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N°19. Independencia de Chile

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QuinchamalĂ­. Artes, Letras y Sociedad

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'Indice

EDITORIAL ......................................................................................................................

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ARTES Verónica Griffin: Subercaseaux, pintura patriótica ..........................................................

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Nanda Leonardini: Gil de Castro, pintor de próceres ...................................................... 15 Jorge Díaz: Tito Fernández, El Temucano, cantor de Chile ............................................. 21 Rodrigo Pincheira: Roberto Contreras: vida consagrada a los saberes del folclore ...............

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Felipe Ahumada: Peñihuén y Nanihue: apostolados del folclore ...................................

31

Juan Dzazópulos: Susana Bouquet, chillaneja olvidada ................................................

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LETRAS Ricardo Lagos: Tenemos Nicanor Parra rato .................................................................. 46 Carlos Peña: Nicanor Parra (1914-2018) .......................................................................

48

Theodoro Elssaca: Parra de viaje ...................................................................................

50

Rafael Sagredo: Claudio Gay y el futuro de Chile delineado en un mapa ...................... 52 Alicia Romero: Sonia Quintana, entrevistas de excelencia ............................................ 56

SOCIEDAD Luis Valentín Ferrada: Gil Letelier: patriotismo huaso que no muere ..........................

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Julio Miranda: Las Paradas Militares en Chile ..............................................................

70

Alejandro Witker: Oficio, escenario y cultura ...............................................................

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Eduardo Loyola: Chuquicamata ....................................................................................

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Elena Irarrázabal: Miguel Laborde: “Los extranjeros me abrieron los ojos sobre Chile” ...........

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PUNTO APARTE Armando Cartes Montory: Concepción: ciudad de la Independencia .........................

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Sergio Carrasco: O’Higgins y el Estado de derecho ......................................................

94

Guillermo Feliú Cruz: Silueta moral de O’Higgins .....................................................

97

José Antonio Soto: O’Higgins y el camino real ...........................................................

102

Cristian Leal: Un fraile revolucionario: el franciscano Luis Beltrán ............................

105

Alejandro Mihovilovic: Juan Martínez de Rozas, su vida política ............................

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Germán Bravo Valdivieso: La captura de la fragata española “María Isabel” ............................................................................

118

Marco Aurelio Reyes: Chillanejos en la Independencia .................

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Marcial Pedrero Leal: El sitio de Chillán .......................................

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Myriam Duchens: La Escuela Militar, una institución bicentenaria .......................................................................................

134

Juan Ignacio Basterrica: Pequeños monumentos de la Independencia de Chile ......................................................................

140

REGISTRO ........................................................................................ 150

OCUPADO LECTOR .....................................................................

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CARTAS DE LA ALDEA ...............................................................

160

Aloso Castillo: Vivir en Freirina

CARTAS A QUINCHAMALÍ .......................................................

166

¿SABÍA USTED... ............................................................................

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QUINCHAMALÍ: NUEVAS RELACIONES ...............................

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PRESENCIA TERRITORIAL

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Editorial

La República debe conmemorar en el presente año importantes hitos de su historia, comenzando por la Declaración de la Independencia realizada por O’Higgins en la plaza de Concepción que, por esta razón, se denomina Plaza de la Independencia. En este mismo marco se cumplirán 200 años de la batalla decisiva librada en Maipú, que puso fin a la dominación española en el reino de Chile. Sin embargo, todo indica que los tiempos no están para conmemoraciones históricas. Pareciera que el alma nacional se ha desvanecido y que la construcción republicana perdió el sentido épico que tuvo durante largos años para devenir en la administración de un territorio donde una sociedad simplemente habita, produce y consume. El progreso material ha sido admirable, pero ya sabemos desde antiguo que no solo de pan vive el hombre. Cuando Chile conmemoró los 100 años de la Primera Junta Nacional de Gobierno, Gabriela Mistral alertó frente a una celebración más de oropel que de oro legítimo o, si se prefiere, más “patriotera” que patriota. Al cumplirse 200 años de aquel acontecimiento, poco o nada se hizo para establecer en la conciencia ciudadana la importancia de este hito histórico que pasó con más pena que gloria por la capital del país. En Concepción se realizó un programa bajo auspicio municipal a cargo del Archivo Histórico de Concepción que ofreció atractivas presentaciones históricas teatralizadas, conversaciones académicas y en coedición con el diario El Sur, la publicación de un libro sobre aspectos fundamentales de la conmemoración desde una perspectiva regional; en Talca se prefirió realizar, con apoyo televisivo nacional, un festival más propio de la farándula que del significado que marcaba el calendario. En Ñuble, nuestra revista, con participación del Instituto O’Higginiano de Ñuble, optó por dedicarle una fuerte presencia a la conmemoración aludida, la que contó, como siempre, con la erudita y entusiasta colaboración del doctor Armando Cartes Montory. Así, nuestra revista ofrece en este número en portada y como tema cen-

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tral, materiales históricos, literarios y artísticos que esperamos contribuyan, con el corte alcance de nuestra honda, a motivar al sistema escolar y a las agrupaciones artísticas y culturales para que no dejen pasar esta magnífica oportunidad de traer a la memoria hechos y personajes que crearon los cimientos de lo que somos. Pero el año que cursamos no solo quedará como una señal conmemorativa de la historia patria, también será en adelante un año inolvidable para las letras chilenas. El 23 de enero de 2018 se fue de este mundo Nicanor Parra Sandoval (1914), pero al instante regresó a Chile y al mundo, es el destino de los grandes. Su obra monumental y el ejemplo de su vida lo trajeron de vuelta para quedarse en este mundo y en Chile para siempre. En Ñuble, especialmente en Chillán y San Fabián de Alico, la noticia estremeció los espíritus y se expresaron sentimientos de pesar y admiración. Nuestra edición N°8, que dedicamos íntegramente a él, constituida tempranamente en una joya bibliográfica, estimó necesario para su función pedagógica recuperar dos artículos publicados en la prensa por eminentes personalidades que obraron como parte de esa conciencia nacional que no divisamos en La Moneda, el Ministerio de Educación y el flamante Ministerio para la Cultura y las Artes. Los textos de Ricardo Lagos Escobar, expresidente de la República y de Carlos Peña, actual rector de la Universidad Diego Portales, hablaron por Chile y acompañaron a Nicanor con la gratitud y admiración de todos los chilenos. Especialmente para nuestra revista escribió en este contexto nuestro estimado colaborador Theodoro Elssaca. Celebramos que los diarios Crónica Chillán y La Discusión de Chillán hayan dedicado gran parte de su espacio periodístico a Nicanor Parra. Ese compromiso con la cultura nacional y de manera relevante con la cultura de Ñuble, es la que quisiéramos ver y disfrutar permanentemente en la prensa regional. Nuestra revista fue invitada por el Canal 9 de Concepción a una entrevista sobre el tema que agradecemos en la misma línea señalada.

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Artes

Juan Mauricio Rugendas, La cueca, 1843. 8


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Subercaseaux

Pintura patriótica

Fue un artista extraordinario cuya creación se volcó a retratar el alma de nuestra gesta emancipadora. No hubo escena importante que no recreara su admirable pincel.

Verónica Griffin Barros

Sociedad Chilena de Historia y Geografía

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Bocetos: Disparando el cañón y Caballería (1906).

ocos son los pintores que con acierto se han dedicado en Chile al género histórico y, con excepción de Pedro Subercaseaux (1880 - 1956), todos ellos lo han cultivado de manera esporádica. Entre los extranjeros avecindados en nuestro país, destacan el francés Raymond Monvoisin (1794 - 1870), el alemán Mauricio Rugendas (1802 - 1858) y el italiano Giovanni Mochi (1831 - 1892). Entre los chilenos, sobresalen Manuel Antonio Caro (1835 - 1903), Pedro Lira (1845 - 1912), Pedro León Carmona (1853 - 1899) y Cosme San Martín (1850 -1906). Si ampliamos la categoría a los pintores de marinas, es posible incorporar al inglés Thomas Somerscales (1842 - 1927) y a su discípulo chileno Álvaro Casanova Zenteno (1857 - 1939). Y, en el ámbito de los retratos, se puede citar la obra del peruano José Gil de Castro (1785 - 1841), afamado retratista de sus contemporáneos, los próceres de la Independencia. Pedro Subercaseaux merece sitial aparte. Su cultivo serio y monumental del género histórico, a la manera de los cantores épicos, le vale uno de los primeros lugares en la pintura nacional. Lo que en otros artistas fue ocasional, para él era su Leitmotiv. Cronista fiel y fecundo de las hazañas patrias, como le recuerda el crítico Antonio Romera en su Historia de la pintura chilena1, sin alejarse del marco que le ofrecía nuestra Independencia, la obra de Subercaseaux destaca por su ímpetu pictórico admirable, por el acierto de incorporar con hondura una veta de realismo costumbrista a nuestra pintura, por una cualidad particular que la vuelve luminosa y profunda, y porque en todo momento, unido a su extraordinario talento, vibran en su pincel la fuerza, la nobleza y un elevado fervor patriótico. ……………

lo ilustrada, deleita por su belleza, y enaltece por lo elevado del momento que representa. En las hazañas que narra, laten las virtudes que la patria exige a los hijos que inmola en el altar de los héroes: valentía, bravura, nobleza, heroísmo hasta entregar la vida. Las pinturas de Subercaseaux se reproducen incansablemente, año tras año, en textos, libros históricos, estampillas y hasta en billetes de banco, entregándonos su gloriosa visión de nuestros inmortales para inculcarnos los valores que en ellos se han encarnado. Subercaseaux envuelve sus escenas en un resplandor de gloria. No esconde el dato histórico, sino que lo sublima y transfigura. Así, tras el triunfo de Maipú, retrata a Bernardo O´Higgins y a José de San Martín cuando adquieren relieves míticos y entran a la gloria inmortal. El fragor de las batallas que jalonaron nuestra Independencia: Rancagua, Chacabuco y Maipú, apasionaba a Pedro Subercaseaux. ¿Quién fue el autor de esta obra imperecedera? ¿Quién, el estudioso de armas, arreos, uniformes y banderas, que tan acertadamente documentó el alma de nuestra historia? ¿Quién, cuya obra nos revela los aspectos gloriosos de aquello que llamamos chilenidad? ¿Cómo se forjó el artista? ……………

Infancia del pintor de la patria Pedro Subercaseaux Errázuriz nació en Roma el 10 de diciembre de 1880. Su padre, don Ramón Subercaseaux Vicuña, fue destacado embajador, Carga de infantería. Boceto (1906).

Pedro Subercaseaux fue un artista extraordinario cuya creación se volcó a retratar el alma de nuestra gesta emancipadora. No hubo escena importante que no recreara su admirable pincel. ¿Cómo imaginar, por ejemplo, el Abrazo de Maipú o la Batalla de Rancagua sin sus cuadros inolvidables para argentinos y chilenos? La fuerza de su pintura fijó para siempre en nuestro imaginario el heroísmo de los padres de la patria y les otorgó perenne vigencia. Su pintura instruye por 10


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hombre público y pintor autodidacta al que se lo considera hoy como uno de los mejores artistas chilenos nacidos en el siglo XIX. Su madre, Amalia Errázuriz Urmeneta, tendría una decisiva actuación en la vida social y espiritual chilena. Entre sus innumerables obras de bien público, destacó la fundación de la Liga de Damas, una organización extendida por todo el país que buscaba la protección e instrucción civil, religiosa y doméstica de la mujer chilena, en especial de las más desposeídas. De sus padres, heredó su profundo cristianismo y un acendrado patriotismo que fueron los derroteros por los que encausó su talento y su vida. Recordando su infancia transcurrida en Europa, el pintor de nuestras glorias refirió en sus Memorias: “En nuestra casa se hablaba continuamente y en tono afectuoso de las cosas de Chile. Mi padre me contaba a menudo las hazañas de los héroes de la reciente Guerra del Pacífico, y también las de la Independencia. […] Poco nos hablaba de política partidista, pero sí de las aspiraciones que ha de tener todo chileno de engrandecer su patria por su esfuerzo personal y por su cultura”. Todo lo que tuviera relación con las glorias militares fascinaba de un modo misterioso a Pedro-niño, como si formara parte sensible de un anhelo de algo más grande que no sabía entonces precisar. Le llenaban de emoción el sentimiento épico que transmitían las grandes pinturas de batallas y los monumentos con que los pueblos conmemoran las hazañas de sus ejércitos, como en París, por ejemplo, el Arco de Triunfo. “De tanto mirar los imponentes desfiles militares -escribió siendo ya un anciano-, las figuras de esas armas y uniformes se me quedaron grabadas en las pupilas. Ahora, sesenta años después, podría dar cuenta detallada de muchas de ellas”.

vías de desaparecer. En cambio, por medio del Arte, puedo hacerlos revivir en mis pinturas y darle así gloria a mi patria aun hallándome lejos de ella. Seré, pues, pintor”. Sus padres lo apoyaron, en especial don Ramón, que veía realizarse en su hijo su íntimo anhelo de la completa dedicación al arte, que sus propias circunstancias de vida le habían impedido concretar.

Años de estudios La decisión de Pedro coincidió con el nombramiento de su padre como ministro plenipotenciario en Alemania y en Italia, y la residencia de su familia en Berlín. En 1897, Pedro fue admitido a la Real Academia de Bellas Artes de la cual era director Anton von Werner, famoso pintor de batallas y de cuadros históricos o de género, como se denominaba entonces. Dos años después, Pedro se trasladó a Italia y continuó en Roma sus estudios en el taller del afamado pintor español Lorenzo Valles, discípulo de Eduardo Rosales y cultor de la temática histórica. En 1900, prosiguió su formación en París, en la célebre Academia Julien, bajo la tutela de los maestros Tony Robert-Fleury y Jules Lefebvre. Pronto, sus compañeros le apodaron el rey del boceto, cuando descubrieron que era un veloz y talentoso dibujante. En 1902, Pedro regresó a Chile, tomando su vida un intenso ritmo de estudio y trabajo el cual testimonia su prolífera producción artística. Comienza entonces su participación en los Salones Oficiales de arte en la Quinta Normal, en competencia con artistas ya de renombre como Pedro Lira y Juan Francisco González. Hasta 1912, no hubo ocasión en la cual Pedro no obtuviera el Primer o Segundo Premio, o se adjudicara los galardones de los certámenes Arturo M. Edwards o General Marcos Maturana. En esta primera época, exhibió una amplia variedad temática dominada por sus temas favoritos: las escenas más gloriosas de la historia de Chile y los cuadros de la época colonial. De estos años son sus célebres telas Batalla de Maipú y Primera Misa en Chile. Estas pinturas le merecieron, respectivamente, el 1° Premio de Pintura del Salón Oficial y el Premio de Historia del Certamen Edwards. En 1906, su tela Apóstol Santiago (¡Santiago, y a ellos!), obtuvo el Premio de Honor del Certamen Arturo M. Edwards, el más alto galardón que otorgaba el Salón Oficial. A partir de entonces, Pedro Subercaseaux era ya un artista consagrado. La revista Zig-Zag lo aclamaba como: “[…] uno de nuestros más jóvenes, pero vigorosos artistas. Un pintor de historia, algo como un literato con pincel. […] Está entre los pintores chilenos de primera fila. Sabe como pocos el secreto de su arte. Dibujante eximio, erudito en indumentaria, conoce a fondo la alquimia de los colores”.

Vocación de artista Ya adolescente, en Chile, y llegado el momento de tomar una decisión acerca de su porvenir, la carrera militar fue para Pedro una opción a considerar: “Yo entreveía tres soluciones posibles al angustioso problema de mi futuro. O la Marina, que me atraía fuertemente, o bien el Ejército, que también me fascinaba, o, ¿por qué no?, dedicarme a la pintura, aunque yo sabía que por entonces el arte no era considerado como profesión de porvenir, ni en el campo social ni en el económico. Sin embargo, pronto comencé a darme cuenta de que ni la carrera militar ni la naval podrían satisfacer mis aspiraciones de belleza. […] Mirando el problema bajo una forma objetiva propia de mi edad, me decía a mí mismo: Lo que me atrae de las Fuerzas Armadas son los barcos a vela, los caballos y los uniformes pintorescos, cosas que ya están en 11


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General Baquedano revistando las tropas (1912).

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Luego de referirse a su excepcional formación artística, Zig-Zag concluía: “Constituye un gran mérito suyo el hecho de no haberse entregado a la vida común de los jóvenes ricos, sino a un grande y permanente esfuerzo artístico”.

El taller de Pedro En una de las antiguas bodegas de vino de la Chacra Subercaseaux, el artista acondicionó su taller de pintura. El lugar era espacioso y en el techo abrió una claraboya que le proporcionaba la luz necesaria para la ejecución de la gran cantidad de obras que se iban acumulando, colgadas de los muros o apoyadas en las paredes. “Trabajaba sin parar -escribió-. Nunca he tenido la paciencia de llevar la lista de todo lo que pinté en aquel entonces ni tampoco en los años posteriores. Andan desparramados mis cuadros y dibujos por todo Chile, sin contar los muchos que se hallan en Argentina y en otros países”. Mientras brillaba en los Salones de pintura, Subercaseaux era también celebrado como ilustrador de revistas y periódicos. Bajo el seudónimo de Lustig, se hizo célebre como dibujante de caricaturas. Su serie Las aventuras de don Federico von Pilsener y su perro Dudelsackpfeifergeselle, que comenzó a ser publicada en 1906 en la revista ZigZag, constituyó la primera tira cómica del periodismo nacional.

La corbeta Rosa de Los Andes (1906)

lo cual se hizo experto, y a crear un proyecto de uniformes para el Ejército de Chile. En 1907, pintó dos magníficas obras que hoy se encuentran en el Club de la Unión de Santiago: La expedición de Diego de Almagro saliendo del Cuzco y Batalla de Rancagua. Por la primera, fue galardonado con el Premio de Historia del Certamen Arturo M. Edwards. En tanto Batalla de Rancagua, le significó el Premio del Certamen General Marcos Maturana. De aquella época es también su Retrato del General Baquedano revistando sus tropas en Quebrada Honda.

Pintor de nuestra Independencia El ambiente retrospectivo que se había creado en el aislamiento de su taller, lo tenía más en contacto con los héroes del pasado que con el mundo que lo rodeaba. “A O´Higgins y a San Martín me parecía conocerlos personalmente, y ‘veía’ sus hazañas como si actuaran ante mis ojos”, recuerda en sus Memorias. “Sin mérito de mi parte -comenta-, recibí del Creador una viva imaginación que me permite crear imágenes y verlas en mi mente moverse a mi antojo con una precisión y un realismo sorprendentes. Después de haber suscitado la visión deseada, generalmente antes de reproducirla por el dibujo o la pintura, debo idealizarla o estilizarla en el grado que me parezca conviene a la obra que estoy ejecutando. Me ayuda en mi creación pictórica un sentido innato del equilibrio de las formas y de las masas, sin el cual no podría crear una verdadera composición artística. Esas facultades me permiten, casi siempre, prescindir del modelo vivo y puedo así dejar correr el lápiz o el pincel con mucha libertad, copiando solamente, se puede decir, la imagen que me sugiere mi propia fantasía, trátese de hieráticas visiones del mundo sobrenatural o de violentas acciones guerreras”. Su afición por los temas militares le llevó a realizar minuciosos estudios de armas, uniformes, arreos y banderas, antiguos y modernos, en todo

Pintor de las glorias argentinas En 1908 resolvió llevar algunas de sus pinturas a Buenos Aires. Una de ellas fue El abrazo de Maipú, donde representa el gesto histórico de los libertadores O‘Higgins y San Martín. Y la segunda, la monumental Batalla de Chacabuco, que retrata el momento decisivo que antecede a la victoria de los patriotas del 12 de febrero de 1817. Ambas telas fueron adquiridas por el gobierno argentino y han sido reproducidas innumerables veces en ese país como en Chile, en textos de estudio, papel moneda y sellos postales. Invitado por el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, Pedro presentó en la Exposición del Centenario en Buenos Aires las telas Ensayo 13


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Carga de O’Higgins en la Batalla de Rancagua, óleo de Pedro Subercaseaux, 1907.

del himno nacional argentino en casa de doña Mariquita Sánchez de Thompson y Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. “[…] recibí calurosas felicitaciones -refiere en sus Memorias-, pero el jurado encargado de dar los premios creyó prudente y diplomático no otorgar en este concurso ningún primer premio, sino darme un segundo premio por cada una de mis telas. Uno de los miembros del jurado, con modo muy amable, me explicó: «Todos estamos de acuerdo en que merece usted los dos primeros premios, pero desgraciadamente usted no es argentino…»”.

con una multitud de honorables señores que llenaban el salón discutiendo acaloradamente. Se hallaban también presentes varios caballeros de aspecto más apacible que habían sido convocados en calidad de árbitros y que debían dictaminar sobre si se debía, o no, aceptar mi cuadro. La situación no dejaba de ser crítica para mí, pues había yo reservado pasajes para Europa, ya que había terminado la primera guerra mundial, y no podía partir sin que se me pagara el valor de la tela. Dos o tres días duró la discusión, en tanto que varios peritos evacuaban informes sobre el cuadro. Fueron discutidas las figuras humanas, los animales, la vegetación y hasta las formas de las nubes del cielo. De los llamados como árbitros, el profesor Philippi opinó que un perro que aparece en el cuadro era de raza de patas muy delicadas, por lo que le habría sido difícil franquear las rugosas pendientes de los Andes. Don Tomás Thayer Ojeda, ya anciano y casi ciego, preguntó qué era ese bulto al centro de la tela, a lo que se le contestó que era el caballo de Almagro. Otro experto objetó que los quiscos tienen flores blancas y no rojas. Se le explicó que también crecen parásitos de flor roja en los quiscos y en otras plantas. Siguieron muchas críticas más por parte de los senadores y diputados presentes. Las críticas se referían todas a detalles particulares del cuadro. No hubo ni una sola observación sobre el conjunto de la composición ni sobre sus méritos y deméritos en cuanto a obra de arte, lo que me dejó pensativo. Finalmente, se acordó aprobar mi obra. Recibí la suma estipulada, justo a tiempo para poder partir a Buenos Aires y de allí a Europa, llevando sólo sobre la conciencia una cierta inquietud sobre las delicadas patas del perro que atravesó la cordillera”.

Descubrimiento de Chile por Almagro En 1913, Pedro Subercaseaux realizó su monumental pintura Descubrimiento de Chile por Almagro que decora el frontis del Salón de Honor del antiguo Congreso Nacional, y que le había sido encargada por don Fernando Lazcano y don Carlos Balmaceda, presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados respectivamente. La tela representa el momento en que Almagro divisa por primera vez el valle de Aconcagua. Para el artista, la realización de esta obra terminó siendo verdaderamente azarosa. Así cuenta en sus Memorias: [Terminado el trabajo, debía ser aceptado y pagado por quienes lo habían encargado, pero…] “Aconteció que, por motivos de orden puramente político, se hallaban los senadores y los diputados disgustados con los dos presidentes del Congreso, y creyeron los congresales conveniente desahogar su malhumor haciendo obstrucción a la obra pictórica que ambos presidentes habían mandado pintar. Llegaba yo un día al Congreso con ánimo de cobrar lo que me era debido, cuando me encontré 14


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El abrazo de Maipú, óleo de Pedro Subercaseaux (1907).

habla en Chile de la belleza de Dios? ¿Quién nos eleva por encima de las preocupaciones diarias y nos recuerda que, ante todo, debemos dar gloria, agradecer y bendecir al Señor?”, se preguntaba el artista. Estas ideas se prolongaron en las cartas que intercambiaba con su hermano Juan, futuro obispo de Linares y arzobispo de La Serena. Les animaba el deseo de que Chile alcanzara su madurez espiritual por medio de una fundación benedictina donde hombres y mujeres pudieran entregarse completamente al Señor, glorificándole por medio del trabajo, la oración en comunidad y la liturgia de la orden, plena de belleza y dignidad.

Continúa relatando la historia Entre 1910 y 1920, Subercaseaux pintó reiteradamente escenas de las batallas de Rancagua y de Maipú. Una de las más conocidas es la de Bernardo O´Higgins en el campanario de Rancagua, y representa el momento en que el prócer observa expectante el horizonte, esperando la llegada de la ayuda ofrecida por José Miguel Carrera. …………… Pedro se había casado en 1907 con Elvira Lyon Otaegui, que unía a su belleza muy profundas inquietudes religiosas. Y fue así que el deseo de estar más cerca de Dios los fue alejando de la vida mundana.

La fundación benedictina en Chile

Benedictino

La fundación en Chile del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes se iba a concretar en 1938 gracias al enorme esfuerzo, paciencia y perseverancia del padre Pedro Subercaseaux, a pesar de su carácter tímido y aun cuando el proyecto pareció muchas veces irremediablemente fracasado. Una vez en Chile, Subercaseaux retomó sus pinceles para ayudar económicamente al mantenimiento de su familia monástica. Y así lo hizo mientras vivió. Siempre fiel a su profundo amor a Dios y a la patria, su pintura relataba ahora pasajes de la historia de Cristo y de la Iglesia, los que alternaba con su tema preferido, las escenas más gloriosas de la historia de Chile. “Ignoro por qué será -escribió-, pero no me atrae, en cuanto a inspiración estética, el término medio. Para sentirme plenamente feliz, debo estar tratando, o bien un tema sereno y apacible, o si no, un asun-

El 15 de agosto de 1920, Pedro Subercaseaux y su mujer, con permiso de la autoridad eclesiástica, acordaron separarse y profesar cada uno en la vida religiosa. Ella se fue al noviciado de las Damas Catequistas en Loyola, España. Él eligió la orden benedictina, la más antigua de la cristiandad, y se estableció en la Abadía de Nuestra Señora de Quarr, en la isla de Wight al sur de Inglaterra. Allí pensaba permanecer el resto de su vida. Fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1927.

Los sueños de un artista para el alma de Chile No olvidaba a Chile. Su vocación había sido la respuesta a un llamado interior, pero fue comprendiendo que debía ayudar a establecer en su patria el bien espiritual que ahora recibía. “¿Quién nos 15


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Primera misa en Chile, óleo de Pedro Subercaseaux (1904).

to en que se entrecrucen las formas o las líneas con violencia como, por ejemplo, en un cuadro de batalla”.

de poblarlos de figuras y colores. Es a través de la belleza sensible del arte religioso donde el hombre encuentra a Dios. Sigo creyendo que el sentimiento artístico debe primar en toda obra de arte. Lo que nos falta no son técnicas ni teorías. Lo que falta es que produzcamos belleza a imagen y semejanza de Dios. Ésa es la misión del artista”. ……………

Últimos años De aquellos años, entre muchas otras obras, están sus cuadros Últimos momentos en Rancagua, Artilleros de Borgoño en la batalla de Maipú y Muerte de Bueras. En reconocimiento a su fidelidad a las glorias militares, el Ejército lo designó capellán honorario del Simbólico Regimiento de Caballería Santiago Bueras. Pertenecen también a este período la mayoría de sus murales para grandes espacios religiosos como los que pueden verse en el museo del Templo Votivo de Maipú y en las parroquias del Sagrado Corazón de avenida El Bosque, de Nuestra Señora de Los Ángeles del barrio de El Golf y de Nuestra Señora de la Merced de Puente Alto, todas en Santiago, y en el ábside de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en el balneario de Las Cruces, en San Antonio. “Al contemplar los muros blancos y vacíos de una iglesia no podía, en mi imaginación, dejar

El 3 de enero de 1956, Pedro Subercaseaux fallecía en la Clínica de la Universidad Católica de Santiago. Su muerte ocurrió en una sala dedicada a la Virgen del Carmen, Patrona del Ejército de Chile, cuyas glorias retrató nuestro pintor durante toda su vida. Su cuerpo descansa en el pequeño cementerio benedictino junto a la Abadía de Las Condes, entre el pasto y las flores silvestres mecidas por el viento.

Nota. 1. Historia de la pintura chilena, Antonio R. Romera, Editorial del Pacífico S. A., Santiago de Chile, 1951.

Tríptico de El joven Lautaro, de Pedro Subercaseaux (1942).

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José Gil de Castro, Bernardo O’Higgins, Santiago, 1820. Óleo sobre tela, 205x136cm. Museo Histórico Nacional, Santiago.

Gil de Castro Pintor de próceres

Dejó retratos magistrales de forjadores de la Independencia americana. Un patrimonio artístico de incalculable valor para la pintura y la historia.

Nanda Leonardini

Universidad San Marcos Lima

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En

las primeras décadas del siglo XIX americano surge el retrato burgués. Gracias a ello son llevados al lienzo los líderes de la guerra de Emancipación, así como las esposas e hijas de las familias criollas pudientes. Por lo general, esta tarea es asumida por pintores autodidactas debido a la falta de una academia que formara a los jóvenes dentro de los lineamientos clásicos. A pesar de ello, el retrato de esta época está marcado por las características del estilo de moda, el neoclasicismo, donde la figura de los próceres nacionales es inmortalizada a través de la obra plástica, luciendo como atributos uniformes militares, condecoraciones, bandas y espadas, detalles de exquisito acabado plástico que se contraponen al trabajo anatómico de los cuerpos carentes de exigencias académicas. De este periodo es reconocida a nivel internacional la obra del peruano José Gil de Castro, llamado El pintor de los Libertadores. Se trata de uno de los artistas más cotizados. Militar de carrera, étnicamente mulato, sus cuadros se encuentran en museos públicos o colecciones privadas en Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela y por algún tiempo en Inglaterra. La presencia de afrodescendientes en las artes plásticas latinoamericanas está poco estudiada. El historiador y restaurador peruano Ricardo Morales señala que en la ciudad de Trujillo (Perú) ha podido comprobar la mano de obra africana en la pintura de la zona desde la etapa virreinal, hecho que rompe el mito de que en esa época, dicha disciplina estaba sólo en manos indias y mestizas. Mientras el padre Rubén Vargas Ugarte registra la presencia de dos artesanos pertenecientes a dicha minoría étnica, aún no se ha estudiado un posible trabajo provincial de ellos en las haciendas de la costa central peruana en donde mayoritariamente radicaban. Los afrodescendientes negros, que desde el inicio de la colonia estaban asimilados y acomodados a la cultura occidental y a la estructura económica y social que de ella nace, incrementa con lentitud su actuar en la construcción de templos, casas solariegas, hospitales y conventos, hecho ligado, con seguridad, al

status alcanzado por los libertos que les permiten convertirse en artesanos, entre otras actividades (Luciano, 1987,199-203). Esto indica que su presencia en la plástica peruana es real, aunque cuantitativamente inferior a la indígena y a la mestiza. Es menester recordar que la producción pictórica tradicional decae notoriamente a fines del siglo XVIII, quizás porque el gran mecenas, la Iglesia Católica, deja de realizar encargos a los artistas agrupados en su mayoría en gremios y talleres. De manera paralela, el mensaje iconográfico religioso transmitido a partir de la figura de Cristo, la Virgen, los santos -cuyas vidas servían de modelo para alcanzar la gracia divina en el más allá-, comienza a ser cambiado hacia los próceres patrios, cuyas trayectorias debían emularse para conformar la naciente República simbolizada por ellos. Por otra parte, al variarse los íconos (santos por héroes o

José Gil de Castro, José Olaya, Lima, 1828. Óleo sobre tela, 204x137 cm. Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia.

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próceres) se pasa de la temática religiosa a la retratística, mientras el centro de producción se trasladaba a Lima, ciudad en la que preferentemente se encontraban estas personas. No es de extrañar, entonces, que los primeros pintores de la Independencia fueran mulatos limeños autodidactas, atrapados ahora dentro del ideal nacional-criollo en formación, en una ciudad donde el indio es considerado un extranjero de paso o un residente desadaptado (Oliart, 1995, 276). José Gil de Castro y Morales (Perú, Lima, 1783-1841) es el artista encargado de abrir la pintura republicana en Chile y uno de la llamada etapa de transición en Perú para retratar a la burguesía emergente en el momento de la Emancipación, con un trazo a veces rígido y pincelada minuciosa, con detalles que lindan en el estilo neoclásico. El pintor había arribado a Chile a la edad de doce años, donde permanece hasta los 37, periodo en el cual trabaja para el Ejército Real como Cosmógrafo, Topógrafo y Proto-autografista. Radicado en la capital, el Chile de la Reconquista (1814) registra sus primeros lienzos (1), solucionados espacialmente de la misma manera: figura de pie en tres cuartos, elegantemente ataviada junto a una mesa y, por lo general, como fondo un cortinaje rojo; son personajes absortos e indiferentes. Sin embargo,

José Gil de Castro, Dolores Días Duran de Gomez, Santiago, 1814. Óleo sobre tela, 102x78 cm. Colegio Particular, Santiago.

José Gil de Castro, Maria Joaquina Costa y Gandarias, Santiago, 1817. Óleo sobre tela, 78x67 cms. Museo Nacional de Arte, La Paz.

destaca un cuadro que rompe el citado esquema tradicional caracterizado por un modelo lejano al espectador. Se trata del Retrato de doña Dolores Díaz Durán de Gómez, quien sentada en la intimidad de su católico hogar, cose una transparente gasa blanca, actividad muy femenina que detiene para mirar con calidez al observador, estableciendo así una amable comunicación. Liberada la Patria, el reconocido artista -gracias a sus altos dotes-, se aboca a una clientela criolla interesada en sus habilidades pictóricas, las que en la ya antigua Capitanía General de Chile nunca habían tenido la oportunidad de gozar. Uno de los primeros retratos es el de la boliviana Joaquina Costa y Gandarías, esposa del general Hilarión de la Quintana, miembro de la Logia Lautaro y por ende allegado a Bernardo O’Higgins (Mesa y Gisbert, 1990, 46), aprovechando la cercanía que tenía con los patriotas revolucionarios, quienes habían retomado el poder de Santiago después del éxito de la batalla de Cancha Rayada. Gil de Castro, a través de este óleo de extremada feminidad enfatizada gracias a un elaborado peinado que, en rizos y bucles negros, mantiene recogido gracias a un tocado de tres rosas abiertas en su esplendor (dos rojas y una caramelo, particularidad que permite percibir a Joaquina como una mujer madura), sarta de perlas blancas, detalles repetidos 19


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José Gil de Castro, Isabel Riquelme, Santiago, 1819. Óleo sobre tela, 104x78cm. Museo Histórico Nacional, Santiago.

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en el collar, los aretes y la rosa roja que sostiene con la mano izquierda bajo su pecho, deja el único testimonio visual de una mujer que tomó la determinación de separarse de su marido para retornar a su tierra natal, Potosí, donde en 1825, conoce al general Simón Bolívar, de quien, a decir del investigador Zubieta y Sagárnaga, habría sido su amante (varios autores, 2005, 132). De esta forma, Gil de Castro se contacta y, por afinidad, entabla amistad con don Bernardo O’Higgins, quien por esos días fungía como Director Nacional. Es interesante recordar que, durante sus estudios en Londres, el prócer había recibido lecciones de pintura, convirtiéndose en un entendido en arte, además de ser un aficionado especializado en miniatura. Con estos conocimientos en las artes plásticas, sabe valorar con exactitud el quehacer plástico de Gil de Castro, a quien otorga la primera Legión al Mérito, condecoración recientemente creada por el Gobierno. Por este mismo tiempo, dicho artista ejecuta varios retratos de O’Higgins, siendo el más difundido el de cuerpo entero (1820), triunfante después de sellar la Independencia. Asimismo, está el de su madre, doña Isabel Riquelme (1819) sentada siguiendo el estereotipo compositivo manejado por Gil, y el busto de su hermana Rosa O’Higgins, más modesto, carente de decorados. Es por ello que en estas obras la personalidad de las dos damas no queda expresada; las telas solo sirven como registro del rostro, así como un interesante repertorio de la moda imperial femenina. A su regreso a Lima con el ejército liderado por el general José de San Martín, Gil traía consigo una fama bien merecida. Es por ello que, además de pintar a los aristócratas, personas adineradas y políticos, en 1823, el presidente José Bernardo Torre Tagle le encarga realizar un retrato del pescador chorrillano José Olaya (Perú, Lima, 1782-1823), recientemente fusilado por los españoles al ser sorprendido como corresponsal patriota. Luego de ser sometido a crueles tormentos, apaleado doscientas veces, habérsele arrancado las uñas y destrozado los dedos en las llaves de un fusil, es fusilado el 29 de junio de 1823 (Macera, s/f, 97). Se trata del primer retrato dedicado a un indio, conocido como Retrato del Mártir Olaya, obra finalizada en 1828 para que sirva como ejemplo de valor y lealtad a la Independencia. Este óleo es, verdaderamente, todo un acontecimiento pictórico del siglo XIX, no solo por el hecho de ser la primera pintura de este tipo, sino además porque el retratado se encuentra de cuerpo entero. Es interesante señalar que Gil de Castro realiza pocos retratos en los que representa al personaje completo. Si recordamos que este artista de moda entre la burguesía local es el pintor oficial de los militares patriotas, y que el retratado es

un ejemplo de heroicidad a seguir, pues ha entregado su vida por la causa emancipadora, se comprende por qué el afán de elevarlo y perpetuarlo a través de esta obra. Por parte de las autoridades en curso, el interés radica en rescatar ejemplos patriotas nacidos del mismo pueblo y denunciar las atrocidades de los realistas. Por el lado del artista, se suma la solidaridad de minoría étnica, de allí la majestuosidad y el rango con que lo trata. La filacteria roja en la parte superior de la obra sintetiza esta idea, pues en ella se lee en letras doradas: “El patriota D. José Olaya sirvió con gloria a la PATRIA, y honró el lugar de nacimiento”. Colores sugestivos conforman el óleo: rojo (de la filacteria) y blanco (de la ropa de Olaya) símbolos de la bandera nacional peruana. Con el color dorado, empleado antiguamente para asuntos divinos, se escribe el texto en el que a Olaya se le trata de “Don”, vocablo encargado de presidir el nombre de alguien importante. A fin de que su acto heroico perdure, la cartela de la derecha del lienzo relata el pasaje en el cual José Olaya inmola su vida (Mondoñedo 2002). En la obra de Gil de Castro figuran, además, dos importantes patriotas: los generales José de San Martín y Simón Bolívar, cuyos respectivos retratos son “peleados” por los museos nacionales de cada país. Mientras que del

José Gil de Castro, Rosita Rodríguez, Santiago, Circa 1819. Óleo sobre tela, Santiago.

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Sobre nuestro artista se ha escrito bastante. De todo ello resalta el reciente libro José Gil de Castro. Pintor de los libertadores (2014), resultado de un estudio nacido gracias a una muestra itinerante que ha recorrido Chile, Perú y Argentina; los meticulosos artículos allí reunidos elaborados por especialistas, son difíciles de emular en un espacio tan breve.

NOTAS: (1) Retratos de: Nicolasa de la Morandé de Andía y Varela; Francisco de Borja de Andía y Varela, óleos propiedad de la Pinacoteca de la Universidad de Concepción. María Mercedes Alcalde y Bascuñán de Lecaros; José Manuel de Lecaros y Alcalde; Francisco Manuel de la Sotta y Manso; Joaquina Lavaqui de la Sotta, telas pertenecientes a colecciones particulares de Santiago. Pedro Botet y Gros, cuadro del Museo Histórico Nacional, Argentina, entre otros. (2) Enviado a su amigo inglés Robert Wilson, padre de Belford Wilson, uno de sus edecanes. En 1843, Belfort regresa a Bolivia y dona el famoso cuadro de Gil de Castro a la ciudad de Sucre. De este retrato, Sir Robert manda a realizar un grabado a la Casa Turner, con un tiraje numeroso. (3) Regalo para su hermana María Antonia, actualmente se encuentra en el Palacio Federal Legislativo. María Antonia colgó el retrato en la sala de su casa, donde mantenía la ventana abierta para que la gente le rindiera homenaje.

Referencias Leonardini, Nanda (2011). Perú recuerda los hechos heroicos venerando a su Libertador. En Simón Bolívar en el arte latinoamericano del siglo XIX. Lima, Embajada de la República Bolivariana de Venezuela / Grupo de Estudio Guanahaní, pp. 64-74.

José Gil de Castro, Simón Bolívar, Lima, 1826 a 1830. Óleo sobre tela, 203x133 cm. Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia.

Luciano, José (1987). Apuntes para una reinterpretación crítica sobre la presencia africana en el Perú. En Primer seminario sobre poblaciones inmigrantes. Lima, Concytec, pp. 197-209.

primero se conocen ocho telas de mediana y pequeña envergadura, todas muy similares, de Bolívar, Gil de Castro, por encargo del mismo Libertador, elabora al menos cinco busto casi idénticos, con abundante bigote y dos de cuerpo entero que remitió como obsequio a Londres (2), en 1825, y a Caracas (3), en 1826. Un tercero de cuerpo entero, sobre la base de los anteriores pero de compleja iconografía, fue hecho a pedido para conformar la pinacoteca nacional peruana referida a los próceres; en él Bolívar, elegantemente ataviado con uniforme militar y llevando consigo la espada que el Perú le había obsequiado, se encuentra en medio de una sala rodeado de objetos que hablan acerca de su carácter internacional, de la abundante correspondencia, así como de la reconocida glorificación dada por la Nación a través de la filacteria que reza así: “El Perú recuerda los hechos heroicos venerando a su Libertador” (Leonardini, 2011, 64-73).

Macera, Pablo (s/f). Historia del Perú. Independencia y República. Lima, Bruño. Mesa José y Tersa Gisbert (1990). La pintura en los Museos de Bolivia. Bolivia, Editorial Amigos del Libro. Mondoñedo Murillo, Patricia Carolina (2002). José Olaya: La obra disímil en la producción pictórica de José Gil de Castro. Lima, Seminario de Historia Rural Andina, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Oliart, Patricia (1995). Poniendo a cada quien en su lugar: estereo-tipos raciales y sexuales en Lima del siglo XIX. En Mundos Interiores: Lima 1850-1950. Editores Aldo Panfichi y Felipe Portocarrero, Lima, Universidad del Pacífico, pp. 261-288. Vargas Ugarte, Rubén (1947). Ensayo de un diccionario de artífices coloniales en América Meridional. Lima, Talleres Gráficos Baiocco. Varios Autores (2005). Obras Maestras. La Paz, Bolivia, Museo Nacional de Arte - Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

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Cantor de Chile

Se retiró de los grandes escenarios y de las presentaciones internacionales con una gira en el 2016. Pero El Temucano sigue actuando a lo largo de Chile, convertido en una figura fundamental del cancionero nacional.

La obra de Tito Fernández ha trascendido la vigencia y forma ya parte del imaginario colectivo de generaciones de chilenos, lo que se evidencia en la respuesta del público a cada una de sus presentaciones.

Texto y fotografías:

Jorge Díaz Arroyo Licenciado en Historia Chillán

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“Yo no sabía cantar, no sabía escribir. No sabía componer, no sabía decir. Sin embargo, cantaba. Sin embargo, escribía. Sin embargo, decía y hacía melodías” (1). Así retrata la naturaleza de su pulsión creadora Tito Fernández, en el libro autobiográfico Los versos numerados (Ril Editores, 2012). Consciente de que su modo no es “muy académico”, una vez recibió el consejo de “nunca aprender a cantar y a escribir canciones”. E hizo caso. Tal vez ésa sea una de las claves que explican su personal estilo y aquella capacidad para captar y comunicar la esencia de los personajes e historias que pueblan sus canciones.

donde actuaban los ‘grandes artistas’. Yo era uno de los artistas locales, no más, pero teníamos mucha gente en el lugar en que nos presentábamos. La verdad, estábamos en un corral de vacas, en donde se había armado un escenario rebueno. ¡No era ni feo! porque la peña de la Universidad Técnica trabajaba muy bien. Entonces, al otro día vino Ángel y me dijo, después que canté: ‘Lo tuyo no puede perderse, vamos a hacer un disco’, y me dio una tarjeta y me indicó ‘Anda a la Peña de nosotros, en Santiago, encuéntrame en esta dirección, y vamos a grabar’”. Por entonces, Fernández complementaba su labor artística con un empleo en el Liceo Plácido Briones, de Temuco, donde también había sido alumno. Para poder acudir a su cita en la capital, debió pedir permiso sin goce de sueldo. “Fui, grabé el disco, canté un poco en la peña, y me volví”, relata. Fue Ángel Parra, precisamente, quien entonces lo bautizó como “El Temucano”, nombre que recogió de boca de la gente de Santiago, y que agregó al ya consabido “Tito Fernández”. El impacto de aquella incursión fue una verdadera sorpresa. Cuenta El Temucano: “En Santiago, me siguieron tocando en la radio con la cinta máster de mi disco, y un día Ángel

Nace El Temucano Humberto Waldemar Asdrúbal Baeza Fernández nació en Temuco el 9 de diciembre de 1942. Su infancia y pubertad la vivió en la calle Miraflores 253 de su ciudad natal. Debutó musicalmente en la radio Cooperativa Vitalicia, de Temuco, en 1960. Ahí, dice, nació Tito Fernández, el nombre que identifica al artista (diferenciándolo de Humberto Baeza, que corresponde al hombre, al ser humano, al esposo y al padre…). Su génesis como creador se lo agradece al Maestro (así, con mayúscula), Tulio Mora Alarcón, quien fuera su profesor y luego su amigo, en Temuco. En el libro ya citado, le dedica estas palabras al docente: “Yo no sería cantor si no hubieras puesto, un día, en mis manos un libro. Nada más. Apenas un libro. Una canción y un libro” (2). Fernández contaba ya once años de actividad artística en Temuco y alrededores, cuando su carrera dio un nuevo salto. Nos lo cuenta él mismo, en conversación con revista Quinchamalí, sostenida en un improvisado camarín en la localidad de Malloa, donde se aprestaba a cantar: “Trabajaba en la radio, donde me grababan en cintas para seguirme tocando durante el día. Era muy conocido; muy querido, además, por la gente de la zona. Iba a cantar sábado por medio a la Peña de Valdivia, y sábado por medio venía un artista de Valdivia a cantar a la Peña Chica, en Temuco. Estaba actuando en la Feria Internacional de Valdivia, que se hacía en La Isla, cuando pasó Marta Orrego y me escuchó cantar; fue a hablar conmigo al camarín y al otro día llegó con Ángel Parra, su marido, que estaba cantando —por supuesto— en el casino,

Pablo Neruda, como deja en claro este autógrafo, compara a Tito con el poeta argentino José Hernández, autor del poema narrativo “El gaucho Martín Fierro”.

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De ahí la historia es más o menos conocida. Una carrera en ascenso que nunca se ha detenido, y que lo tiene mucho más allá de la vigencia, en un sitial canónico entre las figuras más relevantes de la música chilena. Ha recorrido innumerables veces el país, pisando los principales escenarios nacionales, actuando también en emblemáticos teatros de América del Norte, Centro y Sur; Europa y Oceanía. Cuenta con más de 90 discos editados y entre sus muchísimos premios y reconocimientos —entre los que se cuentan las icónicas antorchas y gaviotas del Festival de Viña del Mar—, posee un singular galardón que lo describe como el único “Artista de Diamante” chileno. Todo en casi 60 años de carrera a punta de canciones que, como rasgo general, se centran en pequeños detalles de la cotidianidad —ya sea en un contexto rural o urbano—, y que, una vez puestas en circulación, suelen lograr en el público identificación y emociones profundas, siempre escritas con un halo poético que, en todo caso, se despliega con un lenguaje sencillo y llano. Ahí están El Mañungo, basado en un amigo de la infancia en Temuco, enfermo de tuberculosis; La casa nueva, en coautoría con su hijo Marco Antonio, inspirada en la historia de un vecino que recién pudo tener su casa propia tras la jubilación; Tallando, que relata su conversión cuando estuvo detenido y con incierto destino, en Bolivia; entre otros tantos himnos que transitan desde lo humorístico, hasta lo político. “Tal vez puedo ser eso: ‘enseñador de detalles, pequeños, que, a la postre, resultan los más útiles’” (3), reflexiona el cantor, en su autobiografía en verso.

Más de sesenta producciones cuenta la carrera discográfica de El Temucano.

me llamó para que fuera a cobrar mis royalties —yo no sabía lo que era un royalty: son las regalías que ganas por las ventas y veces que tocan tu disco—”. Aprovechando el viaje, Ángel Parra lo invita a cantar en la emblemática Peña de los Parra. “Y me quedé cantando —relata Fernández—, cobré mis royalties, ¡Y era tanta plata! Yo jamás había visto nunca ‘esa’ plata. Me la eché entre la camisa… porque no me cabía en los bolsillos. Ese fue mi primer pago, el de mi primer disco”. Humberto Baeza comenzaba así a descubrir cómo el canto de El Temucano se volvía famoso en todo Chile. “Fue muy sorprendente para mí, me quedé cantando en la Peña y no volví nunca más a Temuco. Al liceo renuncié por carta”, cuenta Fernández. El Temucano tiene palabras cariñosas para Ángel Parra, quien murió en 2017. “A Ángel le debo todo lo que yo soy. Él fue mi primer productor. Fue él quien me dijo ‘No aprendas nada, anda y canta, no más’”.

El Cantor Popular Pero no fue la única “bendición” que recibió Tito Fernández en sus inicios. También mereció el interés, la complacencia y el apoyo del poeta chileno de fama mundial, Pablo Neruda. “Eso fue lo más grande que me ha ocurrido —confiesa El Temucano— con el respeto que me merece la memoria de Ángel Parra y de la Marta Orrego, que también está fallecida, porque lo que Neruda dijo era para mí demasiado grande. Neruda dijo que yo era el José Hernández de Chile. José Hernández es un poeta que, entre otras de sus obras, escribió el Martín Fierro. Para mí, que era un cabro chico, me cayó muy pesado eso en los hombros, y tuve que cargarlo, no más”. 25


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años para atrás; de ese yo te puedo contar, porque soy la prolongación de ese artista, pero no soy ése. Tengo muchos años más, entiendo más de la vida, ¡entiendo más de todo!”. Humberto Baeza hace un balance del tiempo en que “Tito Fernández” estaba en la plenitud de su carrera y ocupaba la mayor parte de su tiempo: “Yo creo que el otro (el artista) no tuvo grandes satisfacciones, estaba demasiado ocupado en escribir; casi no vio el mundo. El mundo lo estoy viendo recién ahora, y cómo reacciona al canto de Tito Fernández”. Y sentencia con pragmatismo y gratitud: “Sin Tito Fernández yo no hubiera existido. Aquí me han valorado de sobra. Si fuera por premios, mi casa es un museo; ya falta pared… están por el suelo, amontonados. Soy profeta en mi tierra, a mí la gente me entiende”.

Chile y la provincia

Tito Fernández y Humberto Baeza

Aunque vive hace años en la comuna de Lo Espejo, en la capital, Santiago, el autor de La madre del cordero, El atrinque o Me gusta el vino, sigue sintiendo y mirando como un hombre de región. “Me siento muy contento con lo que ha ocurrido conmigo. Que sigo siendo temuquense, sigo siendo de Temuco”, dice. Y agrega: “Siempre digo yo que hay que salir de Santiago para entrar a Chile. Si estás en Santiago no estás en Chile. Estás en cualquier otra ciudad del mundo. Tienes que salir. Anda a Buin y ya estás en Chile…” Aun así, Fernández no tiende a exagerar una identidad cultural extremadamente singular

“La gente me ve y no me ve y los que logran verme no me reconocen. / Soy un enorme rótulo y nadie me concibe de otra forma” (4), anota con lucidez, pero innegable melancolía, El Temucano en sus memorias. Se explaya sobre el punto en la conversación con revista Quinchamalí: “A mí nunca me ves. Yo soy marido, soy dueño de casa, soy el papá. La gente ve al artista, y yo no soy el artista: hace 20 años que no soy artista, que no escribo un poema, que no grabo un disco, que no salgo de Chile (5) ¿De qué artista estamos hablando? De uno que existió hace 20

Tito Fernández durante su actuación en el Festival Nacional del Folclore realizado en Chillán, en febrero de 2012.

El Temucano y Chillán “Yo tenía un gran amigo en Chillán, ya fallecido, que era el guatón Monrroy, el dueño de la Peña Violeta Parra. Y aquí hay que poner atención, porque él se atrevió a poner Violeta Parra a su peña, cuando mencionar a Violeta Parra estaba prohibido en el país. No se podía mencionar, siquiera. Entonces por eso está Chillán presente en mí, porque fui muchas veces y mi amigo me llevó a cantar a su negocio. En ese tiempo militar no podía ir a cantar a cualquier parte, pero ahí sí podía. Nunca tuvimos problemas. O sea, todos pensábamos que íbamos a tener, pero no los tuvimos”.

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en el ser nacional, sino que, aunque único, lo ve inserto y parte de las influencias y tradiciones del mundo. “Chile es como todos los países, no más. Yo que conozco tanto país, he encontrado cosas de Chile en todas partes. ¿Qué le podría decir yo a un extranjero sobre Chile? ‘Anda a conocer mi país. Es un país chiquitito, que está lleno de oportunidades, en todo sentido: oportunidades sociales, culturales… porque somos muy nuevos’. Eso es Chile”.

¿…Si se calla el cantor? ¿Cumple el cantor algún rol social, además del estético o artístico? Esto es lo que piensa al respecto El Temucano: “Horacio Guarany tiene una canción que reza ‘Si se calla el cantor, calla la vida’, y Facundo Cabral, tan famoso como Guarany, refiriéndose a la canción de éste, dijo ‘si me callo yo, no le importa a nadie’. Yo estoy de acuerdo con los dos: Si se calla el cantor, calla la vida: los que van a saber son los que se dan cuenta; los que no se dan cuenta, nunca van a saber que se acabó la vida”, Pero Tito Fernández, obviamente, es de los que sabe, y por eso señala que el pueblo necesita a sus juglares: “necesitan al cantor para que les cante a sus cosas”. Probablemente esa fue la razón para que, ya en 1990, se preguntara “¿Podré contribuir, desde la vieja Europa, a que un niño de mi patria deje de tener hambre?” (6), y a los pocos años dejó de hacer giras en el extranjero, para privilegiar actuar en los escenarios a lo largo de Chile. Pero la inquietud se proyecta hacia el futuro y de él mismo surge una pregunta que le deben haber planteado más de alguna vez; y para la que tiene un boceto de respuesta: “¿Y en Chile hay más cantores después de usted? ¡La pregunta, dolorosa, sale con fórceps! Entonces para uno es re complicado. Yo creo que no. Creo que conmigo se acaba la generación de los cantores”. Y remata con una suerte de definición, minutos antes de subirse al escenario: “Un cantor se distingue de todos los demás cantantes por una sola cosa. A un cantor tú lo puedes acusar de cualquier cosa, menos de cantar a lo que no es”.

Tito Fernández junto a su hijo Marco Antonio, quien desde hace años lo acompaña en la guitarra durante sus presentaciones. El tema “La casa nueva” es una creación conjunta entre padre e hijo.

NOTAS: 1.- Tito Fernández, Los versos numerados. Ril Editores, 2012, p 52. 2.- Ibíd. p 109. 3.- Ibíd. p 358. 4.- Ibíd. p 436. 5.- Excepto por un viaje a Perú, primer país del exterior que acogió su canto, y donde una universidad le rindió un homenaje hace algunos años, gesto que no quiso desairar. En tanto, la pausa discográfica Tito Fernández la interrumpió a fines de agosto de 2018, con la publicación de “Décima por mis raíces”, disco en el que evoca su infancia y que realizó, según ha señalado, debido a la insistencia de sus seguidores. 6.- Op. Cit. p 345. 27


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Roberto

Contreras vida consagrada a los saberes del folclore El reconocido profesor e investigador del folclore revisa con pasión, autocrítica y humildad su trayectoria que comenzó en Chillán a mediados de los años 50. Hoy atesora en Yumbel un devenir en que se descubrió a sí mismo y también los saberes de la cultura tradicional chilena.

Rodrigo Pincheira Albrecht Periodista Concepción

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T

iene ese ademán de antaño. Un parecer engañoso, porque no está anclado al pasado, aunque en la conversación hable con extremo cariño de los “viejos de antes”, y entremedio evidencie su molestia por algunas cosas del mundo actual. Roberto Contreras Vaccaro conserva esa cepa de profesor normalista y protagonista de la escena folclórica regional a tiempo completo. Apenas hace mención a algunos de sus logros, pero su trayectoria es prolífera y completa en investigación, educación, fundación de organismos y conjuntos folclóricos. Su programa radial Raíces del folclore estuvo 20 años al aire y se escuchaba de Santiago al sur, igual que sus conferencias, charlas y talleres de cultura tradicional. Docente de la U. de Concepción y la UBB, Premio Municipal de Arte de Concepción en 1983, director del Centro de Cultura Popular del Biobío, fundador de la Escuela Nacional del Folclore (Enafo), alguna vez presidente de la Organización Internacional de Arte Popular (IOV) y Premio Regional de Arte y Cultura en el 2003. Y así, podríamos seguir enumerando, porque el sello de Contreras es indeleble en un recorrido que suma más de 50 años.

mataron para el 73; el Chorero Sepúlveda, de educación física, el más mañoso de todos pero el más querido. Te exigía saberte el himno de la Normal, de los deportistas y la canción nacional completa”. Nada es para siempre, como dice un viejo adagio. Las escuelas normales terminaron en el gobierno militar. Contreras argumenta: “Chile cometió un gran error al eliminarlas. En Francia, por ejemplo, siguen plenamente vigentes. Esa mística casi no existe en el magisterio y tampoco esa ley estatal que exigía que el profesor rural tuviera que vivir en el área donde trabajaba para insertarse y conocer a tu comunidad. Hoy tenemos profesores visitantes. Cuando eres parte de ese medio conoces todas las fiestas, las costumbres y lo más importante, sabías quiénes eran esas personas. Ahora retorno a Yumbel a devolver todo lo que esa comunidad me dio”. Aunque el folclore se le impregnó desde pequeño, fue en la adelantada Orquesta Folclórica de la Escuela Normal de Chillán donde aprendió sus primeras lecciones con el maestro violinista Gamaliel Quezada. “Tocábamos música instrumental con violines, guitarras, arpa, piano y

Fotografía de 1972.

La huella de la Normal de Chillán En 1956, con 14 años, ingresó a la Escuela Normal de Chillán. No fue de inmediato porque entre los requisitos, los alumnos debían estar entre los tres primeros lugares del curso de básica (primaria para ser más exactos). El joven Contreras repitió sexto año. “La primera cosa que debías hacer para entrar a la Normal era una prueba de canto. Podías quedar fuera si no la pasabas. Parecía algo extraño pero con el tiempo me di cuenta de lo importante que fue y aunque sea un parámetro anquilosado era decisivo. Yo canté Cuando para Chile me voy”, recuerda con emoción. Y de esa educación exigente, severa y rigurosa, Contreras destaca que “nos inyectaban a todos y el valor de ser profesor que trascendía lo educativo porque era para toda la vida. Y como si fuera poco, se enfatizaba en música y deporte. Nuestros maestros, verdaderos maestros, nos enseñaron que uno debía enseñar lo que quiere, lo que amas”. De aquel entonces recuerda a esos formadores de profesores: “El Mateo Acevedo, de matemáticas; el Chucho Mutizábal, chilote y director de la escuela; el perro Jara; el plomo Sánchez, que lo 29


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folclórico. Dos años después lo llamaron del liceo yumbelino para dar clases de música. Lo hizo hasta 1974. Ese año ingresó a estudiar Leyes en la U. de Concepción. Pero su camino iría por otro lado, uno que conocía de antes. “El Chino Mindel, que era profesor de folclore en el Departamento de Música del Instituto de Arte, me llamó para que fuera a dar clases allí. Raquel Barros, que me conocía de la Agrupación Folclórica Chilena, me recomendó porque conocía mi trabajo. Tuve que decidir entre Leyes o integrarme a la docencia. Me quedé con lo último. Miguel Aguilar me dijo algo que jamás se me olvidó: Lo felicito porque prefirió quedarse con las manos en sus bolsillos”. Inventó cursos que tenían como denominador común el folclore y muchos de ellos siguen vigentes aunque con nombres diferentes y con nuevos saberes. Se mantuvo en la UDEC hasta 1983 y lo despidieron argumentando que el folclore era peligroso. Estuvo poco tiempo cesante. La Universidad del Bío-Bío le abrió sus puertas gracias a que el rector Víctor Lobos conocía su trabajo, especialmente el de la ENAFO. Y se quedó hasta hoy dando clases, volvió a crear asignaturas, talleres de danzas, de folclore chileno, audición de música latinoamericana y dirigiendo el conjunto de cantos y danzas tradicionales. La experiencia docente en ambas universidades ha sido diferente. “La U. de Concepción me impulsó como docente mientras que la UBB me proyectó nacional e internacionalmente. Hicimos una gira con el conjunto folclórico por Chile, América Latina y Europa, donde tuvimos unas 40 actuaciones en Rumania, Hungría, República Checa y Austria. Fuimos el grupo mejor evaluado. Éramos los únicos que cantábamos, el resto hacía música instrumental”.

Jurado del Festival Nacional de Folklore de San Bernardo, junto a Fidel Sepúlveda, Raquel Barros y Margot Loyola.

acordeón. Ahí conocí el repertorio tradicional chileno con las tonadas, cuecas y valses”. Antes de cerrar sus recuerdos de la Escuela Normal de Chillán, Contreras vuelve una vez más a ese tiempo con modestia y singular emoción. “Soy folclorista gracias a Violeta Parra. En la Escuela nos exigieron llegar a clases con un instrumento. Decidí comprarme una guitarra y me contaron que en la cárcel hacían buenas guitarras y fui a comprarme una. Llegué y uno de los que hacían guitarras me dijo que se la elija la Violetita pueh. ¿Quién? Le pregunté. Violeta Parra me dijo, ella está ahí. Y así fue. Violeta me escogió una que tenía cuerdas de alambre, clavijas de madera y un traste muy alto. Pero lo más lindo es que en la tapa tenía dos rosas rojas con espinas que, según pienso, son el rojo de la pasión, el verde de la esperanza y las espinas del dolor”. Su papá lo retó a garabato limpio y le dijo que la guitarra era para maricones y peor aún la que había comprado, con dos rosas rojas. En la Escuela Normal su profesor, el gringo Müller, y sus compañeros se burlaron hasta el cansancio por esa guitarra, de la que hoy solo queda la tapa con aquellas significativas rosas rojas. Roberto tuvo que conseguirse otra para seguir tocando.

En fortaleza ceremonial inca Saqsaywaman.

De Yumbel a la academia penquista Dejó la Normal chillaneja y su primer destino fue Cambrales en Yumbel. Era 1962. De ahí a Estación Yumbel, donde se hizo cargo del conjunto 30


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Entre la formación y la deformación El académico e investigador mira con satisfacción todos estos años de formación de alumnos de pedagogía y de los conjuntos folclóricos. Argumenta que muchos hacen un trabajo de continuidad de la cultura tradicional, pero hay contradicciones. “Cuando analizo a los directores de conjuntos de proyección folclórica me producen alergia. Hay una falta de respeto a una tradición al hacer caricaturas. He dejado de ver esos espectáculos y me critico a mí mismo pensando que en algo fallé”. Sus maestros le enseñaron a respetar al pueblo porque no se puede ser irreverente con lo que les pertenece. Contreras es enfático. “Muchos directores no conocen lo que hacen. Bajan cosas de Youtube y las montan. Trabajan en base al Bafona. Es respetable ese conjunto, pero es una aplicación del folclore que es válida hasta que te ríes del original desvirtuando el hecho real y se pierde su razón de ser”. Pero Contreras es crítico consigo mismo. Y lo hace desde la cueca. “Todos aprendimos que la cueca tiene 14 versos divididos en cuatro estrofas -una cuarteta, dos seguidillas y un remate o coda. Yo repetí eso como loro hasta que hice durante tres años un estudio comparativo de la cueca desde Arica hasta Punta Arenas. O sea norte, centro y sur. Llegué a compilar unas mil cuecas y encontré, En Machu Pichu. En festival de Austria.

vaya sorpresa, que todo era distinto. Hay unos 12 esquemas distintos de la cuarteta que en el caso chileno está escrito en copla en un 75 por ciento. Imagínate. La seguidilla son siete versos pero en Chile tiene ocho. Se trata de la seguidilla chilena. Y en el remate, en el baile se llama así, el verso es dístico con dos versos que riman entre sí. Pero hay cuecas que no riman y con muchas variantes. Llevo como 112 variantes y en Chiloé he recogido unas 48 variantes de cueca chilota y en el norte (Toconao, Calama, Isluga, Cariquima), las cuecas eran instrumentales, como las de Calatambo Albarracín, que le puso letra a Cachimbo y bautizó al huayno como trote. Existe una anarquía métrica. Las cuecas La Perdiz o San Lorenzo tienen 12 sílabas o cuatro. El mismo autor hace cuecas totalmente anárquicas. A estos viejos les preocupaba más la música. La letra está puesta con vaselina (risas). Estuve enseñando 20 años de modo equivocado. Ahora le digo a mis alumnos que deben corregir ese error y dudar de los maestros”.

Folclore, tradición y Consejo de la Cultura El docente e investigador indica que ya no habla de folclore, sino que de etnología musical o cultural tradicional, al menos en América Latina se utilizan esos términos desde hace tiempo. “Si nos 31


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atenemos a cualquiera de las teorías de la cultura tradicional, debe tener un requisito fundamental: debe ser funcional, estar vivo. En las danzas y la música, por ejemplo, la refalosa, la sajuriana, la trastrasera, el cuándo o el costillar ya no son folclore, pero decimos que es folclore no vigente. Lo actual son el vals, la cueca, el corrido, el tango y la cumbia. No hay nada más folclórico que la cumbia, que está regionalizada como la andina, la campesina, la chilota, la cumbia corrido. La tonada permanece viva gracias al rodeo. Como se ve entonces, es todo muy limitado”. Contreras explica que también son hechos folclóricos los cantos, las banderas, las caras pintadas y los gritos de las barras del fútbol y del tenis. “Hay una gritología de avivamiento que es muy interesante de tomar en cuenta en sus discursos y modos de expresión”. Y es inevitable que volvamos a la cueca. Contreras dice que “el baile es un elemento identitario. La cueca brava o chora, despertó entre los jóvenes gracias a Los Tres, pero esos muchachos rebeldes y que quieren cambiar las cosas se reconocieron en lo nuestro y la aceptaron. El ejemplo del Tío Roberto Parra es significativo, porque es una forma de mirarnos a nosotros mismos. Pero en mi opinión, pretender que esta sea la única forma

En el primer seminario regional Escuela Nacional de Folklore, 2011.

válida de cueca es un error, porque puede matar las cuecas locales y regionales. El valor de lo local refuerza elementos identitarios, de comunidad, unidad y el espíritu gregario. La cueca tiene normas coreográficas: una vuelta, una invitación, otra vuelta y un remate, pero en todas partes se baila de modo distinto, porque hay cuecas valseadas, zapateadas o correteadas. He visto a cientos de cultores que hacen dos pasos, el desplazamiento y el zapateado, pero no he visto a un cultor que baile con tres pasos, por ejemplo”. Contreras argumenta que el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha hecho un gran esfuerzo por promover, difundir y estimular la cultura tradicional. “Ha sido gran impulsor para los artistas, los cultores, los artesanos, para ayudarlos a postular a proyectos que estimulan su desarrollo personal y profesional. Tópicos como la creación, composición, realización de eventos, espectáculos, ferias artesanales o festivales son instancias importantes para la creación, la producción y la circulación de materiales y también porque ahí está el pulso creativo actual. Me parece muy bien que se tenga una mirada más amplia y por ejemplo, hay líneas de trabajo en instrumentos como el rabel, el guitarrón o el charango. O textos literarios que tienen una raíz en la tradición. Ojalá que los cambios políticos no afecten algunas de estas políticas ya asentadas en la comunidad artística”. Roberto Contreras está terminando de escribir su estudio comparado sobre la cueca y afinando con dos ex alumnos un trabajo sobre danzas tradicionales de la Octava Región. Y después de 45 años está volviendo a Yumbel, porque quiere devolver todo lo aprendido, como le enseñaron sus maestros.

En Universidad Garcilazo de la Vega, Perú.

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Peñihuén y Nanihue: apostolados del folclore

Dos conjuntos con larga trayectoria en el folclore de Ñuble. Larga duración de una auténtica pasión por lo nuestro.

Felipe Ahumada Periodista Chillán

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I. La

y todas las variables invisibles para el espectador”, explica. Y este testimonio por cierto podría tener decenas de réplicas si se conoce el hecho de que esta agrupación de 43 años de existencia, (más otros tres de gestación) ha contado con más de cien integrantes, desde quienes tuvieron un paso efímero a los que se han ido transformando en los rostros más insignes. Más de cien es un número impresionante, pero tiene una explicación olímpica. En primer lugar, Peñihuén fue creado como un conjunto en el que siempre hubo espacio para los semilleros de niños y un grupo intermedio de jóvenes, antes de llegar a la división mayor. Así lo contó el actual director del conjunto, José Luis San Martín Alvarado a revista Quinchamalí, quien casi a modo de emblema zanjó que “como decía Miguel Romero, al grupo siempre llegaría mucha gente, pero dado su momento, cada uno sabe cuánto calza y cuánto mide. Nos ha pasado que llegan personas con muchas ganas, pero que al ver el tremendo repertorio, o rasgueos y punteos muy complicados, entonces se van. Al final, los más valientes son los que siguen”. La idea es defender con celo el sello de calidad que representa el conjunto, ya que se trata, a estas alturas, de un conjunto que es parte del patrimonio cultural de Ñuble, una agrupación con un camino variopinto que para conocerlo y entenderlo hay que viajar al año 1970. Los primeros Peñihuén tuvieron su origen en la empresa Iansa, lugar en el que se armó, en el 70, este conjunto folclórico bajo la dirección del propio Miguel Romero junto a personas como Arnoldo Carreño, Rubén Poblete, Angélica Montero, Patricia Vásquez y Raúl Ulloa. Tras finalizar el proyecto, en 1973, los integrantes se resistieron a tirar por la borda todo ese tejido de ideas, proyectos y afiatamiento musical, por lo que deciden no sepultar el conjunto, y menos por una razón netamente administrativa como era el fin del contrato de Romero en el 73 (no asociar la fecha al Golpe de Estado, es mera coincidencia) y lo bautizaron Peñihuén un 15 de mayo de ese mismo año, pero con Arnoldo Carreño como director, quien de seguro nunca imaginó que por este conjunto pasarían más de un centenar de integrantes adultos y unos 200 juveniles. La leyenda asegura que Romero los recuerda a todos con nombre y apellido, pese a que la ali-

secreta receta para dar con el único sabor sonoro del conjunto Peñihuén

El director José Luis San Martín y la integrante Cecilia Carrasco, analizaron junto a la revista Quinchamalí, la responsabilidad de ser parte de una agrupación folclórica llamada a hacer historia. Fue durante un asado organizado por los colegas de una empresa, que don Miguel Romero agarró una guitarra. Hablamos del 2009, tal vez el 2010, y dejó que su ADN se manifestara a través del nylon de las cuerdas de una guitarra con cara de traviesa. Una de las asistentes era su colega Cecilia Carrasco, quien con 20 años de experiencia en el arte de rasguear sentimientos en el mástil de palorrosa, se enfocó en la interpretación folclórica de Romero. Y como quien mira fijo a los ojos de una serpiente, se quedó inmóvil, presa, atrapada y sin salida en la celda inexpugnable de ese pentagrama de ramas de sauce y notas de copihue. “Ahí sentí que eso tenía algo, había una cosa extraña... como un toqueo distinto, muy de piel, que me emocionaba al punto de sentir la necesidad de aprender a hacer eso”, dice Cecilia, quien desde hace 6 años es parte de una de las agrupaciones folclóricas llamadas a ser leyenda, el grupo Peñihuén, cuyo director era en esos años, ni más ni menos, que el propio Miguel Romero, quien solo lanzó el anzuelo, como tantas veces, para recoger más nutrientes para llevar en su barca inquieta. Cecilia dice hoy estar totalmente “apeñihuenizada”, pero de su testimonio se aprende que no es un oficio fácil, y que ver al Peñihuén desde afuera no es lo mismo que desde adentro. “Desde afuera, cuando yo no estaba, lo veía desde la ignorancia, ya que no vengo desde el mundo folclórico, porque por 17 años formé parte del coro litúrgico de una iglesia, entonces juraba que solo había que cantar, guitarrear y bailar. Entonces cuando llego a solicitar audiencia para ingresar al Peñihuén, aunque solo fuera en los ensayos, ya que quería aprender, me di cuenta de que no era tan buena bailando, no era tan buena guitarreando y que no era tan buena cantando... me costó un año acostumbrarme al sonsonete de la voz, conocer las afinaciones traspuestas, las chilenas, las terceras altas 34


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La tecnología ha agilizado notoriamente la investigación y la difusión de estas investigaciones, pero el material por publicar aún sigue siendo enorme. En cuanto a la mecánica instrumental, se dieron el “permiso” de utilizar cejillos, elemento desconocido (por increíble que esto parezca) y por lo tanto jamás utilizado en los campos. “Es que hasta algo tan simple como un cejillo para las cantoras es un elemento ajeno a su tradición, entonces ellas subían o bajaban la escala conforme a su tono de voz. Nosotros lo usamos más que nada para aprovechar mejor el tiempo y porque en vivo es más cómodo que estar afinando la guitarra una y otra vez tras cada canción”, aclara San Martín, con dos gotitas de pudor en su tono de voz, como quien se disculpa por haberse permitido soltar una herejía. Sin embargo, el investigar en terreno, a la antigua y con el sabor del sacrificio hecho polvo en la boca seca por el calor campesino, otorga ventajas inalcanzables para la tecnología, “porque al encontrar una cantora, te encuentras con una nueva amistad, ya que nosotros no nos quedamos solo en conocer sus canciones, sino que tratamos de que no se nos desaparezca, la invitamos a nuestras presentaciones, la vamos a ver y buscamos permanecer en contacto con ella, ya que entendemos que el valor principal de la investigación es el encontrarnos con la cantora, no solo con sus canciones”. Respecto de la identidad musical, en Peñihuén aseguran que de las cerca de 50 afinaciones traspuestas que han conocido, en el conjunto utilizan en forma constante aproximadamente diez. Y se podría afirmar que de ellas, la que más se utiliza en nuestra provincia es la tercera alta. “Y en cuanto a las letras, se escribe harto sobre el amor, pero son historias sufridas, pérdidas, ausencias y con palabras como mido, en vez de mío;

Arnoldo Carreño (1973-1979).

neación oficial suelen ser unos 15 artistas, como lo que se aprecia en el Peñihuén actual.

Buscar afuera para encontrar adentro Las primeras recopilaciones y trabajos en terreno los comenzó Carreño, quien falleció a fines de los 90. El trabajo se fue delegando paulatinamente en otros integrantes, por lo que se llegó al punto de contar con un material extenso y prácticamente inédito y es obligación de cada integrante conocer todas las canciones al dedo, incluyendo punteos y bailes, lo que no es sencillo. Las investigaciones del Peñihuén, como suele ocurrir en las agrupaciones dedicadas a adentrarse en las raíces del folclore, centran su radio de búsqueda sólo en su provincia natal, en este caso Ñuble, zona que ha demostrado ser rica a tal punto que “a todos nos ha pasado, que en esa búsqueda de cultoras y cantoras, terminamos por descubrir que en nuestras propias familias hubo más de un exponente y descubrir eso es fuerte, no solo por motivo de orgullo, sino que es como una señal que te da la más grande garantía de que estás haciendo algo que realmente fue hecho para ti”, apunta San Martín. El hallazgo fue prolífico, tal vez demasiado, puesto que la cantidad de canciones halladas fue abrumante, lo que debe asociarse al compromiso adquirido por estos investigadores de incorporarlas todas. Es más, los guitarristas se encontraron con cerca de 50 afinaciones traspuestas o abiertas, como se les conoce en el mundo del pop, el jazz y el rock. De ellas, unas diez se hicieron obligatorias en las violas del Peñihuén.

Miguel Romero (1979-2015).

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o cosas como te vide pasar ayer, que son vocablos muy comunes en los campos. También está presente la picardía, pero es una picardía sana, nunca esa picardía de doble sentido, eso jamás, acá hay un sentido del humor respetuoso, a veces una pequeña tomadita de pelo, y el huaso que se describe en las canciones de nuestra zona no es un huaso del tipo avasallador, es más centrado y en ocasiones casi tímido, es una picardía tan sutil que para muchos podría pasar inadvertida por lo inocente”, destaca Cecilia.

con un perfil de mujer que aprendió el tejemaneje de la vida en el campo por oficio, es la mujer que se quedaba en la casa y cantaba, le enseñaba a cantar a sus hijos; y así fue posible rescatar muchas de las canciones que se fueron aprendiendo de generación en generación, prevaleciendo hasta nuestros días. “Así eran nuestras abuelas en el campo, se quedaban a cuidar a los niños. Eran de muy bajo per fil, muy respetuosas y más bien calladas, lo que es lógico si entendemos que vivieron y crecieron en un entorno muy machista, sin que nadie se lo cuestionara en esos años. Así se muestran en sus canciones, como realmente sentían y como realmente vivieron mi madre, mi abuela, mi tía…” aclara Cecilia. Puede que hoy no falte el (o la) que cuestione estas letras que hablan de los desamores y desengaños de una mujer sumisa, “pero nosotros no proponemos un estilo de vida, ni estamos diciendo que así es como hay que vivir hoy, solo estamos mostrando lo más fielmente posible, cómo era la vida en los campos de esos años”, apunta.

La enorme figura de la mujer José Luis San Martín admite que para dar con el alma de las canciones del Peñihuén se debe partir por entender la figura de la mujer en el campo. Subraya que era la que unía a la familia en ese tiempo en que “si necesitaban ropa, ella la tenía que tejer; si necesitaban comer, era ella quien tenía que ponerse a amasar. Hay que entender que antes la ropa no la compraban, había que hacerla, y los zapatos eran un lujo, por lo que o se andaba descalzos o con esas ojotas, y por eso en nuestras presentaciones vestimos a esa usanza, no con ponchos y tenidas clásicas, porque para la gente de la que hemos aprendido, esas eran prendas inalcanzables”. Los hombres trabajaban la tierra de los patrones, quienes en vez de pagarles con dinero, les permitían llevarse algo de la cosecha, esto lo vendían y llevaban la materia prima para comer, vestirse y sanarse de enfermedades. Y todo eso “lo hacía la mamá”, apunta San Martín. En el arte, entonces, la mujer se representa

Esto es cosa de gente ruda Décimas, coplas y romances son una innegable herencia española. Cierto. Pero es igual de sabido que en Latinoamérica la rítmica se fue adaptando y acoplando a otras costumbres culturales, generando un sincretismo inevitable, lo que a la postre le dio un sello propio a la música folclórica local. “Si bien nuestro folclore viene de España, con sus ritmos, métricas, todo esto se va adaptando

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y creo que gran parte de nuestros ritmos, como estas cuecas saltadas o estas posturas, son los que se aprecian en las danzas tribales del pueblo mapuche, porque se asemeja mucho a la corporalidad, a sus saltos y sus expresiones; en contraste de lo español que venía todo como muy de salón”, explica Cecilia, en clara alusión a la opereta española dirigida a ciertas clases sociales de vida más delicada, pero que también alcanzaron a la gente del pueblo, que la asimiló a su vida más dura e inmensamente menos cómoda. Quien puede caminar descalzo por el campo, a 36 grados de temperatura con la boca polvorienta, la garganta seca, sin saber qué le deparará el destino mañana, pero aún así guardar en su corazón el espacio para un amor capaz de relatar tales desventuras con una guitarra, un charango, un arpa y con la voz firme y entonada, entonces recién ahí, puede pensar en integrarse a Peñihuén. Sino, mejor ni lo intente.

Curioso porque a pesar de que en Chile se estima que los conjuntos folclóricos son cerca de diez mil, fuera de los clásicos de toda la vida como la Violeta, Víctor Jara, el Temucano, Lalo Vilches, el Tío Lalo Parra, Isabel Parra, Margot Loyola, Luis Advis o Luis Aguirre Pinto, Nicanor Molinare, Patricio Manns y un puñado de próceres más, son pocos quienes podrían citar más cultores en forma individual. Pero pareciera que es una regla del folclore el que el nombre del conjunto (a veces inmemorizable por estar en mapundungun) hunda las identidades de sus integrantes. Y si en efecto es una regla del universo musical, pareciera que rige solo para el folclore, porque los nombres de los integrantes de los Beatles, de Los Prisioneros o de Soda Stereo todos se los saben de memoria. Y para muchos, el nombre de Louis Armstrong es más conocido que su propia música.

II. Nanihue: el apostolado del folclore Conversación

con

Fernando Cifuentes. El

director

de uno de los conjuntos más reconocidos de

Chile,

habla sobre la lucha anónima de quienes intentan conservar la música tradicional en el espacio que merece.

No deja de ser curioso el que entre los simpatizantes del folclore nacional, no sean muchos los nombres que se puedan citar como exponentes de un género que identifica nuestras raíces. 37


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La diferencia es que a los folcloristas, esto de ser famosos parece importarles un cuesco, como si el anonimato fuera parte de un pacto digno de letra de tango. Lo cierto es que la lucha de ellos es otra, es una guerra por mantener viva la memoria, la tradición en su estado prístino, y en esa trinchera, en la que el profesor Fernando Cifuentes, director del conjunto Nanihue ha ganado jinetas de general, el “yo” definitivamente está demás. “El resultado de nuestro trabajo se ve en las presentaciones, y en ocasiones traemos a los cultores naturales, los vamos a buscar a los campos y a la gente le encanta esa cuestión, siempre les gusta y después damos a conocer los trabajos que hemos recopilado, exponiendo sus formas danzables y cantables de cada uno según el área”, dice casi a modo de carta de independencia. Esta dedicación y lineamientos casi empresariales de un equipo de investigación, les ha permitido un reconocimiento superlativo, especialmente entre los otros conjuntos folclóricos que se han formado en todo Chile, muchos de ellos dirigidos por músicos que no dudan en llamar al director del Nanihue para preguntarle por ciertas afinaciones traspuestas, acordes vocales u otros detalles de representación, a los que invariablemente, Fernando Cifuentes responde en forma cabal. Presentaciones en Chile y el extranjero por más de 20 años, conciertos en escenarios privativos para la mayoría de los que buscan abrirse paso entre las negras, corcheas o blancas de cualquier género musical, como la Biblioteca Nacional, le han dado a Nanihue un irrenunciable título de “clásico” chileno. “Para ser famoso, hay que ser mediocre”, dictaminaba Oscar Wilde en desprecio a los gustos masivos por el arte de moda, y en referencia a que, por ejemplo, si todo el mundo puede tararear

el Ave María, una ínfima parte del mundo podría citar a su autor. Lo anterior propone con una certeza arrogante que el verdadero artista es quien logra hacer de su obra algo tan grande que no le deja al creador otro palco que el de las sombras. Cifuentes asume esa realidad sin siquiera habérsela cuestionado jamás, de hecho cuenta que “a las cantoras y a los cultores naturales hay que ir a buscarlos, preguntar por ellos, consultar si alguien en algún campo al interior los conoce y muchas veces se les encuentra cerro arriba, casi escondidos y son ellos los llamados “informantes”, son ellos quienes tienen las canciones y las obras que escucharon de sus abuelas; y estas abuelas, a su vez, de sus propios antepasados. Esas son las tonadas, cuecas o polcas que hoy todo el mundo conoce”. Para Cifuentes el trabajo de su conjunto propone una verdadera fiscalización por mantener las obras lo más fiel a su original. Evitan cualquier acorde o arreglo que suponga una suerte de modernización o adaptación a las corrientes de turno y su argumento es que “la música tradicional tiene esas características, el folclore de los cultores naturales se muestra como es si es que se ejecuta en su casa, en su hogar, en el sector en el que ellos hacen su vida cada día, entonces no es lo mismo escuchar una tonada o una polca cantada por la cultora, al lado de su cocina, con el olor al campo y en el entorno de sus tradiciones, que escuchar una cueca en el Teatro Municipal, por excelente que sea la presentación. Si alguien quiere sentir la cueca, tiene que ir a escucharla en voz de una cantora a su casa; y eso no tiene nada que ver con fama ni popularidad de la persona”.

No es solo mover el pañuelo al viento Para seguir entendiendo al folclore según Nanihue, es necesario girar la mirada a otro punto. 38


En Chile debe haber a lo menos unos diez mil conjuntos folclóricos. Acá en Chillán, no más, deben ser cerca de 25. De ellos, unos 50 presentan espectáculos basados estrictamente en el repertorio del conjunto dirigido por el profesor Cifuentes. Si se entiende que esta dinámica se replica con otros consagrados como Peñihuén o los respectivos referentes de Ñuble, o los de Biobío, Talca, Curicó o Rancagua, se podrá separar sanamente a las agrupaciones que solo se suben a un escenario a tocar, bailar y cantar, de aquellos conjuntos folclóricos que se suben a las tablas para entregar, como si fuera una cuenta pública, el resultado de un trabajo investigativo, una recopilación que ha tardado años, fruto de entrevistas, aprendizajes y hasta revelaciones de verdades ignoradas sobre un tema que se daba por conocido. “A veces nos hemos encontrados con cantoras que nos presentan un tema y al año después le cambian un acorde, o la forma de cantarlo o incluso la letra. Siempre es para mejor, claro, pero el punto es que es nuestro deber estar al día con esos cambios”, advierte Cifuentes. “Yo no soy el dueño del repertorio, el repertorio pertenece al pueblo, pertenece a la tradición, por lo tanto tú tienes que entregarlo para que otros, a su vez, lo difundan. Lo único que les pedimos a los conjuntos que usan nuestros programas, es que especifiquen que se trata de investigaciones nuestras”. Los riesgos de encontrar versiones alteradas -tal vez involuntariamente- entre una misma canción, dependiendo del conjunto que la interprete, son altos. La garantía de fidelidad dependerá tal vez de la reputación y capacidad investigadora de cada conjunto. Sin embargo, hay un esfuerzo extra en este camino y es el de conjugar la fidelidad con el desarrollo del sonido identificatorio de cada conjunto. “Ese ha sido un proceso de años, pero lo bueno es que hay mucha gente que apenas alguien pone un disco nuestro, por el puro sonido, nos reconocen altiro; lo mismo pasa con los Peñihuén, ellos tienen su propio sonido, porque desarrollaron su propio estilo, por eso muchos conjuntos a nivel nacional se nutren de ellos, también”. Sin duda, el sonido de sello es responsabilidad del director. De él dependerá la articulación de los acordes de cuerda, la resonancia de la percusión y el entorno configurado por el mosaico de garves y agudos de las voces. Equilibrar, mezclar y armonizar es solo la primera parte del trabajo. Otra, quizás más difícil, es evitar caer en un sonido genérico, ese que se transforma en masa, en un espectro sonoro predecible y adivinable y en el que lamentablemente cae la enorme mayoría de los grupos folclóricos, de rock, jazz, pop, o lo que sea y cuya causa se basa esencialmente en la tendencia a imitar lo ya existente.

“El sello es lo más importante de cada grupo, pero eso hay que buscarlo, no se puede imitar. El que imita no trasciende, se debe trabajar en ello, ser honestos con sí mismos y hay que ser valientes para proponer, también. Me ha pasado mucho que a veces me llaman de otros conjuntos para pedirme ayuda porque, por ejemplo, están atorados con algún arreglo vocal nuestro, que a ellos no les sale y, sinceramente, la mejor respuesta que en este punto les puedo dar es que en vez de usar ese determinado arreglo, busquen uno propio, que sean ellos mismos. Lo malo es que en Chile se da mucho lo de copiar y a veces se copia a conjuntos que a su vez son copias de otros; y si tú le sacas una fotocopia a la fotocopia de otras fotocopias de una foto, lo que te sale es algo que no se puede ni entender ni resulta agradable a la vista. Con la música es lo mismo”. La irrupción de la tecnología en las presentaciones folclóricas, en este sentido, puede significar un riesgo mayor, porque “ahora todos están usando guitarras enchufadas y con eso el sonido cambió mucho y queda más igual un conjunto con otro, pero a la vez pierden el sabor a campo, el sabor a natural y es imposible separar lo campestre del folclore. Ni hablar de la utilización de baterías o bajos eléctricos en los conjuntos de cueca, personalmente, creo que no tienen nada que hacer en conjuntos de música tradicional. Hoy, los grupos como 39


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y en la radio permanentemente, siempre hay competencias y festivales”. En base a este argumento el profesor Cifuentes dice que los folcloristas son los parientes pobres de la música en Chile. “Por encima nuestro está lo docto, lo coral, lo plástico, el teatro, el ballet, la danza y muchas veces para los organizadores de eventos el que les metan un conjunto de cueca es un cacho, no hayan ni dónde ponerlos. Tiene que haber mucho entusiasmo por parte del público y ese entusiasmo aflora solo en septiembre, pero combatir ese receso es nuestra tarea y de a poco se ha avanzado. Al menos ya tenemos cosas agendadas para enero”, dice. Otro paso en favor de romper el claustro de septiembre es uno más riesgoso: el de la innovación. La migración campo-ciudad de principios del siglo XX, hizo que en los campos hubiera menos gente y surgiera una descendencia de campesinos que poco y nada sabían de agricultura, de valles, montañas y de penas que se pasan cantándole a un riachuelo bajo un sauce. Poco a poco, el “sabor” a tierra se fue quedando en el museo más purista. Innovar es, por un lado, una manera de acercar el folclore a las nuevas generaciones, pero “quien lo debe hacer tiene que ser alguien con un tremendo bagaje cultural, ya que si el resultado es muy distinto, entonces lo que se le entregará a la gente no será folclore, será cualquier cosa menos eso”, advierte Cifuentes, quien asegura haber escuchado cuecas hechas por nuevos exponentes, “y siendo canciones bien estructuradas, no tienen sabor a campo. Es cosa de ver las coplas o las palabras que se emplean. Ahora, también tenemos gente como el Miguel Romero Parra, del Peñihuén, que está haciendo innovaciones pero muy, muy buenas,

Peñihuén, el Cucumel, Paillal, Chillehuén, Senda Chilota, Aquelarre de Curicó, Rancagua de Rancagua o Antú de Angol, somos conocidos como conjuntos de proyección folclórica, es decir, conjuntos que tratan de entregar en el escenario la reproducción más auténtica de lo que recopilamos en terreno, porque el folclore vida, el folclor histórico está en el campo y usando los instrumentos tradicionales”.

Innovar sin destruir Los trabajos investigativos del Nanihue suponen el haber conocido un promedio de 80 o 100 cantoras solo en la provincia de Ñuble, y otros 30 o 40 cantores que visitan regularmente, sin contar los cultores que han encontrado en regiones como El Maule o sectores como Malleco, Tomeco y Yumbel. Esto constituye una carrera contra el tiempo y que colateralmente une casi de por vida al investigador con el folclore, o en otras palabras, tonadas, cuecas, corridas o polcas, sonarán los 365 días del año en el auto o en la casa de los integrantes de estos conjuntos de proyección folclórica. Sin embargo, ellos saben que la mayor parte de las veces sus trabajos serán demandados para el público en los meses de septiembre, diciembre, agosto o mayo por los celebrados natalicios de O´Higgins y Prat en nuestra provincia. Dicho sea de paso, hay que ser folclorista para que semejante calvario pese en las espaldas, porque al resto de los exponentes de cualquier otro género, esto no le ocurre. “En general nuestra cultura tradicional es débil, es algo generalizado. En este sentido, los bolivianos, los peruanos, los argentinos o los brasileños nos llevan una enorme ventaja. Allá, las escuelas de la música tradicional no paran, los eventos tampoco, las academias cuentan con espacios en la televisión

Rosario Umanzor, cultora natural de Chillán Viejo.

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pero es porque él se crió en el campo, y además nació con el talento de la creatividad musical, entonces, la diferencia entre las composiciones de personas que saben cómo dejar el sabor a campo en las canciones, se marca demasiado con los que no saben hacerlo”. De todas formas, Cifuentes cree que se está en una época en el que hay una suerte de despertar folclórico, lo que se aprecia al ver la cantidad de niños y jóvenes que se están interesando cada vez más por aprender a bailar cuecas o cantar tonadas. “Al joven de lugares más urbanos le sirvió bastante el que hayan aparecido Los Tres tocando esas cuecas, porque se vio como un acercamiento. Recuerdo que el Henríquez (Álvaro) empezó con esos punteos pararararara - pararararapà (tararea) y muchas otras bandas empezaron a tocar las mismas cuecas a partir de ellos. Desde eso punto de vista, al menos fue un paso, porque hoy en cualquier local se puede escuchar las famosas cuecas choras, se descubrió que a la gente le gustaba eso. Lo malo es que de a poco, todo empezó a quedar relegado a septiembre, de nuevo”. A esta observación, bien le merece un reparo. Según el director, es evidente que hay más interés en aprender cuecas hoy que antes, sin embargo, en las escuelas, muchos profesores llegan demasiado estructurados, enseñan pasos y esquemas demasiado rígidos y así “matan la parte natural de la danza. Hay niños que son bailadores naturales, pero los profesores con eso de que se muevan primero pa´llá, después, pa´cá, les van matando su instinto y eso es un error tremendo. Una vez más nos encontramos con los riesgos de poner a hacer folclore a quien no lleva el campo en el alma”, apunta. Otra prueba de lo anterior, citada por Cifuentes, se encuentra en que hoy son miles los bailadores de cueca que han descargado los videos del campeón nacional Walter Bahamondes con la intención de copiar su baile paso a paso, “y lo único que consiguen es algo demasiado mecánico, porque la esencia no se puede copiar”, decreta.

ñumir, Felipe Figueroa, Juana Gallegos, Soraya Mardones (del colegio Santa María), José Jara (del Liceo Agrícola) y los profesores Exequiel Hermosilla, Nelson Solís (del colegio La Purísima), más algunos integrantes de paso efímero o irregular. La primera misión de los integrantes era encontrar una cantora, entrevistarla, grabar su canción, escribirla y hacerle un arreglo coral. La notación musical quedaba en manos del profesor Cifuentes. “Ahí me di cuenta que nuestra fuerza iba a estar en la investigación y en la recopilación. Unas de las primeras cantoras que conocí en este trabajo fueron Mercedes Riffo, que era de El Rosal (Pinto) y Sebastiana Montecinos de Tres Esquinas de Cato, y su trabajo era increíble”, recuerda. Con el tiempo, la marcha y el paso de integrantes han hecho que la nómina sea incontable, pero el Nanihue siempre ha tenido en promedio entre 16 y 20 integrantes. “No es fácil dirigir un conjunto tan grande, cada uno es una historia, con sus problemas, sueños, con sus personalidades y su carácter, entonces uno debe aprender a conocerlos y a hablar con ellos para generar un espacio agradable, lo más armónico posible y en donde las mochilas con problemas deben quedar de la puerta para afuera”. Hoy, la nómina de integrantes es la siguiente: Alejandra Ibáñez Saavedra, Selva Martínez Saldías, Nataly Carvajal Pérez, Candice Castillo Morales, Liliana Acevedo Muñoz, Beatriz Díaz de Arcaya Bravo, Ximena Sanhueza Benavides, Pamela Jara Andrades, María Isabel Aravena Soto, Cecilia Castillo Sánchez, Patricia Sepúlveda Gutiérrez, Exequiel Hermosilla San Martín, Darwin Mardones Sandoval, Nelson Solís Rivas, Gonzalo Galindo Salazar, Manuel Rodríguez Iñíguez, Ramón Herrera Arteaga, Eduardo Reyes Castro y Fernando Cifuentes Cáceres. Tardaron diez años en grabar el primer disco, que en 1990 bautizaron “La Guitarra está de Fiesta”. En 1992 llegó Cuecas de Ñuble Adentro, para continuar con Cantos y Tradiciones de Ñuble (1995); Recorriendo Ñuble (1998); Así baila Ñuble (2002); Sembrando Tradición (2004); 28 años de canto y tradición, DVD en vivo, (2008); Ñuble Tradición y Canto (2009); Recital Teatro Facetas, Santiago, DVD en vivo (2010); Nanihue en la Biblioteca Nacional, DVD en vivo, 2012 y Ñuble y Tradición, vol. 2, 2014.

Del colegio partió el sueño La idea de hacer una página web para Nanihue se cae de puro vieja, pero como si cualquier paso hacia el reconocimiento individual fuera penado por las fuerzas cósmicas, esto jamás se ha hecho. Por eso encontrar en Internet notas sobre ellos es sencillo, pero hallar su historia o entrevistas a sus integrantes, es casi imposible. Ensayando una modesta biografía, se debe decir que la primera vez que un grupo de amantes del folclore hallaron una misma palabra -Nanihue- que hacía de techo a la nueva familia, fue en 1980 y su contexto fue el colegio Seminario Padre Hurtado de Chillán, establecimiento en que hacía clases el profesor de música Fernando Cifuentes. Los primeros en integrarse al proyecto fueron alumnos de cuarto medio como Juan Ca41


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Susana Bouquet: chillaneja olvidada

El rico venero cultural chillanejo sigue sorprendiendo con artistas hoy olvidados, pero que en su tiempo alcanzaron gran nombradía.

Juan Dzazópulos Elgueta

Investigador canto lírico de Chile Santiago

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usana Bouquet Andrés, cantante lírica y actriz de teatro y televisión, nació en Chillán el 13 de octubre de 1914. Fue hija de una soprano española, Lola Maldonado (apellido artístico, el real era Andrés), y de un conocido empresario teatral y criador de caballos de carrera, Ernesto Bouquet. Estudió en el Santiago College, uno de los colegios para señoritas más distinguidos de Santiago. Artísticamente se inició como pianista y luego derivó al canto lírico estudiando con Adelina Padovani de Farren. Muy joven, el 24 de junio de 1934 debutó en el Teatro Municipal de Santiago en el rol de Lady Harriet de la ópera Marta de Flotow, en una función organizada por su maestra. Los otros roles fueron interpretados por la mezzosoprano Ana Ortega (Nancy), el tenor Eleazar Bustamante (Lionello), el barítono Roberto Saa Silva (Plunket) y el bajo Francisco Koyel (Sir Tristán), dirigiendo el maestro Romeo Borzelli. Después de varios años de estudio, la volvemos a encontrar recién el 23 de noviembre de 1938, nuevamente en el Municipal santiaguino, cantando el rol protagónico en Lucia di Lammermoor junto al tenor Emilio De loannes, el barítono Mario Plazaola, el bajo Lautaro García y la dirección de Enrique Giusti. Al año siguiente tuvo varias oportunidades durante la temporada lírica oficial del Teatro Municipal. Se presentó como Gilda (sustituyendo a la programada soprano Dina Burzio) en Rigoletto el 9 y 18 de septiembre de 1939, junto al tenor Alvaro Bandini, la mezzosoprano Delia Durán (substituyó a Pina Bisso) y el célebre barítono uruguayo Víctor Damiani. El día 22 repitió su Gilda, esta vez con el tenor Emilio De Ioannes y el barítono Manuel Núñez. El 28 de septiembre fue Filina en Mignon con la mezzosoprano española Conchita Velázquez como protagonista, Alvaro Bandini (Wilhelm) y Joaquín Alsina (Lothar). El 4 de octubre encarnó a Lucia junto al tenor Humberto Di Toto, el barítono Mario Plazaola y el bajo Lautaro García, dirigiendo Aldo Ballerini.

Poco después viajó a Buenos Aires para audicionar en el Teatro Colón. Le ofrecieron incorporarla al elenco estable y darle algunos papeles. La noticia apareció en la prensa chilena el 29 de noviembre de 1939. Sin embargo, don Ernesto (su padre) se opuso con el argumento de ser hija única, y no la dejó ir. Al verano siguiente, el 27 de febrero de 1940, fue llamada para cantar Gilda en el Teatro Victoria de Valparaíso junto el tenor Domenico Mastronardi y el barítono Víctor Damiani, bajo la dirección del malogrado pianista y director chileno Armando Palacios. Susana Bouquet se especializó en roles de soprano ligera y coloratura y su repertorio incluyó Gilda en Rigoletto, Lucia en Lucia di Lammermoor, Filina en Mignon, Rosina en Il Barbiere di Siviglia, Violetta en La Traviata, Musetta en La Bohème, entre otros roles, compitiendo por ellos en buena lid con las sopranos chilenas Matilde Broders y Clara Stock. En 1941 agregó a su repertorio el rol de Norina en Don Pasquale (23 de septiembre) junto al tenor Emilio de Ioannes, el barítono Mario Plazaola y el bajo Lautaro García, dirigiendo Roberto Puelma, y participó en la reposición de la ópera Mauricio de Carlos Melo Cruz (28 septiembre 1941), junto a María Ebell, Miguel Norero, Mario Plazaola y la dirección de Enrique Giusti. Susana Bouquet fue un exquisito valor en todas las temporadas nacionales durante dos décadas, y sus “caballitos de batalla” fueron siempre Gilda, Lucia, Rosina y Violetta. En la temporada de 1948 agregó el rol de Gretel en Hansel y Gretel (3 octubre) y luego cantó Il Segreto di Susanna de Wolff-Ferrari (9 octubre). En 1949 cantó el rol de Carolina en Il Matrimonio Segreto de Domenico Cimarosa (30 septiembre). Además, durante el verano participó en las temporadas que se hacían regularmente en Valparaíso y Viña del Mar. En enero de 1946 cantó en el Teatro Avenida de Valparaíso y en febrero participó en una gira organizada por la DIC (Dirección de Informaciones y Cultura), por diversas 43


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ciudades del sur de Chile, cantando La Traviata y Rigoletto. La compañía contaba también con la soprano Olga Marín, los tenores Miguel Norero y Raúl Fabres y el director Enrique Giusti. En enero de 1948 cantó nuevamente en el Municipal de Viña del Mar. En agosto de 1949 cantó en el Teatro 18 de Julio de Montevideo (Uruguay). Hizo dos funciones de Il Barbiere di Siviglia con el barítono Carlo Galeffi, los días 25 y 27 de agosto, y una tercera el día 1° de septiembre con el barítono Sergio Astor como Fígaro. Luego cantó dos funciones de “La Traviata” con el barítono Eduardo Cittanti (28 y 31 de agosto). De regreso en Chile cantó el rol de Carolina en Il Matrimonio Segreto en el Teatro Municipal de Santiago (30 de octubre) y participó en una serie de presentaciones de ópera transmitidas por radio Corporación, cantando el 5 de diciembre de 1949 Il Barbiere di Siviglia junto a Oscar Ilabaca, Genaro Godoy, Delia Durán, Augusto Rescaglio y Samuel Arriagada. En 1952 (septiembre 14, 18 y 23), en el Municipal de Santiago, cantó el rol de Micaela en Carmen junto al tenor Ramón Vinay, la mezzosoprano Laura Didier-Gambardella y el barítono Víctor Damiani. En 1954 participó en la primera temporada organizada por los artistas nacionales en el Teatro Satch (Sociedad de Autores Teatrales de Chile, actualmente Teatro Carlos Cariola), debutando el 1 de septiembre, con La Traviata una vez más con el barítono Víctor Damiani y el tenor Guido Bragagnolo. Fue una aplaudida figura en esas temporadas populares, en las que cantó hasta 1957. En septiembre de 1955 cantó en el Teatro Municipal de Santiago en el estreno en Chile de Les Contes d’Hoffmann de Offenbach, interpretando el rol de Olimpia, en un reparto que incluía a Clara Oyuela, Marcela de la Cerda, Genaro Godoy y Carlos Clerc. En el Teatro Satch, el 23 de marzo de 1956, cantó en una Temporada de Operetas organizada por el barítono español Manuel Abad, debutando con La Bayadera de Emmerich Kalmann y con la misma compañía cantó en agosto de 1957, en el Teatro Municipal de Lima (Perú). La prensa dijo que debutaría con Doña Francisquita y luego cantaría Marina, Rigoletto y La Traviata. Al año siguiente, el 5 de enero de 1958, debutó en el Teatro Nacional de Panamá, cantando Marina con el tenor Héctor de Antón y el barítono Manuel Abad. Al parecer sus últimas presentacio44


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nes en este género habrían sido en septiembre y octubre de 1960, en Lima (Perú) donde volvió a presentarse con la Compañía de Zarzuelas y Operetas de Manuel Abad, en los teatros Municipal, Colón y Segura de la capital peruana. Participó en las operetas La Princesa de las Czardas, La Viuda Alegre y El Conde de Luxemburgo, dentro del marco de una gira que incluyó Perú, Colombia y Centro América. Susana Bouquet cantó con frecuencia en radio. Lo hizo en 1945 en Radio del Estado de Buenos Aires y en agosto y septiembre del mismo año en radio Yungay de Santiago. En mayo de 1951 cantó en radio Agricultura en una serie de programas llamados Canciones de Medio Siglo junto al tenor Gino Conti y la dirección orquestal de Héctor Carvajal. También participó como solista en conciertos sinfónicos y, en 1948, en el estreno de la obra Cantata a Santa Teresita de Lisieux, de Mauricio Dumenil, junto a la Orquesta Sinfónica de Chile. El 22 de mayo de 1943 Susana se casó con el Dr. Miguel Norero Tassara, también cantante y un buen tenor, nacido en Italia el 24 de julio de 1909, y nacionalizado chileno. Susana y su marido actuaron juntos en varias ocasiones en La Traviata y Lucia di Lammermoor. El matrimonio no tuvo hijos. Él falleció en Santiago el 16 de mayo de 1977. En 1959 se retiró de la ópera y pasó a integrar el elenco de la comedia musical de Sandy Wilson, Eso que llaman el novio, que estuvo por largo tiempo en la cartelera del Teatro Cervantes. El 11 de enero de 1960 marcó una nueva fecha en su inquietud artística. Se presentó en el Teatro Maru con la comedia Crimen a Domicilio de Agatha Christie, en la que se hizo aplaudir junto al primer actor y director nacional Pepe Rojas. Otros éxitos los obtuvo con Veneno para mi Marido de Alfonso Paso, Penélope y el Nazi, de Philip King y Una Camelia para Margarita. Finalizada la temporada debutó en el Teatro Talía con Culpable. Compró el Teatro Atelier, donde ofreció la difícil obra Luz de Gas de Patrick Hamilton. Siguieron Encaje Negro, Los Caminos de la Noche, El Bien Fingido, de Gabriel Roepke, y Dos Docenas de Rosas Rojas, de Aldo de Benedetti, entre otras muchas comedias. Mantuvo activa su compañía teatral 45


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durante diez años, con tres o cuatro producciones nuevas cada año, hasta mediados de la década del 70. En 1974 retomó brevemente la lírica y realizó un viaje por países europeos. No desdeñó trabajar en fotonovelas para revistas como Cine-Amor y Foto Suspenso, en historias como Desengaño junto a los actores Emilio Gaete, María Eugenia y Alfredo Lamadrid, La Luz que Agoniza (junto a Luis Alarcón), Penas de Madre (con Lorenzo Valderrama y Laura Godak) y Mi Bienamada (con Emilio Gaete y Jorge Rebel). “En las fotonovelas interpretó a mujeres aristocráticas, refinadas y ultra formales” (Historia del Teatro en Chile 1941-1990 de Juan Andrés Piña). Participó también en comedias musicales y en programas de televisión, entre ellos Juani en sociedad (teleserie de Canal 13, exhibida entre 1967 y 1972, adaptación de La Rebelde Debutante escrita por William Douglas-Home). Su última actuación en este género fue en la teleserie Anakena (creación de Roberto Sarah) en 1982. Por esos años se presentó también en la tradicional Confitería Torres de calle Alameda 1570.

Susana Bouquet junto a su maestra Adelina Padovani. Susana Bouquet como Violetta en La Traviata.

Sus colegas de actuación la definieron como “humana, encantadora, sencilla y muy profesional”. Susana Bouquet se caracterizó por el profesionalismo y seriedad con que abordó tanto el repertorio lírico como el teatral. Si bien no poseía una voz de gran volumen, su musicalidad, técnica vocal y excelente desplazamiento escénico le permitieron mantener con éxito un repertorio exigente. Lamentablemente, Susana Bouquet no grabó discos y, hasta donde sabemos, tampoco existen grabaciones en vivo de su voz. Fue en el teatro donde logró desarrollar su talento histriónico, creando su propia compañía y actuando con casi todos los actores de su generación: Esteban Serrador, Américo Vargas, Pury Durante, Pepe Rojas, Silvia Piñeiro, Lucho Córdoba, Olvido Leguía, los hermanos Duvauchelle y Anita González, entre muchos otros. En los años ochenta se retiró de la actividad artística. Aquejada de una enfermedad neurológica, vivió los últimos años de su vida en una casa de reposo. Falleció en Santiago el 17 de abril de 2007, a los 92 años. 46


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Letras Pedro Olmos, La cueca.

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Tenemos Nicanor Parra rato “… A sus ochenta, noventa o cien años, siempre fue el más joven de los poetas chilenos. A los 103 años se fue a cantar junto a su hermana Violeta “Gracias a la vida”, y todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo y leerlo, podemos cantar con ellos…”.

Ricardo Lagos Escobar

Expresidente de la República de Chile

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H

ace más de diez años, específicamente el 2006, tuve el privilegio de presentar el primer tomo de las Obras Completas de Nicanor Parra en la Feria del Libro de Santiago, a pedido de él mismo. Y así como en ese entonces, hoy me pregunto, ¿tiene la obra de Parra un final para contar? Ese momento, en el que tuve temor a volver a ser colgado, coincidió con la entonces polémica exposición Obras Públicas, en la que colgó a todos los ex presidentes del país en una instalación titulada El pago de Chile. Nicanor Parra volvía a estar en primera plana, atrayendo principalmente a jóvenes que descubrían en sus artefactos una nueva poética para mirar el mundo. Leyendo cronológicamente su obra descubrimos cómo nació el poeta, quien, al ver el mar por primera vez de la mano de su padre, recuerda: “...en aquel día nació en mi mente la inquietud y el ansia de hacer en verso lo que en ola y ola Dios a mi vista sin cesar creaba”. Pese a que Parra escribía desde muy temprana edad y ya había sido incluido en antologías poéticas, no fue sino hasta 1954, con la publicación de Poemas y Antipoemas, cuando irrumpió y revolucionó la escena literaria hispanoamericana con una nueva forma de escribir poesía, vinculada a un lenguaje más coloquial, impetuoso y cargado de humor como el de su padre, maestro rural que se reía mucho de sí mismo. Según su propia definición, “el antipoema no es otra cosa que el poema tradicional, enriquecido con la savia surrealista, o surrealismo criollo, o como querái llamarlo. Falta por demostrar que el hijo del matrimonio del día y la noche, celebrado en el ámbito del antipoema, no es una nueva forma de crepúsculo, sino un nuevo amanecer poético”. Y así es, con este libro nació un universo parriano que lo transformó en un iconoclasta permanente y que dirigía su estética hacia una vanguardia libre de estereotipos que despistaba y provocaba. Como un testigo privilegiado de su tiempo, de la historia de Chile y del mundo, impregnó de sentido de actualidad cada una de sus obras. Podemos decir entonces que La Cueca Larga no es más que el testimonio profundo del valle central de Chile con “su zapateo y escobillao”, o que en Noticiario, de 1957, fue una especie de Nostradamus al narrar una plaga de motonetas en Santiago, una huelga de profesores y estudiantes, y la especulación con astros y planetas. Es decir, anticipó que se caía el muro de Berlín mucho antes de 1989.

Pero Nicanor Parra también supo enfrentar oposiciones desde la ruptura. El famoso tecito con Patty Nixon en 1970, cuando fue a la Casa Blanca invitado por la primera dama, le costó no solo fuertes críticas de la intelectualidad de izquierda de Chile y del mundo, sino que largas enemistades. Este contexto adverso llevó a Parra a declararse independiente y desde ahí escribir sus poemas reunidos en Emergency Poems, que decían: “Si el papa no rompe con USA/ Si el Kremlin no rompe con USA/ Si Luxemburgo no rompe con USA/ Por qué demonios voy a romper yo”. Artefactos es parte del viaje que emprenden él y Chile ad portas de la dictadura, y que hoy son fuentes directas para acercarnos a esa cicatriz profunda en la historia de nuestro país, narrándonos en fragmentos paródicos y absurdos una grieta en constante movimiento, que luego tendrá su correlato con bandejitas de Las Cruces, trabajos prácticos y artefactos visuales. Los Antipoemas y Artefactos son un canto al futuro. Por eso Nicanor Parra, a sus ochenta, noventa o cien años, siempre fue el más joven de los poetas chilenos. A los 103 años se fue a cantar junto a su hermana Violeta Gracias a la vida, y todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo y leerlo, podemos cantar con ellos. Gracias a la vida que nos ha dado a Nicanor Parra, quien, desde el legado de su obra, seguirá con esa capacidad y energía para entusiasmarnos a todos con las aventuras del mañana. Nicanor Parra fue un futurista y por eso Irá&volverá siempre. El Mercurio, Santiago, 27-I-2018. Expresidente Lagos y su esposa Luisa Durán conversan con Nicanor Parra.

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Dónde radica la genialidad de Nicanor Parra, cuya ausencia, a contar de ayer, amenaza con un desierto? A menudo se piensa que ella deriva del sentido del humor de que hacía gala y de su notable habilidad para construir versos a veces desopilantes, sorpresivos, que parecían empeñados en mostrar el revés de las cosas, ese aspecto de la vida que el lugar común oculta y a la vez expresa. Pero no es esa exactamente la clave de su escritura y de su genialidad. Nicanor Parra es, de todos los poetas chilenos, el que estuvo más cerca de las grandes preocupaciones del hombre contemporáneo, las mismas de las que se ocuparon autores en apariencia tan lejanos como Wittgenstein o Heidegger, a quienes, a pesar de sus intentos por disfrazarse de simple o de paleto en esta vida, Nicanor Parra conoció muy bien. Hay en él, desde luego, una concepción del lenguaje como un don que nos promete y, a las vez, nos niega; un artefacto, por llamarlo así, que nos permite formular preguntas cuyas respuestas, sin embargo, no nos es dado encontrar nunca. Buena parte de sus aparentes juegos verbales, que al lector ocasional parecen simpáticos, ocurrencias de un anciano de jeans, muestran esa convicción de que el lenguaje es el látigo de Dios, como llamaba Capote a la escritura, algo que nos consuela y nos defrauda, que nos promete y nos niega (“He preguntado no sé cuántas veces / pero nadie contesta mis preguntas / es absolutamente necesario / que el abismo responda de una vez / porque ya va quedando poco tiempo”). Algo similar había dicho Kant en la primera crítica o reiterado Wittgenstein en una de sus conferencias: es propio de la condición humana formular preguntas cuyas respuestas no le es dado responder. Es por esa convicción acerca de la índole del lenguaje que Nicanor Parra se negó siempre a presentar la poesía como un discurso que permitiera asomarse a las profundidades insondables o una forma de comunicación capaz de mostrarnos la índole más propia de la condición humana. Para él la poesía estaba condenada al fracaso, o más bien su fracaso a revelar el punto ciego de la condición humana, era su triunfo más propio: “Me retracto de todo lo dicho / a pesar de que fue escrito con sangre / no representa lo que quise decir…”. La poesía era una escalera que debía ser arrojada una vez que se sube por ella. La condición humana aparece así en Parra como amenazada por eventos o acontecimientos que revelan una grieta. No es propiamente el absurdo lo que aparece en su poesía, sino lo incomprensible, las preguntas que vagan en el lenguaje del día a día, ocultos en los lugares comunes, buscando una respuesta. El tonto solemne del que se aleja en La montaña rusa (“La poesía fue / el paraíso del tonto solemne / hasta que vine yo / y me instale con mi montaña rusa”) es el poeta que piensa que la poesía

está llamada a develar las verdades sensibles, eternas y temblorosas de la condición humana. Nicanor Parra no creía que ese fuera el destino de la poesía: “¡Silencio mierda- dice uno de sus artefactos- que con dos mil años de mentiras basta!”. Tampoco creyó que la poesía fuera una forma de extravertir la propia subjetividad, enajenando los sentimientos que la aquejaban. Y es que para él a través de la poesía no habla la subjetividad del poeta, sino un Otro que alojado en el lenguaje constituye tanto a quienes poetizan como a quienes escuchan poetizar. La tarea del poeta no es emplear la poesía para extrovertirse. El poeta es un médium a través del cual habla el Otro que se esconde y se camufla en el lenguaje, ese Otro que es el sedimento de preguntas estupefacientes y sorpresivas que millones y millones han ido dejando poco a poco en la cultura, escondidas en el habla de la calle y donde se insinúa el “abismo de la noche oscura”. No fue, en fin, un habitante de multitudes (a pesar de que las multitudes lo convirtieron en un poeta pop). Para él la verdadera condición humana era la individualidad y la independencia insobornable. Dio ejemplos notables, con su rechazo a la revolución cubana y más tarde a la dictadura, conductas que entonces cobraron la soledad y el aislamiento como premio. Por eso, y a pesar de que el Hombre imaginario es su poema más conocido, quizá el que mejor lo retrata para la eternidad de la cultura donde acaba ayer de ingresar, sea el Soliloquio del individuo. Allí relata la epopeya humana, que la vida de cada uno resume, como la construcción de un sujeto que transita e interroga e interroga: “Miré por una cerradura, / Sí, miré, qué digo, miré / Para salir de la duda miré, / Detrás de unas cortinas, (…) Pero no: la vida no tiene sentido”. El Mercurio, Santiago, 24-I-2018.

Encuentro de Nicanor Parra con la primera dama estadounidense Patricia Nixon en la Casa Blanca, 1970.

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Tu larga y vital trayectoria de claroscuros, nos hizo creer en un pacto secreto con el mandinga, de manera que tu antireloj ahora comenzaría a retroceder, hasta llegar al parto.

Theodoro Elssaca

Fundación IberoAmericana

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Theodoro Elssaca y José Antonio Viera-Gallo en funeral de Nicanor Parra.

l viaje de Parra ha sido totalmente inesperado, a pesar de sus 103 años de sarcasmo, como si esta actitud de rebeldía fuera otra jugada magistral. Un acertijo de salida, para o parra afianzar el círculo del infinito con un “as” bajo la manga, su proverbial “Voy & Vuelvo”, el símbolo místico del “Uróboros”. Conocí a Nicanor cuando yo tenía solo diecisiete años, “como la canción de la Violeta”, me dijo un día con su entonación chispeante, tarareando “volver a los diecisiete”, en los cursos donde enseñaba literatura a los estudiantes de ingeniería. Han pasado más de cuarenta años y hoy he venido a despedirlo. Entro a la solemne catedral de Santiago, donde son velados tus restos, los del poeta menos solemne. Cristóbal Ugarte, tu nieto arquitecto, declama los antipoemas desde el púlpito inmaculado. Colombina, la hija menor y albacea, protesta al cura guitarreando a Violeta y en primera fila se encuentran: a la izquierda la presidenta saliente y a la derecha el presidente entrante, ambos aplauden. Más parreano imposible: “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”. Tu larga y vital trayectoria de claroscuros, nos hizo creer en un pacto secreto con el mandinga, de manera que tu antireloj ahora comenzaría a retroceder, hasta llegar al parto. Nadie había preparado este viaje, tanto así que, emitida la noticia, no se sabía dónde serían velados los restos del poeta chillanejo de San Fabián de Alico. Recién pasada la medianoche, luego de las extensas conversaciones con el gobierno, se anunció la decisión de traerte, finalmente, a la ceremoniosa catedral de Santiago. Parecía una perfecta Mise-en-scène hasta que surgió la prohibición de interpretar música de Violeta Parra, lo que suscitó el enojo de la familia, al punto de amenazar con llevarse el féretro de nuestro Premio Cervantes a otro parraíso, lejos de aquí. Como dices en tu poema: “Para serles sincero”, de Discursos de sobremesa:

Tus creaciones son un antiarte, confrontacional, profanador de las obras religiosas, como el artefacto “Cautiverio Feliz”, consistente en un enorme falo erecto al interior de un antiguo relicario eclesiástico. Obra objetual que desborda la escritura. Aquí yace canonizado el cuerpo del desacralizador, en el corazón más sacro de la nación. Un perfecto acto final. Superlativo. Recorro la calle Lincoln, hacia tu casa, que promete transformarse en el memorial del hombre imaginario. Mientras subo veo todo tipo de situaciones parreanas. Se trata de un funeral con cuecas y cantos gregorianos, un “embutido” de ángeles y demonios para el inmortal antipoeta y mago de dos milenios. He venido a dejarte un poema sin endecasílabos, una flor del jardín de la infancia, una carta humedecida, un pequeño artefacto cinético, junto a la tumba cubierta de conchas marinas, en el patio del ruinoso Castillo Negro. Como si fuese un antirefrán a “los últimos serán los primeros”, aquí yace el primer Parra Sandoval, el último en irse. En esta fronda despeinada me enseñaste tu cuaderno donde habías escrito “Antimuseo, dirección obligada”. Más que un coleccionista dedicado a clasificar, eras un acumulador de objetos, de allí surgían los artefactos. Alguna vez te pregunté cómo sería ese antimuseo y dijiste seguro: Quite the opposite, justo lo contrario. Eres el poeta sustantivo y contradictorio para la poesía de tu tiempo, el que rompió la tradición y los moldes, incorporando las voces tribales. Aunque pareciera que nos dices adiós, más bien te quedarás con nosotros, presente, en tu legado paradojal, sepultado en Las Cruces, línea virtuosa del Litoral de los Poetas, entre Neruda y Huidobro, en la cruz del medio, como aquel crucificado en el Gólgota. Desde aquí, tu trueno seguirá hablando fuerte, Nicanor. Me quedo en este sueño sin orillas, a la vera del mar, hasta el anochecer. De súbito, he creído ver un artefacto cruzando la bóveda cósmica, tal vez sea tu ataúd atómico yendo en dirección contraria. Especial para nuestra revista de parte de un muy estimado colaborador.

No se diga que son mis funerales Olvídense! Vivo no me pondrán en el ataúd Al cementerio x mis propios pies 53


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Claudio Gay y el futuro de Chile delineado en un mapa

La cartografía del naturalista no solo se encuentra ligada indisolublemente al surgimiento del Estado-nación chileno, en tanto lo identifica, determina sus fronteras y caracteriza su topografía esencial; además, fue fruto de una iniciativa pública dirigida, precisamente, a dotar al Estado de los instrumentos necesarios para consolidarse, ejercer sus atribuciones soberanas y propender a la formación de la nación.

Rafael Sagredo Baeza (1)

Pontifica Universidad Católica de Chile

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U

Un mapa de Chile, en realidad el borrador de un mapa de Chile, para ser exactos, un boceto de mapa de apenas una porción del territorio considerado chileno a comienzos de la década de 1840, nos servirá para mostrar el aporte del científico francés Claudio Gay a Chile. La carta que Gay había comenzado a elaborar desde su llegada al país en diciembre de 1828 corresponde a la primera versión o borrador, del que llegaría a ser el “Mapa para la inteligencia de la historia física y política de Chile”, publicado en 1854 en su Atlas. Ambos, en realidad, proyectos: uno, de un mapa de Chile, prometido desde que en 1830 fue contratado por el gobierno para emprender un viaje de exploración por el territorio nacional; el otro, el mapa publicado como parte de su Historia física y política de Chile, de un Estado republicano y una nación entonces en proceso de organización y conformación respectivamente. El mapa y la obra de la que forma parte, permiten mostrar el espacio transformado en territorio nacional gracias al arte de representarlo cartográficamente, pero sobre todo el mañana concebido en la primera mitad del siglo XIX: el de un Estado capaz de ejercer soberanía sobre el territorio, población y recursos bajo su jurisdicción; pero también el de la sociedad del cual era consecuencia, en el futuro, imaginada constituyendo una nación; objetivos que el conocimiento, el saber profesional, la ciencia y la tecnología ayudaron a materializar a lo largo del siglo XIX, entre otras cualidades por la asociación con el progreso que corrientemente se atribuye a la ciencia. Una dimensión poco conocida de nuestra trayectoria, pero esencial para comprender la forma en que se fue organizando la realidad natural e histórica nombrada Chile desde tiempos inmemoriales que, ahora como república, en la coyuntura de la independencia, asumió con entusiasmo y esperanzas su nueva condición y, con ella, la necesidad de dotar de un nuevo proyecto político a la comunidad que nacía a la vida independiente. Proyecto que se sirvió de la ciencia para materializarse y, sobre todo, hacerse viable. Que en la instancia del ocaso de un mundo, el colonial, y el comienzo de otro, la república, y como ha sido asentado, se sirvió del mapa para señalar el tránsito de un orden, también espacial, a otro.

Fue la sistemática exploración del territorio nacional -y el consiguiente reconocimiento de sus componentes naturales y humanos-, emprendida por científicos a lo largo del siglo XIX, lo que hizo posible también completar el proyecto político nacido junto con la independencia, asegurando así el futuro de la nueva entidad soberana. Con los conocimientos que Claudio Gay generó sobre la historia, el territorio y el mundo natural y cultural del país, contribuyó decididamente al proceso de organización republicana y consolidación de la nación, dando forma así a una realidad que hasta entonces sólo permanecía como proyecto, en potencia. Borrador del mapa de Chile de Claudio Gay. Fuente: Archivo Nacional Histórico.

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La monumental Historia física y política de Chile de Claudio Gay, publicada en 30 volúmenes entre 1844 y 1871 (2), no solo resumió el conocimiento existente sobre Chile en la época, lo cierto es que a partir de ella se realizaría el trabajo de los científicos que como Ignacio Domeyko, Rodulfo Philippi, Amado Pissis y Hans Steffen, entre muchos otros, lo sucedieron en la tarea de explorar, estudiar, inventariar y proyectar Chile, que no otro es el papel que cumple la ciencia. El mapa en borrador de Claudio Gay, aun en esa condición, es la representación esencial de lo que terminaría siendo Chile republicano. No solo porque ofrece el espacio comprendido entre la cordillera y el mar, entre el desierto de Atacama y Chiloé, los límites naturales del país; porque identifica los principales accidentes geográficos del territorio, como sus ríos, cumbres, bahías y puntos salientes del litoral; o porque al margen señala paralelos y meridiano y los nombres de las divisiones político-administrativas, y en su interior las poblaciones más importantes; sobre todo, porque era la primera vez que se mostraba Chile como llegaría a ser; como la realidad, apreciada por Gay en terreno, indicaba que debía ser, esto es, una unidad geográfica orientada de norte a sur, integrada por el eje que su gran desarrollo latitudinal haría posible, y que hacía del centro, de Santiago, la base de cualquier posible iniciativa, fuera esta gráfica o política. De este modo el boceto no solo es el borrador de un mapa definitivo por publicarse, es, sobre todo, interpretamos, el proyecto estatal y nacional por cumplirse a partir de entonces y que la representación de Gay fijaba en el papel de una manera que lo dejaba al alcance de todos por la efectividad de la imagen y la elocuencia de su contenido. La importancia del “Mapa para la inteligencia de la Historia Física y Política de Chile” se puede apreciar desde numerosas perspectivas. En primer término, por su valor en tanto representación geográfica del territorio chileno en una época en que las mismas son prácticamente inexistentes y poco confiables. Más trascendente resulta que en el mapa se ofrezca la visión existente en el Chile del siglo XIX sobre los espacios que conformaban su territorialidad. En efecto, en la carta solo está representada la superficie, entre los Andes y el Pacífico, comprendida entre el desierto de Atacama y la isla de Chiloé. Es decir, un Chile ajeno, como lo era en realidad, a los inhóspitos desiertos de sus extremos y totalmente circunscrito al breve espacio que la cordillera de los Andes deja antes de alcanzar el mar; aunque con la aspiración de ejercer soberanía efectiva en la Patagonia occidental hasta el estrecho de Magallanes.

Mapa para la inteligencia de la “Historia física y política de Chile” de Claudio Gay. Fuente: Gay, 1854.

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Es la materialización cartográfica de una realidad natural; Chile representado como efectivamente era. Un espacio de gran desarrollo latitudinal que el científico había logrado captar gracias a sus excursiones por el país. Un territorio que pese a su gran longitud en sentido norte sur estaba destinado a integrarse y constituirse en uno solo gracias a la acción de un Estado al que Gay, a través de su mapa, dotaba del instrumento preciso para consolidar y extender su soberanía y, de paso, contribuir a la formación de la nación. En lo relacionado con la integración nacional, el mapa ilustra los caminos coloniales o “Camino Real” como se nombran, instrumentos esenciales para la vinculación entre las regiones del país. También ofrece los caminos que en la época permitían “pasar las cordilleras”, tanto en dirección a la “República de la Plata”, como en el interior del país; sin duda una inclusión fundamental en orden a dar a conocer las vías de comunicación y facilitar el tráfico, tanto de productos y bienes, como de personas. Por último, la carta muestra también el itinerario del naturalista, manifestación fehaciente de que su trabajo era fruto de la exploración, de la investigación en terreno y, por tanto, garantía de seriedad y acuciosidad científica. Por último, y a diferencia del borrador que lo había precedido, el mapa de Chile incluye también un recuadro con la sección meridional de América del Sur, la llamada Patagonia, en el cual se identifican los principales puntos y accidentes geográficos de las costas, sin prácticamente ninguna referencia al interior, pues estaba destinado a ilustrar de un modo general sobre una región que para Chile resultaba de interés. Considerando la falta de noticias y datos sobre esas latitudes, en la representación, como en las cartas específicas de la región que forman parte del Atlas, el naturalista se limitó a delinear los espacios continentales e identificar los fenómenos naturales costeros que le proporcionó la información existente en la cartografía española e inglesa. Esto explica que además de identificar los archipiélagos, islas, canales, cabos y bahías situados en el litoral, solo se contente con nombres muy generales para los territorios interiores, como Patagonia oriental y occidental; o, sencillamente, que nombre como “tierra desconocida” al área entre las dos “patagonias” que se extiende al sur del paralelo 47 y hasta el 52 aproximadamente. La representación cartográfica del extremo sur de Chile y la inclusión de los archipiélagos australes, estrecho de Magallanes incluido, obedeció a una decisión política

más que científica, pues el naturalista no solo jamás alcanzó hasta esas latitudes, sino que además eran espacios desconocidos, no integrados al territorio chileno o a cualquier otro. Su inclusión en sus mapas debe considerarse una forma de reafirmar las reivindicaciones chilenas sobre aquellas regiones, las cuales, en la década de 1840, ya se habían materializado en actos de soberanía (3). De este modo, los mapas de América meridional del científico no solo ilustraban sobre una región remota y desconocida desde el punto de vista geográfico, además de ajena a toda manifestación política o administrativa de gobierno alguno; en realidad, la transformaban en chilena por el solo acto de representarla en la primera cartografía nacional. De este modo la cartografía del naturalista no solo se encuentra ligada indisolublemente al surgimiento del Estado-nación chileno, en tanto lo identifica, determina sus fronteras y caracteriza su topografía esencial; además, fue fruto de una iniciativa pública dirigida, precisamente, a dotar al Estado de los instrumentos necesarios para consolidarse, ejercer sus atribuciones soberanas y propender a la formación de la nación. En definitiva, los mapas del Atlas de la Historia física y política de Chile, junto con representar la realidad, se anticipan a ella, transformándose en modelo de lo que debía contener el territorio del Estado republicano. A través de ellos se consolidan dominios, pero también se refuerzan pretensiones y se imaginan espacios nacionales por el solo hecho de incluirlos en la cartografía chilena.

Notas: 1.- Historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y conservador de la Sala Medina de la Biblioteca Nacional. 2.- La obra ha sido recientemente reeditada como parte de la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, tomos I a XXX, Santiago, Biblioteca Nacional, Pontificia Universidad Católica de Chile y Cámara Chilena de la Construcción. 3.- En 1843 se había tomado posesión efectiva del territorio adyacente al Estrecho de Magallanes a través de la fundación de una población llamada Fuerte Bulnes. Para el gobierno y opinión de la época, el control del Estrecho era de importancia fundamental en razón de las posibilidades de contacto con Europa.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Sonia

Quintana Entrevistas de excelencia

Las horas literalmente “vuelan” charlando con esta chillaneja de tomo y lomo, sencilla, afectuosa, directa, entretenida, gran intelectual, que tiene tanto para narrar sobre su trabajo como periodista en los principales medios de la capital. Entrevistas de antología con grandes figuras de las letras nacionales y extranjeras. Gran chillaneja que debemos rescatar para el patrimonio de Ñuble.

Alicia Romero Silva

Historiadora Asesora de la Dirección de Quinchamalí

Sonia Quintana en la Universidad Católica en la dirección de la Revista Universitaria. Archivo de Sonia Quintana.

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Chillán, la patria chica

emoción que fue para mí el momento de mi Primera Comunión. Más adelante pasé al Liceo de Niñas que, con gran justicia, pasó a llamarse Marta Brunet. Hoy aprecio en su verdadera dimensión la excelente calidad de la enseñanza que recibí y cuando la comparo con la que se discute en estos días, me considero afortunada. Mi decidida inclinación humanística se vio siempre muy bien estimulada por la lectura, convirtiéndome en una devoradora de libros desde El Tesoro de la Juventud hasta la literatura más variada. También las actividades extra programáticas en las que participaba con gran entusiasmo fueron muy importantes para mi formación integral. Me gustaría destacar el inmenso valor de las clases de Educación Cívica que orientaron a las generaciones de mi época para adquirir la noción de responsabilidad con el país, distinguiendo la importancia del cumplimiento de los deberes y el valor del ejercicio consciente de nuestros derechos fundamentales. El liceo era una institución donde la diversidad se aceptaba naturalmente, antes de que la palabra se pusiera de moda transformándose en una bandera de lucha. Allí se convivía con todas las clases sociales y los credos religiosos sin problemas, lo que nos preparaba para enfrentar mejor el mundo cuando terminara la etapa de colegio y la vida nos ofreciera un abanico de oportunidades. En síntesis, guardo una inmensa gratitud por mi liceo, porque me entregó las herramientas formativas como persona y como alumna.

Usted nació en una familia chillaneja. ¿Qué imágenes se le vienen a la memoria al escuchar los nombres de Chillán, Ñuble, Quinchamalí, Liceo de Niñas? - Mis padres, Eleodoro Quintana y Alicia Rojas, eran descendientes de familias chillanejas y tenían el corazón muy bien puesto en su ciudad. Así fue como yo, desde muy pequeña, aprendí a amar esa tierra que hasta hoy me da una fuerte razón de pertenencia. Chillán es para mí un concepto muy similar al de patria, sabiendo que fue allí donde abrí mis ojos y se fue moldeando mi identidad con el paso del tiempo. Recuerdo que la casa en que nací, en la calle El Roble, colindaba con el edificio del diario La Discusión y curiosamente, por esos designios inexplicables, empecé a ir al diario atraída por el misterioso magnetismo que me producían los talleres, las salas de redacción con las rumas de papel, el sonido de las máquinas de escribir y el olor a tinta fresca. Acudía como quien va al más fascinante de los juegos. Iba tranquila y confiada porque contaba con el permiso de su director don Alfonso Lagos Villar, quien además de ser un hombre muy culto y destacado, era simpático y acogedor. Conocía a mi familia y al parecer le hacía mucha gracia mi interés por ese mundo de adultos. Siempre he pensado que allí en ese espacio se comenzó a gestar esa pasión por la palabra escrita que conservo hasta hoy. Quinchamalí, hermosa palabra, viene a mi memoria indisolublemente unida a la imagen de las loceras, cuyo trabajo me maravillaba. Con mi primer chanchito alcancía comencé a coleccionar esas figuras de greda negra con dibujos blancos que los temblores, terremotos y mudanzas se han encargado de disminuir en parte. Sin embargo, aún conservo como un tesoro algunas piezas de la famosa Práxedes Caro, quien las empezó a firmar después que el gran pintor Nemesio Antúnez la convenciera del enorme valor de su trabajo. También poseo un pesebre chilenísimo con cantora y huasos que me acompaña a esperar todas las Navidades. Inicié mi vida escolar en el colegio de monjas de La Purísima Concepción y guardo muy lindos recuerdos de esa etapa y de la gran

Entrevistando al físico y escritor argentino Ernesto Sábato Ferrari (1911-2011), autor de El Túnel, Premio Cervantes, en 1984. Archivo de Sonia Quintana.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

sional, desde que tempranamente me inicié en el campo de la entrevista, que ha sido lo medular de mi carrera. Con mi título recién obtenido en la Universidad de Concepción, me trasladé a Santiago ingenua y firmemente decidida a desempeñarme en el ámbito cultural. Muy pronto se me presentó la oportunidad de entrevistar a mi coterráneo Ramón Vinay, conocido mundialmente como el intérprete más grande de Otelo. Luego seguirían el poeta Nicanor Parra, la escultora Marta Colvin y el maestro Claudio Arrau, entre los chillanejos más ilustres. Todos ellos, pienso que sensibilizados por mi condición de chillaneja, me acogieron con especial cordialidad, dándome la oportunidad de conocerlos tanto en sus brillantes trayectorias como en sus aspectos personales, entregándome su confianza y su tiempo con extraordinaria generosidad. De cada uno aprendí inolvidables lecciones que me ayudaron a crecer humanamente y a reafirmar la seguridad en mi vocación.

Entrevistando al escritor Manuel Rojas Sepúlveda (18961973), Premio Nacional de Literatura, en 1957, en el período que dirigió la revista En Viaje, de la empresa de FF.CC. del Estado. Archivo de Sonia Quintana.

¿Qué ha significado para usted nacer en Chillán? y ¿qué recuerdos guarda de esa ciudad mediterránea, con sus puntos cardinales tan definidos?

¿Cómo cree que habría sido su vida si se hubiese quedado a vivir en Chillán?

- Aun cuando nacer en un lugar no es un acto de elección propia, sino el producto de misteriosas circunstancias, me encanta haber nacido en Chillán, esa ciudad de Chile que ha aportado tanto talento al país y al mundo en los ámbitos más variados y que siempre es motivo de legítimo orgullo. Crecí escuchando la frase: “Chillán, tierra de héroes y artistas”. En mi caso, haber nacido en Chillán me ha abierto muchas puertas en mi tarea profe-

- Me imagino que muy distinta a la que he tenido. Seguramente más tranquila y enfrentada a menores desafíos, pero si volviera a enfrentarme a la decisión de venirme a Santiago, no dudaría en volver a hacerlo. Aun cuando interiormente me sigo sintiendo una afuerina, debo reconocer que en ninguna otra parte habría tenido las posibilidades profesionales que aquí se me han dado.

Sonia Quintana conduciendo el programa, “Almorzando en el Trece”. A su derecha los escultores Mario Irarrázabal (1940), autor de las manos de Punta del Este, del Desierto y Puerto Natales y Hernán Puelma (1944); y a su izquierda los pintores Gonzalo Cienfuegos (1949) y Carmen Aldunate (1940). Los atiende un garzón del Hotel Carrera. Archivo de Sonia Quintana.

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mundos, porque en cada caso se trataba de seres extraordinarios. Lo que puedo destacar de todos los casos en que tuve la suerte de conocer a intelectuales y artistas ya consagrados en sus respectivas carreras, es que nunca en ninguno de ellos dejé de sentir que la grandeza va siempre acompañada de la sencillez. Recuerdo, por ejemplo, que el maestro Arrau decía que la vanidad era el peor enemigo de un intérprete. Entre sus coterráneos, pudo entrevistar en sus ambientes familiares a Claudio Arrau en Nueva York, a Marta Colvin en Santiago, a Nicanor Parra en La Reina y Ramón Vinay, por nombrar algunos. ¿Qué recuerdos especiales atesora en su memoria, de esas horas de conversación con cada uno de ellos? - Con cada uno de ellos no solo tuve horas de conversación, sino que en los tres primeros casos que me nombra hubo varias conversaciones en diferentes fechas y circunstancias que me permitieron descubrir sus gustos, hábitos, dolores, pasiones y temores. Siempre que recuerdo esos momentos me siento muy privilegiada por esas entregas de enorme confianza y aún me asombra que nunca ninguno de ellos me haya pedido revisar un texto. Y en los tres casos se dio una hermosa relación que se prolongó en el tiempo.

Conversando con el pintor y grabador Nemesio Antúnez Zañartu (1918-1993), en su taller. Fundador del mítico Taller 99. Archivo de Sonia Quintana.

La

grandeza va siempre acompañada de la

sencillez

Usted emigró a Santiago una vez titulada de periodista en la Universidad de Concepción y en la capital desarrolló una carrera ascendente, cumpliendo labores profesionales en los más destacados medios de comunicación nacional, tanto escritos como de radio y televisión, en las últimas décadas del siglo XX. ¿Qué evaluación hace usted de su desempeño profesional en retrospectiva?, ¿en cuáles tareas y/o medios se sintió aportando más al país y a las comunicaciones y por qué?

Sobre Claudio A rrau, sabemos que lo entrevistó en Long Island, Nueva York, en la casa de su sobrino Agustín A rrau Henríquez, en la primavera de 1983, cuando el maestro tenía cumplidos los 80 años de edad y se le había concedido tardíamente el Premio Nacional. Por primera vez, la prensa chilena llegaba al pianista después de 17 años, gracias a diversas gestiones y a la vo-

- Sería pretencioso pensar en mi trabajo en términos de “un aporte al país”. De lo que sí estoy segura es que en cada medio en el que estuve siempre traté de dar el máximo de lo que mis capacidades me permitieron. En todos aprendí y me siento muy agradecida con cada uno.

En la casa del pintor cubano Mario Carreño Morales (1913-1999), Premio Nacional de Arte 1982. Archivo de Sonia Quintana.

A fines del siglo XX, usted entrevistó a grandes figuras de la cultura chilena como Margot Loyola, Víctor Tevah, Claudio Arrau, Nemesio Antúnez, Gabriel Guarda OSB, Federico Heinlein, y tantos otros. Premios nacionales, destacados en Chile y el extranjero, estuvieron conversando con usted. ¿Cuáles figuras le dejaron una impresión importante? - No es que quiera parecer políticamente correcta, pero tratándose de personalidades tan destacadas y diferentes, cada una me abrió el entendimiento a nuevos y muy apasionantes 61


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

luntad de Agustín A rrau. Sin duda eran tiempos complicados por la supuesta polémica suscitada por la doble nacionalidad que se le había concedido al maestro. Habiendo pasado más de tres décadas, ¿cómo observa usted a la distancia esa proeza de la entrevista, a su coterráneo, en tales circunstancias políticas? y ¿qué lecciones le dejó la experiencia, a la docente de la carrera de Periodismo de la cátedra de Redacción Periodística y Entrevista, de la Pontificia Universidad Católica de Chile?

“Recuerdo que la casa en que nací, en la calle El Roble, colindaba con el edificio del diario La Discusión y curiosamente, por esos designios inexplicables, empecé a ir al diario atraída por el misterioso magnetismo que me producían los talleres, las salas de redacción con las rumas de papel, el sonido de las máquinas de escribir y el olor a tinta fresca. Acudía como quien va al más fascinante de los juegos. Iba tranquila y confiada porque contaba con el permiso de su director don Alfonso Lagos Villar, quien además de ser un hombre muy culto y destacado, era simpático y acogedor. Conocía a mi familia y al parecer le hacía mucha gracia mi interés por ese mundo de adultos. Siempre he pensado que allí en ese espacio se comenzó a gestar esa pasión por la palabra escrita que conservo hasta hoy”.

- Sin duda Chile vivía un tiempo políticamente muy complicado que no favorecía la llegada de grandes artistas, porque la imagen internacional estaba un tanto deteriorada. En el caso del maestro Arrau, además, se había tejido una intriga en cuanto a que habría cambiado su nacionalidad por la norteamericana. Durante la primera entrevista le pregunté directamente sobre el tema y fue categórico en desmentir esta versión, explicando que el gobierno de Estados Unidos le había conferido la nacionalidad norteamericana como un reconocimiento a su destacada trayectoria, pero que nunca había perdido su nacionalidad chilena. A esto habría que agregar que para un artista con una agenda tan nutrida de giras por distintos países, la nacionalidad norteamericana le facilitaba enormemente sus desplazamientos. En cuanto a esta entrevista, luego de sus 17 años de lejanía con Chile se dieron dos circunstancias que finalmente después de muchos intentos la hicieron posible. Primero, se le había concedido el Premio Nacional de Arte un poco tardíamente, cuando ya había recibido todos los galardones que se dan en el mundo de la música. Algo similar a lo que ocurrió cuando Chile otorgó el Premio Nacional de Literatura a Gabriela Mistral, después de que obtuviera el Nobel. Reacciones tardías que lamentablemente se repiten orquestadas por mezquinos intereses. Segundo, él no disponía de fechas, porque sus giras estaban comprometidas por varios años, sin embargo la picada de una avispa en una de sus manos lo obligó a cancelar varios compromisos y se produjo el milagro gracias a la gestión de su sobrino y manager Agustín Arrau, que tenía gran aprecio por nuestro país. Cuando el pianista explicó su accidente, parecía increíble que la avispa lo hubiera picado mientras podaba sus rosas sin protección de guantes. Pero ante mi asombro él me explicó que no hacía nada que pudiera impedirle el contacto directo con la naturaleza. Con la misma sencillez, cuando me quedé mirando con la vista clavada en sus manos me las pasó diciendo: “Mírelas bien y tóquelas, si no tienen nada de especial, simplemente son buenas para tocar el piano”.

“El liceo (de niñas) era una institución donde la diversidad se aceptaba naturalmente, antes de que la palabra se pusiera de moda transformándose en una bandera de lucha. Allí se convivía con todas las clases sociales y los credos religiosos sin problemas, lo que nos preparaba para enfrentar mejor el mundo cuando terminara la etapa de colegio y la vida nos ofreciera un abanico de oportunidades. En síntesis, guardo una inmensa gratitud por mi liceo, porque me entregó las herramientas formativas como persona y como alumna”.

“Recuerdo ese atardecer como uno de los momentos que han marcado mi vida. Puedo rememorar lo que sentí cuando Agustín Arrau, con la cordialidad que lo caracteriza, se acercó al intérprete y le dijo: “Claudio, ella es Sonia Quintana, de Chillán”. Esa frase fue como una cerradura para transportarlo a su infancia. Los ojos semiverdosos se le iluminaron y tomando mi mano entre las suyas preguntó: ¿De Chillán? ¿Sabe usted si existe aún la casa donde yo viví cuando era niño?”. Sonia Quintana: Claudio Arrau. Un prodigio apacible, 1993.

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Con la escultora Marta Colvin Andrade (1907-1995), Premio Nacional de Arte 1970, posando al lado de una de sus obras. Archivo de Sonia Quintana.

De las numerosas entrevistas realizadas a personajes nacionales e internacionales, ¿cuál considera que fue “la entrevista” de su vida? y ¿qué personajes de la cultura no logró entrevistar y le habría gustado hacerlo?

a concretarlos. Solo le podría contar que en carpeta tengo algo relacionado con la literatura y también con el periodismo. Veremos… Los medios audiovisuales, en general, pasan hoy por un cambio de parrillas programáticas, que obedecen a necesidades de mercado, con otro tipo de entretención a público. Lejos quedaron programas como los que usted condujo: “Almorzando en el trece”, de la Corporación de Televisión de la Universidad Católica de Chile (19761980) y “Panorama Cultural” de Radio Carrera (1976-1979). ¿Qué opinión tiene usted de este fe-

- Por más que pienso no logro elegir una. Es algo así como pedirme que escoja una puesta de sol considerando que todas son mágicas y distintas. Las personas son como las estaciones del año y jamás se igualan ni repiten. En cuanto a quiénes habría deseado entrevistar creo que al pintor Roberto Matta, a Violeta Parra, a la escritora Marta Brunet y al pianista y director de orquesta argentino-israelí Daniel Baremboim.

El

Conversando en el taller de la pintora y grabadora española Roser Bru Llop (1923), Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, refugiada del Winnipeg. Archivo de Sonia Quintana.

rating, una especie de maldición para la

cultura

Desde sus inicios, a comienzo de los años setenta, usted escribió prosa, obteniendo algunos premios por sus escritos en concursos literarios de revista Paula. Luego publicó: Claudio Arrau. Un prodigio apacible, 1993, Los más grandes momentos del arte nacional, et. al., 1994. ¿Me puede contar qué otros proyectos literarios o periodísticos están en la mente de Sonia Quintana? - Proyectos nunca faltan, el problema es llevarlos a cabo. Me da vergüenza decir todos los planes que están a medio camino y temo que como una superstición, si los divulgo no llegue 63


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nómeno de la televisión y la radio chilena, en que se prioriza hoy la entretención de masas y donde hay cada vez menos espacios culturales al aire, fenómeno que al parecer no tendrá vuelta atrás? - Este es un problema que se genera por el rating, que es una especie de maldición para la cultura. A mayor rating, más financiamiento de las empresas y es así como se financian las radios y canales de televisión. Cuando alguno de los canales abiertos, extrañamente lanza un programa de buena calidad, lo muestra en horarios de difícil acceso y en cambio, en los llamados horarios prime, habitualmente se exhiben espacios con grandes recursos de producción y dirigidos a un público con escasa exigencia, donde el lenguaje se ha relajado llegando a veces a la mayor vulgaridad. Es poco esperanzador el panorama, porque este es un fenómeno mundial y tenemos el ejemplo de los reality show, que al parecer han llegado para quedarse. Entre las pérdidas más lamentables de la pantalla tenemos el caso de “La belleza de pensar”, conducido por el destacado intelectual Cristian Warnken.

cio, ¿qué expectativas se vislumbran para Chile con la reciente promulgación de la ley que crea el Ministerio de las Culturas, las A rtes y el Patrimonio? - Sigo pensando lo mismo. Es imposible amar, cuidar, preservar lo que no se conoce. Lamentablemente en Chile existe una escasa conciencia de patrimonio y vemos con espanto y desaliento cómo las inmobiliarias arrasan con lo poco que queda. Se han destruido valiosas obras arquitectónicas para edificar inmensas torres de dudoso gusto. La codicia sin límites de grupos económicos chilenos y extranjeros

En 1979, usted señalaba que el patrimonio cultural de un país adquiere su verdadera dimensión en la medida que se le conoce y admira. ¿Cree usted que hemos avanzado como país en estas materias en los últimos cuarenta años? A su jui-

Durante la entrevista a Claudio Arrau, en Nueva York, en 1983. Archivo de Sonia Quintana. 64


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y la inoperancia de las entidades que debieran detenerlos se puede ver en nuestro principal borde costero. Lamento no ser más optimista y quisiera creer que la promulgación de la ley que crea el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio constituya un resguardo. El lenguaje popular, que es muy sabio, dice que “el papel aguanta todo”.

Ñuble,

tierra fértil de personas resilientes

sensibles a la belleza del arte

Usted es lectora de la revista Quinchamalí, Artes, Letras y Sociedad. ¿Qué opinión le merece esta iniciativa surgida desde una de las regiones de Chile hacia el resto del país? - No solo soy una entusiasta lectora de Quinchamalí, sino que he tenido el honor de ser convocada por su director Alejandro Witker para colaborar en algunos números. La iniciativa me parece digna de la mayor admiración y a mi juicio es un ejemplo que se podría seguir en otras regiones. ¿Cómo recibió usted la noticia de la creación de la Región de Ñuble y cómo imagina su futuro? En este contexto, ¿qué mensaje le daría a sus coterráneos?

Con el pintor Claudio Bravo Camus (1936-2011), en la puerta de su casa en Marruecos. Archivo de Sonia Quintana.

- Recibí la noticia con alegría y emoción, porque este era un anhelo justo y largamente acariciado. Espero sinceramente que este paso signifi-

Entrevistando a la compositora y folclorista Margot Loyola Palacios (1918-2015) Premio Nacional de Artes Musicales 1994, en su residencia. Archivo de Sonia Quintana.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

que un crecimiento y desarrollo para nuestra nueva región en distintos ámbitos y deseo que Chillán siga siendo tierra fértil donde se den hombres y mujeres capaces de marcar hitos en nuestra historia como ha sido hasta ahora.

- Esto es algo en lo que he pensado muchas veces y desde hace muchos años sin encontrar una respuesta científica. Pero me he aventurado a creer que hay una fuerza telúrica que influye en el ser chillanejo. Tal vez los temblores, temporales y terremotos nos han entregado tempranamente la certeza de vulnerabilidad por una parte y por otra la reciedumbre para levantarnos siempre de todos los embates. Actualmente podríamos definirnos como resilientes.

Finalmente, ¿por qué cree que a diferencia de otras regiones de Chile, Ñuble ha concentrado tantas y variadas figuras creadoras, de renombre en la cultura nacional?

Simplemente Chillán

Entrevistando al poeta Nicanor Parra Sandoval (1914-2018), Premio Nacional de Literatura 1969 y Premio Cervantes 2011, en su residencia de La Reina, Santiago, para la revista En Viaje. Archivo de Sonia Quintana.

Chillán es hoy una camelia roja junto a la imagen de mi padre ausente. Chillán es una lágrima de adulta que me atraviesa el alma solitaria. Chillán es mi madre convertida en nostalgia es un sueño remoto un aromo florido y la muerte que se hizo verdad. Chillán es el espejo de mi rostro sin máscara es mi raíz legítima mi refugio de afectos mi ansia de verdad. Chillán es un recuerdo lejano de mi infancia es el olor a tierra que me llama. Chillán es mi destino final. Sonia Quintana

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Sociedad

Cueca. Bordado de Ester Garrido, Ninhue. CortesĂ­a del Museum of International Folk Art (DCA)

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Gil Letelier:

patriotismo huaso que no muere Luis Valentín Ferrada V.

Abogado Instituto O’Higginiano Santiago

Los huasos que acompañan a los soldados de Chile en la Parada Militar en las Fiestas Patrias tienen una historia que merece ser contada. Su presencia se inició bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y llegó para quedarse. Una expresión de chilenidad que enriquece el evento militar. 68


N°19. Independencia de Chile

L

a historia de los Huasos del Gil Letelier no es la de un ‘club’ o agrupación deportiva como tantas otras que legítimamente existen en nuestro país. Es la historia de una institución que procura hundir sus raíces en antiguas tradiciones de chilenidad y, con el alimento de dicha savia, busca alcanzar fines de carácter moral y cultural que se condicen con la noble guardia que sus miembros prestan, fielmente, en aquellos sitios de la conciencia de nuestro pueblo donde se halla el depósito de nuestra identidad nacional. Aún por sobre su nombre institucional -juzgándoles más bien por su espíritu y sus fines-, los Huasos del Gil Letelier no forman propiamente un club, ni tampoco un club de rodeo chileno. El concepto de ‘club’ les queda estrecho; no les comprende en toda su dimensión. El rodeo chileno, con la importancia que tiene como expresión genuina de una gran fiesta histórica de nuestro pueblo campesino, no es todo lo que ellos conservan, trabajan y desarrollan con sus quehaceres. En realidad, los Huasos del Gil Letelier han alcanzado, durante el tiempo de su desarrollo, una condición de guardias nacionales de las antiguas tradiciones de chilenidad que perviven con renovada energía en el alma de nuestro pueblo, a pesar del peligroso fenómeno contemporáneo llamado ‘globalización’, que ha significado en el mundo entero la debilitación de las culturas locales, intentando reemplazarlas por una única, común a todos, artificial e impuesta a través de los meca-

Carlos Ibáñez, chicha en cacho.

nismos psicológicos arteros de una publicidad engañosa y rabiosamente persistente, ocupada bajo formas de inundación de conciencias a través de toda clase de medios de comunicación social. Esa “globalización” esclavizante es originada en poderes universales hegemónicos que, esgrimiendo como falsa excusa una pretendida “modernidad”, ha desafiado prácticamente a todos los pueblos del mundo con el grave reto de perder, cada una de ellas, los elementos culturales más esenciales que configuran sus respectivas personalidades, su carácter y sus modos de ser auténticos. Mientras las grandes mayorías permanecen inconscientes, embriagadas, sin saberlo. A los Huasos del Gil Letelier debiera llamárseles, como a todas las instituciones congéneres que trabajan por defender y conservar el patrimonio cultural de nuestra nación, guardias de honor de la chilenidad; y no debiera llamárseles ‘club’, un anglicismo como tantos otros, que en el fondo desdibuja el carácter de su importante misión. Como todas las instituciones que brotan de raíces que crecen, ensanchan y fortalecen bajo la tierra, y luego salen a la luz luciendo sus virtudes y trascendencia, la historia de los Huasos del Gil Letelier tiene su antiguo y nuevo testamento. El viejo testamento de estos guardianes (periodo anterior al año de su fundación, 1952) habla de los caminos abiertos por don Carlos Ibáñez del Campo en los años de 1930. Huaso y soldado, maulino y linarense por añadidura, don Carlos se había ocupado -ya en 1927- de conceder

Patricio Letelier Silva, Margarita Velasco de Letelier, Pedro Opaso Letelier y Ricardo Letelier Silva, en la hacienda San Joaquín.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

go Bueras, el ‘Huaso Bulnes’, Manuel Baquedano, por citar algunos chilenos célebres en los cuales la condición de huaso-soldado se había dejado ver de manera manifiesta. Ese algo “tan chileno” que Raúl de Ramón resalta en su himno a la caballería cuando canta: Soy huaso y soldado de Chile... La semilla de los años de 1930, oculta un tiempo por difíciles sucesos sobrevinientes, comenzó no obstante a brotar: su primera rama despuntó en 1946, con la formación de la Asociación de Criadores de Caballos Chilenos, institución abuela del millar de instituciones que al presente, a través de todo nuestro territorio, cobijan a quienes hasta en los más apartados rincones agrestes, de norte a sur, agitan vivamente sus mantas -¡como si fuesen banderas!- dando vida a las fiestas huasas que son de las más puras expresiones del espíritu de chilenidad. El Reglamento de Corridas de Vacas dictado por el presidente Ibáñez en 1927, se mantuvo vigente hasta 1960. Hasta aquí el viejo testamento de los Huasos del Gil Letelier. Empero -suerte grande o ‘la buena estrella de Chile’- vino a suceder en 1952 lo que a muchos pudo parecer impensable en esa época: don Carlos Ibáñez -“el general de la Esperanza”- volvió nuevamente a la presidencia levantado por una inmensa mayoría, justo veinte años después de haber dejado el mando supremo en circunstancias

Carlos Ibáñez del Campo, montado a caballo.

reconocimiento público al rodeo chileno por un Decreto Supremo que estableció el Reglamento de Corrida de Vacas y, con ello, lo que se denominaron por largo tiempo como “Rodeos Oficiales”. Nacido y criado en sus campos ancestrales linarenses, los que conservó y dirigió personalmente hasta su muerte (1), bien sabía don Carlos de alegrías y penas campesinas, de viejas tradiciones y valores, de costumbres y anhelos de nuestro campesinado, como solo conocen de ese mundo especial los que han nacido imbuidos en él. Era don Carlos también un reconocido jinete, experto en caballería. Hasta sus adversarios políticos lo motejaron como “el caballo Ibáñez”, y otros, como “par de botas”. Quiso el destino en aquellos años iniciales de la década de los 30, unir al general Ibáñez con don Gil Letelier Velasco -quien por entonces llegó a ser su cuñado- ocurriendo en la intimidad del hogar Ibáñez-Letelier el que ambos concibieran la idea de acrecentar la figura y el mundo cultural del huaso chileno, con un cierto realce público que hasta entonces nunca había tenido oficialmente. Don Gil Letelier, quien fallecería poco después en un accidente fatal que tronchó su vida en plena juventud (2), portaba como don Carlos un venero de tradiciones campesinas, y la energía y entusiasmo que concede la fe en Chile, cuando prende su llama en el espíritu de sus hijos predilectos. Unidas las figuras humanas del huaso y del soldado chileno, vino entonces a renovarse un vínculo característico de la chilenidad que, desde antiguo, había podido observarse como dos caras de una misma medalla. Un algo nuestro y especial que de un modo casi natural se exhibía desde los tiempos de O’Higgins, Manuel Rodríguez, Santia-

Ibáñez en la Parada Militar.

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muy difíciles para el país. Don Gil Letelier había fallecido varios años antes. Fue a partir de entonces -1952- que la semilla de origen de los guardianes Huasos del Gil Letelier, inició el ahora ya largo periodo de desarrollo de esta institución que se extiende hasta el presente, con más de medio siglo y cada vez más fortalecida. Don Carlos, quien nunca cambió su modo campechano de ser, y cuyo carácter era de aquellos que generalmente identificamos como el propio de nuestros ‘hombres de campo’, prodigó con muchos gestos personales de afecto y adhesión, durante su segundo mandato, aquel realce público del huaso chileno que, junto a don Gil Letelier, habían soñado juntos con años de anterioridad. Formalizada la institucionalidad de los Huasos del Gil Letelier, se reanimó y formalizó su célebre participación en las solemnes Paradas Militares con las cuales, cada año, celebramos las Glorias de nuestro Ejército y Fuerzas Armadas. La presentación de los Huasos en nuestro principal desfile anual de soldados, y la fresca y chispeante “chicha en cacho” que ellos ofrecen a las más altas autoridades como símbolo de fiesta nacional, se había iniciado en tiempos de la primera administración del general Ibáñez, aunque sin la formalidad que hoy reviste; empero, a partir de 1952, esta presentación que sirve de introducción al gran desfile solemne de nuestras Fuerzas Armadas y de Orden, adquiriría carta de ciudadanía insustituible. Así nacen y se consolidan las tradiciones cuando son genuinas. La ‘Chicha en Cacho’ se tornó en un ‘irreemplazable’ y la tradición se extendió a través de las provincias del país a toda clase de actos públicos “dieciocheros”. Al presente, una autoridad que no tome “chicha en cacho” celebrando un 18 de septiembre deja de serlo, por más elegante y sobrio que se presuma. Toman los alcaldes, gobernadores, curas párrocos, autoridades de Carabineros, Bomberos, y cuantas otras existan en cada uno de nuestros

Matrimonio de Carlos Ibáñez del Campo con Graciela Letelier Velasco.

pueblos. El presidente Jorge Alessandri, quien no bebía más que “agua mineral”, no dejó jamás de probar la “chicha en cacho” en todas las Paradas que le correspondió presidir. Y se le vio siempre feliz “empinando el cacho”… Si se revisa en la actualidad el conjunto amplio de actividades que Los Huasos del Gil Letelier desarrollan durante todo el año, podrá advertirse que ellas cubren un vasto panorama de índole cultural que, con mucho, sobrepasan en importancia a sus ramas propiamente deportivas. La música tradicional, la poesía campesina, la pintura que retrata nuestros campos y gente, la historia de nuestro pueblo, la artesanía popular, los cuasimodos y fiestas, los homenajes a los grandes chilenos de todos los tiempos, en fin, allí donde el nombre de Chile aparece significativamente… todo ello es de su interés; y allí se les encuentra siempre, haciendo flamear sus banderas y mantas, apoyando, impulsando, adhiriendo a otras instituciones similares que trabajan con igual espíritu, con un solo norte orientador: ennoblecer la Patria y el nombre de Chile, conforme a lo que auténticamente somos, sin renuncios ni reniegos. La historia de nuestro pueblo ha encontrado en estos nobles huasos a honestos y distinguidos obreros en la construcción del Chile que amamos y por el que sentimos orgullo. Ellos son una expresión de la incomparable fuerza que despliega el sentimiento patriótico cuando hace nido en el alma de los buenos chilenos. Sentimiento que es espiritual, y por lo mismo eterno. Sentimiento del cual ha emanado por dos siglos independientes toda la energía creadora con la cual se ha construido el Chile actual, sin negarse a sí mismo.

Ibáñez en la Parada Militar.

Notas: (1) San Francisco y Santa Nieves. (2) Falleció el señor Letelier a los 38 años de edad, el 15 de agosto de 1933. 71


QuinchamalĂ­. Artes, Letras y Sociedad

Las Paradas Militares en Chile Las glorias militares en el corazĂłn del pueblo chileno. Reconocimiento por su trayectoria en la guerra y en la paz. Una fiesta instalada en el imaginario nacional.

Julio F. Miranda Espinoza Academia de Historia Militar

El Campo de Marte de Giovatto Mollinelli (Museo Nacional de Bellas Artes).

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S

i bien es cierto que solo a partir de 1915 se consagró oficialmente el 19 de septiembre como el día de “Las Glorias del Ejército” (1), declarándolo feriado legal y efectuando una Parada Militar como un homenaje a la Patria, en el país se venían efectuando, desde los inicios del siglo XIX, desfiles o revistas militares, destacándose entre ellas la realizada el año 1832 al conmemorarse el vigésimo segundo aniversario patrio. Bajo una intensa lluvia, el ministro Portales revistó las tropas ante un público eufórico y multitudinario. En esa solemne ocasión, el gobierno del general Prieto decretó que dicha ceremonia debía efectuarse cada 18 de septiembre en forma oficial. En la década siguiente, el presidente Manuel Bulnes, preocupado por dar dignidad y relevancia a las maniobras castrenses, compró en 1843 las 13 cuadras de la Pampilla. Desde entonces, al sitio que hoy llamamos Parque O’Higgins se le denominó Campo de Marte, y los mandatarios no dejaron de asistir montados en espléndidas cabalgaduras al simulacro de guerra que anualmente los días 19 de septiembre se efectuaba en dicho lugar, dándole una solemnidad mayor a las festividades. Afirma don Guillermo Feliú Cruz, que Manuel Montt inventó el traje de etiqueta para la ocasión: “Frac, sombrero apuntado de dos picos con plumas tricolores, espadín al cinto y espolines. Sobre el frac, la banda presidencial”. En la segunda mitad del siglo XIX, cuando los primeros jefes de Estado fueron civiles, como no eran buenos jinetes, adoptaron el sistema de las elegantes carrozas con caballos cuarteados y batidores. En 1869, don Luis Cousiño planteó al gobierno de Pérez Mascayano un proyecto de hermoseamiento del Campo de Marte. La proposición de transformarlo en un parque, incluía un espacio elíptico que se reservaría para las maniobras militares. Por un decreto de fecha 26 de enero de 1870, el Campo de Marte pasó a manos del empresario, que asesorado por paisajistas y arquitectos, efectuó los trabajos que duraron tres años. Finalmente en 1873, el año de su muerte, sería abierto a la comunidad con el nombre de Parque Cousiño (en 1971 fue rebautizado con su actual denominación en honor al Padre de la Patria, Libertador General Bernardo O’Higgins Riquelme).

Parada Militar de 1896. De derecha a izquierda: ministro de Guerra Luis Barros Borgoño, presidente de la República almirante Jorge Montt Álvarez, director de la Escuela Militar teniente coronel Vicente del Solar, instructor de cadetes capitán Gunter Von Below y general Emilio Korner Henze (Col. Museo Histórico Militar).

El año 1879, el país se vio enfrentado a una guerra con dos de sus vecinos. Con las tropas listas para emprender la Campaña de Tarapacá, se efectuaron las celebraciones de las Fiestas Patrias. El diario El Ferrocarril del 22 de septiembre nos ilustra señalando: “Don Aníbal se dio el 19 una fantasía de escolta para la revista… se veía imponente y majestuoso en su coche azul, precedido por una banda de música, y seguido por todo un Regimiento de Caballería… a medida que su Excelencia pasa revista a las tropas, los soldados presentaban sus fusiles y los oficiales sus espadas, mientras en todo el extenso llano se escuchaban vivas a la Patria, repetidas por 20. 000 chilenos”. Con la llegada al país de los instructores alemanes a fines de siglo, las Paradas Militares cambiaron su forma de ser, desaparecieron los ejercicios, y se transformaron en un desfile que se efectuaba al término de algunas evoluciones. Según la Revista de Armas y Servicios del Ejército: “Las Paradas Militares, como las conocemos hoy, nacieron en nuestro país en 1896”. Siglo XX Durante el siglo pasado, la Parada Militar fue evolucionando conforme los tiempos. Es así como por ejemplo, en los primeros años, se incorporaron al desfile entidades civiles, sobresaliendo entre ellas los scouts: “Las Paradas 73


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

se realizaban en la explanada, sin tribuna u otra comodidad para los espectadores, y hasta allí llegaba el Presidente de la República acompañado del Cuerpo Diplomático y autoridades, para presenciar el paso de las fuerzas. El Presidente obser vaba las tropas en desfile, sentado en su carroza, que le ser vía de tribuna, mientras a su alrededor se congregaban, en el piso de tierra, los altos oficiales del Ejército. El público presenciaba el paso de los soldados, desde una prudente distancia, detenido entre los cordones policiales, que formaban un cuadro… Las bandas militares tocaban marchas nacionales y alemanas” (2).

Hitos destacados en su trayectoria 1910.- Con un país enlutado, llorando la muerte de su presidente Pedro Montt Montt, acaecida en Alemania, y el posterior fallecimiento del vicepresidente Elías Fernández Albano, la Gran Parada del Centenario alcanzó ribetes espectaculares, y fue sin duda una representación grandiosa. Catorce mil hombres tomaron parte del desfile, frente a la primera autoridad don Emiliano Figueroa Larraín, acompañado del mandatario argentino Figueroa Alcorta, invitados oficiales, cuerpo diplomático y otros funcionarios que llenaban las grandes tribunas construidas ese año para la ocasión. Iniciaron la marcha el grupo de las escuelas matrices, Escuela Militar de Chile y Colegio Militar Argentino, a continuación la Escuela Naval, Escuela de Ingenieros y Escuela de Suboficiales. Trece Regimientos de Infantería se hicieron presentes, mostrando muchos de ellos los viejos estandartes que participaron en la Guerra del Pacífico. Tras ellos desfiló el escalón de Artillería y luego al galope de sus cabalgaduras la Caballería.

El estreno del timbalero.

Con una gran ovación, fueron recibidos los veteranos del 79 que, en un número cercano a los cuatro mil, algunos con sus uniformes y otros llevando solamente su quepí de guerra y sus medallas, desfilaron orgullosos frente a las tribunas. Cerraron finalmente la maravillosa demostración que rindió Chile a la Patria los scouts, con paso de Parada y su banda de pitos. 1936.- La Parada Militar encabezada por el presidente Arturo Alessandri Palma mostró una gran novedad: “Hizo su estreno la figura del timbalero, quien con maestría conducía su corcel desde los estribos, representando así una de las más nobles tradiciones del Ejército de Chile” (3). 1943.- Se incorporan al desfile los blindados, 160 vehículos motorizados entre los que se encontraban orugas que remolcaban cañones. Participaron también de la formación 14 tanques M-3 A1 “Stuart” de 18 toneladas con tres tripulantes, y equipados cada uno con un cañón y una ametralladora.

Desfile de las tropas en la Gran Parada del Centenario.

1948.- Bajo una copiosa lluvia, el parque Cousiño convertido en un verdadero lodazal repletó sus tribunas con un público entusiasmado, que disfrutó en sus asientos de la fiesta nacional. Antes del inicio del desfile, el huaso chileno don Enrique Quinteros ofreció al presidente Gabriel González Videla un cacho con chicha que la autoridad aceptó complacido. Fue la primera vez en la historia de las Paradas que ocurría un episodio de esta naturaleza, el que con el paso de los años se ha convertido en una tradición mantenida hasta nuestros días. 74


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El presidente acepta dichoso el cacho con chicha.

Presencia femenina en la Gran Parada Militar (La Tercera, 20 de septiembre de 1995).

1962.- A través de las pantallas de Canal 9 de la Universidad de Chile, algunos miles de televidentes de la Región Metropolitana pudieron observar por primera vez una transmisión televisada de la Parada Militar.

alféreces de la Escuela Militar, las que marcharon con gran marcialidad, encabezando el escalón de las Escuelas Matrices de Oficiales.

1969.- Con la presencia del presidente de la República Eduardo Frei Montalva y distinguidos comandantes en jefe de los ejércitos de Argentina, Paraguay y Perú, la fiesta nacional tomó ese año un especial colorido. La nota folklórica la puso una pareja de huasos conformada por María Isabel y Víctor Muñoz, quienes por primera vez durante una Parada Militar interpretaron frente al palco oficial, con especial gracia y picardía un pie de cueca.

2000.- El desfile del año 2000, encabezado por el presidente Ricardo Lagos, rescató para los presentes una de las páginas más brillantes de nuestra historia patria, el Combate de la Concepción, ocurrido en la sierra peruana el 9 y 10 de julio de 1882, ocasión en la que 77 soldados chilenos mandados por el capitán Ignacio José Carrera Pinto rindieron su vida en defensa del honor e integridad de su país. Fue así como la ciudadanía recibió con especial emoción el desfile y los honores de la 4ª Compañía Histórica del Regimiento de Infantería Nº 6 Chacabuco.

1995.- La gran novedad de la Parada Militar de ese año fue la destacada presencia femenina, representada por la belleza y disciplina de las sub-

El primer pie de cueca (El Mercurio, 20 de septiembre 1969).

Siglo XXI

2006.- Una inédita situación histórica se vivió aquel ese 19 de septiembre del 2010, cuando la presencia femenina colocó un tinte especial a la ceremonia del parque O’Higgins, encabezando el

Desfile de la 4ª Compañía Histórica de Chacabuco.

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desfile Michelle Bachelet como presidenta de la República y Vivianne Blanlot en su calidad de ministra de Defensa. “Esto demuestra lo que hemos avanzado como sociedad”… afirmó la primera autoridad de la nación. 2010.- En el Bicentenario de la República, la Parada Militar encabezada por el presidente Sebastián Piñera alcanzó un brillo especial, a pesar de que el país, al igual que para el Centenario, se encontraba de luto con motivo del sismo del 27 de febrero. Al conmemorarse los 200 años de vida independiente, la fiesta nacional mostró varias novedades, entre ellas el discurso inédito del mandatario, en el que rindió un especial reconocimiento a la labor de las Fuerzas Armadas por su participación en las tareas de orden y reconstrucción efectuadas con posterioridad al terremoto. En el desfile, por primera vez en la historia, marcharon 200 personas de civil, representando diversos oficios y portando cada uno de ellos una bandera chilena. Llamó también la atención el paso de un batallón combinado de la ONU, y la presencia de los modernos tanques Leopard 2A4, recientemente adquiridos.

Michelle Bachelet y Vivianne Blanlot, dos mujeres en el mando.

NOTAS: 1.- Decreto Supremo 2977. 2.- Estado Mayor General del Ejército. Historia del Ejército de Chile, Tomo VII, Santiago, Instituto Geográfico Militar, 1985, p. 258. 3.- Departamento Comunicacional del Ejército de Chile. Revista Armas y Servicios, Edición Especial, 2015, p. 9. El presidente Sebastián Piñera ingresa al parque O´Higgins.

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Oficio, escenario y cultura

Es para mí un honor como exalumno, funcionario y exprofesor de esta casa de estudios, ser convocado a estas aulas que forman parte de mi historia personal, aunque sean otros muros, contienen la misma historia y los mismos valores de una universidad que surgió en la provincia y que hoy se perfila entre las principales del país. La invitación ha sido para intentar en unos cuantos minutos presentar ante los nuevos estudiantes el escenario histórico y cultural en el que van a estudiar y que, probablemente, pudiera ser el escenario donde desplieguen sus conocimientos destinados al avance de la agricultura de la región. La Universidad entrega la formación científica, tecnológica y filosófica de lo que debe ser un profesional. Esos conocimientos, que sólo se lograrán con dedicación y disciplina, serán imprescindibles para el ejercicio profesional, pero para ser eficaces requerirán también, no digamos como complemento, que sería empequeñecer su significado, sino como requisito indispensable, un conocimiento del espacio y del tiempo histórico en el que van a desempeñarse. En una palabra, saber dónde se está parado, para decirlo en un lenguaje coloquial. El historiador Jaime Eyzaguirre nos dejó un texto que he citado más de una vez en ocasiones como ésta, cuando se trata de situar a los

Ñuble en la historia, ingenieros agrícolas de la Universidad de Concepción inician su camino.

Alejandro Witker

Director Taller de Cultura Regional Universidad del Bío-Bío

En esta misma oportunidad, se puso la primera piedra de lo que será el Museo Agrícola de la Universidad de Concepción, ceremonia que presidió el delegado presidencial Martín Arrau, el seremi de Agricultura Fernando Bórquez, la delegada presidencial de Cultura Soledad Castro, el alcalde de Chillán Sergio Zarzar y el director general del Campus Chillán, Oscar Skewes Ramm.

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jóvenes frente a las exigencias de su formación profesional. Esta nunca será completa sin conocimiento y conciencia de su condición de sujetos históricos, de personas que llevan en la mochila la herencia legada por quienes construyeron el presente, quienes a su vez fueron herederos de sus antecesores. Como dijo José Ortega y Gasset, los hombres y las mujeres no tenemos solo naturaleza, también tenemos historia. Veamos qué nos dice Jaime Eyzaguirre. “Los animales transcurren guiados por el instinto y al parecer no dejan rastro espiritual. Al hombre en cambio, lo mueven el entendimiento y la voluntad. Solo el hombre tiene herederos. Y porque los animales son apenas un instante fugaz e irracional dentro del existir, carecen de alma colectiva, de sentido y de esperanza en el suceder. El hombre ha recibido, en cambio, el privilegio de tener un destino, de prolongarse en el tiempo y más allá del tiempo: por eso a él le está reservado el honor de ser protagonista de la historia, de nacer en ella, recogiendo todo el pasado, y de transcurrir en ella, enriqueciéndola. Sólo el que se siente depositario de un mensaje escrito con la tinta de los siglos es capaz de marchar por ruta firme con fe inquebrantable. Tiene por delante una misión para los vivos y por detrás el respaldo de los muertos” (1). Este es el punto: somos seres que aprendemos a hablar una lengua construida a través del tiempo, que recibimos los valores de nuestros padres y de los colegios donde aprendemos las primeras letras; que transitamos por calles que otros construyeron, que nos alimentamos de frutos producidos con tecnologías que otros inventaron y que, si necesitamos atender la salud, iremos por una medicina que otros crearon. Todo es historia, la ropa que llevamos, la casa en que vivimos, las letras que aprendemos. En esa historia nos vamos integrando con una conciencia creciente que en la Universidad debería dar grandes pasos por la proximidad con la ciencia y la cultura. Pero será en el ejercicio de la profesión, en el frente preciso del trabajo, en el marco de la sociedad, donde esa integración histórica será total. Mientras más consciente será mejor.

Estimados alumnos, ustedes se incorporan a una Universidad que cumplirá 100 años formando profesionales, investigando y difundiendo las artes y la cultura. Esa historia tuvo también un tiempo heroico que es bueno conocer para valorar cuánto se ha superado aquel sueño provinciano con el gran templo del saber que los recibe. Ustedes inician sus estudios justo cuando la provincia de Ñuble comienza a transformarse en región. Cuando un cambio de estatus administrativo y político plantea a la sociedad de Ñuble enormes desafíos. Aquí hay una historia que contiene notables aportes a la historia de la nación chilena, desde el libertador Bernardo O’Higgins hasta el gran pianista Claudio Arrau, que llevó el nombre de Chillán a los más altos sitiales del mundo artístico. Una agricultura que ha dominado la vida social y que está experimentando cambios dramáticos en que se enfrenta respetables tradiciones con exigencias modernas que abren infinitas posibilidades si se asumen con sabiduría y constancia. Ustedes inician sus estudios en una provincia agraria, es decir, en un escenario propio de lo que será el objeto de vuestro estudio y el escenario de vuestro trabajo. La capital de esta provincia es Chillán, nombre que proviene de lengua originaria, cuyo significado sería “silla del sol”, es decir, el lugar donde el sol pareciera detenerse, irradiando un calor que sofoca. Esta ciudad ha tenido cuatro emplazamientos desde su fundación en 1580 por decisión del mariscal español Martín Ruiz de Gamboa. Se le llamó “La llave del reino” para significar su ubicación estratégica destinada proteger los caminos para el avance de los conquistadores hacia el sur y abastecer a Concepción, centro de operaciones de la “guerra de Arauco”. Sublevaciones indígenas, inundaciones y terremotos obligaron a abandonar la ciudad con la idea de dejarla para siempre, pero la caravana empobrecida que se dirigía a Santiago fue detenida en el río Maule, obligada a regresar para luego participar en la reconstrucción. En 1751 un nuevo terremoto obligó a trasladar la ciudad a un lugar llamado Alto de la Horca, donde se

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Nicole Uslar, Alejandro Witker y José Luis Arumi en la inauguración del año académico 2018 de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, sede Chillán.

sitúa el actual Chillán Viejo. En 1835 nuevamente la ciudad fue destruida y esta vez el presidente Joaquín Prieto ordenó su traslado al actual emplazamiento. Pero todavía faltaría una última prueba: el terremoto de 1939, que destruyó completamente una ciudad hermosa en apariencia, pero construida de adobes y ladrillos. La reconstrucción dio origen a la ciudad que ahora los acoge. Como pueden apreciar, Chillán y las comunas del interior de Ñuble son todas ciudades, mayores o menores, verdaderas hijas del rigor. Escribe el historiador Reynaldo Muñoz Olave: “No hay ciudad en Chile que haya tenido una vida más accidentada que ésta de Chillán. Parece que al nacer ella, alguien hubiera grabado en su frente estas palabras: ‘lucha, trabaja, camina’” (2). ¿Sabían ustedes que Bernardo O’Higgins, antes de ser soldado y gobernante, fue agricultor? Heredero de la hacienda Las Canteras, regresó de Inglaterra en 1802 y se inició como agricultor, tenía 24 años. No en vano había estudiado en Inglaterra y alguna noción de los cambios tecnológicos agrícolas llegaron a su conocimiento. Trajo artesanos que introdujeron tecnologías desconocidas, innovó en cultivos, crió miles de animales, convirtió la hacienda en una de las más prósperas del país. Toda esa riqueza fue entregada con generosidad a la lucha por la Independencia. El costo fue el incendio por acciones realistas. Por esta razón O’Higgins fue considerado, desde la fundación de la Sociedad Nacional de Agricultura (1838), un verdadero ícono. Hace algunos años un ministro de Agricultura hizo poner su retrato en ese ministerio. Ya ven como tienen en quién inspirarse cuando piensen en modernizar la agricultura. Es conveniente no olvidar que el padre de don Bernardo, que fuera gobernador de Chile y más tarde virrey del Perú, era ingeniero, por eso lo envió a estudiar a Inglaterra, que marchaba a la vanguardia de la ciencia y la tecnología en el mundo.

La agricultura marcó el gran salto en la historia de la civilización, fue y seguirá siendo una fuente indispensable para la vida de la sociedad. Estamos frente a una actividad que ha entrado en un verdadero vértigo de cambios tecnológicos estimulados por una economía cada día más internacional, que abre oportunidades para aprovechar las ventajas comparativas y llevar al mercado productos más propicios de nuestras condiciones objetivas y también de las nuevas oportunidades que han abierto los Tratados de Libre Comercio suscritos por el país con múltiples mercados extranjeros. La agricultura chilena ha sido estudiada en unos cuantos libros que pudiéramos llamar “clásicos” sobre el tema, y les haría muy bien a ustedes aproximarse a esos estudios que nos muestran el rico proceso productivo, social y cultural surgido en la hacienda, verdadero núcleo fundacional de la sociedad chilena. Entre estas obras hay un clásico imperdible para cualquier profesional de la agricultura: Chile: su tierra y su gente, de J. Mc Bride, que nos muestra el Chile central visto con ojos de un investigador norteamericano (1938). Una obra más reciente es Historia rural de Chile Central de José Bengoa, en dos tomos, una obra mayor actualizada y rigurosa. La bibliografía es densa y solo cabe buscar buenas orientaciones para comenzar por las obras fundamentales. En Ñuble disponemos de una obra breve pero ilustrativa: Zemita Virguin, Haciendas de Ñuble (1999), de Marcial Pedrero Leal y, del mismo autor, La hacienda Cucha Cucha (2018). Vuestra formación más rigurosa en las aulas no los eximirá de la necesidad de seguir con los ojos y oídos el proceso histórico cultural del país en general y de la región en particular. Ningún profesional tendrá formación completa si cree que el conocimiento está solo en las exigencias del programa académico. Es necesario cono79


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cer el país y la región, hay que prepararse desde el primer día para ser un permanente expedicionario del campo chileno. Conocer el escenario agrícola en terreno, la gente que vive y trabaja en la tierra, no solo sus oficios, también los usos y costumbres, su cultura, puede resultar muchas veces indispensable para el éxito de un proyecto concebido con el mayor rigor académico, pero con la mayor ignorancia del medio donde se va a aplicar. La formación profesional exige la ampliación de cuanto en las aulas se enseña por el conocimiento de experiencias productivas concretas. Conocer grandes proyectos en el terreno mismo es tan importante como conocerlos en las aulas. Pero la realidad es todavía más compleja y exigirá al profesional una cultura general que dan los buenos libros. Claudio Arrau, uno de los más grandes pianistas que ha conocido el mundo, decía que quisiera vivir cien años más para leer todos los libros de historia, filosofía, pintura, escultura, poesía y novelas que no había podido leer. Siempre dijo que nunca se podía hacer grande en ninguna especialidad sin tener un mínimo de cultura general. Por eso, estimados estudiantes, junto con dedicarle la mayor atención a la formación profesional, no olviden que en las bellas letras y en las bellas artes hay conocimiento y belleza que el ser humano necesita para una formación integral. En Ñuble se ha construido uno de los proyectos de ingeniería rural más importantes del país, una obra colosal conocida como el Laja-Diguillín. Hay que verla con los propios ojos, recorrerla y conocer su gestación; a ese mismo propósito apunta otro gran proyecto de riego: el Punilla, embalse que permitirá regar alrededor de 40 mil hectáreas. Nuevos cultivos se instalan en vastos espacios, la vieja maquinaria agrícola es reemplazada por recursos más eficaces, incluso la robótica comienza a asomarse por el campo. Nuevas carreteras cambian los tiempos y las distancias. Este panorama también debe ser objeto de vuestro interés, es parte de una buena formación académica. En Chequén, comuna de Florida, se vive una experiencia agrícola sorprendente, donde un emprendedor visionario fue capaz de convertir tierras erosionadas en un verdadero vergel. Visitar Chequén puede resultar más que motivador, excitante, para espíritus decididos a romper con la rutina y conquistar el cielo con las manos. En ese recorrido por Ñuble adentro, ustedes podrán encontrarse con expresiones artísticas ligadas a la agricultura. En una calle de El Carmen podrán conocer la escultura El sembrador de José Miguel Cid; a la entrada de San Ignacio podrán disfrutar de una escultura en metal que representa la carreta y el labrador, obra de Américo Becerra; el mismo tema pero tallado en madera está a la entrada de la Biblioteca de Yungay, mostrando al genio de Juan Alberto Anabalón; en San Fabián de Alico, otro motivo campesino luce

en la plaza del pueblo, el arriero, obra de Renato Soto; y como estamos hablando de talladores, también en la plaza de San Fabián de Alico luce una escultura en madera de Nicanor Parra, hijo de esa comuna, tamaño natural tallada con maestría por Juan Orellana. Y, si van a Bulnes, encontrarán en la plaza obras campesinas de fierro de Américo Becerra y en la viña Casanueva una obra sencillamente espectacular también de Américo Becerra: La Zaranda que evoca el antiguo proceso para producir el vino y la chicha. En fin, cuando vayan Ñuble adentro, háganlo con los ojos bien abiertos para recuperar toda la riqueza que está a la vista y esa otra que podrán recuperar conversando con los más viejos que les contarán no solo leyendas, también cómo era la vida por esos lares hace apenas 30 o 50 años, cuánto se demoraba un viaje a Chillán, cómo era la vida sin electricidad, cómo se sacaba una muela y cómo se enseñaban las primeras letras en modestas escuelas por modestos pero verdaderos profesores. Chillán tiene ahora un teatro espectacular que los espera para disfrutar de la belleza, el Teatro Municipal; Chillán tiene ahora un espectacular campo deportivo que los espera para múltiples actividades, Quilamapu. Ha cruzado los siglos una sabia sentencia: No solo de pan vive el hombre. Es condición del desarrollo humano conquistar y cuidar la naturaleza para asegurar el sustento en el largo plazo, sin olvidar nunca que vamos de tránsito y que todo lo que existe será heredado por otros que tienen derecho a disfrutar de esa naturaleza, y que ningún interés inmediato puede justificar su destrucción. Pero no solo se trata de conquistar y cuidar la naturaleza, los seres humanos no solo necesitamos escuchar al vientre y satisfacerlo, como decía Homero, también tenemos que conquistar y cuidar nuestro propio ser, lo que implica el cultivo del espíritu, que se hace con valores que marcan la verdadera diferencia, como dijo un escritor entre la casa del hombre y el establo. Comienza aquí para ustedes una etapa muy decisiva en vuestras vidas. Aquí se forjará un nuevo profesional para la agricultura chilena y tienen que prepararse para cumplir esa tarea con la mayor eficiencia posible. Entender que el paso por estas aulas les dará apenas las bases para un desempeño profesional, pero que tendrán que estudiar toda la vida, porque la ciencia y la tecnología no pararán jamás. Pero sería bueno también que comprendieran a partir de ahora mismo que la formación profesional no basta y que el proceso de humanización demanda cultivar el oficio y cultivar el alma. Conferencia inaugural, año académico 2018, Facultad de Ingeniería Agrícola, Universidad de Concepción, Chillán. Notas: 1.- Hispanoamérica del dolor, Editorial Universitaria, Santiago 1969. 2.- Chillán Sus fundaciones y destrucciones, 1580-1835. 80


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El principal centro minero de Chile se enfrenta al mundo que viene: automatización, robótica, digitalización, camiones autónomos y tercerización de actividades ajenas al corazón del negocio, pero la nueva historia es inevitable.

Eduardo Loyola Osorio Abogado Ex alto ejecutivo de Codelco

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as oficinas de Chuquicamata están en Calama, ciudad-dormitorio de trabajadores residentes, cada vez menos, y trashumantes ligados a la industria. De estética precaria y poco glamour -no ha recibido compensaciones suficientes por las riquezas que sacan de sus entrañas-, se llega allí desde Santiago en menos de dos horas, en vuelos sin escalas. Trabajadores, ejecutivos y contratistas en jornadas excepcionales -que les facilitan vivir en la capital y otras ciudades del centro-, copan los aviones para aterrizar en una urbe que conserva aires del pasado, aunque la empiezan a poblar torres de dudoso gusto. Proveedores, consultores y buhoneros de cuello y corbata, fauna variopinta que merodea la minería, son parte del paisaje del aeropuerto y los hoteles locales. También extranjeros que vienen de lugares lejanos a explorar el Valle de la Luna, San Pedro, volcanes, geiseres, belleza salvaje, a veces intocada. Desde el aire se puede observar la grandeza industrial de Chuquicamata, porque el campamento de la época de los gringos hace años no existe más, salvo algunos lugares de culto. En la memoria perviven pulperías, escuelas, estadios,

casinos, “Chilex” exclusivo para la élite, el teatro y un regimiento en el corazón del mineral. Durante gran parte de su historia, la mina a rajo abierto más grande del mundo tuvo hospital, cementerio, templos e iglesias, curas y pastores y los trabajadores se acostumbraron a ese modo de vida. Pero esa realidad fue mutando, progresivamente. Se fueron los gringos; cerraron las pulperías y actividades periféricas al negocio principal y pronto se tercerizarían otras. El llamado de alerta más duro ocurrió cuando la zona industrial empezó a tragarse el campamento y el hospital Roy H. Glover quedó sepultado por toneladas de lastre y, con ello, parte importante de la historia personal y colectiva de la gente. Y entonces los “viejos” y sus familias supieron que la vida de campamento se terminaba y bajaron a Calama o, si estaban en etapa de retiro, a vivir en sus tierras de origen o ciudades donde ésta fuera más amable. En la mudanza, además de lo obvio, recuerdos de amores legales y clandestinos, de bailes y olimpiadas, de luchas sindicales y políticas, de marchas por el desierto exigiendo democracia, de amistades crecidas al calor y al frío de la pampa, lo material e inmaterial acumulado a

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lo largo de sus vidas, menos los antepasados que vinieron, trabajaron y se quedaron para siempre en el cementerio del mineral. Chuquicamata, hoy, rodeada de faenas de data reciente, públicas y privadas, con el rajo cada vez más profundo, los botaderos cada vez más lejanos y la ley del mineral más baja, no tiene alternativa: debe seguir mutando… o muere. Por ello, se transforma en subterránea, única manera de seguir produciendo en condiciones de competir en el mercado. Kilómetros infinitos de túneles dan cuenta de ello, antesala de otros cambios en la estructura productiva, en la incorporación de hombres y mujeres con nuevas competencias y, tal vez, un marco contractual distinto del actual para regular la convivencia entre empresa y trabajadores. Construir una Chuquicamata sostenible integralmente es el nuevo desafío de Codelco. Para alcanzar el objetivo, viven una revolución. Se trata de armar un mundo nuevo que rescate la historia, la honre y rinda tributo, pero, al mismo tiempo, sea capaz de sepultar los atavismos y formas de hacer gestión, ayer de punta, hoy prescindibles. Hay avances y retrocesos, principalmente por diferencias de los responsables del

proceso con los “viejos” y sus dirigentes. Unos buscan acelerar el paso y los otros ralentizan la construcción del futuro, a menos que el mineral se haga cargo de reconvertir y reubicar a trabajadores actuales o acuerden planes de egresos con beneficios pre y post finiquitos. Los trabajadores conocen la verdad y les duele, más aún, cuando los empleos directos de la minería -no obstante el crecimiento del sector-, no están a la vuelta de la esquina y ésta, además, demanda nuevos talentos y conocimientos de punta (la minería “de pico y pala”, de bajas competencias, hace años que murió). Y, como si nada ocurriera, también hay “viejos” incrédulos que mantienen vivo el cuento de sus antepasados: “damos una patada al cerro y sigue saliendo cobre”. Otros tiempos, de riqueza de nunca acabar, que se transformó en una cultura que impregnó a esas generaciones y a sus herederos. Una mirada, construida artificialmente en tiempos de bonanza y paternalismos, que hablaba de una Chuquicamata eterna. Hoy, “los viejos” viven una realidad dramática y el futuro les resulta amenazador. Para defenderse, se aferran a la historia, a su épica, de-

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fienden el contrato colectivo, “el Libro”, aunque algunas normas pequen de obsolescencia o sean inviables en el nuevo paradigma. Les resulta duro el nuevo escenario: los amenaza la adaptabilidad y flexibilidad para enfrentar el mundo que viene, con automatización, robótica, digitalización, camiones autónomos y tercerización de actividades ajenas al corazón del negocio, entre otras medidas posibles. Pero no se trata de estigmatizar a nadie. Los refractarios merecen respeto y necesitan ser convencidos, dentro de plazos razonables, no solo porque perderán buenas “pegas”, sino además porque son hijos, nietos y bisnietos de los que ayer, junto con extraer el cobre para los gringos y luego para el Estado de Chile, construyeron -con pliegos de peticiones y huelgas- su propio estado de bienestar que, más tarde, inspiraría leyes para el resto de los asalariados criollos. Son los mismos que lucharon por la nacionalización del cobre; que apoyaron al presidente Allende, aunque algunos, más tarde, le volvieran la espalda; son los mismos trabajadores que en 1983 se alzaron demandando democracia y recibieron apoyo de la mayoría de los chilenos. Son los mismos que han mantenido productivo al mineral por un centenar de años. Y los dirigentes, desde su trinchera, ven que se reducirá la plantilla, perderán afiliados, financiamiento y protagonismo. Para colmo de males, lejos de concentrar esfuerzos para una interlocución potente, crean nuevas organizaciones o se

desgastan en peleas de nunca acabar. Y, aun así, conocedores de los sentimientos de la gente, intentan poner freno a la celeridad de los cambios, a la construcción del nuevo orden. Y reaccionan, bien que lo hagan, aunque a veces, con discursos fuera de tiempo. El diálogo y la búsqueda de consensos con los ejecutivos que ejecutan el mandato de Codelco y, por ende, de todos los chilenos, debiera ser la respuesta. Sería una negociación inédita y desafiante: armar un mundo distinto y esperanzador para una Chuquicamata con más de cien años de historia. Pero si no hay disposición a avanzar de manera conjunta, no es de extrañar que las medidas se adopten, finalmente, de manera unilateral. Cuando se observa el panorama del norte, vuelven a la memoria las medidas adoptadas en el gobierno del presidente Aylwin. Las minas de carbón de la cuenca del Biobío, de Lota y Coronel, por no adaptarse a los nuevos escenarios de costos y precios, perdieron viabilidad. Y, en plena democracia, con dolor, hubo que dar la última paletada y poner un candado por fuera, con posibilidad cero de que se vuelvan a abrir. Ello no debiera ocurrir en Chuquicamata. Las partes están a tiempo para avanzar con prontitud a una solución satisfactoria para Chile y los chilenos, finalmente, los dueños del mineral. El Mostrador, Santiago, 01-V-2018

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Miguel Laborde:

“Los extranjeros me abrieron los ojos sobre Chile”

Elena Irarrázabal Sánchez Periodista. Santiago

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ace 51 años, en 1967, un joven estudiante de Derecho recogía a grupos de extranjeros que llegaban al aeropuerto Cerrillos. En los 20 minutos que duraba el trayecto hasta el Hotel Carrera –sin tráfico, sin tags, sin Transantiago– tenía que “presentar Chile” a franceses, australianos, alemanes, estadounidenses. A veces también los acompañaba a Portillo, Valparaíso y Pomaire. “Sus miradas eran muy distintas. Con ellos fui descubriendo la originalidad de este país, algo que viviendo de la cultura chilena nunca había percibido. Fueron extranjeros los que me abrieron los ojos sobre Chile”.

tiplano. Me embarque y me encontré ¡con ese prodigio que es el lago Chungará! Nadie lo conocía. Respecto de esa ignorancia total hemos avanzado mucho. Lugares como la Patagonia, Chiloé, La Araucanía, y el valle de Elqui se han llenado de connotaciones. Pero eso no ha traducido en un compromiso con el patrimonio, aunque creo que las nuevas generaciones sí lo valoran y eso se va a traducir, ojalá más temprano que tarde, en un cambio de la sociedad. ¿Y el mayor retroceso? -La destrucción ha sido pavorosa. Yo renuncié a la comisión de Patrimonio del Colegio de Arquitectos porque era un obituario permanente. En cada reunión se oía de la destrucción de dos o tres patrimonios valiosos. Hoy, ya un poco tarde, hay que decirlo.

Miguel Laborde Duronea (1949) tenía, además, cuatro abuelos inmigrantes de origen vasco-francés. “Vivía en Chile, estaba en un entorno de vascos franceses y en un colegio norteamericano. Fue natural que el tema identitario surgiera como problemática. Además fui un nadador en ríos y mar y eso me acerco a la geografía. También fue clave un viaje por Latinoamérica durante un año y medio, en el que me impresionó mucho Tiahuanaco. Ese paisaje, esa arquitectura, esa atmósfera me marcaron”.

Al recibir el premio se refirió a las miradas fragmentadas de nuestra historia, que dificultan la conmemoración del patrimonio común. -En la medida en que no hay relato e imaginarios inclusivos, empiezan ´los patrimonios tuyos´ y los ´patrimonios míos´. Y esos sesgos generan diferencias. Una vez oí en una reunión que quienes se preocupan del patrimonio en realidad defendían ´las casas de los tatas´. Esta fragmentación de los relatos es muy nociva cuando los recursos son escasos. Se pierden patrimonios que, si hubiese ciertos consensos, se podrían salvar.

Hace unos años, a Laborde lo invitaron a integrar el Instituto Mundial de Geopoética, fundado por un profesor de La Sorbonne. “Sin darme cuenta, era eso lo que andaba buscando, el estudio de aquello que los griegos llamaban ´el espíritu del lugar´, en una lectura asociada al arte y la cultura. Partiendo de las visiones que forjaron los pueblos originarios y que dieron origen a la primera poesía”. Autor de numerosas publicaciones sobre arquitectura, historia y urbanismo, columnista de El Mercurio sobre la ciudad de Santiago, director de la revista Universitaria de la UC y el profesor de la UDP, cuesta encasillar a Miguel Laborde. Él nos ayuda: “Yo diría que escribo y hago clases sobre relatos e imaginaros de Chile. Cultivo la Geopoética y o identitario de nuestro país”. Hace unos días, estas múltiples artistas lo hicieron merecedor de la “Orden de don Pedro de Valdivia” en el grado de caballero comendador, otorgada por el Instituto de Conmemoración Histórica, dirigido por Sergio Martínez Baeza.

No a la idealización “Hay países que han renegado de una cultura matriz, pero nosotros hemos renegado de nuestras dos culturas matrices: la española y la mapuche”, reflexiona Miguel Laborde sobre la falta de una base sobre la que reflexionar en torno a nuestra identidad. Y piensa que es peligroso tanto ese rechazo como idealizar las culturas. -A veces falta rigor. Con las mejores intenciones se producen idealizaciones que no son verdad. Como la descripción de un mundo indígena que no tenía propiedad privada, que vivía en contacto y armonía total con la naturaleza. Idealizar con códigos actuales resulta atractivo y la gente lo incorpora, pero no es cierto. Estas culturas eran de verdad y como toda sociedad real tenía luces y sombras. Eran humanas, no angelicales. También, culpar de todo mal al español invasor significa cegarnos al hecho de que España haya sido capaz, con sus variantes regionales, de generar una riqueza cultural que nos ha nutrido

Tuvo una preocupación temprana por nuestra cultura y patrimonio. Hoy, ¿cuál siente que ha sido el mayor avance en todos estos años? -En la década de los 60, Chile tenía una muy baja autoestima de sí mismo, en todo sentido. Y por lo tanto había mucha indiferencia y desinterés por el patrimonio. En esos años recuerdo que tras un viaje por América llegué a Arica. Pregunté qué había interesante de ver y me contestaron ´nada, mejor vaya a las playas de Brasil´. Y casi por casualidad divisé un letrero que ofrecía viajes al Al86


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y de la que hacemos uso hasta hoy. En la medida en que cubrimos todo bajo la pantalla del saqueo y la violación, ya no podemos ver. Y obviamente el relato del indio ladrón y borracho frente a los ´buenos colonos´ también ciega la posibilidad de conocer ese mundo. Por tanto, estamos casi en el punto de partida. Ojalá haya más rigor en lo que se dice y enseña.

En provincia falta, con excepción de Valparaíso y Concepción, que tienen academia y militancia. El mundo universitario cumple un rol importante en lo urbano. Ha ido inventariando y poniendo en valor el patrimonio. Donde no hay catastro es fácil que desaparezca todo. El desguace de las ciudades salitreras en los 60 para sacar el pino oregón a nadie le importó, no había investigación que hubiese puesto en valor ese patrimonio”.

En este plano usted destaca la mirada de Vicuña Mackenna.

Y en el caso de Santiago, ¿piensa que hace falta un alcalde mayor?

-En una época en que se importaban árboles europeos para los parques, Vicuña Mackenna habla del bosque nativo; en un tiempo en que se despreciaba a los indígenas, él los reivindica. Y no se confunde, dice que venimos de España, no conozco a nadie que haya visto todo eso tan claro. Tenía además una gran conexión con la cultura y el humor popular. Uno lo lee y él es totalmente chileno, es un mestizo cultural cabal. Como intendente, su visión para ampliar Santiago hacia el sur olvidado, con su paseo y teatro popular, es muy significativa. Como todo personaje, ha recibido críticas, entre otras por su visión ´afrancesada´ de la ciudad. Pero lo he estudiado, lo he leído y creo que en él se puede reconocer a un chileno, un contemporáneo nuestro.

-Sí. Los grandes proyectos urbanos requieren mucho más que un alcalde. Hay desafíos de transporte, medioambientales, sociales, que requieren grandes respuestas. Que nadie hoy plantea. -Yo he celebrado el proyecto del exintendente Orrego en torno al eje Alameda-Providencia. Es un plan a largo plazo, pero que es decisivo. Lo mismo pienso del proyecto sobre los 26 ´cerros-isla´. Tendríamos otra ciudad con 26 cerros forestados que además se concentran en las comunas más necesitadas de áreas verdes. Son proyectos muy a largo plazo. Ojalá podamos tener otro intendente impulsando proyectos que no va inaugurar y que no le van a dar popularidad.

Sin investigación no hay rescate A finales de los 60, el joven guía turístico se sentía cada día más lejano del Derecho. “Me incorporé a la UC y su área de Comunicaciones. Y poco a poco comencé a descubrir las ciudades chilenas, desde su marco geográfico hasta su orden. En otras urbes de América Latina había un urbanismo indígena previo que fue aprovechado por los españoles, pero en Chile, en general eso no ocurrió. Tuvimos una pureza geométrica excepcional, que al mismo tiempo fue dialogante con el paisaje. Me fascinó ver cómo lo filosófico, lo religioso, lo político se iba sintetizando en una obra que es la ciudad y su arquitectura.

¿Qué otros proyectos rescata? -Una experiencia que me resultó sobrecogedora fue el Hotel Singular de Patagonia y poder ver el frigorífico Bories, una construcción fundacional de Puerto Natales, abierto al turismo con posibilidad de entrar al mundo ganadero con sus espacios magníficos. También me resulta esperanzadora la transformación de Providencia. Le habría rescatado algún sector de mansiones o grandes casas, como se hizo en Bogotá, trasformando en polo gastronómico y peatonal. Pero en general se salva el ambiente arbolado y ajardinado y unos ambientes que han permitido una vida muy urbana, de cafés, ciclovías, plazas, librerías, restaurantes, teatros, que se proyecta con barrios muy residenciales o temáticos muy diversos.

Hoy, en materia arquitectónica, ¿le preocupa Santiago? ¿O más bien las regiones? -Me inquietan más las regiones. Cada una posee desafíos y requiere respuestas propias. No puede haber una dinámica desde Santiago, son búsquedas que necesitan una sensibilidad y conocimiento del lugar que involucre al sector privado, público y la academia. En Arica, por ejemplo, el nuevo mall ha puesto en crisis el paseo céntrico. La inmigración en Antofagasta ha generado zonas de enorme precariedad. En Santiago, en cambio, hemos avanzado en catastros e investigación académica y la sociedad civil está más empoderada.

Finalmente, ¿la creación de una subsecretaría del patrimonio le parece una buena idea? -Creo que debe haber alguna institucionalidad responsable de empujar el carro, la gestión es muy importante. Que haya un líder oficial dentro del sector público es de celebrar. Antes de que se acabe el patrimonio… El Mercurio, Santiago de Chile, domingo 22 de abril de 2018. 87


Punto aparte

Claudio Gay, Una chingana en Chile del siglo XIX, 1853.

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Concepción, ciudad de la

Independencia La Independencia de Chile tuvo en nuestra región su gran escenario militar y político. En la plaza penquista, llamada Plaza de la Independencia, O’Higgins declaró la Independencia de Chile.

Armando Cartes Montory

Doctor en Historia Director Archivo Histórico Concepción Plaza de la Independencia de Concepción, en 1879.

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a Independencia de Chile no fue cuestión de un día, sino la consecuencia de un largo proceso. Con matices y diferencias, las jóvenes naciones americanas vivieron una lucha ideológica, política y militar, que es la que más suele recordarse. El derrotero de la emancipación tuvo avances y retrocesos. Dio lugar a la construcción de panteones nacionales, poblados de “héroes de bronce”, tribunos, caudillos y estadistas. En décadas recientes, nuevas perspectivas de estudio, propias de la renovación permanente de la ciencia histórica, han dado lugar a estudios originales, en un tema que hasta hace poco parecía ya agotado. Así, en tiempos recientes se ha reivindicado el papel de otros actores, como los indígenas, los provincianos o el bajo pueblo en los complejos eventos de 1810 (1). Un congreso nacional e internacional, celebrado en Quito en 2009, abrió el ciclo de los Bicentenarios, pues conmemoraba los 200 años de la Junta establecida en 1809 en esa ciudad. En los años siguientes, Colombia y el Río de la Plata, entre otros antiguos reinos y virreinatos, iniciaron su propio camino hacia la independencia plena (2). En el caso de Chile, una Junta de Gobierno constituida en Santiago, el 18 de septiembre de 1810, fue más bien la culminación que el comienzo de la primera etapa del proceso emancipador. A través de esta junta actuaron los revolucionarios de la provincia de Concepción en alianza con los santiaguinos, encabezados todos por el penquista Juan Martínez de Rozas. Quien fuera el “fundador y maestro de la revolución chilena”, al decir del cronista realista Melchor Martínez, ocupó, en efecto, la presidencia de hecho de la Junta, desde la cual impulsó el avance de la revolución. Con medidas tan rupturistas como la conformación de un Congreso Nacional o la decretación de la Libertad de Comercio, se impulsó la soberanía popular y la representación territorial, la libertad política y económica. Conceptos que hoy parecen obvios, pero que en su época importaban profundas innovaciones y no menores riesgos. Eran tiempos en que alguien podía irse preso por la osadía de llamarse ciudadano… La crisis de la monarquía española, con la ocupación de España por tropas napoleónicas y la prisión del rey Fernando VII, toma a los dominios americanos de sorpresa. Aunque el

imperio ya decaía y algunos imaginaban la revolución, todo fue muy prematuro. Así se explica la larga guerra fratricida, las confusiones ideológicas y las dificultades para organizar Estados viables y efectivos. No había todavía una conciencia nacional o una identidad definida de “chilenos”, en sentido político. Las lealtades eran múltiples y se asociaban más bien, en el caso de los “españoles” de la Península y de América, a la religión católica o la monarquía; a identidades étnicas -los mapuches y otros pueblos- o intereses corporativos y, sobre todo, al territorio. En una época en que pocos viajaban, la identidad se identificaba al espacio político en que se desenvolvía la vida: la provincia. En ella imperaba el cabildo y, en el caso de la provincia de Concepción, la intendencia. Con este marco mental y geográfico entraron los sureños al proceso revolucionario. Concepción, despuntando el siglo XIX, vivía un buen momento y vio, en los eventos de 1810, la posibilidad de participar en la construcción de un país nuevo, soberano y con autonomía de sus espacios provinciales. Con este fin sus elites delinearon una estrategia clara y realizaron múltiples acciones. Intentaron abrir un camino directo a Buenos Aires, por Antuco, a fin de desviar el comercio del Perú a Talcahuano. Se relacionaron con los patriotas del Río de la Plata y estimularon el libre comercio y la formación de gobiernos triunvirales y un Congreso Nacional. Nunca plantearon, en cambio, separarse de Chile ni asumir la capitalidad del

Concepción en 1790, según José del Pozo.

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reino. Por eso fueron grandes impulsores del nuevo “sistema”, como se le llamaba entonces; uno que impulsaba la autonomía provisoria, por la ausencia del rey y que terminó en una lucha abierta por la independencia plena. La chispa de la revolución, según el naturalista e historiador francés Claudio Gay, surgió en el sur: “la provincia de Concepción, fue en donde se empezó a notar la agitación de los espíritus, y allí también se produjo el principal fermento simbólico de la libertad, el cual se alzó y creció a influjo de don Juan Martínez de Rozas, que puede ser mirado como el alma de aquella grande revolución” (3). Muchos de los líderes, patriotas y realistas, venían de esta zona (4). Más allá de la Declaración de Independencia, que celebramos en estos días, Concepción -la ciudad y la provincia- se comprometió mucho con la Independencia. Al principio le fue muy bien, obtuvo la libertad de comercio y 12 asientos en un Congreso de 36 diputados. Pero luego terminó mal, pues fue el escenario de la guerra, que le trajo desolación y muerte, migraciones forzadas y una grave dislocación de su economía y sociedad. Recordemos que muchos líderes del bando patriota y realista eran de esta provincia (5). Es el caso, por ejemplo, de Martínez de Rozas y Luis de la Cruz; Ramón Zerdán, presidente del Primer Congreso Nacional; o el

mismo Bernardo O’Higgins, quien fuera subdelegado del Laja, alcalde de Chillán, diputado por Los Ángeles e intendente de Concepción antes de ser Director Supremo (6). En los clubes patriotas penquistas de los Serrano, Prieto y Urrutia, en alianza con los larraínes santiaguinos, se fraguó la revolución. La gran mayoría de los combates de la Independencia, incluyendo varios desembarcos -salvo Chacabuco, Rancagua y Maipú-, tuvieron lugar en esa provincia (7). Concepción fue ocupado once veces por patriotas y realistas durante la Independencia, su catedral fue cárcel, 300 patriotas estuvieron presos en la Quiriquina, incluyendo el futuro presidente Manuel Bulnes, varios se ahogaron tratando de escapar. Los indígenas hicieron una guerra terrible (8). Allí la guerra no terminó en Maipú, se prolongó hasta 1830, trayendo gran violencia, destrucción económica y desolación. En fin, Concepción pagó un alto precio por la libertad de Chile, por lo que promovemos que estos eventos no sean tratados livianamente, como una simple cuestión de fechas y celebraciones. Por todo esto, Concepción siente la emancipación como un proceso nacional, pero también muy propio. Por algo su plaza principal, hace 150 años por lo menos, se llama Independencia. Y es una plaza histórica. Allí estuvo el Cabildo donde se formó la Junta Provincial, la

Presentación de proyecto Parque Ciudad Independencia, en los Morrillos de Perales, en 2016, con presencia del intendente Rodrigo Díaz W., el alcalde de Talcahuano Gastón Saavedra y diversas autoridades públicas y privadas.

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catedral que fue prisión, la casa habitación de Martínez de Rozas y sus cuñados Mendiburu, coroneles patriotas y diputados del primer Congreso; de Luis de la Cruz, el hombre que proclamó la independencia el 12 de febrero en Santiago, el mismo día que ese hecho ocurrió en Talca; hubo asambleas y combates; y frente a la actual Avenida O’Higgins, donde estaba el Cuartel de Dragones, el mismo día y en la misma ciudad en que se declaró la independencia en Talcahuano, la proclamó por vez primera, el 1º de enero de 1818. Y así siempre se ha recordado y celebrado, de manera digna y con sentido histórico. Entre tantos eventos que tuvieron a la región del sur como escenario, interesa hoy especialmente recordar la Declaración de la Independencia de Chile y los eventos que la rodearon. ¿Qué ocurrió en 1818? En breve síntesis digamos que en 1817 ya parecía oportuno declarar la Independencia; las Provincias Unidas del Río de la Plata lo habían hecho el año anterior (9) y ante las potencias extranjeras era necesario mostrar que Chile era un país soberano y no solo un territorio insurgente. Es posible que O’Higgins planeara realizarlo con San Martín en Santiago, a principios de 1818, o incluso en Talca. Pero la historia es la historia. El fracaso del asalto al morro de Talcahuano el 6 de diciembre anterior y el desembarco inminente de la expedición de Osorio, precipitó los hechos. O’Higgins pasó gran parte de 1817 en su campamento de Perales, cerca de Talcahua-

no, dentro de los términos de Concepción y en su cuartel de esta ciudad, esperando que el tiempo mejorara para atacar. Obligado a abandonar la provincia, en su campamento de Talcahuano, el 1º de enero declaró la Independencia de Chile y, la tarde del mismo día, la proclamó por vez primera en la Plaza de Concepción. Ese es el día clave, en que Chile deja de ser un reino, un dominio sometido, para pasar a ser un Estado soberano, del punto de vista jurídico. Todos los actos posteriores de proclamación fueron útiles para solemnizar o dar publicidad a ese gesto, pero ya no cambió nada, pues Chile después del 1º, ya era un país jurídicamente soberano. Esa declaración es la que luego proclama en Talca y varias otras ciudades. Para que no nos confundamos: “Proclamar” según el diccionario de la Real Academia Española significa “publicar en alta voz algo para que se haga notorio a todos”. La Proclamación, en una época sin Diario Oficial ni redes sociales, era la forma tradicional de difundir los actos de gobierno. Así, las reales cédulas que el rey firmaba en Madrid se proclamaban en las plazas de América. ¿Alguien por eso sostendría que su fecha o lugar de emisión es Lima o Bogotá y no el día y la locación madrileña en que el rey las suscribe? En el caso del documento proclamado en Talca el 12 de febrero esto es todavía más obvio, pues el mismo Director Supremo exigió que se incluyera la fecha del 1º de enero y el lugar de Concepción, donde ocurrió el hecho que se proclamaba. ¿Es raro que un acto tan importante se realizara en un campamento militar? Es que Perales no fue cualquier lugar. Para O’Higgins, Talcahuano era el Gibraltar de América. A pesar de que había dejado a Hilarión de la Quintana como Director Supremo delegado en Santiago, desde ahí el Libertador gobernó a Chile. Desde ese lugar, en efecto, tomó importantes disposiciones, como la creación de la Legión al Mérito y de la primera Moneda; ordenó eliminar los títulos de nobleza, y, en general, comandó la guerra y las relaciones con los mapuches. La Declaración fue un acto más, el supremo, en ese lugar tan cargado de historia. Argumentos en contra de este hecho he escuchado varios. Uno que merece que nos hagamos cargo es el hecho de que nadie ha visto el Acta de Concepción. En este punto demos la palabra a Luis Valencia Avaria, el mayor experto en la vida y obra de Bernardo O’Higgins:

Medalla de la Legión al Mérito de Chile.

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“Como no es conocido el texto del acta que se dio en Concepción y sí lo es el que O’Higgins aprobó más tarde en Talca, un juicio ligero podría llevar a negar o dudar de la fe que merece la tradición recogida por Carlos Oliver, aun cuando ella está tan explícitamente corroborada por O’Higgins”. “Este documento bien puede encontrarse en los archivos limeños o españoles, tal cual ocurrió con el acta de independencia de las provincias unidas del R ío de la Plata, una copia se envió a Santiago que se aseguró que había sido incinerada en la plaza y luego se encontró en el Archivo Nacional” (10). Anduve hace un tiempo en el Archivo de Indias, en Sevilla, y aproveché de buscar las proclamas de Ordoñez. Aparecieron varias, aunque no la de la Independencia, por desgracia, pero mañana podría aparecer. ¿Qué puede decirse en prueba de la Declaración de Concepción? Desde luego es prueba bastante el Acta misma de la Proclamación, jurada en Talca y Santiago el 12 de febrero de 1818, en que O’Higgins exigió consignar que había sido dada la declaración de su mano, en el palacio directorial de Concepción, a 1º de enero. Es de sentido común, pues se trata del Libertador refiriendo un acto propio y nunca contradicho por sus contemporáneos. Hay una serie de firmes tradiciones recogidas por Carlos Oliver Schneider hacia 1920, de antiguas familias patriotas y realistas; y validadas por Luis Valencia Avaria (11). Si a alguien le incomoda que sean tradiciones orales, hago presente que mucho de los datos que consignan la historia de Claudio Gay o de Diego Barros Arana, son también testimonios orales que ellos recogieron de los protagonistas, de terceros o sus descendientes. Las pruebas más concluyentes, en todo caso, que no pueden desconocerse, son los mismos testi-

Retrato del general José María de la Cruz y Prieto (José Gil de Castro). Pinacoteca de la Universidad de Concepción.

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Independencia de Chile en la Ciudad de Concepción…” (13). La legalidad y la legalización de ese documento es indubitable, pues está ratificado en todas las instancias. Está publicado en Internet por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, cualquiera puede consultarlo. En términos similares se expresa O’Higgins, en nota al presidente Manuel Bulnes, suscrita ante el escribano público de Lima don Baltazar Núñez del Pardo, en octubre de 1842: “Yo, Bernardo O’Higgins (el mismo que en 1º de enero de 1818, como órgano de la voluntad nacional, declaré la independencia de Chile en mi campamento cerca de la ciudad de Concepción)…”. El documento se halla en el Archivo Nacional y ha sido publicado (14). Algunos han pretendido afirmar que la fecha es simulada. La verdad es una sola y para conocerla basta seguir leyendo lo que O’Higgins dispuso en el mismo documento. Pide que el Estado le compense lo que perdió con las guerras de Independencia y que parte de ello se destine: “…al establecimiento de un Colegio de Agricultura en el punto más conveniente del terreno que ocupó mi campamento cerca de Concepción, cuando firmé la declaración de la independencia nacional, y mi voluntad es que tan luego como se construya la capilla de aquel Colegio, sean conducidos allí mis restos mortales y depositados para siempre”.

Instrucciones hológrafas de Bernardo O’Higgins a su hermana Rosa para testar en su nombre. Inventarios de bienes, Archivo Cámara de Diputados (extracto).

monios del Libertador, como la Proclamación ya referida. En su testamento, además, pide que se cree una ciudad llamada “Independencia” en el lugar donde estuvo su campamento en Talcahuano, donde la declaró (12). En las instrucciones notariales que dejó O’Higgins ante el escribano público de Lima don Baltazar Núñez del Pardo, en octubre de 1842, para delegar en su hermana Rosa la facultad de testar a su nombre, expresa: “Digo yo Bernardo O’Higgins, Capitán General de la República de Chile, Brigadier de la de Buenos Aires y Gran Mariscal de la del Perú, y que en 1º de Enero de 1818, como órgano de la voluntad nacional, declaré solemnemente la Monolito en la Plaza Independencia de Concepción.

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Por todo lo expuesto, estimo que no pueden negarse las afirmaciones rotundas y cargadas de sentimiento del prócer sin traicionar su memoria. Sobre estos eventos, no obstante, hubo hace unos meses un aparente debate, promovido por la autoridad edilicia talquina, acompañada de un festival musical y el intento de establecer un feriado local. Se promovió incluso la instalación de una modesta estatua del Prócer, iniciativa siempre loable, pero que señala a Talca como lugar de la Declaración de Independencia de Chile, lo que es manifiestamente erróneo. Así tuvimos la oportunidad de aclararlo en un interesante encuentro académico organizado en esa ciudad por la Universidad de Talca a través del Instituto de Estudios Humanísticos Juan Ignacio Molina, con altura de miras y rigor académico. Allí se escucharon ponencias de connotados académicos y se intercambiaron opiniones, todo lo cual se vertió en una publicación (15). En Concepción, por aquellos días, los alcaldes Álvaro Ortiz y Gastón Saavedra, de Concepción y Talcahuano, respectivamente, con los concejos municipales de ambas comunas, se reunieron en forma conjunta y firmaron un manifiesto reafirmando el protagonismo de sus territorios en la Declaración de la Independencia nacional. Hacia Talca y el importante hecho de la Proclamación de la Independencia solo hay simpatía y reconocimiento. Es una ciudad histórica y tiene mucho de que enorgullecerse. No hace falta distorsionar el pasado para que sus grandes méritos se reconozcan. El centralismo se combate mejor construyendo una mirada común del pasado y del futuro. En este año 2017, la ciudad de Concepción, con sus comunas cercanas, ha desarrollado un nutrido programa de actividades con los 200 años de la Declaración de Independencia como eje. Lo que realmente celebramos, en todo caso, es el involucramiento y protagonismo de la antigua provincia del sur en los eventos que condujeron a la formación de un Chile libre y soberano primero, y luego republicano y democrático. Con el concurso de muchas instituciones, como universidades, Fuerzas Armadas y sociedades científicas, se ha llevado adelanto una celebración que es, a la vez, académica, histórica, política y ciudadana. El objetivo es que, al final del día, los penquistas primero, los biobenses luego y finalmente todos los chilenos, conozcamos y valoremos mejor los hechos dramáticos y la participación del sur en aquel momento revolucionario. De allí obtendremos motivación y fuerzas para enfrentar unidos los desafíos del presente y el porvenir.

Los alcaldes y concejos municipales de Concepción y Talcahuano firmaron un manifiesto relativo a la Declaración de la Independencia Nacional (diario La Tercera, 21 de febrero de 2016). NOTAS: 1.- Leonardo León, Ni patriotas ni realistas, el bajo pueblo durante la Independencia de Chile, 1810-1822, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2012. 2.- Manuel Chust (coordinador), 1808, La eclosión juntera en el mundo hispano, Fondo de Cultura Económica, México, 2007. 3.- Claudio Gay, Historia Física y Política de Chile, Imprenta de E. Thunot y Cie., París, 1849, tomo V, p. 52. 4.- Sobre estos eventos profundicé, con perspectiva regional, en mi libro Concepción contra “Chile”. Consensos y tensiones regionales en la Patria Vieja (1808-1811). Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2º edición, 2016 (1º ed., 2010). 5.- Véase Fernando Campos Harriet, Los defensores del Rey, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1958. 6.- Dice Campos Harriet, “O’Higgins va a manifestar, a lo largo de su vida y hasta la víspera de su muerte, un acendrado penconismo”. Historia de Concepción 1550-1970, 3° edición, Editorial Universitaria, Santiago, 1982. 7.- Cfr., Santiago Araneda Espinoza, La Patria Vieja en el BíoBío, hechos militares, Cuadernos del Biobío, Chillán, 2011. 8.- Leonardo León, O’Higgins y la cuestión mapuche, 18171818, Akhilleus, Santiago, 2011. 9.- José Carlos Chiaramonte, “En torno a los orígenes de la nación argentina”, en: Marcello Carmagnani, Alicia Hernández Chávez, y Ruggiero Romano, coordinadores, Para una Historia de América II. Los Nudos, Fondo de Cultura Económica, México, 1999. 10.- Cfr., Valencia Avaria, Luis, “La Declaración y Proclamación de la Independencia de Chile”, en Boletín de la Academia Chilena de la Historia, año XXXV, nº 78, 1968; y, del mismo autor, “La declaración de la Independencia de Chile”, en Boletín de la Academia Chilena de la Historia, año IX, nº 23, 1942. 11.- Cfr., Oliver Schneider, Carlos y Zapatta Silva, Francisco, El libro de Oro de Concepción, Litografía e Imprenta “Concepción”, Concepción, 1950. 12.- Puede leerse en: Witker, Alejandro, O’Higgins, Cultura y Nación, Ediciones Universidad del Bío-Bío, Concepción, 2007. 13.- Instrucciones hológrafas de Bernardo O’Higgins a su hermana Rosa para testar en su nombre. Inventarios de bienes, Archivo Cámara de Diputados (extracto). (http://archivohistorico.camara.cl/varios/testamento%20ohiggins%20 final.pdf) 14.- ANCH. Fondos Varios, Vol. 639. Fue publicado en el Tomo XXXII del Archivo O’Higgins, ps. 495 y ss. 15 Cfr., nuestra ponencia, que seguimos en parte en este texto, denominada “Chile, de la insurgencia a la Independencia”, en: Christian Hauser y Eduardo Bravo, editores, La Independencia de Chile y su celebración ¿Una polémica (aún) abierta?, Editorial Universidad de Talca, Talca, 2016.

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O’Higgins y el Estado de Derecho Cuando la Independencia Nacional estuvo ya ciertamente asegurada y el Gobierno estable, el tema de contar con una Constitución Política estrechamente vinculado ello al Estado de Derecho, fue inminente para el Director Supremo. Sergio Carrasco Delgado

Historiador. Abogado Sociedad de Historia de Concepción

respeto al Estado de Derecho, concebido generalmente como aquel en que los poderes y actuaciones públicas se basan en normas jurídicas, descartando las arbitrariedades, fue preocupación destacada de don Bernardo O’Higgins como gobernante. Así, el hombre estudioso y sensible, agricultor del sur en la Isla de La Laja, militar y patriota valiente y desinteresado, también tomó la pluma del legislador para ir complementando la obra jurídica de su tiempo. Efectivamente, si se revisan los 616 textos legales del periodo de O´Higgins (16 de febrero de 1817 al 28 de enero de 1823), se aprecia claramente la coincidencia de los propósitos perseguidos con los grandes principios del Derecho. Agrupando parte de dichas disposiciones que, en su forma tienen la incipiente técnica de su época, se destacarían, entre otras, las principales preocupaciones por la justicia, la dignidad nacional y el desarrollo de la cultura y de las costumbres. 96


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Así, varios son los textos legales que se refieren a la justicia, “el dar a cada uno lo que es suyo”. Entre aquellos, los de creación de los jueces de barrio, que eran jueces subalternos para los que se pedía el respeto de los vecinos, de tramitación de los juicios civiles, de aceleración de los juicios criminales y de sanción a los delincuentes. Por otra parte, en diversas ordenanzas se busca corregir o paliar los efectos, muchas veces unidos a la comisión de delitos, de los juegos de azar, las riñas, la mendicidad y la ebriedad, llegándose a la suspensión, en parte, “de las diversiones públicas”. Consecuentemente se declara que “la recta administración de justicia, arreglo y buen gobierno de los habitantes consisten principalmente en su tranquilidad, paz y adelantamiento”. Tratarán -les señala a los jueces- de impedir por los medios y arbitrios de prudencia todos los desórdenes que se cometieren y advirtieren entre los habitantes de su demarcación, haciéndoles de este modo entender cuánto les conviene el sosiego, quietud y buena armonía que debe mediar entre todos, pues de lo contrario serán fatales los resultados, les traerían el odio y la envidia que tanto dañan sus conciencias y les resultaría el detrimento de sus intereses y sus familias”. La necesidad de reafirmar la dignidad nacional y el estado de derecho inspiró, sin duda, la suscripción en Concepción, el 1º de enero de 1818, del Acta de Independencia, publicada en la misma fecha por la Gaceta Ministerial, y unida a otras normas jurídicas tales como las que crean el sello de la moneda nacional, el escudo de armas de la patria y la abolición de los títulos y símbolos nobiliarios. Puede destacarse, asimismo, la preocupación legislativa por el progreso de las ciencias y las artes, la liberación de los derechos aduaneros para libros y periódicos, la orden de catalogar los libros existentes en la Universidad, el envío de libros al reabierto Instituto Nacional, el establecimiento del sistema educacional de Lancaster, la enseñanza de las primeras letras y el expreso castigo a quienes rayaran las paredes. Aún cuando mientras no se consolidara la Independencia Nacional, el Director Supremo, preocupado porque pudiera desencadenarse en Chile la anarquía tan propia de América, fue partidario de no establecer prematuramente normas constitucionales, aceptó y contribuyó a la elaboración del Proyecto de Constitución Provisoria para el Estado de Chile del 23 de octubre de 1818 “para que arregle los diversos poderes, señale los límites de cada autoridad y establezca de un modo sólido los derechos de los ciudadanos, a pesar -decía- de habérseme entregado el Gobierno

Supremo sin exigir de mi parte otra cosa que obrar según me dictase la prudencia, no quiero exponer por más tiempo el desempeño de tan arduos negocios al alcance de mi juicio…”. Adelantándose a la doctrina y práctica constitucional, que más tarde estimaría a la consulta popular como una de las formas más puras y directas, el proyecto se sometió a un plebiscito, remitido sí desde Copiapó a Coquimbo, límite efectivo del Chile independiente de esa época, resultando una suscripción unánime favorable. Cuando la Independencia Nacional estuvo ya ciertamente asegurada y el Gobierno estable, el tema de contar con una Constitución Política estrechamente vinculado ello al Estado de Derecho, fue inminente para el Director Supremo. Convocó entonces, para julio de 1822, a una Convención representativa considerada como la continuación del Primer Congreso Nacional de 1811 y la que más tarde llegó a ser constituyente. No fue grato para los vecinos de Santiago el hecho de que cada uno de sus integrantes (fueron 53), para ser elegido debía ser “oriundo 97


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La muerte de O’Higgins. Óleo de Alejandro Lizana Greve.

o vecino” de cada pueblo, rudo golpe que O´Higgins daba al espíritu centralista y a la representación de la capital. La segunda constitución política, correspondiente a su gobierno, de mayor calidad formal que cualquier otra anterior, a través de sus 248 disposiciones demuestra el avance formativo ya producido. Así, se refiere a la formación de las leyes, su sanción y promulgación; a los órganos de Gobierno y Legislativo, éste por primera vez de estructura bicameral, como lo es hasta hoy; a principios de gran entidad como el reconocer a la Nación como “la unión de todos los chilenos y que en ella reside esencialmente la soberanía”. Declara a la nación chilena como “libre e independiente de la monarquía española y de cualquier otra potencia extranjera… pertenecerá a solo a sí misma y jamás a ninguna persona o familia”. Pese al avance que representó esta Constitución Política del Estado de Chile del 30 de octubre de 1822, los hechos que precipitaron la abdicación del Director Supremo motivaron la declaración de tal texto, en enero de 1823. No obstante, en no pocas materias perduró en la historia constitucional de Chile. Las aspiraciones de estructurar el Esta-

do, que se encuentran en la obra legislativa y constitucional del periodo de gobierno de don Bernardo O’Higgins, permiten apreciar cómo el Director Supremo participó, en sus obras, de la convicción según la cual el Derecho es siempre requerido por las necesidades sociales y, entremezclado con éstas, va modelando la forma más adecuada, o a lo menos aceptable, de convivencia. Comprendió, así, que el Derecho ha estado y está presente en todos los acontecimientos sociales. O’Higgins, aún cuando obligado por las circunstancias que rodearon la Independencia Nacional, consolidada bajo su mando, debió recurrir, sobre todo inicialmente y con la decisión y apoyo general, a medidas excepcionales, fue gradualmente -aún en medio de la incomprensión de parte importante de los hombres de influjo de su época- quien echó las bases del respeto al estado de derecho. Demostración de lo anterior está en la obra jurídica que aquí se ha comentado. Sin duda el Director Supremo Bernardo O´Higgins sintió, en la solitaria responsabilidad del que gobierna, la necesidad de dar esta estructuración normativa que favoreciera la búsqueda de la felicidad y el progreso colectivo. 98


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Silueta moral de O’Higgins Brillante retrato del fundador de la República por uno de los grandes de la historiografía nacional.

Guillermo Feliú Cruz Historiador

La abdicación de O’Higgins, de Manuel Antonio Caro, 1875. Óleo sobre tela, Museo Historico Nacional.

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O’

Higgins, el constructor de una nacionalidad americana, sirvió esta causa con máxima devoción, y todo lo dio por ella: comodidad, fortuna y bienestar. En su memoria, las palabras del general Miranda tuvieron siempre en O’Higgins una gran fuerza moral, y fueron como el impulso animador de su obra concebida por espontánea voluntad, pero indirectamente dirigida por caudillos que se impusieron siempre a su carácter sencillo, dócil, y sin pretensiones. Las palabras del general Miranda resuenan en sus oídos como una profecía: “Los obstáculos para servir a vuestro país -le había dicho en Londres ese iluminado de la causa de la emancipación americana- son tan numerosos, tan formalidades, tan invencibles que solo el más ardiente amor por vuestra patria podría sosteneros en vuestro esfuerzos por su felicidad”. Pero estos supremos esfuerzos eran nada para el futuro padre de la patria. Estaba hecho para la adversidad, para sentir el dolor. Ni siquiera se le permitió conocer las ternuras maternales en el período de la infancia; más tarde, en la adolescencia, sería un huérfano en países extraños, en las ciudades de Cádiz y de Londres. Aquí y allí, se le desgarra el corazón de pena, de hondas tristezas. Entregado a un comerciante chileno y luego a unos judíos relojeros londinenses, no hay amargura que no sufra, no hay vejación que no experimente, no hay dolor que no sienta. Son esos dolores morales, que hacen sucumbir la voluntad, los que lo muerden. En lo íntimo de su corazón, el buen O’Higgins, que firma entonces con el nombre de Bernardo Riquelme, lleva la más cruel y sangrante de las heridas: no sabe nada de su madre, y su padre -un egoísta sin sentimiento, pero con las superiores condiciones de un estadista- ni siquiera se digna a contestarle sus cartas, en las cuales expresa sus tremendas desventuras. Tres cosas lo reconfortan: su amor a la tierra que lo vio nacer -su Arauco, como él dirá-; su afición a la música y su gusto por el dibujo. Así mata su tedio. Es entonces un joven modesto, pero digno, contraído a sus labores de estudiante.

Todas estas desgracias morales le van a dar la fortaleza necesaria para luchar en los grandes días que se avecinan. Miranda ha dejado en su espíritu una huella imborrable. Ya queda trazado entonces su plan de conducta. Hijo de un potentado, de un gran Virrey, la libertad de su Patria y de la América se le presentan como una ley imperiosa. Contra España luchará sin tregua. En esta batalla va a consumir toda su hacienda. Ya en el gobierno dirá estas frases en un documento que por primera vez se da a conocer. Es necesario leerlo, porque de él fluye la personalidad moral del héroe. Dice así: “No hay clase de sacrificio reser vado al que prefiere el martirio y la muerte a una vergonzosa esclavitud. La libertad y la independencia de la cruel España no pueden conser varse si no es dedicando nuestras vidas y fortunas a tan noble resolución: la mía se ha consumido en el templo augusto de nuestra libertad; igual suerte ha seguido la de mi familia, sin exigir por esto más recompensa que la gratitud común al sacrificio. Aún quedan ciento sesenta y tres marcos y doce adarmes de plata labrada, única propiedad de estas generosas patriotas; ellas quieren que se amonede para el alivio de los guerreros del Ejército del Sud, y yo ordeno su retribución cuando las circunstancias sean menos apuradas; en su virtud harán US. se lleve a efecto esta resolución. Dios guarde a US., Palacio Directorial, en Santiago, diciembre 3 de 1819.-Señores Ministros del Tesoro Público”. De puño y letra del general O’Higgins. En las guerras de la Independencia, durante la Patria Vieja, su hacienda de Las Canteras, en Los Ángeles, fue asaltada; perdió allí tres mil cabezas de ganado de vacuno, lo que constituía una parte de la fortuna que le había legado su señor padre, el Virrey; su madre y su hermana fueron tomadas prisioneras en Chillán, que representaban para él el cariño idolatrado de su alma. Nada lo hace cambiar de punto de vista. Su decisión es irrevocable: la independencia de Chile deberá conseguirse a cualquier precio. Cede ante la presión política y social del gobierno de 1814, y firma los pactos de Lircay, que no eran otra cosa que la negación de la 100


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O’Higgins y la Independencia de Chile. Óleo de Julio Escámez.

gran idea por la cual se ha batido en cien combates. Sin tener un carácter demasiado firme, desconfiado de sí mismo, concediendo a otros condiciones que exagera, O’Higgins es fácil para entregarse al halago del afecto, de las inteligencias brillantes, deslumbradoras. Cuando se inicia en la vida pública, son el general Mackenna y Juan Martínez de Rozas quienes le sirven de consejeros; Carrera tendrá en su ánimo, a veces, considerable influencia; San Martín, su gran amigo, pesará en su voluntad; la sugestión y la amistad de Rodríguez Aldea lo llevarán al fracaso de su gobierno. Una cosa queda en pie en esta silueta moral del héroe: su lealtad y su espíritu magnánimo. Acusan los rasgos de su personalidad otra gran condición: es su valor personal, que a veces se transforma en heroísmo. Cuando el general Pareja invade el sur y se apodera de Concepción, O’Higgins salva las milicias de La Laja y con ellas se constituye el Primer Ejercito Nacional. Después, el héroe brilla en el Roble, en el Membrillar y en la gesta magnífica de Rancagua.

Las pasiones desatadas, como en un huracán, lo mueven nerviosamente antes de Rancagua. Marcha resuelto a la guerra civil en momentos trágicos, encendido por el odio a su rival -¿se le puede llamar así?-, el general Carrera. Pero cuando el peligro es inminente para la Patria, depone las armas, pacta la unión de la familia chilena y va a encerrarse en una plaza donde la consigna es la victoria o la muerte. A filo de sable, saltando barricadas, se abre paso entre el ejército sitiador. Todo estaba perdido entonces, menos su voluntad de acero, su única doctrina, la independencia de su tierra, de este Arauco que él siente con amor, con cariño enternecido. Horas tristes del destierro… en Mendoza, su madre y hermana, para ganarse el más modesto pan, liaron cigarrillos. O’Higgins comienza entonces sus entrevistas con el que habrá de ser el mejor amigo de su vida, el coronel José de San Martín. Era San Martín un hombre reservado y calculador, discreto, ecuánime y ponderado. Cuando conoció a O’Higgins en las 101


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laderas de los Andes, vio en él un alma sana, bondadosa y hasta sumisa, sin ambiciones personales. La modestia lo destacaba frente a la actitud altanera de su rival, el general Carrera, de larga, vieja y espléndida prosapia aristocrática. A esos dos caudillos los unía el mismo ideal redentor; pero uno quería mantener en tierra extraña el prestigio de un gobierno que no era más que una sombra de poder, y seguir en la defensa de su patria con recursos inverosímiles; el otro buscaba la ayuda de ese coronel, intendente de Cuyo, que parecía un hombre sereno y pensador. Los odios, por otra parte, distanciaban a Carrera de O’Higgins. Estallaron cuando supo que su viejo amigo, el amigo de su padre, el general Mackenna, había caído en un duelo con Luis Carrera. Vinieron las horas febriles de la organización del Ejército de los Andes. Fueron días de trabajo intenso: apenas despuntaba el sol, O’Higgins estaba adiestrando la tropa en el Campamento de “El Plumerillo”; cuando el sol se entraba, iba a las oficinas del Ejército a continuar su tarea en los negocios administrativos, con Zenteno. Un día -el hecho es absolutamente histórico- no pudo presentarse a la Intendencia. Carecía de traje digno. Su pobreza rayaba casi en la miseria. Su amigo San Martin vino en su ayuda. Le aligeró el peso con una pequeña pensión. O’Higgins la rehusó y la dio para que sirviera al Ejército Libertador.

En Chacabuco no sabe contener su ardor patriótico y compromete la acción guerrera que salva su heroísmo, la carga famosa de sus granaderos con él a la cabeza. Muchos años más tarde, en una carta escrita a Juan Egaña, recordará su conducta. Dirá que los sufrimientos de sus compatriotas, los suyos personales, los de su familia, el ver a su Patria humillada, esclavizada por un gobierno tiránico, el deseo de vengar ofensas, lo lanzaron en la aventura gloriosa coronada por el más feliz de los éxitos. Otra vez quiere ofrecer su vida por su pueblo. La muerte pareció que cabalgaba a su lado en ese instante. Director Supremo. Al tomar el mando del nuevo Estado, recibe un montón de escombros. Todo está desecho. La agricultura en ruinas; la industria perturbada; la organización rota en dos tendencias: la patriota y la realista; el orden moral y religioso quebrado en esas mismas dos tendencias; un grupo de hombres tímidos -los eternos indecisos- esperan. No hay con qué pagar el Ejército ni la administración. El bandidaje ha cundido en los campos. El trabajo productor se ha resentido: el campesino se ha ido a incorporar a las huestes libertadoras; el artesano y el obrero de la ciudad han hecho lo mismo. Parecía que de esos escombros, de los que iba a surgir Chile, nada valía. He aquí que la voluntad del vencedor de Chacabuco se sobrepone a la miseria, a la angustia, a esa ruina. Y como cegado por el ideal de su vida, en medio de estos atroces quebrantos, da los pasos para organizar la administración y, en una audaz resolución, concibe la creación de la Escuadra Libertadora, primero con el almirante Blanco Encalada y enseguida con Lord Cochrane. Ha realizado un milagro. Hasta las mujeres entregan sus joyas. No le basta el dominio del mar. Después de Maipú precipita los acontecimientos. Es necesario ir al Perú a terminar con la dominación española. Le extiende a San Martín los despachos del capitán general del Ejército de Chile, les da a los oficiales argentinos títulos y graduaciones dentro del escalafón nacional; apresta barcos, y el 20 de agosto de 1820, el día de su natalicio, las velas de esos buques, al soplo de las brisas de Pacífico, se alejan al Callao.

Sello de la colección “Centenario de B. O’Higgins 18421942, Abdicación de O’Higgins”, que en realidad, debía decir “Centenario de la muerte de B. O’Higgins”. Catálogo Scott 242 A107 de 40 cts.

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El ostracismo del jeneral D. Bernardo O’Higgins. Lámina del Mercurio de Santos Tornero, 1860.

¡Momento supremo de su gloria! Todavía su brazo, después de Cancha Rayada y de Maipú, está inmóvil. La fiebre física ha remplazado a esta fiebre moral. Es ahora el soldado de Chile, el estadista de Chile, el héroe de Chile. La uniformidad de su patriotismo es invariable; su doctrinarismo democrático no sabe ceder. Pisotea los títulos de nobleza y los prohíbe; intenta abatir los mayorazgos; pone en jaque a la iglesia sublevada y realista; funda escuelas; quiere que el pueblo mejore sus costumbres y salga de su abyección. Se convierte en un reformista, en un déspota ilustrado. Magnífico momento es éste también de su vida. Pero se van acumulando sombras, y son sombras de sangre. Han caído Juan José y Luis Carrera en el patíbulo de Mendoza, sin que el Director Supremo ni San Martín fueran autores de ese crimen. Después de una tenebrosa sesión de la Logia Lautarina, cae asesinado Manuel Rodríguez en un campo abierto y despoblado; en 1821, José Miguel Carrera es fusilado en Mendoza. El cuadro es trágico. La omnipotencia y el cesarismo del héroe le conquistan mal ambiente. La Carta de 1818 establecía un Senado Conservador cuya única función era velar por la ley. O’Higgins termina mal con ese cuerpo. Después sigue la Constitución de 1822, que prolongaba su mandato. Había cansancio y el país, la clase dirigente, no quería la perpetuación de una dictadura. Luego el fracaso de la Escuadra Libertadora, las disputas entre San Martín y Cochrane, algunas injustas prisiones, le fueron restando al héroe simpatías.

Estaba al borde de su caída. Supo desprenderse del mando sin odios ni pasiones en una tarde del 28 de enero de 1823. ¿Qué dejaba? Un país, una raza y, con su ejemplo, el más grande acto de civismo. Ese hombre que supo desprenderse de las insignias del poder sin un resentimiento, sin una queja, con orgullo romano, había declarado la Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818. Y ahora va camino al destierro. Son diecinueve años los que pasa en el exilio. Día a día recordó a su Patria. No tuvo la suerte de ver el decreto que lo rehabilitaba en su grado de capitán general del Ejército de Chile, y, cuando se disponía a volver a su tierra, el corazón falló. Las impresiones de las campañas de la Independencia, el ejército del poder discrecional, la impetuosidad de su alma sensible, doblaron ese doble nervio que solo tuvo un miraje: Chile. A las once y media de un día como hoy, volaba su alma hacia la eternidad. Demacrado y pálido, encima de un modesto lecho, lo que quedaba del general O’Higgins era su frágil envoltura corporal, enjuta y desecha por una dura y cruel enfermedad. El alma suya había caminado hacia la eternidad en trance de glorificación para ser el padre de esta tierra generosa. La historia lo ha consagrado en sus páginas. Conferencia pronunciada en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, el 24 de octubre de 1942, con motivo del centenario de la muerte de O´Higgins. Revista Antártica, N°13, Santiago, 1945. 103


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Bernardo O’Higgins y el Camino Real

A lo largo del siglo XVIII y parte del XIX, el tránsito desde Santiago, la capital del Reino de Chile, hacia el sur del territorio, tuvo como eje una ruta longitudinal que pasaba a través del valle central llegando finalmente a los últimos reductos bajo dominio español. Ciertos lugares de Ñuble ubicados en esta vía y hoy correspondientes a la comuna de Bulnes, se conectan de formas muy cercanas con la vida del Libertador. Allí ocurrieron dos episodios que se conocen como La Escaramuza del Larqui (20-VI-1813) y Las Juntas del Diguillín (12-II-1814). Ambos se desarrollaron en el trazado del antiguo Camino Real a la Frontera, nombre con el que se conocía esa arteria colonial que fuera ruta comunicante entre el centro político administrativo y el límite meridional del dominio hispano en aquellos territorios, la frontera del río Biobío cercana a la ciudad de Los Ángeles. Fue por esos derroteros en que el entonces coronel de las fuerzas patriotas, don Bernardo O’Higgins Riquelme, se fogueara combatiendo casi al finalizar la Patria Vieja, período inicial de la Independencia nacional, cuando los criollos tomaban las armas enfrentando la ofensiva española enviada desde el Virreinato del Perú para sofocar la insurgencia y devolver el control de Chile a la corona española. Aquí, el destino unía otra vez pasado y presente, ya que estas rutas eran de antiguo conocidas por el prócer, pues en su más temprana infancia las anduvo, viajando desde el solar chillanejo de su abuelo materno, Simón Riquelme de la Barrera, a la hacienda Palpal, propiedad familiar donde pasó sus primeros años. El hecho de armas señalado tuvo lugar en las inmediaciones del río Larqui, muy cerca de la Villa de Santa Cruz de Larqui (actual Bulnes), y corresponde a aquella campaña patriota cuyo propósito era contener el avance y retrasar la organización de las huestes hispanas, llegadas en marzo de

Aproximación a las cabalgatas de O’Higgins por nuestro territorio. Conocer ese camino es encontrarse con importantes hitos del proceso de la Independencia.

José Antonio Soto Rodríguez

Profesor de Historia y Geografía Instituto O’Higginiano de Ñuble

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1813 a Talcahuano. Una fracción de ellas, apoyada por criollos realistas, estaba acantonada en el antiguo Chillán (hoy Chillán Viejo); vieja ciudad fundada en 1580, antes baluarte de los últimos conquistadores y más de dos siglos después, escenario de las primeras luchas por un Chile independiente. De reconocida fidelidad al monarca español, esta plaza era un gran obstáculo para el despliegue patriota que marcharía hacia la capital, si su estrategia iba de acuerdo a lo planeado; pero los defensores del soberano español fortificaron sus posiciones, esperando el inminente ataque. Conocidas estas maniobras por el comandante patriota José Miguel Carrera, éste dio órdenes a O’Higgins de pacificar los territorios y lugares estratégicos en torno a Los Ángeles y el poblado de Laja, zona en que los españoles o sus parciales podían hacerse fuertes y atacarles por la retaguardia, maniobrando desde el sur. Apoyado por el 2º Regimiento de “Lanceros de la Frontera”, don Bernardo aumentó en mil efectivos su división, formada en parte por muchos inquilinos de su hacienda San José de las Canteras, sometiendo con estas fuerzas, entre otras, a las villas de Tucapel y Santa Juana. Ese contingente, sin amenazas a sus espaldas, se encontraba el 20 de junio de 1813 al norte del río Diguillín, faltándole seis leguas hasta Chillán, donde Carrera disponía los preparativos para poner bajo sitio la ciudad, desplegando piezas de artillería, mientras avanzaban las divisiones del centro desde el río Itata y las de San Carlos y Talca por el norte. En su avance desde el sur, las tropas patriotas conducidas por el Camino Real llegaron a orillas del Larqui, lugar de este combate, enfrentando a soldados enemigos que exploraban las inmediaciones por orden del coronel Juan Francisco Sánchez y Seixas, el jefe mili-

tar realista, ya informado del ejército patriota que iba concentrándose alrededor de su guarnición. Algo más que unos treinta efectivos españoles fueron sorprendidos por una compañía de Dragones, resultando del intercambio de fuego las mayores bajas fatales en el bando hispano. No sería este enfrentamiento un encuentro decisivo, pero anunciaba batallas mayores y gloriosos laureles para los emblemas chilenos, ganados con la resistencia y el valor de tantos quienes se hicieron soldados, llegando desde las comarcas rurales sureñas. Luego del sitio a la plaza de Chillán, finalizado en agosto sin ventaja alguna para el ejército patriota -pues junto a la tenaz defensa de la guarnición local el crudo invierno de 1813 constituyó otro “enemigo” para estas fuerzas-, Carrera emprendió la retirada a Concepción, la ciudad más importante del sur. Sin embargo otro acontecimiento, relacionado también con estas campañas de la Independencia, vinculará de nuevo a Bernardo O’Higgins y aquel derrotero colonial que unía además a ciudades como Chillán y Los Ángeles, lugares fundamentales en la vida del prócer. Al no existir en él puentes, el antiguo Camino Real caía hacia muchos vados que permitían al viajero de la época sortear aquellos caudales en puntos de menor profundidad, dándole así seguridad y más rapidez en su jornada. Uno de ellos, accidente de esa pequeña geografía y marca que jalona otra vez la historia de Chile, nos remonta nuevamente a la Patria Vieja, pero esta vez comprometiendo más que a los directos protagonistas de las aclamadas gestas militares. Ahora se trata del episodio conocido como Las Juntas de Diguillín, un acto diplomático en tiempos de guerra; también una acción que resalta valores de antaño y actitudes caballerosas,

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cuando parientes directos de los líderes militares Bernardo O’Higgins por los patriotas y Juan Francisco Sánchez, oficial realista, fueron intercambiados cruzando el río Diguillín. Luego de la batalla de El Paso del Roble, el 17 de octubre de 1813, don Bernardo O’Higgins Riquelme prefiguraba como el gran comandante y reorganizador de las fuerzas patriotas, que ese día soportaron la embestida de regulares y guerrilleros enemigos, cuando se les tomó por sorpresa en la orilla sur del río Itata. Sin embargo, la campaña principal que sostuvieron los patriotas en esta provincia sureña no había logrado su objetivo y el sitio de Chillán debió levantarse en pleno invierno de ese año, con la retirada del ejército chileno casi completo hacia la costa. Como resultado de esto, los realistas aseguraron nuevamente la plaza chillaneja y se reanudaron las acciones contra las huestes patriotas aún activas, cuyo cuartel general se hallaba en Concepción. Allí, el general José Miguel Carrera había hecho prisionera a la esposa y tres hijas del coronel Sánchez, jefe defensor de Chillán, quien a la vez tenía en su poder a la madre y hermana de O’Higgins, capturadas en el asalto a Los Ángeles, mientras intentaban huir hacia el enclave patriota. Fiel a los viejos códigos de honor y considerando la alcurnia de sus rehenes, el comandante hispano indicó que se les tratara con el máximo respeto y dispusiesen para ellas la mayor comodidad, consciente además de tener una inmejorable oportunidad para canjear a su propia familia por las dos mujeres que mantenía cautivas. Así las cosas, el 10 de enero de 1814 tomaban el Camino Real, partiendo de Los Ángeles, Ramona Antonia Lozano, cónyuge del oficial realista, sus hijas y otros civiles, previa correspondencia y aceptación de condiciones por parte del oficial español, a quien se le advirtió categóricamente que de no aceptar lo dispuesto en la carta enviada por

su esposa, ésta sería deportada a Valparaíso. A cambio de los suyos, él devolvería sanas y salvas a doña Isabel Riquelme y a Rosa Rodríguez, las familiares directas de O’Higgins, de acuerdo con lo convenido en las negociaciones. Por la misma ruta de este viaje, pero en sentido opuesto, el 12 de enero, ambas damas dejaban Chillán, cruzando en el trayecto los vados de Nebuco sobre el río Chillán y el del Larqui, llegando esa comitiva primero que su contraparte a la ribera norte del río, lugar conocido como las “Juntas de Diguillín”, sitio elegido para el intercambio de prisioneros. La caravana con los cautivos realistas apareció al mediodía y de inmediato se procedió al cruce de unos y otros a un mismo tiempo. Con la mayor normalidad ambos grupos se retiraron, siguiendo camino hacia sus respectivos destinos. Más de dos siglos después de ocurridos estos hechos, recordamos episodios poco reseñados en las crónicas de la Independencia, siempre tan abundantes en recuerdos militares, arengas, cargos, títulos e informes del campo de batalla. Señalamos entonces eventos que se arraigan en el espacio geográfico del Ñuble profundo, siendo parte del acervo histórico de Chile, pero conectado territorialmente con la actual comuna de Bulnes, que dentro de sus límites administrativos, tiene una parte notable del trazado de esta histórica vía, el Camino Real a la Frontera, ruta de guerra y paz, de comunicación estratégica y contacto fronterizo, perteneciente a un tiempo lejano, sin trenes ni automóviles, iluminado con faroles y recorrido en carruajes, retratado en el paisaje sureño de la vieja provincia. Esta senda, evocadora de recuerdos infantiles rumbo a Palpal o de sus afanes de hacendado en San José de las Canteras, vería pues a O’Higgins hecho hombre en uniforme de soldado, construyendo la Patria desde estas remotas comarcas sureñas. 106


N°19. Independencia de Chile

Un fraile revolucionario: el franciscano

Luis Beltrán

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Uno de los grandes héroes olvidados de la Independencia. La tecnología brotó de su talento hasta lo increíble. Sin su inagotable faena el equipamiento militar habría sido imposible.

Monumento a Fray Luis Beltrán, Mendoza.

Cristián Leal Pino

Universidad del Bío-Bío

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En

el marco del bicentenario de la Independencia de Chile, se ha puesto en relieve una serie de situaciones que la historiografía sigue discutiendo. Hemos sido testigo de la disputa por la declaración, proclamación y firma del Acta de la Independencia. Varias ciudades se disputan este privilegio y lo han hecho presente a través de la prensa escrita, la televisión, la radio, jornadas de historia, etcétera. Lo cierto es que tras la proclamación de la Independencia hubo mucho de estrategia, de un gesto firme y categórico por liberarse de un régimen monárquico que no se resignaba a perder estos territorios australes. Las fuerzas de Mariano Osorio habían desembarcado en Talcahuano con un ejército de veteranos. Era necesario responder a dicha circunstancia (Infante, 2014). También se ha discutido en los últimos años el tema de los protagonistas. Unos han propuesto bajar del panteón de los héroes a los llamados “padres de la patria” y subir a otros (Salazar, 2003). No obstante ello, son muchas las personas que participaron en este proceso y que la historiografía no ha relevado del todo. Por ejemplo, la presencia de los soldados y oficiales franceses (Berguño, 2015; Puigmal, 2001), mujeres, religiosos (Cárcamo, 2010; Sánchez, 2010), campesinos

e indígenas (Pinto, 2001; León, 2011), que contribuyeron a lograr el objetivo. Hombres y mujeres que dieron la vida por una causa que presentaba más dudas que certezas. Entre los personajes pocos reconocidos por la historiografía y completamente olvidado en los textos escolares, encontramos a un fraile franciscano llamado Luis Beltrán. Nació en Mendoza, se formó como religioso en el convento de la Alameda de Santiago de Chile (ver figura 1 y 2), participó en el ejército que cruzó de los Andes y en la expedición libertadora al Perú, ente otros hechos relevantes (Araya, 1976). Los religiosos de las distintas órdenes apoyaron tanto a los realistas como a los patriotas, generando divisiones y posturas que con el correr de los acontecimientos fueron experimentando mutaciones (Cavieres, 2010, Leal, 2016). Eran tiempos difíciles y complejos, no solo para los frailes, también para el resto de la sociedad.

Luis Beltrán: el religioso y el militar Beltrán nació en Mendoza en 1785. Aprendió sus primeras letras en la escuela conventual de San Francisco de su ciudad natal, para luego pasar a Santiago y formarse como religioso de la Orden Franciscana de la Provincia Santísima Trinidad (Itu-

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La maestranza de Fray Luis Beltrán, óleo de Paulino Iriarte.

rriaga, 2012). Adquirió sus conocimientos tanto en el convento como en la Universidad de San Felipe. Tuvo como maestro al fraile Benito Gómez, de gran manejo de las matemáticas. Además, obtuvo conocimientos de música, física, química, relojería y metalurgia que le ayudarían a desempeñarse en la Maestranza, lugar de vital importancia para preparar los materiales de guerra (Araya, 1976). Uno de los pocos rastros de su existencia lo encontramos entre los años 1805 y 1808, cuando aún era estudiante en el convento de la Alameda, donde se le asigna el oficio de Vicario de Coro y cuando firma su declaración de haber recibido el hábito seráfico el año 1808. En los años 1810 y 1812, ya sacerdote, se desempeñaba como primer Vicario de Coro. Al momento de constituirse la Primera Junta Nacional de Gobierno, en 1810, Luis Beltrán tenía 25 años y era un novel sacerdote. Pronto se incorporaría como capellán del Ejército y aprovecharía allí los conocimientos de física y matemática adquiridos bajo la dirección del fraile Benito Gómez, y las artes heredadas de su padre, aficionado a las técnicas manuales (Iturriaga, 2005). Tuvo vinculación con José Miguel Carrera y obtuvo la confianza de San Martín y Bernardo O`Higgins. Participó en las acciones bélicas en la Patria Vieja, en las batallas que sellarían la Independencia nacional y en la expedición a Lima. El 1813 había salido en campaña con Carrera, obteniendo el grado de alférez. También en el apertrechamiento del ejército chileno que iba a ser derrotado en Rancagua. Se le concedió sueldo de teniente de artillería por su aporte en las campañas independentistas.

Luego trabajó para el ejército libertador, organizando en su tierra natal la maestranza que proveyó de armas, calzados y pertrechos en general a los futuros combatientes (Leal-Iturriaga, 2013). Por sus méritos recibió el grado de teniente, con sucesivos ascensos hasta llegar a Teniente Coronel. Su hoja militar indicaba (Iturriaga, 2005): Teniente primero marzo de 1815 Grado de capitán 3 de mayo de 1816 Capitán efectivo 15 de mayo de 1817 Grado de sargento mayor 22 de octubre de 1821 Sargento mayor efectivo 20 septiembre de 1822 Grado de teniente coronel 18 de agosto de 1823 De su vida como religioso no son muchos los rastros que quedan. Ingresó muy joven a la Orden en la Provincia chilena de la Santísima Trinidad, entidad a la que pertenecía el convento San Francisco Solano de Mendoza. Fue alumno de la Universidad San Felipe. Sin licencia o autorización del provincial de la Orden, se abanderizó con el ejército y empieza a actuar como militar, prescindiendo de su condición levítica. Tampoco es mucho lo que se sabe de su familia. Era hijo de un ciudadano francés de apellido Bertrand avecindado en Mendoza, casado con una señora de apellido Bustos que, según la solicitud de retiro que hace el religioso después de la batalla de Maipú, en 1817 era ya anciana y tenía otros cuatro hijos que no disponían de otro amparo que el que él pudiera proporcionarle. 109


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Registró con precisión matemática las diversas donaciones e inversiones que se hacían, como los sueldos de quienes laboraban en la Maestranza y Laboratorio del Estado (ver figuras 4 y 5). Por ejemplo, contabilizó los siguientes elementos: riendas, cueros, estribos, balas, fusiles, carpas, cajones para municiones, clavos, cartuchos, linternas, cuchillos, machetes, tijeras, maneas, espuelas, limas de herrería, herraduras, ejes de carretas, tachuelas, varas de alambres, cuero de novillos, suela, cordeles, riendas, jarros de lata y cobre, probeta para pólvora, entre otros (Leal, Iturriaga, 2009). Entre las inversiones para equipar el ejército tenemos la compra de madera: tablas de ciprés, palos de sauce y trozos de algarrobo. Libras de cerote, de pita, de tinta, de acero, de pólvora, de clavos. Quintales de fierro, fanegas de carbón de cal. Arrobas de sebo y almudes de sal. Cuero de chivos, suelas, cuadernillos de papel, pergaminos y compra de becerros. Además registraba el fraile los trabajos realizados por los soldadores, carpinteros, tornero, talabarteros, hojalateros, herreros, pintores, coheteros y albañiles (Leal, Iturriaga, 2009). Como ya lo dijimos, desde el comienzo del proceso independentista es posible observar la participación del fraile en lo militar. En el exilio de las trapas chilenas en Mendoza, a raíz del desastre de Rancagua, participó en la Monumento en la Fundacion Fray Luis Beltrán, Buenos Aires. Cuenta de gastos 1819, Fray Luis Beltrán.

No sabemos en qué momento él se desprende de su condición de religioso para dedicarse exclusivamente al servicio militar y usufructuar de sus ascensos. Pero cuando comienza su servicio en lo militar, tanto en Chile como en Mendoza aún era considerado como sacerdote, y en las comunicaciones que le dirigen le dan el acostumbrado título de reverendo padre.

El aporte de Luis Beltrán a la causa patriota Para algunos el fraile fue quien le puso alas a los cañones, para otros era simplemente un religioso que poseía una rara habilidad para la fabricación de fuegos artificiales, y para más de un apologista, un predestinado que había rozado con su espíritu el espíritu de los enciclopedistas franceses y que sabía mucho de balística y matemáticas. Lo cierto es que aportó a la independencia de los países del cono sur organizando con rigurosidad y racionalidad la Maestranza, pilar fundamental para vencer a los enemigos. A raíz de su destacada participación en este proceso, su memoria se conserva en los monumentos que hay en FAMAE (Santiago), y en Mendoza (Argentina), en el cerro La Gloria, y en más de una calle en ambos países (ver figura 3). 110


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ración de la Orden del Sol del Perú, creada por San Martín. Sin embargo, al parecer, su relación con Bolívar no fue buena y éste lo presionó al punto de llevarlo a un estado cercano a la locura, lo que significó para Luis Beltrán el fin de su experiencia militar. Pasa por Santiago en viaje a Buenos Aires y se reincorpora a la vida religiosa en el convento de San Francisco de esa ciudad.

El fin de un fraile revolucionario El final del fraile Beltrán fue complejo, el abandono y la escasez de recursos fueron la tónica. Hacia fines de los años veinte su salud estaba demasiado afectada, por lo que, llevado al hospital de los betlemitas, muere asistido por el guardián de los franciscanos, el padre Nicolás Aldazar, que le administra los sacramentos y lo amortaja, a pedido del mismo fray Luis, con el hábito seráfico, el 8 de diciembre de 1827. Un hecho no menor en la vida religiosa del fraile fue la expulsión de la Orden por no contar con la licencia para ser parte de la expedición libertadora del Perú. El año 1824, en una circular del provincial Joseph Xavier de Guzmán y Lecaros, y a raíz de los problemas de indisciplina que existían en la Orden, el provincial procede a expulsar a varios hermanos de la comunidad, entre ellos a Luis Román, Antonio Gonzaga, Manuel Rojas, José Sánchez, Ramón Pino y Luis Beltrán, por encontrarse éste último de “oficial en el ejército de Lima”. En parte la circular señalaba:

Actual Convento Franciscano de La Alameda, Santiago.

organización de la Maestranza, para equipar el ejército libertador. Participó activamente en la batalla de Chacabuco, por lo que el gobierno de las Provincias Unidas lo condecoró con Medalla de Plata; cuando por el desastre de Cancha Rayada el ejército local pierde casi todo su equipo, nuevamente lo tenemos fabricando balas y cañones, preparándolo así para la batalla definitiva de Maipú. Por ello el gobierno de Chile le concede Medalla de Plata y el de Buenos Aires Cordón de honor, declarándolo “heroico defensor de la nación”. En 1818, al crearse en Santiago la maestranza militar de la calle de la Ollería, el Padre Beltrán, elevado ya al rango de capitán de ejército, tenía a su cargo la dirección de los trabajos de carpintería y de herrería, la fabricación de cureñas, la reparación de las armas, la elaboración de cartuchos de fusil y de cañón, y los demás menesteres indispensables para el arreglo de los armamentos (Iturriaga, 2005). Se embarca para Lima en la Escuadra libertadora que pretendía terminar con el centro de operaciones de la monarquía. A raíz de haber participado en el equipamiento de las fuerzas expedicionarias, recibirá la condeco-

“…declaramos por este acto expulsos de la religión a los sobredichos hermanos arriba nombrados, y mandamos a los PP. Guardianes que los que se hallen dentro de sus claustros sean despojados de N [uestro] S [anto] Hábito, y quien ha deshonrado con sus crímenes y malos ejemplos que en seguida sean expelidos y echados” (Leal, Iturriaga, 2009, pp. 81-84). Su participación en la liberación de Chile no solo se vio recompensada con los grados militares y las condecoraciones dadas por Argentina y Chile, también José de San Martín lo premió otorgándole algún bien inmueble. Por ejemplo, con fecha 10 de febrero de 1818, se le otorgaron 30 cuadras en las inmediaciones de la ciudad de Mendoza. El tenor de la carta versó como sigue: “Tengo el honor de incluir a V.S. la adjunta representación que me ha hecho el ciudadano Luis Beltrán, á quien en atención á sus muchos, y distinguidos servicios para la expedición a Chile le he asignado trein111


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ta cuadras de terreno en los Barriales, de las que se servirá V.S. darle posesión. Dios guarde a V.S. muchos años (AHM, Época Independiente, carpeta Nº 286, documento Nº 6, año 1818). Los últimos años de vida no fueron de los mejores, experimentando una serie de necesidades que lo llevaron a solicitar la ayuda de las autoridades civiles para aliviar el reumatismo en uno de sus brazos y alimentación. En carta, con fecha 25 de abril de 1825, solicita la concesión de medio sueldo. En su petición hacía ver que durante doce años había prestado servicio a la causa revolucionaria. En su primera parte la misiva señalaba: “Don Luis Beltrán, Sargento Mayor General del 3er. Batallón de A rtillería de Buenos Aires, con todo respeto a V.E. expongo. Que después de doce años de servicio sin intermitencia, hasta haber dado cumplimiento a todo cuanto fue necesario para abrir la Campaña… Me vi en la necesidad de retirarme del Perú, por la grave enfermedad que adolecía; y a pesar de los muchos esfuerzos en Chile, y en este País, no he podido conseguir salud; porque a mas de la reuma fijada en el brazo izquierdo..., como lo expone el cirujano en su certificado…” (Leal, Iturriaga, 2009, p. 84).

Fray Luis Beltrán, cerro La Gloria, Homenaje a los Héroes del Ejército de Los Andes, Mendoza, Argentina.

“Estos motivos que llevo indicados, me han impedido el poder presentarme en esa Capital, como al mismo tiempo he tocado en el extremo de recurrir el alimento diario por favor, pues absolutamente (no) me ha quedado recurso para subsistir. Por tanto suplico se digne concederme el medio sueldo en esta, como presente hasta tanto esté en estado de marchar a esa, o lo que fuere de su Superior agrado. Es justo lo que imploro” (Leal, Iturriaga, 2009, p. 85).

Finalmente, el fraile hacía ver el problema de los recursos económicos, especialmente para la alimentación diaria, necesitando de medio sueldo para ello. La carta terminaba señalando:

La historia del fraile Luis Beltrán nos permite reflexionar, en el bicentenario de la declaración de la Independencia de Chile, sobre lo complejo del proceso y sobre quiénes también fueron protagonistas. En este caso, los hombres con hábito, que contribuyeron a que esa Acta de Independencia, más allá de las ciudades, declarada o proclamada, firmada o no, se lograra por el aporte de muchos, muchos olvidados por la historiografía. Sumarse al proceso revolucionario implicaba asumir costos, tanto para los civiles como para religiosos. Luis Beltrán no estuvo ajeno a ello, así lo demuestra su expulsión y el fin de sus días. No fue el único franciscano, también existieron otros como Orihuela, García, Aránguiz, Bazaguchiascúa y Guzmán (Pinto, 2005; Cavieres, 2010; Ramírez, 1995), que ya sea desde lo espiritual, las ideas y el campo de batalla, se hicieron parte del proceso revolucionario nacional.

Interior Convento Franciscano de La Alameda, Santiago.

Notas: 1.- Proyecto Fondecyt N° 11160795. 112


N°19. Independencia de Chile

Juan Martínez de Rozas, su vida política Fue el principal ideólogo en la gesta de la Independencia, que tuvo en Concepción un núcleo generador de intensa actividad política. De tiempo reciente sus restos reposan en el Cementerio Municipal de Concepción.

Alejandro Mihovilovic Gratz

Director de Extensión de la Corporación Semco, Concepción.

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La

figura de don Juan Martínez de Rozas representa la esencia del pensamiento independentista de 1810, de allí la importancia de conocer su vida y trayectoria política. No pretendo aquí hacer una historia del prócer ya que, relevantes plumas de historiadores chilenos y extranjeros de la talla de Amunátegui, Barros Arana, Vicuña Mackenna, Gonzalo Bulnes, Crescente Errázuriz, etc. y argentinos como Bartolomé Mitre, realizaron un acabado estudio sobre su vida y obra. Es a través de ellos y recorriendo algunos papeles y demás escritos y publicaciones de diarios que nos hacemos hoy una idea clara de la participación de Rozas como figura relevante de la emancipación chilena. Lamentable es recordar la quema de sus documentos hechos por su esposa para evitar que dicha información cayera en manos realistas, que nos privó de un exquisito material que hubiera dado luces de lo ocurrido en su época. El propósito de este pequeño trabajo es ofrecer una sucinta reseña biográfica con motivo del traslado de los restos de don Juan Martínez de Rozas desde el mausoleo de su hijo Ramón Rozas Mendiburu, ubicado en el Cementerio General de Santiago, al mausoleo penquista denominado Panteón de la Patria, levantado en Concepción para rendir un póstumo homenaje a quienes contribuyeron con la causa de la Independencia chilena. La familia de Juan Martínez de Rozas tiene su origen en América a partir de la llegada a Mendoza de los hermanos Juan y Fernando Martínez de Rozas, o como en la época se leen los documentos traídos de España, como Martínez de Soto y Rozas. La familia proveniente de Burgos se estableció en Mendoza a mediados del siglo XVIII, época en que la ciudad trasandina pertenecía a la gobernación de Chile. Tanto don Juan como don Fernando contraen matrimonio con damas de la alta sociedad mendocina. Don Juan con doña Prudencia Correa y Villegas, don Fernando con doña Catalina de Lima y Melo. Del matrimonio de don Juan Martínez de Rozas y López Piñeiro con doña Prudencia Correas de Larrea y Villegas, contraído en Mendoza el 10 de abril de 1746, nacieron once hijos: Francisco Javier, Carmen, Ramón Tomás, Juana, Juan Agustín, José María, Esteban Domingo, Ignacio Félix, Juan Inocencio (casado en Concepción con doña María de las Nieves Urrutia-Mendiburu y Manzano, de cuyo matrimonio nacieron 8 hijos), Pedro Ignacio e Isabel.

De todos los hermanos Martínez de Rozas, es don Juan Inocencio quien convoca en esta oportunidad nuestra atención. Don Juan Martínez de Rozas nace en Mendoza en el año 1759. Su padre, preocupado de su educación, lo envía a Córdoba al colegio de Monserrat y a la Universidad, donde realiza estudios de filosofía y teología, para luego trasladarse a Santiago de Chile, ciudad en que ingresa a la Universidad de San Felipe a estudiar derecho. Cabe recordar que sus hermanos mayores Ramón y Francisco Javier tenían ya en Chile un prestigio ganado en las aulas de la distinguida casa de estudios chilena. Muy luego don Juan entabla relaciones con notables personajes del acontecer nacional como lo fueron José Antonio de Rojas y Manuel de Salas, hombres de una cultura en la cual predominaba el espíritu de los enciclopedistas franceses. Rozas fue un alumno destacado; cabe notar que entre el 9 de mayo de 1780, año de su ingreso a la Universidad de San Felipe y el 12 de mayo de 1781, rinde con satisfacción todos sus exámenes para graduarse de bachiller en derecho. Sus primeros trabajos los realiza en el colegio Convictorio Carolino como pasante en las cátedras de filosofía, dando además lecciones de física experimental, para lo cual incorpora incluso al estudio de la física instrumentos traídos de España por su amigo José Antonio de Rojas. Con fecha 7 de septiembre de 1784, Juan Martínez de Rozas recibe de manos de la Real Audiencia de Chile el título de abogado, lo cual pone a don Juan en un camino de éxito en la vida, pudiendo desenvolverse de esta manera sin penurias económicas ni otro tipo de dificultades y, lo más importante, permitiéndole postular a importantes cargos públicos en la administración de la Gobernación de Chile.

La Intendencia de Concepción Luego del trauma ocasionado por el traslado de la ciudad de Concepción producto del terremoto de 1751, desde el valle de Penco al sitio de La Mocha, un nuevo hecho vino a crear un distinto diseño de gobierno, como lo fue la política de intendencias elaborada por las reformas borbónicas del siglo XVIII, cuyo territorio sería dirigido por un gobernador intendente. El decreto de creación de Intendencia de Concepción es del 14 de enero de 1786, el cual 114


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yo en aquel tiempo gobernador Intendente de dicha provincia; y lo verificó tan cumplidamente, que tuve motivo de admirar su talento, buena instrucción y práctica de Jurisprudencia y otros sublimes conocimientos que posee, muy propios para desempeñar con acierto los negocios de su incumbencia por lo que le encomendé mi confianza. Hizo a mi lado las visitas de las plazas de frontera, después por si solo la del resto de su distrito, con motivo de haber salido yo al mando superior de esta capital, dejando constituido de él, el gobierno político y de real hacienda de aquel país”. Es durante este espacio que Juan Martínez de Rozas desarrolla sus capacidades desecando lagunas, arreglando calles, persiguiendo y terminando en cierta medida con el bandidaje, y fundando ciudades por petición del gobernador de Chile -como Linares y Parral-, acciones que generaron dentro del Concepción de su tiempo la admiración de los vecinos, lo que le dio un prestigio que trascendió más allá de lo local. También se preocupó de mejorar los caminos de su Intendencia siguiendo el plan trazado por el intendente O’Higgins, de manera que los viajes se pudieran hacer con menos dificultades y se terminara, en cierta manera, el aislamiento que sufría la provincia en invierno, cuando las lluvias frecuentes del Maule al sur convertían los caminos en lodazales difíciles de franquear. La vigilancia de los fuertes de la frontera hizo aumentar el conocimiento de la región, organizando puestos de frontera en Arauco, a fin de contener las demasías de los mapuches. Su entusiasmo por este trabajo le valió el nombramiento de teniente coronel de milicias de Concepción. El nombramiento de Francisco de Mata Linares, por parte de la corona, como intendente en propiedad, hace que Juan Martínez de Rozas vuelva a su antiguo rol como asesor jurídico de la intendencia y se ponga a disposición de la nueva autoridad, luego de haberse creado una gran simpatía y adhesión de los habitantes de la provincia. Al referirse a su figura, sus amigos y biógrafos lo describen como un hombre de: “Estatura

Apertura del Primer Congreso Nacional, obra de Nicanor Plaza en el Monumento a Juan Martínez de Rozas en Concepcion.

designa como primer intendente a don Ambrosio O’Higgins, ingeniero de caminos con una vasta trayectoria en la ciudad, dado todo su trabajo realizado en el diseño y traslado de la ciudad de Concepción al valle de La Mocha. La administración del nuevo territorio requería de una organización administrativa distinta de la desarrollada por la gobernación hasta este momento. Es en esta circunstancia que, ya sea por recomendaciones de Juan Antonio Rojas u otras, Ambrosio O’Higgins llama a Juan Martínez de Rozas a integrarse como asesor jurídico de la recién creada Intendencia de Concepción, en primer momento como interino, para luego ser confirmado en titularidad por el rey de España por decreto de 12 de julio de 1790. Durante su permanencia en el cargo, don Juan recorre acompañando a Ambrosio O’Higgins los territorios de la Intendencia, enterándose y resolviendo una serie de problemas. Ambrosio O’Higgins permanece en el cargo de Intendente de Concepción desde 1786 hasta 1788, época en que el rey Carlos IV de España lo nombra gobernador de Chile, dejando don Ambrosio en forma interina la Intendencia de Concepción en manos de Juan Martínez de Rozas hasta la llegada de su sucesor, por lo que permanece éste por espacio de un año en el cargo. El 10 de diciembre de 1798, Ambrosio O’Higgins expresaba en nota al rey, solicitando para Rozas el puesto de teniente asesor letrado de Concepción: “Desde entonces pasó el referido Don Juan a ejercer su destino a mis órdenes como que era

Estampilla conmemorativa de los 150 años del Primer Congreso Nacional, 1960.

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alta y robusta le constituía atleta de la justicia antes de serlo en la libertad pública. Su cabeza, proporcionada a su cuerpo, era grande; su rostro expresivo y blanco, respiraba una tremenda animación, debido a la mucha viveza de sus ojos, que parecían siempre irritados; de suerte que su mirar no tenía nada de halagüeño y, en efecto, era rígido, austero, y anunciaba una fuerza y una voluntad, reveladas también por la voz sonora, verdadero trueno con que la naturaleza le había dotado. Su carácter afable y sensible daba, no obstante, un desmentido a este exterior, y le valió la simpatía de una de las más ricas y más recomendables familias de la ciudad y, a consecuencia, la de la señorita María de las Nieves Mendiburu con quien tuvo la dicha de casarse”. En efecto, la relación de amistad con las familias más influyentes de Concepción terminó por concertar el matrimonio de don Juan con la señorita penquista doña Nieves Urrutia Mendiburu y Manzano, celebrado en Concepción el 23 de junio de 1795. Doña Nieves era hija del vecino más acaudalado de Concepción y del país, José de Urrutia y Mendiburu, dueño de grandes haciendas y propiedades que abarcaban las provincias de Linares, Maule, Ñuble y Concepción. Contaba con haciendas en Longaví, San Javier, San Vicente, Talca, San Miguel, Membrillar, Palmas y San Antonio de Perales; contaba además con casas en Concepción y Talcahuano, y barracas en el puerto peruano del Callao que atendían su flota naviera, en la cual se transportaba un sinnúmero de mercaderías entre los puertos de Chile y las costas del Perú. Se calculaban sus bie-

nes en la suma de 570.577 pesos, sin contar con una gran cantidad de plata labrada y de valiosos documentos de crédito. Todo lo dicho deja, dada la dote de su mujer, a Juan Martínez de Rozas en una posición inmejorable para emprender una carrera política dentro de la gobernación. Así lo entendió el nuevo gobernador, el Marqués de Avilés, que llegó a Chile en reemplazo del gobernador Ambrosio O’Higgins, al ser éste nombrado virrey del Perú y llevarse a Ramón Martínez de Rozas, hermano de don Juan, como asesor jurídico del Virreinato. El nuevo gobernador designó a Juan Martínez de Rozas como asesor jurídico interino de la gobernación, permaneciendo en dicho cargo hasta el 16 de abril de 1800, año en que llegó nombrado por el rey el asesor propietario Pedro Díaz de Valdés. Durante su periodo, don Juan sirvió no solo al Marqués de Ávila, sino también a su sucesor Joaquín del Pino. Terminado su interinato en la Gobernación de Chile, vuelve a Concepción a reasumir su empleo de asesor propietario, entrando en conflicto con el nuevo intendente de Concepción, Luis de Álava, que tenía como hombre de su confianza y como asesor jurídico a Ignacio Godoy, y miraba con mucha desconfianza que Juan Martínez de Rozas tuviera en sus manos los papeles públicos, siendo éste yerno del comerciante más acaudalado de Concepción y de la Gobernación de Chile. El conflicto tuvo caracteres dramáticos participando no solo la Real Audiencia de Santiago, sino también las cortes y el rey, generando una controversia entre las opiniones del intendente y la comunidad penquista que apoyó decididamente a Rozas; las múltiples versiones de los historiadores contemporáneos aluden que “los vecinos nobles, los regidores, los militares, los eclesiásticos y el obispo de Concepción” tenían ideas contrarias a las acusaciones del intendente Álava. El caso lo resolvió el rey Carlos IV, nombrando como asesor propietario, en enero de 1804, al licenciado Ignacio Godoy, orden que se vino a ejecutar recién en 1806, y que respaldó de alguna manera al intendente Álava, pese a todo el expediente en contra tenido a la vista. Desligado del cargo de asesor jurídico de la Intendencia de Concepción, Juan Martínez de Rozas tuvo el tiempo necesario para relacionarse y compartir opiniones con los más ilustres penquistas de la época, que a la espera de alguna ocasión propicia miraban desde el Biobío el acontecer de la Colonia. El destino puso nuevamente a Juan Martínez de Rozas en el camino de lo político, 116


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El alcalde Álvaro Ortíz Vera recibe la carroza que transportó los restos mortales de Juan Martínez de Rozas en Concepción. Agosto de 2015.

tras acontecer en Santiago la muerte inesperada del gobernador Muñoz de Guzmán en febrero de 1808, lo que obligaba a las autoridades de la época buscar un reemplazante mientras llegase un titular nombrado por la corona. El cargo debía recaer en el militar de mayor graduación, siempre que éste no fuera inferior al de coronel en ejercicio real. Don Juan, conocedor de los papeles públicos, tuvo la oportunidad en esta ocasión de mediar para que la Audiencia de Santiago tuviera que reconocer los méritos y derechos para el cargo de gobernador, de su amigo el brigadier general Francisco Antonio García Carrasco, residente en Concepción. Nombrado como nuevo gobernador, Francisco Antonio García Carrasco, al asumir el mando de la Gobernación, depositó toda su confianza en Juan Martínez de Rozas, solicitándole que lo acompañara a Santiago y designándolo además como asesor jurídico privado del gobernador, desplazando de esta manera al asesor en ejercicio Pedro Díaz de Valdés, esposo de Javiera Carrera, lo que trajo sin querer el surgimiento de un encono entre las familias Carrera y Rozas. No obstante don Juan era poseedor de todos los atributos para el cargo, pues era un hombre de inteligencia superior que destacaba entre los iguales de su época, poseía además un vasto conocimiento jurídico y administrativo y estaba preparado para ejercer el mando y resolver las controversias propias del devenir de esa época. Los acontecimientos ocurridos en España tras la invasión de Napoleón en la Península Ibérica, complicaron las relaciones entre la gobernación y la Real Audiencia. A su vez, la aristocracia santiaguina, dividida de alguna manera por los acontecimientos, veía con desconfianza el manejo de la cosa pública dado por García Carrasco y Martínez de Rozas, quienes con el fin de defender la colonia, celebraban reuniones y tomaban acuerdos para la compra de armamento y la creación de cuerpos militares con la contratación de personal,

implementando además un aumento en la recaudación de impuestos y contribuciones, lo que agravó las relaciones del gobernador con la oligarquía. Un nuevo acontecimiento ajeno a todo lo dicho vino en sepultar el prestigio tanto de García Carrasco como de Martínez de Rozas, y fue éste la captura del Barco Escorpión, cargado con contrabando y tomado como presa por un cuerpo armado mandado por el gobernador García Carrasco, que no solo capturó el barco, mató la tripulación y a su capitán Bunker, sino que además se repartió el botín, generando con esto el repudio universal. Rozas, comprendiendo el problema político, se retira a Concepción mientras García Carrasco enfrenta solo en Santiago los acontecimientos que lo llevan a renunciar a la gobernación, nombrándose en su reemplazo al conde de la Conquista don Mateo Toro Zambrano. De vuelta a la ciudad de Concepción, Martínez de Rozas se incorporó durante 1809 a los gru-

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pos sociales penquistas, casi todos relacionados con la familia de su mujer, los Urrutia Manzano, tales como: Rafael de la Sota, Pedro José Benavente y Roa, Luis de la Cruz, Bernardo O’Higgins, José Antonio Prieto y Esteban Manzano. En los círculos penquistas se discutían los acontecimientos y noticias llegadas desde España, como los ocurridos en el Virreinato de la Plata, mientras Martínez de Rozas va convenciéndose cada vez más de la necesidad de ir impulsando algunas ideas de carácter independentista tendientes a la creación de un nuevo estado. En este contexto habría escrito, aunque hoy se discute su autoría, el artículo titulado “Catecismo Político”, bajo el seudónimo de “José Amor de la Patria”, destinado a la “Instrucción de los pueblos libres de la América meridional”. Martínez de Rozas era reconocido tanto en Santiago como en Concepción como un hombre de gran prestigio y sapiencia política, además enlazado con la aristocracia penquista, la cual depositó siempre su confianza en él ante los hechos desarrollados en Santiago en septiembre de 1810. Por tanto no fue una sorpresa para nadie que su nombre figurara como miembro de la Primera Junta de Gobierno de 1810, aún cuando Juan Martínez de Rozas permanecía en Concepción. Tan solo el 1 de noviembre de 1810 llega a Santiago para ser recibido con los honores de capitán general, lo que ratifica la importancia de nuestro prócer penquista en el sentir del movimiento juntista santiaguino. Dada la composición de la Junta y la ancianidad tanto de su presidente Mateo Toro y Zambrano, como de su vicepresidente el obispo José Antonio Martínez de Aldunate -muertos a poco andar los primeros meses de 1811-, permitió a Martínez de Rozas desde un primer momento imponerse en la dirección de la Primera Junta, previniendo desde allí todas las acechanzas venidas tanto del frente interno como del exterior y resolverlas con una fé-

rrea destreza política, trabajando en conjunto con la Junta de Buenos Aires y extendiéndole a ésta su apoyo desde Chile, ya que comprendió que el derrocamiento de la junta bonaerense significaba la muerte del movimiento juntista nacional. Dicho apoyo contaba con una seria resistencia de muchos criollos que veían en esta ayuda un debilitamiento de la defensa de la gobernación de Chile. No obstante, las fuerzas expedicionarias fueron estrictamente adictas a las órdenes emanadas de Juan Martínez de Rozas.

Primer Congreso Nacional Desde sus primeros días en la Junta, Juan Martínez de Rozas comprendió, pese a su oposición a la convocatoria de un Congreso Nacional, que todo el esfuerzo hecho hasta aquí no tendría ningún efecto mientras no se creara un órgano encargado de generar las leyes que regularan la gobernación. Así se explica la convocatoria a la creación de un Congreso Nacional con la elección de diputados de las provincias y así lo entendieron los diferentes cabildos, eligiendo a sus representantes. La idea de convocar a un Congreso Nacional provocó el más enconado rechazo de la Real Audiencia, que veían en este acto trastocado el principio de soberanía del rey; dicho rechazo contó además con el apoyo del coronel realista Tomás de Figueroa, quien el 1 de abril de 1811, día en que se realizarían las elecciones para el congreso, pretendió disolver la Junta mediante un motín. Avisado Rozas del acontecimiento, salió personalmente a enfrentar a Figueroa, quien fue apresado y en juicio sumario condenado a muerte y fusilado en el mismo acto en su calabozo. La actitud enérgica tomada por Juan Martínez de Rozas provocó la disolución de la Real Audiencia, relegando a los oidores a lugares apartados, mientras otros abandonaron el país.

El Panteón de la Patria del Cementerio General de Concepción recibe los restos de Juan Martínez de Rozas.

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Ceremonia solemne en el Panteón de la Patria del Cementerio General de Concepción con los restos del prócer de la Independencia.

La apertura del Primer Congreso Nacional se llevó a cabo en el edificio de la Audiencia el cuatro de julio de 1811, siendo su primer presidente Juan Martínez de Rozas. En la instalación del congreso participan 36 diputados elegidos por los respectivos cabildos, pero a estos hay que agregar seis más electos por el cabildo de Santiago, que alegó en su favor contar con una mayor población. Este ardid político permitió a los moderados controlar el congreso mientras el grupo separatista, tanto de Coquimbo como de Concepción, tomaron otras opciones. Juan Martínez de Rozas, al quedar desvinculado de la participación política santiaguina, vuelve a Concepción, donde organiza junto a sus partidarios una férrea oposición a los congresistas capitalinos convocando a un cabildo abierto que se lleva a cabo el 5 de septiembre de 1811, en el cual se retiraba el apoyo a los diputados penquistas por no responder a la voluntad de la ciudad de Concepción y permanecer impertérritos ante tan flagrante irregularidad. El acta de la Junta de Concepción del 5 de septiembre de 1811, deja de manifiesto las discrepancias y aprensiones del pueblo penquista en referencia a los acontecimientos santiaguinos. Los acuerdos del cabildo de Concepción fueron tomados desconociéndose los sucesos ocurridos en Santiago el 4 de septiembre de 1811, acción en la cual José Miguel Carrera junto al grupo de los Larraín, y acompañados de milicias de un batallón de granaderos, presionaron al Congreso con un pliego de peticiones, que terminó en la tarde del mismo día con la creación de una junta ejecutiva conformada por Juan Enrique Rosales, Juan Martínez de Rozas, Martín Calvo Encalada, Juan Mackenna y Gaspar Marín. Correspondiendo el acto de la Junta de Gobierno de Concepción del 5 de septiembre de 1811 a un hecho de la mayor trascendencia, ocurrido fuera de las cúpulas capitalinas, y que representa la importancia del pensamiento penquista en el de-

venir de las ideas independentistas generadas por Rozas y sus partidarios, es que se inserta en este sucinto relato el acta del relevante acontecimiento. Los acuerdos tomados por la Junta de Concepción van a ser respetados por los cabildos del Maule al sur, lo que trae como consecuencia algunos roces y discrepancias con la Junta de Santiago creada por José Miguel Carrera el 4 de septiembre de 1811. Los golpes de estado del 4 de septiembre y 2 de diciembre de 1811, dados por Carrera en Santiago, generaron un distanciamiento irreconciliable entre la capital y Concepción, teniendo como protagonista de los sucesos a Carrera y Rozas. Pese a todas las instancias de conciliación ofrecidas por Rozas y el sur a Carrera, y el nombramiento de mediadores designados por ambos, los hechos determinaron la derrota política de Rozas, quien ante la posibilidad de una guerra civil que debilitara todo lo alcanzado y concluyera con la ocupación de los realistas nuevamente (cosa que ocurrió con la reconquista de 1814), no tomó la decisión de marchar sobre la capital con fuerzas y generales que le eran fieles. Esperó en Concepción el desarrollo de los acontecimientos, que terminaron con su detención y destierro del país al cual legó todo su esfuerzo y las ideas de independencia. La muerte lo alcanzó en su destierro de Mendoza, su tierra natal. La historia lo trajo de vuelta al lugar de sus amores, al encuentro de su familia, al lugar que lo vio crecer políticamente, a su amada Concepción, donde hoy descansa en un lugar de predilección otorgado por los penquistas en el Cementerio General de Concepción, al lado de Nieves Urrutia Mendiburu, la que fuera en vida su esposa. Mihovilovic Gratz, Alejandro, “Juan Martínez de Rozas, su vida política”. Resumen del artículo del libro El regreso del prócer. Juan Martínez de Rozas en la ciudad de Concepción, Ediciones del Archivo Histórico de Concepción, Concepción, 2017. 119


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Captura de la fragata española “María Isabel”

Todo un símbolo en los comienzos de la Armada de Chile. Un acto de audacia ocurrido en la región que merece ser recordado al conmemorarse 200 años del comienzo formal de la República. Germán Bravo Valdivieso

Academia de Historia Naval y Marítima de Chile

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on Bernardo O’Higgins, desde los cerros del Alto del Puerto en Valparaíso, vio zarpar la Primera Escuadra Nacional el 9 de octubre de 1818, según lo aseguran la mayoría de los historiadores, o bien el día 10, como lo indica el parte pasado por el comandante en jefe de la Escuadra, don Manuel Blanco Encalada. Se ha tratado de explicar esta dualidad en las fechas en el hecho que, según las normas británicas, los buques cambiarían las fechas en sus bitácoras al mediodía y no a la medianoche, como es lo habitual. Pero no esta la única discrepancia que existe sobre ese acontecimiento. Según algunos historiadores, el director supremo habría pronunciado la lapidaria frase “de esas cuatro tablas penden los destinos de América”, mientras otros le atribuyen una mucho más optimista que rezaba “tres barcos dieron a España el dominio de América; esos cuatro se lo quitarán”. El hecho es que una fecha u otra, una frase pronunciada u otra, daban lo mismo, pues lo importante era el corazón y el empeño del jefe que comandaría la expedición: el comandante en jefe de esa escuadra, el capitán de navío Manuel Blanco Encalada, a quien O’Higgins lo había nombrado para el cargo el 17 de septiembre de ese año. Su flota la componían el navío “San Martín”, al mando del capitán W. Wilkinson, nave de 60 cañones y una tripulación de 492 hombres; la fragata “Lautaro”, dirigida por el comandante Charles Wooster, que portaba 50 cañones y 353 hombres de tripulación; la corbeta “Chacabuco”, mandada por el comandante Francisco Díaz, con 20 cañones y una tripulación de 151 hombres; y el bergantín “Araucano” con su comandante Raimundo Morris, llevando 16 cañones y 110 personas.

compañía de zapadores de 90 hombres y artillería también con 90 hombres, totalizando 2.080 combatientes, municiones, pólvora, cañones y numeroso avituallamiento para reforzar el ejército realista en Perú y cuya misión era sofocar el movimiento independentista en el Virreinato. El convoy debía dirigirse de Cádiz a las islas Canarias, donde se detendrían a hacer víveres y aguada antes de enfrentar el océano Atlántico y poner rumbo hacia el sur y doblar el Cabo de Hornos hacia la isla Santa María antes de entrar a Talcahuano para continuar a El Callao. Cuatro días después de haber zarpado el convoy, se hacía a la mar, también desde Cádiz, con destino a Buenos Aires, el bergantín inglés “Lady Warren”. Su capitán James Hunt informó a las autoridades argentinas, a su recalada, que se había cruzado con un convoy español compuesto de quince naves que se dirigían hacia Talcahuano, lo que fue inmediatamente informado a nuestro país por don Miguel de Zañartu, agente de Chile en el Plata el 29 de julio (1). La navegación del convoy tuvo toda clase de problemas. A los cinco días de haber zarpado, el comandante de la “María Isabel” y de la expedición, don Manuel del Castillo, sufrió una parálisis y tuvo que ser desembarcado en Tenerife, siendo relevado por su segundo, el teniente de navío don Dionisio Capaz, quien dirigiría el convoy rumbo a Talcahuano. Después de zarpar de Tenerife, la agrupación se vio afectada por algunas semanas de calma, y una vez que el viento cambió, se produjo un desorden tal, que algunas naves debieron dispersarse, quedando la fragata “María Isabel” navegando sola. A bordo del “Trinidad”, el más grande de los transportes del convoy, el 22 de julio, un grupo de sargentos con 180 soldados del regimiento Cantabria se amotinó y obligó al comandante a dirigirse a Buenos Aires, donde recalaron el 16 de agosto. La noticia llevada por la fragata “Lady Warren” a Buenos Aires fue corroborada por el “Trinidad”, quienes completaron la información acerca de las fuerzas que viajaban, las órdenes que llevaban y el plan de señales del convoy. Se entregaron 183 soldados del regimiento Cantabria y 52 marineros, y el cargamento que consistía en 506 fusiles con sus bayonetas, 20 sables y 51 barriles de municiones.

El convoy de Cádiz El 21 de mayo había zarpado de Cádiz un convoy en dirección al Mar del Sur, compuesto por los transportes: “Trinidad”, “Carlota”, “San Fernando”, “Atocha”, “Santa María”, “Javiera”, “Especulación”, “Dolores”, “Elena”, “Magdalena”, “Jerezana” y “Todos los Santos”; los cuales eran escoltadas por la fragata de guerra “María Isabel”. En él viajaban dos batallones de infantería del regimiento de Cantabria con 1600 hombres al mando del teniente coronel Fausto del Hoyo; dos escuadrones de caballería de 300 hombres, una 121


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Zarpe de la Primera Escuadra Nacional. Óleo de Thomas Somerscales. Club Naval de Valparaíso.

Conocida la amenaza que se cernía, O’Higgins entregó el mando de la improvisada escuadra al capitán de navío don Manuel Blanco Encalada, mientras los buques dispersos del convoy cruzaban el cabo de Hornos y se dirigían a Talcahuano. Entre los días 8 al 18 de octubre entraron en el puerto los transportes “San Fernando”, “Atocha”, “Santa María” y “Javiera”, desembarcando a 550 hombres de tropa que quedaron en el lugar por disposición del comandante de la plaza, el coronel don Juan Francisco Sánchez, y embarcando trigo para continuar a El Callao el 23 de ese mes. La fragata “María Isabel” fondeó en la parte sur de la isla de Santa María, donde estaban dos españoles comisionados por el gobernador de Concepción, para instruir a los bajeles del convoy que se dirigieran a Talcahuano, donde ya habían fondeado los cuatro mencionados. Allí el comandante Capaz se puso en contacto con el capitán de un ballenero inglés, con quien dejó instrucciones cerradas y selladas para los buques que faltaban, y continuó a Talcahuano, donde fondeó el 24 de octubre de 1818.

Se hizo la escuadra a la vela con una heterogénea composición en sus tripulaciones, pues algunos marineros y desertores sabían navegar, pero para otros era la primera vez que conocían el mar. En algunos buques se daban las órdenes en inglés y en otros en castellano, según la nacionalidad del comandante, por lo que había oficiales y tripulantes que no las entendían, -incluso el propio comandante en jefe no dominaba el inglés-, pero a todos los dominaba su valentía y patriotismo para la tarea que iban a emprender. Al alejarse de la costa, Blanco Encalada abrió el sobre sellado que había recibido con instrucciones en las que se le ordenaba dirigirse a la Isla Mocha, pues allí debía reunirse el convoy y despachar a uno de sus buques más veleros a reconocer Talcahuano y mantenerse a la expectativa de la llegada de los bergantines “Maipo” y “Galvarino” que navegaban desde Buenos Aires a unirse a la escuadra. En líneas generales, las órdenes eran apresar el convoy y todo barco que navegara con bandera española, dejándole bien establecido que debía defender su bandera hasta el fin, haciendo volar sus buques antes que éstos cayeran en poder del enemigo. Los primeros días de navegación debieron ser dedicados a preparar a sus tripulaciones, realizando muchas maniobras de vela para que los novatos marineros pudieran aprender su oficio y para tener una relación fluida con los oficiales. También encontraron mal tiempo, que ayudó a la instrucción, pero que hizo que la corbeta “Chacabuco” se separara de la formación, sin conocer Blanco Encalada donde se encontraría.

El primer ensayo de nuestra escuadra Con el conocimiento de la venida del convoy que transportaba al regimiento Cantabria, don Bernardo O’Higgins apuró la salida de los buques que debían enfrentárseles y, contra el tiempo, se reclutaron las tripulaciones entre muchos tripulantes de naves mercantes extranjeras, desertores, marineros de playa y hasta vagos tomados por la policía de Santiago y trasladados al puerto. 122


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Al anochecer del 26 de octubre, se hallaban los tres buques restantes frente a la isla Quiriquina, por lo que se envió al “Araucano” a reconocer la costa, debiendo posteriormente reunirse en la isla Santa María. Entretanto, cuando recalaron a esta isla el “San Martín” y la “Lautaro”, divisaron una fragata desconocida en el surgidero, que resultó ser la ballenera inglesa “Shakespeare”, cuyo capitán les informó que, dos días antes, había pasado, con rumbo a Talcahuano, la fragata de guerra española “María Isabel”, dejando en la isla a un grupo de marineros con instrucciones. Blanco Encalada hizo izar la bandera española, lo cual atrajo al grupo de cinco tripulantes, quienes acudieron en una chalupa al costado del “San Martín”, llevando un pliego sellado donde figuraban las órdenes a los capitanes de los transportes para que se dirigieran directamente a Talcahuano y comunicaron que cuatro de ellos ya habían pasado por ese puerto y habían continuado con rumbo a El Callao. Blanco Encalada no perdió ni un segundo, aunque lamentaba la ausencia de la “Chacabuco” y del “Araucano”. Zarpó a Talcahuano con los dos buques restantes, pero por los imponderables de la navegación a vela, el viento falló y tuvieron que pasar la noche del 27 encalmados frente a la isla Quiriquina. Al amanecer se levantó un leve viento del norte, pero la neblina impedía entrar al puerto. Cuando esta se disipó, entraron por la Boca Grande y divisaron, al fondo del surgidero, a la fragata española “María Isabel”. Al ver aproximarse dos naves desconocidas, ésta afianzó su bandera con un cañonazo, el que respondió el “San Martín” izando la bandera inglesa; pero los españoles, sospechando del ardid, dispararon un segundo cañonazo, esta vez con bala, por lo que los buques chilenos, sin con-

testar, cargaron las velas. Al ver la maniobra, los españoles dispararon contra el “San Martín” sin producirle daños de importancia, momento en el cual este izó la bandera chilena y se dirigió directamente con intenciones de abordarla. El comandante Capaz rehuyó el combate y maniobró para encallar su buque, quedando tan cerca de las naves chilenas, que las repelían con tiros de fusil desde la popa. El “San Martín” y la “Lautaro” descargaron sus baterías y fondearon a tiro de pistola del enemigo. Los españoles, creyendo que su buque se encontraba firmemente varado y para no exponerse al fuego chileno, arriaron la bandera y lo abandonaron en botes y a nado. Blanco Encalada, que lo tenía todo previsto, ordenó que los tenientes Bell y Compton, con 50 marineros, en dos botes, abordaran la fragata, lo que cumplieron con éxito, apresando a los 60 españoles que aún no la abandonaban. Enseguida se hizo desembarcar al comandante Guillermo Miller para que con 150 infantes de marina cortaran el camino a Concepción y así se evitara el envío de refuerzos; pero se topó con el coronel Juan Francisco Sánchez que avanzaba con fuerzas superiores y cuatro piezas de artillería, que obligaron a Miller a replegarse y reembarcarse. El fuego entre los españoles desde la playa y los chilenos desde los buques continuó hasta el anochecer. En la noche llovió y sopló viento norte apretando más a la fragata varada contra la arena. Al amanecer, cuando el viento amainó, tres lanchas enemigas se acercaron a la “María Isabel” con el ánimo de abordarla, pero no lograron hacerlo, pues fueron fieramente rechazados por los chilenos que la habían tripulado. Se produjo un activo cañoneo entre los tres buques contra el fuerte San Agustín y las tropas parapetadas en las casas del pueblo.

La Primera Escuadra Nacional. En primer plano el navío San Martín, la fragata Lautaro, la corbeta Chacabuco y el pequeño bergantín Araucano. Thomas Somerscales. Pinacoteca Armada de Chile.

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Captura de la fragata Reina María Isabel, óleo sobre tela de Thomas Somerscales, 1908.

Hacia el mediodía se levantó una suave brisa del sur y los chilenos dejaron los cañones para cooperar en la maniobra para desvarar a la “María Isabel” ayudados por un anclote que Blanco Encalada había hecho fondear durante la noche a popa del buque. Ante la sorpresa de los chilenos y el estupor de los españoles, al primer esfuerzo la nave flotó. Un par horas más tarde, los tres buques se hacían a la vela, tomando el mando de la nueva unidad el capitán Guillermo Wilkinson. La escuadra chilena debía lamentar 27 muertos y una veintena de heridos. Después de algunos percances a la salida de Talcahuano, como fue que el “San Martín” tocó fondo pero sin mayores consecuencias, y que Blanco Encalada tuvo que pedirle al capitán Charles Wooster de la “Lautaro” que tomara el mando pues la tripulación solamente entendía las órdenes en inglés y todos los oficiales que hablaban el idioma se encontraban en la “María Isabel”, fondearon en la isla Santa María el 31 de octubre. El 10 de noviembre arribó el bergantín “Galvarino”, incorporándose a la escuadra para esperar que recalara el resto de los transportes españoles y el “Araucano” fue despachado a Valparaíso para informar del éxito obtenido. Al día siguiente apareció el primer transporte, la fragata “Dolores”, que engañada por la bandera española y las señales que le hicieron, fondeó al costado del San Martín, el cual disparó un cañonazo y todos los buque izaron, a la vez, el pabellón nacional, no quedándole otra alternativa que rendirse. Esta fue tripulada con parte de la dotación del “Galvarino”. Al día siguiente se repetía el mismo procedimiento y caía en poder de Chile la fragata

“Magdalena”. Entretanto las Provincias Unidas argentinas enviaban al bergantín “Intrépido” para incorporarse a la escuadra, siendo parte de su dotación la encargada de tripular la nueva presa. El día 14 fondeaba la fragata “Elena”, que tuvo que ser marinerada con gente del “San Martín” y como ya los tripulantes escaseaban, esa misma noche Blanco Encalada dio por terminada su misión y dio vela a Valparaíso, dejando a la corbeta “Chacabuco” para que cruzara frente a la isla Quiriquina en espera de los tres transportes que faltaban. El 22 de noviembre, esta última fondeaba en Valparaíso con los transportes “Rosalía” y “Carlota” y 140 prisioneros de la tropa que conducían. El regreso de la escuadra a Valparaíso fue un espectáculo apoteósico, la población entera se volcó al puerto para darle la bienvenida. Cuatro naves habían zarpado y regresaban nueve. La captura de este convoy es la más importante acción naval de las guerras de la independencia americana. De un solo golpe se desbarataron los planes españoles que traían dos mil marineros y soldados veteranos. A la “María Isabel” se la rebautizó con el nombre del Director Supremo: “O’Higgins” y a las tripulaciones participantes se les concedió un brazalete de paño verde con un tridente rodeado de laureles que llevaba el lema: “Su primer ensayo dio a Chile el dominio del Pacífico”.

NOTA: 1.- Evidentemente había un error en la información, pues se trataba de doce fragatas de transporte y una de guerra. 124


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Chillanejos en la Independencia Las aspiraciones regionales emancipadoras.

Marco Aurelio Reyes Coca Universidad del Bío-Bío

Mural del Primer Congreso Chileno, obra de Nicanor González Méndez, 1903.

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La

perspectiva regional de los procesos históricos coyunturales o de larga duración (Braudel, 1970), está entregando nuevos enfoques sobre el “Rupturismo republicano”, los que sobrepasan los planteamientos del liberalismo republicano, las tesis canónicas, el materialismo histórico, el desarrollismo, el eclecticismo y la nueva historia. Esta novedosa visión historiográfica está impulsada por el historiador penquista Armando Cartes Montory (Concepción contra Chile: consensos y tensiones en la Patria Vieja (1808-1811), 2010), en una verdadera provocación para la tradición historiográfica sobre el proceso de emancipación chilena, al plantear que en Concepción se fragua el rupturismo republicano antes que en Santiago, por el enorme desarrollo alcanzado en la “Baja Colonia” gracias a los provechosos impactos de las reformas borbónicas. Este proceso se gesta en Concepción impulsado por los clanes de una sociedad culta y emprendedora con clara “conexión argentina” (Martínez de Rozas lo era); la influencia hacia Chillán sería evidente, a pesar del predominio monarquista de la ciudad. En suma, la “ruptura republicana” constituiría un proceso de maduración intelectual y de desarrollo de la región de Concepción, actual Biobío, que involucraría a Chillán y Los Ángeles, lo cual conllevaría a la destrucción del orden colonial, liberando fuerzas contenidas y abriendo un nuevo proceso de búsqueda de la legitimidad y distribución del poder (Cartes, op.cit.). La región penquista alcanza protagonismo, aún no reconocido por la historiografía canónica, en el momento mismo en que asume la Gobernación de Chile Antonio García Carrasco (1808), quien tendrá como asesor a Juan Martínez de Rozas, ideólogo de la emancipación y líder de la aristo-castrocacia penquista. Será el impulsor de los “clubes revolucionarios” en Concepción y Chillán, en los que se construirá el ideario republicano.

influencia de la orden de los franciscanos fue histórica para crear una conciencia monarquista-chillaneja como Defensores del Rey. Catalogaban a los rupturistas republicanos como destructores del poder divino del Rey de España. Los franciscanos se aprovechaban de la ignorancia supersticiosa de la mayoría analfabeta a través del miedo, confundiendo la fe de la población con los ideales emancipadores de una minoría aristocrática (M. Pedrero, 2008, Chillán Viejo: Llave del Reino y Cuna de la Patria). A pesar de esta atmósfera opuesta a cualquier pensamiento rupturista, también vivió la existencia, aunque ínfima, de los “clanes revolucionarios” vinculados a los de Concepción, en los que participaba el futuro libertador O’Higgins. En la mansión de los Solar, en 1809, participaban en reuniones Clemente Lantaño, Fray Rosauro Acuña y Pedro Ramón Arriagada, de alto protagonismo en las luchas contra los invasores. Por supuesto, fueron detenidos y procesados por García Carrasco. O’Higgins los llamaba “discípulos míos y adeptos políticos” (carta a Juan Mackenna, Archivo O’Higgins, tomo I, p. 63).

Antonio Urrutia Mendiburu (1775-1852).

Chillán, la “Goda” El historiador Benjamín Vicuña Mackenna bautizó a Chillán como “La siempre Goda”, aludiendo a la posición monarquista que asumió la aristocracia chillaneja durante el proceso emancipador. La 126


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Otros patriotas importantes en Chillán eran Pedro Nolasco Victoriano, Pedro José Riquelme y Antonio Solar. Según Álvaro de Trasmiera, algunos personajes prominentes como Clemente Lantaño, Manuel Barañao, Manuel Bulnes Quevedo y Manuel Vega, “cercanos a O’Higgins”, se alejaron de la causa patriota por la “guerra de represalias” que realizó Carrera en la provincia (Trasmiera, 1950, Clemente y Ramón Lantaño ante el bando de O’Higgins). En el Congreso de 1811, Chillán estuvo representado por el coronel Antonio Urrutia Mendiburu y Ramón Arriagada, en tanto que por Itata iba Manuel de Salas y Corvalán, mientras que O’Higgins lo hacía por Los Ángeles, donde residía en Las Canteras. El hibridismo ideológico de algunos patriotas como Clemente Lantaño, que según se ha señalado “de revolucionario pasó a defensor del Rey”; se encuentra también en el abogado chillanejo José Antonio Rodríguez Aldea, quien desde fiscal del ejército invasor de Gabino Gainza y fiscal de la Real Ascendencia durante la Reconquista Hispana en los gobiernos de Osorio y Marcó del Pont, se convirtió en poderoso Ministro del Director Supremo Bernardo O’Higgins, en 1818.

José Antonio Rodríguez Aldea (1779-1834). Ilustración de Rodolfo Paulus, diario La Tercera.

Chillán, escenario de la Patria Vieja y centro de operaciones realista

(Guarda, G, (1990), Flandes Indiano). En una confusa intentona de O’Higgins por penetrar los umbrales del actual Chillán Viejo por el Tejar, falleció el capitán patriota Joaquín Gamero. El llamado “sitio de Chillán”, fue una breve intentona de Carrera por rescatar Chillán y demostraba errores militares estratégicos evidentes, como escasez de recursos logísticos, condiciones climáticas duras y la acción de rechazo de los chillanejos altamente influenciados por los franciscanos. Tanto fue el impacto negativo de esta insólita decisión militar, que Carrera debió entregar el mando del Ejército Restaurador al chillanejo Bernardo O’Higgins, tras el frustrado sitio (julio-agosto 1813) y del triunfo pírrico en El Roble (octubre de 1813). Por supuesto que Juan Francisco Sánchez terminó agradeciendo la hospitalidad chillaneja y en especial los auxilios franciscanos.

Dada su condición de “Ciudad siempre Goda”, abrió las puertas a la expedición restauradora del brigadier Antonio Pareja en 1813, que para la mayoría de los chillanejos “franciscanizados”, venía a restaurar el orden monárquico alterado por los “insurgentes endemoniados” (Pedrero, M, (2008) op. cit). Con el alborozo de la población, las fuerzas realistas establecieron su centro de operaciones en Chillán, quedando a su voluntad, con los auxilios materiales y espirituales necesarios. El pequeño grupo revolucionario rupturista sufrió ignominiosas consecuencias, escarnios y vejaciones públicas. Entre ellos estaban Pedro Ramón Arriagada; los hermanos Ramón y Dolores Lantaño; fray Rosauro Acuña, cura de la Buena Muerte y director del Hospital de Chillán; y María Cornelia Olivares, todos estigmatizados como “endemoniados”. En Chillán, según Melchor Martínez, “no había lugar más a propósito ni capaz de proporcionar alojamiento y subsistencias al ejército” (en Leonardo León (2002), Reclutas forzados y desertores de la Patria, Rev. Historia, vol. 35). Los invasores realistas “encerrados en Chillán” vieron acontecer la muerte del brigadier Pareja, quien fue sepultado en el templo franciscano, y la entrega del mando al teniente coronel Juan Francisco Sánchez, quien debió dirigir el “supuesto Sitio de Chillán”, así calificado por la liberalidad con que los españoles salían a recorrer los campos “para recoger ganado, buscar granos y enrolar soldados”

Chillán, prisión de patriotas Dada la situación descrita, no fue sorpresa que la prisión de Isabel Riquelme y Rosita O’Higgins fuera en Chillán, luego de su captura en la ruta Yumbel a Concepción, en septiembre de 1813. Permanecieron prisioneras por dos meses, siendo canjeadas en las Juntas del Diguillín por la esposa del coronel Sánchez y sus tres hijos, capturados por Carrera. En enero de 1814, llega la 2ª expedición restauradora de Gabino Gaínza, con la algarabía 127


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Combate de El Roble, octubre de 1813. Colección Biblioteca Nacional de Chile (1775-1852).

de los chillanejos. Con él venía el fiscal militar José Antonio Rodríguez Aldea. En su cuartel militar de Quinchamalí, tenía prisioneros a José Miguel y Luis Carrera. Chillán era la prisión de 300 patriotas. La fuga de los Carrera fue planificada por los propios realistas para erizar las relaciones personalistas entre O’Higgins y Carrera. La tercera expedición hispana al mando del brigadier Mariano Osorio causó la sempiterna alegría de los chillanejos y franciscanos, tanto que el brigadier fue alojado en el convento de los frailes monárquicos. Se celebró el Desastre de Rancagua y se ascendió en grados militares a Clemente Lantaño, Tomás Acuña, Juan Rodríguez, Martín Venegas y Antonio Dávila. La historia patria no los celebra. Desde Chacabuco (1817), Chillán deberá sufrir las consecuencias de haber sido “Defensora del Rey”, viviendo destrucción, saqueos y la hui-

da de los franciscanos. Entre agosto y octubre de 1817, un nuevo desembarco de Osorio determinó que los realistas con Clemente Lantaño y Manuel Bulnes Quevedo (padre del general Manuel Bulnes Prieto), se apoderara nuevamente de Chillán para la causa monárquica. La captura de la ciudad por Ramón Freire en diciembre de 1818 la liberó de la presencia hispana. La ciudad “siempre Goda”, quedaba destruida tanto en lo material como en lo espiritual, tanto como lo será en el terremoto del 20 de febrero de 1835. En tanto, el bandolerismo de los Pincheira y el bandidaje rural de campesinos cimarrones asolan la región como un sino inequívoco de su trágica existencia.

A manera de conclusión El proceso emancipador es a todas vistas “regionalista”, surgido desde Concepción y su hinterland, situación omitida por los historiadores nacionales y extranjeros (entre ellos Simon Collier). Fue evidente en el Primer Congreso y la Constitución de la Junta Provincial de Concepción. El centralismo santiaguino aborta este interesante proceso. Carrera fue determinante en este desplazamiento del liderazgo emancipador, para quien “Santiago era la hermana mayor de Concepción”. (Cartes, A, Un gobierno de los pueblos. Relaciones provinciales en la Independencia de Chile (2014). El caso de Chillán en el proceso emancipador es definidamente monárquica-franciscana; sin embargo, entregó a la causa patriota-rupturista a grandes personajes como Bernardo O’Higgins, fray Rosauro Acuña, Pedro Ramón Arriagada, Pedro Nolasco Victoriano, Pedro José Riquelme, Ramón y Dolores Lantaño, el P. Pedro José Eleisegui y María Concha Olivares, entre otros. Son los chillanejos en la causa independentistas.

Estampilla de Chile, Batalla de El Roble. Serie conmemorativa del Centenario de la Independencia Nacional, emitida en 1910.

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Plazuela en Chillán Viejo.

Un acontecimiento significativo de la Guerra de la Independencia ocurrido en nuestro territorio.

Marcial Pedrero Leal

Instituto O’Higginiano de Ñuble

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L

os aciagos tiempos del proceso emancipador chileno en pro de la instauración de la república, determinado soterrada e implícitamente durante el gobierno de José Miguel Carrera, se inician en 1810 como una reacción a la conducta de los habitantes de la península ibérica. La ciudad de San Bartolomé de Chillán, actual Chillán Viejo, fue escenario de los comienzos de las campañas militares. Allí, la mayoría de sus habitantes, influenciados por los frailes franciscanos, mantenía una postura proclive a su real majestad, el rey de España, por lo que Vicuña Mackenna la catalogó como “la siempre goda Chillán”. El sitio de Chillán de 1813 es uno de los episodios bélicos más notables de aquellos tiempos dentro del contexto del primer tronar de cañones, la lucha por la independencia, donde combatieron chilenos entre sí. El almirante peninsular Antonio Pareja llegaba a San Bartolomé de Chillán después de una semana de viaje procedente de Concepción con un contingente mayoritariamente chileno, de hombres chilotes, valdivianos y penquistas, que arribaron a Lenga con la misión encomendada por el virrey Fernando de Abascal del Perú de apoderarse del gobierno insurgente de José Miguel

Carrera, quien había estructurado una nación con una actitud pro-emancipadora. Pareja, un alto oficial de la Armada española veterano de Trafalgar, como todos los jefes españoles era serio y distante de sus tropas porque desconfiaba de los hispanoamericanos. Sin embargo, tuvo el poder de convicción para enrolar cerca de tres mil hombres. Venía solo con un pequeño grupo de oficiales y 50 veteranos españoles. Sus tres divisiones, dos cuerpos de milicias de caballería de avanzada y retaguardia respectivamente, además de un batallón de veteranos de Concepción, fueron acogidas en Chillán con los brazos abiertos por los 22 frailes franciscanos, cuyo convento se transformó en un cuartel militar, recibiendo de ellos noventa caballos y toda clase de vituallas, alimentos, frazadas, entre otros y el correspondiente apoyo espiritual. El panorama de San Bartolomé de Chillán, a esa fecha, lo presenta Barros Arana: “…Chillán contaba entonces con poco más de cuatro mil habitantes, pero poseía siete iglesias o capillas, un hospital, y tres conventos, de los cuales el más grande y el que tenía un mayor número de religiosos era el de los padres franciscanos, que ocupaba dos manzanas enteras en la parte oriental de la ciudad. En Junio

Convento San Francisco. Diaporama de Zerreitug. Centro Cultural Bernardo O’Higgins, Chillán Viejo. Fotografía de Jorge Díaz Arroyo.

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Sitio donde estuvo emplazado el fuerte realista San Bartolomé, “El Brujo”.

de 1813 el número de sus pobladores se había más que doblado, no sólo por la permanencia del ejército realista, sino por la entrada de numerosos vecinos que habían acudido de los campos cercanos huyendo de las extorsiones que cometían las guerrillas, y de los malhechores que se aprovechaban del estado de guerra para perpetrar robos y salteos” (1). Es de consideración la actitud promonarquista por parte de los frailes quienes, además demonizaron al ejército de Carrera, lo que es evidenciado en un escrito del guardián del Colegio de Propaganda Fide, fray Juan Ramón: “puedo decir que los rebeldes, para afirmar su sistema, se coligaron con el infierno, prometiéndole aumentar sus víctimas con la protección del libertinaje para exterminio de la Santa Religión” (2). De esta manera, al momento de emprender su marcha hacia el norte, el ejército realista recibía la bendición en una especie de cruzada, habiendo sido inyectado espiritualmente y elevado su moral por los frailes, quienes lo estimularon a combatir con denuedo contra los insurgentes “seguidores del demonio”. Pareja fue sorprendido por una división independentista en Yerbas Buenas en la noche del 27 de abril, situación que perjudicó a sus fuerzas, tras lo cual decidió retornar a Chillán. Los monarquistas regresan hacia el sur, pero antes de alcanzar la latitud de San Carlos, el jefe hispano de 56 años, afectado de neumonía, ante la proximidad de la muerte delega el alto mando en un oficial de bajo rango, el coronel Juan Francisco Sánchez, provocando obviamente la animadversión de los oficiales de mayor graduación, algunos de los cuales se alejaron con destino al Perú. Más tarde, ambos ejércitos se enfrentan en la batalla de San Carlos, hoy sector de San Miguel de Ablemo, en la jornada del 15 de mayo sin

resultados claros en ambos bandos. Por un error táctico de los patriotas, el enemigo abandonó el campo de batalla en la noche sin impedimentos, prosiguiendo hasta internarse en Chillán porque, según Melchor Martínez, “no había lugar más a propósito ni capaz de proporcionar alojamiento y subsistencias al ejército”. Pareja falleció el 21 de mayo de aquel año, 1813, y sus restos fueron inhumados con honores de acuerdo a su rango militar en el patio de la capilla del convento franciscano, donde hoy se emplaza el liceo Arturo Pacheco Altamirano. A continuación, presentamos la nómina de algunos oficiales subalternos de Sánchez: Ildefonso Elorreaga, teniente coronel de artillería José Berganza, sargentos mayores José Ballesteros y José Hurtado, comandante Ignacio Justus y Antonio Quintanilla, todos de origen hispano, más el capitán argentino José Manuel Barañao, el teniente coronel chileno Lucas Ambrosio Molina, Luis

Lomas de Maipón, 1993.

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Retrato póstumo del general chileno José Miguel Carrera, por Miguel Venegas Cifuentes, 1950.

Urrejola y los chillanejos Clemente Lantaño y José Antonio Olate. Los cuerpos militares apostados en esta ciudad fueron los siguientes: Dragones de la Frontera; Milicias de Caballería; Batallón Veterano de Chiloé, Batallón de Voluntarios de Castro; Batallón Fijo de Valdivia; Batallón Fijo de Concepción; Batallón Cívico de Chillán y Grupo de Artillería (20 piezas). El ejército realista, cuyo jefe estaba influenciado por el fraile franciscano Juan de Almirall, antiguo secretario de Pareja, estaba instalado cómodamente en el cuartel “franciscano” durante un invierno sumamente riguroso. Debió resistir los embates del mal denominado “Sitio de Chillán”, aunque este sitio no fue tal, porque los sitiados podían desplazarse en varias direcciones, lo cual es ratificado por José Miguel Carrera en su “Diario Militar”. Los realistas “podían recorrer los campos para recoger ganado, enrolar soldados, buscar granos...”. Incluso en más de una ocasión fueron sorprendidas y apresadas algunas de las patrullas de los “sitiados” en las cercanías del río Itata. Lo que no podían hacer era comunicarse con las ciudades de Los Ángeles, Concepción y Talcahuano, de donde podrían obtener refuerzos. Gabriel Guarda agrega que “los sitiadores no pusieron en juego ninguno de los recursos usuales vistos en las prevenciones de ataque, comenzando por el más elemental, el retiro de recursos”. La quietud en que se le dejaba, la falta de partidas patriotas de observación a muchas leguas a la redonda, permitieron a los jefes realistas comenzar a recorrer los campos vecinos para reclutar gente, recoger ganado y también para destruir o inhabilitar las casas y los ranchos de las cercanías en que pudieran abrigarse los destacamentos enemigos que llegasen a hostilizarlos en la ciudad” (3). Mientras tanto, Carrera, fastidiado por el desenlace incierto en San Carlos, se encaminó a Talcahuano con el propósito de cortar el suministro de provisiones realistas desde el mar, misión lograda el 29 de mayo, y recapturar Concepción. Por otro lado, Bernardo O’Higgins, al mando de 30 milicianos, se dirigió a la ciudad de Los Án-

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geles con el objetivo de evitar que el enemigo recibiera ayuda en su posible vía de escape. Los patriotas comenzaron a concentrarse en las tres lomas de Maipón a partir del 6 de julio a orillas del estero homónimo al oeste de la ciudad de Chillán. El Estado Mayor se instaló en las lomas de Cayanco (actualmente cruzada por la Ruta 5). O’Higgins arribó con 1.400 hombres, muchos de los cuales eran desertores del ejército enemigo. Carrera llegó más tarde y prácticamente el “sitio” se inició el 26 de julio. Carrera escribe: “Sólo el 26 de julio de 1813 se puso en movimiento nuestro ejército y se formó sobre el Maipón. Reconocimos las alturas que debíamos ocupar y fue tomada por las guerrillas. En la medianoche se situaron en ella las divisiones y la artillería gruesa” (4). Maipón era el nombre de uno de los antiguos fundos, perteneciente a la familia Olate ubicado al oeste de Chillán, cruzado por el estero homónimo de este a oeste. El lugar posee la particularidad de presentar un amplio panorama de Chillán. La facción independentista estaba conformada por su líder, el joven comandante en jefe José Miguel Carrera, Bernardo O’Higgins, Luis y Juan José Carrera; el cónsul de Estados Unidos, Robert Poinsset, en calidad de asesor militar; el mayor general Juan de Dios Martínez, ayudante de Carrera; teniente coronel Juan Calderón, sargento mayor español Hipólito Oller, teniente coronel Raimundo Sezé, Ramón Lantaño y el coronel español Carlos Spano. Sus cuerpos militares estaban conformados por Húsares de la Gran Guardia, Batallón de Granaderos, Batallón Infantes de la Patria, Batallón Voluntarios de la Patria; Milicias de Caballería del Maipo, Cauquenes, Laja y Rere y un Grupo de Artillería. Estaban protegidos por 180 fusileros en vanguardia. Sin embargo, no estaban en las mejores condiciones logísticas, debiendo soportar la humedad y el frío provocado por la intensa lluvia

que se filtraba por las precarias carpas de lona, de manera que los soldados marchaban con el barro hasta la rodilla, cubriendo también los cañones que se empantanaban impidiendo su desplazamiento. En la primera colina, se instalaron 400 hombres de infantería en línea a cargo del coronel Carlos Spano y 500 de artillería con sus respectivas baterías a la orden del mayor Hipólito Oller y del capitán Joaquín Gamero, abarcando hasta el sector de El Tejar en un frente aproximado de dos kilómetros. O’Higgins relata en carta a su madre las circunstancias del sitio de Chillán: “Amada madre: Me hallo en el mando de las fuerzas unidas en la batería del Restaurador, donde nos ha atacado el enemigo con mucha furia. Tres veces los hemos rechazado matándoles muchísima gente. El ataque de ayer fue furioso; duró por dos horas; les matamos más de ochenta hombres, entre ellos sus mejores oficiales. También hemos perdido oficiales valientísimos; y los seguimos hasta la misma plaza de Chillán” (5). El padre Roberto Lagos agrega que “Sánchez transformó la ciudad en una ciudadela inexpugnable, había reforzado sus defensas y arrasado los campos del entorno con el fin de evitar el abastecimiento de los insurgentes, construyó otras defensas, almacenó víveres para resistir un tiempo prolongado, destruyó los campos vecinos para impedir el abastecimiento de los patriotas, en resumen, Chillán se convirtió en la capital armada del antiguo Régimen” (6). El 10 de julio, Juan Mackenna había levantado dos croquis de la ciudad con el fin de planear el ataque. El 27 de julio, sufrieron los estragos de las intensas lluvias y aún no habían instalado toda la artillería. Al amanecer, las lomas de Maipón lucían un espectáculo impresionante, pues se encontraban formadas las fuerzas patriotas con la bandera de la Patria Vieja flameando y en silencio, con el agua corriendo por el rostro de los soldados que esperaban la orden de ataque. Carrera envía un emisario con mensaje tendiente a obtener la rendi-

El Sitio de Chillán. Diaporama de Zerreitug. Centro Cultural Bernardo O’Higgins, Chillán Viejo. Fotografía de Jorge Díaz Arroyo.

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ción de Sánchez, pero éste se niega con arrogancia. Como reacción, Carrera, a las tres de la tarde del día 29, ordena el disparo de la artillería orientado a la plaza, recibiendo la respuesta instantánea de los cañones del fuerte San Bartolomé. Frente a la comprensible oposición del jefe realista a rendirse, dado el apoyo proporcionado por los franciscanos y por los habitantes de la ciudad, el coronel Bernardo O’Higgins envía una proclama al enemigo instándolo a rendirse o desertar a favor de las fuerzas carrerinas: “¿Cómo os habéis olvidado que sois chilenos, hermanos nuestros, de una misma patria y religión y que debéis ser libres a pesar de los tiranos que os engañan? No observéis a esas infernales furias españolas que os guían a las batallas y asesinatos, cómo se ríen y divierten de ver vuestra sangre y la nuestra derramada?”. Obviamente, con esta proclama del oficial chillanense que no obtuvo respuesta, se comprueba una vez más que la guerra por la Independencia fue una efectiva guerra civil entre connacionales. Paradójicamente, en el bando patriota hubo muchos jefes y oficiales españoles, con lo que es deducible que la ubicación del bando dependía del punto de vista frente a la lealtad al rey y mantenerse dominados por el sistema colonial o aspirar a la independencia política y soberana con ideales republicanos. Asimismo la masa de la tropa, en su mayoría campesinos, analfabetos sin voz ni voto, dependía de la preferencia de su patrón. Ciertamente que la mayoría de los aristócratas criollos se adhirió a este último bando y ellos serán quienes decidirán a futuro los destinos de la república. El 31 de julio en la noche, Carrera envió al coronel O’Higgins con trescientos hombres, dos cañones livianos y al capitán José María Benavente con 80 infantes con la misión de incendiar las casas del norte y sur respectivamente. Misión cumplida, pero al retirarse, el coronel chillanejo cargó contra el enemigo.

Mientras tanto, en el convento franciscano se dejaba sentir el tronar de cañones, pero los frailes mantuvieron la calma pese a que dos balas cayeron en su solar sin causar gran daño. Cantaban en su coro letanías y elevaban oraciones a la Virgen y a Dios para que se favoreciera la causa absolutista, manteniendo además cirios encendidos en los altares día y noche. El 3 de agosto, Carrera envía a la caballería a atacar desde el sector de El Tejar y a la infantería para destruir la retaguardia enemiga. Esta misión fue cumplida a medias debido a la confusión generada por la indisciplina. Vicuña Mackenna escribe: “vino la luz del día 3 de agosto y con ella principiaron los horrores de esta jornada de amarga y gloriosa memoria. Quinientos enemigos se lanzan fuera de sus atrincheramientos, corriendo hacia los nuestros con los fusiles a la espalda y en actitud de entregarse; pero Mackenna y Spano que eran viejos veteranos, descubrieron al punto el pér fido ardid de los falsos amigos y fueron recibidos con una lluvia de balas y de metralla. La refriega se trabó entonces vivamente y solo estaba comprometido el tercio de nuestras fuerzas. Carrera, listo como el pensamiento, ordena a la caballería cortar la retirada al enemigo temerario, aislándolo de su cuerpo principal” (7). El combate había durado tres horas y entre las pérdidas humanas se encontraban el mayor Oller y el capitán Gamero. Los heridos fueron atendidos en el hospital de sangre, emplazado al sur del río Chillán y a cargo del cirujano español Manuel Grajales. Los realistas avanzaron de improviso formando en línea sobre El Tejar, siendo repelidos por 100 fusileros y dos cañones. Mientras tanto, el Brujo lanzaba sus andanadas y una de sus balas dio de lleno en el depósito de pólvora, originando un gran incendio y la muerte de muchos soldados.

El Sitio de Chillán. Detalle de diaporama de Zerreitug. Centro Cultural Bernardo O’Higgins, Chillán Viejo. Fotografía de Jorge Díaz Arroyo.

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El Sitio de Chillán. Detalle de diaporama de Zerreitug. Centro Cultural Bernardo O’Higgins, Chillán Viejo. Fotografía de Jorge Díaz Arroyo.

Hubo varios enfrentamientos consecutivos una vez más en El Tejar el 5 de agosto a las 14 horas, donde los realistas fueron rechazados y perseguidos por las calles en completo descontrol, e incluso dedicándose al pillaje sin acatar órdenes. La confusión fue tal que incluso se disparaban entre sí. En esa jornada, la población chillaneja salió a la calle a defender la ciudad, según lo atestigua fray Domingo González. “Yo sólo diré que el entusiasmo de los vecinos de la incomparable Chillán en defenderse y ofender al enemigo fue muy extraño y como obra del Omnipotente, porque todos, sin excepción, grandes y pequeños, mozos y ancianos, hombres y mujeres, a por fía, con lazos, cuchillos, machetes, asadores, hachas, palos y lanzas, todos hicieron su deber en herir, matar, degollar y fugar al enemigo insurgente” (8). El 6 de agosto, el jefe independentista intimó nuevamente la rendición de Juan Francisco Sánchez sin éxito. A esa fecha, decepcionado Carrera por las contrariedades por las intensas lluvias y la pérdida de pólvora, con municiones solo para dos horas más y algunas deserciones, veía imposible proseguir con la lucha, lo que auguraba el término del fracasado “Sitio de Chillán”. Al día siguiente, después de que partidas de guerrillas se presentaran por El Tejar, sin atacar, el jefe patriota dio órdenes a su gente de hacer abandono de las lomas de Maipón, lo que fue cumplido en la noche hasta el día 9 de agosto, no sin antes apostar a la caballería y un cañón para proteger la retirada. Emplearon algunos cañones para repeler a realistas que se acercaron al campo para quitarles caballos y mulas que pacían allí por falta de forraje. Los heridos fueron conducidos bajo el mando del general Vial en dirección a Quirihue y Cauquenes. Sánchez, satisfecho por la retirada de Carrera y su gente, envió una partida al mando

del mayor general Julián Pinuel para hacer la persecución del enemigo, faena que no fue cumplida con decisión. El denominado Sitio de Chillán había concluido. Había sido una lucha desigual debido a las condiciones climáticas adversas, con hombres mal equipados, algunos de los cuales desmoralizados abandonaban su puesto; se habían producido varias batallas en el sector de El Tejar y otros enfrentamientos al norte de la plaza de Armas sin éxito. El croquis confeccionado por el coronel Juan Mackenna resultó muy oportuno porque facilitó a las fuerzas patriotas la búsqueda de objetivos militares y la vía por donde atacar al enemigo. Asimismo ha servido a través de los tiempos para conocer el trazado urbanístico de la ciudad de San Bartolomé en esa fecha. Carrera, como epílogo, dividió su ejército en dos facciones, pero no puso atención a las variadas guerrillas que los aguijonearán permanentemente a futuro. También es digno considerar la inexperiencia de los oficiales y tropa, agravada por la falta de convicción patriótica de ésta por no comprender las ideas de sus jefes, por lo que eran sensibles a hacer deserción. Recordemos además, que éste fue uno de los primeros episodios bélicos de ese primer período que se extendió hasta el año 1814, llamado Patria Vieja.

Notas: 1.- Barros Arana, Diego, Historia General de Chile, Rafael Jover, editor, Santiago, 1884, tomo IX. 2.- Fray Juan Ramón, Noticias sobre los religiosos del Colegio de Chillán en los días de la Independencia. Publicaciones del archivo franciscano, Santiago, 1997. 3.- Guarda Gabriel, Flandes Indiano, Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago, 1990, pág. 327. 4.- Carrera José Miguel, Diario Militar, Ed. Quimantú, Santiago, 1973. 5.- Archivo O’Higgins, Tomo I, pág. 252. 6.- Lagos Roberto, Historia de las Misiones del Colegio de Chillán. 7.- Vicuña Mackenna Benjamín, Recuerdos de la Independencia, Santiago, 1849. 8.- Fray Juan Ramón, Noticias sobre los religiosos del Colegio de Chillán en los días de la Independencia, Publicaciones del archivo franciscano, Santiago, 1997 tomo I, pág. 36.

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La Escuela Militar Una institución bicentenaria Doscientos años de formación de los oficiales que han construido uno de los más firmes pilares de la República.

Myriam Duchens Bobadilla

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En

marzo de 2017 la Escuela Militar cumplió doscientos años de vida. Su misión fundamental es la de formar oficiales para el Ejército, tarea que viene realizando desde su fundación en 1817, cuando Bernardo O´Higgins, una vez obtenido el triunfo en Chacabuco, emprendió la tarea de organizar un Ejército Nacional. Esta medida era un imperativo teniendo en cuenta que el Ejército de los Andes, organizado en Mendoza, se componía mayoritariamente de soldados argentinos. Durante su trayectoria, la Escuela Militar ha sido un plantel educacional de gran influencia en la sociedad, manteniendo estrechos vínculos con otras instituciones. Fue así como en los años de receso de la Escuela Naval tuvo el privilegio de formar a los futuros oficiales de la Armada, y al comenzar el siglo XX, oficiales graduados en sus aulas fueron los primeros pilotos de la aviación militar, que luego dieron origen a la Fuerza Aérea. Por otra parte, la Escuela Militar ha sido también el instituto formador de numerosos alumnos de otras naciones latinoamericanas. El Director Supremo pensaba que solo se podía asegurar la independencia de Chile si el nuevo Estado era resguardado por un ejército disciplinado cuyos oficiales y clases se sometieran a una jerarquía y estuvieran debidamente formados en las ciencias militares. Con gran sentido práctico, O’Higgins llevó adelante una idea menos ambiciosa pero más realista que las planteadas durante la Patria Vieja. Esto es lo que se ha denominado acertadamente “el realismo revolucionario de O’Higgins”, lo que explica la razón de una obra más fructífera y duradera que la de otros próceres de la independencia. El decreto fundacional resume el ideal republicano que inspiraba a su gobierno, al indicar que “no se exigen más pruebas de nobleza que las verdaderas, que forman el mérito, la virtud y el patriotismo”. Se buscó simplemente crear una academia teórica y práctica donde se pudieran formar, en solo 6 meses, oficiales capaces de instruir a los soldados y conducirlos en el combate. Tal como se expresa en la mencio-

Ilustración de un cadete de la Academia Militar de 1817.

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Portada del álbum de la Escuela Militar de Chile, 1903. Fotograbado de Leblanc, Santiago.

nada norma, esa sería “por ahora” la misión de la Academia. Ya llegarían los días en que Chile pudiera tener un centro de formación realmente profesional, como lo merecía la función militar. Serían los alumnos y primeros egresados de la Academia quienes acompañarían a O’Higgins al campo de batalla de Maipú, dando su prueba de fuego al combatir en el hecho de armas que selló la Independencia de Chile. Desde esa etapa inicial y hasta la Guerra del Pacífico, la formación del ejército en general se caracterizó por una marcada influencia francesa. En la Escuela Militar, esta fue determinante a partir de la década de 1840, cuando se contrataron profesores de esa nacionalidad, se adoptaron numerosos reglamentos y manuales de este país para el uso de los cadetes y se envió a los mejores oficiales egresados a recibir instrucción a Francia. Este ascendiente se manifestó también en signos externos como la indumentaria de las tropas y de la oficialidad, cuyo uniforme presentaba enormes similitudes con el de sus pares franceses. Del mismo modo, el armamento que se adquiría para el Ejército era de este mismo origen. Al concluir la Guerra del Pacífico se produjo en el Ejército un proceso de reformas y cambios. El Ministerio de Guerra inició un período de análisis respecto de su formación y estructura, con la finalidad de mejorar su organización y eficiencia. En esos años el prestigio

Abanderado y escoltas de la Escuela Militar en 1903.

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militar de Prusia era incontrarrestable debido a sus triunfos sobre Dinamarca, Austria y Francia, lo que llevó al gobierno chileno a propiciar en 1885 la llegada de Emilio Körner, un joven oficial alemán, con la finalidad de iniciar los primeros cambios en los planes de estudio de la Escuela Militar. Körner poseía una brillante hoja de servicios y contaba con una destacada participación en la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Su llegada marcó el inicio de la prusianización del Ejército, y en especial de la Escuela Militar, desde donde se iniciaron los cambios que se extendieron al resto de la institución. Si observamos este proceso en forma retrospectiva, podemos apreciar tres etapas definidas. La primera, desde 1885 hasta la revolución de 1891, cuando se produjeron las primeras modificaciones en los planes de estudio de la Escuela Militar, cuya evolución fue interrumpida por los sucesos de la guerra civil de 1891. En la segunda etapa, entre 1891 y 1906, se consolidó la influencia alemana bajo la autoridad preponderante de Körner. En esos años la Escuela Militar adoptó el uniforme prusiano y se dictó en 1902 un reglamento que era copia íntegra del prusiano de 1899. Por otra parte, el intercambio bilateral entre Chile y Alemania iniciado en 1896, desembocó hacia 1906 en una completa transformación de la estructura, organización y moral del Ejército chileno, sentándose los fundamentos de la actual institución y creando un modelo militar que sería imi-

Quepi o gorra militar de oficial, año 1879.

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tado por otros países americanos. Entre 1896 y 1914, cerca de 130 oficiales chilenos viajaron a completar su instrucción en las academias prusianas o a trabajar en los regimientos del Rhin. Por último se cuenta una tercera etapa, que se extendió desde 1906 hasta 1914, la cual estuvo determinada por la llegada a Chile de nuevos oficiales alemanes, los cuales al iniciarse la Primera Guerra Mundial, debieron retornar a su país natal. Tras el conflicto, algunos de ellos regresaron a Chile, extendiendo su influencia desde 1918 hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial en 1938, cuando Alemania requirió nuevamente a todos sus efectivos. Uno de los sucesos que marcó la vida institucional en el siglo XX fue la tragedia de Alpatacal. En 1927, el gobierno argentino, con motivo de la conmemoración del 110 aniversario del juramento de su Independencia, invitó a delegaciones de las escuelas militares de Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia para participar del desfile conmemorativo. La delegación chilena viajó al mando del director de la Escuela Militar, coronel José María Barceló Lira, y formaban parte de ella cadetes de las promociones de los años 1927, 1928 y 1929, junto a un grupo de suboficiales. Una vez en Mendoza, los chilenos abordaron en la madrugada del 7 de julio el ferrocarril que los conduciría a Buenos Aires. A las pocas horas de trayecto, el tren chocó de frente con otro que hacía la ruta inversa de Buenos Aires a Mendoza. El accidente se convirtió en el mayor que registraba la historia ferroviaria argentina hasta esos años y tuvo un saldo de 60 heridos y 30 muertos, doce de los cuales eran chilenos. Las órdenes del presidente Carlos Ibáñez del Campo fueron precisas: se debía continuar para cumplir con el compromi-

so adquirido. Fue así como a las 22:50 horas del 7 de julio, los 120 cadetes chilenos que habían salvado ilesos continuaron viaje hacia la capital federal, donde desfilaron en medio de los vítores del público. La tragedia de Alpatacal sirvió para demostrar el arraigado concepto de disciplina y del cumplimiento del deber de los cadetes. En memoria de este suceso, la Escuela Militar entrega cada año tres premios: la medalla Alpatacal al valor al alumno de tercer año que se destaque por sus virtudes militares, la medalla Cadete Oscar Martini al alumno de segundo año que tenga la primera antigüedad de su promoción, y el premio Curso 1928 al deportista más destacado de la Escuela. Los cambios políticos y sociales ocurridos al finalizar el siglo XX, como el término de la Guerra Fría, la globalización, los vertiginosos avances de la tecnología bélica o el surgimiento del terrorismo a gran escala, entre otros factores, hicieron variar ostensiblemente las formas de lucha tradicionales e impusieron la necesidad de revisar el modus operandi de las Fuerzas Armadas a nivel mundial. Fue necesario preparar un ejército mejor entrenado, capaz de mantener una fuerza disuasiva polivalente, capacitada para garantizar la seguridad y paz ante agresiones de potenciales adversarios múltiples y apto para integrarse en operaciones conjuntas, interactuando en el ámbito de la cooperación internacional. En este contexto, desde la década de 1990 el Ejército se abocó a realizar diversas reformas para modernizar la Institución que le permitieran transitar desde un Ejército territorial hacia uno funcional y polivalente basado en sistemas operativos integrales. Del mismo modo se consideró necesario proyectar al Ejército a nivel 140


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internacional, lo que hizo necesario modificar la formación de oficiales y suboficiales, tanto en las escuelas matrices como en las academias y escuelas de armas y servicios. Le correspondió a la Escuela Militar iniciar el proceso modernizador, así como lo hizo a fines del siglo XIX con la prusianización. Uno de los hitos de este proceso fue la incorporación, a partir del año 2001, de las mujeres como cadetes, iniciándose a partir de entonces un camino que busco avanzar hacia la plena integración y homologación de la carrera profesional entre hombres y mujeres, lo que se consiguió plenamente el año 2016. La Escuela Militar ha constituido desde su creación el soporte central para proveer al país de profesionales de las armas en condiciones de enfrentar cualquier desafío, pensando siempre, y antes que nada, en Chile y en su destino.

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Pequeños monumentos de la Independencia de Chile Presentación de símbolos olvidados pero significativos del proceso emancipador.

Juan Ignacio Basterrica Sandoval Instituto O’Higginiano de Ñuble

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Al

celebrarse este 2018 el bicentenario de la declaración de Independencia de Chile firmada el 1 de enero de 1818 en Concepción y posteriormente proclamada en Talca y Santiago simultáneamente el 12 de febrero del mismo año, queremos dar más luces sobre algunos objetos materiales, pequeños en su forma y tamaño, pero que llevan incorporada intrínsecamente la impronta de los albores de una República que nace y emerge al mundo en forma independiente, y sobre los cuales hemos tomado extensivamente las palabras de Alamiro de Ávila Martel, quien expresaba en una de sus obras, respecto de la medallística, lo siguiente: “La medalla es un pequeño monumento, múltiple y eterno. Constituye la vía más segura para dejar testimonio de un hecho notable, para inmortalizar una efigie o, simplemente, para recibir en su campo la creación original de un artista” (1). A partir de esta definición tan significativa y profunda, hemos asignado y ampliado la categoría de pequeños monumentos por su representatividad imperecedera en la memoria patrimonial e histórica chilena a otros objetos, extendiendo dicha categoría a la primera moneda nacional y sus símbolos, al sello de Estado, a las imágenes y símbolos de nuestros primeros escudos, a la medalla Jura de la Independencia o medalla Chacabuco, a la condecoración Legión de Mérito de Chile y las infaltables armas blancas, tales como sables, lanzas y bayonetas, protagonistas de tantas gestas heroicas y fabricadas la mayoría en América por verdaderos forjadores de la Patria. Para poder tener claridad en los conceptos y simbolismos que se contienen en algunas de las piezas históricas que detallaremos en este trabajo, es necesario referirnos primero a la evolución de nuestros primitivos escudos y sellos nacionales y analizar sus componentes, los cuales se incorporan en muchas de las piezas que aquí expondremos.

motivo de la celebración de la Primera Junta Nacional de gobierno de 1810. No existe hoy día una representación material de ese escudo. Sin embargo, hay una descripción de su diseño por el fraile realista Melchor Martínez y contenido en su obra “Memoria histórica sobre la Revolución de Chile”, en la cual señala sobre el diseño lo siguiente: “Llegó el esperado día 30 y al amanecer con salva de 31 cañonazos se fijó la bandera tricolor y se dejaron ver desde luego muchos preparativos y brillanteses que decoraban el suntuoso edificio en donde se debía solemnizar. En lo más elevado de la portada principal se miraba figurado un alto monte o cordillera sobre cuya eminencia aparecían muchos rayos de luz con una inscripción en la parte superior que decía-Aurora libertatis chilensis (la Aurora de la libertad de Chile): y en la parte inferior la siguiente-Umbre et nocti lux et libertas succedunt (la oscuridad y la noche, las suceden la luz y la libertad). Al pie de este lienzo estaba colocado otro de figura ovalada, cuyo centro ocupaba un gran escudo, y en él se veía retratada una robusta columna, en cuya cúspide aparecía un globo, y en su cumbre una lanza y una palma cruzada; sobre todo esto se descubría una radiante estrella encumbrada con alguna distancia. A la siniestra de la columna estaba un gallardo joven vestido de indio, y a la diestra una hermosa mujer con el mismo traje: la inscripción superior decía: post tenebras lux (después de las tinieblas, la luz): Anverso y reverso del primer Escudo Nacional de Chile, 30 de septiembre de 1812, según Rodolfo Manzo.

El escudo y sello nacional El primer escudo nacional, conocido como el escudo de la Patria Vieja, fue establecido por José Miguel Carrera, publicitándolo a la entrada del palacio de gobierno el 30 de septiembre de 1812 en la plaza de Armas de Santiago, con 143


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lanza cruzada que coronaban el antiguo diseño, eliminándose también los lemas latinos de “post tenebras lux” y “aut conciliis aut ense” reemplazándolos por la palabra “Libertad”. Sin embargo, en octubre de 1817 se simplifica el modelo eliminándose esta palabra, pero manteniendo la columna central en cuya cúspide descansa un globo, estando éste enmarcado por dos banderas chilenas ondulantes cruzadas detrás de la columna que aparece erguida sobre una leve eminencia de color verde. Este modelo puede observarse en el anverso de la primera bandera nacional denominada “Bandera de la Jura de la Independencia”, utilizada el 12 de febrero de 1818. En dicha bandera en su faz opuesta aparece la imagen de un volcán en erupción con la inscripción Chile Inde Pendet (Chile Independiente). A este modelo de escudo o sello de la república corresponden dos piezas. La primera, un sable de hoja recta modelo napoleónico de manufactura francesa y que es atribuido junto a otro al coronel Clemente Lantaño del Pino, el que por razones familiares quedó en la descendencia de la familia de su yerno don Juan de Dios del Canto Larenas, dueño del fundo Coyanco y que entroncó con la familia Lantaño de Chillán por matrimonio con doña Isabel Lantay la inferior: aut conciliis aut ense (o por consejo, o por espada). Ambos lienzos estaban interior y exterior graciosamente iluminados, para que desde lejos pudieran ser vistas y notadas claramente todas sus particularidades, y con mayor cuidado, el nuevo y característico escudo adoptado en la reciente República Chilena” (2). Como lo señaláramos, no existe una representación física conocida de este primer escudo salvo por las descripciones escritas como la citada anteriormente. Carrera nunca publicó el modelo, sin embargo, recientemente se ha encontrado y publicado por parte los historiadores numismáticos Eduardo Chávez Esturillo y Rodrigo Baeza Rogers, entre la numerosa papelería y documentos resguardados en el Archivo Nacional, un sello de lacre puesto en un antiguo documento, el que se constituiría, hoy, en la única representación gráfica y material conocida de época del modelo y diseño de este escudo (3). Este escudo, pese a su corta existencia -ya que fue abolido por el tratado de Lircay junto con todos los símbolos que fueran contrarios al reino de España-, nos entrega algunos símbolos que permanecerán en los años siguientes. Posterior al escudo de la Patria Vieja creado por José Miguel Carrera, y después del triunfo de Chacabuco, los símbolos volvieron a tener un significado emblemático. Así, de esa versión del escudo Carrerino de la Patria Vieja, se eliminan algunos elementos como la pareja de indígenas que lo guarnecían y la palma y la

Anverso y reverso de la bandera de la Jura de la Independencia. Museo Histórico Nacional de Chile.

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nados “lanudos”, a sacarlo del lugar y salvarle la vida y con ello el futuro desarrollo del proceso independista de Chile. Este gesto de afecto y cariño fue entonces reconocido con la entrega a Lantaño por parte de O’Higgins de este sable, simbolizando con ello la alegría de luchar mancomunadamente a fin de cimentar definitivamente la total independencia de Chile. Este sable francés tiene en la cazoleta de su empuñadura, entre sus gavilanes, un disco hecho del mismo material, bronce dorado, cuyo diseño contiene este primer escudo o sello nacional. Es un modelo único, tal vez hecho a pedido a alguna fábrica manufacturera francesa de armas blancas de gran calidad ubicada en la famosa Saint Etienne por encargo del general Bernardo O’Higgins. La segunda pieza es un botón de uniforme militar de la época independista en el cual se aprecia el mismo modelo con pequeñas variantes realizado en bronce, probablemente mandado a confeccionar a Inglaterra como usualmente ocurría en ese tiempo por parte de altos oficiales y vecinos con gran poder económico. Éste, en su reverso, tiene indicación de la fábrica londinense que lo manufacturó, correspondiente a la firma Ledsam & Son, London. Tiene un diámetro de 13 mm, y por su tamaño, seguramente fue hecho para ser usado en el puño de la casaca o pechera del uniforme. La pieza referida fue encontrada en Ñuble y su catalogación se realizó gracias a la expertise contenida en la obra del historiador numismático Pablo Moya Mascaró (4). Posteriormente, el primer modelo simplificado del escudo de la Patria Nueva fue modificado legalmente por ley del Senado el 23 de septiembre de 1819, y refrendado por el Director Supremo al día siguiente, estableciéndose: “En la ciudad de Santiago de Chile, a 23 días del mes de septiembre de 1819, hallándose el Excelentísimo Senado en su sala de acuerdos y en sesiones ordinarias, se tuvo en consideración la necesidad de colocar las armas nacionales sobre las puertas del palacio de gobierno, que se mandaron aprestar por el Ex-

Detalle del anverso y reverso de la bandera de la Jura de la Independencia de Chile.

ño Merino. De allí, por alguna razón familiar, este sable llega a manos de nuestro bisabuelo paterno, don Moisés del Canto Salas, pasando de mano en mano a su sucesión, la familia del Canto Villalón, de donde proviene nuestra abuela paterna. Por tradición oral dentro de la familia, este sable perteneció a O’Higgins y se lo habría entregado al coronel Lantaño, quien hacia 1821 abandona el bando realista para ponerse a disposición de la causa patriótica, ofreciéndole a O’Higgins su espada como símbolo de su voluntad de adscribir a la causa independista. Sería allí cuando O’Higgins le entrega el sable, por la profunda amistad que le tenía al coronel Lantaño desde la niñez, y al hecho de haberlo éste rescatado durante el desastre de Rancagua, pese a estar en el bando antagónico. Lantaño, en esa ocasión, envió a un grupo de sus hombres de confianz a, denomi-

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América: y mandado comunicar la aprobación del Supremo director, firmaron los señores con el infrascrito secretario-.-Pérez.-Alcalde.-Rozas.-Cienfuegos.-Fontecilla.-Villareal, secretario” (5). El gobierno le encarga al escultor Ignacio Andía y Varela la confección del escudo en madera para exponerlo en el frontis del Palacio, sin embargo, el artista le agrega otros elementos al diseño legal, los que se pueden apreciar en la “Bandera del Escolta Directorial” que se encuentra en el Museo Histórico Nacional, como también en la leyenda inferior del retrato de don Bernardo O’Higgins realizado por el pintor José Gil de Castro. Benjamín Vicuña Mackenna lo describe de la siguiente manera: “El escudo de la Patria Nueva concebido y ejecutado por Varela con el auxilio del conocido tallador Santelices tenía casi las mismas dimensiones del de España y representaba el árbol o columna de la patria que suele encontrarse todavía en unas raras monedas de la época. Veíase aquel sostenido por un bizarro bárbaro americano, que caballero de un caimán (animal simbólico de América) tenía a sus pies el León de Castilla devorado en parte por la fiera indígena. La columna estaba coronada por la estrella de Chile, y la rodeaban, como en el de España, todos los atributos militares de la recién nacida república” (6). Este modelo de escudo fue utilizado en el papel sellado de uso público en esos años, e incluía el valor del impuesto que correspondía a la diligencia expresada en reales, ya que continuaba siendo la moneda divisionaria del Peso Chile Independiente. El escudo se ubicaba en el centro del encabezado del papel y era enmarcado por un óvalo decorado a sus dos costados con guirnaldas de ramas de laureles. Debajo de esta figura se señalaba el tipo de sello o categoría según la diligencia que da cuenta, como por ejemplo “sello cuarto”, seguido de la expresión “vale para los años…”. Finalmente, este escudo con una absoluta vinculación en su diseño a la Logia Lautarina sufrió algunos cuestionamientos y variadas críticas, por lo que fue reemplazado por el actual escudo nacional durante el gobierno posterior de José Joaquín Prieto en 1832, después de un llamado a concurso público, aprobándose por el Congreso Nacional el modelo diseñado por Carlos Wood Taylor, el 24 de junio de 1834.

celentísimo Señor Director Supremo, y acordó Su Excelencia que en honor del país se ejecute este acto con la decoración que exige el grande objeto que se encamina, teniéndose por las armas de la patria el escudo formado en campo azul oscuro, ubicada en su centro una columna de orden dórico sobre su pedestal de mármol blanco, encima del mundo nuevo americano, submontada de un letrero que dice así: Libertad; y sobre éste, una estrella de cinco puntas representante de la provincia de Santiago, presentándose a los lados de la columna otras dos estrellas iguales por Concepción y Coquimbo, orlado todo de dos ramas de laurel, atados sus cogollos con una cinta y rosa tricolor, apareciendo en su circuito toda armería por el orden de caballería, dragones, artillería y bombardería, con los demás jeroglíficos alusivos a la vil cadena de esclavitud que supo romper la

Anverso y reverso de la bandera del Escolta Directorial. Museo Histórico Nacional de Chile.

Los símbolos y su significado La columna Dentro de los diversos significados que se le ha dado a este símbolo desde la cultura egipcia, en que representaba la unión del cosmos con el 146


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ra es la representación de la vida y la felicidad desde hace milenios. En la época colonial española de Indias fue un símbolo representativo del imperio más allá de las Columnas de Hércules, posterior al descubrimiento de América y la constatación de un mundo vasto y esférico por conquistar y dominar. Se representa así a la totalidad y que, unido a la columna en su cúspide, representaría al árbol de la vida que se manifiesta en la perfección para la vastedad del mundo y sus naciones.

La estrella Este símbolo nacional instaurado en nuestra bandera por O’Higgins, y tomado de la estrella de cinco puntas, heráldica inglesa, evoca la concepción unitaria del Estado que se ilumina en las penumbras del caos. Algunos autores pretenden señalar sin fuente cierta que O’Higgins se habría referido a la estrella de Arauco o Guñelfe (8), pero solo es una teoría que se asigna por la educación recibida de pequeño en el Colegio de Naturales de Chillán y en el cual compartió la cultura originaria del pueblo araucano al alternar con los hijos de caciques que allí estudiaban. También se interpreta por la insinuación de ocho trazos dentro de la estrella de cinco puntas de la “Bandera de la jura de la Independencia” confeccionada en Concepción, pero que en otras opiniones corresponde a las costuras de los vértices de esta estrella, a fin de darle la imagen de fortaleza a través de cinco puntas con cantos, siendo esas líneas la insinuación residual de esa intención. Por otra parte, también se ha tomado como símbolo de la Virgen del Carmen desde que se la instituyó como “Patrona de las fuerzas armadas” por voto de O’Higgins y Carrera para finalmente ser declarada “Reina de Chile”. Las mismas hermanas Pineda que la confeccionaron en Concepción, le asignaron esa connotación religiosa como Stella Matutina o la aurora de la bandera, como representación de la Virgen del Carmen.

Detalle del escudo de la bandera del Escolta Directorial. Museo Histórico Nacional de Chile.

poder faraónico, hasta las concepciones como símbolo fálico para representar el germen de una nueva existencia, nos quedaremos con la concepción de la representación del árbol de la vida y de la libertad tomada de los conceptos alegóricos de la Revolución Francesa, que el 14 de julio se consolidó con la toma de la Bastilla. Concepto retomado, además, como símbolo independista y libertario en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América por parte de sus padres fundadores. Juan Manuel Martínez en Los Símbolos de la Libertad y de Nación nos refiere al respecto: “Una primera definición simbólica de la columna, es la que se refiere a la exenta, como un símbolo perteneciente al grupo cósmico del eje del mundo (árbol, escala, estaca de sacrificio, mástil, cruz), pero puede tener un sentido meramente endopático (interno), derivado de su verticalidad, que marca impulso ascendente y de autoafirmación. Por otro lado, se da cuenta que la columna exenta, tiene relación con un árbol, o la erección ritual de la piedra o menhir, o un símil con la columna vertebral, una suerte de eje del mundo” (7).

El volcán El volcán en erupción es un símbolo que representa la fuerza telúrica, el vigor. Es un símbolo que fue usado también por otras nacientes repúblicas americanas para representarse independientes. Armando Cartes Montory se refiere a este símbolo y su significación sosteniendo: “Lo más probable, sin embargo, es que el volcán haya sido incorporado por Bernardo O’Higgins, urgido por desterrar la figura del rey de monedas y emblemas, y motivado, a la vez, por la imponente presencia de los volcanes de su región natal”. Y agrega:

La esfera, mundo u orbe La esfera como símbolo también tiene diversas acepciones de significación. En China la esfe147


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guda y cónica, sin la presencia de la variedad de cerros que circundan el volcán que se aprecian además en los diseños de la bandera y la moneda (11). A lo anterior hay que agregar el hecho de que O’Higgins tomó posesión legal de la hacienda de San José de Las Canteras el 22 de enero de 1804. El libertador llega de Europa en 1802 y permanece en Chillán hasta su traslado a la hacienda, solo realizando en 1803 un viaje a Lima para apurar los trámites testamentarios. Por su parte, el historiador Jorge Ibáñez Vergara sostiene que se mantuvo en Chillán hasta 1806, pues la hacienda carecía de casa patronal, y a pesar de que su familia materna se había trasladado a Los Ángeles a esa fecha, no es menos cierto que tenía recursos hereditarios suficientes para permanecer en Chillán y viajar a su hacienda para supervigilar la construcción de su casa. De esta manera cobra importancia el hecho de que en su niñez y posterior a su llegada de Europa con sus ideales emancipadores internalizados, su telón de fondo inspirador fuera el “Volcán Viejo del complejo Nevados de Chillán”, el cual realiza pulsos eruptivos con regularidad histórica. El volcán se aprecia sin dificultad en toda su imponencia desde Chillán Viejo y desde las tierras maternas de la hacienda Palpal. Como sea la imagen del volcán, y pese a la enorme similitud al “Volcán Viejo de los Nevados de Chillán”, pudo ser cualquiera, o quizás fue éste la inspiración del padre de la patria y bien pudo haber traspasado su visión a las hermanas Pineda, que fueron quienes tuvieron a cargo la confección de la Bandera de la Jura de la Independencia, tomando en tiempos en que no había fotografía, un bosquejo posiblemente entregado por O’Higgins que en ese entonces se encontraba en la zona, el que sería incorporado en la confección con pequeños cambios, derivados de la dificultad de no tener en Concepción el modelo natural presente.

Grupo volcánico de Chillán. Grabado de Amado Pissis en Atlas de la Geografía Física de Chile, 1875.

“De manera que, en la bandera de la jura, el volcán en erupción simbolizaría la fuerza telúrica de la rebelión patriota, emanada de la herencia araucana representada en el pillán de la guerra” (9). Otros autores, como el historiador numismático Carlos Torres Gandolfi, citando al profesor Reinaldo Borgel O., nos refiere, sobre la identificación, cuál sería en nuestra geografía el volcán que inspira este símbolo nacional sosteniendo la idea que se trataría del volcán Antuco, como telón de fondo de la hacienda de San José de Las Canteras: “Estas son las características geográficas que, en síntesis, rodean como paisaje la hacienda Las Canteras, que O’Higgins heredó de su padre, a la muerte de éste, en 1801. Desde el punto de vista histórico, la hacienda Las Canteras juega un interesante papel, pues fue el lugar donde la meditación y elaboración de las ideas y conceptos aprendidos por él en Inglaterra tuvieron tiempo de madurar y cristalizar en los proyectos de libertad patria que dinamizaron la vida de O’Higgins a partir de esa fecha” (10). Discrepamos de esta opinión debido a que el volcán Antuco tiene una fisonomía bastante diferente a la que se muestra en el escudo de la bandera de la jura de la Independencia, como así mismo, de la forma que se contiene en el peso Chile Independiente. La geografía y su morfología no mienten, y si bien es cambiante como es la ley natural, doscientos años para la naturaleza es poco significativo como para alterar el paisaje. En consecuencia y basados en un grabado del “complejo volcánico Nevados de Chillán” por el geógrafo Amado Pissis y publicado en su Atlas de la Geografía Física de Chile, París, 1875, existe mucha más similitud natural de éste con el diseño del volcán del escudo que con el Antuco, que tiene una forma más puntia-

El peso Chile Independiente: primera moneda nacional

Posterior a la victoria independista de la batalla de Chacabuco, el 14 de febrero de 1818, don Bernardo O’Higgins solicita a la Casa de Moneda de Santiago continuar con la acuñación de monedas, pero con el firme propósito de cambiar el modelo colonial por uno que contemplara los nuevos símbolos representativos del nuevo gobierno de la naciente nación. Sin embargo, debido a la huida del tallador español Ignacio Arrabal hacia el Perú, debió recurrirse al oficial segundo del taller Francisco de Borja Venegas para llevar a cabo los nuevos cuños de esta nueva moneda nacional. 148


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La codicia Española llevara á su pesar por todas partesen el símbolo representativo de nuestras riquezas el dela magestad del Pueblo Chileno, y constante resolución delos Americanos. El que de cualquier modo violase, ó reusase la nueva moneda será castigado como traidor ála Patria con todo el rigor que las Leyes caducas se imponían álos defraudadores del signo delos sangrientos Reyes de Conquista. Publiquese en Bando, imprimase, y circulese. Santiago Junio 9 de 1817. Quintana” (12). El decreto habla de los elementos simbólicos y de diseño, pero no se refería al sistema de medida, ni peso, ni ley, por lo que se estableció que se mantenía el sistema monetario colonial. Dadas las desconfianzas de algunos comerciantes sobre estos aspectos, se publica un editorial en la Gaceta del Supremo Gobierno de Chile de junio de 1817, para disipar las dudas sobre el valor intrínseco de la nueva moneda y su significación señalando: Hilarión de la Quintana y Aoíz (1774 - 1841).

Poco tiempo después, el 9 de junio de 1817, el coronel argentino Hilarión de la Quintana -que a la fecha desempeñaba el cargo de director delegado o interino del Estado en ausencia del Director Supremo Bernardo O’Higgins que se encontraba en el sitio de Talcahuano-, junto al Ministro de Estado Miguel Zañartu promulgan el decreto que establecía el nuevo sello que la primera moneda de plata nacional debía llevar y cuyo texto es el siguiente fiel a su transcripción: “El Supremo Director delegado Coronel de los Ejércitos de la Patria D. Hilarión de la Quintana etc., etc. En una época en que los augustos emblemas de la Livertad se ven por todos partes sustituidos a la execrable imagen de los antiguos déspotas, sería un absurdo extraordinario que nuestra moneda conservase ese infame busto de la usurpación personificada. La posteridad se escandalizaría, y juzgaría acaso que la cobardía, óla irrefleccion mantuvieron esos monumentos degradantes en los días de la Independencia. Consiguiente á estos principios declara, que en lo subsesivo nuestra moneda de plata tendrá por el anverso el nuevo Sello del Gobierno, ensima de la estrella una tarjeta con la inscripción Livertad, y alrededor esta: Union, y Fuerza: bajo la columna del año. Por el reverso presentará un Bolcan, y ensima una Corona de Laurel en cuyo centro se pondrá el valor, y alrededor Chile Independiente: debajo del Cerro, Santiago. 149


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este nuevo emblema de sus insurgentes y del precioso escarmiento de Chacabuco” (13).

Fisonomía del Peso Chile Independiente de 1817 Anverso: Unión y fuerza En el campo, una columna central en relieve que sostiene un orbe alumbrado por una estrella radiante; sobre ésta, un lienzo con la inscripción “LIBERTAD” impresa bajo relieve. A ambos costados, y siguiendo la curvatura de la moneda, las palabras “UNIÓN Y FUER ZA”. Después de la palabra “FUER ZA” las iniciales de los ensayadores (F.J. correspondientes en esta moneda a Francisco Rodríguez Brochero (F) y José Ignacio de Eyzaguirre Arechavala (J)). Bajo la columna el año de su emisión (1817). Reverso: Chile independiente Santiago En el campo un grupo de montañas, y al centro de ellas un volcán en erupción; sobre el humo del volcán una corona de laureles de forma oval, en cuyo centro está inscrito “UN PESO”. Por alrededor y siguiendo la curvatura de la moneda las palabras “CHILE INDEPENDIENTE”. Debajo del grupo de montañas la palabra “SANTIAGO”. Tamaño: 39.5 mm. Peso: 26.90 gr. Ley: 0.9020 plata La moneda peso Chile Independiente se acuñaría en la Casa de Moneda de Santiago entre los años 1817 y 1834, manteniendo el mismo diseño con pequeñas variaciones en los cuños al mismo tiempo que se reemplazaron los talladores encargados de su confección y las iniciales de los ensayadores. Se constituye así en la primera moneda americana con la denominación de “UN PESO” y reemplazaría al antiguo modelo de la moneda colonial de 8 reales.

“Que si el busto de los reyes esculpido en las monedas no significa otra cosa que la idea de un animal permutable, como en los antiguos dineros, la figura de un buey o de una oveja, importaría muy poco mantener en los países independientes el bobo retrato de Fernando para la circulación; pero cuando el espíritu profanador de todas las cosas, vendiendo los absurdos por principios, ha intentado más de una vez divinizar el carácter de los usurpadores, porque Jesucristo, con una moneda en la mano, dijo que se diera al César lo que era suyo, no es justo que dejemos a la posteridad un monumento eterno de obediencia a la tergiversación del fanatismo, si es que después de los días de luz hayan de reproducirse predicadores semejantes. Mejor será que la historia, que siempre encontró en la moneda los datos auténticos, trasmite a las generaciones, por el nuevo cuño de Chile, la época gloriosa de su libertad, que la nueva moneda conservará religiosamente la misma ley, peso y estimación que la antigua; que a pesar de su rabia, la codicia española hará circular por todo el globo

La Medalla Jura de la Independencia Desde antiguo, la medallística, como hermana de la numismática, fue utilizada para confeccionar piezas recordatorias de diversos hitos en la vida de un monarca, de un pueblo o para dar cuenta de celebraciones diversas en el contexto de un grupo humano o de un personaje militar, bien monarca o libertador. Esa costumbre también decantó en la acuñación de piezas recordatorias que, en diversos países de Europa como España, generalmente hacían mención al hecho de la entronización de un nuevo monarca, costumbre que también se practicó en la América colonial. Se acuñaban estas piezas con el propósito de hacer un testimonio material que diera la publicidad necesaria a los súbditos de la imagen del nuevo monarca, arrojando ejemplares de és150


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del campo en forma circular; “EL ESTADO DE CHILE CONSTITUIDO INDEPENDIENTE A ÑO DE 1818”. En su exergo y bajo la palmera la palabra “INDEPENDENCIA” y bajo una guirnalda de semicírculos las iniciales del tallador F.V. Reverso: En el campo una columna dórica coronada por un globo terráqueo y sostenida por dos brazos que salen desde nubes. Sobre esta composición una estrella con seis rayos o puntas y una cinta con la palabra “LIBERTAD”. En su contorno, una leyenda que bordea el campo en forma circular que dice “JUNTOS Y UNIDOS SEREIS FELICES”. Notas 1. Ávila Martel, Alamiro: El arte de Rene Thenot en la Medallística Chilena, Edición de la Casa de Moneda de Chile, Santiago, 1965, p. 9. 2. Martínez, Melchor: Memoria histórica sobre la Revolución de Chile desde el cautiverio de Fernando VII hasta 1814, 1848, pp. 150, 151. 3. Chávez Esturillo, Eduardo, Baeza Rogers, Rodrigo: Peso Chile Independiente. Doscientos años 1817-2017, edición propia, Santiago, 2017, p. 14. 4. Asociación Numismática de Chile, Historias Acuñadas, anuario 2016-2017, Moya Mascaró, Pablo: Botones Numismáticos “Chile Independiente”, edición Gamalier Varela, Santiago, 2017, p. 24. 5. Amunátegui Aldunate, Miguel Luis: Los precursores de la Independencia de Chile, vol. III. Santiago, 1872, pp. 587-588. 6. Chávez Esturillo, Eduardo, Baeza Rogers, Rodrigo: Ob. Cit., p. 18. 7. Martínez, Juan Manuel: Los Símbolos de la Libertad y de la Nación, en Doscientos años, una Bandera, Proceso de restauración Bandera de la Jura de la Independencia, Comisión Bicentenario, Santiago, 2010, p. 32. 8. Soublette Asmussen, Gastón: La Estrella de Chile, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Universidad Católica de Valparaíso, 1984, pp. 82-83. 9. Cartes Montory, Armando: Arauco, Matriz Retórica de Chile: Símbolos, Etnia y Nación. Artículo de Si Somos Americanos, Revista de Estudios Transfronterizos, Vol. XIII, N°2, julio-diciembre 2013, Instituto de Estudios Internacionales, INTE, Universidad Arturo Prat, pp. 209-211. 10. Asociación Numismática de Chile, Historias Acuñadas, anuario 2016-2017, Torres Gandolfi: El Bicentenario de la creación de la Legión de Mérito de Chile de 1817, edición Gamalier Varela, Santiago, 2017, p. 73. 11. Romero Silva, Alicia y Basterrica Sandoval, Juan Ignacio: Termas de Chillán. Aguas Milagrosas, Impresora Trama, Concepción, 2017, p. 89. 12. Decreto de Hilarión de la Quintana relativo al dibujo de la moneda Republicana, Archivo Nacional de Chile, Ministerio de Hacienda, volumen II, foja 17. 13. Gaceta del Supremo Gobierno de Chile N° 16, de 11 de junio de 1817.

tas en las ceremonias al público asistente En los países americanos esa costumbre se traspasó a la confección de medallas de proclamación de sus respectivas independencias, como también para conmemorar los diversos cambios constitucionales que ocurrieran en su devenir histórico hasta la actualidad. En Chile, esta tradición española se mantuvo en esta perspectiva, y fue así como después de la victoria de Chacabuco, coincidiendo con su primer aniversario y a fin de celebrar la ceremonia de jura y proclamación de la Independencia de Chile el 12 de febrero de 1818, cuya ceremonia se celebró en forma simultánea en Santiago y Talca, diversos ejemplares fueron arrojados a la multitud asistente a dichos actos. La medalla es obra del tallador Francisco de Borja Venegas, realizada bajo los gobiernos simultáneos del Director delegado Hilarión de la Quintana y el Director Supremo Bernardo O’Higgins. Fue confeccionada en plata, existiendo noticias de raros ejemplares confeccionados en oro. Su diámetro es de 36 mm y su peso 20 gramos, no existiendo información del tiraje de emisión. Por sus características y material fue usada según Diego Barros Arana como moneda corriente, que por su peso correspondería al valor de 6 reales de la época.

Descripción Anverso: Sol con facciones humanas asomando por detrás de la cordillera. En el primer plano y centro del campo, una palma chilena (Jubaea chilensis). Una leyenda que bordea el contorno 151


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Juan Guillerno Brozález, “De cuecas y aves”.

Registro 152


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Postal de una gran compañía

La presentación de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad N°18, se realizó el 21 de abril en la Sala Claudio Arrau del Teatro Municipal de Chillán. Junto con evocar a los grandes actores de la Compañía de los Cuatro, se rindió un cálido homenaje a la profesora Marcela Henríquez Aravena, del Liceo Polivalente Carlos Montané de Quirihue, quien ha logrado altos reconocimientos nacionales e internacionales por sus éxitos en la enseñanza de la lectura entre sus alumnos; una delegación de ellos la acompañaron a este evento. Nuestra revista se asoció al homenaje, invitando a diversas instituciones para hacerle presente la valoración de su obra pedagógica de una manera distinta a las ofrendas florales con que se hacen estos reconocimientos. Expresó nuestro director: “Las flores se marchitan, pero los libros quedan como herramientas de trabajo y fuentes de enseñanza para siempre”. Los alcaldes de Chillán, Sergio Zarzar y de Quirihue, Richard Irribarra, y el rector de la UBB, Héctor Gaete, presidieron el homenaje.

Como siempre ocurre en las presentaciones de nuestra revista, contamos con un público desbordante, esta vez con una delegación de profesores y estudiantes de Quirihue encabezados por el alcalde Richard Irribarra, funcionarios municipales, profesores, estudiantes y familiares de la profesora homenajeada.

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Fernando May, Bessie León, Juan Ignacio Basterrica, Loreto Mora, Pablo Witker, Sonia Carrasco, Edgardo Venegas, Alejandra Troncoso y Fernando Arriagada, entregaron libros a Marcela Henríquez. Edgardo Venegas y Loreto Mora lo hicieron a nombre de la Fundación Pablo Neruda y de la Fundación IberoAmericana, que desde Santiago adhirieron al homenaje.

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En esta misma oportunidad, nuestra revista destacó a dos alumnos del Liceo Técnico Puente Ñuble que obtuvieron grandes éxitos que merecen el reconocimiento de la sociedad. David Isla Rojas, quien gracias a sus méritos académicos ingresó a estudiar Medicina tras obtener Puntaje Nacional en la Prueba de Selección Universitaria (PSU), y Yeinson Arias Vergara, quien representó a Chile en un concurso de Carteles por la Paz organizado por el Club de Leones, luego de triunfar en todas las etapas nacionales. Por diversas razones, los alumnos no pudieron concurrir al evento, pero sí lo hicieron los padres de David Isla Rojas, Claudio Isla Garay y Sandra Rojas Mora, quienes recibieron la revista de manos del gestor cultural de Quirihue, Fabián Irribarra. El estudiante Yeinson Arias Vergara nos envió una fotografía con su profesora Marilyn Muñoz.

Rector Héctor Gaete y funcionarios de la UBB vinculados a nuestra revista desplegaron intensa actividad para promover la difusión de la revista.

El profesor Juan Pablo Garrido, director de la Escuela de Cultura Artística Claudio Arrau León, tuvo a su cargo la presentación de una síntesis histórica y valórica de la Compañía de los Cuatro. Una exposición que logró capturar la atención y emoción del público. El profesor Juan Antonio Soto, cumplió una vez más con sobriedad y brillo como conductor del evento. 155


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Los franciscanos en Chillán En octubre de 2017, se realizó en Chillán la IV Jornada de Historia Religiosa con el patrocinio de la carrera de Historia de la Universidad del Bío-Bío, bajo la dirección del profesor Cristian Leal. El evento tuvo como sede la iglesia San Francisco, a la que concurrió un numeroso público. Participaron en el evento los investigadores Luis Rojas, Marcial Pedrero Leal, Ramón Bastías, Fernando Arriagada, Marco Aurelio Reyes, Camilo Astudillo y Cristian Leal, quienes abordaron diversos aspectos de la presencia de estos religiosos en la vida social y cultural de Chillán. El evento contó con el apoyo de Fondecyt, la Academia de Estudios Religiosos y la Unidad de Patrimonio de la Municipalidad de Chillán.

Figura Cultural Ñuble 2017

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Cada año, diario Crónica Chillán solicita al público su opinión para valorizar a distintos actores de la vida social. El año pasado logró el mayor reconocimiento la folclorista Marisole Valenzuela, quien ha realizado en San Carlos una labor notable de investigación y difusión del folclore. Uno de los filones que ha contado con su talento y dedicación fue el Centenario de Violeta Parra, para el cual realizó una intensa actividad en su comuna. Resulta alentador que el público reconozca y el diario destaque la obra de una mujer que merece nuestra mayor admiración y gratitud por su noble entrega a la música chilena. Nuestra revista quiere subrayar su presencia en este reconocimiento. En la fotografía, Marisole acompañada del director del diario Carlos Ilabaca y del alcalde de San Carlos, Hugo Gebrie.


N°19. Independencia de Chile

Reconocimiento a Osvaldo Cáceres Los reconocimientos de sus pares y de variadas instituciones no cesan. En Concepción se expuso una retrospectiva de su obra, en Santiago se le rindió homenaje en un evento de arquitectos, en Chillán en un encuentro de esa disciplina también estuvo presente para recibir certeras palabras sobre su trayectoria y el cálido aplauso de un público que ya se acostumbró a ver su nombre asociado no solo a edificios, a libros, periódicos, también a nobles causas por la justicia social, los derechos humanos, la protección del medio ambiente, el reparto de la belleza, en fin, en toda demanda que apunta a la salud de la república. Nuestra revista ha contado con su permanente acogida y sus directivos conocen bien su obra desde que se radicó en Concepción hace más de un largo medio siglo. En nombre

de las instituciones y de los actores culturales de Ñuble, el arquitecto Erwin Brevis y la periodista Pamela Conejeros, nuevos baluartes de la vida cultural de Ñuble que laboran con pasión y brillo en la Unidad de Patrimonio Municipal de Chillán, entregaron a Osvaldo la más apreciada de las condecoraciones de nuestra tierra: una joya de Quinchamalí. Nuestra revista sintió en esta representación que estaba presente con un prolongado abrazo para este arquitecto que ha honrado su profesión y que como ciudadano ha honrado a Chile. Cómo quisiéramos la eternidad para personas como Osvaldo, pero bien sabemos el final que nos espera a todos; por fortuna las modernas tecnologías permitirán por siglos que las buenas obras perduren en la memoria de la sociedad.

Osvaldo Cáceres González galopa sobre los 90.

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Cartes Montory, Armando

“Un gobierno de los pueblos…” Relaciones provinciales en la Independencia de Chile

Lector

Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 2014, 415 págs. “Viejos problemas - Una revisión pendiente - Nuestra aproximación - El camino de los pueblos a la nación - Chile en 1810: ¿Tres provincias o una nación? - Las provincias chilenas entre el reino y la República - Junta o triunvirato: La lucha por la presentación pendiente. Las provincias como tales fueron sujetos principales en la Independencia y la organización posterior del Estado en Chile. Ello, a partir de las continuidades coloniales a los territorios y sus identidades y vocaciones productivas, así como de las lógicas regionales del poder retrovertido a los pueblos, a partir del colapso del imperio español”.

Pacheco Tirado, Susana et al.

El sitio de La Serena y la revolución de los libres. A las glorias del pueblo de Atacama y Coquimbo de 1851 Volantines, La Serena, 2013, 291 págs. Ocho estudios de Susana Pacheco Tirado - Carlos Toro Ponce - Claudio Canut de Bon - Joel Avilés Leiva - Arturo Volantines - Nélida Baros Fritis - Vidal Naveas Droguett - Claudio Peralta Butt - Pablo Schafuasser - Osven Olivare Castro. Prólogo de Miguel Barahona. “El conjunto fascinante de ensayos que integran esta obra, fueron escritos por quienes viven y conocer por experiencia directa La Serena, Coquimbo y Copiapó. Son mujeres y hombres que aman y conocen al dedillo esas tierras nortinas donde tuvieron lugar los dramáticos acontecimientos de 1851; acontecimientos que si bien tuvieron otros focos de desarrollo en el corazón y sur de Chile, su epicentro se produjo esencialmente en la región de Coquimbo primero, y luego en Copiapó. Fue, por lo tanto, una revolución nacional, pero que solo prosperó y llegó a plantear un serio desafío político y militar para a los grupos dominantes, en las tierras áridas e infinitamente ricas en minerales valiosos del norte del país”.

O c upa d o

Guerrero Lira, Cristián

El Primer Congreso Nacional de Chile (1811) y sus documentos fundamentales Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2011, 327 págs. Completo estudio y documentación sobre gestación, elecciones, instalación y representación de la primera gran participación democrática de la nación chilena. Acopio de documentos indispensables para el conocimiento de este histórico acontecimiento político. “Sin duda esta primera experiencia parlamentaria chilena no fue idílica. El disenso estuvo presente, al igual que el gran espíritu reformista que manifestaron algunos diputados, y también el uso de la fuerza y la presión como formas de solución de los conflictos que, inevitablemente, debían presentarse. Sus sesiones y acuerdos fueron, en este sentido, una verdadera experimentación, o, si se prefiere, el germen de la vida republicana que florecería años más tarde”.

Infante, Javier

Autonomía, Independencia y República en Chile 1810-1828 Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2014, 312 págs. “El presente libro resultará atractivo para el interesado en una mejor comprensión de la Historia de Chile durante el periodo 1810-1828, especialmente desde la perspectiva institucional. Para ello se ha intentado retratar a los personajes y grupos dominantes de una manera imparcial -tanto como se puede pedir a cualquier historiador-, de manera tal de presentar una imagen del panorama político, jurídico y social que permita una cabal comprensión del momento histórico que pretende estudiar el presente trabajo”.

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Montecino, Sonia (compiladora)

Revisitando Chile. Identidades, mitos e historias Cuadernos Bicentenario, Presidencia de la República, Santiago, 2003, 607 págs. Excelente compilación de lecturas sobre variados temas de la identidad nacional, que incluye textos sobre regiones. Reflexiones generales sobre historia de Chile. Prólogo del expresidente Ricardo Lagos Escobar. Unos de los aportes intelectuales más valiosos publicado en el marco del Bicentenario de la República. “No resta más que guardar silencio y comenzar a leer, recordar, pensar y soñar en Chile”, Ricardo Lagos Escobar.

Guerrero Lira, Cristián

1817. De Mendoza a Chacabuco Corporación del Patrimonio Militar del Ejército de Chile. Universidad Bernardo O’Higgins, Santiago, 2016, 267 págs. Completa investigación sobre el Ejército de Los Andes: escenarios políticos, la cordillera de los Andes, rutas de la invasión, formación del ejército, el frente realista, cronología, el cruce de los Andes, la Batalla de Chacabuco-Maipú, la expedición libertadora del Perú.

Instituto O’Higginiano de Rancagua

Bicentenario Batalla de Rancagua. 1814-2014 Diario el Tipógrafo. Rancagua 2014, s/p. Antología de textos sobre los siguientes temas: El entorno nacional a inicios de la década de 1810, Rancagua en 1813, sucesos previos a la batalla de Rancagua, la batalla de Rancagua, los sucesos posteriores a la batalla de Rancagua, los héroes de la batalla de Rancagua. Material gráfico.

Cartes Montory, Armando (coordinador)

200 años. Proclamación de la Independencia de Chile en Concepción Diario El Sur S.A. Concepción 2017, 189 págs. Concepción, actor importante de la Independencia de Chile. La independencia vista por el diario El Sur. La Independencia en sus documentos. Actividades conmemorativas. Líderes de opinión hablan del futuro. Valiosas ilustraciones y documentos.

Ferrada Walker, Luis Valentín

La Batalla de Maipú

Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2010, 379 págs. “La Batalla de Maipú es, por su trascendencia, resultados y ejecución táctica militar, la más importante de las acciones de armas libradas en Chile durante la Guerra de la Independencia, y representa un punto de inflexión decisorio en la gesta emancipadora latinoamericana. En el presente libro, redactado de manera ágil y amena, y fruto de una acuciosa investigación en fuentes documentales y de una extensa revisión bibliográfica, se analizan sus antecedentes, desarrollo y consecuencias. Estos sucesos son situados dentro de un entorno histórico, estratégico y operativo, que se entiende como parte de un proceso europeo, americano y chileno”.

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Arancibia Clavel, Patricia (editora)

El ejército de los chilenos

Lector

Biblioteca Americana Santiago, 2007, 303 págs. El Ejército Real de Chile - El Ejército de la Independencia - El Ejército de la República - El Ejército de la consolidación de la República - La influencia prusiana del Ejército - El Ejército en el cambio de siglo. Investigación realizada por Patricia Arancibia Clavel, Francisco Balart Páez, Enrique Brahm García, Alejandro San Francisco. Excelente síntesis sobre un factor fundamental de la República, fotografía y amplia bibliografía.

Jocelyn-Holt Letelier, Alfredo

La Independencia de Chile. Tradición, modernización y mito Planeta-Ariel. Santiago 1999, 377 págs.

O c upa d o

Valiosa contribución al debate sobre el proceso de la emancipación, ofreciendo enfoques novedosos. Oportuna lectura en los 200 años.

Sepúlveda, Alfredo

¡Independencia! Siete crónicas históricas Ediciones Chile, Santiago 2010, 229 págs. Crónicas sobre personajes y sucesos del período inicial de la República. Buena motivación para entrar en la historiografía mayor.

Guerrero Lira, Cristián

La contrarrevolución de la Independencia de Chile DAEM, Santiago 2002, 330 págs. Notable aporte a la bibliografía del período, centrando la atención en las acciones de las fuerzas partidarias del rey, la resistencia, el exilio, juicios a los realistas. Importantes referencias a la contrarrevolución en el Perú.

Peralta C., Paulina

¡Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre (1810-1837) LOM, Santiago 2007, 209 págs. “Solo en 1837 se instauró en Chile una gran fiesta nacional. Con anterioridad, existía una multiplicidad festiva, y tres fechas eran celebradas mediante fiestas cívicas: el 18 de septiembre de 1810, el 12 de febrero de 1817 y 1818, y el 5 de abril de este último año. Esta trilogía de conmemoraciones recordaba distintos hitos del proceso de la Independencia y su consolidación, respectivamente. Sin embargo, con el paso del tiempo, las autoridades de la época comenzaron a definir una sola fiesta nacional, entre otras, por razones económicas”.

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Pinto Vallejos, Julio y Valdivia Ortiz de Zarate, Verónica

¿Chilenos todos? La construcción social de la nación (1810-1840) LOM Ediciones, Santiago, 2009, 352 págs. El proceso de la Independencia desde el punto de vista del bajo pueblo, el pueblo y la naciente República, el Ejército, la seguridad nacional y la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana. Un libro indispensable para enriquecer la visión social de la historiografía chilena.

Valenzuela Van Treek, Esteban

Descentralización ya. Conceptos, historia y agenda Ril editores, Santiago, 2015, 314 págs. Obra fundamental para el debate sobre el tema. Antecedentes históricos: La resistencia regional al centralismo. Fortalecimiento de la demanda descentralizadora. “Aquí se habla de una lucha, un contexto controlista/autoritario y una agenda sustantiva de cambio”.

Álvaro, Dennis

O’Higgins, avatares del Libertador de Chile en el Perú El Monitor Ediciones, Lima, Perú, 2015, 267 págs. “La heroica vida de O’Higgins pasa por este libro como una película de acción, con ejércitos movilizados por mar y tierra, el éxodo de miles de familias por los Andes y batallas memorables. Ya de civil, viviría en la Lima romántica de las tapadas, sin caer en sus tentaciones, como tampoco se comprometió en el torbellino de los caudillos que se disputaron el poder en el Perú. Su voz contraria a la guerra de Chile contra la Confederación Perú-Boliviana y luego el retorno de sus restos a su patria, un sueño que acarició 19 años, son otros hitos destacables de esta obra que apunta a derribar, al menos en parte, la barrera de rencor y resquemor que aún se levanta entre peruanos y chilenos”.

González Trujillo, Alejandro

El paso de los Andes

Instituto O’Higginiano de Chile, Mendoza, 2007, 223 págs. Valiosa monografía sobre uno de los acontecimientos más impresionantes del proceso de la Independencia de Chile. Organizar y equipar a cinco mil soldados y luego elaborar una estrategia inteligente constituye una verdadera proeza histórica.

Cartes Montory, Armando (editor)

El regreso del Prócer. Don Juan Martínez De Rozas en la ciudad de Concepción Archivo Histórico de Concepción, Concepción, 2017, 219 págs. “El presente libro celebra y deja registro del regreso a Concepción de los restos del prócer Juan Martínez de Rozas, en vísperas del Bicentenario de la Declaración de la Independencia de Chile, que tuvo lugar en esta provincia, en enero de 1818”. La obra comprende textos sobre el personaje, su tiempo y regreso al Panteón de la Patria en el Cementerio General de Concepción: Armando Cartes Montory, Alejandro Mihovilovich, Cristián Guerrero, Boris Márquez, Carlos H. Rozas, Ernesto Cruces, Rodrigo Vilches, Mauricio Quevedo. Ilustraciones y documentos.

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QuinchamalĂ­. Artes, Letras y Sociedad

Cartas de la aldea

Manuel Antonio Caro, La Zamacueca, 1873.

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N°19. Independencia de Chile

Vivir en

Freirina PequeĂąa postal de una comuna del Norte Chico.

Aloso Castillo

Investigador regional. Atacama.

Plaza de armas de la ciudad de Freirina, al fondo la iglesia Santa Rosa de Lima.

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Fenómeno del desierto florido, comuna de Freirina, III región.

La ciudad de Freirina o la ciudad de los monumentos, está ubicada en el valle del Huasco, tercera región. Tiene 6.531 habitantes (2012) y fue fundada el 20 octubre de 1752 por orden del Gobernador del Reino de Chile, don Domingo Ortiz de Rozas, con el nombre Villa Santa Rosa del Guasco (ortografía de la época, hoy se escribe con H). El 8 de abril de 1824, se consiguió alzar a la villa al título de ciudad en virtud del floreciente progreso que se desarrollaba debido a las numerosas minas en explotación. Así lo proyectaba y la comunidad se merecía otro trato, consiguiendo ese anhelado sueño a través de un decreto supremo que la comunidad recibió con júbilo, decidiendo realizar un merecido homenaje al Director Supremo de la época, general Ramón Freire Serrano, cambiándole el nombre a la villa por la de Freirina. La geografía de esta tierra, a orillas del zigzagueante río Huasco, es generosa, con importantes vetas de oro y cobre. Quedan en el recuerdo los antiguos minerales de Carrizal Alto, Astillas, El Morado, Quebradita, Labrar y el legendario mineral de Capote, de donde salió el oro para financiar importantes proyectos en la capital de Chile, reconocido y consignado por importantes historiadores como el Abate Molina, Benjamín Vicuña Mackenna y otros. Pero Freirina no solo es minería. Las cristalinas aguas del río Huasco permiten desarrollar la agricultura, principalmente de olivos, a partir de la

Panorámica de la caleta Los Bronces.

Río Huasco, Freirina.

Panorámica de la calle Río de Janeiro, principal paseo de la comuna de Freirina.

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N°19. Independencia de Chile

que se cosechan las más deliciosas y ricas aceitunas del valle del Huasco, reconocidas a nivel nacional. Su atractivo turístico está respaldado por tres importantes monumentos nacionales. El Edificio Los Portales, antigua sede del gobierno comunal construido en 1873 y ubicado al costado oriente de la plaza de Armas de la ciudad. A pocos metros al sur se impone otra belleza arquitectónica: la iglesia Santa Rosa de Lima, que data de 1869. Ambos edificios hoy están en etapa de restauración. En Los Portales, una vez entregado a la comunidad, se proyecta crear el Museo de la Comuna, un sueño anhelado por muchos. Y como dijimos al principio, Freirina está ligado en su historia a la minería. Otro de los monumentos nacionales con los que contamos está ubicado a unos 42 km al sur de la ciudad. Son tres chimeneas de la antigua Fundición de Labrar, únicos y silenciosos testigos de nuestro auge minero. Sus estructuras están construidas de ladrillos refractarios, tienen una altura aproximada de 18 metros y en su entorno aún se pueden encontrar restos de escorias y numerosas minas que datan del siglo XIX. Freirina recientemente fue declarada capital regional del Patrimonio Cultural de Atacama, y este título no llega por capricho, sino que es un reconocimiento a su aporte durante 265 años de existencia en la que ha entregado esta tierra de mineros a la nación. Cada rincón de nuestra geografía tiene una belleza histórica, pero también tenemos una belleza natural, que se acrecienta cuando las precipitaciones son generosas en este valle y

Iglesia Santa Rosa de Lima, Freirina, declarada Monumento Nacional.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

se logra el famoso fenómeno del desierto florido, germinando un abanico de colores. Las añañucas, el amancay, el suspiro, la malvilla y la garra de león, hacen que sea más atractivo el paisaje. No dejaremos de mencionar nuestra ruta costera con la caleta Los Bronces, un número importante de hombres y mujeres dan vida a este mágico sector. También la caleta Chañaral y su isla del mismo nombre, donde se encuentra la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt interactuando con delfines, ballenas y otras especies marinas. Los antiguos puertos de embarque Peña Blanca y El Sarco, son vestigios que se niegan a desaparecer a pesar de los años. Freirina, hoy, aún sobrevive de la pequeña minería. El pirquinero sigue rasguñando las entrañas de los cerros para sobrevivir, el pescador sigue arriesgando cada minuto de su vida a orillas del Pacífico, el campesino sigue haciendo patria y luchando por conservar sus tradiciones en apartados lugares de nuestra geografía. Hombres y mujeres que con esfuerzo hacen cada día más grande y bella nuestra ciudad. Actualmente, Freirina brinda a las futuras generaciones desarrollo educacional con seis establecimientos, tres de ellos en el área urbana: escuela Alejandro Noemí Huerta, escuela Emilia Schwabe Rumohr y el liceo Ramón Freire Serrano. Los otros tres establecimientos son rurales: escuela Virginia San Román de la localidad de Maitencillo, escuela Samuel Castillo de la localidad de Nicolasa y escuela Fortunato Sosa de Carrizalillo.

También contamos con una moderna Biblioteca Pública Municipal, fundada 21 de junio de 1938, que recientemente cumplió 79 años de existencia. Entrega servicios de préstamos de libros, capacitación computacional, wifi en sala y plaza de Armas, y un moderno Bibliomóvil, entre otros. Freirina tiene un medio de comunicación radial cristiano, radio Profeta, con más de diecisiete años en el aire y señal en todo el valle del Huasco, brindando noticias, información y cultura. Nuestra tierra generosa y valiosa en historia también ha contribuido con numerosos hijos nacidos bajo el cielo de Freirina, que han tenido una destacada participación nacional, regional y comunal. Entre ellos nombraremos a don José Santos Ossa Vega (1827-1878) pionero y descubridor del salitre; Manuel Ossa Ruiz (1854-1929), industrial y senador; Maximiliano Poblete Cortés (1873-1946), alcalde por más dieciocho años de la ciudad de Antofagasta; Nicolás Marambio Montt (1886-1936), abogado, alcalde de La Serena y senador de la República, creador del Código de Minas; y Carlos Iribarren Ahumada, alcalde de la comuna de Tierra Amarilla en la década del setenta La actividad cultural también ha tenido una importante representación principalmente en la literatura; hombres y mujeres han dejado una importante huella bibliográfica. Recordaremos a: Nicolasa Montt Barrios (1852-1924). Fue pionera en la actividad cultural en una época en que esas actividades estaban prohibidas para la mujer. Poeta, cuentista, traductora, posteriormen-

Vestigio del pasado minero de la comuna, chimeneas de la Fundición de Labrar, Monumento Nacional.

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N°19. Independencia de Chile

te se radicó en la ciudad de La Serena, donde desarrolló amistad y apoyó a la joven maestra Lucila Godoy Alcayaga, nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral. Doctor Joaquín Morales Ocaranza (18611915). Nuestro filántropo personaje dejó tres obras en formato libro, entre las que se destaca Historia del Huasco (1896). Luis Cerda Barrios (1903-1978). Periodista y poeta, colaboró con crónicas en diarios y revistas, tales como diario regional La Prensa de Copiapó, y Las Últimas Noticias y El Diario Ilustrado, ambos de Santiago. Desarrolló amistad con destacadas personalidades políticas e intelectuales como Pablo de Rokha, Pablo Neruda y Salvador Allende, entre otros. Miguel Vergara Gallardo (1906-1967), profesor y escritor; Aída Ubilla Dávila (19172009), profesora y poeta. Entre los literatos más contemporáneos encontramos a la señora Gioconda Castillo Villalón, profesora y escritora; a Ernesto Zepeda Rojas, profesor y escritor; a Alejandro Aracena Siares, escritor e investigador; a Oriel Álvarez Hidalgo, escritor e investigador y a la joven Alicia Tapia Pizarro, que ha desarrollado su pluma creadora en la poesía. Eso es, en resumidas letras, vivir en Freirina y en su historia. Freirina, linda Freirina, te llevo siempre en mi corazón… así se lee una estrofa de un antiguo y bello bolero, creado e interpretado por René López, un hijo agradecido de su tierra.

Dr. Joaquín Morales Ocaranza.

José Santos Ossa

Maximiliano Poblete Cortés

Edificio Los Portales, Monumento Nacional y futuro museo.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Agradezco infinitamente la muy interesante revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad, que trae dos magníficas crónicas sobre la inolvidable Margot Loyola. Los ejemplares que he recibo los he repartido en diferentes instituciones Culturales y Artísticas. Hay mucha gente que ha leído los artículos relacionados con la vida de Margot y que se ha emocionado con ellos, y la consulta que hacen es dónde pueden obtener la revista. Me interesaría ver, más adelante, el generar una instancia de conversación con alumnos de las distintas carreras de pedagogía sobre el legado de Margot Loyola.

Osvaldo Cádiz

Músico-folclorista. Santiago.

Recibí oportunamente el ejemplar de la revista Quinchamalí en que se publica un artículo sobre la jornada cordillerana aquella. Le agradezco infinitamente la atención de enviármela, pero sobre todo los conceptos que usted vierte respecto de mi persona en su trabajo, tal vez poco merecidos por su extensión y alcance, pero sé que son sentidos y sinceros. Muchas gracias de nuevo.

Hugo Dolmestch Urra

Presidente Corte Suprema de Chile.

He gozado con la última edición de Quinchamalí ofrecida y dedicada al recuerdo de Violeta. Gracias, mil gracias, por haberme incluido entre los “opinantes”. Es tal el valor y la importancia de Quinchamalí, que el participar en ella y de ella -como tú me lo permites con generosidad inmensa- es para mí un título de un gran honor. Y así lo tengo y recibo. Si pudieras enviarme un ejemplar más de la revista, de ser posible, me encantaría hacerla llegar a Nicanor a través de Colombina. El será feliz al conocerla y revisar lo mucho bueno que en ella se escribe sobre Violeta y Nicanor, su casa en San Fabián, en fin, esa vida maravillosa. Nicanor a sus 103 años de vida está con toda su alma en el cuerpo. Más vivo que todos nosotros. Milagro de existencia humana. En todos estos últimos días me he encontrado ocupado de un asunto especial que dice con Nicanor, con sus papeles, manuscritos y cuadernos “distraídos” de mala manera. Imagina mi honor: él y su encantadora familia, Colombina, Tololo, Nicanor hijo, me han depositado su confianza, para contribuir junto a ellos al rescate de sus papeles y documentos íntimos perdidos por manos de aquellos que no comprenderán jamás el verdadero valor que tienen las joyas de nuestro patrimonio nacional, que son invaluables, intransables, fuera de todo posible comercio humano. Con este motivo he compartido varias horas con Nicanor, en Las Cruces, el día martes pasado. Por un cariño y generosidad muy grande de Colombina y Tololo de quienes estoy muy agradecido. Fue este un encuentro único e inolvidable. Algún día escribiré algo sobre todo esta experiencia, que tengo y tendré siempre por diamante de mi pequeña corona moral como abogado. Colombina, que es muy generosa, tomó algunas fotos del momento. Te enviaré luego una de ellas para que así me recuerdes. Quizás alguien pueda decir un día de mí, que fui un “anti-abogado”...

Luis Valentín Ferrada Abogado.

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N°19. Independencia de Chile

La espléndida revista dedicada a Violeta Parra correspondió al N°17 de 2017, curiosa coincidencia con el título de una de sus más hermosas canciones, en la que nuestra folclorista añora su pasada juventud. Así también, Quinchamalí recrea los principales pasajes de su vida íntima y pública, con valiosos dibujos y fotografías. Felicitaciones por el contenido, desde su portada en adelante. La biografía testimonial que escribimos con Patricia Bravo es, como se dice en la revista, “un testimonio único, desde su vida a su muerte”. Fue la primera (1976), y por lo tanto, inspiradora de los trabajos que le siguieron mucho después. Siento legítimo orgullo por esa temprana valoración de la genial creadora chillaneja, desde el periodismo.

Patricia Stambuk M.

Periodista. Academia Chilena de la Lengua.

Muy bella la portada, la foto es increíble, para todos los que soñamos con haber conocido la Compañía de los 4, ahí se nos aparecen en gloria y majestad, muchas gracias por invitarme a ser parte de esta edición.

Arlette Ibarra V.

Actriz de teatro. Antofagasta.

Agradezco el precioso ejemplar que me ha enviado de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad que tan gentilmente nos hiciera llegar. Le deseo mucho éxito en la continuidad de esta hermosa labor.

Arturo Undurraga Díaz

Contralmirante, comandante en jefe de la I Zona Naval.

De mi especial consideración, hace un par de días recibí un obsequio suyo que me ha acompañado hasta ahora como un delicado recuerdo de su amigo, mi querido esposo Ciro Edgardo Vargas Mellado, en un nuevo volumen de la revista Quinchamalí, muy hermosa e interesante en forma y contenido. Ud. ha tenido la fina decisión de incorporar en las páginas de Quinchamalí las expresiones emotivas y cariñosas de amigos, como usted, que hicieron presente su homenaje para mi querido Cirito en la penosa circunstancia de su partida. Las imágenes que ilustran los textos tienen la hermosura de testimonios inolvidables que me han enternecido con mucha fuerza. Muy agradecida de usted y sus colaboradores, le saluda con mucho aprecio y cariño.

Sonia Roa Mena de Vargas Viuda de Ciro Vargas.

Con gran sorpresa acabo de recibir dos números de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad. Estupendos ejemplares. Sus temas, buenísimos. El tratamiento de los contenidos, excelente. Y el material y la impresión, óptimos. Agradecemos el importante aporte para nuestra biblioteca. ¿Es posible tomar parte de algunos textos para publicaciones nuestras? Me refiero a tomar dos mil caracteres para publicarlos como linterna. Por supuesto, dejando claro autor y fuente.

María Canihuante

Fundación Andrés Sabella. Antofagasta. 169


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

La recepción de dos números de la revista Quinchamalí. Arte, Letras, Sociedad, suscitó en mí una muy positiva impresión. El hecho en sí, revela facetas dignas de ser consideradas. Sus páginas constituyen un valioso entorno que facilita un reencuentro siempre tan necesario con nuestra cultura. La diversidad de autores y los puntos de vista que rigen los artículos son un buen incentivo para cada uno de los lectores. Los aspectos técnicos de diseño, gráfica e impresión, son manejados con absoluta propiedad. Para no redundar en lo evidente, concluyo señalando que el espíritu que sustenta esta revista es de tal naturaleza y solidez que, por sí, garantiza una vigencia que, sin duda, superará las coordenadas de espacio y tiempo.

Osvaldo Cádiz

Escritor. Antofagasta.

Nos dirigimos a Ud. a nombre de la Corporación de Monumentos Históricos de Los Ángeles, en primer lugar para expresarle nuestras felicitaciones por la calidad de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad, que prestigia a la cultura chillaneja y ñublensina. La diversidad de materias que trata es un aliciente para conocer del rico pasado histórico cultural de esa gran ciudad que es Chillán, y que tiene un prestigio ampliamente ganado como merecedora de ser la capital cultural de nuestro país. La calidad de Quinchamalí da prueba del trabajo y esfuerzo que realiza el equipo editorial. Cada nuevo número es un deleite para quienes amamos el arte y la cultura regional.

Miguel Musre Urrea

Corporación de Monumentos Históricos de Los Ángeles.

Quisiera felicitarlo por la excelente revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad. He leído varios de sus números y encuentro siempre información de gran interés. Mi familia y la de mi señora son de Chillán y celebramos que exista una publicación de su calidad en nuestra región.

Rodrigo de la Cruz Benapres

Exdecano Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Paisaje. Universidad Central de Chile.

Excelente presentación y contenido, digna de ser leída y releída, analizada y disfrutada la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad. Motivadora y ejemplificadora de cómo los esfuerzos editoriales pueden generar cambios conductuales a nuestra aporreada humanidad. Y muy agradecido de que esté incluida mi opinión en representación del folclor local.

Víctor Pinto

Centro Cultural Copelec.

Están buenísimas. Felicitaciones para ti y todo tu equipo. El número dedicado a Jorge Peña Hen me tiene muy ocupada, tomando notas.

Patricia Politzer Periodista. Santiago.

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N°19. Independencia de Chile

Te ofrezco mil disculpas por no escribirte antes, recibí muy oportunamente la revista, quedó espectacular, maravillosa, interesante. He andado en mil cosas y se me quedó en el tintero contestarte. Muchas gracias por incluirme de tan buena manera en la revista, yo estoy muy contenta y satisfecha con mi participación, para mí fue y es un gran honor. Abrazos para ti, felicitaciones por tu impecable trabajo y por el de tu equipo.

Paula Miranda

Universidad Católica de Chile.

Te escribo para agradecer tu gentileza al enviarme los hermosos ejemplares de Quinchamalí en honor a nuestra gran Violeta; justo en el día en que nuestro antipoeta Nicanor su hermano, también homenajeado por ustedes y ese equipazo de Quinchamalí, ha partido de este mundo imaginario, en busca de ángeles imaginarios, para encontrarse con su hermana imaginaria y permanecer ambos por siempre en el imaginario colectivo de nuestro pueblo.

María Fedora Peña Hija de Jorge Peña Hen.

Junto con confirmarle la recepción de sus correos y el ejemplar de la última edición de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad, quiero expresarle mi agradecimiento por considerar no solo la fotografía con la Presidenta Michelle Bachelet, gestionada tal como lo habíamos conversado previamente, sino que además quiero agradecerle especialmente por incorporar en su publicación la editorial de este medio relacionada con Violeta Parra y la edición de lujo que preparó la revista. En lo personal, debido al alto aprecio y consideración que siempre le he manifestado al dedicado trabajo que realiza usted y su equipo al desarrollo de este invaluable aporte cultural, me honra el haber sido nuevamente considerado por su persona y me considero afortunado de poder aportar -aunque sea indirectamente- al continuo crecimiento de su prestigio. Sinceramente, espero que tanto Ñuble como Chile sepan valorar cada vez más el enorme sustento al legado cultural local que ustedes brindan al país.

Carlos Eduardo Ilabaca Villanueva

Director. Diario Crónica Chillán.

Muy agradecida por tu aporte fundamental a la cultura nacional a través de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad, y por promover las diferentes expresiones del Arte Nacional. Te mereces muchas medallas por un muy justo reconocimiento, junto a tus excelentes colaboradores.

Orieta Escámez Santiago.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Recibí la maravillosa revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad, con la Compañía de los Cuatro en portada. En la sección Ocupado Lector aparece mencionado el libro Historia, Música y Poesía para Chile. Región de Coquimbo. Esto me provoca un sentimiento difícil, hasta de sentir. Aquí en mi región este libro ha pasado desapercibido, pero ha tenido la suerte de caer a tus manos. Mil gracias por citarlo y por tanto valorarlo. Amigo, mis muy sinceras felicitaciones por el Premio al mérito Claudio Arrau que tan certeramente te han conferido. Que sigas la senda de cultivar la cultura porque en ella vive el germen de la humanidad. Felicitaciones.

Susana Pacheco Tirado

Profesora, investigadora. La Serena.

Querido Alejandro, en el momento del nacimiento de Quinchamalí te hago llegar mi saludo y agradecimiento por la excepcional cobertura a nuestra labor artística. Un saludo a las autoridades municipales de la tierra del genio de Arrau y a ti, Alejandro, como irreversible difusor regional proyectado a nivel de país. Un saludo también a Arlette por su hermosa entrevista.

Compañía de los Cuatro. No he tenido ocasión aún de ver la edición impresa con el artículo de Juan Dzazópulos. Sin embargo, tuve acceso a una “première”. Uno de mis hijos, Germán Jr., me ha enviado un email desde Buenos Aires con una dirección de Internet que incluye la edición completa de la revista. Este es un artículo que podríamos llamar “de resurrección”. Como sabes, mis andares operáticos cesaron cuando se perfilaba ya una carrera. Con todo, los nuevos rumbos no me privaron de una vida afín a mis inquietudes, aunque en otras áreas. Resumiendo, hemos quedado (incluyo a Lourdes en la apreciación) gratísimos con este relato y la generosa mención de los años siguientes. Solo puedo agradecer emocionado este gesto, especialmente porque proviene de un compañero de aquellos años en que todo era solo un sueño. ¡Gracias, Alejandro! Examiné algunos otros ejemplares de Quinchamalí en el sitio web sugerido por mi hijo -- https://issuu.com/ edicionesicd/docs/q17__violeta_parra Esto me ha permitido apreciar más hondamente las dimensiones de la heroica tarea que te has impuesto por conservar los valores de nuestro querido Chillán. ¡¡¡Bravo!!!

Germán Bustos

Artista chileno residente en Brasil.

Me conmovió profundamente ver publicado en la Revista Quinchamalí N° 17 el excelente artículo de Juan Dzazópulos dedicado a mi hermano Germán. Ustedes hicieron que su paso por el camino del arte no fuera efímero y olvidado, sino que lo hicieron revivir en la memoria de varios coterráneos y lo fijaron como un legítimo y valioso registro histórico para las nuevas generaciones. Agradezco en nombre de mi familia y en especial de mis padres, no solo la presencia de mi hermano en este número sino que, una vez más, mi inclusión en el N°14 de esta valiosa y testimonial publicación. Te envío mis calurosas y sinceras felicitaciones por haber recibido, muy merecidamente, la “Medalla Claudio Arrau” 2018.

Raquel Bustos Valderrama Musicóloga Universidad de Chile.

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N°19. Independencia de Chile

Sabía usted …que Miguel Laborde, quien escribe cada domingo en El Mercurio una columna sobre Historia Urbana de Santiago, un verdadero aporte a la cultura patrimonial de los chilenos, acaba de recibir la Medalla Orden de Don Pedro de Valdivia? Fue otorgada por el Instituto de Conmemoración Histórica de Chile. Merecida distinción que nuestra revista aplaude desde Chillán.

…que Bellavista Oveja Tomé fue declarada monumento nacional? Fundada en 1865, emergió pronto como una de las empresas textiles más prestigiosas en América Latina. Cerró en el 2010. Constituye un verdadero ícono de ese puerto y, por fortuna, por acuerdo del Consejo de Monumentos Nacionales, su antiguo edificio será protegido y conservado. …que en el marco de los 200 años de la Marina de Chile se ha creado un sitio en internet que reúne más de 8000 imágenes del archivo histórico de la Armada? Se trata de Archivo.mmn.cl, donde usted puede acercarse a una espectacular documentación histórica, proyecto que ha realizado con éxito el contralmirante (R) Renato Valenzuela.

…que 120 alumnos de una Escuela del Valle del Elqui se benefician cada año con recursos legados por Lucila Godoy Alcayaga, Gabriela Mistral, de acuerdo a lo establecido en su testamento en 1957? Esta tarea fue encargada a la Orden Franciscana de Chile, a cuya entidad religiosa perteneció la poetisa como hermana terciaria.

…que la película El chacal de Nahueltoro fue nuevamente elegida como la mejor película chilena de todos los tiempos? Esto, tras una consulta en la que participaron 64 distinguidas personalidades vinculadas al cine chileno. El nuevo reconocimiento ocurre a pocos días que una película chilena, Una mujer fantástica, obtuviera el Oscar como mejor película extranjera, galardón que por primera vez obtiene una película chilena. El chacal de Nahueltoro (1969), fue dirigida por Miguel Littin con actuación estelar de Nelson Villagra. En la referida encuesta ocupó el segundo lugar la película El club de Pablo Larraín y el tercero Machuca, de Andrés Wood.

…que en el 2017 se han cumplido 40 años del inicio de la Carretera Austral? En su construcción ha cumplido un papel verdaderamente heroico el Cuerpo Militar del Trabajo, fundado en 1953 por el coronel Benjamín Videla Vergara. El Cuerpo Militar del Trabajo ha brindado al país una contribución notable: 2250 kilómetros de carreteras en todo Chile. …que en la década de los 30, el legendario pianista Claudio Arrau (1903-1991) y el cineasta José Bohr (1901-1994) juntaron sus talentos en un original proyecto cinematográfico? Tomando como motivo central la vida del compositor Franz Liszt, dieron forma a “Sueño de amor”, una de las primeras películas sonoras realizadas en Latinoamérica. La cinta estuvo desaparecida hasta que, afortunadamente, los materiales fueron encontrados en México por el académico y coordinador de la Cineteca de la Universidad de Chile, Luis Horta. Y él se encargó de dirigir el proyecto de restauración en conjunto con la Universidad Autónoma de México (UNAM), sumando el financiamiento del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

…que la profesora Corina Vargas Vargas (19001989), nacida en Coyanco, comuna de Quillón, fue la primera decana de una universidad chilena (1944), cargo ejercido por primera vez en América Latina? Fue alumna brillante. Estudió Psicología en la Universidad de Columbia de New York. La Municipalidad de Concepción dio su nombre a una calle, se creó una beca para un Magíster en Educación que lleva su nombre y el historiador Carlos Muñoz Labraña publicó el libro Corina Vargas, pionera de la educación chilena. Es hija de Ñuble y en Quillón, al menos, no deberían ignorarla.

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Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

N ue va s r el a c i on e s

Quinchamalí en Chiloé En febrero pasado el director de nuestra revista visitó Castro con el propósito de establecer relaciones de colaboración con Renato Cárdenas, uno de los mayores estudiosos de la cultura chilota a la que ha dedicado varias publicaciones; se trata del celebrado creador de programas televisivos de gran nombradía: Frutos del país y En el fin del mundo. El anfitrión nos invitó a un restaurant de su creación, Travesía, donde se combina la gastronomía con la literatura, el folclore, la fotografía y otras expresiones artísticas. Con gran satisfacción pudimos ver nuestras publicaciones en una estantería y otras en manos de comensales que esperaban ser atendidos recorriendo con interés las páginas de la revista Quinchamalí. Artes, letras, sociedad. Nuestra revista publicará un amplio reportaje a la obra de Renato, que fue encomendada de común acuerdo al periodista y académico de Concepción Rodrigo Pincheira.

Biblioteca de Achao El director de Quinchamalí fue invitado por Renato Cárdenas a presenciar un encuentro musical sorprendente: unos cuantos acordeonistas se dieron cita en Tenaún siguiendo una tradición bien curiosa: una cantidad enorme de vecinos cultiva el acordeón tras sucesivas generaciones. En esta cita fue presentada Rosa Uribe, directora de la Biblioteca Municipal de Achao, quien luce una intensa trayectoria en la promoción de la lectura en el vecindario de la aldea. La revista Quinchamalí llegará a esa biblioteca con varios números gracias al interés mostrado por la bibliotecaria.

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N°19. Independencia de Chile

El director de Quinchamalí. Artes, letras, sociedad visitó Santa Cruz, donde se reunió con los representantes de la revista que aparecen en la fotografía: Jorge Cubillos (Lolol), Ronald Sepúlveda (Chépica) y Jaime Vásquez, profesor de castellano (Santa Cruz), con quienes participó en un almuerzo de trabajo destinado a fortalecer la colaboración de estos amigos con nuestra revista en el Club Social de Santa Cruz. La conversación fue calificada por el director como “altamente provechosa”, lo que redundará en una mejor presencia de la revista en Colchagua y de los mencionados representantes en las páginas de Quinchamalí. El director expresó además su admiración por la nueva sala creada en el Museo de Colchagua sobre la Mina San José: “un gran aporte a la preservación de la memoria de una de las mayores hazañas del Estado chileno a lo largo de su historia”.

Quinchamalí en El Carmen Nuestra revista visitó recientemente la Biblioteca Municipal de El Carmen, donde se entregaron los últimos números y otras publicaciones del Taller de Cultura Regional de la UBB. La recepción de los materiales estuvo a cargo de Hugo Correa Pietra, quien agradeció las relaciones y destacó la importancia de contar con estos materiales para el servicio que brinda la biblioteca, especialmente al sistema escolar. La biblioteca de El Carmen cuenta con un excelente edificio y se observa un grato ambiente de trabajo. Hasta la fecha no ha sido posible establecer contacto con el alcalde José San Martín Rubilar, a quien hemos invitado a compartir iniciativas.

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N ue va s r el a c i on e s

Quinchamalí en Santa Cruz


Quinchamalí. Artes, Letras y Sociedad

Quinchamalí: presencia territorial Coordinador Territorial: José Antonio Soto Relaciones establecidas con 116 actores culturales en el Chile profundo desatendido por el centralismo pero donde se construye patria sin el ruido de los grandes medios, pero con el compromiso de un fuerte sentimiento nacional. Con estos amigos estamos forjando relaciones primero para conocernos, luego intercambiar publicaciones y concertar acciones.

Punta Arenas: Ernesto Fernández Porvenir: Leda Andrade Puerto Natales: Ramón Arriagada Cochrane: Ada Figueroa Coyhaique: Jorge Díaz G. Villa O’Higgins: Roberto Recabal Chile Chico: Danka Ivanoff Puerto Aysén: José Mansilla Chaitén: Kareen Correa Ancud: Annemarijke Van Meurs Castro: Dante Montiel Puerto Montt: Pablo Fábrega Puerto Varas: Roberto Matus Dalcahue: Nelson Bahamonde Lautaro: Ivonn Martínez Nueva Imperial: Juan Toledo B. Puerto Saavedra: Dagoberto Iturra Z. Gorbea: Sergio San Martín Lonquimay: Sergio Venegas Perquenco: Mauricio Sandoval Purén: María S. Uribe Loncoche: Ricardo Vejar Carahue: Ramón Melipillan Trovolhue: Wilfrido Morales Á. Valdivia: Hugo Muñoz Osorno: Gabriel Peralta V. Angol: Daniel Salinas Temuco: Elizabeth Inzunza G. Victoria: Adriana Villalobos Durán

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N°19. Independencia de Chile

Collipulli: Carlos Lagos

Parral: Adolfo Márquez E.

Traiguén: Gabriel Díaz

Linares: Margarita Valenzuela

Cañete: Clímaco Hermosilla

Yerbas Buenas: María E. Gálvez

Contulmo: Faustino Villagra C.

Talca: Horacio Hernández

Lebu: Manuel Torres

San Javier: Mario Oltra

Arauco: Luis Torres A.

Curicó: Manuel Grez

Mulchén: Milena Gallegos

Molina: Nelson Chávez Díaz

Nacimiento: Isolina Palma C.

Romeral: Cristóbal Ortega

Los Ángeles: Marcela Rosen

Teno: Jorge Uribe Ghigliotto

Quilleco: Manuel González A.

Pichilemu: Carlos Leyton L.

Santa Bárbara: Alfonso Lloveras C.

Litueche: Berlín Valdés O.

Cabrero: Tito Figueroa

Machalí: Evelyn Vega

Santa Juana: Jorge Negroni

Rancagua: Ligia Uribe

Lota: Pablo Gaete

Rengo: Lucia Muñoz Sandoval

Coronel: Iván Bizama

Malloa: Jorge Díaz Farías

Concepción: Claudio Roa

Coltauco: Carmen Laborde

San Pedro de la Paz: Sylvia Gutiérrez

Santa Cruz: Mario Galarce

Chiguayante: Rosa Ogalde

San Fernando: Roberto Soto Aliaga

Hualpén: Carlos Labraña

Chepica: Marcos Valle G.

Talcahuano: Luis Salvo

Lolol: Jorge Cubillos Duarte

Tomé: Rolando Saavedra

Pumanque: Francisco Moraga M.

Dichato: Jaime Eriz F.

Santiago: Alicia Romero S.

Penco: Evelyn Elgueta

La Florida: Jorge Coulón

Yungay: María E. Díaz

Ñuñoa: Carlos Muñoz N.

San Ignacio: Iván Ferrada

San Bernardo: Camilo Salas

Pinto: Mauricio Asencio

Maipú: Jaime Mallea

Coihueco: Russel Cabrera

Recoleta: Miguel Sauma

San Fabián de Alico: Claudia Espina

San Antonio: José M. Jiménez

San Carlos: Víctor Manríquez

Viña del Mar: Lorena Brassea

San Nicolás: Angeluz Oviedo

Valparaíso: Francisco Astudillo

Ñiquen: Fabiola Olea Medel

Quilpué: Juan J. López

Ninhue: Carlos Huerta

Los Andes: Carlos Tapia

Portezuelo: Adán Zapata

Coquimbo: Diana Meléndez Diaz

Quirihue: Fabián Irribarra

La Serena: Fredy Sanhueza

Cobquecura: Pedro Ramírez

Vallenar: Juan García Rodríguez

Trehuaco: Segundo Concha

Chañaral: Omar Monroy L.

Coelemu: Luis Villegas

Huasco: Luis Farías

Huarilihue: Bernardo Paredes

Copiapó: Claudio Briseño

Ránquil: Carlos Grüebler

Taltal: Rodolfo Contreras

Quillón: María Villa Bustos

Tocopilla: Damir Galaz-Mandakovic F.

Bulnes: José A.Soto

Antofagasta: Arlette Ibarra

Chillán Viejo: Audito Gavilán

Pica: Carolina Vera

Quinchamalí: María E. Uribe

Iquique: Ximena Bernal

Villa Alegre: Jaime González C.

Arica: Carlos Newmann 177


ARTES - LETRAS - SOCIEDAD

Nº 19 - PRIMER SEMESTRE 2018 ISSN 0719 - 3785 Representante legal:

Dr. Mauricio Cataldo Monsalves Rector Director de la revista:

Dr. Alejandro Witker

Asesora de la dirección:

Alicia Romero

Consejo Editorial:

Leonardo Seguel Briones, Marco Aurelio Reyes, Armando Cartes, Juan Ignacio Basterrica y Juan Pablo Garrido Editora:

Lucía Rojas Plass Diseñador Gráfico:

Rodrigo Rojas Sandoval Fotógrafo:

Águedo Torres Investigadores:

Loreto Mora y Santiago Araneda Relaciones Públicas:

Claudio Roa Secretaria:

Rosa Fuentealba Oficina:

18 de Septiembre 580, Chillán, Ñuble, Chile Dirección Postal:

Casilla 483, Chillán, Chile Teléfono:

56 - 42 2463605 Correo electrónico:

awitker@ubiobio.cl Sitio web:

www.revistaquinchamali.cl Editorial:

Ediciones Universidad del Bio Bío

Fe de Erratas

El artículo “Germán Bustos: Silencio de un Tenor Excepcional”, incluido en la edición que celebra el Centenario de Violeta Parra, contiene dos errores tipográficos: El primero señala que “la temporada de ópera de 1919 marcó un hito en la historia musical chilena”. Debería decir 1969. Más adelante, el rol interpretado por Ramón Vinay en el Otello de esa temporada fue el de Iago (con “i” mayúscula), no “Lago”. Junto con agradecer a los lectores que nos señalaron este involuntario reemplazo de un “6” por un “1” y de una “i” por una “l”, nos permitimos traer a la memoria al recordado periodista chileno Julio Lanzarotti, que creó el temido “duende de las editoriales”, personaje que, por encima de todos los cuidados, siempre se daba maña para introducir un error en las revistas.

Patrocina:

Auspicia:

Instituto O’Higginiano de Ñuble


N°19. Independencia de Chile

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QuinchamalĂ­. Artes, Letras y Sociedad

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Profile for Investigación, Cultura y Desarrollo

Quinchamalí artes, letras, sociedad n ° 19  

Publicación del Taller de Cultura Regional de la Universidad del Bío-Bío. Primer semestre de 2018. Chillán, región del Biobío, Chile.

Quinchamalí artes, letras, sociedad n ° 19  

Publicación del Taller de Cultura Regional de la Universidad del Bío-Bío. Primer semestre de 2018. Chillán, región del Biobío, Chile.

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