Page 115

FOTO PAULINA SCHEITLIN

hoteles sin estrellas, en lavanderías, en vie-

es un mostrador de cerámicos amarillentos,

jas galerías, en boliches, verdulerías o en la

un servilletero de plástico y, en el medio,

calle, desde el colectivo, sin que los sujetos

un espejo cachado y sucio y, reflejado en

en el cuadro sospechen que están siendo

el espejo, el puestero de lo que parece una

fotografiados, esas escenas de una ciudad

cerrajería que ha descubierto la cámara. La

desangelada son parte de algo bello, acaso

luz –Scheitlin no usa flash– tiene ese tono

de la Belleza. En fin, es lo que Paulina dice.

uniforme y esmerilado del fluorescente, y

Porque antes estuvimos charlando, camina-

las paredes son de un azul viejo y, arriba, a la

mos como ocho o nueve cuadras hasta que

derecha, se ve, fuera de foco, la imagen de

encontramos una esquina de Pichincha con

un gatito en un almanaque.

un bar que tiene mesas en la vereda, donde

Y hay otra, llamémosla “Compro oro”, por-

podemos fumar y charlar. Me dijo que saca

que lo primero que llama la atención es el

fotos todo el tiempo y que un texto, como la

letrero de “Compro oro” pintado en el vidrio

cita de Woolf, es un punto de partida, como

del negocio. La foto fue “robada” desde la

si las imágenes vinieran a desarrollar ese

calle y la toma captó la serie de reflejos.

postulado de la lectura, como si eso “orde-

Resalta nítido, en el fondo, el joyero, bajo la

nara la mirada”.

luz de la lámpara de escritorio. Tiene puesto

En sus imágenes hay muchos tubos fluo-

unos lentes de marco metálico y observa

rescentes, espejos –espejos manchados,

una pieza en las manos. Lleva puesto un

como desteñidos–, vidrieras que conocieron

saco, una corbata. El hombre que está senta-

días mejores, gente sola en los bares, en

do frente a él en el escritorio tiene la camisa

un mostrador. Trataba de explicarse sobre

arremangada y un pulóver colgado de los

estos lugares y, a falta de un término mejor,

hombros. Y sobre el margen izquierdo de

les llamó “no-lugares”, y enseguida me dijo

la imagen se ve, casi diluida en la zona más

que no le gustaba esa expresión. Y después

oscura de la foto, el rostro aindiado de una

me dijo que esos espacios “son realmente

mujer de campera blanca con las tiras de

el espíritu de la ciudad”, pero que son bares,

un bolsa colgadas del hombro derecho que,

hoteles, lavanderías que “están pero no sa-

evidentemente, espera su turno para ser

bés dónde”. Me digo, le dije entonces: sitios

atendida por el joyero. A mí se me hace que

que atraviesan los límites de una ciudad y se

esta foto, que no es acaso la que prefiero,

revelan como el sustrato, el humus sobre el

sintetiza esos flecos de ciudad que retrata

que se erige la vida en la ciudad. Algo así.

Scheitlin: una penumbra llena de reflejos y

Son unas 26 fotos. Me gustan todas. Vistas

allá, en el fondo, una luz artificial que ilumina

ahora en esa pila, en la biblioteca, parece

la más antigua de las transacciones comer-

que pertenecen al lugar, que son parientes

ciales –la compra-venta de oro–, mientras los

de esos libros viejos –influyen los marcos,

pobres esperan ser atendidos a un costado.

claro. Reconozco un lugar en una de las

Tal vez por eso le digo que me recuerda a

fotos, una galería del subterráneo de Buenos

Edward Hopper –por eso y porque lo poco

Aires. Lo que aparece en primer plano

que sé de pintura lo sé en relación al cine–: 113

Profile for Éditions du cochon

Anuario. Registro de acciones artísticas. Rosario, 2010  

El relato que se inscribe en estas páginas es el de la multiplicidad y la heterogeneidad de opiniones y posicionamientos, que no siempre coi...

Anuario. Registro de acciones artísticas. Rosario, 2010  

El relato que se inscribe en estas páginas es el de la multiplicidad y la heterogeneidad de opiniones y posicionamientos, que no siempre coi...

Advertisement