que algo podíamos inventar.

cena que había empezado a describir estoy

Lo primero que le mostré fueron las imáge-

yo con una libretita –tapas imitación del libro

nes de esos señores siglo XIX cuyos rostros

Suite francesa, de Irène Némirovsky y hojas

habían sido reemplazados por botones, por

en blanco, regalo de editorial Edhasa– donde

artefactos fabricados en serie. Me decía que

anoto mis impresiones.

acaso cierto terror que emanaba de la mutación de la figura humana, tan central y tan

Conspiración

expuesta en esos patches de imágenes que

Quería decir que salí de la muestra, llegué

había hecho Stupía, podía influir en mi hijo.

con el niño a casa y volví a mirar el catálogo,

Y algo de eso debe haber sucedido, porque

hasta que me encontré con que lo que había

la primera reacción fue un “Vamos”, con el

escrito Samoilovich se parecía mucho a lo

que mi niño catalogó varias secciones de la

que anoté yo: los dos –y guardemos las dis-

muestra, que a su vez ocupó los tres túneles

tancias de nuevo, por favor– insistíamos con

del CCPE. Entonces tenemos al niño, que

cierta cosa enciclopédica en Stupía, y los

en un momento opta por jugar solo debajo

dos, junto con Dobry, señalábamos el afán

de la mesa de una de las vitrinas donde

del coleccionista: la muestra, los collages

hay unas revistas de los años 40, tenemos

eran también una colección de accesorios

esas figuras decimonónicas transfiguradas

en “libros menores” –lo escribe Graciela

y otras, que simplemente han sido pegadas

Fernández en el Catálogo–; ilustraciones,

a un bastidor –imágenes en color de niños

figuras, en todo su sentido, que daban cuen-

jugando en una ilustración cercana al 1900:

ta de una operación enorme y pueril –con

unos juegos en jardines, con aparatos lúdi-

“pueril” me refiero a la tarea de esas ilus-

cos sencillos y extemporáneos como unos

traciones, no a la de Stupía–: la fabricación

palos con ruedas o ramas convertidas en

del hombre contemporáneo, del hombre

caballos, siempre ahí afuera, ajenas todavía

moderno –y vale recordar que Baudelaire,

a la intimidad de la casa, que permanece

quien acuñó el término “moderno”, lo hizo

siendo territorio del adulto (me refiero a lo

para referirse a las relaciones sesgadas,

que muestran las ilustraciones), en un jardín

fragmentadas– y, a la vez, los “Collages” de

cedido a la infancia, de cuando la casa (citan-

Stupía, dedicados a ese escritor gigantes-

do a Le Corbusier) no era aún “una máquina

co y solapado que fue Libertella, parecían

de vivir” y, sobre todo, cuando el interior de

contar, a través de sus secciones –Mensajes 115

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Anuario. Registro de acciones artísticas. Rosario, 2010  

El relato que se inscribe en estas páginas es el de la multiplicidad y la heterogeneidad de opiniones y posicionamientos, que no siempre coi...

Anuario. Registro de acciones artísticas. Rosario, 2010  

El relato que se inscribe en estas páginas es el de la multiplicidad y la heterogeneidad de opiniones y posicionamientos, que no siempre coi...

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