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Municipalidad de Cabrero

Esta revista se imprimió en el mes de Abril 2011 en “Impresora La Discusión” S.A, ubicada en 18 de Septiembre 721. Chillán - Chile


Taller de Cultura Regional, Universidad del Bío-Bío Instituto O´Higginiano de Ñuble Chillán, Chile Director: Alejandro Witker. Edición General: Fidel Torres P., Lucía Rojas P. Investigador: Santiago Araneda. Periodistas: María Teresa Piña, Carolina Parada, Felipe Ahumada, Miguel Lagos, Rodrigo Pincheira. Diseño y diagramación: Siegfried Obrist. Productor: Claudio Roa. Representante en Santiago: Carlos Muñoz N. Secretaria: Rosa Fuentealba.

Asesores Arte Ninón Jegó Araya, Universidad del Bío-Bío. Elisa Alsina, Universidad de Chile. Antonio Landauro, Universidad Finis Terrae. Sandra Santander, Pinacoteca Universidad de Concepción. Osvaldo Cáceres, Universidad ARCIS. Roberto Contreras, Universidad del Bío-Bío. Luis Guzmán, Universidad del Bío-Bío. Rodrigo Vera, Universidad de Chile.

Letras Gonzalo Rojas, poeta, Premio Nacional de Literatura. Andrés Gallardo, Universidad de Concepción. Juan Pablo Garrido, Instituto O´Higginiano de Ñuble. Carlos René Ibacache, Corporación Cultural Ñuble 21. Juan Gabriel Araya, Universidad del Bío-Bío. Jaime Quezada, Fundación Gabriela Mistral

Sociedad Jorge Ibáñez, Instituto O´Higginiano de Ñuble. Marco Aurelio Reyes, Universidad del Bío-Bío. Armando Cartes Montory, Sociedad de Historia de Concepción. Sergio Carrasco Delgado, Sociedad de Historia de Concepción. Alejandro Bancalari, Universidad de Concepción. Andrés Medina, Universidad Católica de la Santísima Concepción. Cristián leal, Universidad del Bío-Bío. Clímaco Hermosilla, Agrupación Cultural Artis, Cañete. Marcial Pedrero, Sociedad Histórica y Cultural Bernardo O´Higgins. Tito Figueroa, Instituto O´Higginiano de Ñuble.

Representantes en Ñuble Audito Gavilán, Chillán Viejo – Víctor Manríquez, San Carlos – Patricio Astorga, Bulnes – Camilo Benavente, Quillón – Jorge Boudon, Pinto – María E. Díaz, Yungay – Lionel Yáñez, Coihueco – Luis Villegas, Coelemu – Santiago Araneda, Quirihue – Eugenio Lagos, El Carmen – Carlos Grüebler, Ránquil – Carlos Muñoz , San Nicolás – Marcial Pedrero, Ñiquén – Iván Contreras, San Fabián – Flavio Barrientos, Portezuelo – Fabián Iribarra, Ninhue – Narciso Llanos, Cobquecura – Rodrigo Riquelme, San Ignacio – Eduardo Gutiérrez, Pemuco.

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ARTE Despedida de Raúl Ruiz Jorge Edwards:

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Raúl Ruiz: el regreso Luciano Cruz-Coke

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Carlos Dorlhiac, fotógrafo Fidel Torres

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Tango en Chillán Lucía Rojas:

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Guitarra al hombro Rodrigo Pincheira

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LETRaS

Ruiz Aldea, el correcalles Jaime Quezada

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Acevedo Hernández y el teatro chileno Juan Pablo Garrido

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Rafael Maluenda en Chillán Alejandro Witker

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La Pachacha Rafael Maluenda

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OCUPaDO LECTOR SaNTIaGO ARaNEDa

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PUNTO aPaRTE

VINAY: 100 AÑOS 42 Orgullo de ser chillanejo Ramón Vinay:

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La ópera y el pueblo Ramón Vinay

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Ramón Vinay: biografía esencial Juan Dzazópulos

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Centenario de Vinay Carlos Cruz-Coke Ossa

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Aproximación a la ópera en Chile Orlando Álvarez

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Vinay en el Metropolitan de Nueva York Orlando Álvarez:

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Recuerdos de Vinay Carmen Letelier

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Cantar con Vinay Nora López y Carlos Haiquel

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Vinay en el Centenario de La Discusión Patricia Orellana

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Vinay y los huasos chillanejos Ramón de la Fuente

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Lo que me dijo Vinay Lilian Calm

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Vinay, exequias conmovedoras Marco Aurelio Reyes

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Vinay 100 años Sergio Zarzar

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SOCIEDaD

El Club de Ñuble Juan Ignacio Basterrica

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Darío Salas y la educación nacional Santiago Araneda

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30 años, educación y valores Marcelo Maureira

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Cecinas Chillán a las Grandes Ligas Sergio Yanine

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Habilidades sociales Juan Carlos Romo Sanders

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Un chillanejo en Alemania Alejandro Franco

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Cartas de la aldea

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REGISTRO øSaBIa USTED?

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CaRTaS a QUINCHaMaLI

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Vinay y Chillán Se ha cumplido 100 años del nacimiento de Ramón Vinay Sepúlveda, el 31 de agosto de 1911, frente al Mercado de Chillán. La conmemoración de tan significativa fecha no tuvo en Santiago el rango que merecía. Sólo un evento de jerarquía con escasa repercusión en los medios informativos y, para que decir, en la institucionalidad cultural y en el sistema educacional. Vinay merecía mucho más en una ciudad en la que ofreció actuaciones memorables en el Teatro Municipal, incluso, en la propia Plaza de la Constitución. En Chillán, después de “diez años de silencio”, como lo subrayó editorialmente el diario La Discusión, tras reiteradas declaraciones con loables propósitos que nunca se concretaron y de viajes sin resultados tangibles, la ciudad ha comenzado a cubrir la gran deuda con uno de sus hijos más ilustres. El alcalde Sergio Zarzar ha puesto la primera piedra de lo que debe ser una contundente recuperación de la memoria de una vida que alcanzó brillo mundial. Se ha instalado una Sala Ramón Vinay en la que podemos aproximarnos a su figura y a su obra, pero es evidente que estamos todavía muy lejos de lo que debe ser el Museo Ramón Vinay de Chillán. Celebramos la instalación de una bella escultura en el Mercado de Chillán, lugar que marcó la infancia del artista. Cabe preguntarse, ¿no sería bueno dar el nombre de la calle Maipón, que recuerda un evento militar menor de la Patria Vieja, entre los cuales ya tenemos calles para recordar las batallas de El Roble y Yerbas Buenas y cambiarlo por el de Ramón Vinay? Nuestra revista ha querido contribuir a la tarea pendiente dedicando la portada y buena parte del contenido de su entrega N°6 para enriquecer la memoria de los chillanejos entorno a Vinay. Nos hemos contactado con quienes cantaron junto a él, fueron sus amigos y promotores, periodistas que lo entrevistaron y chillanejos que compartieron la sal y el vino. Seguimos sus huellas desde el Aeropuerto, la Catedral, la Medialuna, el Mercado, para señalar sólo algunos puntos donde Vinay se encontró con Chillán, estrechó a muchos de los nuestros con cálidos abrazos, besó mejillas y hasta cantó deslumbrando a quienes tuvieron el privilegio de escucharlo aunque fuese por breves instantes. Tras las huellas de Vinay hemos quedado asombrados de la grandeza del personaje y del contraste con el verdadero conocimiento que se tiene en Chile de sus verdaderas hazañas en los más calificados escenarios de la ópera mundial. En ese andar recuperamos una perla sobre la que se ofrece información en una de las crónicas que integran esta entrega de Quinchamalí: en el Scala de Millán, después de interpretar Otello, recibió 40 cortinas, es decir 40 ovaciones del público que tal vez más sepa en el mundo sobre ópera. Aquella ovación que un diario italiano identificó con salida de humo blanco cuando se elige un Papa, para graficar su actuación estelar, debería estimularnos para que en Chillán asumamos en serio el honor que nos deparó la vida de tenerlo entre nuestros hijos ilustres.

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Raul Ruiz La despedida Jorge Edwards

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Fueron horas de conmoción, de fuerte emoción, de sorpresa trágica. Raúl Ruiz pertenecía desde hace muchos años al paisaje de la cultura, del arte, del cine, en Francia, en otros países de Europa, en América Latina y en Chile. Era uno de nuestros chilenos universales. En los últimos años había mostrado un interés nuevo por las historias criollas, por el campo chileno y sus personajes, sus fantasmas, sus leyendas. Parecía que había hecho una relectura creativa, inventiva, libre, de la literatura criollista. Los críticos de acá y de otros lados encontraban en la fantasía del cine de Raúl Ruiz una expresión diferente, original, no programada, de lo que se ha llamado realismo mágico en nuestra novela. Son términos algo imprecisos, contaminados por las modas, que sirven de algo y que también sirven para desorientar. Ruiz era el primero en reírse de estas definiciones profesorales, de estas aproximaciones. A la vez, fue de los pocos artistas chilenos que se interesaron en serio en creadores como Alberto Blest Gana, como Baldomero Lillo y Federico Gana, como el músico Alfonso Leng. Le daba vuelta a lo chileno, lo revisaba y recreaba a la distancia y con afecto, y por ese camino desembocaba en lo universal, sin insistencia y sin populismo. La ceremonia fúnebre en la iglesia de Saint Paul de París, en el centro del barrio emblemático del Marais, tuvo un estilo particular, algo de película ruiziana con toques de Luis Buñuel. Por los personajes, por el edificio mismo, por su fachada cubierta de andamios, frente a la cual pasaba un camión municipal y los asistentes se apegaban a los lados para que los escobillones de limpieza mecánica no los pasaran a llevar. El ministro francés de Cultura, Fredéric Mitterrand, estaba en la primera fila de la iglesia, junto al representante del alcalde de París. Detrás se colocó un grupo de actrices dolientes, con anteojos oscuros y ojos hinchados de llorar: Catherine Deneuve, la primera, su hija Chiara Mastroianni y, entre otras, Marisa Paredes, una de las grandes artistas del cine español actual, que había viajado en la mañana desde Madrid para estar presente en la ceremonia. Al otro lado, con la separación del ataúd, estaba Valeria Sarmiento y el grupo de los amigos más íntimos. Dominaba por completo, en forma impresionante, un aire de tristeza auténtica, profunda. Los que no se habían visto en las últimas horas, las de antes y después, se reconocían y se abrazaban largamente. El órgano de la iglesia daba la impresión de ensayar en forma tímida, avanzando algunos compases y dejándolos en suspenso, un fragmento del Requiem de Gabriel Fauré. Y el oficiante, un sacerdo-

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te joven de origen africano, entonaba los responsos con buen oído y desarrollaba la lectura de los textos sagrados con inteligencia, dándoles sentido y acompañándolo todo con una gestualidad sobria, comunicativa. La nutrida concurrencia, que había terminado por ocupar hasta el último banco de la nave central, no seguía el ritual con la experiencia suficiente, salvo excepciones, pero la comunicación, el efecto esencial y de fondo, eran completos. Las palabras, que habrían sido rutinarias en otro contexto, aquí adquirían fuerza, significaban algo.

que había salido de compras, cuando el ataúd fue colocado en el furgón de la empresa funeraria. Crucé algunas palabras con el ministro de Cultura, que se había quedado a la intemperie y no se decidía a retirarse, y le dije que tenía dificultad para encontrar traducciones francesas de Vicente Huidobro y mandárselas. Le había hablado del asunto en una ocasión anterior: de la calidad de esa poesía y de la gran pasión francófona del poeta, que intentó en una etapa de su vida escribir en francés y que había sido compañero, amigo, mentor, de muchos de los grandes personajes de la vanguardia de este país, desde nombres ya legendarios como Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Tristan Tzara, Juan Gris. El ministro, hombre relacionado con el cine, de visión moderna, me dijo ahora, con insistencia, se diría que fuera de protocolo, que le mandara los libros en castellano. Entretanto, me preguntaba, para mis adentros, si a Vicente Huidobro no le había faltado ese elemento criollo recuperado, ese regreso a las fuentes, esa relectura libre que había practicado Raúl Ruiz. Me lo preguntaba y no alcanzaba a tener una respuesta, aun cuando en Últimos poemas, en obras como Monumento al mar, visionarias y a la vez locales, cartageninas, quizá se encontrara una clave. Es decir, el regreso del poeta, del artista, a su región original, a su punto de partida, podría mirarse e interpretarse, a lo mejor, como uno de los rasgos constantes del arte chileno: algo propio de un arte de la distancia, de la memoria remota y del reconocimiento en la última vuelta del camino.

Paulo Branco, productor portugués de muchas de las películas de Raúl Ruiz, viejo admirador y amigo suyo, habló en forma personal desde el altar. Algunos creyeron que era un hermano suyo, no se sabía si mayor o menor, y es posible que la intensa comunicación entre ambos, a lo largo de jornadas interminables, haya producido hasta un parecido físico. Se sabe que Paulo Branco, apasionado del cine, fanático de los caballos de raza, intervenía en la narración fílmica, sugería cambios, se identificaba con el director, pero también se intercambiaba con él en alguna medida. Sus palabras desde el altar, tranquilas, algo lentas, articuladas en un francés de calidad, se intercalaron en las honras fúnebres con naturalidad. Fue, en resumen, una ceremonia de gran elegancia, una construcción estética, como si Raúl Ruiz le hubiera puesto algunos toques y la hubiera en parte dirigido desde el otro lado. Lo más notable quizá fue la salida, demorada, subrayada por un tumulto afectuoso, con abrazos renovados, lagrimones, una que otra reconciliación, bajo un sol que había escaseado en días anteriores, todo seguido de un aplauso entusiasta, unánime, imitado por alguna gente que pasaba por la calle, 9


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Raul Ruiz El regreso

Luciano Cruz-Coke Carvallo Ministro Presidente Consejo Nacional de la Cultura y las Artes Raúl Ruiz no sólo era de aquellos seres luminosos tocados por el genio creativo, sino que era además una persona cálida y cercana, observador, republicano, con un sentido del humor chispeante y un amor por la vida que se manifestó en todo lo que hizo, de la manera prolífica y casi eruptiva en que vivió cada instante. Políglota nato, erudito y lector insaciable, ciudadano del mundo, y al mismo tiempo, chileno hasta la médula. Escribió y filmó sin descanso, paseándose con soltura por cada género cinematográfico y literario imaginable, por todos y cada uno de los formatos, con una originalidad que deslumbró desde sus primeras incursiones artísticas durante su adolescencia, hasta su última película. El corpus monumental de la obra de Ruiz es prácticamente inabordable, tanto para los críticos como para sus colegas, e incluso, para el cinéfilo más empedernido. Y esta situación no solamente tiene que ver con la copiosa cantidad de películas que hizo, sino también con la complejidad y espesor de sus temáticas, las capas, pistas y símbolos que constituyeron un metalenguaje cinematográfico en el que cada trabajo resiste múltiples lecturas e interpretaciones. Ahí tenemos la compleja y personal mirada de un período histórico capturado en los fotogramas de “Palomita Blanca” las reflexiones en torno a la condición del tiempo y la memoria en “Las tres coronas del marinero”, las cualidades metafísicas

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que a veces puede alcanzar la boda entre el cine y la literatura, como ocurre en “El tiempo recobrado”. El imaginario de Raúl Ruiz pertenecía a este país; las preocupaciones y obsesiones que lo acompañaron siempre, manifestadas en una cosmovisión que se anclaba en nuestra literatura a través de autores como Federico Gana, Hernán del Solar o Alberto Blest Gana. Prueba de esto puede encontrarse en miles de rincones al interior del laberinto mágico de su cinematografía, y en el hecho de que visitaba Chile cada vez que podía, a pesar de un intenso calendario que parecía no dejar espacio entre una producción y otra. Estos viajes se hicieron más frecuentes especialmente durante los últimos años, en los que se fue reencontrando con su patria más y más. Raúl Ruiz decía que el cine está lleno de rituales que eran casi como ir a una misa todos los días. A pesar de que ahora comparte el Olimpo con grandes cineastas, como Buñuel, Antonioni o Bresson, siempre tuvo esa sencillez y genuina modestia tan propia de los hombres de verdadero genio. En un viaje a Chile unos años atrás, dijo en una entrevista: “Ya dejé a los filósofos franceses en el avión y puedo descansar un poco. Tú sabes que también tengo que estar con mi santa madre y con los amigos que te reclaman un poco. Después pueden creer que uno está muy famoso”.


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Y lo era, pero en el mejor sentido de la palabra. Perteneció al selectísimo grupo de autores a los que la prestigiosa revista francesa de cine Cahiers du Cinéma le dedicara un número especial de 1983. Escribió cientos de textos originales y algunos tantos más basados o inspirados en obras de Proust, Kafka, Shakespeare y Klossowski; trabajó con talentosos actores de fama mundial, como John Malkovich, Marcello Mastroianni, Catherine Deneuve y John Hurt. Fue tanto jurado como receptor de premios en los principales festivales de cine internacionales, y el año 1997 recibe en Chile el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisual. En fin, podría continuar, porque la lista de méritos y reconocimientos es tan larga, que hasta podría pensarse que estamos hablando de una persona que vivió varias vidas en una. Y, después de todo, puede que éste sea el caso. Así como es probable que po-

cos entre quienes conocieron a Raúl Ruiz durante su infancia en Puerto Montt sospecharan la talla del genio que tenían en frente, quizá nadie podrá nunca explorar los confines de la desbordante imaginación de la cual emanaron los mundos que sólo podemos visitar a través de su obra, plasmada en los cientos de miles de imágenes que nos dejó. Cuando venía a Chile, visitar a su madre era como un ritual sagrado, y hoy, casi de la misma forma, con una bandera a media asta, el país recibe finalmen12


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Dorlhiac

la fotografĂ­a como documento Taller de Cultura Regional UBB

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El descubrimiento del archivo fotográfico de Carlos Dorlhiac, ha sido un gran aporte para el patrimonio fotográfico del país, ya que se suman a los aportes de los artistas Navarro Martínez, Jorge Suaré, Jorge Opazo, Antonio Quintana, Luis Poirot, cada uno de ellos fueron autores de un estilo personal, con su lente penetraron el carácter de los chilenos, interpretando y no sólo ilustrando las imágenes de Chile. Fue gracias al trabajo de los sobrinos-nietos, de Dorlhiac, Juan Carlos Valle, y Juan Pablo Simian, editores del libro “La Lente y la Pluma” que llega hasta nosotros el quehacer fotográfico del artista. Fueron más de tres mil las placas encontradas en el entretecho de la casa de Dorlhiac, 300 de ellas digitalizadas y 80 impresas en el libro, todo un hallazgo para la historia e identidad de Chillán, ya que la cámara de Dorlhiac captó a personajes y grupos cercanos al mercado de la ciudad, entre 1910 y 1920. Hasta antes del hallazgo de las fotografías de Dorlhiac, los retratos de autor sobre el mundo popular eran escasas, y las que había se aproximaban de manera pintoresca, es por ello que con las cuadros de Dorlhiac, se abre un nuevo campo de estudios de estas instantáneas, ya que su valor iconográfico rescata rostros y perfiles de personas rigurosamente en el límite de la estructura social de la ciudad, lo que ocurre en el Chillán de los márgenes y que las élites no lo logran ver, es la fragilidad social de amplios sectores que no ven en el Centenario de la Republica algo que celebrar. El líder sindical Luis Emilio Recabarren se refería así a la celebración el Centenario: “¿Cómo se pretende asociar al pueblo a los regocijos del primer centenario? Digamos la verdad: el bien inmenso que ha producido la República fue la creación y desarrollo de la burocracia chilena y fue también la posesión de la administración de los intereses nacionales. La burocracia que goza de esta situación, ella sí que tiene motivo de

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regocijo justificado si mira egoístamente su situación. ¡Nosotros no!” Lo que hace Dorlihac sin quererlo cuando hace su encuadre fotográfico, es revelarnos el otro Chillán o el otro Chile, ese país que vive de la precariedad y que subsiste en el submundo de la miseria, su lente atrapa la otra realidad, la que no aparece en los salones. La fotografía llegó a Chile en 1840, de mano de los señores Ward, de Estados Unidos, que instalaron su estudio en Valparaíso, luego en Santiago se instala el primer local elegante de fotografía, llamado Mythos, fundado en 1859. Este local inauguró la moda y la costumbre social de sacar retratos y álbumes, también, en las principales ciudades del centro y sur del país aparecen estos locales, en la prensa local de Chillán aparece este aviso: Los Señores Simmons y Retan, retratatistas, acaban de llegar a la ciudad y ofrecen sus servicios. Llevando el retrato a la refinación y el lujo.

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Hasta antes del hallazgo de las imágenes de Dorlhiac en Chillán del Centenario, se instalaron dos miradas fotográficas: por un lado las élites que se fotografiaban en amplios salones, en las fiestas del Centenario, en las instituciones sociales, en matrimonios, etc., y la otra mirada, era fotografía arquitectónica de corte neoclásico tan difundida en Chillán, que exhibía grandes edificios y amplias casonas privadas. Para estas dos miradas el mundo popular no existía, los tipos populares no eran considerados, sus tragedias y soledades no se narraban, las afamadas oficinas de fotógrafos solo buscaban exhibir el glamor de una élite refinada y clasista.

Mientras en Europa la vanguardia de Duchamp y Picasso ganaban los espacios, los aires renovadores en la

Carlos Dorlhiac, Burdeos, 1880-1973 hijo de inmigrantes franceses, vinculados a las vitivinícolas, vivió 93 años, algunos años en la ciudad de Tome, Luego en Santiago, a la vuelta de sus estudios en la Escuela Nocturna, de la Sociedad de Fomento Fabríl, con los maestros Lira y González Méndez, hizo amistad con Pablo Burchard (1875-1964) Arturo Gordon (1883-1944) Carlos Isamitt (1887-1974), etc.

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plástica no tocaban la puerta de Dorlhiac. El artista de tendencia Naturalista y Realista, realizaba entonces excursiones


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para dibujar al litoral y a centros urbanos, etc. Luego de la muerte de su padre Dorlhiac interrumpe sus estudios formales de pintura y se radica en Chillán, es en esta ciudad que comienza la obra fotográfica. Muchas de las imágenes tomadas corresponden al Mercado de Chillán y sus alrededores, estas fueron hechas entre 1910 y 1920. Es la primera época de fotografías del artista. Dorlhiac llegó a la fotografía como herramienta auxiliar a sus trabajos de dibujos y figuras de grupos humanos, esta modalidad de fotografiar y luego dibujar era bastante utilizada. Para Dorlhiac, la fotografía fue el instrumento preciso para componer sus dibujos, es por esta

razón que jamás se conocieron sus trabajos. Sus imágenes eran para documentar, más aún el mismo artista se consideraba un aficionado a la fotografía, un aficionado muy particular ya que tiene claro dominio sobre los aspectos formales y técnicos de la fotografía, visto ahora el artista sin advertirlo estaba también abriendo otro campo de estudio de la historia social de Chile, sobre su visión amateur de la fotografía. Hay que señalar que poseía en su biblioteca textos significativos sobre el estudio de la fotografía y catálogos de maquinas fotográficas, solicitadas a Londres, Alemania, España, etc. Por aquellos años se discute

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fuertemente sobre el valor de la fotografía como obra de arte, hay muchos que no la consideran como tal restándole valor. A Dorlhiac se le llegó a acusar de Fláneur: paseante o caminante, que ve a la distancia las miserias humanas, de temas exóticos. Nada de eso, Dorlhiac tuvo claro interés de documentar al habitante en su estado natural, sin poses, sin aspavientos, sin la mirada de turista de la marginalidad. Todo lo contrario con toda seriedad nos legó sin querer un trozo de nuestra historia visual que faltaba, nos lego el documento que viene a sostener nuestra cultura.


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Guitarra al Hombro

Por toda la vida Osvaldo Alveal

y

Fusión Lati-

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svaldo Alveal Villena acaba de completar 50 años de intensa y calificada actividad artística en el campo del folclor. En este marco se inscribe el CD que presentamos con diecisiete temas de variados autores, entre los que se incluyen 4 de Alveal. Grabado en los estudios Asko Record, sonidistas: Arturo Rojas y Mario Vejar. Foto del disco: Luis Contreras. Fusión Latina: Diego Contreras (teclado-acordeón), Andrés Esparza (guitarra), Francisco Utreras (bajo), Manuel Vera (percusión).

Ñuble, tradición y canto Nanihue

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ueva producción del Conjunto de Folclore Nanihue de Chillán basada en la investigación realizada por su director, Fernando Cifuentes Cáceres. Diecinueve temas recogidos en el Ñuble profundo y llevados al escenario por un elenco que durante más de 30 años ha cultivado la música criolla con ejemplar perseverancia y superación.

Tono. Independiente. 2011.

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egundo disco del chillanejo que partió en el 2000 en la cantautoría con su disco “Canto a lo humano”, síntesis de raíz folclórica chilena, latinoamericana con algo de rock y jazz. Ahora da un paso hacia el pop-rock en la vertiente más clásica, aunque Becerra no abandona su corazón de trovador ni tampoco su esencia latino americana, ni menos su influjo espiritual y humanista. Lo de minga viene porque Tono Becerra reunió a un grupo de amigos en torno a un objetivo en común que es la música, cualquiera sea su esencia pero para hablar de asuntos existenciales, las tragedias y las felicidades del hombre, y la pérdida de cierta religiosidad e intimidad. Becerra ha dejado la balada y su influencia del Canto Nuevo para ir al pop-rock sin dejar de hablar de temas profundos. Hasta aquí todo bien, salvo que a veces quiere ser otros olvidándose de ser el mismo, desmerecien-

do su propio trabajo. De las 11 canciones del disco, hay algunas que tienen un mensaje místico-religioso, uno de los ejes del álbum (Karma, kábala, zen, etc), pero donde Tono es original, cala hondo y sus

canciones alcanzan vuelo. Ellas pueden ser “Libertad”, “Caminos perdidos”, “Dos”, uno de sus canciones más sólidas, “Versus”, y obviamente “La señal”, que ha adquirido visibilidad entre sus seguidores.

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“Pozo negro”. Kayros. Discos Macuto. 2009.

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e la nueva armada rockera penquista destaca este cuarteto que debutó en el 2007 y que amenazaba con éste, su álbum debut. Es, además, la demostración que el rock de Concepción no sólo vive del brit-pop ni de la estética de Los Tres, al contrario. Valió la pena esperar un par de años, pues los seis cortes de este potente álbum no dejarán a nadie indiferente. Al contrario. ¿Por qué? El sonido denso y pesado de sus solos cruza toda la placa, una pesada carga y para eso se valen de algunas figuras claves: Hendrix, Black Sabbath y Kyuss, tal vez su mayor influencia. Pero eso no es todo. Ese equipaje de la contingencia, sin que sea panfleto, ataca como una filuda daga. Un explosivo cóctel que aquí se vuelve doom, stoner. El álbum abre con uno de los dramas más potentes de esta región: el cierre de las minas de carbón de Lota (hace 14 años) y que, como dice la canción “es un pozo negro” de cesantía y pobreza. Y si de conflictos se trata, está también el mapuche. “No pretendo ver el sol, me acostumbro a este dolor”, es el pincel filoso que pinta el cuarteto en “Maldecidos” para describir la situación aún sin resolverse. Kayros

no da tregua con “Hijos del rigor” y “LSD”. Y al final “Aragna”, que tiene un silencio de unos 8 minutos, para retomar con un novedoso instrumental hasta el final.

“La Aguita de la perdiz”. Cholomandinga. Estudios Balmaceda Arte Joven. Independiente. 2010.

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os 15 años de trabajosa persistencia deberían hacer justicia para tomar en cuenta a esta banda penquista liderada por el carismático Carrumba. Los “negros-diablos” arremeten con su cuarto disco, tributo de 10 canciones a la popular antigua toma de terrenos ubicada en las inmediaciones de la Universidad de Concepción, aunque no haya ninguna canción alusiva a esta emblemática población. El combo profundiza su discurso mestizo y popular, hace una relectura de esos códigos e intenta bucear en esos mundos algunas veces con aciertos y otras no tanto, especialmente cuando su mirada es demasiado desde arriba y la ironía no alcanza para traspasar

las capas sociales y llegar al auténtico magma como deslenguados cronistas. Pero es evidente que el grupo ha madurado y la cohesión es clara cuando se vuelve sonora cumbianchera, o cuando es una banda de rock latino setentera. Quizás sus mejores historias barriales y sus personajes se dibujen en el bolero-ska “Conchalí”, el latin rock y guiños de rap de “Mapocho”, la nostálgica balada “Talcahuano”, quizás lo mejor de todo el disco, y “María Bisagra”, una cumbia dedicada a esas mujeres que están oteando por las ventanas de la vida. “Minga”.

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´ Discurso en la Inauguracion de la Universidad de Chile Andrés Bello (1781-1865), primer rector de la Universidad de Chile, pronunció un discurso memorable en que señaló el rumbo fundacional para la misión universitaria en Chile: formación intelectual y moral de profesionales comprometidos con el desarrollo de la nación.

En los tiempos que corren nos parece oportuno recuperarlo y difundirlo como una contribución para el diálogo sobre la crisis que vive la educación chilena.

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El consejo de la Universidad me ha encargado expresar a nombre del cuerpo nuestro profundo reconocimiento por las distinciones y la confianza con que el supremo gobierno se ha dignado honrarnos. Debo también hacerme el intérprete del reconocimiento de la universidad por la expresión de benevolencia en que el señor ministro de Instrucción Pública se ha servido aludir a sus miembros [...]

nómico, que no presenta problemas menos vastos, ni de menos arriesgada resolución. La universidad examinará los resultados de la estadística chilena, contribuirá a formarla y leerá en sus guarismos la expresión de nuestros intereses materiales. Porque en éste como en los otros ramos, el problema de la universidad es enteramente chileno: si toma prestadas a la Europa las deducciones de la ciencia, es para aplicarlas a Chile. Todas las sendas en que se propone dirigir las investigaciones de sus miembros, el estudio de sus alumnos, convergen a un centro: la patria.

Deseo expresar algunas ideas generales sobre la influencia moral y política de las ciencias y de las letras, sobre el ministerio de los cuerpos literarios y sobre los trabajos especiales a que me parecen destinadas nuestras facultades universitarias en el estado presente de la nación chilena [...]

La medicina investigará, siguiendo el mismo plan, las modificaciones peculiares que dan al hombre chileno su clima, sus costumbres, sus alimentos; dictará las reglas de la higiene privada y pública; se desvelará por arrancar a las epidemias el secreto de su germinación y de su actividad devastadora; y hará, en cuanto es posible, que se difunda a los campos el conocimiento de los medios sencillos para conservar y reparar la salud. ¿Enumeraré ahora las utilidades positivas de las ciencias matemáticas y físicas, sus aplicaciones a una industria naciente que apenas tiene en ejercicio unas pocas artes simples, groseras, sin procederes bien entendidos, sin máquinas, sin algunos aún de los más comunes utensilios; sus aplicaciones a una tierra cruzada en todos sentidos de veneros metálicos, a un suelo fértil de riquezas vegetales, de sustancias alimenticias; a un suelo sobre el que la ciencia ha echado apenas una ojeada rápida?

El señor ministro vicepatrono ha manifestado también las miras que presidieron a la refundación de la universidad, los fines que en ella se propone el legislador, y las esperanzas que es llamada a llenar; y ha desenvuelto de tal modo estas ideas, que siguiéndole en ellas, apenas me sería posible hacer otra cosa que un ocioso comentario de su discurso. Añadiré con todo algunas breves observaciones que me parecen tener su importancia. A la facultad de leyes y ciencias políticas se abre un campo el más vasto, el más susceptible de aplicaciones útiles. Lo habéis oído: la utilidad práctica, los resultados positivos, las mejoras sociales es lo que principalmente espera de la universidad el gobierno; es lo que principalmente debe recomendar sus trabajos a la patria. Herederos de la legislación del pueblo rey, tenemos que purgarla de las manchas que contrajo bajo el influjo maléfico del despotismo; tenemos que despejar las incoherencias que deslustran una obra a que han contribuido tantos siglos, tantos intereses alternativamente dominantes, tantas inspiraciones contradictorias. Tenemos que acomodarla, que restituirla a las instituciones republicanas. ¿Y qué objeto más importante o más grandioso que la formación, el perfeccionamiento de nuestras leyes orgánicas, la recta y pronta administración de justicia, la seguridad de nuestros derechos, la fe de las transacciones comerciales, la paz del hogar domestico? La universidad, me atrevo a decirlo, no acogerá la preocupación que condena como inútil o pernicioso el estudio de las leyes romanas; creo, por el contrario, que le dará un nuevo estímulo y lo asentará sobre bases mas amplias. La universidad verá probablemente en ese estudio el mejor aprendizaje de la 1ógica jurídica y forense.

Pero fomentando las aplicaciones prácticas, estoy muy distante de creer que la universidad adopte por su divisa el mezquino cui bono que no aprecie en su justo valor el conocimiento de la naturaleza en todos sus variados departamentos. Lo primero, porque, para guiar acertadamente la práctica, es necesario que el entendimiento se eleve a los puntos culminantes de la ciencia, a la apreciación de sus fórmulas generales. La universidad no confundirá, sin duda, las aplicaciones prácticas con las manipulaciones en un empirismo ciego. Y lo segundo, porque, como dije antes, el cultivo de la inteligencia contemplativa de descorrer el velo a los arcanos del universo físico y moral, es en sí mismo un resultado positivo y de la mayor importancia. Paso, señores, a aquel departamento literario que posee de un modo peculiar y eminente la cualidad de pulir las costumbres; que afina el lenguaje, haciéndolo un vehículo fiel, hermoso, diáfano, de las ideas; que, por el estudio de otros idiomas vivos y muertos, nos pone en comunicación con la antigüe-

La universidad estudiará también las especialidades de la sociedad chilena bajo el punto de vista eco-

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dad y con las naciones más civilizadas cultas y libres de nuestros días; que nos hace oír, no por el imperfecto medio de las traducciones siempre y necesariamente infieles, sino vivos, sonoros; vibrantes, los acentos de la sabiduría y la elocuencia extranjera; que por la contemplación de la belleza ideal y de sus reflejos en las obras del genio, purifica el gusto, y concilia con los raptos audaces de la fantasía los derechos imprescindibles de la razón; que, iniciando al mismo tiempo el alma en estudios serenos, auxiliares necesarios de la bella literatura y preparativos indispensables para todas las ciencias, para todas las carreras de la vida, forma la primera disciplina del ser intelectual y moral, expone las leyes eternas de la inteligencia a fin de dirigir y afirmar sus pasos, y desenvuelve los pliegues profundos del corazón, para preservarlo de extravíos funestos, para establecer sobre sólidas bases los derechos y los deberes del hombre. Enumerar estos diferentes objetos es presentaros, señores, según yo lo concibo, el programa de la universidad en la sección de filosofía y humanidades. Entre ellos, el estudio de nuestra lengua me parece de una alta importancia. Yo no abogaré jamás por el purismo exagerado que condena todo lo nuevo en materia de idioma; creo, por el contrario, que la multitud de ideas nuevas, que pasan diariamente del comercio literario a la circulación general, exige voces nuevas que las representen. ¿Hallaremos en el diccionario de Cervantes y de fray Luis de Granada -no quiero ir tan lejos-, hallaremos en el diccionario de Iriarte y Moratín, medios adecuados, signos lúcidos para expresar las emociones comunes que flotan hoy día sobre la inteligencia medianamente cultivada, para expresar el pensamiento social? ¡Nuevas instituciones, nue-

vas leyes, nuevas costumbres; variadas por todas partes a nuestros ojos la materia y las formas; y viejas voces, vieja fraseología! Sobre ser desacordada esa pretensión, porque pugnaría con el primero de los objetos de la lengua, la fácil y clara transmisión del pensamiento, sería del todo inasequible. Pero se puede ensanchar el lenguaje, se puede enriquecerlo, se puede acomodarlo a todas las exigencias de la sociedad y aún a las de la moda, que ejerce un imperio incontestable sobre la literatura, sin adulterar, sin viciar sus construcciones, sin hacer violencia a su genio. ¿Es acaso distinta de la de Pascal y Racine la lengua de Chateaubriand y Villemain? ¿Y no transparenta perfectamente la de estos dos escritores el pensamiento social de la Francia de nuestros días, tan diferente de la Francia de Luis XIV? Hay más: demos anchas a esta especie de culteranismo; demos carta de nacionalidad a todos los caprichos de un extravagante neologismo; y nuestra América reproducirá dentro de poco la confusión de idiomas, dialectos y jerigonzas, el caos babilónico de la Edad Media; y diez pueblos perderán uno de sus vínculos más poderosos de fraternidad, uno de sus más preciosos instrumentos de correspondencia y comercio. La universidad fomentará no sólo el estudio de las literaturas extranjeras. Pero no sé si me engaño. La opinión de aquellos que creen que debemos recibir los resultados sintéticos de la ilustración europea, dispensándonos del examen de sus títulos, dispensándonos del proceder analítico, único medio de adquirir verdaderos conocimientos, no encontrarán muchos sufragios en la universidad. Respetando como respeto las opiniones ajenas, y reservándome sólo el derecho de discutirlas, confieso que tan poco propio

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me parecería para alimentar el entendimiento, para educarlo y acostumbrarle a pensar por sí, el atenernos a las conclusiones morales y políticas de Herder, por ejemplo, sin el estudio de la historia antigua y moderna, como el adoptar los teoremas de Euclides sin el previo trabajo intelectual de la demostración. Yo miro, señores, a Herder como uno de los escritores que han servido más útilmente a la humanidad: él ha dado toda su dignidad a la historia, desenvolviendo en ella los designios de la Providencia y los destinos a que es llamada la especie humana sobre la tierra. Pero el mismo Herder no se propuso suplantar el conocimiento de los hechos, sino ilustrarlos, explicarlos: ni se puede preciar su doctrina, sino por medio de previos estudios históricos. Substituir a ellos deducciones y fórmulas, sería presentar a la juventud un esqueleto en vez de un traslado vivo del hombre social; sería darle una colección de aforismos en vez de poner a su vista el panorama móvil, instructivo, pintoresco, de las instituciones, de las costumbres, de las revoluciones, de los grandes pueblos y de los grandes hombres; sería quitar al moralista y al político las convicciones profundas, que sólo pueden nacer del conocimiento de los hechos; sería quitar a la experiencia del género humano el saludable poderío de sus avisos, en la edad, cabalmente, que es más susceptible de impresiones durables; sería quitar al poeta una inagotable mina de imágenes y de colores. Y lo que digo de la historia, me parece que debemos aplicarlo a todos los otros ramos del saber. Se impone de este modo al entendimiento la necesidad de largos, es verdad, pero agradables estudios. Porque nada hace más desabrida la enseñanza que las abstracciones, y nada la hace más fácil y amena sino el proceder que, arrollando


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la memoria, ejercita al mismo tiempo el entendimiento y exalta la imaginación. El raciocinio debe engendrar al teorema, los ejemplos graban profundamente las lecciones. ¿Y pudiera yo, señores, dejar de aludir, aunque de paso, en esta rápida reseña a la más hechicera de las vocaciones literarias, al aroma de la literatura, al capitel corintio, por decirlo así, de la sociedad culta? ¿Pudiera, sobre todo, dejar de aludir a la excitación instantánea, que ha hecho aparecer sobre el horizonte esa constelación de jóvenes ingenios que cultivan con tanto ardor la poesía? Lo diré can ingenuidad: hay incorrección en sus versos, hay cosas que una razón castigada y severa condena. Pero la corrección es obra del estudio y de los años; ¿quién pudo esperarla de los que, en un momento de exaltación, poética y patriótica a un tiempo, se lanzaron a esa nueva arena, resueltos a probar que en las almas chilenas arde también aquel fuego divino de que, por una preocupación injusta, se las habría creído privadas? Muestras brillantes, y no limitadas al sexo que entre nosotros ha cultivado hasta ahora casi exclusivamente las letras, la habían refutado ya. Ellos la han desmentido de nuevo. Yo no sé si una predisposición parcial hacia los ensayos de las inteligencias juveniles, extravía mi juicio. Digo lo que siento: hallo en esas obras destellos incontestables de verdadero talento, y aún con relación a algunas de ellas, pudiera decir, del verdadero genio poético. Hallo en algunas de esas obras una imaginación original y rica, expresiones felizmente atrevidas, y (lo que parece que sólo pudo dar un largo ejercicio) una versificación armoniosa y fluida, que busca de propósito las dificultades para luchar con ellas y sale airosa de esta arriesgada prueba. La

universidad alentando a nuestros jóvenes poetas, les dirá tal vez: “Si queréis que vuestro nombre no quede encarcelado entre la Cordillera de los Andes y el mar del Sur; recinto demasiado estrecho para las aspiraciones generosas del talento; si queréis que os lea la posteridad, haced buenos estudios, principiando par el de la lengua nativa. Haced más; tratad asuntos dignos de vuestra patria y de la posteridad. Dejad los tonos muelles de la lira de Anacreonte y de Safo: la poesía del siglo XIX tiene una misión más alta. Que los grandes intereses de la humanidad os inspiren. Palpite en vuestras obras el sentimiento moral. Dígase cada uno de vosotros, al tomar la pluma: Sacerdote de las Musas, canto para las almas inocentes y puras: “ ... Musarum sacerdos, virginibus puerisque canto” (Horacio) ¿Y cuántos temas grandiosos no os presenta ya nuestra joven república? Celebrad sus grandes días, tejed guirnaldas a sus héroes; consagrad la mortaja de los mártires de la patria. La universidad recordará al mismo tiempo a la juventud aquel consejo de un gran maestro de nuestros días: “Es preciso, decía Goethe, que el arte sea la regla de la imaginación y la transforme en poesía”. ¡El arte! Al oír esta palabra, aunque tomada de los labios mismos de Goethe, habría algunos que me coloquen entre los partidarios de las reglas convencionales, que usurparon mucho tiempo ese nombre. Protesto solemnemente contra semejante aserción; y no creo que mis antecedentes la justifiquen. Yo no encuentro el arte en los preceptos estériles de la escuela, en las inexorables unidades, en la muralla de bronce entre los diferentes estilos y géneros, en

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las cadenas con que se ha querido aprisionar al poeta a nombre de Aristóteles y Horacio, y atribuyéndoles a veces lo que jamás pensaron. Pero creo que hay un arte fundamental en las relaciones impalpables, etéreas de la belleza ideal; relaciones delicadas, pero accesibles a la mirada de lince del genio competentemente preparado; creo que hay un arte que guía a la imaginación en sus más fogosos transportes; creo que sin ese arte, la fantasía en vez de encarnar en sus obras el tipo de lo bello, aborta esfinges, creaciones enigmáticas y monstruosas. Esta es mi fe literaria, libertad en todo; pero yo no veo libertad, sino embriaguez licenciosa en las orgías de la imaginación. La libertad, como contrapuesta por una parte a la docilidad servil que lo recibe todo sin examen, y por otra a la desarreglada licencia que se revela (sic) contra la autoridad de la razón y contra los más notables y puros instintos del corazón humano, será sin duda el tema de la universidad en todas sus diferentes secciones.


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Ruiz Aldea El correcaminos

Jaime Quezada Fundación Gabriela Mistral

Vida y obra Nacido en Los Ángeles en los difíciles tiempos de la frontera, sus observaciones son válidas, oportunas y actuales hoy como ayer. Educado en un colegio de Santiago, con su aire de novicio entre colegiales que le daban capote, le hacían la pava, le robaban la bola. Allí creció al compás de los sucesos balbuceantes de un país que buscaba una definición institucional. En 1859 estalla en el norte y en el sur la revolución de los “funsionistas” liberales y conservadores contra los montt-

varistas o nacionales. Ruiz Aldea está entre los primeros, como un activo y revolucionario militante. Regresa al sur. Introduce la primera imprenta en la zona de la Araucanía. Llega al terreno mismo a construir un mundo nuevo. Funda en Concepción el periódico “La Tarántula” en 1862, y en Los Ángeles, años más tarde, “El Guía de Arauco” y “El Meteoro”. En esta última ciudad, es nombrado intendente por las fuerzas revolucionarias que se

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apoderan de la entonces capital de la provincia de Arauco. Ironía con mucha gracia Ruiz Aldea no ceja por divulgar sus ideas a través de la tinta de su imprenta. Escribe día y noche motivado por su resuelto sentido vocacional del periodismo, “bonita carrera para no prosperar jamás”. Lee a Chateaubriand y a Quevedo. Tiene los pies firmes en la tierra “no soy tan tonto, ni estoy tan encantado de la glo-


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ria para que me deje fascinar por ella”. Alrededor de 1856 comienzan a aparecer con frecuencia sus testimonios de costumbres en “El Ferrocarril” de Santiago o en “El Amigo de Pueblo” de Concepción. Llaman la atención sus artículos irónicos, satíricos, llenos de gracia y cargados de una fuerte critica social: “no quiero ofender a nadie; no quiero que se me diga que estoy encargado de satisfacer el genero humano”. Por su pensamiento y sus ideas de pipiolo combativo y revolucionario (piénsese en época) que asustan a muchos y ponen en peligro la seguridad de otros, sufre persecución y cárcel. Como escritor de veras es un adelantando a su tiempo. Perrunos decretos presidenciales lo condenan a muerte. Lo salva una autoridad amiga para llevarlo al destierro. Muerte en Los Ángeles sin pena ni gloria; tuberculosa, al filo de sus treinta y siete años, un 24 de abril de 1870. Basta leer los artículos de Ruiz Aldea, la mayoría de ellos recopilados por el investigador Juan Uribe-Echevarría en el libro “Tipos y Costumbres de Chile”, para darse cuenta –sin pensarlo ni pestañear– de su estilo, de su agilidad en “la capitación de detalles de la época y gente, de su gracejo en la expresión que lo colocan en la misma alta jerarquía de los grandes costumbristas de nuestra lengua”. Y ahí están en verdad sus artículos “Los provincianos”, “El dinero”, “La urbanidad burda”, “El periodista de provincia”, “Una compra de araucanos”, “Nadie pasa sin pagar la multa”.

Correcalles perpetuo En un pueblo como Los Ángeles, de no más de ocho mil almas, un cuartel de milicias, un liceo recién fundado que paga 800 pesos anuales a su rector, nada le era ajeno. Pedro Ruiz Aldea siempre

viene de donde sucede algo, un correcalles perpetuo. “Soy terrible enemigo de nuestros vicios sociales, lo que pudiera quizá ponerme en conflictos alguna vez”. Fiel testigo de la realidad que le tocó vivir. Protesta y protesta ante un abuso, una injusticia. Denuncia, fustiga, llega a la médula de un asunto. “El comerciante es un pícaro que roba en la medida o en precio del género; el agricultor, un usurero que ha hecho su negocio comparando la yerba y oprimiendo al pobre; el empleado, un ignorante de marca, un petardista, una cara de caballo en su despacho”. La vida de provincia no tiene otras entretenciones que las carreras, las riñas de gallos, las chinganas: “se malea, se juega, se corretea, se pasea, se bebe, se baila, se embroma”. Entre una y otra y parte, se le ve a Ruiz Aldea. Poniendo su oído, su ojo, su corazón. Se queja ante las costumbres folklórico-profanas: “La fiesta del angelito es una de las bancales más inmorales que puedan darse; fiesta que con título de religiosa es la más inmunda y donde más campo abierto tienen el vicio y la corrupción”. “La Cruz de Mayo, en cambio, es el día en que se dan la mano todas las ocupaciones, se estrenan los vestidos, se degüella la vaquilla, se mata el pavo, se visita las chinganas. Los domingos y de guardar se celebran paseos al cerro de Curamáida, al estero Quilique, al potrero de Humán, al puente de los Ciegos”. Sería fácil reconocer a Ruiz Aldea por su “semblante de angustia, por sus dedos entintados, por su levita melancólica, por su andar de locomotiva”.

Cien años después Así me lo imagino también, cien años después, un día que recorro la calle que lleva su nombre

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en el barrio El Bolsón de Los Ángeles. ¡Vaya qué calle, más bien un callejón, una cuadra barrosa, sin acera, con casas a punto de venirse al suelo. Nadie casi la conoce. ¡Digno homenaje de la ciudad a su escritor- periodista! O cuando paso por la calle Colón, frente al mismísimo lugar que hoy ocupa el Hotel de France. Ahí se editaba “El Mercurio” en el primer piso de una casa que Ruiz Aldea había arrendado para su imprenta. No hay una señal que recuerde este hecho histórico, literario y cultural: “una hora de tiempo dedicada al que toda su juventud sirvió a la generalidad de un pueblo, era nada”. Gracias al terremoto de 1960 (no hay daño que por bien no venga) al demolerse la Catedral angelina –ex vieja parroquia de San Miguel–, aparecieron entre escombros y lápidas los restos de Pedro Ruiz Aldea. Inesperado hallazgo que dio por fin con mi curiosidad después de buscar su nombre, sepultura por sepultura, en el cementerio de Los Ángeles. Ahora una placa de bronce, puesta una mañana por mi padre, indica el lugar de su mausoleo. Al verla, que alguien pueda decir con emoción: Un siglo es un instante. Cien años, qué locura.

En Viaje, Nº 441, Santiago, 1970. Pág. 14.


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´ Acevedo Hernandez y el teatro Chileno Juan Pablo Garrido Director teatral y dramaturgo Cuando Juan Acevedo Astorga, uno de los rotos chilenos que se jugó la vida en la Guerra del Pacífico –o, más bien, la guerra entre los potentados del salitre–, volvió victorioso, constató que, después de unos cuantos discursos y homenajes públicos, no habría nada más para él ni sus compañeros del glorioso Tercero de Línea. Supo que de la inmensa riqueza que habían ganado por el salitre, él no tocaría nada. Entonces, agarró sus bártulos, sus medallas de lata, y volvió a su Tracacura de siempre, cerca de Angol. Allí, a poco andar, contrajo nupcias con doña María Hernández Urbistondo, una campesina del lugar. No tardaron en cumplir el sino de los desposeídos: la “fecundidad del pobre”. Uno a uno los andrajosos retoños tuvieron que aprender la dura vida de los que nada tienen, de los sin zapatos, de los que deben pelearse un mendrugo, a golpes, para sobrevivir. Un día de marzo de 1886, el potente llanto de Antonio anunciaba su llegada. La dura lluvia del sur no fue impedimento para que Antonio, junto a otros pequeños desamparados, jugara interminables horas, en la línea del tren que su mismo padre ayudara a construir y mantener en un oficio destinado sólo a los más duros que dirimían, comúnmente, sus pleitos haciendo brillar el cuchillo que cortaba el aire en busca de su contrincante.

“Un día con más lluvia que otros días”, después de una paliza, método común en la época, Antonio se sube, a la mala, en el último vagón de un tren de carga y, acurrucado entre unos sacos, el polizón inicia su viaje sin retorno.

vagón, de tercera, del tren nocturno que viaja hacia la capital.

Se interna entre los tupidos bosques de coihues y raulíes. Los torvos taladores lo acogen como una mascota y de ellos aprende el manejo del cuchillo y la sobrevivencia extrema.

El amanecer lo sorprende vagando por las frías calles de Chillán. El hambre lo aguijonea. Logra, más por lastima que por necesidad, que lo reciban en una construcción. Lo ponen a acarrear pesados bolones. Luego lo dejan a cargo de una caseta para vigilancia. Cada momento que puede, dentro de la estrecha caseta, lo usa para leer. Leer, leer es su pasión. Devora, engulle, zampa, con ansiedad, cualquier libro y escrito que caiga en sus manos.

“Fue cuando tenía diez años, y era dueño absoluto de mi vida y, desde luego, de mis acciones. Seguí a una caravana de Hacheros, que iban a derribar árboles para abastecer un aserradero, a cuya causa le debo haber visto por primera vez el perfil sugestionable de la aventura”. Como todo niño, evoca de alguna manera su hogar, su madre, esa cama de percudidas sábanas de saco harinero que, aunque compartida y estrecha, mal que mal es en alguna medida suya. Vuelve, no es bienvenido. Por besos recibe amenazas y recriminaciones. Cuando le dicen que su padre viajó a Santiago a buscarlo, ya sabe que a su regreso no recibirá caricias ni regalos. Él sabe cómo es su progenitor, que después de golpear, pregunta. Comprende que su hogar nunca será fuente de cariño y afecto. Espera agazapado, hasta la media noche, en unos matorrales de la estación y corre para colgarse en último

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En Chillán es descubierto e invitado amablemente por la bota del conductor a descender en esta ciudad.

Tiene sólo doce años. El egregio educador normalista Juan Madrid Azolas, como un ángel, aparece en su camino. Lo adopta como su pupilo, lo inscribe como alumno regular en la Escuela Taller de Chillán, en la especialidad de Carpintería. En sus ratos libres trabaja de cargador y vendedor de la feria. Por las noches, a la luz de la vela, estudia, logrando terminar en forma brillante su sexta preparatoria como carpintero. Algo le dice que en provincia no pasará de ser un obrero. Tiene apenas quince esmirriados años y está seguro que en la capital encontrará nuevos horizontes. Sin tener muy claras las distancias, se echa a andar. No come, sólo camina incesantemente. Con los pies a la miseria,


Letra s llega, luego de varios días, a Linares. Un conocido de su padre, empleado de los ferrocarriles, habla con el conductor del tren ordinario y logra acomodarlo en el último carro de tercera, pero no se preocupa de su alimentación. En el tren, a poco andar, se desmaya. Una campesina que viaja en el escaño de madera de enfrente, con su pequeña, comprende la razón de su desmayo. Separa sus mandíbulas apretadas con la punta de un cuchillo y le da de beber unas gotas de vino y un vaso de leche. Le da masajes a la cara, le ofrece caldo y el niño vuelve a la vida. Camina lento, asustado y boquiabierto por el andén de la Estación Central. Afuera bulle la capital. También bulle la literaria generación del 900, del bohemio poeta Pedro Antonio González, Carlos Pezoa Véliz, Fernando Santiván, Pedro Prado, Augusto D’Halmar. Pero Antonio prefiere otra generación: la de Luis Emilio Recabarren. En 1903 participa en una huelga portuaria en Valparaíso, después, en una ferroviaria en Caleta Abarca. En 1905 en otra, en la capital. En estos movimientos conoce, en 1913, a José Domingo Gómez Rojas. Domingo Gómez Rojas lo lleva a su casa, le presenta a su madre y comparten la mesa. Cuenta: “Nos hundimos en el arrabal. La calle San Diego, Victoria, bordada de canciones lastimeras, de flores, de puñal, de llamados de pecadoras. Fango, obscuridad, estrellas estranguladas por una noche negra y pesada. Llegamos. Penetramos por una gran puerta. Salió una señora, la madre del poeta, la que llenó sus últimos poemas, la que endulzó todos sus instantes”. “Yo era un desorientado, un obrero que había sufrido mucho y que buscaba la manera de expresar mi protesta. Conocí el hambre... acaso todos los dolores. Supe mucho”.

“Hecho el balance de mi sufrimiento y extraído el vino de esa vendimia todo era drama. El drama y dolor del inquilinaje, del obrero explotado”. “En ese tiempo los mayordomos azotaban a los muchachos, como se dice, de puro gusto. El dueño de fundo aún conservaba el derecho a pernada, el probaba primero a la novia del inquilino en la noche de bodas”. De eso escribía, eso contaba. A los personajes reales les daba vida. Escribía acerca de la cruda realidad del conventillo chileno que fue el hogar del pueblo, de la tuberculosis, la desnutrición, de prostitutas, obreros, marginales, alcohólicos. Después supo que a eso llamaban dramaturgia. Gómez lee una de sus obras. Se entusiasma. ¡Hay que darla!, le dice. Y comienza la batalla por ofrecer la pieza, por mostrarla. Pero el teatro del 1900 es a la gente lo que la televisión es hoy. Usado soterradamente por los poderosos, estupidiza, aliena, esconde la realidad, muestra un espejismo. Reinaban las obras teatrales “digeribles”, “reideras”, zarzuelas. Era el teatro el único espectáculo que se ofrecía al público chileno. Dominaban las compañías extranjeras, sobre todo españolas, que se instalaban durante varios meses en el país presentando sainetes y comedias. Las pocas obras nacionales que se estrenaban seguían la misma corriente

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de los visitantes, e incluso los actores debían decir sus parlamentos con marcado acento español. Todos quieren cantar y no saber nada de los problemas sociales. No hay cabida para el drama real, para el teatro social, para el teatro denuncia. Nadie se interesa por las obras de Acevedo Hernández. Debe sobrevivir trabajando como empleado en una tienda. Incursiona en el Registro Civil, también realiza algunos match de box. Es contratado por una compañía teatral para barrer los camarines y atender los mandados de los artistas. Continúa escribiendo, aplicadamente colecciona obras maestras del teatro universal y ensayos sobre teoría política. Se apasiona con las ideas renovadoras que impulsaban


Letra s atajo” (1932), “La canción rota” (1933), “Los cantores populares chilenos” (1933), “Cardo negro” (1933), “Angélica” (1934), “El libro de la tierra chilena” (1935), “Joaquín Murieta” (1936), “Chanarcillo (1937). El periodismo tardíamente se doblega ante el torrente acevediano. Comienza a aparecer su firma en Zig-Zag, El Mercurio, La Nación, Los Tiempos y otros órganos de publicidad. En 1939 trabaja en Las Últimas Noticias.

transformaciones universales sobre la base de una mayor justicia e igualdad. Una de sus creaciones teatrales más celebres, “En el rancho”, está basada en uno de sus duros momentos que vivió en el campo, en Longaví. Vio a varios perros comerse una oveja, el patrón acusa a un inquilino que se la ha robado. Antonio declara en favor del inquilino pero no se le escucha y por haber testificado a favor del inocente es amarrado y azotado. El patrón es pariente materno.

a repetir la obra la misma noche. En 1914 estrena “El Inquilino” y más tarde “La Peste blanca”. En 1915 pone en escena “Almas Perdidas” y escribe “Carcoma”. En 1916 “Camino de flores”, y en 1917, “Espino en flor”. La reacción de los poderosos no se hace esperar: en 1916, en el teatro Coliseo, mientras se presenta “Almas Perdidas”, entra la policía y detiene al autor y a los artistas. Obvio, el drama es una fuerte crítica social.

Figura en el Diccionario de Oxford de Londres y desempeña labores de profesor universitario en algunas Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile. Viaja a Polonia y le estrenan “Los caminos de Dios”, en 1955, sin conocerse aún en Chile. Visita París. En 1953 recibe el Premio de Labor Teatral y antes el Premio Ateneo de la Universidad de Concepción, luego el premio Camilo Henríquez de Periodismo y en 1954 el Premio Nacional de Teatro.

Cuando el roto sepa de l El drama se estrena en el Teatro Coliseo la noche del 24 de diciembre de 1913. Con él nace el teatro social. Se inicia una gira por los barrios y en el Teatro Excelsior el público obliga

La prensa, como siempre al servicio del poder, lo ataca inmisericorde. No pueden permitir que un aparecido barrepisos esté teniendo tal aceptación y generando una peligrosa rebelión. En 1918 estrena “Irredentos”, señalado por el autor como teatro político. Ese mismo año estrena “Homicidio”, provocando tal desorden dentro del teatro, que culminó en una verdadera batalla campal. Antonio Acevedo Hernández no se detiene. De su prolífica mente nacen una tras otras creaciones teatrales. “Piedra Azul” (1920), “La Canción Rota” (1921), “La raza fuerte” (1924), “La hija de todos” (1926), “Árbol Viejo” (1927), “Caín” (1927), “Manuel Luceño” (1927), “Camino de flores” (1929), “De pura cepa” (1929), “Croquis chileno” (1931), “Las Santiaguinas” (1931), “Por el

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Está claro: El talento no lo produce la Universidad. Los genios nacen, no se hacen.

Antonio Acevedo Hernández: ensayista, cuentista, novelista, dramaturgo, periodista. Su personalidad: desbordante, apasionada, vehemente. Pero, la dura infancia y la peor vida, le pasan la cuenta. La arteriosclerosis lo nubla, le quita brillo. Alguien que lo conoció de cerca comentaba en una columna: “Ocupaba uno de los bancos. Le observé triste, callado, no habló una sola palabra durante toda aquella sesión: él, que era tan inconformista, tan pintoresco y tan simpático. Está enfermo pensé, al verlo pálido y, sobre todo, tan silencioso. Estaba muy peinado hacia atrás, arreglado, con las manos cruzadas, como quien va a hacer la primera comunión. Tomaba alguien la palabra, y el sólo miraba al orador, sin hacer ninguna demostración


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ante este acto, indiferente. El que las emprendía con cualquiera, porque sí, que nunca pedía la palabra a un presidente de la Satch, sino que se las tomaba, para hacer interrupciones muchas veces graciosas, pero las más, atrevidas y llenas de orgullo”.

El devenir de la vida lo llenó de hombría, que le dio fuerzas para enfrentar la realidad humana y el egoísmo. Se le negó todo, se torcieron sus mensajes y se le apartó. Su teatro presentó el sufrimiento y las lacras sociales. Sacó de escena al rotito borracho pero alegre y dichara-

libros, nadie lo igualará Antonio Acevedo Hernández estuvo siempre al lado de la juventud, que encontró en él a su guía y maestro en las duras tareas de escribir. Hombre cordial, sencillo y humano, su obra se agranda al correr de los años y su nombre ocupa, con justicia, el lugar que le corresponde en la literatura nacional.

chero que otros ofrecían, al peón simpático y picaresco, feliz, y subió su tragedia real.

Combatido y combatiente.

A los 75 años, en diciembre de 1962, subió al escenario infinito. Sus funerales fueron grandiosos. Lo único grandioso que tuvo en su vida. Masas de gentes se

apostaron en las calles y tapizaron de pétalos fragantes su paso. Despidieron sus restos en el Campo Santo representantes de todas las condiciones políticas y ramas sociales, recibiendo así, como suele suceder, los tardíos honores, de aquellos que muchas veces quisieron negarle el derecho a la vida. El siguiente texto es un homenaje que resume bien la vida y obra de Antonio: ¡¡Callar!!, ¿cómo callar? Imposible, cuando siento en mí todo el peso de la miseria moral, el dolor de mis hermanos oprimidos que gimen su esclavitud en el yugo de la impotencia. ¡Oh, no callo, ni callaré!. Mi grito de protesta de justicia, se hará oír y repercutirá en las anchas regiones de lo ignoto. No callo, mi acento rebelde llegue hasta allá donde reside todavía el embrión de la libertad. Elissa Choffat

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Rafael Maluenda en Chillán Alejandro Witker Taller de Cultura Regional

Se habla que existen “citas con el destino”; el tema es discutible, pero cabe aplicarle aquella conocida sentencia: “no creo en brujos, Garay, pero de haberlos hay”. El destino trajo a Chillán a uno de los periodistas mayores del país, Rafael Maluenda Labarca (Santiago 1885–1963) cuya llegada a Chillán (1914), vale la pena recordar; Don Juan Nepomuceno y su hija María Teresa Merino, acompañada de su prima Rosalía Feliú, miembros de una distinguida familia chillaneja, se dirigieron a tomar un descanso en las Termas de Catillo (1913). Para los mayores los días corrían placenteros, no así para las bellas muchachas cuya “edad de me-

recer” no le encontraba ningún brillo a este penoso panorama de cabeza blanqueada, rostros marchitos, ancianos reumáticos, en fin, todos en el atardecer de sus vidas. De pronto las muchachas enteraron que en una pensión aledaña al hotel se encontraban dos santiaguinos que estaban “concentrados”, para escribir un libro y artículos periodísticos. Los pensionistas eran Rafael Maluenda y Misael Correa, ambos del Diario Ilustrado, quienes no podían creer lo que escucharon: “Los venimos a invitar para que vayan al hotel a bailar…”. La belleza y audacia de las muchachas acabó con la “concentración”. “Esa misma noche –recuerda 36

doña Mariana Maluenda, hija de don Rafael–, comenzó el idilio; fue un flechazo al corazón. El idilio no le causó ninguna gracia a un abuelo al enterarse que el galán tenía una tarjeta de presentación de escaso prestigio: periodista. En esos años el periodismo estaba asociado a la bohemia y, con escasas excepciones, a la pobreza. Pero el flechazo pudo más y el romance termino uniendo en matrimonio a Rafael Maluenda y Teresa Merino, de este matrimonio habría de nacer yo y dos hermanos”. Las cosas se complicaron para el feliz marido, quien fue despedido del periódico y no tuvo más opción que refugiarse en la casa


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de su suegro. Así llego a Chillán este notable periodista y escritor. En los escasos cinco años que vivió entre nosotros, fue el actor destacado en la prensa y la cultura; fundó el diario El Día, en cuya dirección permaneció dos años (1915–1916), luego asumió la dirección de La Discusión (1916–1918). El talentoso periodista nunca fue bien acogido por la cerrada casta aristócrata que dominaba la ciudad, sensación que llevó al autor a imaginar la respuesta, que pasó a convertirse en una clásica del cuento chileno: La Pachacha. Novela de costumbres avícolas (1915), calificada por Fernando Alegría como una sátira maestra1. La obra figura en muchas antologías y ha dejado en la penumbra grandes merecimientos literarios de un autor de varias obras que lograron reconocimientos y premios: Premio Atenea (1942), 20 años en la dirección de El Mercurio de Santiago (1946– 1966), Premio Nacional de Periodismo (1955); incorporación a la Academia Chilena de la Lengua (1955), misiones diplomaticas.

alegrar algún almuerzo dominguero” (2). “Pasarán los años –escribe Héctor González Valenzuela– y La Pachacha, seguirá iniciándose con estas mismas palabras en todas las futuras antologías del cuento chileno, para continuar, como hasta ahora, con un “clásico” en las letras nacionales… la historia de La Pachacha, que de gallina insignificante y “ordinaria”, pasó a ser la “nueva rica” del escogido gallinero, en una sátira costumbrista de la sociedad, se ha convertido también en carta de presentación del escritor, periodista y académico, trascurridos más de un siglo desde su nacimiento”.3 Se desató una furiosa reacción contra el autor de La Pachacha: “este perro no muerde a Fanor”, exclamó un conspicuo perso-

En La Pachacha, Maluenda imaginó a la aristocracia chillaneja como un gallinero en el que unas cuantas damas y caballeros se sintieron retratados: “Eran de color ceniciento, gruesa, de patas cortas y bruta. Su llegada al corral del criadero fue obra de azar afortunado; porque nacida y criada en un rincón del huerto junto a una acequia fangosa y maloliente, su destino habría sido el de toda las aves que la rodeaban: crecer, entregarse resignada al maridaje tiránico del viejo gallo que imperaba en el huerto, poner a incubar sus huevos, arrastrar la cría cloqueando por entre los berros de la acequia y luego morir obscuramente para

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naje de la vida pública. Otras damas lo increparon en la calle molestas por tan increíble befa. En esta atmósfera, fue fácil para don Arturo Alessandri invitarlo a compartir la campaña del Cielito Lindo (1920). Don Rafael se fue de Chillán, pero se llevó esta tierra lo más profundo de su alma: su mujer y sus hijos. “Me siento chillaneja, siento mis raíces y nunca olvidaré mis vacaciones en el Parque Lantaño, donde mi tía Rosa Merino de Lantaño me invitaba cada verano”, cuenta doña Mariana, que nos recibió asombrada en su departamento en Santiago “Qué alegría recibir en casa a un chillanejo que se acuerde de mi padre”4 Se ilumina su rostro el recordar “aquel mundo encantado, lugar en el que mis fantasías se mezclaban con las flores y las


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mariposas” dice con ojos enamorados. Recibí de doña Mariana fotografías, documentos y recortes de prensa que enriquecen nuestro acervo, gesto que agradecemos, pero sobre todo, nos enriquece su noble amistad. Fue en el año 2005 cuando preparaba la segunda edición de La Silla del Sol; volví un tiempo después y no la encontré, se había ido con algún familiar a Estados Unidos. Posteriormente me enteré de su muerte. Quedó pendiente un nuevo encuentro, que me privó de nuevos testimonios y charlar con una mujer encantadora. ¿Usted ha leído La Pachacha? Quinchamalí ofrece en esta entrega una nueva versión de esta novela editada en Chillán en la célebre Imprenta y Librería Americana fundada por Carlos

López Sánchez, padre de Leopoldo y Carlos, editores de la revista Primerose (1914). Pese a su brevedad y sin nombrar a nadie, agitó a la bandada que lo cercó con agravios. Todo un clásico de ese mundillo aldeano que se creía el cuento de la sangre azul. Quiera el destino que aparezca pronto un nuevo viajero que haga la radiografía de la actual sociedad chillaneja, donde queda muy poco de las grandezas de ayer, pero sí de las pequeñeces que han crecido como la mala hierba. Arriba y abajo, escaso republicanismo, grilla politiquera, nepotismo, prebendas gremiales sin ética ni estética y, desde luego, caras que no se cansan de ofrecer su incontenible “vocación al servicio público”.

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Hott Jacqueline y Larraín Consuelo, (editoras), “Rafael Maluenda Cronista del alma criolla”, en “Premios Nacionales de Periodismo. Veintidós Caracteres”, Aguilar, Santiago, 2001, p23. (1)

Maluenda, Rafael: “La Pachacha. Novela de costumbres avícolas”. Imprenta y librería americana, Chillán 1914. (2)

González Valenzuela, Héctor. “Rafael Maluenda Labarca. Cazador de palabras”. Academia Chilena la lengua, Santiago 2003. (3)

“Parque Lantaño: rincón del paraíso”. En “La Silla del Sol”, 2005, p.120-121. (4)


Letra s

la Pachacha (Novela de costumbres avícolas) Rafael Maluenda Premio Nacional de Periodismo 1955

Era de color de ceniciento, gruesa, de patas cortas y bruta. Su llegada al corral del criadero fue obra de un azar afortunado; porque nacida y criada en el rincón de un huerto, junto a una acequia fangosa y mal oliente, su destino habría sido el de todas las aves que la rodeaban: crecer, entregarse resignada al maridaje tiránico del viejo gallo que imperaba en el huerto, poner e incubar sus huevos, arrastrar la cría cloqueando por entre los berros de la acequia, y luego morir obscuramente para alegrar algún almuerzo dominguero. Pero ocurrió que, deseosa de congratularse con los amos, la mujer de un inquilino la trajo de regalo al menor de los hijos del propietario del fundo, y por deseo de éste fue encerrada en el corral del criadero, donde los amos habían agrupado provisoriamente un conjunto de ejemplares finos. Así, por dictado de la suerte, La Pachacha se halló un atardecer en compañía de aquel selecto grupo de aves de calidad. Cuando las manos de un sirviente la soltaron por sobre la cerca de alambres, tendió las pesadas alas y con corto desmañado bólido, fue a posarse junto a un elegante abrevadero de latón. Sobrecogida de

angustia, sin atreverse a modular su cacareo vulgar, tendió el cuello orientándose, mientras las demás aves lanzaban al unísono un cloqueo sonoro que a la recién llegada le hizo la impresión de una carcajada burlona.

pollos, de entre los cuales emergían las crestonadas testas de los gallos. Se movían curiosas, tendiendo el cuello hacia la recién llegada. ¡Qué colores y qué formas! ¡Cuánta elegancia y cuánta distinción!

Podía La Pachacha ser todo lo grotesca que se quisiera, con aquella su gordura pesada y su color cenizo, pero su sangre de plebeya encerraba una fuerte dosis de malicia y buen sentido; por esto rápidamente comprendió que una actitud humilde le convenía en aquella emergencia, y con pasos cortos –que procuró hacer livianos–, se fue alejando del abrevadero y se arrimó confusa a la cerca.

La Pachacha admiró, con todo el fervor de su sangre plebeya, aquel conjunto de ejemplares que sólo pudo imaginar en las horas de ensueño, junto a la acequia turbia de su huerto nativo. Le recordaban los relatos que le escuchó –hacía ya tiempo– a un famoso “gallo inglés” que estuvo de paso entre los suyos un atardecer, la víspera del día en que iba a ser conducido a una cancha de pelea. Ella había admirado la entereza y la hombría de aquel inglés que puso de relieve la cobardía y la brutalidad del gallo de la casa. Pero ahora su admiración…

Mientras, inmóvil y asesando, aguardaba en aquel sitio los acontecimientos, guiñó la cabeza en todas direcciones para orientarse. El corral era ancho, largo, suavemente empastado y plantado de cerezos por un flanco. A lo largo de su línea central había tres abrevaderos de bruñido latón, y en el extremo, una división de madera con pequeñas puertas a ras de tierra y de las cuales escapaban algunas briznas de paja. Agrupadas al pie de los cerezos, una treintena de gallina y de 39

De pronto suspendió sus reflexiones, advirtiendo en los grupos de aves cierto movimiento que a su timidez le pareció agresivo. Escuchó cloqueos ininteligibles; se trataba de ella seguramente. Y casi al punto un gallo blanco, albísimo de larga curvada cola, roja y ancha cresta, se desprendió del grupo y vino hacia ella. Transida de miedo La Pachacha se encogió, sin dejar de admirar


Sociedad

Los pescuezos pelados, rojos y flácidos emergían con movimientos extraños de aquellos cuerpos de plumaje irregular, corto y sin gracia. El macho exageraba en sí las cualidades de sus hembras: era más rojo, más desplumado y con la cola corta, rala y sin brillo.

las maneras gráciles con que el gallo se le iba acercando: nada de aquellas carreras pesadas del gallo del huerto y que terminaban con un picotazo y una caricia que tenia toda la agresividad de una violación; el gallo blanco y crestudo venía lentamente, picoteando el suelo y lanzando suavísimos cloqueos; se aproximaba como convenciéndola de que sus temores no tenían fundamento. Y así que estuvo próximo, inclinó la roja testa, tendió el ala blanca y con melodioso murmullo giró en torno de la cuitada. ¡Qué rueda, Dios santo! Ella, deslumbrada y sumisa, recordando la añeja costumbre, se aparragó en el suelo esperando… pero el gallo no se le impuso y muy cortés, la dejó alzarse toda confusa por aquel movimiento que seguramente había sido inoportuno. Con firme acento, el gallo se presentó: –Leghorn… Confundida de no poder decir su origen con igual orgullo, La Pachacha se contentó con modular un cacareo gangoso, acaso con la esperanza de que se la tomara por extranjera. Pero el Leghorn, que a fuerza de fino tenía algo de políglota, no pudo ubicar en ninguno de los cacareos conocidos aquel rumor tan nasal, y dando medio vuelta se alejó despectivo. Tres gallinas blancas de su familia saliéronle al encuentro.

–¿Quién es? ¿Quién es? El gallo se encogió de alas. –No he podido entenderla, dijo. Una de las gallinas observó, rencorosa: –¡Qué poca delicadeza tiene para confundir un saludo con una declaración! El Leghorn, satisfecho y vanidoso, erizó la cola para responder: –Es natural… Y se fue en compañía de sus gallinas, comentando el arribo inesperado. Hubo después un continuo aproximarse de las demás aves de la confundida Pachacha: vinieron las Rhod- Island, coloradotas y suficientes, con su lento andar de la gente obesa; las Plimouth, corpulentas y erguidas en sus ropajes escoceses; la Padua, pizpiretas y ágiles, balanceando el ancho aigrette de su sombrero; las Orpington, graves en su luto de viudas; las inglesas, delgadas y nerviosas, con sus aires de orgullo… Todas venían a ella, modulando balbuceos ora curiosos, ora despectivos, y se alejaban después como queriendo no infundir confianza alguna a la gallina intrusa. Sólo una familia no manifestó curiosidad y permaneció indiferente a aquel movimiento: la Japonesa. Y La Pachacha, ansiosa de un apoyo, se fue encaminando hacia el grupo, atraída por el color cenizo que se le antojó parecido al suyo. Pero cuando estuvo cerca la sorpresa la dejó inmóvil. ¡Qué figura!

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La Pachacha hubiera querido acercarse a cualquiera de las otras familias, pero rechazada de cada grupo se resignó a buscar la compañía de las Japonesas: no era cosa de hacerse la esquiva en su situación y, por otra parte, se trataba sin duda de una familia de calidad porque –aunque no se mostraba infatuada como las otras– se veía a las claras que no eran tipos comunes. Cuando se hubo colocado entre ellas, las Japonesas se alzaron deferentes –¡benditas sean las gallinas educadas y modestas!– y tejieron con la recién llegada un cacareo amistoso para informarse y para invitarla a dar una vuelta al corral. –¿Han visto la facilidad con que las Japonesas acogen a cualquiera? criticó una Plimouth. – Ah sí…. contestó una Inglesa. – Al fin con esas fachitas que lucen pueden juntarse con cualquiera. No se verá entre nosotros, prometió el gallo Orpington. –¿Ustedes vieron como la recibí? Que se me ponga negra la cola si vuelvo a saludarla… Y excitándose mutuamente, como sucede en toda reunión, las diversas familias del corral acordaron un estricto boicoteo a la gallina arribista. Sólo un viejo Rhod-Island, de modos reposados y acento ronco, no se plegó al acuerdo. Era el más anciano de los gallos, su origen y su edad le permitían opinar con desenvoltura sobre todas las cosas.


Sociedad

–Vaya que es cosa de meditar en tanta indignación, dijo. –Si esta gallina me tolera, puede contar con mi amistad. ¿Que es fea y no se sabe de dónde viene? ¡Qué importa! Nadie puede negar que tiene una sólida carnadura… –¡Tan cínico que lo han de ver! dijeron las Leghorn, disgustadas. De pronto, un pollo sindicado de socialista, lanzó un apóstrofe: –Al fin y al cabo todos venimos de un huevo! –Cállese el demócrata… –Lo soy por ideas, afirmó el pollo, –aunque mi familia sea Plimouth, ¡todos venimos de un simple huevo! –Vea qué gracia, apuntó la más vieja de las Orpington, –pero hay huevos de huevos… Las Inglesas propusieron una manifestación hostil contra la intrusa, pero primó un temperamento más sereno y sólo se acordó al aislamiento estricto. Cuando dos horas más tarde el sirviente condujo las aves al dormitorio, la Pachacha las siguió, escoltada por las Japonesas que parecían hacer alarde, ante las demás familias, de sus maneras protectoras. II La noche es para las aves – como para los seres humanos– tiempo de meditación: equilibradas en los travesaños de las escalas las aves meditan y reflexionan. Y es así como lo que una gallina propone al anochecer suele disiparse cuando llega la aurora.

de las Rhod- Island. –Buenos días ¿Cómo pasó la noche? La Pachacha, disimulando su cortedad, respondió –Bastante regular… Y como los tímidos en el colmo de su timidez se vuelven audaces, afirmó mintiendo: –Estaba acostumbrada a mejor dormitorio… pero en la vida a todo tiene una que resignarse. La Rhod- Island hizo que le creía y asistió –Así es. –Es agua limpia y fresca porque a nosotras nos enferman las aguas corrientes. Aunque no tenía sed, por asimilarse cuanto pudiera distinguirla, la Pachacha bebió con parsimonia, alcanzando el pico con estudiada delicadeza. Luego emprendieron un paseo de reconocimiento y la Rhod-Island la fue informando. –Detrás de ese tabique de madera están los animales; sólo de tarde en tarde les dan cal para matar los piojillos: entre nosotras no abundan, como Ud. comprende. –Por cierto, yo les tiemblo… Y la Pachacha erizó el plumaje, fingiendo un calofrío exagerado. A medida que las demás gallinas iban saliendo al corral era mayor la sorpresa que manifestaban viendo a la forastera en compañía de Rhod-Island. No era ya el gesto de repulsión del día antes, sino más bien un movimiento de despecho, como si dolieran de que también ellas pensaron. Entonces, disimulando el fastidio, se unieron al grupo amigo: y la

De lo que pensaron aquellas gallinas distinguidas respecto de la Pachacha poco se sabe, pero lo cierto es que cuando al amanecer la forastera abandonó el último tramo de la escala en que alojara y sacudiendo el plumaje – que los huéspedes de más arriba estercolaron con intención humillante– salió al corral, se sorprendió con el saludo cortés que le hizo una

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Pachacha perdido el primitivo temor, fue dando suelta a su habilidad poblana. –Co-co-ro-có … cantó el Leghorn. Y ella, demostrando una viva admiración, les dijo a las gallinas: –Pocas veces he oído un tenor tan puro… Fue suficiente para que el vanidoso se uniera a las gallinas y esbozara a la forastera rueda gentil. Y prodigando alabanzas y galanterías –tanto más halagadoras cuanto más exageradas– La Pachacha se sirvió su ración de maíz sin que nadie molestara. Estimando el cambio de opiniones y las diferencias que se guardaban a la recién llegada, el viejo Rhod-Island murmuró: –¡Vaya una variación! Ayer remilgos, como protectora. Se las come la envidia. ¡Gallinas al fin!. Con el mismo apresuramiento con que el día antes evitaban el contacto de la forastera, buscaban ahora las familias su compañía. –No se deje engañar; le advirtieron las Orpington, –Esas Leghorn cifran el orgullo en la fecundidad, como si el mucho poner fuera de mérito. –Tenga cuidado con las Inglesas, le previnieron las RhodIsland, –A lo mejor las domina el instinto. Cuando las cree más amigas le sacan un ojo de un picotazo. Las Padua ridiculizaban a las Orpington y las Plimouth.


una. Se hablaba de gallinas con crías anodinas, y aunque el mormonismo es ley de un gallinero, se hablaba también de los gallos… Muy gallos.

–¿Qué corpachones, verdad? Tienen la distinción, el peso. La Pachacha confundida con aquellas confidencias, respondía con discreto cloquear; comprendía que era necesaria cierta diplomacia para mantenerse bien con todo el corral y por turno se mostró de acuerdo con cada una de las que le hablaban. Únicamente las Japonesas se portaron discretas y al juntarse con ellas solo le advirtieron atentas: –Si siente necesidad ¿eh? acuérdese que el último ponerío de la izquierda es el mas cómodo.

El viejo RhodIsland filosofaba con desalientos sobre todas aquellas cosas y en ocasiones solía indignarse. –¡Qué torpeza – decía- las tales incubadoras! Acabarán por matar en los gallineros el sentimiento de la maternidad. Solo falta que también nos reemplacen a nosotros con alguna maquinaria especial. La Padua, cuya mordacidad era temida, le replicaba aludiendo a su reconocida vejez: –Poco lo perjudicarían a Ud. Un acontecimiento, en el cual nunca pensaron, vino a sorprender el corral en su lujosa molicie: la Pachacha estaba poniendo.

Entre cacareos de gallina y clarinazos de gallo que comentan las diversas incidencias de un corral, la Pachacha pasó una semana, gozando de los beneficios con que la regalaba el protectorado que sobre ella habían establecido aquellas aves de calidad.

¿Poniendo? ¿Pero también iba a poner la forastera? Calculando fechas las gallinas se indignaron, porque aquella postura de la intrusa les resultaba humillante como un hurto. Y el malestar se hizo agudo cuando las gallinas curiosas que habían ido a atisbar por entre los resquicios del ponedero trajeron la noticia de que estaba echada en el mejor nidal: el último de la izquierda.

Eran pocas las distracciones: a fuerza de finas, aquellas aves se aburrían en su elegante ociosidad hasta la calumnia, picoteando por turno en el honor de cada

Mientras alternando con todas, La Pachacha había permanecido dentro de su recogida y discreta actitud de “allegada”, las gallinas del lujoso corral se 42

mostraron con ella deferentes y protectoras; pero ahora que se la había descubierto poniendo, la menos habilosa de aquellas aves comprendía que se trataba de una intimidad excesiva con los miembros del corral. Disimulando la viva contrariedad que las agitaba, alcanzaron a contar once entradas de la Pachacha en el ponedero. De pronto notaron la ausencia, y el Rhod-Island dedujo: –Después de lo uno lo otro: de seguro que está “echada”. Corrieron a cerciorarse, y asomando las cabezas se lanzaron un “buen día” al que la Pachacha respondió desde un rincón con un cloqueo fatigoso. Tenia la cresta encendida y de ello dedujeron las Padua que tendría vergüenza de su situación. Veintidós días estuvo la Pachacha entregada a su labor de paciencia y de inmovilidad, sufriendo los cuchicheos curiosos de las vecinas. Mientras tanto en el corral se habían tomado severas medida de profilaxia social contra la futura familia. Se trataba de reparar el error cometido, aislando a la Pachacha y su cría. La Orpington tradujo el pensar de todos: –Bueno es que una se digne tolerar a estas gallinas de poca monta, pero de ello a permitir que su cría mezcle con las muestras que hay diferencia. Respetemos las categorías. Del origen plebeyo de esa intrusa el amo ha dado una prueba haciéndola empollar sus huevos, mientras a nosotras nos dan la ayuda de un “macho”. ¡Ay, de los hijos míos que no me obedezcan! Y por adelantado repartió algunos picotazos entre la prole. Las demás la imitaron… El viejo Rhod-Island, balanceando la flácida cresta, murmuró para sus


adentros: –¡Pero qué gallinas son estas gallinas! III Fue una mañana de mediados de primavera cuando la Pachacha salió con su cría. Las gallinas que habían aguardado con impaciencia aquel momento, tendieron el cuello curiosas y sorprendidas. Porque esperaban una pollada fea rulenga, y en vez de ella, la Pachacha arrastraba tras de sí once polluelos de colores varios, gráciles como vellones de lana. Piaban con dulces pitios a la vera de la obesa y satisfecha mamá que caminaba afanosa, alzando con cuidado las gruesas patas arañando la tierra para ofrecerles los pequeños vermes y los tallos tiernos del trébol. –Por aquí, niños, -les decía- A ver si se portan ordenaditos ahora que esas señoras los están mirando… cloc-cloc… las demás familias le lanzaron algunos saludos irónicos; pero apenas los contestó, toda entregada a sus afanes de madre. El Rhod-Island se acercó a felicitarla. –Me alegro de verla con cría tan bonita. Yo estoy por el sistema antiguo: nada de incubadoras… Vaya, que tenga buena suerte. La Pachacha no reparó en el desvío de las demás aves: estaba entre ellas, ella y su familia figuraban entre las finas, sus pollos lucían plu-

mas selectas: había por fin realizado su sueño de gallina arribista. Hasta el amo tuvo para la cría un elogio –Muy sanitos -dijo- y las Padua replicaron con desprecio: –Salud de pollos de medio pelo. Pero los pollos y las pollas – aunque de media pluma– crecieron gráciles: los gallos se fueron haciendo vistosos y las pollas redondas ágiles, despertando simpatías entre las parvadas de calidad. Y como los varones son menos escrupulosos que las hembras, sucedió que unos gallos finos casaron con las pollas de la complacida Pachacha. La vida en común, el capricho de los polluelos, la indiferencia de algunos ejemplares, la envidia y la ambición: todas esas pasiones sordas que agitan a las aves de calidad concluyeron por barrer las resistencias, y al mediar el verano ya era la Pachacha una gallina de calidad cuyo trato se disputaban las otras familias del corral. Ya no hubo diferencia entre las prole de la Pachacha y la de las demás gallinas: nadie hubiera reconocido en aquella gallina envanecida al ave torpe que una tarde arrojaron por sobre la cerca de alambres del corral. La Pachacha misma, infatuada y olvidadiza, no creía en el abandonado huerto, la acequia fangosa, los berros sucios, el “moquillo” y la “pepa”… todo lo que fue su

pasado de polla bruta no era mas que un mal sueño de imaginación: ¡Porque las gallinas son así cuando llegan a figurar! Un día otra gallina bruta, escapada de no se supo dónde, vino a introducirse en el corral. Como había hecho la Pachacha, se acurrucó en el extremo, confusa y avergonzada. Las aves finas –mejor dispuestas que la primera vez– quisieron ir en apoyo de la desconocida con recibimiento cortés. Pero La Pachacha se opuso, trémula de indignación: –¿Qué es eso? -dijo- ¿Este es un corral o un estercolero? ¿Por qué se introducen aquí gallinas brutas? ¡Fuera la intrusa, la metida!. Y seguida de sus hijos –gallitos y pollas– dieron a la pobre gallina una de picotazos y estancadas hasta dejarla medio muerta en un rincón del corral. Realizada aquella proeza, volvió satisfecha sacudiendo las alas cacareando: –Así deberían tratarse a estas gallinas insolentes que no se acuerdan de su origen… Y como las demás aves guardaran silencio, añadió: – Tal vez he sido demasiado severa, pero es que el medio pelo me pone fuera de sí…. Un vientecillo fresco que agitó los cerezos, echó hojas y flores sobre la pobre gallina herida que se estremecía de miedo y de dolor. Y contemplando aquella escena, el viejo Rhod-Island cacareó con acento pesimista: –¡Hasta entre gallinas no hay peor cuña que la del mismo palo!


Ocupado Lector SANTIAGO ARANEDA TALLER DE CULTURA REGIONAL UBB:

Andenes de Ñuble Adentro

Lionel Yáñez Merino Municipalidad de Coihueco-Fondart, Santiago, 2011. 155 p. En el año 2011 se cumplieron 100 años de la creación del ferrocarril Chillán-Recinto, llamado Tren Chico, que ese año hizo su primera llegada a Pinto, en 1916 llegó a Recinto. Posteriormente otra vía se extendió por el norte hacia Niblinto. Este ramal ferroviario representó un fuerte estímulo a la agricultura, el comercio y la sociabilidad de un vasto sector de Ñuble. La obra que presentamos corresponde a la segunda edición publicada en 1991 con prólogo de Alberto Arreño; la nueva edición fue prologada por Alejandro Witker. En 1959 el ramal fue levantado por razones de rentabilidad provocada por la entrada en servicio de camiones ante los cuales la competencia resultó cuesta arriba. No hubo visión turística, ni siquiera fue conservado como museo; una de las pérdidas patrimoniales más lamentables en la historia de Ñuble.

Conjunto Jesuita de Rere Consolidación de un asentamiento estratégico de la frontera Carlos Inostroza Universidad de Concepción, 2009, 148 p. Una de las obras más notables de recuperación del patrimonio arquitectónico de la región a cargo de un investigador con amplio crédito académico sobre el tema. Rere fue escenario de una notable obra jesuita: la Misión Buena Esperanza, su huella arquitectónica da cuenta de una antigua grandeza misionera en un territorio que alcanzó un potente desarrollo económico. Se ofrecen antecedentes históricos y económicos de esta presencia y estudios acuciosos de las campanas de oro, torre campanario, casona Colegio Jesuita, tumba padre Mayoral, palma de la iglesia. Excelentes ilustraciones y completa bibliografía.

O’Higgins: héroe inmutable

Adolfo Márquez Esparza Imprenta La Discusión, Chillán, 2009, 105 p. Una obra básica de gran utilidad para el sistema escolar sobre el Libertador. Incluye semblanza biográfica, cronología, antología poética, documentación y bibliografía. Prólogo del profesor Marcial Pedrero Leal, presidente de la Corporación Histórica Bernardo O’Higgins de Chillán Viejo. “Bernardo O’Higgins se levanta como la figura que mejor representa los valores republicanos y como un gran defensor de la dignidad humana”.

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Me dicen Tuly

Buenaventura Ulloa Carrillo. Colección el Maitén III, Hato Rey Puerto Rico, 2011,192 páginas Edición al cuidado de Jaime Giordano, basada en la copia original mecanografiado por la autora en una Underwood en Quinchamalí, la novela comienza en 1951, cuando nuestra autora llega a Concepción procedente de Quinchamalí, iniciando su permanencia en la ciudad penquista, habitando en diferentes residencias y pensiones, en medio de estos lugares la autora nos va narrando las vidas y costumbres de un grupo cercano, que junto a ellos va descubriendo la ciudad de los túneles morados, con sus cafés, restoranes y salidas nocturnas, el ambiente universitario también va asomando con la presencia de amigas como Hilda Ortiz, quien la va involucrando en las Escuelas de Verano, su trabajo como encargada de vestuario del Teatro de la Universidad de Concepción, la presencia del poeta Ramón Riquelme, a quien conoce a través de otros amigos, todo lo anterior finamente narrado, Tuly sabe recrear los ambientes y otorgarles estatura, es una obra necesaria para la memoria regional.

Ñuble, tradición y canto

Fernando Cifuentes Cáceres F.N.D.R. Concepción, 2010. 112 p. Recopilación de 23 temas del folclore de Ñuble recogidos por el director del Conjunto Nanihue, con más de 30 años de investigación y actuación. “Trabajo de esta naturaleza son los que deben enfrentar los directores y conjuntos de proyección folclórica y no limitarse sólo al canto y al baile como hechos aislados de la cultura tradicional”, así se expresa Roberto Contreras Vaccaro, reconocida autoridad en el tema al presentar la obra.

La ruta del oro en la frontera del Bío Bío Luis H. Espinoza Olivares Fondart, Concepción, 2010, 28 p.

La brevedad de la obra no impide evaluar lo que será la culminación de una investigación a fondo sobre un tema apasionante que ha emprendido un profesor del liceo San Juan Bautista de Hualqui con el apoyo del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes: la explotación de lavaderos de oro en las inmediaciones de Hualqui, concretamente en Quilacoya. Hermosas fotografías, testimonios, leyendas y documentos.

Vida y obra de Carlos Dorlhiac La lenta y la pluma Juan Carlos Valle Hilo Azul, Santiago, 2010, 306 p. Carlos Dorlhiac (1880-1973) fue un maestro del dibujo que influyó fuertemente en los orígenes de la plástica chillaneja de la que surgieron pintores tan destacados como Armando Lira, Jorge Chávez Dailhé, Darío Contreras, entre otros. El maestro Gumercindo Oyarzo siempre recomendó a los jóvenes que se iniciaban en la plástica tomar clases con Dorlhiac. Pero se desconocía su maravillosa obra como fotógrafo. Ese es el gran mérito del descubrimiento de Juan Carlos Valle. Su obra de gran factura constituye una contribución monumental a la plástica del país y de manera muy especial a la cultura de Ñuble. Una obra que debe estar en las bibliotecas escolares y municipales de la región; indispensable consulta para los actores del mundo plástico. 45


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100Años

La voz de Chillán al Mundo 47


Punto aparte

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Orgullo de ser Chillanejo

Punto aparte

Ramón Vinay Sepúlveda “Queridos chillanejos: hoy me siento no sólo orgulloso de ser chileno, sino también de ser un chillanejo más. Después de años y años durante los cuales le he hablado de ustedes y de mi ciudad natal a mi mujer, hoy cumplo con una satisfacción de esposo. Ella ha visto y está viendo aquella cosa un poco loca que hacen ustedes por mí, y ustedes la han visto a ella en tres dimensiones, y además en color y con sonido. Con todo esto ustedes ratifican, una vez más, que no sólo son capaces de echar la casa por la ventana, sino que también echan la ventana. La realidad de este recibimiento supera lo que nosotros esperábamos. Hoy lo podemos considerar como una manifestación más de que lo que hacen los chillanejos siempre lo hacen bien. Estoy profundamente conmovido. Si yo, en lo personal, he merecido este afecto de ustedes, es por una sola cosa: por esto (y exhibió en su mano su pasaporte). Por este documento en el que se dice que me llamo Ramón Vinay Sepúlveda, que he nacido en Chillán el 31 de agosto de 1911. Por eso estoy aquí… Desde entonces han pasado muchos años de lucha. A veces en nuestra carrera el artista se siente solo. En esos momentos en que me acuerdo de ustedes, y les prometo que nunca he sentido mayor emoción al pronunciar la palabra Chillán, que ahora estoy aquí donde he nacido, frente a ustedes, chillanejas y chillanejos.

imagino que un artista como él tiene que tener suma disciplina, por eso no ha podido llegar hasta aquí. Pero hay chillanejos y chillanejos… Claudio Arrau nació en Chillán, pero yo en la Plaza del Mercado de Chillán… Voy a pasar 48 horas con ustedes, y creo que serán las más

felices de mi vida y les voy a pedir un favor; desde ahora nos trataremos de tú…, no puede ser de otra manera entre chillanejos.” Palabras desde el frontis municipal. El Sur, 14-IX1967.

Chillán en el corazón Pronunciar su nombre y no decir a continuación, casi sin pausa Chillán, sería no ser justos. Fue un hombre de mundo, se tuteó con los mejores y cultivó –así lo dijo a La Discusión en 1970- al ser entrevistado en el Gran Hotel, una prolongada amistad con su par en la música y además coterráneo, Claudio Arrau León. Su hija Rosa consigna lo que tanto se ha dicho: el amor proverbial de Vinay por su tierra. “Llevaba a su ciudad natal por todas partes del mundo; siempre con mucho orgullo, dijo que era chileno y el mundo así lo piensa”. Y la confirmación de ello salta a cada instante, sus restos están siendo velados en Puebla, y sobre su féretro el emblema na

Y ahora que recuerdo, dicen que por ahí anda un chillanejo que toca el piano y parece que muy bien… Yo me he encontrado por el mundo con Claudio Arrau. Dicen de él que es huraño. Me 49

cional y junto a la bandera tricolor, el escudo de Chillán, trozo de género que le acompañaba siempre y que incluso en fotos de su dormitorio se aprecia colgado, en un lugar a su alcance. Para la hija de este chillanejo, el suelo natal de su padre, “es como mi tierra prometida. El amor a Chillán lo adquirí por lo que mi padre me hablaba, me decía por su gracejo, por su acento, sus costumbres, por su apertura y por su ser latino. Por eso amo a Chillán y a Chile para mí es el baluarte, porque es el baluarte para mi padre. Yo los amo”. Patricia Orellana La Discusión, Chillán, 5-I-1996


Punto aparte

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La Opera y el pueblo

Ramón Vinay Sepúlveda

“No es efectivo que la opera sólo pueda disfrutarla el magnate y que el hombre modesto quede marginado de ella. Ni hay público que exige joyas ni existe el joven romántico que sufre llevando en la mano una partidura que no puede escuchar. El problema es otro, muy diferente y nos resulta una pena que el sujeto sensible y sin vocación definida, no llegue a la opera por falta de medios. Pero hay un hecho concreto: los que están

predestinados se desarrollan plenamente: están señalados por el dedo del destino… Sin embargo, y así tenemos otra faceta de un complejo de hechos que se llaman, en conjunto, la ópera, hay más gente que podría asistir a los espectáculos, entusiasmarse con ella y actuar… ¿Debe el artista descender al pueblo?... No: El pueblo debe ascender. El pueblo debe llegar al artista sin que el artista baje. Esa es la meta. Pero ¿Cómo lo planeamos? ¿Cómo lo 50

realizamos?.. Yo propuse aquí en Chile, en mi patria, en el país donde esta mi Chillán, que se hiciera ópera en el Caupolicán, a la tercera parte del precio y con cinco veces más público. Me rechazaron la idea… y pensar que vine desde España a sugerir esto, en un viaje que me cuesta dinero de mi bolsillo, y bastante dinero, para que se dijera que no”. El Sur, Concepción, 10VIII-1970


Punto aparte

Ramón Vinay Biografía esencial

Juan Dzazópulos

Los ancestros del cantante lírico chileno Ramón Vinay provenían de la localidad de Larche, en Francia, ubicada en la frontera italiana y a 120 kilómetros de Niza. Su padre, Jean Vinay Robert (1873-1950) emigró muy joven a América, México, Perú y finalmente a Chile (1898). Se estableció en Chillán, ciudad a 409 al sur de Santiago. Al poco tiempo, se había formado una buena posición como comerciante en monturas y arneses para caballos. En Chillán conoció y se casó con una joven y modesta costurera, Rosa Elvira Sepúlveda Lara (1887-1917). Jean se había casado anteriormente, en 1900, con otra muchacha chilena que falleció en 1903 y le dio su primer hijo, Antonio. Ramón Mario Francisco Vinay Sepúlveda nació en Chillán, el 31 de agosto de 1911. En 1914, su padre regresó a Francia para comprar maquinaria para su fábrica. Allí lo atrapó la Primera Guerra Mundial, viéndose

obligado a prestar servicio en el ejército francés. Cuando pudo obtener una licencia, desertó y volvió a Chile, encontrando que su esposa había fallecido hacía poco (1917). El Gobierno de Francia otorgó amnistía para casos como el de Jean Vinay y éste vendió todas sus pertenencias, regresando con sus cinco hijos a Francia. Se estableció en Digne y allí Ramón terminó sus estudios secundarios (1920). Su padre quería para su hijo la carrera de arquitectura, pero el muchacho quería convertirse en violinista. En 1928, y siguiendo el mismo destino de su padre, Ramón se embarcó rumbo a México. En la capital mexicana consiguió un modesto empleo con la familia Robert, descendientes de su abuela paterna. Fue escalando mejores posiciones hasta independizarse y formar, junto a su hermano Otto, su propia fábrica de envases de cartón

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para la industria farmacéutica. Alrededor de 1930, comenzó sus estudios de canto con José Pierson. Este era un maestro con muy buena reputación y que contribuyó al desarrollo de toda una generación de cantantes mexicanos, entre ellos Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Pedro Vargas y Jorge Negrete. Aunque durante este período de formación Vinay cantó ocasionalmente como bajo (obtenía un notable éxito cantando Vecchia Zimarra), su debut profesional fue en la cuerda de barítono, en el rol de Don Alfonso en La Favorita y en el Teatro de las Bellas Artes, de Ciudad de México (1931). Durante varios años cantó en las radioemisoras de México, donde era presentado como “el gran barítono mexicano”. Ramón se casó en 1940 con la joven mexicana María de los Angeles Padilla Brondo. De este matrimonio nacieron dos hijos, Rosita Elvira y Ramón Jr.


Punto aparte

Regresó a la ópera, siempre como barítono, cantando en el Bellas Artes durante la temporada 1938/1939 en Aida y La Gioconda. Existe, en algún momento del año 1939, una extraña presentación de Ramón Vinay en el Broadhurst Theater de New York. Aparece en el reparto del espectáculo musical, Streets of Paris de los autores James McHugh & Al Dubin. Comparte honores con figuras tan disímiles como Carmen Miranda, Jean Sablon, Ivonne Bouvier y Abott & Costello!. En la temporada siguiente (1939/40) cantó en el Bellas Artes, las óperas Aida, Il Trovatore y Tosca. En 1943 fue contratado para actuar y cantar en una película, Fantasía Ranchera, junto a otros artistas líricos mexicanos como Josefina Aguilar, Paco Zárate y Pedro Vargas, y un muy joven actor, Ricardo Montalbán, que luego triunfaría en Hollywood. Hasta 1944 continuó cantando como barítono en México, añadiendo a los roles ya conocidos, el titular en Rigoletto, Silvio en Pagliacci y Germont en La Traviata. Cinco meses después de su última función como barítono (La Favorita, 23-I-1944), hizo su debut como tenor, nada menos que como el protagonista de Otello (19-VI-1944) junto a Stella Roman (Desdemona) y los barítonos Frank Valentino y el chileno Carlo Morelli, compartiendo el rol de Lago. Al año siguiente, agregó en México los roles de Samson, Cavaradossi, Don José y Des Grieux (Manon Lescaut), y obtuvo su primer contrato fuera de México. El 30 de septiembre de 1945, debutó en el New York City Center como Don José en Carmen, un rol que cantó varias veces durante los meses de octubre y noviembre. Su debut en el Metropolitan Opera de New York (22-II-1946), siempre en Carmen. El rol de Don José se convirtió en el “caballito de batalla” de Vinay en esta etapa de su carrera. Lo cantó en las más importantes ciudades de Estados Unidos, incluyendo una

función cantada “en inglés” en el Hollywood Bowl y dirigida por Leopoldo Stokowsky. Durante los meses de julio y agosto estuvo en México cantando en el Bellas Artes, Aida, Carmen y Otello. También tuvo tiempo para participar en su segunda película, “Sinfonía de una Vida” en el que también actuaban el tenor Luis G. Roldán y el compositor Miguel Lerdo de Tejada. Después de algunas funciones en el Metropolitan (Aida, Carmen y Otello) viajó a Italia, debutando en el Teatro della Pergola, de Florencia, con Otello junto a Onelia Fineschi y Tito Gobbi. Esta ópera y también “Pagliacci” las cantó además en Génova, Turín y Boloña (3-IX-1947). A su regreso a los Estados Unidos, fue llamado por Arturo Toscanini para cantar Otello en las transmisiones radiofónicas desde el Studio 8 de la N.B.C. en New York. Sesenta y cuatro años han pasado y aún es considerado el Otello inigualable y de referencia. Desde New York nuevamente a Milán, esta vez para inaugurar la temporada lírica en La Scala, (26-XII-1947), siempre con Otello y acompañado por María Caniglia y Gino Bechi. El director fue Víctor De Sabata. El año 1948 encontró a Vinay de regreso en América para cantar varios conciertos en Colorado y luego funciones de Pagliacci y Aida en el Metropolitan. Agregó a su repertorio el rol de Julien en Louise de Charpentier, ópera que cantó en Boston. Poco después, otro gran éxito en la Arena de Verona, donde cantó Otello con Renata Tebaldi y Carmen con Elena Nicolai. Vinay regresó a su patria, para presentarse por vez primera como cantante (1948). En el Teatro Municipal de Santiago se le escuchó en Otello y en Aida con Caniglia, y en “Carmen” con Fedora Barbieri. Le correspondió el honor de inaugurar la temporada del Metropolitan Opera con Otel-

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lo (29-XI-1948). Esta función fue vista por televisión en New York, siendo la primera vez que una ópera se transmitía directamente desde el escenario del teatro. En 1949 siguió cantando su repertorio acostumbrado en New York, Nápoles (San Carlo), Milán (Scala) y realizó una extensa gira “de costa a costa” con el elenco del Metropolitan. A fines de ese año incluyó en su repertorio Samson et Dalila (que ya había cantado en los comienzos de su carrera como tenor, en 1945 en México y en 1947 en Cincinnati), obra que cantó en el Metropolitan, en La Scala y en las Termas de Caracalla, en Roma. En 1950 hizo su debut en el Covent Garden de Londres, cantando Otello con Tebaldi y Bechi, en la gira que la compañía de La Scala realizó a Inglaterra. El mismo año, Vinay cantó su primer rol wagneriano, Tristán en San Francisco, con la renombrada Kirsten Flagstad, como Isolda. En 1951 cantó en La Scala el rol de Griscka en la versión en italiano de La Leyenda de la Ciudad Invisible de Kitesch de Rimsky Korsakov. El resto de ese año cantó sus habituales caballos de batalla (Otello, Carmen y Pagliacci) en diversas ciudades de Estados Unidos y también en Salzburgo, Santiago y Lima. En Salzburgo cantó en los célebres festivales de la ciudad austriaca su Otello bajo la batuta del gran Wilhelm Furtwängler. En 1952, fue invitado a cantar por vez primera en Bayreuth, Tristán e Isolda dirigido por Herbert Von Karajan. Durante seis temporadas cantó allí, y en 1956 Wieland Wagner lo nombró Caballero de la Orden Wagneriana. También en 1952 cantó por primera vez el rol protagonista de Lohengrin, en Indianápolis. Hasta donde hemos podido averiguar, este papel sólo lo cantó en un par de oportunidades, la otra fue en Pittsburgh en 1954, y luego lo abandonó para siempre. En 1952 cantó nuevamente Otello en Salzburgo y volvió a Chile, donde se le escuchó como Don José, Otello y Samson. En 1953 cantó


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por primera vez en el Teatro de la Opera de Roma, luego en Palermo, Lisboa, Amsterdam, Bayreuth, Río de Janeiro y Londres. A contar de 1954 comenzó, lentamente, a aumentar su repertorio alemán y a abandonar algunas de las óperas italianas y francesas. Su primer Tannhäuser lo cantó en el Metropolitan y luego en La Scala cantó el rol principal en Cyrano de Bergerac de Franco Alfano y Egisto en Elektra de Richard Strauss. En la temporada 1954/1955 en el Metropolitan, agregó el rol de Herodes en Salomé de Strauss. En 1955 se le escuchó principalmente en los roles de Siegmund, Parsifal, Tannhäuser, Herodes y Cyrano, pero también Otello y Samson. Un rol poco común para él, fue el de Lenski en Eugenio Onegin que cantó durante el Festival de Holanda, en Amsterdam (1955). En 1956 volvió a Chile para cantar por última vez como tenor en Otello, Carmen y Pagliacci.

Agregó otro rol a su repertorio tenoril, en 1956, el de Avito en El Amor de los Tres Reyes de Italo Montemezzi, por primera y última vez en Filadelfia. A partir de 1957 cantó casi exclusivamente roles alemanes: Loge, Siegmund, Siegfried, Tristán, Parsifal, Egisto y Herodes. La única excepción fue Otello, rol que cantó por última vez en varias ciudades de Francia, (1959). Su última actuación como tenor fue en el Metropolitan, (1962), cantando Herodes. Vinay cantó en el Metropolitan Opera House durante 17 temporadas, 15 roles diferentes en 15 óperas, con un total de 169 presentaciones (1946 y 1966). 123 fueron en el teatro de New York y 46 en giras de la compañía. Volvió a su registro original de barítono y en julio de 1963 cantó el rol de Telramundo en Lohengrin en el Festival de Bayreuth. Comenzó una segunda carrera que se vislumbraba como promisoria, pero que a decir verdad, no lo fue tanto. Tenía ya 52 años de edad

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y 32 años de carrera como cantante. En esta etapa de su carrera cantó los roles de Scarpia, Lago, el Holandés, Nerón (La Coronación de Popea), Germont, Amonasro, Dr. Schön (Lulu), Falstaff, Gianni Schicchi, Michele (Il Tabarro), Escamillo, Belcore, Kurwenal, Marcello (La Boheme) y Tonio (Pagliacci). Cantó también unos pocos roles en la cuerda de bajo, pero sin mayor éxito: Bartolo (El Barbero de Sevilla), Varlaam (Boris Godunov), Bartolo (Las Bodas de Fígaro), Wotan (El Oro del Rhin), Comendador (Don Giovanni), Pizarro (Fidelio) y el Gran Inquisidor (Don Carlos). Agregó dos nuevos roles de barítono: el Marido en C’est la Guerre, ópera en un acto de Emil Petrovics, en Niza (1965) y Próspero en “La Tempestad”, ópera en tres actos de Frank Martin, en Ginebra (1967). Vinay cantó por última vez en el Teatro Municipal de Santiago (1969). Se presentó como Scarpia y Lago. La función del 22 de septiembre estuvo colmada de emoción. Era la despedida “oficial”


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de Vinay a la ópera. Cantó los dos primeros actos de Otello como barítono y luego, el último acto, como tenor. Sin embargo, todavía cantó unas pocas funciones más como barítono en Portland y Cleveland y luego en un concierto en Santiago, en el Teatro Gran Palace, en 1971. La última vez que Vinay cantó en Chile fue en una serie de recitales en diferentes ciudades del país (1974). El legado discográfico de Vinay: Grabó muy pocos discos comerciales. Una selección de Carmen junto a Gladys Swarthout para el sello RCA Víctor, dirigido por Erich Leinsdorf (1946). Grabó los dúos del primer acto de Carmen y Tosca junto a Florence Quartararo y la dirección de Jean Paul Morel (1947). La transmisión radial de “Otello”, en diciembre de 1947, dirigida por Toscanini, recién fue publicada en LP por RCA Victor en 1953, y actualmente todavía se puede encontrar en CD en varios sellos comerciales. Su última grabación comercial fue una selección de Otello para el sello Columbia, junto a Eleanor Steber y Frank Guarrera (1951). Lo más importante de su legado son las grabaciones “del vivo”, muchas de las cuales afortunadamente preservadas y disponibles en CD. Como tenor, existen por lo menos seis Otello diferentes, Carmen (Hollywood Bowl), Samson et Dalila (San Carlo de Nápoles y New Orleans); Pagliacci (Metropolitan) y la mayor parte de su repertorio wagneriano (Tristán, Tannhauser, Parsifal y Walkiria). Como barítono, su voz puede ser escuchada en Lohengrin, Otello, Carmen, Tosca y La Traviata. Vinay fue un pintoresco personaje, dentro y fuera del escenario. Aunque se había casado muy enamorado en México, en 1940, pronto se enamoró de otra. En 1945 cantaba Tosca con la soprano estadounidense Lushanya Mobley, una dama anunciada como “princesa india de la tribu Chickasaw”. Vinay dejó esposa e

hijos y comenzó una vida nueva con esta soprano. Fue un verdadero Don Juan. En más de una oportunidad declaró públicamente que, para él, sus mayores pasiones eran la comida y las mujeres (y yo añadiría, la bebida también). Al preguntársele su opinión acerca del sexo opuesto, declaró: “Ah! la más divina de las pasiones”. En cuanto a sus personajes, en 1958 declaró en Radio Barcelona: “Soy el asesino mejor pagado del mundo (Don José, Canio, Otello), pero disfruto más cantando Samson, porque en vez de un solo asesinato como en Otello y Pagliacci, mato una gran cantidad de filisteos en el templo. Claro que, pensándolo bien, hago un mal negocio pues me pagan lo mismo”. Vinay ganó una fortuna en sus años de gloria, que se desvaneció debido a inversiones mal aconsejadas. Compró en Francia un castillo, Changy-les-Bois Chateau, ubicado a 120 kms. al sur de París. Era un monumento del siglo XVIII pero restaurado en la época napoleónica. Su idea era descansar allí de sus actividades musicales y dedicarse a la crianza de pollos. Fue un fracaso total y en este experimento perdió más de treinta mil dólares. Aunque había comprado el castillo muy barato, necesitaba una fortuna para poder mantenerlo y así, después de diez años, decidió venderlo y trasladarse a España. Fue durante un viaje de placer, en automóvil, en 1957, que por casualidad tropezó con el lugar de sus sueños: un sitio desierto en la costa, 500 metros, en una montaña que descendía directamente hasta el Mediterráneo (muy cerca estaba la residencia de otra grande de la lírica, Victoria de los Ángeles). En pocos días la adquirió, vendió sus departamentos en Milán y en Nueva York, y se mudó a España. La propiedad estaba ubicada en La Fustera, cerca de la Costa Blanca y la ciudad de Benissa, en la provincia de Alicante próxima a Valencia. Vinay declaraba en una entrevista que, desde enton54

ces, vivió allí como un Onassis. Pero el destino iría a decretar otra cosa. El Gobierno de Chile le confirió el cargo honorífico de Cónsul de Chile en La Fustera. Vinay se sintió profundamente agradecido y orgulloso con este honor (1979). Vinay fue invitado como huésped de honor a la ceremonia que conmemoraba el Centenario del Metropolitan Opera House de Nueva York. Allí, en el escenario del Lincoln Center, recibió el homenaje que una nueva generación de amantes de la ópera tributó a las grandes estrellas de la ópera del pasado (1983). A Chile volvió en dos oportunidades más, 1986 y 1988, con motivo de las festividades patrias. En esta última ocasión, se le vio muy delgado y envejecido. Vinay viajaba con mucha frecuencia a los Estados Unidos. Lushanya (que era cinco años mayor que Ramón) sufría de artritis y glaucoma. Se encontraba casi totalmente ciega y debía recibir un tratamiento médico especial que sólo se realizaba en Norteamérica. Vinay se sintió obligado a vender su querido hogar en La Fustera y, en 1984, se trasladaron a Texas, me ha sido imposible confirmar si a la ciudad de Dallas o a Arlington. Aunque se preocupaba de cuidar personalmente a su mujer, por razones que nunca sabremos, ella decidió dejarlo solo y se fue a vivir con su propia familia (los Mobley) en Fort Worth, donde falleció (1990). Los hermanos de Lushanya, Ben y Robert Mobley, se las arreglaron para declarar a Vinay mentalmente incapacitado y tomaron posesión de toda la fortuna del cantante. Incluso lo enviaron a un hospital psiquiátrico en Fort Worth donde le aplicaron electro shock, lo que terminó por agravar su ya debilitada mente y cuerpo. En 1991, los hijos del primer matrimonio de Ramón, después


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de un largo proceso judicial, pudieron rescatarlo y traerlo a México. Estuvo en Villa San Agustín, una clínica geriátrica de Guadalajara, y luego tuvo que ser trasladado a Villa San Diego (1993), a un hogar para ancianos, en la ciudad de Puebla, donde el gran tenor falleció de un ataque al corazón, el 4 de enero de 1996, a los 84 años de edad. El Gobierno de Chile trajo sus restos a Santiago, recibiendo honores oficiales en el Teatro Municipal y en su ciudad natal, Chillán, donde fue sepultado en el Cementerio Municipal. Su tumba se encuentra junto a la de otros grandes artistas chilenos, Claudio Arrau, Marta Colvin, Gonzalo Rojas. Al cumplirse un año de su fallecimiento, en enero de 1997,

se publicó su biografía “Ramón Vinay: De Chillán a la gloria”, escrita en español por el periodista Carlos Bastías y el musicógrafo Juan Dzazópulos. La revista británica The Record Collector publicó en junio de 2009 un extenso y documentado trabajo (en inglés) sobre Ramón Vinay, debido a los esfuerzos del investigador, crítico y musicólogo Juan Dzazópulos, y que comprende no sólo la biografía, sino también la cronología artística y discografía completas, actualizadas a esa fecha. En la ciudad de Santiago, en la calle Agustinas entre Enrique McIver y Miraflores, y a pocos metros del Teatro Municipal, existe el “Paseo del Arte”. En él se encuentran los bustos de Gabriela Mistral, Pablo Neruda,

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Claudio Arrau y Ramón Vinay. La figura de Ramón Vinay, caracterizado como Otello, es obra del escultor German Miño. Al conmemorarse el centenario del nacimiento de Ramón Vinay (2011), se han realizado diversas actividades para honrar la memoria del gran chillanejo. El 22 de agosto se efectuó una charla audiovisual en el Teatro Escuela de Carabineros de Chile, con los panelistas Orlando Álvarez y Francisco Marín. La Municipalidad de Chillán realizó varios actos: conferencia a cargo de Francisco Marín, exhibición de la película Fantasía Ranchera, y descubrimiento de un busto del artista, obra del escultor Arturo Hevia, en la Plazoleta Sargento Aldea, en el Mercado Municipal, y un paseo que llevará su nombre.


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CENTENARIO DE VINAY CARLOS CRUZ COKE

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Aproximación a la opera en Chile

Orlando Álvarez H.

Sociedad Chilena de Amigos de la Ópera nario y, bajo el nombre de Misterios, daban tanta importancia a la música como al texto. Similar estructura tienen los llamados “Juegos”, que se representaban en Nápoles alrededor de 1285, siempre en escenarios principescos o reales. Los Autos Sacramentales de la segunda mitad del siglo XVI, con alegorías de dogmas y girando en torno al misterio eucarístico, contienen también elementos de ópera incipientes.

Entre todas las artes musicales, es la que más problemas da para definirla. La palabra misma no puede ser más vaga. En italiano, “ópera” significa “obra, trabajo” concepto que nadie dice sobre las características esenciales de esta manifestación del teatro musical que abarca prácticamente todas las demás bellas artes. Porque la ópera es música, comedia, drama, tragedia, danza, coro, ejecución orquestal, pintura, arquitectura, escultura, luminotecnia, ya sea en forma separada, o todas a la vez.

Sin embargo, la ópera propiamente tal nació en Italia. Italianos fueron los primeros compositores, libretistas y cantantes. Tal vez por eso se tiende a asociar el género con este país, en desmedro del importante aporte de otras culturas europeas, americanas e incluso orientales. Pero fue Giovanni Bardi, un noble florentino, quien comenzó a reunir en su palacio, allá por 1580, a un grupo de cantantes, poetas, compositores e instrumentistas, que formaron una “camerata” que, no obstante que el Renacimiento llegaba a su ocaso, quiso revivir a través de este género el culto por la música de la antigüedad. El resultado fue la primera

Aunque la verdadera ópera, en el concepto actual que de ella se tiene, es una de las más importantes creaciones de los tiempos modernos, sus precursores se encuentran en los tiempos más remotos. Desde la antigüedad, los pueblos cantaron sus dramas antes de hablarlos. Ya en siglo XI, Francia muestra dramas bíblicos que tenían el templo como esce-

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ópera, llamada Dafne con música de Jacopo Peri y Jacopo Corsi y libreto de Ottavio Rinuccini, basada en personajes mitológicos. Desgraciadamente, esta partitura se extravió y sólo se conserva parte de su libreto o texto. Por eso se considera como la primera ópera de la historia a Eurídice, segundo producto de la “camerata” Fiorentina. La música fue compuesta también por Jacopo Peri, esta vez con la colaboración de Giulio Caccini y nuevamente escribió su texto Ottavio Rinuccini. Su estreno tuvo un imponente marco: las bodas de María de Medicis con el Rey Enrique IV de Francia en el Palacio Pitti de Florencia. El 6 de octubre de 1600, en los Jardines de Boboli, vecinos a dicho Palacio, y ante una concurrencia de sangre azul, Eurídice inició la vigencia de un arte que perdura hasta la fecha y que está más vivo que nunca. Su llama arde hoy tanto en Milán como en Tokyo, en Nueva York como en Tel Aviv, en Moscú como en Estocolmo, en Sidney como en Santiago. Públicos entre los cuales se cuentan muchos jóvenes, cultos como nunca antes


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pañarlo, dejando Isidora tras de sí un mundo de selección artística donde habría podido brillar con luz propia. A su llegada a Santiago, conoció algunos extranjeros que se reunían a interpretar música de grandes maestros. No tardó mucho en convencerlos de incorporar óperas a esas tertulias y así fue como se oyeron arias, duetos y conjuntos de “Seminaris” y “La urraca ladrona” de Rossini y “Las Bodas de Figaro” de Mozart.

en los auditorios operáticos, son capaces de llenar recintos para miles de espectadores como Verona o Caracalla. La televisión transmite en vivo y en directo funciones y conciertos de ópera para su difusión masiva. Hoy en día no sólo se editan óperas completas en discos que han alcanzado la perfección del Laser o Compact, sino que también se venden comercialmente videos de representaciones líricas con una calidad visual y sonora cada vez más relevantes. Libros, filmes, revistas, agrupaciones culturales destinados a promover la ópera florecen hoy más que nunca. Todo ello contribuye entonces a la continuidad de este género musical rico y complejo.

Tanto aumento la afición por la música que, al impulso de este grupo, se creó en 1827 la Sociedad Filarmónica, la cual funcionó durante mucho tiempo en la llamada casa de los Velasco, que existe hasta hoy en Santo Domingo con Mac Iver, y donde últimamente tuvieron su sede capitalina el Senado y el Tribunal Constitucional. Allí se representaron por primera vez escenas de algunas óperas de Rossini y Mozart, y desde ese momento se considera en la actualidad que se puede hablar oficialmente de ópera en Chile. El 26 de abril de 1830, pocos días después de la batalla de Lircay, una compañía de ópera italiana estrenó “El Engaño Feliz” de Rossini, convirtiéndose en la primera representación de una

La ópera en Chile La ópera se conoce en Chile desde 1827 gracias a Isidora Zegers, quien logró con ello que nuestro país fuera uno de los primeros en Latinoamérica en conocer este género artístico. Nacida en Madrid en 1803, era hija de un diplomático flamenco, cuya agitada vida llevó a la familia muy pronto a París, donde sus extraordinarias condiciones vocales la llevaron a ser solista de la Capilla Real de Luis XVIII, siendo su actuación elogiada por el propio Gioacchino Rossini. Pero al ser su padre contratado por el gobierno de O´Higgins para organizar en nuestro país el Ministerio de Relaciones Exteriores, toda la familia debió acom-

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ópera completa de nuestro medio. El evento no tuvo lugar en Santiago, sino en Valparaíso, lo cual no debe extrañar a nadie, puesto que en esa época nuestro principal puerto era importante centro cultural del Pacífico. Fue en el salón de los hermanos Cifuentes, ubicada en la calle Juan de Dios, donde se representó no sólo la ópera aludida, sino que en días posteriores subieron a escena “El Barbero de Sevilla” y “La Urraca Ladrona”, ambas de Rossini. La compañía se trasladó a Santiago, donde existía el teatro Principal, ubicado en la Plazuela de la Compañía, que corresponde a la actual plaza Montt–Varas. Para la función inaugural, se eligió nuevamente “El Engaño Feliz” de Rossini, contando el evento con la asistencia del presidente Ovalle y del multiministro Diego Portales. Transcurrieron luego más de catorce años sin representaciones de ópera. Tal vez influyó en ello la poca calidad de los cantantes que intervinieron en las representaciones del Teatro Principal, limitándose la actividad a conciertos y recitales de beneficencia, en los cuales se destacaba siempre Isidora Zegers. Fue la propia Isidora, sin embargo, quien interesó a los


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empresarios chilenos, en combinación con el pintor Mauricio Rugendas para traer a Chile, en 1844, una importante compañía italiana que estaba actuando con gran éxito en Lima, encabezada por dos figuras de renombre internacional: Teresa Rossi y Clorinda Pantanelli. Como era lógico, la compañía llegó primero a Valparaíso, pasando luego a la capital, donde ahora existía un teatro denominado De la Universidad, una de las viejas salas de la colonial Universidad de San Felipe, la cual había sido adaptada para espectáculos en 1840 y que ocupaba el mismo sitio en que hoy se encuentra el Teatro Municipal.

Toda esta intensa actividad artística hizo nacer la urgente necesidad de dotar a Santiago de un teatro de calidad, por lo que en 1847, el Presidente Bulnes envío a las Cámaras un proyecto en tal sentido. El momento era propicio, porque Chile había adquirido en esa época una fisonomía singular que contrastaba beneficiosamente con el resto de las repúblicas del continente. Había estabilidad financiera, gran desarrollo de las obras públicas, impulso a la educación y, por sobre todo, afianzamiento de la conciencia nacional y la madurez cívica.

El éxito de estos ciclos operáticos fue tal que, a contar de ese año, hubo actividad constante no sólo en las ciudades ya mencionadas sino que otros lugares del país como Copiapó, La Serena y Concepción. Santiago adquirió un segundo teatro, el De la República, ubicado en la actual calle Puente, el cual no obstante sus adelantos, no podía competir con el reciente inaugurado Teatro Victoria de Valparaíso,, que lo superaba en todo sentido, disputando y a veces arrebatando a la capital el cetro de los espectáculos líricos.

Los encargados de la construcción del nuevo teatro fueron el arquitecto Francisco Brunet de Baines y el ingeniero civil Augusto Charme, quienes contaron con la cooperación del famoso arquitecto francés Charles Garnier, creador de la Ópera de París. El 17 de septiembre de 1857, ante una concurrencia de 2.500 personas y con la presencia del Presidente Mont, se representó Ernani, de Verdi, en medio del entusiasmo delirante del público santiaguino. Si bien la primera temporada fue más bien breve, no ocurrió lo mismo con las que prosiguieron.

Nace el Teatro Municipal de Santiago

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Entre las actuaciones en Santiago y Valparaíso, y las que fueron agregándose en otras ciudades del país, las compañías a veces superaban el año con actuaciones continuadas. De 1858, en que se representaron diecinueve óperas diferentes, se llegó diez años después a más de treinta, aumentándose también la cantidad de funciones de cada una de ellas. Desgraciadamente, el Municipal de Santiago fue presa de las llamas en 1870, y el Victoria de Valparaíso lo fue en 1877. Ambos fueron reabiertos posteriormente, encomendándose la reconstrucción del primero al arquitecto Luciano Renault, quien mantuvo la idea original de Brunet de Baines. Nuevos teatros se agregaron posteriormente al esquema operático, destacando entre ellos el de Antofagasta en 1889 y el de Iquique en 1890, conservándose este último hasta hoy en día.1

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Una década de ópera en el Teatro Municipal de Santiago, Santiago, Teatro Municipal, Santiago, 1999.


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Ramón Vinay en el Metropolitan de New York Orlando Alvarez Hernández

Sociedad Chilena de Amigos de la Ópera Dado el gran entusiasmo con que Chile y sobre todo, Chillán, han festejado el centenario del natalicio de Ramón Vinay, parece oportuno recordar que nueve chilenos han actuado en el Metropolitan Opera House de Nueva York, siendo el mayor contingente latinoamericano que ha pisado sus escenarios. Los siguen, en el mismo orden, México (8), Argentina (7), Puerto Rico y Cuba (5), Brasil, Venezuela y Perú (3) Uruguay, Costa Rica y Guatemala (1). De los chilenos que han actua-

do en ese teatro, Vinay ha sido hasta el momento quien ha tenido la carrera más prolongada de todas. Lo siguen Renato Zanelli, Carlo Morelli, Claudia Parada, Victoria Vergara, Graciela Araya, Verónica Villarroel, Cristina Gallardo-Domas y Ángela Marambio. 20 años duró la carrera de Vinay en el Metropolitan: desde 1946 a 1966 y durante ella abordó una serie de personajes operáticos, cantando 174 funciones de 15 óperas en tres idiomas diferen-

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tes: italiano, alemán y francés, tal como lo revelan las acuciosas investigaciones de Geral Fitzgerald en Estados Unidos y Juan Dzazópulos en Chile. Cuando conversamos con Vinay en Chile en 1966, año que interpretó al Baron Scarpia en “Tosca”, recordó que mientras cantaba, cuando era muy joven, Don José en “Carmen” en el City Center de Nueva York, en 1945, se la abrió la oportunidad de audicionar para el Metropolitan, logrando así su primer contrato en este teatro.


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Fue así como Ramón Vinay debutó en el Metropolitan el 22 de febrero de 1946 en “Carmen” de Bizet, junto a Lily Djanel, una famosa cantante belga que había hecho noticia por haber huido de Francia con motivo de la invasión nazi. Micaela y Escamillo fueron Florence Quartararo y Robert Merrill, dirigiendo Wilfred Pelletier. Pocos días después, actuó en un Concierto de Gala junto a destacados cantantes de ese tiempo: Dorothy Kirsten, Regina Resnik, Astrid Varnay, Robert Merrill y Arthur Carron, entre otros. Vinay interpretó en esa ocasión el Aria de la Flor de “Carmen”. El éxito alcanzado en ambas funciones le valió ser contratado para la siguiente temporada (1946–47) para “Aida”, “Carmen”, “I Pagliacci”, “Otello” y “Luisa” de G. Charpentier. El rol de Radamés en “Aida” no fue nunca fácil para Vinay. Sin embargo, el Metropolitan lo contrató para varias temporadas, en que alternó con artistas de gran nivel: Zinka Milanov y Ljuba Welistch (como Aida), Blanche Thebom y Cloe Elmo (como Amneris) y Leonardo Warren y

Robert Merrill (Amonasro). En Chile no tuvo muy buenas críticas durante la temporada de 1948, cuando lo interpretó junto a Maria Caniglia y Fedora Barbieri. En el Metropolitan cantó 12 veces este rol, pero pronto lo sacó de su repertorio. En cambio, don José en “Carmen”, además de ser su rol de debut, fue uno de los que más fama le dio, lo que es comprensible al escuchar las selecciones de esa ópera editada en esa misma época por RCA Victor con Gladys Swarthout, Licia Albanese y Robert Merrill, bajo la dirección de Erich Leinsdorf. En las 30 funciones de “Carmen” que cantó en el Metropolitan entre 1946 y 1953, la mayoría tuvo como protagonista a Rise Stevens, que en ese momento era 62

la primera mezzo-soprano del Metropolitan (Fedora Barbieri lo acompañó en una sola); en los demás roles se alternaron artistas de la talla de Eleanor Steber, Hilde Gueden y Licia Albanese, como Micaela, y Robert Merril y George London, como Escamillo. Jonel Perlea y Fritz Reiner. Otro de sus grandes éxitos fue Canio en “I Pagliacci” (y uno de los que más a menudo interpretó durante su carrera). En el Metropolitan cantó 26 funciones, entre 1948 y 1955, junto a la argentina Delia Rigal y Lucine Amara, que se alternaron como Nedda, siendo el rol de Tonio compartido nada menos que por Leonard Warren y Giuseppe Valdengo. Director: Alberto Erede. Pero sin duda fue el rol protagónico de “Otello” de Verdi su


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mayor logro artístico y, por ello, siempre se le ha incluido entre los máximos intérpretes de la historia de esa ópera. En el Metropolitan cantó 18 funciones entre 1946 y 1952, bajo la dirección de Fritz Busch y Fritz Stiedry. Como Desdemona se alternaron Licia Albanese, Eleanor Steber y Delia Rigal, en tanto que Leonard Warren y Giuseppe Valdengo lo hicieron como Iago. La función de “Otello”, realizada el 29 de noviembre de 1948, fue la primera a nivel mundial en ser transmitida por televisión. Desgraciadamente, hasta el momento no se ha logrado encontrar un registro fílmico de esa función, lo que me fue confirmado por la propia soprano que interpretó Desdemona, Licia Albanese, durante una gala en honor de James Levine a la que tuve la oportunidad de asistir en el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, en 1996. Sólo existe un CD con la banda de sonido. Delia Rigal, la otra “Desdemona” de Vinay en el Metropolitan, fue una gran soprano argentina que cantó en ese teatro durante siete temporadas a contar de 1950. En Chile, la escuchamos en “La Traviata” y “La Boheme” (1944) y en “Il Trovatore”, “Otello” y “Tosca” (1952). La última ópera de esta primera temporada de Vinay en el Metropolitan fue, curiosamente, “Luisa” de G. Charpentier, ópera que puede considerarse contemporánea y que es raramente representada a pesar de sus indudables valores. El rol del romántico Julián es para un tenor lírico, lo cual no se ajustaba precisamente a la voz de Ramón, y por lo mismo no tuvo mayor impacto en la crítica y sólo la cantó dos veces: una en Nueva York, y la segunda, en Boston, en la gira del Metropolitan. En esta ópera, el rol titular estuvo a cargo de la soprano Dorothy Kirsten (que posteriormente filmó “El gran Caruso” junto a Mario Lanza) siendo los otros protagonistas, los “viejos tercios” del Metropolitan: Margaret

Harshaw, John Brownlee, Nicola Moscona y Alessio de Paolis.

Kirsten Flagstad, Martha Modl y Birgit Nilsson.

Durante la temporada 194950, a los ya conocidos, Vinay agregó el rol protagónico de “Sanson y Dalila”, alternándose como la sacerdotisa Risa Stevens y Blanche Thebom, bajo la dirección de Jonel Perlea. Sanson fue un rol que Vinay interpretó 20 veces en el Metropolitan entre 1949 y 1956.

En 1953-54, la novedad fue el primer “Tannhauser” de toda su carrera, ópera que cantó 10 veces en el Metropolitan, entre 1953 y 1955, y en que tuvo la oportunidad de compartir escena con Astrid Varnay y Margaret Harshaw como Elizabeth, Blanche Thebom y Regina Resnik como Venus, George London como Wolfram y Jerome Hines como Heinrich. Dirigió Max Rudolf.

El 28 de febrero de 1950, como parte del homenaje a Edward Johnson que se retiraba después de 15 años como director general del Metropolitan, una vez finalizada una representación de “Tosca” con su elenco estelar: Ljuba Welistch, Ferruccio Tagliavini y Lawrence Tibbett, sesenta grandes cantantes se presentaron con vestuario y maquillaje en escenas de producciones de la era Johnson. Entre ellos estaban Jan Peerce, Leonard Warren, Lucrezia Bori, Giuseppe de Luca, Giovanni Martinelli, Raoul Jobin, Jarmila Novotna, Eleanor Steber, Richard Tucker, Regina Resnik, Astrid Varnay y Kurt Baum. Al culminar el homenaje, aparecieron en el escenario otros 80 cantantes, entre los cuales estaban Ramón Vinay, Marjorie Lawrence (cuya vida conocimos en la Película “Melodía Interrumpida”), Cloe Elmo, Max Lorenz, Alexander Sved y Robert Weede, quienes entregaron a Johnson una enorme cantidad de regalos provenientes de cantantes de todas partes del mundo. En breve discurso, Johnson reconoció que durante su régimen debió afrontar la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, pero agregó: “He sido muy feliz en el Metropolitan, a pesar de todo”. En la temporada 1950-51, Vinay incorporó la ópera “Tristán e Isolda” que le permitió abordar otro de sus roles más logrados, tal vez el equivalente en Alemán a su “Otello” en Italiano, o a Don José en “Carmen”, en Francés. Lo interpretó 24 veces entre 1950 y 1961. Aquí tuvo notables compañeras, las más grandes del siglo, como lo fueron Helen Traubel, 63

Para la temporada 1954-55 también hubo un nuevo rol: Herodes en la ópera de R. Strauss, “Salomé”. En esta ópera, sus compañeras en el rol protagónico fueron Christel Goltz, Inge Borkh, Jane Rhodes y alternándose como Jokanaan, Paul Schooeffler y Walter Cassel. Dirigió Dimitri Mitropoulos. En los años 1956-57, sólo participó en el repertorio alemán, haciendo tres roles de la Tetralogía wagneriana: Loge en “El oro del Rhin”, Siegmund en “La Valkiria” y Siegfried en “El Crepúsculo de los Dioses”, el primero y el tercero por primera vez en su carrera. Al consultarle por el rol titular de “Siegfried” nos manifestó que nunca había querido cantarlo porque le parecía que excedía sus capacidades vocales. Una constelación de estrellas wagnerianas lo acompañó en estas óperas: Herman Uhde y Otto Edelmann (Wotan), Blanche Thebom (Fricka), Marianne Schech e Inge Borkh, (Sieglinde) y Martha Mold (Brunnhilde). En la temporada 1957-58 incorporó “Parsifal” como novedad junto a Martha Modl, George London y Jerome Hines, dirigiendo Fritz Stiedry, ópera que interpretó cinco veces entre 1948 y 1961. En 1959-60 volvió a cantar “Tristán e Isolda” en el debut de Birgit Nilsson, alternándose Christa Ludwig, Mignon Dunn e Irene Dalis, como Brangane, dirigiendo Karl Bohm En una de las funciones de


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1959 se produjo un hecho anecdótico: habiendo cancelado Vinay por afonía después del primer acto, fue reemplazado por Karl Liebl, que a su vez también se indispuso, debiendo Albert Da Costa cantar el tercer acto. Birgit Nilsson, una joven Isolda en ese tiempo, comentó sonriente que gracias a estos cambios, su Tristán había rejuvenecido durante el transcurso de la ópera… En 1960-6, intervino en dos funciones de “Elektra” con Inge Borkh, Leonie Rysanek, Jean Madeira y Herman Uhde. Vinay volvió a encontrar un rol muy apropiado en Egisto, el vicioso amante de Klitemnestra que le ayuda a asesinar a su marido, el Rey Agamenon, cuando éste regresa de la Guerra de Troya. Al final, Egisto es ultimado junto a la vil reina por el hijo de ésta, Oreste, quien ha sido inducido para ello por su vengativa hermana Elektra. Muchos líricos podrán encontrar desconcertante que Vinay, que en el Metropolitan hasta ese momento había interpretado sólo roles de tenor, románticos por excelencia, decidiera aceptar aparecer en la temporada 196566 del Metropolitan, en un rol de bajo, y por añadidura, bufo. Conversando sobre sus cambios de registro cuando vino a Chile para nuestra temporada 1966, nos comentó que el año anterior la Ópera de San Francisco le había ofrecido participar en un interesante desafío: interpretar el rol de Don Bartolo tanto en “El Barbero de Sevilla” como en “Las Bodas de Figaro”, que es la continuación de la primera, con la diferencia que una es de Rossini y la otra de Mozart. Los estilos son distintos y se requiere de grandes cantantes para realzar la diferencia. El proyecto, además, repetía a Reri Grist como Rosina y Susana y a Geraint Evans como los dos Figaro. El director, Regisseur y demás maestros también eran los mismos para darle unidad a ambas óperas.

el director del Metropolitan, Rudolf Bing, le pidió que hiciera al menos una función en la temporada 1965-66 como don Bartolo en el Metropolitan, donde repitió el éxito de San Francisco. En esa función de El Barbero de Sevilla el elenco estuvo integrado por Roberta Peters, George Shirley, Frank Guarrera y Giorgio Tozzi, dirigiendo Silvio Varviso. No tiene nada de extraño que Vinay cambiara de registro, puesto que él inició su carrera en México en 1931 como el Rey Alfonso en “La Favorita” de Donizetti, que es un rol de barítono, y durante varios años abordó el principal repertorio para dicha cuerda: el Conde de Luna en “II Trovatore”, Amonasro en “Aida”, Barnaba en “La Gioconda”, “Rigoletto”, Scarpia en “Tosca” y Germont en “LaTraviata”. Es del caso mencionar que muchos famosos tenores han iniciado su carrera como barítonos: Lauritz Melchior, Carlo Bergonzi, Renato Zanelli, Carlo Guichandut, Jean de Reszke y Plácido Domingo. En cuanto a Domingo, en esta etapa de su carrera ha vuelto a su registro original de barítono protagonizado “Simon Boccanegra”. Después de 13 años de carrera como barítono, Vinay debutó como tenor en 1944, y nada menos que en el rol titular de”Otello”, incorporando posteriormente los demás roles analizados para volver, en 1962 a su primitivo registro de barítono en Bayreuth como Telramund en “Lohengrin”, cantando también posteriormente otros roles de esa cuerda (Falstaff, Iago y Tonio, entre otros) e incluso roles de bajo, como los citados Dr. Bartolo, el Gran Inquisidor de “Don Carlo”, Varlaam en “Boris Godunov” y Pizarro en “Fidelio”.

Es indudable que Vinay dejó un gran recuerdo en el Metropolitan, como lo demostró la cantidad de saludos recibidos de ese teatro en la Función de Gala de Otello, realizada en La actuación de Vinay fue tan nuestro Teatro Municipal, en bien recibida por la crítica, que que se retiró del canto en Chile 64

en 1969, interpretando el rol de Iago y asumiendo, por última vez en su carrera, el rol protagónico en el último acto. Otra destacada soprano chilena, Nora López, lo acompañó en el rol de Desdemona en esa inolvidable y emotiva función. Como miembros, en esa época, de la Corporación de Arte Lírico, fuimos testigos de la enorme cantidad de saludos que provenían de grandes cantantes del Metropolitan: Astrid Varnay, Blanche Thebom, Marie Collier, Regina Resnik, Irene Dalis, Sherrill y Nancy Milnes, Mignon Dunn, Richard Cassilly, Walter Cassel, Robert Merrill y los ejecutivos Francis Robinson y Rudolf Bing. Uno de ellos escribió “Privilegiada la generación que pudo escuchar el “Otello” de Ramón Vinay”… En 1983, Vinay asistió como invitado especial a la gran Gala Lírica con que el Metropolitan celebró su centenario en el escenario del Lincoln Center. En esa ocasión, estuvo junto a Zinka Milanov, Eleanor Steber, Bidu Sayao, Dorothy Kirsten, Cesare Valletti, Ferruccio Tagliavini, Erna Berger y otros grandes cantantes. El retrato de Ramón Vinay, como “Otello” está en la Galería de Grandes Cantantes del Metropolitan Opera House de Nueva York junto a otros grandes de la ópera mundial, y su nombre ha figurado en todos los más importantes teatros del mundo. En Italia: la Scala de Milán, Arena de Verona, San Carlo de Nápoles, Termas de Caracalla, Ópera de Roma, Maggio Musicale Florentino; en Estados Unidos, además del Metropolitan, Ópera de Chicago, Ópera de San Francisco; en los Festivales de Salzburgo y Bayreuth; y en América Latina, en el teatro Bellas Artes de México, Municipal de Río y Colón de Buenos Aires, entre otros. A cien años del natalicio de Ramón Vinay, sea este artículo un merecido homenaje a su memoria.


Recuerdos de Vinay

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Carmen letelier Corría el año 1969, estudiaba yo en el Con- en búsqueda de jóvenes talentos para la ópera. servatorio Nacional de la U de Chile, y denEn esa oportunidad, en la cual también pretro de nuestras actividades, estaba el Curso de Opera, dirigido por la maestra Clara Oyuela y sentamos la famosa escena de Suor Angélica de Puccini, en la cual la Zia Principessa (yo) revela el profesor Federico Heinlein. a Suor Angélica (Mary Ann Fones) la muerte Recuerdo que habíamos preparado para el de su hijo, Orlando quedó muy impresionado examen final la famosa escena de Clitemnespor mi actuación, por lo cual me propuso para tra con Electra en la opera Electra, de Richard cantar en el Municipal el rol de Emilia en OteStrauss, trabajo que para nosotros, noveles cantantes, era en realidad una hazaña, tanto llo, de Verdi. por las dificultades musicales, como vocales y escénicas de dichos personajes.

Pero no era sólo eso: venía nada menos que Ramón Vinay para hacer la regie y para cantar El crítico de ópera y gran impulsor del re- el rol de Yago, el malvado, y yo era su esposa. nacimiento de la ópera en el Teatro MuniciEl rol de Otello lo hacía el tenor italiano pal, don Orlando Álvarez, miembro a la sazón de la Corporación Cultural del Teatro, junto a Humberto Borsó y Desdémona la hacía la otros próceres como el alcalde Manuel Fernán- gran soprano chilena Nora López. La direcdez, Alfonso Letelier, Juan Pablo Izquierdo y ción musical estaba a cargo del maestro Antón otros, asistía a nuestras presentaciones siempre Guadagno. 65


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Trabajar con él era como estar dentro de un huracán, no había espacio para distracciones ni qué hablar de cansancio. Su concepto de la obra era de una vitalidad fantástica, los personajes se recortaban en el escenario con una vivacidad extraordinaria, y cada uno de nosotros debía reaccionar y responder a su magistral actuación.

Sólo al final, cuando descubre la horrible tragedia que se ha producido, reúne fuerzas suficientes para enrostrarle sus maniobras tendientes a exacerbar los celos de Otello y producir por fin el dramático desenlace del crimen de Desdémona y del posterior suicidio de Otello. Pero ya es tarde, y su desesperación y horror no conocen límites.

Otello es una historia de tremenda intensidad, en la cual el maligno personaje de Yago va poco a poco envolviendo al noble Otello en una red de sospechas, poniendo trampas frente a la inocente Su arrolladora personalidad Desdémona y al enamorado nos elevaba a todos y nos obli- Casio, trampas que sólo Emigaba a dar lo mejor de cada lia sospecha, pero, es tal el teuno, convirtiendo nuestra ac- mor que tiene de su marido tuación en algo verdadero y Yago, que no osa enfrentarlo ni menos descubrirlo. vivo.

Ramón Vinay nos llevaba, con su interpretación, a un crescendo ininterrumpido de intensidad, que desembocaba en esta escena final.

Desde los primeros ensayos, pudimos apreciar cómo Ramón, con una impresionante capacidad de trabajo y con su enorme experiencia en las tablas, especialmente en esta ópera, combinaba la dirección escénica del elenco con su propia actuación, que era magistral. Tenía el don de aparecer en el escenario y con su sola presencia, antes de cantar, lo llenaba y transmitía la fuerza y el poder maligno del inolvidable personaje de Shakespeare. En cuanto a su canto, era un prodigio de belleza vocal, de expresividad y de transmisión de emociones.

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Como sabemos, el rol de Otello fue uno de sus roles predilectos cuando aún cantaba en el registro de tenor, y uno de los que lo hizo famoso en el mundo. Pero ya cuando vino a Chile hacía algún tiem-


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po que cantaba roles del registro de barítono.

con todos, su capacidad de trabajo.

Se sentaba en la platea y encargaba a uno de los auxiliares del Teatro: “Hijo, tráeme por favor, cada 20 minutos, un lomito del Paula (restaurante vecino al Municipal que era Creo que ha sido una de frecuentado por todos los múlas experiencias artísticas más sicos), y realmente mantenía impresionantes de mi carrera, su frenético ritmo de trabajo puesto que se sumaba a su im- y esfuerzo sin decaer durante ponente actuación, la emoción las muchas horas de ensayos colectiva del público y de to- diarios. dos los músicos participantes Además de su trabajo inen la producción, quienes tecansable como regisseur y níamos la conciencia de estar viendo por última vez la actua- cantante, se daba tiempo para ción de un genio de la ópera, recibir a los muchos visitantes el que fue llamado “el tenor” que le traían sus saludos, regalos de Chillán (longanizas desde Europa. de luego) flores, cartas, telegraPero también quiero recor- mas, en fin, era una corriente dar su lado humano, su senci- ininterrumpida de gente que llez, su simpatía, su paciencia quería verlo, saludarlo, pedirle Sin embargo, por ser esta temporada la última de su carrera, quiso cantar en la última función, la última escena de la ópera en el rol de Otello.

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autógrafos, etc. Y él siempre estaba fresco, animoso, simpático, paciente. Gran Ramón, grande en todos los sentidos, musical, vocal, actoral, personal. Fue una lástima que no se quedara en Chile para haber formado una Escuela de Ópera, y pienso que tenía esa intención, pero desgraciadamente, como ocurre muchas veces en Chile, no supimos aprovecharlo. Doy gracias a Dios de haberme dado la oportunidad de haber podido conocerlo tan de cerca y sobre todo, haber compartido escenario con él, yo como debutante absoluta en la ópera y él como su despedida.


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CANTAR con Vinay

Nora López y Carlos Haiquel Cantantes líricos

En la búsqueda de las huellas de Vinay en Chile, apareció una y otra vez, el nombre de Nora López Von Vriessen, estimada por muchos incumbentes como “una soprano magistral”. Con esa orientación llegamos a su departamento de calle Miraflores en la capital. La recepción se tornó cordialísima cuando se enteró del motivo de la visita: “Claro que sí, nos dice con sentida vocación, tengo mucho que conversar sobre Ramón, cantamos y viajamos por el país, por Chillán, Concepción, Rancagua, Viña del Mar, Linares, Panimavida…”. Comenzamos por situar a Nora en Santiago, nació el 10 de octubre de 1929. Se le ilumina el rostro para contarnos que ese mismo día nació Giuseppe Verdi, “Verdi ha estado en mi repertorio, me llamaban soprano verdiana… mi voz era una verdadera trompeta”. Descubrimos que fue autodidacta, “en sacar la voz nadie me enseñó, fui al Conservatorio para estudiar un curso de ópera, repertorio y música; todo me fue relativamente fácil porque traía una

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buena voz de origen… estuve 40 años en Europa cantando en los más variados escenarios, más de 50 obras conforman mi repertorio”. “Tengo una vinculación cargada de afecto con Chillán, mi padre fue jefe de Correos de Chile en esa ciudad, allí fui a la escuela, comencé a descubrir el mundo, una hermana nació ahí y se considera con mucho orgullo una chillaneja más. Ya ve que tengo sobradas razones para colaborar con ustedes en el homenaje a Vinay que preparan, incluso estoy dispuesta para reunirme con gente que cultiva el canto para entregarles mis conocimientos y experiencias”. Su vinculación con Vinay comenzó cuando Ramón estaba ensayando tras las bambalinas y desde ahí escuchó una voz que estaba haciendo su presentación para ser considerada por severos críticos. Luego la buscó para felicitarla y le dijo: “tienes una voz privilegiada, llegarás lejos, pero este camino exi-


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ge una entrega total…”. Actuó con Vinay en dos grandes óperas Tosca y Otello en el Teatro Municipal de Santiago (1969). La valoración que Vinay hizo de su acompañante se condensa en una dedicatoria de una gran fotografía que nos muestra con orgullo: “Mi querida Nora: pocas veces en mi larga carrera encontré una soprano con tanto talento como tú. Eres un genio y una dama. Te deseo todo lo que te mereces. Agradecido de haberte conocido. Tuyo de corazón” (1969). “Con Ramón cantamos y viajamos muchas veces, como no recordar aquella inolvidable ceremonia cuando se conmemoraron los 150 años de la Canción Nacional en la plaza de la Constitución, allí estuvo la orquesta y coro de Vicente Bianchi que ya despuntaba con su tremendo genio. Estuvimos en Chillán, en el Tedeum, la medialuna, canté a los huasos Yo vendo unos ojos negros, la peña Violeta Parra, recorrimos calles en medio del aplauso y vítores del público, cuantas veces estuvimos en las Termas de Panimávida, mire usted esta hermosa fotografía. Guardo de Ramón los mejores recuerdos del artista y la persona, qué duda cabe, es el mejor cantante chileno de todos los tiempos y una de las personas más encantadoras que he conocido en mi vida”. La plática ha terminado. Una valiosa oportunidad que nos deja una conclusión recurrente: es urgente recuperar voces testimoniales vinculadas a nuestras figuras mayores. Esas voces enriquecen las biografías como un coro virtual

que acompaña y ensancha el escenario con sus propias biografías. Parece que a Vinay en Chile lo encontraremos siempre cercano a Nora López para quien el gran lírico chillanejo fue no sólo un compañero en el escenario, también un amigo inolvidable. Carlos Haiquel Eblen. Hace tiempo que está retirado de las pistas, cuida su corazón y sus emociones por eso se sorprende de nuestro llamado pero accede a recibirnos en su casa de Ñuñoa cuando se entera del propósito de la conversación.

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“¿Vinay? ¡Qué gusto me da saber que haya preocupación por este gigante de la lírica tan olvidado en Chile… si supieran lo que Vinay fue en el mundo de la ópera a escala internacional su biografía habría merecido una fuerte presencia en la conmemoración del Bicentenario de la República. Pero así es Chile, la ingratitud con los chilenos mayores contrasta con el entusiasmo por ídolos faranduleros cuyo destello se desvanece rápidamente”. Carlos nació en Santiago (1929), pertenece a una familia de origen libanés cuyo padre can-


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taba con excelente registro canciones folclóricas de la tradición árabe. “Por ahí nos dice viene su inclinación por el canto; el artista nace, no se hace, la formación mejora las aptitudes pero no puede crearlas”. Estudió en el Liceo Amunátegui de Santiago en cuyas fiestas escolares destacó por sus interpretaciones de canciones popularizadas por Leo Marini y Alberto Castillo. Nos cuenta que cuanto el padre advirtió las dotes del hijo y cautivado por el canto decidió enviarlo a estudiar a Italia donde permaneció diez años estudiando y abriéndose paso en diversos escenarios. En 1955 actuó en el Teatro Municipal con gran éxito y de ahí vino la invitación para cantar con Vinay. “A Ramón lo había conocido al término de su actuación en el Teatro Scala de Millán donde interpretó El Cyrano de Bergerac, fuimos con un amigo a saludarlo al camarín donde nos recibió con gran cordialidad cuando nos identificamos como chilenos. En 1969 me correspondió actuar con Vinay en la ópera Falstaff, oportunidad en que estrechamos relaciones para descubrir su enorme fortaleza, cordialidad, simpatía, todo lo cual le aseguraba éxito no sólo en los escenarios también fuera de los mismos sobre todo ante las mujeres entre las cuales los suspiros por Ramón abundaban”. En 1970 viajé a Chillán con Vinay, creo que fue para el Centenario del diario La Discusión, con cuyo director lo unía una gran amistad. Tuvo un recibimiento de Papa que aceptó con emoción y alegría. Chillán echó la casa por la ventana, ceremonias en la Catedral, la Municipalidad y humoradas con los huasos chillanejos que le ofrecieron todas sus gracias ecuestres incluida una pelea de gallos, fueron tres días que parecieron quince. Se entera de nuestros afanes

por traer a la memoria de los chilenos y, muy especialmente, de la región en que nació lo esencial de su vida y su obra: “! Los felicito de todo corazón, los chilenos somos muy mal agradecidos con quienes le han dado al país lo mejor de sus vidas y grandes triunfos internacionales. En la TV sobra el tiempo para la farándula pero muy poco espacio para la difusión del arte y la cultura. Ramón sólo es conocido en el ambiente del mundo cultural y dentro de éste en un círculo aún más restringido el que se mueve en torno a la ópera. Por fortuna en el canal de TV Senado hay programas culturales de verdadera jerarquía especialmente los días domingo. Veo que ustedes están haciendo en Chillán una linda obra para rescatar del olvido a tantos chilenos ilustres, vuestras publicaciones me asombran por una calidad que no se encuentra en Santiago. ¡Cómo no sentir que Vinay es un gran olvidado! Déjeme contarle que en el ambiente del mundo lírico italiano escuché más de una vez que al término de la guerra, el maestro Arturo Toscanini debía reabrir el Teatro Scala de Millán, buscó a Ramón Vinay para tan histórica ceremonia, quien interpretó Otello. Escuche bien, me lo contaron diversos testigos: Vinay recibió cuarenta cortinas en uno de los escenarios más famosos del mundo y con uno de los públicos más ilustrados en el mundo de la ópera. ¡Cuarenta cortinas, cuántos chilenos lo saben y si lo supieran cuántos serían capaces de valorar esa hazaña!”. Revisando mi archivo leo en una crónica publicada en el diario El Sur (05-I-1996), con ocasión de su muerte rememorar aquella actuación histórica de Vinay: “Anoche tituló un diario de la época, hubo humo blanco en el Teatro Scala de Millán. Era la

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consagración. Fue el más brillante Otello que se recuerde hasta su retiro en 1969 cuando interpretó el personaje en el Teatro Municipal de Santiago”. Al finalizar el diálogo sale a la palestra un tema no buscado: “Yo grabé el himno del Club Deportivo de la Universidad de Chile, esa hermosa letra de Julio Cordero”. Con mi acompañante, ambos feligreses entusiastas del chuncho exclamaos al unísono ¡qué…! “Si amigos, nos dice, respira hondo y sale un tremendo vozarrón de un cuerpo más bien pequeño: “¡ser un romántico viajero y el sendero continuar…!”. Celebramos la evocación de aquellos memorables Clásicos Universitarios. “También grabé, agrega, los himnos deportivos de la Universidad Católica y del Colo Colo”. Celebramos la revelación, ahora sin tanta euforia, por razones obvias, pero con la misma sorpresa. ¿Cuántos hinchas sabrán que una voz aplaudida en el Teatro Municipal de Santiago y en grandes escenarios europeos ha cantado sus himnos? Sí, nuestro amigo Carlos, personaje del reino de este mundo, también se dio tiempo para poner su hermosa voz al alcance de la alegría de cuanta gente común.


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Vinay y los huasos Chillanejos Ramón de la Fuente Club de Rodeo Chileno de Chillán

Ramón Vinay vino a Chillán en 1970 invitado por el director del diario La Discusión, que conmemoraba el centenario de su fundación. En ese marco, los huasos chillanejos tuvimos la oportunidad inolvidable de compartir con él largas horas sin protocolo. En estas circunstancias Vinay pudo disfrutar “a concho” y tener la remembranza de su niñez, vivida junto al Mercado de Chillán impregnado de campo y tradiciones, que jamás olvidó y que ansiaba revivir. Vinay llegó a Chillán vía aérea, las autoridades correspondientes lo fueron a recibir al aeródromo de San Ramón. Los huasos se hicieron presentes para presentar su admiración por un grande de los nuestros. El tradicional saludo huaso, que se hace a las personas importantes a través del trago de

chicha en cacho; más los fuertes y sinceros abrazos, fueron la válvula que dio paso a esa amistad que nació de instantáneo y en forma recíproca, y que se acrisoló en las jornadas siguientes. El traslado hasta el centro de la cuidad, Vinay lo hizo sobre un hermoso carruaje antiguo tirado por caballos y conducido por un huaso. Adelante, abriendo paso, nuestra bandera chilena portada por otro huaso y sus escoltas. Detrás del coche, acompañando a la ilustre visita, casi un centenar de huasos montados en un desfile lleno de colorido. Las calles del ingreso al centro, estaban atiborrada de personas que saludaban de paso a Vinay con banderas y pañuelos al viento, con aplausos y vítores. En varias ocasiones, Vinay se bajó del coche para saludar y recibir el cariño y admiración de sus co-

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terráneos. Cuando llegaba el coche a las cercanías de la Plaza de Armas, Vinay puso pies en tierra para saludar a la muchedumbre, dando y recibiendo abrazos y besos por doquier. La gente quedó impresionada de su sencillez y señorío, simpatía y estampa seductora. En el programa oficial estaba programada una actividad en la medialuna de la ciudad a cargo del Club de Rodeo Chileno de Chillán. Se realizó un rodeo y una gran fiesta huasa en su honor, en las que el invitado participó activamente: Se vistió de huaso, luciendo un bello chamanto, montó a caballo, desfiló, cantó, bailó cueca, disfrutó de la mesa, brindó como el que más, compartió con todos y gozó como un niño cumpliendo un gran sueño. Decía que al Scala de Milán pudo llegar después de mucho estudio y trabajo, pero para actuar


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como huaso no estaba preparado. Confesó hidalgamente que cuando ingresó a la medialuna, interpretando lo más genuino de su patria, las piernas tenían un ligero temblorcillo y el corazón caminaba algo más acelerado, pero pudo cumplir este sueño y desafío. Confesó que estaba más nervioso en la medialuna que en el Scala de Millán.

tumulto, alegres, buenos amigos, buenos para el canto y el baile, huasos auténticos genuinos hombres de nuestra tierra.

Con gran pompa se cumplió el programa oficial del Centenario del diario La Discusión, que duró tres hermosos días. Pero como la fiesta había sido buena, había que seguirla, y si la ocasión era propicia, había que aprovecharla. Para suerte de los huasos, la visita estaba con ganas y dispuesta, y los días estaban naciendo, estaba dado el momento.

Allí no faltó nada. Hubo rodeo, canto, baile, asados múltiples y amistad a raudales, siendo el centro a esas alturas nuestro amigo Vinay. Fue tanta la confianza que nos dio, y que nosotros aceptamos, que ya no nos tratábamos de señor tal o cual, o don cual, para dirigirnos a él. Sencillamente “Moncho” a secas, se entiende que en un marco de respeto. Pero quien más gozaba con este relajo era nuestro invitado. Imponía y exigía que lo tratáramos como si hubiésemos sido amigos en el juego de las bolitas, el trompo o la tiña en las callejuelas del Mercado.

En aquella época, había adentro de la organización huasa integrantes muy dispuestos, tradicionalistas, alegres y generosos, entre estos los recordados hermanos Orrego Soto, Justo, Mario y Bernardo. Juntos, los tres eran un

Como a Vinay le quedaban ganas y a nosotros también, la fiesta no oficial siguió varios días más, ahora en la parcela y medialuna de Bernardo Orrego, ubicada muy cerca de la ciudad.

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Los hermanos Orrego, que eran aficionados al canto, aprovecharon la ocasión y cantaron con Vinay, a dúo, a coro. Después que Vinay regresó a Europa, a los Orrego no hubo como hacerlos callar por mucho tiempo. Los amigos se lo aceptábamos, o mejor, los “soportábamos”. Entre los protagonistas de estas jornadas, es justo destacar –además de los hermanos Orrego, anfitriones–, a Sergio Valderrama, René Suárez Gregorio Fuentes y Tatín Figueroa, huasos que ya no están, pero que se recuerdan con cariño; otros que siguen en la brega: Maximiliano Riquelme, quien facilitó caballos, aperos, vestimenta, para que el gran invitado luciera como un “huaso bien chantáo”; Aniceto Rojas, Alejandro Aguirre. Luis Ramírez, quien actuaba como “gerente de provisiones”, era responsable de que no faltara nada, que el fuego estuviera prendido, la carne lista, los asadores funcionando, la mesa puesta, que los garzones llenaran los vasos, hicieran circular


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las bandejas y apurar el consumo. Su lema era “que no se notara la pobreza”. Quien escribe estos recuerdos tan intensamente vividos, no puede olvidar que por llamarse igual al festejado nos tratamos pronto de “tocayos”, y surgió una relación muy cordial en medio de la cual me atreví a preguntarle: ¿Cómo te sientes –porque nos tuteamos pronto–, caracterizando y actuando como Otelo y caracterizando y actuando como huaso?. Su respuesta fue más o menos la siguiente: cualquiera que tenga la voz adecuada y haya estudiado actuación puede ser un buen Otelo, no importa el lugar del nacimiento; para ser huaso no se necesita tener voz ni estudiar actuación, porque es un sentimiento que viene contigo y que se consolida con tu primer respiro al nacer, y ese fluido sólo existe en Chile y en Chillán, y muy abundante en los alrededores del Mercado, por eso yo nací huaso. Otelo es una persona imaginaria, creada por el

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hombre; el huaso es creado por la naturaleza y el ambiente; huaso eres tú, huaso soy yo, huasos somos todos los que aquí estamos. Yo soy Otelo porque me pagan y me pagan bien, pero soy huaso por nacimiento y por el placer de sentirlo. Nos quedamos con la imagen de un ser humano tan excepcional como el artista. Con razón dicen que era un conquistador, vivió la vida a plenitud, le encantaban las mujeres, a las que consideraba que eran las flores del mundo. Y como la reina de las flores es la rosa, seguramente llamó a su hija con ese nombre. A quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, aquella experiencia quedó para siempre en nuestra memoria y en el corazón, agradecidos de haber compartido con él horas inolvidables.


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Maximiliano Riquelme Una fiesta inolvidable Llegamos a su fundo a Talquipén, junto al camino a Coihueco en busca de Maximiliano Riquelme, un corralero de antigua data mencionado por Ramón de la Fuente como uno de los participantes en el encuentro de Vinay con los huasos chillanejos. A sus 81 años luce el buen talante del huaso y al enterarse del motivo de nuestra visita se sorprende y luego nos invita a trasponer las puertas de su casa con gran cordialidad: “Claro que sí, estuve en el aeropuerto, en la cabalgata por la ciudad que seguía a un carro muy hermoso cuya conducción se la arrebató Mario Orrego al cochero para lucirse ante la ciudad. La gente salía de las casas para saludar, agitaba pañuelos, mencionaba su nombre y no ocultaba la emoción de recibir a uno de los hijos más ilustres de nuestra tierra; estuve

en la media luna, en la parcela de Mario Orrego donde el banquete fue en grande… Vinay estaba feliz, bebía a raudales pero como si nada… ¡qué personalidad más tremenda por estampa y simpatía! Montó a caballo, cantó, nos estrechó en abrazos como si hubiésemos sido viejos amigos. Nunca mis ojos vieron ni verán una recepción que ya se quisiera un presidente de la república… grande fue su emoción al percibir el cariño de los chillanejos, desde los balcones del Gran Hotel Isabel Riquelme lanzó besos, agitó sus brazos y en un arrebato de entusiasmo lanzó sus colleras a la multitud…”. El amigo Maximiliano buscó una antigua fotografía en la que aparece a caballo junto al visitante también a caballo, fotografía que tenemos el placer de incorporar en esta edición.

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Luis Ramírez “a cargo de las parrillas” En el mundo corralero chillanejo se le conoce más por su apelativo “el ajo” que por sus nombres legales, pero todos lo distinguen como uno de los suyos, buena madera y siempre dispuesto para compartir. Nos recibe en su casa de la Población El Roble donde nos aporta valiosas fotografías corraleras, entra las cuales una de oro: Vinay con Mario Orrego. “Yo era más joven que las mayoría de los anfitriones y por lo tanto me tenían más para los mandados que para compartir con el festejado pero a cargo de las parrillas y de que se atendieran las copas, fui testigo de una fiesta de esas para recordarlas siempre. Los hermanos Orrego eran personajes famosos no sólo en los rodeos, también en los festines que acompañan estas fiestas donde lucían apetito, sed, pero sobre todo una alegría de vivir contagiosa. Me alegra que se recuerde a Vinay como un chileno de los más grandes, chillanejo que nunca olvidó su tierra. Entre los huasos gozaba como uno más”.

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Lo que me dijo Ramón Vinay Lillian Calm Periodista “¿Entrevistaste a Vinay?”, me preguntó incrédula una joven periodista, al aludir al gran tenor chileno. Sí y en 1969. Lo grave habría sido que hubiera alcanzado a entrevistar a Caruso, pues en diez años más se cumplirá un siglo desde su fallecimiento. Pero en el caso de Vinay, apenas estamos en el centenario de su nacimiento. Y como se le han organizado tantos homenajes, motivada busqué y busqué ese papel amarillento, incluso implacablemente doblado, donde apenas pude releer la larga conversación que sostuve con él en el camarín número 1 del Teatro Municipal. Había regresado a ese escenario, desde el cual partió, para despedirse como cantante lírico tras una intensa carrera que consolidó su fama a través de unas 1.500 funciones. Lo recuerdo guarecido en un abrigo muy europeo, con cuello de astrakán, el mismo que debe haberlo acompañado en el Teatro Scala de Millán, el Covent Garden, el Metropolitan, mientras esperaba entrar a esos escenarios para dar vida a don José, Sansón, Tristán, Herodes o a otros personajes, entre los que destacó su magistral Otello. Eso sí, su primera presentación había sido simplemente como Ramón Vinay y a los seis años, subido a un estrado en el patio de una escuela anexa a la Escuela Normal de Chillán. Ahí, en su ciudad natal, cantó la Canción Nacional con una banderita chilena en la mano. En esa década de los sesenta lo tenía frente a mí, dispuesto a

ser interrogado, cuando en demasiados círculos se debatía si la ópera iba a perdurar o no como expresión artística. Casualmente ahora, con la distancia de más de 40 años, llega a mis manos el último número de la afamada revista internacional Opera. En un extenso artículo titulado Los nuevos conquistadores, el autor destaca la capital chilena como plaza operática de selección; lo atribuye a la trayectoria ya de años de su principal escenario, el Teatro Municipal de Santiago, y a la impronta de Andrés Rodríguez, su director general. Vinay visualizó ese futuro auge desde el camarín número 1. Con aplomo, sabiduría y mucho humor, fue categórico: la ópera no pensaba en estar en decadencia en el mundo. Más aún, diagnosticó que “se ha envejecido en Chile por la forma en que se ha presentado; ésa es la razón por la cual, además de cantar, en esta temporada en que me despido, voy a ser director de escena. Quiero evitar desórdenes. Aquí como buenos chilenos y latinos, se trata de esquivar las responsabilidades. Falta disciplina, pero eso no significa que la ópera esté en decadencia... Por el contrario, es el orgullo de toda ciudad grande”. Atribuía la indiscutible permanencia de la ópera y el entusiasmo que origina “a que es el único espectáculo que reúne todas las artes plásticas: la música, la poesía, el calor de la voz humana, las mejores orquestas, el baile, la pintura…”. 82

Y defendía con vigor su vigencia en el entonces “envejecido” (como lo llamó) ambiente nacional: “Generalmente los amantes de la música clásica acuden a la ópera por considerarla parte de la educación que ellos mismos se dan. Para muchos es un espectáculo en el que sale un señor barrigón con bigotes a gritar, porque no se trata de cantar el Ay ay ay o Corazones partidos. Pero si suprimiéramos la ópera, sería como si se destruyesen todas las librerías y nos quedáramos únicamente con las fotonovelas, literatura más que primitiva. Y no nos podemos permitir esto en un país progresista, aunque pobre, como es Chile. Dejemos eso para las naciones del centro del África”. Incluso hizo la diferencia entre el pasado de entonces y el hoy de los sesenta. “Nuestros padres sólo iban a ver a ‘la diva’ o ‘al divo’. El papá iba a ver a ‘la diva’ y la mamá, ‘al divo’. Hoy eso no sucede. El público toma el espectáculo en forma global. Naturalmente la voz humana queda como razón principal de la ópera. Mucha gente piensa que la aristocracia de las finanzas o de la política va a la ópera… las señoras para lucir sus joyas y los señores, a dormir. Mi experiencia me dice que esto no es cierto. Van a gozar”. A su juicio, “una de las formas de eliminar de una vez por todas de la mente del público la idea que la ópera es anticuada es, precisamente, ordenar la acción para que se parezca a la vida real o se aparta totalmente de ella, según la obra. Después de cuarenta años de experiencia, creo que tengo un mensaje que dar”. Y lo dio. Al menos así lo comprobamos otros cuarenta años después.


Punto aparte

Vinay exequias conmovedoras

Marco Aurelio Reyes Coca Universidad del Bío Bío Las exequias, cúlmine de la vida terrenal, se revisten de una configuración de sentimientos de congoja entre los deudos y la gente, máxime si el fallecido está ligado muy profundamente en el alma popular. Así, la memoria colectiva graba a fuego las emociones provocadas por tales exequias. Ha ocurrido en Chillán con las del presbítero Vicente Las Casas (1920); del alcalde José María Sepúlveda Bustos (1925); el Intendente Vicente Méndez Urrejola; Martín Rücker Sotomayor, primer obispo diocesano (1935); el deportista Nelson Oyarzún Arenas (1978); el gran Claudio Arrau (1991); el alcalde Mario Arzola Medina (1994); Ramón Vinay (1996); y del empresario Jorge Rabié Davani (1996). Las exequias impactan en el alma colectiva, que dolorosamente acompaña esos momentos póstumos. Aconteció el 28 de enero de 1996: “Chillán brindó cálida despedida a su hijo predilecto: Adiós Vinay, otro de los grandes chillanejos que inscribió su nombre en la inmortalidad, descansa por siempre en su suelo natal” (tituló La Discusión de Chillán, el 9 de enero de 1996). La ciudad se desbordaba para despedir los restos mortales de Ramón Vinay Sepúlveda, nacido

en 1911 en calle Talcahuano (hoy Arturo Prat) N° 740, en el populoso sector de Feria del Mercado de Chillán. De profesión, Tenor lírico; de exultante y visceral personalidad. Volvía a la tierra donde vio la luz que marcó su vida: “En este lugar bendito viene a reposar para siempre” (su hija Rosita Vinay, en el Parque de los Héroes y Artistas del Centenario de Chillán). “Este embajador de la cultura y el arte en el mundo, cumple su último deseo de volver a su tierra para quedarse por siempre con los suyos” (Alcalde Aldo Bernucci Díaz, al pie de la sepultura). La Discusión escribió desde las fibras del alma periodística: “Nunca pensó quizás, el gran tenor, que el pueblo que un día lo vio nacer, lo despediría con tanto amor, el último deseo de estar en su tierra natal por la eternidad, ya era una realidad en toda su dimensión, allí yacía dentro de un sabio féretro, de una color gris arena con manillas plateadas, donde se reflejaban los rayos del sol, cuando el emblema patrio se elevaba por algunos segundos”. Las exequias de Vinay provocaron un impulso irresistible en una simbiosis catalizadora con “su pueblo”, volcado en la Catedral, calles y en el Cementerio, y el suelo ornado con una alfombra de pétalos de flores que pavimentaban el silencioso cor-

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tejo. Ambiente de recogimiento, de reconocimientos y ditirambos infinitos e indescriptibles. Bastan algunos: “Ha muerto el gran maestro, el artista lírico chileno más grande de todos los tiempos” (Marcia Scanterbury, representante del Ministro de Educación; “Desde hace tres décadas se le vio como el tenor dramático más importante del mundo, distinguido por los más grandes directores” (Luis Ángel Ovalle, amigo predilecto); en tanto el Obispo de Chillán clamaba a Dios que “la voz de Vinay que a todos nos maravilló y honró en las salas de arte lírico de mayor prestigio en el mundo, siga entregando su belleza y armonía en el gran Salón del Cielo” (Monseño Alberto Jara Franzoy, en homilía durante la misa fúnebre de la Catedral de Chillán). El periodista Carlos Bastías Fuentes, director de Cultura de la Municipalidad de Chillán, escribió: “El lecho eterno de Ramón Vinay está en el cementerio de su querido Chillán, junto al de su amigo Claudio Arrau. La voz espléndida del cantante y las notas superlativas del pianista, se sienten en la quietud del camposanto (“Ramón Vinay: De Chillán a la Gloria” 1997). Así coronó Vinay su tránsito de 84 años (75 en el extranjero) hasta alcanzar el reposo eterno en su Chillán natal.


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Vinay 100 años Sergio Zarzar Andonie Alcalde Ilustre Municipalidad de Chillán Luego de haber visitado nuestro Cementerio Municipal y junto a Rosita Vinay haber colocado una ofrenda floral en la tumba de su padre, con felicidad llegamos a participar de una ceremonia que nos llena de orgullo y emoción: el descubrimiento del primer busto en homenaje del gran Ramón Vinay emplazado en la ciudad. Y lo hemos querido hacer aquí, en nuestro querido Mercado Municipal, uno de los sitios más apreciados por Ramón Vinay y que visitara en innumerables ocasiones cuando llegaba hasta su Chillán de siempre. Era precisamente en este lugar donde el Moro se sentía como en su casa, rodeado de gente sencilla y quizás evocando esa corta pero hermosa infancia vivida en calle Talcahuano –hoy Arturo Prat–, desde donde y por decisión familiar, a los nueve años se traslada a Francia para dar inicio a una meteórica carrera que lo llevaría a los más importantes escenarios del mundo. México, Estados Unidos y Europa se rindieron a sus pies, exaltándolo a la condición del más excepcional intérprete de Otello que ha conocido el mundo. Su éxito y trayectoria fueron el impulso y el motivo de declararlo Hijo Ilustre de Chillán, sentimiento que siempre retribuyó con inmenso cariño y gratitud cada vez que arribó a la ciudad y compartió su cariño con la gente. Es este mismo lugar el que hoy lo recibe para perpetuar su memoria, con un monumento que nos señalará el gran afecto que Chillán siente hacia Ramón Vinay, y el orgullo que tienen los chillanejos por un hombre que con su voz, su talento y su inmensa calidez humana, supo ganarse la admiración del planeta entero. Ramón Vinay Sepúlveda hoy está más presente que nunca en el imaginario colectivo de los chillanejos y en la historia de nuestro principal centro de abastecimiento de productos al aire libre, el Mercado Municipal de Chillán, un lugar de gente sencilla y trabajadora, como fueron las virtudes que inspiraron la vida del más grande tenor de todos los tiempos. Discurso en descubrimiento del busto de Ramón Vinay 11.00 horas, calle Maipón Mercado Municipal 31 de agosto de 2011

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Descubrimiento Busto 1 Izquierda a derecha: Arturo Hevia (escultor), Georgette Vinay, Jezer Sepúlveda, Gustavo Sanhueza, Rosita Vinay, Sergio Zarzar Andonie, Domingo Díaz, José García.

Foto Concierto Lírico María Luisa Letelier Izquierda a derecha: Daniel Inzunza (pianista), Rosita Vinay, Carmen Luisa Letelier (cantante lírica), Sergio Zarzar Andonie (Alcalde)

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DESCUBRIMIENTO BUSTO Izquierda a derecha: Hernán Navarrete, Rosita Vinay, Carlos Malverde, Daniel Alarcón

Foto homenaje cementerio Izquierda a derecha: Rosita Vinay, Jezer Sepúlveda (Director) apoderados y alumnas y alumnos de la Escuela Ramón Vinay Sepúlveda 87


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Conocer aVinay

“Pueda ser que Chile y los chilenos comprendan y conozcan muy bien lo que significó este chileno único y que le brinden los honores que sobradamente se merece… jamás tuvo ayuda para su carrera y formación ni del gobierno, ni de familia, ni de poderosas colonias, ni de políticos. Tuvo la personalidad de luchar solo, con su talento, con su tenacidad, su perfección, dedicación y su inteligencia. Ese es hoy nuestro gran sentimiento de gratitud”. Luis Ángel Ovalle El Sur, Concepción, 9-I-1996.

Las obsesiones de Ramón Vinay Algunos lo admiran porque es famoso, porque tiene un nombre en la lírica internacional, porque tal vez tiene mucho dinero. Porque es chileno y se ha destacado. Otros lo celebran porque es amistoso, alegre, divertido. Porque es capaz de subirse arriba de un escenario y darle cancha tiro y lado a todo un humorista o de cantar un aria con una merluza en cada mano, en la mitad del mercado. Hay quienes se ríen de él por estas mismas cosas y lo califican de payaso, exhibicionista, vanidoso, ridículo, fantoche. En fin, hay algunos que lo quieren y otros que lo odian. Pero pocos conocen al hombre que hay detrás de ese corpachón de 103 kilos, voz estentórea y ademanes teatrales. Un hombre-niño que se delata a través de unos ojos de mirada ingenua que van reflejando sus estados de ánimo y sus obsesiones casi infantiles. Ojos que se llenan de luces cuando habla de su obsesión principal: las mujeres y el sexo. Malú Sierra Paula N° 166, SantiagoMayo/1974

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150 Años del himno nacional de chile En 1969, cuando vino a Chile Ramon Vinay coincidió con las celebraciones del sesquicentenario del Himno Nacional. Se realizó un acto multitudinario en la plaza de la Constitución frente a La Moneda, Vinay cantó la canción nacional acompañado de Nora López y nuestro coro con el acompañamiento de una banda del Ejército, con la presencia de dos cadetes de cada rama de las Fuerzas Armadas. La brillante participación de los cantantes como Vinay y Nora López, y el coro dieron margen a un espectáculo nunca más repetido, ni aun en las celebraciones de este Bicentenario. Desde luego fue una satisfacción enorme compartir esta ceremonia con Vinay. Vicente Bianchi Colaboración especial para Quichamalí.

Lenta Carrera Como todo aquel que quiere llegar alto, salvo la excepción de los pocos genios de la humanidad, su andar fue lento y lleno de empeñosa diligencia. No se le dieron las cosas por sí solas. Debió alcanzarlas con estudio, impaciencia, amor y maduración. Ello le hizo digno de cantar a parejas con voces incomparables del mundo entero, como Kirsten Flagstad, Dragica Martini, Renata Tebaldi, Mignon Dunn, Brigit Nilsson o Plácido Domingo. Mario Baeza Revista Musical Chilena N° 185. Enero a Junio 1996. Pp. 14-16

Llanto Temprano “Cuando yo hacía ‘Otello’, la gente salía llorando”, dijo el tenor al volver a Chile en 1986. Llorando así como lo hizo Ramón niño en la Escuela Anexa a la Normal de Chillán, cuando fue escogido para cantar el Himno Nacional. Corría 1918. El tenor tenía entonces siete años. Los profesores lo eligieron. Cantó solo en el patio. En la primera parte, todo iba bien. Se sentía una callada voz de admiración entre los asistentes. Pero entonces los nervios no eran de acero, y el niño se quebró y se puso a llorar. La segunda estrofa quedó suspendida. Como suspendido debe estar también el juicio para narrar que él quizás sea el hombre que más triunfos líricos diera a Chile, no cantaría en el país sino hasta 1948”. Juan Antonio Muñoz H. El Mercurio, Santiago, 28-VIII 201

Lecturas Sobre Vinay Álvarez Hernández, Orlando “Un chillanejo ilustre. Ramón Vinay”. La Discusión, Chillán, 23-IV-1966.

Jara H., Ramón Ángel. “Ramón Vinay Sepúlveda”. El Sur, Concepción, 30-I-1996

Baeza, Mario “Ramón Vinay cantante chileno”. Revista Musical Chilena. N° 185. I a VI-1996. Pp. 1416.

Muñoz Núñez, Carlos “Ramón Vinay”. La Discusión, Chillán, 30VIII-2005.

Bastías Fuentes, Carlos “Ramón Vinay, de Chillán a la gloria”. Sociedad Periodística y Publicidad, Chillán, 1997. Cuadra, Gonzalo “Ramón Vinay. Un análisis vocal y discográfico”. Revista Musical Chilena. Año L, I y II 1996, N° 185 pp. 17-24. Droppeimann Chroharé, Alfredo “Ramón Vinay”. La Discusión, Chillán, 9-XI-1992.

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Muñoz H., Juan Antonio “Ramón Vinay, el asesino está de vuelta”. El Mercurio, Santiago, 28-VIII-2011. Orellana, Patricia “Ramón Vinay: Con Chillán en el corazón”. La Discusión, Chillán, 5-I-1996. Ramírez Rodríguez, Ramiro “Adiós Ramón Vinay”. El Sur, Concepción, 13-I-1996. Witker, Alejandro “Deuda con Vinay”. La Discusión, Chillán, 9-XII-2007


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Foto de la antigua Catedral de Chillán frente a la Plaza de Armas por calle Arauco. A su costado sur (derecha de la foto detrás de la palmera) se aprecia el antiguo edificio institucional del Club de Ñuble. c. 1920.

El Club del Ñuble

Desde su creación hasta el terremoto de Chillán en 1939 Juan Ignacio Basterrica Sandoval Tller de Cultura Regional U.B.B.

La fundación Este emblemático club social, que al igual que sus predecesores estaba sólo reservado para integrantes varones, y el cual marcó los años dorados de la sociabilidad de la elite ñublense, especialmente la chillaneja, nació por iniciativa de don Ismael Martín Mieres, distinguido abogado y recordado Intendente de la provincia de Ñuble por quince años. Miembro de la connotada familia

Martín de Chillán, formada por el eminente médico catalán, don Pelegrín Martín y Martí, y de la distinguida dama doña Isidora Mieres Lantaño. Considerando el beneficio de que nuestra ciudad contara con una institución social permanente que fuera el núcleo que nutriera a la provincia de Ñuble de todo tipo de iniciativas destinadas a su adelanto y al bien común, don Ismael patrocinó junto a un 91

selecto grupo de amigos y personalidades de las mas tradicionales familias chillanejas–, la creación del Club del Ñuble o Club de Ñuble, el cual estaría llamado a convertirse en un sello para la sociabilidad de Ñuble y de prestigio en el país. De este llamado da cuenta el diario La Discusión de 1878, en cuyas páginas se insertó el siguiente aviso de esta convocatoria; “Conforme a lo acordado por


Sociedad Don Armando Martín Villalobos, Presidente del Club y socio honorario,recordado alcalde y parlamentario chillanejo, 1928 (Archivo Dr. Luis Sandoval Rivas). Vista de la Sala de Juegos de billar y billas.1928. Edificio fundacional. Foto Álbum de los Clubes Sociales de Chile.

llaneja paterna y talquina por la materna, quien además ocuparía el cargo público de Defensor de menores en la provincia.

la reunión del 16 del presente, el domingo próximo a la 1 PM, en el Salón de Señoras, (dependencia del Salón de Familias, que se señalara en el numero anterior en el artículo sobre los Clubes Sociales de Ñuble) habrá junta general para discutir y aprobar los estatutos y dejar definitivamente establecido el Club Social. La Comisión”. La idea tuvo gran aceptación en la elite ñublense, y finalmente, el 22 de junio de 1878 fue formalmente creado. Suprimera directiva la conformaron: Don Luis del Fierro, como su primer presidente, quien más tarde ocuparía la alcaldía de la ciudad. Tesorero, don Tomás Mac-Hale, conocido empresario contratista, quien realizó numerosas obras de adelanto para la ciudad, siendo también concesionario de las Termas de Chillán. Como Secretario, don Andrés Gazmuri Albano, abogado de antigua familia chi-

Entre la entusiasta nómina de los socios fundadores, podemos mencionar entre otros a don Nicolás Álamos, Daniel Acuña, Juan José Ayala, Jorge Adwanter, Luis Barros Valdés, Dionisio Burboa, Eulogio Cortínez, Gonzalo Gazmuri, Carlos Gazmuri, David Gazmuri, Germán Gabler, Cirilo Gatica, Juan Fermín Gaete, Prudencio Goicoechea, Juan Larraechea, Cándido Lagos, Pelegrin Martín, Juan Merino, Victor Mora, Manuel Munita Gormaz, Camilo Munita Gormaz, Juan A. Ojeda, Wenceslao Ojeda, Polidoro Ojeda, José Bernardo Paredes, Delfín Pantoja, Bernardino Pradel, Juan José Palacios, José Manuel Rivera, Fermín Rivera, Juan de Dios Rivera, Diego Rivera, Gustavo Redon, Vicente Sandoval Medina, Pedro J. Solar, José Maria Solar, Evaristo Solar, Nicolás Tanco, Rafael Valdés.

El ingreso, y sus primeros socios

Sus primeros estatutos eran bastante rígidos en el ingreso, por lo que fue ganándose la fama de club elitista, lo cual no era tan exacto, pues la idea era recoger un conjunto homogéneo de miembros desde el punto de vista de las costumbres, la tradición y la honradez. No era fácil el ingre-

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so, así el aspirante al club debía ser patrocinado por tres socios, quienes recogían la información del postulante acompañada de los respectivos documentos de respaldo. Esta solicitud, junto a la información y documentación, era analizada rigurosamente por una Junta calificadora, compuesta por tres miembros designados, para luego pasarla a la directiva para su aprobación final. En esta junta se calificaba al aspirante y se estudiaban su historia familiar de al menos tres generaciones anteriores para evaluar sus


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antecedentes, tanto propios como familiares, los cuales incluían: nacionalidad, residencia, solvencia, honradez, probidad, filiación y constitución familiar de acuerdo a la legislación y a la moralidad. Muchos se abstenían de solicitar membrecía cuando había filiación natural en las generaciones estudiadas, para evitar un bochornoso rechazo.

Vista interior de la Biblioteca y sala de lectura del Club de Ñuble. Edificio fundacional 1928. Álbum de los Clubes Sociales de Chile. 93


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Sus estatutos fueron luego reformados en 1880, a fin de reglamentar el exigente sistema de postulación y calificación, con el propósito de hacerlo lo más objetivo y transparente posible. A los aspirantes provenientes de las colonias extranjeras en un comienzo se les hacía muy difícil el ingreso. Posteriormente, miembros de las colonias hispana, francesa, alemana e italiana se fueron incorporando paulatinamente. Así, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, toda la elite tradicional de Ñuble y los representantes más importantes de las colonias alemana, francesa, italiana y española se fueron incorporando al emblemático club social de Ñuble. Se suman entonces familiares de los socios fundadores y amigos de las familias, incorporándose socios pertenecientes a las familias Abascal, Acuña, Álamos, Alarcón, Álvarez Condarco, Amigo, Andrade, Arrau, Arriagada, Barra, Barros, Bórquez, Brunet, Bustamante, Bustos, Cabrera, Celedón, Cisternas, Cofré, Contreras, Cruz, Cruzat, Dañin, Dueñas, Escala, Fernández, Ferrada, Figueroa,

Fonseca, Gana, Gatica, Gazmuri, Godoy, Gomez, Gutiérrez, Guzmán, Hernández, Hermosilla, Herreros, Ibáñez, Jarpa, Jofré, Jones, Labarca, Lagos, Lantaño, Larraechea, Lepeley, Letelier, Mardones, Márquez, Martín, Medina, Merino, Méndez, Mendoza, Molina, Mora, Munita, Muñoz, Ojeda, Orellana, Palacios, Palma, Paredes, Pérez, Pica, Pinto, Poblete, Pradel, Puga, Quezada, Quintana, Ramírez, Reyes, Riquelme, Rivas, Rivera, Rodríguez, Salazar, Sánchez, Sandoval, Sanhueza, San Martín, Santander, Santapau, Santelices, Sepúlveda, Serrano, Solar, Tanco, Torres, Valle (del), Vargas, Vega, Venegas, Videla, Vildósola, Yañez, Yávar, Urrutia, Unzueta, Zañartu, Zapata entre muchos otros incorporados en el tiempo, provenientes de reconocidas familias criollas tradicionales o avecindadas en la zona. Entre los componentes de familias extranjeras avecindadas, podemos señalar: Abatto, Andwanter, Autonell, Baettyg, Bissig, Blázquez, Blu, Cazenave, Collin, Choribit, Cuchacovich, Davidson, Delepine, Dubosq,

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Etchevers, Fischer, Friedl, Gallo, Gleisner, Gómez, Goldemberg, Ham, Heck, Janin, Jhungjohann, Junneman, Kehl, Larrere, Marcenaro, Martin, Mazzi, Midleton, Montti, Olalde, Pagueguy, Ribbeck, Rochetti, Roeschman, Rondanelli, Salomone, Schaeffer, Schleyer, Serra, Serrano, Sívori, Tondreau, Tohá, Ulricksen, Vaccaro, Whicker, Witker, Yuffer, entre otros, algunos de los cuales ocuparon a través del tiempo cargos directivos y la presidencia del Club.

El Edificio y sede fundacional

El Club funcionó primero y desde su fundación, en un amplio y hermoso edificio de dos pisos ubicado en la calle Arauco, al costado sur de la Catedral de Chillán, frente a la Plaza de Armas, para luego –después del terremoto del año 1939– ubicarse en una nueva construcción en calle Constitución, casi al llegar a calle Dieciocho de Septiembre. Este edificio fundacional fue adquirido para el Club, por la desprendida contribución de sus socios fundadores, entre los que figuran los nombres de generosos socios que


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Despedida del Tesorero del Club, don Ibar Ulricksen, ofrecida en los salones del Club de Ñuble por los socios y su Director. Julio 31 de 1934. Vista interior del gran Hall (Archivo Dr. Luis Sandoval Rivas).

hicieron esto posible, destacándose los señores, Don Gonzalo Gazmuri, Delfín Pantoja, Fanor Paredes, Benjamín Rivera, José Miguel Martín, Manuel Wicker, Ricardo Solar, Ramón Lantaño, Narciso Tondreau, Guillermo H. Jones, Daniel Acuña, entre otros. En su edificación original había amplios espacios, como un hermoso y amplio hall constituido como una gran área interior con un cielo vidriado que dejaba pasar la luz natural, disponiéndose a su alrededor las dependencias y salones, donde destacaba el salón de honor. Todo estaba bellamente decorado con muebles y esculturas europeas en bronce y peltre. Grandes retratos de Intendentes y personalidades que ocuparon la presidencia del club colgaban de los muros de la biblioteca y salón de lectura. Se contaba con el salón de honor, sala de fumadores, biblioteca, sala de Directorio, bar y cantina con mesas de juego para el cacho, una sala de billar y de billas, sala de póker y ajedrez, amplios comedores y dependencias domésticas. La oferta gastronómica que el Club ofrecía a sus socios, especialmente para los banquetes, era muy variada y rica en platos franceses, debido

a la gran influencia de la importante colonia francesa establecida en Chillán y a la influencia de la belle epoque en esos tiempos en nuestro país.

engendraron le rodeó del respeto, que fue su escudo protector ante tanta adversidad y contra las debilidades humanas del revanchismo político.

El Club de Ñuble funcionó ininterrumpidamente hasta el año 1939, en que fuera destruido su edificio por el sismo y un incendio, y solo cerró sus puertas por algunos días durante los duros acontecimientos que se dieron en 1891. Recordemos que algunos de sus socios eran decididamente liberales y balmacedistas, de hecho y a modo de ejemplo, don Luis del Fierro, su primer presidente y socio fundador –que en 1891 era el alcalde de Chillán–, tuvo que buscar refugio en la Hacienda Zemita de don Francisco Rivas Cruz una vez que el presidente fuera vencido por las fuerzas de los congresistas. Sin duda tiempos difíciles, en que la lucha fraternal de posiciones cobró vidas, destrucción de la propiedad pública y privada. Chillán no estuvo ajeno a ello, aunque en menor grado que en la capital y otras zonas del país. Así y todo, el Club, pese a tener su mayoría de socios de tendencia liberal, sufrió pocos daños. El prestigio alcanzado por las obras que allí se

La sociabilidad y las obras

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de progreso nacidas en el

Club de Ñuble En sus antiguos salones se idearon notables iniciativas en pos del progreso de Chillán y Ñuble, allí nacieron las bases de la creación del Cuerpo de Bomberos de Chillán a iniciativa de don Ismael Martín Mieres y un selecto grupo de socios. Se concretó en 1886 la sociedad comercial que daría origen al “Banco de Ñuble” a iniciativa del comerciante santiaguino don Vicente Cruchaga, contando con el apoyo de numerosos socios del club. De la misma manera, allí se consolidó la sociedad de carros de sangre denominada “Ferrocarril Urbano de Chillán Ltda”, que vio la luz hacia 1884 en nuestra ciudad. Igualmente, se gestó en sus salones en 1890 la fundación de “La Sociedad Liceo de Niñas de Chillán”, que fuera el antecedente del actual Liceo de Niñas, el cual en 1901 pasó a ser una institución fiscal. Importantes instituciones de benefi-


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cencia como la Gota de Leche se gestan aquí, y La creación de la Cruz Roja en Chillán obtuvo el empuje necesario en este recinto. En fin, fueron innumerables las iniciativas para el progreso material de Chillán y Ñuble que vieron la luz en las dependencias del Club de Ñuble. Hacia 1928, la directiva del Club estaba conformada de la siguiente manera; Presidente, el Sr. Armando Martín Villalobos, recordado socio y presidente honorario, alcalde de Chillán y parlamentario. Directores, los señores don Sucre Gazmuri Arrau, don Gustavo Schleyer, don Luis Lepeley y don Renato Puga Jarpa. El número de socios en esa fecha era de 250. En sus salones se planificaron grandes banquetes y recepciones para celebrar el cambio de siglo en 1900, el centenario nacional en 1910, el centenario de Chillán en 1935, o las fiestas de la primavera, preparando sus propios carros florales hacia 1910 en adelante. También hubo recepciones de autoridades, despedidas de soltero, bailes de presentación en sociedad, entre otras diversas manifestaciones sociales .En el club además se celebraron importantes cierres de negocios entre sus

socios, y se debatieron importantes acuerdos políticos en pos del desarrollo de Ñuble. Todas actividades sociales y obras de adelanto consecuentes a lo establecido en sus estatutos, en los que se indicaba que el fin del Club, era “ser un centro de reunión social destinado a proporcionar a sus socios un sitio confortable para reunirse, fomentar la sociabilidad y hablar de negocios y otras actividades del diario vivir, en un ambiente amable, culto y distinguido”.

El fin de una etapa El Club de Ñuble cobró prestigio de carácter nacional, siendo reconocido junto con El Club de La Unión de Santiago, el Club de Septiembre, el Club de Talca, el Club Concepción y el de Viña del Mar, como los más representativos de la sociabilidad chilena hasta mediados del siglo XX. En la década del cincuenta, por ejemplo, había homologación de socios con los miembros de Club Concepción. El terremoto del 24 de enero de 1939, destruye a Chillán y al emblemático edificio original del Club, el que ya se había resentido con el terremoto de Talca de 1928 y que había sido restaurado. El sismo redujo a escombros la construcción, per-

diendo la vida a consecuencia de ello algunos socios, como fue el caso de los Sres. Rivera y Delepine, y algunos empleados que esa noche se encontraban en sus dependencias. Un incendio producto del terremoto terminó por dar el tiro de gracia: prácticamente todo su valioso contenido, incluido sus libros de actas, biblioteca y archivos, se destruyeron entre escombros y fuego. Desde 1939 hasta el presente, la historia del Club de Ñuble está debidamente registrada en los libros de su secretaría, dividiéndose la era posterior al terremoto en dos etapas. La primera comienza con la construcción del nuevo edificio institucional en calle Constitución bajo la presidencia del Sr. Eduardo Sanhueza Martín (1939-1945), etapa que marca el renacer del Club con notable influjo en la elite de la sociedad ñublense desde los años 1940 hasta comienzos de 1970, y que termina con la venta del edificio por las difíciles circunstancias políticas y sociales de aquellos años. Y por último, la segunda y actual etapa, generada a partir de la edificación de su nueva sede ubicada en calle Dieciocho de Septiembre de Chillán.

Fiestas de la Primavera, 1927. Comparsa y carro alegórico con socios del Club de Ñuble y damas de la sociedad chillaneja (Archivo Dr. Luis Sandoval Rivas). 96


Sociedad

Dario Salas

Santiago Araneda Espinoza Taller de Cultura Regional UBB

Este notable y visionario educador nacional, nació en Puerto Saavedra en 1881, cuando este poblado costero, ubicado en la Región de la Araucanía, se llamaba Bajo Imperial. Después de estudiar la enseñanza primaria, ingresó a la Escuela Normal de Chillán a cursar para profesor primario, recibiéndose en 1899. Para su desempeño laboral, se le asignó una escuela de Santiago. Su arribo a la capital le permitió seguir estudiando pedagogía en castellano y francés, recibiéndose de pedagogo en estas asignaturas en 1904. Ser profesor primario y además docente para ejercer en la enseñanza secundaria no sólo amplió su horizonte cultural, sino que también su campo profesional, convirtiéndose en

un inquieto en permanente perfeccionamiento. Estos y otros atributos de índole personal, decidieron al gobierno chileno de esos años enviarlo a Estados Unidos a perfeccionarse. Darío Salas no defraudó a la autoridad nacional, ya que en 1907 se gradúo de Doctor en Pedagogía. Penetrante y lúcido observador de la realidad educacional norteamericana de los primeros años del siglo XX, desde ese país envió un informe acerca del funcionamiento del sistema de enseñanza elemental, llamándole especialmente la atención la permanente interacción que existía entre la escuela y el medio local en la cual estaba inserta, con la activa participación de las organizaciones vecinales y del municipio, ya que éste –con los recursos de sus impuestos–,

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financiaba el sistema educativo, existiendo en este ámbito sectorial una completa descentralización. Al enviar este informe Darío Salas, tenía muy claro que cuando se conocen sistemas educacionales más avanzados, no se debe caer en el facilismo de la simple copia: lo inteligente es adoptar de ellos lo que pudiera insertarse dentro de la realidad local, ya que los sistemas educativos son parte del medio en el cual se gestan y se desarrollan, forman parte de su cultura y de su evolución histórica, estando inmersos dentro de su realidad económica, política y social. Asimismo, es partidario que las Escuelas Normales le den más importancia a la práctica del futuro profesional de la enseñanza, así como que exista una carrera docente con un


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nos del norte, y podremos también, como ellos, mirar al porvenir de frente y sin zozobras”1. Vemos aquí no sólo a un docente profundamente conocedor de la realidad educacional chilena, con todo el lastre de su precariedad, sino que además enuncia las medidas fundamentales que se deben adoptar para caminar hacía un porvenir más venturoso, donde se imparta la mejor enseñanza posible. Además no rechaza el aporte de particulares, siempre que completen la acción del Estado, se desenvuelvan sin sectarismos y sean innovadores.

sistema de remuneración justo para que se viva en condiciones dignas y el maestro se entregue plenamente al ejercicio de su profesión. En esta memoria, que envió desde el país del norte, sostuvo además: “Más aún: descentralícese un poco nuestra organización educativa; extiéndase la enseñanza, y créense, además de las escuelas nocturnas primarias, las secundarias y las industriales. Cuando, además de todo eso, podamos gloriarnos de educar en nuestras escuelas más de un quince por ciento de nuestra población, de poseer en número suficiente edificios escolares que merezcan ese nombre, de apartar para el sostenimiento y progreso de nuestra instrucción primaria y secundaria, un veinte en vez de un siete u ocho por ciento de nuestro presupuesto nacional; cuando finalmente, podamos felicitarnos de tener gentes de fortuna que quieran fundar o enriquecer instituciones, en cuyo fin no quepan ni el libro ni la propaganda sectaria, y cuyo papel sea, no el de combatir la enseñanza oficial, sino el de estimular y cooperar a su acción completándola, ensayando nuevos rumbos de organización, programa, métodos, en ideales educativos; entonces será nuestro casi todo el secreto de la grandeza de los america-

Vuelto a Chile, Darío Salas fue nombrado profesor de pedagogía e idiomas en las Escuelas Normales de Santiago y del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, durante la rectoría de Valentín Letelier. Junto a su desempeño docente, fundó y dirigió revistas de educación y participó activamente en congresos de educación, donde se manifestó claramente, en esos años, por una eficaz correlación entre la educación primaria y secundaria, y por una amplia implementación de una educación popular, que favoreciera a adolescentes desertores, a los adultos y a la mujer. Todas sus ideas manifestadas en congresos y conferencias, las plasmó en su cimero libro El Problema Nacional, (1917). Esta obra entregó los argumentos necesarios a los partidarios de establecer la obligatoriedad de la enseñanza primaria, idea que se hizo realidad en 1920, año en que se dictó la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. En este señero libro, ningún problema de la educación nacional, especialmente de la enseñanza primaria, queda fuera del análisis penetrante del profesor Darío 98

Salas. Transita desde el problema de la extensión de la enseñanza hasta la relación entre educación y democracia, centrándose en el analfabetismo, la correlación educacional, los diferentes tipos de niveles de enseñanza, la situación de los docentes, el problema del financiamiento, la escuela higiénica, etc. Referente a los recursos económicos que se aportan a la enseñanza primaria, debido a lo escaso del aporte estatal, este pedagogo se manifiesta partidario de que exista un financiamiento mixto, tanto del gobierno central así como de los municipios. Más adelante, en esta obra-denuncia, abomina de la dirección unipersonal en la condición de la Instrucción Primaria. Siempre fue partidario de las direcciones colegiadas, ejercidas por personal especializado y competente, sin injerencia del clientelismo político, lacra tan propia de nuestra idiosincrasia y que este profesor palpara de primera mano, especialmente en la designación de profesores en escuelas, en una época en que había un déficit de docentes y de locales aptos para esta función. Respecto de los planes de estudio en la escuela básica, se manifestó crítico de los meramente teóricos: “Cueste lo que cueste, es indispensable, pues, proveer a los establecimientos de enseñanza primaria, de talleres y materiales para el trabajo manual en sus diversas formas, de talleres de economía doméstica, de modelos y materiales para el dibujo y de espacios de terreno que puedan utilizarse como campos de cultivo”. “No hay paradoja sino en las mismas palabras, al afirmar que son casi exclusivamente condiciones materiales las que producirán el advenimiento de la escuela ideal. Porque la visión de los educadores, nuestra propia visión de la escuela del futuro, es la de una escuela de trabajo, en la cual en vez de bancos para oír, existan aparatos para obrar y crear; de una escuela que sea, no sólo preparación para la vida, sino la vida en sí misma, y en que, como pasa en la vida, sean la experiencia con las cosas, lo que dé material a la


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reflexión del discípulo y las cosas, de nuevo, el campo en que la reflexión se aplique, se integre, se controle…”2. A través de estas palabras, Darío Salas se manifiesta como un adelantado a su época, ya que sus planteamientos son plenamente contemporáneos, especialmente cuando algunas de las actuales teorías educacionales pontifican acerca del “aprender haciendo”. De ahí lo necesario – según este maestro, para llegar a la implementación de estos objetivos educacionales en la enseñanza primaria–, de que el Estado aumente su presupuesto en este campo sectorial. En lo que atañe al personal docente, la posición de Darío Salas fue muy clara: “La calidad y condición del profesorado constituyen, sin duda alguna, el mejor exponente y el principal factor de la eficiencia de un sistema de enseñanza. Casi podría decirse que donde el maestro falla, todo falla, y que donde el maestro está a la altura de su misión, no queda en realidad a las escuelas gran cosa que pedir”3. Aunque no explicita ambos conceptos, debemos entenderlos no sólo como la seria y cabal formación pedagógica del maestro, sino que además en su calidad del resorte principal de la máquina educativa, que en el ejercicio de su misión debe demostrar conocimiento y prestancia pedagógica. A ello debemos agregar factores materiales que facilitan el desempeño del pedagogo, y que emergen del ámbito económico, porque una retribución justa en su remuneración dignifica su profesión. Darío Salas fue firme partidario de las Escuelas Normales, las que en la evolución social de Chile cumplieron con creces su objetivo: fueron un semillero inagotable de formación de profesores que hicieron honor a su misión. También postuló el perfeccionamiento permanente de los docentes mediante cursos periódicos, en un momento en que a las autoridades todavía no se les ocurría establecer un centro estatal de perfeccionamiento, institución que sólo se materializó

en los años sesenta del siglo pasado. La persona que ejerce la profesión docente, no sólo debe tener las competencias profesionales para su ejercicio, sino que además, según el maestro Darío Salas, debe estar posesionado de una sólida formación moral. A este respecto señaló: “El hombre y la mujer a quienes se confía la formación de nuestra juventud, necesitan para educar con el ejemplo… poseer y vivir ellos mismos las virtudes que se les recomienda inculcar en sus discípulos. La contracción al trabajo, la fe en la justicia, la dignidad y el respeto de sí mismo, la confianza en el esfuerzo propio, no se adquieren por la prédica, sino, sobre todo, mediante la imitación y el ejercicio”4. Agrega además este magno pedagogo, que el mejoramiento moral del profesor está basado en el establecimiento de un régimen laboral que le otorgue garantías de estabilidad, independencia y justicia. Para el profesor Darío Salas, la persona que quiera ser profesor debe estar posesionado de una

Para el profesor Darío Salas, la personaque quiera ser profesor debe estar posesionado de una sólida ética, ya que él debe predicar con el ejemplo. sólida ética, ya que él debe predicar con el ejemplo. Su ejercicio profesional debe estar respaldado por la estabilidad en su cargo, porque esto le otorga la independencia necesaria por las opiniones que emite, incluso si ellas están en desacuerdo con las que sustentan las autoridades de turno. 99

En el último apartado de este libro, que resume la experiencia pedagógica de este maestro, hace referencia al rol de la educación dentro de una sociedad democrática, aportando profundas e interesantes ideas a este respecto. Veamos algunas: “Queremos ser democracia y la igualdad de oportunidad educacional, característica de aquel régimen. No existe o no puede hablarse de ella sino con referencia a una porción muy limitada de los habitantes. La mitad de nuestra población adulta carece del instrumento esencial para incorporarse a la vida cívica, el sufragio, y el resto, un crecido número, se halla incapacitado para emplearlo en forma inteligente”5. La realidad político-social a la cual hace referencia es aquella que corresponde a las primera mitad del siglo XX, manejándose con ideas que hoy tienen plena vigencia, especialmente cuando plantea la inexistencia de la igualdad de oportunidades. Sin ella no hay democracia posible, porque la mayoría de la población carece de una mínima cultura política; luego, con esta realidad, la democracia se convierte en una farsa. Para don Darío Salas, el fin de la educación es la “eficiencia social”, teniendo presente que este problema admite consideraciones diversas, según sea el tipo de democracia que sustente el grupo social gobernante (mercaderes, soñadores, militares, etc.). Lo que sí siempre debe estar presente dentro de un régimen democrático de verdad, es que la eficiencia social, para que sea tal, debe estar impregnada de la igualdad de oportunidades para todos y que la consciente participación de la ciudadanía en la vida democrática, depende de la educación que se le ha impartido. Pero, ¿cómo entiende Darío Salas la igualdad de oportunidades? Considera la universalidad de la educación, así como también que sea obligatoria (en los años en que él vivió, sólo fue obligatoria la enseñanza primaria) y que sea costeada y dirigida por el Estado.


La persona que ejerce la profesión docente, no sólo debe tener las competencias profesionales para su ejercicio, sino que además, según el maestro Darío Salas, debe estar posesionado de una sólida formación moral

Respecto del papel del Estado en el ámbito de la educación, Darío Salas expresó: “Ningún poder menos amplio que el Estado podría, por otra parte, asegurar la educación universal o hacerla obligatoria. Y ninguno podría, como él –que representa los intereses y las aspiraciones comunes–, determinar el carácter general de la enseñanza, su espíritu y sus rumbos. Y ninguno, finalmente, se halla como él en situación de echar sobre sus hombros la carga del sostenimiento de la educación y librar a ésta, así, del sistema de competencia, del todo inaplicable a una empresa que no se rige, como los negocios ordinarios, por la ley de la oferta y la demanda”6. Para el profesor Darío Salas, el Estado como depositario y representante del bien común de la sociedad, debe centralizar el mantenimiento y el desarrollo de la educación, ya que ésta debe estar al margen de las variaciones

del libre mercado, porque no es una mercancía. En educación no se fabrican bienes o cosas; aquí se forman personas, que sean ciudadanos conscientes, eficientes social y económicamente, porque también es un objetivo de la educación, preparar a los jóvenes para la vida de trabajo. A la luz de los actuales conflictos estudiantiles, cuyo punto focal es la educación, vemos que los planteamientos de Darío Salas tienen plena actualidad. Desde los tiempos de este egregio educador hasta el momento actual. En cada defensor de la educación pública –o estatal–, en cada denunciante de los abusos de la libertad de empresa en el campo de todos los niveles de la enseñanza, escuchamos los planteamientos de este ilustre educador, aunque la mayoría de los jóvenes desconozcan

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absolutamente a Darío Salas, quien en las primeras décadas del siglo pasado señalara las mismas ideas, que hoy estremecen a nuestro país.

Jobet, Julio César: Doctrina y praxis de los educadores representativos chilenos, pp. 412413. 1

Salas, Darío: El problema Nacional, pp. 123-124. 2

3

Salas, Darío: Ob.cit, p.145

4

Salas, Darío: Ob.cit, p. 149

5

Jobet, Julio Cesar: Ob.cit,

6

Salas, Darío: Ob.cit, p.217.


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30 Años educación y valores Diálogo con Quinchamalí, 30 aniversario de la Corporación Educacional Darío Salas que revive y actualiza los valores de la enseñanza normalista. Marcelo Maureira Ingeniero y magister en educación

¿Cómo surge el proyecto educacional Darío Salas? En el año 1980 Humberto Maureira y Maria Aliaga, se proponen formar un colegio de enseñanza básica que rescate el estilo de la formación antigua, formar y después instruir en el bien entendido que la formación es previa o paralela a la instrucción, esta mano de hierro con guante de seda empezó a dar sus frutos y poco a poco la comunidad la reconoce en la alternativa laica basada en valores. ¿Por qué se tomó el nombre de Darío Salas? A los fundadores la imagen de don Darío Salas les hiso mucho sentido, en primer lugar por el le-

gado que este insigne educador dejó para las clases más desprotegidas de nuestro país y por el hecho que se formara en la Escuela Normal de Chillán en la que estudió Humberto Maureira. ¿Cuáles son los fundamentos de la formación en valores que plantea vuestro proyecto educacional?

Cuando se decide que el centro de la educación deben ser los valores se asume una gran responsabilidad. Formar en dimensiones morales de la persona significa educar en su racionalidad, propiciar su autonomía, alimentar su capacidad de diálogo con el fin de adquirir y construir principios y

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normas que favorezcan el pleno desarrollo de su personalidad al sentir, pensar y actuar en sociedad. ¿Cómo se genera el ingreso del alumnado? Nuestra institución es de oportunidades reales para todos los alumnos que deseen ser partes de este proyecto educativo, de tal modo que sólo se entrevista para darle a conocer los lineamientos generales. ¿Cuánto pagan los alumnos? El alumno paga cinco mil pesos mensuales y en el caso de la enseñanza básica los cinco mil pesos son por familia, no importando cuantos hermanos estudien en los colegios. ¿Existe un sistema de becas? En la actualidad tenemos cinco tipos de becas las cuales deben ser postuladas y mantenidas por la familia y el alumno. ¿Cómo se protege la salud y seguridad de los alumnos? En esta materia los colegios cuentan en forma especial con un equipo de prevencionistas en riesgo que asesoran, capacitan, atienden y traslada a los distintos centros ante cualquier evento de accidente. ¿Cuál es el campo de acción de los Centro de Alumnos? Sin duda la sociedad que viven los jóvenes de hoy es distinta, abrirnos al diálogo, a la tolerancia y a la prudencia les llevará ser mejores miembros de esta vertiginosa comunidad global. Incentivar estos valores y promoverlos en todos los ámbitos de su vida les ocupa sus prioridades.

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¿Cómo participan los padres y apoderados en el proceso educacional?

Que sean miembros activos del proceso de formación de sus hijos es lo que el colegio requiere de los padres y apoderados, para ello participan en diferentes talleres del ámbito deportivo, recreativo, escuelas para padres y conociendo en detalle los avances de sus hijos. ¿Cuál es el balance de estos primeros treinta años? Ampliamente satisfactoria, los recuadros que se adjuntan a este diálogo son contundentes. Cada año nuestros colegios muestran ante la ciudad parte de sus logros entre los cuales destaca notoriamente la disciplina de los alumnos y la amplitud de las ocupaciones de su tiempo donde el arte y el deporte no sólo complementan su formación técnica, en realidad son parte sustancial del proceso educativo. En esos desfiles donde nos acompañan cientos de padres y apoderados, autoridades y público en general, nuestros colegios reciben congratulaciones que nos estimulan y fortalecen nuestra convicción que estamos laborando en una senda correcta. ¿Por qué vuestra Corporación participa en el proyecto

Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad?

editorial

Es parte de nuestras profundas convicciones que nuestra labor educativa vincule a profesores y estudiantes a la sociedad en la que trabaja. La revista Quinchamalí que es un verdadero lujo chillanejo cumple la hermosa función de investigar y difundir la cultura regional, sus materiales son útiles a nuestra docencia y sus ejemplares forman parte de nuestras bibliotecas.

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Colegios Darío Salas En Cifras Número actual de alumnos: 6.512 alumnos Número actual de profesores: 285 Docentes Número actual de carreras: 6 Carreras Número total de egresados: 8.987 egresados aprox. Número de grupos deportivos: 52 Grupos Deportivos Número de grupos artísticos: 36 Grupos Artísticos. Principales reconocimientos académicos: Carreras Acreditación, Técnico Profesional: Contabilidad – Ventas – Secretariado Carreras Acreditación Tecnológico: Electrónica y Telecomunicaciones Excelencia Académica: Técnico Profesional: 2006 – 2007 Tecnológico, Básico Chillán y

Técnico Profesional: 2008-2009 Técnico Profesional y Básico Chillán Viejo: 2010 – 2011 Excelencia Pedagógica: Técnico Profes.: Profesora María A. Saldías Ramos Año 2008 – 2009 – 2010 - 2011 Básico Chillán Viejo: Karen Arias Año 2009 Básico Chillan: María Paula Muñoz Henrique: 2010 Claudia Godoy Espinoza: 2010 (actualmente no se encuentra trabajando en el establecimiento) Reconocimiento por el Senado de la República de Chile por Excelencia Educacional a don Humberto Maureira Bravo (18X-2001). Menciónalos con los actuales directores: Colegio Básico de Chillan: Sra. Marcela Donoso Rojas. Colegio Técnico Profesional de Chillán: Don Jorge Molina Merino.

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Colegio Básico de Chillán Viejo: Sra. Carmen Martínez Acuña. Colegio Tecnológico de Chillán Viejo: Sra. Victoria Rivera Rosales. Campo recreativo. Instalaciones. Destinatarios. Complejo Deportivo “Rancho Aventuras”

Instalaciones: Piscina – 2 Cancha de Futbol – 1 Multicancha – 2 Cancha de Tenis – Circuito de Duatlón – Dormitorios – Laguna (Deporte Acuático y pesca Deportiva), Zona de Camping. Canales de televisión Fundado en X-2001 Director: Claudio Maureira Aliaga Señal Abierta a 50 km. A la redonda.


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EDUCAR EN VALORES D: DIGNIDAD A:AMISTAD R:RESPETO I: INICIATIVA O:ORDEN S:SINCERIDAD A:AMOR L: LEALTAD A: ALEGRÍA S:SOLIDARIDAD

RANCHO VENTURA

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Cecinas Chillán un emprendimiento exitoso Dialogo de Quinchamalí con Sergio Yanine sobre el gran salto de una empresa chillaneja al mercado internacional

“Porque si es preciso hartarse con longaniza chillaneja antes de morirse” decía el poeta Pablo de Rokha, para referirse a los tradicionales embutidos de Chillán, a este santuario gastronómico han peregrinado celebridades chilenas desde hace mucho tiempo, personajes como Antonio Acevedo Hernández, Oreste Plath, Alfonso Alcalde, entre otros, ellos alzaron las copas muchas veces para celebrar las bondades de estos bocadillos de los dioses. Pablo Neruda escribió en una canción creada junto a Vicente Bianchi, premiada en el Festival de Viña del Mar: “ hay longanizas en la noche de Chillán....... Las Longanizas de Chillán tienen una larga historia en la que unas cuantas familias han instalado marcas que conquistaron los paladares de muchos chilenos

Cabe preguntar, ¿cómo pudo surgir en pocos años un nuevo sello que ha tomado la delantera en amplios mercados, presencia inédita en los medios informativos y premios internacionales uno de los cuales fue conquistado en España donde las cecinas son verdaderas obras maestras con historia de siglos? En 1987 una familia de origen árabe arraigada por largos años en Chillán se lanzo a la aventura. Los hermanos Sergio Yanine y Juan Luís Yanine, cuyo apellido era ya una marca registrada en la medicina y en la industria, tercera generación de inmigrantes palestinos se lanzaron a conquistar las estrellas. Con decisión, paciencia y audacia, con los ojos y oídos abiertos a los progresos tecnológicos y a las transformaciones del mercado nacional y mundial, se pusieron manos a la obra. A 24 años del punto de partida se han puesto a la vanguardia del ramo 106


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en la región con instalaciones modernas, personal calificado, administración inteligente, mercados crecientes, que les permiten sonreír al contarnos que más de 2.000.000 de chilenos son sus clientes y que sus productos están en todos los grandes centros comerciales del país. Según la historia las longanizas comenzaron a fabricarse en Chillan en el tiempo de la colonia, época en que los españoles echan raíces en esta sureña localidad comenzando con las primeras fábricas de cecinas, donde se producía y se ponía a la venta el famoso chorizo español. Pero debido al alto precio del pimentón rojo, que era importado directamente de España, ingrediente fundamental del chorizo, impedía a la gran mayoría de la población de menor poder adquisitivo poder consumirlo, se comercializa principalmente en Santiago. Ante esta realidad los colonos avecindados en la ciudad decidieron comenzar la fabricación de un embutido de cerdo que tuviese un proceso de elaboración menos elaborado que el chorizo, el que a partir de 1900, se comenzó a vender y adquirió el nombre con el que se conoce en la actualidad, longaniza. Poco a poco, se fue avanzando un proceso más acabado de estos embutidos, que siempre fueron elaborados con carne de cerdo, pero esta vez se les fue agregando los aliños y variando los procesos de elaboración. Variación que resultó clave en el futuro, dado que esta característica le da al producto un sabor y aroma distinto. A contar esta historia, los afanes de cada día, las tareas siempre inconclusas para mejorar y avanzar, hemos invitado a conversar con Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad al empresario Sergio Yanine cuya empresa se ha incor-

porado a nuestro proyecto editorial. ¿Dónde está la diferencia? En Chillán existen varias fábricas en este rubro, unas sólo producen longanizas otras una variedad de productos vinculados al ramo, nosotros nos hemos preocupado de rescatar recetas y técnicas traídas por los colonos del viejo continente adaptándolas a las tecnologías actuales y hemos logrado resultados que gozan de un amplio reconocimiento en el país y en el extranjero. El sello de calidad de Cecinas Chillán ha sido ampliamente reconocido. Nos hemos esforzado por instalar nuestro producto a la altura de las tradiciones históricas y culturales de esta tierra, hemos querido situarnos en el rango de sus grandes hijos que con orgullo admiramos como en nuestros íconos. En 107

el país Chillán ha sido sinónimo de sustancias y longanizas, cuando los chillanejos viajamos nuestros parientes y amigos siempre preguntan ¿trajiste longanizas? En esa línea hemos querido instalar un producto de excelencia y lo hemos logrado. ¿Cómo se combina la tradición con el cambio tecnológico? “Antaño no se concebía consumir las longanizas si no estaban ahumadas. Esto ha cambiado con el tiempo por el apremio del consumo y la fabricación masiva. Por razones higiénicas las tradicionales “muertes de chancho” han dejado paso a nuevos procedimientos pero prevalece la costumbre en el mundo rural aunque ahora se toma la precaución de traer el chanchito hasta el matadero para saber si está disponible para el consumo de acuerdo a las exigencias sanitarias.”


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La muerte de chancho es un viejo ritual campesino, ¿cómo sobrevive? “En los campos se suele decir que lo único que se pierde del chancho es el grito. Y no dejan de tener razón. La cabeza cocida se planta en medio de la mesa y preside el festín. Allí poco a poco va perdiendo dignidad y quedándose sin orejas, hocico, etc. Con ají picante y sopaipillas, pebre cuchareado, la cabeza del chancho se convierte en una delicia. También da origen al queso de cabeza que es parte de lo gastronómico local. Pero tal vez una de las faenas más simpáticas y con un fuerte acento colonial es la de los chicharrones. Gruesas lonjas de grasa y carne van cayendo a la olleta(o bien una olla con más sabor a ciudad de gran tamaño).Allí crepita la manteca y van saliendo los crujientes chicharrones. En este ritual campesino se saborean los “chincoles”, que son como los primos hermanos de los chicharrones, pero más grandes y con bastante carne. El pan amasado y el pipeño de la zona complementan este manjar de dioses. Y así entre tarea y tarea las mujeres de la casa ayudan fuertemente a los varones en la muerte de chancho van rellenando las tripas para las longanizas, separando los costillares y lo que se puede destinar a jamón. Se hace paté, se consumen las patitas, el cuero se ocupa en toda su extensión y en lo inmediato, los perniles humeantes y las prietas se sirven acompañados de papas cocidas. En los viejos fogones de las casas de campo que rodea a Chillán, todavía se ahúman las longanizas y la carne salada que servirá para la alimentación durante del frío y largo invierno. Y aunque al chan-

cho solo se le pierde el grito las dueñas de casa lo crían, alimentan, porque estos redondos cochinillos les procuran la manteca blanca y untuosa con que harán el pan y cocinarán a sus familias”. ¿Cuáles son las señales para sentirse en las Ligas Mayores? “Nuestro entrevistado sonríe y exclama con legítimo orgullo: estamos entre las mejores cecinas del mundo. En el 2009 se realizó en Madrid un gran evento en el que nuestros productos fueron seleccionados por el Club de Líderes del Comercio de España entre los mejores del mundo y recibimos Medalla de Oro, La Discusión informó: Un verdadero hito en sus más de 20 años de existencia, logró la firma local Cecinas Chillán. Se trata del Trofeo Internacional al Prestigio Comercial, otorgado por Editorial Ofice en conjunto con el Trade Leader`s Club distinción reservada a los mejores fabricantes de embutidos del mundo con información proporcionada por 112 países” En el 2011 ganamos el Premio de Excelencia Empresarial The Bizz 2011, en ceremonia realizada en Florida en el Disney”s Grand Floridian Resort & Spa y una convención de negocios de dos días anteriores a la de eventos que incluye reuniones de negocios para mejorar la velocidad de nuevas reuniones de negocios y la ceremonia de la cena de gala. Este premio se considera en el mundo el premio empresarial más importante y es presentado por la Confederación Mundial de Negocios (WORLDCOB) a las empresas más destacadas en diversos países. Este reconocimiento celebra el éxito medido por seis criterios WORLDCOB considera que representan la Excelencia Empresarial.” Ustedes destacan el propósito de producir cecinas a 108


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la altura del escenario histórico y cultural de Chillán. ¿Por qué esa vinculación? “Porque nos sentimos herederos de esas tradiciones y desde el comienzo pensamos que la identificación que muchos chilenos hacen de Chillán con las longanizas tenía que responder a la mayor excelencia. Siempre hemos sido sensibles a los valores históricos y culturales de esta tierra y por eso nos ha parecido de la mayor importancia vincularnos al proyecto editorial Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad, publicación que está llamada a cumplir, no sólo una hermosa tarea de recuperación de identidad, también demostrar al país lo que Chillán y Ñuble han aportado en el pasado y lo que están aportando ahora”.

numerosa concurrencia que no escatimó elogios a esta notable recepción ofrecida por esta empresa chillaneja, que se hizo presente. El gerente de la empresa Sergio Yanine recibió congratulaciones, tanto por la calidad de los productos ofrecidos, como por su apoyo a esta iniciativa cultural La conversación recién ha comenzado y seguirá explorando nuevas formas de colaboración. ¿Habría pensado usted que una empresa de cecinas iba desvelarse por la cultura de Ñuble? Pues ya lo sabe Cecinas Chillán tiene en carpeta sorprendentes proyectos culturales. Ya los conocerá.

Con ocasión de presentarse el libro América es la casa: arte mural y espacio público en Chillán en el Museo de Bellas Artes, este fue un verdadero reconocimiento a una iniciativa cultural chillaneja, ofrecido por el principal escenario de la Bellas Artes en Chile, Cecinas Chillán, También debuto en las grandes ligas de la cultura ofreciendo un cóctel que causó gran admiración por la

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habilidades sociAles

´ en el Desafios mundo productivo Juan Carlos Romo Sanders Inacap Sede Chillán. La Universidad Tecnológica de Chile Inacap, sabe que hoy más que nunca el ámbito laboral requiere de profesionales y técnicos que sean capaces de enfrentar los múltiples desafíos que continuamente presenta la sociedad global. En tal sentido, para potenciar a las nuevas generaciones, la enseñanza por competencias resulta una gran herramienta, pues está asociada a aquella capacidad concreta para conseguir un determinado objetivo en contextos laborales reales. Sin duda esto es muy importante, pero no es la única faceta que debemos potenciar en nuestros jóvenes. Inacap está consciente que, de la mano de los conocimientos y habilidades específicas que caracterizan de modo tan particular a cada una de las profesiones y oficios presentes en el ámbito del desarrollo humano, las llamadas competencias

“blandas” o habilidades sociales, son conductas fundamentales que cooperan sistemáticamente en la consecución de las metas. En tal sentido, la Universidad Tecnológica de Chile Inacap promueve, a la par de una sólida formación en aspectos técnicos específicos, el desarrollo de lo que se denomina el Saber Ser, vale decir, aquellos aspectos directamente vinculados con la carga valórica que conlleva el compartir con otras personas, como el respeto y la responsabilidad. Estas conductas corresponden a destrezas de carácter social, pues permiten cumplir una serie de tareas realizadas en conjunto con otras personas. Y esa es la clave: la presencia de relaciones interpersonales. El ingeniero debe ser capaz de resolver ecuaciones complejas; el mecánico debe lograr reparar los desperfectos que presente un 110


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vehículo, de esto no cabe duda. Son actividades totalmente distintas –por lo que requieren competencias “duras” específicas– pero ambas buscan conseguir su objetivo; y para lograrlo, en cada una de sus áreas, estos profesionales van a desarrollar su labor en contacto con otras personas. Es precisamente este comportamiento de alcance interpersonal, el que marca la diferencia en un mundo tan dinámico como el que se nos muestra día a día. Marshall McLuhan, aquel notable y visionario profesor canadiense, nos advirtió la importancia de los medios en una “aldea global”. Esta concepción planetaria provoca una innegable presión a todos los sectores productivos, independiente de su área de especialización. Por lo mismo, no basta con “saber mucho” de una determinada materia; lo importante es su aplicación práctica en presencia de otros individuos. Es por esto que Inacap asume la importancia de los idiomas en nuestros procesos de enseñanzaaprendizaje, pues el lenguaje es nuestro punto de entrada al conocimiento de nuevas culturas, junto con la trascendencia del liderazgo, cuando el ritmo laboral exige la toma de decisiones bajo mucha presión, y la proactividad en tiempo real. Lo anterior hace la diferencia entre departamentos

o empresas, pues lo importante es cumplir con disciplina y rigurosidad cada uno de los objetivos propuestos, respetando la singularidad humana, y potenciando aquellas cualidades que nos hacen distintos, que enriquecen nuestro clima laboral. Finalmente, si de clima laboral se trata, no podemos dejar de mencionar lo esencial que resultan las habilidades de comunicación y el trabajo en equipo. Las fronteras físicas ya no son obstáculo para estudiar, trabajar o relacionarnos con otros actores. El mundo en red es un hecho, por tanto una comunicación efectiva es un elemento a considerar al momento de desarrollar nuestra labor. El tiempo real nos obliga a tomar decisiones que pueden afectar a muchas personas, de modo que nuestra capacidad para adaptarnos a distintos escenarios debe ir de la mano con el fortalecimiento del trabajo en equipo. El compartir con profesionales de distintas áreas enriquece la cultura organizacional y, canalizada de modo correcto, esta convivencia puede convertir en un elemento estratégico al momento de resolver problemas de alta complejidad.

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Alejandro Franco Un Chillanejo en Alemania Esteban Cuya Periodista Departamento Relaciones Internacionales Núremberg Alejandro Franco y su esposa Annette Bausewein cumplen con la galería Arauco –desde su fundación en 1993– una excelente labor de promoción cultural, presentando en su galería a artistas experimentados y reconocidos en la escena latinoamericana, pero sin ignorar a los nuevos creadores que dejan correr su imaginación hacia la pintura, la escultura y la fotografía. Podríamos decir que la Galería Arauco es un lugar de visita obligatorio para todo aquel que en Baviera, en el sur de Alemania, desea familiarizarse con las tendencias actuales del arte de nuestro continente. Los medios de prensa de Baviera, generalmente discretos, no tienen reparos en designar a la galería Arauco como “Un continente en un espacio pequeño”, o “Una puerta hacia el Sur”, o “Un continente cerca a nuestras puertas”, destacando el rol de Alejandro Franco como un embajador de la cultura latinoamericana. Este éxito y reconocimiento alcanzado por Alejandro Franco, tanto por parte de las autoridades locales y regionales, así como de los medios de comunicación, es fruto del esfuerzo sacrificado de muchos años de trabajo, iniciado en 1978, diríase empujado por las circunstancias. Por la Galería Arauco han desfilado desde su fundación, hace 18 años, prestigiosos intelectuales, como el escritor chileno Antonio Skarmeta; el premio Nóbel de la Paz, el argentino Adolfo

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Pérez Esquivel; así como el pintor mexicano Rubén Gallardo; el colombiano Omar Alberto Gómez; el brasileño Tiberio Nascimento, entre otros, que han dejado sus firmas en el libro de visitas. La Galería Arauco también le ofrece oportunidad de presentar sus creaciones a artistas alemanes interesados en la temática latinoamericana. Además de la pintura, en Arauco se puede hallar buen vino de Chile o Argentina, así como joyería fina en plata y oro. Pero,antes de continuar, será mejor empezar desde el principio. Alejandro Franco Arratia nació en Temuco (13-XI-1949), pero asistió e hizo los estudios primarios y secundarios en el Liceo de Hombres de Chillán, a unos 420 Kms. al sur de Santiago. El es el mayor entre tres hijos de la familia. Su padre, Alejandro Franco Amaro, fue Jefe de los Carabineros y Prefecto de la


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Provincia de Ñuble. Su madre, Ernestina Arratia de Franco, enseñó música en el Liceo de Niñas, y posteriormente en la Universidad de Concepción. Una hermana y un hermano de Alejandro viven actualmente en Chile.

El músico chillanejo Patricio Henríquez en concierto frente a Arauco.

Alejandro fue a la escuela En la Revista en Chillán, donde estudió la “Prinz”. Annette y primaria y la secundaria. “Fuimos Alejandro. al Liceo en la época en la que los centros estatales tenían excelente educación”, declara orgulloso. Después de aprender en el Liceo de Hombres, partió hacia Concepción, a fin de estudiar en la Universidad. Terminó sus estudios con el título de Sociólogo. Después de realizar prácticas en Empresa Nacional del Carbón, fue incorporado por cuatro años a dicha empresa, como asesor del gerente general en la parte de desarrollo social, Durante estos “años de una labor importante en una plomo”, los militares acusaron a región con graves problemas Alejandro de formar parte de las laborales y sociales. redes de apoyo de un movimiento En 1975 Alejandro fue político de izquierda. A causa detenido en Concepción, en de la detención sufrida 1975, la Villa San Pedro. “Me llevaron en la Vicaría de la Solidaridad primero a Talcahuano y después a la existían actas sobre las torturas Base Naval”, recuerda aún con Durante estos dolor. Allí, en la Base Naval lo mantuvieron cautivo durante “años de plomo”, tres meses, juntamente con otros prisioneros, principalmente los militares acusaestudiantes de Concepción. “Mientras yo estaba en la cárcel, mi ron a Alejandro de padre hizo todo lo posible para lograr mi liberación. El había sido jefe de formar parte de las carabineros en la provincia. Un día él sufrió un accidente, se cayó de una redes de apoyo de escalera, se quebró la cadera y las piernas. Quedó muy mal de salud. Es un movimiento políposible que el accidente de mi padre haya influido indirectamente en que me tico de izquierda. dejaran libre, a fin de ir a visitarlo. Así pude salir de la cárcel, y regresé a mi y los abusos que los militares de la dictadura le infligieron casa”. a Alejandro. La Vicaria de la “Dos años después, en 1977 agentes Solidaridad ayudó a Alejandro y de la DINA sorpresivamente volvieron a su compañera a salir de Chile y allanar mi casa, destrozaron la puerta, establecerse en Alemania. los muebles, golpearon a mi compañera, Dejemos que él mismo nos quien se encontraba allí. Yo me cuente su historia: “Llegué a encontraba fuera de mi casa. Sólo esa circunstancia me permitió sobrevivir”. Alemania a fines de abril de1977, Agrega que “por eso tuvimos que directamente de Santiago de Chile a salir de Concepción. Fuimos a Santiago Frankfurt y de allí a Dusseldorf. De allí y allí nos apoyaron personas de los fui buscado en un bus que nos llevó a Bochum, donde me establecí por cerca de organismos de Derechos Humanos”. 10 meses. Encontré un ambiente extraño,

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con otro idioma, otras costumbres, otro clima. Como muchos otros exiliados, llegué sufriendo los traumas de la cárcel, el exilio, la inseguridad del futuro, el dolor de abandonar a la familia que tanto se quiere. En Alemania recibí una beca del Ökumenisches Studienwerk, dirigido por el pastor luterano Heinz Dressel y que nos permitió afrontar los gastos de establecerme en el país y empezar a organizar la vida futura. Más tarde, en 1978, ya establecido en Bochum, recibí una y beca y vine a estudiar a Nürnberg. En 1978 encontré aquí al profesor Hans Albert Steger, quien me dijo que si yo venía a Nürnberg podría trabajar en la Universidad en asuntos relacionados con América Latina. Desde esa fecha trabajo como docente contratado por la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen y Núremberg. Enseño por horas el idioma español y cursos de Cultura y Civilización de Latinoamérica. Pero con ese trabajo por horas uno no se puede financiar la vida, mucho menos si tiene una esposa e hijos, como en mi caso, pues con Annette he tenido cuatro hijos: Pablo (25), Leo (23), Aura (20), y Emilio Lautaro (16). Entonces yo pensé en buscarme una fuente de ingresos como independiente. Primero probamos, junto con otras personas, con una tienda de lapislázuli. Más tarde, en julio de 1993 nació Arauco, una combinación de Galería de


Venissage frente a la Galería Arauco. De izq. a derecha, el músico Rodrigo Santa María, la presidenta de Ponte Cultura Marianne Stüve, las artistas brasileñas Leila de Sarquis y Fernanda Amalfi, Annette Bausewein y la diseñadora de joyas Julia Oehler. Atrás, Alejandro Franco.

arte con joyas y vino latinoamericano. Empezamos con un local en la Weißgerbergasse. Posteriormente, en 1996 nos mudamos a nuestro local actual, en Trödelmarkt, a orillas del rio Pegnitz. Elegimos el nombre Arauco. Es un homenaje a un pueblo que combatió a los conquistadores durante siglos. Somos un punto de contacto para la ciudad. Cuando la Universidad o la Municipalidad de Nürnberg necesitan un músico, un escritor, un pintor latinoamericano, nos consultan, ya que aquí contamos con un banco de datos muy grande sobre creadores latinoamericanos. Ángel Parra estuvo en Nürnberg. Nosotros facilitamos los contactos. En nuestros casi 20 años de existencia hemos presentado la crema de la crema del arte latinoamericano, exponiendo las obras de 50 artistas de 10 países latinoamericanos. De Chillán y de la región hemos presentado, entre otros, a Hernando León, Luis Guzmán, Fernando Tejeda, Oswaldo Guayasamín, Antonio Skarmeta, primero como escritor y luego como embajador de Chile. Hemos organizado exposiciones con Osvaldo Bacman, Ricardo Fuhrmann,

Mario Díaz Suárez, de Argentina; así como con Henrique Lemes, Ileana Dimitriu, Fernanda Amalfi, Gustavo da Liña, Angelo Milani, de Brasil; con Luis Guzmán Molina, Hernando León, Pablo Lira, Sara Quiroz, Osvaldo Rodriguez Musso el “Gitano”, Mario Tapia, Sergio Vesely, Fernando Tejeda, de Chile; Omar Gómez, de Colombia, Rubén Gallardo, de México, entre otros. Somos conocidos en toda Alemania. Las embajadas nos llaman, a veces, cuando viene un artista latinoamericano, nos piden apoyo. Nosotros tratamos de facilitarle a los artistas su acceso al público alemán. Pienso que la imagen que se tiene hoy de la cultura latinoamericana aquí ha cambiado, gracias a los esfuerzos de nuestra galería. Cuando llegué se tenía aquí la imagen de que en América Latina solo existía folklore. Pero cuando presentas a Fernando Tejeda o Hernando León, Rubén Gallardo, Oswaldo Bacman, el público recibe otra visión. En nuestro continente hay una creación moderna en la pintura, y que no es una copia de lo que hay en Europa, que tiene su propia característica, con colores fuertes.

Antes la gente venía a la galería, miraban pero no compraban. En general según mi apreciación, era muy poco lo que se vendía. Pero según los mismos artistas, aquí se vende bien. La tendencia es que las ventas aumentan. No repito una exposición antes de dos años, pero ellos quieren venir con más frecuencia. Me imagino que para los 20 años haremos una retrospectiva, con los artistas que nos han apoyado, haremos una fiesta en la isla donde se encuentra la Galería. Esta isla es como un paraíso dentro de Nürnberg. Nosotros hemos aportado a la belleza de ese paraíso llamado Trödelmarkt. Con mucha razón ha dicho Antonio Skármeta que la Galería Arauco es una joya auténtica en Núremberg. Ver: http://www.arauco.de (Esteban Cuya, Núremberg, setiembre de 2011)


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Gonzalo Rojas en Pinto

Fernando Chávez Alcalde. Municipalidad de Pinto

Como se sabe, el poeta Gonzalo Rojas Pizarro tuvo una fuerte vinculación con la comuna de Pinto. A poco tiempo de su regreso del exilio instaló en Los Lleuques un espacio para el descanso y la creación literaria al que llamó El Torreón del Renegado. A este punto de nuestra geografía dedicó dos piezas literarias a través de las cuales Pinto entró en la historia de las letras hispanoamericanas: Le pondremos Renegado y El Torreón del Renegado. Por su hijo Gonzalo ahora sabemos que esos parajes lo habían cautivado desde mucho antes de salir a peregrinar por el mundo, “solíamos acampar en carpas junto a mi madre y recorríamos cerros, bosques y esteros, en inolvi-

dables caminatas”, nos cuenta con sincera emoción. Antes de su partida en la Municipalidad de Pinto se dispuso a retener parte de la memoria del poeta entre nosotros. Si bien el fuego consumió el Torreón del Renegado y se llevó el patrimonio material no podrá llevarse el aire que respiró el poeta en nuestra tierra y su presencia que nos llenaba de orgullo. Hemos dispuesto instalar en la Biblioteca Municipal el Rincón de Gonzalo Rojas con testimonio de su obra, un óleo que presidirá el recinto y una de sus mesas de trabajo. Quisiéramos que este rincón motivara la lectura de su obra, el estudio de las letras nacionales y extranjeras y, por qué no estimular talentos que pudieran surgir bajo esta inspiración.

Concejales de Pinto, de izquierda a derecha Roberto Oyarce Gallegos, Manuel Guzmán Aedo, Juan Carlos Jiménez Villagrán y José Torres Umaña, junto a Gonzalo Rojas May.

Alcalde Fernando Chávez Guiñez junto a Gonzalo Rojas May y al director de Quinchamalí quien tuvo a su cargo ofrecer una semblanza de la obra literaria y académica de Gonzalo Rojas Pizarro.

Vista parcial del público que repletó la Biblioteca Municipal de Pinto.

Alcalde Fernando Chávez Guiñez recibe de Gonzalo Rojas May versos del poeta enmarcados para incorporarse al acervo de la Biblioteca Municipal.

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Farándula ¿en Pelarco ?

Bernardo Subercaseaux S.

Pelarco es una comuna campesina de cerca de 8.000 habitantes ubicada en el valle central, en la provincia de Talca, en una zona que simboliza la ruralidad y las tradiciones del Chile criollo. En el portal de información de la página de SERNATUR, en Internet, se la describe como una comuna huasa por excelencia, con presencia de la trilla, el rodeo, el charqui, el pan amasado y los hornos de barro. Un lugar en que las tradiciones y costumbres campesinas están vivas y que tiene en la ruralidad a su condición natural. En el pequeño pueblo habitan no más de 2 mil personas, y las restantes 6 mil desperdigadas en tierras de riego y rulo, en casas de adobe con tejas, en un paisaje en que alternan trigales, arroz, tomates, la vid y potreros rodeados de álamos. Durante varios años, la alcaldesa más prominente de Pelarco, una diva de la televisión casada entonces con un agricultor de la zona, puso gran parte de sus esfuerzos edilicios en la realización, en gran estilo, de un concurso que ya existía, de un evento que durante su mandato concitó la atención massmediática de todo el país: la elección de Miss Pelarco.

Con el apoyo de distintos sectores y medios publicitarios de la capital, el evento se realizó en el gimnasio de Pelarco, imitando el formato audiovisual de uno de los programas de mayor audiencia y mercado en la industria del entertainment: la elección de Miss Universo. Un locutor de smoking, con jóvenes campesinas que se esforzaban por disimular su timidez, entrenadas y vestidas por modistos de Santiago, paseándose en bikini o con vestidos forrados en brocato y glamour. Cámaras, las preguntas de rigor a las concursantes y el consabido llanto de la coronación. Periodistas y locutores de radio de distintos puntos del país siguiendo el espectáculo. El evento consiguió lo que la hoy en día ex alcaldesa y diva se proponía: instalar en el imaginario de las muchachas y campesinos de Pelarco el sueño de una noche globalizada. La elección de la reina y su resultado fue cubierta por todos los medios del país. Un periódico de circulación nacional señaló que la varita mágica de la alcaldesa había tocado a la comuna. La dama de marras fue también una gran promotora de la fiesta de Halloween; ella misma se disfrazó en más de una ocasión de bruja. Y más tarde, cuando se peleó con su ahora ex marido, fue acusada por su sucesor de llevarse los muebles antiguos del municipio, convirtiéndose para los periódicos en el “último capítulo de La Quintrala” (personaje histórico y pseudo bruja de la tradición criolla, a la que en el pasado la autoridad municipal había

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Cartas de la aldea

representado en una famosa serie de televisión). A estas alturas, para los corrillos campesinos de Pelarco y del país entero, el trasvasije massmediatizado era total: ya no se sabía dónde terminaba la pantalla y dónde comenzaba la realidad. En el esfuerzo de la ex alcaldesa subyacía un supuesto que comparten muchos: la idea de que por efecto de la comunicación y la TV, hoy en día todas las culturas y subculturas tienen elementos comunes, y que, por lo tanto, subirse a ese carro homogeneizador e igualitario era la mejor forma de situar a la comuna en el mapa y en la modernidad. Y así efectivamente ocurrió. El Pelarco invisible de antes se hizo en el año 2001 famoso: fue cubierto por todos los medios, e incluso Canal 13 de Televisión realizó un programa extenso sobre el evento. Hasta el día de hoy, cuando ya la ex diva no es alcaldesa (pero continúa siendo figura de la TV), siguen consultando al municipio desde otras comunas del país para indagar datos de la producción e interiorizarse sobre el referente audiovisual que sirvió de modelo. Una artista plástica de avanzada realizó la perfomance “Esperando”, a la que subtituló “El fans club de Miss Pelarco espera su arribo a Santiago en la esquina de las calles Estado con la Alameda”. María Magdalena Arenas, que así se llama la candidata que fue coronada reina en el año 2001, recibió como premio un curso de modelaje en una academia de la capital, se quedó a vivir allí, y actualmente forma parte de la Guardia del Palacio Presidencial

con el nombre de la “Carabinero Arenas”. El asunto, sin embargo, involucra aspectos que van más allá del destino individual de la reina de turno. La cultura local y la identidad rural de la comuna, de por sí debilitada por el predominio de lo moderno en los medios audiovisuales, ¿no resulta más erosionada aún después del evento y de la parafernalia que éste concitó? ¿No es acaso Miss Pelarco un rito audiovisual que tiende a uniformar el imaginario y los hábitos de consumo, los sueños de vida e incluso las prácticas culturales

de los habitantes de la zona? ¿Puede hablarse, a partir de este caso, del rol que cumple la cultura massmediática en la desestabilización de los anclajes identitarios tradicionales? ¿No estaremos frente a un hecho sintomático que refleja el intercambio desigual de bienes simbólicos que afecta al país, y que se manifiesta en una hiperinflación de la cultura de masas? ¿No estaremos, acaso, ante signos de que la dominación y la hegemonía –entendida como consentimiento acrí117

tico del modelo de mercado– es la que rige plenamente al país en este bicentenario? Las respuestas a estas interrogantes dependerán, en gran medida, de la valoración que se tenga de tales fenómenos y de la agenda político intelectual de cada quien. Una serie de estudiosos, como José Joaquín Brunner, tienden a negar o a diluir la existencia de un específico cultural rural, chileno, o, para el caso, latinoamericano. Nos anuncian el ingreso irreversible a la modernidad: “todo el antiguo imaginario fiscal y mesocrático –dice Brunner– incluso todo lo que es tradicional, rural, apartado, folklórico, pasa a formar parte ahora de la conciencia cultural de la modernidad mediante un proceso de continuas hibridaciones y recombinaciones. Nadie escapa de ésta (ola) ni puede situarse fuera de sus límites, los que se expanden como el universo”. Otros, como Jesús Martín Barbero y Renato Ortiz, afirman que en la globalización la Nación ha experimentado un deterioro como contenedora de lo social y de lo cultural, y que es sobre todo en la trama de la cultura de masas y en la comunicación audiovisual que se juegan, de modo creciente, dimensiones claves del ser social. Sostienen así que el melodrama y otros géneros propios del mundo de la TV relevan aspectos fundamentales de la cultura popular latinoamericana, negados por la mirada racionalista y elitista de la intelligentzia ilustrada. Son autores que desde distintos ángulos se


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Pelarco es una comuna campesina de cerca de 8.000 habitantes ubicada en el valle central, en la provincia de Talca, en una zona que simboliza la ruralidad y las tradiciones del Chile criollo. En el portal de información de la página de SERNATUR, en Internet, se la describe como una comuna huasa por excelencia, con presencia de la trilla, el rodeo, el charqui, el pan amasado y los hornos de barro. Un lugar en que las tradiciones y costumbres campesinas están vivas y que tiene en la ruralidad a su condición natural. En el pequeño pueblo habitan no más de 2 mil personas, y las restantes 6 mil desperdigadas en tierras de riego y rulo, en casas de adobe con tejas, en un paisaje en que alternan trigales, arroz, tomates, la vid y potreros rodeados de álamos. Durante varios años, la alcaldesa más prominente de Pelarco, una diva de la televisión casada entonces con un agricultor de la zona, puso gran parte de sus esfuerzos edilicios en la realización, en gran estilo, de un concurso

que ya existía, de un evento que durante su mandato concitó la atención massmediática de todo el país: la elección de Miss Pelarco. Con el apoyo de distintos sectores y medios publicitarios de la capital, el evento se realizó en el gimnasio de Pelarco, imitando el formato audiovisual de uno de los programas de mayor audiencia y mercado en la industria del entertainment: la elección de Miss Universo. Un locutor de smoking, con jóvenes campesinas que se esforzaban por disimular su timidez, entrenadas y vestidas por modistos de Santiago, paseándose en bikini o con vestidos forrados en brocato y glamour. Cámaras, las preguntas de rigor a las concursantes y el consabido llanto de la coronación. Periodistas y locutores de radio de distintos puntos del país siguiendo el espectáculo. El evento consiguió lo que la hoy en día ex alcaldesa y diva se proponía: instalar en el imaginario de las muchachas y campesinos de Pelarco el sueño de una noche globalizada. La elección de la 118

reina y su resultado fue cubierta por todos los medios del país. Un periódico de circulación nacional señaló que la varita mágica de la alcaldesa había tocado a la comuna. La dama de marras fue también una gran promotora de la fiesta de Halloween; ella misma se disfrazó en más de una ocasión de bruja. Y más tarde, cuando se peleó con su ahora ex marido, fue acusada por su sucesor de llevarse los muebles antiguos del municipio, convirtiéndose para los periódicos en el “último capítulo de La Quintrala” (personaje histórico y pseudo bruja de la tradición criolla, a la que en el pasado la autoridad municipal había representado en una famosa serie de televisión). A estas alturas, para los corrillos campesinos de Pelarco y del país entero, el trasvasije massmediatizado era total: ya no se sabía dónde terminaba la pantalla y dónde comenzaba la realidad. En el esfuerzo de la ex alcaldesa subyacía un supuesto que comparten muchos: la idea de que por efecto de la comunica-


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ción y la TV, hoy en día todas las culturas y subculturas tienen elementos comunes, y que, por lo tanto, subirse a ese carro homogeneizador e igualitario era la mejor forma de situar a la comuna en el mapa y en la modernidad. Y así efectivamente ocurrió. El Pelarco invisible de antes se hizo en el año 2001 famoso: fue cubierto por todos los medios, e incluso Canal 13 de Televisión realizó un programa extenso sobre el evento. Hasta el día de hoy, cuando ya la ex diva no es alcaldesa (pero continúa siendo figura de la TV), siguen consultando al municipio desde otras comunas del país para indagar datos de la producción e interiorizarse sobre el referente audiovisual que sirvió de modelo. Una artista plástica de avanzada realizó la perfomance “Esperando”, a la que subtituló “El fans club de Miss Pelarco espera su arribo a Santiago en la esquina de las calles Estado con la Alameda”. María Magdalena Arenas, que así se llama la candidata que fue coronada reina en el año 2001, recibió como premio un curso de modelaje en una academia de la capital, se quedó a vivir allí, y actualmente forma parte de la Guardia del Palacio Presidencial con el nombre de la “Carabinero Arenas”. El asunto, sin embargo, involucra aspectos que van más allá del destino individual de la reina de turno. La cultura local y la identidad rural de la comuna, de por sí debilitada por el predominio de lo moderno en los medios audiovisuales, ¿no resulta más erosionada aún después del evento y de la parafernalia que éste concitó? ¿No es acaso Miss Pelarco un rito audiovisual que tiende a uniformar el imaginario y los hábitos de consumo, los sueños de vida e incluso las prácticas culturales de los habitantes de la zona? ¿Puede hablarse, a partir de este caso, del rol que cumple

la cultura massmediática en la desestabilización de los anclajes identitarios tradicionales? ¿No estaremos frente a un hecho sintomático que refleja el intercambio desigual de bienes simbólicos que afecta al país, y que se manifiesta en una hiperinflación de la cultura de masas? ¿No estaremos, acaso, ante signos de que la dominación y la hegemonía –entendida como consentimiento acrítico del modelo de mercado– es la que rige plenamente al país en este bicentenario? Las respuestas a estas interrogantes dependerán, en gran medida, de la valoración que se tenga de tales fenómenos y de la agenda político intelectual de cada quien. Una serie de estudiosos, como José Joaquín Brunner, tienden a negar o a diluir la existencia de un específico cultural rural, chileno, o, para el caso, latinoamericano. Nos anuncian el ingreso irreversible a la modernidad: “todo el antiguo imaginario fiscal y mesocrático –dice Brunner– incluso todo lo que es tradicional, rural, apartado, folklórico, pasa a formar parte ahora de la conciencia cultural de la modernidad mediante un proceso de continuas hibridaciones y recombinaciones. Nadie escapa de ésta (ola) ni puede situarse fuera de sus límites, los que se expanden como el universo”. Otros, como Jesús Martín Barbero y Renato Ortiz, afirman que en la globalización la Nación ha experimentado un deterioro como contenedora de lo social y de lo cultural, y que es sobre todo en la trama de la cultura de masas y en la comunicación audiovisual que se juegan, de modo creciente, dimensiones claves del ser social. Sostienen así que el melodrama y otros géneros propios del mundo de la TV relevan aspectos fundamentales de la cultura popular latinoamericana, negados por la mirada racionalista y elitista de la intelligentzia ilustrada. Son auto119

res que desde distintos ángulos se aproximan a lo que Beatriz Sarlo ha llamado el neopopulismo cultural. Autores que perciben a la modernización como parte central de la tradición y de la identidad latinoamericana (en lo que tienen razón) pero que omiten o cierran los ojos frente a las tensiones y conflictos de este proceso. Son autores para quienes pareciera no haber argumentos válidos para sostener que el dúo Pimpinela o la cantante Shakira sean menos expresivos de la latinoamericanidad que Violeta Parra o Atahualpa Yupanqui. Otros pensadores, como Néstor García Canclini, sostienen que hablar hoy en día de cultura campesina con respecto a una comuna rural como Pelarco es un forzamiento, puesto que las culturas en un mundo interconectado no son monolíticas ni puras, sino híbridas y complejas, con zonas de tradición y de cambio. En Pelarco se manifestaría, de alguna manera, esta hibridez. En el plano internacional, para García Canclini Shakira sería una expresión híbrida, que basaría su éxito precisamente en la combinación de elementos de la inmigración árabe, del rock en español y de la música colombiana, pero proyectados como producto a la globalización. Si bien podemos analíticamente compartir lo que señala García Canclini, particularmente en la perspectiva de que las culturas no pueden ser entendidas como totalidades cerradas intocadas por la modernidad, en términos de políticas culturales y de asumir la globalización desde una perspectiva no subordinada, hay que tomar decisiones y de alguna manera establecer prioridades (sobre todo cuando hay presupuestos limitados y preocupación por preservar el patrimonio material e intangible). De Shakira se encarga el mercado; hoy en día canta en inglés y mañana proba-


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América es la casa Libro sobre murales de Chillán fue lanzado exitosamente en el Museo de Bellas Artes - Es primera vez que un libro de autoría chillaneja es lanzado en el más importante escenario del arte y la cultura nacional. - A la ceremonia asistieron autoridades y destacadas figuras del ámbito artístico y cultural del país.

Con una masiva asistencia y el imponente marco del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, fue lanzado recientemente en la capital de nuestro país el libro América es la Casa, Arte Mural y Espacio Público en Chillán, de los autores chillanejos Fidel Torres, Rodrigo Vega y Luis Arias. La ceremonia contó con la intervención de altas autoridades y personalidades del ámbito de la cultura, tales como el embajador de México en Chile, Mario Leal Campos; el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Milán Ivelic; el alcalde de Chillán, Sergio Zarzar Andonie; el académico y profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales, Oscar Ríos; el curador, crítico e historiador de arte, Justo Pastor Mellado; y los autores del libro, Fidel Torres y Rodrigo Vera. El numeroso público que llegó hasta el Museo de Bellas Artes desbordó la sala rápidamente. Entre los chillanejos y santiaguinos había mucha expectación, ya que por primera vez entraba una obra chillaneja a ese importante espacio del arte y la cultura nacional. Desde nuestra ciudad, una comitiva encabezada por Alejandro Witker, Luis Guzmán, Fernando May y Jorge Sánchez acompañaron a los autores del libro. A la ceremonia concurrieron numerosos integrantes del Club 20 de Agosto que agrupa a chillanejos residentes en Santiago, quienes disfrutaron especialmente con una obra que rememora sus raíces La ceremonia de lanzamiento comenzó con la exhibición del documental “América es la casa”, que en pocos minutos registra la historia de los murales que existen en Chillán, partiendo con los de Siqueiros y Guerrero. Luego, Milán Ivelic se refirió a la publicación, destacando la calidad del texto, y manifestando que estas obras permiten pensar en una ciudad como museo abierto, dirección hacia la cual debemos tender y sobre lo que aún falta mucho por redescubrir y trabajar. Al mismo tiempo, planteó los desafíos que tiene Chillán al contar con obras valoradas mundialmente. A continuación, el embajador de México en Chile, Mario Leal Campos, manifestó que desde su pais siempre ha existido una preocupación por los murales de Siqueiros y Guerrero, desde sus inicios hasta la llegada de los restauradores el año 2008, y recordó que hoy nuevamente están pendientes trabajos de restauración luego del terremoto del 27 de febrero, que afectó fuertemente el mural de Xavier Guerrero.

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Cartas de la aldea

De Izquierda a derecha Fidel Torres P, Sergio Zarzar,Mario Leal Campos, Milán Ivelic,Justo Pastor Mellado, Óscar Rios,Rodrigo Vera.

Salon José Miguel Blanco,Museo Nacional de Bellas Artes

Por su parte, Justo Pastor Mellado destacó que ésta es una obra de región y subrayó lo significativo que es la llegada al Museo de Bellas Artes, enfatizando el hecho que son investigaciones y realizadores locales quienes ponen un tema que tiene relevancia nacional en las artes visuales. Asimismo, relató episodios desconocidos de la vida de Siqueiros. El alcalde Sergio Zarzar agradeció a nombre de la ciudad la invitación realizada por el museo, y al mismo tiempo valoró el trabajo realizado por los autores. Hizo una aplaudida síntesis de los artistas nacidos en Chillán

Ida Gonzalez y Fidel Torres abajo Rodrigo Vera y Eugenia Martner

La invitación surgida desde el Museo de Bellas Artes, consideró además la presencia de numerosos artistas y creadores, entre ellos Fernando Marco, a quien se le rindió un homenaje por su trabajo realizado en la restauración de los murales de la Escuela México, efectuada en Chillán en 1957. Los autores del libro le entregaron personalmente la edición, configurando entonces el momento más emotivo de la ceremonia. El alcalde Sergio Zarzar, a nombre de la ciudad, hizo entrega de ejemplares del libro a Mario Leal Campos, Milán Ivelic, y al gerente de Cecinas Chillán, Sergio Yanine, empresa privada que entregó su apoyo a la publicación. 122

Después de los agradecimientos dados por los autores, se invitó al público a degustar un cóctel de productos típicos, elaborados por Cecinas Chillán.

Rodrigo Vera, Eugenia Martner


Registro

PĂşblico degustando cecinas chillanejas

Fidel Torres, Jorge Mussiet

Vista General Museo de Bellas Artes

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Registro

Sergio Zarzar,Mario Leal Campos,Milan Ivelic,Rodrigo Vera, Justo Pastor Mellado,Fidel Torres P, Ă“scar Rios

Mario Leal Campos, Fernando Marco,Sergio Zarzar, Alicia Valenzuela

Sergio yanine,Rodrigo Vera, mARIO leal Campos, Sergio Zarzar, Fidel Torres.

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Registro

José Miguel Varas letras a su partida El Premio Nacional de Literatura 2006, periodista, destacado hombre de radio y cuentista José Miguel Varas, nos dejó el 23 de septiembre del presente año, Revista Quinchamalí desea rendir un homenaje a quien fuera un constante colaborador de nuestra revista. Semanas antes de su fallecimiento nos envió una notable crónica sobre Rubén Sotoconil. En los números anteriores nos había colaborado con crónicas sobre Pablo Neruda, a quien había conocido personalmente, también nos acompañó en las Primeras Jornadas de Cultura Chilena con sus presencia entrañable. Quienes tuvimos la ocasión de compartir con el escritor reconocimos en él la gran calidad de narrador y el infinito anecdotario de este hombre de notable calidad humana, su característico humor negro y el gran respeto con que trataba a todos quienes compartían con él. Como autor   transmitió

en cada uno de sus textos un conocimiento profundo de la naturaleza humana, a la cual miró con piedad pero también con el humor fino que le era característico. Nacido en Santiago en 1928, fue la voz del programa “Escucha Chile” transmitido a diario por Radio Moscú durante todo el tiempo que duró la dictadura militar. El metal de su cálida y privilegiada voz fue el símbolo de Radio Moscú: como principal conductor del programa diario Escucha Chile. Ex director del diario El Siglo, periodista de vasta trayectoria en medios progresistas, se desempeñó en la revista Rocinante y su voz excepcional como conductor de radio lo condujo a una dilatada carrera radiofónica. Escribió entre otras obras: Cahuín, cuentos, 1946, Sucede, cuentos, 1950, Chacón biografía novelada, 1967, cuentos, 1972, Las pantuflas de Stalin crónicas, 1990, Neruda y el huevo de Damocles 1992, El correo de Bagdad, novela, 1994 Cuentos completos 2001, Neruda clandestino crónica, 2003 y Los sueños del pintor novela, sobre la vida del pintor Julio Escámez 2005. La figura de Neruda era tema recurrente para José Miguel Varas, siempre lo recordaba, de hecho se vieron muchas veces y, aunque Varas no era de la corte nerudiana, se hicieron amigos. El escritor y periodista recordaba un inolvidable viaje que hicieron juntos a Praga, al mismo tiempo, dejó testimonio de la impresión del Can-

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to General, hecho en la clandestinidad. El narrador acababa de presentar su libro los Tenaces, donde rescataba la personalidad de 10 líderes sociales y políticos, en él, nos muestra a seres excepcionales, actores y testigos de época dolorosa de desigualdades, pobreza, hambre y conflictos sociales. En esas páginas encontramos a Luis Emilio Recabarren –en entrevista a Salvador Ocampodonde el dirigente obrero y ex parlamentario es retratado en su lucha por crear conciencia, educar, organizar, y dar vida al periodismo popular. Ninguna de las crónicas o entrevistas decae en su ritmo, palabra viva, emocionante, dolorosa, valiente. Así era la palabra de nuestro amigo tan admirado por el poeta Armando Uribe quien dijo “De todos los escritores chilenos vivos, José Miguel Varas ha sido el más importante hasta hoy día, que muere. Su calidad como cuentista es la más alta que hay en Chile, del nivel de Federico Gana y Manuel Rojas. En esos cuentos hay una mayoría de experiencias personales que se pueden leer como verdaderas memorias. Era un hombre de verdadera modestia, sin vanidades de ninguna especie. También en cuanto a novelista es un gran escritor. Desde que volvimos del destierro, más o menos desde 1989, y pese a ser él varios años mayor que yo, venía a verme varias veces al mes” En un próximo número de revista Quinchamalí, se recogerán amplios testimonios sobre la vida de este tenaz escritor amigo de nuestra revista, y desde aquí un saludo a su familia.


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El 17 de septiembre se presentó en una sala de la Municipalidad de Chillán, la quinta entrega de la revista Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad, evento incluido en el programa de la Semana de la Chilenidad. Se inició el evento con la intervención del director de la revista quien reiteró el compromiso de esta publicación con las tradiciones de Ñuble, “sin anclarse en la aldea puesto que la cultura tiene siempre un horizonte universal”. Subrayó que en esta entrega está contenida admiración y gratitud para el pintor Luis Guzmán Molina y el folclorista Osvaldo Alveal Villena quienes han cumplido 50 años de obra artística desde Chillán para todo Chile. El alcalde Sergio Zarzar reiteró el apoyo municipal a este proyecto editorial y sumó su palabra de reconocimiento para Guzmán y Alveal. Nuestro acuarelista expresó su reconocimiento por este homenaje y el folclorista deleitó a la audiencia con hermosas piezas de su repertorio.

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Registro

Diputado Rosauro Martínez junto a los artistas homenajeados en este evento cultural. La Municipalidad de Chillán les entregó galvanos de reconocimiento por su obra artística y el alcalde les entregó un hermoso regalo: un mate de plata.

Sigfried Obrist (diseñador), Fidel Torres (editor), Osvaldo Alveal (folclorista), Lucía Rojas (editora), Luis Guzmán (pintor). Obrist, Torres y Rojas entregaron la revista a los homenajeados en nombre del equipo Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad.

Luis Guzmán Molina, 50 años en la pintura de la región y del país, exitosas presentaciones en el extranjero, agradeció a la revista el reconocimiento brindado con su presencia en portada y crónica interior; además destacó la extraordinaria colaboración del alcalde Zarzar a este proyecto editorial.

Juan Ignacio Basterrica, secretario general del Instituto O’Higginiano de Ñuble, una de las entidades auspiciadoras de Quinchamalí, entrega ejemplar N°5 de la revista al alcalde de Chillán Sergio Zarzar Andonie en reconocimiento al efectivo aporte que este municipio brinda al proyecto editorial.

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Registro

Berta Dueñas, Carmen Vera y María Isabel Rozas, tres distinguidas damas chillanejas vinculadas a grupos culturales lucen ejemplares de Quinchamalí, publicación que calificaron como “un efectivo y bello aporte a la vida cultural de Ñuble”.

Lionel Yáñez Merino uno de los vice-presidentes del Instituto O’Higginiano de Ñuble entrega ejemplar de la revista Quinchamalí al diputado Rosauro Martínez quien se ha distinguido por su efectivo y permanente apoyo a esta publicación.

Luis Guzmán Molina, alcalde Sergio Zarzar, empresario Jorge González Reyes y Osvaldo Alveal durante la recepción ofrecida por la Municipalidad de Chillán al público asistente al lanzamiento de la revista N°5.

Osvaldo Alveal Villena, 50 años cultivando el canto y las danzas folclóricas junto a los músicos del grupo Fusión Latina: Diego Contreras (teclado-acordeón), Andrés Esparza (guitarra), Francisco Utreras (bajo), Manuel Vera (percusión). El grupo brindó canciones de su repertorio. Alveal subrayó: “agradezco al alcalde Sergio Zarzar que por fin se me haya llamado para realizar mi sueño de cultivar el folclor, canto y danzas en mi tierra natal”.

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Cartas de la aldea

En al imagen: Dra. Elizabeth Parra Ortiz, Presidenta de la Asociación Chilena de Semiótica; Dr. Oscar Galindo Villarroel, Vicerrector Académico de la Universidad Austral de Chile; Mg. Jorge Sánchez Villarroel, Académico de la Universidad del Bío-Bío. en la ceremonia inaugural del VII Congreso Internacional Chileno de la Asociación Chilena de Semiótica (13/10/2011). El texto está destinado a la Biblioteca Central de la UACh.

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Cartas de la aldea

20 DE AGOSTO EN CHILLÁN El Instituto O’Higginiano de Chile representado por el presidente Pedro Aguirre Charlín, el vicepresidente Jorge Iturriaga Moreira y el presidente del Instituto O’Higginiano de Ñuble Alejandro Witker y el secretario general Juan Ignacio Basterrica concurrieron a los eventos tradicionales que se realizan en Chillán y Chillán Viejo en conmemoración del natalicio del Libertador Bernardo O’Higgins. El presidente Aguirre Charlín habló en el acto realizado en la Plaza de Armas de Chillán donde señaló claves para la valoración del prócer en la historia de Chile.

O’HIGGINS EN TREHUACO En la primera quincena de agosto se presentó en la Biblioteca Municipal de Trehuaco la ExpO’Higgins-Bicentenario que despertó un gran interés en la comuna. En el acto inaugural se contó con la presencia del alcalde Luis Alberto Cuevas Ibarra, concejales, autoridades educacionales y sociales de la comuna. La muestra fue visitada por escolares y adultos que mostraron gran interés en esta aproximación a la vida y obra del Padre de la Patria. Paralelamente a la ExpO’Higgins se programó un concurso Reseña histórica de O’Higgins con el propósito de fortalecer en los es

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colares el conocimiento de O’Higgins como principal protagonista de la Independencia y la fundación de la República. El alcalde Luis Cuevas Ibarra señaló que “la ExpO’Higgins ha sido todo un acontecimiento en Trehuaco; un valioso material para nuestras escuelas. Agradecemos al Instituto O’Higginiano de Ñuble esta oportunidad para que nuestros estudiantes conozcan mejor al Padre de la Patria”. Vistas de distintos momentos de la presentación de la ExpO’Higgins-Bicentenario en Trehuaco


Sociedad

O’HIGGINS EN LOTA El 2 de septiembre se instaló en Lota en el Salón del Anfiteatro Municipal la ExpO’Higgins-Bicentenario que permaneció en esa ciudad durante todo septiembre siendo visitada 20 cursos de educación básica de la comuna. El encargado de relaciones comunitarias de la Municipalidad de Lota Héctor Suazo expresó a nombre del alcalde su complacencia por esta valiosa contribución. Al cierre del evento el alcalde Jorge Venegas nos envió el siguiente mensaje: “Gracias por tan importante aporte. Queremos hacer de Lota una ciudad protagonista del arte y la cultura. Lo estamos logrando, aunque cuesta. Quisiéramos mantener el contacto para futuras actividades juntos, especialmente en lo que a historia regional y local se refiere. Gracias y en un futuro cercano esperamos encontrarnos para conversar sobre el arte en nuestras comunas”.

O’HIGGINS EN RANCAGUA El presidente del Instituto O’Higginiano de Ñuble Alejandro Witker fue invitado a dictar dos conferencias en Rancagua el 16 de agosto. Los eventos fueron programados por el Consejo Regional de la Cultura de O’Higgins, la Municipalidad de Rancagua y el Instituto O’Higginiano de Rancagua, cuya coordinación estuvo a cargo de la profesora Ligia Uribe Casanueva de la Sociedad de Escritores de Chile. Una conferencia se realizó en el Instituto O’Higgins de esa ciudad considerado el principal plantel educacional privado de la comuna

que contó con una nutrida concurrencia escolar. La otra conferencia fue dictada en el Salón Municipal abierta a todo público en la que se contó con la presencia de un importante grupo de oficiales del Ejército. La Municipalidad de Rancagua entregó al conferenciante un galvano en reconocimiento por su “intensa y extensa investigación y difusión entorno a la presencia histórica de Bernardo O’Higgins”. Por su parte el Consejo Regional de la Cultura también formuló igual reconocimiento y le hizo entrega de valiosas publicaciones regionales.

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Registro

EL COMBATE DE EL ROBLE EN LA MEMORIA

Autoridades civiles, militares, religiosas y culturales presencian el desfile de militares y escolares

studiante de la Escuela …………….. presentaron

- La alumna ………………………. de la

El 17 de octubre se conmemoró un aniversario más del Combate de El Roble, uno de los hechos más heroicos de la Patria Vieja (1813) en el que O’Higgins se alzó como el gran soldado que habría de conducir las armas de los patriotas hacia la Independencia de Chile. En ese combate participaron jóvenes oficiales que habrían de convertirse en figuras señeras de la República: Joaquín Prieto, Ramón Freire, Diego José Benavente, entre otros. El propio Carrera registró en su Diario Militar que O’Higgins había brillado en este evento militar a la mayor altura. Las Municipalidades de Bulnes y Quillón se hicieron cargo, una vez más, del evento conmemorativo que contó con la presencia de la Banda Instrumental del Regimiento de Infantería N°9 de Chillán, de una compañía de ese regimiento, de establecimientos

educacionales y representantes del mundo público y privado. Al término de la ceremonia los directivos del Instituto O’Higginiano de Ñuble plantearon a los alcaldes Rodrigo de la Puente de Bulnes y Jaime Catalán de Quillón y al diputado Jorge Sabag la idea de preparar desde ya la conmemoración del Bicentenario del Combate de El Roble para lo cual propusieron darle forma a un gran proyecto conmemorativo que incluya la construcción de un Anfiteatro, un gran mural sobre dicho enfrentamiento bélico y un monumento de mayor dignidad para el Padre de la Patria. La propuesta encontró amplia acogida y será presentada por las autoridades señaladas al Intendente Regional Victor Lobos para lo cual se solicitará una audiencia especial.

Alcaldes Rodrigo de la Puente de Bulnes y Jaime Catalán de Quillón depositan ofrenda floral en el monolito situado en el lugar del célebre combate. Juan Ignacio Basterrica, secretario general y Alejandro Witker, presidente del Instituto O’Higginiano de Ñuble hicieron presente la adhesión de esta institución. 132


Sociedad

Claves Culturales Lecturas Remedios del alma

Lectura y lenguaje

“En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás”.

“Hay un deterioro y la causa creo que radica en la pérdida del hábito de la lectura, porque sucede que la enseñanza actual es de carácter retórico y estructuralista, que aleja al alumno de la lectura. De esta manera, se ha perdido el interés por leer, lo que trae como consecuencia la pobreza del lenguaje, como lo vemos todos los días. Y si la gente no tiene lenguaje, no puede pensar”.

Jaques Bossuet (1679-1709), en: Jorge Sintes Pros Lo que se ha dicho de los libros y de los escritores, Sintes, Barcelona-1966.

Roque Esteban Scarpa El Sur, Concepción, 11-VIII-1982

Libros y maestros “En la calamidad pública que son nuestras escuelas, aunque el Estado lleve la mitad de la culpa, tenemos que decir honradamente, sin marras de compadrazgo, que la otra mitad se la dividen maestros y padres, y mucho más toca a aquellos que a éstos. Yo conozco maestras que jamás han gastado un peso en un libro o una revista para no digamos mejorar, completar sus conocimientos”. Gabriela Mistral Cartas a Julio Barcos Escuelas y bibliotecas “Se puede hacer todo por la escuela, por el liceo o la universidad, pero si después no hay bibliotecas, no se habrá hecho nada”. Jules Ferry (1832-1893) Ministro de Introducción Pública. Francia. Ley de Enseñanza Primaria Obligatoria, en Discursos sobre la lectura(1880-1980), Gedisa, Barcelona (1994). Adicción a la Lectura “Mi vida había alcanzado una regularidad de péndulo y la idea de la felicidad se me presentaba como la de un perpetuo ir y venir de mi casa a la Biblioteca y de la Biblioteca a mi casa. Debe ser lo que les pasa a los bebedores con las cantinas”. Alone Pretérito imperfecto (memorias), Nascimento, Santiago de Chile, 1976.

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Lecturas y Tv “La televisión no sólo impide que la gente lea; la televisión impide que la gente piense. Frente a un receptor de televisión no se conversa, y cuando no existe la palabra, no existe el pensamiento. No abogo, por supuesto, porque se elimine la televisión, pero sí abogo porque se haga un uso razonable de ella, y porque se eleve el nivel cultural que ella difunde y contribuye a establecer. Esto sin duda se puede lograr si se deja de pensar que la mejor justificación para mantener determinados programas es mostrar que se autofinancian”. Igor Saavedra G. Lectura y ciencia .En Jornadas del libro y la cultura, Universitaria, Santiago de Chile, 1978.


Lectura Y Aprendizaje

Biblioteca y graffitis

“Creo que la lectura no es comparable a ningún otro medio de aprendizaje y de comunicación, porque la lectura tiene su propio ritmo, gobernado por la voluntad del lector; la lectura abre espacios de interrogación, de meditación y de examen critico, en definitiva, de libertad; la lectura es una relación con nosotros mismos y no sólo con el libro, sino con nuestro mundo interior a través del mundo que el libro nos abre”.

“Los niños que pintarrajean los muros de la Biblioteca Nacional probablemente no saben lo que es una biblioteca… Nadie les ha enseñado a esos niños lo que es una biblioteca pública: su relación con la memoria histórica, con la ciudad, con la vida y la belleza del lenguaje”.

Ítalo Calvino Mundo escrito y mundo no escrito, Siruela, S.A, Madrid, 2006. Lectura y espíritu “El hombre que lee y que, leyendo, se liga a un texto, dialoga con los grandes del espíritu, supera las limitaciones del espacio y del tiempo, supera el momento fugaz y se identifica con un mundo que está más allá de los límites del espacio y del tiempo. Rompe las cadenas con que la historia le ata y gana la libertad del espíritu que no conoce límites ni épocas”.

Jorge Edwards La Segunda, 24-IV-2009. Quevedo y los libros “Retirado en la paz de estos desiertos con pocos pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con los ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o secundan mis asuntos, y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos”. Pedro Laín Entralgo La aventura de leer. Espasacalpe, Madrid, 1956. pp. 198-199.

Ricardo Krebs La lectura y el humanismo. En Jornadas del libro y la cultura, Universitaria, Santiago de Chile, 1978.

Relectura Calidad de la lectura “La relectura siempre es mejor que la lectura”. “Más importante tener buenos libros que tener muchos; porque la lectura de un libro especial es provechosa, y la de muchos, solamente agradable. Si deseas que la lectura deje en ti huellas profunadas limítate a algunos sabios autores y empápate en su sustancia. Estar en todas partes es no hacer entrar en ninguna. Una vida pasada viajando hace conocer muchos hombres, pocos amigos. Lo mismo sucede con los lectores impacientes, que devoran un inmenso número de libros sin predilección por ninguno”. Séneca El libro de oro, Edico Comunicación, Barcelona 1999 La unesco y el libro “El libro es un pasaporte para el mundo; franquea las barreras del tiempo y del espacio y da la posibilidad de satisfacerse plenamente. A elección de quien se sirva de él, el libro puede ser un fiel compañero, un estímulo para la imaginación, una fuente del saber, porque permite elegir libremente la materia y el objetivo; la palabra impresa no tiene igual entre los medios de comunicación”. Tobías Vargas Cómo Leer para Aprender, Espacio, Buenos Aires, 1990.

Pierre Jacomet Un viaje por mi biblioteca, sugerencias de un lector. Andrés Bello, Santiago, 2000. p.195.

Leer con inteligencia “Yo leo el Quijote cada año. Ahora se aproxima la época, pascua, que es cuando me retiro a alguna playa o donde sea con Don Quijote y lo leo… ¿de nuevo? No, por primera vez. Por undécima, vigésima vez, pero siempre y, sin embargo, por primera vez. Me descubro diciendo: “¡Dios!, no había comprendido esta página, no había captado el sentido de esta escena, no había subrayado este párrafo, no había reparado en tal adjetivo”. De manera que ese libro está siendo transformado por mi undécima o vigésima lectura de él. Me ésta transformando, pero también yo transformo al libro. También le estoy diciendo al libro: “Acabas de aparecer. Te acabo de recibir, hoy, marzo de 1986. Conozco todas tus historias: sé que fuiste publicado en 1605, sé que el autor ha muerto, sé todo lo que quieras. Pero estoy adentrándome en tus paginas por primera vez”. Carlos Fuentes Territorios del tiempo. Fondo de cultura económica, México 1999 p.73-74.

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¿Sabía usted… …que el joven Arturo Prat participó en la flotilla comandada por Blanco Encalada que viajó en 1868 al Perú para repatriar los restos de Bernardo O’Higgins?

…que la remodelación del Teatro Municipal de Santiago incluyó quitar el pavimento y reponer adoquines en la cuadra en q u e está ubicado ese monumento nacional para situarlo en un entorno más funcional? Mientras tanto, en “la capital histórica y cultural de Chile”, como algunos llaman a Chillán, se quitan los adoquines para poner cemento. …que el empresario Carlos Cardoen remató variados objetos en la Mina San José que se incorporarán al museo que el empresario fundó y dirige en Santa Cruz, Colchagua? En el museo se creará el Pabellón de los 33. …que con ocasión de realizarse en Sevilla, España, una Exposición Internacional en 1928, se editó el libro La provincia de Ñuble (Chile)? La obra fue preparada por una comisión presidida por el obispo de Chillán Martín Rucker Sotomayor, en la que jugó un papel estelar Darío Brunet. La obra ofrece importantes crónicas sobre la vida económica y cultural de Ñuble, con valiosas ilustraciones que la convierten en una fuente fundamental para el estudio de la historia y la cultura de la provinc …que la escultura más antigua de Concepción es sobre el patriota Juan Martínez de Rozas (Mendoza, 1758-1812)? Fue inaugurada en el Parque Ecuador en 1894 y es obra de Nicanor Plaza (1843-1918).

…que el 69% de los chilenos no sabe qué se celebra el 18 de septiembre? Curioso patriotismo de ramadas, desfiles, cuecas y chicha en cacho. …que el pintor Darío Contreras Muñoz (Chillán, 19041982), es autor de un retrato de José de San Martín que se encuentra en la Casa Rosada, donde fue recibido como “huésped ilustre”, por el presidente Perón? …que el 77% de las Escuelas básicas chilenas carece de una biblioteca que, según los expertos debería contar a lo menos con 150 títulos? …que Darío Brunet Molina (Chillán, 1879-1968) dejó una descripción minuciosa del templo de los Carmelitas de Chillán? Redactada en 1935, el texto se incluye en la obra Historia de la orden del Carmen Descalzo en Chile, obra en 3 tomos, de Lázaro de la Asunción publicada en 1936 …que la Orquesta de la Comunidad Franciscana de Chillán tenía hacia 1895 más de 20 músicos que ofrecían conciertos de alta calidad?

…que el doctor Edgardo Enríquez Froedden fue el primer ex alumno que ha sido rector de la Universidad de Concepción?

…que el pintor Hernando León participó como alumno del Curso de Arte Popular de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile en la investigación en terreno realizada en Quinchamalí por el maestro Tomás Lago y cuyo resultado dieron lugar a un número especial doble (11 y 12) de la Revista de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile (1958)?

…que el chillanejo Héctor Gacitúa Herrero (1907-1991), fue campeón de esgrima en un torneo panamericano realizado en Lima (1938) y que la familia donó su espada a la Municipalidad de Chillán para que se incorpore al futuro Museo del Deporte que ha propuesto instalar el alcalde Sergio Zarzar?

...que la Escuadra Chilena comandada por Lord Cochrane estuvo en Acapulco, México, en 1822 y cuyas huellas quedaron con la difusión de la cueca, baile que sufrió modificaciones y se instaló hasta el día de hoy en el Estado Guerrero del Pacífico mexicano con el nombre de La Chilena?

…que Hernán Gazmuri (San Carlos, 1900-1979), pintor llamado “pionero de la modernidad, uno de los más completos artistas chilenos contemporáneos”, según leemos en un catálogo editado por el Museo de Arte Contemporáneo, fue maestro del pintor Roberto Mata a quien alentó ir a Paris para desarrollar todas sus potencialidades?

…que Carlos Ibáñez del Campo negoció con los partidos políticos un acuerdo para no realizar las elecciones parlamentarias correspondientes a 1930 y repartió los curules con los respectivos dirigentes? El acuerdo fue sellado en las Termas de Chillán, que Ibáñez acostumbraba visitar, por eso se le conoció a dicho parlamento como “congreso termal”. 135


Cartas de la aldea

Carta a Quinchamalí Muchas felicitaciones por los últimos dos números de Quinchamalí. Oscar Agüero W.

Encontré extraordinario el libro O’Higgins: Cultura y Nación. Es emocionante una obra tan interesante, bien documentada, contundente y realizada con tanto corazón.

Secretario Ejecutivo. Ley de Donaciones Culturales

Verónica Griffin Barros Dificulto que preparen en alguna parte de Chile un mejor condumio cultural que la revista Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad con el mayor aprecio para ese magnífico proyecto editorial. Oscar Sáez Académico Universidad de Concepción

Santiago

Felicitaciones por esa hermosísima labor que están desarrollando en nuestra muy querida ciudad de Chillán. La revista Quinchamalí merece todo nuestro respaldo y admiración. Dr. Raúl Cabrera Gómez

Leer, leer y leer es una actividad gratificante, aún más cuando se tiene una buena revista como la revista Quinchamalí. Es satisfactorio conocer, recordar y disfrutar del trabajo artístico de nuestra gente. Además, considero de gran importancia la difusión a la cultura y las artes que se hace a través de estas iniciativas. Como dijo Bernardo O´Higgins “…el que sea valiente que me siga…”, y los que trabajan por la cultura de un país, lo son. Felicitaciones. Victoria Burgos Cortessi.

Santiago. Ex presidente de la Sociedad Musical Santa Cecilia

Muchas gracias por los libros y la hermosa revista Quinchamalí. Hemos estado dándoles unas miradas con las chicas y nos gustaron, pensamos que serán de utilidad en nuestra pequeña biblioteca. Le tomaré la palabra y pasaré por el Taller de Cultura Regional a buscar nuevos libros prometidos. Nos alegra saber que la periodista Patricia Orellana escribirá una crónica sobre nuestros afanes en la revista Quinchamalí. Nos sentiremos muy estimuladas.

Profesora de Historia. Cañete

Verónica Jara Tengo el agrado de acusar recibo de la revista Quinchamalí y expresarle los más sinceros agradecimientos por tan valioso aporte al patrimonio cultural de la región. Ricardo Spoerer O’Reilly Presidente. Club Concepción

Colectivo Cultural Huechupín.

He tenido el placer de recibir la revista Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad y la obra La Silla del Sol. Crónicas Ilustradas de Ñuble. Material muy hermoso e interesantísimo que iré degustando poco a poco como los buenos vinos de esa zona. Juan Dzazópulos

Felicitaciones por el valioso aporte cultural que representa la revista Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad para la comunidad chillaneja, nuestra asociación gremial está en la mejor disposición de colaborar con ustedes.

Investigador sobre la ópera en Chile.

Celebro la oportunidad de colaborar con la revista Quinchamalí. Artes, Letras, Sociedad. Felicitaciones una vez más por lo que ustedes están realizando por la cultura en mi querido Chillán.

Alejandro Lamas Orozimbo Carrasco

Presidente. Cámara de Comercio Chillán.

Vendedor viajero, Temuco.

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Quinchamalí. Artes, letras, sociedad N° 6